Kitabı oxu: «Teología en movimiento»
Copyright © 2020 by Arianne van Andel.
Teología en Movimiento
Ensayos eco-teológicos y feministas para tiempos de cambio
de Arianne van Andel. 2021, JUANUNO1 Ediciones.
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Library of Congress Cataloging-in-Publication Data
Name: van Andel, Arianne, author
Teología en Movimiento: Ensayos eco-teológicos y feministas para tiempos de cambio / Arianne van Andel.
Published: Miami : JUANUNO1 Ediciones, 2021
Identifiers: LCCN 2020952581
LC record available at https://lccn.loc.gov/2020952581
REL067000 RELIGION / Christian Theology / General
REL025000 RELIGION / Ecumenism & Interfaith
NAT010000 NATURE/ Ecology
REL105000 RELIGION / Sexuality & Gender Studies
REL012110 RELIGION / Christian Living / Social Issues
Paperback ISBN 978-1-63753-000-9
Ebook ISBN 978-1-63753-001-6
Créditos Portada
Equipo de Media y Redes JuanUno1 Publishing House
Concepto diagramación interior & ebook
Ma. Gabriela Centurión
Director de Publicaciones
Hernán Dalbes
First Edition | Primera Edición
Miami, FL. USA.
Enero 2021


Para Teis y Lena
CONTENIDO
Cover
Portadas
Legales
Dedicatoria
Prólogo de Ivone Gebara
Introducción
1. La Biblia como lugar de encuentro ecuménico
2. Las verdades se definen en el camino de la vida
3. Entre la lucha política y la relacionalidad cosmológica
La contribución de Ivone Gebara a la teología de la liberación
4. De la rabia a la resistencia
5. Cambio climático: ¿Cómo movilizar la esperanza?
6. Sobre Kairós, confesión y conversión
Una reflexión sobre Laudato Si’ desde la tradición reformada
7. Sola Escritura, Sola Gracia, Sola Fe para una reforma ecológica
8. La búsqueda de una hermenéutica ecológica en tiempos apocalípticos
9. Geoingeniería, sacrificio y la escala de amor
10. Conversión ecológica: sin ellas no será
11. Y ustedes, ¿quién dicen que soy?
Crítica teológica a la propaganda contra la “ideología de género”
12. Chile: libertad religiosa para la acción ecológica
13. La crisis de las dicotomías:
sobre epistemología y eco-teología en tiempos de transformación
Agradecimientos
Sobre la autora
PRÓLOGO
Mientras leía el libro de la querida amiga y teóloga Arianne van Andel, me sentí saboreando las frescas aguas que brotan de los pozos que solo unas pocas mujeres saben encontrar. Se dice que en el pasado algunas mujeres del campo sabían cómo encontrar agua caminando por tierras áridas y usando una varita verde. Cuando la varita se inclinaba, se podía saber que había agua allí. Con la ayuda de los vecinos cavaban la tierra y el agua empezaba a fluir y mojar la tierra.
El libro de Arianne es como esta agua fluyente que trajo de Holanda y mezcló con otras aguas de América Latina, particularmente, de Chile. Pudo sacarla de una manera tan delicada, canalizarla con mucho cuidado para compartirla con tanta atención y cariño que la tierra no se sintió herida y el agua pudo brotar y saciar la sed de las plantas, de los animales y de mucha gente. Su teología es como el agua cristalina que puede saciar la sed y causar bienestar. No tiene conservantes, sales artificiales, edulcorantes, embotellado de plástico que impiden el agua de ser buena agua.
La claridad de su pensamiento revela la profundidad de sus aguas y la forma en que aborda las situaciones vividas por tantas personas, así como la evolución de los sentidos de la teología cristiana. Su agudo y fino espíritu supo captar las contradicciones y dicotomías epistemológicas de las teologías tradicionales y las de la liberación, recordando el momento de su surgimiento histórico, los condicionamientos y las contradicciones que generaron. Arianne ahora nos invita a probar la novedad de las teologías feministas y ecofeministas que también contienen luces, límites y aportes distintos.
Su libro con textos escritos en distintas ocasiones nos abre a una variedad de temas teológicos que incluyen problemas de género, problemas climáticos, del suelo lleno de pesticidas con la consecuencia de la destrucción de nuestras vidas y de la naturaleza. De esta forma su postura crítica toca cuestiones preocupantes en relación con la vida humana y a la vida del planeta, especialmente, a partir del modelo capitalista actual en que el lucro es más importante que el bienestar de todos. Sin embargo, no alarma a los lectores, no pinta los sufrimientos de la vida cotidiana con colores exagerados y no nos desespera. Al contrario, en todas sus reflexiones alimenta nuestra esperanza en nosotros mismos, en nuestra capacidad de actuar ante los problemas cotidianos y, sobre todo, cree que las transformaciones parten de pequeñas iniciativas. Uno de los aspectos que vale subrayar en esa perspectiva es su intento de trabajar desde la noción de interdependencia, tan presente en la ecología, y rescatarla para la tradición cristiana como esfuerzo epistemológico de superación de los excluyentes dualismos patriarcales.
La vida cotidiana la inspira, el Evangelio de Jesús le da directrices de compromiso, la tradición cristiana le da ejemplos y, principalmente, su amor por las personas y en especial las mujeres que sufren mueve sus pasos e invita a posibilidades reales de encontrar caminos libertarios.
Muchos textos me emocionaron porque recuperan la poesía de la vida que muchas veces olvidamos en los textos teológicos cuando se consideran textos con un rígido aparato científico y dogmático. Los ejemplos que nos da hacen accesibles conceptos teológicos complicados porque los explica a partir de escenas de la vida y de poemas que tocan el corazón. Sin darse cuenta, sus textos se convierten en parábolas casi nuevas que se pueden leer y releer ya que muchas personas pueden encontrarse en ellas y nutrirse de sus contenidos.
Me di cuenta de que yo también estaba en sus parábolas y en su comprensión de la vida y del cristianismo en América Latina. Confieso que, además del placer de estar en su reflexión, pude captar la delicadeza y profundidad de su comprensión de mi trabajo e incluso sentirme muchas veces revelada a mí misma. Una experiencia conmovedora capaz de tocarnos las entrañas y llevarnos a la acción de gracias por los encuentros que nos brinda la vida.
Su manera de leer y acercarse a las personas y de hacer teología no se resume solo en pensar con lucidez y competencia teórica, sino que toca el corazón, la fuente de nuestro conocimiento religioso, la fuente del re-ligare, la fuente de la interdependencia amorosa de todos nosotros con todo lo que existe. Así nos abre la puerta a una nueva comprensión de la teología, ya no como el conocimiento sistematizado de la voluntad del ser perfectísimo y todopoderoso, personal y patriarcal, sino como la percepción sutil del misterio mayor que envuelve y encanta todo lo que existe. Un misterio que toca tanto nuestra grandeza como nuestra pequeñez, que nos invita a ‘mirar los lirios del campo’ y a compartir nuestro pan de cada día. Un misterio que moviliza nuestra esperanza de volver a nacer cada día de nuevo, así como sale el sol diariamente para todo el planeta. Un misterio que nos invita a mirar la belleza del cielo estrellado, creyendo que hay tanta sabiduría escondida que nuestra actitud solo puede ser de admiración y agradecimiento hacia la vida en este momento temporal y espacial en el que participamos de Ella. Aquí encuentro el germen de una espiritualidad profundamente marcada por la gratuidad de la vida y, por eso, marcada por la exigencia ética de luchar por la ‘vida en abundancia’ para todos y para todo.
Arianne también nos abre de forma aguda al tema ecológico de nuestros tiempos y nos invita a comprender las exigencias de una teología inclusiva de los diversos biomas, incluyendo las diversas expresiones de la vida animal y vegetal para que todos puedan vivir con cuidado y responsabilidad el exuberante don del planeta. Ella se da cuenta que las teologías tienen una enorme responsabilidad frente a la destrucción actual, frente a los problemas climáticos y de muchos tipos que resultan de las codiciosas interferencias de los humanos. La teología cristiana centrada en el antropocentrismo y el androcentrismo exagerados nos hizo olvidar nuestro cuerpo más grande, la Tierra. ¡Y ahora tenemos que rescatarnos como terrestres, o como terrícolas!
En vista de la prioridad que damos a la riqueza indivisa y la pobreza creciente de poblaciones enteras, se requiere un pensamiento teológico interdependiente e inclusivo. Por eso el libro de Arianne es también una interpelación para renovar nuestra responsabilidad común y “reformar” o “recrear” continuamente nuestras teologías según los signos de los tiempos.
Es frente a esta desafiante situación planetaria de nuestro tiempo que las iglesias cristianas deben también reformarse y entenderse continuamente entre sí. Tienen que reubicar al ser humano y el planeta en su conjunto y desde allí reafirmar sus significados. Hoy en día, ante una nueva comprensión del ser humano, es absolutamente necesaria una reinvención de las teologías que incluya la dimensión ecológica y feminista para intentar de superar las dicotomías entre natural y humano, entre global y local, entre privado y público, como Arianne los desarrolló tan claramente en su último capítulo La crisis de las dicotomías.
Cierro este breve prólogo haciendo hincapié en el tema de la libertad religiosa frente a la acción ecológica, tema del penúltimo capítulo de este libro. La autora no solo expande el concepto de libertad religiosa, sino que también expande el concepto mismo de libertad al ubicarlos en los procesos transformadores de la vida y en la dimensión ética que los atraviesa. Es también frente a la exclusión e incluso la agresión contra grupos religiosos minoritarios en América Latina que se desarrollan los prejuicios y delitos de falta de respeto a las creencias de estos diversos grupos. Es como si la verdad fuera una experiencia monolítica y exigiera que todas las personas la afirmen de la misma manera. Es como si Dios, el Misterio Mayor, tuviera un solo rostro al que todos deben adherirse y si no lo hacen se generan conflictos y agresiones. Arianne muestra que la libertad, incluso como creatividad religiosa, requiere pluralismo, requiere incluso diversidad religiosa. Es fundamental en la creación y transformación continua de todo lo que existe que respetemos la diversidad del universo y cuidemos que la vida se mantenga siempre bella y diversa en nuestro pequeño planeta.
El libro de Arianne es un aporte importante para dar respuesta a algunos de los retos que nos ha lanzado la Historia en este siglo XXI. Lo presento a los lectores y lectoras con inmensa alegría y respeto por su labor como intelectual seria y activista comprometida con salvar vidas en sus diferentes expresiones.
Ivone Gebara
Noviembre de 2020
INTRODUCCIÓN
Una teología en movimiento, una teología conmovedora y una teología que moviliza: esa es la que busco en las páginas de este libro. Los artículos acá publicados son un reflejo de más de diez años de mi reflexión y experiencia como teóloga reformada holandesa que ha hecho su camino en Latino-América. Un camino lleno de encuentros entre culturas, corrientes de fe y movimientos distintos. El libro está inspirado por las teologías de la liberación, ecológicas y feministas del continente, y busca el diálogo con movimientos sociales, ambientales y feministas no religiosos.
Teología para mucha gente huele a polvo, a doctrinas inamovibles, y a creencias del pasado. En estos artículos trato de mostrar una teología viva, un pensamiento en movimiento, aun cuando se nutre de narrativas y tradiciones antiguas. Hago la apuesta, inspirado por la teología de la liberación, que sólo se puede hacer teología desde la praxis, y desde las experiencias de las personas que entran en diálogo con las preguntas de personas de todos los tiempos. Sólo a partir de nuestras experiencias e inquietudes se abren las narrativas bíblicas y las reflexiones de otros/as, como un espejo, una voz opuesta, algo o alguien con quien profundizar y clarificar nuestras propias opciones, vivencias y valores. Cuando se hace teología desde las reflexiones que surgen en un grupo diverso, brota teología en movimiento. Sin embargo, esta teología tiene que partir de otro concepto que el usual de “verdad”. Aunque el libro se deja apelar transversalmente por las narrativas bíblicas, estas no son en ninguna parte dogma o última verdad. Las historias se hacen nuevamente verdad en el camino y en la vida (Jn 4,1-42), como se sostiene en el segundo artículo. “La verdad” en forma esencialista no existe, pero tiene que ser encontrado en el encuentro y diálogo con otros y otras. Ahí se llega a una experiencia verdaderamente ecuménica, donde se rompen prejuicios y se facilitan cambios en las personas.
El libro trata de dar unos pasos más allá en la antropología de la teología de la liberación “clásica”, que muchas veces sigue dentro de un marco racionalista. Propone una teología conmovedora. En el artículo “Entre lucha política y relacionalidad cosmológica” hago un balance entre la metodología de esta teología y los aportes de la teología ecológica feminista de Ivone Gebara. Gebara, quien escribió el prólogo a esta colección, aboga por unos cambios más profundos en nuestra epistemología y cosmología, superando los dualismos jerárquicos entre cultura y naturaleza, espíritu y cuerpo, sagrado y profano y razón y emociones, tan propias de la teología occidental. Desde esta preocupación, hice un pequeño estudio sobre la rabia e indignación como emociones fuertes en los movimientos de resistencia frente a las injusticias de este mundo. En reacción al libro La resistencia es el secreto de la alegría de mi maestra teóloga feminista Lieve Troch, escribo un artículo en que analizo el rol de las emociones, y particularmente de la rabia, en estos movimientos, y elaboro algunas pistas para una hermenéutica de la rabia.
En el artículo “movilizando la esperanza” muestro mis propias fuentes de motivación en la lucha en contra del cambio climático, usando narrativas de sabiduría ancestral y un poema de mi tierra para recalcar el tremendo valor de cada acción pequeña, de cada pregunta frente a un sistema socioeconómico depredador que niega la esperanza.
Desde 2015, mis estudios se centran en reflexiones teológicas a partir de la crisis ecológica, que es para mí la situación más urgente de ser asumido por el cristianismo, que ha tenido en la historia un enfoque principalmente antropocéntrico. En los artículos eco-teológicos que siguen, entro en diálogo con tres denominaciones cristianas. El primer artículo relata mi recepción de la Encíclica de Papa Francisco Laudato Si’, relevando su gran aporte para la reflexión eco-teológica, y su llamada a procesos de confesión y conversión ecológica en las iglesias. El segundo artículo fue escrito en el contexto de los 200 años de la Reforma Protestante, y quiere resignificar tres principios básicos de la Reforma Luterana para una reforma ecológica en las iglesias. Finalmente, escribí un artículo de interpretación bíblica sobre el libro Apocalipsis, ya que esta narrativa ha sido interpretada en encuentros con iglesias evangélicas como narrativa que predice la crisis ecológica como inicio del fin de los tiempos. Muestro como este libro, más que invitar a la resignación, nos impulsa a una actitud profética para denunciar los sufrimientos de comunidades en la tribulación del desastre ecológico, visibilizar las prácticas que anuncian nuevos tiempos y seguir nutriendo visiones de un cielo nuevo y una tierra nueva. Termino esta parte con un artículo que cuestiona las soluciones de la geoingeniería frente al cambio climático, justamente porque deja fuera las visiones de estas comunidades.
En todo el libro busco una teología que moviliza a las personas a enfrentar la crisis socioambiental que vivimos e invito a pensar nuevos paradigmas. Para eso hace falta escuchar la voz de todos y todas, y especialmente de los grupos más afectados por la crisis. Las mujeres son las que siguen siendo excluidas en los espacios de decisión en la política y en las iglesias. A partir de los grandes debates en Latino América sobre la Ley de Género y del Aborto, rechazados por grupos conservadores que se apropian del discurso “pro vida”, este libro sigue con tres artículos recientes en que abogo nuevamente por un diálogo abierto sobre nuestros valores, sin verdades a-priori y desde la experiencia. En una teología que quiere movilizar para un mundo más justo, los y las más afectados por la exclusión y la injusticia tienen que recuperar la voz, más porque han sido explotadas y despreciadas como la naturaleza misma. Una conversión ecológica sin las mujeres no será, digo en una revisión crítica de la ausencia de las mujeres en Laudato Si’. También en las discusiones sobre los derechos de las personas LGTBI, pido a la teología tomar un lugar de escucha y pregunta, sin miedo, en búsqueda del encuentro. Finalmente hago una reflexión epistemológica desde la crisis de la pandemia que vivimos hoy, que cuestiona fuertemente las dicotomías en el pensamiento moderno, para dar pistas de cómo superar modos de interpretar el mundo que nos atrapen en el statu quo, y abrir posibilidades de un futuro verdaderamente transformado. El libro quiere ser un aporte a una teología con este fin: conmovedora, movilizadora, en movimiento.
LA BIBLIA COMO LUGAR DE ENCUENTRO ECUMÉNICO1
El ecumenismo se parece un poco al encuentro inusual entre Jesús y una samaritana que encontramos en Jn 4,1-42. En ese relato las vidas de un hombre judío y una mujer de Samaria se entrecruzan en un pozo al mediodía. Normalmente estas dos personas no se tratarían entre sí, debido a las reglas de género, diferencias de religión, etnia, y por todos los prejuicios que existen entre sus pueblos. Jesús, sin embargo, rompe todas las reglas que les separan, y pide agua a esta mujer. Con este gesto, se abre una conversación entre los dos, en que hay espacio para hablar sobre la realidad de su tiempo, sobre sus diferencias religiosas, y sobre la exclusión en que viven: “¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” En el diálogo siguiente surge agua viva, que produce en la mujer samaritana un cambio radical: ella se deja conmover por Jesús, que la acepta tal como es y la libera de prejuicios, lo que la lleva a testimoniar sobre eso en su pueblo.
Como en esta escena, en los encuentros ecuménicos también se confrontan dos o más tradiciones religiosas, con distintos pasados, culturas y costumbres. En grupos que comparten la tradición cristiana su pozo común es la Biblia, pero muchas veces son justamente las interpretaciones bíblicas y las doctrinas basadas en ellas, las que han causado separaciones y prejuicios entre las comunidades. Se nota que las personas de tradición católica en general poseen muchos dogmas aprendidos desde la tradición institucional, mientras las personas de tradición evangélica, para sostener sus verdades, recurren a versículos bíblicos. A causa de estas certezas, no es evidente que la Biblia pueda ser un lugar de encuentro ecuménico. Por eso en el diálogo entre grupos de distintas denominaciones, también debe haber alguien que igual a Jesús en el relato mencionado, facilite que se rompan las convicciones inamovibles y los prejuicios, para que se abra un espacio donde surjan conversaciones que produzcan cambios en todas las personas presentes.
Para que fluyan las aguas en un grupo ecuménico que se reúne alrededor de las Escrituras, es necesario que el grupo vaya aceptando algunos supuestos básicos sobre la Biblia. Primeramente, que toda lectura es interpretación. Uno no puede leer la Biblia de una manera neutral, porque cada lector(a) lleva sus propios “lentes de lectura”, y –muchas veces de modo inconsciente–, ve afirmado en los relatos los aciertos de su historia de vida y sus convicciones. Segundo, que el mensaje de Jesús no fue pensado para dividir, excluir a personas, o incluso justificar guerras. Aunque los relatos de la Biblia nos pueden cuestionar y criticar fuertemente en nuestras posiciones, estamos convencidos que “la palabra de Dios” lleva primeramente un mensaje de amor, justicia y paz. Eso significa que tenemos que mantener una “hermenéutica de la sospecha” frente a interpretaciones bíblicas que han sido usadas para justificar discriminaciones y condenas. Tercero, el supuesto que la Biblia misma es un libro inherentemente ecuménico. Quienes reconocen que la Biblia es una biblioteca con relatos de distintas épocas y tradiciones, en que existen muchas discusiones internas sobre las interpretaciones de las escrituras, se mantendrán más fácilmente con un diálogo similar en los grupos de hoy. Significa suspender los propios juicios sobre la verdadera Palabra de Dios y empezar una búsqueda abierta con una “segunda ingenuidad”, para descubrir en conjunto las aguas frescas y vivas que fluyen del pozo.
En los talleres bíblicos y celebraciones que desarrollamos en el Centro Ecuménico Diego de Medellín (CEDM) en Santiago de Chile, desde 2005 a 2010, estos tres supuestos han estado siempre presentes: la importancia de reconocer los lentes de interpretación, el carácter inclusivo del mensaje bíblico y la heterogeneidad de la Biblia misma. En este artículo recojo algunos ejemplos de cómo se han trabajado estos supuestos, usando metodologías y dinámicas concretas en los grupos participantes.
Con el fin de fomentar la conciencia de que cada lectura es una interpretación, se usa la metodología de la lectura popular de la Biblia que siempre empieza con la experiencia de vida de las y los participantes. Discutir sobre el significado de una historia sin involucrar la situación presente, puede llevar a discusiones sin término y a más divisiones entre “supuestas verdades”, sin acercar el significado del texto para las vidas de las personas. Además, los textos sólo revelan su gran riqueza, cuando se estudian usando el círculo hermenéutico en que el texto está en diálogo con la realidad de hoy y con la vida de la comunidad. Al compartir las experiencias propias, el grupo se aleja de la discusión sobre verdades abstractas, porque las experiencias son por un lado personales, y por eso indiscutibles; y por otro lado, muchas veces reconocibles para personas que viven el mismo contexto. Por eso, siempre relacionamos los textos bíblicos a un tema o una pregunta actual.
Así trabajamos el segundo supuesto de la inclusividad del mensaje bíblico, en un taller sobre “Discipulado y misión en un mundo diverso”, que realizamos en abril 2007, la época en que la Conferencia Episcopal en Chile habló sobre el tema misión y discipulado, en el contexto de la V Conferencia General del Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (CELAM) en Aparecida; Brasil. Partimos con textos del evangelio de Lucas, enfocándonos en la manera de “misionar” de Jesús. Los relatos de los evangelios se adecúan bien para la dramatización, y así nos pusimos en el lugar de las personas que Jesús encuentra y llama en el camino. Primero, analizamos nuestras propias posiciones sociales, como mujeres u hombres, indígenas o mestizas, católicos o evangélicos, jóvenes o viejos, santiaguinos o provincianos, saludables o enfermos, entre otros factores sociales. Hablamos sobre la manera en que nuestra posición nos había estigmatizado en la sociedad, y cómo eso había marcado nuestras vidas. Después recurrimos a unas historias de seguidores y seguidoras de Jesús y nos imaginamos su posición social: el leproso y el ciego (Lc 5 y 18), la mujer que padecía de flujo de sangre (Lc 8) y los recaudadores de impuestos Leví y Zaqueo (Lc 5 y 19). Con la metodología del bibliodrama, preguntamos a estos personajes: “¿por qué seguían a Jesús?”. Descubrimos que todas estas personas estaban de cierta manera excluidas de la sociedad, y se sentían acogidas, respetadas y dignificadas por Él. Jesús se acercó a estas personas, sin pensar en lo que era “políticamente correcto”. La mujer con flujo de sangre dijo en la dramatización: “Todos dijeron que Jesús quedaría impuro cuando me tocara, pero yo creía firmemente en que Él no quedaría impuro, sino que ambos quedaríamos sanos”. Nos llamó la atención que Jesús no condiciona a la gente a quien se acerca, pidiéndoles que crean en Él o cambien sus convicciones antes de que dialogue con ellas. Al contrario, destaca la fe de las personas mismas con la frase recurrente: “Tu fe te ha salvado”.
“Jugar” con las historias nos ayudó a hacerlas más cercanas, y nos dimos cuenta que misionar a la manera de Jesús no significa imponer una verdad sobre otra gente, sino que se trata de un testimonio de vida, de inclusión radical de personas marginadas en la sociedad. Reflexionamos sobre lo que eso significa para nuestras iglesias y comunidades –¿de verdad somos comunidades acogedoras para personas excluidas o distintas? –, y concluimos que una misión a la manera de Jesús siempre debe ser inclusiva y ecuménica.
En un taller ecuménico sobre Biblia y Ecología, que ofrecí en el CEDM en octubre 2007, partimos desde el tercer supuesto: la heterogeneidad de la Biblia misma. Empezamos nuevamente con un análisis de nuestra propia realidad, específicamente de los problemas ecológicos en Chile y el mundo. La magnitud de los problemas ambientales disminuyó el peso de nuestras propias barreras eclesiales. Reconocimos, que, en cierto sentido, es un anacronismo buscar en la Biblia respuestas a problemas de una época tan reciente. Una lectura ecológica no podría entonces buscar normas y soluciones directas para nuestros problemas en la Biblia, pero descubrimos que la relación entre el ser humano y la naturaleza juegan un rol importante en muchos relatos bíblicos, que podían enriquecer el debate sobre nuestros tiempos.
Las historias de la creación sirvieron para debatir sobre el lugar de Dios y del ser humano en esta tierra: ¿se trataba de un relato ecológico o más bien antiecológico? Las Leyes Sabáticas y del año de Jubileo (Ex 29-23 y Lv 25) nos pudieron dar orientación en la búsqueda de una economía menos acumulativa. Las historias del becerro de oro (Ex 31) y de la construcción del templo (1 Re 5-7) sirvieron como espejo de la tentación del oro y del lujo material en nuestros días, mientras encontramos en los profetas muchas imágenes ecológicas, que nos podían enseñar un lenguaje nuevo para incorporar en nuestras propias acciones proféticas. Finalmente, comparamos el Apocalipsis con los escenarios apocalípticos descritos por Al Gore en su documental “La verdad incómoda” (2006) sobre el calentamiento global, y encontramos una esperanza y un llamado al cambio de vida en la actitud desprendida de Jesús frente a las posesiones materiales. La Biblia iluminó nuestras reflexiones, prestándonos relatos de experiencias de vida de pueblos que buscaron, como nosotros, una manera de vivir en armonía con Dios y el entorno. En este taller, percibimos que la Biblia, más que estar centrada en dar normas y reglas, nos muestra las ambigüedades y búsquedas de la vida. En dialogo con las historias podía surgir una sabiduría nueva, y al final la esperanza del agua cristalina del Apocalipsis.
En los cursos ecuménicos las barreras entre iglesias se desvanecieron en el compartir la vida alrededor de la Biblia. Sin embargo, no siempre las personas abrazan tan fácilmente los supuestos que describí al inicio de este artículo. En varias ocasiones me he encontrado con personas que no logran aceptar el primer supuesto de que toda lectura es interpretación. Me recuerdo de un hombre evangélico que en un encuentro ecuménico defendió a muerte un punto de vista ligado a la sexualidad, usando las cartas de Pablo como respaldo. Según él, las normas de Pablo eran claras y una interpretación diferente de sus textos podía llegar al “relativismo”, en los mismos términos que utilizó Benedicto XVI en su discurso inaugural del cónclave de abril 20052. Es importante reconocer el miedo a este “relativismo”. Porque no puede ser verdad que la Biblia se preste para todo, ¿o sí?
Para enfrentar estos temores, es interesante tomar en cuenta el pensamiento del rabino inglés Jonathan Sacks, quien escribió un libro con el título La dignidad de la diferencia3, que es un llamado al diálogo interreligioso en la Europa islamofóbica post ataques terroristas de 11 septiembre 2001 en Nueva York. Sacks dice que para muchos creyentes es difícil tener una postura abierta frente a otras creencias, porque nuestra fe ha formado nuestra identidad y la conformación de quienes somos siempre significa distinguirse de otras identidades: crear un “nosotros” y un “ellos”. Por eso, causa mucho miedo en las personas relativizar sus verdades, porque eso cuestiona directamente el valor de lo que son4.