Kitabı oxu: «El libro español en Londres»

Şrift:

EL LIBRO ESPAÑOL EN LONDRES

LA VISIÓN DE ESPAÑA EN INGLATERRA

(SIGLOS XVI AL XIX)

EL LIBRO ESPAÑOL EN LONDRES

LA VISIÓN DE ESPAÑA EN INGLATERRA

(SIGLOS XVI AL XIX)

Nicolás Bas Martín y Barry Taylor (eds.)

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

La publicación de este libro ha contado con la colaboración de:



Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© De los textos: los autores, 2016

© De esta edición: Universitat de València, 2016

Coordinación editorial: Maite Simón

Maquetación: Textual IM

Corrección: Communico-Letras y Píxeles S. L.

Cubierta:

Ilustración: The Compleat Auctioner, ca. 1700, The British Museum

Diseño: Celso Hernández de la Figuera

ISBN: 978-84-9134-025-6

ÍNDICE

PRESENTACIÓN

LOS LIBROS ESPAÑOLES DEL DR. WILLIAM BATES (1625-1699) EN LA DR. WILLIAMS’S LIBRARY DE LONDRES, Barry Taylor

THE ACQUISITION OF SPANISH CHAPBOOKS BY THE BRITISH MUSEUM LIBRARY IN THE NINETEENTH CENTURY: OWNER, DEALERS AND DONORS, Geoff West

EL OTRO CHORLEY: EL TEATRO CLÁSICO ESPAÑOL EN INGLATERRA, Don W. Cruickshank

COLECCIONISMO CERVANTINO EN LA INGLATERRA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVIII A PARTIR DE LOS CATÁLOGOS DE SUBASTAS, Gabriel Sánchez Espinosa

VICENTE SALVÁ EN LONDRES (1824-1832): LIBROS, NEGOCIOS Y POLÍTICA. NOTAS DE UN EPISTOLARIO INÉDITO, Germán Ramírez Aledón

LA ESPAÑA DE ALATRISTE. LIBROS ESPAÑOLES EN LAS LIBRERÍAS LONDINENSES DEL SIGLO XVIII, Nicolás Bas Martín

PRESENTACIÓN

Verba volant, scripta manent. Así reza la cita latina, y así hemos querido empezar estas palabras introductorias a un libro que se gestó durante la Jornada «The Spanish Book in London during the 16th to 19th centuries», celebrada en la British Library de Londres el día 13 de mayo, y que tuvimos el enorme placer de coordinar.

Aquel encuentro sirvió para dar a conocer las últimas investigaciones sobre el libro español en Inglaterra durante la Edad Moderna y comienzos de la Contemporánea. Una reunión científica que presentó aspectos hasta ahora inéditos sobre la imagen del libro español, principalmente en Londres, entre los siglos XVI y XIX, a cargo de destacados especialistas ingleses y españoles.

Y es que la imagen histórica de España en Inglaterra ha sido estudiada desde muy diversos frentes, el pictórico, el musical, el literario, pero no así desde un punto de vista bibliográfico. Precisamente por ello son ahora los libros los que «hablan», los que nos informan acerca de la visión que los ingleses tenían de la cultura española a través de los libros que compraban, vendían y, en definitiva, poseían y leían. No en vano, esta publicación se centra en el mundo del libro. Bibliotecas institucionales, particulares, subastas, catálogos de libreros, el papel de los editores y un sinfín de fuentes documentales, como cartas y libros de viajes, nos permitirán conocer de primera mano cómo nos vieron desde fuera.

Y es que los tópicos y los estereotipos se han conformado, entre otros, a través de las lecturas, en este caso españolas. De hecho, la España actual no es sino el resultado de todas aquellas imágenes procedentes de muy diferentes fuentes, y que han ido definiendo el sentimiento colectivo de una comunidad, como ahora la inglesa.

Y este recorrido comienza, en nuestro caso, en el siglo XVII con los libros españoles del Dr. William Bates, actualmente en la Biblioteca Williams, en referencia al sacerdote presbiteriano Daniel Williams, de Londres. Una época que nos traslada a la Inglaterra de los Estuardo, donde florecían bibliotecas tan notables en fondos españoles como la de Samuel Pepys, ahora complementada con una colección, la de Bates, que Barry Taylor, responsable de las colecciones hispánicas de la British Library, desmenuza con pasión y rigor, analizando los contenidos de su catálogo, sus anotaciones manuscritas, sus fuentes de suministro y sus encuadernaciones, entre otros datos. Una biblioteca marcadamente barroca y hasta ahora escasamente conocida que nos sitúa en el umbral de la modernidad inglesa.

Y es este, precisamente, el nuevo siglo, que empieza con la muerte de Bates, el siglo XVIII, el que inaugura una nueva etapa, dominada en este caso por la dinastía alemana de los Hannover, y en la que Inglaterra será un modelo político a seguir. Y una obra española que ya era canónica en el siglo XVII, El Quijote de Cervantes, se convertirá ahora en la quintaesencia británica para entender la cultura española. Y de ello da rendida cuenta, con una solidez documental indudable, el profesor Gabriel Sánchez, que analiza al detalle la presencia cervantina a través del estudio minucioso de cuatro grandes subastas pertenecientes a grandes bibliotecas particulares inglesas, las de Edward Thomas, Topham Beauclerk, Thomas Crofts y John Hunter. Colecciones hasta ahora apenas conocidas en lo que a su fondo español se refiere y que permiten comprender el impacto que estas subastas tuvieron en las ediciones cervantinas inglesas del momento, caso de la célebre de John Bowle.

Precisamente a delimitar el mundo del libro londinense vinculado al libro español se dedica la aportación del profesor Nicolás Bas, que ofrece un esbozo general de los libros españoles en la capital inglesa durante el siglo XVIII. Para ello analiza las diferentes fuentes que contribuyeron a matizar los gustos de los libreros londinenses, objeto principal de su estudio, especialmente las subastas, bibliotecas, periódicos y cartas. En todos ellos los libreros pudieron encontrar huellas a partir de las cuales lanzarse al arriesgado mercado del libro español. Un mercado enormemente vulnerable que trasladó una imagen más antigua que moderna de nuestro país.

Y si de modernidad hablamos, y en lo que a la consideración inglesa de la cultura española se refiere, hay que situarse en el siglo XIX, cuando España se convirtió en objeto de atención de los principales coleccionistas y libreros ingleses. El exotismo español asociado al Romanticismo contó con una ayuda considerable que vino de la mano de uno de los grandes editores españoles de todos los tiempos, el valenciano Vicente Salvá. Por primera vez, el profesor Germán Ramírez Aledón desentraña su correspondencia inédita, de miles de cartas, para ofrecernos los años londinenses de Salvá. Una vida comprometida política y culturalmente hablando, que le permitió al valenciano tener una librería en pleno centro de Londres, en el 124 de Regent Street, desde donde entabló relación con los principales libreros y editores ingleses y europeos de su tiempo, caso del alemán Ackermann, que marcaría su trayectoria como editor. Su Librería Española y Clásica de Londres fue lugar de encuentro del mundo del libro londinense, y punto de arranque de proyectos editoriales que llegarían hasta América del Sur, donde las obras de Salvá fueron conocidas y reconocidas.

Hablar de la bibliofilia española del siglo XIX es referirse a algunos de los grandes nombres del coleccionismo inglés, como Richard Heber, que se aprovecharon del exilio de muchos liberales españoles, caso de Salvá, y de sus bibliotecas, así como de la posterior desamortización, para adquirir importantes lotes de libros españoles. En esa tesitura se hallaron los hermanos Chorley, el más conocido, John, poseedor de una extensa colección de obras de teatro español; y el apenas conocido, William, ahora sacado del olvido gracias al trabajo del profesor Don Cruickshank, que, entre otros, analiza el catálogo de la venta de su biblioteca, colección en la que se hallaban algunas de las obras canónicas del teatro clásico español, especialmente de Calderón, de las que el profesor es un consumado conocedor. Una contribución que nos sumerge de lleno en el apasionante mundo de los libreros y coleccionistas apasionados por lo español, caso de Henry George Bohn, Richard Ford u Obadiah Rich, que llegaría a ser cónsul de Estados Unidos en España y comprador de gran parte de la colección de Juan Bautista Muñoz, fundador del Archivo General de Indias, y que, tras muchos avatares, acabó en la Biblioteca Pública de Nueva York, donde se custodia actualmente.

Y de la alta bibliofilia pasamos al coleccionismo más asequible a través de los denominados chapbooks, que incluían un amplio abanico de literatura popular, tales como romances, relaciones, coplas, coloquios, pasillos y relaciones de comedias. Obras menores, pero no por ello menos significativas, que fueron adquiridas como explica Geoff West, de la British Library, por el British Museum durante el siglo XIX. Un fondo que la posterior Biblioteca Británica adquiriría a través de subastas y donaciones procedentes de importantes bibliotecas privadas inglesas, caso de la de Thomas Holcroft, John Black o Grenville, entre otras. Lotes fundamentales para conocer la cultura popular española de los siglos XVI al XVIII, ahora explicados a través de una cuidada selección de piezas conservadas en la biblioteca londinense.

No quisiéramos acabar estas palabras sin agradecer a todas aquellas instituciones que han hecho posible esta edición. En especial a la Embajada de España en Londres, a través de su consejero para Asuntos Culturales y Científicos, D. Fernando Villalonga; a la British Library, por prestarnos su impagable apoyo institucional y logístico para celebrar la Jornada, y cuyo fruto es este libro; a la Fundación Cañada Blanch, por contribuir a afianzar las relaciones culturales hispano-inglesas, con su apoyo a esta edición; a la British Spanish Society, que, en los 100 años de su creación, ha incluido este libro como uno de sus principales proyectos; a la Bibliographical Society, por difundir la Jornada en su prestigiosa revista, The Library; al Instituto Cervantes de Londres, y, por supuesto, a la Universitat de València, que no dejó que las palabras se las llevara el viento.

NICOLÁS BAS MARTÍN

BARRY TAYLOR

En el IV Centenario de Cervantes y Shakespeare

LOS LIBROS ESPAÑOLES DEL DR. WILLIAM BATES (1625-1699) EN LA DR. WILLIAMS’S LIBRARY DE LONDRES

Barry Taylor British Library

Domingo 17 de agosto de 1662, los propietarios de las dos mayores bibliotecas españolas de Londres se hallaban bajo el mismo techo. Un episodio que se produjo en la iglesia de St. Dunstan in the West, en Fleet St. En el auditorio estaba Samuel Pepys y en el púlpito oraba el Dr. William Bates. Pero no conversaron de libros, tal y como explica Pepys en su diario:

(Lord’s day). Up very early, this being the last Sunday that the Presbyterians are to preach, unless they read the new Common Prayer and renounce the Covenant, and so I had a mind to hear Dr. Bates’s farewell sermon, and walked thither, calling first at my brother’s, where I found that he is come home after being a week abroad with Dr. Pepys, nobody knows where, nor I but by chance, that he was gone, which troubles me. So I called only at the door, but did not ask for him, but went to Madam Turner’s to know whether she went to church, and to tell her that I would dine with her; and so walked to St. Dunstan’s, where, it not being seven o’clock yet, the doors were not open; and so I went and walked an hour in the Temple-garden, reading my vows, which it is a great content to me to see how I am a changed man in all respects for the better, since I took them, which the God of Heaven continue to me, and make me thankful for.

At eight o’clock I went, and crowded in at a back door among others, the church being half-full almost before any doors were open publicly; which is the first time that I have done so these many years since I used to go with my father and mother, and so got into the gallery, beside the pulpit, and heard very well. His text was, «Now the God of Peace–;» the last Hebrews, and the 20th verse: he making a very good sermon, and very little reflections in it to any thing of the times. Besides the sermon, I was very well pleased with the sight of a fine lady that I have often seen walk in Graye’s Inn Walks, and it was my chance to meet her again at the door going out, and very pretty and sprightly she is, and I believe the same that my wife and I some years since did meet at Temple Bar gate and have sometimes spoke of. So to Madam Turner’s, and dined with her. She had heard Parson Herring take his leave; tho’ he, by reading so much of the Common Prayer as he did, hath cast himself out of the good opinion of both sides.1

La biblioteca de Pepys (con 185 títulos identificados por Gaselee, ahora en el Magdalene College Cambridge)2 y sus comedias y pliegos poéticos están bien estudiados.3 Por el contrario, la de William Bates no ha recibido la misma atención. El único estudio hasta la fecha es el de Ángel García y esta comunicación es una glosa a su trabajo de 1990.4

Estos libros se encuentran hoy en día en la Dr. Williams’s Library, que abrió sus puertas al público en 1730 y, después de varios retoques, ocupa el número 14 de Gordon Square. Daniel Williams (c. 1643-1716) era un sacerdote presbiteriano y por consiguiente se involucró en controversias no-conformistas que no es de mi competencia explicar.5 Cuando Bates falleció en 1699, Williams compró su biblioteca entera, por el precio de «between five and six hundred pounds».6

Aquí conviene hacer un repaso breve de la vida de este personaje. Nació en Bermondsey (ahora en Londres) en 1625. Como Williams, obtuvo el título de Doctor en Teología en Cambridge, y murió en 1699.

David L. Wykes le tilda de «clergyman and ejected minister». En 1662 se promulgó una ley, The Act of Uniformity, que exigía que los sacerdotes aceptaran el Book of Common Prayer (breviario de la iglesia anglicana). Bates era de los estimados 2.500 que se negaron y fueron expulsados de la Iglesia de Inglaterra. Como se vio en el extracto de su diario, Pepys acudió a oír el último sermón del famoso predicador. Sin embargo, Bates había participado en tentativas de reconciliación. Su talento oratorio le ganó el sobrenombre de «silver Bates».7 Escribió muchas obras en inglés (que ocupan cuatro tomos en la edición de 1815), todas sobre religión, y editó una colección en latín: Vitae selectorum aliquot virorum qui doctrinâ, dignitate, aut pietate inclaruere (1681). Después de la carrera no parece haber salido de Londres, y mucho menos de Inglaterra. Su biblioteca se conoce gracias a un catálogo de la Dr. Williams’s Library de 1727: Bibliothecae quam vir doctus, & admodum Reverendus, Daniel Williams, S.T.P. Bono publico legavit, catalogus, Londini, Typis Jacobi Bettenham, 1727. Contiene 3.861 fichas. La estructura es la típica de los catálogos de su época, por formato y lengua:

Libri in folio

– Litera A

– Latini, Graeci, &c.

– Italici & Gallici [Gall. Ital. Hisp.]

– English

Libri in quarto […]

Libri in octavo, & minoribus Formis

Las fichas catalográficas son muy correctas. La tradición dice que los libros italianos y españoles del catálogo de 1727 son de Bates. Stephen Kay Jones escribió en 1947:8

Let me say straight away that the catalogue itself gives no help whatsoever in distinguishing the books which constituted Dr. Bates’s Library from Williams’s own. A fair number have the owner’s name on the title-page, «D. Williams», plain and unadorned, or «Sum Gulielmi Bates», generally with the Greek motto: «Eρχεται νυξ (‘The night cometh’) [John 9.4]; less often with one or other of two Latin mottoes, “aeternitatem cogita” or “vivere desisto, vivere ut incipiam”». There are a number of books published after Bates’s death [1699] which must, of course, have been added by Williams himself. The evidence of these and of the autographs, added to our general knowledge of the characters of the two men, may justify us in surmising that we owe to Williams and Bates equally the most solid theology; and to the silver-tongued Bates the belles-lettres, in especial the numerous Italian and Spanish books… [Añádase que Bates escribe a veces «ex dono reginae pecuniae»9 y una vez «londinatis»].10

Jones continúa:

One things is certain: neither Bates nor Williams was a bibliophile in the narrower sense of the term. Neither was a collector of first editions, large paper copies, beautiful bindings or incunabula. All the books were acquired to be read (pp. 13-14).

Ha resultado muy difícil documentar con otras fuentes el vínculo de Bates con la lengua española, pero existen unas noticias preciosas sobre sus conocimientos lingüísticos:

John Worthington’s letter to Henry More, 24 Jan 1664-5 (though according to the printed edition actually 24 Jan. 1665-6): «I would fain engage Dr Bates, now at Hackney, (who is well skilled in Italian) to extract those passages out of the late history of the Council of Trent, written by Cardinal Pallavicini…».11

En una carta de 1658 Bates ofrece hacer traducciones de textos franceses.12 Como dice muy atinadamente Jones, Bates escribe su nombre en un buen número de sus libros, pero nunca, que yo sepa, en ningún libro español.

En las páginas que siguen, me referiré a estos libros como de Bates, pero soy consciente de que esto puede ser pura fantasía. Un factor que apoya la conexión entre Bates y estos libros es que la última publicación española recogida en el Catalogus es de 1674 (Agudezas de Owen), fácilmente en vida de Bates.13

Emprendamos un análisis del Catalogus de 1727 en busca de libros españoles. Pero ¿qué es un libro español? Se sugieren tres definiciones:

– Libros en español, sin consideración de su lugar de impresión (como se sabe, la mayoría de libros en español producidos fuera de España se editaron en los Países Bajos).

– Libros escritos por españoles: que también podían redactarse en latín como en vulgar, o traducidos a otras lenguas.

– Libros impresos en España. Este será el enfoque de este estudio, aunque se incluyan las imprentas de Portugal y (en un solo caso) México. Sin embargo, será obligatoria la referencia a las dos otras clases.

Hasta la fecha he podido identificar 97 libros impresos en España, Portugal y México. Algunos de estos libros españoles llevan notas manuscritas, pero a mi juicio solo dos posiblemente pueden atribuirse a la mano de Bates. En general, el examen de una muestra de una treintena de libros marcados con su firma sugiere que Bates anotaba poco sus libros.

La figura 1 muestra una carta de Bates.14 La figura 2 muestra unas anotaciones, seguramente de mano de Bates, en un libro en el que Bates ha inscrito su nombre.

Nemesio: De natura hominis, Antwerpen, Plantin, 1565.

Portada: «Sum Gulielmi Bates» rodeando la marca del impresor.

Al texto griego sigue el latino. En la segunda secuencia hay notas mss al texto latino, en gran medida solo indicando los temas tratados. Fol. 65r: se subraya con una línea muy fina: «canis visu auditu odoratu hominem superat». Encuadernación blanda, corona sobre «AA».

2002. C.25


Fig. 1. Carta de Bates a Richard Baxter, 2 de agosto de 1658.


Fig. 2. Libro con anotaciones seguramente de Bates.

Otros libros firmados por Bates llevan también anotaciones.

Nieremberg, De adoratione in Spiritu et varietate, Antverpiae, Ex Officina Plantiniana Balthasaris Moreti, 1631. (Cat 1727: 393).

Primera hoja de guarda: Sum Gulielmi [cortado] ‘Eρχεται νυξ

Con muchos subrayados:

213: Peritia artis in paruis ostenditur… Natura in minimis admirabilior est

218: Qui amat laudari, vult quid impossibile

254: ne sis velut sagittarius caecus

258: Perdimus tempus, dum non quaerimus aeternitatem

388: Nam nihil mali mors habet, nisi quod dedit vita

438: O felix iactura cordis, si Deus pro corde est!

La figura 3 muestra un libro de Bates con notas en una letra menuda y cuidada que quizá pueda ser suya.

Tuning, Gerard: Apophthegmata Graeca, Latina, Italica, Gallica, Hispanica, collecta à Geraerdo Tuningio Leidensi, I. C. [s.l.], Ex officina plantiniana Rapelengii, 1609.

Hoja de guarda: Sum Gulielmi Bates

Última hoja de guarda: docenas de números (de página, la mayoría tachados).

Líneas 1-9 tachadas

Línea 10 tachada menos 22.31

Línea 11 tachada

Línea 12: x 78 79 xxx 99 101 102 103 104 106 110 x 113 114 115 116

Línea 13: 1 x 4 5 7 9 12 x x 16 17 22 24 x x 29 30 33 35 37 8

Línea 14 V

Línea 15 tachada

Línea 16: 127 op d d Italia [ ]

Línea 17: Itali op[er] [ ]

Línea 18: Gaddi

19-21 [ilegible]

Un libro español que quizá presente notas en la misma letra está en la figura 4.

Valera, Cipriano: Dos tratados, en casa de Arnoldo Hatfildo, 1588.

Encuadernado con: Tratado para confirmar los pobres cativos de Berueria, en casa de Pedro Shorto, 1594.

Última hoja de guarda: Al pie de la letra. 53. A pies iuntillas 60. / hazer la salva 68. tenia que ver 26dd. 54. 32. / colmena. 106. parlor. 117. bevedizos. 124. / no pardonaran ni a costa, ni a habais. 107 / rasgũo de alfiler. 129. Ser solia. 132 / sin razones. 135. Chistar. 136 / Chrestibermejo 7. Liquidar. 13. selde 20. aora, aora. 23. / ansi. 28.


Fig. 3. Libro de Bates con anotaciones suyas.


Fig. 4. Libro de la Biblioteca de Bates con anotaciones manuscritas.

Las cifras se refieren al Tratado para confirmar los pobres cativos (selde = p. 20; ansi = Tratado p. 28).

2039.E.4

¿Cuál era la calidad de la biblioteca de Bates? Por suerte, la monografía contemporánea de Francisco de Araoz, De bene disponenda bibliotheca [1631], facilita un punto de comparación.15 Establece quince categorías:

Primera categoría

De los calígrafos; de los diccionarios; de los gramáticos

Segunda categoría

De los que escriben sobre lugares comunes

Tercera categoría

De los retóricos especulativos y prácticos

Cuarta categoría

De los historiadores profanos, veraces y fabulosos

[incluye Salazar y Mendoza de la dignidades de España

[incl. La doncella o la diosa, según se narra en su argumento, de la que el día toma su nombre, que diserta agudamente acerca del amor [La Diana enamorada de Gil Polo]

La malvada vieja e ilustre alcahueta nacida en Salamanca

El siervo Lázaro, llamado de Tormes

Las novelas de Cervantes y aquel a quien este dio un nombre no muy distinto al de mandíbula en castellano

Floresta española

[Bates tenía la Celestina, el Lazarillo, el Quijote y la Floresta de Santa Cruz, más unas novelle, los Sucessos prodigios de amor y Para todos de Pérez de Montalbán; y Para algunos de Matías de los Reyes].

Quinta categoría

De los poetas profanos y de los cómicos

[poetas profanos incl Garcilaso, Juan de Mena [estos dos en Bates], Tesoro de Padilla, Orlando Furioso

[poetas cómicos incl Lope, Tirso [estos dos en Bates]

Sexta categoría

De los geómetras, músicos, aritméticos y astrólogos

[incl Vegecio

Don Bernardo de Vargas Machuca Teórica de la gineta

Séptima categoría

De los filósofos naturales, doctores en medicina, agricultores, cocineros

Octava categoría

De los filósofos morales, que tratan las costumbres per medio del discurso, fábulas, jeroglíficos, símbolos, y proverbios

[incl. Emblemas

Erasmo, Mallara, los adagios reformados

Novena categoría

De los políticos y juristas

[incl. Mariana de la institución del rey

La Filosofía moral de los príncipes del Padre Torres

Osorio de la gloria

Embajador de Don Juan de Vera]

Décima categoría

De los canonistas y summistas

Undécima categoría

De los escritores de aquellas materias que pertenecen a los cursos de artes y de los teólogos escolásticos

Duodécima categoría

De la Sagrada Escritura y de los que tratan de su traducción, comentarios y sermones

Incl. El gobernador cristiano del maestro Juan Márquez

Decimotercera categoría

De historiadores escolásticos

[incl. Obras dedicadas a los Santos Lugares. Bates tenía Antonio de Castillo, El devoto peregrino]

Decimocuarta categoría

De los Padres y Doctores de la Iglesia

Decimoquinta categoría

De los poetas espirituales.16

Me parece que Bates poseía libros que corresponían a todas las categorías de Araoz. Una breve comparación con la biblioteca de Pepys demuestra que esta no era tan completa. A diferencia de Pepys, Bates no posee ningún librillo (pliegos de comedias y romances).

En algún caso un libro de Bates constituye una edición rarísima. García comenta de su ejemplar del Político de Gracián: «se trata […] no sólo de un ejemplar único, sino también de un volumen que prueba la existencia de una edición desconocida de la que hasta ahora no poseíamos información ninguna directa ni indirecta».17 Hair describe el ejemplar de la Instrución de Andrada como «the single copy».18

La frecuencia con la que ciertos autores aparecen en el catálogo prueba que Bates tenía sus favoritos. El autor con mayor presencia con diferencia es el Padre Juan Eusebio Nieremberg con 10 títulos: De arte voluntatis (París, 1639), Obras y dias (Madrid, 1641), Theopoliticus (Antwerpen, 1641), Corona virtuosa (Madrid, 1643), encuadernado con Vida del dichoso padre Mastrilli (Madrid, 1640), Curiosa y oculta filosofia (Madrid, Emprenta Real, 1643), encuadernado con Partida de la eternidad (Madrid, 1645), De la diferencia entre lo temporal y eterno (Madrid, Maria de Quiñones, 1646), Discrimen temporis et aeternitate (Colonia, apud Michaelem Demenium, 1654) y Flores solitudinisTwo lives of temperance and patience (Londres, Humphrey Moseley, 1654).

Una reciente monografía sobre la vida y voluminosa obra del Jesuita no entra en la cuestión de su fortuna.19 Aunque la gran mayoría de estas obras son de tema religioso, no falta su obra más atractiva sobre historia natural, la Curiosa y oculta filosofía, que conserva varias ideas medievales sobre monstruos.

De Lope tiene siete títulos, y de Juan Fernández de Velasco, duque de Frías (1550-1613), siete. De Gracián posee seis títulos: El heroe (Madrid, 1639), Arte de ingenio (Madrid, 1642), El politico (Milán, 1646),20 L’Homme de cour (París, chez la veuve Martin & Iean Boudot, 1684 [Oráculo manual]), The Courtiers Manual Oracle (Londres, 1685) y The Critick (tr. Paul Rycart, Londres, TN, 1681). Ejemplifican una tendencia de Bates (si es él) de coleccionar autores en varias lenguas.

Escribe el traductor: «I am of opinion, that the Author of this Book might originally have deduced his fancy from the History of Hai Ebn Yokdhan, wrote in Arabick by Ebn Tophail, and translated into Latin by Dr Pocock» (A8r).21

Ahora bien, en la misma biblioteca se conserva la siguiente obra: Abentofail: Philosophus autodidactus, sive, Epistola Abi Jaafar ebn Tophail de Hai ebn Yokdhan: in quâ ostenditur quomodo ex inferiorum contemplatione ad superiorum notitiam ratio humana ascendere possit, tr. ab Edvardo Pocock, Oxford, H. Hall, 1671.

A riesgo de exceso de entusiasmo, me atrevo a indicar que una persona que accedía a la biblioteca del Dr. Williams en 1727, gracias a la afición coleccionista del Dr. Bates, podía leer tres obras de Gracián en castellano, una en una edición muy escasa; otras dos obras traducidas al inglés y otra en francés e inglés; además de las traducciones latina e inglesa de lo que era la posible fuente de una de ellas.

Este poliglotismo también se aplica a otros autores: Nieremberg, Góngora (incluido en la traducción de Thomas Stanley, Poems, 1651); Acosta (en español, latín e inglés); Las Casas (en latín y francés); Huarte de San Juan (español, italiano, inglés); Lossa, Vida de Gregorio Lopez (español e inglés), y Palafox, Historia de la conquista de China (francés e inglés). De Vives tenía más de cinco títulos: De anima et vita etc., De veritate Fidei christianae (Lyon, Maire, 1689), Exercitationes animi, Ad veram sapientiam introductio (París, apud Audoenum Parvum, 1551) y De disciplinis (Lyon, Frellonius, 1551 [Cat 1727: 402]). De Góngora seis: Todas las obras (ed. Hozes, Madrid Emprenta del Reino, 1633), Polifemo (ed. Salazar Mardones, Madrid, Emprenta Real, 1636), Soledades (ed. Salcedo Coronel, Madrid, Emprenta Real, 1636), Obras (Bruselas, Fran Foppens, 1659), junto con Lope: Quatro comedias (Madrid, por L.S. a costa de Iuan Berrillo, 1617) y en edición de Thomas Stanley: Poems (1651).

Henry Thomas estudió las primeras versiones de Góngora en inglés, de Stanley (editada en 1651), Fanshawe (1647) y Philip Ayres (1687), y a mi modo de ver estos seis libros de Bates contribuyeron a la imagen del gusto de los ingleses por uno de los poetas españoles contemporáneos más innovadores.22 Otro indicio de los gustos literarios avanzados de Bates lo constituye la presencia de siete obras de Marino en su biblioteca (Cat, 1717: 334). De Antonio Pérez se encuentran cinco títulos: Relaciones; La pluma de Antonio Perez; Aphorismos de las Relaciones (París, 1598), Segundas cartas (París, 1602), con Aphorismos de las segundas cartas (París, 1603), Cartas para diversas personas (París) y Ad Comitem Essexium Anglia… epistolarum centuria una (París).

Aunque no faltan los clásicos españoles de los siglos XV y XVI (Mena, Boscán y Garcilaso), es llamativa la ausencia de éxitos editoriales como Antonio de Guevara o Manrique.

En efecto, los libros de Bates acusan un interés por la agudeza barroca. Un examen de las obras de su pluma en inglés y en latín no descubre citas de la literatura española ni una influencia del conceptismo que exceda los gustos de la época. Un fuerte de la colección de Bates lo constituyen las obras de actualidad, algunas dedicadas a las cuestiones portuguesa y catalana: Juan Adam de la Parra: Apologetico contra el tirano y rebelde Verganza, y conjurados, Arzobispo de Lisboa, y sus parciales, en respuesta a los Doze Fundamentos del Padre Mascareñas (Zaragoza, Diego Dormer, 1642. Sobre João IV de Portugal [Bragança]); Juan Caramuel y Lobkowitz: Respuesta al Manifiesto del Reyno de Portugal (Antwerpen, en la Officina Plantiniana, 1642); Agustín Manuel Vasconcelos: Sucession de… Filipe II (Madrid, 1639); Baltasar Porreño: Dichos y hechos del rey Phelippe II, encuadernado con Una breve descripcion del Pays Baxo (Bruselas, Eman Suyrero, 1666); Francisco de [?] Rioja: Aristarco o censura de la proclamacion catolica de los catalanes (Madrid, 1640, según BL).

21,80 ₼