Kitabı oxu: «La búsqueda de la verdad»

Şrift:




La búsqueda de la verdad : laberintos, ilusiones y expectativas / Carlos Beristain [y otros] ; Michael Reed-Hurtado, Camilo Umaña Hernández (editores). – Bogotá : Universidad Externado de Colombia. 2020.

370 páginas : ilustraciones; 21 cm.

Incluye referencias bibliográficas.

ISBN: 9789587902877

1. Conflicto armado – Colombia -- Relatos personales 2. Comisiones de la verdad – Colombia -- Relatos personales 3. Jurisdicción especial para la paz – Colombia 4. Víctimas -- País Vasco (España) – Investigaciones 5. Justicia transicional -- Argentina I. Reed Hurtado, Michael, editor II. Umaña Hernández, Camilo Eduardo, editor III. Universidad Externado de Colombia IV. Título

303.66SCDD 21

Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. EAP.

Febrero de 2020

ISBN 978-958-790-287-7

©2020, MICHAEL REED-HURTADO (editor)

©2020, CAMILO UMAÑA HERNÁNDEZ (editor)

©2020, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA

Calle 12 n.º 1-17 Este, Bogotá

Teléfono (57-1) 342 0288

publicaciones@uexternado.edu.co

www.uexternado.edu.co

Primera edición: febrero de 2020

Imagen de cubierta: El jardín de las delicias, por El Bosco, pintura al óleo sobre tabla, Museo del Prado

Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones

Corrección de estilo: Alfonso Mora Jaime

Composición: Karina Betancur Olmos

Impresión: Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A.S. - Xpress Kimpres

Tiraje de 1 a 1.000 ejemplares

Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra, sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad de los autores.

Diseño epub:

Hipertexto – Netizen Digital Solutions

CONTENIDO

PROLEGÓMENO

Carlos Beristain

INTRODUCCIÓN LA VERDAD EN SU LABERINTO

Camilo Umaña Hernández

Michael Reed-Hurtado

VERDADES INSATISFACTORIAS, VERDADES INCÓMODAS: RELATOS RELEGADOS DEL CONFLICTO ARMADO

Camilo Umaña Hernández

Diana Durán

LA VERDAD SIN HECHOS SOBRE LA EROSIÓN DE LA FUNCTION INVESTIGATIVA DE LAS COMISIONES DE LA VERDAD

Pablo de Greiff

MENTIRAS QUE CAMUFLAN UNA EXPLORACIÓN TENTATIVA SOBRE EL USO DE LA MENTIRA COMO RECURSO PARA NEGAR LA ATROCIDAD

Michael Reed-Hurtado

INTERSECCIONES DE VERDADES SOBRE EL PASADO VIOLENTO ALGUNAS CONSIDERACIONES DESDE LA INVESTIGACIÓN VICTIMOLÓGICA EN EL PAÍS VASCO

Gema Varona Martínez

LECCIONES DE LA EXPERIENCIA ARGENTINA PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA NARRATIVA TRANSICIONAL EN COLOMBIA

Valeria Vegh Weis

VERDAD EN UNA COLOMBIA TRANSICIONAL: ESTÁNDARES DESDE LOS SISTEMAS REGIONALES DE DERECHOS HUMANOS EN EL MARCO DE LA JURISDICCIÓN ESPECIAL PARA LA PAZ

Javier Alejandro Pantoja

Jairo Enrique Lucero

LAS FORMAS DE LA VERDAD EN LA JUSTICIA TRANSICIONAL: JUSTICIA Y PAZ, UN PUNTO DE PARTIDA PARA LA JEP

Ángela María Buitrago Ruiz

LOS AUTORES

NOTAS AL PIE

PROLEGÓMENO

CARLOS BERISTAIN

El informe Guatemala Nunca Más, un esfuerzo colectivo auspiciado por la Iglesia católica de Guatemala entre 1995 y 1998 en el que recogimos 5180 testimonios de víctimas del conflicto armado interno, comenzaba con una cita del escritor John Berger, que dice que la promesa es que la experiencia ha encontrado al lenguaje que necesitaba, que pedía a gritos. Para mucha gente el solo hecho de darle nombre a lo intolerable constituye en sí mismo una esperanza, ya que cuando se dice que algo es intolerable, resulta inevitable la acción.

Esta es una esperanza que está a punto de perderse en un mundo donde la verdad se ha convertido en una versión más de la historia, o incluso la llamada posverdad quiere enseñarnos que ni siquiera importa. Y, sin embargo, estas palabras resumen dos de los sentidos de la verdad en contextos sociales que tratan de hacer frente a un pasado de graves violaciones de derechos humanos: el reconocimiento de lo vivido y la transformación presente, porque el problema del pasado es que tiene tendencia a no querer dejar de serlo.

La verdad es, en primer lugar, una demanda de las víctimas y sobrevivientes, quienes se han visto casi siempre señaladas, estigmatizadas o culpabilizadas por la violencia sufrida. De esa forma se legitima la agresión, se justifican los hechos y se invisibilizan las responsabilidades. Esta es la experiencia de los familiares de los desaparecidos en México hasta las víctimas del genocidio maya en Guatemala de los años ochenta o de las dictaduras del Cono Sur. Y en todos esos casos la demanda de la verdad ha sido central. Cuando trabajamos en el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, en que la versión oficial había sido que fueron confundidos con narcotraficantes y quemados en un basurero por un grupo rival después de ser entregados por la policía, cosa que resultó ser falsa, lo primero que nos dijeron los familiares fue: dígannos siempre la verdad… y, por favor, no se vendan. La importancia de la verdad, aunque duela, y la centralidad de la confianza que la hace posible.

En países donde las responsabilidades de la violencia contra la población civil son múltiples, este proceso supone la creación de una verdad incluyente en la que las diferentes víctimas de distintos perpetradores se sientan incluidas, y su historia sea parte de una verdad colectiva. Frecuentemente se construyen memorias defensivas, en donde se enfatizan las propias víctimas y se desprecian o se invisibilizan las “del otro lado”. Pero la base sobre la que puede construirse esa verdad no es la relativización de lo sucedido, la comparación del dolor o el reparto de responsabilidades, sino la cultura de derechos humanos.

Una Comisión de la Verdad es en realidad un marco social de reconocimiento para las experiencias individuales o colectivas que no han sido tenidas en cuenta. La negación supone en muchos casos que las víctimas quedan en la cuneta de la historia. Además, el trauma conlleva que su experiencia quede atada a ese pasado traumático del que no pueden desprenderse si no hay reconocimiento y apoyo social. La fórmula del olvido sin leer la historia y sin aprender de lo vivido es coherente con quienes quieren seguir manteniendo su poder, pero no permite sanear ni limpiar las heridas de una sociedad. Las heridas solo pueden curarse con el bálsamo del respeto. En términos de la construcción de una democracia, el poder de coacción de los perpetradores que se mantiene en numerosas transiciones políticas conlleva un legado de miedo o indiferencia que condiciona el futuro de las comunidades y los países.

Una Comisión de la Verdad es también un espacio para hacer procesos para los que nunca hubo tiempo. En los contextos de violencia y persecución, lo importante es defender la vida, la denuncia y la protección. El silencio se convierte en una contención para enfrentar la emergencia, pero después se transforma en un tipo de vínculo que no permite asimilar los hechos. Socialmente se impone, porque hablar es peligroso. En el marco personal o familiar, se convierte en algo de lo que no se encuentra cómo hablar o se trata de proteger al otro. Las nuevas generaciones no pueden siquiera entender su propia experiencia ni aprender de lo vivido. Trabajando con víctimas colombianas en el exilio, en el marco de la Comisión de la Verdad de Colombia, los jóvenes dijeron a sus padres y madres que ni quiera sabían por qué estaban en otro país, más allá de que había persecución o peligro. Cuando hablaron con ellos no estaban solo interesados en conocer lo que pasó, sino también en saber cómo lo vivieron. Esas cosas nos acercan a comprender al otro y a reconstruir los lazos.

En términos colectivos, como señala Eduardo Galeano, la memoria ayuda a que la historia no se repita como pesadilla. Y como refieren algunos investigadores, al menos las comisiones han disminuido las mentiras que pueden seguir diciéndose. Aunque esto está relacionado no solo con el trabajo de una comisión, sino con la existencia de factores de crisis en dichas transiciones que supongan una ruptura real y simbólica con el pasado, y superar la imposición de una historia que genera la impunidad.

La importancia de estas experiencias intersubjetivas también está en la base de la toma de conciencia de las fracturas y los impactos. Estas formas de visibilizar el legado del terror son el primer paso para revertirlo. Las consecuencias de las violaciones de derechos humanos son en sí mismas irreparables, porque nada puede devolver el tiempo no vivido, las vidas truncadas, los proyectos que se perdieron o los familiares que ya no están. Pero sus vivencias y experiencias son parte de la sociedad y de la experiencia colectiva que muchas veces se mantuvo al margen o se sintió atenazada por el miedo. Hay muchas cosas irreparables, pero la reparación también un ejercicio de reconocimiento de que sus derechos fueron injustamente violados, y de que el Estado es responsable de ello. También esto incluye el reconocimiento de otras responsabilidades de grupos armados o sectores sociales y económicos que apoyaron o sacaron partido de la guerra o la dictadura, porque todos estos procesos tienen también una base económica que hay que tener en cuenta. Como nos dijo una mujer desplazada forzada en Colombia en 1995, cuando el padre Javier Giraldo le preguntó qué pedía en sus oraciones, haciendo referencia al control de los recursos naturales: le pido que si me desplazan otra vez, no haya nada bajo los pies.

Las comisiones de la Verdad han sido en muchos países el primer paso para reivindicar la justicia, o incluso llevar adelante procesos de sanción penal y social. Pero la impunidad no solo tiene un aspecto legal, que teje la complicidad de los sistemas de justicia, o histórico, que hace que se imponga una versión distorsionada de la realidad. También tiene un profundo impacto social. Genera eso que en la psicología llamamos la impotencia aprendida, es decir, la convicción de que no hay otro remedio que adaptarse para sobrevivir. Pero la verdad se empeña si hay quien la empuje, quien rompa la obediencia al miedo. En la Comuna 13 de Medellín, en las orillas del río Cauca, en medio de la guerra hubo gente que recogió los cuerpos cuando estaba prohibido, que registró los nombres cuando eran convertidos en NN, que desobedeció ese mandato de silencio. La verdad es también ese espacio para fortalecer los procesos personales y colectivos.

Durante años, en tantos contextos de violencia colectiva, dictadura o conflicto armado, esa verdad ha permanecido guardada en el corazón de las víctimas como aquello que Canetti llamó un cristal de masa, es decir un pequeño grupo perseverante que mantiene viva esa memoria. Y hay contextos en los que esa verdad puede convertirse en una memoria abierta, en una masa en red que atrae a todos hacia el sentido de justicia. Para Hannah Arendt hay tiempos históricos, raros periodos intermedios, en los que el tiempo está determinado tanto por cosas que ya no son como por cosas que todavía no son. Esa, creo, es la comprensión de la verdad que trata de ilustrar este libro, alimentando con las experiencias compartidas estas reflexiones.

Colombia vive un tiempo de esperanza e incertidumbre. Un proceso de paz todavía incompleto y un contexto de violencia en el que hay que trabajar. Hablando de la resistencia, Ernesto Sábato dice que lo peor es el vértigo: en momentos muy graves, cuando la elección nos sobrepasa, uno no ve hacia adelante ni hacia atrás, como si nos cubriese una niebla en la hora crucial. Tal vez este trabajo de la Comisión de la Verdad en Colombia es una forma de abrir los ojos. Hay que hacer las cosas en tiempos difíciles, cuando parecen imposibles, para que un día no lo sean.

INTRODUCCIÓNLA VERDAD EN SU LABERINTO

CAMILO UMAÑA HERNÁNDEZ

MICHAEL REED-HURTADO

La búsqueda y el establecimiento de la verdad son una contienda. Las situaciones más sencillas y pacíficas suelen dar lugar a un sinnúmero de versiones, panoramas y perspectivas sobre lo acaecido. En situaciones de graves conflictos sociales que derivan en conflictos armados o graves rupturas de la vida social, la verdad tiende a diluirse en todo tipo de pugnas y discordias. La pelea por la verdad se torna en motor de nuevas contiendas, que puede estabilizarse como un proceso abierto, sin solución, de la oposición entre bandos. En la contienda por la verdad se juegan la legitimidad de los actores de los conflictos, la comprensión del pasado, las estructuras interpretativas del presente y los fantasmas y remedios del futuro.

Este libro busca aportar a la comprensión del recorrido laberíntico que implica la búsqueda de la verdad y las contiendas que se generan en el proceso de develación de las verdades ocultas. Las reflexiones de los diferentes estudios que conforman el texto albergan reflexiones profundas sobre los problemas, críticas y oportunidades que emergen de diferentes experiencias internacionales y extranjeras, y, por supuesto, del marco del contexto actual colombiano. La reflexión colombiana busca contribuir al análisis de los esfuerzos por poner fin al conflicto armado en un contexto que paulatinamente reaviva profundos conflictos sociales hasta el punto de agudizar los cuestionamientos sobre la naturaleza de la guerra, de los guerreros e incluso de sus víctimas, con ocasión de la puesta en marcha de herramientas “transicionales” construidas con el propósito anunciado de promover cambios sociales bajo la premisa de proteger los derechos de las víctimas de violaciones graves.

Como consecuencia de factores culturales arraigados (especialmente de raíz religiosa), el proceso de búsqueda de la verdad habita en muchos de los discursos y de las teorías transicionales bajo lógicas de redención y armonía. La expectativa social de que, como prometen variadas religiones, la verdad nos haga libres, afinca sus promesas de sosiego y prosperidad en conocer lo sucedido para, según la recurrida fórmula, evitar repetir los errores del pasado.

Desde variadas ópticas, este libro cuestiona la idea de que el conocimiento de lo acontecido en un conflicto armado es un objetivo pacífico o incluso un consenso generalizable en la sociedad. Por el contrario, está cruzado por contención política, estados de negación, indiferencia y resistencia institucional. También es un objetivo acechado por la trampa, el miedo, el amordazamiento y la muerte. Las más variadas formas de censura se hacen patentes en el proceso. Más allá de las promesas salvadoras y purificadoras, la verdad no se manifiesta de manera sencilla. A las sociedades les cuesta esclarecer lo ocurrido durante los conflictos y les resulta aún más difícil reconocerlo.

Aunque el establecimiento de la verdad sea una meta social ideal, nadie puede seriamente prometer un camino pacífico hacia la verdad y el reconocimiento de las atrocidades perpetradas. La experiencia en todo el mundo ratifica que la búsqueda de la verdad y la justicia es un camino contencioso que puede o no terminar en una transformación hacia la coexistencia de grupos en disputa y la consolidación de formas incluyentes de gobierno.

El consenso y la armonía, sencillamente, no son productos expresos, quizás incluso viables, en un proceso de búsqueda de la verdad que pretende encarar las atrocidades del pasado. Los intereses son múltiples y enfrentados. Algunos perpetradores, aquellos que se encuentren expuestos, buscarán ganar algo del proceso; los perpetradores que no son conocidos harán todo por no ser descubiertos. Buena parte de las élites políticas, económicas y militares está interesada en esconder el pasado o al menos de enmarcarlo como un asunto superado, buscando alegar un estatus de víctimas para buscar protección moral y jurídica de cualquier reproche. Las reacciones de las víctimas tampoco son homogéneas: algunas quieren a toda costa saber lo que pasó y, sobre todo, su porqué, se preguntan cómo les pudo haber pasado de todo sin que nadie respondiera. Hay otras víctimas que quieren dejar todo atrás, para que nada más les pase o para poder recobrar un mínimo aliento de vivir el presente y proyectar su futuro. En el entretanto, la gran mayoría del público, indiferente, se pregunta por qué pasan tanto tiempo hablando de lo mismo.

Abandonar a la inercia social el conocimiento de los conflictos conduce a abonar el camino para no confrontar los pasados incómodos, o a versiones binarias de la historia donde los “malos y desviados”, en radical locura, se lanzaron inexplicablemente contra sus prójimos, los buenos. La histerización del horror que crea monstruos y establece hitos del horror tiene el potencial de crear una reacción moral en la sociedad, pero no aclara por qué pasó lo que pasó y, peor aún, no ofrece pistas para evitar que sigan pasando. La alternativa de establecer lecciones encumbradas en la sofisticación de la ciencia, sin el relato del dolor y el rostro de quienes lo vivieron, impide involucrar a los indiferentes, desdibuja el sufrimiento de las víctimas, profundiza el estado de negación y diluye la responsabilidad de los perpetradores. Después de todo, “la verdad, desde la perspectiva de aquellos más afectados por la violencia colectiva, reside, más que en los hechos mismos, en su interpretación moral, y la manera como son interpretados los hechos es comúnmente manipulada y distorsionada por aquellas personas que iniciaron la violencia” (Stover y Weinstein, 2004).

En la búsqueda por la verdad se juega no solo la responsabilidad sino la legitimidad de quienes participan en las hostilidades. No solo un relato sobre la sociedad sino su estatus ético colectivo, la autorrepresentación de su identidad, de su historia y, en últimas, de su grado de humanidad. Una sociedad que yerra se duele, una sociedad que no lo sabe no aprende, una sociedad que no lo reconoce no hace nunca el duelo.

¿Para qué la verdad al salir del conflicto armado? ¿Qué puede o debe ser considerado verdad para un conflicto armado? ¿Qué obstáculos se instalan en un contexto de salida del conflicto armado frente a la obtención de la verdad? ¿Cuáles son los lugares, sujetos, contextos y calidades de la verdad? ¿Existen oposiciones, debates, disputas o, tal vez, acuerdos, encuentros y mutua dependencia entre las verdades oficiales y las no oficiales, entre las verdades de victimarios y víctimas, entre las verdades conocidas y las ocultas? ¿Qué reflexiones actuales nos ofrecen los mecanismos empleados en Colombia para un escenario de superación del conflicto armado frente a la consecución de la verdad? ¿Qué lecciones podemos extraer de experiencias locales, regionales, nacionales e internacionales frente a este desafío?

Este libro apunta a muchas de estas preguntas. Nueve autores provenientes de diversas disciplinas (sociología, periodismo, derecho, criminología) y de diferentes latitudes reflexionamos en profundidad intentando aportar al debate contemporáneo, tanto local como global, de aquellas sociedades que buscan enfrentar un pasado de conflicto y aportar a la construcción social de la realidad, la historia, y la verdad –lo que de por sí dice mucho también sobre las sociedades que buscan sostener un estado de pacífico bienestar.

Contar con el escrito a modo de prolegómeno de Carlos Beristain, comisionado de la Verdad de Colombia y participante de tan diversas apuestas por la verdad en el país y el mundo, nos brinda un abrebocas especialmente relevante para comprender la lógica detrás del esclarecimiento de la verdad, así como sus desafíos desde la actualidad trepidante de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, que nació como un mecanismo de carácter temporal y extrajudicial derivado del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera. Pocas reflexiones académicas existen en el mundo de comisionados en pleno ejercicio de sus funciones.

El libro inicia con un artículo sobre verdades incómodas y verdades insatisfactorias escrito por Camilo Umaña, profesor de la Universidad Externado de Colombia y coeditor de este libro, y Diana Durán, editora judicial de El Espectador. La combinación de las perspectivas sociojurídica y periodística del asunto tiene como resultado una reflexión sobre la incomodidad de la verdad y la dificultad de revelarla y reconocerla. Elaborando a partir de ejemplos actuales, empleando entrevistas a víctimas y material periodístico, este artículo trata de rescatar la insatisfacción y la incomodidad como propiedades de las verdades que deben rodear los momentos transicionales. En últimas, este artículo propone preguntas sobre la finalidad del proceso de esclarecimiento de la verdad, su utilidad y los efectos incómodos del proceso junto con sus posibles consecuencias de insatisfacción social o, incluso, más concretamente en las víctimas de la atrocidad.

En seguida, en “La verdad sin hechos. Sobre la erosión de la función investigativa de las comisiones de la verdad”, contamos con un autor de gran relevancia: Pablo de Greiff. En su experiencia como relator especial de Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, De Greiff aportó de forma contundente al avance de estándares internacionales en contextos de transición. En su escrito, justamente, reflexiona de manera crítica sobre una de las instituciones acogidas por dichos estándares: las comisiones de la verdad. Este texto es relevante para cuestionar el alcance de las comisiones de la verdad, la expansión de sus mandatos y su impacto real poniendo de presente que su estandarización en las transiciones y su expansión de funciones han generado distorsiones en el mecanismo.

El siguiente artículo es obra del otro coeditor de este libro, Michael Reed-Hurtado. Enfatizando uno de los recorridos más difíciles del proceso de búsqueda y establecimiento de la verdad, Reed-Hurtado contribuye con una mirada a la mentira como recurso de negación. Este tercer texto ofrece una reflexión sobre mentiras institucionalizadas a través de una serie de argumentos que ponen de relieve dos temas presentes en gran parte de sus investigaciones: las estrategias de negación y la contención de la verdad. Extrañamente, en los procesos de búsqueda de la verdad pasa inadvertida o al menos velada la mentira. Es importante poder nombrarla sin eufemismos, reconocer sus efectos en el devenir social y avizorar la ingeniería institucional que se erige tras sus artificios.

Los siguientes dos artículos aportan una mirada a los laberintos, las ilusiones y las expectativas que surgen de los procesos de búsqueda de la verdad en otras latitudes. El cuarto artículo fue escrito por Gema Varona, desde el prestigioso Instituto de Criminología de la Universidad del País Vasco, quien desarrolla un texto sobre las intersecciones entre las verdades forense, judicial, histórica, periodística, narrativa, agonística y dialógica. A partir de una colección de experiencias del País Vasco, este artículo elabora importantes preguntas a partir de una mirada criminológica. El artículo avanza sobre el problema de los antagonismos sociales frente a la elaboración de la verdad en variados escenarios, la existencia de verdades cosmopolitas, la mitificación de las víctimas y la deshumanización de los perpetradores. En especial, este artículo resulta rico en tanto su reflexión de los distintos tipos de verdad se elabora en relación con el significado de las víctimas del terrorismo en una atmósfera polarizada como la vasca.

En seguida, a partir de la experiencia argentina, Valeria Vegh Weis presenta el quinto artículo del libro. En él, la autora detalla una serie de reflexiones acerca de la verdad como camino hacia la construcción de una narrativa transicional. Su desarrollo sobre la capacidad de las narrativas transicionales de establecer un plano fáctico, pero también axiológico, pone de presente el desafío (posiblemente la oposición) de la búsqueda de valores deseables frente a las particularidades de los casos de victimización y las necesidades de las víctimas. Empleando el caso argentino, este texto analiza el caso colombiano en una apuesta por lograr una narrativa fidedigna con enfoque de derechos, realzando la centralidad de las víctimas en el proceso.

Los últimos dos artículos concentran la mirada sobre el establecimiento de la verdad en el contexto de procesos judiciales especiales que se siguen en Colombia en el marco de esfuerzos de justicia transicional.

El sexto artículo explora los estándares internacionales de derechos humanos y su relevancia en la Jurisdicción Especial para la Paz. En “Verdad en una Colombia transicional”, Javier Alejandro Pantoja y Jairo Enrique Lucero hacen un trabajo pormenorizado de los estándares de la verdad desde el derecho internacional para recordar los desafíos que desde las ciencias jurídicas impone procurar por la verdad como derecho.

Finalmente, en el séptimo artículo, Ángela María Buitrago, destacada abogada y exfiscal delegada ante la Corte Suprema de Justicia colombiana, nos sitúa en el contexto colombiano con un desarrollo sobre la verdad tomando como campo de análisis el quehacer judicial. Su conocimiento en profundidad del funcionamiento del sistema judicial es puesto al servicio de este escrito, donde reflexiona sobre las formas de verdad que surgen de la aplicación de la Ley de Justicia y Paz en Colombia. Este artículo cuestiona en especial el potencial de la confesión y las versiones de los perpetradores, así como propone importantes reflexiones sobre la capacidad de contrastación de las versiones de los guerreros en escenarios judiciales.

Esta gruesa batería de análisis que componen este libro, como una forma de reflexión sobre el momento actual que vive Colombia, ilustra diferentes perspectivas sobre el laberinto que se debe recorrer en búsqueda de la verdad. En momentos en los cuales se descubren, se deponen o se confiesan algunas atrocidades, se abre literalmente un combate social por la verdad. La contención está en la médula de estos procesos. Dependiendo de cómo se comporten los distintos poderes (nacionales y locales) involucrados en la contención, el resultado puede ser más o menos conducente al reconocimiento de las atrocidades y de las víctimas.

El espacio para la contención política, sin embargo, necesita cultivarse bajo reglas de respeto y garantías básicas de seguridad y libertad de expresión para aquellos que reclaman: verdad, justicia y reparación. El proceso de paz colombiano se enmarcó en una visión simplista acerca de la verdad, creemos. Sin embargo, no hay nada más lejos de la realidad. Por el momento, esas condiciones de respeto y garantías no están aseguradas. El proceso es frágil y la libertad enfrenta múltiples amenazas. El país está sumido en una contienda que tiene el potencial de generar importantes acciones innovadoras, la constitución de actores sociales e, idealmente, la construcción de una identidad social basada en el reconocimiento. Desafortunadamente, esa misma contienda puede tener resultados desfavorables, enterrando aún más verdades que incomodan y evitando el doloroso reconocimiento de un pasado marcado por la atrocidad. La verdad está en contienda, esperamos que su búsqueda no sea a muerte.

18,70 ₼
Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
22 oktyabr 2025
Həcm:
445 səh. 10 illustrasiyalar
ISBN:
9789587903454
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
Yükləmə formatı: