Kitabı oxu: «Cómo curan las bayas de goji»
Cómo curan las bayas de goji
RBA INTEGRAL
BLANCA HERP
CÓMO CURAN LAS BAYAS DE GOJI
Las propiedades terapéuticas de la gran fruta del Himalaya

NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.
Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.
© del texto, Blanca Herp, 2013.
© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2013.
Avda. Diagonal, 189 — 08018 Barcelona.
rbalibros.com
Primera edición: noviembre de 2013.
RBA INTEGRAL
REF: OEBO903
ISBN: 9788416267842
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).
Todos los derechos reservados.
Contenido
La fruta del Himalaya
Fruta silvestre o fruta de cultivo • En las altas montañas • Leyendas de una fruta maravillosa
En el valle de la eterna juventud
Salud y larga vida a los pies del Pamir • Horizontes perdidos • La fórmula de la juventud • La opinión de dos médicos • Un paraíso amenazado
La llegada a Occidente
La gran controversia • Las 33 razones para tomar goji del doctor Earl Mindell
Las claves del goji
Descripción botánica • Contenido nutricional
El goji, superalimento antienvejecimiento
La fruta antioxidante • Disfrutar de un «superalimento»
El goji, una planta adaptógena
Un delicado equilibrio
Goji y medicina natural
La elección: procedimientos naturales o química de síntesis • Para curar: conocer • Ciencia y arte • Bases esenciales de la medicina naturista • Amor y conocimiento: del limón al goji
Los asombrosos efectos del goji sobre la salud
¿Puede el goji ayudar en el tratamiento del cáncer? • Veinte efectos importantes sobre la salud • Tratamientos con goji
Cocinar con goji
Cómo tomar el goji: unas cuantas ideas para empezar • Recetas de tisanas • Recetas de smoothies y batidos • Recetas de desayunos, sopas y cremas • Recetas de postres
Bibliografía
Recursos electrónicos
La fruta del Himalaya
El goji forma parte de un grupo de bayas (frambuesas, arándanos, zarzamoras, grosellas, fresas, açaí) y de frutas (como la granada) cuyo consumo frecuente posee efectos extraordinariamente positivos sobre la salud. En Occidente se ha hecho famoso en los últimos años, entre otros motivos, porque alberga propiedades que asombran a los científicos.
El goji es rico en antioxidantes y en unos polisacáridos especiales, cuyos sorprendentes efectos se están estudiando. Los hallazgos científicos están relacionados con la actividad celular, emparentados con las investigaciones de Günther Blobel, el biólogo que recibió el premio Nobel de Medicina en 1999 por sus trabajos sobre las señales que poseen las proteínas para gobernar su transporte y situación en la célula. En 2002 se descubrieron en el goji los gliconutrientes, estos polisacáridos actúan como «moléculas maestras» en el organismo y se consideran muy importantes para el buen funcionamiento celular.
Además, los efectos adaptógenos del goji (ver pág. 55) le otorgan un gran potencial como fortalecedor del sistema inmunitario y como remedio para prevenir y curar enfermedades.
Las bayas de goji eran prácticamente desconocidas en Occidente hasta hace poco, pero en Oriente han sido de uso habitual, como alimento y como medicina, desde hace más de dos mil años. Sobre todo en el Tíbet, en China y en amplias zonas de Asia Central.
Vamos a conocer un poco más de cerca esta fruta fascinante.
FRUTA SILVESTRE O FRUTA DE CULTIVO
Las bayas rojizas de goji (Lycium barbarum) proceden de un arbusto de hoja caduca originario del Tíbet y de las regiones situadas en el norte de la cordillera del Himalaya, donde crece de forma silvestre a unos cuatro mil metros de altitud y donde se conoce y utiliza desde tiempo inmemorial. La planta suele desarrollarse con facilidad hasta alcanzar unos 4-5 metros de alto y florece al comenzar el verano, normalmente con flores de color violeta.
Esta baya también se cultiva en Mongolia y en el norte de China, a lo largo de las fértiles llanuras del río Amarillo, en la región de Ningxia. Según informaciones recientes, el goji ha comenzado a cultivarse también en los altiplanos del Tíbet, pero parece que dichas plantaciones no acaban de desarrollarse adecuadamente. Lo habitual es que se coseche de forma silvestre y ecológica, a una escala demasiado pequeña como para llegar a los mercados. Su recolección se realiza de forma artesanal, agitando el arbusto con varas y recogiendo los frutos en paños extendidos o en grandes cestos colocados alrededor, sin tocar las bayas directamente con las manos, porque entonces su piel de color carmesí se oscurecería enseguida. Una vez recolectadas, se pueden comer frescas o bien desecadas, opción esta última por la que nos hemos decantado en Europa.
EN LAS ALTAS MONTAÑAS
La planta pertenece a la familia de las solanáceas (como los tomates, los pimientos, las berenjenas o las patatas). Su cultivo es muy sencillo y se adapta perfectamente a nuestro clima. Esto ha dado lugar a cierta picaresca, ya que hay quien ha pretendido vender bayas de goji «del Himalaya» que en realidad se han cultivado en Europa. Vale la pena prestar atención al goji que se ofrece a gran escala, por ejemplo en grandes supermercados, porque lo más normal es que su procedencia no sea muy lejana. Para asegurarnos de la obtención de sus beneficiosas propiedades, conviene elegir goji de cultivo ecológico y con garantía de su origen, aunque no sea del Tíbet (se han encontrado restos de pesticidas en el goji que llega de China).
De todas formas, es en aquellas cumbres de la Tierra donde hay una variedad climática y geológica que no se encuentra en ninguna otra parte del mundo, ya que en el Himalaya el suelo es extraordinariamente rico en minerales que emergieron de las profundidades marinas hace millones de años, al formarse aquellas grandes cordilleras. Se calcula que allí existen más de 18.000 especies de plantas que no se pueden encontrar en ninguna otra parte del mundo. Y no deja de sorprender que una gran parte de ellas posean cualidades terapéuticas, curativas o favorables para conservar la salud o para prolongar la juventud.
LEYENDAS DE UNA FRUTA MARAVILLOSA
Se sabe que las bayas de goji fueron usadas por un mítico emperador chino, Shen Nung, padre de la agricultura en aquel país, hace unos 4.800 años. Este emperador contribuyó al conocimiento de cientos de plantas medicinales, cuyos efectos probaba en sí mismo y cuyo legado se considera crucial para el desarrollo posterior de la Medicina Tradicional China (MTCh). Pero el goji aparece por primera vez en un texto escrito mucho después, en el año 100 de nuestra era aproximadamente, en uno de los libros clásicos de la medicina china, el Shen Nong Cao, que lo describe como «una planta superior».
Más de tres siglos después, el maestro taoísta Tao Hong Jing (456-536) escribe un tratado, el Comentario sobre el Libro divino del granjero de Medicina Natural, en donde menciona el Lycium (goji) como «tonificante del jing (circulación de la energía vital en el organismo), del gi (aliento) y fortalecedor del vin tao (capacidad para el ejercicio físico) en el ser humano». El goji es uno de los alimentos que se utilizan en Medicina Tradicional China para recuperar el chi o energía vital.
Es, además, una fruta presente en la cultura de algunos países de la antigua Ruta de la Seda (Tayikistán, Uzbekistán), en donde cada año se celebra una fiesta de dos semanas en honor al goji, del que se cuentan leyendas como la siguiente:
En un lejano valle del Himalaya vivía un pueblo conocido por la excepcional longevidad de sus ancianos. Los médicos de la región habían comprendido el papel fundamental de aquella pequeña baya roja sobre la salud humana, porque sabían de un arbusto que crecía al borde de un pozo contiguo a un venerable templo budista, en el que unas bayas rojas caían al agua una vez maduras.
Al salir del templo, los participantes bebían una taza de esta agua impregnada por las virtudes de aquellas bayas de goji, lo que aseguraba lo que hoy conocemos como antiaging: una buena salud y bienestar hasta una edad muy avanzada.
Otra versión de la leyenda cuenta que:
…un monje que vivía en China fue a visitar a otros monjes amigos de un monasterio tibetano que no había visto desde hacía treinta años. Y descubrió, para su sorpresa, que tenían un aspecto mucho más joven y radiante que él, y que gozaban de una salud extraordinaria. Cuando preguntó el motivo por el que tenían tan saludable aspecto, le respondieron que se debía al agua del pozo del que todos bebían, que tenía fama de ser una fuente de juventud. Al acercarse al pozo, se dio cuenta de que había unas manchitas rojas en el fondo. Se trataba de los pequeños frutos que daba la planta que rodeaba los muros del monasterio. Durante años, el viento había lanzado los frutos maduros al fondo del pozo. Y comprendió que aquella pequeña baya roja era el auténtico y verdadero elixir de juventud.
También se dice que un chino llamado Li Qing Yuen vivió 252 años y que el secreto de su extensa, saludable y energética vida se debía al consumo de goji.
En el año 825, el poeta Liu Yuxi (dinastía Tang) escribe El pozo de la juventud, un poema dedicado al goji, al que califica de «potente pequeña cereza»:
Un pozo de agua fresca junto a la morada del monje,
un claro manantial lo alimenta y el agua posee grandes poderes,
hojas verde esmeralda brotan de las paredes,
y las cerezas rojo intenso brillan como el cobre,
la rama floreciente parece un bastón,
la antigua raíz con forma de perro augura buena fortuna,
el goji nutre el cuerpo y el espíritu,
bebe del pozo y goza de una larga vida.
LIU YUXI (772-842)
Otros relatos aseguran que los primeros pobladores de los valles del Himalaya fueron precisamente los primeros herboristas y terapeutas que usaron esta planta maravillosa y legendaria.
Para comprender mejor el valor de los efectos del goji, en las páginas siguientes vamos a viajar a una región situada al pie de la cordillera del Pamir. Allí nos detendremos un momento para conocer brevemente la cultura del pueblo hunza y su relación con la longevidad.
En el valle de la eterna juventud
SALUD Y LARGA VIDA A LOS PIES DEL PAMIR
El paso del tiempo ha ido resolviendo el misterio del pueblo hunza, a cuyo alrededor se tejió una aureola de longevidad que ha resultado auténtica, aunque un tanto exagerada. Su estilo de vida era extraordinariamente sano y ha perdurado hasta hace pocos años. No es casualidad que sea precisamente en el valle de los hunza donde se situó el mítico Shangri-la, la tierra de la eterna juventud.
Aunque aquel modo de vida se idealizó, lo cierto es que hoy nos ayuda a conocer mejor el punto de vista de la medicina natural en cuanto a cómo disfrutar de más salud y longevidad: una perspectiva con menos pastillas y más próxima a la naturaleza.
Al leer la primera información que relacionaba los hunza con las bayas de goji imaginamos que era una técnica publicitaria para avalar esta gran fruta. No en vano, hasta hace poco, hablar de los hunza era hablar de orejones de albaricoque, de algún derivado lácteo, de unos maravillosos jardines en terraza regados con las aguas purísimas y ricas en minerales procedentes del glaciar de Ultar, a 7.788 metros de altitud…, y de una misteriosa longevidad. Pero hoy sabemos que los hunza conocían también las bayas de goji… y las utilizaban.
En plena era tecnológica, ¿qué es lo que nos interesa de esta cultura que supo cómo saborear mejor el paso de los días, a pesar de vivir en un clima riguroso?
HORIZONTES PERDIDOS
En la década de 1870, un general británico al mando de una pequeña guarnición exploró el valle de Hunza por primera vez desde el punto de vista occidental. Desconocían que, unos diez años antes, el pueblo hunza había firmado la paz con sus vecinos y había abandonado el pillaje de las caravanas en tránsito. Los británicos comprendieron enseguida la importancia estratégica de la zona, hoy en el norte del Pakistán, ya que permite acceder a las antiguas repúblicas soviéticas por el paso de Kilik, a China por el paso de Mintaka, así como a Afganistán, Cachemira y la India.
El valle de Hunza fue el que inspiró a James Hilton para escribir Horizontes perdidos (1933), novela de la que se hizo una primera película cuatro años después y, en 1973, una nueva con el mismo título, Horizontes perdidos, coincidiendo con un reportaje sobre los hunza que publicó la revista National Geographic. Desde entonces aparece de vez en cuando algún documental sobre este pueblo, de manera que podemos ver su forma de vida y la belleza salvaje de la región desde todos los enfoques. Y vale la pena: es un lugar realmente muy bello.
Los hunza son un buen ejemplo de culturas que todavía mantienen un halo de fascinación debido a su estilo de vida. Se trata de un pueblo de poco más de once mil personas que viven en una superficie de entre 8.000 y 10.000 km2 (según quien hace los mapas), a 2.400 metros de altitud, donde todo escasea, pero es suficiente.
UNA BELLA ENCRUCIJADA DE ALTA MONTAÑA
Los hunza viven acariciados por algunas de las montañas más altas de la Tierra (Rakaposhi, 7.788 m; Ultar Sar, 7.388 m; Golden Peak, 7.027 m), que nos anuncian los grandes picos del Himalaya.
En el punto donde las cuatro grandes cadenas montañosas del Pamir, el Hindu Kush, el Karakorum y el Himalaya se unen, surge hacia el sur este valle profundo, formando uno de los parajes más inolvidables del continente.
La capital y ciudad más importante es Karimabad (Baltit), y la región ofrece turismo de trekking para montañeros aguerridos. Se puede descubrir el lugar viajando por carretera por la espectacular Karakorum Highway, la más alta del planeta: 1.300 kilómetros que atraviesan una zona con 82 montañas de más de 7.000 metros de altitud, y que une el oasis de Kashgar, en China, con Islamabad, la capital de Pakistán.
Esta famosa carretera del Karakorum cruza el valle de Hunza hacia la frontera con China, con vistas espectaculares, como el pico de Rakaposhi antes mencionado: una montaña severa y bellísima, escalada por vez primera en 1958.
Gran parte del trazado original de la carretera no era más que un sendero utilizado por los nómadas que viajaban con su ganado desde las tierras altas de Asia Central a las fértiles llanuras del río Indo, ruta que a lo largo de los siglos fue el camino más rápido para acceder a las regiones del norte del Pakistán.
En la década de 1950, la mayoría de niños hunza aún no había visto un todoterreno o un avión, a pesar de la proximidad del aeropuerto de Gilgit, a tan solo unos 70 km. Pero hoy en día la zona es relativamente accesible: se puede llegar con un vehículo de alquiler desde Islamabad, o bien como pasajero en alguno de los pintorescos y llamativos camiones pakistaníes, que pueden encontrarse en el Raja Bazar de Rawalpindi.
LA FÓRMULA DE LA JUVENTUD
La población hunza se compone de tres etnias —la goja, la hunza y la shinaki—, que hablan tres idiomas distintos. La etnia de los hunza habla burushaski, conocido como «el vasco de Asia», ya que no está relacionado con ninguna otra variedad de idiomas. La mayoría de hunzas son ismaelitas y el príncipe Aga Khan IV, líder de esta corriente religiosa, financia algunos proyectos para desarrollar la agricultura y economía locales.
Por más de un motivo, pero sobre todo por su asombrosa longevidad, el mundo fijó su mirada sobre los hunza y su historia, que es la de una cultura muy próxima a la naturaleza con un pasado fascinante: un principado independiente, abolido en 1974, pero con referencias históricas ya en la época de Alejandro Magno, y bien provisto de reyes y princesas, de cuentos y leyendas.
En el valle, unos esplendorosos albaricoques, los que darán origen a los míticos orejones hunza, toman el sol dispuestos en terrazas de cultivo. Se asegura que, junto al yogur artesano, en ellos está la clave de su longevidad, de esa vida larga y saludable de la que han venido disfrutando los hunza durante siglos.
Sin embargo, apenas se ha dicho nada de las bayas de goji, «el alimento antienvejecimiento más poderoso del mundo», que también se cultivan allí a pequeña escala. Hasta ahora ha sido mucho más fascinante hablar de una tierra paradisíaca, que se esconde en uno de esos colosales sistemas de valles increíblemente selváticos que se dedican a entrecortar el paso hacia el «Techo del mundo», la meseta Sur del Pamir. Valles de aspecto antediluviano, un amasijo de montañas sobrecogedoras donde el color y la luz invitan a la introspección.
Los hunza cultivan cebada, mijo, una variedad de trigo negro, nabos, zanahorias, guisantes, judías secas, calabazas y cebollas. También ajos, coles y coliflor, nueces, almendras, manzanas, ciruelas, melocotones, cerezas, peras, granadas, goji, e incluso melones. Y unos esplendorosos albaricoques que crecen en unos enormes árboles frutales. La demanda ha provocado que alguno de estos frutos, antes de autocultivo, como el goji y los albaricoques, se exporte en estos momentos a todo el mundo.
La demanda ha provocado que el goji y los albaricoques de los hunza se exporten a todo el mundo
En la actualidad, los hunza son también un pueblo ganadero, que mantiene una buena cabaña de gallinas, cabras, ovejas y caballos, lo que puede llevarnos a pensar que su longevidad —por encima de la media, pero menor de lo que aseguran las leyendas— se asocie igualmente a una fórmula sencilla: alimentación sana+aire puro+vida tranquila. Siguen un ayuno en primavera, mientras aguardan el esplendor del verano, y celebran con fiestas cada cosecha, para las que utilizan compost y siguen el método de doble cultivo, aprovechando mejor las terrazas.
En verano se da una espléndida cosecha de cereales, frutas y verduras que se consumen tradicionalmente crudos en su mayor parte, ya que el combustible se reserva tanto como se puede para el invierno, cuando comerán un mínimo de carne hervida —muy poca, en realidad son casi vegetarianos—, pero sobre todo para calentar sus viviendas de piedra. En invierno son fundamentales los lácteos, incluido el suero de leche.
Los hunza poseen una alta opinión de sí mismos. Los cuentacuentos hunza, que narran la tradición oral de su historia, aseguran que cuando abandonaron las prácticas más guerreras para pasar a ser un pueblo pacífico se convirtieron en «la tierra perfecta».
LA OPINIÓN DE DOS MÉDICOS
En 1947, el médico suizo Ralph Bircher-Benner, pionero en dietoterapia y gran defensor de los alimentos crudos, llegó a afirmar que el muesli tradicional de las montañas suizas posee semejanzas con algunos platos de la alimentación hunza, a base de lácteos, cereales y fruta.
Medio siglo antes, en 1900, un joven terapeuta, el doctor McCarrison, que se había trasladado al norte de la India para asumir el cargo de médico del estado para controlar la situación sanitaria de la región y atender facultativamente a sus habitantes, adquirió gran notoriedad gracias a los viajes de inspección por los más apartados rincones del país, viajes que le permitieron encontrar las aldeas del legendario pueblo hunza. Pronto pudo constatar que parecían milagrosamente a salvo de enfermedades de cualquier tipo, mantenían un inalterable optimismo, y hombres y mujeres alcanzaban los cien años de edad sin perder vigor físico y mental. Una extraña y perenne juventud favorecía a este pueblo enigmático. Quedó tan impresionado que instaló allí mismo un laboratorio de investigación para tratar de descubrir sus secretos. Estudió largamente el clima, la naturaleza del lugar y el modo de vida de la población.
Tras años de investigación, llegó a la conclusión de que el increíble misterio de los hunza, uno de los pocos pueblos que desconocían las enfermedades, no tenía más que un secreto: la alimentación.
Alimentos crudos y compatibles
Las frutas son la fuente esencial de la alimentación del pueblo hunza, principalmente el albaricoque, pero también el melón, así como la manzana, la uva, la naranja, la pera, la granada, el melocotón, la cereza y las bayas, como el goji y las moras. De todas formas, en sus escritos McCarrison afirma que ninguna es comparable al albaricoque y su exquisito sabor (que nada tiene que ver con el sabor del albaricoque de nuestros mercados).
Los hunza dejan las frutas envueltas en paja para que se conserven el mayor tiempo posible y conocen también su valor desecadas, como alimento energético.
McCarrison se fijó en que este pueblo sencillo, pero profundamente civilizado, no come carne (o muy poca, y muy de tarde en tarde) y en cambio sí comen queso en algunas ocasiones. No cocinan habitualmente, pero conocen perfectamente el uso del fuego y del calor más adecuado para elaborar el pan, que suelen cocer a la piedra —un pan denso y nutritivo como ningún otro en el mundo.
Los hunza tampoco mezclan demasiado los alimentos, evitando así, por instinto, las incompatibilidades. Seguramente el punto esencial, y el más sobresaliente de su alimentación, reside en la pureza de todo aquello que comen: alimentos totalmente naturales, sin aliños y, también, sin ningún tipo de conservante. Allí no existen conservas, ni sopicaldos, ni congelados ni microondas. Todo es natural, y recién elaborado.
UN EXPERIMENTO CLARIFICADOR
A principios del siglo xx, el doctor McCarrison ensayó en un laboratorio la dieta de los hunza con 1.200 ratones cobaya. A la mitad les dio la alimentación típica hunza y a los otros 600 les dio el régimen popular de Londres, es decir: pan blanco, carne, pescado, mantequilla, conservas, vegetales cocidos, arenques y bacalao, confituras y chucherías.
El experimento duró varios años y se sostuvo con varias generaciones de ratones. A cada uno se le hizo finalmente la autopsia para verificar el estado de sus órganos, principalmente el corazón y riñones. Se comprobó que las ratas de dieta «londinense» estaban afectadas del catálogo completo de enfermedades que hoy en día padece normalmente la población; su longevidad disminuyó y su sistema circulatorio se había esclerotizado. Además, al envejecer, los animales se volvían más agresivos; tanto, que muchos terminaron por devorarse unos a otros.
Por el contrario, las «ratas hunza» vivieron en perfecta armonía y ninguna de ellas presentó en su autopsia ningún síntoma patológico. Posteriormente otros científicos verificaron y comprobaron estos hechos.
La población hunza tampoco hace uso del café ni de ningún otro estimulante o excitante, porque no lo necesitan, al contrario del resto de pueblos del mundo.
UN PARAÍSO AMENAZADO
En la actualidad todos los informes de viajeros, periodistas y científicos que han visitado la zona nos hablan del paraíso perdido. A la zona ha llegado la enfermedad del dinero y del «progreso», con el turismo y la exportación de orejones de albaricoque, bayas de goji y otras frutas como fuente de ingresos. Las carencias nutricionales y la ingesta de calorías es similar a la de otros pueblos de la zona, y la expectativa de vida longeva ha desaparecido como por encanto. Y eso parece ser que era justo lo que los cientificistas de farmacia estaban esperando: comenzaron a investigar de forma alevosa la fecha real de cada nacimiento, un asunto al que los hunza, que son muy inteligentes, pero ingenuos en algunos asuntos, daban escasa importancia.
En cambio sigue siendo un verdadero espectáculo ver en el lugar a personas muy mayores saltando y jugando a la pelota (una especie de voleibol es el deporte nacional hunza).
¿Por qué dedicar estos párrafos a la cultura hunza? Porque vale la pena, antes de comer bayas de goji esperando milagros instantáneos, conocer ejemplos como este. Es bueno tener en cuenta su ejemplo de alimentación tradicional, acompañada de respiración pura, ejercicio razonable y tranquilidad de pensamiento.
Pulsuz fraqment bitdi.