Kitabı oxu: «Straight & Agua fuerte»

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Guillaume Poix

Straight

Traducido por Juan Pablo Pizarro de Trenqualye

Agua fuerte

Traducido por Silvio Mattoni

Colección Tintas Frescas



Poix, GuillaumeStraight & Agua fuerte / Guillaume Poix. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2020.Libro digital, EPUB - (Tintas frescas)Archivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Juan Pablo Pizarro de Trenqualye ; Silvio Mattoni.ISBN 978-987-599-632-81. Teatro Francés. I. Pizarro de Trenqualye, Juan Pablo, trad. II. Mattoni, Silvio, trad. III. Título.CDD 842


Esta publicación cuenta con el apoyo del Relai spectacle vivant pour l’Amérique du Sud hispanophone, del Institut Français d’Argentine y del programa Fabula Mundi Playwriting Europe: Beyond Borders.

©Libros del Zorzal, 2019

Títulos originales de las obras:

Straight de Guillaume Poix © éditions THEATRALES, Paris, 2014, 2015.

Eau forte © Guillaume Poix, 2013.

Foto del autor en página 10: © Sophie Bassouls

Buenos Aires, Argentina

Impreso en Argentina

Hecho el depósito que previene la Ley 11.723

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<www.delzorzal.com>.

Índice

Sobre la colección Tintas Frescas | 5

Straight | 7

Personajes | 9

Prólogo | 10

Violet | 12

Indigo | 18

Blue | 26

Green | 32

Yellow | 44

Orange | 49

Red | 55

Agua fuerte | 58

Personajes | 59

Nieves | 60

Brumas | 70

Chaparrones | 89

Sobre la colección Tintas Frescas

La edición de obras de teatro es un gesto fuerte y fundamental. Ofrece a todos los públicos la posibilidad de hacerse una idea propia sobre las nuevas dramaturgias, permitiéndole a cada uno recrear su propia música y alcanzar, en el ritmo de la intimidad, una interpretación personal.

El impulso de la innovación dramática, la búsqueda sobre la lengua y una mirada muy política y sin complacencia sobre nuestro mundo contemporáneo presidieron el espíritu de esta publicación.

En tiempos marcados por la multiplicación frenética de eventos verticales, esta edición le garantiza al autor una perennidad y una forma de estabilidad y horizontalidad. Tintas Frescas es un vasto proyecto de colaboración dramática, de traducciones e intercambios entre Francia y América del Sur, dentro de los cuales se encuentra también el festival Mousson d’Eté. Permite que, de ambos lados del Atlántico, estas tintas que no han secado encuentren múltiples resonancias, complicidades y espacios en los que puedan imprimirse y gravarse de manera duradera.

Más allá de las creaciones y producciones, los libros de teatro y sus infinitas riquezas son indispensables para la elaboración, la construcción y el equilibrio de una biblioteca. Y así, durante mucho tiempo, garantizan infinitas alegrías.

Michel Didym


Guillaume Poix es dramaturgo y director. Estudió en la École Normale Supérieure y en la ensatt (Lyon) en la sección Dramaturgia. Publicó su primer texto, Straight, en las ediciones Théâtrales en 2014. Escribió Wave por un encargo del Instituto Francés de Cotonou (Benin), en donde fue puesta en escena, y Waste, que fue dirigida por Johanny Bert en el teatro Poche/gve en 2016. Trabajó con la cineasta Claire Simon para la escritura de sus películas Les Bureaux de Dieu y Gare du Nord. En 2016, puso en escena su obra Tout entière en el Préau-Centro Dramático de Normandía. Trabajó con Christian & François Ben Aïm e Ibrahim Maalouf en la escritura de la coreografía Brûlent nos coeurs insoumis, creada en febrero de 2017 en La Garance, Escena Nacional de Cavaillon. Dictó un taller de dramaturgia en la École Normale Supérieure. Su primera novela, Les Fils conducteurs, recibió el Premio Wepler en 2017.

Violencias de género, ecología y gestión de las basuras en África son los temas predilectos del autor para dar cuenta de las relaciones entre el norte y el sur a través de una escritura minimalista y potente.

Textos de teatro publicados por Éditions Théâtrales (https://www.editionstheatrales.fr): Straight, 2014, 2015; Tout entière seguido de Et le ciel est par terre, 2017; Fondre, 2018; Qui croire seguido de Lointaine est l’autre rive, 2019.

Straight

Para D.

Personajes

Salome Masooa, una mujer, 23 años en 2007

Sizakele Sigasa, una mujer, 34 años en 2007

Eudy Simelane, una mujer, 31 años en 2008

Noxolo Nogwasa, una mujer, 24 años en 2011

Savannah, una mujer, 25 años en 2009

Madele, una mujer, 24 años en 2010

Kayla, una mujer, 32 años en 2011

Zuko, un hombre, 35 años en 2011

Kruger, juez

Vleis, abogado defensor

Komati, abogado de la acusación

Profesor

La obra ocurre en Sudáfrica entre 2006 y 2011.

La obra puede ser interpretada por siete actrices.

Nota del autor

El prólogo está formado por extractos del discurso pronunciado por Nelson Mandela el 10 de mayo de 1994. Este texto, al igual que las escenas que reproducen textos legislativos sudafricanos, fueron traducidos al francés por el autor.1

La obra está inspirada en eventos y personas reales.

Prólogo

we are straight as a rainbow

el coro de fantasmas (sizakele, salome, eudy, savannah, madele, noxolo).– Pretoria, 10 de mayo de 1994. Majestades, altezas, eminentes invitados, camaradas y amigos, hoy, todos nosotros, a través de nuestra presencia en este lugar, y gracias a las celebraciones en otras regiones del país y el resto del mundo, le conferimos gloria y esperanza a una libertad recién nacida. A partir de la experiencia de un increíble desastre humano, demasiado prolongado, debe nacer una sociedad que será un orgullo para todo el mundo. Las acciones cotidianas que realizamos, nosotros, ciudadanos sudafricanos comunes, deben edificar una realidad sudafricana que reforzará la creencia de la humanidad en la justicia, fortalecerá su confianza en la nobleza del alma humana y apoyará la esperanza de una vida gloriosa para todos. Todo esto nos lo debemos a nosotros mismos, pero también a los pueblos del mundo que hoy están tan bien representados junto a nosotros. Mis queridos compatriotas, no dudo en decirles que cada uno de nosotros está tan firmemente arraigado en la tierra de este magnífico país como los famosos jacarandás de Pretoria y las mimosas del Bushveld. Cada vez que uno de nosotros pisa el suelo de esta tierra, experimenta un sentimiento de primavera personal. El temperamento de la nación cambia con las estaciones. Es un sentimiento de felicidad y euforia que nos envuelve cuando reverdece la hierba y se abren las flores. Este vínculo espiritual y físico que une a cada uno de nosotros con esta patria explica que hayamos sentido en nuestros corazones un sufrimiento profundo cuando la vimos desgarrarse en un horrible conflicto, y ser rechazada, declarada ilegal y aislada por los otros pueblos del mundo, precisamente porque se había vuelto el emblema universal de una ideología nociva de racismo y opresión social. Nosotros, el pueblo de Sudáfrica, estamos felices de que la Humanidad nos haya acogido nuevamente y de que hoy, nosotros, que durante tanto tiempo fuimos los parias de la tierra, tengamos el inusual privilegio de recibir a todas las naciones del mundo en nuestro propio suelo. Les agradecemos, queridos invitados del mundo entero, por haber venido a validar junto a nosotros lo que representa, dentro de todo, una victoria común de la justicia, la paz y la dignidad humana. Estamos convencidos de que seguirán apoyándonos en nuestra edificación de la paz, la prosperidad y la democracia, así como en nuestra lucha contra el sexismo y el racismo. Apreciamos infinitamente el rol que jugaron los ciudadanos de nuestro país, al igual que sus dirigentes políticos o religiosos —mujeres y hombres, jóvenes y menos jóvenes— para llegar a esta meta. Deseamos homenajear a las fuerzas de seguridad, en todos sus grados, por habernos permitido llevar a cabo, sin peligro, nuestras primeras elecciones democráticas, protegiéndonos de las fuerzas sedientas de sangre que se obstinaban en seguir defendiendo el oscurantismo. Ha llegado el tiempo de cicatrizar nuestras heridas. Ha llegado el momento de colmar los abismos que nos separan. Se acerca el tiempo de la reconstrucción. Por fin hemos logrado nuestra emancipación política. Nos comprometemos a liberar al pueblo del estado permanente de esclavitud que le causan la miseria, las privaciones, el sufrimiento, el sexismo y todos los otros tipos de discriminación. Logramos acceder a la libertad en condiciones de paz relativa. Nos comprometemos a construir una paz total, durable y justa. Triunfamos sembrando la esperanza en el corazón de millones de nuestros conciudadanos. Nos comprometemos a construir una sociedad en la que todos los sudafricanos, negros o blancos, podrán caminar con la cabeza en alto, libres de cualquier temor, seguros de su derecho inalienable a la dignidad humana —una nación arcoíris en paz consigo misma y el resto del mundo—. Como garantía de su compromiso con el renacer de nuestro país, el gobierno transitorio de unidad nacional examinará con urgencia los casos de amnistía de diversas categorías de personas que cumplen actualmente penas de prisión. Les dedicamos este día a todos los héroes y todas las heroínas de este país y el resto del mundo, que de diferentes formas sacrificaron y arriesgaron sus vidas para que nosotros pudiésemos ser libres. Sus sueños se cumplieron. La libertad es su recompensa. Comprendemos bien que ningún camino hacia la libertad es fácil. Sabemos bien que ninguno de nosotros tendrá éxito actuando solo. Debemos actuar juntos, como pueblo unido, en favor de la reconciliación nacional, la edificación de la nación y el nacimiento de un mundo nuevo. Que la justicia sea efectiva para todos. Que la paz reine para todos. Que el trabajo, el pan, el agua y la sal estén disponibles para todos. Que todos sepan esto: los cuerpos, los espíritus y las almas fueron liberados para desarrollarse plenamente. Que nunca más, nunca más, nuestro bello país vuelva a sufrir la experiencia de la opresión o el deshonor de ser el paria de la humanidad. Que la libertad reine al fin. Jamás el sol será testigo de un logro humano tan glorioso. Dios bendiga a África.

Violet

1.

Noviembre de 2011. Corte Penal de Delmas, Mpumalanga.

Kruger.– Al término de esta audiencia, la Corte reconoció al señor Zuko como culpable de violación y homicidio. Es condenado a cadena perpetua. Se consideró la naturaleza específica del crimen, y a partir de hoy la noción de violación correctiva es reconocida por la Corte como un crimen de odio, que debe recibir una pena máxima considerando su gravedad y el peligro que conlleva para las mujeres de nuestra sociedad. Se señala la ejemplaridad del presente fallo, con vocación de jurisprudencia.

Gracias.

2.

Atardecer del 27 de abril de 2008.

Eudy.– Observé durante mucho tiempo tu cara, Kayla. Memoricé cada ángulo y vi en tu piel mi refugio. Entonces tomé tu mano, y de pronto te llevo hacia el arroyo que corre abajo del chalet verde manzana de la señora Mbele.

Comienza nuestra ceremonia: como cada atardecer, nos sumergiremos.

La tierra está ebria de sol, secada por las ráfagas ardientes que barrieron el campo. Nuestras piernas se enredan al caminar, ya llegamos al sendero que bordea la colina y mira de reojo hacia el muro derrumbado de la escuelita; el patio del recreo, silencioso en su decadencia, escapa poco a poco a nuestras plácidas miradas. Tras el alambrado, se pueden ver las huellas de pasos de niños, confundidas en la tierra y la arena gris, al igual que dos o tres suéteres tirados en este polvo —arcos de fútbol improvisados—.

Llegamos a casa de la señora Mbele, está sentada en su silla de plástico blanco: vigila. Como cada atardecer, su mirada se pierde en el horizonte. Está absorbida, lejana —ausente—. Creo que está cada vez más sorda y que nunca nos escucha llegar. Esta vez, por ejemplo, dio un salto y estuvo a punto de derramar lo que tomaba. Casi se cayó de la silla: habría rodado como una neumático de goma gastado, y mejor no imaginar los gritos al caer por la pendiente antes de estrellarse contra la pila de piedras junto al arroyo. Como cada atardecer, la saludamos gritando, con un buenos días lleno del cansancio del día que ya pasó, y como cada atardecer, nos contesta con un gesto vago, alzando a medias el brazo —su brazo cargado por la grasa, pero con una piel morena brillante como las láminas de un springbok secado—. La saludamos gritando como cada atardecer, y como cada atardecer contestó con su fórmula mágica: “¡Eudy, tienes oro en las piernas!”.

Pasamos, y la silueta recogida de la señora Mbele se achica, inmóvil, y sin embargo empequeñeciéndose a ojos vistas.

“¡Eudy, tienes oro en las piernas!”

Sé bien que ella nos protege; centinela rechoncha, vigila los alrededores.

El agua es fría, porque uno se baña en la sombra, donde el fondo del arroyo queda más lejos del cielo.

Escucho tu grito, Kayla, cuando te sumerges en el agua, recibida por su frescor.

Yo también propago mi cuerpo en la extensión viva. Floto de espaldas, observando las nubes que se reflejan en la superficie del río. Me digo que son cojines de algodón en los que hundo la cabeza. Miro tu espalda, Kayla, tus tobillos que sobresalen y se recubren de plata, y disfruto ese espectáculo.

Como cada atardecer, imitas a la señora Mbele; te enroscas sobre una roca, simulas perder el equilibrio y gritas con una voz ronca y poderosa, con un fuerte acento zulú: “¡Eudy, tienes oro en las piernas!”.

Río y me seco el pecho.

La noche cae y me siento bien.

3.

Noviembre de 2009, de noche. Township de KwaThema, Gauteng.

Noxolo.– Vinieron.

Savannah.– ¿Cuándo?

Noxolo.– Esta mañana. Derribaron la puerta y el buzón.

Savannah.– ¿Cuántos eran?

Noxolo.– Tres. Con perros.

Savannah.– ¿Por qué no me llamaste?

Noxolo.– Tiraron mi teléfono al arroyo y dijeron que me lo iban a meter en el culo si seguía.

Savannah.– ¿Fuiste a la policía?

Noxolo.– Ya sabes que si voy a la comisaría, me va a tocar un hombre que no va a querer recibir la denuncia. Y quizá hasta tenga que escuchar insinuaciones indecentes, como cuando Lucy fue y se negaron a recibir la denuncia porque no querían creer que fuese una mujer. “¿Cómo pudo usted ser agredida sexualmente si es un hombre?” Tuvo que mostrar sus pechos para que la escucharan. Y cuando al fin recibieron la denuncia, le preguntaron si le había hecho bien recibir una verga entre las piernas.

Savannah.– Lo que es yo, voy a ir. No tengo el pelo corto, no me va a pasar eso.

Noxolo.– No sirve de nada. Sería mejor cortarse los pechos.

Savannah.– Lo que es yo, voy a ir.

Noxolo.– Tenían armas. Unas 9 milímetros y ak-47.

Savannah.– ¿Qué sabes tú de eso?

Noxolo.– ¿Ves ese hoyo en el muro? Es el impacto de una ak-47. Sentí un soplo cuando la bala rozó mi hombro. Y me aprendí bien el nombre cuando me obligaron a deletrearlo metiéndome el cañón en la boca. ak-47, ak-47…

Savannah.– Tenemos que irnos de aquí.

Noxolo.– Pero ¿adónde?

Savannah.– No sé, encontraremos algo, siempre encontraremos algo.

Noxolo.– Van a volver. Están ensañados con nosotras dos. Dijeron que los perros también nos van a montar.

Savannah.– ¿Y los vecinos?

Noxolo.– ¿Qué con los vecinos?

Savannah.– ¿Escucharon los disparos?

Noxolo.– Supongo, con lo delgados que son nuestros muros.

Savannah.– ¿Y no vinieron a ayudarte? Había que ir con ellos.

Noxolo.– No me habrían abierto la puerta, lo sabes. (Silencio.) Escuché las lenguas moverse entre los caninos de los perros. Iban y venían, de adelante para atrás, con un jadeo regular. Eso es lo que me asustó. Porque también escuchaba las respiraciones obscenas de esos tipos, se juntaban con las de los perros y ya no podía diferenciarlas. Tuve la impresión de que una jauría de lenguas y baba se me tiraría encima, de que me iban a abrir las piernas y me iba a hurgar. No quiero que los perros me monten. No quiero engendrar un monstruo.

Savannah.– Cálmate.

Noxolo.– Donde sea que vayamos, nos van a alcanzar. Si no son ellos, serán otros, y siempre los mismos perros, y las lenguas calientes y viscosas golpeando en los hocicos. Estoy cansada de lo que nos espera. No tendré el valor para sobrevivir a todo eso.

Savannah.– Al Cabo. No conocemos a nadie allá.

Noxolo.– Siempre nos van a alcanzar.

Savannah.– Para.

Noxolo.– Me gustaría creer en todo eso, como tú.

Savannah.– ¿Qué, todo eso?

Noxolo.– Tu novela, lo que cuentas. Que existe una vida posible juntas.

Savannah.– Sé más combativa. (Silencio.) Ayúdame a empacar cosas. Nos vamos esta noche.

4.

Marzo de 2006, final de la tarde. Meadowlands, en los alrededores de Soweto, Gauteng. Un local improvisado.

Salome.– Lo siento, estamos cerrando.

Kayla.– Pero no ahora mismo, ¿no?

Salome.– Sí, ahora mismo.

Sizakele.– No, no ahora mismo. ¿Qué andas buscando?

Salome.– Tú te encargas. (Sale.)

Kayla.– Cierran temprano.

Sizakele.– Preferimos evitar la noche. (Silencio.) ¿Qué quieres?

Kayla.– Nada.

Sizakele.– Bueno.

Kayla.– Sólo hablar, conocerlas.

Sizakele.– ¿De qué quieres hablar?

Kayla.– ¿Qué crees tú?

Silencio.

Sizakele.– ¿Cuándo pasó?

Kayla.– ¿Qué?

Sizakele.– La agresión.

Kayla.– ¿Qué agresión?

Sizakele.– ¿No quieres hablar de la agresión?

Kayla.– No me han agredido.

Sizakele.– Está todo bien entonces.

Silencio.

Kayla.– Sólo quería venir y… Venir y ver si podía ayudar. Si podía estar con ustedes, un poco.

Sizakele.– ¿Quieres militar?

Kayla.– Militar… no sé. Quiero pasar un poco de tiempo con ustedes, a ver qué se puede hacer. Leí el artículo y vi que estaban acá.

Sizakele.– El artículo…

Kayla.– Es bueno.

Sizakele.– No.

Kayla.– Sí, es bueno. Y la foto…

Sizakele.– Mejor no digas nada, y que la foto se quede donde la pusieron, entre dos anuncios de lencería fina y automóviles.

Silencio.

Kayla.– Vine desde lejos.

Sizakele.– Eso parece.

Kayla.– Camino rápido.

Sizakele.– Escucha, hacemos reuniones semanales los jueves al final del día por si quieres venir. Vienes y ya veremos. Además realizamos acciones, pero para eso hay que ser algo aguerrida. Así que ven el jueves, y si no eres muy asustadiza, veremos qué se puede hacer contigo.

Kayla.– ¿Mañana entonces? Voy a tener que hacer todo el camino de nuevo.

Sizakele.– Parece.

Silencio.

Kayla.– Corro rápido también.

Sizakele.– Más vale.

Kayla.– No tan rápido como mi compañera, pero…

Sizakele.– Ya nos contarás todo.

Kayla.– Es su trabajo, correr rápido, pero persiguiendo una pelota.

Sizakele.– El fútbol es una potestad masculina. Las mujeres que juegan fútbol son lesbianas, o sea, mujeres que se creen hombres, no les corresponde robarles el lugar a los hombres.

Silencio.

Kayla.– ¿Es una prueba?

Sizakele.– ¿Tú qué crees?

Indigo

1.

el coro de fantasmas (sizakele, salome, eudy, savannah, madele, noxolo).– Sharpeville, 10 de diciembre de 1996. Para vendar las heridas ocasionadas por las divisiones del pasado e instaurar una sociedad fundada en los valores democráticos, la justicia social y los derechos fundamentales del ser humano; para construir las bases de una sociedad democrática y tolerante en la que el gobierno emane de la voluntad del pueblo, y en la que cada ciudadano esté protegido equitativamente por la ley; para mejorar las condiciones de vida de todos los ciudadanos y estimular el potencial de cada uno; para construir una Sudáfrica unida y democrática, capaz de adquirir por completo su dimensión de Estado soberano en el concierto de las naciones; adoptamos aquí la Constitución como ley suprema de la República.

2.

Anochecer del 27 de abril de 2008.

Eudy.– Me persiguen.

Después de nuestro baño, partiste delante de mí, Kayla, ya no distingo tu silueta en el ébano que cayó sobre nosotras como la hoz sobre un sorgo demasiado maduro.

El agua había cobrado los tonos de la noche naciente, y esta materia esparcida y brillante nos recubría como un sudario.

Ahora, te busco, te persigo. Vas demasiado rápido, Kayla, me tienes que esperar.

Rodeo los jacarandás, tratando de alcanzarte; ya no proyectan sombra y sus ramas son brazos poderosos dispuestos a atraparme. Tengo miedo. No estás en ninguna parte, Kayla, vuelvo a avanzar y mi pulso se impacienta. Es entonces que escucho detrás de mí a las fieras —la ligereza criminal de sus pasos—. Adivino el aliento mordaz de una jauría que me sigue. Avanza más rápido que yo, se divide, me sobrepasa hasta mi movimiento de piernas, me va a devorar. Me persiguen, comienzo a correr locamente y te pierdo. ¿Por qué no te alcanzo, Kayla, por qué partiste tan rápido? La señora Mbele no escucha mi grito, la señora Mbele se fundió en la tinta índigo y su chalet se durmió.

Hay que calmar el pánico, bajar el ritmo.

Sin embargo, los pasos se van acercando; no quiero darme vuelta hacia la cuchilla que me va a abatir.

La colina inicia su pendiente y me dejo ir hasta abajo, debiera llegar al camino y volver a casa. Porque me esperas, Kayla, ¿verdad? Ya llegaste a la casa, sabes que llego, mi amor, es eso, estoy segura de que es eso.

Mis piernas se agitan con ardor, flaqueo poco a poco. Y yo que creía bajar deprisa, más rápido que la lluvia, termino en el piso, ofrecida al apetito de mis saqueadores.

Espero mi fin, Kayla. No pensé convertirme en tan mal atleta.

Una sombra surge de la cima y alza el vuelo en lo alto de la noche hasta embestir todo el cielo. Ya no distingo su forma ni sus contornos. Mi cara es tomada por dos manos finas y ágiles, las de un guepardo, eso me digo, es un guepardo que cubre a su presa antes de llevársela. Una boca se pega a la mía; brota una risa y me llena hasta la garganta.

Tu risa invade la colina, Kayla, y te arrojo al suelo con fuerza; ríes como nunca, ríes y tu aliento se agota al mismo tiempo que mi espanto. Te doy la espalda, y otra risa empuja mis costillas contra la hierba.

Me tomas la mano y ambas volvemos a ser verticales. Nuestras dos siluetas se alejan. Tu brazo rodea mi cintura, y tu cuello recibe a mi frente húmeda.

Ya no se distinguen nuestros cuerpos en el camino: es plena noche.

3.

Enero de 2010, Cape Town. Old 65, un café en Greenmarket Square. Noxolo está sentada, sola.

Madele.– ¿Puedo?

Noxolo.– Me da igual.

Madele.– A mí también, qué bueno. Así que me instalo.

Noxolo.– No ando con ganas de hablar.

Madele.– Entonces no digas nada, voy a hablar por dos. ¿Vienes de Joburg? Dos shots de ron, por favor.

Noxolo.– No, para mí no.

Madele.– Sí, dos. Mira, ya estás hablando.

Noxolo.– No me lo voy a tomar.

Madele.– Pero yo sí. ¿Te dejaron? (Silencio.) Porque te encuentro sexy.

Noxolo.– Qué molesta.

Madele.– A ver, el Old 65, ¿sabes qué tipo de lugar es este, por favor?

Noxolo.– Sí, y no estoy de humor para eso.

Madele.– ¿Dónde vives?

Noxolo.– En algún lado.

Madele.– ¿Tienes una pieza propia?

Noxolo.– No me interesa.

Madele.– ¿A qué te dedicas?

Noxolo.– De verdad, me estás molestando.

Madele.– Yo toco guitarra. Me presento acá esta noche.

Noxolo.– Bien por ti.

Madele.– No hemos brindado.

Noxolo.– Por la puta… (Como agotada de pelear, y después de una mirada.) Salud.

Madele.– Nunca te había visto por aquí.

Noxolo.– Llegué hace poco.

Madele.– ¿De dónde vienes, entonces?

Noxolo.– KwaThema.

Silencio.

Madele.– ¿Está caliente la cosa allá?

Noxolo.– Más bien.

Madele.– ¿Ya te han…?

Noxolo.– No. A mí no. (Silencio.) ¿Y tú?

Madele.– No. (Silencio.) O sea, no todavía.

Noxolo.– Bueno, ¿y además de tocar guitarra?

Madele.– Estudios…

Noxolo.– ¿En Grahamstown?

Madele.– ¿Se me ve?

Noxolo.– Quizá. ¿Qué estudias?

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Janr və etiketlər

Yaş həddi:
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Litresdə buraxılış tarixi:
31 mart 2025
Həcm:
92 səh. 5 illustrasiyalar
ISBN:
9789875996328
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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