Kitabı oxu: «Badiou contra Trump»
Badiou contra Trump
Badiou contra Trump
Alain Badiou
Índice de contenido
Portadilla
Legales
Introducción: Trump o la desaparición de lo político
El ascenso del fascismo democrático
Deconstruir para construir
Por un comunismo real
| Badiou, AlainBadiou contra Trump / Alain Badiou ; dirigido por José Natanson ; editado por Creusa Muñoz. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Capital Intelectual, 2020.Archivo Digital: descargaTraducción de: Andrea Romero. ISBN 978-987-614-611-11. Política Internacional. I. Natanson, José, dir. II. Muñoz, Creusa, ed. III. Romero, Andrea, trad. IV. Título.CDD 327.73 |
© de la presente edición, Capital Intelectual S.A., 2020.
Director: José Natanson
Coordinadora de la colección de libros de Capital Intelectual: Creusa Muñoz
Traducción: Andrea Romero.
Edición: Creusa Muñoz.
Diseño de tapa: Pablo Font.
Diagramación: Ariana Jenik.
Corrección: Mercedes Negro.
Comercialización y producción: Esteban Zabaljauregui.
Título de la edición original Trump, © Presses Universitaires de France / Humensis, 2020.
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ISBN edición digital (ePub): 978-987-614-611-1

Este libro reúne, en primer lugar, dos conferencias que dio Alain Badiou: una dictada en Los Ángeles dos días después de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos y la otra, dos semanas después en Boston. En segundo lugar, como cierre del libro, se presenta un análisis suyo, escrito años más tarde, donde analiza la administración de Donald Trump.
Introducción Trump o la desaparición de lo político
¿Cómo es posible que un hombre como Donald Trump –imprevisible, misógino, xenófobo– se haya transformado en el presidente de la primera potencia mundial? En el siguiente extracto de la entrevista que mantuvo con Olivia Gesbert, el 20 de enero de 2020 en su programa de radio La Grande Table, Alain Badiou presenta las grandes líneas de su lectura de este fenómeno y el contexto en el que fueron pronunciadas las conferencias y el escrito final que dieron origen al libro.
—En el Foro de Davos de 2020 hablarán el mismo día Greta Thunberg y Donald Trump. El monstruo capitalista que usted describe en este corto ensayo titulado Trump ¿ya se devoró y digirió los problemas medioambientales?
—Donald Trump es un personaje que puede presentarse en cualquier lado. Es una de sus cualidades, se trata de esa especie de personajes teatrales que pueden actuar de maneras muy distintas. Incluso con una misma persona puede tener relaciones muy diferentes, basta con observar esa suerte de ballet que baila con el dirigente coreano. Hay un nudo de hostilidad constituido en Trump y también hay otras cosas que son caprichosas, flotantes, de las que habla temprano por las mañanas en sus muy diversos tweets. Trump es esencialmente escéptico sobre los problemas vinculados al clima, pero también puede hablar en cualquier tipo de contexto. En la jerga psicoanalítica podría decirse que es una persona que no tiene superyó, alguien que no se controla a sí mismo.
—¿Puede acaso la ecología formar parte de la contradicción a la que usted aspira? ¿Es una idea capaz proponer otra visión del mundo, alternativa a la mirada capitalista dominante?
—Algo que sabemos desde los tiempos de Marx es que el núcleo del capitalismo, aquello que nos permite hablar de capitalismo en coyunturas muy diferentes, es evidentemente que los grandes medios de producción, de intercambio y de distribución son apropiados en un registro privado. Ahora bien, que sean apropiados en un registro privado significa que en realidad la regla general que los contiene es la regla de la ganancia, una ganancia abstracta que finalmente hace un giro de autonomía financiera, eso es el capitalismo. Hasta tanto no se extirpe ese carácter normativo de la búsqueda de ganancia estaremos en la situación que conocemos desde el siglo XIX. Por ejemplo, ¿por qué aparecen tantos obstáculos para solucionar los problemas ligados al cambio climático? Porque solucionarlos impactaría en el estado actual de la producción, de su posesión, de la distribución de riquezas, y desequilibraría seriamente el nucleo del capitalismo.
—¿Por qué optó por este título tan simple, tan sobrio: Trump(1)? ¿Acaso hoy en día ese nombre resuena tan fuerte que no hace falta agregar nada más?
—Trato a Trump más bien como un síntoma. Es decir, este ensayo no es una descripción de las actividades de Trump que todo el mundo conoce, es en realidad el nombre de un síntoma. Y, en el fondo, me pregunto de qué será el síntoma este nombre. Es decir, cuál es el universo que hizo posible que Trump esté aquí como uno de los síntomas del mundo contemporáneo. Es por esa simple razón que no necesité decir otra cosa más que “Trump”. Pero también debo decir que el libro está totalmente marcado por su coyuntura original, que es una conferencia que dicté en inglés en Los Ángeles en el marco de la elección de Trump. Una conferencia que pronuncié delante de un público literalmente aterrorizado, porque durante buena parte de la noche se pensaba, y ellos desde luego lo pensaban, que Hillary Clinton ganaría esa elección. La elección de Trump se fue consolidando a lo largo de la noche y por lo tanto tenía ante mí aquel día a una masa de estudiantes y de profesores que aún estaban impactados. En ese contexto me interesaba el golpe que significaba esa palabra: “Trump”. Sentí que debía explicar el síntoma, ¿cómo era posible que esa cosa imprevisible, y para ellos terrible, hubiera podido suceder?
—En el libro describe a esa elección como un desastre, un horror. “Fue durante el horror de una profunda noche”, dice usted citando a Racine. Lo señala como un hecho negativo, pero no como un acontecimiento. ¿Cree que había indicios previos para sospechar que esa elección podía producirse?
—Ese tal vez sea el problema central que trata este libro. Lo que justamente intento decir es que sin que hubiera exactamente una premisa de Trump en tanto que Trump, que porta en sí una singular extravagancia, había algo que exhibía ya un mal funcionamiento de la democracia parlamentaria. Y no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo. Trump surgió como una anomalía en comparación con lo que lo había precedido. Y especialmente en Estados Unidos, porque venía después de otra anomalía que, a pesar de todo, era una anomalía de signo contrario. Me refiero a la elección de un presidente negro, a la investidura de Barack Obama. Esa elección fue presentada como una suerte de liberación de la cuestión negra en Estados Unidos, fue una especie de contraejemplo, pero, al mismo tiempo, era parte de una situación que podía ser analizada como un disfuncionamiento del sistema de partidos en el dispositivo parlamentario a escala mundial. Tal como sucede en Francia hoy en día, donde vemos que la derecha está dispersa, la izquierda está enferma, la extrema derecha sigue su curso y finalmente ha surgido un personaje “diagonal” encarnado en la figura del presidente Macron, en el caso de Estados Unidos la elección de Trump también es el signo de un desarreglo profundo de las relaciones “normales” entre Republicanos y Demócratas, es decir entre derecha e izquierda. Trump es excesivo incluso para la propia derecha, tanto como Hillary Clinton era “deficitaria” para la izquierda, en ese contraste se basó el éxito de Trump.
—¿Para usted Bernie Sanders habría sido el verdadero adversario de Trump?
—Sí, creo de todas formas que Sanders no hubiera sido electo. Pero creo que esa habría sido una verdadera simetría, habría reemplazado la simetría izquierda-derecha por una simetría anexa: extrema izquierda-extrema derecha. Porque creo que hoy el juego entre dos está siendo progresivamente reemplazado por un juego entre cuatro. Es decir, allí donde antes teníamos a la izquierda y a la derecha, sus combinaciones, sus alianzas y también, hay que decirlo, sus parecidos en cuestiones de fondo, ahora tenemos desbordes por derecha e intentos de desborde por izquierda que crean una nueva situación. En muchos países los desbordes por izquierda no asumen un formato parlamentario, sino que toman la forma de movimientos. Es decir que hoy tenemos movimientos en lugar de extremas izquierdas, una izquierda en descomposición, tenemos derechas debilitadas y extremas derechas muy constituidas y muy bien organizadas. Ese pasaje del juego de a dos a de a cuatro creo es el contexto de fondo de la elección de Trump y un fenómeno casi mundial. En algunos aspectos, y por supuesto no comparo a los dos personajes, en Francia también fue ese el contexto de la elección de Macron, que fue electo en un momento de debacle de la izquierda para frenar a la extrema derecha. Ese tipo de configuraciones puede en efecto permitir el surgimiento de personajes imprevisibles.
1- El título original del libro en su edición francesa es Trump.
EL ASCENSO DEL FASCISMO DEMOCRÁTICO
La noche que me enteré de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, me vino a la mente un hermoso verso de Racine: “Fue durante el horror de una profunda noche…”. Quizás Racine estaba pensando en la elección de Trump... En todo caso, la elección de Trump, que hora tras hora se volvía más amenazante, fue transformando la profundidad de aquella noche en algo horrible.
En estas circunstancias, y en la profundidad de la noche californiana, me ví obligado en cierto modo a analizar lo sucedido. La victoria de Trump fue para mí, como para casi todos mis colegas estadounidenses, una especie de sorpresa; ese tipo de sorpresas que suele generar sentimientos de depresión, miedo e incluso pánico… Sin embargo, la filosofía, o al menos mi filosofía, afirma que, por más inevitables que sean, ninguno de estos sentimientos permite elaborar una auténtica respuesta política a este desastre. Porque estas emociones de angustia son, de algún modo, una declaración negativa de la victoria de Trump, prácticamente una manera de hacerle un tributo. Por lo tanto, es necesario dejar atrás el miedo, la decepción y la depresión. Hoy más que nunca, tenemos que pensar la situación política de nuestro mundo para poder dar una respuesta racional a una pregunta urgente y a la vez recurrente: ¿qué está sucediendo en el mundo contemporáneo para que estas elecciones hayan podido desembocar en tal horror? ¿Cómo es posible que alguien como Trump haya sido elegido presidente de los Estados Unidos de América, la potencia imperial más grande del mundo?
Es por eso que mi objetivo no será presentar una explicación completa, sino al menos una aclaración de qué es lo que hizo posible este hecho deprimente. También intentaré someter a discusión algunas reflexiones sobre cómo debemos afrontar aquello que se produjo durante el horror de una profunda noche, y sobre lo que tenemos que hacer para escapar a la presión de los sentimientos negativos y depresivos que nos impiden estar al nivel que exigen hoy el pensamiento, la acción y la determinación política.
Comenzaré, entonces, haciendo un panorama muy general, no de la situación de Estados Unidos, sino de la situación mundial tal como lo conocemos hoy en día. ¿Qué hace posible que en este mundo se produzca una elección como la de Trump, así como otros hechos extremadamente negativos y siniestros? Empezaré por el punto más evidente y a la vez más importante: la victoria, a escala mundial, del capitalismo liberal. Y quiero hacer especial hincapié en este aspecto. Desde la década de 1980, es decir, desde hace cuarenta años, somos testigos de la victoria histórica del capitalismo globalizado. Existen muchas razones que explican esta victoria. La más importante es, sin duda, el fracaso de los grandes Estados socialistas, como Rusia y China, y, en términos más generales, la desaparición en casi todo el mundo de la visión colectivista de la economía y de las leyes sociales, incluso bajo una forma meramente programática. Esta desaparición se extiende hoy al campo de la teoría y sobre todo de la filosofía. El comunismo y su base teórica marxista-leninista son vistos como cosas del pasado, como reliquias de ideas y conflictos que ya no son nuestros. Atrás quedaron los días en que Sartre podía declarar que el marxismo era el “horizonte insuperable de nuestro tiempo”. De hecho, hoy se considera al marxismo o bien como una doctrina académica más, que se estudia y critica en las facultades de economía y derecho, o como una ideología obsoleta. Este punto no es en modo alguno secundario, ya que significa que los cambios del mundo, desde los años ochenta, han repercutido no sólo en la realidad objetiva sino también en las subjetividades activas.
Durante más de dos siglos, desde la filosofía francesa del siglo XVIII hasta los grandes movimientos de protesta de las décadas de 1960 y 1970, la opinión pública sobre el destino de la humanidad estuvo dividida en dos corrientes de pensamiento opuestas. La primera ha sido la oposición entre la visión republicana del Estado y el despotismo monárquico. Luego, esta tomó la forma de una oposición entre la doctrina liberal de la economía de mercado y las diferentes variantes de socialismo o comunismo. Para el liberalismo, en el sentido clásico del término, la propiedad privada es el factor clave de la organización social, a expensas, desde luego, de enormes desigualdades. Pero, para el pensamiento liberal, todo tiene un precio. La segunda, del lado del socialismo, el comunismo o incluso el anarquismo, en el sentido más abstracto del término, el objetivo principal de la actividad humana es poner fin a las desigualdades, aun cuando esto requiera de una revolución violenta.
Por consiguiente, por un lado tenemos una visión supuestamente pacífica, legal y constitucional de la continuidad indefinida de algo antiguo, que se remonta a la época neolítica: la organización de toda la riqueza y de la totalidad de los medios de producción bajo la forma legal de la propiedad privada y bajo la protección de la policía, que, desde hace miles de años, es considerada como el verdadero corazón de la vida social de la humanidad. Por el otro, tenemos la convicción, que comenzó con Rousseau y la Revolución Francesa, de que la humanidad, al menos desde la revolución neolítica, debe aceptar una segunda ruptura fundamental que consiste en rechazar la dominación de la propiedad privada. Este último camino se propone terminar con las desigualdades mediante una organización colectiva de la producción, el trabajo y los intercambios.
Así, durante al menos dos siglos, nos hemos encontrado ante una elección estratégica que concernía no sólo a los hechos y las decisiones políticas locales, las limitaciones nacionales, las guerras y las confrontaciones de todo tipo, sino, a decir verdad, a la orientación general, al futuro histórico de la humanidad entera.
Sin embargo, hace cuatro décadas asistimos –al parecer– a la desaparición de este tipo de elección. Hoy en día la idea dominante es que, precisamente, no existe una elección global, ya que hay sólo una orientación estratégica viable. Como Margaret Thatcher solía repetir: “No existe otra solución”. Con esas palabras, la primera ministra no promovía la superioridad del capitalismo y la economía de mercado por sobre un adversario colectivo real, sino la soledad histórica de este capitalismo. Para Thatcher, tal como afirma hoy la ideología dominante, sólo había un camino, una única solución, para el futuro de la humanidad: el capitalismo globalizado.
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