Kitabı oxu: «Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 107


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por FERNANDO GARCÍA ROMERO .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1998.

Las traducciones, introducciones y notas han sido llevadas a cabo por: ERNESTO LA CROCE (Acerca de la generación y la corrupción) y ALBERTO BERNABÉ PAJARES (Tratados breves de historia natural) .

PRIMERA EDICIÓN , 1987.

REF. GEBO220

ISBN 9788424931377.

ACERCA DE LA GENERACIÓN Y LA CORRUPCIÓN

INTRODUCCIÓN
Acerca de la generación y la corrupción

El tratado De Generatione et Corruptione (Perì genéseōs kaì phthorâs ) es una obra breve, pero densa y de lectura difícil. Cubre una provincia muy importante de la filosofía natural de Aristóteles, por cuanto tiene por objeto de estudio la estructura del mundo sublunar y el proceso de cambio que allí se desarrolla.

No existen dudas respecto de la autenticidad del texto transmitido: tanto el contenido como el estilo exhiben claramente el sello de la autoría aristotélica. Como adicional garantía de autenticidad, existen una serie de referencias cruzadas entre este tratado y otras obras del Corpus .

Sin embargo, es poco probable que el Acerca de la generación y la corrupción (= GyC ) haya salido de las manos de Aristóteles en el mismo estado en que ha llegado a nosotros. Si consideramos su contenido, veremos que varios de los capítulos del GyC constituyen unidades temáticas que bien podrían haber permitido su publicación por separado, o formando parte de totalidades estructuradas de un modo distinto de aquel en que hoy se nos presenta el texto. Esta situación, compartida con la de muchas otras obras del Corpus , debilita el valor de los intentos de asignar a la obra un lugar cierto en la cronología de la producción aristotélica. I. Düring, el erudito que con más profundidad ha intentado estas tareas, ubica el GyC (junto con Física I-VII, Del cielo , y Meteor . IV) entre el año 355 y la muerte de Platón 1 .

El GyC aparece, con este título, en dos de los catálogos de las obras de Aristóteles provenientes de la Antigüedad: en la lista del Anónimo y en la árabe de Ibn-el-Kifti e Ibnel-Oseiba. Pero no figura en el catálogo de Diógenes Laercio, aunque encontramos en el orden 25 y 39 unos títulos que podrían referirse, respectivamente, al GyC I 7-9, y II 1-4. Por otra parte, el mismo Aristóteles en varias obras del Corpus parece citar algunos capítulos del GyC , con una referencia específica que nombra el contenido de dicha parte: tal es el caso de la alusión a un tratado Acerca de los elementos en De An . 432b29 (cf. GyC II 1-4), y a uno Acerca de la mezcla en De sensu 440b3 y 13 (cf. GyC I 10).

Por lo demás, debemos tener en cuenta que los griegos antiguos no solían dar un título estricto a sus obras, sino que generalmente las designaban con un nombre tomado de la primera frase del texto 2 . De acuerdo con esto, resulta bastante legítimo pensar que GyC fue el título del tratado, si realmente comienza en 314a, visto que allí se anuncia esta temática.

Ubicación del tratado entre las obras físicas

En el proemio de los Meteorologica , Aristóteles efectúa una consideración retrospectiva sobre las investigaciones de ciencia natural que ha llevado a cabo. Citemos el texto (338a20 ss.): «He tratado anteriormente los siguientes temas: (I) de las causas primeras de la naturaleza; (II) de todo movimiento natural; (III) del orden de los astros en la traslación de la esfera superior; (IV) de los elementos de los cuerpos, indicando cuántos y cuáles son; (V) de su transformación recíproca; (VI) de la generación y corrupción en general. Queda por estudiar… la parte meteorológica.»

No es demasiado difícil identificar estos contenidos con la temática de las obras existentes. Física I-II y III-VI cubren, respectivamente, los puntos (I) y (II), y Del cielo I-II el punto (III). A partir de ahí existe una cierta superposición entre la temática de Del cielo y GyC , pero bien podemos considerar el punto (IV) cubierto por Del cielo III-IV, y los puntos (V) y (VI) por, respectivamente, GyC I y II.

Queda, entonces, claro que la ubicación del GyC entre el Del cielo y los Meteorologica (posición en que aparece en los Mss. y en la edición de Bekker) es la correcta. Su conexión con el primero de estos tratados está expresada, además, por la partícula conjuntiva (y) de GyC 314al, que es complemento del mèn oûn de la frase final de Del cielo (313b21). Esto fue señalado ya por el comentarista Filópono (Com . 2, 29-31).

Núcleo teórico del tratado

El tratado GyC es el fruto de un gran esfuerzo teórico por resolver una cuestión que, desde los mismos comienzos de la reflexión filósofica, incitó el espíritu de los griegos. Se trata del problema de la racionalidad del cambio, que es afrontado sobre la base de principios y nociones ya desarrollados en otras obras (especialmente en la Física ) y a través de una profunda discusión de las doctrinas de quienes lo precedieron.

Generación y corrupción —procesos privativos de la región sublunar— constituyen el nivel más profundo de transformación que pueda afectar a los entes. Aristóteles las distingue cuidadosamente de aquellas otras formas de cambio (o de «generación» no absoluta) como el aumento y la disminución, la alteración y la traslación. A diferencia de estos últimos procesos, la generación absoluta solamente puede ser explicada suponiendo la existencia de un sustrato imperceptible e inseparable.

Dicho sustrato es la materia prima , concepto éste con el que se busca asegurar una solución de continuidad para las transformaciones que nos es dado observar entre los cuatro elementos: el aire que se torna agua en la lluvia, o la tierra que se vuelve fuego en cualquier fenómeno de combustión. La materia de los elementos —nos dice Aristóteles— es la misma en un sentido (pues «lo que subyace en un momento cualquiera es lo mismo»), pero en otro sentido es distinta (pues «no es el mismo su ser», 319b3-4). Este concepto aristotélico de materia prima concentra los mayores problemas tanto para la exégesis como para la especulación filosófica (y no han faltado modernos eruditos que cuestionaron la misma legitimidad de la doctrina involucrada), pero simultáneamente esta noción expresa el meollo de la teoría aristotélica de la generación y de los elementos.

La doctrina del GyC no soslaya ni atenúa la radicalidad de la generación, y Aristóteles valora este punto como una gran conquista respecto de las doctrinas presocráticas. Pero el interés de nuestro filósofo está dirigido también —y sobre todo— a enfatizar la integridad del ser frente al poder disolutorio de la diversidad y del cambio.

El ser es orden y estabilidad; en todo caso, un cierto grado de orden y estabilidad. Y los movimientos circulares perfectos de los cielos superiores tienen su reflejo en la continuidad de la generación en el mundo sublunar. Así Aristóteles, en una de las más bellas y platónicas frases del tratado, declara que «el dios consumó el universo en el único modo que le restaba, haciendo ininterrumpida la generación» (336b31).

Índice temático de los capítulos

Dado que no hemos encabezado cada uno de los capítulos con el título respectivo entre paréntesis angulares (como suele hacerse en muchas traducciones de los tratados aristotélicos), presentamos a continuación un índice temático para facilitar la lectura.

LIBRO PRIMERO :

Caps.:1.Introducción. Crítica de los filósofos pluralistas.

2.La doctrina de los indivisibles. Crítica a Platón y los atomistas.

3.La generación absoluta.

4.La alteración.

5.El aumento y la disminución.

6.El contacto.

7.Las cosas que actúan y padecen. Lo semejante y lo desemejante.

8.Acción y pasión. Crítica a Empédocles y los atomistas.

9.Acción y pasión. El acto y la potencia.

10.La mezcla.

LIBRO SEGUNDO :

Caps.:1.Los elementos y la materia prima .

2.Las oposiciones primarias.

3.Los elementos y las oposiciones primarias.

4.La transformación recíproca de los elementos.

5.Inexistencia de un único elemento.

6.Refutación de la doctrina de Empédocles.

7.Los homeómeros y la formación de los cuerpos.

8.Todo cuerpo contiene los cuatro elementos.

9.Las causas de la generación y la corrupción.

10.La causa eficiente de la generación y la corrupción.

11.La necesidad de la generación y la corrupción.

EL TEXTO Y NUESTRA TRADUCCIÓN

Hemos utilizado el texto griego fijado por Joachim en 1922 (ver nuestra Bibliografía). Con anterioridad, el texto había sido editado por Bekker (en la célebre edición berlinesa de 1851) y por Prantl (Leipzig, 1881), sobre la base de los Mss. EFHL, entre los cuales se le concedía un papel preponderante al E (Parisiensis Regius 1853), perteneciente al siglo X .

Joachim ha tenido en cuenta, además de los Mss. mencionados, el Vindobonensis Phil. Graec . 100, designado con la letra J. Se trata de un códice poco tiempo anterior al E, que es considerado, en general, por Joachim de igual autoridad que aquél.

En unos pocos casos nos hemos apartado del texto de Joachim (a lo cual, generalmente, hacemos referencia en las notas). Son los siguientes:


BIBLIOGRAFÍA SELECTA
1)TEXTO GRIEGO :

H. H. JOACHIM , Aristotle on Coming-to-be and Passing-away , texto rev., trad. ingl., introd. y com., Oxford, 1922.

E. S. FORSTER , Aristotle’s On Sophistical Refutations, On Comingto-be and Passing-away (ed. Loeb), Londres, 1965. (El texto griego es de BEKKER .)

C. MUGLER , Aristote. De la génération et de la corruption , texto y trad. fr. (ed. Budé), París, 1966.

2)PRINCIPALES TRADUCCIONES A LENGUAS MODERNAS :

Además de las traducciones inglesa y francesa contenidas, respectivamente, en las ediciones de Forster y Mugler recién citadas en 1), existen las siguientes versiones:

a) En lengua inglesa:

Aristotle, De generatione et corruptione , por H. H. JOACHIM (vol. II de la Colección de la Oxford Translation), Oxford, 1930. (Reed. en The Complete Works of Aristotle , ed. por J. BARNES , Princeton, 1984, vol. I, págs. 512 y sigs.).

Aristotle’s, De generatione et corruptione , con trad. y nn. por C. J. F. WILLIAMS (Clarendon Arist. Series), Oxford, 1982.

b) En lengua francesa:

Aristote, De la génération et la corruption , nueva trad. y nn. por J. TRICOT , París, 1934 (2.a ed., 1951).

c) En lengua italiana:

Aristotele, Della generazione e della corruzione , trad. por A. Russo, Bari, 1973.

Aristotele, La generazione e la corruzione , trad., introd. y com. por M. MIGLIORI , Nápoles, 1976.

d) El lengua alemana:

Aristoteles, Vom Werden und Vergehen , ed. por P. GOHLKE , Paderborn, 1945.

Desconocemos la existencia de traducciones españolas recomendables.

3) COMENTARIOS ANTIGUOS , MEDIEVALES Y RENACENTISTAS :

Hemos conservado el comentario griego de Filópono:

J. PHILOPONUS , De generatione et corruptione , ed. H. VITELLI , Berlín, 1897 (vol. XIV, 2 de la Colección de la Academia de Berlín).

Poseemos dos importantes comentarios medievales:

AVERROES , On Aristotle’s De generatione et corruptione Middle Commentary and Epitome . Trad. ingl. de las versiones originales aráb., hebr. y lat. con nn. e introd. por S. KURTLAND , Cambridge, 1958.

S. THOMAE AQUINATIS , In Aristotelis libros De Generatione et Corruptione… expositio , Turín-Roma, 1952.

Los comentarios renacentistas son varios, pero nos limitamos a mencionar los de Egidio Romano y de Zabarella:

EGIDII ROMANI , In libros De generatione et corruptione Aristotelis cum textu intercluso singulis locis , Venecia, 1504 (reimpr., Francfort, 1970).

J. ZABARELLAE PATAVINI , Commentarii in libros Aristotelis De generatione et corruptione… , Francfort, 1602.

4) COMENTARIOS MODERNOS :

Es imprescindible el comentario, muy extenso y detallado, de H. Joachim contenido en la edición del texto griego citada en 1).

La traducción de C. J. F. Williams, citada en 2), contiene un importante comentario, y, asimismo, merecen destacarse las notas de la traducción italiana de M. Migliori.

5) LITERATURA CONCERNIENTE AL «GY C» Y ESTUDIOS GENERALES DE INTERÉS :

J. E. BOLZÁN , «Aristóteles, De Generatione et Corruptione 327a6-14», International Studies in Philosophy 8 (1976), 167-171.

H. CHERNISS , Aristotle’s Criticism of Plato and the Academy , Nueva York, 1962.

—, Aristotle’s Criticism of Presocratic Philosophy , Nueva York, 1964.

H. DE LEY , «Aristotle, De gen. et corrup . A 8, 324b35-325b11: A Leucippean Fragment?», Mnemosyne 25 (1972), 56-62.

I. DÜRING , Aristotele , ed. ital. actualiz., Milán, 1976. (Ed. alem., Heidelberg, 1966.)

R. A. HORNE , «Die Chemie des Aristoteles», trad. alem. en Die Naturphilosophie des Aristoteles (col. Wege der Forschung CCXXV), Darmstadt, 1975 (págs. 339-347).

H. R. KING , «Aristotle without Prima Materia», Journal for the History of Ideas 17 (1956), 370-389.

Los Filósofos Presocráticos (vols. I, II y III). Introd., trad. y nn. por C. EGGERS LAN , V. JULIÁ , J. OLIVIERI , E. LA CROCE , A. PORATTI , M. I. SANTA CRUZ y N. CORDERO (Biblioteca Clásica Gredos 12, 24, 28), Madrid, 1978-80.

A. MANSION , Introduction à la physique aristotélicienne , París, 1913 (2.a ed. ampliada, 1945).

P. MORAUX , Les listes anciennes des ouvrages d’Aristote , Lovaina, 1951.

H. M. ROBINSON , «Prime Matter in Aristotle», Phronesis 19 (1974), 168-188.

G. A. SEEK , Über die Elemente in der Kosmologie des Aristoteles , Munich, 1964.

P. SHOREY , «Aristotle On Coming-to-be and Passing-away», Classical Philology 17 (1922), 334-352.

F. SOLMSEN , «Aristotle and Prime Matter: A Reply to H. R. King», Journal for the History of Ideas 19 (1958), 243-252.

—, Aristotle’s System of the Physical World , Itaca, 1960.

W. J. VERDENIUS , J. H. WASZINK , Aristotle on Coming-to-be and Passing-away , Leiden, 1946 (2.a ed. ampliada, Nueva York, 1967).

W. WIELAND , Die aristotelische Physik (2.a ed.), Gotinga, 1970.


1 I. DÜRING , Aristotele , ed. ital., Milán, 1976, págs. 62 y 398. El tratado habría sido objeto de revisión durante el último período ateniense.

2 P. MORAUX , Les listes anciennes des ouvrages d’Aristote , Lovaina, 1951, pág. 7, n. 17.

LIBRO PRIMERO
CAPÍTULO PRIMERO

Y en lo que respecta a la generación y corrupción de [314a ] los entes que se generan y destruyen por naturaleza, debemos distinguir, en todos ellos del mismo modo, sus causas y definiciones; además, hay que determinar qué son el aumento y la alteración, y si acaso debe considerarse que la alteración y la generación poseen una misma naturaleza o bien, por el contrario, son diversas, tal como se diferencian [5] también en los nombres que llevan.

Entre los antiguos, algunos afirman que la así llamada generación «absoluta» 1 es una alteración, mientras que, para otros, alteración y generación son algo diverso. Así, todos aquellos 2 que dicen que el universo es uno, y que hacen generar a todas las cosas de lo Uno, han de afirmar necesariamente que la generación es alteración y que [10] aquello que propiamente se ha generado ha sufrido, en realidad, una alteración.

En cambio, quienes establecen más de un principio material, como Empédocles, Anaxágoras y Leucipo, deben admitir que generación y corrupción son cosas diversas.

Anaxágoras, sin embargo, malentendió su propio lenguaje 3 : manifiesta, por de pronto, que generación y destrucción consisten en lo mismo que la alteración. Sin embargo, [15] afirma que los elementos son muchos, como hacen los otros.

Así Empédocles sostiene que los elementos corpóreos son cuatro —pero el número total, con el agregado de los dos principios motores, llega a seis—, mientras que Anaxágoras, Leucipo y Demócrito los consideran infinitos.

En efecto, Anaxágoras coloca como elementos a los homeómeros 4 , por ejemplo el hueso, la carne, la médula y las restantes cosas cuya parte tiene una relación de sinonimia 5 [20] con el todo. Demócrito y Leucipo, por su parte, expresan que todos los demás cuerpos están compuestos de corpúsculos indivisibles, que estos últimos son infinitos en número y en formas, y que los cuerpos difieren unos de otros en virtud de la posición y ordenación de sus componentes.

Los partidarios de Anaxágoras parecen opinar lo contrario de los partidarios de Empédocles. Este último afirma, [25] en efecto, que el fuego, el agua, el aire y la tierra son los cuatro elementos y que son más simples que la carne, los huesos y los homeómeros de este tipo; en tanto que los partidarios de Anaxágoras consideran elementos y cuerpos simples a los mencionados homeómeros y, en cambio, compuestos a la tierra, al fuego, al agua y al aire, pues éstos son, a su entender, un «total semillero» 6 de [314b ] homeómeros.

Así pues, aquellos que construyen todas las cosas a partir de una unidad, se ven forzados a declarar que la generación y la corrupción son una alteración, pues el sustrato permanece siempre siendo uno y el mismo (y a un proceso tal lo llamamos nosotros «alterarse»).

En cambio, para los que suponen una pluralidad de géneros 〈de elementos〉, la alteración es diferente de la [5] generación, puesto que la generación y la corrupción acontecen por reunión y separación de dichos elementos. Por eso también dice Empédocles en este sentido que

No existe nacimiento de ninguna cosa…

sino solamente mezcla e intercambio de lo mezclado 7 .

Es evidente que la explicación propia de estos pensadores coincide con la hipótesis que asumen, y que se [10] expresan en el mismo sentido. Pero también para ellos será forzoso convenir en que la alteración es algo diverso de la generación, lo que, sin embargo, resulta imposible en virtud de sus doctrinas.

Es fácil comprender que lo que decimos es correcto. Pues del mismo modo que observamos en una cosa —cuya sustancia, empero, permanece en reposo— ese cambio según la magnitud llamado aumento y disminución, así también [15] observamos la alteración. Sin embargo, conforme con las doctrinas de quienes suponen más de un principio, resulta imposible que haya alteración. Ello es porque las afecciones, según las cuales decimos que la alteración tiene lugar, son las diferencias de los elementos, como por ejemplo caliente-frío, blanco-negro, seco-húmedo, blando-duro y todas las demás, tal como también afirma Empédocles:

[20] el sol, brillante a la vista y totalmente cálido ,

y la lluvia, sombría y glacial por encima de todo 8 ;

y de un modo semejante distingue también las restantes afecciones. Por lo tanto, si es imposible que el agua se genere del fuego y la tierra del agua, tampoco será posible que se genere lo negro de lo blanco y lo duro de lo blando (y el mismo razonamiento se aplica a los demás casos). [25] Con todo, en esto precisamente consistía la alteración 9 .

Por ello es evidente que siempre debe suponerse una materia única como base de los contrarios, ya se trate del cambio según el lugar, según el aumento y la disminución, o según la alteración. Por lo demás, materia y alteración resultan igualmente necesarias, una y la otra; pues, si se [315a ] produce la alteración, el sustrato será un elemento único y habrá una materia única común a todas aquellas cosas que se transforman unas en otras; a su vez, si el sustrato es uno, existe alteración.

Empédocles, por cierto, parece entrar en contradicción no sólo con los fenómenos observables 10 , sino también consigo mismo. Así, por un lado, niega que un elemento se genere de otro, sosteniendo, en cambio, que todo lo [5] demás se genera de ellos, pero, al mismo tiempo, tras haber reducido a la unidad toda la realidad natural con excepción del Odio, hace que cada cosa vuelva a generarse a partir de lo Uno.

Por consiguiente, es manifiesto que, procediendo de una cierta unidad y separándose en virtud de ciertas diferencias y afecciones, se generan por un lado el agua, por el otro el fuego, tal como lo manifiesta Empédocles al llamar al [10] sol «brillante y cálido» y a la tierra «pesada y dura» 11 .

Empero, es evidente que, cuando se eliminan estas diferencias (porque pueden eliminarse en cuanto que se han generado), necesariamente la tierra nace del agua y el agua de la tierra, lo mismo que cada uno de los demás elementos, ocurriendo esto no sólo entonces, sino también ahora, al sufrir un cambio en sus afecciones. [15]

Por lo que dice, los elementos pueden reunirse y separarse nuevamente, sobre todo al estar enfrentados todavía el Odio y la Amistad en mutuo combate. Precisamente por esto se generaron antes los elementos a partir de lo Uno: en verdad, pues, el todo era uno sin que existieran el fuego, la tierra y el agua 12 .

Tampoco queda claro si debemos colocar como principio [20] de ellos a lo Uno o a lo múltiple, con lo cual aludo al fuego, la tierra y sus equivalentes. Pues lo Uno es un elemento, en tanto que subyace como materia a partir de la cual se generan la tierra y el fuego a través de una transformación obrada por el movimiento. En cambio, en tanto que lo Uno procede de la composición de los elementos reunidos entre sí —procediendo éstos a su vez de su disolución—, entonces los elementos son más «elementales» [25] que lo Uno y anteriores por naturaleza.