Kitabı oxu: «Las disciplinas de una mujer piadosa»

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LAS DISCIPLINAS DE UNA MUJER PIADOSA

©2015 Segunda edición por Editorial Patmos Miami, Florida, EE. UU.

2000 ejemplares

Todos los derechos reservados

Originalmente publicado en inglés con el título

Disciplines of a Godly Woman

Publicado por Crossway Books, Wheaton, Illinois

© 1991, 2001 R. Barbara Hughes

e-ISBN: 978-1-64691-110-3

Conversión a epub: Cumbuca Studio

CONTENIDO

1  Portada

2  Portadilla

3  Creditos

4  Lista de Menciones 1 La disciplina para una vida piadosa

5  EL ALMA 2 La disciplina del Evangelio La fuente de la piedad 3 La disciplina de la sumisión La postura de la piedad 4 La disciplina de la oración La cuerda de salvamento de la sumisión 5 La disciplina de la adoración La celebración de la sumisión

6  EL CARÁCTER 6 La disciplina de la mente La educación de la sumisión 7 La disciplina de la satisfacción El descanso de la sumisión 8 La disciplina del decoro La conducta de la sumisión 9 La disciplina de la perseverancia El desafío de la sumisión

7  LAS RELACIONES 10 La disciplina de la Iglesia El marco de la sumisión: la familia de Dios 11 La disciplina del celibato El marco de la sumisión: el celibato 12 La disciplina del matrimonio El marco de la sumisión: el matrimonio 13 La disciplina de la crianza Las caricias de la sumisión

8  EL MINISTERIO 14 La disciplina de las buenas obras La industria de la sumisión 15 La disciplina del testimonio El encargo de la sumisión 16 La disciplina de la ofrenda La generosidad de la sumisión

9  LA GRAÇA 17 La gracia de la disciplina La industria de la sumisión

10  RECURSOS A Salmos de alabanza para sus momentos de devoción B Calendario de M´Cheyne para Lecturas Diarias C El testimonio de fe de James y Deby Fellowes

11  Notas

Landmarks

1  Portada

2  Portadilla

3  Creditos

4  Contenido

5  Dedicación

LISTA DE MENCIONES


Les desearía agradecer a las mujeres de la Iglesia College, cuya fe y práctica del Evangelio han sido mi inspiración durante más de veinte años; a nuestros amigos australianos Lois Hagger, Peter y Christine Jensen, Phillip y Helen Jensen, John y Moya Woodhouse, y a John Chapman, cuyas enseñanzas han tenido una profunda influencia en mi vida: ellos son fieles y valientes para el Evangelio; a Annette LaPlaca y Lila Bishop, mis editoras, cuyo buen humor y paciencia han hecho que este libro sea una realidad; a mi hermano Wil y su querida esposa, Lorraine, quienes me animaron persistentemente a «seguir escribiendo a máquina»; a Lane y Ebeth Dennis, por su compromiso a largo tiempo con la publicación cristiana y por su cariñosa amistad; a mi esposo Kent. Los capítulos 4, 5, 6, 10, 15 y 16 son adaptados de su libro Disciplinas de un hombre piadoso, y más allá de eso, sus palabras de instrucción y enseñanza están entretejidas a todo lo largo de las páginas de este libro. Su vida le da validez a la verdad de su enseñanza.

Para mis hijas, Holly, Heather, Tricia, Kristin, y mis nietas

JESUCRISTO ES SEÑOR

I

LA DISCIPLINA PARA UNA VIDA PIADOSA


Ejercítate para la piedad.

I TIMOTEO 4.7

Había estado casada apenas dos años cuando me topé con la lista de oración de mi esposo. Cuando estaba quitando el polvo de su ordenadísimo escritorio, mi propio nombre captó mi atención: estaba justo en el primer lugar de su lista. Junto a mi nombre se encontraban las letras D y O. De inmediato, sentí curiosidad. ¿Qué representaban esas letras? ¿Deliciosa y optimista? ¿Distinguida y obediente? ¿Digna y obsecuente?

No tenía idea alguna de lo que él estaba pensando, y qué es lo que estaba orando por mí. Después de varios días, junté el coraje de preguntarle. Sin dudar un instante, me respondió: « ¡Disciplinada y organizada, por supuesto!» Abrí bien grande la boca, me sonrojé, y grité sin proponérmelo. Mi esposo se sorprendió ante mi asombrosa reacción. Él estaba pensando: ¿Acaso ella no sabe que necesita ayuda en estas áreas? ¿No desea ayuda para ser disciplinada y organizada?

¿La verdad? En esa época yo no estaba conciente de que ésas fueran áreas difíciles para mí. ¿Más verdad? Después de treinta y siete años, aun cuando haya hecho un gran avance, ¡Kent está todavía orando por D y O para su esposa!

Kent y yo hemos descubierto que la disciplina para él no es exactamente lo mismo que la disciplina para mí. Para comenzar, nuestra personalidad es diferente. Mi esposo es una persona madrugadora, y yo me despierto con el noticiero vespertino. Él encuentra su salud mental en lo estructurado: un calendario bien ordenado sin ninguna interrupción inesperada.Yo recibo con agrado las interrupciones y me encantan los visitantes que caen de sorpresa.

Aun así, he descubierto que mientras que mi personalidad espontánea me ayuda a adoptar un horario con mayor flexibilidad, la espontaneidad no es una excusa que pueda utilizar para ignorar la importancia de la disciplina. Y la disciplina es importante para mi vida espiritual. De hecho, es el sendero por medio del cual las buenas nuevas de Cristo le dan un sentido valioso a todos los días de mi vida.

Es posible que la palabra disciplina sea un poco dura para ustedes en este momento, una palabra plena de desafíos y quizás de deberes. Pero estén preparadas para descubrir que la disciplina es su cuerda de salvamento, algo que ustedes aprenderán a abrazar y por la cual le agradecerán a Dios a medida que ustedes crezcan en Él.

LOS EJERCICIOS DE LA VIDA PIADOSA

Hace varios años, cuando tenía un poco más de treinta años y era la mamá muy ocupada y un poco fofa de cuatro niños, una amiga y yo decidimos ponernos en forma y ejercitar un poco de disciplina física. Nos pusimos unas zapatillas de tenis viejitas, unas camisetas un poco raídas y pantalones cortos y salimos a correr alrededor de la manzana. Para nuestra desgracia, apenas pudimos llegar a la primera esquina, y casi nos desmayamos por el esfuerzo. Pero no abandonamos la lucha. Todas las mañanas probábamos nuevamente. El día en que llegamos a la media milla, ¡estábamos tan contentas que celebramos con rosquillas! Los ejercicios de la mañana se alargaron finalmente a tres millas, luego a cinco, y siempre terminaban con el premio: ¡una rosquilla! Nos pusimos en forma, pero no lo tomamos demasiado en serio. Comprendimos que algunas disciplinas son más importantes que otras.

El apóstol Pablo vincula esta idea del entrenamiento o la disciplina necesarios con la vida espiritual. 1 Timoteo 4.7 dice: «Ejercítate para la piedad». Esa palabra ejercítate deriva de la palabra griega muy antigua de la cual obtenemos la palabra española gimnasio. Al llegar a la época del Nuevo Testamento, se refería al ejercicio y entrenamiento en general. En un cierto sentido, Pablo está diciendo: «Hagan gimnasia con el propósito de obtener piedad». Él está pidiendo ejercicios espirituales.

Éste es el ejercicio espiritual que Pablo considera tanto más importante que una carrera matutina alrededor del vecindario. Él agrega: «porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera».

Ahora tengo casi sesenta años; soy la tierna abuela de dieciséis chicos. Ya no salgo más a correr, a pesar de que regularmente trato de aprovechar al máximo mis esporádicos brotes de energía utilizando las pocas piezas de equipo de ejercicio de alta tecnología que están guardadas en nuestro sótano. Cuanto más envejezco, tanto más comprendo las prioridades de ejercicios de Pablo: «Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día» (2 Corintios 4.16).

Como los atletas griegos que ponen a un lado hasta sus vestiduras para evitar todo estorbo, nosotras las mujeres cristianas necesitamos deshacernos de toda asociación, hábito y tendencia que nos impida tener una vida piadosa. El escritor de Hebreos habla sobre el deshacerse de los obstáculos: «Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante» (Hebreos 12.1).

Hay costumbres y pasatiempos que he tenido que abandonar a través de los años. Por ejemplo, yo no podía comenzar mi día sin antes leer las noticias matutinas. Finalmente, me di cuenta de que con regularidad me dirigía al porche de entrada a buscar el periódico antes de agarrar la Palabra de Dios. Parece algo muy simple, un periódico, pero me di cuenta de que tenía que cancelar mi suscripción para poder adquirir una mejor costumbre. He tenido también ideas equivocadas que he tenido que cambiar o reemplazar por la verdad basada en la Palabra de Dios y en su carácter. He tenido que deshacerme de un montón de peso muerto.

¿Qué las está agobiando hoy? Esas cosas se tendrán que ir. Una vez que hayan quitado los obstáculos y estorbos, su llamamiento a capacitarse exige también que ustedes dirijan su energía hacia una vida piadosa. Pablo escribe: «Más bien, golpeo mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo mismo quede descalificado» (1 Corintios 9.27, NVI). ¿Recuerdan la instrucción de Pablo de «ejercitarnos» para la piedad? Apenas unas pocas oraciones más adelante, hace un comentario sobre este mandamiento, diciendo: «por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobio» (1 Timoteo 4.10). En el griego, trabajamos significa «esfuerzo agotador», y sufrimos oprobio es la palabra que nos da «agonizar» en español.

En otras palabras, Pablo no nos está prometiendo un ejercicio fácil y de bajo impacto. Las disciplinas espirituales exigen un compromiso serio y un esfuerzo donde sin dolor no hay beneficio alguno. Los atletas que se entrenan seriamente se someten voluntariamente a muchas horas de disciplina y dolor para poder satisfacer su objetivo: ganar el premio. Muchas mujeres comprenderán esto con toda facilidad en términos físicos, habiendo ya asumido la responsabilidad de entrenar su cuerpo, pasan largas horas en el gimnasio para obtener el precio externo de una figura esbelta. Pero incluso esas mujeres pueden estar descuidando la tarea de aportar la misma disciplina a un alma que se encuentra fláccida.

¿TENEMOS QUE HACERLO?

¿Por qué nosotras, las mujeres cristianas, tenemos que dirigir nuestra atención a las disciplinas que nos capacitarán para la piedad? Primero de todo, porque en el mundo actual y en la iglesia actual, las vidas cristianas disciplinadas son la excepción, no la regla. Algunas personas pueden querer encontrar una excusa diciendo: «Ah, pero eso siempre ha sido así». En realidad, no. Muchos períodos de la historia de la iglesia se han caracterizado por la increíble disciplina de los creyentes. Hoy día, podemos alegar muchas razones por las cuales los cristianos actuales evitan las disciplinas que nos llevan a una vida piadosa. Quizás la enseñanza ha sido escasa. Quizás sea la pereza de los cristianos. Pero una de las razones que más se destaca en nuestra cultura actual es el temor al legalismo.

Seamos realistas: Muchos de nosotros pensamos que las disciplinas cristianas son «vivir la letra de la ley» o una serie de reglas inexorables que nadie puede satisfacer. Tal legalismo nos parece un sendero que nos conduce a la frustración y a la muerte espiritual.

Pero la verdadera disciplina está muy lejos del legalismo, ¡gracias a Dios! La diferencia se encuentra en la motivación: el legalismo es egocéntrico; la disciplina se centra en Dios. El corazón legalista dice: «Haré esto para ganar mérito con Dios». El corazón disciplinado dice: «Haré esto porque amo a Dios y deseo complacerle». El verdadero corazón de la disciplina son las relaciones: una relación con Dios. Las palabras de John Wesley expresan esta relación en una forma hermosa:

O Dios, llena mi alma con tanto amor por ti que yo no pueda amar a nada sino es por ti y en subordinación a tu amor. Dame gracia para estudiar tus enseñanzas cada día para que cuánto más te conozca, tanto más te ame. Crea en mí una obediencia firme a todos tus mandamientos, una paciencia gozosa bajo todos tus escarmientos, y una resignación agradecida a todas tus disposiciones. Deja que lo único importante en mi vida sea glorificarte por medio de cada palabra de mi boca, por medio de cada labor de mis manos, por medio de la profesión de tu verdad, y por medio de la captación de todos los hombres, en lo que a mí me atañe, para que te glorifiquen y te amen.1

Pablo conocía la diferencia entre las motivaciones del legalismo y la disciplina, y peleó contra los legalistas todo a través de Asia Menor, nunca cediendo ni una pulgada. Ahora nos clama: « ¡Ejercítense para ser piadosos!»

¿Cuál es la otra razón por la cual las mujeres cristianas deben volcar su atención a las disciplinas comentadas en este libro? Porque necesitamos abrazar el concepto de que son importantes para vivir una vida piadosa de una manera auténtica: un concepto con el que nos tropezamos, y nos tropezamos bien feo. Una vida cristiana es una cuestión de someter nuestra voluntad a la voluntad de Dios, y la sumisión es un concepto que no está de moda. Abunda la confusión sobre los derechos y los límites, roles y autoridad. Esta confusión entorpece nuestros pensamientos sobre Dios y bloquea nuestro crecimiento espiritual. La única cura es la teología correcta sobre Dios para poder someter cada área de nuestra vida a su voluntad. De modo que cada tema que mencionamos en este libro se encuentra enmarcado en los términos de esta entrega.

Con la Palabra de Dios midiéndome, Dios ha cincelado mi vida, a veces dulcemente, a veces duramente, para darle sustancia a la misma. Dios está aún obrando en mí. Con cada día que pasa, estoy más y más conciente de que el tiempo es breve, y de que aún queda mucho por hacer en mí. Les abro mi corazón y mis pensamientos con la esperanza de que ellos les ayuden a optar por ejercitarse arduamente en vuestra búsqueda de Dios y de la piedad y de que ustedes se sometan a su plan para vuestra vida.

RENUEVEN SU MENTE

¿Qué es la disciplina espiritual, y por qué es tan importante? ¿Qué es lo que por lo general nos impide ejercitar la disciplina espiritual (véase Romanos 3.9-18)? ¿Qué les puede ocasionar a su vida la falta de disciplina espiritual?

Reflexionen en 1 Timoteo 4.7-8 («Ejercítate para la piedad»). ¿Cuál es el sentido literal de ejercítate? ¿Qué les dice esta definición sobre la forma en que debemos encarar la disciplina espiritual?

¿Qué dice Hebreos 12.1 sobre correr la carrera cristiana? ¿Qué les está impidiendo caminar con Dios? ¿Qué hace que se aferren a esas cosas?

¿Existe un precio para la disciplina espiritual? Repasen 1 Corintios 9.25-27. ¿Qué les podría costar una disciplina aún mayor? ¿Están preparadas para pagar el precio?

¿En qué difieren la motivación en el legalismo y la motivación en la disciplina?

EL ALMA


2

LA DISCIPLINA DEL EVANGELIO

La fuente de la piedad


Ejercítate para la piedad.

I TIMOTEO 4.7

Yo soy una evangelista de alma. Me encanta interactuar con la gente que no tiene ni idea del mensaje de la Biblia. Es increíble observar la luz que aparece en los ojos del no creyente que de golpe comienza a comprender la verdad, y me siento decepcionada si una persona cierra la puerta a toda discusión o debate. ¿Por qué me entusiasma tanto el Evangelio? Porque revela el plan amoroso de Dios para este mundo y para la humanidad: hombres, mujeres y niños. Son las buenas nuevas, las mejores noticias que podríamos recibir jamás. Cuando una persona comprende el amor de Dios en Jesucristo, su vida cobra finalmente sentido.

¿Recuerdan el momento en que comprendieron por primera vez el Evangelio? Todos los días, las buenas nuevas del Evangelio le son reveladas a alguien a su alrededor. Hace siete años atrás, Dios le estaba manifestando sus buenas nuevas a una joven que regularmente nos servía una taza de café, a Kent y a mí, en un café de la zona llamado Starbucks. A mi esposo y a mí nos gustaba ir caminando a este café, no sólo porque servían un magnífico capuchino, sino porque Stacey se encontraba detrás del mostrador. Ella era una pelirroja llena de vida, quien hacía que la compra de un café fuera toda una experiencia. Aun antes de ingerir la cafeína, uno ya se sentía mejor porque Stacey tomaba el pedido.

Debido al hecho de que ella aparentaba estar siempre tan contenta, uno nunca se hubiera podido imaginar que estaba involucrada en un devastador divorcio y una batalla por la custodia de sus hijos. Sin embargo, alguien lo sabía: una ex vecina, una cristiana que ahora vivía en una ciudad alejada. Como estaba preocupada por Stacey, la animó a que visitara su iglesia.

Unas semanas después, Stacey, sola y algo indecisa, vino a la iglesia College por primera vez. Cuando el personal pastoral caminó hacia la plataforma para comenzar el servicio, Stacey reaccionó. ¿Qué está haciendo ese «señor simpático» que viene a Starbucks con su esposa en la plataforma? Cuando ese «señor simpático» se puso de pie para orar y predicar, ella escuchó como nunca lo había hecho antes.

A la mañana siguiente, Stacey nos saludó con aún mayor energía que la usual. Nos contó sobre la sorpresa que se llevó cuando descubrió que mi esposo era un pastor. Nos preguntó si yo me podría reunir con ella, ya que tenía preguntas acerca de la Biblia. Estábamos contentísimos.

La ex vecina de Stacey nos llamó para decirnos que ella estaría orando por nosotros. Mucho tiempo antes de que la conociéramos a Stacey, Dios ya había estado obrando en su vida para prepararla. Ella estaba lista para escuchar las buenas nuevas del Evangelio y recibir a Cristo como su Salvador.Y así lo hizo.

Con su conversión, Stacey comenzó una nueva forma de vida. Su fe en las buenas nuevas del Evangelio se ha convertido en el centro de su vida. Ella es una devota estudiante de la Palabra de Dios. Su talento como mamá refleja su deseo de ayudar a que sus hijos crezcan en piedad. Después de su compromiso con su familia, lo que más valora Stacey es su ministerio a los estudiantes de la escuela intermedia. ¡Ella halló vida misma en el Evangelio!

Pero no todas las personas que profesan ser cristianas atesoran el Evangelio con el mismo entusiasmo y tenacidad. Para algunos, el cristianismo es sólo una parte de sus atareadas vidas. Tienen sus empleos, sus grupos de autoayuda en el YMCA, sus horas de gimnasia, ah, y su vida espiritual también. Otros ven a su experiencia cristiana como un recuerdo: «el día que dije ‘la oración’ o ‘me acerqué al altar’ o ‘me uní a la iglesia’».

Para muchos, el cristianismo es un boleto al paraíso. Ellos desean la garantía de que todo va a estar bien cuando se mueran, pero no desean tomarlo con demasiada seriedad ahora.

Muchas familias acoplan al cristianismo como una parte del paquete de su estilo de vida. Disfrutan la atmósfera íntegra que brinda la iglesia, la buena enseñanza moral para los niños, las cenas en conjunto, y las reuniones de mujeres.

Ninguna de estas últimas opiniones sobre el Evangelio es lo real; ninguna ve al Evangelio como lo revela la Biblia. El Evangelio de Jesucristo es implacable en su búsqueda de convertir a todas las áreas de nuestro corazón y de nuestra vida. El Evangelio lo abarca todo. Es en realidad la única fuente para una vida piadosa. Busquen en todas partes, y no tendrán más que, con suerte, autoreforma y, con mala suerte, idolatría.

¿Desean ser mujeres piadosas? Dado que intentamos discutir las muchas, muchas áreas de la vida de una mujer que son moldeadas e informadas por el Evangelio, ¡debemos saber lo que es este Evangelio y creerlo! Luego, como nuestra amiga Stacey, debemos estar preparadas para convertirlo en el centro de nuestra vida.

¿QUÉ ES EL EVANGELIO?

Recientemente, un grupo diverso de mujeres de nuestra iglesia (jóvenes y mayores, casadas y solteras, viudas y divorciadas) se reunieron para estudiar cómo influye la fe en el Evangelio a la forma en que vivimos. En la primera sesión, les pedí que escribieran una respuesta clara a la pregunta: «¿Qué es el Evangelio?»

Sencillo, ¿verdad? La respuesta debería caerse de nuestros labios como el abecedario. ¡No! Todas estas mujeres creyentes y piadosas tuvieron dificultad para componer una definición clara y sucinta del Evangelio. ¡Fuimos humilladas! Algunas mujeres escribieron páginas enteras describiendo cómo convertirse al cristianismo. Otras describieron técnicas de evangelización. Algunas enumeraron los beneficios del Evangelio. El Evangelio en sí se perdió en esa gran neblina de palabras.

Cuando les preguntamos a la gente cómo saben que son cristianos, a menudo contestan: «Porque lo acepté» u «oré» o «caminé hacia el frente». ¿Notan el uso del «yo»? Todas estas respuestas le dan preeminencia a lo que la persona ha hecho. Esa es la raíz de la confusión general acerca del Evangelio. ¡El Evangelio trata sobre lo que Dios ha hecho!

El cristianismo es la única religión en la cual la salvación no puede ser ganada. Los cristianos saben que nuestra salvación fue alcanzada por medio de lo que Dios solo ha hecho, no por lo que hemos hecho nosotros. Ésta es la verdad que Jesús gritaba desde la cruz: «Consumado es» (Juan 19.30).

El Evangelio de Dios

El Evangelio le pertenece a Dios. Es su Evangelio.2 De una tapa a la otra, la Biblia trata sobre el Evangelio de Dios. Fue su idea y su plan: «Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones» (Gálatas 3.8).

La Biblia, comenzando en Génesis, revela el plan de Dios de restaurarnos a lo que habíamos sido creados a ser: un pueblo hecho a su imagen, viviendo con gozo bajo su reinado de amor y su bendición. No obstante, aun cuando nos salva, «el Evangelio no es principalmente acerca del hombre y sus necesidades, a pesar de no estas cosas no dejan de ser importantes ni tampoco dejan de relacionarse entre sí».3 Por bueno que suene, un evangelio centrado en el ser humano no es el Evangelio de Dios. Un evangelio que se concentre principalmente en las necesidades o la culpa o los sentimientos o los deseos del ser humano no es el Evangelio de Dios. El Evangelio de Dios son noticias asombrosas sobre lo que su hijo Jesucristo ha logrado en la cruz. Trata acerca de lo que Dios ha hecho.

Cristo crucificado... De acuerdo a las Escrituras

Jesucristo es la figura central del Evangelio de Dios. Nuestro grupo de estudio llegó a la conclusión de que la explicación de Pablo del Evangelio en 1 Corintios 15.1-4 es el texto fundamental: «Ahora, hermanos, quiero recordarles el evangelio que les prediqué, el mismo que recibieron y en el cual se mantienen firmes. Mediante este evangelio son salvos, si se aferran a la palabra que les prediqué. De otro modo, habrán creído en vano. Porque ante todo les transmití a ustedes lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado, que resucitó al tercer día según las Escrituras» (NVI, énfasis de la autora).

Pablo lo mantiene todo muy sencillo: Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos. Luego agrega, ¡dos veces!, una frase muy importante pero que es a menudo pasada por alto: «según las Escrituras». En otras palabras, el Antiguo Testamento es la fuente y ratificación de este Evangelio y de este Cristo.

Al señalarnos las Escrituras del Antiguo Testamento, Pablo nos está diciendo que Jesucristo no vino en un vacío: un acontecimiento sin ninguna relación con el pasado o el futuro. Él vino como la culminación y cumplimiento del magnífico plan de Dios en la historia según es revelada en el Antiguo Testamento. Esa es la razón por la cual Pablo declara: «Todas las promesas que ha hecho Dios son ‘sí’ en Cristo» (2 Corintios 1.20, NVI). ¡Jesucristo es el «sí» profético a todas las promesas del Evangelio en la Biblia desde el Génesis al Apocalipsis! La primera insinuación de esta verdad fue revelada en el jardín del Edén donde Dios prometió que un descendiente de la mujer aplastaría la cabeza de Satanás (Génesis 3.15).

Cristo mismo se refirió también a las Escrituras del Antiguo Testamento para explicar el Evangelio a los discípulos desalentados que caminaban por el camino a Emaús después de su resurrección. Los reprendió con estas palabras: « ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían» (Lucas 24.25-27).

¡Qué «estudio bíblico» debe haber sido ese! Cristo, en forma sistemática, los llevó a través de todo el Antiguo Testamento, explicando su muerte y su resurrección como el cumplimiento de sus promesas proféticas.

Pedro comprueba ese mismo punto importante sobre el lugar de Cristo en el centro de la verdad de las Escrituras: «Los profetas, que anunciaron la gracia reservada para ustedes, estudiaron y observaron esta salvación. Querían descubrir a qué tiempo y a cuáles circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando testificó de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y de la gloria que vendría después de éstos. A ellos se les reveló que no se estaban sirviendo a sí mismos, sino que les servían a ustedes. Hablaban de las cosas que ahora les han anunciado los que les predicaron el evangelio por medio del Espíritu Santo enviado del cielo. Aun los mismos ángeles anhelan contemplar esas cosas» (1 Pedro 1.10-12, NVI, énfasis de la autora). ¿Lo vieron? Los profetas del Antiguo Testamento nos estaban sirviendo a nosotros. ¡A ustedes y a mí!

Isaías, Jeremías, Daniel, David, y todo el resto de los profetas escribieron sus libros para que nosotros que vivimos de este lado de la cruz podamos reconocer a Jesús como el Cristo, el único y verdadero Mesías, quien es el único que tiene las palabras de vida: el Evangelio. ¡Ellos escribieron para nuestro beneficio! De modo que escuchen esto: «Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza» (Romanos 15.4, énfasis de la autora).

¿Por qué tanto énfasis en esto? Porque como dijo Pablo, si creemos en cualquier otro evangelio, hemos creído en vano. En el día cuando todo (incluyendo la teología) se decide por voto popular, qué sencillo es creer en otro evangelio. Qué fácil es darle forma a nuestro dios según lo que pensamos que debería ser y no permitir que las Escrituras en su integridad lo definan.

Algunos hombres se acercaron a Jesús y le hicieron esta pregunta: «¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado» (Juan 6.28-29, énfasis de la autora).

A nosotros nos corresponde creer. Sin embargo, debemos creer en este Jesús: el Cristo que Dios ha revelado en las Sagradas Escrituras y no uno que pertenezca a nuestra propia imaginación. Aquí les debo preguntar: ¿En qué evangelio creen ustedes? ¿Es vuestro Jesús un mesías definido por vuestra propia imaginación o el Mesías prometido definido por las Escrituras? ¡El Jesús de la Biblia es totalmente maravilloso! Y su Evangelio es el único camino que nos conduce a la piedad.

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado. (Romanos 10.9-11)

Es posible que ustedes no hayan aún comprendido totalmente el Evangelio. Para estar segura de que lo han hecho, he incluido «Dos maneras de vivir» al final de este capítulo. Es la explicación más clara del Evangelio que se pueda obtener hoy día. Si ustedes no están seguras de vuestro estado espiritual, léanlo y háganlo ahora mismo, antes de continuar.

BUENAS NUEVAS

William Tyndale, el mártir que nos dio la Biblia en inglés, escribió que evangelio viene de una palabra que «significa noticias buenas, alegres, jubilosas, gozosas, que hacen que el corazón de un hombre esté feliz, y lo hacen cantar, bailar y brincar de júbilo».4

Una joven en el grupo de solteros de la iglesia descubrió el gozo que proviene de ver a Cristo a la luz del Antiguo Testamento. Michelle creció yendo a la iglesia. Ella conocía «las respuestas de la Escuela dominical». Le habían enseñado que Jesús murió por sus pecados, pero ella sentía que era bastante buena persona y que sólo pecaba muy de vez en cuando. Como adulta, Michelle comenzó a estar más y más conciente de su pecaminosidad. No era la persona buena que ella pensaba que era.

Un domingo a la noche, cuando el pastor analizaba paso a paso la historia de Israel, relató cómo Dios había concertado un pacto con Israel, les había dado su Ley, y había establecido el sacrificio de animales como expiación de pecados cuando la gente desobedecía. El pastor planteó la siguiente pregunta: «¿Cómo ha de habitar un Dios santo con un pueblo pecaminoso?»

Michelle recuerda: «Comencé a darme cuenta de que a causa de mi pecado, yo no podía acercarme a un Dios santo por mi propia cuenta».En ese punto, el pastor explicó que Jesucristo vino a satisfacer la Ley y los profetas y citó 2 Corintios 5.21: «Al que no cometió pecado alguno [Jesús], por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios» (NVI).

Esa noche, Michelle comprendió por primera vez que «no era una observadora pasiva de la muerte de Jesús. Era una participante activa en su muerte. Mis pecados eran los clavos que le atravesaban sus manos y sus pies y las espinas que le oprimían su frente. Sólo en Jesús puedo ser justa. Ese domingo, yo deseaba treparme a lo más alto del techo y gritar: ‘¡Fui perdonada!’».

«De acuerdo con las Escrituras», Michelle comprendió el Evangelio como nunca antes lo había hecho, y ahora éste podía estar en el centro de su corazón, sus relaciones y sus decisiones.

EL EVANGELIO ES TODO

De manera que, como pueden ver, el Evangelio no es simplemente una cosa más que ustedes planean en sus agendas o en el almanaque de la cocina. El Evangelio le da forma a todo lo que nos atañe. La disciplina del Evangelio es acercarnos a Dios en sus propios términos. Eso es de lo que trata este libro. Como mujeres que entendemos y abrazamos el Evangelio, encontramos que la Palabra de Dios es tan dinámica que de inmediato nos define, nos satisface y nos motiva.

El Evangelio nos define

Cuando volvemos a nacer, nuestra vida comienza a cobrar sentido. Dentro de las páginas de las Escrituras, encontramos la bendita respuesta a la antigua pregunta: «¿Quién soy yo?» Comenzando en las páginas de apertura de la Biblia, aprendemos que somos hechos a la imagen de Dios. Aprendemos también que como mujeres, somos hechas claramente mujeres y no hombres. Más importante aún, descubrimos que poseemos un gran valor ante Dios, según fue demostrado por la muerte de Cristo en la cruz. Por lo tanto, el Evangelio no sólo aporta dignidad y valor a nuestra humanidad, sino que le brinda propósito y significado a las distinciones de sexo.

Aprendemos además que somos pecadores. Génesis 3 registra la decisión de Adán y Eva juntos de rebelarse contra el buen plan de Dios, trayendo pecado y muerte a toda la humanidad (Génesis 3; Isaías 53.6; Romanos 3.23). Descubrimos que podemos ser salvos de la ira de Dios contra toda iniquidad (Romanos 6.23; Efesios 2.3-9) .Vemos que nos podemos convertir en hijos de Dios y miembros de su familia, la iglesia (Juan 1.12; 3.5-8; Marcos 3.31-35). Por último, participamos con todos los santos a favor del Evangelio (Filipenses 1.1-6; 2.14-15). Las disciplinas que trataremos en este libro están informadas por estas realidades.

Aparte de los ángeles, quienes no fueron creados a la imagen de Dios, somos los únicos seres en el universo que pueden oír la Palabra de Dios y responder a ella. Génesis revela que lo primero que hizo Dios después de la creación de Adán y Eva fue hablarles. ¡Ustedes y yo podemos escuchar la Palabra de Dios! Debido a que fuimos creadas a su imagen, nuestra alma tiene un sentido moral que puede responder a su Palabra en obediencia, por medio de la gracia de Dios. Mujeres, ustedes llevan la imagen de Dios y son seres espirituales complejos que pueden escuchar a Dios hablar y, por medio de su gracia, ¡responder!

El Evangelio nos motiva

El Evangelio nos motiva; nos da un propósito en la vida: «Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él» (Colosenses 3.17).

Las Escrituras nos muestran dónde cabemos dentro del plan de Dios para el mundo y nos detallan lo que debemos hacer con nuestra vida. La Biblia es el manual de instrucciones para colocar a nuestra vida bajo la disciplina del Evangelio. A medida que avanzamos, observaremos la labor que se nos ha dado de difundir las buenas nuevas, de ser parte de la familia de Dios, de ser responsables de alimentar a otros y de servir a los pobres y desvalidos. El Evangelio le da forma a todos los aspectos de nuestra vida como mujeres solteras o casadas. El Evangelio le da significado a todo lo que hacemos, porque como mujeres del Evangelio estamos haciendo todo en el nombre del Señor Jesús. Si sólo se pueden acordar de una cosa de este libro, recuerden que el Evangelio es el fundamento para todo lo que ustedes son y hacen.

El Evangelio nos satisface

María Antonieta es famosa por su declaración desalmada a la gente hambrienta de Francia que carecía de pan: «Que coman pasteles». Esta misma reina, rodeada por un mobiliario exquisito, ropas extravagantes, comida abundante y exótica, y sirvientes para satisfacer cada uno de sus deseos, también dijo con desesperación: «Nada tiene sabor». No es sorprendente que no pudiera encontrar ninguna satisfacción en sus posesiones materiales, pero es trágico verdaderamente para aquellos que declaran tener fe en el Evangelio que busquen en otros lados esa satisfacción. Como esposa de pastor, he tenido que escuchar a menudo el anhelo de mujeres cristianas que me decían que deseaban algo que no poseían. En su búsqueda para encontrar lo que les faltaba, ellas disminuían y aun rechazaban con toda indiferencia lo que habían dado por sentado: el conocimiento de Dios y sus provisiones misericordiosas que se descubren en las páginas de las Escrituras.

Ésta es la verdad del Evangelio: «Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y potencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda» (2 Pedro 1.3, NVI, énfasis de la autora). ¡La provisión de Dios para sus hijos es asombrosa! ¡Tenemos todo lo que necesitamos! ¿Creen ustedes eso?

No tengan dudas de que el simple Evangelio tenga todo lo que necesitan y aún más. Jesús le dijo a la mujer junto al pozo de agua: «Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás» (Juan 4.13).Y nuevamente en el último día de la fiesta de los tabernáculos, Él declara que Él es la fuente de toda satisfacción: «En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (Juan 7.37-38).

LAS MEJORES NOTICIAS

A pesar de que todos llevamos la noble imagen de Dios, descubrimos que caemos una y otra vez en egocentrismo, envidia, codicia, rebeldía, lujuria, o explotación de los demás, y aún cosas peores.Y esa es exactamente la razón por la cual el Evangelio es una noticia tan buena. Ahora mismo, hoy, cada uno de nosotros podemos escuchar la Palabra de Dios y responder por medio de su gracia. Podemos pensar los pensamientos de Dios tal como Él los ha revelado. Podemos hacer las obras de Dios. Podemos complacerle, y estar complacidos con Él. Podemos estar satisfechos, de la misma manera que lo estuvo Cristo, viviendo en obediencia a la Palabra de Dios y su voluntad.

Nunca me olvidaré el día, hace quince años, cuando una joven llamada Carol, que había recibido a Cristo como su Salvador apenas unas pocas semanas antes, vino al estudio bíblico por segunda vez. Se sentó, sosteniendo una Biblia prestada en sus manos, en un círculo de mujeres muy bien versadas en las Escrituras. Carol escuchó en silencio mientras que las demás mujeres respondían a las preguntas del estudio.

Cuando hubo un paréntesis en la conversación, Carol dijo con gran entusiasmo: « ¡Anoche encontré el versículo más maravilloso!» Todas aquellas mujeres cristianas dirigieron su atención a esta creyente nuevita. Lentamente y con reverencia, ella comenzó a leer: «Porque... tanto amó... Dios... al mundo, que dio... a su Hijo... unigénito... para que todo... el que cree... en él... no se pierda... sino que tenga vida eterna».

Se podía palpar el silencio en la habitación. Ella estaba leyendo Juan 3.16 — un versículo que muchos memorizan desde la niñez y que lo pueden repetir como loros en segundos— como debería ser leído: como si cada palabra fuera un verdadero tesoro. Alrededor del círculo, comenzaron a centellear los ojos de las presentes a medida que la admiración de Carol por el Evangelio ponía al descubierto la vergüenza de aquellas de nosotras cuyos sentidos se habían insensibilizado a la maravilla del mismo.

¡Nunca pierdan su asombro frente al Evangelio! Nunca piensen que lo han superado. Juan 3.16 es no sólo el resumen hermoso de lo que Dios ha hecho, sino que es también la base para una forma de vida. Debería ser el verdadero centro de nuestro vivir: definiéndonos, motivándonos y satisfaciéndonos. El Evangelio es la disciplina principal y la más importante de una mujer, porque es la fuente de la vida piadosa.

RENUEVEN SU MENTE

¿Cuándo comprendieron y aceptaron el Evangelio de Cristo por primera vez? ¿Qué efectos inmediatos produjo en su vida y en sus elecciones?

¿Por qué debe el Evangelio ser el centro de su vida? ¿Se ha deslizado el Evangelio de lo más alto de su lista de prioridades? ¿Cómo harán que vuelva a ser lo más importante en su pensamiento nuevamente?

¿Cómo lo define el Evangelio al cristiano (véanse Génesis 1-3; Romanos 3.23; Romanos 6.23; Juan 1.12; Efesios 4-5)?

¿Cómo lo motiva el Evangelio al cristiano (Colosenses 3.17)?

¿Cuál es la verdad maravillosa y satisfactoria del Evangelio que encontramos en 2 Pedro 1.3? ¿Qué piensan actualmente que «necesitan» para «la vida y la piedad»? ¿Cómo pueden reclamar estas promesas para ustedes mismas?

DOS MANERAS DE VIVIR: UNA MIRADA BREVE AL MENSAJE DEL CRISTIANISMO5

¿De qué trata el Evangelio? ¿Qué significa ser un cristiano? La mayoría de las personas tienen sus propias ideas sobre estas preguntas, pero al final, las ideas de Dios son las que valen. ¿Qué dice Él sobre lo que es realmente el Evangelio? Eso es lo que estaremos viendo en este breve estudio: la definición de Dios del cristianismo tal como Él lo explica en detalle en la Biblia. Hay seis puntos básicos.

1.Dios: el Gobernante y Creador bondadoso

Dios es el gobernante bondadoso del mundo. Él lo creó, y Él nos creó a nosotros para que gobernemos y cuidemos al mundo, bajo su autoridad.

Encuentre Apocalipsis 4.11 en una Biblia (el Apocalipsis está justo al final). Léalo y luego intente escribir las respuestas a las siguientes preguntas de lo que ha leído.

a. ¿Por qué deberíamos honrar y alabar a Dios?

b. ¿Existe algo en la creación que no dependa de la voluntad de Dios? Explique.

c. ¿Qué actitud deberíamos tener frente a un Dios semejante?

2.La humanidad en rebelión

Sin embargo, cuando observamos al mundo, vemos que las cosas no son como deberían ser. Esto se debe a que hemos rechazado a Dios como nuestro gobernante, tratando de manejar nuestra vida sin Él. ¿Hemos hecho un buen trabajo manejándonos a nosotros mismos, nuestra sociedad y nuestro mundo? Respalde su respuesta con ejemplos.

Ahora lea Romanos 3.10-13 de la Biblia.

a. De acuerdo con este pasaje, ¿cuántas personas justas hay allí?

b. ¿Cuántas personas buscan realmente a Dios?

c. ¿Cuántas personas se han apartado del gobierno bondadoso de Dios?

Note esto con cuidado: Algunas personas se rebelan calladamente, simplemente ignorando a Dios. Otros se rebelan en una forma más evidente, realizando cosas que todos reconocen como pecaminosas. Pero de una u otra forma, es rebelión en contra de Dios. La verdadera pregunta es: ¿Qué hará Dios al respecto? Averigüemos.

3.Dios no va a permitir que las personas continúen rebelándose eternamente.

Dios se preocupa lo suficiente de nosotros como para tomar nuestra rebelión en serio y para llamarnos a rendir cuentas.

Lea Hebreos 9.27.

a. ¿Qué nos depara a todos el futuro?

b. ¿Qué debemos todos enfrentar después de la muerte?

El castigo de Dios por la rebelión es muerte y juicio. Esto puede sonar muy duro y muchas personas no desean creer que a Dios le pueda importar tanto nuestra rebelión. Pero la justicia no es justicia a menos que tenga en cuenta al pecado. Es simplemente incorrecto hacerse el ciego para no ver.

Las malas noticias son verdaderamente malas, pero las buenas noticias son maravillosas. Dios ha provisto un remedio para esta posición desastrosa en la cual nos encontramos.

4.Jesús: el hombre que muere por los rebeldes

Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo al mundo: Jesucristo. Jesús le obedeció a Dios completamente. Era la única persona que no merecía castigo alguno. Él vivió una vida maravillosa de entrega sin egoísmo, con verdad e integridad. No obstante, fue ejecutado como un criminal común y corriente. Al morir en la cruz, Él, el Hombre perfecto, tomó nuestro castigo sobre sí y nos brindó un perdón sin costo alguno.

Lea 1 Pedro 3.18.

a. ¿Por qué murió Cristo?

b. ¿Quién es la persona justa mencionada aquí? ¿Quiénes son los injustos?

c. ¿Cuál de estos dos términos lo describe a usted?

d. ¿Qué puede hacer la muerte de Cristo por usted?

La muerte de Jesús no es el final de la historia. Antes de morir, Jesús dijo que regresaría de la tumba después de tres días. En ese momento, nadie le creyó. Pero luego...

5. Jesús: el Gobernante resucitado

Dios aceptó la muerte de Jesús como pago en su totalidad por nuestros pecados y lo resucitó de entre los muertos. El Jesús resucitado es ahora lo que la humanidad siempre se supuso que fúera: el gobernante de Dios del mundo. Jesús ha conquistado la muerte y nos brinda ahora nueva vida a nosotros . Un día regresará ajuzgar el mundo.

Lea Filipenses 2.9-11.

a. ¿Qué lugar le ha otorgado Dios a Jesús?

b. ¿Qué actitud deberíamos tener hacia Jesús?

c. Ya sea por elección o no, ¿quién va a finalmente postrarse frente a la autoridad de Jesús?

Al resucitar de los muertos, Jesús comprobó una vez para siempre que todo lo que Él llevó a cabo tiene realmente todo el poder y la autoridad que reclamó tener como el Hijo de Dios. Eso nos da sólo dos opciones...

6.Las dos maneras de vivir

Nuestra manera

Rechazar a Dios como gobernante

Tratar de manejar nuestra vida a nuestra manera

Resultado

•Condenado por Dios

•Enfrentado a la muerte y el juicio

La nueva manera de Dios

Someternos a Jesús como Señor

Confiar en la muerte y la resurrección de Jesús

Resultado

•Perdonado por Dios

•Recibimos vida eterna

Lea Juan 3.36.

a. ¿Qué dos clases de personas se describen aquí?

b. ¿Qué debe hacer usted para tener vida eterna?

c. ¿Por qué razón permanecería el enojo (ira) de Dios sobre ciertas personas?

d. ¿Cuál de estas dos opciones es la manera en que usted desea vivir?

¿Qué debería hacer yo a continuación?

Quizás desee pensar más acerca de las verdades que hemos cubierto en este breve estudio. Lo puede conocer mejor a Jesús leyendo el Evangelio de Marcos.

Sin embargo, si usted sabe que está listo para dar su vida a Dios sometiéndose al gobierno de Jesús, debería orar una sencilla oración en sus propias palabras. Pida a Dios que lo perdone por haberlo ignorado y haberse rebelado. Pídale su ayuda para permitir que Jesús maneje su vida y para confiar en su muerte para perdón y vida eterna.

De aquí en adelante, es cuestión de vivir su nueva manera de vida un día a la vez, pero ya no estará solo. Dios estará siempre con usted. Él seguirá hablándole (cuando lea la Biblia); Él seguirá escuchándole y ayudándolo (cuando le ore); Él le ayudará a cambiar y a vivir a su manera (por medio de su Espíritu que mora en usted); y Él le proporcionará hermanos y hermanas que lo animen en el camino (cuando se reúna con otros cristianos).

3

LA DISCIPLINA DE LA SUMISIÓN

La postura de la piedad


Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor.

FILIPENSES 2.10-11

Me produce una gran tristeza el hecho de que «la palabra S» haya sido eliminada tan por completo de nuestro vocabulario cultural. No es por supuesto sorprendente que las feministas prefieran evitar la idea de la sumisión, pero este término se encuentra curiosamente ausente de las conversaciones en las reuniones de la iglesia y en las clases de escuela dominical, así como en los lugares de trabajo profesionales.

Casi de un día al otro, lo que alguna vez se atesoró como virtud cristiana se ha convertido en algo ofensivo, algo para desechar. Durante la década de los sesenta, cuando Betty Friedan le presentó al mundo The Feminine Mystique (La mística femenina), un movimiento comenzó a sacudir a los Estados Unidos y al mundo. Friedan dijo: «Apenas ha comenzado la búsqueda de las mujeres de sí mismas. Pero está llegando el momento en que las voces de la mística femenina no pueden ahogar la voz interior que está impulsando a las mujeres a ser completas».6 Varios otros libros publicados durante la década de los setenta encasillaron la palabra sumisión con el sentido del consentimiento de las mujeres al dominio de los hombres. Luego, a medida que el feminismo comenzó a infiltrarse en la iglesia evangélica, la idea de la sumisión pasó a ser algo ofensivo para las mujeres cristianas en vez de ser algo primordial a su identidad como hijas de Dios.

Esto presenta un grave problema para las mujeres que desean vivir vidas piadosas. La ideología feminista no puede tener el lugar más importante en su vida. La Dra. Kirsten Birkett señala las razones por qué en su libro The Essence of Feminism (La esencia del feminismo): «El feminismo es un movimiento egoísta, sin ninguna filosofía sostenible, una historia fabricada, y una moralidad incoherente. No aporta ninguna libertad ni satisfacción a las mujeres, y no corregirá injusticias».7

Todos los creyentes, tanto hombres como mujeres, son llamados a someterse voluntariamente y con gozo a lo que conocemos y confiamos acerca de Dios: que Él desea que vivamos una vida de bendición. Esa vida de bendición se encuentra en nuestra sumisión al reinado de amor de Dios y a su orden en este mundo. De modo que la sumisión es el sendero que nos conduce a la bendición.

¿QUÉ ES LA SUMISIÓN?

¿Qué piensan que es la sumisión? Algunas personas piensan correctamente que la sumisión involucra actuar en forma amable y considerada hacia los demás, pero lo más frecuente es que se vea a la sumisión como algo degradante o denigrante.

Muchos cristianos están algo confundidos y piensan que la sumisión tiene algo que ver con el matrimonio y la relación de la mujer con su esposo (lo cual es cierto), o quizás con el rol de una mujer en la iglesia (lo cual también es cierto). Pero el llamado a la sumisión es mucho más extenso que estos usos reducidos.

La sumisión es ceder a la autoridad de otro. El predicador puritano Jeremiah Burroughs escribió: «Mantener debajo, eso es someterse. El Alma se puede someter a Dios en el momento en que puede colocarse bajo el poder y la autoridad y el dominio que Dios tiene sobre ella».8

La sumisión al gobierno amoroso de Dios

Por supuesto que la autoridad a la que debemos ceder es la autoridad de Dios. El Evangelio revela la verdad que Jesús es Señor. Los cristianos lo sabemos. Esta frase nos ha servido incluso como calcomanía para colocar en la defensa de nuestros automóviles. Pero lejos de ser trivial, estas palabras expresan laesencia misma del Evangelio. El arzobispo de Sydney, Peter Jensen, lo dijo así en su At the Heart of the Universe (En el corazón del universo):

Existía una diferencia monumental entre Jesús y los demás profetas de la Biblia. No sólo que Jesús trajo un mensaje de Dios; él mismo era el principal contenido del mensaje que había traído. Él anunció el reino y reveló que él era su Rey. Los profetas apuntaban a Cristo; él aceptó el testimonio de ellos. Él mismo era la luz del mundo, el pan de vida, el que da agua viva, la perfecta revelación de Dios, inigualable e insuperable. «El que me ha visto a mí», dijo Jesús a sus asombrados discípulos, «ha visto al Padre» (Juan 14.9). No hemos de sorprendernos pues que cuando estos discípulos comenzaron a predicar después de la muerte y resurrección de Jesús, su mensaje se redujo a: «Jesucristo es Señor».9

Pedro predicó el señorío de Cristo ante una multitud en Jerusalén después de Pentecostés: «Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo» (Hechos 2.36).

Pablo escribió sobre el señorío de Cristo en sus cartas a las iglesias:

Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2.8-11)

Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. (Efesios 1.9-10)

El mensaje de la Biblia es claro: ¡Jesucristo es Señor! Es un hecho. La clave para ser una mujer piadosa es colocar nuestra vida en completa sumisión a su voluntad en todo. Es también el sendero que nos conduce al gozo.

Jesús, nuestro Señor, es una clase diferente de rey, y nos sometemos a Él, en parte, conformando nuestras vidas según su ejemplo. Como Señor, Jesús se comportó en una forma que era diferente a todo rey que haya conocido jamás el mundo. En vez de asumir una postura orgullosa de dominio, Jesús se humilló a sí mismo. En el Aposento Alto, poco tiempo antes de su crucifixión, Jesús aplacó una discusión entre sus discípulos sobre quién de ellos era el más importante, llevando a cabo algo asombroso: «Sabía Jesús que el Padre había puesto todas las cosas bajo su dominio, y que había salido de Dios y a él volvía; así que se levantó de la mesa, se quitó el manto y se ató una toalla a la cintura... y comenzó a lavarles los pies a sus discípulos» (Juan 13.3-5).

Según este pasaje, vemos queJesucristo no tenía ninguna crisis de identidad. Él sabía exactamente quién era. Sabía que todo el poder le pertenecía a él. Sabía de dónde venía y a dónde se dirigía, y sabía cuál era su propósito sobre la tierra. Su humildad en ese día y a través de toda su vida provenía de esa confianza.

El Evangelio nos da esa misma confianza. Como hijas de Dios, nosotras también sabemos de dónde venimos y hacia dónde nos dirigimos. Como Cristo, sabemos también lo que poseemos. Es el amor de Dios que nos motiva a seguir el ejemplo de Cristo y que nos permite liberar el control de nuestros planes para nuestra vida, colocándonos cada día completamente bajo el gobierno amoroso de Dios. John Wesley conocía esta verdad y oraba:

Toma Tú la total posesión de mi corazón. Levanta allí tu trono, y da allí órdenes como lo haces en el cielo. Habiendo sido creado por ti, permíteme vivir para ti. Habiendo sido creado para ti, permíteme siempre actuar para tu gloria. Habiendo sido redimido por ti, permíteme darte lo que es tuyo, y permite que mi espíritu se aferre solamente a ti.10

Nos podemos encomendar por completo al hermoso plan del Padre para nosotras. Cuando nos sometemos al gobierno de nuestro Rey, no sometemos también al orden de Dios.

La sumisión al orden de Dios

Parte de nuestra rebelión en contra de Dios es el deseo de ignorar el plan de Dios para tener orden en la creación. Pero la vida en sumisión al orden de Dios es esencial para vivir bajo su gobierno. La autora Mary Kassian lo comprueba con estas penetrantes palabras:

La sumisión es un concepto que debemos comprender, dado que todos somos llamados a someternos a Dios (Santiago 4.7-10; Hebreos 12.9), y todos nosotros, una que otra vez, debemos someternos a la autoridad humana. Los creyentes que no se pueden someter a la autoridad humana no saben cómo someterse a Dios, pues es Dios quien exige sumisión dentro de las relaciones humanas. A la inversa, los creyentes serán líderes ineficaces, incapaces de satisfacer los roles de autoridad humana, hasta que aprendan a someterse a los demás. La sumisión es para todos.11

Una vez más, Jesús es nuestro ejemplo supremo. Él vivió su vida en sumisión al orden de Dios. Juan 8.28-29 dice: «Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada».

Las dos frases: «nada hago por mí mismo» y «yo hago siempre lo que le agrada» son reveladoras. Jesús estaba hablando sobre toda su vida, comenzando con su niñez. A medida que pasaron los años, y Jesús maduró de la niñez a la vida adulta, la Biblia dice que Jesús «crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres» (Lucas 2.52). Sabemos que Jesús experimentó la vida como un niño, como soltero, como hombre que trabaja, y como ciudadano. Se enfrentó a las dificultades que presenta la vida dentro de los límites de esas relaciones cuando uno vive de acuerdo al plan de Dios. Y sabemos que en el medio de su vida cotidiana, Él complacía a su Padre celestial en todo.

Nuestro instinto es complacernos a nosotras mismas. Naturalmente deseamos definir nuestros propios límites, rebelándonos contra toda autoridad externa. De modo que la sumisión es algo que tenemos que aprender.

Cuando les enseñamos a nuestros niños a obedecernos, les estamos dando en realidad su primera lección en sumisión al orden de Dios para la familia. Ellos están aprendiendo a alinear su voluntad obstinada con la voluntad de sus padres y, en última instancia, con la voluntad de Dios.

El famoso psiquiatra infantil Dr. Robert Coles nos relata cómo, durante su capacitación en el Hospital de Niños de Boston, descubrió la importancia de educar a los niños para que obedezcan. Le asignaron a un niño de diez años cuya descripción era que tenía «problemas de aprendizaje». Durante sus sesiones, la conducta del niño era descortés, impaciente, exigente, y sin autocontrol. El Dr. Coles trató de razonar con él, con la esperanza de descubrir la razón de su comportamiento, pero cada sesión sólo acrecentaba sus propios sentimientos de impotencia. Pasaron las semanas sin cambio alguno: el niño saliéndose con la suya en el consultorio del médico y el médico sin idea de cómo ayudarlo.

Un día que estaba nevando, cuando llegó el niño se quitó con indiferencia sus galochas y las tiró, chorreando nieve, sobre la silla del médico. El Dr. Coles recuerda que instintivamente sintió que una rabia le subía por dentro, pero al mismo tiempo escuchó una voz interior que le decía que descubriera por qué el niño lo había hecho. Luchando por controlarse, caminó hacia la silla, recogió las galochas mojadas, las colocó en el pasillo fuera de su consultorio, y cerró de un golpe la puerta. Cuando el niño respondió que quería que estuvieran dentro del consultorio, el médico gritó: « ¡Ya no hay nada que hacer!»

Esas eran palabras que sus propios padres habían utilizado durante su niñez cuando se les había terminado la paciencia con su mala conducta. Ocurrió algo asombroso. El niño se sentó con cara de arrepentido y preguntó si había algo que podría utilizar para limpiar el desastre que había hecho. Por fin, el médico lo podía ayudar. El Dr. Coles escribe: «Tenemos temor de imponer los límites obvios que necesitan los niños, muchas veces porque pensamos que cierta teoría psicológica requiere tal actitud. Irónicamente, si la psiquiatría moderna ha aprendido algo, es un respeto saludable por el lado sombrío de nuestra vida mental y la conciencia de cuán importante es para todos nosotros tener una clase de autoridad sensata sobre nuestros impulsos para que no nos gobiernen y, sí, nos arruinen, para no mencionar otros que conocemos».12

El Dr. Coles descubrió lo que la Biblia enseñó hace mucho tiempo: Cuando no les enseñamos a los niños a respetar los límites y la autoridad que nos ha dado Dios, no les hacemos ningún favor.

Como cristianos, comprendemos que debemos enseñar también a nuestros niños lo que es esa «parte sombría de nuestra vida mental»: ni más ni menos que la rebelión contra nuestro Dios y Creador. Qué bendito el niño que recibe tal educación, ya que el someter su vida a la voluntad de Dios le da una gran ventaja.

CÓMO SOMETERNOS A DIOS

La sumisión se aplica a todas las áreas de nuestra vida al comenzar a restaurar el Evangelio en el lugar que le corresponde en el centro de nuestros pensamientos y acciones en la vida diaria. Esta sumisión es la elección continua y diaria de los caminos de Dios por encima de los nuestros. Tendremos que seguir eligiendo durante toda nuestra vida.

Me vi humillada por esta disciplina en mi hija Holly, cuando nos encontrábamos muy frustradas de pie frente al mostrador de servicio al cliente. Los suegros de Holly debían llegar en una semana para pasar juntos la Navidad, y el empapelado que ella había pedido hacía tres meses, todavía no había llegado, y todo por culpa de la ineficiencia de la tienda.

Yo estaba desilusionada por Holly y enojada porque la tenían de aquí para allá. Mientras esperábamos sentadas a que regresara el empleado con otra tonta excusa más, yo le dije echando chispas que el empleado me iba a tener que escuchar. Holly me detuvo en el medio de mi frase, colocando suavemente su mano sobre mi brazo. «Mamá», me dijo, «seamos diferentes. Actuemos como cristianas».

Yo me sentí tan avergonzada, ¡y tan complacida! Mi hija estaba actuando en la forma en que la había educado durante años: someter esos impulsos sombríos a la voluntad de Dios en las experiencias diarias. Ella estaba practicando la disciplina de la sumisión al Evangelio, ¡y ese día lo estaba haciendo mejor que yo!

Miren todos los roles que ocupamos que requieren que nos sometamos de una manera piadosa a la autoridad: hijas, empleadas, ciudadanas, esposas, miembros de la iglesia, e hijas de Dios. Y la Biblia se ocupa de cada una de estas áreas con enseñanzas para ayudarnos a someternos.

Miremos a Jesús

La oración de Jesús en el huerto de Getsemaní es un hermoso modelo de cómo deberíamos someternos a la voluntad de Dios: «En los días de su vida mortal, Jesús ofreció oraciones y súplicas con fuerte clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su reverente sumisión» (Hebreos 5.7, NVI).

Aprendemos dos cosas del ejemplo de Cristo. Primero, ¡que aun el Hijo de Dios sin pecado tenía que orar para poder obedecer! Cuánto más necesitan depender los pecadores de la oración para entrar en la obediencia.

Segundo, el Padre escuchó su oración debido a su reverente sumisión. ¿No es increíble? Aun dentro de la divinidad, la sumisión era esencial.

Mateo también menciona la oración del huerto: «Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú» (Mateo 26.39). Esta oración revela el intenso deseo de Jesús de someterse a la voluntad de Dios, cueste lo que cueste. Él nos muestra que la voluntad de Dios es más importante que la vida misma. ¿Comprendemos esta verdad? ¿Creemos en ella?

¿Es la voluntad de Dios más importante que nuestras propias vidas? Es tan fácil enredarse en las cosas del mundo. Deseamos tan desesperadamente aferrarnos al control de nuestra vida que nos olvidamos de la advertencia de Jesús en Lucas 9.24: «Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará».

En realidad, la mayoría de nosotras no perderá su vida físicamente por nuestra fe in el Evangelio. Pero nos veremos enfrentadas una y otra vez con la elección entre la voluntad de Dios y la nuestra. ¡Lo que «perdemos» es hacer lo que queremos! De modo que debemos comprender que la práctica de la disciplina de sumisión no tendrá lugar sin ferviente oración.

¿Les resulta incómoda la palabra sumisión? Colóquenla nuevamente en su vocabulario. Todas las disciplinas de la mujer piadosa son acerca de la sumisión de nuestra voluntad al gobierno amoroso de Dios en la vida diaria. Rechacen las voces populares que las tientan a poner sus necesidades primero, proteger sus propios intereses y derechos, empujar los límites puestos por Dios. Busquemos las Escrituras para poder comprender cómo lo hizo Jesús, y luego sigamos su ejemplo, ¡porque Jesucristo es Señor!

Hermanas, tenemos que disciplinarnos a someternos al gobierno amoroso de Dios y a su orden, porque ésta es la voluntad de Dios en el Evangelio.

RENUEVEN SU MENTE

Con respecto al cristianismo, ¿cómo no da en el blanco la definición feminista de la «sumisión»?

¿A quién se deben someter todos los creyentes (Juan 14.9; Hechos 2.36; Filipenses 2.8-11; Efesios 1.9-10; Santiago 4.7-10; Hebreos 12.9)? ¿Qué significa para ustedes personalmente el haber aceptado a Jesús como Señor?

¿En qué sentido es Cristo Jesús diferente gobernante a todos los reyes terrenales? Revisen Juan 13.3-4. ¿En qué otros momentos de su vida ocupó Jesús su rol de siervo?

¿Cómo se sometió Jesús a Dios mientras que estaba aquí en la tierra (véase Juan 8.27-30)? ¿Cómo puede servir Jesús como su modelo de conducta para someterse a la autoridad de Dios?

Jesús descubrió que el obedecer la voluntad de Dios exigía oración ferviente (Mateo 26.39). ¿De qué manera deberían estar orando por la ayuda de Dios en esta área? Si tienen una lista de oración, agreguen una petición por la ayuda de Dios para que les imparta un espíritu de sumisión.

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LA DISCIPLINA DE LA ORACIÓN

La cuerda de salvamento de la sumisión


Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.

EFESIOS 6.18

¿Por qué debemos orar? Aparte de todas las ya conocidas convocatorias bíblicas a la oración, existen dos importantes razones humanas por las cuales deberíamos orar. La primera se encuentra en el hecho de que la oración es la fuente de poder para el crecimiento y la perseverancia en nuestra vida espiritual. Tal como una semilla que acaba de ser plantada necesita ser expuesta al sol para poder crecer y madurar, nosotras necesitamos exponernos al Hijo de Justicia, o se detendrá nuestro crecimiento; quedamos con almas pigmeas.

La segunda razón es que la oración dirige nuestra voluntad en dirección a la voluntad de Dios, que es de lo que se trata la sumisión de nuestra vida.Yo nunca comprendí totalmente esto hasta que escuché una explicación dada por E. Stanley Jones, un misionero y hombre de oración: «Si yo tiro un bichero desde el bote y me agarro a la orilla y tiro, ¿jalo la costa hacia mí, o me jalo a mí mismo hacia la orilla? La oración no es jalar a Dios hacia mi voluntad, sino que es el alineamiento de mi voluntad con la voluntad de Dios».13

¡Qué beneficios tan tentadores! Sin embargo, qué pocas de nosotras capitalizamos esta oportunidad de extraer de «la base de operaciones» el poder que necesitamos para seguir adelante o para concentrar nuestra voluntad en la voluntad de Dios. ¿Por qué tantas mujeres fracasan en sus devociones y oraciones personales? Principalmente porque no saben cómo cultivar las disciplinas de la vida espiritual interior. Pero estas disciplinas serán bienvenidas por las mujeres del Evangelio.

Antes de profundizar más es importante que comprendamos de entrada que la vida de oración no puede ser reducida a unas pocas reglas sencillas. Estas áreas de experiencia espiritual son demasiado dinámicas y personales como para ser resumidas de una manera simplista. Lo que puede ser de provecho para una persona, puede no ser lo correcto para otra.

Además, a pesar de que hablaremos de cinco aspectos de interacción con Dios en nuestras devociones y oraciones (meditación, confesión, adoración, sumisión, petición), no existe un orden prescrito. Los ritmos de nuestra vida exigen a veces que nos lancemos directamente a la petición con un «¡Señor, ayúdame!» (que tan a menudo es la manera en que yo comienzo mis oraciones). Otras veces, nos pasaremos casi todo el tiempo en confesión, meditación y adoración.

LA MEDITACIÓN

La meditación cristiana no es del tipo «trascendental» asociado con mantras dichos entre dientes en la posición del loto. ¡A los cristianos no se los instruye a que vacíen sus mentes! La meditación comienza con el ejercicio de devoción de escuchar la Palabra. Las palabras de las Escrituras no son sólo para ser leídas sino también escuchadas. Tienen el propósito de llegar al corazón. El Salmo 40.8 dice: «El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón».

La meditación es también verbal. Cuando el salmista habla de meditar en la palabra de Dios día y noche (1.2), utiliza la palabra que significa «murmurar». Murmurar la Palabra de Dios a Él en oración involucra la memorización u oración con la Biblia abierta. De modo que, junto con una lectura sistemática de la Biblia, deberíamos elegir segmentos significativos para verbalizar en forma reverente.

Cuando mis niños eran pequeños, yo memoricé Filipenses 4.6-7 con este propósito: «Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracia. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús».

Gracias a que hice esto, me di cuenta de que continuamente repetía las frases que tanto necesitaba: «Por nada estéis afanosos», «Gracias, Señor, por la paz que nos has prometido». Yo «hacía que mis peticiones fueran conocidas delante de Dios».

Ustedes pueden comenzar con un solo versículo o un par de ellos. Existen pasajes clásicos, más extensos, que parecen hechos a medida para la meditación, tales como los Diez Mandamientos, las ocho Bienaventuranzas, y el Padrenuestro. Lentamente y en oración, el volcarnos a las Escrituras en esta manera hace que nuestros ojos, oídos y boca participen y la Palabra de Dios penetra así en nuestro corazón. Los efectos de la meditación traen:

Avivamiento: «La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma» (Salmo 19.7a).

Sabiduría: «El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo» (Salmo 19.7b); ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos. Porque siempre están conmigo» (Salmo 119.97-98).

Mayor fe: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (Romanos 10.17).

¿Así que cómo meditamos? La Biblia dice que la meditación debería ser continua, «de día y de noche» (Salmo 1.2; 119.97, 148; Salmo 63.6). De manera ideal, ustedes podrían hacer que la meditación fuera parte de sus devociones, sus momentos de quietud apartadas con Dios. Sin embargo, aun nuestras vidas atareadas pueden ser interrumpidas por la meditación bíblica —en el automóvil, durante el recreo para almorzar, mientras que esperamos el autobús. Escriban el texto en una tarjeta y colóquenlo en su bolsillo o bolsa. Tómenlo de allí en los momentos libres. Murmúrenlo. Memorícenlo. Órenlo. Díganlo. Compártanlo.

LA CONFESIÓN

La confesión puede llevarse a cabo en cualquier momento. Lo ideal es que tenga lugar cada vez que pecamos. Sin embargo, con frecuencia ocurre que somos demasiado orgullosas o que estamos muy cargadas emocionalmente como para reconocer nuestro pecado en el momento en que lo cometemos, por ejemplo, cuando perdemos los estribos en una discusión. No obstante, si estamos sobrecargadas de pecados es imposible la devoción.

Si han estado poniendo de lado la confesión de sus pecados a Dios, tienen que hacerlo antes de su tiempo de devoción. Es muy raro que yo comience a orar con otra cosa que no sea la confesión. Soy adepta al pecado y muy inepta a «admitirlos» hasta que ya no me queda otra cosa por hacer. Cuando nos acercamos a Dios en oración debemos confesar nuestro pecado.

Cuando meditamos en las Escrituras, pueden salir a la luz pecados ocultos, de modo que nuestros momentos de devoción pueden verse colmados de reiteradas confesiones. El Salmo 139, el cual comienza con la contemplación de la omnipotencia y omnisciencia de Dios, finaliza con una oración por la investigación divina del alma del salmista: «Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno» (139.23-24).

Éstas son confesiones espontáneas ofrecidas a Dios a medida que nuestros pecados nos vienen a la mente. Asimismo, nuestra disciplina de oración debería incluir alguna confesión sistemática. Debemos examinarnos con regularidad teniendo en cuenta a Romanos 3.9-20, el cual revela que todas las áreas de nuestra vida están manchadas por el pecado. Cuando mi esposo dirige a nuestra congregación en la confesión de pecados, a menudo envía nuestra atención hacia la verdad llevándonos a confesar que pecamos en nuestros pensamientos, palabras y hechos.

Pensamientos: «No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno» (versículos 10-12).

Palabras: «Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labio; su boca está llena de maldición y de amargura» (versículos 13-14).

Hechos: «Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz» (versículos 15-17).

No estoy diciendo que simplemente le fallemos a Dios, sino más bien que nuestro pecado afecta profundamente cada parte de nuestro ser. Reflexionar de esta manera sobre nuestros pecados puede ayudarnos a confesar pecados específicos en cada una de estas áreas, pecados ya sea de comisión como de omisión por medio de nuestra propia falta.

No podemos exagerar la importancia de la confesión. «Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado» (Salmo 66.18; véase también el Proverbio 28.13). El pecado que no ha sido confesado nos lleva a evitar la oración porque Dios parece distante, pero la confesión restaura nuestra relación con Él y nos restituye a su favor.

LA ADORACIÓN

Los aspectos de devoción de nuestro tiempo de oración dan como resultado la adoración, o sea, le decimos a Dios qué es lo que atesoramos sobre Él. La reverencia, que a menudo está ausente, debe caracterizar siempre a nuestros momentos con Dios. Y junto con la reverencia necesitamos concentración. Eso significa que nuestras mentes deben estar comprometidas por completo. Ésta es la razón por la cual le debemos brindar a nuestras devociones aquel momento de nuestro día en el cual estemos más frescas y más atentas.

La reverencia por Dios nos hace concientes de nuestro humilde estado. La humildad conduce a la alabanza. Cuando alabo a un amigo o a un nieto, reconozco algo que aprecio acerca de esa persona: «¡Bien hecho!» les digo si él o ella han alcanzado algún objetivo o realizado un buen trabajo en algún área. O «Tú eres siempre tan amable», o «¡Realmente eso fue muy generoso de tu parte!» Así es como ocurre con Dios: yo le digo lo que aprecio acerca de Él. La alabanza es lo que haremos durante la eternidad, diciendo cosas tales como: «Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas» (Apocalipsis 4.11).

La contemplación se encuentra en el corazón de la adoración, especialmente cuando lo consideramos a Dios según se manifiesta en su creación. Los Salmos no sugieren nunca que Dios esté en su creación, pero nos dicen que sus excelencias pueden ser vistas en sus obras creadas. El Salmo 29 le tributa gloria a Dios a través del medio visual de una gran tormenta. El Salmo 19 comienza: «Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría» (19.1-2). Escuchemos a Dios que habla por medio de la creación, dice el salmista. Como contraste, el Salmo 139 celebra la omnisciencia de Dios (versículos 1-6), la omnipresencia (versículos 7-12), y la omnipotencia (versículos 13-16) en la creación de la mente y el cuerpo humano.

¿Se han quedado ustedes alguna vez «sin aliento» ante la naturaleza?14 En esos momentos, la naturaleza irradia la gloria de Dios. Si ustedes han sido testigos del poder de una tormenta en la región central de los Estados Unidos, saben a lo que me refiero. Un verano, mientras que estaba quitando los yuyos en mi jardín en Wisconsin, vi unas nubes negras siniestras que aparecían del oeste como una gran ola que se devoraba todo lo que encontraba a su paso. La tormenta cayó con tanta furia de repente que mi madre de ochenta y un años, y mis pequeñas nietitas y yo corrimos hacia la casa. Nos quedamos paradas en el porche mirando la tormenta que envolvía el cielo azul sobre el este, con relámpagos que iban de un horizonte al otro. Mi madre estaba tan maravillada que tomó su cámara y tiene fotografías para corroborar el acontecimiento que nos hizo gritar en alabanza al extraordinario poder de Dios en la creación.

A través de las Escrituras, los teólogos han discernido alrededor de veinte atributos de Dios. La contemplación de esos atributos ha sido un camino de larga tradición que nos conduce a la adoración. Si nos pasamos veinte días consecutivos en la compañía de un libro como el de J. I. Packer, Conociendo a Dios, que es un libro sobre los atributos de Dios, podremos obtener ideas que elevarán tanto nuestra mente como nuestra alma.15

Ustedes pueden expresar su ferviente adoración con la palabra hablada. A veces me doy cuenta de que estoy cantando—aun mis melodías desafinadas expresan alabanza a Dios. Oremos o leamos o cantemos la Palabra de Dios a Él. Los Salmos son perfectos para esto porque son un manual de adoración, pero existen también magníficos himnos del Nuevo Testamento, tal como el Magnificat de María (Lucas 1.46-55). Su canción está entre mis favoritas.

Los himnos tradicionales de la iglesia y las hermosas canciones de la Biblia, las cuales son más recientes, son una fuente de alabanza poética a las que les han agregado la melodía. No cometan el error de descuidar esa rica fuente de teología y adoración. ¡Ellas son vuestra herencia!

LA SUMISIÓN

La adoración muy naturalmente lleva a la presentación de nuestro cuerpo, de toda nuestra vida, como el máximo acto de adoración. Ésta es la manera en que habló Isaías de su gran experiencia con Dios: «Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6.8). De igual manera, después que el apóstol Pablo dijo: «Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén» (Romanos 11.36), él de inmediato nos llamó a la sumisión: «Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (Romanos 12.1, NVI).

Nuestra devoción trae como resultado una entrega conciente de cada parte de nuestra personalidad, cada ambición, cada relación, y cada esperanza a Él. La sumisión a la voluntad de Dios es el verdadero núcleo de la adoración.

LA PETICIÓN

La meditación, la confesión, la adoración, y la sumisión nos preparan para la petición: el ofrecimiento de nuestras peticiones a Dios. Se necesitan cinco elementos para experimentar por completo el poder de la oración de petición.

En el Espíritu

El primero es «orar en el espíritu». En Romanos, Pablo explica: «Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos» (Romanos 8.26-27).

El Espíritu Santo que habita en nosotros ora por nosotros y se une a nosotros en nuestra oración, comunicando sus oraciones a las nuestras de modo que podamos «orar en el Espíritu». Judas 20 ofrece un desafío aún mayor para experimentar este fenómeno: «Ustedes, en cambio, queridos hermanos, manténganse en el amor de Dios, edificándose sobre la base de su santísima fe y orando en el Espíritu Santo» (NVI). La voluntad de Dios es que oremos en el Espíritu y a lo que Dios desea, en la medida que lo permitamos, Él le da poder.

Cuando oramos en el Espíritu ocurren dos cosas sobrenaturales. Primero, el Espíritu Santo nos dice por qué cosas deberíamos orar, y esto lo hace a través de las Escrituras. A medida que nos muestra qué es lo que necesita oración, Él nos da la absoluta convicción de que ciertas cosas están en la voluntad de Dios.

Yo experimenté esto mientras que oraba por mi hija adolescente. Estaba preocupada porque ella no estaba espiritualmente en la senda correcta, y yo tenía miedo de que ella pudiera tomar alguna decisión que la afectaría para toda la vida. De rodillas, con mi Biblia abierta delante de mí, yo estaba leyendo y orando. En 1 Juan, leí estas palabras: «Porque todo el que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe» (1 Juan 5.4). Supe de inmediato que ésta no era mi experiencia presente, ya que tenía miedo y estaba preocupada—no muy «victoriosa» que digamos. Confesando mi pecado, continué leyendo: «Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida» (IJuan 5.14-16, énfasis de la autora).

Yo no sabía cuál era el pecado que lleva a la muerte, pero estaba bastante segura de que mi hija no lo estaba cometiendo. Este pasaje me reveló que yo podía orar con confianza por lo que era lo más importante para mi hija: la voluntad de Dios y su vida espiritual. El pasaje me dio la promesa de que mis oraciones le traerían «vida». Cómo y cuando haría Dios su voluntad era cosa de Él; mi opción era si estaba o no dispuesta a confiar en que Él haría lo que había prometido. ¡Y si habré orado! El Espíritu de Dios, por medio de las Escrituras, le dio forma a mis oraciones.

El otro beneficio de orar en el Espíritu es que provee la energía del Espíritu Santo para orar, para dar fuerza a los cuerpos cansados, aun enfermos y para animar al deprimido para que oren con poder y convicción por la obra de Dios. Y eso sin duda me ocurrió a mí: me levanté de ese tiempo de oración con una paz y una confianza que no había experimentado en muchos meses.

La oración continua

El segundo ingrediente de la oración de petición es que es ininterrumpida: «en toda situación» (véanse Hechos 1.14; 2.42; 1 Tesalonicenses 5.17; Filipenses 4.6).

¿Es acaso posible la oración continua? Sí y no. Es imposible llevar adelante un diálogo corrido mientras que estamos trabajando o en otros momentos similares, pero la oración de la que hablamos aquí no es tanto la articulación de palabras como la postura del corazón.

El indomable monje medieval Hermano Lorenzo registró su experiencia de oración continua en el clásico La práctica de la presencia de Dios: «En medio del ruido y del alboroto de mi cocina, mientras varias personas piden diferentes cosas al mismo tiempo, yo poseo a Dios con tanta tranquilidad como si me encontrara de rodillas».16

Susana Wesley, la madre de diecinueve niños (incluyendo al teólogo Charles Wesley y al escritor de himnos John Wesley), solía disfrutar de la presencia de Dios justo en la mitad de su ruidosa cocina, simplemente sentándose y echándose su delantal sobre la cabeza. Ella creaba un espacio de serenidad, por pequeño que fuera, para estar con el Señor.

Su hijo John escribió sobre la persona que ora: «Su corazón se alza a Dios en todo momento y en todo lugar. En esto nada lo detiene, mucho menos interrumpe, ninguna persona o cosa... Su corazón está siempre con el Señor. Ya sea que esté acostado o que se levante, Dios está presente en todos sus pensamientos; él camina con Dios en todo momento».17

La vida de oración continua no es sólo para una elite espiritual sino que para todos nosotros. La oración continua es la voluntad de Dios para todos los cristianos, sin excepciones. Debemos mirar siempre hacia lo alto, aun cuando estemos manejando al trabajo o limpiando la casa.

La oración variada

El tercer aspecto de la vida de oración es que es variada: «con toda clase de oraciones y ruegos». Pablo le escribe a Timoteo: «Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres» (1 Timoteo 2.1). La oración variada emana de la oración continua porque, a medida que oramos ininterrumpidamente, las diversas situaciones con las que nos topamos exigen una variedad de oraciones: oraciones para resistir la tentación, oraciones por sabiduría, por poder, por autocontrol, por protección de los demás, por crecimiento, por convicción.

La oración persistente

El cuarto aspecto de la oración eficaz es la persistencia. «Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos » (Efesios 6.18, NVI). En una de sus parábolas sobre la oración, el Señor dramatizó lo que deseaba de todos los creyentes:

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia (Lucas 18.1-5).

Al final del sermón en la montaña, Jesús les encomendó a sus seguidores que oraran con tenacidad: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá» (Mateo 7.7). Las palabras de Jesús en realidad dicen: «Sigan pidiendo, y se os dará; sigan buscando, y encontrarán; sigan llamando, y se les abrirá». Tal tenacidad es lo que Pablo tenía en mente cuando dijo: «Manténganse alerta y perseveren en oración». Dios responde la oración persistente.

La oración intercesora

El quinto aspecto de la oración es la oración intercesora: «por todos los santos», lo que significa, por los creyentes en Jesucristo. Mi forma favorita de orar es utilizando las oraciones que se encuentran en la Biblia. Ellas me permiten orar por otros de una manera en que yo no podría hacerlo. Algunas de éstas son Efesios 1.17-19 y 3.16-19, Filipenses 1.9-11, y Colosenses 1.9-10.

Las oraciones de petición por otros aportan gracia a nuestra vida. Por ejemplo, pocas personas saben que los estupendos logros de William Carey en india fueron alimentados por su hermana que estaba postrada en cama, quien oró por él por más de cincuenta años.

CÓMO HACER PARA QUE TENGA LUGAR LA ORACIÓN

La guía con los cinco aspectos de la oración petitoria es hermosa: oración en el Espíritu, continua, variada, persistente, e intercesora. Es muy sencillo sentirse desafiadas y motivadas, pero para poder lograr que esto ocurra en nuestra vida, tenemos que ser prácticas.

Una de las cosas que hago para orar por personas aparte de mi familia inmediata es utilizar el boletín de la iglesia. Cada semana enumera los enfermos, los que han sufrido la pérdida de un ser querido, los misioneros presentados semanalmente, y las necesidades presupuestarias de la iglesia. El boletín sirve como una magnífica lista de oración completa y al día.

Laura Klenk era una devota persona de oración. Su nuera me dijo que su método era simple. Cuando ella se enteraba de alguna necesidad, la escribía en su lista de oración. Esta lista consistía en varias hojas de papel largas y angostas (alrededor de tres por doce pulgadas) que cabían fácilmente en su bolso. Ella le agregaba continuamente páginas, abrochándolas a la lista ya existente. Muy de vez en cuando quitaba alguna página. Con el tiempo, su fajo de páginas tenía sus esquinas dobladas y bien gastadas.

Ella pasaba con regularidad muchas horas en oración silenciosa en su casa, hojeando su lista. A menudo, cuando la visitaba su nuera, Laura estaba sentada, con la Biblia y la lista de oración en sus manos. Ella mantenía la lista en su bolso de modo que estuviera siempre a mano, aprovechando el tiempo que pasaba esperando en diversos lugares (tal como el consultorio del médico). Si alguien le pedía que orara, esa persona podía estar segura de que ella iba a orar. Y nunca dejaba de darle seguimiento a ninguna de las peticiones, preguntando cuáles podrían haber sido los resultados de sus oraciones. Ella realmente buscaba las respuestas y acciones de Dios y se deleitaba cuando veía su obra, la cual muchos de nosotros podríamos haber pasado por alto.

Las oraciones de las mujeres cristianas deberían incluir a su familia. Es necesario hacer una lista con lo que nos preocupa acerca de los miembros de nuestra familia. De lo contrario nos es fácil dejar de orar por los detalles, y orar una oración general tal como: «Señor, por favor bendice a Susie».

Mi lista de oración aplaca mi mente agitada, y me ayuda también a orar no sólo por lo que es importante para mí, sino también por lo que es importante para aquellos que me han pedido mis oraciones.

Además de su lista de oración, el siguiente obsequio que pueden darle a su vida de oración es un poco de paz y quietud, lo cual es un verdadero desafío en esta época infestada por los medios de comunicación. Elijan una situación que funcione para ustedes. Elijan un lugar donde no tendrán distracciones. Esto es mucho más sencillo para mí (ahora que mis hijas se han ido ya de mi casa) que para mis hijas que tienen varios niños pequeños a su cuidado. Pero es posible aun para ellas. A veces, nuestras mejores oraciones se producen cuando estamos levantadas en el medio de la noche con nuestros pequeñitos. No hay duda de que tenemos sueño, ¡pero la casa está siempre en silencio! El tema es: cuando existe la voluntad de hacerlo, encontraremos la forma de lograrlo.

Traten de orar cuando estén más alertas. Si son personas trasnochadoras, oren antes de irse a dormir. Pueden descubrir que necesitan algún tipo de preparación: una ducha y una taza de café, por ejemplo. Simplemente asegúrense de que su mente esté totalmente entregada a la tarea.

No maten su vida de oración con algún compromiso legalista a orar por un período de tiempo largo y predeterminado. A menudo, las mejores oraciones son breves y apasionadas. Hagan que sus oraciones sean frecuentes y fervientes, como lo ha sugerido Martín Lutero.18

LUCHEN POR LOGRARLO

Las Confesiones de San Agustín revelan que sus primeros años no ofrecieron indicio alguno del magnífico cristiano que sería algún día. Todo indicaba que el joven brillante se convertiría en un profesional disoluto, probablemente como abogado o como académico. Cuando era un estudiante de diecisiete años, se consiguió una novia que vivía con él, y quien compartió su lecho durante una década y con quien tuvo un hijo ilegítimo. Intelectualmente, Agustín no abrazó al cristianismo sino a la herejía popular de esa época, la cual reclamaba con petulancia reconciliar la filosofía y la religión. A la edad de veintitrés años, mientras estaba enseñando retórica, Agustín escribió un libro con un título que suena hoy como algo propio del siglo veintiuno: On the Beautiful and the Fit (De la belleza y la forma). Agustín estaba lejos de ser un candidato para la iglesia y mucho menos para la santidad.

Pero Agustín tenía algo muy especial a su favor: su madre Mónica, una mujer de una inmensa fe y oración persistente. Sus oraciones lo persiguieron desde el norte de África a Roma y luego a Milán, donde tuvo una profunda conversión. Agustín pasó a ser el teólogo más importante de los primeros siglos de la iglesia.

Cuando Mónica murió, él expresó así su dolor: «Lloré por mi madre... la madre que por un tiempo estuvo como muerta ante mis ojos, quien había llorado por mí durante tantos años, para que yo pudiera vivir ante Tus ojos» (traducción libre).19

Un miembro de nuestra iglesia, Marilee Melvin, escribió en el boletín informativo de nuestra iglesia sobre la dependencia de su madre de la oración:

Recuerdo una noche cuando me pidieron que ayudara a servir la cena. Papá estaba de viaje, y mamá, embarazada de siete meses y cuidando a cinco niños con edades que oscilaban entre los dos y los nueve años, estaba sirviendo la comida que yo más odiaba: frijoles con fiambre de carne de cerdo... Me quejé en voz alta de la cena, y mamá desapareció de la cocina. La llamé para poder encontrarla, pero no obtuve ninguna respuesta... Algo me llevó al sótano, donde por fin la encontré en el cuarto de la caldera. Estaba completamente oscuro, y ella estaba llorando. Al ver a su pequeña de siete años allí parada temerosa, se enjugó las lágrimas y me dijo que ella necesitaba venir a orar para tener más fuerza. Esa temprana imagen de mamá como intercesora y suplicante llena mi mente y mi memoria ahora con su patetismo y su verdad. En lugar de gritar enojada ante mi insensibilidad infantil, ella se retiró para pedir refuerzos de su Padre celestial, disponibles en abundancia para ella que los pedía (2 Corintios 9.8).20

¡Esta disciplina es un llamado a esforzarse! La oración es un trabajo, no un deporte. No es algo que hacemos si lo deseamos o sólo si sabemos cómo hacerlo bien.21 No será fácil. Aunque hayamos fracasado en el pasado, no dejemos de intentarlo. Confesemos nuestro fracaso a Dios y luego disciplinémonos para comenzar algo nuevo. ¡Ésa es la voluntad de Dios en el Evangelio!

RENUEVEN SU MENTE

¿Cuánto tiempo pasan, por lo general, conversando con Dios? Según su opinión (sin utilizar clichés evangélicos), ¿por qué es la oración una parte importante del caminar cristiano?

¿Cuál es el significado bíblico de la palabra meditación? ¿Por qué deberíamos meditar en el Señor y en su Palabra y en su voluntad (comparen Salmo 1.2; Apocalipsis 2.7, 11, 17, 29; 3.6, 13, 22)?

¿Por qué es la imagen de la guerra apropiada para considerar la disciplina de la oración (vean el contexto precedente de Efesios 6.18)? Apliquen esto a sus propias victorias y derrotas en lo que concierne a la oración.

¿Qué dicen Romanos 8.26-27 y Judas 20 sobre el Espíritu Santo y la oración? ¿Por qué son estas verdades aquí importantes para ustedes personalmente?

¿Les resulta difícil encontrar suficiente tiempo y un lugar tranquilo, alejado de las interrupciones, para sus momentos de oración? ¿Por qué? ¿Existen formas de poder minimizar las lealtades en conflicto que ustedes necesitan ignorar o ajustar a su vida atareada?

¿Cuál es el mejor lugar para ustedes para orar, y cuál es la mejor hora?

Hagan una lista de personas por las cuales desean orar regularmente. Luego establezcan un horario en el que orarán por varias personas en su lista (unas pocas veces a la semana). Cuando oren, pidan respuestas específicas que podrán reconocer más adelante.

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LA DISCIPLINA DE LA ADORACIÓN

La celebración de la sumisión


Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

ROMANOS 12. 1 NIV

Mis memorias más antiguas del culto de los domingos a la mañana se extienden a 1950 cuando la Sra. White, quien lideraba al Club del Evangelio local, me llevaba a la iglesia con ella todas las semanas. La iglesia de la Alianza Cristiana y Misionera sobre la avenida Lime en Long Beach, California, era una congregación de personas como la Sra. White: sinceras y creyentes cuyo centro era la Biblia. ¡Y sin duda inclinados a las misiones! Las paredes del edificio estaban cubiertas de cajas de vidrio repletas de reliquias de misioneros de África, China, India, y otras tierras lejanas. Las vitrinas estaban al nivel de mis ojos, y yo estaba embelesada con ellas. Sin embargo, mis recuerdos sobre el culto en sí no son muy claros. Por más que lo intente, no me puedo acordar nada de esa hora semanal que pasaba en el culto. Mi mente está en blanco.

La mayor parte de mi niñez la pasé en la Iglesia Bautista de Garfield, y aquellas memorias son sin duda más vívidas. Los servicios eran como los de la mayoría de las iglesias bautistas de la época: una mezcla de canciones gospel, coritos, y quizás algún himno, un número del coro, y un sermón. He revisado mis recuerdos de aquellos años, y no me acuerdo de haber pensado jamás sobre el culto colectivo. Nunca le di consideración alguna al propósito de las reuniones en el Día del Señor excepto como un lugar para predicar.

Durante las décadas del sesenta y setenta, increíbles cambios azotaron a las iglesias evangélicas. Se cuestionaron todos los aspectos del culto y se los sometió a dolorosas pruebas de autenticidad y relevancia. En un esfuerzo por mejorar los servicios religiosos, se dejaron de lado las canciones gospel y se las reemplazó con música tipo mantra; los predicadores fueron reemplazados por «comunicadores».

En los últimos veinte años más o menos, se han dejado de lado esos dos modelos anteriores para reemplazarlos con un culto colectivo que tiene un enfoque más popular y sensible a las personas que están en pos de la verdad. ¿A qué se deben todos estos cambios? ¿Es acaso una manera de hacer las cosas mejor que la otra? ¿Es la forma en que consideramos la adoración realmente algo tan importante como para que se la considere una disciplina?

La respuesta a estas preguntas yace en una comprensión del culto bíblico: tanto individual como colectivo. Como mujeres del Evangelio es crucial que pensemos acerca de estos asuntos para no abandonar el corazón mismo de la adoración verdadera.

MÁS QUE UNA ACTIVIDAD DOMINICAL

El culto del Nuevo Testamento abarca toda la vida. La adoración no es algo que releguemos a los domingos por la mañana o a cualquier otra hora específica de la semana, no importa cuán innovadora sea su iglesia en la elección de la hora. La evidencia bíblica es irrefutable. La venida de Jesús cumplió con la promesa de las Escrituras de un nuevo pacto (compare con Jeremías 31.31-34). Es muy significativo que el texto completo de esta profecía esté registrado en Hebreos 8.7-13, en el medio de una sección (Hebreos 7-11) que afirma que ya no hay más sacrificio, sacerdocio, o templo debido a que todo se ha cumplido en Cristo.

El lenguaje de adoración del Antiguo Testamento se cambia en el Nuevo Testamento de modo que el culto sea más amplio, abarcando la vida entera. Ya no existen momentos sagrados o lugares sagrados. Lo que quiero decir con esto es que no necesitamos ir al templo (el lugar santo) para adorar a Dios. Bajo el nuevo pacto, los cristianos lo deben adorar a Dios todo el tiempo. Ese es esencialmente el mensaje de este libro: adorar a Dios por medio de la reverente sumisión de todos los aspectos de nuestra vida. El culto colectivo, lo que hacemos los domingos por la mañana, es simplemente una expresión particular de la vida de adoración continua.

La mejor expresión de la visión amplia de la adoración se encuentra en Romanos 1.2: «Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (NVI). El recordar los rituales de sacrificio de adoración del Antiguo Testamento nos ayuda a entender el significado de este versículo. Cada vez que confieso mi independencia y someto mi vida a la voluntad de Dios en un área en particular, estoy adorando a Dios, tanto como cualquier israelita sincero que ofrece un cordero en obediencia al plan de Dios. Antes de que viniera Cristo, Samuel, el sacerdote, proclamó la superioridad de esta clase de culto cuando le instruyó al rey Saúl que «ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios» (1 Samuel 15.22).

¿Pero qué pasa entonces con los domingos a la mañana? ¿Cómo debemos entender el significado del servicio de adoración?

CULTO DEL DOMINGO A LA MAÑANA

La confusión reside en el por qué de la adoración. ¿Por qué adoramos, para Dios o para nosotros mismos? La suposición tácita pero cada vez más común de la persona promedio que va hoy a la iglesia es que la adoración es principalmente para nosotros: para satisfacer nuestras necesidades.

Aquí hay una señal que nos revela que esta clase de pensamiento es el que predomina. Después del servicio, todos preguntan: «¿Qué piensas del servicio de hoy?» o se escurren por la puerta lo más rápidamente posible. La pregunta verdadera debería ser: «¿Qué es lo que Dios piensa de él—y de nosotros?» Deberíamos preguntar: «¿Qué le he brindado hoy a Dios?» Es muy fácil olvidarse de que nuestra principal preocupación debería ser reunirnos con otros creyentes y «quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» (Juan 4.24, NVI). Todo en nuestro culto colectivo debería comenzar a partir de la comprensión de que nuestro Dios santo y trascendente debe ser complacido y glorificado por lo que hacemos. Esto es, después de todo, nuestro objetivo los otros seis días de la semana.

¿Y qué ocurre con nuestras necesidades? Cuando alabamos y adoramos a Dios como la «iglesia reunida» con nuestras canciones y oraciones y escuchando y sometiéndonos a la Palabra de Dios, la unidad y la comunión se dan naturalmente como resultado: son el producto derivado y la evidencia de la gracia generosa de Dios. La adoración correcta, ya sea individual o colectiva, resulta en la satisfacción de todas nuestras necesidades, y una relación adecuada con Dios y con los demás.

La preparación para el culto

La preparación para el culto no es algo que sólo los ministros deban hacer. Es importante que todas las personas que vengan a adorar se preparen. Y quiero que sepan que esto no es sencillo. El domingo a la mañana puede ser la mañana más difícil de toda la semana. Muchas parejas, especialmente aquellas con hijos pequeños, tienen más peleas los domingos por la mañana que cualquier otro día de la semana. A veces, cuando por fin llegan a la iglesia, la adoración parece un imposible.

La respuesta comienza con la preparación durante el sábado. Si es posible, preparen el sábado a la noche la ropa que se pondrán el domingo. Incluso, tengan planeado el desayuno para entonces. Acomoden ya la Biblia y las lecciones y todas las demás cosas que habrán de necesitar el domingo a la mañana. Pónganse de acuerdo con su esposo y niños mayores sobre la hora a la que todos se levantarán a la mañana para poder tener el tiempo suficiente para estar listos para ir a la iglesia. ¡Luego vayan a dormir a una hora razonable!

Oren acerca del Día del Señor: por el servicio, la música, los pastores, las familias de ustedes, y ustedes mismas. Lo ideal sería poder compartir un breve momento de oración familiar antes de dejar la casa el domingo a la mañana. Pidan que Dios sea glorificado y que Él le hable a cada miembro de la familia. Si ustedes pueden llevar a cabo estos cambios en su fin de semana, no caben dudas que el culto del domingo mejorará.

Expectantes

Debemos venir con grandes expectativas, ya que experimentaremos exactamente lo que esperamos. Mi amiga Diana, cuya vida está repleta de dificultades, tiene un gran sentido de expectativa cuando concurre a la iglesia. Una vez me dijo que cada domingo a la mañana es como Navidad. Su entusiasmo se acrecienta a medida que se acerca el sermón, y ella está ansiosa por escuchar y recibir el nuevo don de entendimiento de Dios y su voluntad que el pastor desenvolverá como un regalo esa mañana frente a la congregación. ¡Qué hermoso!

LA DISCIPLINA DE LA ADORACIÓN

Es el día del Señor. Estamos reunidas para adorar junto con el pueblo de Dios. Estamos preparadas y expectantes. Entonces ahora, ¿Cómo adoramos en una forma que complazca a Dios?

Centrado en Dios

El culto centrado en Dios comienza cuando nos concentramos en la asombrosa revelación de Dios. ¡Este Dios de las Sagradas Escrituras es el Creador omnipotente (todo poderoso) que le dio existencia a todo por medio de su palabra! Éste es Dios, y es omnipresente (presente por doquier), sobre todas las cosas, debajo de todas las cosas, pero no es encuadrado por nada. Dios es omnisciente (todo lo sabe), y hasta sabe cuántos cabellos hay en nuestra cabellera. Conoce nuestros pensamientos antes de que los pensemos o de que los demos a conocer. Dios es santo y habita en la luz inalcanzable de su propia gloria.

Cuando nos reunimos para adorar, debemos comenzar concientemente con una imagen enorme de Dios delante de nosotras y preguntarnos lo siguiente: ¿Cómo hemos de conducir nuestras vidas cada día y darle forma a nuestras reuniones para glorificar a este Dios? Esto es de muchísima importancia para esta generación presente, porque el mantener esta visión bíblica de Dios en nuestra mente cuando adoramos, nos ayudará a evitar toda idolatría. No cometamos el error de pensar que no somos culpables de idolatría simplemente porque no nos postramos delante de ídolos. Cada vez que pensamos en Dios en una manera diferente a la manera en que lo describen las Escrituras somos culpables de idolatría.

Por cierto que la iglesia debe estar sintonizada culturalmente y ser sensible. Mejor que lo sea. El predicador debería sostener la Biblia con una mano y el periódico con la otra. Los cristianos deben ser «entendidos en los tiempos» (comparen 1 Crónicas 12.32). La iglesia debe ser creativa y relevante, atrayente al corazón de hombres y mujeres (tanto los salvos como los incrédulos). Pero la verdadera adoración debe comenzar con Dios.

Jesús nos dice en Juan 4.24 que «quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad». Adorar «en verdad» significa que debemos venir informadas por la revelación objetiva de la Palabra de Dios sobre el magnífico Dios que servimos y los preceptos que Él ha pronunciado. En este sentido, nuestra adoración es gobernada por lo que sabemos y creemos sobre Dios. Cuanto más informadas estemos, mejor podremos adorar. Deberíamos estar familiarizadas con, y tomar en serio, pasajes tales como Génesis 1, Salmo 139, el libro de Job, Isaías 6 y 45, Juan 7, Juan 17, Romanos 1-3, Apocalipsis 19, y otros para prepararnos para un culto centrado en Dios.

Este conocimiento de Dios a través de su Palabra debería elevar nuestras expectativas e infundirnos un temor sano y reverente. Como escribió Annie Dillard:

Por lo general, no encuentro que los cristianos, fuera de las catacumbas, sean demasiado sensibles a las condiciones. ¿Tiene alguno la más remota idea de qué clase de poder invocamos en forma tan despreocupada? O, como me sospecho, ¿nadie cree una palabra de eso?... Es una locura que las mujeres usen sombreros de paja y sombreros de terciopelo a la iglesia; todas deberíamos usar cascos protectores. Los encargados de acomodarnos en nuestros asientos deberían entregarnos chalecos salvavidas y luces de bengala; ellos deberían amarrarnos a nuestros bancos. Porque el dios durmiente puede despertarse algún día y sentirse ofendido, o el dios que se despierta puede sacarnos y llevarnos a un lugar del que nunca podremos regresar jamás.22

Además de adorar en verdad, adoramos «en espíritu». Noten la «e» minúscula, que se refiere a nuestro espíritu humano, la persona interior. La verdadera adoración fluye de adentro para afuera. La adoración no es una actividad externa, sino que necesariamente es primero interior. Jesús les advirtió a los hipócritas usando las palabras de Isaías: «Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mis. Pues en vano me honran» (Marcos 7.6-7, citando Isaías 29.13).

La verdadera adoración brota desde adentro de nuestro espíritu, de los afectos espontáneos del corazón: tal como lo hizo desde el corazón de David, cuando él escribió el Salmo 130: «Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana» (versículos 5-6).

Centrado en Cristo

El Nuevo Testamento no revela a un Dios más grande que el que vemos en el Antiguo Testamento, pero nos da una mayor revelación de Dios. De modo que podríamos decir que Jesucristo nos lo explica a Dios (Juan 1.1, 18). Hace que el Dios invisible sea visible: Dios en la carne.

La enseñanza de Colosenses 1.15-18 proporciona una revelación alucinante de Dios en Cristo. Lo vemos a Él como el:

Creador: «Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él» (versículo 16).

El que nos sostiene: «Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten» (versículo 17).

Objetivo: «Todo fue creado... para él» (versículo 16).

Ésta es una afirmación sorprendente sobre Jesucristo. Nos dice que Él es tanto el punto de partida del universo como su culminación. Él es el principio, y Él es el final: Alfa y Omega. ¡Todo en la creación, historia, y realidad espiritual es para Él y se moviliza hacia Él!

Y no sólo eso, sino que esta declaración revela que Jesús es el reconciliador: «Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz» (versículos 19-20).

Dado que Cristo es la máxima revelación de Dios, Él debe ser el núcleo central de nuestra adoración. E. V. Hill, pastor de la Iglesia Bautista Misionera del Monte Sión, relata una historia sobre una mujer anciana en su iglesia a la que todos llamaban «1800» porque nadie sabía cuántos años tenía. Esta señora anciana era muy severa con los predicadores visitantes porque ella comprendía muy bien que Jesucristo debía ser el centro de la adoración cristiana. Si el predicador tardaba en honrar a Cristo, ella decía: «¡Elévalo!» Después de unos pocos minutos, si ella pensaba que no estaba ocurriendo, gritaba nuevamente: «¡Elévalo!» ¡Podía llegar a ser una hora muy larga para aquellos que no lo «elevaran a Jesús»!

Dado que Cristo es la máxima revelación de Dios, Él debe ser el núcleo central de nuestra adoración. Cuando Jesucristo es el centro, Él es el foco que trae unidad a la iglesia. Cuando nuestra adoración se centra en Dios y se centra en Cristo, cuando estamos adorando como individuos y como un grupo, se perfecciona la unidad. El pastor y autor A. W Tozer lo explicó a esto muy bien:

¿Se le ha ocurrido alguna vez a usted que cien pianos todos afinados con el mismo diapasón están afinados automáticamente entre ellos? Al ser afinados están en armonía, no los unos con los otros, sino con un estándar al cual cada uno debe predisponerse individualmente. De modo que cuando cien fieles se reúnen juntos, cada uno mirando a Cristo, están en el corazón más cerca uno del otro que lo que podrían estar si tuvieran que convertirse en una «unidad» conciente y quitaran sus ojos de Dios para lograr un compañerismo más 23 cercano.23

Centrado en la Palabra

El culto de la iglesia primitiva se centraba en la Palabra de Dios. El apóstol Pablo instruyó al joven pastor Timoteo: «En tanto que llego, dedícate a la lectura pública de las Escrituras, y a enseñar y animar a los hermanos» (1 Timoteo 4.13, NVI). Al final del primer siglo, un historiador eclesiástico registró para nosotros que los cristianos habían continuado con esta práctica: «En el día llamado domingo, todos los que habitan en ciudades o en el campo reúnanse en un lugar, y las memorias de los apóstoles y las escrituras de los profetas sean leídas, en tanto que lo permita el tiempo; luego, cuando haya terminado el lector, que hable el presidente, instruyendo y exhortando a la gente a que imite esas buenas cosas».24

¡La lectura pública de la Palabra de Dios es importante! En nuestra iglesia, nos ponemos de pie para la lectura de las Escrituras por dos razones: primero, para fijar nuestra atención y luego, para dejar en claro que como congregación estamos juntos bajo su autoridad. Cuando Jesús fue tentado en el desierto, al citar las palabras de Moisés en respuesta a la tentación de Satanás nos demostró que las Escrituras son nuestra vida misma: «Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mateo 4.4; véase también Lucas 4.4; Deuteronomio 8.3). ¡Las escrituras eran vida para Moisés y alimento para Jesús! ¿Y qué pasa con nosotras? Cuando se leen las Escrituras los domingos a la mañana, ¿creemos realmente que las palabras son esenciales para la vida misma? Piensen acerca de eso la próxima vez que se reúnan para adorar.

Servicio

Recordar que lo que estamos haciendo cuando nos reunimos los domingos a la mañana para adorar es sólo una extensión de lo que ha estado ocurriendo en nuestra vida durante toda la semana requiere disciplina. Es tan fácil aceptar la forma de pensar que dice: “Nosotros adoramos los domingos a la mañana”. El pensar de esa manera sugiere que no adoramos durante el resto de la semana. Los domingos deberían ser como cualquier otro día de la semana, a excepción de que adoramos con toda la iglesia reunida. Pero podemos cantar himnos, leer las Escrituras, y someter nuestra vida a la autoridad de la Palabra de Dios todos los días. Lo que hacemos los domingos debería equiparnos para servir a Dios durante toda la semana. La adoración, ya sea a solas en casa, en el trabajo, en el aula de clases, o con la iglesia reunida, es consagración. La adoración es servir a Dios cada día: «Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (Romanos 12.1, NVI, énfasis de la autora).

Cada mujer que se considere cristiana debe comprender que la adoración es la máxima prioridad de su vida. La adoración es lo que Dios desea de mí y de ustedes, todos los días. Jesús lo aclaró bien cuando la reprendió a la muy ocupada y frenética Marta cuando ésta criticó a su hermana que estaba sentada a los pies de Jesús: «Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada» (Lucas 10.41-42).

María eligió la buena parte, y nosotras podemos hacer lo mismo. Debemos imponer disciplina a este asunto de la adoración, porque es la voluntad de Dios para nosotras en el Evangelio.

RENUEVEN SU MENTE

Expliquen por qué es posible sentirse con deseos de adorar pero no estar verdaderamente adorando. ¿En qué forma es vuestra obediencia un acto de adoración? Vean 1 Samuel 15.22; Romanos 12.1.

¿Qué significa adorar a Dios «en espíritu y en verdad»? Vean Juan 4.21-24; 17.17.

¿Cómo pueden adorar a Cristo en todos los aspectos de vuestra vida? Vean Romanos 12.1-2.

Cuando comprendemos que la adoración debe centrarse en Cristo (ya que Él es al mismo tiempo nuestro sacrificio, sacerdote, y templo), ¿cómo deberíamos llevar a cabo nuestras oraciones, cantos, y predicación?

¿Qué pueden hacer ustedes (y sus familias) para estar espiritualmente preparadas para el culto de los domingos a la mañana? Hagan una lista, compártanla con su esposo e hijos, y trabajen juntos para implementar su plan

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9781646911103
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