Kitabı oxu: «Corrientes de psicología contemporánea»
Martín F. Echavarría
CORRIENTES DE
PSICOLOGÍA CONTEMPORÁNEA
| Echavarría, Martín F.Corrientes de psicología contemporánea / Martín F. Echavarría. - 1a ed . - La Plata : Universidad Católica de La Plata, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-3736-44-51. Psicología. I. Título.CDD 150.1 |
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ISBN 978-987-3736-44-5
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Índice
Introducción
Sección 1
Capítulo 1. El psicoanálisis de Sigmund Freud
Anexo 1. El uso del concepto de narcisismo en la psicología. Breve historia y observaciones críticas
Capítulo 2. Los continuadores de Freud
Anexo 2. El “inconsciente espiritual” y el “supraconsciente” del espíritu según Jacques Maritain
Capítulo 3. Carl G. Jung y la psicología analítica
Anexo 3. Psicología, mística e inconsciente en William James
Sección 2
Capítulo 4. La Psicología del Individuo de Alfred Adler
Capítulo 5. La psicología antropológica de Rudolf Allers
Anexo 4. Ética y psicoterapia según Josef Pieper
Capítulo 6. La Logoterapia de V. E. Frankl
Sección 3
Capítulo 7. El conductismo de John B. Watson
Capítulo 8. Del neoconductismo a B. F. Skinner
Sección 4
Capítulo 9. La Psicología Humanista y la teoría de Carl Rogers
Capítulo 10. Otros autores y escuelas de tendencia humanista o alternativa
Sección 5
Capítulo 11. Psicologías cognitivas
Capítulo 12. El constructivismo
Anexo 5. Influencias de la psicología contemporánea en las corrientes pedagógicas
Anexo 6. La naturalización del alma en la psicología contemporánea
Anexo 7. Psicología desde la interioridad
Consideraciones finales: Psicología, fe y razón
El autor
Al Sagrado Corazón
A mis alumnos
Introducción1
El presente estudio fue escrito con una finalidad docente: está dedicado a la exposición sistemática y básica de las principales corrientes de psicología contemporánea. No pretendemos aquí hacer aportes especiales a la investigación histórica de la psicología, sino presentar al lector un cuadro completo, pero inicial, de los principales representantes de la psicología actual y sus teorías. No obstante lo cual, creemos que la exposición en su conjunto, por su orientación filosófica y por su interpretación del proceso de desarrollo de la psicología contemporánea, no carece de originalidad. Lo mismo se puede decir de la exposición de algún autor (como Rudolf Allers) o corriente (como las psicologías de la responsabilidad), descuidados en casi todos manuales más divulgados.
En esta obra distinguimos entre las “corrientes” y las “escuelas” de psicología. Las primeras son movimientos amplios que abarcan varias escuelas y autores con una orientación general semejante, de método, de temas y de actitud ante el ser humano. Las escuelas son grupos más reducidos, reunidos generalmente en torno a un fundador, que tienen un pensamiento más homogéneo y soluciones comunes a temas específicos. Por ejemplo, el psicoanálisis es la escuela fundada por Sigmund Freud, y la colocamos en la corriente de psicología profunda o de lo inconsciente, a la que pertenece otra escuela, la psicología analítica, fundada por Carl Gustav Jung. Aunque estas dos escuelas se diferencian bastante en muchos aspectos, tienen en común el hacer a lo inconsciente el tema central de la psicología y de la psicoterapia.
La psicología contemporánea cuenta con innumerables autores, corrientes y escuelas. Necesariamente una exposición como la presente, por completa que se la desee, debe hacer una selección, que implica dejar de lado autores y escuelas que, por ciertos aspectos, pueden ser importantes. En tal selección hemos tomado como criterios: 1) La importancia de los autores en el desarrollo de la psicología actual, aunque sea por motivos diversos; 2) su influencia cultural, que puede trascender el marco de la psicología; 3) su importancia para la práctica profesional de la psicología. Es importante recordar que la psicología no es sólo la psicoterapia y el counselling psicológico, y ni siquiera la práctica profesional en general (en los campos de la educación y la empresa, así como en el ámbito clínico), sino que existe también la psicología académica, de orientación experimental o filosófica. Aunque en la presente obra se atiende a ambas vertientes, académica y profesional, de la psicología, el lector notará que hemos desarrollado más ampliamente los autores que más han influido en esta última. Si bien este no es un libro de corrientes de psicoterapia, hemos expuesto más ampliamente a autores dedicados a esta área de la psicología actual justamente porque, por ser lo que de la psicología llega más al público en general, también, en la mentalidad general más la representa. Estas corrientes son además las que más profundamente penetran en las almas de los estudiantes de psicología, que rápidamente se convencen de que deben optar por alguna de ellas para tener una formación psicológica adecuada.
Hemos dividido a las escuelas en cinco corrientes, que consideramos que son las fundamentales, y que exponemos en las distintas secciones del libro:
Sección 1. Psicologías del Inconsciente
Sección 2. Psicologías de la Responsabilidad
Sección 3. Conductismo
Sección 4. Psicología Humanista
Sección 5. Cognitivismo
Por ser un texto dirigido principalmente a la docencia, hemos evitado, en líneas generales, cargar excesivamente el discurso con un aparato de citas complejo. De todos modos, el lector comprobará que las citas no faltan y encontrará suficientes referencias a bibliografía complementaria sobre distintos puntos, pues pensamos que un manual docente no necesariamente debe ser una mera exposición superficial, sino que debe ir ayudando al alumno a aprender a estudiar y a pensar2.
El lector notará que en general el estilo de la exposición es bastante coloquial. La causa de ello es que el origen de gran parte del material publicado aquí son unas clases dictadas por el autor3. A este material se suman algunos capítulos escritos ad hoc, y algunos artículos sobre temas de psicología contemporánea publicados en distintas revistas o presentados como ponencias en congresos o jornadas que, o han sido incorporados como capítulos o partes de capítulos, adaptando sus contenidos para que se inserten mejor en la presente obra, o, en caso de no ser esto posible, agregados como anexos a los capítulos con los que tienen mayor afinidad.
* * *
“Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?”, pregunta el Profeta (Jr 17,94). Las modernas corrientes de psicología, desde la “psicología profunda” en adelante parecen presentarse como respuestas a este interrogante. Con pocas excepciones, las corrientes que aquí expondremos son un intento de comprender y sanar radicalmente al hombre desde la psicología (o tal vez sería mejor decir desde distintas “psicologías”). Por este motivo, en la exposición de las corrientes principales de la psicología actual nos proponemos también poner de manifiesto las premisas filosóficas que subyacen a las variadas escuelas y corrientes de psicología contemporánea, y hacer de ellas una crítica a la luz de la filosofía y de la antropología cristiana, con especial referencia a santo Tomás de Aquino5. El lector descubrirá que, más allá de las, a veces notables, diferencias metodológicas, técnicas y prácticas, que existe entre las distintas corrientes, escuelas y autores, la diferencia fundamental entre las mismas es de orden filosófico, e incluso teológico. Por otro lado, este nivel filosófico-teológico del discurso de los autores expuestos impregna todos los aspectos de su discurso psicológico, desde la teoría hasta la práctica, hasta el punto de que en muchos casos las distintas formas de praxis psicológica no son meras aplicaciones técnicas de los conocimientos adquiridos por la psicología académica, sino formas modernas o posmodernas de filosofía aplicada.
1 El presente libro fue anteriormente editado en Barcelona por la editorial Scire, Barcelona (2010), a la que agradecemos el permiso para esta reedición argentina. Para la presente edición se han revisado todos los capítulos, y se han retocado y ampliado algunos de ellos. Se han modificado consistentemente los capítulos dedicados a Freud y a Allers. Además, se han agregado tres nuevos anexos al capítulo 5.
2 El lector formado en metodología notará que en esta obra hemos optado por el sistema de citas más frecuente en las Humanidades, y no por el de la APA, que es el más usado en Psicología. Lo hemos hecho porque pensamos que a la orientación histórico-filosófica que en última instancia adoptamos en el desarrollo de este libro, le es más connatural este modo de citar. Para facilitar la lectura a los alumnos, hemos traducido todas las citas que estaban en otros idiomas, a excepción de la de los estudios complementarios de los Anexos.
3 Se trata de lecciones dadas en un curso de perfeccionamiento docente titulado “Psicología y educación”, organizado por la Archidiócesis de Toledo, entre el 20 y el 21 de abril de 2007. Debemos agradecer a nuestra exalumna y becaria Isabel Manresa Lamarca por las largas horas dedicadas a la transcripción completa de este curso, que sirvió de materia prima para varios capítulos.
4 Seguimos la traducción de la Biblia de Jerusalén.
5 Sobre la posibilidad de fundar la psicología en el pensamiento del Aquinate, cf. M. F. Echavarría, La praxis de la psicología y sus niveles epistemológicos según santo Tomás de Aquino, UCALP, La Plata 2010.
Sección 1
Psicologías del Inconsciente
Una de las corrientes más importantes e influyentes de la psicología contemporánea, además de una de las primeras, es la que Bleuler llamó psicología profunda o de lo profundo (Tiefenpsychologie), que algunos llaman psicología dinámica y que aquí llamamos psicologías del inconsciente. Hemos preferido este nombre a los otros, porque el primero supone que “lo profundo” en el hombre es lo inconsciente instintivo, posición con la que no estamos de acuerdo (a menos que por “profundo” se entienda lo “inferior” en importancia ontológica), y porque, aunque desde Herbart la perspectiva dinámica está asociada con una psicología que da un puesto principal a lo inconsciente, sin embargo no toda psicología dinámica necesariamente lo hace (basta pensar a la del psicólogo gestaltista Kurt Lewin). Por eso nos ha parecido más conveniente la denominación psicologías del inconsciente para designar a aquellos autores y escuelas que se caracterizan, no sólo por afirmar la existencia de una parte inconsciente del psiquismo (cosa que hoy hacen casi todas las escuelas de psicología), sino sobre todo a quienes asignan a este inconsciente el rol central en el gobierno de la persona. Evidentemente, la primera escuela importante en hacerlo es el psicoanálisis de Sigmund Freud, por lo que por él comenzará nuestra exposición, seguida de algunos de sus discípulos y de la psicología analítica de Carl Gustav Jung.
Capítulo 1. El psicoanálisis de Sigmund Freud
1. Datos biográficos
Sigmund Freud (Moravia 1856 – Londres 1939) es un autor que no necesita presentación. De origen judío, residente en una Viena capital del Imperio Austro-Húngaro, cursa estudios de medicina por motivos económicos, a pesar de tener una vocación más humanística. Se especializa en neurología y pasa unos pocos años dedicado a la investigación. Hacia 1900 funda el psicoanálisis como método alternativo a la hipnosis para la terapia de la neurosis. A pesar de su origen terapéutico, y por intención explícita de Freud, el psicoanálisis rápidamente se extiende a otras áreas de la vida humana, llegando a tener un influjo sobre la cultura del s. XX sólo comparable al del marxismo. A causa del régimen nazi debe emigrar a Londres, donde muere poco después por voluntad propia habiendo recibido de su médico una inyección de morfina, tras más de quince años de padecer un dolorosísimo cáncer de mandíbula.
En el desarrollo del pensamiento de Freud podemos distinguir 3 períodos: 1) Pre-psicoanalítico: Se trata del período de formación de Freud anterior a la creación del psicoanálisis (es decir, hasta alrededor de 1895); 2) Etapa fundacional del psicoanálisis: Va de 1896 hasta 1914 o 1920, según el punto de referencia que se tome. 1914 es muy importante por varias razones. Es el año de separación de Jung, que concluye un período de defecciones importantes para el movimiento psicoanalítico, que incluye las de Steckel y Adler. Por otro lado, es el año de publicación de Tótem y Tabú, obra que da inicio a las cada vez mayores disquisiciones culturales que caracterizarán el último periodo de la obra de Freud. En 1920, por otra parte, se publica Más allá del principio de placer, que da inicio a una profunda revisión de su sistema psicológico que incluirá una modificación de la teoría de las pulsiones y la elaboración de la segunda tópica. 3) Madurez: El último período es el que va desde 1915 o 1920 hasta su muerte en 1939, en el que Freud elabora sus últimas ideas fundamentales, como la teoría de las pulsiones de vida y de muerte, la división del aparato psíquico en yo, ello y superyó, su teoría del narcisismo y su crítica de la religión y de la cultura.
2. El psicoanálisis y sus influencias teóricas
2.1. Raíces del inconsciente dinámico: Herbart
Es importante destacar que Freud no crea ni descubre el concepto de inconsciente, sino que le da una interpretación particular y además lo hace funcionar de una manera especial en la práctica psicoterapéutica. Pero Freud no es el descubridor del inconsciente, si es que se puede hablar de “descubrimiento”, porque el de inconsciente es un concepto teórico que sirve para explicar unos fenómenos que pueden admitir una interpretación diversa. Es como decir que Kant descubrió las categorías a priori o las formas a priori de la sensibilidad, o algo por el estilo. En todo caso el concepto de inconsciente psíquico estaba presente en la literatura de la época, sobre todo en la alemana, a partir de varias fuentes: empezando por Herbart o tal vez por Leibniz, en el cual aparece la idea de que hay percepciones imperceptibles6. La apercepción, según Leibniz, es el acto por el que la atención se dirige a una parte de las diminutísimas e infinitas percepciones que son imperceptibles y por lo tanto inconscientes. En Herbart, que está influido por Leibniz y por Fichte, aparece la idea de un inconsciente dinámico.
Johann Friedrich Herbart (1776-1841) ha pasado a la historia como pedagogo, así como por su oposición al idealismo virtual de Kant. Sin embargo, su importancia para la historia de la psicología es tal vez todavía mayor que para la de la pedagogía y la gnoseología, por ser el antecedente principal de la concepción energética y dinámica del psiquismo humano que encontraremos en Freud. Es además, uno de los antecedentes más inmediatos de la psicofísica de Fechner, que es otra de las fuentes del energetismo freudiano, y en él aparece ya el concepto de umbral de la percepción (que en realidad tiene raíces aristotélicas). Por eso, en el s. XIX muchos lo consideraron como el fundador de la nueva psicología.
Como para otros racionalistas, también para él la metafísica abarca toda la filosofía. Por lo que respecta a la psicología, para Herbart tiene tres fuentes: la metafísica, la experiencia y las matemáticas.
La experiencia nos muestra una realidad con muchas aparentes contradicciones; tendemos a ver en la realidad sujetos que permanecen –v.g. una manzana– pero estos mismos muestran cualidades contrarias –v.g. roja o verde–. La metafísica se ocupa de resolver estas contradicciones. Así, se llega a que hay una multiplicidad de realidades que son espirituales y simples. El cambio es apariencia, las cosas en sí mismas no cambian. Según las relaciones que nosotros establecemos entre las cosas percibimos un cambio aparente u otro. Estas cualidades que percibimos de las cosas son el resultado de la tendencia a la autoconservación de cada una. Las cosas, como efecto de una intrusión exterior, se manifiestan en estas cualidades.
Entre las cosas contradictorias que presenta la experiencia está el yo. El yo es contradictorio, o aparentemente contradictorio, porque lo consideramos como único e inmutable, pero al mismo tiempo está compuesto por una multiplicidad de representaciones. Esto lo resuelve diciendo que detrás del yo contradictorio, está el alma inmutable. Ésta se manifiesta según distintas cualidades al recibir una intrusión exterior. Estas cualidades son representaciones, que son el resultado de la tendencia a la autoconservación del alma. Las representaciones se comportan entre sí de modo parecido a las realidades exteriores, se oponen y es por esa oposición que se convierten en fuerzas en conflicto. Las representaciones más fuertes tienden a dominar a las otras. Esto lleva a un estado de equilibrio entre las más débiles y las más fuertes, que terminan dominando.
Así como en Física se distingue una dinámica y una estática, en Psicología también. Herbart divide la Psicología en dos partes:
1) Una Estática Psíquica, que estudia y mide el equilibrio de las representaciones.
2) Una Dinámica Psíquica, que estudia el “ascenso” y “descenso” de las representaciones: las más fuertes se colocan arriba, es decir, se hacen conscientes, y las más débiles se colocan por debajo del límite o umbral de la conciencia. Para llegar a la conciencia, las representaciones deben superar dicho umbral, que sería medible7.
Las representaciones no están aisladas, sino que están agrupadas en conjuntos, en “complejos”. Las representaciones compatibles forman un mismo complejo. Las representaciones incompatibles, se separan, se aíslan, forman conjuntos separados. Este es un clarísimo antecedente de la teoría energética de la represión, de Freud8. De hecho, Herbart utiliza tanto el término represión (Verdrägung), como el término resistencia (Widerstand)9. Las representaciones escindidas o aisladas y oscurecidas, todavía son activas y pugnan por volver a la conciencia. No lo logran mientras los conjuntos de representaciones conscientes sean más fuertes.
El yo, como sucederá más tarde también en la psicología profunda, no es otra cosa que un conjunto de representaciones que tenemos de nosotros mismos. Es el complejo que está en el centro de nuestra conciencia. Las nuevas representaciones o se asimilan en el yo (en la medida en que son compatibles con las representaciones que lo conforman) o son expulsadas al inconsciente (cuando son incompatibles). Es difícil no ver aquí prefigurada la teoría freudiana de la represión.
El proceso por el que asimilamos nuevas representaciones a conjuntos de representaciones preexistentes lo llama Herbart (con Leibniz) “apercepción”. Las representaciones se pueden fundir, combinar o, por el contrario, oponerse y resistirse.
Para Herbart, la libertad no es otra cosa que la fuerza y el dominio de los complejos de representaciones más fuertes en la dinámica psíquica. Este complejo de representaciones dominantes constituye el carácter.
Herbart tiene también el dudoso mérito de haber eliminado las facultades psíquicas. Lo que se explicaba con éstas pasa a serlo desde la dinámica de las representaciones, que suben y bajan. Representar, sentir y desear, que según Herbart eran las facultades clásicas, se reducen a representaciones. Con anterioridad a las representaciones, que surgen de la tendencia a la autoconservación del alma no hay ninguna facultad ni potencia.
Este “vicio fundamental” de la concepción herbartiana, pasa a la psicología contemporánea, y en particular al psicoanálisis. Así como no hay matemáticas sin números, no hay psicología sin potencias. La reducción del objeto de la Psicología a las representaciones (sean estos fenómenos de conciencia, o complejos inconscientes), lleva a una psicología sin sujeto y sin capacidades que termina por vaciarla de su sentido. Su concepción mecánica, o dinámica, es también un obstáculo para el desarrollo de la psicología, que no se puede hacer prescindiendo de la originalidad de las vivencias animal y humana. Ésta no se puede comprender cabalmente sin una correcta teoría de las potencias del alma.
Tal como veremos, la psicología de Freud es una inversión, materialista y evolucionista, del mecanicismo psíquico de Herbart. En vez del alma, mónada inmutable, la vida psíquica (que se reduce a representación y energía) es producto del organismo.
2.2. La genealogía de la moral de Nietzsche
A la influencia de Herbart se suma la de la Naturphilosophie romántica, en la que el concepto de inconsciente juega un papel fundamental. Tenemos a autores como A. Schopenhauer (1788-1860), C. G. Carus (1789-1869), E. von Hartmann (1842-1906), y el mismo Friedrich Nietzsche (1844-1900). Tanto en Schopenhauer10 como en Nietzsche están presentes ideas acerca del inconsciente que son prácticamente las mismas que se encuentran en Freud, por lo menos en aspectos esenciales, como la importancia de los sueños o de la sexualidad. A lo que hay que sumar el evolucionismo darwiniano11.
La influencia de Nietzsche, en particular, es capital, no tanto al nivel de los contenidos teóricos, aunque también en este aspecto se nota su influjo, cuanto al del espíritu de fondo. En efecto, de alguna manera se puede considerar al psicoanálisis de Freud como una realización particular del proyecto nietzscheano de transvaloración12. Como diremos después, el psicoanálisis es una especie de disciplina posmoral que rastrea la genealogía de la vida moral del individuo como causa de su neurosis.
Para Nietzsche, la psicología es el principal instrumento para demoler los antiguos valores y construir nuevos. Por eso, es “señora de todas las ciencias”13. Esa psicología, o “fisio-psicología”, es una especie de trabajo de desenmascaramiento, que busca mostrar que detrás de lo aparentemente “elevado”, se encuentran motivaciones inferiores, “profundas”, que la conciencia se resiste activamente a admitir”14.
Freud toma explícitamente de Nietzsche la noción de ello15. También está en Nietzsche la idea de que el sujeto redirige a su interior la agresividad en forma de sentimiento de culpa, concepción característica del último periodo de Freud, que éste toma de la Genealogía de la moral de Nietzsche, que fue objeto de discusión en las reuniones psicoanalíticas de los días miércoles en el año 1908. Esta cita es un ejemplo de la concepción de Nietzsche:
Todos los instintos que no se desahogan hacia fuera se vuelven hacia dentro –esto es lo que yo llamo la interiorización del hombre: únicamente con esto se desarrolla en él lo que más tarde se denomina su “alma”. [...] La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en la agresión, en el cambio, en la destrucción –todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos: ese es el origen de la “mala consciencia”16.
Nietzsche afirma explícitamente el carácter patógeno de la moral y de la religión cristiana, e incluso usa la palabra “neurosis” para designar este mal:
(La neurosis religiosa aparece como una forma del “ser malvado”: de ello no hay duda). ¿Qué es esa neurosis? Quaeritur. Hablando a grandes rasgos, el ideal ascético y su culto sublimemente moral, esa ingeniosísima, despreocupadísima y peligrosísima sistematización de todos los medios de desenfreno del sentimiento bajo la protección de propósitos santos se ha inscrito de un modo terrible e inolvidable en la historia entera del hombre17.
Este autor había llegado incluso a plantearse estudiar medicina y especializarse en psiquiatría para concretar por esa vía su anhelo de crítica de la moral y la religión, y la realización de la transvaloración de los valores, de la que la psicología es un instrumento. El siguiente pasaje de La gaya ciencia parece incluso una especie de profecía del papel de Freud en la historia de la cultura:
El disfraz inconsciente de las necesidades fisiológicas, bajo pretexto de lo objetivo, de lo ideal, de la idea pura, llega tan lejos que asusta, y más de una vez me he preguntado si en términos generales no habrá sido hasta ahora la filosofía una interpretación del cuerpo ante todo y tal vez un error del cuerpo. Detrás de las más altas evaluaciones que hasta ahora guiaron la historia del pensamiento se esconden defectos de conformación física, ya de individuos, ya de castas, ya de razas enteras. Todas esas audaces locuras de la metafísica, sobre todo en lo que se refiere al valor de la vida, se pueden considerar como síntomas de determinadas constituciones físicas. Y aunque estas afirmaciones o aquellas negaciones de la vida carezcan de importancia desde el punto de vista científico, no por eso dejan de dar al historiador y al psicólogo preciosos indicios, como síntomas que son del cuerpo, de su medro o desmedro, de su plenitud, de su potencia, de su soberanía en la historia y también de sus paradas, de sus fatigas, de su enflaquecimiento, de su presentimiento del fin y de su voluntad de finar. Aun espero yo que un médico filósofo, en toda la extensión de la palabra –uno de aquellos que estudian el problema de la salud en general del pueblo, de la época, de la raza, de la humanidad–, tenga alguna vez el valor de llevar a sus últimas consecuencias la idea que yo no hago más que sospechar y aventurar. En todos los filósofos no se ha tratado hasta ahora de la verdad, sino de otra cosa diferente, dígase salud, porvenir, acrecentamiento, potencia, vida...18
2.3. Psicoterapia, hipnosis y método catártico
Para cerrar este panorama de las influencias teóricas de Freud, es necesario referirse a la psicoterapia del s. XIX, que es la vía a través de la cual hace su aparición este “médico-filósofo” que esperaba Nietzsche. Pues, tal como el mismo Freud lo dice expresamente, la psicología es la vía por la cual él realiza su anhelo de pasar de la medicina a la filosofía19.
Los orígenes de la psicoterapia están estrechamente ligados a dos temas que ocuparon particularmente a algunos médicos de la segunda mitad del s. XIX. En primer lugar el de los desórdenes neuróticos y especialmente de la histeria, que fue como el prototipo, en aquel momento, de la “psiconeurosis” –como se decía entonces, antes de que se perdiera el prefijo “psico-” y quedara solamente “neurosis”20–. En segundo lugar, el tema, relacionado con éste, de la hipnosis, pues la hipnosis fue considerada durante un tiempo como el método principal para el tratamiento de la histeria21. La incipiente psicoterapia está entonces estrechamente ligada al tratamiento de la histeria a través de la hipnosis. Uno de los primeros en adoptar el término “psicoterapia” fue Hypolitte Bernheim en su libro Hipnotismo, sugestión y psicoterapia (1891).
El que podríamos considerar tal vez el primer psicoterapeuta contemporáneo de peso es Pierre Janet (1859-1947), un autor francés que fue filósofo antes que médico (era Doctor en Filosofía, y sobrino de un importante filosofo espiritualista francés que se llamaba Paul Janet), influido por Théodule Ribot (1839-1916; filósofo introductor de la psicología moderna en Francia), y por Jean-Martin Charcot (1825-1893; fue uno de los pioneros en la experimentación con la hipnosis). Pierre Janet, interesado por la psicología contemporánea, hizo su tesis doctoral en filosofía sobre el tema del automatismo psicológico22; la noción de un automatismo psicológico que funciona aun independientemente de la conciencia es de Pierre Janet y por ello en autores de habla francesa se encuentra mucho la expresión “automatismos psicológicos” al exponer el psicoanálisis, mientras que Freud mismo, en cambio, no la utiliza. Charcot estaba en el Hospital de la Salpêtrière de París –en donde hizo una estancia de estudio Freud– y allí creó un laboratorio experimental de psicología clínica23 para Janet24. Simultáneamente Janet se doctoró en medicina, pero comenzó su práctica psicoterapéutica siendo filósofo, y este dato es muy importante.
Autores como Charcot, Bernheim y Janet, ya sostenían, antes que Freud, que la neurosis tenía como fundamento un trauma, escondido en lo inconsciente, que generaba síntomas psíquicos y corporales; utilizando la hipnosis como instrumento terapéutico, intentaban cancelar los síntomas y reunificar la síntesis psíquica consciente con los contenidos inconscientes. Charcot había logrado hacer y deshacer síntomas semejantes a los histéricos a través de la hipnosis, y había demostrado que la histeria se podía dar en varones tanto como en mujeres25.
Sigmund Freud hizo su formación en hipnosis primero en la Salpêtrière con J. M. Charcot y luego en Nancy con H. Bernheim, y también en la misma Viena con un médico que se llamaba Josef Breuer (1842-1925), al cual Freud atribuye al principio la creación del psicoanálisis, aunque después le quite este mérito, atribuyéndoselo a sí mismo. Por este lado viene el interés de Freud por lo inconsciente, que era un concepto que circulaba desde hacía tiempo en la cultura del s. XIX.
De Breuer, aprende Freud el método catártico, que fue la raíz del método psicoanalítico según el mismo Freud. Breuer había desarrollado este método para el tratamiento de la histeria hacia el año 1881, durante el caso de Ana O. (Berta Pappenheim26). Sería prolijo describir detalladamente este caso, para poder explicar en qué consiste tal método27. Nos contentaremos con una explicación breve. La paciente sufría de una serie de trastornos cuya causa orgánica no se pudo determinar, por lo que se la diagnosticó como un caso de histeria. Los síntomas los habría contraído durante el prolongado tiempo en que se dedicó a cuidar a su padre enfermo (que posteriormente falleció). Estos síntomas eran múltiples y cambiantes. Freud, los resume en los siguientes: