Kitabı oxu: «Enseñar evolución y genética para la alfabetización científica »

colección educación | serie didáctica
Hernán Cofré, Claudia Vergara & Ángel Spotorno (editores). Enseñar Evolución y Genética para la Alfabetización Científica.
Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2021.
1. Educación
Este libro ha sido seleccionado en el concurso de Publicaciones
Académicas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Vicerrectoría académica
serie arbitrada
© Hernán Cofré, Claudia Vergara & Ángel Spotorno, 2021
Enseñar Evolución y Genética para la Alfabetización Científica
Registro de Propiedad Intelectual Nº 2021-A-2109
ISBN Edición Impresa: 978-956-17-0916-4
ISBN Edición Digital: 978-956-17-0978-2
Derechos Reservados
© Ediciones Universitarias de Valparaíso
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Calle Doce de Febrero 21, Valparaíso
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Diseño de colección: Paulina Segura P.
Corrección de pruebas: Aldo Espina A.
CONTENIDOS
PRÓLOGO
PREFACIO
AGRADECIMIENTOS
PARTE I. ASPECTOS GENERALES DE LA ENSEÑANZA DE LA BIOLOGÍA
CAPÍTULO 1: ENSEÑANZA DE LA BIOLOGÍA Y CONOCIMIENTO PEDAGÓGICO DEL CONTENIDO: UNA INTRODUCCIÓN Claudia Vergara, Hernán Cofré y David Santibáñez
CAPÍTULO 2: LAS CONCEPCIONES ALTERNATIVAS DE LOS ESTUDIANTES Y SU RELACIÓN CON LAS BASES NEUROBIOLÓGICAS DEL APRENDIZAJE Martina Valencia y Dirk Krüger
CAPÍTULO 3: ¿CÓMO INCORPORAR LAS GRANDES IDEAS DE LA CIENCIA A LA PRÁCTICA DOCENTE?: REFLEXIONES DESDE EL AULA Corina González-Weil y Paulina Bravo
CAPÍTULO 4: LA BIOLOGÍA Y LA NATURALEZA DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO Norman Lederman
CAPÍTULO 5: ARGUMENTAR PARA ENSEÑAR Y APRENDER BIOLOGÍA Antonia Larrain
CAPÍTULO 6: ENSEÑANDO BIOLOGÍA A TRAVÉS DE LA INDAGACIÓN Judith Lederman
PARTE II. DESARROLLANDO EL CPC PARA GENÉTICA
CAPÍTULO 7: LAS GRANDES IDEAS DE LA GENÉTICA Y SU IMPORTANCIA EN LA VIDA DIARIA Ángel Spotorno
CAPÍTULO 8: LA GENÉTICA EN EL CURRÍCULUM NACIONAL E INTERNACIONAL Hernán Cofré, Valentina Donoso y Constanza Pizarro
CAPÍTULO 9: PRECONCEPCIONES Y OBSTÁCULOS PARA EL APRENDIZAJE DE LA GENÉTICA Dirk Krüger y David Santibáñez
CAPÍTULO 10: MODELANDO EN GENÉTICA: ESTRATEGIAS PARA DESARROLLAR ALFABETIZACIÓN GENÉTICA Renee Schwartz, Hernán Cofré y David Santibáñez
CAPÍTULO 11: EVALUACIÓN PARA EL APRENDIZAJE DE LA GENÉTICA Dirk Krüger y David Santibáñez
PARTE III. DESARROLLANDO EL CPC PARA EVOLUCIÓN
CAPÍTULO 12: LAS GRANDES IDEAS DE LA EVOLUCIÓN Y SU IMPORTANCIA PARA LA VIDA DIARIA Ángel Spotorno
CAPÍTULO 13: EVOLUCIÓN EN EL CURRÍCULUM NACIONAL E INTERNACIONAL Beatriz Becerra y Hernán Cofré
CAPÍTULO 14: PRECONCEPCIONES Y OBSTÁCULOS PARA APRENDER LA EVOLUCIÓN Hernán Cofré, Francisca Carmona y Paola Núñez
CAPÍTULO 15: ESTRATEGIAS DE ENSEÑANZA PARA LA EVOLUCIÓN Hernán Cofré, Paola Núñez, Angel Spotorno y Arlette Bassaber
CAPÍTULO 16: EVALUACIÓN PARA EL APRENDIZAJE DE LA EVOLUCIÓN Paola Núñez y Hernán Cofré
PARTE IV. CONCLUSIONES
CAPÍTULO 17: EL RETO DE LA FORMACIÓN DE PROFESORES DE BIOLOGÍA Claudia Vergara, Hernán Cofré y Dirk Krüger
CAPÍTULO 18: EL DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO PEDAGÓGICO DEL CONTENIDO DE PROFESORES DE BIOLOGÍA EN EJERCICIO David Santibáñez, Claudia Vergara y Hernán Cofré
PRÓLOGO
Me complace tener la oportunidad de escribir el prólogo de este importante y nuevo libro diseñado para profesores de habla hispana, editado por Hernán Cofré Mardones, Claudia Vergara Díaz y Ángel Spotorno. La Enseñanza de la Genética y la Evolución para la Alfabetización Científica es una obra pensada como un recurso integrado para ayudar a los profesores a comprender y mejorar las perspectivas y prácticas de enseñanza relacionadas con dos temas claves en biología. Está basado en el entendido de que, para ser efectivos, los profesores deben tener suficientes conocimientos previos en dos áreas: didáctica básica en las ciencias de la vida y conocimiento relacionado con el contenido de ciencias del tema que se comunica a los estudiantes. Este libro, por lo tanto, se estructura de manera efectiva con cuatro secciones. La primera se orienta a la comprensión pedagógica en biología, las dos secciones intermedias comparten temas y consideraciones de enseñanza vinculadas a las áreas de contenido de genética y evolución. El libro concluye con dos capítulos que recordarán a los lectores los desafíos de la formación del profesorado de biología, incluido el desarrollo del conocimiento pedagógico del contenido de los docentes en servicio.
La primera sección, centrada en las mejores prácticas de enseñanza de la educación en biología, incluye, entre otras cosas, la consideración del uso de las concepciones alternativas, la indagación y la argumentación en la enseñanza. Las dos secciones siguientes se dirigen a un área de enseñanza particularmente importante, pero algo difícil: los conceptos entrelazados de genética y evolución. En conjunto, estas secciones bien diseñadas sobre estrategias para enseñar biología junto con un bien pensado foco en evolución y genética serán informativas y efectivas para ayudar a los educadores a lograr el objetivo de mejorar la alfabetización científica de los estudiantes en estas sustanciales áreas vinculadas entre sí, con un énfasis particular en la evolución.
En mi papel de editor de la revista American Biology Teacher y de profesor de biología de secundaria durante mucho tiempo, he llegado a comprender que la evolución es, para los estudiantes, uno de los conceptos más difíciles de la biología. La evolución, o cambio orgánico a través del tiempo, es la piedra angular de las ciencias biológicas, pero también es un proceso que, en una primera aproximación, parece algo misterioso. La evidencia de la evolución se oculta a la vista de los estudiantes. Una comprensión completa de la evolución implica experimentos, apreciación del tiempo geológico, inferencia, innumerables líneas de evidencia de una variedad de ciencias, junto a mucho pensamiento inductivo y deductivo. Aunque el apoyo a la evolución es vasto, los hechos deben ser cuidadosamente reunidos y compartidos con los estudiantes de forma explícita si quieren ver la base científica para la conclusión de que las especies han cambiado a través del tiempo, lo que ha dado como resultado el mundo vivo increíblemente diverso e interrelacionado que nos rodea.
El biólogo Theodosius Dobzhansky escribió: “Nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución”, en un ensayo de 1973 publicado en la American Biology Teacher. ¡Una declaración que se ha hecho tan famosa que tiene su propia entrada en Wikipedia! Pero ¿qué significa realmente esta frase y por qué es importante? El ser humano comenzó a considerar esta propuesta antes de tener un mecanismo que explicara cómo funciona la evolución y antes de que muchos, incluso, aceptaran la realidad de la evolución. Y sí, sugiero deliberadamente que estos son dos temas diferentes: la noción de evolución en sí misma y la teoría de la evolución propuesta por Charles Darwin y Alfred Russel Wallace a mediados del siglo XIX.
La propuesta de que los seres vivos han cambiado a través del tiempo —la evolución— ha estado con nosotros desde la época de los antiguos griegos, cuando a veces se la llamaba La Gran Cadena del Ser. Sin embargo, muchos consideraron esta noción como poco más que una idea interesante hasta que Darwin y Wallace, trabajando independientemente, propusieron lo que se conoce como la Teoría de la Evolución por Selección Natural para explicar el proceso por el cual opera la evolución. Incluso sin esa explicación, el proceso natural de cambio a través del tiempo seguiría siendo válido, pero para muchos fue la propuesta de un mecanismo lo que permitió la aceptación generalizada del principio general de la evolución. Es esta aceptación generalizada lo que Dobzhansky reconoce en su cita.
El interés en el estudio del mundo viviente existía mucho antes de que los científicos adoptaran la noción de evolución y su mecanismo, pero las opiniones de los científicos y miembros del público educado sobre la vida cambiaron radicalmente una vez que la evolución se consideró “real”. Antes de que se aceptara la evolución, no había una explicación firme de por qué algunas criaturas se parecían entre sí, y generalmente se admitía que cada forma de vida se producía individualmente. Darwin, en las islas Galápagos, preguntó por qué los reptiles en estas islas lejanas y distantes se parecían mucho a los de la costa de América del Sur en lugar de haber sido producidos especialmente para la vida en estas rocas volcánicas escarpadas. Su respuesta fue que las tortugas, iguanas y lagartijas tienen que haber venido del continente y haber cambiado de generación en generación a lo largo del tiempo después de su llegada. Con la “luz de la evolución”, las relaciones entre estas especies y sus antepasados tuvieron sentido. Darwin salió de Galápagos entendiendo que la evolución había ocurrido, pero el mecanismo que propondría luego para explicarla esperaría varias décadas, durante las cuales examinó la evidencia, consideró los casos de grupos individuales de organismos como los percebes y entabló conversaciones enérgicas con los naturalistas. Todo acompañado de lectura voraz y pensamiento profundo.
Le damos crédito a Darwin por desarrollar y popularizar el mecanismo explicativo (es decir, la selección natural) de la evolución en El origen de las especies. Sin embargo, Darwin sabía que no tenía todos los elementos de su teoría completamente desarrollados. Por ejemplo, no sabía cómo funcionaba la herencia, y sabía muy poco sobre la fuente de la “variación dentro de las especies”, que proporcionaba la materia prima sobre la cual la “selección natural” construía nuevas especies. Darwin y sus colegas se adelantaron a su tiempo a este respecto.
Aunque la herencia fue un tema de mucho interés para los científicos victorianos, no fue sino hasta los primeros años del siglo XX que surgió la genética. Incluso ahí, la comprensión de la herencia aún no estaba completa, pero décadas después, la bioquímica del ADN llenó un vacío final importante. Uno solo puede imaginar cómo habría reaccionado Darwin si hubiese sabido que una molécula relativamente simple, compuesta de una cadena de Adeninas, Timinas, Citosinas y Guaninas, era la solución a muchas de sus preguntas sobre el mecanismo de la herencia.
Los editores de este libro se han dado cuenta sabiamente de que, para que los estudiantes entiendan la evolución, también deben tener un conocimiento complementario de la genética. Por lo tanto, junto con el objetivo de mejorar el conocimiento pedagógico del contenido de los profesores sobre la evolución, es vital que los educadores también aprecien el conocimiento del contenido de la genética, las ideas previas de los estudiantes sobre ella y la evaluación del aprendizaje en esta área. Este contenido relacionado con la genética está bien representado por una serie de capítulos paralelos a los dedicados a la evolución misma.
Creo que los maestros encontrarán la información contenida en este libro fascinante y útil para lograr los objetivos asociados con la preparación de la enseñanza de la biología, junto a los conocimientos necesarios sobre el contenido de la genética y la evolución, y cuestiones pedagógicas relacionadas, como la importancia del uso de las idas previas en la enseñanza. Si Dobzhansky nos dice que nada tiene sentido en biología sin evolución, yo añadiría que nada relacionado con el mecanismo de la evolución tiene sentido sin la genética. La educación en biología se basa en experimentar y comprender los pilares gemelos de la evolución y la genética, y este libro Enseñar Genetica y Evolucion para la Alfabetización Científica demostrará ser una valiosa guía para los maestros y sus estudiantes en la búsqueda de esta comprensión.
William F. McComas
Parks Family Distinguished Professor of Science Education
University of Arkansas, Fayetteville USA
PREFACIO
Antecedentes
Actualmente nos parece imprescindible que la Ciencia —y la biología en particular— pueda ayudar a los estudiantes a convertirse en ciudadanos ilustrados que adopten decisiones cruciales para su vida y para la sobrevivencia de la especie basándose en la evidencia que día a día se genera a través del trabajo científico. En tiempos en que los científicos nos alertan con certeza que el calentamiento global y el cambio climático amenazan nuestra continuidad como especie (Ripple et al., 2020) y que nuevas enfermedades hacen que nuestro supuesto bienestar económico y social se vea cuestionado como nunca antes en nuestra historia reciente, creemos que la alfabetización científica es la única forma en que podemos hacer frente a las falsas noticias que navegan en el espacio virtual y a las políticas de gobiernos que no toman en cuenta los datos y las ideas generadas por la Ciencia.
Si bien este camino entre la Ciencia y la sociedad lo pueden transitar científicos con genuina preocupación por la población o divulgadores que han hecho de su carrera investigativa una vía de conexión entre la academia y la gente, creemos que los principales responsables de alfabetizar a las personas somos los educadores.
Los profesores de Ciencia y de biología son, en efecto, los llamados a generar oportunidades de aprendizaje para que sus estudiantes logren descubrir y comprender la belleza de la evolución y la herencia. Son los profesores de biología los llamados a formar estudiantes que puedan usar dichos conocimientos para articular argumentos en contra del racismo, que vemos hoy más vigente que antes, o para explicar por qué muchas de nuestras enfermedades son producto de un ambiente posmoderno para el cual nuestro cuerpo paleolítico no está adaptado (Spotorno, 2019). Por último, son los profesores de biología los llamados a alentar a los estudiantes a tomar acciones concretas destinadas a aportar en la resolución de problemas socio científicos (extinción de especies, uso de pesticidas y otros compuestos químicos en la producción de alimentos, etc.), locales y nacionales, que podrían tener relación con los diferentes contenidos biológicos revisados en la educación en ciencias que les ofrecemos y les imponemos.
Pero sabemos que no es posible el logro de ciudadanos científicamente alfabetizados en aulas donde se realiza una enseñanza tradicional, centrada en los contenidos y en el profesor como su trasmisor erudito. Por lo tanto, sabemos asimismo que los nuevos cambios curriculares, por ejemplo, la creación de la nueva asignatura de Ciencias para la Ciudadanía, pueden convertirse en una gran oportunidad para conseguir ese logro, siempre y cuando los profesores tengan el tiempo suficiente y las herramientas necesarias para aprovecharla. En este contexto, creemos que la presente obra puede ser un aporte para los maestros que hoy se ven enfrentados a estas tensiones en la enseñanza de la biología a nivel secundario. Este libro, que ha sido el fruto de casi una década de trabajo e investigación de un número importante de académicos, profesores de escuela y estudiantes de pedagogía en biología, está pensado, especialmente, por y para los profesores de biología que se enfrentan al desafío de la alfabetización en genética y evolución. Como dijo Roger Bybee (1982) hace casi 40 años: “En la educación científica ya no podemos disfrutar del esplendor del pasado... de enfoques tradicionales y los programas del ayer. Resistir la necesidad de cambiar nuestra enseñanza significa que el futuro se presentará como un laberinto de problemas sin poder resolver” (p. 345).
Descripción y finalidad de este libro
Orientado entonces hacia una enseñanza de la biología para una nueva ciudadanía, el objetivo de este libro es ofrecer, tanto a profesores en formación como en servicio, una serie de conocimientos teóricos y prácticos que pueden ser útiles para lograr la alfabetización genética y evolutiva en los estudiantes. Tomando como marco teórico el conocimiento pedagógico del contenido (CPC), es decir, aquel conocimiento sobre la enseñanza de la asignatura del profesor (en este caso dos ramas de la biología), sus distintos capítulos transitan a través de la revisión de aspectos centrales en la enseñanza de la biología, para dar paso a secciones que examinan temas específicos de la enseñanza de la genética y la evolución.
Así, la Parte I incluye seis capítulos que, a nuestro entender, son cruciales en la educación en ciencias y que sirven para apoyar una enseñanza efectiva de la evolución y la genética. En el Capítulo 1 se explica brevemente lo más relevante del concepto del CPC, creado (¡y no descubierto!) por Shulman (1986) hace más de 30 años. La lectura de este capítulo permite comprender la lógica del libro, en particular las parte II y III, enfocadas en el CPC de genética y de evolución, respectivamente, así como los capítulos relacionados con la formación docente de la parte IV. En el Capítulo 2, se revisan las bases neurobiológicas del aprendizaje, junto con dos temas centrales de la educación en ciencias en la actualidad: el estudio de las concepciones previas de los estudiantes y la teoría del cambio conceptual. Leer este capítulo permite al lector comprender más cabalmente los capítulos dedicados a las preconcepciones de genética y evolución. El Capítulo 3 revisa el concepto de las Grandes Ideas de la Ciencia, uno de los pilares de nuestro nuevo currículum, y además se describen experiencias de aula acerca de cómo implementarlas. Agreguemos, por otra parte, que este capítulo está en consonancia con los capítulos que se refieren a las grandes ideas de la genética y la evolución. En el Capítulo 4, se trata otro tema fundamental en la educación en ciencias y en nuestro currículum nacional: la naturaleza del conocimiento científico, o también conocido como la Naturaleza de la Ciencia. Este concepto es crucial para la enseñanza y la comprensión de la teoría de la evolución, como se verá en los capítulos dedicados a estos temas en la parte III. El Capítulo 5 examina la argumentación científica como una estrategia de enseñanza que no solo permite una mejor comprensión de contenidos, como la genética y la evolución, sino que desarrolla igualmente habilidades científicas esenciales para lograr la alfabetización científica y una ciudadanía efectiva. Termina esta parte con el Capítulo 6, dedicado a otro componente esencial de la educación en ciencias y de nuestro currículum: la indagación científica como estrategia de enseñanza y como producto de aprendizaje. Dado que esta es una de las estrategias que se ha descrito como más eficaz para la enseñanza de la genética y la evolución, este capítulo es esencial para comprender en mejor forma aquellos capítulos de las partes II y III, que están centrados en estos temas.
La parte II y la parte III siguen la lógica de revisar el conocimiento que el profesor necesita para enseñar en buena forma el contenido de genética y de evolución, respectivamente. De acuerdo con el modelo de CPC revisado en el Capítulo 1, aquí podemos reconocer capítulos que examinan: el contenido, el currículum, las concepciones previas, las estrategias de enseñanza y la evaluación de ambos contenidos. La parte II comienza con el Capítulo 7, en el cual se consideran las grandes ideas de la genética que debe saber el profesor, con especial énfasis en aquellos problemas que nos afectan en nuestra vida diaria. Este capítulo, además, realiza una descripción histórica de la generación de las diferentes ideas que hoy en día son la base de los temas de herencia y variación. En el Capítulo 8 se revisa el conocimiento del currículum de genética, en estructura y secuencia, presente en Chile y en el resto del mundo. Especial énfasis se da a la relación y secuencia de la genética molecular y la mendeliana, así como a la variabilidad y otros temas genéticos que pueden ser de importancia para la comprensión de la Biología. En el Capítulo 9 se tratan las concepciones previas más importantes y frecuentes de los estudiantes, y que el profesor debería conocer para planificar su enseñanza y evaluación. En el Capítulo 10 se profundiza en las diferentes estrategias de enseñanza para desafiar las ideas previas de los estudiantes sobre la herencia, con especial énfasis en la modelación y la argumentación. El Capítulo 11 aborda el problema de cómo evaluar el progreso en la adquisición del conocimiento científico por parte del estudiante, así como su capacidad de aplicar conocimientos genéticos en su vida diaria.
En la parte III se sigue la misma lógica que en la parte anterior. El Capítulo 12 tiene que ver con las grandes ideas de la evolución y su influencia en la vida diaria. Se revisan en él una gran cantidad de ejemplos de adaptaciones y malas adaptaciones humanas, cuyo conocimiento aproxima la teoría evolutiva a los estudiantes. El Capítulo 13 examina el conocimiento curricular asociado a la evolución, tanto a nivel nacional como internacional. Se discute en él la ubicación del contenido de genética y su relación con la comprensión de la evolución, así como otros aspectos importantes en términos de la composición y secuencia curricular del contenido evolutivo. En el Capítulo 14 se analizan las preconcepciones más prominentes relacionadas con la evolución, las que se pueden asociar al mecanismo de selección natural, al proceso de evolución en sí y al estatus de la teoría como conocimiento científico válido. El Capítulo 15 revisa las estrategias más importantes para la enseñanza de la evolución, incluyendo el trabajo con la naturaleza de la ciencia, la evolución humana, la indagación y el contexto de la vida cotidiana. En el Capítulo 16 se analizan los instrumentos más utilizados para evaluar la calidad de las explicaciones de los estudiantes en relación con la selección natural, y que los profesores deberían manejar para monitorear el aprendizaje. A modo de conclusiones, en la parte IV se examina tanto la formación inicial de profesores de biología (Capítulo 17) como la formación continua (Capítulo 18), tomando como ejemplos el desarrollo de los conocimientos disciplinares y pedagógicos de la genética y la evolución.
Esperamos que todos los temas revisados en este libro sean, efectivamente, una ayuda y un apoyo para los profesores de biología, tanto en ejercicio como en formación, que quieran lograr la alfabetización científica de sus estudiantes en estos dos ámbitos tan importantes de la Biología.
Hernán Cofré Mardones
Claudia Vergara Díaz
Ángel Spotorno
Referencias
Bybee, R. (1982). Citizenship and Science Education. American Biology Teacher, 44, 6, 337–345.
Ripple, W.J., Wolf, C., Newsome, T.M., Barnard, P., Moomaw, W.R. (2020). World scientists warning of a climate emergency. BioScience, 70, 8–12.
Shulman, L. S. (1986). Those who understand: Knowledge growth in teaching. Educational Researcher, 15(2), 4–14.
Spotorno, A. (2019). Evolución Humana. Adaptaciones y Maladaptaciones. Editorial Latinoamericana.
AGRADECIMIENTOS
Este libro está dedicado en memoria de nuestro amigo y colega Norman Lederman, quien hizo un aporte invaluable a la educación en ciencia en Chile y el mundo.
Ante todo, queremos agradecer a los autores de los diferentes capítulos por su valioso aporte a esta obra. Sin su desinteresada contribución, este libro no se podría haber llevado a cabo.
En seguida, agradecemos a todos aquellos amigos y colaboradores que aportaron en la edición y revisión del primer manuscrito elaborado. Especial mención en tal sentido debemos hacer a Viviana Donoso Díaz por sus incansables revisiones de estilo, formato de figuras y compaginación de los diferentes capítulos. Sin su apoyo y dedicación este libro no se habría terminado. A Valentina Cofré Vergara por su apoyo en la realización de una gran cantidad de figuras originales y modificadas que nos enviaron los autores, así como del primer diseño de la portada de este libro. A Carlos Donoso Pacheco, quien revisó la ortografía, la gramática y el estilo del manuscrito. Magdalena Santibáñez Mellado también aportó con el diseño de dos figuras del libro.
Igualmente, agradecemos a los profesores y profesoras que han trabajado con nosotros en los diferentes proyectos que hemos realizado desde el año 2013. Sin sus aportes, ideas, críticas, vistos buenos y entusiasmo en la realización y aplicación de actividades, nunca podríamos haber generado el conocimiento que hoy presentamos en esta obra.
También queremos agradecer todo el apoyo recibido en recursos necesarios para esta publicación, provenientes de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Especialmente, deseamos manifestar nuestra gratitud hacia el director del Magister en Didáctica de las Ciencias Experimentales, Dr. Waldo Quiroz, y a la directora del Instituto de Biología, Dra. Vitalia Henríquez. También agradecemos el apoyo del Centro de Investigación en Didáctica de las Ciencias y educación STEM y el aporte del proyecto Fondecyt Regular N° 1181801, sin el cual no se podría haber concretado esta obra. Dejamos igualmente constancia de nuestro agradecimiento al proyecto MEC 80180066 (Concurso Atracción Capital Humana Avanzado del Extranjero – Modalidad Estadías Cortas) que permitió la visita del Dr. Dirk Krüger al Instituto de Biología de la PUCV y dio comienzo a la escritura de este libro.
Finalmente, Hernán Cofré y Claudia Vergara agradecen a sus hijos Tomás y Valentina por todo su apoyo y comprensión durante la escritura y revisión de este libro. Gracias por acostumbrarse (¡no adaptarse!) al ambiente de papers, clases, reuniones, congresos y conversaciones sobre biología, educación, didáctica y science education. Los queremos mucho.

Capítulo 1
Enseñanza de la Biología y Conocimiento Pedagógico del Contenido: una introducción
Claudia Vergara1, Hernán Cofré2 y David Santibáñez3
Resumen
En este Capítulo se revisa la evolución del modelo teórico Conocimiento Pedagógico del Contenido (CPC), como marco referencial que estructura este libro. En una primera parte explicamos el origen del CPC, su conexión con la Didáctica de las Ciencias o la Educación Científica y porqué es importante para el logro de la alfabetización científica. En el desarrollo del capítulo hacemos una revisión sucinta de los modelos más importantes de CPC, desde lo propuesto por Shulman en 1986 hasta el último modelo desarrollado el año 2019 por varios autores: Modelo de Consenso Refinado (MCR). Entre ellos, se describen: el modelo de Magnusson, Krajcik, y Borko (1999), de los cinco componentes (estudiantes, estrategias, currículum, evaluación y orientaciones); el modelo hexagonal de Park y Oliver (2008), el cual suma al modelo anterior un sexto componente de autoeficacia; y el modelo de Consenso de Gess-Newsome (2015), el cual incorpora los componentes del CPC en un marco conceptual más amplio, relacionándolo con otros conocimientos: del profesor (Shulman), la práctica y el desempeño de los estudiantes. De acuerdo con el análisis de estos modelos, se argumenta porqué se adoptó el modelo de Magnusson para organizar este libro. Al finalizar, discutimos brevemente los aportes del modelo CPC a la formación de los docentes de ciencia y a la comprensión de la relación entre el aprendizaje de los estudiantes y otros elementos de la práctica docente.
1. Introducción
Imagine que en el colegio o escuela donde usted hace clases, el director le dice que la próxima semana llegará una persona a remplazar a su colega, la profesora de Biología de primero y segundo medio, que está con una licencia larga de un mes. Usted se sorprende cuando el director le explica que la remplazante no es en verdad una profesora de Biología, sino una agrónoma. Ahora bien, usted puede pensar un momento en qué conocimientos necesita tener esta profesional para poder realizar su tarea de forma exitosa. O, mejor aún, podría pensar en qué tipo de consejos le daría a esta persona para que pueda realizar buenas clases de Biología en los primeros y segundos medios que tendrá a su cargo. O quizá usted podría pensar que una de las cosas más importantes es que la “profesora” conozca a los estudiantes, y le diría que revise sus notas, fichas personales, información de su familia, entre otras cosas. Puede que usted le sugiera que revise también los contenidos de los niveles que tendrá a cargo, ya que no necesariamente todos esos contenidos de biología son conocidos por una agrónoma. Es posible que usted le sugiera, asimismo, que se informe sobre el contexto de la escuela o colegio, por ejemplo, a través de la lectura del proyecto educativo del establecimiento. Es probable igualmente que usted le diga a la persona que estará encargada de enseñar evolución y genética ese semestre que una de las cosas más importantes es conocer qué saben los estudiantes sobre los contenidos que enseñará, y ¿cuáles son sus creencias?, por ejemplo, acerca de cómo se heredan los rasgos y cómo cambian las especies. Finalmente, tal vez usted converse con su nueva colega sobre cuál es el real objetivo de enseñar Biología o ciencias en general: la alfabetización científica. Este término tan conocido para los profesores de ciencias, puede que no sea conocido por su nueva colega.
Que los estudiantes puedan utilizar sus conocimientos de biología para tomar decisiones personales relacionadas con su salud o con el medio ambiente, y no solamente para pasar un examen, es quizá lo más importante que esta nueva profesora debe comprender.
En la Tabla 1.1 se muestran los diferentes conocimientos que usted anotó o pensó, o los temas que la persona encargada de hacer las clases de biología durante el próximo mes debe manejar. Estos conocimientos, en el marco conceptual generado por Shulman hace ya más de tres décadas (Shulman 1986, 1987), pertenecen a diferentes dominios de saber profesional. Uno de ellos es el que se conoce como Conocimiento Pedagógico del Contenido (conocido también en la literatura anglosajona como PCK, de Pedagogical Content Knowledge), el cual ha sido sugerido por los investigadores de la enseñanza de las ciencias como uno de los más importantes. Este CPC, o conocimiento sobre cómo enseñar un determinado contenido, es el tema principal de este libro. Una de las primeras características que han reconocido los investigadores en didáctica es que este CPC es específico para cada materia o contenido. Es decir, algunos profesores pueden tener mucha experiencia o saber muy bien cómo enseñar célula, pero esto no los hace, necesariamente, expertos en cómo enseñar ecología o evolución. Por esta razón, este libro se enfoca en los conocimientos que los profesores de biología deberían manejar y demostrar en dos temas específicos: genética y evolución.
Tabla 1.1 Tipos de conocimientos del profesor y la profesora según Shulman (1987).
| Tipo de conocimiento | Ejemplos de conocimientos que debemos tener para realizar una clase exitosa |
| Conocimiento del Contenido Disciplinar (CD) | ¿Qué es lo más importante que deben aprender sobre Biología? |
| Conocimiento del Currículum (CCU) | ¿Cuál es la diferencia entre las bases curriculares y los programas de estudio? |
| Conocimiento Pedagógico del Contenido (CPC) | ¿Cuáles son las creencias de los estudiantes sobre los conceptos más importantes de la Biología? |
| Conocimiento Pedagógico General (CPG) | ¿Cómo se debe organizar una actividad con trabajo colaborativo? ¿Cuáles son los momentos de la clase? |
| Conocimiento de los Estudiantes (CE) | ¿Existen conflictos entre estudiantes o grupos? ¿Existen problemas en algunas familias? ¿Existen estudiantes con NEE? |
| Conocimiento del Contexto Educacional (CC) | ¿Cuál es el proyecto educativo del colegio? |
| Conocimiento de los valores, y fines de la educación (CV). | ¿Cómo puedo trabajar la solidaridad y la diversidad en el curso? ¿Cómo puedo ayudar a mis estudiantes a ser ciudadanos biológicamente informados? |
2. Desarrollo
Antes de explicar con mayor profundidad qué es el CPC y por qué es importante comprenderlo en el contexto de este libro y de la enseñanza de la evolución y la genética, haremos una mención a su relación con la disciplina que lo estudia y busca desarrollarlo. La educación científica, educación en ciencias o didáctica de las ciencias, es una ciencia social que tiene por objeto de estudio los procesos de enseñanza y aprendizaje de las ciencias, y cuya finalidad última es la alfabetización científica de todos los estudiantes. Dado que tanto en Chile como en Latinoamérica existe una gran influencia del concepto de didáctica del contenido utilizado en la tradición alemana (ej., van Dijk y Kattmann, 2007) o simplemente como didáctica en la tradición hispanofrancesa (ej., Garritz, 2011), el desarrollo del CPC de los profesores de ciencias, lo podemos asociar a esta parte de la formación profesional (Vergara y Cofré, 2014). En palabras simples, en este libro hemos querido enfocarnos en el conocimiento y las habilidades que se desarrollan para enseñar (CPC), más que en la disciplina científica que se dedica a su estudio (Didáctica o Pedagogía en la tradición anglosajona). Como el concepto de CPC fue acuñado en esta última tradición, entendemos que lo Pedagógico del CPC se refiere más bien a lo didáctico y por ello se puede entender que autores españoles y latinoamericanos también hablen de conocimiento didáctico del contenido o CdC. En este libro, seguiremos más bien la traducción estricta del inglés y nos referiremos entonces al Pedagogical Content Knowldege (PCK) de Shulman, como Conocimiento Pedagógico del Contenido o CPC.
2.1 ¿De qué hablamos cuando decimos CPC?
Determinar qué sabemos los profesores y cómo usamos este conocimiento en nuestras prácticas ha sido de gran interés para los investigadores en las últimas décadas. Así, en un principio fue Shulman (1987) quien propuso siete categorías de conocimientos que se podían reconocer en los profesores (Tabla 1.1). De ellos, el conocimiento pedagógico del contenido (CPC) sería un conocimiento propio y que distingue al profesor o profesora de un especialista en la temática; es decir, dicho conocimiento distingue al profesor o profesora de Biología del biólogo o licenciado en biología. Para Shulman (1986), el CPC abarca el conocimiento de las formas de representar y formular un tema haciéndolo comprensible para otro, comprensión que hace que el aprendizaje de temas específicos sea fácil o difícil: las concepciones y preconceptos que los estudiantes de diferentes edades y antecedentes traen consigo al aprendizaje de los temas y lecciones que se enseñan con más frecuencia. A partir de lo anterior, comenzaron a surgir algunas interrogantes respecto de este CPC. Así, por ejemplo, surgió la pregunta: ¿Es este CPC un cuerpo de conocimiento diferente y único? Shulman (1987) planteó que el CPC es una de las siete categorías de conocimiento que tiene un profesor, y este puede emerger y crecer en la medida que la o el docente sea capaz de transformar su conocimiento del contenido (CD) con el fin de enseñarlo a determinados estudiantes. Sin embargo, otros autores han puesto en duda si este CPC puede distinguirse de las otras categorías de conocimiento, como por ejemplo el conocimiento de contenido. Para otros, como Magnusson, Krajcik y Borko (1999), el CPC es una categoría distinta de conocimiento, más elevada, y no corresponde a la suma de los tipos de conocimiento señaladas por Shulman. Según estos autores, creadores de uno de los modelos más influyentes de las últimas dos décadas (Chan y Hume, 2019), se pueden reconocer subconocimientos o componentes dentro del CPC. Ellos conceptualizaron el CPC sobre la base de cinco componentes: (a) orientaciones hacia la enseñanza, (b) conocimiento del currículum, (c) conocimiento de la evaluación, (d) conocimiento de la comprensión de los estudiantes y (d) conocimiento de las estrategias de enseñanza (Figura 1.1).
El modelo de Magnusson (como se conoce actualmente) se hizo popular, posiblemente, por el hecho de que proporciona categorías discretas fácilmente identificables y, por tanto, ideales para ser usadas en instrumentos de evaluación del CPC. Por ejemplo, una de las revisiones de CPC de ciencias más citadas, escrita por Sandra Abell (2007), aparece organizada sobre la base de los componentes del modelo de Magnusson, volviendo a servir de referente en la revisión más reciente de van Driel, Berry y Meirink (2014). Desde entonces, un sinnúmero de especialistas ha usado el modelo de Magnusson (al menos seis grupos de investigación según Kind [2015]) para caracterizar el CPC de estudiantes de pedagogía y profesores en ejercicio. De hecho, según la reciente revisión de Chan y Hume (2019), en los últimos 10 años (2008 – 2018), de los casi 100 artículos publicados sobre CPC, cerca del 50% ha utilizado el modelo de Magnusson o modificaciones de él. Como muestra la Figura 1.1, este es un modelo que se enfoca en distinguir cuatro subconocimientos o componentes que, de una u otra forma, recuerdan algunos de los conocimientos descritos originalmente por Schulman, pero ahora en el contexto del contenido específico de ciencia, o en nuestro caso, biología.
Por ejemplo, en la enseñanza de la evolución, el modelo propone que hay un conocimiento específico sobre el currículum de Biología (como saber lo complicado o no que puede ser enseñar evolución sin haber visto antes genética) que deberían tener los profesores (ver Capítulo 13 de este libro). Lo mismo en cuanto a que existe un conocimiento específico sobre las preconcepciones que tienen los estudiantes en el tema de la evolución (ver Capítulo 14 de este libro). Un tercer componente, dentro del CPC de evolución, sería saber cómo evaluar si el estudiante aprendió o no el modelo de selección natural (ej., saber que la capacidad de explicar una adaptación por selección natural depende del contexto de la especie y el rasgo) (ver Capítulo 16 de este libro). Finalmente, uno de los componentes más estudiados (junto a la comprensión de los estudiantes) en la literatura de CPC es el conocimiento sobre las estrategias de enseñanza, en este caso de la evolución (ej., saber que los modelos desconectados de la realidad [material concreto simulando picos de pájaros y su alimento] son contraproducentes, pues mantienen la preconcepción de los estudiantes que creen que la evolución no existe) (ver Capítulo 15 de este libro).

Figura 1.1 Componentes del CPC para la enseñanza de la ciencia según el modelo de Magnusson et al. (1999). En general, las orientaciones de la enseñanza, es decir, cuál es el motivo por el cual enseñar el contenido, se asume como un metacomponente que interacciona con los otros cuatro.
2.2 La evolución del modelo de CPC: “del saber, al saber hacer y al saber que lo sé hacer”
Desde los inicios de la investigación en CPC surgió la pregunta que buscaba comprender lo que el profesor hace, como también acerca de los elementos que considera en la toma de decisiones previa a la enseñanza (Loughran, Mulhall y Berry, 2008). Así, se ha definido un CPC declarativo, relativo a la forma de resolver la serie de tareas en el proceso de preparación de la enseñanza. Es la manera en que el profesor hace uso de su conocimiento previo para indicar cómo hará frente a la enseñanza de un determinado contenido científico. El CPC procedimental, en cambio, alude a las acciones que el profesor exhibe durante la enseñanza; por ejemplo, al interior de una sala de clases (Schmelzing et al., 2013). Otros autores han descrito esta distinción como el CPC on action (sobre la acción) y el CPC in action (en acción) (Park y Oliver, 2008). Estas últimas autoras generaron una nueva versión del modelo de Magnusson, la cual incluye los cinco componentes originales en la periferia de un hexágono, dejando en el centro al CPC (el declarativo y el procedimental) como producto de la integración de los componentes y la reflexión sobre la acción y en la acción de la práctica. El sexto componente que ellas incluyeron es un elemento afectivo, la autoeficacia del profesor, que sería específica del contexto. Esta autoeficacia es definida en esta investigación como la creencia del profesor en su habilidad para afectar el resultado de aprendizaje de sus estudiantes (Park y Oliver, 2008). Aunque en trabajos posteriores S. Park ha eliminado el elemento de autoeficacia para enfocarse en la medición de las interacciones de los otros cinco componentes originales del modelo de CPC de Magnusson (p.j., Park y Suh, 2015), es importante decir que este modelo hexagonal, o al menos algunos de sus componentes, será retomado en versiones posteriores, en las cuales se hace explícito el hecho de que el CPC no puede ser descrito ni medido solo como un conocimiento estático, erudito o memorístico, sino que debe ser estudiado en sus componentes y desarrollo en la arena de la sala de clases (ver sección 2.4).
2.3 Estructurando un modelo de CPC en conexión con la práctica: fortalezas y debilidades
A partir del trabajo de diferentes investigadores en educación científica en el mundo, se comenzó a discutir sobre la generación de un modelo para el CPC de profesores en educación científica que fuera unificado o al menos de consenso, en el cual se incorporaran muchas ideas que se estaban trabajando en paralelo o de forma algo confusa. En este modelo se identifica el papel general del conocimiento profesional de la profesora y el profesor, y sitúa al CPC dentro de ese modelo más amplio, incluyendo toda la complejidad de la enseñanza y el aprendizaje (Figura 1.3). Este trabajo se inició a partir de un modelo de desarrollo profesional y de habilidades docentes en el que se incluyó el CPC, llamado Modelo de Consenso (CM o Consensus Model) del año 2012 (Berry, Friedrichsen y Loughran, 2015). En este modelo se define así el CPC:

Figura 1.2 Modelo de Park y Oliver (2008) sobre CPC, conocido como el modelo hexagonal de CPC. Esta es una versión mejorada del modelo de Magnusson, que incorpora el CPC al interior de la figura representando una integración de los componentes (incluido uno nuevo de autoeficacia) y sumando la reflexión en la acción.
“El conocimiento, el razonamiento, y la planificación para enseñar un tema específico de una manera particular para un propósito particular a estudiantes particulares para obtener mejores resultados” (Gess-Newsome, 2015, p.36). Según Gess-Newsome, el modelo ofrecía poder explicativo para la investigación en didáctica con una forma más sólida y predictiva de pensar sobre el conocimiento y la acción del profesor. Específicamente, el MC comienza (parte superior) con las bases genéricas de conocimiento profesional del maestro (algunos de los conocimientos originales de Schulman), el cual informa y es informado por el CPC específico del tema disciplinar. Este modelo aporta varias cosas: 1) hace explícito que el contenido para la enseñanza se produce vinculado a un tema (ej., genética o evolución) y no a una disciplina (ej., biología); 2) este conocimiento combina contenido, pedagogía o didáctica y el contexto; y 3) se reconoce la diferencia entre un conocimiento de la profesión y uno personal, lo que le permite asumir un rol normativo (Gess-Newsome, 2015).

Figura 1.3 Modelo de consenso (MC), el cual está pensando desde una perspectiva de desarrollo profesional (Modificado de Gess-Newsome, 2015).
También es interesante destacar los elementos amplificadores y filtros que se reconocen entre los conocimientos declarativos y la práctica, y entre la práctica y el resultado del aprendizaje de los estudiantes. Una consecuencia obvia y muy práctica es que no es tan correcto (o al menos es una simplificación) el relacionar el conocimiento del profesor directamente con el desempeño o aprendizaje de los estudiantes.

Figura 1.4 Representación del Modelo de Consenso Refinado (MCR) de CPC, resultante de las conversaciones en el Segundo Encuentro sobre CPC (Carlson y Daehler, 2019).
Pese a lo atractivo del modelo, en cuanto a integrar de forma coherente y simple el CPC con otros conocimientos, el contexto, la práctica docente y los estudiantes, este modelo no ha sido muy utilizado, y ya se ha propuesto un nuevo modelo que podría venir a reemplazarlo en términos teóricos y prácticos (Figura 1.4). Según este, llamado Modelo de Consenso Refinado (MCR), lo central es la práctica de enseñanza del contenido (Carlson y Daehler, 2019). Esta práctica sería el resultado de la interacción de múltiples capas de conocimientos y experiencias. Una característica clave de este nuevo modelo es la identificación de tres tipos distintos de CPC: CPC colectivo (cCPC), CPC personal (pCPC) y CPC implementado (iCPC), que describen respectivamente: a) el conocimiento profesional especializado que poseen múltiples profesores en un campo (evolución o genética), b) el conocimiento profesional personalizado que posee un profesor individual (lo que sabe acerca de cómo enseñar evolución o genética), y c) el subconjunto único de conocimientos que un profesor utiliza al tomar sus decisiones pedagógicas durante la planificación, la enseñanza y la reflexión de su clase (el conocimiento para realizar la clase de selección natural o de las leyes de Mendel un día específico) (Carlson y Daehler, 2019).
Aunque este último modelo tiene el aval de la mayoría de los grupos de investigación en didáctica de las ciencias a través del mundo, aún existen muy pocos estudios que lo hayan utilizado (pero véase el libro editado por Hume, Cooper y Boroski (2019) para algunos ejemplos). Por otro lado, aunque el MCR parece ser simple y coherente en términos de centrar el CPC en la práctica y distinguir diferentes capas de conocimientos y sus interrelaciones, en nuestra opinión carece de otras importantes características que se mantenían de una u otra forma en los modelos anteriores.
Una de las debilidades más cruciales del MCR es que en él desaparecen los cinco componentes del CPC descritos por Magnusson (currículum, evaluación, estrategias, estudiantes y orientaciones), mantenidos tanto en el modelo hexagonal (Park y Oliver, 2008), como en el Modelo de Consenso (Gess-Newsome, 2015). Esta omisión nos parece compleja, ya que, sobre la base de nuestra experiencia, podemos afirmar que estos componentes son distinguibles y que incluso se pueden estudiar sus interacciones (Park y Chen, 2012; Ravanal y López, 2016). En la Figura 1.5 es posible ver un esquema generado a partir del análisis de datos provenientes de: observaciones en el aula, entrevistas semiestructuradas a los profesores, planificaciones y otros materiales para la enseñanza desarrollado por los profesores. El análisis de este tipo de mapas ha llevado a constatar que las integraciones entre componentes son idiosincráticas y dependientes del contenido (un mismo profesor muestra más conexiones entre componentes del tema de fotosíntesis que en el tema de la herencia) y que los componentes de estrategias (11) y de estudiantes (11) poseen más participación en la integración (conexiones) que los componentes de evaluación (7), currículum (7) y orientaciones (4), entre otras.

Figura 1.5 Ejemplo de Mapa de CPC de una profesora de Biología (Arenita) para una clase de Fotosíntesis. (Modificado de Park y Chen, 2012). OEC = Orientaciones para la Enseñanza de las Ciencias; CCE = Conocimiento de la Comprensión de los Estudiantes; CCC= Conocimiento del Currículum de Ciencia; CEIE = Conocimiento de Estrategias de Instrucción y Enseñanza; CEA = Conocimiento de la Evaluación del Aprendizaje.
Finalmente, también nos parece una debilidad del MCR el que se incluya una “capa” entre los componentes más internos del CPC y los conocimientos exteriores, con la denominación de “contexto de aprendizaje”, sin explicitar sus componentes o formas de interacción. En este sentido, pensamos que se perdieron varios componentes del MC, o al menos se hicieron menos visibles, en especial los elementos amplificadores y filtros (Figura 1.3). Por estas últimas razones, y por la razón obvia de que gran parte de este trabajo ya estaba escrita cuando salió a la luz el MCR, en el presente libro se ha seguido un modelo de CPC más alineado con el modelo de Magnusson y las versiones mejoradas de Park y Oliver (2008) y Gess-Newsome (2015) en términos de distinguir explícitamente los cuatro componentes más importantes del CPC: evaluación, currículum, estrategias y aprendizaje.
2.4 Aportes del CPC a la investigación y
el mejoramiento de las prácticas
En esta sección final queremos referirnos a algunos temas que, según nuestro criterio, han sido o pueden ser un aporte al desarrollo profesional de los profesores de ciencias y al mejoramiento de las prácticas de enseñanza de las ciencias.
2.4.1 Desarrollo del CPC de profesores en formación y ejercicio
La posibilidad de promover y de evaluar el CPC se ha considerado relevante teniendo presente los objetivos globales que posee la educación científica (Schmelzing et al., 2013). Un gran desafío relacionado con los programas de formación inicial docente es ayudar a los estudiantes a ver más allá de sus propias experiencias de enseñanza, y encontrar nuevas vías para comprometerlos en conceptualizar su práctica como algo más de como ellos fueron enseñados (Loughran, Berry y Mulhall, 2012). En esta línea, el CPC se ha estudiado mucho en contextos de formación inicial docente, ya sea como un medio de ayudar a los estudiantes a comprender mejor las implicancias de enseñar ciencia, o bien, para representar un panorama de los aprendizajes profesionales necesarios. Desde principios de la década de 2000 se han desarrollado varias investigaciones que apuntan a evaluar el mejoramiento del CPC de estudiantes de pedagogía, tras haber participado en diversos tipos de intervenciones. Muchos de los resultados obtenidos muestran que tanto la introducción del concepto de CPC, como el enfocar la reflexión de la práctica en los componentes del CPC, pueden ser muy efectivos en el desarrollo del CPC del profesor en formación (véase el Capítulo 17 de este libro). Uno de los instrumentos más utilizado para esta tarea ha sido el CoRe o Content Representation (Representaciones del Contenido) (Vergara y Cofré, 2014) desarrollado por John Loughran y sus colegas (Loughran et al., 2008; 2012). El CoRe es el resultado de una entrevista semiestructurada en la cual el profesor (o los profesores en grupos pequeños) responde a diversas preguntas que tratan de hacer explícito su CPC sobre algún contenido específico. El instrumento consta de las siguientes preguntas que el investigador debería adaptar para un contenido específico, por ejemplo, Genética:
1 ¿Cuál es la idea central o más importante que usted espera que aprendan los estudiantes en relación con la genética?
2 ¿Por qué es importante para los estudiantes aprender sobre genética?
3 ¿Qué otras cosas, aparte de la idea central, conoce usted sobre genética y que no son tan necesarias que los estudiantes aprendan?
4 ¿Cuáles son las dificultades y/o limitaciones que usted reconoce en la enseñanza de la genética?
5 ¿Cuáles son las preconcepciones u otras características de los estudiantes que influyen en mayor medida en el aprendizaje de la genética?
6 ¿Qué otros factores reconoce usted que influyen de manera importante en la enseñanza de la genética?
7 ¿Qué estrategias conoce como efectivas para enseñar genética y por qué?
8 ¿Cuáles son las formas específicas con las cuales averigua la comprensión o confusión que los estudiantes tienen respecto a la genética?
El trabajo de reflexión que se realiza al contestar esta entrevista o al comentar episodios de clases pueden ser formas eficientes de desarrollar el CPC de profesores de Biología y de ciencias en general. En nuestra experiencia, el uso de metodologías cualitativas nos ha servido para describir el desarrollo del CPC de evolución en profesores que participan de programas de desarrollo profesional (ver Capítulo 18 de este libro).
2.4.2 La relación entre el CPC y otras variables del MC
Muchos estudios han relacionado el CPC o alguno de sus componentes con otras variables, como calidad de las prácticas; atributos afectivos de los profesores; otros conocimientos (ej., CD); y atributos de los estudiantes (ej., desempeño, motivación) (Chan y Hume, 2019). Existen evidencias de correlación entre el CPC de un profesor y su calidad de enseñanza (Park, Jang, Chen y Jung, 2011). Por ejemplo, Förtsch et al. (2016) estudiaron los efectos del CD, el CPC y la calidad de la clase (medido como la calidad de la activación cognitiva) sobre el aprendizaje de los estudiantes. A través de un estudio que incluyó 39 profesores de biología alemanes enseñando neurociencia en educación secundaria, los autores encontraron que existió una relación positiva entre la activación cognitiva y el aprendizaje de los estudiantes, y un efecto indirecto del CPC de los profesores sobre el rendimiento de los estudiantes, mediado por la activación cognitiva. En un tema similar, Mahler et al. (2017) correlacionaron diferentes conocimientos (CD, CCu, CPC) con el rendimiento alcanzado por estudiantes. Al analizar el trabajo de 48 profesores de Biología y sus respectivos estudiantes (N = 1036), estos autores encontraron una relación positiva y significativa entre el CPC de los profesores y el desempeño de los estudiantes, no así entre el CC y el CCu de los maestros y los aprendizajes de los estudiantes. Finalmente, en estudios cualitativos y cuantitativos se han detectado relaciones complejas entre el conocimiento disciplinar (CD) y el CPC. Por ejemplo, en el tema de la selección natural, Lucero et al. (2017) encontraron que existe un nivel mínimo de CD necesario para que los profesores de Biología puedan reconocer las principales preconcepciones sobre el tema.
3. Conclusiones
A través de los años se han planteado diferentes miradas respecto del CPC, desde verlo como un elemento nuevo dentro de una lista de varios otros conocimientos profesionales de los docentes, hasta verlo como un conocimiento multiestratificado formado por diferentes capas de conocimiento. No obstante, existe consenso en que el CPC es una categoría de conocimiento distinta que implica la transformación de otros tipos de conocimiento, su implementación en la práctica y su desarrollo a través de la interacción con los estudiantes. De acuerdo con los diferentes modelos de CPC desarrollados en los últimos 30 años, este conocimiento propio de la enseñanza de la disciplina tiene componentes que, cuando se aplican en la planificación o en la práctica docente, se integran y mezclan. Durante este largo tiempo se han propuesto diferentes modelos de CPC, los cuales convergen en la inclusión de componentes declarativos y componentes procedimentales, componentes personales y componentes colectivos y su relación compleja con otros aspectos de la práctica. Los profesores pueden desarrollar su CPC teniendo diferentes experiencias, como los programas de desarrollo profesional docente, pero también gracias a la propia experiencia de práctica docente en su propio contexto. En este libro se ha seguido el modelo de Magnusson en consideración a que es el más utilizado en la investigación en educación científica y dado que pensamos que es fácil de comprender y aplicar en la práctica docente, la formación de profesores y las evaluaciones de desempeño. Por último, creemos que también es un bueno modelo para evaluar la efectividad de la enseñanza en relación con el desempeño, motivación y otras características de los estudiantes.
Agradecimientos
Este Capítulo fue escrito gracias al proyecto FONDECYT 1181801.
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Capítulo 2
Las concepciones alternativas de los estudiantes y su relación con las bases neurobiológicas del aprendizaje
Martina Valencia4 y Dirk Krüger5
Resumen
Este capítulo provee de una aproximación teórica a la naturaleza de las concepciones alternativas de los estudiantes de biología. Se explicita la relevancia de contemplar estas concepciones en el proceso de enseñanza, planteando estrategias para desarrollarlas adecuadamente. También analizamos los enfoques teóricos —a nuestro parecer los más importantes— contextualizados en un ambiente constructivista, así como los aspectos teóricos del cambio conceptual. Por otra parte, y porque es estrecha su relación con el origen y la transformación de las concepciones, a lo largo del capítulo se presentan aproximaciones y conexiones a las bases neurobiológicas y a los factores que influyen en el aprendizaje, principalmente a la neurobiología subyacente al cambio conceptual.
1. Introducción
¿Qué es aprender? Aprender es tomar, atrapar con el pensamiento: llevarse una porción de la realidad y un modelo de la estructura del mundo. Es decir, el aprendizaje permite que el cerebro atrape una porción de la realidad que antes le era ajena y la use para construir una nueva representación del mundo, un modelo interno del mundo exterior (Dehaene, 2019). Entonces, nuestro cerebro es portador de miles de modelos internos que equivalen a maquetas o modelos a escala, más o menos fieles a la realidad que representan.
Desde una perspectiva biológica, el aprendizaje es un proceso fundamental para la supervivencia de cada persona, puesto que el equipamiento innato dotado genéticamente con el que hemos llegado a este mundo no es suficiente para proporcionar los conocimientos que nos permitan sobrevivir y reproducirnos en un ambiente específico (Buzsaki, 2013). Por ejemplo, tenemos en nuestro cerebro un plano de nuestro barrio, un mapa mental de nuestra casa, del trayecto que usamos frecuentemente; incluso podemos cerrar los ojos y verlos con el pensamiento. Por supuesto, nadie nació con ese mapa mental, sino que cada cual tuvo que adquirirlo mediante el aprendizaje, lo que a fin de cuentas nos permite, entre varias cosas, optimizar el tiempo, no extraviarnos y garantizar nuestra seguridad, aspectos inherentes a nuestro sistema de supervivencia.
A los procesos neurobiológicos del aprendizaje subyacen facultades cerebrales de orden superior cuyo principal objetivo es procesar la información proveniente del entorno y del propio organismo, almacenarla en centros de procesamiento de modo de poder recuperarla cuando sea necesario y utilizarla en el cumplimiento de metas. Ese proceso, además, incorpora hábitos, actitudes e intencionalidades, que finalmente se manifiestan en cada individuo como conceptos, visiones, representaciones, tanto de la realidad como de sí mismo, y habilidades que pueden conllevar a una vida próspera y socialmente bien integrada (Lavados, 2012).
El aprendizaje es altamente dinámico; se desarrolla desde el último período prenatal hasta la vejez, en la cual la plasticidad inherente a su diseño permite que siempre se estén procesando nuevas experiencias, las que nunca cesan ni son idénticas entre sí, y que constantemente se van constituyendo como nuevos conocimientos. Por lo tanto, es posible señalar que siempre se está aprendiendo, desde el inicio de nuestras vidas hasta nuestra muerte. En este contexto, el proceso de plasticidad cerebral es el que le permite a cada individuo realizar un ajuste conductual a su entorno, al ir presentando incesantemente nuevas capacidades a través del desarrollo y maduración del proceso de aprendizaje (Wesson, 2001).
En este sentido, según Cozolino (2013) la enseñanza es un proceso neurobiológico donde el profesor se configura como un agente potenciador y optimizador de la plasticidad, promoviendo la construcción de nuevas estructuras neurales que subyacen al proceso de aprendizaje, o dicho de una manera más metafórica, “los profesores son científicos intentando usar los procesos epigenéticos para construir, reconstruir y remodelar los cerebros de sus estudiantes en vías de mejorar sus habilidades para pensar, aprender y actuar” (Cozolino, 2013. p. 42). Asimismo, la educación consiste, esencialmente, en proveer experiencias que ilustren sobre el mundo, generando en cada uno de sus aprendices la capacidad de analizar y evaluar saberes y conocimientos a partir de la aplicación de criterios que emergen desde la racionalidad, lo que también se conoce como la generación del pensamiento crítico (Lavados, 2012).
No obstante, cada estudiante posee representaciones propias de la realidad, que, a grandes rasgos, constan de una elaboración selectiva de contenidos que están dispuestos en concordancia con las perspectivas, emociones, énfasis e intereses de cada individuo, y que no corresponden a una imagen copiada de la realidad, sino más bien a una versión propia del mundo, muchas veces inconsistente con las ideas de los profesores de ciencias y los científicos (Treagust, 1988). Dentro del ámbito de la educación en ciencias y del proceso de enseñanza y aprendizaje, estas representaciones son denominadas concepciones alternativas (Krüger, 2007; Treagust,1988).
Es importante destacar que los estudiantes y las personas en general tienen una variedad de concepciones, claramente diferentes entre sí, sobre objetos y procesos, que no siempre coinciden con la visión científica actualmente aceptada (Gropengießer y Marohn, 2018); y muchas de las concepciones de cada cual son resistentes a los intentos de modificación que ejerce la enseñanza (Wandersee, Mintzes y Novak, 1994). Estas consideraciones sobre las concepciones nos conducen a reconocer como un aspecto vital para la educación formal poder comprender algunos aspectos claves de cómo ocurre la función biológica del aprendizaje.
En este contexto, hay un gran número de trabajos referentes al estudio de las concepciones de los estudiantes, cuyo cuerpo teórico contiene más de 8300 artículos (Duit, 2009). Sin embargo, existen escasos artículos de naturaleza científica que analicen y relacionen los aspectos de la neurobiología del aprendizaje, que puedan favorecer el entendimiento del origen de las concepciones presentes en los estudiantes y de cómo poder lograr el ajuste, el cambio o la transformación de ellas en ideas aceptadas por la comunidad científica; dicho de otro modo, que provean de algunas aproximaciones neurobiológicas que tributen a la comprensión de cómo ocurre el cambio conceptual en el cerebro de los estudiantes, dado que aún resulta ser un gran desafío encontrar estrategias para trabajar sus concepciones y, de este modo, poder esclarecer las condiciones en la enseñanza-aprendizaje que podrían tener éxito a partir de la utilización de las mismas.
Por estas razones, el presente capítulo busca entregar algunos aspectos claves sobre la relación existente entre las bases neurobiológicas del aprendizaje y el desarrollo de las concepciones de los estudiantes.
2. Desarrollo
2.1 Aspectos relevantes de la neurobiología del aprendizaje
El aprendizaje corresponde al proceso mediante el cual el cerebro adquiere, organiza y utiliza la información constituyéndola en conocimiento (Dehaene, 2019; Lavados, 2012). Al considerar esta definición, más lo planteado por James Zull (2002), se puede decir que para que ocurra el aprendizaje debe haber un cambio estructural y funcional en las áreas cerebrales comprometidas con este proceso (ver Figura 2.1), y donde la enseñanza debería ser la información sensorial y/o estímulo que hace posible generar este cambio.

Figura 2.1 Red de estructuras cerebrales subyacentes a la capacidad de aprender y memorizar del cerebro humano.
Sin embargo, ante los estímulos sensoriales el cerebro no se presenta ni sumiso ni pasivo; muy por el contrario, dispone de un conjunto de hipótesis proyectadas sobre el mundo exterior. Es decir, no somos vírgenes de cualquier forma de conocimiento, y aprender siempre supone como punto inicial un conjunto de ideas e hipótesis previas, que interactúan con la nueva información recibida y que seleccionan de esta la que mejor se adapte a este conocimiento precedente (Dehaene, 2019).
Actualmente, la propiedad particular de “cambiar” que poseen las estructuras cerebrales se conoce como plasticidad neuronal. Este proceso fue definido por José Ramón y Cajal como “la propiedad por virtud de la cual ocurren cambios funcionales sostenidos en sistemas neuronales luego de la administración de estímulos ambientales apropiados o de la combinación de diferentes estímulos” (Befenetti, 2007). Por otra parte, es posible señalar que el conocimiento se encuentra en constante construcción dependiendo de los niveles de maduración del aparato neurobiológico y de las funciones de cada sistema cerebral (Buzsaki, 2013).
Según Lavados (2012), “se aprende a través de comprobar en la práctica y más tardíamente en el pensamiento, la fortaleza empírica y después racional de las hipótesis y de los supuestos, a partir de lo cual es necesario incorporar más información, acopiando nuevos datos y regularidades a los esquemas de aprendizajes ya adquiridos para ir construyendo el conocimiento de manera constante” (Lavados, 2012, p.151).
Cuando la información proveniente desde nuestro entorno es percibida por nuestros sistemas sensoriales y posteriormente es destinada a centros de procesamiento y análisis —como, por ejemplo, a la corteza cerebral—, nuestro cerebro intenta relacionar cada componente de esta nueva información con elementos ya almacenados en nuestra memoria, principalmente en el hipocampo (Gooding y Metz, 2011). De este modo, este proceso interminable tributa a la construcción de la realidad que posee cada individuo.
Específicamente, la información que se va adquiriendo queda archivada en constructos de información, los cuales van quedando alojados en las infinitas redes neuronales de nuestro cerebro. Hace ya varias décadas que se ha documentado que el aprendizaje puede generar cambios en la estructura de las redes neuronales, en las neuronas (como por ejemplo el aumento en la longitud de las dendritas de las neuronas, un aumento en la cantidad de espinas dendríticas y cambios en su morfología), así como también un aumento en el número de sinapsis, de estas últimas es de donde emergen las expresiones de la plasticidad (Pascual, 2012).
En general, los axones neuronales terminan en estructuras especializadas, llamadas espinas dendríticas, en donde ocurren el 80% de las sinapsis, constituyendo un sistema de integración, procesamiento y almacenamiento de la información. Al respecto, se ha demostrado que tanto el número como la forma de estas espinas se modifican en respuesta a la enseñanza y a la experiencia, lo que incrementa su eficacia sináptica, proceso de señalización propio del sistema nervioso (Pascual, 2012; ver además Figura 2.2).
2.2 Aproximaciones a la neurobiología de las concepciones alternativas
Según Dehaene (2019), hay principios fundamentales que cada modalidad de enseñanza debe respetar para garantizar su eficacia. Uno de ellos corresponde a considerar en todo momento la existencia de intuiciones precoces y abstractas, más conocidas como las preconcepciones de los estudiantes, y sobre las cuales debe apoyarse la enseñanza. No obstante, el contenido de esta experiencia de enseñanza puede ser erróneo y, de manera independiente a esta característica, también puede ser almacenado en nuestro cerebro, lo que ocurre con gran facilidad cuando el sistema cognitivo es incapaz de distinguir si la información que está recibiendo es correcta o si se acopla a ideas precedentes igual de disonantes, por ejemplo, con un conocimiento científico en particular.
Por lo tanto, las concepciones alternativas se fundamentan en la calidad de enseñanza recibida y en la experiencia, traducidas en el conocimiento que cada uno dispone en un momento determinado, el cual fue aprendido a través de la interacción con el medio social y cultural, y de acuerdo con la organización de este conocimiento a partir de los propios sistemas de procesamiento cerebral. Es decir, dependen estrechamente de cómo el cerebro ha adquirido, organizado y utilizado algún tipo de información para constituirla como un conocimiento (Lavados, 2012). De este modo, es posible señalar que las concepciones pueden ser erróneas, parciales y contingentes y, en ningún caso, pueden llegar a representar cabalmente una idea o una correcta representación del mundo.

Figura 2.2 La figura representa (A) neuronas de la corteza prefrontal de morfología piramidal típica. La ampliación representa el lugar donde es posible encontrar las espinas dendríticas en la superficie de las dendritas neuronales. En un mayor aumento (B) se puede apreciar un axón (arriba) en contacto con una espina dendrítica (abajo). Es en el contacto de estas estructuras donde tiene lugar la sinapsis.
Así, es posible que las concepciones se configuren como una versión personal y específica de diversos aspectos del entorno, cuya naturaleza puede ser sensorio-motora, perceptiva, conceptual o lingüística (Halldén, 1999). Asimismo, se constituyen a partir de creencias, deseos e incluso expectativas definidas por la motivación, las emociones y los sentimientos (Pintrich et al., 1993). De esta manera, la representación del mundo que cada uno concibe es propia de cada individuo, pero al mismo tiempo es parcialmente consistente con la realidad física, social y cultural en que el individuo se desarrolla.
2.3 Aproximaciones al entendimiento del surgimiento de concepciones
En uno de los principales estudios de las concepciones de los estudiantes, Gooding y Metz (2011) las han caracterizado como nociones personales que se crean para explicar y dar sentido a los fenómenos que ocurren a nuestro alrededor y en nuestros organismos, para entender cómo funciona el mundo en el cual nos encontramos insertos; cómo interactuamos en él; cómo y por qué cambia.
En términos de contenido, las concepciones pueden caracterizarse como desviadas de la presentación científicamente correcta de ese contenido, y como descripción de la posición inicial para un aprendizaje adicional (Krüger, 2007). No obstante, se ha descrito que, en la mayoría de los casos, las concepciones son bastante firmes y estables en el aparato cognitivo y admiten pocas variaciones (Treagust, 1988).
En las fases iniciales del estudio de las preconcepciones de los estudiantes —independientemente de las edades de estos—, se consideraba que ellas se desvían de las concepciones científicas actualmente válidas, como conceptos erróneos que debían ser eliminados y reemplazados por conceptos correctos (Krüger, 2007). Sin embargo, en los últimos años de investigación acerca de esta temática, se ha llegado a determinar que no se puede seguir sosteniendo la visión peyorativa de las concepciones de los estudiantes, puesto que la presencia de estas ideas es muy relevante para el proceso de construcción del conocimiento que ellos mismos llevan a cabo, dado que, como se mencionó anteriormente, los estudiantes, aprenden sobre la base de lo que ya conocen.
Diversos autores establecen que es necesario que el docente conozca las ideas que tienen los estudiantes sobre un tema en particular, ya que ellas influirán en su aprendizaje, tal como lo afirmó Ausubel en el año 1976 y luego en el año 2002, con su famosa frase: “Si tuviera que reducir toda la Psicología Educativa a un solo principio, enunciaría este: El factor más importante que influye en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe. Averígüese esto y enséñese consecuentemente” (Ausubel, 1976, p. 6).
Las concepciones son nociones y explicaciones basadas en la experiencia. A través de ellas los humanos comprenden muchos fenómenos naturales, apropiados a contextos de la vida cotidiana, y son en varias ocasiones bastante razonables (Krüger, 2007). Un término respetuoso para denominarlas es concepción alternativa o concepción cotidiana (Wandersee, Mintzes y Novak, 1994). En este escenario, Wandersee et al. (1994) han resumido los resultados de la investigación en didáctica de las ciencias, en el tema de las concepciones, proponiendo ocho principales características de las concepciones alternativas de los estudiantes de ciencias naturales. Siete de ellas han sido consideradas por nosotros como muy importantes de compartir en este capítulo, pues también presentan una íntima conexión con varios aspectos señalados por las neurociencias. Estas características son:
1) Los estudiantes asisten a la enseñanza formal de ciencias con un conjunto diverso de concepciones alternativas;
Las concepciones alternativas…
2) …se modulan de acuerdo con la edad, la capacidad, el género y la cultura;
3) …son bastante resistentes a la extinción;
4) …a menudo son explicaciones similares a las ofrecidas por generaciones anteriores de científicos;
5) … tienen su origen en las experiencias personales;
6) …a menudo los profesores se suscriben a las mismas concepciones alternativas;
7) …en algunas ocasiones, su presentación conduce a varios resultados de aprendizaje no deseados.
Consecuentemente, y tal como se mencionó antes, así como se constituye de particular importancia para los procesos de enseñanza y aprendizaje considerar la existencia de las concepciones alternativas y saber de su resistencia al cambio, también debe considerarse de igual importancia su utilización para iniciar el proceso de enseñanza (Krüger, 2007).
Existen varios enfoques teóricos para investigar procesos de aprendizaje basados en estructurar la enseñanza y el aprendizaje sobre la base de las ideas preconcebidas por el estudiante. Por ejemplo, el enfoque del cambio conceptual establecido en el clásico estudio de Posner et al. (1982), al referirse a los procesos de asimilación, en donde el estudiante es capaz de explicar problemas con nuevas ideas, y al proceso de acomodación, en donde el estudiante puede ir reemplazando o reorganizando ideas, con respecto a las ideas antiguas, considera que en todo momento estos procesos deben ajustarse al desarrollo cognitivo del estudiante. Por otra parte, como núcleo común de los diversos enfoques constructivistas, Duit (1996) identifica cuatro supuestos (ver Figura 2.3).
Primeramente, se debe considerar que las concepciones evolucionan a partir de nuestra interacción con el entorno físico y social. Esta interacción se denomina experiencia y teoría del realismo experimental (Lakoff y Johnson, 1999; Gropengießer, 2007). La interacción sensorio motora repetida con el entorno, como una acción repetitiva, forma y vincula progresivamente los grupos neuronales funcionales involucrados de manera más efectiva. La repetición en el encuentro con los estímulos fortalece las conexiones entre las neuronas, mientras que la ausencia de esta repetición resulta en el decaimiento del fortalecimiento de una información determinada (Atwood y Karunanithi, 2002). No debemos olvidar que la experiencia puede cambiar los patrones de conexión neuronal de nuestro cerebro y que las nociones y los esquemas crecen a partir de la estructura y el funcionamiento de nuestro cuerpo y cerebro, y de cómo interactuamos con el entorno físico y social (Lakoff, 1990). En este sentido, diversos estudios han demostrado que las ideas de la realidad no son ni pueden ser idénticas a lo que la ciencia engloba y, además, que son diferentes entre las personas en la medida que más desiguales son los individuos entre sí, puesto que cada ambiente (contexto psicobiosocial) impone fuertes restricciones al desarrollo de conceptos, motivaciones y sentimientos. De este modo, estas ideas muchas veces son muy divergentes entre sí, al punto de llegar incluso a ser incomprensibles e incomunicables entre grupos de seres humanos con altas diferencias psicobiosociales (Cozolino, 2013).

Figura 2.3 Supuestos constructivistas de las concepciones de los estudiantes.
Para finalizar este apartado, quisiéramos presentar un ejemplo sobre las concepciones alternativas de los estudiantes sobre el Sistema Nervioso (SN).
Existe consenso sobre la dificultad de aplicar los conocimientos sobre este sistema a la explicación de fenómenos cotidianos tales como pensar, sentir (sensorialmente), emocionarse o respirar, pues generalmente la función del SN humano se asocia principalmente al movimiento o al sistema motor, sin considerar las otras numerosas estructuras y funciones que modulan y emergen en este sistema. Por ejemplo, hemos apreciado que, al finalizar el primer ciclo de la enseñanza básica, los estudiantes tienden a entender el SN exclusivamente como el cerebro y el cráneo que lo protege. Este error conceptual excluye al SN periférico, compuesto por los nervios, e incluye al cráneo estructura que no es parte del sistema nervioso. Asimismo, para los estudiantes es difícil razonar que el SN está presente alrededor de todo nuestro cuerpo y que está en estrecha asociación con el funcionamiento de otros sistemas como el digestivo o el circulatorio. Más tarde, alrededor de los 13 o 14 años, los resultados de Alvarado, Rivas y Ochoa (2014) sostienen que los estudiantes visualizan como sinónimos el cerebro y el SN. Además, señalan que el cerebro es un organismo y lo definen como una máquina creada por la naturaleza. Por otra parte, un estudio realizado por Ranaweera y Montplaisir (2010) en estudiantes universitarios que se encontraban cursando la asignatura de Anatomía Humana y Fisiología en una Universidad de EE.UU., revela que las principales preconcepciones de los estudiantes sobre el SN incluyen: (i) el corazón como un componente principal del SN periférico, (ii) al arco reflejo ilustrado por la acción en lugar de la estructura, y (iii) a los tipos de neuronas (unipolar, bipolar o multipolar) diferenciadas por aspectos erróneos en lugar de su disposición estructural. Adicionalmente, las autoras destacan que la enseñanza constructivista en el aula junto con la participación simultánea en actividades de laboratorio, proporcionó experiencias para que los estudiantes superaran algunas de sus concepciones alternativas. El hallazgo de esta investigación sugiere que los profesores deben conocer las preconcepciones de sus estudiantes antes de la enseñanza y que, el uso de dibujos como herramienta de evaluación formativa, es una excelente manera de recopilar dicha información.
A continuación, desarrollaremos una explicación teórica y algunas de las aproximaciones neurobiológicas al cambio conceptual, considerando los factores que pueden promoverlo, desde las neurociencias.
2.4 Cambio conceptual, explicación teórica y aproximaciones neurobiológicas
Además del diagnóstico y la comprensión de las concepciones alternativas o preconcepciones (denominación utilizada por la mayoría de los profesores de ciencias), surge la importante interrogante sobre ¿cómo ocurre el cambio en las concepciones alternativas?
Para responder a esta pregunta ha sido de gran ayuda revisar la teoría del cambio conceptual (Posner et al., 1982; Strike y Posner, 1992), la que considera aspectos psicológicos de la enseñanza y establece pautas para ella. Esta teoría explica en qué condiciones se puede lograr un cambio desde las ideas cotidianas a ideas fundamentadas por la ciencia. Esta base teórica ha determinado que quien aprende debería renunciar a toda idea “incorrecta”. En su primera versión, el cambio conceptual se refiere al cambio de paradigma, que Kuhn (1976) describe como la ganancia de conocimiento en la ciencia que va de la mano con un cambio repentino, radical y general. Sin embargo, aunque la acomodación es un cambio radical de mentalidad, no sucede de manera abrupta, sino que este proceso se lleva a cabo gradualmente (Vosniadou y Brewer, 1987).
Actualmente, existen otras explicaciones del cambio conceptual, tales como: i) la asignación de un concepto a otra categoría ontológica (Chi, 2008), ii) una reinterpretación del conocimiento previo (Vosniadou, 2008), o iii) la construcción y la creación de redes de esquemas cognitivos a estructuras más interconectadas y complejas (diSessa, 2002).
Dentro de los aspectos neurobiológicos del aprendizaje que podrían estar relacionados con el cambio conceptual encontramos la evidencia que sostiene que un factor favorecedor para que el cerebro aprenda es poner a prueba hipótesis, a través de la experimentación y exploración, puesto que se encuentra descrito que existen mecanismos cerebrales que aprenden sobre la base de “poner a prueba” las concepciones previas (Cozolino, 2013). En concordancia con lo anterior, Stanislas Dehaene (2019), un reconocido experto en las bases cerebrales de las principales operaciones intelectuales humanas, plantea las siguientes interrogantes: ¿Cómo selecciona el cerebro la mejor hipótesis? ¿Con base en qué criterio acepta o rechaza un modelo del mundo exterior?, argumentando que existe una consideración ideal para hacerlo: “el cerebro se comporta como un científico en ciernes”. Este enfoque supone que aprender es razonar como un científico y como un estadístico, que elige entre muchas hipótesis aquella con mayor probabilidad de ser correcta, teniendo en cuenta la evidencia y los datos disponibles.
En un nivel de análisis microscópico, y sobre la base de los cambios neuroestructurales que revisamos anteriormente, el cambio conceptual implica cambios estructurales en el cerebro de quienes están aprendiendo. Estas transformaciones suceden en las áreas cerebrales donde se produce el aprendizaje (ver Figura 2.1) y, más profundamente, en las redes neurales de estas áreas cerebrales, en las dendritas de las neuronas de las redes neurales y, adentrándonos aún más, en las estructuras microscópicas presentes en las dendritas, en donde ocurren las sinapsis, es decir, en las espinas dendríticas. De este modo, nosotros planteamos que las preconcepciones están almacenadas, al igual que la información considerada “correcta”, en las espinas dendríticas, las que, luego de una experiencia de enseñanza, es posible que cambien, se eliminen o resistan el cambio (Figura 2.4); sin duda, esto dependerá de cuan significativo sea el aprendizaje, de cuántas veces se reciba el impulso o enseñanza y, por supuesto, de varios otros factores, de los cuales revisaremos los que a nuestro parecer son más relevantes.

Figura 2.4 Esquema representativo de las modificaciones estructurales que sufren las espinas dendríticas en el proceso de aprendizaje. En la imagen 1 las espinas dendríticas están indicadas por flechas. En la imagen 2, las espinas dendríticas encerradas en un círculo representan las concepciones alternativas. La imagen 3 representa la posibilidad de que, a partir de una experiencia de aprendizaje, estas concepciones alternativas sean eliminadas (espacios dentro de los círculos). Mientras que el cambio conceptual está representado por esta misma eliminación y por la aparición y reorganización de espinas dendríticas (dentro del rectángulo). Finalmente, las concepciones alternativas que se resisten al cambio a pesar de la enseñanza están representadas por las espinas dendríticas encerradas en círculos fuera de los rectángulos.
Un factor importante por considerar dentro del proceso de aprendizaje, y que podría favorecer el cambio conceptual, es que dicho aprendizaje se incrementa mediante el restablecimiento constante del proceso de atención. En palabras simples, un cerebro que se encuentra alerta tiene mayores posibilidades de aprender. Por consiguiente, el aprendizaje se vuelve más efectivo cuando la información es recibida en intervalos que consideren la fluctuación natural de la atención, porque como ya sabemos un cerebro no puede estar en atención plena durante muchas horas seguidas. Es por esto por lo que —como también es sabido— la variación del uso de materiales e insumos, la implementación de diversos tipos de actividades, los tiempos de descanso entre las estrategias de enseñanza, facilitan el aprendizaje (Bodizs et al., 2002; Mednick et al., 2002).
En relación con lo anterior, el cerebro humano posee un sistema especializado para establecer relaciones entre el pensamiento abstracto y la imaginación, lo cual se conjuga con el hecho de que un individuo se encuentra inmerso en una cultura colmada de historias y mitos, y en donde actualmente los medios de comunicación y las redes sociales también tributan a la aparición y perpetuación de las concepciones en los cerebros de los estudiantes. Asimismo, sabemos que, cuando en el aula se narran/escuchan/leen historias, se promueve la consolidación del aprendizaje, porque su uso favorece la atención de los estudiantes a través del uso del lenguaje y de la creación de estructuras narrativas (Cozolino, 2013). En relación a lo anterior, el cerebro humano posee un sistema especializado para establecer relaciones entre el pensamiento abstracto y la imaginación, lo cual se conjuga con el hecho de que un individuo se encuentra inmerso en una cultura colmada de historias y mitos y en donde, actualmente los medios de comunicación y las redes sociales también tributan a la aparición y perpetuación de las concepciones en los cerebros de las y los estudiantes.
Además, se ha descubierto que los estados de atención en los estudiantes generan niveles moderados de excitación que propician, aumentan, la plasticidad neural, mediante el incremento de la producción de neurotransmisores y hormonas que regulan el crecimiento y conectividad neuronal (Cowan y Kandel, 2001). A partir de lo anterior, es posible señalar que el aprendizaje requiere que exista una “pequeña cuota” de estrés, siempre y cuando este no exceda un determinado nivel (o umbral), puesto que, muy por el contrario, también se encuentra descrito que los altos niveles de tensión, ansiedad y estrés crónico pueden llegar a inhibir el proceso de plasticidad. Según Tsoory et al. (2008), “mantener a los estudiantes en un punto de excitación neuroplástico (solo el necesario para activar la plasticidad) es un elemento clave a considerar en el proceso de enseñanza”.
En estrecha relación con lo anterior, se encuentra descrito que la amígdala (Figura 2.1), estructura perteneciente al sistema límbico que tiene un rol central en la regulación emocional, percibe los distintos estímulos del ambiente, mediando la atención y, en conjunto con el hipocampo, regula la motivación para aprender de la información que proveen los estímulos emocionales, lo cual propicia el aprendizaje (Hardingham y Bading, 2003; Parson, 2007). En este escenario, también se encuentra descrito que el humor disminuye la ansiedad y los altos niveles de estrés (Garner, 2006). Según Wanzer (2010), es apropiado usarlo como herramienta para el aprendizaje, siempre y cuando se encuentre relacionado con un objetivo de aprendizaje (Figura 2.5). En este contexto, ya desde hace varias décadas Pintrich, Marx y Boyle (1993) criticaban la perspectiva de la enseñanza que no contemplaba los factores emocionales (cognición fría) y destacaban la importancia de factores afectivos, tales como el interés, las intenciones o las expectativas, que por cierto pueden ser diferentes en cada uno de nuestros estudiantes.

Figura 2.5 Regulación emocional del aprendizaje. La imagen muestra cómo influyen el clima positivo y el negativo sobre la regulación emocional del aprendizaje, y algunas actividades educativas que promueven la regulación emocional positiva dentro del aula.
Finalizando este apartado, podríamos destacar como factor que también influye de manera positiva en el aprendizaje la repetición de la enseñanza de contenidos relevantes a través de distintas estrategias, también conocidas como estrategias para favorecer el procesamiento a través de múltiples vías, es decir, que nuestro cerebro aprenda de diversas formas. El principal argumento para sostener lo anterior radica en que esto permite el fortalecimiento de las conexiones neuronales que se encuentran almacenando la información de interés en distintas áreas cerebrales. Por ejemplo, existe evidencia que sostiene que las redes neuronales, ya sean visuales, semánticas, sensoriales, motoras y emocionales, disponen de sistemas de memoria propios (Atwood y Karunanithi, 2002; Meltzoff, 2009).
De este modo, se puede concluir que el aprendizaje se realiza dentro de una interacción social, en la que se comunican, negocian, prueban y comparten ideas, suposiciones, entre otras cosas (Krüger, 2007). Existe un sinnúmero de evidencia que sostienen que el cerebro es un órgano social que requiere conexiones humanas positivas (Tsoory et al., 2008). Según Cozolino (2013), el currículo educacional y el enriquecimiento social provisto por el aula, tiene un impacto sinérgico sobre el aprendizaje, conllevando a una mayor efectividad sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje cuando se está en un contacto con otros, es decir cuando se está cara a cara, cerebro con cerebro y corazón con corazón. Esto nos hace reflexionar sobre cuáles deben ser las mejores condiciones para, por ejemplo, hacer de los ambientes virtuales y de enseñanza remota un contexto de aprendizaje idóneo.
2.5 Iniciación del cambio conceptual
Se ha demostrado que algunas de las ideas previas con que llegan los estudiantes al aula se mantienen incluso después de la clase, y que son útiles y necesarias en muchas situaciones de la vida diaria. Es inadecuado calificar las concepciones alternativas sobre los fenómenos biológicos —que a menudo se contraponen a las explicaciones de las ciencias naturales— como concepciones erróneas. Por lo tanto, el proceso se describirá mejor como una reconstrucción conceptual que considere el funcionamiento de quien aprende (Krüger, 2007). Para que una reconstrucción de ideas sea posible deben cumplirse las siguientes cuatro condiciones (Posner y Strike, 1992):
1) Dominio de la insatisfacción con la idea preexistente:
Condición previa para la reconstrucción de ideas de manera consciente.
La confianza en viejas concepciones se pierde explicando las anomalías que hay en las mismas.
La insatisfacción surge, por ejemplo, cuando existe un conflicto cognitivo.
2) La nueva idea debe ser comprensible:
Debe ser racionalmente abordable para poder asimilar las nuevas posibilidades.
Incorporar el uso de analogías y metáforas, ya que favorecen la comprensión.
Es necesaria una base de conocimiento para que los nuevos aspectos sean comprensibles.
Mientras más se adapte la idea a los conocimientos de otras áreas, más fácil será su integración.
3) La nueva idea debe poseer plausibilidad, lo que supone su comprensión:
La nueva idea debe estimular la sensación de que es posible resolver problemas, de lo que la antigua idea no era capaz.
La plausibilidad depende del grado de concordancia que se espera entre la idea preexistente y la nueva.
4) La nueva idea debe ser productiva, lo que supone su comprensión y plausibilidad:
La nueva idea debería poder aplicarse en otros ámbitos y abrir nuevas áreas de investigación.
Se podrá explicar experiencias con ella.
Se utilizará la nueva idea si esta lleva a nuevos descubrimientos y puntos de vista.
La nueva idea debería prometer más que otras que compiten con ella.
En resumen, deberían ofrecerse posibilidades en las que se comprueben los puntos de vista actuales, se reflejen las experiencias fundamentales y que, el nuevo conocimiento adquirido, ha provisto de buenos resultados al utilizarlo como herramienta. Por ser efectivo, el nivel del conflicto cognitivo no debe percibirse como demasiado alto o demasiado bajo por el estudiante (Lee y Byun, 2012). Una forma de desencadenar un conflicto cognitivo es confrontar datos anómalos, es decir, tratar con fenómenos o información que contradigan las expectativas de los estudiantes (Krüger, 2007), aunque esta confrontación no siempre desencadene a un cambio en las ideas previas. Según Chinn y Brewer (1993), también es posible que las y los estudiantes ignoren los datos inesperados, los rechacen, los reinterpreten o simplemente difieran en la resolución de conflictos. A pesar de lo anterior, es considerado necesario y beneficioso conocer y trabajar las concepciones de las y los estudiantes en un adecuado proceso de enseñanza y aprendizaje de los mismos, pues la reconstrucción conceptual se favorece cuando quien aprende se enfrenta a contextos de variables suficientes, bajo condiciones constructivistas de aprendizaje auténticas y con significado a nivel personal (Krüger, 2007).
3. Conclusiones
Al aprender, se construye sobre la base de experiencias y conocimientos de quien aprende. En este proceso, quienes aprenden no adquieren ni integran la nueva información como mejor les parezca, sino que construyen significados activos sobre la base de sus concepciones ya existentes (Krüger, 2007).
Por otra parte, este proceso de búsqueda y selección de información realizado con el fin de resolver problemas y así cumplir los propios objetivos y metas es un proceso muy dinámico y se encuentra sujeto a las reconstrucciones según las circunstancias y los procesos de aprendizaje únicamente posibles, mediante la participación activa de quien aprende. Por lo tanto, se fomenta el aprendizaje cuando quien aprende tiene la motivación para jugar un papel activo en el proceso de enseñanza y en el aprendizaje.
Durante el proceso de aprendizaje son los mismos estudiantes quienes deciden cuándo y cómo incorporan información adicional para facilitar su propio aprendizaje y para identificar cuáles de sus concepciones son erróneas a partir de la contrastación con la evidencia existente, la reflexión individual y grupal, la metacognición y la aceptación de otras alternativas de conocimiento. Es una característica neurobiológica central de los cerebros humanos la búsqueda incesante de distintos tipos de logros, dentro de los cuales, para el cerebro humano, aprender es uno de los logros más importantes, contemplándose como una meta deseada que produce placer, gratificación y orgullo (Tsoory et al., 2008).
El aprendizaje ocurre en situaciones dentro de un contexto, es decir, el conocimiento está relacionado con los contenidos y experiencias sociales. El cerebro es un órgano que puede ajustar y reajustar sus condiciones anatómicas y fisiológicas y su correlato conductual a su ambiente contextual específico. Por ejemplo, este ajuste se realiza ante una diversa naturaleza de estímulos: por variaciones físico-ambientales, por nuevas personas que conocer, por un nuevo lugar que visitar, por nuevas tecnologías que manejar, así como por conceptos que aprender (Cozolino, 2013).
Finalmente, consideramos como elementos relevantes para que se genere el cambio conceptual el brindar oportunidades a los estudiantes, basadas en la comprensión de los aspectos que relacionan la neurobiología del aprendizaje con las preconcepciones que ellos presentan. Esta aproximación puede promover la reflexión en los profesores en torno a cómo ayudar a los estudiantes a reconstruir e internalizar su conocimiento. Asimismo, si los profesores promueven espacios de reflexión en sus estudiantes para que estos piensen en las razones de sus concepciones, los estudiantes podrán llegar a reconocer diferencias y similitudes entre sus concepciones y la evidencia presentada por sus profesores, y llegar a una nueva y mejor comprensión científica.
Agradecimientos
Este Capítulo fue escrito gracias al proyecto MEC 80180066 (Concurso Atracción Capital Humana Avanzado del Extranjero – Modalidad Estadías Cortas) que permitió la visita del Dr. Dirk Krüger al grupo de enseñanza de la Biología, del Instituto de Biología de la PUCV.
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Capítulo 3
¿Cómo incorporar las grandes ideas de la Ciencia a la práctica docente?: reflexiones desde el aula
Corina González-Weil6,3 y Paulina Bravo González1,78
Resumen
Existe una tendencia creciente a considerar las Grandes Ideas de la Ciencia como útiles para enseñar ciencias en sintonía con los desafíos actuales de la alfabetización científica. Dado lo anterior, las grandes ideas se han incorporado a los currículums de ciencia en el plano internacional y en Chile. Si bien en nuestro país están incorporadas explícitamente en el currículum desde el año 2015, es poca la información sobre cómo profesores y profesoras trabajan con ellas en sus aulas. En este capítulo los invitamos a explorar dos experiencias de uso y/o creación de grandes ideas junto a profesoras y profesores de ciencia de Valparaíso. La primera experiencia se refiere a la práctica de una profesora de educación básica enseñando grandes ideas relacionadas con biología a sus estudiantes de 4° básico. La segunda experiencia ocurre en el contexto de formación docente inicial, donde se diseña e implementa una actividad en torno a una gran idea acerca de la ciencia. Cerraremos este viaje discutiendo sobre la importancia del uso de las grandes ideas y del valor que tiene generar conocimiento desde la práctica de los profesores con sus estudiantes en el aula.
Palabras claves: grandes ideas de y acerca de la ciencia, alfabetización científica, experiencia de profesoras y profesores.
1. Introducción
1.1 La alfabetización científica y los retos actuales de la enseñanza de la ciencia
Los desafíos actuales a los que nos vemos enfrentados como sociedad requieren que —en el caso de la ciencia— no solo comprendamos ciertos conceptos científicos mínimos, sino que desarrollemos actitudes científicas (como el escepticismo) y habilidades de pensamiento científico (como la capacidad de preguntar). Igualmente, es necesario que además comprendamos la Ciencia como un quehacer humano, como parte de nuestra cultura y que, por eso mismo, está fuertemente influenciada por factores históricos, políticos, económicos y sociales. Sobre todo, requerimos formarnos como personas capaces de tomar decisiones y, más aún, de generar acciones que nos ayuden a mejorar la calidad de vida de los seres humanos, a cuidar nuestro entorno y a sobrevivir como especie.
En la actualidad, estamos en un punto de inflexión como Humanidad, que nos demanda, como individuos y como sociedad, actuar y cambiar nuestros hábitos para poder adaptarnos a los rápidos cambios que enfrentaremos o estamos enfrentando y proponer soluciones concretas, en un contexto de colaboración, solidaridad y empatía.
Desde esta perspectiva, la alfabetización científica de la población juega un rol clave, no solo para la sobrevivencia de la ciencia —a través de la generación de interés por este aspecto de nuestro quehacer como humanos— sino, sobre todo, para nuestra propia sobrevivencia. Sjöström y Eilks (2016), basados en autores anteriores, proponen tres visiones de alfabetización científica: la Visión I está centrada en el contenido y los procesos científicos para su posterior aplicación; la Visión II tiene por objetivo comprender la utilidad del conocimiento científico en la vida cotidiana y en la sociedad; y la Visión III, trata sobre el “saber científico en acción”. Esta última visión, también llamada “alfabetización científica crítica”, implica una educación científica transformadora, que enfatiza la transdisciplinariedad, la promoción de valores y una ciudadanía global orientada a la praxis. Las actuales circunstancias de nuestro planeta nos invitan a situarnos en esta tercera visión, que desarrolla una perspectiva crítica de los ámbitos socio y tecnocientíficos, donde se promueva una disposición activista en pos de incrementar la justicia social y ambiental. Un posible espacio de desarrollo de esa visión —no el único, porque la situación actual nos compete a toda la sociedad— es el de la escuela y las universidades, a través de la educación científica de los estudiantes.
Evidentemente, para preparar a los estudiantes en el desarrollo de un razonamiento sociocientífico, que les permita adoptar sus propias decisiones y ejercer de manera más participativa su ciudadanía, es necesaria la generación de una base científica informada. Los estudiantes deberán comprender cuál es el conocimiento científico básico que la ciencia ha construido a lo largo de la historia, que nos ayuda a entender los fenómenos que observamos a diario, y que en consecuencia también nos ayuda a buscar las mejores soluciones para los problemas actuales (El Halwany, Zouda y Bencze, 2017). Del mismo modo, los estudiantes debieran tener una comprensión sobre la manera en que la ciencia, la tecnología, la sociedad y el ambiente (CTSA) se relacionan e inciden entre sí, de modo de poder analizar críticamente las complejas relaciones que se dan entre estos ámbitos. Esto se vuelve especialmente relevante cuando logramos comprender que, así como los avances de la ciencia tienen un fuerte impacto sobre la CTSA, el desarrollo de la ciencia depende de la tecnología, pero también de los intereses políticos, sociales y económicos de quienes la financian.
1.2 ¿Qué son las grandes ideas?
Frente a estos desafíos actuales de la sociedad, la enseñanza y el aprendizaje de la ciencia se presenta como una alternativa de fomento de este análisis crítico. Considerando este escenario, se ha propuesto una nueva forma de abordar el contenido científico bajo el nombre de “Grandes Ideas de la Ciencia”. Esta nueva propuesta curricular invita a que los estudiantes puedan “ver conexiones entre diferentes ideas científicas”, de forma tal que cuando están conectadas se les podría hacer más fácil utilizarlas en nuevos escenarios que si usan otras ideas desconectadas (Harlen, 2015, p.97), promoviendo un entendimiento más crítico e integrado de la ciencia.
En relación con la génesis de este constructo, cabe señalar que, ya en 1998, Robin Millar y Jonathan Osborne proponían la existencia de “historias explicativas” de la ciencia, y advertían sobre la importancia de elegir bien cuáles de estas “historias” eran las más relevantes para el currículum (Millar y Osborne, 1998). Sin embargo, no fue hasta 2010 que se acuñó el constructo “Grandes Ideas de la Ciencia”, en el marco de un seminario en el que un grupo de diez científicos y educadores relacionados con educación científica de diferentes partes del mundo (entre los que se encontraba Millar) propusieron ideas y principios que todo estudiante debería conocer durante su periodo en la escuela. A propósito de ese seminario se desarrollaron, bajo el liderazgo de Wynne Harlen, dos reportes cortos que agrupan estas grandes ideas. El primer reporte tiene por nombre Principios y grandes ideas de la educación en ciencias (2010) donde se presentan estas grandes ideas de y acerca de la ciencia, mientras que el segundo reporte, conocido como Trabajando con grandes ideas de la educación en ciencias (2015), muestra un enfoque más aplicado sobre cómo se pueden abordar las grandes ideas en el aula9.
Es así como esta propuesta incluyó un set de diez grandes ideas de la ciencia
—teorías, modelos y principios que explican el mundo natural— y cuatro grandes ideas acerca de la ciencia —la forma en que estas ideas científicas se han desarrollado— (Harlen, 2010). En su génesis, las grandes ideas se definieron como “ideas que pueden usarse para explicar y hacer predicciones sobre una variedad de fenómenos relacionados en el mundo natural” (Harlen, 2010, p.17). Esta conceptualización incorpora la idea de progresión hacia la gran idea, donde las ideas “pequeñas” desarrolladas a partir del estudio de temas particulares, se construyen para formar gradualmente ideas “más grandes” (p. 8) que abarcan más fenómenos. La progresión se entiende relacionada con el dominio científico desde pequeñas ideas alcanzadas a través de experiencias concretas hasta grandes ideas más amplias y abstractas, así como a través de los niveles de escolarización de los estudiantes (Harlen, 2010). El listado completo de grandes ideas de y acerca de la ciencia se puede observar en la Tabla 3.1.
Otros educadores científicos han definido las grandes ideas como “un principio unificador que conecta y organiza ideas, conceptos pequeños y experiencias múltiples” (Mitchell et al., 2016, p.3). Según Whiteley (2012), las grandes ideas “pueden considerarse como los patrones que permiten conectar los puntos del conocimiento que de otra forma estaría fragmentado” (p. 43). Estas grandes ideas permitirían establecer nuevas relaciones entre contenidos científicos (Olson, 2008), por lo que podrían ser comunes a más de un fenómeno con el potencial de volverse más sofisticadas con el tiempo (Plummer y Krajcik, 2010). Las grandes ideas se pueden relacionar con las disciplinas asociadas a STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) de manera tal de entenderlas transversal e integradamente, pudiendo ser grandes ideas de contenidos o grandes ideas de los procesos asociados a STEM (Chalmers et al., 2017).
Tabla 3.1 Grandes ideas de y acerca de la ciencia (Harlen et al., 2010).
| Ideas de la Ciencia | |
| 1 | Todo material en el Universo está compuesto de partículas muy pequeñas. |
| 2 | Los objetos pueden afectar otros objetos a distancia. |
| 3 | El cambio de movimiento de un objeto requiere que una fuerza neta actúe sobre él. |
| 4 | La cantidad de energía del universo siempre es la misma, pero la energía puede transformarse cuando algo cambia o se hace ocurrir. |
| 5 | La composición de la Tierra y de la atmósfera y los fenómenos que ocurren en ellas le dan forma a la superficie de la Tierra y afectan su clima. |
| 6 | El sistema solar es una muy pequeña parte de los millones de galaxias en el Universo. |
| 7 | Los organismos están organizados sobre la base de células. |
| 8 | Los organismos requieren de suministro de energía y de materiales de los cuales con frecuencia dependen y por los que compiten con otros organismos. |
| 9 | La información genética es transmitida de una generación de organismos a la siguiente generación. |
| 10 | La diversidad de los organismos, vivientes y extintos, es el resultado de la evolución. |
| Ideas acerca de la Ciencia | |
| 11 | La ciencia supone que para cada efecto hay una o más causas. |
| 12 | Las explicaciones, las teorías y los modelos científicos son aquellos que mejor dan cuenta de los hechos conocidos en su momento. |
| 13 | El conocimiento generado por la ciencia es usado en algunas tecnologías para crear productos que sirven a propósitos humanos. |
| 14 | Las aplicaciones de la ciencia tienen con frecuencia implicancias éticas, sociales, económicas y políticas. |
En Chile, este nuevo enfoque de la educación científica está incorporado al currículum nacional (Mineduc, 2012, 2015, 2019) enfatizando la enseñanza de las grandes ideas de la ciencia desde séptimo a segundo medio, mientras que las ideas acerca de la ciencia podrían estar asociadas a tercero y cuarto medio. En estos niveles, la definición que entrega el currículum nacional es la siguiente:
Para contribuir a la alfabetización científica es fundamental comprender conceptos e ideas nucleares de las ciencias que permitan construir otros conocimientos. Las grandes ideas, como construcción conceptual, permiten explicar eventos y fenómenos importantes para la vida de los estudiantes durante y después de su etapa escolar. Son relaciones y patrones observados en un amplio rango de fenómenos. Estas relaciones posibilitan una visión integrada de las ciencias, con lo cual se adquieren aprendizajes profundos sobre objetos, materiales, fenómenos y relaciones del mundo natural (Mineduc, 2019, p. 30).
Para el caso de la educación básica, las bases curriculares de primero a sexto establecen, siguiendo la misma línea del trabajo de Harlen, lo siguiente: Para que este proceso sea exitoso, es fundamental que los estudiantes se aproximen a las grandes ideas de la ciencia, cuya comprensión les permita dotar de sentido a los fenómenos del mundo que los rodea. Estas ideas no se limitan a ofrecer explicaciones casuísticas sobre preguntas que surgen en la vida cotidiana, sino que identifican, de forma abstracta, relaciones entre fenómenos y propiedades observadas. La comprensión de estas ideas facilita la predicción de fenómenos, la evaluación crítica de la evidencia científica y la toma de conciencia de la estrecha relación entre ciencia y sociedad (Mineduc, 2012, p. 70).
Existen diferentes ejemplos del uso de grandes ideas desde la literatura (ver González-Weil y Bravo, 2017, para una revisión más detallada). Pero es poco el conocimiento que se ha generado sobre cómo los profesores chilenos están incluyendo esta innovación del currículum nacional en sus aulas (Bravo, Astudillo, Cisternas y Flores, 2019). Este punto se vuelve especialmente importante considerando que el currículum chileno adoptó este acercamiento sobre cómo enseñar ciencias en todos los niveles escolares, desde la aparición del constructo. Ogborn (2002), como experto en desarrollo curricular, se hace dos preguntas sobre quién es el propietario o propietaria de las innovaciones curriculares una vez que se han desarrollado y, luego, cómo se transforman una vez que se van a implementar. De esos cuestionamientos, Ogborn propone que el éxito de un proyecto de desarrollo curricular está relacionado con “el sentido de propiedad de la innovación”, concluyendo que los docentes “son los verdaderos dueños del currículum” (p. 143).
En el caso de la biología en particular, es interesante dar una segunda mirada a las grandes ideas que nos proponen Harlen et al. (2010). Del listado de “Ideas de la Ciencia”, las últimas cuatro se relacionan directamente con cómo la ciencia explica los fenómenos biológicos. Las ideas 7 y 8 —“los organismos están organizados en base a células” y “los organismos requieren de suministro de energía y de materiales de los cuales con frecuencia dependen y por los que compiten con otros organismos”— nos invitan a comprender que los seres vivos tienen la necesidad de incorporar materia y energía para mantenerse, lo cual determina una organización específica —la célula— cuyo funcionamiento se refleja a nivel macro, en todas las funciones del organismo (González-Weil y Bravo, 2017). Si pensamos en términos de alfabetización científica, la comprensión de estas grandes ideas nos permite explicar una serie de fenómenos cotidianos. A modo de ejemplo, podemos comprender por qué respiramos más rápido cuando corremos (relacionando el fenómeno observado con el hecho de que nuestras células musculares necesitan mayor disponibilidad de ATP, y, por lo tanto, más oxígeno para la respiración celular). En consecuencia, podemos reconocer la importancia de mantener nuestro sistema respiratorio limpio, y así entender lo nocivo que es el tabaquismo. Si pensamos a nivel de alfabetización científica crítica, podemos cuestionarnos por qué si el tabaquismo es algo tan nocivo —dado que interfiere con el sistema que tenemos para darle energía a nuestras células— se mantienen las industrias tabacaleras, y cuáles son los intereses económicos que hay detrás, que pasan por encima de la salud de las personas. Finalmente, cabe señalar que el comprender una gran idea, y cuestionarse acerca de la manera en que puede ser enseñada, es parte importante del desarrollo del conocimiento pedagógico del contenido (CPC) de un profesor de ciencias (ver Capítulo 1 de este libro). El desarrollo del PCK (por su denominación en inglés, pedagogical content knowledge) (ver Vergara y Cofré, 2014) de una profesora o profesor de ciencias, establece como primera acción el que el docente reconozca cuál es la idea principal de lo que quiere enseñar. De igual modo, es importante que como docentes podamos reflexionar acerca de cuáles son las “pequeñas grandes ideas” —“ladrillos”— que conforman una gran idea; comprender que muchas de estas pequeñas ideas vienen del contexto cotidiano de los estudiantes, y que podrían conformar una gran idea más amplia y abarcadora. Teniendo claro cuál es la gran idea y cuáles son las “pequeñas grandes ideas” que se enseñarán, podemos abordar nuestra enseñanza a partir de los otros elementos del CPC: por ejemplo, reflexionando acerca de cuáles son las dificultades específicas que tienen nuestros estudiantes para la comprensión de las “pequeñas grandes ideas”, o cuál es la estrategia más adecuada para abordarla o para evaluarla, etc. Un ejemplo concreto de ello puede encontrarse en González-Weil y Bravo (2017), en relación con el concepto de ser vivo.
Considerando lo anterior y que las grandes ideas parecen útiles para la enseñanza de la ciencia, particularmente ante la demanda de una sociedad crítica, nos parece relevante explorar cómo los profesores de ciencias trabajan con ellas en el aula y cómo pueden crear/rediseñar conjuntamente sus propias grandes ideas relacionándolas con el contexto (político, social, económico), sus estudiantes, el tipo de escuela en la que trabajan y su propio conocimiento de la ciencia. De esta forma, les invitamos a explorar dos experiencias de uso y/o creación de grandes ideas junto a profesoras y profesores de ciencias de Valparaíso. La primera experiencia que conocerán es la práctica de una profesora de educación básica enseñando una gran idea en torno al tema de adaptación a sus estudiantes de 4° básico. La segunda experiencia ocurre a nivel de docencia universitaria, e ilustra cómo profesores en formación inicial se basan en una gran idea en torno a la relación CTSA, para diseñar una experiencia de aprendizaje.
2. Desarrollo
2.1 Grandes ideas sobre adaptación: Delia y el Garzapilén
Esta primera experiencia es parte de la investigación de doctorado de una de las autoras de este capítulo (Paulina). Una de mis preguntas de investigación es ¿cómo profesoras y profesores usan y conceptualizan las grandes ideas de la ciencia en su práctica? Para responderla realicé, entre otras actividades, observaciones de aula y entrevistas a profesoras y profesores de Valparaíso. La experiencia que aquí se mostrará es la de Delia, profesora de educación básica, con su grupo de estudiantes de cuarto básico en una secuencia de aprendizaje que se desarrolló en tres clases sobre adaptación y aves10. Para Delia las grandes ideas son “los temas básicos que todos nosotros como terrícolas tenemos que saber y eso es como lo esencial. Al tratar de entenderlo a lo mejor nos sirve para mejorar la calidad de vida y cuidar la especie también”. Esta comprensión no solo tiene implicancias en cómo entiende el contenido, sino que igualmente en cómo toma ciertas decisiones pedagógicas, porque la gran idea le ayuda a “centrar qué es lo que voy a enseñar, o sea, el concepto clave, gatillante, una idea fundamental”. Lo anterior no solo tuvo implicancias en términos de cómo organizó sus clases, sino que las grandes ideas se volvieron, asimismo, parte de su subjetividad como profesora de ciencias, determinando su posición pedagógica, epistemológica y hasta política sobre cómo enseñar ciencias.
La secuencia que Delia realizó consistió en tres clases. En la primera clase, trabajó el concepto de clasificación y organización por criterios, para lo cual usó como ejemplo la forma en que los estudiantes estaban sentados en la sala, aplicando esos conceptos sin contexto científico, para luego pasar a hablar sobre clasificación y criterios de clasificación con las aves. En la segunda clase, introdujo la actividad que tendrían en la sesión siguiente, que correspondió a una visita al humedal cercano a la escuela para observar aves. Como preparación de esa actividad, en la segunda clase Delia con sus estudiantes conversaron sobre qué se entiende por hábitat, diversidad y características que determinan a las especies. En esta clase también trabajó la distinción entre observación e inferencia, y realizó una actividad para ahondar en esa diferencia. La tercera clase de la secuencia correspondió a la salida a terreno al humedal colindante a la escuela, donde, con ayuda de una ornitóloga, los estudiantes observaron aves y discutieron su comportamiento.
En este capítulo nos centraremos en la segunda clase, de donde podemos discutir la gran idea de Delia. Antes de adentrarnos en ello, les invitamos a revisar la siguiente viñeta:
Segunda clase: ¿Existe el Garzapilén o Pilpigarza?
Este episodio se llevó a cabo en los primeros 19 minutos de la segunda clase (entre los minutos 06.00 y 25.00). La visita de una estudiante al humedal dio comienzo a un diálogo en torno a la pregunta: ¿qué constituye una familia? Esta pregunta se movió entre una clasificación taxonómica donde las familias y las especies son categorías y otras opiniones que estaban relacionadas con la familia como una organización social. Asimismo, la conversación bordeó una dimensión de apareamiento con la idea de producir descendencia entre diferentes especies resultando un ave llamada “garzapilén”; y una pregunta evolutiva de “cómo las diferentes especies han sobrevivido a lo largo de los años tal como son”. Estas dimensiones, junto con el desarrollo de la observación, constituyen la gran idea de Delia.

Figura 3.1 Viñeta segunda clase de Delia (Elaboración propia).
En la clase, Delia no aborda explícitamente una gran idea tomada del set de las 14 ideas originales propuestas por Harlen; más bien pareciera estar mezclando diferentes ideas en la misma clase considerando las opiniones de los estudiantes como respuesta a sus preguntas provocadoras. En nuestra interpretación, la conversación ilustrada en la viñeta se mueve entre dos grandes ideas de la ciencia del set (Tabla 3.1), es decir: (9) La información genética es transmitida de una generación de organismos a la siguiente generación; (10) La diversidad de los organismos, vivientes y extintos, es el resultado de la evolución; y una gran idea acerca de la ciencia: (12) Las explicaciones, las teorías y modelos científicos son aquellos que mejor dan cuenta de los hechos conocidos en su momento, que se relaciona con observación. Lo que demuestra una fluidez en la conversación entre las grandes ideas de y acerca de la ciencia.
En la conceptualización de las grandes ideas está bien descrito el vínculo que debe producirse entre las grandes ideas y las experiencias de la vida diaria de los estudiantes, por ejemplo, en el principio cinco, que dice que “la progresión hacia las grandes ideas debe resultar del estudio de temas de interés para los estudiantes y relevancia en sus vidas” (Harlen, 2010, p.10). Esto también se observa en la clase de Delia, cuando aprovecha la visita de una estudiante al humedal cerca de la escuela para iniciar la conversación. Ese enunciado sobre lo que vio la estudiante se usó como punto de partida para discutir cuál es el significado de la familia de aves, lo que se movió a otras preguntas relacionadas con comportamiento: “Yo dije que el pilpilén se subió en la garza. Se ayudaron mutuamente y ahí me pregunto si eso significa que son familia”; taxonomía: “Yo creo que, si fueran de la misma familia, como dice Martina, deberían ser iguales poh, pero cada animal tiene sus características, son todas diferentes.”; genética: “No estoy de acuerdo con la Martina porque tendría que ser un ave parecida al pilpilén y a la garza, no se combinarían. ¡La mezcla sería un hijo IMPOSIBLE! ¡Es raro!”; y evolución: “Ahí nos podemos preguntar ¿por qué las garzas son todavía garzas y los pilpilenes aún pilpilenes y no podemos ver garzapilenes? ¿Ni pilpigarzas?”; y sobre naturaleza de la ciencia: “dada la observación de Martina, hemos estado discutiendo todo esto! ¿Ustedes piensan que los científicos tienen estas conversaciones?” Todos ellos planteados por los estudiantes y Delia.
En relación con la progresión que el marco de grandes ideas propone, pareciera que Delia parte de una experiencia cotidiana de sus estudiantes para pasar a una idea más abstracta. En este caso, se pasa de la observación de la estudiante en el humedal al cuestionamiento de las observaciones que hacen los científicos para construir una explicación científica. La cuestión de la naturaleza de la ciencia a partir de la observación de aves parece estar relacionada con avanzar hacia una idea más amplia desde una idea más concreta, que ella explica de la siguiente forma:
“Al principio es importante que ellos [los estudiantes] reconozcan los diferentes tipos de aves, porque después quiero abordar otro contenido, en este caso adaptación, pero deben estar preparados de antemano para comprenderlo. Deben tener claro qué es una característica de un ave y porqué cambió o no, o cuáles son las estructuras que permiten que la especie exista tal como es en este momento” (Entrevista 2).
Delia pareciera estar reconociendo las “pequeñas” ideas que permitirán comprender posteriormente la “gran” idea. Esas pequeñas ideas provienen directamente de las observaciones y opiniones, a veces impugnadas, de los estudiantes, mientras Delia da una dirección hacia el objetivo de su clase.
Como mencionamos anteriormente, los profesores están llamados a vincular la vida de los estudiantes y las grandes ideas desde lo que propone el marco de Harlen y el mismo currículum de ciencias de Chile. Sin embargo, en el caso de Delia, ella parece construir la mezcla de grandes ideas, habilidades y actitudes —observación y actitud científica— partiendo de la experiencia de la estudiante observando las aves. En ese sentido, el vínculo se hace en el sentido contrario: desde la vida cotidiana a la ciencia escolar, es decir, Delia trae la vida cotidiana a la escuela. La emergencia de la especie imaginada llamada “garzapilén” permite representar lo que Delia propone como compartir el control en sus clases. Durante la conversación, ella planteó la posibilidad de la existencia de esta especie, después que un estudiante introdujo la idea de una especie mezcla garza y pilpilén, la que es discutida por algunos estudiantes:
“Es sospechoso. Yo creo que podrían tener un hijo, pero esa cría sería distinta, sería muy raro, entonces tendría un cuello muy gigante y otra parte chiquitita” —y dudosamente aceptada por otros –“Mmm, ¿sí?”—. En lugar de dar la respuesta respecto a las posibilidades restringidas de reproducción sexual entre diferentes especies, Delia permite que los estudiantes se retroalimenten entre sí hasta que la especie imaginada queda fuera de cuestionamiento “¡La mezcla sería un hijo IMPOSIBLE!”. Sobre este momento Delia expresó su posición:
“Es importante dar crédito a esa discusión y evitar decir ‘nooo, eso no es posible’. Recuerdo que pensé, qué pasaría si les dijera ahora que es raro el cruce de dos especies diferentes y que conocemos algunos casos como el caballo y el burro, pero el ‘híbrido’ es una mula estéril, por lo que no hay posibilidad para continuar la especie; eso sería como decir ‘el viejo pascuero no existe’ y ¡listo!, pero en cambio preferí seguir la conversación y luego solos se dieron cuenta de eso” (Entrevista 2).
Para Delia, “dar crédito” o que “luego solos se dieron cuenta de eso” parece relacionarse con su confianza en que el objetivo de la clase se alcanzará en algún momento. En su relato, la discusión podría considerarse emergente, como el mismo garzapilén. Esta discusión pareciera que no puede ser interrumpida, incluso si la interrupción significa explicitar lo que ha sido el acuerdo más aceptado de la comunidad científica respecto al cruce entre diferentes especies. En un sentido más amplio, Delia ha estado cambiando su comprensión de lo que debería esperarse en una clase de ciencias:
“En este punto de mi vida, entendí que todo se muestra tan fragmentado que me dije: ‘esta cuestión hay que juntarla’. Al hacerlo, podemos entender que el conocimiento está dentro de la vida; si no sé porqué el conocimiento científico es útil, estoy perdiendo tiempo” (Entrevista 1).
En su origen, el objetivo del enfoque de las grandes ideas propuesto por Harlen (2010), fue conectar conceptos científicos que la mayoría de las veces aparecen fragmentados en el plan de estudios, que es a lo que Delia también apunta como profesora enseñando ciencias. No obstante, en su reflexión, Delia parece ir más allá. No solo se trata de vincular el entorno con diferentes ideas científicas, sino que de comprender —ella y los estudiantes— que la ciencia es parte de la vida, “está dentro de la vida” y nos ayuda a explicarla.
De acuerdo con el plan de estudios de ciencias chileno para cuarto básico, se propone que los objetivos de aprendizaje relacionados con la adaptación y las características de los animales y las plantas se enseñen en dos clases, pero, en el caso de Delia, ella ocupó tres clases para comenzar a desarrollar lo que estamos llamando ‘mezcla de grandes ideas’; por lo tanto, podríamos pensar que usa más tiempo que el que se prescribe en el documento curricular oficial chileno. Sin embargo, al analizar esta combinación de grandes ideas, Delia podría estar abriendo preguntas sobre genética y evolución, que en el mismo plan de estudios chileno corresponden a segundo y primero medio, respectivamente, lo que significaría que Delia estaría ‘ganando’ tiempo, porque está conectando dominios científicos de diferentes niveles de escolaridad, lo que apunta también a la progresión entre niveles.
2.2 Explorando algunas grandes ideas acerca de la Ciencia
La segunda experiencia corresponde a una parte del curso de Didáctica de las Ciencias, dictado para segundo año de la carrera de Pedagogía en Biología y Ciencias Naturales. Esta parte del curso tenía como objetivo profundizar el significado de la alfabetización científica, su relación con la naturaleza de la ciencia, y la cultura de la paz11. Para ello, los estudiantes trabajarían en torno a una misma actividad, que ocupó alrededor de seis clases. El objetivo final de la actividad era que los estudiantes del curso diseñaran una experiencia de aprendizaje orientada a la comprensión de la alfabetización científica, que pudiesen ejecutar con estudiantes de primer año de la misma carrera, donde los estudiantes del curso de Didáctica tenían el rol de profesor o profesora.
Para ello, se trabajó utilizando la Brújula de Diseño para Mejorar la Vida (Figura 3.2), desarrollado por INDEX12 bajo la metodología de Design Thinking (Stenlev y Boegeskov, 2016), la cual fue adaptada al contexto y a los tiempos disponibles.

Figura 3.2 Brújula de Diseño para mejorar la vida (Modificado de Stenlev y Boegeskov, 2016).
La primera fase de la Brújula —Preparar— tuvo por objetivo identificar, seleccionar y concretar el desafío que los estudiantes iban a abordar. Considerando las relaciones entre alfabetización científica, naturaleza de la ciencia y la cultura de la paz, se propuso a los estudiantes trabajar alguno de los siguientes cuatro “desafíos preliminares”. En negrita, se señalan las grandes ideas acerca de la ciencia y la educación en ciencias que están involucradas:
1 Les hago ver a mis (futuros) estudiantes, que la Ciencia y la Tecnología son un eje de desarrollo de la sociedad.
2 Les hago ver a mis (futuros) estudiantes que la Ciencia y la Tecnología tienen un papel importante en disminuir la violencia y fomentar la cultura de la paz.
3 A través de la educación en ciencias, promuevo en mis (futuros) estudiantes la idea de la Educación en Ciencia como herramienta para mejorar su/nuestra calidad de vida.
4 A través de la educación en ciencias, les hago ver a mis (futuros) estudiantes que la Ciencia está presente en la vida cotidiana y que el tener conocimiento científico no solo es una necesidad, sino también un derecho de todos
En torno a sus intereses, los estudiantes formaron cuatro grupos, cada uno de los cuales abordó uno de los desafíos. Luego, cada grupo realizó una lluvia de ideas escribiendo en papeles las preguntas, afirmaciones o conceptos que emergieran en relación con el desafío escogido. Estos papeles se expusieron en el suelo, y las ideas expresadas en ellos se categorizaron, se ordenaron, se discutieron y se resumieron en un mapa conceptual.
Cada grupo puso un nombre a su actividad. De modo de ilustrar lo realizado, se muestra como ejemplo lo desarrollado por el grupo que abordó el desafío n° 2, cuya actividad se nominó “La Ciencia de la Sequía”.
Una vez elaborados los mapas, se instó a los estudiantes a formular un desafío más específico, que pudiese ser abordado a través del diseño de una experiencia de aprendizaje contextualizada.
En el caso del grupo que eligió el desafío N° 2, la discusión derivó en que a menudo la Ciencia es vista como algo negativo, sin visualizar que el desarrollo científico podría ayudar a la resolución de conflictos a través de la mejora de la calidad de vida. No obstante, también se generó la discusión acerca de que la ciencia no siempre es neutral, y con frecuencia está cruzada por intereses económicos o políticos, que no siempre coinciden con buscar el bien común. Bajo este contexto, surgió la idea de abordar el problema del agua en Chile. Este tema posibilitaría la visualización de un conflicto real y, a la vez, podría mostrar el potencial rol de la ciencia para resolverlo, siempre y cuando el desarrollo científico-tecnológico tuviera como objetivo el bien común, y no los intereses de individuos particulares.
Luego de formulado el desafío específico, se pasó a la segunda fase de la Brújula —Percibir—, que tuvo como objetivo identificar qué sabemos y qué necesitamos saber. En una primera instancia, y teniendo a la vista su desafío, cada grupo respondió las siguientes preguntas: ¿Qué sabemos? ¿Qué creemos que sabemos? ¿Qué necesitamos saber? ¿A quién le podemos preguntar? ¿Dónde podemos buscar información? Otras preguntas orientadoras fueron: ¿Qué tema o concepto vamos a usar de “escenario” para desarrollar el desafío? ¿Qué se debe considerar en el diseño de la actividad para contribuir a la generación de un cambio conceptual y social? ¿Cuáles podrían ser posibles concepciones alternativas que dificulten el aprendizaje? ¿Cómo puedo “desafiar” a esas concepciones? De allí surgió la necesidad de saber más acerca del “usuario”. Dado que la experiencia de aprendizaje estaría dirigida a los estudiantes de primer año de la carrera, era necesario conocer más acerca de ellos. Para eso, cada grupo generó un conjunto de preguntas que permitieran exponer las concepciones previas que los estudiantes de primer año tenían acerca de los temas a abordar. Dichas preguntas se formularon por escrito y las respuestas fueron utilizadas en la siguiente fase. En el caso del grupo La Ciencia de la Sequía, las preguntas que se formularon a los estudiantes de primer año fueron: (a) Explica en un esquema el ciclo del agua; (b) ¿Cuál es el rol que cumple la ciencia para la sociedad? (c) ¿Crees que la ciencia es objetiva? ¿Tiene intereses económicos?

Figura 3.3 Ejemplo de mapa para el desafío N° 2. “Les hago ver a mis (futuros) estudiantes que la Ciencia y la Tecnología tienen un papel importante en disminuir la violencia y fomentar la cultura de la paz.
La tercera fase de la Brújula —Prototipar— consistió en diseñar la experiencia de aprendizaje propiamente tal. Los grupos debían considerar el análisis realizado a las respuestas de los estudiantes de primer año, y basarse, para el diseño, en el ciclo del aprendizaje propuesto por Sanmartí (2000), el cual considera las siguientes etapas: (a) Exploración o explicitación de concepciones alternativas; (b) Introducción de nuevos puntos de vista, (c) Formalización o síntesis; (d) Aplicación o generalización. Cada experiencia de aprendizaje estaba pensada para durar aproximadamente una hora, y en ella participarían entre siete y diez estudiantes de primer año. En el caso del grupo La Ciencia de la Sequía, la experiencia de aprendizaje consistió en las siguientes etapas:
Exploración: Se muestra el video “Secos” (disponible en Internet: https://www.youtube.com/watch?time_continue=81&v=-buvEOEBnsQ), realizado por varios actores y actrices chilenas, que evidencia el problema del agua en Chile. Como se describió previamente, ya se había realizado una consulta a los estudiantes respecto de sus ideas sobre el agua y la neutralidad (o no) de la ciencia.
Introducción de nuevos puntos de vista: A continuación, se pide a los estudiantes que imaginen estar en situación de crear un proyecto para dar solución al conflicto del agua en Chile. Se les indica que no hay límite de financiamiento. Esta actividad se llamó “Farkas”13, puesto que este personaje financiaría el proyecto. Posteriormente, se les sitúa en otro escenario, tanto político como económico, preguntándoles qué cambiarían de su proyecto si quienes lo financian quisieran venderlo o exportarlo a otros países. Esto, con el objetivo de poner en jaque sus concepciones alternativas respecto a que la ciencia es “neutra”, y hacerles ver que finalmente lo que se investiga depende también de los intereses de quienes financian la investigación.
Síntesis: Se realizan preguntas en relación con la neutralidad (o no) de la ciencia, y si esta está ligada a fines económicos o políticos, y a otros factores que la puedan influir. Con ello, se espera llegar con los estudiantes a la conclusión de que la ciencia no siempre es neutral.
Aplicación: A continuación, se les presenta un nuevo caso, el cual no tiene relación alguna con el problema del agua. Este caso consiste en una noticia actual y controversial. Específicamente, se les muestra una noticia sobre gemelas modificadas genéticamente. A partir del análisis de este caso, los estudiantes deben aplicar los conceptos aprendidos, y discutir respecto a que la Ciencia está influida por intereses económicos, políticos, entre otros.
La cuarta fase de la Brújula —Producir— implicó la realización de la actividad. Esta se llevó a cabo simultáneamente en cuatro salas (una por grupo), y resultó muy interesante para los estudiantes, tanto de primer como de segundo año, dado que pocas veces habían tenido la posibilidad de discutir ideas acerca de la ciencia, y las maneras en que esta se relaciona con aspectos sociales, económicos, políticos o éticos.
3. Conclusión
Queremos concluir este capítulo enfatizando, desde las experiencias presentadas, la posibilidad que entregan las grandes ideas de la ciencia, tanto en términos de su naturaleza como de su construcción. En términos de su naturaleza, quisiéramos enfatizar la relevancia de mezclar las grandes ideas y el espacio/contexto local, como lo que propone Delia, cuando utiliza el humedal o genera un aprendizaje situado desde las observaciones de sus estudiantes sobre su contexto cercano a la escuela. Esta mezcla, de las grandes ideas y el contexto local, pensamos que podría contribuir directamente a la anhelada alfabetización científica de la población, por cuanto acerca la ciencia a la experiencia de los estudiantes. En este mismo sentido, en la segunda experiencia, se releva la importancia de agregar a las ideas acerca de la ciencia lo que tiene que ver con cómo la ciencia incide en cuestiones políticas, económicas y sociales. Nos parece interesante destacar, respecto de la naturaleza de las grandes ideas, la posibilidad de considerarlas en un nivel transversal, esto es, en diferentes niveles, ya sea en formación continua, práctica en el aula, o formación inicial. Dicho de otra manera, y pensando en que las grandes ideas han de co-construirse con los estudiantes, podríamos pensar en que estudiantes de básica, estudiantes de universidad y docentes en ejercicio, pueden trabajar las grandes ideas integradamente. De esa forma, las grandes ideas pueden considerarse un constructo que es “vacío” (empty signifier), porque permite el “llenado” de distintas conceptualizaciones. Tiene forma, pero no es prescriptivo, sino que, como principio general, indica cierto patrón que permite un desarrollo y no una limitación.
En cuanto a la construcción de las grandes ideas, nos parece importante destacar que, si bien existe un constructo desde la literatura —como lo propuesto por Harlen y colaboradores—, es vital considerar además las prácticas de los profes en una lógica híbrida de construcción de conocimiento. Pensamos que de esa manera se rescata mayor diversidad de experiencias, lo que aporta un aprendizaje más situado. Por último, las grandes ideas pueden ser consideras como un vehículo co-construido (academia, profesores en formación y ejercicio, estudiantes) que transporta estas ideas no solo de la ciencia, sino que también acerca de la ciencia y su relación con la sociedad.
Agradecimientos
Agradecemos la generosidad de la profesora Delia Cisternas y de los profesores en formación Catalina Cañete, Daniel Galaz, Eyleen González y Javiera Pino por compartir con nosotras sus ideas y permitir compartirlas con ustedes a través de este capítulo. Asimismo, agradecemos a los estudiantes de Delia, y a los estudiantes de primer y segundo año de la Carrera de Pedagogía en Biología y Ciencias Naturales 2019, por permitirnos aprender de sus experiencias.
4. Referencias
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Bravo, P., Astudillo, P., Cisternas, D. y Flores, R. (2019). Una profesora de kínder, una profesora de 4° y un profesor de 6° entran a una escuela: enseñando con grandes ideas de la ciencia. Perspectiva Educacional, 58(1), 49-68. doi: 10.4151/07189729-Vol.58-Iss.1-Art.822.
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1 Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Alberto Hurtado. E-mail: clvergara@uahurtado.cl
2 Instituto de Biología, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. E-mail: hernan.cofre@pucv.cl
3 Profesor de la Facultad de Educación, Psicología y Familia, Universidad Finis Terrae, Santiago, Chile.
4 Ms. en Didáctica de las Ciencias Experimentales. Bióloga y profesora de Biología. Investigadora en el Laboratorio de Neurociencias, Escuela de Kinesiología. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. E-mail: martina.valencia@pucv.cl
5 Dr. en Educación Científica. Profesor de Didáctica de la Biología, Freie Universität Berlín. E-mail: dirk.krueger@fu-berlin.de
6 Instituto de Biología, Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
7 UCL Institute of Education, London, UK.
8 Centro de Investigación Avanzada en Educación, Chile.
9 El primer reporte, Principios y grandes ideas de la educación en ciencias, es posible recuperarlo de la página: http://innovec.org.mx/home/images/Grandes%20Ideas%20de%20la%20Ciencia%20Espaol%2020112.pdf
El segundo reporte, Trabajando con grandes ideas de la educación en ciencias, es posible recuperarlo de la página: https://www.interacademies.org/28260/Working-with-Big-Ideas-of-Science-Education-Spanish-version
10 La información que se ocupó para construir este relato fueron observaciones de clase más dos entrevistas realizadas a la profesora. La segunda entrevista fue del tipo de recuerdo estimulado, lo que significó mostrarle extractos de la clase observada para incitar la reflexión sobre la práctica. Este material es parte de una investigación doctoral y su uso cuenta con el consentimiento de la profesora.
11 Entendemos por cultura de la paz, un nuevo tipo de cultura que ayuda a las personas a analizar críticamente la realidad, con el fin de situarse en ella y actuar en consecuencia. Se relaciona con el empoderamiento, ciudadanía democrática, transformación social y solución pacífica de conflictos (Boqué, Pañellas, Alguacil y García, 2014)
12 INDEX: The Index Project, es una organización danesa sin fines de lucro, establecida el año 2002, que premia, enseña e invierte en iniciativas de diseño que sean un aporte a la sociedad. A través de ello, han generado el movimiento “diseñar para mejorar la vida” (ver https://theindexproject.org/).
13 Leonardo Farkas es un empresario y magnate chileno, conocido por sus actos filantrópicos.
Capítulo 4
La Biología y la Naturaleza del Conocimiento Científico
Norman G. Lederman1
Resumen
Este capítulo describe la relación entre el estudio de la biología y la naturaleza del conocimiento científico (NOSK de ahora en adelante por sus siglas en inglés [nature of scientific knowledge]), también conocido como naturaleza de la ciencia (NOS del inglés nature of science). No se debiera asumir que los estudiantes entenderán NOSK como un producto de “hacer” actividades de investigación en biología, sino que debe ser planificado, enseñado explícitamente y evaluado. Los siete aspectos de NOSK que son considerados apropiados para ser aprendidos en la escuela primaria y secundaria son: su tentatividad (sujeta a cambios); el que incluye observación e inferencia; es subjetiva (o guiada por alguna teoría); es creativa; usa y distingue entre teorías y leyes; es social y culturalmente integrada; y tiene una base empírica. Aquí revisamos cada uno de estos aspectos y se dan ejemplos de cómo generar actividades que puedan promover de forma explícita su comprensión. Las actividades que trabajan NOSK solo necesitan incluir algunas preguntas bien planeadas que inviten a la reflexión de estos aspectos.
1. Introducción
Como profesor(a) de biología o ciencias de la vida, es probable que usted pase una parte del primer día de clases explicando a sus estudiantes qué es la biología y qué debieran estudiar durante el año. Normalmente, puede que usted les pregunte a sus alumnos qué piensan que es la biología y cuál será el enfoque de la asignatura. Si no les pregunta a sus estudiantes, puede que ellos hagan la pregunta o, al menos, se harán la pregunta mentalmente. Parece ser una pregunta fácil de responder. Después de todo, usted es un profesor de Biología. Sin embargo, lo más importante es que el enfoque de este capítulo será describir la relación entre el estudio de la biología y la naturaleza del conocimiento científico (NOSK). El nombre más común para este concepto es naturaleza de la ciencia (NOS), tal como se incluye en todos los documentos curriculares de Chile (ej. Mineduc, 2015, 2019). Sin embargo, NOSK fue la expresión original en los años sesenta y describe de manera más precisa el enfoque de NOS. Esto es, las características del conocimiento científico, que no es lo mismo que la diferencia entre la ciencia y otras formas de conocer (por ejemplo: arte, historia, religión). Los detalles de NOSK serán discutidos con mayor detalle posteriormente, así como también se presentarán ejemplos concretos de cómo puede ser abordada mientras se enseña la asignatura de Biología. Pero, lo primero es lo primero.
¿Qué es la Biología?
Prácticamente todos los textos y el currículum de Biología, independientemente del nivel o curso, comienzan con esta pregunta, y la respuesta simple es: la ciencia/estudio de la vida (Curtis, 2009; Lederman, 2007; Lederman y Lederman, 2014). Esto lógicamente nos lleva a una discusión sobre ¿qué es la Vida? Aquí es donde le explicamos a los estudiantes lo que aprenderán durante el año escolar. Pareciera ser, como ya se dijo, una pregunta fácil de responder, pero ¿lo es realmente? Un curso de biología generalmente se divide en las siguientes áreas de estudio principales:
1 ¿Qué es Biología?
2 Base de la Vida Física/Química
3 Estructura, Organización y Procesos Celulares
4 Flujo de Energía
5 ATP, Glucólisis y Respiración
6 Fotosíntesis
7 Genética
8 Clasificación de Organismos Vivos
9 Procariontes
10 Protistas
11 Hongos
12 Reino Animal
13 Reino Vegetal
14 Biología de la Población
15 Variabilidad y Evolución
16 Ecología
Estas áreas de estudio están expresadas en términos muy generales (los resultados de aprendizaje específicos no están delineados) y la secuencia de dichas áreas normalmente varía de un docente a otro y de currículum a currículum. Sin embargo, todo lo que ha sido presentado aquí es específico de lo que se incluye en el estudio de los seres vivos. No obstante, la pregunta más importante es: ¿Qué es la Vida? Esta pregunta relativamente simple pareciera tener una respuesta sencilla. Sin embargo, la respuesta es compleja e incluso profesores de Biología tienen dificultades para ofrecer una respuesta definitiva. Es mucho más fácil describir características de organismos vivos, en contraste con objetos inanimados, que ofrecer una definición clara. Una lista común de características normalmente contiene unos 12 elementos, la mayoría de los cuales los estudiantes pueden deducir conceptualmente al examinar seres vivientes e inanimados o imágenes disponibles. Una lista típica incluye los siguientes:
1 Las células son la base estructural de la vida y todas las células provienen de células preexistentes.
2 Reproducción
3 Metabolismo
4 Secreción
5 Excreción
6 Adaptación
7 Absorción
8 Irritabilidad
9 Digestión
10 Respiración
11 Asimilación
12 Locomoción
Reitero que esta lista no es exhaustiva o definitiva (por ejemplo, ¿están los virus vivos o no?), pero ayuda a los estudiantes a distinguir entre lo vivo y lo no vivo, y lo que será estudiado durante su curso de biología. Ahora que hemos discutido la parte Vida de la respuesta a la pregunta ¿qué es Biología?, nuestra atención debe volcarse a la parte que no hemos respondido aún.
2. Desarrollo
2.1 ¿Qué es Ciencia?
Nuevamente, esta es una pregunta engañosamente simple que los profesores de ciencias deberían ser capaces de responder. Sin embargo, desde la experiencia, sabemos que si se hace esta pregunta a un grupo de 30 profesores de ciencia, recibiremos alrededor de 20 respuestas distintas. Esta pregunta es tan difícil de responder como: ¿Qué es la vida? La respuesta que consideraremos aquí tiene tres partes: un cuerpo de conocimiento, la indagación o prácticas científicas, y NOSK. El cuerpo de conocimiento de ciencia (o biología en este caso), ha sido recientemente discutido. La indagación/prácticas científicas es lo que los científicos hacen para desarrollar un cuerpo de conocimiento (por ejemplo, desarrollar preguntas, observar, recolectar y analizar datos, generar conclusiones, etc.). Una discusión mucho más detallada de indagación/prácticas se presenta en el Capítulo 6 de este libro. Sin embargo, basta decir que la indagación/prácticas y NOSK son los dos aspectos de la ciencia que no están incluidos de manera adecuada en la enseñanza de la ciencia y el currículum de ciencias. También son los dos aspectos de la ciencia que, además del conocimiento de la disciplina, son claves para el logro de la alfabetización científica (Showalter, 1974).
Dada la forma en que los científicos desarrollan el conocimiento científico (por ejemplo, indagación/prácticas), ese conocimiento es generado con ciertas características. Estas características son lo que típicamente constituyen NOSK (Lederman, 2007). Hay una falta de consenso entre científicos, historiadores de la ciencia, filósofos de la ciencia, y educadores de ciencias, respecto de cuáles son los aspectos particulares de NOSK. Esta falta de consenso, sin embargo, no debería ser ni desconcertante ni sorprendente, dada la naturaleza multifacética y la complejidad del quehacer científico. Las concepciones de NOSK han cambiado a través del desarrollo de la ciencia y el pensamiento sistemático sobre ella, y se reflejan en la forma en que la comunidad científica y de educación en ciencias han definido la frase “naturaleza de la ciencia” (NOS) durante los pasados 100 años (por ejemplo, AAAS, 1990, 1993; Lederman, 2007; NSTA, 1982). Sin embargo, muchos de los desacuerdos respecto de la definición o el significado de NOSK que aún existen entre filósofos, historiadores y educadores en ciencias son irrelevantes para la enseñanza escolar primaria y secundaria. El problema de la existencia de una realidad objetiva comparada con las realidades fenomenológicas es un buen ejemplo. Hay un nivel aceptable de generalidad en relación con NOSK que es accesible a estudiantes de educación primaria y secundaria, y es relevante para sus vidas cotidianas. En este nivel, existe poco desacuerdo entre filósofos, historiadores y educadores en ciencias. Entre las características de la empresa científica que corresponden a este nivel de generalidad tenemos que el conocimiento científico es tentativo (sujeto a cambios); con base empírica (basado en y/o derivado de las observaciones del mundo natural); subjetivo (con una carga teórica); implica necesariamente inferencia, imaginación y creatividad humana (incluye la invención de explicaciones); y está inserto social y culturalmente. Dos importantes aspectos adicionales son: la distinción entre observación e inferencias, y las funciones de, y las relaciones entre las teorías y las leyes científicas. Lo que sigue es una breve consideración de estas características de la ciencia y del conocimiento científico. Estos siete aspectos de NOSK no deben ser considerados como una lista exhaustiva o “LA” lista, pero está filtrada en relación con la audiencia escolar primaria y secundaria.
2.2 Características de NOSK
Primero, los estudiantes deberían estar conscientes de la distinción clave entre la observación y la inferencia, y del hecho de que todo conocimiento científico se deriva de la observación y, al menos de manera parcial, de la inferencia. Las observaciones son declaraciones descriptivas sobre fenómenos naturales “directamente” accesibles a través de los sentidos (o de extensiones de estos) y sobre los cuales varios observadores pueden alcanzar un consenso con relativa facilidad. En contraste, las inferencias son declaraciones sobre fenómenos que no son “directamente” accesibles a los sentidos. Por ejemplo, los objetos tienden a caer al suelo debido a la “gravedad”. La noción de gravedad es inferencial en el sentido de que solo se puede acceder a ella y/o medir a través de sus manifestaciones o efectos. Ejemplos de tales efectos incluyen las perturbaciones en órbitas planetarias pronosticadas debido a “atracciones” interplanetarias, y la refracción de la luz proveniente de las estrellas que sucede cuando sus rayos pasan a través del campo “gravitacional” solar.
Segundo, la distinción entre las leyes y las teorías científicas es otra cosa de la que los estudiantes deben estar conscientes. Los individuos a menudo tienen una visión simplista, jerárquica, de la relación entre las teorías y las leyes a través de las cuales las teorías se convierten en leyes, dependiendo de la disponibilidad de la evidencia de respaldo. Se desprende de esta noción que las leyes científicas tienen un estatus más alto que las teorías científicas. Ambas nociones, sin embargo, son inapropiadas porque, entre otras cosas, las teorías y las leyes son diferentes tipos de conocimiento, y una no puede desarrollarse o ser transformada en la otra. Las leyes son declaraciones o descripciones de relaciones entre fenómenos observables. La ley de Boyle, que relaciona la presión de gas a su volumen a una temperatura constante, es un buen ejemplo (Lederman, 1998). Las teorías, en contraste, son explicaciones inferidas de fenómenos observables. La teoría molecular cinética, que explica la ley de Boyle, es un ejemplo. Además, tanto las teorías como las leyes son un legítimo producto de la ciencia. Los científicos normalmente no formulan teorías con la esperanza de que un día adquieran el estatus de “leyes”. Las teorías científicas, en sí mismas, tienen roles importantes, tales como guiar la investigación y generar nuevos problemas de investigación, además de explicar grandes grupos de observaciones aparentemente no relacionadas en más de un campo de investigación.
Tercero, aunque el conocimiento científico está, al menos en parte, basado en y/o derivado de observaciones del mundo natural (por ejemplo, empírico), un cuarto aspecto importante implica imaginación y creatividad humana. La ciencia, contrariamente a la creencia popular, no es una actividad carente de vida, y extremadamente racional y ordenada. La ciencia implica la invención de explicaciones, y esto requiere una gran cantidad de creatividad por parte de los científicos. El “salto” desde líneas espectrales atómicas al modelo atómico de Bohr, con sus órbitas elaboradas y niveles de energía, es otro buen ejemplo. Este aspecto de la ciencia, acompañado de su naturaleza inferencial, implica que los conceptos científicos, tales como átomos, agujeros negros y especies, son modelos teóricos funcionales, más que copias fieles de la realidad.
Quinto, el conocimiento científico es subjetivo o con carga teórica. Los compromisos teóricos de los científicos, así como sus creencias, conocimientos previos, formación, experiencias y expectativas, influyen en su trabajo. Todos estos factores contextuales forman una mentalidad que afecta los problemas que los científicos investigan y cómo conducen sus investigaciones, qué observan (y qué no observan), y cómo dan sentido e interpretan sus observaciones. Es digno de atención que, contrariamente a la creencia popular, la ciencia nunca comienza con observaciones neutrales (Chalmers, 1982). Las observaciones (e investigaciones) siempre son motivadas y guiadas por y adquieren significado en referencia a preguntas o problemas. Estas preguntas o problemas, a su vez, surgen desde ciertas perspectivas teóricas.
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