Kitabı oxu: «De la mar»

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EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

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DE LA MAR

Historia natural de los peces de Chile continental

Alejandro Pérez Matus

Investigación y fotografías submarinas

Alfredo Cea Egaña

Ilustraciones

© Alejandro Pérez Matus

© Herederos Alfredo Cea Egaña

© Ediciones UC, 2021

Edición general Daniela Correa

Edición de textos Andrea Viu

Selección y adaptación recetas Anabella Grunfeld

Diseño editorial Felipe Leal

Inscripción nº 2021-A-7253

Derechos reservados

Septiembre 2021

isbn 978 956 14 2864 5

isbn digital 978 956 14 2865 2

Diagramación digital: ebooks Patagonia

www.ebookspatagonia.com info@ebookspatagonia.com


CIP - Pontificia Universidad Católica de Chile

Pérez Matus, Alejandro A., autor

De la mar : historia natural de los peces de Chile continental /

Alejandro Pérez Matus, Alfredo Cea Egaña. -- Incluye Bibliografía.

1.- Peces – Chile – Identificación

I.- Tít.

II.- Cea Egaña, Alfredo, autor

2021 597.0983 + DC23 RDA




Dedico este libro a mi hija Violeta Mar,

a Teo, Leonora y Eleonora.

ÍNDICE

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

ESPECIES

PEJESAPO

TROMBOLLITO DE TRES ALETAS

BORRACHILLA VERDE

BAUNCO

DONCELLITA

CHASQUE

TOMOYO

TORITO

CHALACO

CACHUDITO

TROMBOLLITO DE TRES ALETAS

ACHA

VIEJA NEGRA

BAGRE

RÓBALO

SAN PEDRO

CASTAÑETA DEL NORTE

JERGUILLA

CASTAÑETA

PINTARROJA

RAYA

BILAGAY

SARGO

ROLLIZO

CABRILLA COMÚN

APAÑAO

PEJEPERRO

VIEJA COLORADA

CABRILLA COMÚN

CONGRIO COLORADO

CHANCHITO

BLANQUILLO

LENGUADO

PEZ AGUJA

CABINZA

ANCHOVETA

JUREL

SIERRA

VIDRIOLA

RONCACHO

CORVINA

TOLLO COMÚN

RAYA VOLANTÍN

PEJEGALLO

RECETAS PATRIMONIALES

AGRADECIMIENTOS

BIBLIOGRAFÍA

Prólogo

Este libro nace de la curiosidad y el deseo de comprender nuestra relación con el mar y sus elementos; de la observación y estudio de uno de los grupos de vertebrados más explotados en la Tierra, al punto que en muchos océanos sus poblaciones se han agotado. De hecho, los peces nutren de forma directa a más de un tercio de la población humana en el mundo. En el caso de Chile, han sido importantes desde finales del Pleistoceno (13.000 años ca.), cuando el Homo sapiens colonizó la costa. Desde entonces, nuestros más de 6.000 km lineales de litoral, que representan el 24% del total de costa del océano Pacífico, han sido recorridos incansablemente por el hombre. Sin embargo, el mar sigue siendo un lugar desconocido para muchos.

Pero este libro nace específicamente hace más de diecisiete años, en la calle del Pirata, en la bahía de la Herradura, en Coquimbo, el día en que entré por primera vez a la fascinante casa-barco del médico cirujano, doctor Alfredo Cea (9 de septiembre de 1934 - 13 de mayo de 2016), y me fasciné con las hermosas ilustraciones que él hizo de los peces descritos en esta obra.

Debido a que la pasión del doctor Cea era el buceo y el mundo marino, entrar a su casa era como abordar un barco para salir a navegar a un mundo de conocimiento y curiosidades del mar y sus habitantes. Su casa se encuentra colmada de instrumentos marinos y decoraciones alusivas al mundo marino, pero al final del recorrido está su lugar más personal, aquel donde pasó cientos de horas tallando sus mascarones de proa, reparando artefactos de buceo y donde pacientemente ilustró cada una de las especies que observó atentamente bajo la superficie del agua. Pero lo que vi ese día en realidad en esa habitación —donde hay una gran cantidad de pinceles y colores repartidos por todos lados y una colección inigualable de libros y acuarelas— fue un pedazo de mar, pero en mis manos. Entonces yo tenía apenas ocho años de experiencia como buzo, pero con solo mirar esas ilustraciones logré reconocer los peces tal cual eran en el agua. La poderosa impresión que me provocaron despertaron mil preguntas en mí.

Como el autor de estas imágenes estaba ahí, de inmediato nos pusimos a conversar sobre los peces. El doctor Cea sembró en mí una idea que yo no tenía muy clara en esa época. Me comentó que siempre le había llamado la atención que los chilenos, a pesar de tener una costa extensa, no tuviéramos una cultura de mar. Exceptuando a quienes viven en Rapa Nui, la isla grande de Chiloé, Robinson Crusoe y algunos puntos específicos de la costa, nos podríamos definir como una cultura completamente alejada del mar. A partir de esa constatación nos propusimos hacer algo que rompiese con ese paradigma. Y así lo dejó él mismo estampado en el ejemplar que tengo de su libro Ika. Peces Rapa Nui, donde escribió una dedicatoria que dice: Para Alejandro, con inmenso cariño, de un buzo viejo que no ha sabido vivir sin la mar. Ojalá hagamos ahora, si me da el tiempo, escribir juntos “cosas de la mar”.

Luego de unos años, comenzamos a conceptualizar este libro en enero de 2013, cuando decidimos combinar el arte de sus dibujos con el tecnicismo de la identificación y descripción de la ictiología, a lo cual sumaríamos nuestras observaciones bajo el agua y algunas fotografías. También definimos que el criterio para la inclusión de una especie estaría determinado por la secuencia de avistamiento que puede tener una niña(o)-buzo que vive en la zona centro-norte de Chile e inicia su expedición marina en las pozas del intermareal y luego se atreve a bucear en las rompientes y explorar en los bosques de algas. Ahí la/el buzo se adentra en el bosque de algas pudiendo alcanzar profundidades mayores, de hasta veinticinco metros, a pulmón. A simple vista o con su cámara submarina, la/el joven buzo observa, descubre y registra las diferentes especies de peces, aquellas que se acercan desde la playa a los roqueríos bien temprano o en el ocaso; las que habitan sobre y bajo las algas, escondidas entre las rocas que sostienen esas mismas algas; las bentónicas asociadas al fondo rocoso y arenoso, y aquellas especies pelágicas que están en la columna de agua patrullando la costa y los bosques de algas. Es un numero reducido de peces que uno puede encontrar

Tiempo después decidimos que necesitábamos involucrar a la mayor cantidad posible de lectores, como por ejemplo, a quienes no tienen un gran interés espontáneo por conocer los misterios que se encuentran bajo el mar, pero que sin embargo valoran —y disfrutan— los diferentes usos culinarios que históricamente nuestra cultura le ha dado a los productos marinos. La idea de incorporar el patrimonio culinario que se ha desarrollado a través de la historia de las comunidades surgió en una visita que hicimos con Alfredo al mercado de Coquimbo —el epicentro de la venta de peces costeros o de roca en Chile—, una feria que no respeta normas de tallas, periodos de veda ni restricciones de ningún tipo porque aún no las hay. El doctor Cea mencionó entonces que la mejor forma de informarse sobre la salud de los peces era visitar ese lugar y me propuso integrar al texto una historia sobre los hábitos de uso y consumo de los peces. Yo no estuve de acuerdo entonces, pero más tarde comprendí que hacerlo nos serviría para promover la importancia de su conservación y, ojalá, el interés por conocer esta fauna. Por ello, la última sección está dedicada al patrimonio culinario de los peces. El propósito es involucrar a toda la población en el respeto por la naturaleza, porque cuando conocemos dónde y cómo se obtiene, cuándo y dónde habita, y cómo vive el pez con el que nos alimentamos, sin duda se genera un mayor respeto y cuidado en el consumidor, que asegurará que perdure en el tiempo. Es por esto que decidimos incluir en esta revisión, liderada por Anabella Grunfeld, las mejores recetas de nuestro patrimonio que acompañan a los pescados una vez en tierra. Esperamos que el conocimiento que el lector adquiera con este libro le permita tomar decisiones informadas.

El texto está organizado de manera que cada capítulo está dedicado a un pez en particular y cada uno se inicia con un dibujo —un esquema— del pez respectivo y se cierra con una ilustración científica. El objetivo de este dibujo es sintetizar la información para que sea interpretada con mayor facilidad por el lector, porque si bien cada dibujo es el pez en sí mismo, es también una aproximación visual desde diferentes ángulos.

Luego, viene la descripción del nombre científico, aquel que les da la ictiología —la rama de la zoología que se dedica a su estudio y descripción—, pero también presentamos el origen de su nombre común. Este puede provenir de algún dialecto hablado por personas de una zona particular del país, como los mapuche, chinchorros, changos, patagones o cualquiera de los muchos habitantes de esta costa que tenían nombres para los peces que observaban. También hay nombres cuyo origen está en la similitud de su aspecto con especies del Mediterráneo, específicamente de la costa de Andalucía, y que se acuñaron durante la colonización. Por último, varios nombres son parte de la jerga y creatividad de los pescadores.

A continuación, entregamos herramientas para identificar cada pez y los componentes que debe tener su descripción. Esta sección es tal vez la que contiene más tecnicismos de la ictiología, ciencia que ha avanzado bastante en Chile. Describir especies es un trabajo tedioso y lleva a confusiones intrínsecas. Se requiere de un análisis minucioso de características como las aletas dorsales que están constituidas de espinas (enumeradas por números romanos) y rayos (extensiones blandas que se enumeran con números arábigos); también las escamas que cubren su piel y protegen a los peces de enfermedades. Las escamas pueden ser placoideas (semejantes a los dientes de los tiburones), cosmoideas (compuestas de hueso esponjoso y laminar), cicloideas (circulares y sin esmalte, de bordes lisos), ctenoideas (escamas con peines dentados y proyecciones). Las formas corporales y el número de cirros (prominencias que asemejan tentáculos encima de los ojos) que tienen ciertos peces también sirven para identificarlos.

En Chile, muchos especialistas han publicado compilaciones de guías de campo, fichas de identificación y estupendos libros que resaltan el patrimonio natural de las aguas continentales, oceánicas y costeras. Todos ellos han dado cimiento a este libro. Destaco una de las primeras publicaciones, que data de 1954, La vida de los peces en aguas chilenas, del profesor y naturalista chileno Guillermo Mann, médico veterinario de la Universidad de Chile. También las revisiones sistemáticas de la ictiología en Chile, agrupadas en más de cien publicaciones del doctor Germán Pequeño, de la Universidad Austral de Chile y La guía de los peces del norte de Chile, de Marianela Medina y Miguel Araya, de la Universidad Arturo Prat. Asimismo, la guía actualizada y de fácil uso realizada por los profesores Juan Carlos Castilla, Natalio Godoy y Stefan Gelcich, de la Universidad Católica de Chile, quienes revisaron las guías de campo de los peces costeros, que databan de los años ochenta. También hay una linda guía de los peces de Chile central de dos estudiantes de la carrera de Biología Marina de la Universidad Andrés Bello. Finalmente, una fuente muy consultada para este volumen fue el ambicioso proyecto de Pablo Reyes y Mathias Hüne, Peces del sur de Chile, de 2012.

Una parte fundamental de cada capítulo es el relato de la historia natural y algo sobre la ecología de los peces. Esta área de investigación tiene pocas décadas de estudio y ha sido posible gracias a los equipos autónomos de buceo, que permiten respirar bajo el agua y así observar mejor la vida de los peces. Estos estudios, que comenzaron en los años sesenta, han permitido establecer teorías importantes para comprender el sistema y la historia natural del planeta. Esto, porque los peces han servido de modelo para comprender el impacto de la competencia y la importancia de esta interacción como regulador en las comunidades. También han sido útiles para entender el reclutamiento y los roles de las mortalidades posteriores a la llegada de los peces a vivir asociados al fondo marino. Debido a la existencia de registros que guardan algunos componentes óseos en el oído interno de los peces (otolitos) hemos podido comprender la conexión que hay entre los peces y la luna, la dispersión (de dónde vienen y a dónde pueden ir los individuos de la población) y los procesos por los cuales estas se conectan. Resultados de otras investigaciones han permitido la creación de medidas concretas para el manejo y administración sustentable en algunos lugares del planeta. En esta sección de ecología, de manera sucinta, resumimos la información obtenida por múltiples investigadores, respecto a los registros y observaciones sobre la distribución geográfica, abundancia y estrategias de alimentación y reproducción, resaltando los sistemas de apareamiento y épocas reproductivas, con el fin de promover sistemas de manejo.

Y, por último, para cerrar cada capítulo hemos incluido fotografías captadas en distintos sitios de buceo en la costa chilena como Las Cruces, Algarrobo, Zapallar, Quintero, Pisagua, Chañaral y tantas más, para dar una mejor idea de la vida y belleza de estos animales.

Espero que el largo recorrido que ha tenido este libro para llegar a ustedes, lectores, sea un doble homenaje, por una parte, a este buzo apasionado del mar y sus habitantes que fue el doctor Alfredo Cea y, a la vez, a estos animales y su entorno que debemos proteger. Pero para ello antes hay que conocerlos y valorarlos, ya que solo el conocimiento permite generar la conciencia de su importancia para el ecosistema y para nuestra vida misma.

¡Alfredo, finalmente nuestro trabajo está hecho!

Alejandro Pérez Matus

Las Cruces, octubre de 2020

Introducción

Los peces son organismos que han evolucionado durante más de cuatrocientos millones de años en las costas del mundo, hasta llegar a transformarse en animales que pueden adquirir conocimiento y comprensión a través de su experiencia y sentidos [1]. El estudio de su conciencia y cognición ha avanzado al punto de evidenciar que es necesario un cambio en el paradigma de cómo los entendemos y tratamos a ellos y su entorno [2]. Cuando conozcamos la diversidad de conductas y estrategias de los peces como individuos, como animales sociales y cognitivos, recién podremos cultivar esta nueva relación con ellos.

Un pez es un vertebrado con agallas y extremidades con forma de aletas. Pero, aunque su definición sea sencilla, existe una enorme variedad de peces —constituida por una vorágine de formas, colores y tamaños—, con más de 33.000 representantes, de 560 familias y 64 órdenes. De hecho, los peces representan cerca del 60% de todos los vertebrados del planeta [3-7]. En este libro solo representamos una pequeña porción de las 1.144 especies descritas para los mares de Chile [8-12]. Y, al igual que los vertebrados terrestres, poseen sistemas circulatorio, digestivo y endocrino complejos. Las diferencias radican en cómo han evolucionado para poder habitar ecosistemas tan difíciles como el marino, dado que el mar es ochocientas veces más denso que el aire que respiramos en tierra. Por ello, vivir en el océano supone formas corporales que favorezcan las hidrodinámicas para reducir el impacto de la densidad del agua [13].

Los peces se lucen en el mar. Unos destacan por un empuje sostenido y por ser capaces de atravesar océanos de un extremo a otro en busca de alimento y parejas; otros, por su capacidad para alcanzar grandes velocidades en fracción de segundos para escapar de sus depredadores. Algunos incluso pueden volar, gracias a que tienen aletas del tamaño de su cuerpo. También hay los que solo usan sus pequeñas aletas pectorales para nadar, pero son expertos en maniobrar y recorrer todos los recovecos y grietas y bucear entre los estipes de las algas, como si un ave volara a través de los troncos de un bosque [13, 14].

Los peces son animales complejos y no deberíamos comparar su anatomía con la de los organismos que se encuentran en tierra. Por ejemplo, lo reducido del tamaño de su cerebro en relación a su cuerpo es la forma de compensar su musculatura y facilitar el movimiento [14]. Las escamas y la piel de los peces, tanto cartilaginosos como óseos, permiten que sus sentidos —conectados mediante un sistema celular desde la región cefálica hasta las extremidades— aseguren su sobrevivencia en el medio acuático [3]. Gracias a que cuentan con canales que recorren todo su cuerpo para transmitir información, los peces perciben hasta las más mínimas vibraciones y longitudes de onda, las cuales al ser densas en el mar tienen mayor velocidad que en la tierra [15].

Para la ciencia, los peces han servido de modelo para explicar todos los procesos de evolución y formación de las nuevas especies [16]. Un ejemplo clave en este sentido han sido las consecuencias en la evolución de los peces producto de la formación de barreras como el istmo de Panamá —que separó a los océanos Pacífico y Atlántico hace tres millones de años—, que interrumpió el flujo de muchas poblaciones. Esta barrera generó el surgimiento de nuevas especies y también hizo que muchas otras quedaran aisladas y tuvieran que adaptarse a vivir en un solo lado del continente americano, como las que habitan en la costa del Pacífico sur oriental [17].

Otro tipo de barreras, no tan determinantes como la que separó los océanos, pero que también ha afectado a los peces durante los últimos miles de años, es la corriente de Humboldt, la que genera un bloqueo hacia los arrecifes del Pacífico occidental y también hacia los del hemisferio norte. Estas corrientes constituyen una influencia omnipresente de más de 150 km de ancho [18]. Las poblaciones más lejanas pueden alcanzar algunas especies en sus extremos, incluso en las islas Galápagos, en Ecuador. En cambio, otras especies han colonizado lentamente los arrecifes de los mares australes con una distribución hacia el norte, pero no más allá de Perú. Confinados en este mar, casi todos los peces que describimos en este libro se han formado en él, es decir, son endémicos al sistema de la corriente de Humboldt, que recorre los mismos kilómetros que los primeros nómades y cazadores recolectores del periodo arcaico [19, 20].

El aislamiento limita la riqueza (número de especies) y abundancia (número de individuos) de los peces costeros. Existe una disminución en la diversidad de los peces que habitan en la costa de Chile continental. Esto se debe a diferentes causas, siendo una de ellas la lejanía geográfica del centro de origen de los peces. El mar del Caribe y el mar de las costas indo-australianas fueron y siguen siendo sectores de generación de nuevas especies desde hace millones de años [6, 21].

En el sistema de la corriente de Humboldt hay menos peces costeros que en otras costas templadas del planeta. No obstante, la mayoría de las funciones que realizan los peces emergen en estas costas. Podríamos generar una analogía con la “hipótesis de la aldea”, según la cual en cada comunidad existen diferentes organismos y cada uno cumple una función determinada. Así, en una aldea hay un(a) panadera(o), cocinera(o), verdulera(o), etc. Si hacemos una analogía con los arrecifes, en cada una de estas comunidades de peces existen herbívoros, carnívoros, filtradores, limpiadores, etc. [22]. En los arrecifes costeros de Chile encontramos una especie para cada función, mientras que en los arrecifes templados del Pacífico hay más de un representante para cada función en particular. Lo relevante es que en las costas de Chile hay poca redundancia de especies en cuanto a sus funciones. Esto quiere decir que, si se produce la extinción local de alguna especie, por cualquiera de las amenazas que hoy en día afectan a los peces, no solo se eliminará una especie, sino que también desaparecerá una función en el ecosistema.

La observación de las especies nos ha permitido comprender estas funciones y, aun sin saber mucho de la biología de cada una —edad, crecimiento, épocas reproductivas—, podemos indicar cómo viven y qué estructuras usan para desplazarse en el medio acuático. Sabemos también de la diversidad de conductas y despliegues únicos que emplean para resolver problemas diarios para alimentarse o escapar de los depredadores [23].

Los peces siempre han estado sujetos a múltiples peligros, como cuando los cazadores recolectores se las ingeniaban para pescar usando anzuelos de cactus, cedales, pesas de huesos e incluso arpones de hueso, durante el periodo arcaico (10.000 años ca.) [19, 20]. En la actualidad, las formas de pesca son cada vez menos selectivas. Cañas de pescar, redes de distintos tamaños, dinamita y el arpón de mano usado para el buceo autónomo y semiautónomo, se suman a otras amenazas como el desarrollo de la zona costera con poca planificación, la construcción de puertos, la contaminación por plásticos y microplásticos, los relaves mineros, la extracción de unos de sus hábitats principales, como las macroalgas pardas y la alta demanda para su consumo [24, 25]. Todos estos desafíos han aumentado de forma casi exponencial (una palabra que no necesita mucha explicación hoy en día) en los últimos cincuenta años. Estos riesgos para los peces y sus ecosistemas nos invitan a tomar medidas para la conservación de este importante grupo de vertebrados y su hábitat, y también para buscar formas de vida que congenien el respeto por la naturaleza y por los servicios que esta nos entrega. Para ello necesitamos usar el conocimiento. Hoy, apenas el 1% de los peces incluidos en este libro recibe algún tipo de manejo o administración directa [26, 27]. Una forma de cuidarlos es a través de áreas marinas protegidas. Podríamos resguardar parte de la costa y de los arrecifes donde los peces duermen, viven, comen y se reproducen. En el sistema de la corriente de Humboldt apenas custodiamos un 2% de ella, es decir, un porcentaje muy pequeño de la costa está protegido para las poblaciones naturales. Otra forma de transitar hacia un manejo y pesca sustentable —complementaria a las áreas marinas costeras protegidas (AMCP)—, es establecer medidas de forma participativa, involucrando a los diferentes actores claves, como pescadores artesanales, recreativos, científicas(os) y amantes de la naturaleza (ver bibliografía 27), con recomendaciones de captura y uso. En este libro mostramos recomendaciones en tal sentido, que apoyan dicho objetivo. Si no se toman medidas de inmediato, es probable que nunca más veamos muchos de los peces que aquí aparecen.

43,33 ₼
Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
28 noyabr 2024
Həcm:
446 səh. 227 illustrasiyalar
ISBN:
9789561428652
Naşir:
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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