Kitabı oxu: «Normativa lingüística española y corrección de textos»

Şrift:


Alicia María Zorrilla

Normativa lingüística española y corrección

de textos



Zorrilla, Alicia MaríaNormativa lingüística española y corrección de textos / Alicia María Zorrilla. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2022.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-599-837-71. Lingüística. 2. Corrección de Estilo. 3. Corrección Literaria. I. Título.CDD 415.02

© 2015. Alicia María Zorrilla

© 2021. Libros del Zorzal

Buenos Aires, Argentina

© 2021. Libros del Zorzal, SL

España

<www.delzorzal.com>

Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, sin la autorización previa de la editorial o de los titulares de los derechos.

Al hombre le preocupa su lengua.[...] Está el hombre junto a su lengua, como en la margen de un agua en estanque que tiene en el fondo joyas y pedrerías, misterioso tesoro celado. La mirada no suele pasar del haz del agua, donde se reflejan las apariencias de la vida con belleza suficiente.

Pero el que hunda la mano, más allá, más adentro, nunca la sacará sin premio.

Pedro Salinas

Índice

Prólogo | 6

¿Qué es la Normativa Lingüística Española? | 10

Cada «cosa» a su tiempo | 29

El quid pro quo | 38

¿Un «como que» redivivo? | 53

El uso de «como» | 60

Extranjerismos, préstamos, calcos y falsos cognados | 84

Normas de concordancia | 104

El corrector de textos | 118

La corrección de textos | 129

Trabajo específico del corrector | 140

Recomendaciones Para Corregir Un Texto | 143

Signos de corrección de imprenta | 152

Clases de letras usadas en imprenta | 156

El corrector, asceta | 158

Bibliografía que debe consultar el corrector | 162

Bibliografía | 166

Prólogo

La lengua española es nuestra sangre y nuestra identidad. Con cada voz nombramos la belleza, pues Dios hizo las palabras para la alegría y para la paz, para que amanezca el bien en cada sílaba.

Sabemos que las palabras acompañan nuestra vida y son nuestra vida. Con ellas, anhelamos perpetuar la Creación; buscamos inconscientemente la inmortalidad de nuestros caminos interiores y nos recreamos al decirnos, y somos en la plenitud de la escritura.

Cada vocablo es meta sublime de un largo viaje espiritual, sereno, de silencios sostenidos, de luces y de sombras. El tiempo que prepara el florecimiento de la palabra es ascético, tiempo interior, en que cada hombre aspira a albores, ocasos y paraísos. Hay, en cada verbo, vocación de inmensidad e intensión1 de horizontes, y —por qué no—, cielo que ancla en la tierra virgen de la página sin alas o en el corazón que nos escucha para hacerse dueño de nuestro corazón.

Imaginamos que las palabras viven en éxtasis, en una mañana perenne, pensativa, y allí esperan pacientes nuestro llamado para que sublimemos el mundo. Y aunque todos hablamos un español igual y, al mismo tiempo, diferente, a veces, creemos que, para muchas personas, esa mañana no existe por desidia o por impasibilidad, pues se comunican tristemente mediante despojos sintácticos y burdas invenciones léxicas. Y no hablamos de perfección, porque esta no cabe en la pequeñez del hombre, sino de esmero en el decir para evitar excesos. El buen español, que recreamos cada día, no es solo el que responde a los cánones de lo correcto, sino también el que revela preocupación de claridad y de concisión por respeto a los demás, ese olvidado respeto a los demás, que es falta de amor, pues —como bien decía Juan Ramón Jiménez— solo pensamos cuando amamos.

¡Qué poco nos preocupa amar ardientemente estos mensajes del pensamiento y del sentimiento; gozar de los dolores entrañables de esa parición que tanto necesitamos! ¡Cómo asolamos las entrañas de los vocablos! Lamentablemente, nos hemos acostumbrado a bastardearlos; más aún, si nuestra vida está en lo que hablamos o escribimos, ¡qué pobre vida tenemos, qué confusión consentida! Nos hemos vaciado de valores, o mejor, nos hemos desentendido lentamente de esos valores que sostienen el espíritu para que viva el intelecto una vida superior; las ansias desmedidas de progreso material los han desterrado a la oscuridad del desprecio. Preferimos olvidarnos de la ética, de la estética y del conocimiento, y andar huecos y cojos por las sendas de la nada representando un papel que, no pocas veces, raya en lo ridículo. Nos olvidamos voluntariamente de vivir para ser mejores y escandalizamos adrede, en todos los ámbitos, con palabras gastadas, envilecidas por la soberbia ultrajante de la indiferencia, carentes de ternura y de delicadeza. Reemplazamos las virtudes con la deslealtad a nuestra condición de hombres y profesamos el culto de la fugacidad o —como bien dijo Santiago Kovadloff— «la idolatría del instante»2. Escribió Pedro Henríquez Ureña que «nuestros enemigos, [...], son la falta de esfuerzo y la ausencia de disciplina, hijos de la pereza y la incultura, o la vida en perpetuo disturbio y mudanza»3. Esfuerzo, respeto, disciplina, en fin, belleza. «¡Nunca un poquito menos!»4.

Ya no se comprenden las lecturas más sencillas, y el apellido del protagonista de un cuento puede significar para los lectores un pájaro o la marca de un utensilio de limpieza5.

Se oyen los mensajes televisivos o radiales, pero no se escuchan, entonces, se uniforman todos los contenidos y se mezclan en una confusión perfecta.

La publicidad despliega su interés material sin reparar en el significado de las palabras que usa cuando, por ejemplo, nos dice:

Lipoescultura láser: Sin riesgo anestésico.

En 1 hora elimine costado de caderas,

abdomen, entrepiernas, rodillas. Sin internación.

¿Habrá buscado el especialista el significado exacto del verbo «eliminar» (‘quitar, prescindir de’) antes de publicar esta gacetilla y, sobre todo, su denotación médica de ‘expeler una sustancia’, o solo estaría preocupado por no gastar mucho en la promoción? Nos preguntamos: ¿En qué se transformará una mujer después de ejecutadas las promesas de este anuncio? ¿Dónde está la mesura que deben guardar las palabras? ¿Dónde, su verdad, su precisión? ¿Por qué tanta indigencia léxica? Sin duda, las hemos abandonado, porque nos hemos olvidado de querer, de sentir y de pensar, y porque hemos perdido la afición al estudio y al aprendizaje. Ese descuido contribuye a nuestra degradación como personas. Alimentamos la rutina, la pereza y los índices de evaluación televisivos, y nos quedamos sin respuestas, es decir, sin palabras. Como no sabemos qué decir, decimos mal lo que no sabemos. Baste este ejemplo tomado de Internet sin una coma que lo defienda:

Mi pregunta es: si hago cajones de crianza para cría

intensiva de telgopor, ¿les hará mal a los caracoles?

Esa poquedad verbal nos impide encarnar la belleza, que está con nosotros y no presentimos, esa sencilla belleza que tiene su paradigma en aquella breve oración que dijo Cristo a uno de los malhechores en la hora de la cruz: «En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso». ¿Habrá otra definición más bella?

Este debe ser tiempo de meditación, de goce, de análisis, para evocar la esencia de la palabra, para renovarnos de dentro hacia fuera. Tenemos heridas las alas —lo sabemos—, pero aún nos queda la esperanza de otro vuelo para cambiar el mundo.

Dijo el poeta español Luis Rosales: «En la lengua que habla se ve el rostro de un pueblo. Guarda todos sus rasgos y es igual que un espejo interno. Un espejo de adentro. Ahora bien, como la lengua no es solo un medio de expresión, sino un sistema de instalación vital, si no la hablamos correctamente es porque no vivimos plenamente. Quien no habla bien su lengua no ha aprendido a vivir. Quien la habla mal, vive a traspiés»6.

Alicia María Zorrilla

¿Qué es la Normativa Lingüística Española?

De acuerdo con el Diccionario académico, normativa es un sustantivo colectivo que denota ‘conjunto de normas aplicables a determinada materia o actividad’. Lo normativo es lo que sirve de norma. Esta implica una distinción entre usos correctos e incorrectos. Es objeto de la Gramática normativa, preceptiva o prescriptiva, que es la que prescribe una serie de normas o preceptos para hablar y escribir con corrección, y suele basarse en una autoridad lingüística. En la actualidad, la norma no es monocéntrica, sino policéntrica; si bien hay una normativa general, cada país tiene sus normas.

La Normativa del español es, pues, el conjunto de normas que se aplican a nuestra lengua y que rigen su correcta expresión escrita y oral.

Entre los niveles de lengua (lengua culta, lengua popular, lengua vulgar, lengua rural, etc.), la gramática normativa (la académica) elige uno y lo propone como lengua de prestigio (la lengua culta). Aunque la lengua culta se basa en los principios etimológicos de la lengua, el uso, cuando se hace general, pasa a formar parte de la norma. «El uso lingüístico —según José Martínez de Sousa— está representado por el conjunto de reglas gramaticales más o menos estabilizadas y empleadas por la mayoría de los usuarios de una lengua en una época dada y en un determinado medio social»7.

Según Eugenio Coseriu, la dicotomía de Ferdinand de Saussure es muy rígida porque no permite saber cómo se pasa del sistema abstracto (lengua) a las realizaciones concretas del habla. Entonces, introduce un nivel intermedio llamado norma, que define como la mediana de las realizaciones aceptadas en una comunidad de habla, es decir, en el sistema, existe la posibilidad de crear muchas formas.

Gramática normativa es la Gramática de la lengua española, publicada desde 1771 por la Real Academia Española (fundada en 1713), con sede oficial en Madrid. El carácter fuertemente normativo de esta gramática, cuya última edición data de 1959 (reimpresión de la de 1931, con alguna adición), ha sido notablemente suavizado en el Esbozo de una nueva Gramática de la Lengua Española, publicado por la Academia en 1973, pero aún provisional por su carácter de «esbozo» o de «bosquejo inacabado».

En 1994, se publica la Gramática de la Lengua Española, de Emilio Alarcos Llorach, avalada por la Real Academia para iniciar la Colección Nebrija y Bello. No es la Gramática oficial.

En 1999, aparece la Gramática descriptiva de la Lengua Española, coordinada por Ignacio Bosque y Violeta Demonte, avalada también por la Real Academia, y segunda obra de la Colección Nebrija y Bello. Tampoco es la Gramática oficial.

Finalmente, en 2009, se publican los dos primeros tomos de la Nueva gramática de la lengua española: Morfología. Sintaxis I y Sintaxis II, y en 2011, el tercer tomo: Fonética y fonología. Fruto de más de once años de intensa labor, los dos primeros tomos constituyen una descripción minuciosa y muy documentada del español actual admitida por todas las Academias. Es una Gramática de síntesis, no de análisis como lo eran las tradicionales. Refleja las variaciones geográficas y sociales que se consideran cultas en el español europeo y americano, y propone soluciones unificadas respecto de los problemas gramaticales. Es descriptiva y normativa, pero también analiza estructuras gramaticales que no son estrictamente normativas. De ahí que no se confunde el concepto de corrección con el de gramaticalidad ni el de incorrección con el de agramaticalidad. Según aclara el doctor Ignacio Bosque Muñoz, presenta un panorama comprehensivo de la estructura de nuestra lengua, un verdadero mapa del español; describe de forma reflexiva e informativa la variación gramatical que existe en el mundo hispánico y combina la tradición gramatical española con algunos aportes valiosos de la gramática contemporánea de orientación formal y funcional. En el tercer tomo, se explica la historia de los antiguos sonidos del español hasta su situación actual. Está acompañado de un DVD (Las voces del español. Tiempo y espacio), que traduce el estado y la evolución de la lengua, y recoge muestras de los acentos y entonaciones de todos los países hispanohablantes.

¿En qué se diferencia una gramática normativa de una gramática descriptiva? La Gramática descriptiva estudia las propiedades de las unidades gramaticales y sus relaciones, sobre todo, en la morfología y la sintaxis. Analiza en constituyentes las oraciones que emiten los hablantes. Responde a la pregunta ¿cómo se dice? La Gramática normativa establece los usos que se consideran ejemplares en la lengua culta de una comunidad. Responde a la pregunta ¿cómo debe decirse? Por ejemplo, si decimos: La niña lee un libro, la gramática descriptiva nos explicará que La niña es un constituyente, y que lee un libro es otro. Además, que en el constituyente La niña, La es artículo, y niña, sustantivo. En cambio, la gramática normativa nos enseña que no debemos decir *La niña lee a un libro, pues el complemento directo referido a cosas no se construye con la preposición «a». La actitud prescriptiva es propia de las gramáticas normativas. Una gramática es normativa porque reúne reglas prácticas sobre el uso correcto de la lengua. No intenta modificar la conducta lingüística del hablante mediante normas o reglas, sino actuar como guía para que se expresen los mensajes con cohesión y coherencia. En cambio, la actitud descriptiva pretende presentar o exponer la conducta lingüística del hablante tal cual es.

La norma nos ayuda a despejar dudas. Entendemos por duda la vacilación ante dos o más realidades lingüísticas necesarias para la comunicación. Por ejemplo, el hablante duda ante la palabra dilema. Suele usarla mal como sinónimo de «problema», pero dilema (en griego, ‘dos premisas’) denota ‘duda, disyuntiva’.

Existen tres clases de normas: la lingüística, la pragmática y la académica. La norma lingüística, ínsita en la lengua, histórica, permite que los hablantes del español nos comuniquemos habitualmente unos con otros; es —según Eugenio Coseriu— la que seguimos necesariamente para ser miembros de una comunidad lingüística8, porque es la norma ejemplar, la «realización “colectiva” del sistema»9. La norma pragmática, que nace del hablar concreto, conlleva la creatividad de cada persona, su ser individual, y, por ende, su libertad; es creación y repetición. De acuerdo con Coseriu, «la originalidad expresiva del individuo que no conoce o no obedece la norma puede ser tomada como modelo por otro individuo, puede ser imitada y volverse, por consiguiente, norma»10. Dentro de la norma pragmática, distinguimos usos normales y anormales; por ejemplo, el plural de «tórax» es «los tórax» (uso normal) y no, *toraxes, *toraces, *tóraxes o *tóraces (usos anormales).

Cada comunidad tiene sus normas, que responden al entorno sociocultural. Hay, pues, una norma culta argentina, boliviana, chilena, colombiana, ecuatoriana, mejicana, peruana, venezolana, uruguaya, etcétera, pero un solo español. Y dentro de una misma comunidad lingüística, hay otras normas (lenguaje familiar, popular, elevado, vulgar, lengua literaria, etcétera) que se diferencian por el vocabulario, las formas gramaticales o la pronunciación11. Por ejemplo, en México, era común el uso de la locución prepositiva «arriba de» con el significado de ‘encima de’: Dejé el libro arriba de la mesa. La Real Academia Española la registró como mexicanismo en la edición de 1992 de su Diccionario, pues no era propia de España con esa denotación. Sí, se emplea en otros países hispanoamericanos, como en el nuestro, pero no aparece como argentinismo. De acuerdo con esto, para los mexicanos, el empleo de «arriba de» por ‘encima de’ ya es norma académica. Respecto del léxico, el anglicismo «chequear», verbo transitivo, es españolizado e introducido en el Diccionario por su gran difusión en América con la acepción de ‘examinar, verificar, controlar’ (Chequearemos esos paquetes) y como verbo pronominal, con la de ‘hacerse un chequeo’ (Se chequeará el viernes); y, en América Central, con la de ‘rellenar un cheque’ (Por esta compra, deberé chequear). El verbo «regresar» es intransitivo en su acepción de ‘volver al lugar de donde se partió’ (Regresaron a Chile), pero en algunos países hispanoamericanos, también se usa como pronominal con ese significado (Se regresaron a Chile) y como transitivo con la denotación de ‘devolver o restituir algo a su poseedor’ (Me regresó todas las revistas que le presté).

La norma académica, prescriptiva, estudia la norma pragmática y la acredita, es decir, admite su validez al confirmar la difusión de su uso. Del cómo se dice al cómo debe decirse el camino es largo, y el proceso, lento. La norma pragmática, anterior a la norma académica, no se transforma inmediatamente en esta; a veces, eso no sucede nunca. Depende —repetimos— de la difusión de su empleo, de su aprobación social. Además, el nacimiento de la norma académica debe basarse en los datos que aportan las investigaciones lingüísticas y sociolingüísticas (diferentes niveles de lengua: culto, medio, popular)12. Dice Ofelia Kovacci: «La realidad es que la Academia lleva a cabo una labor propia de disciplinas científicas como la lexicografía y la filología: observa y estudia los usos y sus peculiaridades vigentes en el transcurso del tiempo, y los recoge en léxicos y diccionarios como contribución al conocimiento de la lengua; no “autoriza” vocablos ni los “prohíbe”: sólo los registra»13. La norma académica, al señalar cómo debe decirse y cómo no debe decirse, distingue lo correcto de lo incorrecto, es decir, realiza una valoración. Daremos ejemplos: la locución prepositiva «luego de» es comúnmente usada en la escritura y en el coloquio: Se lo diré luego de guardar estos papeles. Antes se desestimaba su uso y se recomendaba la locución prepositiva «después de». La profusión de su empleo permitió que la institución española la incorporara en la vigésima segunda edición de su Diccionario (octubre de 2001) como argentinismo y mexicanismo.

Uso y tradición lingüísticos son los pilares que sostienen lo que denominamos correcto, canónico o conforme a las reglas.

Hay, sin duda, cierta aversión al verbo «corregir» y al adjetivo «correcto» por un temor oculto a lo perfectible. Algunas personas no quieren ser corregidas; prefieren los errores a que se las tilde de imperfectas. No es este el camino. Es necesario un ideal de corrección. Es necesaria la norma académica como guía con todas las modificaciones que irá adoptando con el tiempo, con esos cambios saludables que nos dicen que la lengua vive porque nosotros le damos vida. La norma académica no hace que la lengua se fosilice, es espejo de su constante creatividad.

Dentro de la norma académica, distinguiremos las siguientes normas:

1. NORMA GRÁFICA

Gráfica (del griego, ‘lo escrito’). Comprende todo lo que se relaciona con los signos de puntuación y con los signos auxiliares de puntuación; el uso de la tilde (acento escrito); de las mayúsculas, de las minúsculas y de las letras en general (uso de b y de v, de h, de c y de s, por ejemplo).

1. Uso de los signos de puntuación

Evaristo, mi loro ha muerto. (Nos dirigimos a alguien que se llama Evaristo).

Evaristo, mi loro, ha muerto. (Evaristo es el nombre del loro).

El juez llegó al país, detenido.

El juez llegó al país detenido. (Cambia el significado de la oración).

El juez llegó detenido al país.

Los soldados que cruzaron el puente son franceses. (Algunos soldados, solo los franceses).

Los soldados, que cruzaron el puente, son franceses. (Todos los soldados franceses cruzaron el puente).

2. Uso de la tilde

período-periodo

carácter-caracteres

médula-medula

virgen-vírgenes

Zodíaco-Zodiaco (En España, se prefiere Zodiaco).

3. Uso de las mayúsculas y de las minúsculas

Juana es *Sagitario (mayúscula incorrecta porque es adjetivo).

Sagitario es el signo de Juana (mayúscula correcta porque es el nombre propio del signo).

Juana es sagitario (minúscula correcta porque es adjetivo).

Juana es sagitariana (minúscula correcta porque es adjetivo).

Juana es una bella mujer sagitario (minúscula correcta porque es adjetivo).

4. Uso de las letras en general (b, c, h, s, v, etc.)

Además de las reglas ortográficas correspondientes, estudia las alografías (del griego, ‘otra escritura’). A continuación, las palabras subrayadas están registradas en el Diccionario académico, pero se prefieren las que aparecen en cursiva:

armonía - harmonía

garaje (no, garage, pues esta es grafía francesa)

oscuro - obscuro

pretensión (solo con s por su etimología latina: praetensio-onis)

pretencioso - pretensioso (doble grafía, porque procede del francés, prétentieux)

psicología - sicología

santafesino - santafecino

septiembre - setiembre

séptimo - sétimo

suruví - surubí

La forma gráfica preferida por la Real Academia Española es la que lleva definición directa en el Diccionario; las aceptadas, pero no preferidas, se remiten a aquella.

5. Cacografías o faltas ortográficas:

• acentuaciones incorrectas (se presenta en cursiva la forma correcta)

aimará por aimara

alicuota por alícuota

dí por di

dió por dio

estadío por estadio

exámen por examen

fué por fue

fuí por fui

insanía por insania

manícura por manicura

périto por perito

sindrome por síndrome

tí por ti

vió por vio

• adición o supresión de letras

ginda por guinda

concencia por conciencia

exhuberante por exuberante

padastro por padrastro

suscinto por sucinto

convalescencia por convalecencia

• sustitución de unas letras por otras

ésito por éxito

espúreo por espurio

belar por velar

tienpo por tiempo

ideosincracia por idiosincrasia

• trasposición de letras en la palabra

acnédota por anécdota

crosta por costra

cluquillas por cuclillas

naide por nadie

enquencle por enclenque

2. NORMA FÓNICA

Fónica (del griego, ‘lo referido al sonido’). Comprende la pronunciación y la acentuación prosódica (acento no escrito). En este plano, se registra, por ejemplo, que es correcto doctor y no, *dotor; intervalo y no, *intérvalo; libido y no, *líbido; hayamos y no, *háyamos, vayamos y no, *váyamos, etcétera.

3. NORMA MORFOSINTÁCTICA

Morfosintáctica (morfología [del griego, ‘estudio de las formas de las palabras’]; sintaxis [del griego, ‘con orden, coordinación’]: parte de la Gramática, que enseña a coordinar y a unir las palabras para formar las oraciones y expresar conceptos). Por ejemplo, son correctas las expresiones haya, la sartén, dice que vendrá, cuentas por pagar, por eso lo digo, e incorrectas, *haiga, *el sartén, *dijo de que vendrá, *cuentas a pagar, *es por eso que lo digo.

La norma morfosintáctica comprende:

a) la construcción de estructuras sintácticas (oraciones, enunciados);

b) el orden de las palabras en la oración;

c) el paradigma verbal;

d) el uso del gerundio;

e) el uso del sustantivo y del adjetivo (género y número);

f) el régimen preposicional;

g) la concordancia;

h) la correlación de los tiempos verbales;

i) casos de ambigüedad; etcétera.

Por ejemplo, es correcta la oración Dijo que traerá la sartén y no, *Dijo de que traerá el sartén. Son ambiguas las oraciones: El burro de mi tío no quiere comer y La perra de mi vecina me observa siempre. Pueden resolverse así: El burro que tiene mi tío no quiere comer o Mi tío tiene un burro que no quiere comer; La perra que tiene mi vecina me observa siempre o Mi vecina tiene una perra que me observa siempre.

Otros ejemplos:

*Vendía pantalones para damas de terciopelo.

Vendía pantalones de terciopelo para damas.

Silvana encontró el papel doblado o Silvana encontró doblado el papel. (ambigüedad pragmática).

Esteban y yo escribimos una carta.

(ambigüedad morfológica: ¿en el presente o en el pasado?).

Creemos en la escuela (ambigüedad morfológica: ¿de creer o de crear?).

Los casos de ambigüedad también lindan con la norma lexicosemántica.

En cuanto a la concordancia, por ejemplo, debe decirse cualesquier asuntos y no, *cualquieras asuntos o *cualesquier asunto. Cuando se usan los sustantivos con valor de adjetivos, en aposición especificativa, carecen de plural: abejas reina, años luz, cafés teatro, camiones cisterna, carros tanque, cartones piedra, cheques regalo, ciudades dormitorio, ciudades satélite, coches bomba, comidas basura, comidas chatarra, Estados miembro, hombres rana, horas extra, horas pico, horas punta, niños prodigio, ojos malva, pájaros mosca, perros guía, rayos ultravioleta, situaciones límite (Se admite el plural cuando estos sustantivos pueden transformarse en predicativos de un verbo copulativo: Los Estados son miembros; Estas horas son claves, por ejemplo. Entonces, también es correcto Estados miembros; horas claves).

Cuando se quebrantan las leyes de la concordancia en el género o en el número de las palabras, se comete una silepsis (en griego, ‘comprensión’): *La mayor parte recibieron el diploma.

La norma morfosintáctica nos indica también que son incorrectas las siguientes expresiones: *en base a o *bajo esta base por sobre la base de; *con base en esto por sobre la base de esto; *se ha enterado que por se ha enterado de que, etcétera.

Otros problemas que resuelve la norma morfosintáctica: se presentan inconvenientes cuando queremos emplear en plural el nombre de los números, de las letras o de las notas musicales: unos, doses, treses, cuatros, cincos, seises, sietes, ochos, nueves, dieces; aes, es, íes, oes, úes; dos, res, mis, fas, soles, las, sis. O sustantivos como padrenuestro, avemaría, medialuna o casaquinta: padrenuestros, avemarías, medialunas, casaquintas o casas quintas, y no, *padresnuestros, *avesmarías, *mediaslunas, *casasquintas.

4. NORMA LEXICOSEMÁNTICA

Lexicosemántica (léxico [del griego, ‘lenguaje, palabra’]; semántica [del griego, ‘significado’]: estudio del significado de los signos lingüísticos y de sus combinaciones). Trata cuestiones relacionadas con:

a) el enriquecimiento del léxico;

b) los fenómenos de sinonimia, antonimia, paronimia (homónimos, homógrafos, homófonos). La norma nos dice que podemos usar pelo como sinónimo de cabello (Tiene un hermoso pelo); que el antónimo de verdad es mentira; que incipiente14 e insipiente15 son, en la Argentina, homófonos;

c) la incorporación de barbarismos y de cultismos16.

Enviciarse denota ‘aficionarse con exceso a algo’. Nos enviciamos de incorrecciones. Y como nunca es ocioso recurrir a las etimologías, recordemos que vicio proviene del latín vitium, ‘defecto, falta, imperfección, deformidad, culpa’. Los errores que cometemos son, pues, defectos del lenguaje, es decir, barbarismos. La palabra proviene del latín barbarismus, y este, del griego, ‘extranjero’. «Bárbaro» era un romano respecto de los griegos, y barbarismo, el modo de hablar vicioso al estilo de los extranjeros. Se cometen barbarismos cuando se pronuncian o se escriben mal los vocablos, o cuando se emplean voces impropias.

CLASIFICACIÓN DE LOS BARBARISMOS

a) Arcaísmos (del griego, ‘primitivismo’, ‘principio’): son voces o expresiones anticuadas (ansí, apriesa, cabe, conoscencia, creendero, debda, digerecer, digestir, dij, donear, escarnar, galavardo, hemisfero, her, hereja, hombredad, menstruo, pecatriz, poncella, reamar, so, soliviar, tríbulo);

b) Neologismos (del griego, ‘lenguaje nuevo’): son vocablos, acepciones o giros nuevos en una lengua (abaniquear, abrumamiento, abstémico, absurdidez, accesar, aconsejamiento, anexionamiento, apergaminamiento, apretitud, asambleario, atractividad, atrapamiento, autosuicidio, crocancia, crocantez, crocanticidad, dañosidad, decisor, deletración, destapación, desteñimiento, disvalioso, eficientizar, emprolijar, experimencial, infraccional, inmemoriable, intermediamiento, intrusar, permanenteado, predominancia, premoldados, primiciar, procedural, profesionabilidad, profugarse, proyectación, psicopatear, recepcionar, registración, satisfactoriedad, significancia, similaridades, sumatoria, transferibilidad, transmisibilidad, vacunal, volcamiento)17. Jorge Luis Borges usa, como neologismos, el sustantivo apocrifidades (por «hechos apócrifos») y la forma verbal negligen (por «ser negligentes»), términos no registrados en el Diccionario académico.

También se usan palabras con un significado distinto del que poseen; son neologismos semánticos. A veces, la Real Academia Española los registra en su Diccionario: enervar (‘debilitar, quitar las fuerzas’; ‘poner nervioso’). La palabra rebalsar (‘detener y recoger el agua u otro líquido, de suerte que haga balsa’) comenzó a usarse con el sentido neológico de rebasar (‘exceder de cierto límite’) y de rebosar (‘derramarse un líquido por encima de los bordes de un recipiente en que no cabe’). Hoy la Real Academia la registra como sinónimo de ambos verbos18.

Otros neologismos semánticos:

desapercibido por inadvertido;

detentar19 por desempeñar, ejercer;

dilema por problema;

insumir tiempo (‘emplear, invertir dinero’) por ocupar tiempo;

suplantar20 por reemplazar o remplazar.

Antes de crear un neologismo, debe comprobarse que aquello que se trata de nombrar no tiene denominación en la lengua. Dice José Martínez de Sousa: «La creación de neologismos no debe responder a un acto de voluntad, sino a un acto de necesidad... [...]. Sin embargo, a la hora de analizar los neologismos para establecer si son aceptables o no, hay que verificar si, además de necesarios, están bien formados...»21.

c) Pleonasmos (del griego, ‘redundancia’): figura de construcción que consiste en emplear en las oraciones uno o más vocablos innecesarios para su recto y cabal sentido, pero con los cuales se da gracia o vigor a lo que se desea expresar. La norma lexicosemántica recomienda no abusar de los pleonasmos (apagón de luz, bajar abajo, brasas encendidas, crespón negro, divisa extranjera, doblar a muerto, entrar adentro, erario público, exportar mercadería afuera, fruncir el ceño, lluvia caída, lo releyó de nuevo, manantial de agua, no lo haré tampoco yo, peluca postiza, prótesis postiza, puño cerrado, salir afuera, subir arriba, ver con los propios ojos, volver a contar de nuevo).

Pulsuz fraqment bitdi.

Janr və etiketlər

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
26 mart 2025
Həcm:
158 səh. 14 illustrasiyalar
ISBN:
9789875998377
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
Yükləmə formatı: