Kitabı oxu: «Andares del Che en Bolivia»

Şrift:

Andares del Che en Bolivia

[no image in epub file]

Carlos Soria Galvarro



Soria Galvarro, CarlosAndares del Che en Bolivia / Carlos Soria Galvarro ; prólogo de Adys Cupull ; Froilán González. - 1a ed . - Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUB - (Pa’lante)Archivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-4039-27-91. Investigación Periodística. I. Cupull, Adys, prolog. II. González, Froilán, prolog. III. Título. CDD 070.44

© Carlos Soria Galvarro (www.chebolivia.org).

© De esta edición Editorial Cienflores, 2014.

Editorial Cienflores

Lavalle 252 (B1714FXB), Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires.

Tel: +54-011-2063-7822 / email: editorialcienflores@gmail.com

https://www.facebook.com/EditorialCienflores/

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.

Editor responsable: Maximiliano Thibaut

Ilustración de tapa: Gonzalo Ezequiel Temes

Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio electrónico o mecánico, incluyendo fotocopiado, grabación o cualquier otro sistema de archivo y recuperación de información, sin el previo permiso por escrito de los editores.

Índice

Prólogo. Adys Cupull y Froilán González

1. Comienzo y fin de una ruta definitiva

2. ¿Tenía el Che una propuesta para Bolivia?

3. Mineros y guerrilleros

4. Idas y venidas de su Diario de campaña

5. Los libros: compañía inseparable

6. Bolivianos en la guerrilla del Che

7. Paco quiso salir de la “resaca”

8. Acerca de la difusión de sus escritos

9. Documentos y pertenencias como trofeos

10. Los caídos de uno y otro lado

11. Literatura y periodismo: juntos pero no revueltos

12. El Che en los tiempos del mundo

13. Mi aproximación íntima al tema

Anexo. El hombre de esa gorrita llamada cachucha

Prólogo

Adys Cupull y Froilán González1

Cada llegada a la querida tierra boliviana constituye uno de los momentos felices, porque durante las cálidas conversaciones con los amigos surgen nuevos proyectos de trabajo investigativo. Así sucedió en la última visita (abril-mayo de 2014) en la cual tuvimos oportunidad de encontrarnos con Carlos Soria Galvarro, destacado escritor e investigador de los hechos históricos ocurridos durante los acontecimientos guerrilleros de 1966-1967.

Incesantes en la investigación nos referimos a sueños, formas reales y posibles de perpetuar la memoria. Entre sus planes se encontraba este libro de la editora argentina “Cienflores”, publicación que reúne algunos de sus artículos, comentarios y entrevistas sobre los sucesos guerrilleros, de los aproximadamente sesenta publicados en periódicos y revistas.

Hace más de treinta años conocimos a Soria Galvarro, cuando desempeñábamos funciones diplomáticas en representación de Cuba en el hermano país. Ya entonces era un reconocido periodista con vasta experiencia en la radio, televisión y prensa escrita y ejercía el oficio sin abandonar la militancia revolucionaria. Se había iniciado en las radios mineras durante una de las tantas dictaduras que padeció el pueblo boliviano. Sufrió prisión, confinamiento, expulsión y exilio en México.

A su retorno al país ocupó cargos de responsabilidad en la televisión estatal boliviana y ejerció la docencia universitaria por más de 15 años. Su obra literaria e investigativa sobre los sucesos de 1967 ha llegado al formato digital y está en la web en una extensa y excelente publicación basada en información documentada e ilustrada con material fotográfico, que sirve de consulta a las nuevas generaciones de investigadores y estudiantes universitarios de todo el mundo.

Carlos tiene un vínculo generacional con los sucesos del 67 y conoció a la mayoría de los bolivianos que participaron en la Guerrilla del Che, proximidad a los hechos que lo compromete de modo especial con la recuperación y difusión de la memoria histórica.

Junto a su extensa producción bibliográfica gracias a su inquietud de investigador, publicó también la transcripción de manuscritos originales de la guerrilla boliviana, entre otros las fichas de evaluación que el Che escribió de cada uno de los combatientes que le acompañaron.

Ha impartido numerosas conferencias y participado en diversos eventos de intercambio y reflexión, tanto en Bolivia como en otros países. Con especial cariño recordamos cuando en el 2007 lo acompañamos a Casa de las Américas, en ocasión de la Feria Internacional del Libro de La Habana, para hacer entrega de varios ejemplares de su autoría.

Deseamos que este nuevo libro de Carlos Soria Galvarro siga el rumbo exitoso de las valiosas publicaciones que le precedieron.

1 Periodistas e investigadores cubanos, una parte importante de sus obras están dedicadas al estudio de la vida del Che y especialmente a las circunstancias que rodearon la experiencia guerrillera en Bolivia.

“Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con la adarga al brazo…puede ser que esta sea la definitiva…”

Che en carta a sus padres, 1965.

“…es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertos y desfaciendo agravios.”

Don Quijote de la Mancha, 1605.

1. Comienzo y fin de una ruta definitiva

Extrañas casualidades del destino. Un joven argentino recién graduado en medicina estaba en La Paz, Bolivia, comenzando una segunda gira terrestre por América Latina, en momentos en que un puñado de jóvenes rebeldes asaltaban infructuosamente en Cuba el Cuartel Moncada, dando inicio a un movimiento político de vastas repercusiones. Era el 26 de julio de 1953 y el muchacho se llamaba Ernesto Guevara de la Serna.

Al joven médico que ahora podríamos llamar “mochilero” le impresionaron los acontecimientos que entonces tenían lugar en Bolivia y los recuerdos, todavía frescos en la mente de los paceños y paceñas, sobre la insurrección del 9 de abril de 1952. Pudo ver en las calles tumultuosos desfiles de obreros y campesinos armados. También visitó la región semitropical de los Yungas, tradicional productora de hojas de coca, la mina “Bolsa Negra” y los alrededores del lago Titicaca.

Impactado por el paisaje citadino donde destaca un soberbio nevado en carta a su madre diría: “La belleza formidable del Illimani difunde su suave claridad eternamente nimbado por ese halo de nieve que la naturaleza le prestó por siempre…”

Pero, no le gustaron algunas cosas, principalmente la frivolidad de los dirigentes “movimientistas” en el poder (del Movimiento Nacionalista Revolucionario) de quienes se decía que espolvoreaban con DDT a los dirigentes indígenas antes de recibirlos en sus despachos y pasaban una buena parte de su tiempo divirtiéndose en la boite “Gallo de Oro” en el camino al barrio de Obrajes. Decidió pues seguir viaje junto a su amigo argentino Carlos Calica Ferrer con quien había partido en tren desde la estación Retiro de Buenos Aires.


Fotografía tomada por el Che en 1953 en la Mina Bolsa Negra, el primero de la izquierda es Carlos “Calica” Ferrer, su compañero de viaje.

Tres años más tarde, y luego de correr muchas aventuras por varios países, Guevara se incorporó al grupo de jóvenes rebeldes cubanos, comandados por Fidel Castro. Estos, sin desalentarse por su fracaso de 1953, preparaban desde México un desembarco en la isla para desencadenar la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista. “Mi futuro está ligado a la revolución cubana. O triunfo con ésta o muero allá” había escrito a sus padres.

El Che cubano

En la lucha guerrillera del Movimiento “26 de julio”, no se distinguió precisamente como médico, sino como talentoso y audaz jefe militar y político. En esa condición, y ya con el legendario apelativo de “Che”, ingresó triunfante en La Habana la noche del 2 de enero de 1959 al mando de una importante fracción rebelde; la dictadura de Fulgencio Batista había comenzado a desmoronarse el día anterior.

El Che ocupó luego altas funciones en el gobierno de Fidel Castro, fue presidente del Banco Nacional y Ministro de Industrias, además de representar a Cuba ante diversos gobiernos y foros internacionales.


En el entrenamiento previo con el grupo de voluntarios cubanos. El Che es el personaje calvo del fondo.

De hecho, era uno de los más carismáticos dirigentes de la Revolución Cubana hasta que, en 1965, luego de una extensa gira por Asia y África, renunció a todos los cargos que ocupaba y desapareció misteriosamente, convirtiéndose en uno de los hombres más buscados del mundo, especialmente por los servicios secretos de los Estados Unidos.

Entre, abril y noviembre de aquel año, ahora se sabe con muchos detalles, el Che comandó un grupo de combatientes y asesores militares cubanos que, con base en Tanzania, penetraron en territorio del ex-Congo belga (luego llamado Zaire y en 1997 nuevamente Congo a la caída del dictador Mobutu). Su misión era apoyar a los guerrilleros que se enfrentaban al gobierno sostenido por las potencias colonialistas.

Terminada sin éxito esta misión el Che se vio imposibilitado de reaparecer públicamente en Cuba pues, en octubre de ese mismo año, Fidel Castro había hecho pública su célebre carta de despedida. Por ello, luego de algunos meses de reflexión en Dar es Salam y Praga, a insistencia del líder caribeño regresó a Cuba, siempre de incógnito, para intensificar sus preparativos de volver a algún país de América Latina, barajándose Guatemala, Venezuela, Argentina y con mayores posibilidades Perú o Bolivia. Finalmente, en una confusa interacción entre los servicios de inteligencia, la dirección cubana y el propio Che a fines de mayo se toma la decisión de concentrar los esfuerzos en Bolivia, en el marco de una operación estratégica continental bajo su mando, aunque en relación estrecha y bajo la égida de la revolución cubana.

El Che boliviano

Los enlaces cubanos que actuaban con un pequeño grupo de reclutas bolivianos provenientes del Partido Comunista de Bolivia (PCB), le habían presentado al Che tres opciones como base guerrillera: el Alto Beni, vinculado con la frontera peruana, el Chapare en el corazón del país, y una zona casi despoblada y de vegetación abrupta a orillas del río Ñacahuasu, afluente del río Grande, en el sudeste boliviano. Al parecer el Che elige Ñacahuasu por su proximidad con Argentina, donde soñaba regresar.

El nombre pasado al español como Ñancahuazú proviene en realidad de las voces guaraníes ñaca = grande y huasu = quebrada.

El foco guerrillero en su proyección continental, debería abarcar a varios países de la región. El Che estaba convencido que la consigna del momento era crear frentes similares al de Vietnam, para generalizar la guerra revolucionaria contra el poder imperialista de los Estados Unidos.


Fotografía que se tomó el Che en el espejo del Hotel Copacabana a su arribo a La Paz a comienzos de noviembre de 1966.

“Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante; vuelvo al camino con la adarga al brazo…puede ser que esta sea la definitiva…” había escrito a sus padres, equiparándose al Quijote de la Mancha.

Con un pasaporte uruguayo a nombre de Adolfo Mena González arribó a La Paz el 3 de noviembre de 1966 y, tras contactarse con los enlaces cubanos, a los cuatro días estaba ya en Ñacahuasu, su primera base de operaciones.

El pequeño ejército guerrillero, en su momento más alto estaba compuesto por 29 bolivianos (incluidos 4 dados de baja y 2 desertores), 16 voluntarios cubanos; tres peruanos y la argentino-germana Tamara Bunke (Tania) cuya misión de enlace urbana quedó frustrada al quedar atrapada en el monte por el inicio de las acciones. En situación dudosa de “visitantes” se hallaban el artista argentino Ciro Roberto Bustos y el intelectual francés Regis Debray.

El 23 de marzo de 1967 estalló quizá prematuramente el conflicto armado, debido a tres factores convergentes: indiscreciones propias, indagaciones y deducciones de los servicios de inteligencia y delación de dos desertores. Las fuerzas guerrilleras estaban aún en proceso de preparación, aunque es verdad que el Che dejó anotaciones en las que pone de manifiesto su decisión de comenzar las acciones armadas en cualquier momento.


Con la infaltable cachucha en diferentes escenas de la vida cotidiana de la guerrilla.

Muy poco después, en el afán de acercar a Debray y Bustos a la población de Muyupampa para que abandonaran la guerrilla, imprevistamente, la vanguardia al mando del Che se desconectó de la retaguardia dirigida por Joaquín (comandante cubano Juan Vitalio Acuña Nuñez). Ambos grupos peregrinaron los meses siguientes sin poder encontrarse hasta que a fines de agosto la fracción de Joaquín fue exterminada en Puerto Mauricio (acción conocida como Vado del Yeso).

Entre marzo y octubre, las acciones parecían favorables a la guerrilla. En total hicieron 49 bajas a las tropas regulares (dos tenientes, tres subtenientes, cinco suboficiales, 33 soldados, un guardia policial y cinco guías civiles). Un número similar de heridos, numerosos prisioneros y captura de armas y vituallas. Además, la espectacular toma de la población de Samaipata, sobre la carretera Cochabamba-Santa Cruz, el 6 de julio, de gran efecto propagandístico pero de pocos resultados para revertir la situación cada vez más debilitada de la guerrilla y la angustiosa falta de medicamentos para el Che.


Se cree que se trata de la familia del campesino Honorato Rojas.

A comienzos de octubre, vivía ya una situación desesperada: sus bajas eran menores que las de las fuerzas regulares pero no existía ninguna reposición, no tenía contacto con el exterior, la actitud de la población local era de temor o de hostilidad y no se habían producido incorporaciones, ni de campesinos ni de combatientes de la ciudad, y sí más bien se presentaron algunas deserciones. Tenía varios enfermos graves y heridos, sus depósitos de armas, alimentos y medicinas habían sido descubiertos y el terreno era muy poco propicio para su accionar.


En uno de los campamentos guerrilleros, el segundo de la izquierda es Inti Peredo.

La guerrilla del Che estaba aislada, no tenía vínculos efectivos ni con los partidos de la izquierda marxista, ni con los sectores sociales potencialmente aliados, como los mineros, que ese mismo año sufrieron un duro embate represivo en lo que pasó a denominarse “La masacre de San Juan” (24 de junio). Para colmo de males, el Che estaba siendo afectado por violentos ataques de asma, enfermedad que lo acompañó desde su niñez.

En esta etapa final, estaba en una especie de gran cerco. La 8º División comandada por el coronel Joaquín Zenteno Anaya le pisaba los talones y le impedía su acceso hacia el norte a través del cruce de la mencionada carretera, lo que le habría permitido hipotéticamente internarse en las zonas pobladas del Chapare. La 4º División del coronel Luis Reque Terán, le empujaba al norte y le cortaba su repliegue al Sur.

En esas condiciones, y con sólo los 17 hombres que le quedaban, el Che fue cercado y obligado a dar batalla en la quebrada de El Churo (también llamada Yuro).

Era el domingo 8 de octubre. Después de mediodía, herido en la pantorrilla derecha y con su arma inutilizada, fue capturado junto con Willy, el minero de Huanuni Simeón Cuba. El batallón de soldados “rangers”, especialmente entrenados por instructores norteamericanos, estaba al mando del capitán Gary Prado Salmón.


Con Jorge Vázsquez Viaña (Bigotes o Loro). Capturado herido, fue conducido al hospital de Choreti. Lo asesinaron y lanzaron desde un avión.

Eliminado… por órdenes superiores

Trasladado al poblado próximo de La Higuera, actual Municipio de Pucará, en la provincia de Vallegrande, fue ejecutado 24 horas después dentro de la escuela donde había sido encerrado. El suboficial Mario Terán consumó la orden, emanada del presidente René Barrientos y avalada por la cúpula castrense. Igual suerte corrieron Willy y un tercer guerrillero que habría sido capturado esa mañana, al parecer Chino (Juan Pablo Chang Navarro).

La noticia provocó una fuerte conmoción en todo el mundo y, al comienzo, mucha incredulidad sobre la forma en que se habría producido el deceso, dadas las contradicciones en que incurrieron las fuentes militares. Desde luego, la versión de que había caído en combate fue inmediatamente puesta en duda pese a los enfáticos, pero contradictorios, comunicados oficiales en ese sentido.


El día en que el cadáver del Che fue exhibido en Vallegrande la prensa en La Paz confirmaba su muerte, pero aún no disponía de imágenes fotográficas.

Muchos años después casi una decena de militares, la mayoría protagonistas de los hechos, escribieron sendos libros en los que confiesan y confirman las certezas iniciales: el Che fue ejecutado a sangre fría el 9 de octubre de 1967 poco después del mediodía.


Los periodistas José Nogales y Julio Valenzuela junto a los restos del Che en Vallegrande.

De la acción del Churo sobrevivieron dos grupos, uno fue ultimado días más tarde a orillas del rio Mizque y el otro, comandado por Inti (Guido Peredo Leigue) y Pombo (Harry Villegas Tamayo), rompió el cerco, obtuvo protección campesina y logró abandonar el lugar luego de hacer contactos en Cochabamba con militantes del PCB. De los seis sobrevivientes, Ñato (Julio Luis Méndez Korne) fue muerto en Mataral; los cubanos Pombo, Benigno y Urbano, alcanzaron la frontera con Chile a comienzos de febrero de 1968; Inti y Dario (David Adriázola Veizaga) en diferentes acciones murieron en 1969 en La Paz, en manos de las fuerzas represivas cuando intentaban reactivar la organización guerrillera (denominada Ejército de Liberación Nacional, ELN) que entonces actuaba bajo la consigna de “Volveremos a las montañas”.

Victoria póstuma

El impacto de estos acontecimientos fue estremecedor y se avivó por la publicación en Cuba del diario de campaña del Che en julio de 1968. Como casi nunca había ocurrido antes, Bolivia estuvo en el foco de la atención mundial. Internamente, amplios sectores sociales, particularmente los jóvenes, radicalizaron sus posiciones políticas y pasaron a admirar fervientemente el heroísmo romántico del Che y sus hombres que, desde el corazón del continente, intentaron cambiar el rumbo de la historia latinoamericana y mundial. Fracasaron militarmente en sus propósitos. Pero, podría decirse que obtuvieron un éxito político rotundo después de muertos.

Es más, la figura del Che ha trascendido al Siglo XXI como sinónimo de coherencia entre el pensar y el hacer, de entrega personal al servicio de una causa y de renuncia a la vida misma en aras de los ideales de liberación y justicia social.

2. ¿Tenía el Che una propuesta para Bolivia?

El mismo día de su arribo al río Ñacahuasu el Che inició sus anotaciones diarias con la conocida frase: “Hoy comienza una nueva etapa”. Había llegado clandestinamente y luego de hospedarse dos noches en el Hotel Copacabana de La Paz, emprendió viaje en jeep hasta la región de Lagunillas, en el sudeste boliviano.

Dejaba atrás otras etapas de su vida trashumante de revolucionario: su frustrada incursión en el África (Congo), que a su vez había terminado con la fase de su fulgurante presencia en la revolución cubana.

¿Cuál era entonces la “nueva etapa” que iniciaba el 7 de noviembre de 1966?

Su preocupación inicial de incorporar reclutas peruanos y argentinos parece indicar que su proyecto era continental. Combatientes entrenados y fogueados en la guerrilla boliviana regresarían a luchar en sus países y quien sabe él mismo retornaría a su Argentina natal, un ambicioso sueño que nunca abandonó.

Pero, en tanto la lucha se desenvolviera en Bolivia era ineludible una propuesta que la justifique, aunque este país pudiera ser el último en liberarse dadas sus condiciones de encierro geográfico, como él mismo lo insinúa.

Dicha propuesta de programa, más o menos explícita, no se encuentra en la documentación más conocida de la presencia del Che en Bolivia. No está en su célebre Diario pues éste es una crónica minuciosa del accionar cotidiano de la guerrilla. No aparece tampoco en los comunicados públicos numerados del 1 al 5 que son más bien partes de guerra, excepto en alguna medida el Nº 5 dirigido a los mineros. Menos en las comunicaciones cursadas entre La Habana y La Paz o en las “Instrucciones a los cuadros destinados al trabajo urbano”.

La pieza faltante

En abril de 1998 el ya desaparecido periódico bilingüe paceño Bolivian Times dio a conocer por primera vez un documento manuscrito contenido en una pequeña libreta que el general retirado Jaime Niño de Guzmán, piloto del helicóptero que operó en la campaña antiguerrillera, dijo que el Che le había entregado luego de su captura.

Bolivian Times no publicó el facsímil completo, solamente dos páginas de la libreta, que además llevan la interferencia de los dedos del ex militar y de una fotografía del cadáver del Che. Eso hace imposible verificar si la trascripción no incurre en errores dada la reconocida dificultad de leer la “letra de médico” del Che.

Pero, hasta donde puede apreciarse, tanto por la forma, el contenido y las circunstancias, se trata de un documento de un significativo valor histórico. Por primera vez se conoció el esbozo de un planteamiento programático de la guerrilla de Ñacahuasu, y nada menos que de puño y letra de su principal exponente.

No es una “última” proclama del Che como la presentó Bolivian Times, sino más bien un primer borrador que ni siquiera alcanzó a terminar de escribir y menos siquiera intentó publicar.

Se advierte desde la primera línea que su redacción es anterior al desencadenamiento de las acciones armadas el 23 de marzo de 1967, pues el Che deja en blanco el nombre de su grupo armado. Como se sabe fue el 25 de marzo, inmediatamente después de ese primer choque, que bautizó a su columna con el nombre de Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.

El documento en su primera parte intenta justificar el alzamiento armado con las siguientes palabras (mantenemos las tachaduras, tal como fue publicado en Bolivian Times):

Pueblo de Bolivia; Pueblos de América:

Nosotros, los integrantes del [...] hacemos oír nuestra voz por vez primera. Queremos hacer llegar a todos los ámbitos de este continente el eco de nuestro grito de rebelión.

Nos levantamos hoy, agotadas todas las posibilidades de lucha pacífica, para mostrar con nuestro ejemplo el camino a seguir. Conocemos al enemigo interno y externo; sabemos conocemos las enormes fuerzas que puede poner el imperialismo norteamericano al servicio de la reacción local. Sabemos medir el peligro y la magnitud de la empresa; nuestra actitud no es hija de la impremeditación o de la superficialidad; nuestras vidas son serán testigos de la seriedad de la lucha emprendida; la que sólo acabará con la victoria o la muerte.

No tenemos dudas sobre el apoyo que juntará nuestro pueblo, pero nuestra situación de país mediterráneo rodeado de gobiernos reaccionarios, hostiles a nuestra causa, nos impele a reclamar, desde el momento mismo de iniciada la lucha la solidaridad efectiva de todos los individuos hombres y mujeres honestos de este continente.

Un gran país unido y no un gigante fragmentado

El documento tiene un claro contenido programático cuando propone la total independencia de Bolivia, la ruptura del posible cerco imperialista con el apoyo a los revolucionarios de países vecinos en la toma del poder, el dominio de los medios de producción, las nacionalizaciones, y el apoyo combatiente de obreros y campesinos en la creación de una nueva sociedad. Esto es lo que dice:

Nuestra causa está sintetizada en estas simples afirmaciones programáticas,

1º) luchamos para asegurar la real y democrática total independencia de Bolivia.

2º) Esa independencia no se puede asegurar lograr sin el concurso de países amigos que nos brinden la posibilidad de romper el cerco imperialista. Por tanto, al tiempo que demandamos su solidaridad, ofrecemos la nuestra a todo movimiento auténticamente revolucionario que se proponga tomar el poder político en los países vecinos.

3º) Condición inexcusable indispensable a una auténtica soberanía es tener dominio sobre los medios de producción. Por tanto, nos proponemos la nacionalización de toda propiedad imperialista, así como la gran industria nacional, ligada al capital monopólico monopolio extranjero, como paso previo a la construcción de una sociedad socialista nueva.

4º) Esa sociedad no puede crearse sin el apoyo combatiente de campesinos y obreros a los que llamamos a incorporarse a la lucha bajo las siguientes consignas:

Aquí, en la parte de lo que el Che llama “consignas” es donde hay notables elementos propositivos, y de cierta trascendencia para la actualidad, como la participación de los núcleos étnicos en los niveles de poder, de obreros y campesinos en la planificación, y el desarrollo de las comunicaciones para fortalecer la unidad interna de Bolivia.

a) Democratización de la vida del país con participación activa de los núcleos étnicos más importantes en las grandes decisiones de gobierno:

b) Culturización y tecnificación del pueblo boliviano utilizando en la primera etapa alfabetización las lenguas vernáculas.

c) Desarrollo de la sociedad que libere a nuestro pueblo de flagelos ya liquidados en países avanzados.

d) Participación de obreros y campesinos en las tareas de planificación de la nueva economía con el derecho de auténticos propietarios de los medios de producción tierra y fábricas fundamentalmente.

e) Formulación de un programa de desarrollo que comprenda el aprovechamiento de nuestras riquezas minerales y de la fertilidad, y extensión de nuestro suelo.

f) Desarrollo de las comunicaciones que permitan hacer de Bolivia un gran país unido y no un gigante fragmentado; con sus departamentos y provincias extraños entre sí.

En el punto quinto y final de este borrador de documento programático se reitera la conocida posición del Che de que no era sostenible un triunfo revolucionario en Bolivia, aun tomando el poder en el país, sin la desaparición del sistema imperialista, una forma de reafirmar su enfoque continental de la lucha:

5º) Sabemos, por la amarga experiencia de pueblos hermanos del mundo, y por la nuestra, que no podremos encarar con tranquilidad esta magna trabajo mientras tarea (aunque logremos tomemos el poder en nuestro país) mientras el enemigo imperialista no desaparezca, como sistema social, de la faz de la tierra. Por tanto, nos declaramos como luchadores anti irrebatiblemente anti imperialistas ofrecemos nuestra pequeña dosis de valor y sacrificio al gran arsenal de los pueblos del mundo infiltrados empeñados en esta pugna lucha a muerte.

Victoria o muerte

Cerca del medio siglo de su caída este documento nos recuerda que la fortaleza del Che no era sólo ni tanto militar, sino esencialmente política y moral. Esa es la cualidad de sus propuestas programáticas sobre Bolivia. No tuvo ni el tiempo ni las condiciones para desarrollarlas en su accidentada y breve estancia terminal en este suelo. Sólo quedan como atisbos de un lineamiento político de enorme actualidad, digno de ser analizado a la luz de las profundas transformaciones que vive Bolivia desde el año 2006 con la llegada de Evo Morales al poder.

14,76 ₼
Yaş həddi:
0+
Həcm:
213 səh. 56 illustrasiyalar
ISBN:
9789874039279
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
Yükləmə formatı: