Kitabı oxu: «Oasis en la vida»

Şrift:

Juana Manuela Gorriti

Oasis en la vida


Publicado por Good Press, 2022

goodpress@okpublishing.info

EAN 4064066061494

Índice

INTRODUCCION.

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

XI

XII

XIII

XIV

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

XXI

XXII

XXIII

XXIV

XXV

XXVI

XXVII

XXVIII

XXIX

XXX

XXXI

INTRODUCCION.

Índice

Economía Política.

El sombrío Prudhon, imbuído, sin duda, en las ideas de los Santos Padres de la Iglesia que predicaban el desden por los bienes terrenales, decía que la pobreza es una ley de nuestra naturaleza, ley bajo la cual hemos sido constituídos, de donde se deduce que el pauperismo es mal que no tiene remedio ni cura.

Muy desconsolados debieron quedar los menesterosos con tan ingrata noticia, pero la actividad humana, que no siempre se lleva de teorías, ha venido á confortar á los aflijidos trayéndoles más plausibles nuevas y muy eficaces promesas. La industria, con sus innúmeras palancas de impulsion; las ciencias, con sus multiplicados alfileres de exámen; el cálculo, con su prevision y su aritmética; todos estos agentes de la vitalidad social, han venido á operar el milagro de la multiplicacion del pan y el aumento del vino, sustentando anchamente á los hambrientos y engordando, hasta más no poder, á los hartos.

La manera de realizar el prodigio lo ha dado á conocer esa venerable matrona, que los entendidos en materias graves creo que denominan Economía política. Esta tutriz moralizadora de la sociedad, evidenciando la fecundidad del trabajo y los beneficios del ahorro, se ha propuesto dignificar al hombre otorgándole los medios de sacudir el vasallaje servil de la indigencia.

El ahorro, tomando forma colectiva, ha dado orígen á la más preciosa de las combinaciones especulativas: á la que tiene por objeto asegurar el bienestar individual en vida y garantir el porvenir de los que quedan, despues de concluida la jornada.

Este tema, abstracto de suyo, y que parece ageno al dominio del arte, acaba de ser desenvuelto por la ilustre escritora cuyo nombre ocupa tan elevado rango en la gerarquía del movimiento intelectual americano.

Es atributo de las inteligencias creadoras trasformar y embellecer las ideas que pasan por su espíritu; parece que poseyeran ese don vivificador de la lujuriosa primavera que todo lo hermosea, lo cubre de flores y lo esmalta de celajes.

Por si existe incrédulo que ponga en duda el aserto, invoco por testigo, en mi abono, el presente libro.

Su autora comprueba, bajo la forma atrayente de la novela, los beneficios que reportan el trabajo, la perseverancia y el ahorro; nunca un tema económico ha sido tratado con más galanura, con más gracia picarezca, ni con más natural é ingénua intriga.

Despues de recorrer este trozo de historia social, cuya trama la forman las peripecias de dos caractéres nobles y fuertes, se encuentra no sé qué de consolatorio, de purificador, en medio de la arenosa senda por donde nos conduce diariamente la mano de la tristeza.

Si la mision de los cultores privilegiados del arte es la de alentar, la de consolar, la de dilatar el horizonte de la esperanza, la prestigiosa autora de estas páginas ha sabido encerrar en ellas, suficientes rayos de luz para satisfacer la ansiedad de las almas soñadoras, y bastantes rosas para coronar, aunque ellos no lo quieran, la adusta efigie de los más hipocondriacos economistas.

S. Vaca-Guzman.

Diciembre 22 de 1887.

Oasis en la Vida.

Á «La Buenos Aires»

La Autora.

I

Índice

—¡Bah!—exclamó Mauricio Ridel, arrojando la pluma despues de escribir la palabra Fin bajo la última línea de una cuartilla marcada con el guarismo 60.

—¿Qué es eso?—interrogó un jóven que escribía allí cerca.

—El postrer párrafo del folletin—respondió Mauricio, alargando la hoja á un cajista que aguardaba.

—¡Cómo! ¿Mañana acaba Chamusquinas de Amor? Hoy quedaba su héroe en una situacion extrema: la mano armada de un revólver, esperando para morir el primer rayo de sol; y ya, este comenzaba á dorar las copas de los árboles; y al verlo, «Enrique apoya el arma contra el corazon, enviando á María su último pensamiento; á Dios su última plegaria.»—¿Muere?

—No; porque—«De repente, un brazo cariñoso rodeó su cuello; un rostro pálido y mojado de lágrimas se apoyó en su rostro...

—¡Perdon!

—¡Perdon!—se oyó á la vez...

«Y el primer rayo de sol aguardado como una señal de muerte, fué la aurora de su felicidad».

—¡Bien! ¡oh! ¡Qué bien!—aplaudió el otro; y añadió con dramático ademan:

—¡Ah! que no haya para nosotros, párias del destino, ¡un rayo de sol que venga á redimirnos!

—Sí: y más que uno: dos—repuso Mauricio.—La resignacion y el trabajo.

—¡La resignacion! ¡el trabajo!—replicó el interlocutor con forzada risa.—Solo tú puedes decir eso; tú, que no contento con la tarea diaria, la has subido á catorce horas. Catorce horas, pluma en mano, encorvado sobre la implacable cuartilla, y precisamente, apenas en convalecencia de la terrible herida que casi te lleva al sepulcro.

—Sin embargo, ya lo vés: estoy sano y fuerte. Un poco de sueño; á veces, un poco de fatiga; pero se piensa en el fin propuesto, y todo eso vuela y se desvanece.—

Hablando así, Mauricio consultó su reloj.

—Las siete—Y levantándose, fué á tomar de una percha su sombrero.

—¡Las siete! ¡Con qué desenfado lo dices! ¿Sabes que has estado sentado ahí, escribiendo desde las nueve? ¡Diez horas! ¡Ah! hombres como este son un pésimo ejemplo en la Redaccion.

—Y tú, que así hablas, querido Emilio, eres uno de sus mejores obreros.

—A más no poder: Sábelo.

—Notificado—dijo Mauricio, sonriendo.—Ruégote que al salir digas al Regente que me tenga listas las pruebas para las once.

—Y correccion hasta las dos de la mañana. Suma: ¡catorce horas!... ¡Adios, escriba!

—Adios, fariseo.—

Y ambos rieron.

Mauricio cerró su carpeta y se fué.

Emilio se extendió perezosamente en su silla; encendió un cigarro, que aspiró con ánsia; y arrojando una larga espiral de humo, entornando los ojos—¡Deliciosa fruicion!—exclamó:—¿qué no haces tú olvidar?... Y sin embargo, Mauricio te desdeña. Uncido á un rudo trabajo, pegado ahí, á esa mesa de redaccion, hasta los codos en la seccion editorial; cronista, traductor, folletinista, corrector de pruebas: ¿á qué móvil obedecerá ese anhelo de aglomerar sueldos? Él, no es avaro ni derrochador; no frecuenta clubs ni bailes; por tanto, ni juega ni galantea. En los teatros tiene las entradas de periodista. ¿A qué tanto afan de ganar dinero? ¿qué hace de él? No es mucho, en verdad; pero ¿qué hace de él? Enigma insoluble es para mí este jóven, tan franco, sin embargo, y tan bueno...

Y Emilio dejando la pluma en largo holgorio, quedóse engolfado en sus pensamientos y en el humo de su cigarro.

II

Índice

Mauricio se alejó con el paso presuroso, habitual en aquellos que tienen contado el tiempo.

Aunque en la plácida edad de veinte años, y bello y apuesto, hay en la expresion de su semblante esa gravedad melancólica, signo de un destino adverso.

En verdad, adverso había sido el destino para Mauricio: adverso desde la cuna, mecida por manos extrañas, desierta de cuidados y caricias.

Y no fué esto solo ¡ay! no fué esto solo.

Cárlos Ridel, subyugado por una pasion que causó la muerte á su esposa, llevando todavía el luto de la viudez, dió una sucesora á la difunta; á su hijo una madrastra.

¡Madrastra! Al solo pronunciar esta palabra de aspereza siniestra, compréndese la tristura de esos pobres niños que crecen temerosos, acoquinados, bajo aquella sombra fatídica.

Para ellos no existen las alegrías del hogar. Siempre espiados por la mirada suspicaz de un fiscal inexorable que les achaca á delito su gozosa turbulencia, su inocente espontaneidad, vuélvense taciturnos, desconfiados; ocúltanse para reir; ocúltanse para llorar; y en el primer albor de la vida, aprenden esa triste ciencia de la vejez: el disimulo. ¿Ni qué otro recurso les queda? ¿A quién volver sus ojos?

La casa paterna se ha tornado para ellos en campo enemigo, donde todo les es hostil, hasta su mismo padre á quien no le es dado mostrárseles propicio, so pena de despertar celos retrospectivos, que empeoren la situacion tristísima de esos náufragos de la vida.

Tal suerte cupo á Mauricio.

Víctima de una semejanza que importunaba á su padre como un remordimiento, á su madrastra como una vision de ultratumba, vióse un dia arrebatado de su casa y entregado al capitan de un buque inglés, que lo llevó á Europa y lo encerró en un colegio.

Aunque del hogar de sus padres, el pobre niño, solo guardara crueles recuerdos, la lengua materna, el suelo de la patria, su aire, su luz, éranle necesarios, y languideció, echándolos de menos.

Por dicha suya fué el «bello país de Francia,» la hospitalaria Paris, el lugar de su destierro.

La bondad característica de los hijos de aquella tierra, tiene, en todas las clases sociales, desde el aristócrata hasta el obrero, una gracia irresistible que cautiva el alma y mata toda nostalgia.

Desde el sábio Blain, director del colegio donde fué el niño consignado, hasta el ama de llaves, la buena Colombe; desde los alumnos hasta los profesores: todos acogiéronlo con tan benévola conmiseracion, que primero la serenidad y luego la alegría, vinieron como nunca, expansivas á aquel pobre corazon, por tanto tiempo oprimido.

El desterrado comenzó á encontrarse feliz en su nueva familia.

—¡Ah!—pensaba, recordando el pasado—¿así se ama, se acaricia y se protege? ¿Por qué no he conocido yo hasta hoy, estos bienes?

Y refugiábase en esa atmósfera de calurosos afectos; y sentía el dulce bienestar del que renace á la salud despues de una larga enfermedad.

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Litresdə buraxılış tarixi:
17 yanvar 2025
Həcm:
60 səh. 1 illustrasiya
ISBN:
4064066061494
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Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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