Kitabı oxu: «Teoría de la comunicación»

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Primera edición, 2021.

© Juan Carlos López Barajas, Roberto Carlos López Barajas

y Adolfo Yakov Castañeda Navarrete

ISBN 978-607-8676-73-6

Editorial Página Seis, S.A. de C.V.

Teotihuacan 345, Ciudad del Sol,

C. P. 45050, Zapopan, Jalisco

Tels. 33 3657 3786 y 33 3657 5045

www.pagina6.com.mx • p6@pagina6.com.mx

Se editó para publicación digital en septiembre de 2021.

Índice

Objetivo

Tema 1. La escuela de palo alto y la teoría pragmática de las comunicaciones en el plano interpersonal

1.1 Conceptos de comunicación y metacomunicación

1.2 Conceptos de información

1.3 Los axiomas de la comunicación

1.4 Actividad

Tema 2. La teoría biológica del conocimiento y las comunicaciones

2.1 Determinismo estructural

2.2 Lenguaje

2.3 Actividad

Tema 3. La acción comunicativa como una forma de entender la integración de la sociedad

3.1 La teoría de la acción comunicativa

3.2 Concepto de opinión pública y la esfera semipública

3.3 Actividad

Tema 4. El sistema social como sistema de comunicaciones

4.1 La improbabilidad de la comunicación

4.2 Los medios de comunicación

4.3 Los medios de comunicación masiva y su código propio

4.4 Concepto de opinión pública

4.5 Actividad

Tema 5. La tradición norteamericana: la pregunta sobre los efectos de los medios de comunicación masivos

5.1 Modelos teóricos sobre los efectos de los medios de comunicación de masas

5.2 Actividad

Tema 6. Teorías normativas

6.1 Teoría autoritaria

6.2 Teoría liberal

6.3 Teoría de responsabilidad social

6.4 Teoría de servicio público: busca reforzar la cultura nacional

6.5 Teoría democrático-participativa

6.6 Teoría de la comunicación comunitaria (o teoría comunitaria de la comunicación pública)

6.7 Actividad

Tema 7. Teorías de medios, cultura y sociedad

7.1 Funcionalismo

7.2 El positivismo

7.3 Teorías crítico-democráticas

7.4 Teorías de desarrollo con los medios

7.5 Estudios críticos culturales

7.6 Teoría de la sociedad de la información

7.7 Actividad

Tema 8. Las teorías de audiencia

8.1 Teorías de audiencia

8.2 Teorías de los efectos psicológicos

8.3 Teorías de usos y gratificaciones

8.4 Teorías de recepción crítica

8.5 Teoría de la audiencia activa

8.6 Teoría de las mediaciones sociales

8.7 El simbolismo interaccionista

8.8 Actividad

8.8 Las teorías de comunicación en América Latina

Bibliografía

OBJETIVO

Analizar los conceptos de comunicación y sus procesos desde las distintas teorías como la biológica, la escuela de Palo Alto, la norteamericana y la europea; además de las normativas, de medios y de audiencia, a través de talleres, mesas redondas, debates, ensayos y proyectos; para fomentar la actitud crítica, reflexiva y responsable en la integración grupal.

TEMA 1

LA ESCUELA DE PALO ALTO Y LA TEORÍA PRAGMÁTICA DE LAS COMUNICACIONES EN EL PLANO INTERPERSONAL

1.1 Conceptos de comunicación y metacomunicación

Concepto de comunicación

Componentes conceptuales de la comunicación

El concepto de comunicación es difícil de establecer. Existen, según citan Dance y Larson (1976), más de ciento veintiséis definiciones de comunicación. No existe ningún estudio comparativo de los diferentes conceptos en español, si bien el Diccionario de la Lengua Española (1992) incluye once Acepciones del vocablo comunicación, han sido muchos los significados dados al término comunicación. Es en los años setenta cuando se produce una explosión de obras y estudios acerca del concepto, apoyada por el auge de los medios de comunicación de masas que tanto han influido en la delimitación de los elementos comunicativos y en la aparición de estudios ad hoc.

Previamente el propio Dance (1970), que es el primer autor que trata de aclarar los matices del concepto de comunicación, establece quince componentes distintos en las diversas definiciones estudiadas por él, tal y como se observa en la tabla 1.1.

Según puede deducirse de las anteriores bases conceptuales, la comunicación es, ante todo, un proceso de intercambio que se completa o perfecciona cuando se han superado todas las fases que intervienen en el mismo. Como muchos procesos, el de la comunicación puede ser interrumpido en cualquiera de sus fases, o suspendido, en función de una serie de factores desencadenantes de unas u otras reacciones. En tales casos puede establecerse que la comunicación no habrá sido completa hasta que se haya reactivado el proceso previamente en suspenso o se haya reiniciado un nuevo proceso que sustituya al anterior.

Anzieu (1971), define la comunicación como el conjunto de los procesos físicos y psicológicos mediante los cuales se efectúa la operación de relacionar a una o varias personas —emisor, emisores— con una o varias personas —receptor, receptores—, con el objeto de alcanzar determinados objetivos.

Mailhiot (1975) postula que la comunicación humana no existe en verdad, sino cuando entre dos o más personas se establece un contacto psicológico. No basta que seres con deseos de comunicación se hablen, se entiendan o incluso se comprendan. La comunicación entre ellos existirá desde que (y mientras que) logren encontrarse.

Para Moles (1975), la comunicación es la acción por la que se hace participar a un individuo situado en una época, en un punto (R) dado, en las experiencias o estímulos de otro individuo (de otro sistema) situado en otra época, en otro lugar (E), utilizando los elementos de conocimiento que tienen en común.

Tabla 1.1 Componentes conceptuales de la comunicación


1. Símbolos/verbalComunicación es el intercambio verbal de un pensamiento o idea.
2. ConocimientoComunicación es el proceso por el cual entendemos a los demás y somos entendidos por ellos. Es algo dinámico, en cambio constante y adaptable a cada situación o contexto.
3. Interacción, relaciones y proceso socialLa interacción, incluso en el nivel biológico, es un tipo de comunicación; de otro modo, los actos comunes no podrían tener lugar.
4. Reducción de incertidumbreLa comunicación surge con la necesidad de reducir la incertidumbre, para actuar con eficacia al defender o fortalecer el ego.
5. ProcesoComunicación: transmisión de información, ideas, emociones, conocimientos, etcétera, mediante el uso de símbolos: palabras, imágenes, iconos, gráficos... Es el acto o proceso de transmisión que usualmente se denomina comunicación.
6. Transferencia, transmisión e intercambioEl hilo conductor parece ser la idea de algo que es transferido de una cosa, o persona, a otra.
7. Enlace, vínculoComunicación es el proceso que une partes discontinuas del mundo con otras partes.
8. ComunalidadLa comunicación es un proceso que pone en común a dos o más que eran el monopolio de uno o unos.
9. Canal, transporteEs el medio de enviar mensajes, órdenes, etcétera, mediante teléfono, telégrafo, radio o correo.
10. Respuesta a un estímuloComunicación es el proceso de captar la atención de otra persona con el propósito de que responda a un estímulo.
11. Respuesta / conducta de modificación de respuestaLa comunicación es la respuesta discriminante de un organismo a un estímulo determinado.
12. EstímulosCada acto de comunicación es visto como una transmisión de información consistente en un estímulo discriminante desde el origen hasta el destino.
13. IntencionesLa comunicación basa su interés en situaciones conductuales en las que una fuente u origen transmite un mensaje a un receptor con intención consciente de influir en sus conductas posteriores.
14. Tiempo y situaciónLa comunicación es una transmisión de un todo estructurado de un agente a otro.
15. PoderLa comunicación es el mecanismo por el que el poder es ejercido.

Según Antons, la comunicación es —recogiendo las palabras de Hartley y Hartley (1969)—el auténtico vehículo del acontecer social y, por tanto, uno de los conceptos esenciales de la psicología social y la dinámica de grupos. La comunicación se puede definir como un proceso que consta de emisión de información de un contenido (comunicado) por medio de un comunicador, y de una reacción, es decir, de una respuesta de un comunicando a lo comunicado, según su manera de percibir el contenido.

El medio más frecuente de comunicación humana es el lenguaje oral, aunque al servicio de la comunicación están también la mímica, los gestos, el lenguaje por señas, sonidos, tonos, señales y símbolos (el principal de estos últimos es la escritura), e incluso fenómenos corporales involuntarios (sudor).

Cirigliano (1978) analiza la obra de un autor americano de principios de siglo, Dewey (1910), y sus estudios sobre educación y comunicación, así establece un concepto de esta última basado en la participación. Comunicación es compartir algo, poner algo en común, significando ello no la acción mecánica o externa de realizar una tarea juntamente con otros, sino el percibir el mismo grado de conmoción interna emocional que el otro (con-sentir). Para Dewey, esa situación es la única que explica cómo puede pasar un elemento cultural a otra persona, y, en síntesis, cómo se puede educar.

Mascaró (1980) establece que la comunicación humana es, ante todo, diálogo, contacto entre pensantes que, para conseguir transmitirse el contenido de sus pensamientos, han de vencer las limitaciones de su estructura corporal. Se ha de recurrir al uso de instrumentos sensibles (los sonidos) que traduzcan a un nivel material sus intenciones comunicativas mentales. El lenguaje aparece, de esta manera, como fuente de libertad, pues por él se expresa el espíritu, y al mismo tiempo como fuente de sujeción, pues su necesaria estructura sensible limita las posibilidades de una comunicación humana perfecta.

Pero... ¿qué es comunicar?

Comunicar es intercambiar. De hecho, en sentido estricto, comunicar es entregar a alguien algo propio, por lo general, una información. Los significados más utilizados del vocablo comunicación, en los términos del lenguaje coloquial, pueden ser los siguientes:

a. Proceso según el cual un emisor transmite una información a un receptor.

b. Relación interhumana según la cual dos o más individuos pueden entenderse.

La comunicación supone entonces el diálogo, lo cual implica que cada uno de los interlocutores acepta al otro como persona diferente y autónoma.

En párrafos posteriores se verá que la comunicación es compleja y, para analizarla, es preciso tener en cuenta el proceso de transmisión de información de un emisor a un receptor y las consiguientes posibilidades de deformación.



Este diagrama pone de relieve, entre otros aspectos, el hecho de que la comunicación se efectúa a través de signos cuya misión consiste en transmitir ideas por medio de mensajes. Esta operación implica un objeto, algo de lo que se habla, un referente, unos signos y, por consiguiente, un código, un medio de transmisión y, además, un emisor y un destinatario.

No se comunica al vacío, sino para transmitir un mensaje. El acto de informar implica cierta comunicación, al menos unilateralmente y, siempre que sea posible, existirá una información de retorno, que, como se verá más adelante, indicará al emisor que su mensaje ha sido entendido y, en el mejor de los casos, inducirá a un diálogo.

Existe también una comunicación íntimamente ligada a los aspectos espirituales y sociales de la persona. En muchos casos, la comunión espiritual entre dos individuos permite que se omitan los códigos y los signos. De esta comunicación afectiva parte también la comunicación social: el intercambio convivencial. Esta clase de comunicación es indispensable para cualquier modo de vida y para todo trabajo en común.



Comunicación es un proceso de transmisión por parte de un emisor, a través de un medio, de estímulos sensoriales con contenido (explícito o implícito) a un receptor, con el fin de informar, motivar o influir. sobre el mismo.


De todo lo dicho en líneas anteriores, proponemos una definición de comunicación lo suficientemente amplia para contener en ella todas las formas comunicativas posibles, resumiendo las teorías más importantes, pero a su vez lo estrictamente ajustada para ceñir su campo conceptual a lo que se pretende en este libro:




Elementos que intervienen en la comunicación


Las teorías y posiciones científicas sobre la información y comunicación —base de las actuales investigaciones sobre comunicación— han sido concretadas por diversos especialistas.1 Todas las teorías sobre comunicación que van apareciendo sucesivamente a lo largo de los años se expresan y aclaran en explícitos diagramas. En las líneas subsiguientes analizaremos y comentaremos, desde una perspectiva organizativa, algunos de ellos.

El diagrama de Laswell (1965), citado por Romero Rubio (1975), y que posteriormente fue modificado por Nixon (1970), presenta un esquema que se podría denominar clásico en los modelos de comunicación. Establece el sujeto emisor bajo la forma de quién dice (fase 1), delimita el contenido, el qué (fase 2), el por qué (fase 3), el para quién (fase 4), y las consecuencias (fase 5).




Paralelamente a este esquema de razonamiento, se diría que aristotélico, la comunicación sigue un diseño circular quién-qué-quién, con lo que parece que se establece un proceso que comienza y termina en el individuo y que precisa del mismo modo un medio. Finalmente, las intenciones del emisor y las condiciones del receptor marcan y caracterizan la comunicación.

Este último punto no debe escaparse a un mínimo estudio del diagrama: la intencionalidad del emisor (aunque se podría argüir que la intencionalidad existe siempre bajo muy diversas formas) y las condiciones del receptor no hacen sino confirmar la estructura sujeto-objeto-sujeto de Laswell.

Desde el punto de vista de esta investigación, este esquema ilustra de una forma clara lo que pueden dar en llamarse las cuestiones elementales del proceso de la comunicación:


1. El quién, que no es más que el sujeto emisor, el que transmite la información, consciente o inconscientemente.

2. El qué, que, en la mayoría de los autores, coincide con el mensaje, con el contenido intrínseco de la comunicación.

3. El por qué o componente causal del proceso.

4. El para quién, que puede ser catalogado, con matices, como receptor. Las reservas pueden venir dadas por la involuntariedad de la recepción por una parte y por las barreras a la comunicación. En ciertos casos, el destinatario final del mensaje no es quien realmente lo recibe.

5. El con qué efectos, que está en estrecha relación con la intencionalidad de la emisión del mensaje.


La figura 1.3 trata de sintetizar numerosas definiciones de comunicación, e intenta explicar el proceso de comunicación como el camino que sigue el mensaje y la reacción que provoca en el receptor, que le lleva a emitir una señal de recepción, la cual conformará a su vez un nuevo mensaje de «recibido» en forma de asentimiento, expresión no verbal, reacción orgánica o cualquier otro tipo de respuesta, es decir: lo que se va a entender como información de retorno.2

Sintetizando la opinión de varios autores, la información de retorno es un mecanismo de impacto-respuesta, y que tiene una serie de características (tabla 1.2).



El diagrama se completa con la aparición de nuevos conceptos, como son los de canal y ruido. El canal conforma el medio utilizado para transmitir esa información. Como puede comprobarse en la figura 1.5, Romero Rubio (1975) establece los sentidos corporales del ser humano, pero esta catalogación es puesta en duda porque el canal puede ser considerado también como el medio físico utilizado para llevar a cabo el proceso completo de comunicación.

Desde el punto de vista organizativo, el canal que se utilice en cada momento por los individuos va a ser determinante en las relaciones comunicativas que se establezcan. No será lo mismo una empresa con profusión de mensajes escritos, formales y codificados, que otra que lleve a cabo otros elementos menos formales para comunicarse (instrucciones verbales, llamadas telefónicas, etcétera). Existirán, por tanto, dos tipos de canales por los que fluye la comunicación en cualquiera de las organizaciones humanas:


a. Por una parte, nos encontramos con los canales físicos de comunicación, que son aquellos soportes pensados para transmitir la información directamente a los individuos. Desde un punto de vista organizativo, y como se verá reflejado en capítulos posteriores, los canales físicos permiten transmitir y asegurar un mínimo de información para todos los integrantes de la organización (memorandos, revistas, tablones de anuncios y otros).

b. Por otra parte, existirán los canales personales de comunicación, que están pensados para favorecer la información general de la organización. Aparece el término información en cascada, que presupone una red vertical de información en las organizaciones del tipo superior-subordinado.3




Desde los diversos elementos de la comunicación aparecen ruidos que dificultan o incluso pueden aislar el proceso. Dichos ruidos pueden afectar al elemento emisor y sus concomitantes tanto como al receptor, y no solo de forma abrupta (como es el caso de no percibir el mensaje en absoluto), sino también como distorsiones, malentendidos y desvíos de contenido, provocados por las partículas ambientales antes referidas.

La figura 1.5 explica las diferentes partes de las que constan los elementos de la comunicación. No se trata de un diagrama de proceso, es más bien una representación de las características de los elementos más importantes de la comunicación, a juicio de su autor.

El emisor o fuente, que puede coincidir o estar encarnado en individuos o entes diferentes, posee unas habilidades comunicativas, un saber hacer o unas aptitudes para la comunicación determinadas, un sistema de estímulos hacia el proceso comunicativo (actitudes), un conocimiento del contenido de la información, un lenguaje, un metalenguaje y una codificación utilizada, así como la inmersión en un sistema social y en una cultura que también intervienen en el proceso e influyen en la naturaleza misma del mensaje y en las reacciones que este provoca.

Se puede apreciar en el diagrama que la fuente coincide conceptualmente con el emisor del mensaje. El autor citado trata por igual los conceptos de fuente y emisor. Esto es así en muchos casos, pero difiere en otros tantos. Un ejemplo de disociación emisor-fuente puede ser la instrucción de un directivo a un subordinado de que envíe una comunicación escrita (carta, memorando, nota interna) a todo un departamento. ¿Quién ha originado la comunicación?, ¿quién la envía realmente?, ¿quién actúa como emisor de facto de dicha comunicación?




Teorías contextuales de la comunicación


La comunicación habitualmente es considerada en términos que se podría denominar como contextuales. Los contextos para la comunicación, es decir, los lugares en los que se lleva a cabo son los siguientes: comunicación interpersonal, comunicación grupal, comunicación de masas y comunicación organizativa.

La comunicación interpersonal


Los primeros estudios sobre comunicación interpersonal se deben a Bateson (1956), que encabezó un equipo que se denominó grupo Palo Alto,4 que, aunque con un campo inicialmente clínico, tuvo enorme impacto en los estudios de comunicación interpersonal en general.5 Watzlawick (1967) dentro de las investigaciones del citado grupo, establece nuevos conceptos de sistema, interrelación y conductas comunicativas. Pero lo más destacado de la obra de este último autor es la determinación de sus cinco axiomas básicos, resumidos posteriormente por De Vito (1976):


• Uno: un individuo no puede no comunicar. No existe la no comunicación. Este axioma asegura que toda conducta es por sí, comunicativa. Este axioma es constantemente citado en muchas obras de comunicación.

• Dos: el autor postula que toda comunicación tiene un contenido y un aspecto relacional denominado metacomunicación. Es decir, que cuando dos individuos están manteniendo una comunicación, se está produciendo simultáneamente una comunicación de actitudes, formas, modos de expresión y lenguaje no verbal.

• Tres: las unidades o sintagmas de la comunicación no son una suma de elementos aislados. El orden, la secuencia de las unidades comunicativas, es muy importante a la hora de prefijar el contexto y el resultado de la propia comunicación.

• Cuatro: los seres humanos pueden comunicarse de formas analógica y digital. Los códigos digitales son relativamente arbitrarios, es decir, que un signo (o código) digital es utilizado para representar un referente que no tiene una relación intrínseca con el propio signo. Otra característica de los códigos o signos digitales es que son discretos (no continuos): son activos o inactivos (susceptibles únicamente de una situación, on/off). El código digital más usual en los procesos de comunicación humana es el lenguaje. Por su parte, el código analógico no es arbitrario (el caso de una fotografía), y tiene relación intrínseca con el significado al que representa. Además, el código analógico es frecuentemente más continuo que discreto: existen grados en su intensidad o duración.

• Cinco: este axioma expresa la diferencia entre los conceptos de interacción simétrica y complementaria. Las interacciones simétricas son aquellas que reflejan un mismo nivel de comunicación entre los agentes de esta: un matrimonio dialogando, los empleados de una empresa durante una reunión o cualesquiera agentes comunicativos relacionándose de forma simétrica. Por el contrario, una relación entre dos personas con distintos niveles (superior-subordinado) tiende a ser complementaria.


Millar y Rogers (1976) establecen un análisis muy interesante de la complementariedad y la simetría mediante el estudio de la variable denominada control. Desde comienzos de la década de los setenta, en que inician sus trabajos, estos autores suponen de facto una prolongación de la Escuela de Palo Alto.



Axiomas de la comunicación1. Un individuo no puede no comunicar.2. Toda comunicación tiene un contenido y un aspecto relacional denominado metacomunicación.3. Las unidades o sintagmas de la comunicación no son una suma de elementos aislados.4. Los seres humanos pueden comunicarse de formas analógica y digital.5. Las interacciones pueden ser simétricas o complementarias.


El control tiene dos variables: a) la rigidez-flexibilidad y b) la estabilidad-inestabilidad. Así, en una relación interpersonal, cada mensaje supone un estímulo para el siguiente. Cuando A realiza una afirmación, la respuesta de B define la naturaleza de esa relación. Si B responde de forma que inspira asertividad, seguridad o mando, el mensaje de B está por encima (Millar y Rogers lo denominan one-up) del de A. Si B responde aceptando la autoridad de A, el mensaje de B estará por debajo (one-down) del de A. Si la respuesta de B no supone autoridad ni sumisión, la misma será cruzada con la de A (one-across).




Finalmente, es necesario destacar que la comunicación interpersonal tal y como se estudia en la actualidad se basa en las teorías sobre el conocimiento y la inteligencia de Berger (1982) y su equipo. Según los mismos, muchos de los actos sociales son inconscientes.



Muchos de los actos sociales que lleva a cabo la persona en la organización son fruto de un aprendizaje inconsciente.


Es extremadamente difícil, si no imposible, operar en un estado total de consciencia. Por ello, el organismo humano se dota de unas pautas de conducta, que no son más que mecanismos adaptativos (que Berger denomina scripts) de defensa ante el entorno. Cuando un individuo se encuentra con otro, existe el deseo de reducir la incertidumbre acerca del otro del modo más rápido posible: obteniendo información sobre el mismo. En esto se basa gran parte de las teorías de este autor, que enlaza sus aportaciones con las teorías de la atribución que ya trataron Heider (1958) y Kelley (1973).


La comunicación grupal


Por su parte, las teorías de comunicación grupal tienen como iniciador a Kurt Lewin en 1948, al que numerosos autores han descrito como uno de los más eminentes psicólogos del siglo XX. Su interés en el mundo de la comunicación interna radica en sus estudios sobre la dinámica de grupos. Para Lewin, los seres humanos tienen un espacio vital, un campo de juego psíquico en el que se desarrollan. No se trata de un espacio objetivo, sino subjetivo, propio de cada individuo, en el que establece relaciones con los objetos que ocupan dicho campo, asume objetivos y se enfrenta a las barreras que encuentra en la consecución de dichos objetivos.

Cada persona se mueve en un espacio vital, que, según Lewin, también consta de elementos grupales. Los individuos no pueden prescindir de los grupos humanos a los que pertenecen y con los que se identifican. Por extensión, los grupos también tienen un espacio vital. En esta afirmación nace la dinámica grupal que engloba, desde los grupos más pequeños (la familia) hasta los grandes grupos de trabajo. El análisis incluye un gran número de grupos humanos, desde instituciones hasta comunidades.

Es necesario añadir que cada persona puede ser miembro de uno o varios grupos simultáneamente, con lo que el peso de cada uno de dichos grupos de pertenencia en su espacio vital será menor en tanto en cuanto dicho individuo pertenezca a un mayor número de grupos. El espacio vital propio se verá sometido, por así decirlo, a tensiones creadas por los distintos grupos, que influirán en las acciones de dicha persona. Se llega así a uno de los puntos más importantes de la teoría de Lewin, que es el impacto de los grupos en la vida de los individuos, según los puntos siguientes:


1. El grupo proporciona estabilidad a la vida de la persona.

2. El grupo es un vehículo para lograr los objetivos vitales del individuo.

3. Los valores y actitudes de los individuos son influidos enormemente por los valores y actitudes del grupo.

4. Como parte del espacio vital, la persona busca lograr los objetivos del grupo, llegar a ellos y hacer de ellos parte de sus logros.


Aparece también en esta teoría el concepto de cohesión, que Lewin considera el atributo más importante de los grupos. La cohesión marca el grado de interés mutuo entre los miembros. En un grupo altamente cohesionado, se da la identificación entre todos los miembros. La mutua identificación es lo que hace luchar a todos los miembros del grupo por el mismo objetivo y lo que provoca el rechazo de este ante las mismas cosas.6

Lewin aporta una primera, y se diría que fundamental, contribución a los estudios sobre comunicación en los grupos, si bien existen más teorías que, partiendo de sus primeros estudios, han abordado la cuestión.




Ya en los años ochenta aparecieron los trabajos de Irving Janis (1982). Las teorías de Cattell habían proporcionado durante décadas información sobre los efectos de las relaciones interpersonales en los grupos y organizaciones. La hipótesis de groupthink (grupo pensante) de Janis examina en profundidad las decisiones tomadas por los grupos. El autor muestra cómo algunas de ellas pueden proporcionar una alta satisfacción a los grupos de trabajo. En cambio, los resultados tangibles de la acción de su trabajo no son tan efectivos. Existen factores sinérgicos, que varían las predicciones que formulaba la syntality theory de Cattell.

Janis utiliza el término grupo pensante como un vocablo sencillo para referirse a un modo de pensar grupal, involucrando a todos los miembros de la organización; y la motivación proporciona sinergias entre todos y cada uno de los miembros del grupo. El autor utiliza datos históricos para apoyar esta teoría, analizando seis decisiones políticas (o episodios, según palabras del propio Janis), con lo que trata de demostrar cómo su teoría de comunicación se ha llevado a cabo en escenarios distintos.

Los grupos pensantes escogidos para la investigación de Janis acarrean inconvenientes básicos:


1. El grupo limita su discusión a decidir sobre unas pocas alternativas. No considera otras posibilidades creativas que podrían ser más interesantes.

2. La posición inicial de la mayoría de los miembros del grupo normalmente es sometida a menos críticas que otra serie de opciones u opiniones.

3. El grupo tiende a renunciar a las alternativas que originariamente no cuentan con el apoyo explícito de la mayoría de los componentes de este.

4. La opinión u opiniones cualificadas no tienen el peso suficiente en el marco de la discusión grupal.

5. El grupo es muy selectivo en la recogida de la información disponible. A veces no se establecen criterios más rigurosos para seleccionar la información realmente valiosa.


Janis se refiere también a una serie de síntomas que adquiere el sistema de grupo pensante. El primer síntoma que detecta es una creencia de invulnerabilidad, que crea un aire de optimismo a veces desmedido. El segundo es que el grupo genera esfuerzos colectivos de racionalizar el proceso de actuación que el propio grupo ha decidido. Por último, en tercer lugar, detecta que el grupo mantiene una firme creencia en la moral del propio grupo, es decir, que valora y cree con seguridad que, éticamente, está actuando de modo correcto.

Los líderes de fuera del grupo son por lo general, en creencia del propio grupo, estúpidos, incompetentes o enemigos abiertos del grupo que se crea. Los miembros del grupo que no opinan se ven sometidos a una presión inherente sobre ellos, perfectamente perceptible por todos. El disenso es cortado de forma inmediata. Esto acarrea el sexto síntoma, según Janis: la autocensura, ejercida de forma apresurada en aras de un consenso mal entendido. Por último, el autor detecta una proliferación de los que se autonombran guardianes de la mente que demuestran tendencia central hacia la opinión general de la mayoría. Cuando se llega a una organización por primera vez, los líderes de opinión comienzan su catequesis con los recién llegados, con prevenciones acerca de otros departamentos o áreas de la empresa o institución.



Finalmente, Hirokawa (1982) centra sus investigaciones en la toma de decisiones en los grupos y en la resolución de problemas. Analiza de igual modo las sucesivas opciones o alternativas que el grupo se plantea para solventar el problema, y determina los factores que contribuyen a la toma de decisiones erróneas en los grupos. Dichos factores son:


1. Valoración equivocada del problema. Esto puede ser debido a un análisis erróneo de la situación o del contexto en el que ocurre el problema. No existe una adecuada identificación de las causas que originan el conflicto.

2. Objetivos inapropiados. El grupo no distingue lo realmente importante de lo que no lo es.

3. Ponderación equivocada o inapropiada de las propuestas alternativas. Hay muchos factores en la vida de un grupo que pueden influir negativamente en la ponderación que el mismo realice de las distintas propuestas, con lo que estos factores pueden provocar que el grupo se equivoque.

4. Información inadecuada. La información de base es muy importante para tomar una decisión acertada. Como tal, debe seleccionarse la información, si esta es mucha, no aceptando en ningún caso la información que se pueda considerar inútil o irrelevante.


La solución a estos problemas está en manos de los individuos del grupo, que son los que deben detectar los problemas y resolverlos.


La comunicación de masas


La comunicación de masas el proceso por el que se elaboran y transmiten mensajes al gran público. Los denominados medios de comunicación de masas o mass-media son los encargados de llevar a cabo dicha tarea. De todos los tipos de comunicación estudiados, la comunicación de masas es el más difícil de conceptualizar, debido precisamente a su ubicuidad: en la actualidad, los medios de comunicación de masas, la publicidad masiva y todos los elementos de comunicación social (mercadeo electoral, internet, etc.) están alcanzando las mayores cuotas de protagonismo de la historia. En las líneas subsiguientes se trazará un resumen de las teorías más relevantes de comunicación de masas.

Marshall McLuhan es quizá el autor más conocido en la comunicación de masas. Con su obra The Gutenberg Galaxy: the making of typographic man (1962), este autor logró ser mundialmente conocido. Tanto McLuhan como su mentor Harold Innis, tratan la comunicación de masas como la esencia de la civilización occidental. Innis (1950) mira a la comunicación de masas como una prolongación de la mente humana. Los medios facilitan la comunicación entre los pueblos y entre las generaciones, actuando como soportes culturales y ejemplificadores de las sucesivas culturas de pueblos y civilizaciones. McLuhan establece su hipótesis más conocida partiendo de la base de que el ser humano se adapta al entorno a través de un equilibrio (o distribución) de las percepciones de sus sentidos. Desarrollando las teorías de su maestro, establece que cada medio es una extensión de una facultad humana. Así, el circuito eléctrico es una prolongación del sistema nervioso.



Cada medio es la prolongación de una facultad humana.


La tecnología Gutenberg, es decir, la que supone el papel como soporte principal, originó una explosión en la sociedad que separó y segmentó a las distintas individualidades. Por el contrario, la era electrónica ha originado una implosión, alojando al mundo entero en una aldea global. La información es inmediata y continua, y la nueva información reemplaza instantáneamente a la antigua. Por ello se ha pasado de la clasificación a la interactividad. La teoría principal de McLuhan —el medio es el mensaje— trata de referirse a la influencia que el medio tiene independientemente del contenido. Lo que realmente supone una diferencia en la vida de las personas es el medio predominante de la época, no el contenido.

Es conveniente referirse también en este apartado a las teorías semióticas. Los semióticos centran su estudio en los signos, desde el momento en que estos se crean hasta el momento en el que los mismos son interpretados o descodificados. Los semióticos modernos están encabezados por Eco (1976), si bien han sido Donald y Virginia Fry (1986) los que han aplicado las teorías semióticas de aquél, al campo de la comunicación de masas. Fry y Fry establecen tres postulados que, en resumen, vienen a decir lo siguiente:


1. Los mensajes de los medios de comunicación de masas son capaces de generar múltiples niveles de significados potenciales.

2. Los textos son interpretados mediante un proceso de significación. Existe un consenso social que determina muchos de los significados de las palabras, y que radica en la psicología colectiva.

3. El significado literal de una acción comunicativa de masas está constituido por factores textuales y extratextuales.


Es preciso destacar finalmente que muchos de los denominados medios de comunicación de masas son utilizados como instrumentos válidos de comunicación interna en las organizaciones, aunque sus públicos objetivos son cuantitativamente menores (empleados, socios o voluntarios). Ejemplo de ello pueden ser los canales internos de televisión para los empleados de una empresa, la revista o periódico de la organización, así como otros medios adaptados a los socios y colaboradores.

1 R.B. Nixon, Schramm, Westley, Mac Lean, Rao, Berlo, Opotowsky, DeFleur, Fattorello, Clausse, Maletzke, Moles; y otros autores, intentan establecer el concepto de comunicación de varios modos diferentes. Citados por Romero Rubio (1975).

2 Versión libre del inglés feedback, que varios autores llaman a su vez realimentación o retroacción. Referida a teoría de comunicación, se define como la acción retroactiva de un efecto sobre su causa. Este sistema de retroacción se conoce generalmente con el nombre de feedback, término científico procedente de la ingeniería y que, desafortunadamente, expresa una connotación de gran precisión que este procedimiento, debido a su desfase, todavía está muy lejos de alcanzar en la realidad. Pese a ello sirve para medir las reacciones de cada fase con objeto de mejorar la eficacia del proceso de la comunicación.

3 Podemos considerar también la información en chorro, que sería justamente la inversa, la que va desde el subordinado al superior, y que supone en opinión de varios autores un 80% de la comunicación habitual de la empresa.

4 Más conocido en el mundo de habla hispana como Escuela de Palo Alto.

5 Bateson comenzó a formular sus ideas sobre las relaciones humanas con trabajos de campo basados en la observación de la tribu Iatmul de Nueva Guinea, en los años treinta. Víd. Littlejohn (1989). Theories of Human Communication. Belmont, California, Wadsworth Publishing Company.

6 El autor desarrolla sus estudios y hace hincapié en las interacciones psicológicas que se dan entre sus componentes y en factores tales como el tamaño. Con respecto a esto último, por ejemplo, parece ser que los grupos medianos son más efectivos que los grandes grupos o que los excesivamente pequeños.

1.2 Conceptos de información


¿Qué es la información?


Múltiples trabajos se han dedicado a disertar sobre el término información y su importancia como recurso indispensable para la sociedad, cuyo desarrollo ha rebasado cualquier pronóstico realizado años atrás. El sector de la información y su industria se han convertido en un factor esencial para el accionar humano en la sociedad moderna.

La literatura especializada advierte acerca de la diversidad de definiciones que presenta el término información; un ejemplo significativo es el estudio citado por N. Angulo, de Hans Welish, quien analizó 1516 definiciones, cifra que demuestra la amplitud de pensamientos existente en el área con respecto a este término, así como la carencia de un consenso entre los autores para hallar una definición única, formalmente reconocida o con un enfoque generalizador. Esta diversidad de definiciones puede deberse entre otros factores a que:


• El ser humano, al desarrollar sus ideas, teorías y conceptos, está bajo la influencia de su experiencia personal en el campo del saber donde incursiona y, por tanto, presenta puntos de vista diferentes.

• Los estudios se desarrollan en un tiempo, espacio y condiciones concretas, que imponen percepciones diferentes entre los sujetos.

• Las diferencias en la intencionalidad o actitud implícita de las personas cuyos propósitos son específicos.


La investigación sobre el concepto de información se remite a la Edad Media, donde se decía que la información y, más específicamente la palabra, daba forma e impregnaba de carácter a la materia y a la mente. De alguna manera, se manejó siempre, la idea de que la información es un «agente activo», un principio universal que específica el significado de las cosas e indica, mediante códigos, los modelos del pensamiento humano. Este hecho condujo a pensar que la información estaba relacionada únicamente con los seres humanos. Aunque es así algunos especialistas consideran que, en cierta forma, todos los seres vivos emplean información del medio para su supervivencia. La superioridad de los seres humanos radica, sin embargo, en su capacidad de generar y perfeccionar, tanto códigos como símbolos con significados que conformaron lenguajes comunes útiles para la convivencia en sociedad a partir del establecimiento de sistemas de señales y lenguajes para la comunicación.

Uno de los fundadores de la teoría de la información fue Claude E. Shannon, un ingeniero nacido en Michigan en 1916 que en 1948 publicó algunos trabajos, relacionados con el tratamiento de la información, a partir del ensayo de teoremas y modelos que intentaban analizar la esencia de los procesos naturales con las preocupaciones básicas existentes con respecto al error, su control y corrección, y con la idea de que el caos es el destino de todo y la información el elemento para descifrarlo. Aunque sus trabajos estaban dirigidos fundamentalmente a las especialidades de la telefonía y la radio, lo curioso de los resultados de sus estudios fue comprobar que la expresión matemática para la cantidad de información —llamada bit, y que se representaba por combinaciones en secuencias de ceros (0) y unos (1)— presentaba la misma forma de la ecuación del principio de entropía —estado físico y medida de desorden de un sistema— definido por la física. Un poco después, James Watson y Francis Crick descubrieron los principios de los códigos de ADN, que forman un sistema de información a partir de la doble espiral de ADN y la forma en que trabajan los genes.

Al respecto Jeremy Campbell comentó que no fue hasta los años cuarenta del siglo XX, que se definió el término información desde una perspectiva científica, en el contexto de la era de la comunicación electrónica. Más adelante, la cibernética, ciencia definida como «la mecanización de los procesos intelectuales», cuyo fundador fue Norbert Wiener, se encargó de mantener el orden en cualquier sistema natural o artificial. Estos avances dieron lugar a una nueva etapa en el desarrollo de la tecnología, en la cual muchos científicos se inspiraron en los estudios del padre de la cibernética para hacer sus propios aportes a la teoría de la información.

La información no se ha definido solo desde el punto de vista matemático o técnico, su conceptualización abarca enfoques filosóficos, cibernéticos y otros, basados en las denominadas ciencias de la información. Algunos especialistas prefieren definir la información desde el punto de vista de su existencia como fenómeno «en sí», pero que , a la vez, es inseparable de la consciencia humana, información «para sí»; otros desde su perspectiva cognitiva —al parecer está en la mente de las personas en forma de configuraciones de las cosas—; y, por otro lado, existen quienes ven la información como proceso social, al emplearse de modo consciente y planificado para informar o informarse, a partir de diferentes fuentes de información, las cuales, a su vez, utilizan datos y la experiencia obtenida mediante la observación directa del entorno. Dichos enfoques concuerdan con la primera y más simple de las acepciones registradas en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que plantea que es la «acción y efecto de informar o informarse».

La información es el significado que otorgan las personas a las cosas. Los datos se perciben mediante los sentidos, estos los integran y generan la información necesaria para el conocimiento quien permite tomar decisiones para realizar las acciones cotidianas que aseguran la existencia social. El ser humano ha logrado simbolizar los datos en forma representativa para posibilitar el conocimiento de algo concreto y creó las formas de almacenar y utilizar el conocimiento representado. La información en sí misma, como la palabra, es al mismo tiempo significado y significante, este último es el soporte material o simbología que registra o encierra el significado, el contenido. Los elementos hasta aquí expuestos y los siguientes pretenden responder en alguna medida a la pregunta que encabeza el acápite siguiente.


¿Cómo es la información?


De lo expuesto, se deduce que existe una dualidad de planos de existencia de la información, uno como entidad subjetiva que se genera en la mente de las personas y otro, con una existencia objetiva, en el cual se percibe la información cuando se plasma en algún soporte o se trasmite en un proceso de comunicación. Entre los diferentes planos existe una interrelación dialéctica. La relación indisoluble que se establece entre la información, el conocimiento, el pensamiento y el lenguaje se explica a partir de comprender que la información es la forma de liberar el conocimiento que genera el pensamiento humano. Dicha liberación se produce mediante el lenguaje —oral, escrito, gesticular, etcétera—, un sistema de señales y símbolos que se comunican de alguna manera.

De acuerdo con esto, puede considerarse que la información transita por dos estados o momentos: el primero, cuando la mente humana asimila, procesa e interpreta, es decir, la transforma en conocimiento, el cual según Páez Urdaneta consiste en un conjunto de «estructuras informacionales que, al internalizarse, se integran a los sistemas de relacionamiento simbólico de más alto nivel y permanencia », y el segundo, cuando se registra en forma documental, que actúa como fuente de información mediante el lenguaje. «Una fuente de información no es más que cualquier objeto o sujeto que genere, contenga, suministre o transfiera otra fuente de información». (Morales, M., y Barquín J. P., 1995).

La información condiciona la generación y la gestión del nuevo conocimiento y posibilita la formalización de este último. En esto, reside el sentido pragmático de la información, es decir, en su materialización en noticias, informes de investigación, objetos u otros que permitan la generación y comunicación del conocimiento. A modo de generalización, la siguiente definición puede sintetizar lo abordado anteriormente: «La información puede entenderse como la significación que adquieren los datos como resultados de un proceso consciente e intencional de adecuación de tres elementos: los datos del entorno, los propósitos y el contexto de aplicación, así como la estructura de conocimiento del sujeto».


¿Dónde hallar la información, cómo acceder a ella y cuándo está disponible?


En un corto período de tiempo, el mundo desarrollado se ha propuesto lograr la globalización del acceso a los enormes volúmenes de información existentes en medios cada vez más complejos, con capacidades ascendentes de almacenamiento y en soportes cada vez más reducidos. La proliferación de redes de transmisión de datos e información y de bases de datos con acceso en línea (ubicadas en cualquier lugar, localizables mediante internet) permite el hallazgo de otras redes y centros de información de diferentes tipos en cualquier momento. Esta situación ha cambiado radicalmente la concepción de los servicios bibliotecarios, ha provocado el surgimiento de nuevas empresas y tipos de servicios de información cada vez más competentes. Se ha sustituido la concepción de miedo a que la información en las colecciones impresas esté incompleta, por la de acceso amplio y el trabajo bajo el enfoque de biblioteca virtual: la que utiliza los sistemas automatizados de acceso a bases de datos remotas, que gerencian distintos servicios especializados de información, con la participación de una serie de vehículos telemáticos y de herramientas electrónicas útiles para la recuperación de información, en ella la localización y el acceso se producen a partir de cualquier entidad de información en dependencia de sus recursos humanos, tecnológicos y financieros.

Aunque no es determinante, se requiere de una infraestructura tecnológica sólida y moderna. El desempeño de los recursos humanos y su capacidad de gestión es el más importante de los recursos para el logro del cumplimiento de las metas y los objetivos propuestos en las organizaciones. Los grandes volúmenes de información que se generan cada día, su dispersión y las capacidades limitadas del ser humano para acceder, consultar, procesar y analizar la información disponible, en tiempo, espacio y condiciones específicas, determinan la permanencia del profesional de información como un agente intermediario esencial en la relación que se establece entre esta y el usuario.


¿Cómo ha evolucionado el alcance de la gestión de la información como proceso consciente y planificado?


La necesidad de comunicación entre los hombres deriva fundamentalmente de su actividad en colectivo, esta generó el lenguaje. Más tarde, cuando el lenguaje escrito permitió registrar y almacenar el saber acumulado por la humanidad, surgieron las bibliotecas. La actividad informacional ha experimentado modificaciones significativas desde sus inicios. El almacenamiento, acceso y uso limitado de la información en los monasterios medievales entre los siglos III Y CV, se ha sustituido por modernos enfoques de trabajo, basados en la gestión del conocimiento y la inteligencia en las organizaciones como resultado del desarrollo impetuoso de las tecnologías en general y en particular las de la información y comunicación.

Durante años, las bibliotecas tuvieron como función principal facilitar a los usuarios el acceso a los libros y otros documentos mediante diferentes sistemas de recuperación y distribución. Angulo Marcial plantea el predominio de tres aspectos en la historia de las bibliotecas: «[...] desarrollo y custodia de las colecciones en propiedad; la representación físico-conceptual de los documentos en fichas impresas de tamaño estándar, conforme con normas de absoluta rigidez, y el acceso a las bases de datos». Estos enfoques han caducado en los últimos tiempos, producto, entre otros factores, del crecimiento alcanzado por la industria de la información, la cual «comprende no solo el procesamiento, almacenamiento y distribución de la información, sino también la producción de las tecnologías informáticas y de los servicios telemáticos necesarios para la distribución de la información a distancia». Este desarrollo es la base para la creación de nuevos servicios de información especializados, en la medida de las necesidades de los usuarios y clientes, con un alto valor agregado.

La posición alcanzada por el sector de la información es un factor clave para impulsar el desarrollo económico-social. Como consecuencia de su acción, la forma de vida en la sociedad moderna ha cambiado radicalmente. Su crecimiento, más rápido que el de otro cualquiera de la economía, ha propiciado un mayor uso de la información en la última década, tanto como recurso, que contribuye a la competitividad de las organizaciones en su lucha por la eficiencia y la calidad de los bienes y servicios que generan, así como desde la perspectiva de su empleo por los individuos, quienes la necesitan para su educación y desarrollo en su carácter de seres sociales. Estas condiciones son evidencias irrefutables de la existencia de la sociedad de la información y orientan el futuro próximo: la sociedad del conocimiento, la cual se define como «una forma de organización social y técnica de la producción y la gestión en la que se aprovecha la capacidad potencial de la productividad, que se deriva del fluir dinámico del conocimiento y de la información, a partir del uso de las nuevas tecnologías de la información».

Todo esto propicia y exige un cambio en los principios de funcionamiento y en los enfoques de trabajo de las entidades de información. No obstante, los servicios de estas organizaciones han sostenido, con frecuencia, una posición reactiva ante sus comunidades de usuarios. El grado de desarrollo adquirido, tanto en el contexto tecnológico como en el de la gestión, permite un perfeccionamiento de la comunicación y una mayor dinámica en el desempeño organizacional. Ambos, elementos claves para introducir un enfoque de trabajo de carácter empresarial —incluso para aquellas organizaciones sin fines de lucro, como es el caso de muchas bibliotecas y centros de información— y un accionar proactivo con respecto a sus usuarios o clientes finales en los sistemas de información.

En este punto es importante reconocer, que el trabajador de la información es el agente intermediario entre los proveedores, las fuentes de información, los usuarios y las tecnologías, y como tal, es el principal responsable del éxito que obtengan los usuarios en el proceso de búsqueda de información. En este sentido, se convierte en el principal gestor de su propio aprendizaje en el proceso educativo-comunicativo que ocurre en la gestión del conocimiento en los marcos de las organizaciones y las comunidades.

Si se revisa la literatura especializada sobre la proyección del profesional de la información en los tiempos contemporáneos, puede hallarse una gran variedad de enfoques sobre sus principales funciones. Algunas de ellas, en atención a su responsabilidad como agente del cambio y representante del progreso de la profesión en la sociedad, son las siguientes:


• La determinación constante de las necesidades de formación e información de los usuarios/clientes. A partir de un enfoque mercadológico del trabajo, que se oriente hacia su satisfacción mediante técnicas de investigación científica dirigida al conocimiento de la actividad, del medio, de la temática y de otras características importantes de las necesidades de los usuarios, de forma tal que puedan diseñarse productos y servicios a la medida de dichas necesidades. 7

• El mejoramiento del alcance y de la rapidez del acceso a las fuentes y servicios en el proceso de búsqueda de información. Mediante la conexión abierta a redes de información y conocimiento, así como el diseño de interfaces y sistemas en el proceso de búsqueda y recuperación de información más amistosos, tanto en las bases de datos y catálogos, como en otra cualquier forma de organización de la información y el conocimiento.

• La formación y el entrenamiento de los usuarios en el conocimiento de las herramientas tecnológicas para el intercambio de información, así como la creación de valores y habilidades para el aprendizaje. Esto es posible solo a partir de la educación continua del trabajador de la información y la ejecución de investigaciones sistemáticas dirigidas a descubrir y dominar las formas en que puede contribuir, tanto al desarrollo profesional, laboral y social de sus usuarios individuales y organizacionales como a la gestión de su conocimiento e inteligencia.

• El diseño de productos y servicios de alto valor agregado, en especial, de servicios grupales, a partir de las nuevas aplicaciones de la dinámica de grupo en los servicios de información, orientados a la satisfacción de los requerimientos de sus usuarios y clientes, mediante la explotación adecuada de las herramientas y patrones de atención profesional, desarrolladas para los fines de la gestión del conocimiento y la inteligencia organizacional.


El perfil profesional descrito anteriormente indica que su formación e imagen actual es el de un consultor especializado, en el que la vía principal para el éxito es el trabajo conjunto en equipos multidisciplinarios. De esta manera, su proyección funcional apunta, en unos casos, hacia una formación de habilidades y capacidades para ejercer entre otras tareas, la de la gestión del conocimiento corporativo y social. En otros, con una visión más amplia, se concibe al profesional de la información como un gestor de la inteligencia y el aprendizaje en las organizaciones, y así sus funciones no se limitan a la gestión y la comunicación del conocimiento, sino que contempla el desarrollo de las capacidades de utilización de problemas concretos y el aprovechamiento de oportunidades que generen ventajas competitivas.

7 Núñez Paula IA. Bases teóricas metodológicas en la formación de recursos humanos para la gestión de la inteligencia y el aprendizaje en las organizaciones o comunidades.

1.3 Los axiomas de la comunicación

Axiomas de la comunicación humana

Los axiomas de la comunicación humana hacen referencia a condiciones inherentes a la comunicación, que siempre están presentes. Watzlawick et al. (1985) en la Teoría de la Comunicación Humana presentan un enfoque comunicacional nutrido de la cibernética, la ingeniería de la comunicación, la antropología y la teoría general de sistemas, el cual proporciona el modelo interracional pragmático de la comunicación humana que tiene aplicabilidad general en las ciencias sociales y psicológicas. Este modelo resalta la importancia de ampliar el margen de observación para la explicación de un hecho y la necesidad de comprender a mayor profundidad la relación que se da entre un hecho y un contexto.

De acuerdo con Watzlawick et al. (1985), la comunicación humana está compuesta por tres áreas, la sintáctica, la semántica y la pragmática. La primera hace referencia a la transferencia del mensaje, la segunda se interesa en el significado o esencia del mensaje que se transfiere y la pragmática se centra en la afectación que la comunicación tiene sobre la conducta humana. Teniendo en cuenta esto, Watzlawick introduce los conceptos de: la caja negra (entradas y salidas), conciencia o inconsciencia (de los actos), presente versus pasado, efectos versus causas, la circularidad de las pautas de la comunicación, y la relatividad de lo «normal» y lo «anormal»; los cuales sirven de antecesores de los axiomas.

El área de la pragmática también conocida como la vertiente política o estratégica de la comunicación, sirve de base para desarrollar los axiomas de la comunicación, expuestos en la Teoría de la Comunicación Humana de Watzlawick et al. (1985), que son reseñados a continuación:

La imposibilidad de no comunicar. Toda interacción con el otro trae consigo un mensaje que movilizará la conducta de los participantes. Es imposible dejar de comunicar, de comportarse, aun en los silencios estaremos en un proceso comunicacional. «Lo que significa que la comunicación no es solo verbal sino también gestual-no verbal». (Watzlawick et al., 1985, p. 51). Este axioma interpreta todo comportamiento/conducta como mensaje comunicacional que puede ser interpretado y dotado de significado por alguien que se encuentre en el sistema.

Niveles de contenido y relaciones de la comunicación. El contenido del mensaje transmitido es interpretado por el receptor de acuerdo con la relación existente entre este y el emisor. «Por ello, toda comunicación tiene un aspecto de contenido o semántico y un aspecto relacional, tales que el segundo clasifica al primero y es, por ende, una metacomunicación». (Watzlawick et al., 1985, p. 52).

La puntuación de la secuencia de hechos. La comunicación se da en un flujo bidireccional, donde se interactúa en una secuencia definida por el emisor y el receptor, y en ocasiones dicha estructura se ve mediada por la respuesta al comportamiento del otro, ampliando o modificando el ciclo comunicacional. «Es decir no se reduce explícitamente a una causa-efecto. Puesto que, la naturaleza de la relación depende de la puntuación (organización) de las secuencias de comunicación entre los comunicantes». (Watzlawick et al., 1985, p. 56). En palabras de Perrone (2007) este axioma hace referencia a «una lucha en el terreno de las posiciones éticas de los actores» (p.15), mientras que Rizo (2011) acerca del mismo axioma dice: «La definición de una interacción está siempre condicionada por la puntuación de las secuencias de comunicación entre los participantes».

Comunicación digital y analógica. La comunicación digital y analógica se complementan, ya que el aspecto digital del mensaje se codifica en función de lo analógico, lo digital hace referencia a la comunicación verbal, medible, y lo analógico a todo lo que incluye la comunicación no verbal (movimientos corporales, posturas, gestos, expresiones faciales, inflexión de la voz, secuencia, ritmo y la cadencia de las palabras):

El lenguaje digital cuenta con una sintaxis lógica sumamente compleja y poderosa, pero carece de una semántica adecuada en el campo de la relación mientras que el analógico posee la semántica, pero no una sintaxis adecuada para la definición inequívoca de la naturaleza de las relaciones. (Watzlawick et al., 1985, p. 61).

Interacción simétrica y complementaria. Busca una relación equitativa que permita una comodidad entre las partes, esta puede ser armonizada por un valor agregado. La comunicación puede ser simétrica cuando se mantienen las mismas condiciones en el emisor y el receptor. La comunicación complementaria está sujeta a la autoridad o jerarquía. «Por lo tanto, la interacción simétrica se caracteriza por la igualdad y por la diferencia mínima, mientras que la interacción complementaria está basada en un máximo de diferencia». (Watzlawick et al., 1985, p. 69).

A partir de lo anterior, se puede decir que toda cultura es un conglomerado de conversaciones que se efectúan en una diversidad de modos simbólicos, las cuales se tejen desde el lenguaje y dan paso a que el mundo se construya y sea representado. Desde el constructivismo social se mira la comunicación como el lugar donde se forman las identidades de los comunicadores en la interacción con otras personas, el proceso en el cual surgen los propósitos y los medios, mediante los cuales construimos los eventos y objetos de nuestros mundos sociales. La comunicación interpersonal trata de responder principalmente el interrogante ¿qué debo hacer? En lugar de ¿qué cosas sé?

La comunicación interpersonal es parte de la praxis. Cada conversación en la que participamos podría ser (o haber sido) algo distinto de lo que es (o fue). «Si hubiéramos hecho esto en lugar de aquello, entonces ella habría hecho eso en lugar de esto y nuestras vidas habrían sido diferentes» (Pearce, 2010, p. 38). La comunicación verbal puede ser vista como la posibilidad de hacernos una idea al respecto del otro, haciendo de nuestro accionar un proceso de reacción o complemento a esta conversación y relación. Por ejemplo, si conocido un ambiente, nos encontramos acogidos o aceptados, es una invitación a establecer relación con aquella mirada personal que nos encontró interesantes o atractivos. En cambio, si nuestra interpretación ha sido incorrecta a causa de escaso contacto o aceptación, quizá rehusemos nuestra comunicación con el «otro» (García, 1996, p. 11). Por tal razón, la realidad es subjetiva dependiendo del observador, es entonces que lo que significa para uno, posiblemente no puede significar igual o similar para otro u otros.

La observación de los sistemas puede centrarse para algunos sujetos en un dominio o foco determinando, por lo que dejará quizás de observar otros campos. Por ello se hace necesario que esta observación a la comunicación se haga en un espectro más amplio o se tenga de precedente el lugar desde el cual se instala el observador. Según Hernández y Garay (1996):

La comunicación se manifiesta con una dinámica extrema, poseyendo una elevada rapidez tanto en la transformación de niveles como en el de funciones que parten de la evaluación llegando hasta la transmisión y conducción. Según estos autores, es necesario que la ubicación del científico como observador esté establecido de modo continuo, lo que conlleva el esclarecimiento de los niveles operativos, así como una identificación de las funciones que tiene en el interior de un sistema de comunicación. La situación social o el contexto de la comunicación estarán establecidos por el lugar donde se ubica el observador. (p. 42).

1.4 Actividad

Realizar un cuadro sinóptico de los temas: conceptos de comunicación y metacomunicación, concepto de información y los axiomas de la comunicación. Al finalizar el cuadro, hacer una conclusión sobre el tema visto y subirlos a plataforma.

¿Qué es?

El cuadro sinóptico es un organizador gráfico muy utilizado, ya que permite organizar y clasificar información. Se caracteriza por organizar los conceptos de lo general a lo particular, y de izquierda a derecha, en orden jerárquico. Para clasificar la información se utilizan llaves.

¿Cómo se realiza?

• Se identifican los conceptos generales o inclusivos.

• Se derivan los conceptos secundarios o subordinados.

• Se categorizan los conceptos estableciendo relaciones de jerarquía.

• Se utilizan llaves para señalar las relaciones.

¿Para qué se utiliza?

El cuadro sinóptico permite:

• Establecer relaciones entre conceptos.

• Desarrollar la habilidad para clasificar y establecer jerarquías.

• Organizar el pensamiento.

• Facilitar la comprensión de un tema.

TEMA 2

TEORÍA BIOLÓGICA DEL CONOCIMIENTO Y LAS COMUNICACIONES

2.1 Determinismo estructural

Análisis contextual del determinismo estructural

Selección natural: ¿causado o resultado?

Maturana y Mpodozis (1992) afirma respecto de la noción de selección natural: a) es un error conceptual o una evocación engañadora, ya que «[...] se aplica a la acción de separación diferencial desde una mirada que expresa una preferencia y una intención», y b) es usada en el discurso biológico «como si constituyese el mecanismo generador del cambio evolutivo» y no como «un resultado de algún otro proceso biológico más básico» (pp. 9 y 31).

La crítica del determinismo estructural no considera el hecho de que ya había sido comentada por Darwin, ni toma en cuenta una definición de selección natural surgida al interior de la TME que soluciona, de manera bastante «adecuada», los problemas a) y b). Según Endler (1986), la selección natural debe ser considerada un silogismo o una ley, tal como lo sugirió inicialmente Darwin. (p.4).

Selección natural se puede definir como un proceso en el cual si una población posee: a) variación entre sus miembros en algún atributo o carácter; b) una relación consistente entre ese carácter y la capacidad de apareamiento, la capacidad de fertilización, la fertilidad, la fecundidad y/o la sobrevida: (diferencias de la adecuación biológica), y c) una relación consistente, para ese carácter, entre los padres y su descendencia, la cual es parcialmente independiente de efectos ambientales habituales (herencia), entonces: 1) La distribución de la frecuencia del carácter va a diferir entre las clases etáreas o entre los estadios del ciclo de vida más allá de lo esperado a partir de la ontogenia. 2) Si la población no está en equilibrio, la distribución del carácter de toda la descendencia va a diferir de la que tienen todos los padres, más allá de lo esperados por las condiciones a) y c) por separado.

Para el DE, el proceso biológico más básico, subyacente al cambio evolutivo, es la deriva natural. ¿Cuál o cuáles son los procesos biológicos «más básicos», subyacentes al epifenómeno de la selección natural, desde el punto de vista de TME? Gran parte de la confusión respecto de la noción de selección natural reside en que no se separa claramente la metáfora (selección natural) de la analogía (selección natural como si fuera selección artificial), ni ambas de los principios o premisas subyacentes al proceso que Darwin intentó explicar. Dichos principios fueron expuestos claramente por Darwin en su cuaderno de Notas E, con fecha 27 de noviembre de 1838 «Tres son los principios que dan cuenta de todo: herencia, variabilidad y sobrefecundidad (i.e., tendencia de las poblaciones naturales al crecimiento exponencial)» (Mayr,١٩٨٥):

Según el DE, la TME postula que «todo cambio requiere de la aplicación de una fuerza para producirse, y que en el proceso de la evolución biológica esta fuerza la constituye una presión selectiva que, bajo la forma de competencia, lleva continuamente a la sobrevida de los más adaptados» (Maturana y Mpodozis, 1992, p. 9). Aquí el de DE atribuye a la TME una nocción de selección natural que fue popularizada en los textos sobre evolución que se publicaron con motivo del centenario de El Origen de las especies, y forman parte de la época de oro de la TSE. La TME se refiere a la noción de selección natural como fuerza de la siguiente manera:

La selección natural es un proceso resultante de la interacción entre organismos que varían y el medio ambiente, y no una «fuerza» misteriosa que «actúa». El uso de «acción», «fuerza» e «intensidad» posee el mismo estatus que el de la noción de flogistón en la termodinámica; es descriptiva, pero representa erróneamente el proceso, confunde causa y efecto, y centra la atención fuera de las causas […]. La selección natural no puede «generar los cambios genéticos dentro de las poblaciones» porque es un proceso resultante de las diferencias biológicamente heredadas que hay entre los individuos (Endler,1982, pp. 32-33).

El DE también afirma que la TME admite como válido «que el proceso evolutivo es un proceso de cambio genético, que la unidad evolutiva es la población, y que por esto el cambio evolutivo ocurre como cambio en la composición genética de las poblaciones» (Maturana y Mpodozis, 1992, p. 9). En este caso el DE atribuye nuevamente a la TME afirmaciones que fueron hechas en el contexto de la TSE. Tomando como referencia la discusión hecha por Ghiselin (1981) y Sober (1984) sobre este punto, Endler (1986) señala: «Desde el momento en que la selección natural no “actua”, pierde todo sentido hablar de una “unidad” de selección, excepto posiblemente como una entidad cuyas relaciones con otras entidades son afectadas por la selección» (p.30).

La referencia del DE respecto de la población como la unidad evolutiva no solo no refleja la discusión al respecto ocurrida al interior de la TME, también desconoce la discusión sobre el tema en el marco de la TSE, que es, en rigor, el verdadero objeto de crítica del DE. Para la TSE la unidad natural de evolución es la especie en tanto la «la comunidad más grande e incluyente de individuos que comparten un acervo genético común» (Dobzhansky,1970). Concidimos con Maturana y Varela (1984), respecto de las dificultrades que plantea el uso del término selección natural y sus connotaciones cuando afirman: «A estas alturas de la historia de la biología cambiar su nomenclatura sería imposible, y es mejor utilizarla con el cuidado de entenderla bien» (p.68).

Adaptación, deriva, restricción y adecuación

El determinismo estructural (DE) afirma que la TME no considera o no explica adecuadamente la presencia de caracteres no adaptativos (Maturana y Mpodozis, 1992). Esta situación ocurre, según el DE, «en un contexto en el que se piensa que todo lo que un observador pueda distinguir como un rasgo o característica en los seres vivos está en ellos porque tiene alguna función en su sobrevida, y ha sido algún otro» (p.38). El antecedente de estas afirmaciones son las nociones de adaptación propuestas por el DE: «mientras un ser vivo no se desintegra, está adaptado a su medio […] y con respecto a este, su condición de adaptación es invariante» (Maturana y Varela, 1984, p. 75), y «debido a su constitución como tales, no puede haber seres vivos más o menos adaptados» (Maturana y Mpodozis, 1992, p. 27).

a. Adaptación

El DE afirma que «la adaptación es una invariante», en el sentido de que el ser vivo, en tanto «sistema estructuralmente determinado, existe solo mientras conserva su organización y su congruencia con su circunstancia» (Maturana y Mpodozis, 1992, p. 9). Nadie discutirá el hecho evidente de que estar vivo (adaptación, según Maturana), es una invariante de la condición de ser vivo. Pero en el contexto de la TME esta afirmación es redundante, ya que implica que los seres vivos están vivos mientras están vivos y, si no lo están, significa que han muerto («o el ser vivo conserva su adaptación y vive, o no la conserva y muere» [p.27]). Levins y Lewontin (1985) lo plantean de la siguiente manera: «En la medida en que los organismos son considerados solo en relación con su nicho ecológico, ellos o están adaptados, en cuyo caso van a continuar como tales, o están desadaptados (unadapted), en cuyo caso se hallan en vías de extinción».

De tal modo, en el marco de la TME el problema que conlleva el uso de la noción de adaptación no surge cuando se considera a esta como un estado propio del ser vivo. Siendo una invariante, su análisis pierde todo sentido y «no requiere otra explicación que la de ser una condición constitutiva de la existencia del ser vivo» (Maturana y Mpodozis, 1992, p. 27). El problema surge cuando se considera a la adaptación como un proceso que ocurriría cuando hay una entidad preexistente (nicho ecológico), que es ocupada por otra entidad (ser vivo) que estaría per se preparada (ad-aptus) para cumplir en él determinadas funciones. Aunque Maturana y Mpodozis (1992) reconocen que la TME ha discutido el problema de los nichos «vacíos», estos autores no consideran los efectos que dicha discusión ha tenido sobre la noción de adaptación. Levins y Lewontin (1985) señalan al respecto: «A menos de que exista una forma cierta o preferencial para particionar el mundo, la idea de un nicho ecológico sin un organismo que lo ocupe pierde todo sentido. La alternativa es que los nichos ecológicos son definidos únicamente por los organismos que viven en ellos. Esto, sin embargo, origina serias dificultades para el concepto de adaptación […]. Si los organismos definen el nicho, entonces todas las especies ya están adaptadas y la evolución no puede ser vista como un proceso que conduce a la adaptación» (p.68).

La descripción de la visión de la adaptación que tendría la TME excluye y/o desconoce la discusión que ha ocurrido al interior de la TME en torno a este concepto. A partir del trabajo pionero de George E. Williams (1966), Gould y Lewontin (1979) han realizado una sustantiva crítica al pensamiento que ha dominado en el último medio siglo las escuelas evolucionistas inglesa y norteamericana, basado en la fe irrestricta en el poder de la selección natural como un agente optimizador y en el supuesto de que este genera adaptaciónes que explican prácticamente todas las formas, funciones y conductas de los seres vivos (programa adaptacionista). De acuerdo con Gould y Lewontin (1979), el programa adaptacionista atomiza el organismo en «caracteres», los cuales son explicados como estructuras diseñadas de manera óptima por la selección natural para cumplir determinadas funciones. «Luego de efectuada la falacia de la optimización de las partes —añaden estos autores—, la interacción (entre las partes) se explica mediante el dictado de que un organismo no puede optimizar una de sus partes si no es a expensas de las demás. Se introduce así la noción de “compromiso” (trade-off), y los organismos son interpretados como el mejor compromiso entre las distintas exigencias que les impone la competencia» (Gould y Lewontin, ١٩٧٩).

Cabe destacar que a los caracteres cuyo origen no puede ser adscrito a la acción directa de la selección natural o que en la actualidad tiene funciones distintas a las que resultaron inicialmente de la selección natural, Gould y Vrba (1952) les dan el nombre de exaptaciones. La crítica del determinismo estructural tampoco reconoce la existencia al interior de la TME de explicaciones alternativas a la entregada por el programa adaptacioncita respecto de las causas del cambio evolutivo. Entre estas explicaciones destacan la deriva al azar y las restricciones del desarrollo.

b. Deriva al azar

Existe consenso al interior de la TME para designar con el término deriva al azar (random drift) distintos fenómenos que tienen como causa el muestreo indiscriminado de una parte de los miembros de una especie y que no se puden explicar de manera plausible mediante la noción de selección natural (Beatty, 1992). La noción de deriva al azar de las frecuencias génicas o deriva génica fue introducida por Sewall Wright para explicar cambio en las frecuencias alélicas (génicas) o en las tasas de sobrevida y/o reproducción de una población que no se pueden adscribir a la acción de un proceso selectivo, sino que al simple error de muestreo debido al tamaño reducido de la población. En palabras de Wright: «Si la población no es infinitamente grande, hay otro factor (evolutivo) que debe tenerse en cuenta (además de la selección natural): los efectos de los accidentes del muestreo entre aquellos (individuos) que sobreviven y se transforman en padres en cada generación y entre las células germinales de estos» (Wright, 1932, p. 360). Casos particulares de la deriva al azar son entre otros la deriva génica debido al aislamiento de una parte de la población por factores geográficos indiscriminantes (efecto fundador) y la fijación al azar de mutaciones selectivamente neutras.

c. Restricciones del desarrollo

Basándose sobre una idea original del paleontólogo alemán A. Seilacher (١٩٧٠), Gould (١٩٨٩) plantea que el espacio de las explicaciones evolutivas está acotado por tres grandes visiones de mundo: funcionalista, histórica y estructural. La primera atribuye a los cambios del ser vivo una utilidad inmediata en su relación con el medio ambiente, la segunda interpreta dichos cambios a partir de su presencia en un ancestro común que es compartido con otros seres vivos del mismo linaje y la tercera los considera una consecuencia inmediata de las características estructurales (físico-mecánicas) de cada ser vivo. La teoría evoluitiva de Darwin es fundamentalmente funcionalista, ya que considera de manera preponderante en su ámbito de explicaciones solo aquellos cambios originados por la selección natural. En este contexto, Gould (1989) propone que las visiones históricas y estructural deben integrarse al ámbito de las explicaciones de la evolución en calidad de restricciones positivas de la visión funcionalista «como canales de cambios posibles establecidos por influencias históricas y estructurales antes que por la selección inmediata». En la medida en que estas influencias se expresan en la ontogenia del ser vivo, las restricciones del desarrollo resultan un ámbito de estudios adecuado para explicar los cambios que no se explican por selección natural. La valoración de dichas influencias también muestra que la TME no se limita, como lo afirma el DE, a suponer «que el proceso evolutivo es un proceso de cambio genético, que la unidad evolutiva es la población, y que por esto el cambio evolutivo ocurre como cambio en la composición genética de las poblaciones» (Maturana y Mpodozis, p. 9).

El caso particular del polimorfismo del exoesqueleto de Cerion sp. (Mollusca) es un excelente ejemplo de cómo las restricciones del desarrollo explican la producción de caracteres (formas) «no adaptativos» (Gould, 1989) e, incluso, de cómo este polimorfismo puede ser sometido a contrastación desde un enfoque alométrico y con uso de métodos estadísticos multivariados (Gould, 1984). Los trabajos de Gould (1977) y de Mckinney y McNamara (1991) recopilan una gran cantidad de evidencias que muestran en términos generales la validez operacional del concepto aquí discutido.

d. Adecuación biológica (fitness)

El DE afirma que «debido a su constitución como tales, no puede haber seres vivos más o menos adaptados». En el sentido de adaptación absoluta como estado inherente del ser vivo, esta afirmación es correcta. Sin embargo, si a lo que se enfrenta el observador es al hecho de la sobrevida, reproducción y mortalidad diferenciales (todos los seres vivos están vivos, se reproducen y mueren, pero hay seres vivos que viven, se reproducen y mueren más que otros), entonces tiene sentido elaborar un estimador que mida las diferencias que hay entre los individuos de una misma especie, utilizando como variables la viabilidad, la fertilidad, la fecundidad, el tiempo de desarrollo, etcétera. El mencionado estimador de la adaptación es la adecuación biológica relativa o fitness darwiniano. Desde el momento en que el fitness relativo es un estimador basado sobre la comparación de valores (cantidad de huevos fecundados por hembra, cantidad de cigotos que sobrevive, etcétera), es válido hablar de conjuntos de seres vivos que, en promedio y bajo circunstancias particulares de interacción con el medio ambiente, poseen mayor o menor adecuación biológica (adaptación relativa) respecto de otros seres vivos.

Neutralismo

El DE afirma que la TME «no considera o no explica adecuadamente el carácter conservador o neutro de los cambios moleculares» (Maturana y Mpodozis, 1992, p. 9). El carácter neutro de los cambios moleculares (fijación al azar de mutaciones selectivamente neutras) ha sido explicado en el marco de la TME por la teoría neutralista de la evolución molecular y se basa en cuatro principios empirícos enunciados por Kimura y Ohta (1947): 1) Para cada proteína la tasa de evolución, en términos de sustituciones de aminoácidos, es aproximadamente constante por años y por sitio para diferentes líneas filogenéticas, mientras no se alteren la función y la estructura terciaria de la molécula (reloj molecular); 2) Las moléculas menos importantes funcionalmente, o las partes menos importantes funcionalmente de una molécula, evolucionan en términos de sustituciones mutacionales en forma más rápida que las más importantes (carácter conservativo de los cambios moleculares); 3) Aquellas sustituciones mutacionales que alteran en menor grado la estructura y función de una molécula, es decir, las sustituciones conservadoras ocurren con mayor frecuencia en la evolución que aquellas que son más disruptivas, y 4) Las duplicaciones génicas deben preceder siempre a la emergencia de un gen con nueva función.

Entre las evidencias que apoyan la explicación del carácter neutro de los cambios moleculares se encuentran: valor constante de la tasa de sustituciones de las cadenas alfa y beta de hemoglobina obtenida de grupos filogenéticamente alejados, menor tasa de sustituciones que afecta el sitio activo de la hemoglobina o a los segmentos terminales de la proinsulina, alta tasa de sustituciones deletéreas en las tres posiciones de los codones de los pseudogenes de la alfaglobina de mamíferos, alta tasa de sustituciones silentes respecto de las sustituciones de aminoácidos en distintas familias de proteínas.

Ontogenia y filogenia

EL DE afirma que la TME «no considera o no explica adecuadamente la relación entre fologenia (F) y ontogenia (O)» (Maturana y Mpodozis, 1992). La explicación de la relación entre F y O que entrega la TME se basa principalmente en la crítica a la noción de recapitulación y a la denominada ley biogenética de Haeckel. Gould (1977), Alberch et al., (1979) y Mckinney y Mcnamara (1991) son quienes han entregado los principales aportes conceptuales y empíricos en el tema.

Gould (1977) parte del supuesto que la relación entre F y O se podrá explicar siempre y cuando: 1) se logre establecer un paralelo entre F y O, y 2) se describan las causas que producen dicho paralelo. Los paralelos que establecen el nexo entre F y O son, de acuerdo con Gould, la recapitulación (la ontogenia de los descendientes más recientes repite los estados adultos de la serie filética de los ancestros) y la paedomorfosis (retención de los estados juveniles ancestrales en los estados ontogénicos avanzados de los descendientes). Recapitulación y paedomorfosis son el resultado de desplazamiento en el tiempo (por retardo y aceleración, respectivamente), de patrones del desarrollo ya existentes en los ancestros. A estos cambios del desarrollo de base filogenética Gould les denominó heterocronías. Alberch et al., (1979) propusieron distinguir como únicos criterios de heterocronía a las paedomorfosis y las peramorfosis (los descendientes adultos sobrepasan la condición morfológica del ancestro), eliminando el término recapitulación por la connotación de progreso evolutivo que conlleva (dirección del cambio, según Haeckel, hacia estados cada vez más avanzados de la recapitulación, hasta llegar a la aparición del organismo adulto en su totalidad en las primeras etapas del desarrollo embrionario de los descendientes).

Mckinney y McNamara (1991) proponen tres categorías básicas de cambios heterocrónicos, referidos a la velocidad y al momento del desarrollo (al inicio o al final de la fase morfogenética) en que ellos ocurren. En vista de que cada cambio puede expresarse como un aumento (peramorfosis) o una disminución (paedomorfosis) del tiempo de desarrollo, se distinguen a su vez seis tipos básicos de cambio heterocrónico: neotenias (menor velocidad), aceleraciones (mayor velicidad), postdesplazamientos (inicio tardío), predesplazamientos (inicio temprano), progénesis (finalización temprana) e hipermorfosis (finalización tardía).

Cuando en lugar de variables etáreos (temporales) lo que se mide son variables corporales (espaciales), se habla de heterocronías alométricas o simplemente de alometrías. Una de las conclusiones que se deduce de la relación entre alometría y heterocronía es que las diferencias alométricas que hay entre ancestros y descendientes son diferentes del patrón de desarrollo causadas por procesos heterocrónicos. Evidencias que avalan la explicación de la TME sobre la relación entre F y O aquí descrita se han obtenido, entre otros organismos, con mutantes heterocrónicos de C. elegans, con salamandras paedomórficas (axolotl), y con braquiópodos fósiles (del Cenozoico) de los géneros Tegulorhynchi y Notosauria.

2.2 Lenguaje

El lenguaje: herramienta de reconstrucción del pensamiento

El lenguaje, siendo algo íntimamente ligado al ser humano y estar inmerso en varios aspectos de nuestra vida diaria, ha sido estudiado desde diferentes perspectivas de pensamiento. Algunas ciencias, particularmente las humanas, han prestado atención especial al lenguaje hablado. Sin embargo, son innumerables los análisis realizados hasta el presente sobre el lenguaje escrito y sus características. La idea de que el lenguaje ha transformado la conciencia humana porque permite el desarrollo de nuevas formas de pensamiento y la adquisición de conocimientos, nos lleva a buscar una explicación teórica sobre las relaciones existentes entre el pensamiento, el lenguaje y su posible relación en la determinación de las acciones de un receptor.

En el escrito que se presenta a continuación se pretende hacer un análisis teórico crítico sobre algunos elementos que componen el lenguaje y su potencial injerencia en los procesos de comunicación social. Aspecto que debe ser atendido por los expertos del campo de la comunicación por las implicaciones que puede generar durante el desarrollo y envío de mensajes dirigidos a la población.

Lenguaje

Son varias las definiciones que existen desde tiempos remotos para describir el término lenguaje. Definiciones que proyectan las visiones y creencias individuales de sus proponentes. Debemos inferir que las interpretaciones que se hacen del término lenguaje están atadas —en su mayoría— a los intereses particulares de cada proponente de la definición.

Watson (1924) define el lenguaje como un hábito manipulatorio. Considero que esta definición carece de sentido práctico, ya que, más allá de manipular el lenguaje, brinda la oportunidad al emisor o receptor de otorgar los significados de un texto de acuerdo con sus propias experiencias y características lingüísticas. Este aspecto deja a un lado el elemento manipulador otorgado por Watson.

Chomsky (1957) expone que el lenguaje es un conjunto finito o infinito de oraciones, cada una de ellas de longitud finita y construida a partir de un conjunto finito de elementos. Esta definición enfatiza las características estructurales del lenguaje sin adentrase en sus funciones y la capacidad de generar acción que tiene para un emisor y el receptor. Dicho aspecto es medular dentro de los estudios relacionados al lenguaje.

Luria (1977) expone que lenguaje es un sistema de códigos con la ayuda de los cuales se designan los objetos del mundo exterior, sus acciones, cualidades y relaciones entre los mismos. Esta definición la considero interesante dada la importancia que le presta a los códigos para la delineación de objetos, ya sean concretos o abstractos, los cuales en gran medida nos ayudan a visualizar el mundo que nos rodea considerando nuestros preceptos socioculturales.

Bronckart (1977) define el lenguaje como la instancia o facultad que se invoca para explicar que todos los hombres hablan entre sí. La definición de Bronckart la considero un poco tímida y profunda, ya que deja a un lado la posible injerencia que tiene la cultura en un acto comunicativo entre un receptor y el emisor.

Pavio y Begg (1981) indican que el lenguaje es un sistema de comunicación biológico especializado en la transmisión de información significativa e intraindividualmente, a través de signos lingüísticos. La definición de estos autores entrelaza de forma soslayada diversas disciplinas de pensamiento para describir los procesos de transmisión de información lo cual la hace multidisciplinaria.

Según Sapir citado por Hernando (1995) el lenguaje es un método exclusivamente humano, y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera deliberada. De esta definición, se desprende que el lenguaje, como medio de comunicación humana, frente a los medios de comunicación animal (o de cualquier otro tipo), reúne estas propiedades: a) ser un fenómeno exclusivamente humano, b) servirse de la voz como vehículo de transmisión, c) no ser instintivo, d) utilizar un sistema de signos y e) estar articulado a partir de determinadas unidades mínimas.

Debemos destacar el elemento sistema de símbolos citado por Hernando, el cual es atendido en los análisis de la lingüística textual, cuyo objeto de estudio no necesariamente es la palabra o la oración aisladas, sino el texto, considerado la unidad básica de manifestación del lenguaje, dado que los seres humanos se comunican en muchas ocasiones por medio de pasajes y dado que existen fenómenos lingüísticos que solo pueden ser explicados como propios de un texto.

Calabro, Taylor y Kapadia (1996) exponen que dependiendo de cuán complejo o sencillo esté estructurado el lenguaje, tanto verbal como escrito, puede variar significativamente el nivel de pensamiento y entendimiento en el individuo. Esta definición resalta la importancia que tiene para los estudiosos de la comunicación la estructura del lenguaje debido a su posible influencia en la comprensión de la información por parte de un receptor. Aspecto que puede ser determinante en esfuerzos masivos de comunicación pública.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (2001) define el lenguaje como estilo y modo de hablar y escribir de cada persona en particular. La Real Academia presenta una definición simple tomando en consideración la comunicación verbal y escrita sin adentrarse en las particularidades lingüísticas que puedan estar inmersas en las personas, sean emisores o receptores.

Como se puede observar existe una gran cantidad de definiciones otorgadas al término lenguaje. Cada una de ellas con sus propias particularidades. No obstante, pese a su disparidad, estas definiciones del lenguaje permiten entrever ciertas regularidades. Una de ellas, quizás la más importante, es que, de un modo u otro, todas las definiciones recogen o dan cuenta de alguno de los siguientes hechos:

• El lenguaje puede interpretarse como un sistema compuesto por unidades (signos lingüísticos).

• La adquisición y uso de un lenguaje por parte de los organismos posibilita en estas formas peculiares (y específicas) de relación y de acción sobre el medio social.

• El lenguaje da lugar a formas concretas de conducta, lo que permite su interpretación o tipo de comportamiento.

Desde la perspectiva de la comunicación social, la diversidad de signos lingüísticos inmersos en una población puede ser una amenaza, al pretender comunicar un mensaje que requiera acciones en el receptor. El desconocimiento de las características lingüísticas que distinguen la población a la cual se pretende dirigir un mensaje, puede tener influencia en el proceso de comunicación por la ausencia de empatía lingüística inmersa en la estructura del lenguaje utilizado.

Teoría sociocultural del lenguaje de Vygotsky

La Teoría del lenguaje de Vygotsky, propone que desde el punto de vista de la comunicación el significado de cada palabra es una generalización o un concepto. Si las generalizaciones y conceptos son innegablemente actos del pensamiento podemos considerar el significado como un fenómeno inherente al pensamiento. Sin embargo, el nexo entre palabra (o significado) y pensamiento no es constante (Vygotsky, 1987; 1977).

Según Vygotsky (1987), esto se debe a que en la evolución histórica del lenguaje los significados de las palabras sufren un proceso de trasformación. Debido a este proceso el significado de las palabras varía. Una variación en la estructura interna del significado de la palabra equivale a un cambio en la relación entre pensamiento y palabra (Siguán, 1987). Los planteamientos de Vygotsky presentan una transformación histórica del lenguaje y a la variación continua que se da en el significado de las palabras. La idea fundamental es que la relación entre palabra y pensamiento no es un hecho, sino un proceso. Un continuo ir y venir del pensamiento a la palabra y de la palabra al pensamiento.

En este proceso de ir y venir la palabra sufre cambios que pueden ser considerados como desarrollo en sentido funcional. Vygotsky (1987) propone que el lenguaje que acompaña la acción cumple distintas funciones. A veces un mero acompañamiento sonoro que subraya y refuerza los puntos culminantes de la actividad. Para Vygotsky las palabras tienen un papel destacado tanto en el desarrollo del pensamiento como en el desarrollo histórico de la conciencia en su totalidad. Vygotsky citado por Santiuste (1990) considera la socialización como la estructura fundamental de la formación lingüística.

Vygotsky (1987) señala en su teoría que las palabras dan forma a ese sistema de signos que llamamos lenguaje, el cual lejos de ser estático y universal, es dinámico, cambiante y flexible. En el lenguaje se permite la codificación y decodificación de significados. Además, puede considerarse como una herramienta de reconstrucción del pensamiento. Precisamente uno de los planteamientos centrales de la obra de este teórico fue presentar la función mediadora del lenguaje como signo en la conducta humana (Siguán, 1987). Los postulados de Vygotsky son interesantes por la importancia que les brindan a las estructuras mentales como parte de la adjudicación de significados a las palabras.

El trabajo de Vygotsky recibió mucha influencia de los postulados de Iván Pavlov sobre el lenguaje como segundo sistema de señales (Ramírez, 1987). Pavlov había señalado que el lenguaje juega un papel importante como mecanismo de abstracción y generalización de señales provenientes del medio externo. Desde esta perspectiva el lenguaje aporta al ser humano una forma peculiar de aprender (Ramírez, 1987).

Más allá de las ideas del aprendizaje asociativo de la Gestalt y de la linealidad mecánica del estímulo-respuesta de los conductistas pavlovianos, Vygotsky lleva su pensamiento hacia una visión constructivista del conocimiento, en la que se advierte una relación dialéctica —no una mera relación causal— entre el entorno histórico y cultural y el individuo. Una relación dialéctica y, por consiguiente, dinámica, que acompaña al ser social durante su existencia, período en el que se depuran los procesos cognitivos. Hay, pues, un espacio para el protagonismo o la autonomía negociadora del individuo con su entorno, para la construcción de su propio conocimiento, de su propia cosmovisión. Pudiéramos decir que es la formación social de la mente, la cual estará enmarcada por las experiencias adquiridas desde la niñez.

En esta fase, el individuo desarrolla aquellos mecanismos mentales que le permiten entender y relacionarse con el ambiente social y cultural según los postulados de Vygotsky. Para que la interacción (ambiente-individuo) se produzca es necesario un proceso de mediación a través de instrumentos de comunicación como la lengua, los símbolos y otras extensiones comunicativas o instrumentos conectivos de una sociedad dada con el individuo que accede a ella. Vygotsky habla de los instrumentos de mediación —el conjunto de las manifestaciones culturales— como herramientas psicológicas armadas mediante los signos, que hacen a la interacción comprensible y asequible.

Rol del significado en la estructura del lenguaje

Tratar de entender el origen y el desarrollo del estudio del significado de las palabras y de las oraciones como expresiones del lenguaje natural es, sin lugar a duda, una tarea ardua. Sin embargo, es meritorio reflexionar sobre las implicaciones que tiene el significado de las palabras en la reconstrucción del pensamiento y en la predisposición de conductas de un receptor.

De acuerdo con Berlo (2000) el lenguaje incluye un sinnúmero de símbolos significantes, pero también algo más. El lenguaje es un sistema que implica tanto los elementos como las estructuras. Como en todo sistema, podemos definir las unidades elementales y estructurales a distintos niveles, según el propósito. A todo nivel, empero, el lenguaje comprende un conjunto de símbolos (vocabulario) y los métodos significativos para combinar esas unidades (sintaxis). Una gramática es la descripción de las características de la estructura del lenguaje. Para que esos símbolos significantes tengan sentido dentro de los postulados de Berlo, es meritorio definir los términos codificación y decodificación, los cuales son necesarios entender como parte de este proceso de introspección teórica.

Moreno (1983, p. 26) define codificación como «trabajo a realizar por el comunicador. Consiste en convertir los conceptos o significados en un conjunto o serie de significantes agrupados de acuerdo con las reglas del código en cuestión. Todo proceso de codificación implica la elección y actualización de ciertas alternativas o posibilidades comunicativas establecidas y definidas ya por el código». Sobre el término descodificación, se entiende por la «operación propia del perceptor, que es precisamente inversa al trabajo del comunicador, pues consiste en convertir los significantes en significados apoyándose en el código» (Moreno, 1983, p. 30). Rodrigo (1995) ha sustituido el término decodificación por el de interpretación debido a la identificación de tres niveles dentro del proceso:

• Acústico-fonemático-silábico.

• Gramático-semántico-estilístico.

• Axiológico.

De acuerdo con Rodrigo (1995), la decodificación no sería una operación sino un conjunto de operaciones de identificación, de interpretación y de valoración. La identificación se producirá en el nivel acústico-fonemático-silábico. La interpretación en el nivel gramático-semántico-estilístico y el asunto de la valoración por su parte se dará en el nivel axiológico. Este enfoque de Rodrigo trastoca los lineamientos que han caracterizado a través de los años los estudios sobre decodificación dentro del proceso de comunicación. Sin embargo, brinda la oportunidad de repensar en los conceptos que autores como Berlo, entre otros, han utilizado para describir el proceso de comunicación.

Mignot (1996) expone que un código puede ser definido como un sistema de señas que establece correspondencias entre un universo del significante y universo del significado. Codificación y decodificación no son únicamente operaciones de traducción de un repertorio a otro, sino procesos de significación. El emisor codifica su mensaje asociándole una señal. La descodificación lograda por el receptor consiste en buscar el sentido que se le quiere transmitir. Las dos operaciones se logran gracias a las correspondencias establecidas por el código entre las divisiones del campo semántico (conjunto de señales pertenecientes a un código) y las del campo noético (conjunto de señales admitidas por el código).

El conocimiento del código permite al receptor identificar el mensaje recibido con una clase de señales, con un significante y atribuirle el significado correspondiente. El significado que se le otorga al lenguaje expresado a través de un símbolo puede variar de un individuo a otro, incluyendo al desarrollador de un texto —que podríamos catalogar como emisor—, el cual tiene la responsabilidad de comunicar un mensaje que pretende acción por parte del receptor. Sin embargo, esa acción estará determinada por los preceptos que rigen al receptor, quien tendrá la potestad finalmente para determinar el curso de acción a seguir.

No debemos olvidar el planteamiento de Vygtoski que indica que el lenguaje es como una herramienta de reconstrucción del pensamiento. Podemos inferir que dicha reconstrucción estará enmarcada por el significado que le otorgamos a los símbolos y que rigen en nuestras vidas desde el nacimiento. El significado de un signo lingüístico puede ser definido, en principio, como la información que, a través de él, se transmite en el acto de comunicación (Hernando, 1995). Dicho acto de comunicación debería estar influenciado por la presencia de los elementos socioculturales inmersos en el emisor y receptor de la información, los cuales, al momento de enviar o recibir un mensaje, utilizarán como marco de referencial los preceptos que han adquirido a través de su desarrollo para otorgar significados a conceptos gramaticales.

Cada palabra puede tener un posible significado para nosotros. La interpretación que le damos a un significado en un momento dado puede que afecte las verdaderas intenciones comunicativas de la estructura gramatical que es puesta ante nuestra consideración. Por tanto, es meritorio exponer las dimensiones del significado utilizadas por Berlo, ya que nos ayudará a entender los elementos intrínsecamente relacionados a los estudios del lenguaje como herramienta de reconstrucción del pensamiento. De acuerdo con Berlo (2000) no se debe olvidar que los significados se encuentran en la gente, ya que cada individuo tiene sus propias concepciones de la definición que se le puede otorgar a un término en un momento dado; no obstante, está indicado que podemos separar ciertas dimensiones del significado.

Entre las dimensiones expuestas por Berlo (2000) se encuentran:

1. Significado denotativo. Actualmente existe entre la gente, pero nosotros podemos abstraerla y generalizar sobre ella para todos los usuarios de un determinado lenguaje. Berlo utiliza como ejemplo el uso de la palabra pelota, la cual denota o se refiere al objeto pelota. Las relaciones entre dichos vocablos y los correspondientes objetos adquieren sentido.

2. Significado estructural. Está basado en una relación entre unos signos y otros. El dominio del significado estructural es la realidad formal, no la realidad física. Entre los significados estructurales Berlo menciona a) la cantidad —singular o plural— y b) persona —primera, segunda o tercera—. En la expresión: «Muchos táranos tienen un ave», el significado formal para la s en la palabra tárano es más de uno y el significado formal para la palabra tienen es, así mismo, más de uno.

3. Significado contextual. Otorgar significado a una palabra particular. Es un medio que ayuda a definir palabras nuevas al receptor, pero que la fuente siente que debe usar en la comunicación de un determinado tema. Un ejemplo que podríamos utilizar para apoyar lo que es un significado contextual sería el término elocuente, el cual puede representar para algunos versado como para otros hablador. Las experiencias sociolingüísticas inmersas en el receptor o emisor determinarán el significado contextual que finalmente se le otorgue a un término.

4. Significado connotativo. Es la relación entre un signo y un objeto, pero involucra a las personas más que otros tipos de significados. Berlo lo define como una relación entre un signo, un objeto y una persona. Está orientado hacia las personas. Cuando utilizamos palabras que son altamente connotativas, debemos poner una atención especial para asegurarnos de que el receptor habrá de significar algo mediante ellas, probablemente lo que nosotros intentamos que signifique. Si el término tiene diversas connotaciones podría causar problemas al receptor al momento de tratar de otorgar un significado al vocablo.

Utilicemos como ejemplo las características lingüísticas de Puerto Rico y la República Dominicana. Ambos países tienen sus elementos diferenciales, en gran parte, por el carácter sociopolítico histórico y prevaleciente en estas islas del Caribe. Dicho aspecto puede tener alguna influencia durante el desarrollo y envío de mensajes que pretenden ser dirigidos a la población general de Puerto Rico. La posible sustitución de significados inmersa en un proceso de decodificación por parte de receptores con culturas heterogéneas (puertorriqueños y dominicanos) y conocimientos diversos podría tener alguna influencia en la comprensión de una estructura lingüística que pretende acciones en la población.

De acuerdo con Belinchón, Riviére e Igoa (1996, p. 188) «los aspectos fundamentales del lenguaje se adquieren en un breve lapso de tres o cuatro años, que se produce en la fase (de los 12-18 meses a la edad escolar) a la que Piaget denomina periodo preparatorio. Durante esa fase, es posible adquirir, con extraordinaria facilidad, cualquier lengua a la que se esté expuesto. Además, se adquiere un vocabulario muy amplio a un ritmo aproximado de una palabra por cada hora que una persona a esa edad se pasa despierto, llegando a adquirir por lo menos, unos 15 000 elementos léxicos».

En Puerto Rico el alto nivel de interferencia del inglés, por su relación con los Estados Unidos, es marcado y se puede inferir que ha impactado en el proceso de desarrollo de significado lingüístico descrito por Belinchón et al., como período preparatorio. Se puede observar un deterioro alarmante en el uso del español que se manifiesta con la gran cantidad de anglicismos y giros gramaticales extranjeros inmersos en el habla y la escritura de los puertorriqueños. Si utilizamos como ejemplo palabras relevantes al tema de la salud podemos encontrar que la historia lingüística de Puerto Rico se ha encargado de otorgar ciertos significados a varias enfermedades como, por ejemplo: monga y gripe (catarro), falfallota (papera), sarango (sarampión), viruela brava (varicela), acartonao (tuberculosis), agilao (pálido), y tísico (tuberculoso), entre otras.

En el caso de la República Dominicana su particularidad lingüística está supeditada por la zona geográfica de referencia. Cabe señalar, que el español dominicano al igual que el castellano latinoamericano presenta fenómenos fonéticos, morfosintácticos y lexicales, que regularmente se presentan en los estudios dialectales hispánicos. Algunas de estas palabras son descritas con otros términos en Puerto Rico. A continuación, algunas de las palabras que son denominadas en Puerto Rico de una forma y en República Dominicana de otra (véase figura 1.8).

Figura 1.8 Denominación de algunas palabras en Puerto Rico y República Dominicana Ríos (2009). Denominación de palabras en Puerto Rico y República Dominicana.



Según Raiter (2003) el significado de una oración no depende exclusivamente de la suma de los significados de los signos/palabras en ella contenidos. El significado depende tanto de las palabras que la componen como del contexto comunicativo. Por ejemplo, en: «La casa es bonita», todo parece indicar que independientemente del contexto, esta oración siempre indicará una relación, entre casa, signo del que es fácil indicar de modo no ambiguo un referente como vivienda, y determinada cualidad de estética de belleza. Esta relación indica que esa propiedad es un atributo del sujeto gramatical.

Raiter utiliza el aspecto contexto comunicativo como ente importante al momento de asignar un significado a las oraciones o palabras. El elemento contexto comunicativo defendido por Raiter va en línea con la exposición que hace David Berlo sobre el significado contextual y su rol en la comprensión de un mensaje. Podemos apreciar cómo ambos autores utilizan el elemento contexto en la formulación de un significado, el cual podría ser catalogado como la esencia del lenguaje. El contexto que finalmente otorgue una persona a algún signo o estructura gramatical podría tener implicaciones en la interpretación que se dé a una estructura lingüística.

Ramírez (1987) ha realizado varios trabajos sobre el lenguaje y su función mediadora en el proceso de pensamiento. Señala que el lenguaje está preñado de conceptos generales que pertenecen al conocimiento y a la experiencia humana. Añade que, así como las herramientas de trabajo cambian históricamente, también los instrumentos del pensamiento varían históricamente. Del mismo modo que nuevas herramientas de trabajo dan lugar a nuevas estructuras sociales, nuevas herramientas de pensamiento dan lugar a nuevas estructuras de pensamiento. Una reformulación en el pensamiento influenciado por el significado que tengamos de lo que nos rodea puede representar un cambio en la visión y expectativas de uno mismo, de su entorno y su futuro.

Los lenguajes o códigos están integrados por dos sistemas paralelos: el de los significantes y el de los significados, entre los cuales se establece una serie de correspondencias reguladas. A todo significante corresponde por lo menos un significado. Se ha discutido mucho sobre si la relación entre significado y significante es arbitraria o no. Saussure ha dominado la teoría de la relación arbitraria entre significante y significado pero enfocado en el signo verbal. Para Saussure (2007, p. 144), «el lazo que une el significante al significado es arbitrario; o bien, puesto que entendemos por signo el total resultante de la asociación de un significante con un significado». De acuerdo con Saussure (2007) la palabra arbitrario necesita una observación. No debe dar la idea de que el significante depende de la libre elección del hablante, implica que es inmotivado, es decir, arbitrario con relación al significado, con el cual no guarda en la realidad ningún lazo natural.

La importancia de las raíces sociales de los símbolos ha sido destacada por otros expertos interaccionistas como Mead y sus seguidores, los cuales han denominado interaccionismo simbólico a este campo de estudio (Blumer, 1982). La perspectiva de estos investigadores es importante, porque permite comprender para qué se realizan símbolos (y lenguaje) y no solo en qué consisten. De este modo abren una vía de reflexión que es básica para comprender la naturaleza funcional que tiene el propio lenguaje.

Luria (1984) citado por Valery (2000), expone que el lenguaje escrito es el instrumento esencial para los procesos de pensamiento, incluyendo que, por una parte, operaciones conscientes con categorías verbales, permitiendo, y, por otra parte, volver a lo escrito garantiza el control consciente sobre las operaciones que se realizan. Todo esto hace del lenguaje escrito un poderoso instrumento para procesar y elaborar el proceso de pensamiento. Las relaciones semánticas de los símbolos pueden tener algún tipo de influencia en las percepciones de los individuos y en la posible identificación de significados. Dicho asunto ha sido atendido por innumerables autores entre los que se encuentran Saussure (2007), Lozano (2007) y Marín (2001).

Cuando a un solo significante le corresponde un solo significado (como en cenicero, electrón o reloj) la eficacia de la comunicación podría ser considerada como óptima. A esto, los expertos en el estudio del lenguaje le llaman monosemia, ya que se da una relación unívoca entre el significante y el significado (Hernando, 1995). Sin embargo, en las lenguas naturales se producen otros tipos de relaciones como lo es la polisemia donde a un significante puede corresponder a varios conceptos. Este fenómeno favorece la economía del lenguaje, ya que una misma palabra, como cuarto, por ejemplo, puede expresar distintos conceptos. La polisemia, por otro lado, puede producir ambigüedad, como en: «Me esperó con un arco en la mano», donde, en principio, no se sabe si arco se refiere al arma o al instrumento musical, hasta deducirlo por el contexto o la situación.

Se habla de homonimia en los casos en que dos o más palabras distintas tienen el mismo significante. De acuerdo con Hernando (1995) la identidad de la palabra puede ser solo acústica (vasto y basto) o acústica y gráfica (vino: bebida procedente de la uva, y vino, tercera persona del singular del pretérito indefinido del verbo venir). La homonimia es consecuencia de la evolución fonética, ya que los significantes de las palabras llegan, por evolución, a hacerse idénticos. Los significados de palabras homónimas son totalmente dispares, mientras que los significados de un término polisémico guardan siempre una relación más o menos clara entre sí.

Otro de los elementos que debemos atender como parte del análisis de las estructuras semánticas y su impacto en el significante y por consiguiente en el significado es la sinonimia, la cual puede producirse, según los casos, entre palabras (retama e hiniesta), entre palabras y palabras derivadas (pizarra y encerado), entre palabras y palabras compuestas (anís y agua ardiente) o entre palabras y frases: morir o pasar a mejor vida. Se considera que la sinonimia tiene un valor relativo que atañe a uno de los significados de la palabra, pero no a todos.

Por otro lado, tenemos la metonimia, la cual consiste en la transformación del nombre, por contigüidad de significado, del lugar de origen del producto (valdepeñas, campana), del continente al contenido (tomarse una copa, comerse una cazuela de chipirones), del inventor a la cosa inventada (voltio, amperio), de una parte del todo (ha vendido treinta cabezas de vacuno) o de un individuo a la especia (celestina, quijote).

Existen palabras que tienen significados opuestos. El fenómeno recibe el nombre de antonimia, la cual se refiere a los términos de una oposición entre cuyos extremos cabe la existencia de grados intermedios: frío y caliente. Cuando los significados de otras palabras guardan entre sí una relación se le conoce como hiperónimo (fruta es hiperónimo de manzana) mientras que los hipónimos son considerados subordinados o incluidos (violín es hipónimo de instrumento musical).

Reconocer las diferencias entre monosemia, polisemia, homonimia, sinonimia, metonimia, antonimia, hiperónimo e hipónimo, nos permite entender un poco más las relaciones colaterales que pueden estar inmersas en un lenguaje sea verbal o escrito. La idea de que el origen de los símbolos reside en el desarrollo social y comunicativo, y no solo en el de las competencias cognitivas generales, establece una diferencia clara entre esta perspectiva interaccionista y las posiciones mantenidas por Jean Piaget.

De acuerdo con Belinchón et al. (1996) Piaget identifica, en gran parte, las nociones de función simbólica y de representación. Además, tiende a establecer, como criterio esencial de la representación, la capacidad de establecer un mundo objetivo, es decir, de objetos con una consistencia permanente, independientemente de la percepción inmediata y de las versátiles apariencias (y desapariciones) de los estímulos que se brindan a los sentidos. Establece así un requisito importante para el desarrollo de la función simbólica, que es la capacidad de evocar lo ausente. O sea, darle significado a una palabra basado en los esquemas de pensamiento que están presentes en nuestra mente y que han sido configurados desde la niñez como parte del proceso de socialización defendido por Vygotsky.

El lenguaje desde una perspectiva intercultural

De acuerdo con Meyin (1981), el lenguaje es el medio colectivo de comunicación del pueblo y, por lo tanto, símbolo externo de su integridad cultural y nacional desarrollada históricamente. La escuela histórico cultural y la psicología crítica merecen el crédito por haber destacado este aspecto esencial del lenguaje. Por medio de su método de acercamiento histórico, y basándose en el concepto marxista del proceso de la autogénesis del hombre mediante el trabajo social, fue posible dar contenido a la relación dialéctica entre actividad, conciencia y lenguaje, y con estos, a la definición del lenguaje como conciencia efectiva práctica. Meyin (1981) destaca tres propiedades del lenguaje, que ha formulado la escuela histórico cultural y basándose en ella, la psicología crítica:

1. La característica del lenguaje de remitir a la actividad vital humana, a la cual debe, a la vez, su existencia. Solo recurriendo sistemáticamente a lo otro del lenguaje, a las condiciones del mundo y la derivación de su significado a partir de la realidad histórico-social, se pueden hacer afirmaciones sobre las cualidades de las simbolizaciones lingüísticas y sobre las condiciones y los resultados de la interacción del lenguaje en la realidad.

2. La función del lenguaje consiste en captar las experiencias sociales en forma conceptual, y universal y hacerlas comunicables para conservarlas históricamente.

3. Como portador conceptual de experiencias sociales, el lenguaje orienta respecto a la manera de crearse las experiencias sociales nuevas, mientras que, como portador de experiencias históricamente distantes introducen estas en las experiencias nuevas; es decir que las experiencias nuevas se forman a través del concepto. En tal sentido el lenguaje no solo mira hacia el pasado, sino que, por ser portador de conocimientos sociales, se debe considerar como factor esencial de la anticipación de futuras actividades vitales y de su realización.

La hipótesis de Edward Sapir y Benjamin Whorf establece que la estructura del lenguaje de una cultura influye en la conducta y hábitos de pensamiento de ella (Moreno, 1983). Esta hipótesis sostiene que el lenguaje estructura las percepciones y moldea la manera de pensar, sentir y actuar de los miembros de una sociedad y que se forman en un medio cultural primordialmente lingüístico (Fernández, 1999). La cultura acondiciona y estructura nuestros procesos perceptuales, influenciando los estímulos que recibimos y la interpretación que le damos a estos (Samovar, Porter y Jaín, 1988).

Los preceptos establecidos en la hipótesis de Edward Sapir y Benjamin Whorf conjugan adecuadamente con la teoría de Vygotsky que dan particular atención al génesis del ser humano en la reconstrucción del pensamiento. Danis citado por Meyin (1981) indica que el lenguaje no solo sirve de medio de comunicación, sino también de medio de pensamiento y conocimiento, y por eso desempeña, además, un papel activo en la estructuración de la conciencia humana. Para una representación del proceso de identificación, debemos referirnos no solo a la acción material o lingüística en la cual se define un individuo respecto a la sociedad, sino también al lenguaje mismo. El lenguaje, pues, no solo es el medio de comunicación en el cual se efectúa la formación de la identidad, sino a la vez, el medio que forma la identidad.

Los sistemas comunicativos que utilizan unas culturas se manifiestan por medios lingüísticos y extralingüísticos —paralenguaje, kinésica, proxémica, cronímica, etcétera— (Poyatos, 1971). Guns (citado por Flores Caraballo, 1991) argumenta que la transmisión de la cultura por estos medios les proporciona a las personas: símbolos, mitos, valores e información sobre la sociedad.

Los estudios del lenguaje, a través del análisis de la comunicación intercultural, han esbozado varias perspectivas de pensamiento interesantes. Según expone Rodrigo (1999) la comunicación intercultural es un campo bastante reciente. Esto hace que haya pasado por las vicisitudes habituales conducentes a su consolidación. Si en muchos campos de las ciencias sociales hay problemas de orden epistemológico, ontológico y metodológico, en el caso de la comunicación intercultural estos se acentúan por las propias características del objeto de estudio. Con el propósito de establecer las diversas oportunidades de estudio que existen en la comunicación intercultural, Gudykunst (1987) establece cuatro diferentes áreas de estudio:

1. La comunicación intercultural es la comunicación interpersonal entre pueblos con diferentes sistemas socioculturales, y/o la comunicación entre miembros de diferentes subsistemas —por ejemplo, grupos étnicos— dentro del mismo sistema sociocultural. Este tipo de estudio busca la eficacia comunicativa, la competencia comunicativa intercultural.

2. La comunicación transcultural, designada como la comparación entre formas de comunicación interpersonal de distintas culturas. En este caso, se trata de comparar las diferencias entre las propias formas de comunicación de cada cultura.

3. La comunicación internacional, la cual hace referencia a los estudios de las relaciones internacionales en el ámbito de la comunicación de los medios de comunicación masiva. Desde la perspectiva de la política económica de los medios se trataría el orden internacional de la información y la comunicación.

4. La comunicación de masas comparada se centra en tanto el tratamiento diferenciado de la información de un mismo acontecimiento en medios de distintos países, como los efectos que tiene un mismo tipo de programa en cada país.

Podríamos inferir que la diversidad lingüística sociocultural inmersa en poblaciones heterogéneas, como las latinoamericanas, facilitaría que se diera un proceso de comunicación transcultural durante un intercambio de información. Esto propiciaría interpretaciones disímiles en la adjudicación de significados de un mensaje por parte de los receptores.

En 1998, Schutte indicó que la comunicación a través del lenguaje transcultural va más allá de las diferencias del idioma, porque se trata de diferencias en valores, tradiciones, costumbres y visiones del mundo. Para aminorar los problemas de comunicación transcultural hay que comprender los marcos de referencias perceptuales de las personas. Debemos comprender cómo perciben el mundo otros grupos étnicos, ya que esto ayudará a producir mejores resultados en la decodificación de los mensajes. Estudios han demostrado que se debe tomar en consideración la estrategia temática del mensaje organizando tácticamente lo que se quiere decir de diferentes maneras para poblaciones activas y con culturas diversas.

Steinberg (1981) destaca cómo el lenguaje no solo es importante en el intercambio de información, sino que ajusta las actitudes y percepciones culturales. Este indica que los distintivos étnicos no solo perduran después de que la lengua madre ha sido perdida, sino que está igualmente clara como enlace vital con el pasado cultural. La transmisión completa del lenguaje entre segundas y terceras generaciones marca un estado decisivo en la asimilación de los procesos. Para comunicarse efectivamente es importante entender y respetar las diferentes orientaciones culturales que corrientemente influyen en los pensamientos y actos de cada persona (Kreps y Kunimoto, 1994).

Debo distinguir el asunto relacionado a la posible pérdida de aspectos lingüísticos por parte de un receptor. Mucho se ha dicho sobre el proceso de enculturación en personas que inmigran a otros países. La enculturación infiere la adaptación de los aspectos socioculturales de una cultura a otra. Pero ¿cuán inmerso puede estar un ciudadano a ese proceso si mantiene lazos sociales y de residencia con personas de su propio origen? He aquí un cuestionamiento que va más allá de una simple suposición. Los expertos en comunicación deben auscultar si las poblaciones de inmigrantes cautivos en un país, y que mantienen lazos de convivencia común con personas de su mismo lugar de origen, pueden asignar el significado que se pretende en un mensaje no obstante a que las estructuras del lenguaje utilizadas no necesariamente están presentes en su estructura mental regida por la esencia de la cultura.

Samovar et al. (1988) exponen que existe un problema inherente cuando un mensaje es codificado por un miembro de una cultura y decodificado por otra. Esto debido a que los individuos están fuertemente inclinados a aceptar y creer lo que su cultura les ha hablado desde niños. Dicha situación puede inducir a que la gente tienda a ignorar o bloquear aquello que es contrario a sus creencias o realidades culturales.

El medio principal por el que una cultura transmite sus creencias, valores y normas es el lenguaje. Este es un sistema de símbolos aprendido, usado para representar las experiencias de una comunidad geográfica o cultural, además es el principal medio de pensamiento e interacción con otros miembros de una cultura (Rice, D’ Ambra y More 1998). Edward Sapir y Benjamin Whorf van más allá y concluyen que el lenguaje sirve como una guía a la realidad social.

Noam Chomsky (citado por Littlejhon, 1987) define el lenguaje como una estructura que cambia de acuerdo con el contexto cultural. El lenguaje no es solo un idioma: es una estructura gramatical e ideológica. El modo de articular el lenguaje (incluyendo la conducta no verbal) modifica la percepción. El aprendizaje del lenguaje es parte integral del proceso de enculturación desde tres perspectivas: el lenguaje es parte de la cultura, del cuerpo de conocimientos, actitudes y habilidades transmitidos de una generación a otra; el lenguaje es el medio primario a través del cual otros aspectos de la cultura se transmiten; y, por último, el lenguaje es una herramienta que puede usarse para explorar y manipular el ambiente social y establecer el estatus y las relaciones dentro de él.

Gallois y Callens (1997) mencionan cómo el lenguaje en muchas culturas es usado cuando la gente quiere obtener ideas e información eficientemente, aunque estos no sean necesariamente efectivos en la realización de dicha tarea. Podemos inferir de lo expuesto por Gallois y Callens que el lenguaje es fácil de recordar cuando sigue reglas estrictas de la propia cultura. Si este difiere de los valores y reglas dadas por la cultura que recibe la información puede haber interferencias en la interpretación y por consiguiente adjudicación de significados.

En suma, se puede deducir luego del análisis teórico realizado que las características propias del lenguaje, incluyendo el aspecto cultural inmerso en su estructura, pueden tener alguna injerencia significativa en los resultados finales de un proceso de comunicación social. Es importante entonces que los expertos del campo de la comunicación profundicen sobre las teorías del lenguaje y culturales para que de esta forma puedan integrar a sus esfuerzos los conocimientos derivados de estos planteamientos teóricos. Al así hacerlo, promueven que haya equidad del lenguaje en un proceso de intercambio de información, incrementando las probabilidades de lograr los objetivos de la comunicación.

2.3 Actividad

Realizar un diagrama de flujo.

¿Qué es?

Es un diagrama jerárquico que permite identificar un proceso. Tiene una simbología específica para una adecuada lectura.

La simbología se compone básicamente de:

• Óvalo: Inicio y término del proceso.

• Rectángulo: Actividad o procedimientos.

• Rombo: Decisión, formula una pregunta o cuestión.

• Círculo: Conector, es el enlace de actividades dentro de un procedimiento.

• Flechas: Indican la direccionalidad del proceso.

¿Cómo se realiza?

a. Se identifica el proceso a ilustrar.

b. Se elabora una lista de pasos, actividades o subprocesos que conforman el proceso.

c. Se establece qué se espera del proceso.

d. Se formulan preguntas clave de los subprocesos.

e. Se elabora el diagrama de flujo con base en la simbología predeterminada.

f. Se verifica el proceso.

¿Para qué se utiliza?

El diagrama de flujo permite:

• Esquematizar procesos que requieren una serie de actividades, subprocesos o pasos definidos y sobre los cuales hay que tomar decisiones.

• Analizar un proceso.

• Plantear hipótesis.

• Enfocar al aprendizaje sobre actividades específicas, en esa labor auxilia al profesor y al estudiante.

• Redefinir procesos de acuerdo con los resultados de haberlo implementado.

TEMA 3

LA ACCIÓN COMUNICATIVA COMO UNA FORMA DE ENTENDER LA INTEGRACIÓN DE LA SOCIEDAD

3.1 La teoría de la acción comunicativa

Habermas y la teoría de la acción comunicativa

Introducción

Jürgen Habermas es, sin lugar a duda, uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. Proveniente de una formación en filosofía, este autor ha desarrollado significativos aportes en la Teoría Sociológica moderna, fundamentalmente, a partir de sus teorías sobre la Democracia deliberativa y la Acción comunicativa. Para muchos pensadores, Habermas es uno de los intelectuales más influyentes de la llamada segunda generación de la Escuela de Frankfurt en Alemania.

Su obra proviene de una influyente tradición de investigación seguida por los intereses de esta escuela de pensamiento, los cuales apuntaban al análisis de la racionalidad, el sujeto, los regímenes políticos, la democracia, la modernidad, la dialéctica, entre otros. En este contexto, el trabajo de Habermas estuvo dirigido a explicar y superar las contradicciones entre los métodos materialistas y trascendentales en torno: a una nueva teoría crítica de la sociedad, a retomar la teoría social marxista contemplando las posturas individualistas propias del racionalismo crítico, y en torno al análisis de las relaciones entre los fenómenos socio-estructurales culturales con los psicológicos y de la estructura económica de la sociedad moderna.

En términos generales, el pensamiento Habermasiano ha contribuido significativamente en la filosofía analítica del lenguaje, en el desarrollo de la hermenéutica desde de la polémica con Gadamer sobre su pretensión de universalidad (García, 2006), en el llamado giro lingüístico de la Teoría Crítica (McCarthy, 1987) y en la discusión con Niklas Luhmann sobre los fundamentos de una teoría comprehensiva de la comunicación social (Leydesdorff, 1999). Para variados autores, (McCarthy, 1987; Ureña, 1998; Vallespín, 1995), la obra de Habermas ha logrado consolidar la relación entre el análisis fenomenológico y trascendental dentro de una teoría materialista de la evolución social, entendida como parte de una teoría reflexiva trascendental de sabiduría emancipadora social reflexiva a partir de la evolución cultural. En este sentido, la naturaleza empírica y trascendental de esta sabiduría constituye la base del pensamiento crítico bajo esta perspectiva.

La idea de sabiduría emancipadora constituye un referente de la acción social. En este sentido, Habermas analiza las condiciones de la racionalidad de la acción social a partir de la interacción basada en el uso del lenguaje, apoyado en el principio de que la razón subyacente en la acción de los sujetos es una propiedad de las estructuras de comunicación, más no de los individuos por sí solos. En esta idea reside la posterior crítica a la sociedad capitalista moderna, en términos de las maneras en que somete y debilita la autonomía y la racionalidad del individuo, operando a través de la substitución de la racionalidad comunicativa por una racionalidad tecnológica, y finalmente, en la idea de la ética comunicativa como idea de base para consolidar la deliberación pública como una práctica política que oriente a la sociedad hacia una realización integrada (emancipadora).

La obra titulada como Teoría de la acción comunicativa es una de las más trascendentales de Habermas, ya que en este trabajo analizó y desarrolló los fundamentos racionales de una teoría de la acción capaz de superponerse al subjetivismo e individualismo propios de la filosofía moderna de la época. Además de eso, en esta obra logró construir una teoría comprehensiva de la sociedad y de la comunicación social a partir de los conceptos de sistemas y mundo de la vida. Finalmente, Habermas logró construir una teoría crítica de la modernidad a partir del proyecto original sobre ella misma, sugiriendo nuevas vías para reconstruirlo. Dicho todo esto, cabe señalar que este apartado intenta abordar los principales tópicos presentados en el libro Teoría de la acción comunicativa. En la primera parte se analiza el contexto en que Habermas produjo esta sustancial obra, luego se hace una revisión de los dos volúmenes que componen esta obra: Racionalización de la acción y racionalización social y Crítica de la razón funcionalista. Finalmente se analiza la vigencia de esta obra en el análisis de la comunicación y se presentan dos conclusiones.

Habermas y la teoría de la acción comunicativa

Uno de los hechos significativos dentro de la producción teórico-analítica de Habermas se expresa en la influencia del pensamiento de Karl Marx, sobre todo, a partir de la pretensión de establecer una teoría empírica de la evolución de la sociedad. En este sentido, comenzó adoptando la noción de praxis, que define la acción o práctica fundamental por la cual el ser humano accede o se realiza en el mundo, con la pretensión de reformularla al considerarla reduccionista en el caso marxista (Habermas, 1976), debido a que solo consideraba al trabajo, lo que le daba un sesgo tecnicista asociado a la preeminencia de la racionalidad instrumental. Según Habermas, esto denotaba una carencia de otra dimensión fundamental de la praxis humana: la acción comunicativa y sus efectos simbólicos (Habermas, 1976, 1985a, 1985b y 1987b). Por ello, si bien su pensamiento se origina con la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt, este es un elemento distintivo que lo distancia de autores como Adorno y Horkheimer, y que proyecta su visión hacia una teoría social sobre las dinámicas del capitalismo avanzado.

En esta nueva praxis que entiende Habermas, están los cimientos de su propia teoría de la acción comunicativa, ya que este principio le permitió integrar la filosofía del lenguaje con la explicación sociológica en una teoría crítica del capitalismo moderno. Siguiendo esta línea, su primer gran análisis se vio expresado en la obra Historia de la opinión pública, (Habermas, 1981a) en donde sienta las bases del concepto de esfera pública y da cuenta de sus grandes transformaciones estructurales en la época moderna desde el ideario planteado en la ilustración, logrando establecer una nueva visión explicativa de este fenómeno expresada entre la existencia de dos espacios de opinión pública: el manipulado y el crítico.

Posteriormente, en su obra: Teoría y praxis. Estudios de filosofía social (Habermas, 1987a), Habermas retoma su preocupación por la interacción social mediada por el lenguaje como una dimensión constitutiva de la praxis humana, no solamente como una acción fundamental, sino que, además, se propone argumentar porqué en este tipo de acción reside el verdadero cambio social, no como en el marxismo en donde este venía desde el trabajo.

A diferencia de autores como Adorno, Horkheimer y Gramsci, Habermas planteó que este tipo de cambio debía darse en un ámbito simbólico, en un ámbito comunicativo de interacción y entendimiento entre los sujetos. En este contexto, en 1981 va a publicar su gran obra: La teoría de la acción comunicativa (1987b y 1987c). Conformada por dos tomos en donde se propone analizar la racionalidad de la acción, la racionalización social y una crítica a la razón funcionalista, intentando explicar su concepción sobre el conocimiento del sujeto y sus dinámicas de interacción en la conformación de la sociedad a partir de una teoría comprehensiva integradora de las dinámicas subjetivas a partir de la noción de mundo de la vida, y de la comunicación desde la noción de sistemas. Finalmente, cabe señalar que esta obra es la base de sus análisis y reflexiones posteriores sobre la ética, la democracia deliberativa y la consolidación del Estado en la sociedad moderna. Asimismo, de importantes y reconocidos trabajos posteriores como Facticidad y validez (Habermas, 1998) respecto de los usos del conocimiento en la interacción social.

La racionalidad comunicativa y la crítica al funcionalismo

La teoría de la acción comunicativa es una obra compuesta por dos volúmenes titulados Racionalidad de la acción y racionalización social y Crítica de la razón funcionalista. En este trabajo, Habermas realizó un análisis detallado sobre la teoría de la acción y sus fundamentos racionales en torno a tres tópicos. En primer lugar, analizar y construir una concepción de racionalidad de la acción más allá de los principios individuales y subjetivistas imperantes en el pensamiento de la época. Luego, analizar la concepción de una teoría comprehensiva de la interacción social a través del análisis integrado de dos niveles paradigmáticos definidos como mundo de la vida y sistemas sociales. Finalmente, analizar los fundamentos de una nueva teoría crítica de la modernidad vislumbrando nuevos escenarios para reconstruirla en torno a las finalidades estipuladas en sus orígenes en la época ilustrada. A continuación, se presenta un análisis sobre los principales tópicos abordados por Habermas en cada uno de los volúmenes de su obra:

Racionalidad de la acción y racionalización social

La primera gran pretensión de Habermas, en esta primera parte de la presentación de su teoría, apunta al análisis de la racionalidad. Si bien este tema venía siendo tratado por la filosofía en torno a las opiniones y acciones de los sujetos, Habermas se propone reinterpretar estos análisis intentando ampliarlos en su dimensión social en torno al fenómeno de la comunicación en la interacción humana. En este sentido, el autor se refiere a la necesidad de contar con la Sociología como una disciplina capaz de explicar las modalidades estructurales que determinan el comportamiento de los sujetos, sobre todo a nivel de los planos simbólicos como determinantes de la acción. Asimismo, se refiere a la importancia que tiene la Antropología en el análisis de la conformación y devenir de la cultura como un factor esencial para explicar la producción y permanencia de estos planos simbólicos antes mencionados. La figura 1 muestra una relación que Habermas denomina como de correspondencia entre las Ciencias Sociales y los Subsistemas Sociales, que corresponden a espacios comunicativos identificables debido a la presencia de códigos específicos o patrones comunicativos:

Figura 1.9: Correspondencias entre las Ciencias Sociales y los Subsistemas Sociales



Es interesante constatar la relación que se establece entre la Sociología y Antropología cultural con la comunidad y el concepto de cultura respectivamente. Habermas diferencia estos espacios, en tanto afirma que el espacio comunitario o la vida societal responden a un tipo de acción que se define en la integración societal. Es decir, en un plano más ampliado, a diferencia de la Antropología cultural —que, si bien se especializa en una forma de relación específica o, en términos de Bourdieu, en un campo determinado como lo es la Cultura— ofrece la posibilidad de comprender y analizar los patrones estructurales de los sujetos. En esta idea reside lo que Habermas va a llamar como mundo de la vida, que se compone de tres aspectos: la cultura, la sociedad y la personalidad. Cada uno de los cuales, hace referencia a pautas interpretativas o suposiciones sobre cómo la cultura ejerce una influencia sobre la acción, sobre cómo se van estableciendo pautas determinadas en las interacciones sociales de los sujetos y finalmente, cómo se estructura un modo de ser de los individuos.

Esta es una idea trascendental para comprender la raíz de la teoría de la acción comunicativa, ya que Habermas sostiene que a través de este tipo de interacción logrando la realización y comprensión de cada uno de estos elementos, posibilita la reproducción de los mundos de la vida de los sujetos y refuerza a la cultura como un subsistema de representación de la realización de la vida social. En esta idea está la crítica implícita del autor a la modernidad, ya que, si bien estos componentes han estado presentes desde las sociedades arcaicas, en el devenir de la modernidad se ha tendido a su racionalización, lo que ha implicado la creciente diferenciación entre la cultura, la sociedad y la personalidad.

A partir de esta idea base se desarrolla un análisis al concepto de racionalidad y su evolución desde la hermenéutica clásica. Habermas concibe que uno de los descubrimientos que se constatan en la sociedad moderna tiene que ver con la relación entre el saber y la racionalidad expresada en la acción comunicativa: «La estrecha relación que existe entre saber y racionalidad permite sospechar que la racionalidad de una emisión o de una manifestación depende de la fiabilidad del saber que encarnan» (Habermas, 1987b, p. 24). Es decir, existe una racionalidad propia de este tipo de interacción que permite cuestionar la veracidad de ciertos saberes racionales en las sociedades. Con base en esta idea, Habermas analiza las formas y tipos de argumentación que son posibles de establecer con sus respectivas consecuencias asociadas, y lo aplica para comparar la forma de comprensión mítica con la comprensión moderna del mundo.

A partir de esta crítica, Habermas comienza a referirse a los primeros supuestos sobre la filosofía del lenguaje en torno al análisis de las consecuencias y posibilidades que se desprenden en el intercambio de códigos simbólicos en torno a la realización del mundo de la vida: «al actuar comunicativamente los sujetos se entienden siempre en el horizonte de un mundo de la vida. Su mundo de la vida está formado de convicciones de fondo, más o menos difusas, pero siempre aproblemáticas. El mundo de la vida, en tanto que trasfondo, es la fuente de donde se obtienen las definiciones de la situación que los implicados presuponen como aproblemáticas» (Habermas, 1987b, p. 84). En torno a la idea del mundo de la vida, Habermas plantea la idea de sistema, una idea que toma desde Talcott Parsons y que representa a hechos comunicativos externos al sujeto. Esto se denominó un factor externo configurador de una estructura sistémica.

Tomando en cuenta lo anterior, Habermas sugiere la necesidad de alcanzar una pragmática universal, es decir, un conocimiento (o ciencia) sobre la lingüística capaz de integrar las estructuras (o subsistemas) universales y validados como ciencia del lenguaje, basada en estructuras universalizadas y válidas en cualquier contexto comunicativo como el horizonte de los sujetos. En esta nueva ciencia, para el autor, descansan las condiciones que posibilitan la razón comunicativa. Sin embargo, estas condiciones están determinadas por las modalidades de acción que realizan los sujetos. Por ello, Habermas recurre a la revisión histórica de la Sociología desde Durkheim y formula una tipologización de la acción social:


• La acción estratégica o teleológica: es aquella asociada a una finalidad consciente.

• La acción regulada por normas: es aquella asociada a valores compartidos y legitimados por los sujetos en la vida social.

• La acción dramatúrgica: asociada a la manifestación plena de la subjetividad individual.

• La acción comunicativa: es la interacción entre dos sujetos capaces de comunicarse lingüísticamente y de efectuar acciones para establecer una relación interpersonal.


En esta última modalidad de acción, capaz de concretar una relación interpersonal, Habermas concibe las posibilidades de alcanzar el entendimiento: «El concepto de entendimiento (Verständigung) remite a un acuerdo racionalmente motivado alcanzado entre los participantes, que se mide por pretensiones de validez susceptibles de crítica. Las pretensiones de validez (verdad preposicional, rectitud normativa y veracidad expresiva) caracterizan diversas categorías de un saber que se encarna en manifestaciones o emisiones simbólicas» (Habermas, 1987b, p. 110). Cada una de estas acciones presentadas por el autor están sujetas a modalidades de racionalidad implícitas. Por ello, cuando Habermas analiza la evolución hacia la modernidad, establece una clasificación de las modalidades de expresión del racionalismo en las sociedades occidentales en la modernidad, tal como se observa en la figura 2.1:

Figura 2.1: Formas en que se manifiesta el racionalismo occidental en el momento en que emerge la modernidad




Las formas de racionalismo en la sociedad occidental han determinado predominios de ciertos tipos de acciones sobre otras en la práctica comunicativa. Según Habermas, existen ciertos efectos de acción en la comunicación de carácter locucionario (cuando una persona expresa algo), ilocucionario (cuando una persona expresa algo con el afán de ser comprendido) y perlocucionario (cuando una persona expresa algo con el afán de lograr algo). Estos efectos se encuentran inmersos en lo que el autor denomina elementos pragmáticos formales, tal como lo muestra la figura 2.2:


Figura 2.2: Tipos puros de interacciones mediadas lingüísticamente




La figura 2.2 tipologiza los elementos pragmáticos formales contenidos en cada tipo de acción. En base a esta clasificación, Habermas analiza las acciones sociales predominantes en la modernidad (figura 2.3):


Figura 2.3: Acciones sociales




Habermas concluye que, en la época moderna, la acción estratégica tiende a colonizar espacios de interacción propios de la acción comunicativa, lo que imposibilita la reproducción de los mundos de la vida de los sujetos y deteriora a la cultura como un subsistema de representación de la realización de la vida social, ya que, en el devenir de la modernidad se ha tendido a su racionalización, lo que ha implicado la creciente diferenciación entre la cultura, la sociedad y la personalidad. Además, Habermas concluye realizando una crítica de la razón instrumental sosteniendo que esta se entiende a sí misma como una crítica de la cosificación, analizando el problema de la objetivación y sus consecuencias para la integración social.

Crítica de la razón funcionalista

La crítica a la razón funcionalista es un apartado en donde Habermas se propone analizar en profundidad los principales aspectos de la teoría de sistemas de Talcott Parsons, desde un sentido crítico en torno a la teoría de la acción comunicativa. La primera parte de este segundo volumen está destinada a la explicación de lo que Habermas entiende como un cambio de paradigma en la Sociología respecto del entendimiento de la actividad teleológica hacia la acción comunicativa, en el marco de una nueva teoría comprehensiva de la interacción social. En esta dirección, el autor comienza a explicar la relación entre los sistemas y el mundo de la vida, como un concepto capaz de hacer avanzar a las Ciencias Sociales hacia un sentido comprehensivo de la acción social.

Figura 2.4: Relaciones entre los Actos Comunicativos (AC) con el Mundo de la vida



La figura 2.4, muestra la relación entre lo que Habermas denomina Actos Comunicativos y los Mundos de la vida. Esta relación es ilustrativa para comprender donde se sitúan las distintas modalidades de acción en la vida humana, y, entre otras cosas, como es posible explicar esquemáticamente los espacios en donde se realiza la comunicación interpersonal para el autor. En este sentido, Habermas realiza una crítica a la Teoría de la sociedad de Talcott Parsons ante el problema que existe con su concepción normativista de la acción en términos sistémicos: «Surge así la falsa impresión de que el análisis funcional de los complejos de acción remite per se a la concepción de la sociedad como un sistema autorregulado. Pero si se introduce el concepto de mundo de la vida como complementario del de acción comunicativa y se entiende el mundo de la vida como trasfondo contextualizador de los procesos de entendimiento, entonces la reproducción del mundo de la vida puede analizarse ya bajo diversos puntos de vista funcionales» (Habermas, 1987c, p. 288). Esto es contundente en cuanto a la idea de los determinantes culturales en la orientación de acción de los sujetos, tal como se muestra en la figura 2.5:


Figura 2.5: Determinantes culturales de la orientación de la acción




Ahora bien, lo anterior se complementa con la idea de subsistemas, en el sentido de la necesidad de ciertas funciones para el orden y progreso de las sociedades. Habermas entiende este tema en el sentido de los componentes racionales sujetos a los modos de interacciones y a la tipología de la acción social antes definida. En torno a esta idea, la figura 2.6 muestra cómo las relaciones entre los componentes de las orientaciones de una acción están asociadas a funciones que son captadas por los subsistemas:


Figura 2.6: Funciones y orientaciones de acción




En esta crítica a Parsons, Habermas encuentra el camino para definir su propia concepción de sistema social sujeta a los mecanismos de acciones tipo (presentados en la figura 1.9). Tal como se muestra en la figura 2.7, el sistema social se encuentra definido por un conjunto de acciones y prácticas sociales diferenciadas según racionalidades propias y asociadas de acuerdo con los componentes de las orientaciones que poseen, las cuales están asociadas a funciones específicas que son captadas por los subsistemas:


Figura 2.7: Sistema social




Ahora bien, ¿cómo es que Habermas relaciona esto con la idea de mundo de la vida? La respuesta se expresa en la acción comunicativa, ya que, para el autor, este tipo de acción supone la realización de las dimensiones constitutivas del sujeto (cultura, sociedad y personalidad). Por ello, el autor da cuenta de la condición humana como un esquema que permite entender al ser humano en la realización de todas sus dimensiones esenciales.

A modo de síntesis, Habermas propone una teoría comprehensiva para analizar a la sociedad en torno a dos formas de racionalidad que están de manera simultánea: la racionalidad sustantiva del mundo de la vida y la racionalidad formal del sistema, en donde el primero expresa una dimensión interna del sujeto (cultura, sociedad y personalidad) y el segundo una perspectiva externa expresada en la estructura sistémica. En este sentido, la crítica que se esboza en esta obra tiene que ver con que en las sociedades modernas se han colonizado espacios propios del mundo de la vida, lo que conlleva su desintegración al evolucionar diferenciadamente las esferas que lo componen.


Fundamentos de la acción comunicativa


Para Habermas la acción comunicativa tiene que ver con una determinada concepción de lenguaje y entendimiento: «El concepto de acción comunicativa desarrolla la intuición de que al lenguaje le es inmanente el telos del entendimiento» (1978b, p. 79). Por ello, se propone articularlos como un aspecto central en los aspectos prácticoformales de la teoría de la acción comunicativa con la pretensión de desarrollar una teoría del significado: «En el lenguaje, la dimensión del significado y la dimensión de la validez están internamente unidas la una con la otra» (1978b, p. 80). Es decir, una teoría que permitiera identificar grados de acuerdo según el reconocimiento intersubjetivo de validez de una emisión susceptible de crítica.

El autor señala que las cuestiones de significado no pueden separarse del todo de las cuestiones de validez. A través de este supuesto señala que lo básico de la teoría del significado es saber qué es lo que se quiere decir o, en otras palabras, cómo entender el significado de una expresión lingüística y bajo cuáles contextos esa expresión puede ser aceptada como válida. Esto es relevante en el sentido de entender el significado de una expresión lingüística en términos de su uso. Bajo esta perspectiva, es posible señalar que existe en las emisiones lingüísticas una orientación de validez, la cual pertenece a las condiciones pragmáticas, ya no solo al entendimiento, sino que a la propia comprensión del lenguaje. En este sentido, el lenguaje posee una dimensión del significado y una dimensión de la validez que están íntimamente unidas unas con otras.

Habermas introduce a la semántica veritativa para ratificar la idea sobre la oración asertórica que es cuando la oración es verdadera. Según esta teoría la problemática de la validez se sitúa exclusivamente en la relación del lenguaje con el mundo como totalidad de hechos. Entonces como validez se equipara a la verdad de los enunciados, la conexión entre significado y validez de las exposiciones lingüísticas solo se establece en el habla constatadora de los hechos (siendo la función expositiva solo una de las tres funciones co-originarias del lenguaje).

Hay tres planteamientos de la teoría de la comunicación que parten de una de las tres dimensiones del significado, están: la semántica intencionalista, la semántica formal y la pragmática, inaugurada por Wittgenstein y que se refiere, en última instancia, a todos los plexos de interacción en que se ha crecido, en los que las expresiones lingüísticas cumplen funciones prácticas, explorando el significado desde su uso en las interacciones. Habermas cree que la determinación unidimensional de validez que explora cada uno de estos tres planteamientos, como cumplimiento de condiciones de verdad proposicional, quedaría aún la teoría del significado prisionera del cognitivismo de la semántica veritativa. Y dice, es este punto el que hay que subsanar porque todas las funciones del lenguaje, y no tan solo la expositiva, llevan consigo las pretensiones de validez.

Todo acto de habla (considerado en conjunto) dice Habermas, puede ser criticado como no verdadero en lo que concierne al enunciado hecho, como no correcto en lo que concierne a los contextos normativos vigentes, y como no veraz en lo que concierne a la intención del hablante. A partir de esto Habermas explica las consecuencias que tocan en cuanto a las cosas básicas de la teoría del significado: ya no hay que definir a la pretensión de verdad semántica, ni siquiera solo desde la perspectiva del hablante. Las pretensiones de validez constituyen un punto de convergencia del reconocimiento intersubjetivo por todos los participantes. Por tanto, estas cumplen un papel pragmático en la dinámica que representan todas las ofertas contenidas en los actos de habla y toma de posturas de afirmación o negación por parte de los destinatarios. Este es el giro pragmático de la semántica veritativa y exige una revaluación de la fuerza ilocucionaria. Así, este componente ilocusionario se «convierte en sede de una racionalidad que se presenta como una conexión estructural entre condiciones de validez referidas a ella y las razones para el desempeño discursivo de tales pretensiones. Ahora, las pretensiones de validez ya no quedan ajenas al contenido proposicional y surge el espacio para la introducción de otras pretensiones de validez que no se dirigen a condiciones de verdad, esto quiere decir que no están cortadas al talle de la relación entre lenguaje y mundo objetivo» (1978b, p. 84).

Un hablante, al asumir con su pretensión de validez, susceptible de crítica, la garantía de aducir razones que avalen la validez del acto de habla, así como el oyente que conoce las condiciones de aceptabilidad entiende lo dicho, debe tomar una postura racionalmente motivada. Si reconoce la pretensión de validez acepta la oferta que el acto de habla comporta y asume la parte que le toca de obligaciones relevantes para el posterior uso de la interacción. Lo anterior puede ser comprendido a través del siguiente ejemplo: dos niñas van a una fiesta y una le pide una falda a la otra. Para que una le preste una falta a la otra tiene que aceptar la oferta de las tres pretensiones de validez que ella aduce, y que son susceptibles de crítica, que tiene que ver incluso con la propia compresión del lenguaje en que la niña le hable.


Niña Q: Debes prestarme una falda.

Niña P: ¿Por qué debo hacerlo?

Niña Q: Porque te lo dijo tu mamá.

Niña P: Si es cierto, tómala de mi ropero.


En este caso niña P, acepta las tres pretensiones de validez (ya que es verdadera, recta y veraz), pues ella efectivamente tenía una falda y debía prestarla, pues su mamá se lo había dicho y esto era sincero, pues ella lo sabía también. Todo esto fue entendido, y aceptado por la niña P. Este ejemplo demuestra la estrecha relación entre significado y validez.


Conclusiones


Habermas en su teoría de la acción comunicativa, presenta los fundamentos de una teoría comprehensiva para explicar a la sociedad en sus dinámicas de interacción, sosteniendo que dicha acción tiene como componente esencial aquellas normas de acción definidas recíprocamente entre los sujetos sobre su conducta, por lo que deben ser reconocidas y comprendidas intersubjetivamente. Sin embargo, dentro de las orientaciones de la acción del sujeto, es posible encontrar funciones implícitas necesarias para la sociedad que devienen en sistemas, los cuales constituyen una dinámica externa al sujeto. Este trabajo ha intentado explicar los principales tópicos desarrollados por este autor en la obra que lleva este nombre. A continuación, se presentan dos conclusiones en torno a lo revisado:


1. La acción comunicativa es una parte de la acción social, lo que la vuelve un factor determinante en el proceso de socialización. Actualmente, esto es esencial para entender la relevancia que tienen los medios de comunicación de masas en la formación de imágenes de mundo de los sujetos. La dinámica comunicativa define la recepción y reproducción cultural, la integración social, así como el desarrollo de la personalidad y de la identidad personal.

2. La acción comunicativa está mediada por símbolos y responde a la idea de reconocimiento compartido. Este es un tema relevante para entender el concepto de deliberación en la acción política, como un medio de reconocimiento e integración de las personas en las decisiones de carácter público.

3.2 Concepto de opinión pública y la esfera semipública


El fenómeno de la opinión pública: líneas de investigación en Europa


La opinión pública: definición del concepto y evolución histórica


En su lucha contra el individuo, la sociedad

tiene tres armas: ley, opinión pública y conciencia

William Somerset Maugham



El concepto clave del documento que se presenta a continuación es la noción de opinión pública. Pero quizás sería aconsejable separar ambos términos para captar mejor su significado. Una de las primeras definiciones de opinión se encuentra en la Grecia clásica. Según Platón, la opinión o doxa era el punto intermedio entre conocimiento o episteme y la ignorancia. La opinión implica siempre una actitud personal ante los fenómenos o sucesos y se puede definir como la postura que mantiene un individuo respecto a hechos sucedidos en el mundo real. Por otra parte, el concepto de público puede tener una doble acepción: puede remitir a aquel grupo de personas que, ejerciendo su racionalidad, es capaz de crear opinión, o bien puede referirse a aquellos temas que acaparan el interés de toda la ciudadanía, es decir, a los asuntos de la res publica (esfera pública). En cualquier caso, público deriva casi siempre en el concepto espacio público. Es en el espacio público donde los ciudadanos ejercen libremente su racionalidad y crean un auténtico debate en torno de diversas cuestiones que les atañen.

El concepto de opinión pública ha estado presente, en mayor o menor medida, en diversos periodos de la historia. Para entender el desarrollo de la opinión pública y de las esferas privada y pública es necesario entender perfectamente la evolución de la historia de la humanidad. De los originarios clanes familiares de las sociedades primitivas cerradas, en las que pervivían explicaciones del mundo en forma de mitos y no existían opiniones compartidas, se pasó a una sociedad capaz de entender mejor el mundo. Será en la Grecia antigua donde se empezarán a evaluar las formas de gobierno más convenientes y se traslucirán las tensiones entre las minorías, sustento del poder político, y las mayorías, sujetas a las decisiones de los anteriores. Independientemente de las distintas valoraciones de los filósofos sobre los mejores sistemas de gobierno, casi todos convienen en la insolvencia de la masa para gobernar.

La Edad Media, una etapa histórica que se considera oscura para el devenir de las artes y de las ciencias, se caracterizaba por un orden que emanaba de dios y, por tanto, inmutable, en el que cada hombre tenía unas funciones. Sin embargo, será a partir de las revoluciones burguesas y de la alianza entre el pueblo y la burguesía cuando las clases populares comenzaran a sentirse un sujeto político activo. No obstante, esta nueva etapa de la historia y la Revolución Industrial comportarán una nueva dominación, la de los burgueses, propietarios del capital, sobre los proletarios, propietarios del trabajo. En esta sociedad, democrática en teoría, los hombres discutirán, opinarán y crearán grandes corrientes de opinión. La palabra se situará en el primer plano de la vida pública. Este nuevo mundo burgués, que también lo es de las masas y de los públicos, se conformará a través de la comunicación social establecida como institución y servida por unas mediaciones técnicas de gran alcance y potencia.

Esta sociedad, en la que las masas tendrán una importancia significativa, poseerá la prensa, en un primer momento, y luego los medios audiovisuales como grandes instrumentos creadores de opinión pública y de públicos opinantes. Estas nuevas clases populares jugarán un cierto papel en la vida política del país. Sin embargo, las nuevas sociedades burguesas también despertarán ciertos recelos. En su obra El anticristo, Friedrich Nietzsche denunció la situación que habían creado las sociedades industriales y las tachó de decadentes (Nietzsche, 1997, p. 45). El filósofo alemán advirtió del peligro de las masas que se levantan contra las minorías y censuró la creatividad individual. Ortega y Gasset preveía, como una de las consecuencias de la Revolución Industrial, la aparición de la sociedad de masas, compuesta por individuos militantes de la uniformidad (Ortega y Gasset, 1982, p. 22).

Por lo tanto, será en esta sociedad de masas, donde se encuadran burgueses y proletarios, donde nacerán las corrientes de opinión pública, tal como describe Jürgen Habermas. Sin embargo, antes de enfocar la evolución del fenómeno de la opinión pública según Jürgen Habermas, es necesario aclarar otros dos conceptos claves: esfera pública y esfera privada. La relación entre ambas difiere y se contrapone a lo largo de la historia. Habermas, en su libro Historia y crítica de la opinión pública, traza una panorámica perfecta de las evoluciones de las dos esferas, la pública y la privada, y del surgimiento de la opinión pública como fenómeno. Así, Habermas se sitúa en la polis griega para datar la separación del espacio privado y del público.

El ámbito privado, el familiar, es el terreno del patriarcado, de la dominación y de la necesidad. El padre controla despóticamente a los miembros de su familia para satisfacer las necesidades básicas. En cambio, lo público es el terreno de la discusión política, de la deliberación pública. Algo nada extraño si se tiene en cuenta que Grecia es la cuna de la democracia. Por eso, Habermas enlaza con la idea de que es necesario poseer determinados derechos individuales y colectivos (expresión, reunión, etcétera) para poder practicar el ejercicio de la razón en una sociedad libre y alumbrar una auténtica opinión pública. Los regímenes dictatoriales carecen de opinión pública puesto que suprimen los derechos individuales de las personas. La política requiere discusión, diálogo y entendimiento; la autocracia se basta con el sometimiento.

Retomando la idea habermasiana de la política como el ámbito de la libertad y de lo común (una serie de individuos se reúnen para tratar problemas comunes), se debe apuntar que, si bien se considera a la civilización griega como la pionera de la democracia, no es, ni mucho menos, perfecta. De hecho, solo los propietarios podían participar en la vida política. Junto con este primer modelo democrático aparece también la primera muestra de exclusión, que, en la antigua Grecia, se extendía a las mujeres y a los menesterosos. De una forma u otra, a lo largo de historia se perpetuará la exclusión en las sociedades que se autodenominan democráticas. No será hasta bien entrado el siglo XX cuando se conseguirá el sufragio universal carente de restricciones.

La hegemonía helena la heredará el Imperio Romano, donde se mantendrá la doble división entre esfera pública y privada. En la Edad Media, según Habermas, desaparecerá totalmente la esfera pública y se asentará un régimen de publicidad representativa, en el cual la nobleza dominante se contentaba con ofrecer al pueblo el espectáculo del poder. Según Jürgen Habermas, el siglo XVIII es el siglo vital en la conquista o en el resurgimiento de lo que se denomina espacio público, sobre todo en Francia y en Inglaterra. La clase burguesa, en ascenso en la Europa Occidental y en lucha contra las prerrogativas del Estado absolutista, logró crear un espacio de debate entre el Estado y la sociedad civil. Con las primeras revoluciones burguesas, se articula un espacio público que ofrece a los ciudadanos la posibilidad de debatir y discutir el ejercicio del poder estatal. Este debate estimuló el pensamiento crítico y racional gracias a instituciones como los periódicos, los círculos literarios y los cafés:

La publicidad políticamente activa no está ya subordinada a la idea de una disolución del poder: más bien ha de servir al reparto de este; la opinión pública se convierte en una mera limitación del poder. A partir de entonces hay que procurar que ese poder más fuerte no aniquile a todos los demás […]. La interpretación liberalista del Estado burgués de derecho es reaccionaria: reacciona frente a la fuerza adquirida en las instituciones de ese Estado por la idea de autodeterminación de un público raciocinante tan pronto como este es transformado por la entrada de las masas, incultas y desposeídas (Habermas, 2002, p. 167).

En este sentido, fue fundamental el papel de las casas de café en Gran Bretaña y de los salones en Francia para el afianzamiento de unos nuevos espacios públicos donde se discutía de diversos temas. El descubrimiento de América, las guerras, las novedades literarias o las noticias cortesanas eran los temas más comentados en estos lugares. Al principio, estos espacios eran bastante restrictivos para todos aquellos que no pertenecieran a la aristocracia. Sin embargo, con el paso del tiempo se fueron abriendo y pudo acceder la burguesía. Además, los asuntos políticos hicieron acto de presencia en estos salones y casas de café. Con las primeras revoluciones burguesas y el auge de la prensa, el espacio público fue extendiéndose a amplias capas de la población. Esto permitió que un cierto grupo de ciudadanos empezara a emitir sus propias valoraciones sobre los asuntos de interés general.

Así pues, la sustitución de la aristocracia por la burguesía posibilitó el surgimiento del fenómeno de la opinión pública, que se constituye en un auténtico núcleo de poder que empieza a cuestionar algunos asuntos espinosos para la autoridad política. En un principio, esta opinión pública comenzará componiéndose por un círculo bastante reducido de individuos para convertirse, con el paso del tiempo, en un elemento fundamental en la regulación de cualquier estado democrático. No obstante, el autor alemán también apunta los principales problemas que acuciarán a esta nueva sociedad burguesa y, a posteriori, nueva sociedad de masas. Con el Estado burgués, la prensa se liberó de su variante opinativa y, en cierto modo crítica, y se centró básicamente en la satisfacción de sus intereses y en la búsqueda de beneficios, como cualquier empresa capitalista: «La prensa de opinión, como institución de la discusión del público, se preocupa primariamente por afirmar su función crítica […]. Solo con la consolidación del Estado burgués de derecho y con la legalización de una publicidad políticamente activa se desprende la prensa raciocinante de opinión; está ahora en condiciones de remover su posición polémica y atender a las expectativas de beneficio de una empresa comercial corriente» (Habermas, 2002, p. 212).

Esta evolución hacia la prensa-negocio permite la entrada de intereses ajenos al seno del diario y coarta la libre redacción del periódico, lo que afecta, indudablemente, al libre ejercicio de la discusión pública, es decir, a la opinión pública. Este y otros muchos problemas de la sociedad moderna son analizados por Habermas en Historia y crítica de la opinión pública. Mucho se ha discutido sobre la opinión pública, pero ¿qué es la opinión pública? Habermas responde la pregunta:


Por espacio público entendemos un ámbito de nuestra vida social, en el que se puede construir algo así como opinión pública. La entrada está fundamentalmente abierta a todos los ciudadanos. En cada conversación en la que los individuos privados se reúnen como público se constituye una porción de espacio público. [...] los ciudadanos se comportan como público, cuando se reúnen y conciertan libremente, sin presiones y con la garantía de poder manifestar y publicar libremente su opinión, sobre las oportunidades de actuar según intereses generales. En los casos de un público amplio, esta comunicación requiere medios precisos de transferencia e influencia: periódicos y revistas, radio y televisión son hoy tales medios del espacio público (Habermas, 1973, p. 71).


En Facticidad y validez, Habermas lleva a cabo una investigación sobre la relación entre hechos sociales, normatividad y política democrática. En esta obra, el espacio público se presenta como el lugar de surgimiento de la opinión pública, que puede ser manipulada y deformada, pero que constituye el eje de la cohesión social, de la construcción y legitimación (o deslegitimación) política. Las libertades individuales y políticas dependen de la dinámica que se suscite en dicho espacio público (Habermas, 2001, p. 117). En este libro, el autor alemán acaba de pulir su definición sobre el concepto. Queda claro, pues, que Habermas considera a la discusión pública como la única posibilidad de superar los conflictos sociales, gracias a la búsqueda de consensos que permitan el acuerdo y la cooperación a pesar de los disensos. Este argumento es la clave de la Teoría Normativa de Jürgen Habermas. La opinión pública, por lo tanto, es la llave de su propuesta de política deliberativa, que es una alternativa para superar los déficits democráticos de las políticas contemporáneas.

De esta manera, Habermas vincula dos conceptos clave: el de opinión pública y el de democracia. Solo unos ciudadanos dotados de derechos pueden expresarse en libertad y constituir una opinión o varias opiniones públicas. En cambio, en un régimen dictatorial, más que de opinión pública, se debería hablar de propaganda y de intoxicación.


Las perspectivas sobre opinión pública en europa


La televisión será la base de la opinión pública.

Ha creado un mundo esquizofrénico en el que entre

el individuo y lo global no hay nada.

Alan Touraine (1933), sociólogo francés.


La teoría normativa de Jürgen Habermas


Decía Napoleón Bonaparte, gran emperador y magnífico estratega, que la opinión pública es un poder al que nada resiste. Jürgen Habermas, autor alemán perteneciente a la corriente crítica de la Escuela de Frankfurt, corrobora con su pensamiento, en parte, la cita del estadista francés. En el primer apartado del documento se ha resumido la evolución histórica del fenómeno de la opinión pública que describe Habermas en su obra Historia y crítica de la opinión pública. Sin embargo, el libro de Habermas recoge otras muchas ideas interesantes. Una de las ideas centrales del pensamiento habermasiano es la constitución de grupos de personas en públicos que ejercen su racionalidad y que generan opinión en diversos temas a partir de los siglos XVIII y XIX. Este espacio público es civil, pero tiene un componente político innegable. El autor alemán separa el espacio público político del literario:


Hablamos de espacio público político, distinguiéndolo del literario, cuando las discusiones públicas tienen que ver con objetos que dependen de la praxis del Estado. El poder del Estado es también el contratante del espacio público político, pero no su parte. Ciertamente, rige como poder público, pero ante todo necesita el atributo de la publicidad para su tarea, lo público, es decir, cuidar del bien general de todos los sujetos de derecho. Precisamente, cuando el ejercicio del dominio político se subordina efectivamente a la demanda pública democrática, logra el espacio público político una influencia institucional en el gobierno por la vía del cuerpo legislativo. La opinión pública remite a tareas de crítica y de control, que el público de los ciudadanos de un estado ejerce de manera informal (y también de manera formal en las elecciones periódicas) frente al dominio estatalmente organizado (Habermas, 1973, pp. 61-62).


Así pues, también queda clara la importancia que otorga el autor alemán a la opinión pública en el correcto funcionamiento del sistema democrático. Sin embargo, esta dinámica no está exenta de problemas en la sociedad actual. Las contrariedades comienzan en la segunda mitad del siglo XIX y a principios del siglo XX. En este periodo se producen grandes y radicales enfrentamientos de clase, se transita hacia la sociedad de masas y la cultura tecnológica, y se generan nuevas formas de creación y acceso a la riqueza, produciendo, por tanto, cambios sociales significativos. La publicidad, el ámbito de lo público, y el ámbito de lo privado se encuentran en la encrucijada de la multiplicación de los medios, la privatización de estos, las manipulaciones de distinto signo, etcétera. El problema de la igualdad real, la igualdad de oportunidades en un sentido empírico e histórico sigue en pie, incluso para algo tan fundamental como la libertad de expresión y la formación de una opinión pública verdaderamente significativa.

Según Habermas, el principal problema que amenaza el correcto funcionamiento del sistema es el siguiente: la estatalización de lo público y su amenazante intromisión en todos los ámbitos de la vida del ciudadano se ha apoyado en la transformación paulatina de los medios de comunicación en instrumentos de entretenimiento y dominación de las masas. De la publicidad como información y manifestación de opinión ante un público lector que discute se ha pasado a una situación en la que el público se ha escindido en minorías de especialistas no públicamente raciocinantes, por un lado, y en la gran masa de consumidores receptivos, por el otro. Con ello se ha minado definitivamente la forma de comunicación específica del público. Habermas se pregunta en Historia y crítica de la opinión pública: ¿Estamos ante medios de comunicación o medios de propaganda?

«La publicidad crítica es desplazada por la publicidad manipuladora» (Habermas, 2002, p. 222), sentencia el autor alemán. Habermas argumenta con esta afirmación: «Como es natural, el consensus fabricado tiene poco en común con la opinión pública, con la unanimidad final resultante de un largo proceso de recíproca ilustración; porque el “interés general”, sobre cuya base […] podía llegar a producirse libremente una coincidencia racional entre las opiniones públicamente concurrentes, ha ido desapareciendo exactamente en la medida en que la autopresentación publicística de intereses privados privilegiados se lo iba apropiando» (Habermas, 2002, p. 222). Así pues, la manipulación es uno de los instrumentos que utiliza el poder hoy en día para influir en los ciudadanos. Incluso la publicidad parlamentaria se ha visto afectada, ya que el engranaje entre el debate parlamentario y los partidos políticos ha derivado generalmente hacia planteamientos de carácter plebiscitario.

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