Kitabı oxu: «Pregúntale a Alicia»
Pregúntale a Alicia

Pregúntale a Alicia Anónimo
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D.R. © Editorial Lectorum, S.A. de C.V., 2007
Centeno 79-A, Col. Granjas Esmeralda
C.P. 09810, México, D.F.
Tel.: 55 81 32 02
www.lectorum.com.mx
ventas@lectorum.com.mx
Primera edición: junio de 2007
ISBN 10: 970-732-218-7
ISBN 13: 978-970-732-218-9
Características tipográficas aseguradas conforme a la ley.
Prohibida la reproducción parcial o total sin autorización escrita del editor.
Índice
1 .
2 Primer diario
3 Segundo diario
4 Epílogo
.
Pregúntale a Alicia se basa en el auténtico diario de una muchacha de quince años adicta a las drogas. Es una exacta declaración sobre el mundo de las drogas en los adolescentes de la clase media.
No ofrece ninguna solución. Sin embargo, es una crónica específica y sumamente personal. Como tal, esperamos que conduzca a los vericuetos del mundo en que vivimos, cada vez más complicado...
A petición expresa de los afectados, se modificaron nombres, fechas, lugares y ciertos acontecimientos.
Primer diario
Septiembre 16
Recuerdo que ayer me sentía la persona más feliz de la Tierra, de la galaxia, de todo lo creado por Dios. ¿Fue ayer o lo sentí hace muchos años? Me parecía que la hierba nunca había tenido tanto aroma, que el firmamento nunca había estado tan alto. Ahora, todo se derrumba sobre mi cabeza, quisiera fundirme en la atmósfera y dejar de vivir. ¡Oh! ¿Por qué no me evaporo? ¿Cómo podré mirar frente a frente a Sharon, a Debbie y a los demás chicos y chicas? ¿Cómo? A estas horas la noticia debe de haberse extendido por toda la escuela. Estoy segura. Ayer compré este diario porque creí tener, por fin, algo digno de contarse, grande y maravilloso, tan íntimo que no podría compartirlo con ninguna persona, sólo conmigo. Y ahora, como todo lo demás en mi existencia, resulta que no es absolutamente nada.
Ayer, cuando Roger me pidió que saliéramos juntos, pensé que me iba a morir de felicidad. Y así fue. Ahora el mundo es frío, gris e insensible. No sé cómo me hizo esto precisamente a mí, que lo he amado desde que tengo uso de razón, que esperé toda mi vida a que se dignara a mirarme.
Mi madre anda refunfuñando para que limpie mi cuarto. ¿Cómo puede regañarme así, ordenarme que arregle la habitación cuando me siento morir? ¿No podré estar nunca a solas con mi alma?
Diario: tendrás que esperar hasta mañana, si no me echarán otra vez el rollo sobre mi actitud, mi falta de madurez, y etcétera. ¡Hasta luego!
Septiembre 17
Hoy la escuela fue una pesadilla. Tenía miedo de encontrarme con Roger en cada rincón del pasillo y, sin embargo, temía desesperadamente no verlo. Me decía a mí misma: “Debió pasar algo y él lo explicará”. A la hora de comer tuve que decir a las chicas por qué no aparecía. Fingí que no me importaba pero, ¡oh, Diario!, ya lo creo que me importa. Tanto me afecta que siento como si dentro de mí todo se hubiera hecho pedazos. ¿Cómo puedo sentirme tan miserable, turbada, humillada, apaleada, y hablar todavía, funcionar, sonreír y concentrarme? ¿Cómo pudo hacerme esto Roger? Yo no le haría daño a una mosca. No podría lastimar a nadie ni física ni emocionalmente. ¿Entonces cómo puede lastimarse la gente con tanta saña? Incluso mis padres me tratan como si fuera una estúpida, un ser inferior y sin remedio. Me imagino que siempre defraudaré. Seguramente no estoy a la altura de lo que quisiera ser.
Septiembre 19
Fue el cumpleaños de papá. Nada especial.
Septiembre 20
Hoy es mi cumpleaños. Tengo quince años. Nada.
Septiembre 25
Querido Diario:
Hace casi una semana que no escribo porque no me ha pasado nada interesante. Los viejos y necios maestros de siempre, enseñando las viejas necedades de siempre en la vieja y necia escuela de siempre. Tengo la impresión de que estoy perdiendo interés por todo. Al principio creí que la escuela de bachillerato sería divertida, pero todo es aburrido. Tal vez se deba a que estoy creciendo, a que la vida se va volviendo más asquerosa. Julie Brown celebró una fiesta, pero no fui. He engordado más de tres kilos; tres feos, grasientos, torpes, babosos kilos, y sin nada que ponerme. Empiezo a tener un aspecto tan blando como mi estado de ánimo.
Septiembre 30
¡Maravillosas noticias, Diario! Nos mudamos. A papá lo requirieron como decano de la facultad de Ciencias Políticas. ¿No es excitante? Quizás ahora las cosas sean como antes, como cuando yo era más chica. Tal vez mi padre vuelva a dar clases en Europa cada verano y entonces, como acostumbrábamos, nos iremos con él. ¡Oh, qué tiempos más divertidos aquellos! Voy a ponerme a dieta. Cuando nos cambiemos de casa seré otra persona. Ni un mordisco más al chocolate, ni una papa frita volverá a cruzar mis labios hasta que no haya perdido cinco kilos de redondeces y de bultos de grasa. Voy a renovar completamente mi vestuario. ¿Qué me importa el ridículo Roger? Confidencialmente te diré, Diario, que todavía me importa. Supongo que lo amaré siempre, pero antes de que nos vayamos, cuando yo esté más delgada, y mi piel, ahora tan dañada, sea tersa como el raso y los pétalos de rosa, cuando tenga vestidos como de maniquí, entonces me pedirá que salga otra vez con él. ¿Qué le diré entonces? ¿Lo dejaré colgado o —me temo que sí— seré débil y me iré con él?
¡Por favor, Diario, ayúdame a ser fuerte y firme! Ayúdame a hacer gimnasia cada mañana y noche, a limpiar mi cutis, a comer debidamente, a ser optimista, agradable, positiva, risueña... ¡Quisiera tanto ser alguien importante o, sencillamente, que de vez en cuando me invitase algún muchacho! Tal vez la nueva “yo” sea diferente.
Octubre 10
He bajado kilo y medio de peso y estamos tratando de organizar la mudanza. Nuestra casa se puso en venta y mis papás se han dado a la tarea de buscar nueva vivienda. Yo estoy aquí con Tim y Alexandria y, aunque no lo creas, no me molestan para nada. Todos estamos emocionados y hacen lo que les ordeno, me ayudan en la casa, las comidas y lo demás... o casi. Supongo que papá va a tomar posesión de su nuevo cargo antes de que acabe el curso. Está ilusionado como un muchacho con zapatos nuevos, y todo se parece a los viejos tiempos. Nos sentamos alrededor de la mesa, reímos, bromeamos y, juntos, hacemos proyectos. ¡Es formidable! Tim y Alex insisten en que quieren llevarse todos sus juguetes y cachivaches. Personalmente, me gustaría tenerlo todo nuevo, excepto mis libros, claro: son parte de mi vida. Me habría muerto sin ellos, pues me acompañaron cuando me atropelló un coche y permanecí tanto tiempo enyesada. Incluso ahora no sé, exactamente, lo que en mí es mío y qué parte he sacado de los libros. Pero, de todos modos, ¡es formidable! La vida es realmente fantástica, magnífica, estimulante; estoy impaciente por ver qué hay a la vuelta de la esquina y de todas las esquinas futuras.
Octubre 16
Mis papás regresaron hoy. ¡Viva, tenemos casa! Es un gran caserón de estilo español, y mamá está encantada. ¡No puedo aguantarme! ¿Cuándo nos iremos? No puedo esperar. No puedo. Tomaron fotos y estarán listas dentro de tres o cuatro días. No puedo esperar, no puedo. ¿Que ya lo he dicho un millón de veces?
Octubre 17
Hasta la escuela me parece de nuevo apasionante. Tuve la mejor calificación en álgebra y en todo lo demás tendré buenas notas. Lo peor es el álgebra. Si paso en esto, lo demás no me preocupa. En general me puedo considerar afortunada si logro aprobar, incluso cuando me mato de tanto estudiar. Parece como si, al ir bien una cosa, todo lo demás tuviera que ir igual. Hasta me llevo mejor con mamá. Ya no me regaña tanto. Realmente no puedo precisar cuál de las dos ha cambiado. ¿Me estoy comportando como la persona que ella quisiera ver en mí para no tener que estar siempre recordándomelo, o es que ella misma es menos exigente...?
Incluso he visto a Roger en los pasillos; ya no me interesa, en absoluto. Dijo: “Hola” y se detuvo para hablarme, pero yo, sencillamente, pasé de largo. Ya no me sorberá más el seso. ¡Vamos! Ya sólo falta poco más de tres meses.
Octubre 22
Scott Lossee me invitó a ir al cine el viernes. Perdí casi cinco kilos, pero todavía me gustaría perder otros tantos. Mamá dice que yo no puedo estar tan flaca, pero ella no sabe. Yo sí sé. No he probado un dulce desde hace tanto, incluso he olvidado su sabor. A lo mejor el viernes por la noche vamos a cenar y me como unas fritangas. ¡Ummmm...!
Octubre 26
Ir al cine, con Scott, fue divertido. Al salir fuimos a comer seis maravillosas, deliciosas, sabrosas, celestiales fritangas. ¡Aquello era vida! No siento por Scott lo que sentía por Roger. Supongo que éste ha sido mi único gran amor, pero qué bueno que todo terminó. Imagínate: en mi primer año de bachillerato y con quince años, y terminó para siempre mi único y gran amor. En cierto modo parece algo trágico. Quizás un día, cuando vayamos a la universidad, nos encontremos nuevamente. ¡Ojalá! Lo deseo. El verano pasado, en la fiesta de Marion Hill, alguien trajo una revista Playboy, que llevaba una historia sobre una muchacha que se acostó por primera vez con un muchacho y lo único que se me ocurrió fue pensar en Roger. Ni siquiera deseo relación sexual con ninguna persona, jamás. Juro morir virgen si Roger y yo no nos juntamos. No podría soportar que otro chico llegara a tocarme. Ni siquiera estoy segura de permitírselo a Roger.
Tal vez más tarde, cuando sea mayor, me sentiré distinta. Mi madre dice que a medida que una muchacha crece, las hormonas invaden nuestras venas, aumentando nuestro deseo sexual. Supongo que yo crezco despacio. He oído contar algunas historias salvajes sobre ciertas chicas de la escuela, pero yo no soy como ellas, yo soy yo y, además, eso del sexo parece algo tan extraño, tan inconveniente, tan inoportuno...
Pienso en el profesor de cultura física enseñándonos danza moderna y diciéndonos constantemente que así nuestros cuerpos se harán fuertes y sanos para la maternidad. Luego, parece como si tocara el arpa y dice que todo ha de ser gracioso. No concibo que el sexo o llevar un bebé en el vientre sean algo gracioso. Debo irme. Hasta pronto.
Noviembre 30
Querido Diario:
Siento no haber hablado contigo el día de Acción de Gracias. ¡Fue tan agradable! Los abuelitos estuvieron dos días con nosotros y recordamos los viejos tiempos, sentados sobre el suelo de la sala. Papá ni siquiera fue a su trabajo en todo ese tiempo. Abuelita nos hizo caramelo espumoso, como nos solía hacer cuando éramos pequeños. Incluso papá se chupó los dedos. Todos nos reímos mucho; Alex se llenó el pelo de caramelo y al abuelito se le atascó en la dentadura postiza y casi nos pusimos histéricos de tanto reír. Sienten mucho que nos mudemos tan lejos de ellos; nosotros también lo lamentamos. El hogar, sin los abuelitos de vez en cuando, no será el mismo. Realmente, espero que papá haya acertado al decidir este cambio.
Diciembre 4
Querido Diario:
Mamá no quiere que yo siga a dieta. Te diré, como un secreto sólo entre nosotros: eso no es asunto suyo. Es cierto que las dos últimas semanas he tenido un resfriado, pero yo sé que no lo provocó la dieta. ¿Cómo puede ser tan estúpida e irracional? Esta mañana, como de costumbre, yo estaba tomando jugo como desayuno, y me obligó a comer una rebanada de pan blanco, huevos revueltos y un pedazo de tocino. Probablemente todo esto tenga cuatrocientas calorías, tal vez seiscientas o setecientas.
No sé por qué no me deja vivir mi vida. A ella no le gusta verme como una vaca, a nadie le gusta, ni a mí misma. Y qué tal si me meto el dedo en la garganta después de comer, para vomitar. De nuevo me obliga a cenar, justo cuando había bajado de peso hasta casi el que yo quería y ya no tenía que combatir los calambres del hambre. ¡Oh, qué problema son los padres! De esto, Diario, no debes preocuparte; sólo yo. Me imagino que no has tenido suerte conmigo.
Diciembre 10
Cuando te compré, Diario, iba a escribirte religiosamente todos los días, pero a veces no me pasa nada digno de escribir, y otras veces estoy demasiado ocupada, aburrida, enfadada, preocupada o demasiado yo misma para hacer algo que no sea obligatorio. Supongo que soy una amiga bastante asquerosa, aun contigo. De todos modos, me siento más cerca de ti que de Debbie, de Marie o de Sharon, que son mis mejores amigas. Incluso con ellas no soy realmente yo misma. En parte soy otra; tratando de encajar, de decir cosas apropiadas, de hacer las cosas requeridas, de estar en el lugar más indicado, de vestir como visten todos. A veces pienso que cada uno trata de ser la sombra de otro; compramos los mismos discos y hacemos como los demás, aunque no nos guste. Los chicos son como robots, piezas en línea para el montaje, y yo no quiero ser un robot.
Diciembre 14
Acabo de comprar, como regalo de Navidad para mi mamá, el más maravilloso de los broches de una sola perla. Me costó muy caro, pero creo que lo vale. Es una perla de cultivo, lo cual quiere decir que es auténtica. Se parece a mamá. Suave y brillante, pero sólida y resistente en su interior, confío en que no parecerá fuera de lugar. ¡Oh, espero que le guste! ¡Quisiera tanto que le gustara y que, por la perla, le gustara yo! Todavía no sé qué comprarles a Tim y a papá, pero es más fácil comprar para ellos. A papá me gustaría regalarle un bonito plumero dorado, para que lo coloque sobre el nuevo escritorio de su despacho, y que le hiciera pensar en mí cada vez que lo viera, incluso en medio de conferencias importantes con todas las personas que rigen en el mundo; pero, como de costumbre, no puedo permitirme más que una fracción de las cosas que quiero.
Diciembre 17
Lucy Martin organiza una fiesta navideña; para esta ocasión yo debo llevar una ensalada hecha a base de gelatina. Al parecer la reunión será muy divertida (así lo espero). Me he hecho un nuevo vestido de lana blanca y rala. Mamá me ayudó y es realmente bonito. Espero que un día pueda coser tan bien como ella. Es más: espero algún día ser como ella. Me pregunto si a ella, a mi edad, le inquietaba no gustarle a los chicos y ser amiga a medias de las chicas. Me pregunto si entonces los chicos eran tan sensuales como ahora. Por lo que dicen las chicas al hablar de nuestras parejas, ahora todos los muchachos son así. Ninguna de mis amigas ha ido hasta el fin, pero imagino que otras chicas de la escuela sí llegaron. Me gustaría hablar con mi madre sobre estas cosas, porque verdaderamente no creo que muchas chicas sepan de qué hablan, al menos no puedo creerme todo lo que cuentan.
Diciembre 22
La fiesta de los Martin fue divertidísima. Dick Hill me trajo después a mi casa. Tenía el coche de su padre y dimos una vuelta por la ciudad; vimos las iluminaciones y cantamos villancicos. Todo esto parece cursi, pero no lo fue. Al llegar a casa me besó, me dijo buenas noches... y eso fue todo. Me puse algo nerviosa, pues no sé si no le gusto o sencillamente me respeta. Pase lo que pase, no puedo estar segura de nada. A veces me gustaría salir con algún chico, así sabría que tengo pareja, alguien con quien hablar, pero mis padres no creen en esto; además, confidencialmente, nadie se ha interesado por mí. A veces pienso que nunca interesaré a nadie. La verdad es que los chicos me gustan mucho, alguna vez creo que incluso me gustan demasiado, pero no soy popular. Desearía ser popular y hermosa, rica y con talento. ¿No sería formidable ser así?
Diciembre 25
Es Navidad. Maravillosa, magnífica, feliz, santa Navidad. Soy tan dichosa que apenas puedo contenerme. Me han regalado libros y discos, una falda que me encanta y muchas chucherías. A mamá le encantó el broche. ¡Le gustó de verdad! ¡La embelesó! Se lo puso inmediatamente sobre su vestido de fiesta y lo llevó todo el día. ¡Estoy tan contenta de que le haya gustado! Los abuelitos estuvieron aquí, y el tío Arthur y la tía Jeannie con los críos. Fue algo formidable. Creo que la Navidad es la mejor época del año. Todo el mundo se siente afectuoso y seguro, y necesitado y querido (hasta yo). Ojalá fuese siempre así. ¡Qué rabia pensar que el día termina! No sólo porque ha sido un gran día, sino porque será nuestra última festividad en está adorable casa.
Adiós, querida casita, engalanada con guirnaldas festivas y sagradas, iluminada de vivos colores. Te amo, casa. ¡Te echaré de menos!
Enero 1
Anoche estuve en la fiesta de fin de año en casa de Scott. Los chicos perdieron los estribos. Algunos empinaron el codo con exceso. Yo me vine temprano, argumenté que no me encontraba bien; la verdad es que tengo tal ansiedad porque nos mudamos dentro de dos días, y esto hace que yo no sea yo. Estoy segura de que no pegaré el ojo durante las dos noches que faltan. Piensa, Diario, que nos vamos a un nuevo hogar, una nueva ciudad, un nuevo distrito y un nuevo estado, todo a la vez. Mamá y papá conocen unas cuantas personas de la Facultad y, al menos, ya tuvieron ocasión de conocer la nueva casa. Yo vi fotos, pero sigue pareciéndome extraña, grande, fría y de mal agüero. Deseo que me guste y que se adapte a nosotros.
Honestamente no me atrevería a decírselo a nadie más que a ti, Diario, pero no estoy muy segura de abrirme paso en una nueva ciudad. Apenas lo conseguí aquí, donde conozco a todos y todos me conocen. Ni siquiera me he permitido pensar en ello pero, realmente, la nueva situación no me ofrece gran cosa. ¡Oh, Dios, ayúdame a adaptarme, a ser aceptada, a ser parte; no permitas que me excluyan de la sociedad, que sea un lastre para mi familia! Ya estoy otra vez llorando. ¡Otra vez! ¡Qué lata!, pero no puedo remediarlo. Es todo lo que puedo hacer ante la idea del cambio. Ya estás mojado otra vez. Menos mal que los diarios no se resfrían.
Enero 4
Ya hemos llegado. No son más que la una y diez del 4 de enero; Tim y Alex ya se han peleado, y mamá o tiene el estómago revuelto o está trastornada por tanto jaleo; sea lo que sea, papá tuvo que parar dos veces el coche para que ella pudiera vomitar. Algo va mal y las luces no funcionan; creo que incluso papá estuvo tentado de dar media vuelta y regresar a casa. Mamá había hecho un croquis indicando dónde quería que los empleados de la empresa de mudanzas colocaran las cosas, pero ellos lo han enredado todo. De modo que nos disponemos a desenrollar las mantas y dormir en la cama que esté más a mano. Me alegra haber traído mi pequeña linterna de bolsillo, al menos veo para escribir. Confidencialmente: la casa tiene un aspecto muy raro y fantasmal, pero tal vez es porque no tiene cortinas ni nada. Probablemente mañana se vea todo más alegre. Verdaderamente, no podía tener peor aspecto.
Enero 6
Perdona por no haber escrito los dos últimos días, pero no hemos parado. Todavía no hemos terminado de colocar las cortinas, de abrir las cajas y paquetes y sacar las cosas. La casa es hermosa. Las paredes son de madera recia y oscura y hay dos escalones que conducen a la sala de estar. He pedido perdón a cada habitación por lo que anoche pensé de ellas.
Sigo preocupada con la escuela, y hoy debo asistir. Me habría gustado que Tim tuviera que frecuentar la escuela de bachillerato. Incluso un hermanito pequeño sería mejor que nadie, pero apenas está en su segundo de primaria. Ya ha conocido por la calle a un niño de su misma edad y esto debería alegrarme, pero no me alegra: me entristece. Alexandria todavía va a la primaria; uno de sus maestros vive cerca de aquí y tiene una hija de la misma edad, de modo que al terminar sus clases irá directamente a la casa de ellos. ¡Qué suerte poder hacerse con amigos y con todo! Para mí, como siempre: nada. Un inmenso nada, y probablemente es lo único que merezco. ¿Irán vestidos como en casa los chicos de mi escuela? Espero que no sea tan distinta a ellos como para que se queden mirándome todos. ¡Oh, cómo me gustaría tener una amiga! Pero será mejor fingir una gran sonrisa, mamá me está llamando y debo contestar con una “actitud que determinará mi actitud”. Uno, dos, tres: allá va la mártir.
Enero 6, noche
¡Oh, Diario, ha sido algo horroroso! Es el sitio más solitario y más frío del mundo. Durante el interminable día no me ha dirigido la palabra ni una sola persona. A la hora del almuerzo me fui corriendo a la enfermería y dije que me dolía la cabeza, luego falté a mi última clase, me fui a la tienda y pedí un chocolate, dos raciones de papas fritas y un refresco gigante. La vida debe tener algo digno de ser vivido. Mientras comía me odiaba por ser tan infantil. Estoy tan lastimada porque pienso que, probablemente, yo hice lo mismo a todos los nuevos alumnos que llegaron a mis anteriores escuelas: ignorarlos totalmente o mirarlos como a bichos raros. Así que ahora soy yo quien recibe desaires, y supongo que lo tengo merecido pero, ¡cómo me duele! Me duelen hasta las uñas de las manos y los pies, incluso las raíces de mi pelo.
Enero 7
La cena de anoche fue algo aterrador. Alex adora su nueva escuela y a su amiguita Tricia. Tim se vino en autobús con el chico del vecino y es el tercero de su clase; dice que las niñas son más amables que las de la antigua escuela, que todas mueren por él, pero siempre es así cuando un nuevo entra en una escuela. Mamá asistió a un té y encontró que todo el mundo es “encantador, hermoso y agradable” (¡qué bien!). Bueno, pues yo como aceite sobre agua: no consigo adaptarme ni encajar del todo. Analizando a mi familia, a menudo me parece que yo debo ser una intrusa. ¿Cómo puedo ser tan caprichosa si pertenezco a un medio social tan elástico, amistoso y sociable? Mi abuelo anduvo metido en política y siempre fue el candidato favorito, con la abuela viajando a su lado. ¿Qué me pasa a mí? ¿Seré un atavismo? ¿Una inadaptada? ¡Un error!
Enero 14
Ha transcurrido una semana entera y nadie ha ido más allá de verme con curiosidad, hostil. “¿Qué haces aquí?”, o algo así. He tratado de enterrarme en mis libros, en mis estudios y en la música, fingiendo que lo demás no me importa. Supongo que, en efecto, no me importa tanto y, además, qué más da que me importe o no.
He engordado dos kilos y medio y también me tiene sin cuidado. Mi madre está preocupada por mí, ya lo sé, porque me he vuelto tan callada, pero ¿de qué hablar? Si aplicara su lema: “Si no puedes decir algo agradable es mejor que no digas nada”, yo no abriría la boca más que para comer. Y así ha sido a menudo.
Febrero 8
He engordado por lo menos siete kilos desde que llegamos aquí. Mi rostro es un desastre, y mi pelo es tan pegajoso y grasiento que debo lavarlo todas las noches para que se vea decente. Papá no está nunca en casa y a mamá la tengo siempre encima: “Sé dichosa, péinate; sé positiva, sonríe, muestra buen humor, sé amistosa”, y si me dicen otra vez que me comporto de manera negativa e inmadura, voy a vomitar. No puedo ponerme ninguno de los vestidos que me hice antes de venir, y sé que Tim se avergüenza de mí. Cuando estoy entre sus amistades me trata como a un trapo, me insulta y se mete con mi pelo de hippie. Estoy hasta la coronilla de esta ciudad, de esta escuela en general, de mi familia y de mí misma en particular.
Marzo 18
Por fin encontré una amiga en la escuela. Es tan desangelada y tan inadaptada como yo. Pero supongo que debe ser verdad aquello de que “Dios los cría y ellos se juntan”. Una noche, Gerta, que así se lama, vino a buscarme para ir al cine; mi familia la recibió de dientes para afuera. Imagina, diario, a mi abnegada y empalagosa mamá tratando de pronunciar una leve frase sobre mi mal vestida amiga, doña nadie. ¿Por qué no miró dos veces a su mal vestida y doña nadie hija? Sería pedirle demasiado a la bien criada, esbelta, encantadora esposa del gran profesor que dentro de unos años puede ser el director de la escuela.
Me di cuenta de cómo tratan de aparentar, aunque yo he estado haciendo lo mismo desde que llegamos a este agujero.
Abril 10
¡Oh, qué felicidad, qué alegría y alborozo!, mamá me ha prometido que pasaré el verano en casa de mi abuelita. A partir de hoy, a partir de este minuto, me pongo de nuevo a dieta. Por supuesto, como siempre, mamá ha puesto una pequeña condición: debo recuperar mis buenas calificaciones.
Abril 20
La escuela casi termina; dos meses más y casi no los soporto. Tim está insoportable y mamá me regaña por cualquier cosa: “No hagas esto, no hagas aquello; haz esto, haz lo otro; ¿por qué no lo haces?, tú sabes que tendrías que hacerlo; te estás portando otra vez de manera infantil y poco madura”. Ya sé que me compara siempre a Tim y a Alexandria, y yo no les llegó ni a la suela de los zapatos. Al parecer, cada familia ha de tener su lacra. ¿A ver si adivinas quién lo es en esta casa? Es natural que haya pequeñas rivalidades, pero las nuestras se pasan de la raya. Y yo quiero a Tim y a Alex. Los quiero de verdad, pero también tienen muchos defectos, y me resulta difícil determinar si los amo más de lo que los odio o si los odio más de lo que los amo. Esto se aplica igualmente a papá y mamá. Pero, de veras, creo que aún se aplica más a mí misma.
Mayo 5
Cada uno de los maestros que tengo en este curso es un idiota y un pesado. En cierta ocasión oí decir que es una suerte tener dos buenos maestros que la estimulen a una y la preparen para toda su existencia. Supongo que yo he tenido dos, uno en la maternal y otro en la primaria. ¿No crees Diario?
Mayo 13
Camino a casa, al salir de la escuela, conocí a otra chica. Vive a tres calles de nuestra casa y se llama Beth Baum. En verdad que es muy simpática. También es algo tímida y, como yo, prefiere los libros a la gente. Su padre es doctor y, como el mío, casi nunca está en casa; su madre, supongo que como todas, siempre está refunfuñando. Si no lo hicieran así, las casas, los jardines, e incluso el mundo, no tendrían el aspecto que tienen. Espero no tener que ser una madre cascarrabias, pero supongo que tendré que serlo, de lo contrario no concibo cómo poder conseguir algo.
Mayo 19
Hoy, al salir de la escuela, fui con Beth hasta su casa. Es una casa adorable y tienen sirvienta de planta, de día y de noche. Beth es judía. Nunca había tenido una amiga judía; no sé por qué, pero siempre las imaginé distintas. No lo comprendo, pues todos somos personas, pero creí que serían... bueno, algo así... Como de costumbre, ni siquiera sé de qué estoy hablando.
Beth es muy concienzuda y le preocupan mucho sus calificaciones. Por eso hicimos juntas algunas tareas escolares, luego escuchamos discos y nos tomamos unos refrescos sin calorías, pues ella también quiere adelgazar. Verdaderamente me gusta Beth; es agradable tener una auténtica amiga pues, confidencialmente querido Diario, nunca estuve realmente segura de Gerta; siempre quise corregir su gramática y decirle que se fijara más en su vestimenta y en su compostura. Supongo que me parezco a mamá más de lo que yo creía. No es que sea una esnob, nada de eso. Pero la auténtica amistad no puede basarse en la simpatía, ni se crea agarrándose a alguien para no ahogarse. Depende en gustos y habilidades afines y, también, por supuesto, en el origen social. ¡Caramba, qué contenta estaría mamá de mis pensamientos y actitud de hoy! Lástima que ya no podamos comunicarnos. Recuerdo que cuando era pequeña podía hablar con ella, pero ahora se diría que hablamos idiomas distintos y las palabras no tienen el mismo significado. Ella quiere decir algo y yo le doy otro sentido, o dice cualquier cosa y pienso que está tratando de corregirme, de “levantarme” o de hacerme un sermón; tengo la sospecha de que no hace nada de esto, simplemente está tanteando y perdiéndose en palabras, como yo. La vida debe ser esto, supongo.
Mayo 22
Beth vino hoy a estudiar conmigo, y a mamá, papá y los demás les gustó. Incluso le pidieron que llamara por teléfono a su familia para que la dejaran quedarse a cenar con nosotros; después mamá nos llevará al centro comercial, ya que los miércoles las tiendas están abiertas de noche. Corro a cambiarme de ropa; Beth ha ido a buscar sus cosas. La recogeremos por el camino. Ahora he tenido que hacer un alto para dejar sobre el papel toda esta apasionante experiencia. Es algo tan tremendo, delicioso y maravilloso para guardármelo dentro.
Mayo 24
Beth es una amiga maravillosa. Creo que es la única “mejor amiga” que he tenido desde que era niña. Podemos hablar de todo. Incluso hablamos de religión, y mucho. La fe judaica es muy diferente a la nuestra. Ellos se congregan los sábados y todavía esperan la llegada de Cristo o del Mesías. Beth adora a sus abuelos y quiere que los conozca. Dice que son ortodoxos y sólo comen carne de un conjunto de fuentes, y productos lácteos de otro. Me gustaría saber más sobre mi religión para poder contárselo a Beth.
Junio 3
Hoy, Beth y yo platicamos de sexo. Su abuela le dijo que cuando dos jóvenes judíos se casan, si alguien dice que la chica no es virgen y puede demostrarlo, el chico no tiene por qué casarse con ella. Nos preguntamos cómo se podría demostrar exactamente algo así, pero ni ella ni yo lo sabemos. Dijo Beth que prefería preguntárselo a su abuela que a su madre, pero yo, si tuviera que preguntárselo a alguien, se lo preguntaría a mamá aunque, claro, no lo haré. De todos modos, mi madre no sabe nada de las costumbres judías.
Beth dice que tiene unas pesadillas en donde se ve por un largo pasillo, con un hermoso y largo vestido blanco de novia, hay centenares de personas en su boda y alguien susurrándole al rabino que ella no es virgen, y el novio dando media vuelta y abandonándola. No la culpo: a mí me pasaría lo mismo. Algún día, cuando ella tenga suficiente aplomo, se lo preguntará a la abuela o a otro. Espero que después me lo cuente, porque también quiero saberlo.
Junio 10
Querido Diario:
Pronto terminará el curso, y ahora no quiero que acabe. ¡Beth y yo nos divertimos tanto! Ninguna de las dos es muy popular entre los compañeros, pero a veces Beth tiene que salir con los hijos judíos de los amigos de su madre. Dice que, por regla general, se aburre solemnemente con ellos, y los chicos no le gustan más que ella a ellos, pero las familias judías son así: quieren que sus hijos también se casen con judíos. Una de estas noches, Beth va a concertarme una cita a ciegas con “un buen muchacho judío”, como dice su madre. Beth dice que le encantaría, pues yo no soy judía y el muchacho tendría la impresión de hacerle una faena a su mamá. Creo que, sin conocerlo, ya me gusta el chico.
Junio 13
¡Viva! Acabó la escuela. Pero también me siento algo triste.
Junio 18
Hoy recibí la espantosa noticia de que Beth tiene que pasar seis semanas en un campamento de verano. Su familia se va a Europa y han hecho gestiones en un campamento judío para que ella pase todo ese tiempo allí. Me partió el alma, y a ella también. Hablamos las dos con mis padres, pero fue como si le hubiéramos hablado al viento. No nos oyen, ni siquiera nos escuchan. Me imagino que yo pasaré el verano con los abuelitos, como estaba previsto. Ni siquiera esto me interesa ya.
Junio 15
Beth me encontró un chico llamado Sammy Green. Fue increíblemente pulcro y cortés con mis padres, con el fin de gustarles, y así fue; pero una vez en el coche, fue todo manos. Los padres son unos jueces pésimos al enjuiciar un carácter. A veces me pregunto cómo pueden ser tan ilusos a su edad. De todos modos, la noche fue verdaderamente estúpida. Sam no me dejó ver siquiera la película tranquilamente. Además, resultó ser un filme asqueroso; Beth y yo nos fuimos a los lavabos de señoras y allí nos quedamos hasta que terminó la proyección. Éramos demasiado conscientes para salir antes, pero como tampoco podíamos pasarnos la noche en los lavabos, finalmente hicimos nuestra gran aparición en el vestíbulo, como si no hubiera pasado nada. Los chicos trataron de discutir sobre la película, pero ambas los ignoramos, y a la película también.
Junio 23
Solamente nos quedan dos días de estar juntas a Beth y a mí . Parece como si nuestra separación antecediera a la muerte. Es como si la hubiera conocido toda la vida, pues ella me comprende. Debo admitir que hubo un momento en que, cuando su madre le organizaba salidas con muchachos, yo tuve celos de éstos. Espero que no sea raro que una chica sienta por otra lo que yo siento. ¡Espero que no! ¿Será posible que esté enamorada de ella? Oh, esto sería una idiotez, incluso en mí. Simplemente es la amiga más querida que he tenido y que tendré.
Junio 25
Se acabó. Beth se va al mediodía. Anoche nos despedimos y lloramos las dos, nos abrazamos como niñas asustadas. Beth está tan sola como yo. Su madre es una gritona y le dice que es infantil y necia. Por lo menos, papá y mamá son simpáticos y comprenden lo sola que voy a estar. Mamá me llevó con ella de compras y me dejó adquirir en un medallón dorado con una inscripción grabada en el interior; papá me dijo que puedo hacer una llamada telefónica a larga distancia para hablar con Beth. En verdad que es decente, y una buena idea de su parte. Tendré que considerarme una chica con suerte.
Julio 2
Querido Diario:
Estoy en casa de mi abuelita y nunca me había aburrido tanto en toda mi vida. Se habla de un largo y cálido verano y todavía no ha llegado. Creo que voy a perder el juicio. He leído un libro por día desde que llegué, y ya estoy mortalmente aburrida. Es increíble, pero cuando estaba en la escuela esperaba con ansiedad el día que pudiera quedarme en la cama y holgazanear por ahí, y leer, leer y ver la tele, y hacer lo que me diera la gana. ¡Oh, agonía mortal! Sharon se mudó de casa, Debbie sale con un chico y Marie está de vacaciones con su familia. Tendré que hacer el sacrificio de quedarme por lo menos una semana antes de pedir regresar a casa. ¿Podré aguantar sin volverme loca?
Julio 7
Hoy ha pasado una cosa muy extraña, o por lo menos espero que suceda. Oh, sí. El abuelito y yo fuimos al centro a comprar un regalo para el aniversario de Alex, y mientras estábamos en la tienda llegó Jill Peters. Dijo: “Hola, tú” y se detuvo para hablarme. No la había visto desde que nos trasladamos; realmente, nunca pertenecí a su pandilla compuesta por gente de postín pero, pese a esto, dijo que quiere estudiar en la universidad de papá, cuando termine el bachillerato, y añadió que ya no podía soportar la pequeña ciudad provinciana y que quería irse a algún sitio donde pasen cosas de verdad. Yo fingí que en nuestra nueva ciudad éramos muy sofisticados y alegres pero, en realidad, no veo gran diferencia entre ambas. Creo que, pese a todo, conseguí contarle una hermosa mentira, pues dijo que mañana por la noche visitarán algunos muchachos su casa y que me llamaría para invitarme. ¡Oh, cómo me gustaría que lo hiciera!
Julio 8
¡Oh, Diario, qué feliz estoy!, tanto, que podría llorar de felicidad. Ocurrió lo que te dije. Llamó Jill, exactamente a las 10:32. Lo sé porque estaba sentada junto al teléfono con el reloj en la mano, tratando de enviarle señales. Recibe unos amigos para una fiesta de autógrafos, y yo me llevaré mi libro. No será como el que tienen ellos y no contendrá ninguna foto suya, pero tampoco en su libro habrá una mía. Voy a ponerme mi nuevo traje pantalón blanco; ahora debo lavarme el pelo y peinarlo. Verdaderamente se ha puesto muy, muy largo, pero si lo enrollo con latas de jugo de naranja, puedo arreglármelo. Espero que tengamos muchas latas en casa. Es preciso tenerlas, es absolutamente indispensable.
Julio 10
Querido Diario:
No sé si debería estar avergonzada o feliz. Sólo sé que anoche viví la experiencia más increíble de mi existencia. Cuando lo expreso con estas palabras suena algo morboso, pero realmente fue algo tremendo y maravilloso.
En casa de Jill los chicos fueron tan afectuosos y naturales, tan a sus anchas, que inmediatamente me hicieron sentir como en mi propia casa. Me aceptaron como si siempre hubiera sido una de los suyos, y todos parecían contentos y sin prisas. La atmósfera me encantó. Fue estupendo. Luego, un poco después de mi llegada, Jill y otro chico trajeron una bandeja con refrescos y en seguida se sentaron todos por el suelo, sobre almohadones o enroscados en sofás y sillas.
Jill me hizo un guiño y dijo: “Esta noche jugamos a botón, botón, ¿quién tiene el botón? Ya sabes, el juego que solíamos jugar de pequeños”. Bill Thompson, tendido por el suelo junto a mí, se puso a reír. “Sólo que ahora —dijo— es una lástima que alguien deba hacer de niñera”. Lo miré y sonreí. No quise parecer estúpida.
Todos sorbieron sus bebidas lentamente, y cada uno parecía observar al otro. Fijé mis ojos en Jill, suponiendo que debía imitarla.
De repente, comencé a sentir algo extraño en mi entraña, algo como una tempestad. Recuerdo que, desde que habíamos tomado nuestras bebidas, se habían tocado dos o tres discos, y en ese momento todos empezaron a mirarme. Las palmas de mis manos sudaban y noté gotas de humedad en mi cráneo y en la nuca. La habitación me pareció insólitamente silenciosa, y cuando Jill se acercó para cerrar totalmente las persianas de la ventana yo pensé: “Tratan de envenenarme ¿Por qué querrán envenenarme?”. Cada uno de los músculos de mi cuerpo se puso tenso, y un extraño sentimiento de aprehensión me envolvió toda, me estrangulaba, me asfixiaba. Al abrir los ojos me di cuenta de que Bill rodeaba mis hombros con su brazo, eso era todo.
“¡Qué suerte tienes! —me decía con un tono de voz parecido al que produce un disco puesto a menor velocidad que la normal—, pero no te preocupes. Yo te cuidaré. Harás un buen viaje. Vamos, relájate, gózalo”. Acariciaba tiernamente mi rostro y mi nuca, diciendo: “No dejaré que te ocurra nada”. De repente pareció como si se repitiera incesantemente, una y otra vez; como un eco muy lento procedente de un espacio cóncavo. Empecé a reír, salvajemente, histéricamente. Me pareció oír la cosa más divertida, lo más absurdo que había oído en mi vida. Luego noté unas formas extrañas moviéndose en el techo. Bill me atrajo hacia sí y recliné mi cabeza en su pecho, sin dejar de mirar el remolino de cambiantes colores, enormes planos rojos, azules y amarillos. Intenté que otros compartieran conmigo aquella hermosura, pero mis palabras salían espesas, húmedas y chorreando o saboreando color. Me incorporé y di unos pasos, sintiendo un leve escalofrío tanto dentro como fuera de mi cuerpo. Quise decírselo a Bill, pero sólo conseguí reír.
Pronto entre cada una de las palabras, se atropellaban los pensamientos. Había encontrado el lenguaje perfecto, auténtico y original: el lenguaje que utilizaron Adán y Eva. Pero, al tratar de expresarlo, las palabras que pronunciaba no tenían nada que ver con mis pensamientos. Perdía, se me escapaba ese objeto maravilloso, incalculable y auténtico, eso que debe ser guardado para la posteridad. Me sentí terriblemente, incapaz de decir una palabra, y caí sobre el suelo, cerré los ojos y la música empezó a absorberme físicamente. Podía olerla y tocarla con la misma precisión que la oía. Nunca había existido nada tan hermoso. Yo era parte de cada uno de los instrumentos. Cada nota tenía carácter, forma y color propios y parecía enteramente autónoma, de manera que yo podía captar y precisar su relación con la composición en su conjunto, antes de que sonara la nota siguiente. Mi mente poseía la sabiduría de los siglos y no había palabras apropiadas para describirlo.
Mis ojos se detuvieron en una revista que estaba sobre la mesa y pude verla en cien dimensiones. Era tan bella que no podía soportarla, y cerré los ojos. Inmediatamente me quedé flotando hacia otra esfera, otro mundo, otro estado. Las cosas se escapaban de mi ser y volvían, privándome del aire, como al descender velozmente en ascensor. No podía distinguir lo real de lo irreal. ¿Era yo mesa, libro, música, o sólo parte de ellos? Pero en realidad no tenía la menor importancia pues, fuera yo lo que fuera, aquello era maravilloso. Por primera vez en mi vida supe que todo me estaba permitido. Bailaba ante el grupo, interpretando, exhibiéndome y disfrutándolo en todos sus instantes.
Mi sensibilidad alcanzó tal nivel que podía oír la respiración de alguien en el piso de al lado, podía oler a millas de distancia a quien estuviera preparando gelatina de naranja, roja, o verde...
Tras lo que me pareció una eternidad, empecé a desplomarme y la fiesta se disgregaba. Creo haberle preguntado a Jill qué había ocurrido, y ella dijo que diez de las catorce botellas de refresco contenían LSD y que, al igual que en el juego de “botón, botón”, nadie sabía cuál le tocaría. ¡Uy, qué contenta estoy de haber sido una de las afortunadas!
La casa de los abuelos estaba a oscuras cuando yo llegué, y Jill me acompañó hasta mi cuarto, me desvistió y me acostó en la cama. Caí en una especie de sueño como el que produce el mareo, envuelta en una sensación de bienestar general, pero con una ligera migraña que, seguramente, era resultado de haber reído tanto y tan intensamente. ¡Qué divertido fue! ¡Qué éxtasis! ¡Fue glorioso! Pero no creo que vuelva a probarlo. He oído contar demasiadas historias espantosas sobre la droga.
Ahora que lo pienso, creo que debí haberme dado cuenta de lo que pasaba. Hasta la tonta más tonta pudo saberlo, pero la fiesta me pareció tan extraña y excitante que, seguramente, ni siquiera oí lo que se decía, o tal vez no quise escuchar. De haberlo sabido, me habría muerto de miedo. Así que me gustó que lo hicieran sin advertirme, pues ahora puedo sentirme libre, honesta y virtuosa porque no tomé yo misma la decisión. Además, la experiencia se acabó por completo y no volveré a pensar en ello.
Julio 13
Querido Diario:
Durante dos días me he tratado de convencer de que tomar LSD me convierte en una “adicta a las drogas” y a todas esas cosas vulgares, sucias, despreciables que, según dicen, hacen los chicos que toman LSD y otras drogas. Pero yo soy tan, tan, tan curiosa, que no puedo contener la impaciencia de probar la hierba, sólo una vez, ¡lo prometo! Es preciso que vea si es todo tan desastroso. Las cosas que he oído contar sobre el LSD fueron, sin duda, escritas por gente mal informada, gente ignorante como mis padres, quienes, evidentemente, no saben de qué hablan. Quizá con la hierba pase igual. De todas formas, Jill me llamó esta mañana, va a pasar el fin de semana con unos amigos, pero lo primero que hará el lunes es llamarme por teléfono.
Le dije que la había pasado muy bien en su fiesta, y pareció complacida. Estoy segura de que, si se lo insinúo, Jill se dará cuenta de que quiero probar la hierba una sola vez, sólo una; luego me iría volando a casa y olvidaría todo el asunto de la droga, pero es agradable estar informada, saber cómo son las cosas en realidad. Por supuesto, no quisiera que alguien supiera que he tomado drogas, y tal vez será mejor que me consiga una de esas cajitas de metal, como las que tienen los pescadores, para encerrarte con candado, Diario mío. No puedo arriesgarme a que te lea alguien, especialmente ahora. Pensándolo bien, creo que será mejor que te lleve conmigo a la biblioteca para buscar información sobre las drogas. Gracias a Dios está la sección de catálogos, pues no me atrevería a preguntárselo a nadie.
Además, si voy a primera hora, al abrir la biblioteca, seguramente estaré sola.
Julio 14
Camino a la biblioteca me encontré con Bill. Esta noche me invitó a salir con él. Estoy impaciente por ver lo que pasa. Estoy explorando un mundo totalmente nuevo y ni siquiera puedes imaginar las anchas puertas que se abren ante mí. Me siento como Alicia en el País de las Maravillas. Quizá Lewis G. Carroll también se drogaba.
Julio 20
Querido Diario, íntimo, cálido, cercano amigo mío:
¡Qué semana tan fantástica, increíble, agotadora y excitante he tenido! Ha sido lo más grande jamás ocurrido. ¿Recuerdas que te dije que tenía cita con Bill? Bueno, pues el viernes me introdujo a los torpedos, y el domingo al rápido. Ambos son como estrellas galopando en el firmamento, sólo que un millón, un trillón de veces mejor. El rápido, al principio, daba un poco de miedo, porque Bill tuvo que inyectármelo en el brazo derecho. Recuerdo la rabia que me daban los pinchazos cuando estuve en el hospital, pero ese fue distinto, ahora no puedo esperar, realmente estoy impaciente por probar de nuevo. Con razón lo llaman rápido. Apenas podía controlarme. La verdad es que, aun queriendo, no me habría controlado; pero no quise. Bailé como jamás soñé que podría bailar un ratoncito introvertido como yo. Me sentí en la gloria, libre, suelta, diferente, mejorada; una especie perfeccionada de una distinta especie mejorada. ¡Algo salvaje! ¡Qué hermoso! Fue hermoso, realmente.
Julio 23
Querido Diario:
Anoche el abuelito tuvo una pequeña crisis cardiaca. Gracias a Dios sucedió cuando yo me disponía a salir y no resultó ser nada serio. La pobre abuelita está loca de inquietud, pero permanece serena, al menos exteriormente. Desde que estoy aquí no me han regañado, y están tan encantados de que yo me divierta y que tenga tantos amigos que no interfieren en absoluto. Queridas, bondadosas y rectas almitas de mis abuelos. ¡Si supieran lo que está pasando! Se habrían quedado estupefactos.
El ataque que ha sufrido el abuelo sólo significa que tendrá que guardar cama unas semanas, pero yo procuraré no crearles ningún problema, para que no me envíen a casa. Tal vez si ayudo más en los trabajos domésticos lleguen incluso a pensar que me necesitan.
Deseo que nada malo le pase al abuelito. ¡Lo quiero tanto! Yo sé que algún día él y la abuelita tendrán que morir, pero espero que tarde mucho tiempo. ¡Qué raro!, hasta ahora nunca había pensado en la muerte. Supongo que también yo tendré que morir un día. ¿Habrá vida más allá de la muerte? Oh, eso espero. Pero esto es, precisamente, lo que me preocupa. Yo sé que nuestras almas retornan a Dios, pero cuando pienso en nuestros cuerpos enterrados en la oscura y fría tierra, devorados por los gusanos y pudriéndose, apenas puedo soportar la idea. Creo que preferiría ser incinerada. Sí, lo preferiría, definitivamente. En cuanto llegue a casa voy a pedírselo a mamá y papá y a los hermanitos: cuando me muera quiero ser incinerada. Lo harán, pues mi familia es maravillosa. Los amo. ¡Qué suerte la mía tener una familia así! Debo acordarme de escribirles de nuevo todos los días. No he sido buena escribiéndoles, pero debo serlo, debo ser mejor. Creo que voy a decirles que quiero volver a casa, ahora mismo. Quiero alejarme de Bill, de Jill y de los demás. No sé por qué no puedo yo drogarme, aunque sea peligroso, es hermoso y maravilloso; pero sé que no debo, y no me drogaré. Nunca más. Desde aquí prometo solemnemente que, a partir de este día, viviré de tal manera que todos aquellos que conozco estén orgullosos de mí y pueda estarlo yo de mí misma.
Julio 25
El abuelito se repone muy bien. Yo he guisado y he limpiado la casa para que la abuelita pudiera estar siempre con él. Lo aprecian, realmente, y yo los aprecio a ellos.
6:30 pm
Ha llamado Jill y me ha invitado a una fiesta, pero le dije que debo estar con mis abuelos hasta que mejoren las cosas. Estoy contenta de haber tenido un pretexto para no ir.
Julio 28
Mamá y papá llaman por teléfono todos los días desde que el abuelito tuvo la crisis. Me preguntaron si quería volver a casa. Yo quisiera verdaderamente volver, pero tengo la impresión de que debería quedarme por lo menos hasta la semana que viene, para ayudar a los abuelos.
Agosto 2
Me aburro como una ostra, pero al menos tengo el apoyo moral de la abuelita; y después de todo lo que ella ha hecho por mí en el curso de mi vida, es lo menos que puedo hacer yo. Bill llamó de nuevo y me pidió una cita. La abuelita insiste en que debería salir, de modo que a lo mejor acepto la invitación y salgo con Bill, pero si quiere emprender viaje yo me limitaré a cuidarlo.
Agosto 3
Anoche, en casa de Bill había tres parejas. Su familia había salido de la ciudad y no volvería hasta la una o las dos. Los chicos tomaron ácido, y como yo había estado tanto tiempo enjaulada decidí que bien podía hacer también un último viaje. Cuando vuelva a mi casa no tomaré ninguna de estas cosas. Fue algo abismal, mejor todavía que los otros viajes. No sé por qué cada viaje puede ser mejor que el anterior, pero así es. Durante horas estuve sentada, examinando lo exótico y la magnificencia de mi mano derecha. Podía ver los músculos, las células y los poros. Cada una de sus venitas era fascinante, y mi mente todavía flamea con tanta maravilla.
Agosto 6
Pues bien, ya: ocurrió anoche. Ya no soy virgen. En cierto modo lo siento, pues siempre quise que Roger fuera el primero en mi vida, pero está ausente, de visita; además, no lo he visto desde que llegué. De todos modos, a lo mejor se ha convertido en un pazguato estúpido, en un vago idiota.
Me pregunto si el sexo sin ácido sería tan excitante, tan maravilloso, tan indescriptible. Siempre creí que era cuestión de un minuto, o que sería un acoplamiento como el de los perros, pero no fue así; en absoluto. Realmente, anoche me costó mucho emprender el viaje. Me quedé sentada en un rincón, sintiéndome como rechazada, como antagónica, cuando súbitamente ocurrió: sentí el deseo de bailar alocadamente y hacer el amor. Ni siquiera sospechaba que me atraía Bill. Me parecía una persona agradable y tranquila, que se ocupó de mí cuando necesité su apoyo; de repente, no tuve ningún reparo en tratar de seducirlo, aunque él no necesitaba que le insistieran mucho. Aún no me parece que haya sido real.
Toda mi vida había creído que la primera vez que tuviera relación sexual con alguien sería algo especial, y tal vez doloroso, pero sencillamente resultó ser como un desahogo caprichoso y luminoso, trazado para siempre. Aún no puedo separar totalmente lo real de lo irreal.
Me pregunto si todos los chicos y chicas han tenido relaciones sexuales, pero no, sería tremendamente animal e indecente. Me pregunto hasta qué punto se disgustaría Roger si lo supiera, y mis padres, y Tim y Alex, y los abuelitos. Creo que se mortificarían, pero no más de lo que me mortifico yo.
Tal vez esté realmente enamorada de Bill, pero ahora mismo apenas puedo acordarme de su aspecto. ¡Oh, estoy tan horrorosamente confundida! ¿Y si quedé embarazada? ¡Oh, cómo desearía tener alguien con quien hablar de todo esto, alguien que me comprendiera! No había pensado en eso. ¿Puede ocurrir en la primera vez? ¿Se casará Bill conmigo si quedé embarazada o pensará, simplemente, que soy una golfa facilona que lo hace con todo el mundo? Claro que no se casará conmigo. Sólo tiene quince años. Yo no podría soportar el tener que dejar la escuela como yo la abandoné el año pasado. Los chicos no hablaron de otra cosa durante semanas. ¡Oh, Dios mío, por favor, haz que no esté embarazada!
Voy a llamar a mamá ahora mismo. Le pediré a la abuelita que compre un billete de avión y mañana regreso a casa. Odio este podrido lugar, odio a Bill Thompson y a toda la tropa. No sé cómo pude mezclarme con ellos; sin embargo, me gustó tanto, me creí tan lista cuando me aceptaron. Ahora me siento miserable y avergonzada, como si todo eso no fuera a llevarme a nada nuevo.
Agosto 7
Mamá y papá piensan que debería esperar hasta la semana entrante para volver a casa. No pude discutirlo porque, realmente, la abuelita me necesita. Mientras, no contestaré el teléfono ni pondré los pies fuera de nuestra propiedad.
Más tarde
Ha llamado Jill, pero le pedí a la abuelita que le dijera que no me encontraba bien. Aun para la abuelita es evidente que no estoy bien de salud. Vivo entre dudas, recelos y temores que nunca pude imaginar siquiera.
Agosto 9
El mundo se ha detenido en su órbita. Mi vida acabó por completo. Después de la cena, cuando la abuelita y yo estábamos sentadas en el jardín, oímos unos golpecitos en la parte posterior de la verja y, ¿a ver si adivinas quién era la visita? Roger, su mamá y su papá. Habían regresado aquella tarde y se habían enterado de la enfermedad de mi abuelito, de manera que decidieron pasar un momento a visitarlo.
Yo me quedé aturdida. Roger está más guapo que nunca y quise, al verlo, echarme en sus brazos y llorar en su pecho. Pero nos limitamos a un apretón de manos, y yo me fui corriendo a buscar unos refrescos para los visitantes. Luego, después de un rato de conversación, la abuelita me mandó a buscar unas papas fritas y Roger me siguió. ¿Te imaginas a Roger siguiéndome? Incluso me invitó a salir un poco con él. Quise morirme allí mismo. Luego, cuando estábamos en el jardín, empezó a contarme que el año próximo iría a la escuela militar, hasta estar preparado para la universidad. Incluso me dijo que estaba algo asustado al pensar que por vez primera tendría que volar solo; me confió que deseaba ardientemente ser ingeniero aeronáutico y trabajar para crear nuevas técnicas para el viaje aéreo. ¡Tiene algunas ideas maravillosas! Es como leer a Julio Verne, y tiene tantos proyectos para su vida, incluso con eso del ejército y lo demás.
Luego me besó y fue como lo había soñado siempre desde que íbamos a la guardería. Otros chicos me han besado, pero no así. En ese beso hubo afecto, y gusto, y deseo, y respeto y admiración, y cariño y ternura, y simpatía y anhelo. Fue lo más hermoso, lo más maravilloso que me haya ocurrido en mi vida. Pero ahora estoy aquí, asqueada hasta la médula. ¿Qué pasará si se entera de lo que he estado haciendo desde que llegué? ¿Cómo iba a perdonármelo? ¿Cómo podría comprenderlo? ¿Lo comprendería? Si yo fuera católica tal vez podría hacer penitencia, una terrible penitencia para pagar mis pecados. Fui educada en la creencia de que Dios perdonaría los pecados de la gente pero, ¿cómo perdonarme a mí misma? ¿Cómo podría perdonarme Roger?
¡Oh, terror, horror, tormento interminable!
Agosto 10
Roger ha llamado hoy cuatro veces, pero me negué a contestarle. Los abuelitos quieren que me quede unos días más hasta que me encuentre mejor, pero no puedo, sencillamente no puedo mirar a Roger cara a cara mientras no ponga orden en mis ideas. Oh, ¿cómo pude meterme en este embrollo? ¿Te das cuenta que perdí mi virginidad cuatro noches antes de volver a ver a Roger? ¡Qué ironía, qué espanto! Pero aun sin esto, ¿habría comprendido lo de los viajes con ácido? ¿Me habría querido después? Antes, realmente no me importaba, pero ahora sí. ¡Y es demasiado tarde!
Debo hablar con alguien. Necesito encontrar a alguien que sepa sobre drogas y hablarle. ¿No podría hablar con alguien de la universidad de papá? ¡Oh, no, no, no!, se lo dirían a él y luego me encontraría realmente en un lío tremendo. Tal vez podría decir que estoy escribiendo un deber escolar sobre las drogas, algo para la materia de ciencias, pero eso no podría hacerlo hasta que empiecen las clases. Creo que será mejor que me tome algunas de las píldoras que el abuelito tiene para dormir. Sin ellas no podré pegar ojo. Incluso será mejor que me lleve unas cuantas de reserva. Tiene muchas y estoy segura que en casa, antes de que todo entre en orden, pasaré unas cuantas noches malísimas. ¡Oh, ojalá sólo fuesen unas cuantas...!
Agosto 13
Es todo lo que puedo hacer para no llorar. Mamá y papá acaban de llamar para decir que están muy orgullosos de tener una hija como yo. No hay palabras que puedan expresar lo que siento.
Agosto 14
La abuelita me acompañó hasta el avión. Cree que Roger y yo nos peleamos. Me estuvo diciendo que todo se arreglaría y que este mundo está hecho para que la mujer sea sufrida, paciente, tolerante y comprensiva. ¡Oh, si supiera! Mamá, papá, Tim y Alex vinieron a recibirme y me dijeron que estaba muy pálida y lánguida, pero jamás fueron tan cordiales y encantadores. Es bueno estar en casa.
Debo olvidarlo todo. Debo arrepentirme y perdonarme y empezar de nuevo; después de todo, apenas tengo quince años y no voy a detener la vida ni abandonarla. Además, desde que reflexioné sobre la probable muerte del abuelito no quiero morir. Tengo miedo. ¿No es horrible e irónico? Tengo miedo de vivir y miedo de morir, como dice el “espiritual” negro.
Agosto 16
Mi madre me obliga a comer. Me prepara todos mis platillos, pero apenas los pruebo. Roger me escribió una larga carta preguntando si me encuentro bien, pero no tengo ni la energía, ni la fuerza, ni el deseo de contestarle. Todo el mundo está terriblemente preocupado por mí, y la verdad es que yo estoy preocupada por mí misma. Todavía no sé si estoy encinta, no lo sabré hasta dentro de diez o doce días. ¡Oh, le ruego a Dios que no lo esté! No dejo de preguntarme cómo pude ser tan idiota, y no hay más respuesta a la pregunta que ésta: soy una idiota. Una estúpida, taruga, insensata, necia, ignorante idiota.
Agosto 17
Ya consumí las últimas píldoras para dormir que le quité al abuelito y estoy hecha una lástima. No puedo dormir y estoy completamente deshecha, mamá insiste en que debe verme el doctor Langley. Quizá me pueda ayudar. Haré lo que sea.
Agosto 18
Esta mañana fui a ver al doctor Langley y le dije todo sobre mi insomnio. Me hizo muchas preguntas sobre por qué no puedo dormir, pero yo le contesté repetidamente que lo ignoraba. “No lo sé”. Finalmente cedió y me dio píldoras. En realidad no necesito tanto dormir como evadirme, escapar. Es una manera de escapar maravillosa. Cuando pienso que ya no puedo aguantar más, me tomo una píldora y espero esa dulce nada que va llenándome. A este punto de mi vida, la nada es mucho mejor que el algo.
Pulsuz fraqment bitdi.