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Recuerdos de la prensa en Chile 1900-2000
Autor: Antonio Márquez Allison Editor: José Miguel Infante Editorial Forja General Bari N° 234, Providencia, Santiago-Chile. Fonos: 56-224153230, 56-224153208. www.editorialforja.cl info@editorialforja.cl Edición electrónica: Sergio Cruz Primera edición: marzo 2020 Prohibida su reproducción total o parcial. Derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.
Registro de Propiedad Intelectual: N° 2020-A-6045
ISBN: Nº 9789563384734
eISBN: Nº 9789563385083
ÍNDICE
PRÓLOGO
ANTECEDENTES
CAPÍTULO I LA LIBERTAD DE PRENSA EN CHILE
CAPÍTULO II LOS ALBORES DEL SIGLO XX
CAPÍTULO III LA FAMILIA EDWARDS
CAPÍTULO IV LA BELLE ÉPOQUE
CAPÍTULO V LA CUESTIÓN SOCIAL
CAPÍTULO VI LA PRENSA A INICIOS DE SIGLO
CAPÍTULO VII LA PRENSA EN TIEMPOS DE LOS RADICALES
CAPÍTULO VIII LOS ORGANISMOS PROPIOS DE LOS PERIODISTAS
CAPÍTULO IX NUEVOS ESCENARIOS
CAPÍTULO X LA PRENSA DE OPOSICIÓN
CAPÍTULO XI LOS PERIODISTAS DEL SIGLO XX
CAPÍTULO XII LA PRENSA EN DICTADURA
CAPÍTULO XIII EL RETORNO A LA DEMOCRACIA
CAPÍTULO XIV LA PRENSA DIGITAL EN CHILE
PREMIOS NACIONALES DE PERIODISMO
BIBLIOGRAFÍA
ANEXO FOTOGRÁFICO
PRÓLOGO
El presente texto es un homenaje póstumo al maestro de las comunicaciones Antonio Márquez Allison, exdirector fundador en 2007 de las ahora carreras de Periodismo y Publicidad de la Escuela de Gobierno y Comunicaciones de Universidad Central de Chile.
El trabajo es una iniciativa que surge de la carrera de Periodismo y tiene por propósito contribuir, de manera transversal, a la enseñanza disciplinar de los futuros profesionales de la información. Sin embargo, las investigaciones del profesor Márquez constituyen un valioso legado que puede aportar a toda persona curiosa y aguda que busca aproximarse a una comprensión integral del escenario mediático del país, a partir de la revisión de los orígenes del ejercicio periodístico y de la propiedad de los medios de comunicación en Chile.
El académico evidencia en este libro un acucioso trabajo con fuentes documentales -libros, diarios, revistas y múltiples archivos de su propiedad que guardó durante años-, sumado al trabajo con su equipo de ayudantes y a las ricas experiencias profesionales del autor. Márquez fue un actor privilegiado del nacimiento y desarrollo de medios como la Revista del Domingo, del diario El Mercurio, y Televisión Nacional de Chile, TVN. A ello añadió su trabajo en importantes agencias de publicidad nacionales e internacionales, donde su mirada como director creativo siempre agregó valor e innovación a las marcas.
En las siguientes páginas el lector podrá encontrar abundancia de fechas claves que permiten construir una diacronía amigable del periodismo chileno. Esta característica surge del interés del investigador por el dato preciso que permite develar y rememorar ciclos de la historia, donde el periodismo no solo es testigo, sino un apasionado protagonista.
Por tales motivos, Márquez Allison enfatiza en cada capítulo el rol de los protagonistas, con detalles inéditos de los hechos claves en los que les correspondió participar en el periodismo chileno. Así, para iniciar el recorrido histórico registrado en las siguientes líneas, primero plantea, como una cuestión esencial, el tema de la libertad de prensa y luego recién aborda los primeros medios de comunicación del siglo XX en el país. Ello, porque sin esas bases no habría sido posible el surgimiento de una prensa independiente, a pesar de las circunstancias históricas y de las restricciones que han existido en contra de su libertad. Un espacio especial dedica a la familia Edwards, a la prensa obrera, a la dictadura de Ibáñez, a las revistas femeninas y a la prensa en las décadas de los años 70 y 80, a partir del 11 de septiembre de 1973. También alcanza a tocar el desarrollo de los medios digitales y su impacto, no solo en la industria de las comunicaciones, sino en el cambio profundo que está suscitando en la cultura y, en general, en los modos de vida de las personas. La investigación cierra con una mención a los Premios Nacionales de Periodismo, materia que es pertinente profundizar en otro texto.
Para finalizar, cabe recordar que el profesor Márquez manifestó su preocupación y, me atrevería a decir, su angustia por lo que ha sucedido en Chile a partir del “estallido social del 18 de octubre de 2019”. Su atención, como la de otros académicos de la universidad, se centró en tratar de entender la beligerancia en las calles y en las distintas dimensiones de la sociedad chilena, junto al tráfico inusitado de fake news o noticias falsas, difundidas por las redes sociales. Su mensaje para toda la comunidad académica, además en los espacios públicos donde participó como ciudadano, siempre fue enfatizar que “Chile necesita mucho amor, esa debe ser nuestra estrategia”. Esperamos que este estudio invite a la reflexión y aporte, desde la historia del periodismo, al encuentro de todas y todos los chilenos.
José Miguel Infante Sazo Director Carrera de Periodismo Universidad Central de Chile
ANTECEDENTES
A manera de recuento
Este libro continúa con el proyecto iniciado con Recuerdos de la prensa en Chile, 1800-1900, editado por la Universidad Central de Chile en 2018. El siglo XX fue más complejo, los medios de comunicación sufrieron profundas modificaciones, no solo técnicas. Y ahora, el mundo ha vivido un tiempo de progresos permanente, se ha ampliado con comunicaciones que hoy alcanzan los satélites artificiales puestos por el hombre en el espacio; de los grandes diarios hemos llegado a la información instantánea en celular y nos hemos adaptado a estos cambios recreando nuestra manera de alcanzar la verdad. La gran dificultad de hoy es lograrlo en un mundo tan relativizado, en el que la esperanza de una mejor calidad de vida se diluye en medio de tensiones, atentados y amenazas, y donde las potencias continúan jugando al ajedrez del holocausto.
A no dudarlo, el siglo veinte fue el siglo de la prensa. Sin embargo, sufrió la censura, la concentración del poder, la manipulación de la verdad y la instrumentalización ideológica en una época plena de totalitarismos y dictaduras. Pero fue capaz de representar el ideal más noble: la libertad. Y desde los inicios del siglo veinte fue la expresión de la noticia impresa, hasta que nuevas tecnologías le salieron al paso con el uso de las ondas radiales, la televisión y cerrando con las más altas tecnologías que hoy marcan las comunicaciones globales.
Por tratarse de un texto dedicado a la prensa chilena en el siglo veinte solo hemos incorporado de manera poco profunda el desarrollo de otros medios, como los audiovisuales, pero que son presentados dentro del relato de esta historia. El fenómeno de la radio, los canales de televisión y la comunicación digital requerirán el esfuerzo de otros que indaguen en los miles de datos que están al alcance de los investigadores. Pedimos disculpas si estas carencias en el trabajo realizado pudieran frustrar algunas expectativas.
Nuevos datos para tener en cuenta
La prensa tuvo un lento caminar en el siglo XVII hasta el año 1702, cuando el Daily Courant salió a la circulación diaria el 11 de marzo de ese año en Londres. Duró tan solo 33 años, pero había marcado el nuevo camino del periodismo. Será a mediados de los años 1800 cuando los periódicos se propaguen por todo el mundo. De ahí a la masificación y la creación del hábito de la lectura diaria, habría solo un paso hasta llegar a un rápido siglo veinte.
Siglo rápido, pero peligroso.
El “sensacionalismo” de The Sun
Incluimos en este recuento de los primeros años de la prensa al primer editor que entregó un diario, el New York Sun, al precio de un centavo. Benjamin Henry Day había nacido en Springfield, Massachusetts, en 1810; comenzó en la imprenta de El Republicano, en su ciudad, en 1824. En 1835 publicó en su diario The Sun una historia redactada por Richard Adams Locke, donde hablaba de vida en la luna. La gente asumió que era cierto, Day no desmintió, la gente se asustó y con este artículo, que estiraba la verdad hasta los límites, nacía el “sensacionalismo”.
Ese fue un siglo donde las noticias se convirtieron en el nuevo factor del conocimiento, en la vitrina de las peores masacres y de los más grandes avances de la humanidad. Y estuvieron los reporteros gráficos cubriendo la guerra de Crimea, en 1856, y nuestra guerra del Pacífico, en 1879.
Y nació el periodismo informativo, luego el periodismo interpretativo, la prensa amarilla y la prensa roja, la lucha por el dominio de los mercados y de las conciencias, junto con el surgimiento de las escuelas de periodismo, en el siglo XX.
El periodismo informativo es el nuevo concepto surgido a fines del siglo diecinueve y principios del veinte. Sin embargo, se consolidará con la Declaración de los Derechos Humanos de 1948, cuando la información se convierte en un derecho universal. Fue un siglo vertiginoso, los avances tecnológicos fueron forjando nuevos medios, desde la prensa plana a la rotativa, hasta seguir con el actual mundo digital. Y nació la radio como medio masivo, la televisión, internet y sus nuevas formas de expansión de la información.
El siglo XX fue el de la imagen. Con estos medios que mezclaron imagen y palabra, las comunicaciones adquirieron su mayor fuerza en la opinión internacional. Lo que antes eran “democracias o dictaduras de elite, ahora se convierten en dictaduras de masas”. (Felipe Sahagún, El siglo de la imagen).
¿Podemos imaginar el nazismo sin Goebbels y su uso de las comunicaciones? ¿O el impacto obtenido por Roosevelt al avisar la intervención norteamericana en la Segunda Guerra? Las comunicaciones globalizaban en un instante la información. Cuando Guillermo Marconi terminó las primeras pruebas de su creación –la radio– esta se convirtió en el milagro de las comunicaciones sin hilo. Poco después de su experimento, el año 1906, un ingeniero electricista llamado Reginald A. Fassenden transmitió en Massachusetts un poema, una charla y unas canciones. De ahí en adelante, la radio pasó a dominar las comunicaciones. Este medio, poderoso en la instantaneidad de las noticias, obligó a la prensa a acelerar sus propuestas, hasta que un nuevo experimento cambió nuevamente lo hasta entonces conocido.
El físico escocés John Logie Baird presentó por primera vez su prototipo de televisión en la ciudad de Londres en 1928. El experimento traspasó las fronteras, y se instalaron emisoras en la Torre Eiffel en 1935, para dar paso dos años más tarde a los primeros móviles. En los años sesenta ya las ciudades mostraban su rostro erizado de antenas.
Eran tiempos de aceleración impresionante. La prensa había tomado más de siglo y medio en consolidarse, la radio reducía ese tiempo a sesenta años, pero la televisión en tan solo tres décadas alcanzaba su liderazgo. Fue, sin dudas, el siglo de las comunicaciones.
Las amenazas
Pero la libertad de la prensa se ha visto amenazada en difíciles períodos donde la intolerancia ha dominado los escenarios mundiales. Así como el siglo veinte fue el siglo de la democracia, al mismo tiempo fue el siglo de los peores totalitarismos que violaron sistemáticamente los derechos humanos, entre ellos la libertad de prensa.
La cultura como concepto global fue utilizada por estos regímenes como medio para inculcar sus doctrinas. Prensa, radio, cine, arte, literatura, fueron los medios escogidos para someter el pensamiento. Su objetivo era anular la propia identidad histórica, para crear una nueva conciencia colectiva, común para todos. A esas alturas de los tiempos, la prensa se había convertido en el cuarto poder, expresión del liberalismo decimonónico, el que fue combatido en forma implacable por las dictaduras emergentes. Joseph Goebbels instalaba un Ministerio de Propaganda en 1933 al comenzar el nazismo. Franco hacía algo similar en 1938, y Mussolini, antiguo periodista, usaría todos los medios de comunicación para terminar con la disidencia y crear el nuevo modelo fascista.
Según el investigador Alfonso Valdebenito (La historia del periodismo chileno), la violencia que fueron adquiriendo las campañas presidenciales en Chile se debió al poder que tenía la prensa, que difundía masivamente el pensamiento de los grupos políticos de izquierda y derecha. La fuerza de la prensa ya era manifiesta en Europa y sirvió de plataforma al totalitarismo emergente. Ya se hablaba en esos días de la prensa como el “cuarto poder”.
En la Rusia de Lenin se cerraron todos los medios de comunicación opositores en 1917. En noviembre se incautaron los bienes de las empresas periodísticas, para luego declarar el monopolio del Estado sobre publicaciones e imprentas. Luego ocurrió lo mismo con todas las radios, hasta que finalmente se creó el Departamento de Agitación y Propaganda en 1920 y la Administración Principal para la Salvaguarda de los Secretos de Estado en la Prensa (Glavilt). Si a esto sumamos la guerra civil contra el ejército blanco al terminar la primera guerra, el control fue aún mayor. Y nació Pravda, como órgano del partido, e Izvestia, del Gobierno.
Si en 1936 Pravda alcanzaba a 1 900 000 ejemplares diarios, en 1986 alcanzó los 10 700 000 ejemplares. Todo cambió con la llegada de Mijail Gorbachov (1985), quien invocó la glásnost para alcanzar una definitiva transparencia informativa. Tres años más tarde cayó el Muro de Berlín.
CAPÍTULO I LA LIBERTAD DE PRENSA EN CHILE
Nuestra legislación ha pasado por tres importantes períodos en su tratamiento sobre la libertad de prensa; desde 1812, con la libertad de imprenta, hasta su consolidación en 1872.
La libertad de imprenta había sido sancionada en España por las Cortes Extraordinarias de Cádiz (1810) y por la constitución elaborada el año 1812. El 10 de noviembre de 1810, las Cortes (que habían reemplazado como gobierno al rey Fernando VII, cautivo de Napoleón Bonaparte) publicaban el Decreto IX sobre Libertad Política de la Imprenta. En este se consagraba que “todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión y aprobación alguna a la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes”. (Historia del derecho patrio chileno. Liberalismo y prensa: Leyes de imprenta en el Chile decimonónico. 1812-1872. Patricio Ibarra Fuentes).
Chile, al iniciar su proceso de independencia, aplicó la jurisprudencia española en sus primeras actividades legislativas, y al asumir José Miguel Carrera la dirección del movimiento independentista, proclamó la primera ley sobre libertad de imprenta del país. En el Ensayo Constitucional de 1812, refrendado por el general Carrera se establece, en su artículo 23: “La imprenta gozará de una libertad legal; y para que esta no degenere en licencia nociva a la religión, costumbres y honor de los ciudadanos y del país, se prescribirán reglas por el Gobierno y Senado”. Este es, pues, el primer decreto constitucional que establece la libertad de prensa. “El hombre tiene derecho a examinar cuantos objetos estén a su alcance; por consiguiente, quedan abolidas las revisiones, aprobación y cuantos requisitos se opongan a la libre publicación de los escritos”.
En el texto señalado, se entregaba a la prensa una función crítica ante las autoridades. No en vano en los principios republicanos se establecía este escrutinio constante y solo se exigía el respeto a las instituciones de la república y a las personas. Es importante destacar, entonces, que la libertad de prensa en nuestro país nació en 1812 y que en el año siguiente, 1813, se estableció que los abusos de imprenta se referían específicamente a ataques contra la libertad nacional, amenazada en esos momentos por la invasión española.
Efectivamente, en marzo de 1813 desembarcó en el puerto de San Vicente, cerca de Concepción, una expedición realista encabezada por el brigadier Antonio José Pareja, con 5 000 efectivos, para someter a nuestro país que había proclamado una nueva constitución, una nueva bandera y un primer periódico, la Aurora de Chile.
Esta declaración de los fundadores de la república solo será modificada en 1828, durante el gobierno del presidente Francisco Antonio Pinto, cuando entró en vigor la nueva ley de imprenta. En ella, se establecía que en toda ciudad donde hubiese una imprenta debería haber un tribunal que pudiese ser convocado, integrado por ciudadanos elegidos, encabezado por un juez de derecho, elegido entre los magistrados locales, y acompañado por otros jueces de hecho. La gran novedad residía en que el encargado de juzgar no sería el Senado, como se señalaba en las anteriores legislaciones, sino que estaría en manos de un juez de derecho, lo que permitiría así una mayor participación ciudadana y pasaría de un tribunal nacional a uno local.
Una tercera etapa en esta historia relativa a la libertad de prensa la constituyó la ley de 1872, que mantuvo a los jueces de hecho, de los cuales siete eran propietarios y tres suplentes elegidos por orden alfabético entre los ciudadanos electores de cada departamento, excluyéndose a los parientes del acusado y del acusador. En todo caso, durante la vigencia de estas leyes, los gobiernos de Bulnes y Montt prefirieron el uso del estado de sitio en vez de la aplicación de las leyes de imprenta. En todo caso, los avances del pensamiento liberal permitieron consolidar la libertad de prensa en nuestro país.
En nuestro anterior libro desarrollamos la historia de la prensa en el siglo XIX, e incluimos el ingrato capítulo de la guerra civil de 1891 y de cómo esta involucró directamente a la prensa del país. Hechos estos alcances, entramos en lo que fue la historia del periodismo en el siglo recién pasado.