Kitabı oxu: «Usted puede sanar su empresa»

Şrift:

Carlos Pezzani

Usted puede sanar su empresa

Claves para la transformación digital de los negocios

www.sanarsuempresa.com


Índice

  Cubierta

  Portada

  Comentarios sobre Usted puede sanar su empresa

  Sobre el autor

  Nota del Editor

  Prólogo

  Introducción

  1. Sobrevivir a la disrupción… ¿o la disrupción de la supervivencia?

  2. It’s the digital transformation, stupid!

  3. Los seis pilares 3.1. Al rescate del negocio 3.2. El cliente en la mira 3.3. La gente, poniendo el foco donde se debe 3.4. Los procesos (que no siempre existen) 3.5. La tecnología, o cómo salir del mail y de Excel 3.6. La cultura, o cómo ser cool

  4. Paradigmas digitales Paradigma digital 1. La innovación es the new black Paradigma digital 2. B2B, or not to be Paradigma digital 3. La fragmentación, “divide et vinces” Paradigma digital 4. La transparencia, un valor todavía desconocido Paradigma digital 5. La gestión del talento líquido y el crowdsourcing, abrir el juego para ganar Paradigma digital 6. Customer centricity, la gente, la Gente, la GENTE Paradigma digital 7. Social media, a menos que prefieras no enterarte Paradigma digital 8. Colaboración para trabajar más que en equipo Paradigma digital 9. Project management. Waterfall es el Waterloo de las organizaciones Paradigma digital 10. Agilidad y Agilidad y más agilidad Paradigma digital 11. Design Thinking, sin miedo de involucrar al cliente Paradigma digital 12. La automatización, ¿en serio hace falta hablar de esto? Paradigma digital 13. Big data, una ventaja competitiva desaprovechada Paradigma digital 14. Anytime, anywhere y qué lejos estamos estábamos Paradigma digital 15. AI desmitificada Paradigma digital 16. La experiencia del consumidor: recalculando Paradigma digital 17. Sociedades estratégicas, o “nadie se salva solo”

  5. Principios tradicionales Principio tradicional 1. Gestión: hacer lo básico bien Principio tradicional 2. Recursos Humanos, lo que nos enseña Wendy Rhoades

  6. El management 6.1. El nuevo management 6.2. La nueva-vieja gente 6.3. La ¿nueva? posición: CDO 6.4. El nuevo afuera

  Epílogo

  Tabla resumen

  Bibliografía

  Agradecimientos

  Créditos

Comentarios sobre
Usted puede sanar su empresa

En un proceso de co-creación como el que estamos viviendo, y en busca de un arquetipo del “Nativo 2020” que nació con la pandemia, bien vale hacer un wok con muchas frases que se van recolectando para pasar y superar este momento. Desde “el coronavirus es como un tsunami, donde los autos están en el agua y los barcos en la tierra” hasta “el cliente, el empleado, necesita más masajes que mensajes”, pasando la instauración del término segumidor (el consumidor que cada vez más elige un producto o servicio por la seguridad que este le brinda), o tal vez de uno de los momentos en los que uno debe pensar con el reloj y aquellos otros en los que debemos hacerlo con el calendario. Recorriendo sus páginas virtuales, Carlos Pezzani nos hace poner a veces el delantal de médico, enfermero, camillero y, a veces, hasta manejar a toda velocidad una ambulancia para sanar nuestra empresa. El coronavirus no nos va a vencer.

CLAUDIO DESTÉFANO, Networker

A lo largo de sus páginas, este libro ofrece un punto de vista valioso sobre la transformación digital y nos ayuda a descifrar los paradigmas digitales y “analógicos” de dicha evolución.

Por años, muchas pymes y comercios venían escapando de o demorando esta metamorfosis o adopción digital, que implicaba una transformación mental y cultural de estas pequeñas organizaciones y, especialmente, de sus dirigentes.

Enseña que ahora, más que nunca, las pymes deben lanzarse o sanarse con habilidad digital, administrando procesos de innovación que las transformen.

DANIEL DIMARE, Director de Marketing y Comunicación de Juguetes Rasti

CARLOS PEZZANI

Carlos Pezzani (1961) tiene más de veinticinco años de trayectoria en el mercado publicitario. Ha gestionado departamentos de Producción, Tecnología y Operaciones para el grupo Young & Rubicam en Latinoamérica y ha dirigido los esfuerzos de transformación de Grey Latam hasta 2019.

Esa experiencia le permitió publicar en 2018 Usted puede sanar su agencia (www.sanarsuagencia.com) con propuestas concretas y efectivas para lograr el éxito, aun en el escenario de crisis que venía sufriendo la industria publicitaria.

En diciembre de 2019 creó la consultora Sanar Su Empresa, con el objetivo de ayudar a todo tipo de empresas a replantear sus modelos de negocios y transformarse. Paralelamente colabora en la promoción de iniciativas de cambio y disrupción en las organizaciones.

En Usted puede sanar su empresa expande su visión más allá del mundo publicitario, desmitifica la transformación digital y la pone al alcance de cualquier empresa, comercio o profesión.

Nota del Editor

Este nuevo libro está basado en Usted puede sanar su agencia (www.sanarsuagencia.com), editado en 2018. Allí, el autor presentó pautas e ideas para la transformación del negocio publicitario. En aquel momento, Carlos trabajaba en una agencia y había ganado un premio con un paper en Londres, lo que lo había impulsado a ampliar su aporte a la industria.

Pronto se dio cuenta de que la necesidad de encarar una verdadera transformación del negocio no se agotaba en las agencias de publicidad, y lo fue comprobando a medida que presentaba el libro en diferentes ámbitos y recibía comentarios de personas que, sin trabajar en publicidad, valoraban la propuesta y se la retribuían con generosas opiniones.

Fue entonces que tomó la idea de la transformación y le dio impulso al ampliar la mirada a todo el mundo empresarial en general (empresarial de emprendedores, sin importar su actividad o tamaño). Manteniendo la estructura, el enfoque y el espíritu del libro anterior, trabajó en la reorientación de los contenidos para llegar a este nuevo libro.

Es justo advertir, por lo tanto, que es similar al anterior pero también es otro libro muy distinto, mucho más amplio y profundo, especialmente a la luz de las consecuencias de la irrupción del coronavirus, que, entre sus múltiples efectos, ha revalorizado lo digital y ha forzado a cuestionar la manera de llevar adelante los negocios.

Prólogo

En su libro anterior, Usted puede sanar su agencia, Carlos dio pistas y guías para repensar la transformación de las agencias publicitarias, rubro que conoce profundamente por sus más de veinticinco años de experiencia trabajando para las más importantes del mundo. De hecho, así fue que lo conocí hace ya un par de décadas, cuando él lideraba el departamento de Tecnología de Young & Rubicam y yo daba mis primeros pasos en comunicación en Burson-Marsteller. En todos estos años, su trabajo fue y es consistente, adaptable y con un ojo siempre en lo que vendrá. Fue mutando en su rol junto con el avance tecnológico que transformó su negocio, y además aprendió cada uno de los ingredientes que lleva la receta de la innovación.

Su nueva propuesta desmenuza la más actual y profunda idea de transformación digital, incluyendo la innovación urgente que generó el COVID 19 en el mundo. En sus propias palabras: “Transformación digital no es analytics con esteroides, no es una transformación marketinera, sino que es un proceso de metamorfosis profunda del negocio y además una condición permanente. La transformación digital no es un proyecto que empieza y termina, sino un proceso continuo de cambio que debe ser sostenido en el tiempo”. Con una investigación multidisciplinaria y que abarca a la transformación desde los procesos, cultura, tecnología, negocios, clientes y personas, da herramientas concretas para mejorar nuestras empresas, aun cuando las empresas seamos nosotros mismos.

Aprendí sobre innovación, liderazgo y adaptación leyendo este libro. La obra es generosa, pone al frente a los especialistas, los casos y a sus métodos, y demuestra cómo la transformación digital es posible, urgente y multifocal. Es una verdadera guía para tener una chance en este presente embravecido. Tírense de cabeza a la lectura sin dudarlo, les aseguro que saldrán con ideas frescas y con el envión necesario para afrontar bien preparados el futuro de nuestras industrias y profesiones.

MARTINA RÚA

Introducción

Yo no soy lo que me sucedió. Yo soy lo que elegí ser.

CARL JUNG

Las organizaciones, al igual que las personas, fabrican su realidad cada día sobre la base de una actitud que consiste en pensar y actuar de determinada manera. Y es muy común que se lo justifiquen en función de aquello que les ocurrió en el pasado. Jung desafió este pensamiento y relativizó la preeminencia de los factores históricos para darle al individuo el poder de cambiar. La personalidad, según él, se manifiesta a través de la voluntad; aunque no podamos cambiar lo que sucedió en nuestro pasado, sí podemos elegir qué hacer ahora y cómo seguir nuestro camino en el presente.

Muchas empresas, mientras asisten a la declinación de su negocio, consumen más tiempo y energía justificándose y culpando al contexto que poniendo manos a la obra para conducir su propio destino. No es novedad que el mundo de los negocios y de los consumidores viene cambiando desde hace mucho tiempo, del mismo modo que la convergencia entre el mundo físico y el digital es un imperativo para la supervivencia. Resulta inexplicable, en este escenario, que muchas empresas prefieran seguir como hasta ahora en lugar de elegir la opción de ser digitales.

Y esto sucede no solamente en las grandes compañías sino también en mipymes,1 asociaciones, fundaciones, entidades gubernamentales, y alcanza a profesiones individuales y hasta a comercios de barrio. Por eso es importante aclarar que, aunque en el libro hablo de “empresas”, es una forma genérica de referirme a cualquier tipo de emprendimiento, sin distinción de tamaño ni cantidad de empleados, y abarca también a los profesionales independientes y tiendas, porque los cambios en el mundo de los negocios ya venían afectando a todas las actividades por igual desde mucho antes de desatarse la pandemia de COVID-19.

En un artículo publicado en el diario La Nación, escribió María Eugenia Estenssoro, en un ejercicio de vaticinio prepandemia:

En poco tiempo no solo se transformará el sistema económico global a la velocidad de la inteligencia artificial, la robótica, la ingeniería genética, la nanotecnología, las neurociencias, las impresoras 3D y la internet de las cosas, sino que cambiará dramáticamente la manera en que vivimos, nos organizamos social y políticamente, aprendemos, trabajamos, nos reproducimos y amamos.2

El coronavirus irrumpió para poner en evidencia hasta qué punto el mundo sigue aferrado al paradigma de la era industrial. Dos décadas entrados en el nuevo siglo y disponiendo desde hace mucho tiempo de tecnología y desarrollos de billeteras electrónicas, home banking, plataformas de comercio electrónico, redes sociales por doquier, software para mensajería y videoconferencias y aplicaciones de delivery y movilidad, el congelamiento artificial de la economía inducido por los gobiernos como intervención sanitaria para disminuir la expansión del virus demostró cuán lejos está la enorme mayoría de las actividades económicas de poder operar en un mundo que se volvió digital a la fuerza. La gente se tuvo que quedar encerrada y su ventana al mundo fueron las pantallas, por lo tanto, las empresas, comercios y profesiones que ya estaban y las que lograron posicionarse ahí continuaron teniendo presencia, ya sea comunicando, ayudando, informando, construyendo vínculos e incluso vendiendo.

En el escenario de incertidumbre de la pandemia, hasta los acrónimos VUCA, RUPT, FUBAR y SNAFU,3 que con acierto Juan Ramiro Fernández (@ramirofv) en un tuit en 2018 propuso eliminar de las presentaciones corporativas, se quedaron cortos. Como expresó Fernando Zerboni, profesor de la Universidad de San Andrés y especialista en complejidad y management en una nota publicada en La Nación durante los días del confinamiento obligatorio: “La clave es entender que el nivel de complejidad del problema que estamos viviendo es tan grande que no hay persona o experto en el mundo que pueda entenderlo o modelarlo”. La primera respuesta frente a semejante escenario ha sido administrar el caos, pero sin perder de vista que a la vez había que crear las condiciones para el momento de la salida. Como lo expresó Dave Snowden, consultor e investigador galés especialista en gestión del conocimiento:

En un contexto caótico buscar respuestas es inútil: las relaciones entre causa y efecto son imposibles de determinar porque cambian permanentemente y no hay patrones discernibles: sólo hay turbulencia… [Es preciso] navegar desde el cuadrante del caos al de la complejidad donde sí pueden surgir patrones más nítidos que ayuden a prevenir futuras crisis y detectar oportunidades.

Aunque todavía es muy temprano para poder sacar conclusiones respecto de los efectos y las consecuencias de la pandemia de COVID-19, uno de los aprendizajes evidentes es que aquellas actividades que habían transformado con anterioridad su modelo de negocios y operación para la economía digital estuvieron mejor preparadas para enfrentar los desafíos de este aparente cisne negro.4

En las organizaciones o profesiones que todavía no estaban listas para operar en el mundo digital, hubo dos tipos de comportamiento: las que se adaptaron a las corridas al trabajo remoto pudieron subirse a algún marketplace o plataforma de e-commerce, o impulsaron su presencia en redes sociales para intentar mantener algo del negocio funcionando, y aquellas que siguieron esperando que se levantase el confinamiento obligatorio y que las cosas volvieran al estado prepandemia, con la esperanza de retomar donde se había dejado.

Por eso lo que pretende este libro es contribuir a cerrar la brecha entre los negocios tradicionales y los digitales, porque la actitud de reaccionar frente a tantos cambios ya no es suficiente. Es preciso ser digitales, ya que de eso se trata la transformación digital. Y mi intención es aportar no solamente una visión posible de la transformación, sino también ayudar para que lo puedan hacer más rápido y mejor. Las organizaciones verdaderamente digitales son aquellas que se reinventan de manera continua, se adaptan con rapidez, actúan proactivamente y buscan de manera constante provocar la disrupción de su propio negocio. No se trata de los productos, los servicios, la ejecución o el delivery, como tampoco es cuestión de escala, facturación o tamaño, sino de mentalidad y foco.

Estoy convencido de que es la única forma de prosperar en lugar de meramente sobrevivir en lo que se ha denominado la Cuarta Revolución Industrial. La tecnología ha transformado cada aspecto de los negocios, y el modelo industrial está perdiendo poder a pasos agigantados, en manos de una economía digital emergente. Basta con ver la valuación en la bolsa de las compañías digitales, que superan a las industriales en las mismas categorías, lo que demuestra que hay un nuevo modelo de poder que no opera de acuerdo con los modelos tradicionales. Y todavía falta ver las consecuencias y los efectos de largo alcance en el escenario postpandemia.

Digital es como funciona el mundo hoy, y la adaptación no es una estrategia sino una respuesta táctica que tiene un límite. Mientras más empeño se ponga en mantener ese statu quo, se pierde de vista que todo el ecosistema continúa cambiando. Heráclito afirmaba que el fundamento de todo está en el cambio incesante, lo que en el mundo de los negocios se manifiesta en que las formas de vender productos y servicios se han modificado sustancialmente, la competencia cambia, la fuerza de trabajo cambia, los consumidores cambian, los hábitos de consumo de esos bienes y servicios cambian, la relación con los medios cambia, los propios medios cambian, el marketing cambia, los estilos de liderazgo cambian y hasta las redes sociales continúan haciéndolo. Si las empresas, comercios y profesiones permanecen inmutables, están en problemas.

Es tiempo de aceptar que el mundo en el que nos hemos formado los baby boomers y los integrantes de la Generación X ya no existe más. Démosle las gracias y una calurosa y emotiva despedida.

En un paper que publiqué en 2017 titulado “Not Just Doing Digital: Being Digital”,5 lo denominé “las tres D de la Publicidad”: Develop Digital DNA. O sea, desarrollar ADN digital (aunque lamentablemente en castellano la sigla fracase). Este concepto que originalmente desarrollé para agencias creativas no está restringido solo a la actividad publicitaria y puede ser aplicado en cualquier tipo de empresa o negocio.

Creo que las organizaciones y profesiones, más allá del rubro en el que se desempeñen y sin importar su tamaño, deben iniciar de manera inevitable el camino de la verdadera transformación digital de su negocio. O no sobrevivirán haciendo ni lo digital ni lo tradicional, ya que carecerán de un ingrediente fundamental requerido hoy en día para tener éxito en la nueva economía: ser verdaderamente digitales.

Ese es el verdadero objetivo de este libro, lograr que comprendan la necesidad de transformarse y ser digitales, y que sientan que está a su alcance, que es posible. Pero permítanme advertirles que en el texto no van a encontrar un manual de transformación digital, simplemente porque no existe, y además quedaría desactualizado en poco tiempo. Cada negocio es único, y una vez convencidos de que quieren dar ese paso, deben desarrollarla a su manera, utilizando recursos propios o simplemente pidiendo ayuda.

IDC dice que las empresas o bien adoptarán la transformación digital y prosperarán en el mercado, o no conseguirán dominar las disciplinas y lucharán por apenas sobrevivir. En esto coinciden más o menos todos los analistas y teóricos de la transformación digital.

Brian Solis dice: “Either you’re disrupting or you’re at risk of getting disrupted”, algo así como “O disrumpes o te disrumpen”, con perdón de los neologismos y de cómo suenan. La disrupción, en el contexto de la transformación digital, consiste en una nueva oferta de valor en general brindada por una empresa que habitualmente no es la líder del momento y que propone prestaciones sustancialmente mejores para el usuario final. Es importante no confundirse: estamos hablando de valor y no de precio, porque en esencia la disrupción no implica necesariamente brindar un servicio premium a bajo costo, aunque muchas de las nuevas empresas digitales apalancan su rápido crecimiento bajo esta premisa (y a algunas así les va).

Roberto Wagmaister y Raúl Katz, autores del libro Ecosistemas digitales: innovación y disrupción en América Latina, afirman que “… la transformación digital ya no es una opción para las empresas, sino que es una obligación para sobrevivir en un mundo en el que la tecnología ha copado cada rincón y ha derramado su influencia por todas las capas de las compañías”.

No quiero sonar apocalíptico, pero a juzgar por lo que ha sucedido durante la pandemia de COVID-19, estamos llegando increíblemente tarde, y para empeorar el panorama, en poco tiempo más lo digital no va a ser más un diferenciador. En un paper titulado “The Digitisation of Everything”, Ernst & Young dice:

La digitalización de todo es un paso enorme, muy por encima de la invención y la adopción de internet, principalmente por su escala y ritmo de cambio. Lo que describimos hoy como “digital” en pocos años no tendrá sentido. Una “cámara digital” es hoy en día una simple “cámara” para aquellos que no vieron algo diferente. De la misma manera, una “estrategia digital” se convertirá en la estrategia normal. Por eso es importante tomar ventaja y aprender mientras haya tiempo.

Coincido totalmente, y creo que todavía se confunde el concepto: una organización puede ser digital y puede tener ADN digital, aunque sus métodos de producción y sus productos no sean digitales. Es la mentalidad, la cultura y —fundamentalmente— cómo se planta de cara al mundo lo que define si es digital o no. Cualquier pyme, cualquier comercio y cualquier profesión sin distinción de tamaño, rubro o actividad se puede transformar digitalmente y desarrollar ADN digital para tener éxito expandiéndose más allá de sus límites actuales.

Desde mi punto de vista, muchas actividades deberían tomar conciencia de que hay algo que quizás se les esté escapando. No es posible crecer y prosperar en la nueva economía digital manteniendo modelos organizacionales de la era industrial, con tecnología obsoleta y procesos anticuados que apenas alcanzan para mantenerlas a flote y donde ya no funciona correr a los cambios desde atrás.

Esto demuestra que llegó el momento de aceptar que el negocio tradicional, aunque retocado digitalmente, ya no es sustentable en el tiempo. Aun con diferencias sustanciales entre las economías y las culturas regionales, y entre distintas realidades locales, las organizaciones comparten problemas similares y enfrentan desafíos comunes. No ser digitales —como se verá en el desarrollo del libro— comprende múltiples problemas que no están restringidos al mundo de la tecnología y de lo digital únicamente.

No obstante, los negocios que todavía no lo han hecho necesitan con urgencia comenzar a recorrer el camino de la transformación digital para acompañar los cambios requeridos en el mercado, para ser digitales y así lograr el éxito. En definitiva, deben dejar de culpar al pasado y a la coyuntura, elegir definitivamente su destino y de esa manera cumplir con el postulado del viejo Jung.

1 Micro, pequeñas y medianas empresas.

2 La Nación, 2019. “En busca de la industrialización perdida”.

3 Acrónimos de la jerga militar estadounidense que se utilizan para describir situaciones de caos y confusión.

4 En referencia al libro de Nassim Taleb El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable.

5 Este paper recibió el primer premio en 2018 en Londres en la categoría Advertising en el concurso The Atticus, organizado por WPP.

1. Sobrevivir a la disrupción…
¿o la disrupción de la supervivencia?

Empecé a escribir este nuevo libro durante los primeros días de la cuarentena por la pandemia de COVID-19. Hacía tiempo que venía pensando en expandir los conceptos de mi anterior publicación, Usted puede sanar su agencia (www.sanarsuagencia.com), más allá de los límites del mundo de la publicidad y de las agencias.

Habiendo presentado el primer libro en diferentes países y en todo tipo de ámbitos (publicitarios y no publicitarios), y a partir de los comentarios que fui recogiendo, me convencí de que la mayoría de las problemáticas y planteos del libro eran comunes a otras industrias y a múltiples verticales de negocio, pero con tanto énfasis puesto en la transformación de las agencias no resultaría ameno ni interesante para los lectores que desconocieran el mundo íntimo de la publicidad, y extraer así los conceptos clave de cada tema planteado en el texto les supondría un esfuerzo extra al que no quería someterlos.

Durante 2019 estuve leyendo, investigando, recopilando información y debatiendo ideas relacionadas con el cambio y los desafíos de la digitalización de manera amplia y trascendiendo a la publicidad, y tenía en la cabeza la idea de reescribir Usted puede sanar su agencia para hacerlo accesible a todo tipo de actividad. El aislamiento obligatorio me dio el tiempo y haber asistido a las consecuencias de la pandemia en el mundo de las empresas, del comercio y del trabajo me convenció de que era la oportunidad.

Tanto se ha hablado de la disrupción en los últimos años que finalmente nos llegó una en serio. Aunque el tema de la disrupción estaba prácticamente confinado al terreno de la tecnología —no importa si esta es económica, ambiental, política, tecnológica o simplemente una pandemia—, las disrupciones simplemente suceden y la respuesta es siempre la misma: adaptarse o desaparecer.

Aunque suene trillado, es una realidad que el mundo ha pasado por un momento único (y ojalá, irrepetible) de la historia. La pandemia de COVID-19 ha afectado a todos sin discriminación y nos ha igualado de una manera jamás vista.

Frente a semejante escenario, casi todos los gobiernos adoptaron —a su ritmo— una serie de medidas para contener la expansión del virus. Sin excepción, se trató de reducir las interacciones sociales al mínimo, lo que implicó un congelamiento de buena parte de la actividad económica. Como consecuencia, la gente se quedó en sus casas y consumió menos, miles de actividades se paralizaron y quedaron en pie solamente las funciones esenciales para que los países no se detuvieran y así poder mantener la sanidad y la alimentación de la población atendidas.

La vida y, por consiguiente, los patrones de consumo en general se vieron alterados, y en lo que respecta a los medios resurgieron la televisión y la radio entre los medios tradicionales, pero también resultaron ganadoras las plataformas de streaming y ni que hablar de las redes sociales, que se afianzaron en el rol de brindar información, comunicación y acercamiento.

El impacto ha sido mucho más profundo que el de una recesión y, en semejante contexto, han quedado al descubierto problemas estructurales de todo tipo. Fue un llamado de atención para las empresas que hasta ese momento se habían enfocado únicamente en la atención de sus necesidades operacionales descuidando las inversiones en tecnología, negocios digitales, nuevos productos y canales e innovación. Ni más ni menos que todo lo relacionado con el cambio y la transformación, es decir, con adaptarse a un nuevo mundo que —sin excepción— ya venía desafiándonos antes del virus.

Con la movilidad, los canales tradicionales y las operaciones impactadas por el COVID-19, el valor de lo digital resultó inmediatamente obvio, sin embargo, la mayoría de las empresas se han visto imposibilitadas de operar en ese nuevo escenario, básicamente porque no estaban preparadas para el mundo digital y para lo no presencial, es decir, para desempeñarse más allá de lo físico. Se han privado así de una oportunidad única de continuar sus operaciones y continuar vendiendo, pero a su vez han dejado a los consumidores librados a su suerte, desabasteciéndolos de productos y servicios que, aun los que no eran esenciales, podían haber aportado bienestar y un mejor pasar a la gente en su confinamiento obligatorio.

Todavía no podemos medir con exactitud las consecuencias que ha dejado la aparición de este aparente cisne negro en la economía, en las relaciones humanas, en lo social, en el trabajo, en la salud y en la educación, pero ha quedado muy claro que había que hacer las cosas de otra manera y desde mucho antes. La transformación era inevitable e imprescindible y el virus solamente hizo que se descubriera lo evidente. A diferencia de una (¿simple?) recesión económica, los efectos y consecuencias de la pandemia no son reversibles y ya no se podrá volver al estado anterior, por lo cual es preciso abandonar la idea de que lo que se ha roto en estas condiciones adversas se va a arreglar por sí solo cuando las condiciones vuelvan a ser las adecuadas.

El abrupto cambio de hábitos que las cuarentenas generalizadas y las restricciones al desplazamiento han impuesto en todo el mundo hizo evidente el valor de lo digital y todos nos hemos acostumbrado a diferentes maneras de interactuar, entretenernos, relacionarnos, comprar y trabajar, entre otras acciones.

La flexibilización de ciertas exigencias ha impuesto nuevos estándares y hoy se aceptan cosas que en otro momento eran impensadas: trabajo remoto en empresas que jamás quisieron hablar de ese tema con sus empleados, videoconferencias con gente de entrecasa, sin maquillarse o afeitarse, niños y mascotas irrumpiendo, eventos online que se cortan todo el tiempo, etcétera.

Se han revalorizado y resignificado algunas palabras que no deberíamos abandonar una vez que todo vuelva a la “normalidad” (y cada uno tendrá una versión diferente de qué representa): empatía, propósito y resiliencia.

La empatía es la capacidad de percibir, inferir y compartir los sentimientos, pensamientos y emociones de los demás y se basa en el reconocimiento del otro como similar. Toda relación social tiene que ver con la empatía y la empatía es —por sobre todas las cosas— una habilidad social que ha cobrado enorme importancia en el contexto de la pandemia, ya que ha permitido comprender genuinamente cómo todos estamos influidos (y unidos) por cosas que no vemos.

Respecto del propósito, se ha hablado muchísimo del rol de las empresas y las marcas y hubo ejemplos de sobra, tanto positivos como negativos, respecto de qué aportaron en esos momentos. Fabián Jalife, fundador y Chief Strategy Officer de BMC Innovation, citado por Carlos Acosta en una nota de opinión publicada en el diario Clarín, dijo: “Las marcas ‘que hoy sirven’ son las que nos ayudan a protegernos, a cuidarnos, a ponernos a resguardo, a calmarnos, relajarnos, sentirnos contenidos, acompañados. Es tiempo de poner los propósitos más que nunca en acción. De acompañar. De tener gestos. De dar ejemplos de ciudadanía corporativa”.

Fernando Vega Olmos, en un editorial para ourselvesonline.com, escribió:

Qué oportunidad se están perdiendo las marcas de madurar de una vez… Si cada marca tuviera bien definido su propósito, podría estar honrando esa razón de ser, haciendo cosas útiles para las personas en lugar de crear mensajes tan obvios y superficiales… Si tus palabras no son mejores que tu silencio, no las pronuncies, decía el maestro de la serie Kung-Fu.

En psicología, la resiliencia es la capacidad del ser humano de superar las circunstancias adversas o los acontecimientos traumáticos y adaptarse a ellos de manera positiva. Este concepto aplica por igual a personas y a organizaciones, y aunque se ha abusado de esta palabra hasta el hartazgo (llegando a ser el nombre con el que fue bautizada la operación militar para ayudar a la población en Francia durante la pandemia), es el término que mejor describe esa capacidad de adaptación, la flexibilidad que ha requerido la situación y también cómo se perciben las dificultades como oportunidades para enfrentar al virus. Aquellas empresas, comercios y personas que hayan entendido la situación y hayan podido sobrellevarla positivamente adaptando su propuesta de valor para la gente (consumidores y empleados por igual) son las que más rápido habrán podido recuperarse y habrán salido fortalecidas y valoradas.

Los consumidores y empleados, parafraseando el título de una película respecto del comportamiento de las empresas en ese período, podrían decir: “Sé lo que hicieron la pandemia pasada”.

Por eso, la propuesta del libro, al igual que en Usted puede sanar su agencia, consiste en salir del statu quo y estar mejor preparados para el mundo digital, no tanto para enfrentar la próxima pandemia (que ojalá nunca suceda) sino para la disrupción, sea cual fuere.

La necesidad está, la metodología existe y la tecnología lo permite, por eso hago un llamado al gen emprendedor de las empresas (especialmente valorado en las pymes), comercios y profesiones para impulsar un verdadero proceso de transformación profunda para salir del eterno ciclo de adaptarse a la coyuntura —algo que saben hacer muy bien— porque lamentablemente ya no es suficiente.

El mundo actual exige mucho más que la mera posibilidad de sobrevivir. Y esto lo aprendí trabajando en publicidad, una actividad que durante los últimos diez años únicamente se dedicó a la supervivencia, corriendo a los cambios desde atrás. En lo personal, luché contra esa visión con todos los elementos a mi alcance, y puedo decir que, aun a lo Pirro, gané algunas batallas y, desde que me dedico a la consultoría, trabajo ayudando a transformar agencias no solamente para que tengan éxito en el presente, sino también para que estén mejor preparadas para el futuro.

Sabemos que la resistencia siempre es la primera reacción, y aunque sea natural y comprensible, claramente, muchas empresas e industrias (no solo la publicidad) se habían estancado desde mucho antes de que apareciera el virus, y aunque no me corresponde juzgar los motivos, sí puedo decir que creo que es una conducta suicida, porque la única constante de los tiempos que corren es el cambio, traducido en modernizarse y evolucionar.

Planview, una empresa de software dedicado a la gestión de la innovación, agilidad y gestión de proyectos, en su e-book The World of Work Is Changing: Will You Evolve or Be Left Behind?, dice:

El ADN de los negocios actuales es el cambio. Las adaptaciones que fuerzan estos cambios nacen de los desafíos organizacionales, así como de las oportunidades y evolucionan en respuesta a factores internos y externos tales como una nueva fuerza de trabajo y habilidades, tecnologías de avanzada, nuevos competidores y los cambios en las demandas de los consumidores.

Es justo reconocer que no todos los cambios son crecimiento, así como no todos los movimientos son hacia adelante. Como también que el cambio y la transformación no afectan del mismo modo a todas las industrias. En el libro Digital Vortex. How Today’s Market Leaders Can Beat Disruptive Competitors at Their Own Game, los autores presentan una encuesta realizada a más de mil líderes de negocios en la cual ponderan la exposición a la disrupción según el tipo de industria. Entre las más amenazadas se encuentran las telecomunicaciones, tecnología (productos y servicios), retail, educación, turismo y hotelería y servicios financieros. En el otro extremo (las menos afectadas) se ubican petroquímica y extracción de petróleo, servicios públicos y farmacéutica. Increíblemente, el 45% respondió que la disrupción de su industria no resultaba una preocupación para el nivel gerencial.

Tampoco la coyuntura es la misma en cada país. En Latinoamérica hay una dispersión enorme de políticas públicas, incentivos y condiciones macroeconómicas para el desarrollo de negocios que hace imposible una generalización. No obstante, aunque morigerados por la imposición de barreras arancelarias, intervención estatal o subsidios, el cambio y la transformación resultan asimismo esenciales no solamente para sobrevivir sino, como he puntualizado, también para el éxito. La supervivencia es una respuesta táctica a ciertas condiciones cambiantes, pero no puede considerarse de ninguna manera una condición permanente, por eso, al igual que aconsejé a la industria publicitaria, propongo que eliminen la palabra “supervivencia” de su vocabulario y la reemplacen por “éxito”. Y apuntar al ÉXITO de una vez por todas.

El reporte Fjord Trends 2020 de Accenture Interactive plantea que el comportamiento de la gente fluye todo el tiempo y se mueve entre segmentos demográficos tradicionales de formas que resultan contradictorias. Sobre los negocios, toma como ejemplo Business Roundtable, una organización que nuclea a los CEO de las mayores compañías de Estados Unidos y que alcanzó un punto de inflexión en 2019 cuando redefinió su misión. Durante años, la declaración formal de propósito corporativo fue poner a los inversores por encima de todo, pero desde el año pasado se cambió a “valor para los consumidores”, “invertir en los empleados” y fomentar “diversidad e inclusión”.

Cerrarse por completo a los cambios que los consumidores ya realizaron, que el mundo digital exige, que el ecosistema de negocios requiere, que los clientes reclaman y que los empleados necesitan no es ni remotamente parecido a una estrategia y menos aún para el éxito.

Con tantos cambios que simultáneamente se superponen y potencian, la pretensión de mantener a los clientes, el ingreso y la rentabilidad mediante la opción de no hacer nada resulta totalmente irracional. Asumir que no tomar decisiones mantendrá el negocio a flote lo único que logra es empujar el negocio cada vez más hacia abajo. Es simple: el lugar que las empresas no ocupen lo llenará la competencia, sean tradicionales, incumbentes6 o nuevas start-up que vienen a copar el mercado. En El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa expresa eficazmente la paradoja del statu quo: “Si queremos que las cosas sigan como están, entonces hay que cambiarlas”.

Hay una aplicación para los negocios de una ley de la Física que ejemplifica esta situación. Es la segunda ley de la termodinámica, o flecha del tiempo, en la que se define a la entropía como “la medida del desorden de un sistema”. En esta ley se establece que la entropía total o desorden en un sistema aislado siempre tiende a crecer. El desorden o degradación de un sistema desatendido, por lo tanto, tiende a incrementarse en el tiempo, a menos que se inyecte energía para reducir la entropía (desorden). Llevado a las organizaciones, el desorden es, por ejemplo, no realizar a tiempo los cambios que se requieren para mantenerlas vivas, actualizadas y vibrantes. El sistema desordenado es la declinación, el sistema ordenado es un negocio robusto y en pleno funcionamiento, rentable y aggiornado.

Esta analogía muestra que se requiere energía y transformación para que las empresas, comercios o profesiones no se degraden. La función de los líderes —en cualquier escala de negocios— debería consistir en pelear contra la tendencia natural de la entropía que incrementa el desorden en su actividad (y su consiguiente declinación), y realizar las transformaciones necesarias, motivando e inspirando a los empleados para que, a su vez, inyecten una porción de energía para mantener a la empresa activa en el ecosistema actual de negocios.

Se requiere, además, humildad para darse cuenta de que lo que funcionó en el pasado podría no funcionar en el futuro, y que es preciso aprender, crecer y cambiar. Y de ser necesario, también pedir ayuda. La exigencia para los líderes hoy en día es infinitamente mayor que antes, porque el mundo globalizado y digital es también enormemente más complejo, entonces hay que asumir que no se puede ser experto en todos los dominios relativos a la gestión de la compañía.

Y la competencia también cambia. Antes se competía entre contendientes de la misma categoría, incluso a veces delimitada por zonas geográficas. Pero ya no. El mundo está al alcance de la mano de cualquiera, y florecen competidores en todos lados. Las incumbentes que ven perder cuotas de mercado y se meten en negocios que antes no eran de su interés porque la escala y lo digital les permiten bajar costos, la competencia tradicional que adopta el paradigma de la agilidad y se digitaliza, las empresas emergentes que con una propuesta de valor renovada se hacen un lugar en mercados muy tradicionales y que parecían poco permeables a la digitalización.

Una pregunta que les hago a las agencias de publicidad en cada presentación de mi libro anterior es: ¿en qué negocio están? Es la pregunta que todas las empresas deben hacerse y —sobre todo— responderse. Porque no siempre se está en el negocio que se cree. En especial cuando las cosas van más o menos bien, es muy fácil quedarse en la zona de confort, anidar en el statu quo y olvidarse cuál es el verdadero negocio.

Conocer la respuesta brinda la posibilidad de discernir mejor si el producto o servicio está quedando obsoleto, si su rentabilidad se está degradando, si está siendo subvencionado por otros productos o servicios de la compañía y, sobre todo, si es lo que efectivamente conviene vender. O mejor dicho, lo que los clientes realmente quieren comprar. Retomando la célebre cita de Theodore Levitt:7 “La gente no quiere comprar un taladro de un cuarto de pulgada sino que quiere un agujero de esa medida”.

Para salir de la inacción e iniciar un proceso de cambio, hay que dejar de echar culpas, sea el gobierno, la economía, la competencia, la globalización, China, los millennials y centennials, la pandemia o cualquier otra coyuntura, básicamente porque hay que aceptar que “es lo que hay” y el partido se juega en esas condiciones. No hay chances ni poder para modificar, al menos en el corto plazo, ninguna de estas variables, por lo tanto, se trata de identificar sobre qué dominios se tiene el control y comenzar por ahí.

Primero hay que admitir que hay un problema, tal como sucede en cualquier proceso de cambio, incluso en los personales. Sentir el dolor, no insensibilizarse. Luego, valentía y decisión para encarar el cambio. En este punto, la humildad para pedir ayuda no viene nada mal. Y, por sobre todas las cosas, cambiar el foco y mutar de la visión de la supervivencia a la del éxito simplemente porque no se puede vivir con el agua al cuello todo el tiempo.

En un artículo publicado en el sitio de Cerem International Business School titulado “Cuando los dinosaurios atacan. Estrategias de los ‘incumbentes’”, se describen sintéticamente las causas por las cuales las empresas no reaccionan a tiempo:

 Sinergias de negocio tradicional. Usualmente, las empresas suelen basar su estrategia en los modelos tradicionales de gestión económica y financiera, y en modelos de crecimiento tradicional, ya sea mediante aperturas, fusiones o procesos de internacionalización.

 Visión de corto plazo. Muchas compañías focalizan la gestión ejecutiva en el día a día y en el desarrollo de planes de negocio a corto plazo.

 Desconfianza hacia nuevos modelos de negocio. Con modelos tradicionales que funcionan bien, hay mayor reticencia al cambio y desconfianza hacia nuevos canales de comercialización, e incluso hacia nuevos modelos de organización y gobernanza.

 Sobrevaloración de su fortaleza. Con los antecedentes señalados, las incumbentes tradicionales tienden a sobrevalorar su posición de fortaleza frente a la irrupción de nuevos modelos de negocio en su sector.

Los líderes deben convertirse en los catalizadores del cambio, en los héroes de la flexibilidad y en los paladines de la agilidad organizacional para impulsar a sus organizaciones e iniciar el camino de la transformación. Su enfoque y su discurso deben sugerir evolución, no revolución, porque esta última genera miedo, incertidumbre y crea sus propios anticuerpos.

Ciertamente hay amenazas que son comunes a todas las empresas, comercios y profesiones, más allá de su tipo, de su origen y de su tamaño, pero podemos considerar que en general las empresas más grandes o las multinacionales ya cuentan por su estructura con estrategias y directivas globales, y un ejército de consultores y de recursos para la transformación. En cambio, las empresas pequeñas y medianas (pymes) y los comercios no solo deben identificar qué transformar sino hacerse cargo también del cómo.

El informe Índice de Políticas Pyme: América Latina y el Caribe 2019 elaborado de manera conjunta por la OCDE y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) expresa lo siguiente:

Las pymes representan más del 99,5% de las empresas en la región […], generan el 60% del empleo productivo formal, son motores críticos para el crecimiento y la inclusión social a nivel regional, así como una prioridad clave para los responsables de políticas de la región […] se enfrentan a la competencia de un gran sector informal y a una brecha de productividad significativa respecto a las empresas grandes.

En el mismo informe, identifican que este tipo de empresas representan el 25% de la producción de bienes y servicios en América Latina, mientras que en Europa las pymes generan el 55% de la riqueza. Paradójicamente, se hacen cargo del empleo privado en rangos entre el 55% y el 65% según cada país. Semejante brecha entre el volumen de producción y la creación de empleo es una muestra de la enorme concentración económica que está en manos de las grandes empresas de la región.

El informe destaca que la mayoría de las pymes se ocupa de negocios “de bajo valor agregado y reducidos niveles de capital humano” y que compite en mercados con productos poco diferenciados como la agricultura y el comercio minorista. Dentro de ese contexto de subsistencia, las pequeñas y medianas empresas de América Latina no apuestan por crecer mediante la internacionalización o la innovación. El 71% de los emprendimientos de la región no cuenta con ingresos provenientes del comercio exterior, un porcentaje que lamentablemente alcanza el 90% en Argentina y Brasil.

Enrique Iglesias, cuando era presidente del BID, en una asamblea de ese organismo sostuvo que “las pymes son el mejor antídoto contra la pobreza”, instando a los países que quisieran combatir dicho flagelo a que incentivaran el desarrollo de este segmento de empresas. Por su parte, en una publicación de abril de 2019 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL),8 en el prólogo a cargo de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de CEPAL, se puede leer:

… los resultados alcanzados no son suficientes y el desempeño de las empresas de menor tamaño causa una muy justificada preocupación, especialmente si se evalúa a la luz de las profundas transformaciones que están sacudiendo las dinámicas competitivas internacionales. En muchos aspectos las mipymes latinoamericanas todavía presentan, con limitadas excepciones, las debilidades y fragilidades que las han caracterizado durante décadas: continúan al margen de los mercados más dinámicos y su contribución a las exportaciones sigue siendo extremadamente limitada; participan de forma marginal en relaciones productivas más estrechas con grandes empresas, y raramente se integran en modelos asociativos con otras empresas para producir economías de escala y bienes colectivos. Asimismo, no logran acelerar sus actividades de innovación y los procesos de producción continúan operando con tecnología obsoleta o escasamente productiva.

A su vez, las pymes cuentan con enormes ventajas frente a las grandes empresas. La principal es que el “ser emprendedor” está en sus genes (y hay que rescatarlo) y, por su escala, no se diluye en múltiples capas de jerarquías, manteniendo vivo el orgullo y la pasión por lo que se hace. Por otro lado, pueden tomar decisiones con mayor agilidad que cualquier corporación que está obligada a recorrer todo el espinel corporativo para realizar cambios profundos. Además, la transformación digital iguala oportunidades y posibilita desafiar a las incumbentes. Las pequeñas y medianas empresas cuentan con las mismas herramientas y metodologías que las grandes para llegar a los consumidores o a otras empresas. Y la globalización —que veremos cómo sale parada de la pandemia— permite expandirse más allá de la geografía local y competir de igual a igual.

Muchas industrias todavía tienen graves dificultades para reconocer el impacto que trajeron los cambios de la nueva economía digital por la inercia de su propia actividad. Es interesante ver que en el ranking de Interbrand de las cien marcas más valiosas del mundo de 2019, los cuatro primeros puestos son ocupados por empresas tecnológicas, muy por encima de las empresas industriales. En el ranking de valor de marca de Statista, los siete primeros puestos corresponden a empresas de tecnología (Amazon, Apple, Google, Microsoft, Samsung, AT&T y Facebook). Esto nos dice que no se puede ignorar el valor de la tecnología en el mundo.

En el informe “Expectativas 2019. Pymes en Argentina” realizado por PWC, en el apartado correspondiente a las acciones para afrontar los desafíos de 2019, en orden de importancia se cuentan:

1 desarrollo de nuevos negocios;

2 desarrollo de nuevos canales de comercialización;

3 reducción de costos y análisis del margen de rentabilidad;

4 cambio en las fuentes de financiación;

5 inversión en marketing digital;

6 reestructuración del personal;

7 desarrollo de nuevas tecnologías e innovación.

Excepto el punto 4, el resto consiste en oportunidades para la transformación y el agregado de valor que pueden ser controladas por la propia empresa, con recursos internos o externos, pero que resultan totalmente independientes de la coyuntura.

E. O. Wilson, un entomólogo y biólogo estadounidense, dijo: “Hemos creado una civilización tipo Star Wars con emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina”. Quizás “medievales” sea un poco exagerado, pero claramente muchas actividades todavía atrasan, y mucho. Esa es la mala noticia. La buena noticia es que la tecnología está entre nosotros y existe para apoyar el camino de la transformación.

Los nuevos modelos de negocios que se imponen requieren inevitablemente hacer las cosas de una forma diferente e iniciar el camino de la transformación digital para poder aprovechar todo lo que la tecnología aplicada al negocio (tanto hacia afuera como hacia adentro) puede brindar. Aunque suene intimidante, el camino solo se irá abriendo si las empresas, comercios y profesiones se permiten reconocer que su actividad, tal como está hoy, no será sustentable en el futuro.

En “Preemptive Transformation. Fix It Before It Breaks”, un paper publicado por BCG, nos alertan acerca de la necesidad de encarar transformaciones preventivas y no reactivas:

Encontramos que el cambio preventivo genera significativamente mayor valor en el largo plazo que los cambios reactivos, y además lo crea más rápido y consistentemente… Nuestros hallazgos sugieren que, para mantener resultados extraordinarios, las compañías deben perseguir la transformación preventiva en lugar de depender del impulso de la performance actual… Los resultados muestran que la transformación preventiva es el factor de éxito más importante.

Transformación digital no es analytics con esteroides, no es una transformación marketinera, sino que es un proceso de metamorfosis profunda del negocio y además una condición permanente. La transformación digital no es un proyecto que empieza y termina, sino un proceso continuo de cambio que debe ser sostenido en el tiempo.

Ramón Puchades afirma en su blog (ramonpuchades.com) que “la transformación digital es un territorio de preguntas, no de respuestas”. Se trata de buscar nuevos problemas y de encontrar nuevas necesidades. Muchas organizaciones cometen el error de buscar nuevas respuestas digitales para viejas preguntas. Esto es: sobrevivir haciendo las cosas igual que siempre pero adoptando un entorno digital. En este caso no es transformación digital sino digitalización. Digitalización es la búsqueda de la mejora de productos y servicios actuales apalancándose con tecnología, es una mera persecución de eficiencia sobre la base de la tecnología disponible.

Está bien, es correcto, pero ya no alcanza. Lamento tener que decir que no será posible sobrevivir en la Cuarta Revolución Industrial apenas digitalizándose. Eso es más de lo mismo, no es ser digitales.

6 Se denomina así a las empresas que tienen una cuota de mercado dominante en un determinado sector.

7 Economista alemán, profesor de Harvard Business School.

8 “MIPYMES en América Latina. Un frágil desempeño y nuevos desafíos para las políticas de fomento”. CEPAL, coordinado por Marco Dini y Giovanni Stumpo.

2. It’s the digital transformation, stupid!

Durante los días de la pandemia circuló un meme con la siguiente pregunta:

¿Quién lidera la transformación digital de su compañía?

CEO

CTO

COVID-19

Más allá del chiste, es real que la irrupción del virus ha actuado como catalizador del cambio, lo que obligó a miles de empresas a acelerar procesos digitales como el trabajo remoto, los cuales, aunque no representan per se iniciativas de transformación, bien podrían ser parte de ella.

Como la tecnología es cada vez más asequible y está disponible, en todo lo relacionado con la transformación digital se tiende a poner énfasis en la parte digital, es decir, las plataformas y los procesos, más que en la parte de la transformación. Adoptar una nueva tecnología no define la transformación, sino que además podría tener consecuencias negativas tanto si se fracasara como si se tuviera éxito en el intento: si se fracasara, porque podría significar un bloqueo de futuras iniciativas a partir de una mala experiencia. Y si se tuviera éxito, porque podría pensarse que con eso ya es suficiente, y quedarse estancados en la porción cosmética del cambio.

Existen muchas definiciones de transformación digital, un concepto que además evoluciona permanentemente, como podremos ver a continuación.

 “La transformación digital es refundar una empresa, redefinirla desde la base hasta la cabeza. En todas las dimensiones, capacitación, mentalidad, aproximación al negocio, paradigmas de producción, etc.” (Katz, 2015, Ecosistemas digitales: Innovación y disrupción en América Latina, CEPAL, CAF, Fundación Telefónica, Buenos Aires).

 “La transformación digital significa cambiar la forma de interacción con clientes, socios y proveedores, cambiando drásticamente los procesos internos, comportamientos y prácticas para conseguir el objetivo. Se trata de transformar todos y cada uno de los aspectos del negocio” (Friedrich, Pachmajer & Curran, 2016, “The Right CDO for Your Company’s Future. The Five Archetypes of a Chief Digital Officer”).

 “El desarrollo y la inversión en nuevas tecnologías, cambios de mentalidad, modelos operacionales y modelos de negocios para mejorar el trabajo, incrementar competitividad y entregar más valor a consumidores y empleados en una economía digital en permanente evolución” (Solis & Littleton, “The 2017 State of Digital Transformation”, 2017).

 “Transformación digital es la integración de tecnología digital en todas las áreas de un negocio, cambiando radicalmente la forma de operar y de entregar valor a los consumidores. Es también un cambio cultural que requiere que las organizaciones continuamente desafíen el statu quo, estén abiertas a la experimentación y toleren los fracasos” (“The Enterprisers Project”, 2018).

Más recientemente, Brian Solis, quien se presenta como Evangelista Global de Innovación y Antropólogo Digital en The State of Digital Transformation. 2018-2019 Edition, la define de la siguiente manera:

La transformación digital es la búsqueda constante de modelos ágiles e innovadores de negocios y de operaciones, impulsados por tecnologías en permanente evolución, procesos, analytics y desarrollo del talento para crear nuevos valores y experiencias para consumidores, empleados y otras partes interesadas.

(Y que conste por favor que me abstuve de utilizar Wikipedia.)

Según Thor Olavsrud, en su artículo para Cio.com “Change Management for Digital Transformation: What’s Different?”, la transformación digital cambia fundamentalmente los procesos de misión crítica y operaciones de una compañía. Es verdad que hay mucho “humo” alrededor de la transformación digital, y podría pensarse que es otra ola más en la que veremos aparecer creyentes, escépticos, negadores, evangelizadores y sumos sacerdotes del cambio.

Aunque se ha abusado del concepto hasta el cansancio haciendo que su verdadero significado se haya perdido en una nebulosa, y hoy en día la transformación digital es percibida casi como un cliché, George Westerman, investigador principal del MIT y autor de Leading Digital: Turning Technology into Business Transformation, salió al rescate con esta frase que condensa su espíritu: “La transformación digital impone repensar radicalmente cómo una organización utiliza la tecnología, la gente y los procesos para cambiar fundamentalmente el desempeño del negocio”.

Dicho esto, la transformación digital no se trata simplemente de otra burbuja, una tendencia pasajera o una nueva teoría del mundo de los negocios, sino que abarca a toda la sociedad y a toda la economía. Los cambios y las tendencias de comportamiento digital ya están establecidos desde hace años en el mercado, los consumidores, las industrias y los gobiernos.

Para el Foro Económico Mundial:

La digitalización es la causa de transformaciones amplias y de gran escala en múltiples aspectos de los negocios, proveyendo incomparables oportunidades de creación de valor, mientras que también representa una importante fuente de riesgo. Líderes de negocios en todos los sectores están lidiando con las implicaciones estratégicas de estas transformaciones para sus organizaciones, los ecosistemas y la sociedad. Las implicaciones económicas y sociales de la digitalización están siendo discutidas y generando preguntas serias respecto del impacto más amplio de la propia transformación digital.

Digital ha redefinido las reglas del juego y es un potente acelerador de cambios. Hoy estamos hablando de las tendencias de mobile como si fueran algo del pasado y el tema que nos ocupa es la inteligencia artificial, pero pronto estaremos hablando de otra cosa. Si de algo estamos seguros es de que aquello que funciona hoy podría no funcionar mañana.

Sin embargo, y para no espantar a los lectores, es importante aclarar que los procesos de transformación digital no consisten en tirar todo abajo y crear una nueva organización, sino en reformar la actual para aprovechar al máximo las inversiones realizadas y las ventajas competitivas existentes, solo que de una manera diferente y creando nuevas formas de trabajar en pos del objetivo de cambio que se requiere.

A estas alturas, la transformación no solamente es necesaria, sino inevitable, y representa una enorme oportunidad para pymes, comercios y profesionales con ambiciones. Y aunque los motivos sean de lo más prosaicos, como el incremento de la productividad, conseguir mayor eficiencia o modernizarse, van a estar impulsados por las tecnologías digitales. Ser digitales no es una meta en sí misma, sino el verdadero camino para lograrlo y también para incrementar la facturación y optimizar la rentabilidad.

Hay mucho para rescatar de lo que hacen las empresas, en especial el esfuerzo que hacen las pymes para competir y para sobrevivir, pero es imprescindible redefinir la estrategia para que contemple la idea y el proceso de transformación. La pregunta del millón es si efectivamente se van a animar a cambiar, si van a tomar riesgos, si van a permitirse fallar.

En una encuesta realizada por Altimeter en 2018 para identificar los principales factores de impulso de la transformación digital, en orden de importancia se encuentran: el crecimiento en nuevos mercados, la evolución del comportamiento y preferencias de los consumidores, el incremento de la competitividad, nuevos estándares y regulaciones, la evolución del comportamiento y preferencias de los empleados, las inversiones proactivas para enfrentar la disrupción, la falta de experiencia y comprensión de las tendencias digitales y la declinación en el desempeño del negocio.

En el reporte “Industria 4.0. Fabricando el futuro”9 se publica una encuesta realizada por BCG entre compañías industriales de la Argentina en la que el 22% de los ejecutivos afirma que su empresa no está preparada aún para iniciar el camino hacia la transformación digital. En particular, el 70% identifica la falta de personal capacitado como la principal limitante para emprender este proceso, y el 64% reconoce también una fuerte resistencia al cambio y a la innovación como otra de las limitaciones para la incorporación de estas tecnologías.

Una verdadera empresa digital se define por mucho más que la utilización de nuevas tecnologías solamente porque existen. En cambio, lo que realmente distingue y le da a una empresa digital su ventaja competitiva es su cultura, su estrategia y su forma de operar. Las empresas digitales buscan continuamente implementar nuevos modelos que se sostengan en procesos de negocios ágiles, plataformas conectadas, analytics y colaboración que mejoren la productividad de la firma. Una empresa digital está permanentemente en la búsqueda, identificación y desarrollo de nuevos modelos digitales, asegurando que los clientes y empleados estén siempre en el centro de todo lo que hace.10

Sobre el tema de la transformación digital en organizaciones hay vastísima literatura en la que cada autor propone diferentes enfoques para este proceso, y en cada visión se definen diferentes pilares sobre los cuales sustentar el cambio.

Hay tríadas clásicas: personas, procesos, tecnología (popularizada por Schneier en 1999 basada en los fundamentos de ITIL de 1986), o clientes, operaciones, nuevos productos/servicios, y hasta algunas más actuales desarrolladas sobre la base de la nueva economía digital que incluyen:

 nuevas ofertas digitales;

 nuevos productos;

 nuevos modelos de negocios.

La versión de Microsoft, con cuatro pilares, se sustenta en:

 dar poder a los empleados;

 fidelizar a los clientes/consumidores;

 optimizar operaciones;

 transformar los servicios y productos.

En cada una de ellas, Microsoft propone vendernos una vertical de soluciones: para dar poder a los empleados, un espacio de trabajo colaborativo; para fidelizar a clientes y consumidores, las aplicaciones de negocio; para optimizar operaciones, las aplicaciones e infraestructura en la nube; y para transformar servicios y productos nos quiere vender datos e inteligencia artificial. No está mal y en definitiva está en línea con su negocio.

En el citado reporte “Industria 4.0. Fabricando el futuro” sus autores expresan:

De la mano de Internet, la trasformación digital configura un nuevo mapa tecnológico en el que intervienen y se conectan en tiempo real todos los actores sociales (consumidores, empresas, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil) a través de distintos dispositivos (teléfonos celulares inteligentes, computadoras, sensores) y plataformas digitales (e-commerce, e-government, redes sociales), cambiando la forma en que producimos, trabajamos y nos comunicamos. En la actualidad, mientras que en los países desarrollados la gran mayoría de las personas están conectadas a Internet, en los países de menor desarrollo, el acceso universal a este servicio es considerado como un derecho impostergable.

Como podrán apreciar en la bibliografía del final, he leído e investigado bastante, y para los propósitos de este libro decidí quedarme con seis pilares que son: el negocio, los clientes, la gente, los procesos, la tecnología y la cultura, que serán desarrollados en profundidad en el siguiente capítulo.

A continuación, dedicaré un capítulo a los diecisiete paradigmas digitales que definitivamente pueden ayudar a las empresas a ser verdaderamente digitales; en el capítulo siguiente desarrollaré dos principios tradicionales que estimo fundamentales para cualquier proceso de transformación, además de representar lo que considero oportunidades todavía desaprovechadas por las organizaciones. Hacia el final, un capítulo dedicado al management con nuevos enfoques para acompañar el cambio.

Propongo este marco de trabajo porque comprende una visión holística de la empresa y de todas sus actividades, y es sobre todo pragmático, basado en la observación y en la experiencia. Este enfoque está lejos de ser una mera construcción teórica o una idea en desarrollo, y contiene implícita una metodología que es totalmente factible de aplicación y que es la que impulsamos desde mi consultora.

Previamente al desarrollo de cada paradigma digital o principio tradicional, presento una valoración de 1 a 5 que refleja su grado de influencia sobre cada uno de los pilares. Al final, presento un cuadro-resumen (p. 223) para ayudar a identificar el grado de impacto de cada paradigma digital y principio tradicional para la empresa y para el proceso de cambio.

Soy consciente de que quizás no todos los conceptos podrían aplicar para cualquier negocio, pero el objetivo es acercarles la idea de cómo es la foto completa para que cada uno pueda tomar aquello que considere más valioso y útil.

Una verdadera transformación no se basa en pequeños pasos incrementales, sino en un “reseteo” que permita al negocio obtener mejoras drásticas y sustentables de su desempeño y modificar su trayectoria hacia el futuro.11

Escalabilidad y factibilidad son los dos conceptos que rigen esta visión de la transformación, por lo tanto, es posible obtener resultados objetivos y mensurables si las empresas se aventuran a cambiar su mentalidad, procesos, cultura y principios de management de la era industrial para comenzar a construir verdadero ADN digital.

9 Monografía del BID, 2018. Ana Inés Basco, Gustavo Beliz, Diego Coatz, Paula Garnero.

10 World Economic Forum White Paper, 2016. “Digital Transformation of Industries”.

11 Bürkner, Fæste, Hemerling, Lyusina & Reeves, 2017. “The Transformations That Work —and Why”.

3. Los seis pilares
3.1. Al rescate del negocio

Existe un amplio consenso respecto de que hoy en día prácticamente todas las empresas deben encarar procesos de transformación digital y reinventarse para el futuro mediante la fundación de las bases que les permitan su propia sustentabilidad en entornos cambiantes. Esta reinvención incluye un amplio rango de iniciativas, tales como empujar el crecimiento, implementar nuevos modelos de negocios, modernizar procesos comerciales, optimizar operaciones, crear capacidades digitales y transformar procesos críticos, que incluyen funciones de producción pero también de backoffice, como Finanzas, Tecnología y Recursos Humanos. Las transformaciones digitales son, en esencia y como principio, transformaciones del negocio.

Cualquier emprendimiento es en definitiva un negocio, cuya finalidad es obtener un beneficio para los accionistas o dueños mediante la realización de una actividad productiva o un trabajo. Siguiendo en esta maratón reduccionista, cuanto menor es el costo de un producto o servicio, mayor es la ganancia. Capitalismo para dummies.

El modelo comercial y de operación de muchas empresas las enfoca únicamente en la caja, la venta, la cobranza y la coyuntura, soslayando las inversiones relativas a múltiples aspectos del negocio que, aunque hoy no parezcan importantes, resultan fundamentales a la hora de transformar su modelo para el futuro, tales como las inversiones en tecnología, el desarrollo del capital humano, el marketing digital y el foco en la experiencia del consumidor. Obviamente, es condición necesaria que la actividad sea rentable para poder atender estas demandas de la nueva economía digital, pero no es el único parámetro.

Las empresas saludables son aquellas que están en un ciclo constante de creación de valor, monetización de ese valor y también su defensa. Lo lleven adelante o no (consciente o inconscientemente), este ciclo se repite una y otra vez, por lo tanto, la manera en que la organización se enfrenta a cada etapa en un nuevo ciclo es lo que la hace diferente. Si la empresa se cierra a defender rígidamente (o artificialmente) su negocio tradicional, nunca va a evolucionar ni a crear valor, y como consecuencia no lo podrá monetizar y se va a quedar estancada. La modernización (o transformación) del negocio opera como un proceso de defensa frente a la competencia e implica hacerlo en la propia organización antes de que lo hagan los demás.

Las organizaciones son sistemas complejos, que muchas veces declinan de una forma más acelerada que cuando crecen. Esta asimetría ha sido denominada “efecto Séneca” (en honor a una cita del filósofo, político y orador romano),12 postulado por el profesor Ugo Bardi, miembro del Club de Roma y quien estableció que “los comienzos y progresos son lentos y difíciles, la caída brusca y temible”.

Daniel Zhang, CEO de Alibaba, lo expresa de esta manera: “Cada negocio tiene un ciclo de vida. Si no matamos nuestro negocio actual, alguien más se va a encargar de eso. Por eso prefiero que sea nuestro nuevo negocio el que mate al actual”.

La tecnología ha reformulado el balance de poder entre los consumidores y las empresas al proveer a ambos de nuevos recursos. A los consumidores, el poder de la información para elegir, y a las organizaciones, los datos que les permiten mejorar la oferta, los productos, el delivery y la experiencia a los clientes.

Como dijo Jeff Bezos, CEO de Amazon:

Deberías ser un obsesivo de tus clientes, no de la competencia. Los consumidores están siempre insatisfechos y siempre quieren más. Si estás enfocado en la competencia, siempre vas a estar mirando hacia atrás y eso te va a ralentizar. Pero los consumidores son los que te arrastran hacia adelante.

Los cambios de paradigma se suceden constantemente. Ahora aparece el concepto de usabilidad, que viene a dar por tierra con el de la propiedad. A las nuevas generaciones les interesa cada vez menos la posesión física, y en cambio prefieren el acceso a los bienes y servicios en cualquier momento y lugar. Un ejemplo ampliamente citado es el de la industria de la música, en la cual los formatos para acceder a escuchar música han cambiado radicalmente no una sino varias veces en pocos años, forzando la creación de nuevos modelos de negocio y nuevas experiencias de consumo. Actualmente, el streaming permite consumir música sin pagar por la descarga, reproduciendo audio o video en tiempo real utilizando diversas plataformas. Este cambio de las reglas del juego impactará en industrias que se pensaban inmunes, como la automotriz, entre otras.

La creación de valor para los clientes con la tecnología como eje central es lo que posibilita a las empresas manejar las palancas de la relación, pero también de la competencia y del crecimiento. Y esto aplica a todo tipo de empresas, no solamente B2C13 sino también B2B14. Todas están bajo amenaza, todas tienen clientes, todas manejan expectativas y, por lo tanto, todas necesitan transformar su negocio.

No hay forma de sostener los modelos actuales porque de una u otra manera todas las organizaciones están atravesadas por una o varias de estas características: negocios de la era industrial, recortes de presupuestos, incremento en la demanda de los clientes, márgenes menguantes, costos de operación cada vez más altos, estructuras paquidérmicas, overhead fuera de escala, mayor y más diversa competencia, comoditización de servicios, falta de inversión, tecnología obsoleta, desmotivación del personal, incentivos mínimos, falta de controles, excesivo trabajo manual, falta de procesos, baja estandarización, poco aprovechamiento de las redes, decisiones basadas en sensaciones y no en datos, falta de reacción frente a los cambios, baja capacitación del management, falta de audacia, visión de corto plazo, ínfima relevancia de los departamentos de recursos humanos y… wait for it… no ser digitales. En definitiva, todos bloqueadores para impedir cualquier proceso de transformación. Y me animaría a decir que, muy pronto, también de supervivencia.

Todas las empresas, comercios y profesiones están frente a una oportunidad única de transformación. Las que producen bienes, porque pueden digitalizar productos, formas de venta, manufactura y cadenas de valor que incluyan a los proveedores. El retail, porque pueden transformar el rol de las tiendas agregando servicios y mejorando la relación con sus clientes (loyalty and engagement). Las de servicios, porque les permite llevar sus productos a formatos digitales, optimizar la experiencia online y expandir ampliamente su oferta, entre otras cosas.

Como vimos con la segunda ley de la termodinámica, es necesario inyectar energía para mantener un negocio vivo. Y no solo aportarla en la forma de más esfuerzo. Cualquier programa de transformación digital también requiere de inversión constante, por lo que es recomendable lanzarlo en el momento en el que a la empresa le va bien, de lo contrario, no va a contar con los recursos para encararlo en el momento en que una disrupción se la esté llevando por delante.

Por otro lado, en un contexto en el cual la competencia florece por todos lados, resulta inviable intentar una defensa entrando en guerras de precios. Muchas veces las start-ups ingresan en los mercados disputando los servicios o productos más comoditizados y de menor valor, incluso ofreciéndolos gratis. Y aquí volvemos a la pregunta acerca de dónde está el negocio. Si el negocio está efectivamente en esa capa comoditizada, no hay manera de defenderse y cualquier intento de competir bajando los precios va a llevar al fracaso. Básicamente, porque los nuevos jugadores lo hacen mejor y más barato. Se trata, entonces, de crear capas de valor desacoplando ese estrato que más fácilmente puede ser desafiado por este tipo de competencia. Y poner todo el foco y la energía en desarrollar una capa superior desplazando la discusión hacia la creación de valor y corriéndose de la batalla acerca del precio de las commodities. En la capa de valor es donde los atributos de trayectoria, experiencia, know-how, redes y recursos pueden fructificar mejor porque la capacidad instalada ya deja de ser una ventaja competitiva. Por ejemplo, una empresa que fabrique piezas de plástico habrá invertido en matricera, mezcladoras, hornos, máquinas, herramientas y capacitación durante muchos años y compite con otras empresas que vinieron haciendo más o menos lo mismo. Pero no se da cuenta de que es altamente vulnerable a la amenaza de cualquier microempresa que ofrezca exactamente lo mismo con una impresora 3D, con mucha menos inversión. Quizás no peligre todo el negocio, pero sí una parte de él, y si la nueva competencia brinda un servicio altamente especializado, le va a disputar en especial la parte de mayor valor.

En su libro Digital Transformation: A Model to Master Digital Disruption, Jo Caudron y Dado van Peteghem dicen que existe una tensión entre los jugadores tradicionales en un mercado (y todos sus procesos y cultura legacy, que los hace lentos) y los nuevos jugadores (que piensan fuera de la caja, son livianos y no tienen restricciones). Sostienen que es más fácil para los nuevos jugadores madurar y copar un mercado que para las compañías tradicionales volverse ágiles para adaptarse rápidamente a nuevas reglas de juego y a los desafíos tecnológicos. Esto permite a los nuevos entrantes elegir las verticales más atractivas y con el mejor margen. Básicamente, toman la cereza de la torta y dejan a las empresas tradicionales con los productos menos atractivos. Se pueden enfocar en desarrollar lo que les conviene más y, por lo tanto, manejar los precios y el servicio de una manera diferente. Todo esto lleva a una única conclusión: si la propuesta de valor se mantiene artificialmente alta, hay muchas chances de que una nueva compañía la desafíe. Aunque no ofrezca la misma solución, esta podría ser lo suficientemente buena como para complicar el esquema de precios y llevarse parte del negocio.

Esto que está expuesto de manera genérica por estos autores se verifica ampliamente en múltiples industrias que continúan insistiendo en mantener altos los precios de sus productos, blindándose a la competencia mediante el ejercicio del lobby, formación de oligopolios y otras prácticas que les permitan seguir exprimiendo el negocio tradicional.

También los socios y proveedores estratégicos tienen la posibilidad de tomar un rol preponderante en la cadena de valor de cualquier actividad, simplemente porque la tecnología lo hace posible. ¿Cuánto falta para que en períodos de incertidumbre económica, en los que todas las empresas están buscando cómo conseguir nuevos ingresos y reducir costos, las empresas queden totalmente expuestas al fenómeno denominado bypassing (o “puenteo”, en criollo) por el cual sus propios proveedores pueden quitarlas del medio en servicios altamente especializados?

En el libro Funky Business, Jonas Ridderstråle y Kjell Nordström manifiestan:

Ya nada permanece igual. Las empresas varían continuamente. Suben y bajan. Pero cada vez es más palpable una paradoja oculta del capitalismo: las empresas que han logrado el mayor éxito lo han hecho aniquilando el espíritu de la libre empresa. No competir sigue constituyendo la mayor competitividad económica. Pero ¿cómo evitar la competencia en un mundo donde todo se conoce, todo se imita y todo se replica de forma mejorada en cuestión de segundos?

No obstante, y para tranquilizarlos, la historia demuestra que no cualquier empresa emergente se convierte en el nuevo Facebook, Zoom o TikTok. La alta tasa de mortalidad de los nuevos emprendimientos puede ayudar a atenuar el impacto de esta nueva competencia, así como la falta de experiencia en determinadas verticales de negocio, capacidad financiera, conocimiento del mercado y otros factores que pueden explotarse a favor, pero solamente para ganar tiempo y prepararse mejor, no como única estrategia para el éxito.

Jo Caudron y Dado van Peteghem expresan que sin importar la cantidad de niveles de jerarquías que existan en las organizaciones, para ser verdaderamente digitales se debe pensar en un formato matricial que permita aprovechar todo lo que se viene haciendo bien en el negocio tradicional, a la vez que se implementa la transformación porque, para tener éxito, esta opera transversalmente todos los aspectos de la empresa, tanto los orientados hacia el exterior (consumidores, proveedores, sociedad y gobierno) como a los procesos internos que se requieren para la operación. Por eso recomiendan que el proceso de transformación digital sea ejecutado por un equipo separado de las funciones del día a día, para evitar que colisione con las eternas estructuras de silo y feudos que existen en casi todas las empresas.

En los nuevos modelos de negocios, la flexibilidad es la regla. No se trata de abandonar el negocio tradicional, que debe ser explotado todo lo que se pueda, sino de agregar simultáneamente nuevos modelos operacionales digitales. Dentro de la misma regla, las empresas que puedan convertirse rápidamente al paradigma de la agilidad van a estar preparadas mejor, y desde mucho antes, para el futuro.

En el informe “The Future of Industries: Bringing Down the Walls” de PWC se expresa claramente cómo la flexibilidad permite agregar valor expandiendo el negocio mediante el agregado de servicios de valor por sobre la oferta tradicional:

Hemos visto cómo Internet y la digitalización han creado una onda expansiva que ha derribado los muros entre las industrias. Las compañías tecnológicas se han convertido en empresas dedicadas a la experiencia del usuario. Las de telecomunicaciones han mutado al entretenimiento. Los bancos se han convertido en billeteras virtuales y han sido alcanzados por la desintermediación. Las empresas de venta minorista continúan luchando contra el retail online.

Por eso cuando antes hablaba de alcanzar el estado de transformación, es porque quiero insistir en esto: la transformación digital es un proceso que nunca termina. No existe una meta a la que hay que llegar y es el único camino para recuperar el equilibrio que permitirá liberar recursos para continuar evolucionando en el agregado de valor, reconociendo que hoy más que nunca el foco debe estar en el consumidor y su experiencia.

Quizás algunos todavía estén pensando que prefieren mantenerse tal como están. Lamentablemente no hacer nada y no cambiar ya no es sustentable, por lo tanto, no es en realidad una opción. Paradójicamente, para mantenerse hay que cambiar, porque todo el ecosistema de negocios viene mutando y afecta tanto al mundo tradicional como al digital.

En este nuevo mundo, el rol de los líderes es clave y son los primeros que deben transformarse digitalmente, porque son los únicos que pueden ver la foto completa para desarrollar las estrategias necesarias, anticiparse a las tendencias y planificar e impulsar el cambio.

Los paradigmas digitales más asociados con el pilar del negocio son: la innovación, B2B, la fragmentación, la transparencia, el customer centricity, big data y la experiencia del consumidor.

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Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
22 oktyabr 2025
Həcm:
242 səh. 5 illustrasiyalar
ISBN:
9789874188595
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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