Kitabı oxu: «Mapeando la comunicación comunitaria»

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ÍNDICE

Prólogo

Presentación

Capítulo I

Desiertos de información en Colombia y en el Valle del Cauca

María Camila Moreno Garzón y equipo del Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP)

Capítulo II

Hegemonía mediática, periferias y estereotipos: Un ejercicio académico comunitario en Cali-Colombia

Fanny Patricia Franco Chávez

Capítulo III

Radiando al filo del derecho a la comunicación: Experiencias radiofónicas comunitarias en el oriente de Cali, Colombia

Yeiffer Molina Angulo

Capítulo IV

Experiencias de cine comunitario en los barrios populares de Cali

María del Carmen Muñoz Millán Eduardo Montenegro

Capítulo V

El liderazgo comunitario, un camino de transformación

Claudia Lucía Mora Motta

Capítulo VI

Apuntes estudiantiles sobre el derecho a la comunicación, la televisión y la radio en Colombia

Viviana Chilito, Tatiana Cerón, Nathalia Escandón y Caroly Perdomo

Prólogo

Toda la teoría de la comunicación comunitaria cabe en un anaquel de libros o en una memoria USB. Es una cuestión de espacio y portabilidad que cada quien resuelve a su manera: a algunos nos gusta tener los libros y documentos, tocarlos para leerlos en papel, mientras que otros prefieren la pantalla brillante de las versiones digitales; es cuestión de gustos y de acceso. Pero, lo que la experiencia cotidiana aporta, la manera como el ser humano se enriquece en la práctica concreta y aprende a transformarse y a transformar, no cabe físicamente en ninguna parte porque ocupa el espíritu, que es una manera de llamarle a la relación poética entre el cerebro, el corazón y el hígado. En la experiencia concreta razonamos, amamos o experimentamos broncas con la realidad que nos sobrepasa, o aquella que con esfuerzo podemos mejorar.

Más aún, no habría teoría sin relato testimonial, ni especulación académica sin asidero en la experiencia vivida. Incluso aquellos que hacen teoría de la lectura y relectura de textos de otros, en algún momento se topan con el testimonio de lo vivido y con la reflexión de primera mano sobre lo pensado y lo sentido. Por ello, son valiosos los relatos desde la experiencia, los que rompen los muros de las aulas y se proyectan sobre la realidad social; los que se empapan de sentires e ideas de quienes viven el día a día de la comunicación en sus espacios comunitarios. Los que crecen y hacen crecer a otros con la práctica de la apropiación de la palabra en sus diferentes manifestaciones; los que enseñan y aprenden al mismo tiempo con dedicación y humildad, como enseñó Paulo Freire.
En dichas experiencias lo que importa no son los mensajes producidos, sino los procesos colectivos de transformación, educación y cultura; los mensajes son manifestaciones de esos procesos, pero lo que transforma a las personas es la participación. Ciertamente, los mensajes que se elaboran como contrapropuesta a la información hegemónica de los medios masivos, sirven para alentar debates y desarrollar el sentido crítico de las comunidades, pero para llegar a ello el propio proceso tiene que desarrollarse con instrumentos críticos, no solamente con el aprendizaje del manejo de herramientas tecnológicas.
Teniendo en cuenta lo anterior, en este libro no solamente se narran experiencias comunitarias de comunicación, sino también la propia experiencia de una alianza fundamental entre el mundo académico y la sociedad, donde tanto las comunidades involucradas como la universidad aprenden y crecen en un proceso de complicidad que puede servir de ejemplo en otros ámbitos académicos y comunitarios. Dicha complicidad de los investigadores con los actores locales permite revelar información insospechada y alentar procesos de respuesta a situaciones de injusticia y marginación en función de resolver desequilibrios en temas económicos, educativos o de salud; pero también en temas específicos de comunicación e información, que tienen impacto no solo en la política de las ideologías, sino sobre todo en las políticas públicas, que también son responsabilidad del Estado.
Particularmente en Colombia este aporte es crucial, pues nadie puede obviar siete décadas de violencia física, política y comunicacional; por ejemplo, qué revelador y qué dramático es descubrir en el primer capítulo de este libro, que el 60 % de la población colombiana no tiene acceso a contenidos locales en la información que consume. Además, tan paradójico como dichos “desiertos de información” (silencio, asesinato de periodistas, información controlada, etc.), es seguir nombrando “medios de comunicación” a los aparatos de difusión o desinformación que precisamente cancelan las posibilidades de que exista comunicación; mientras los propios investigadores no tengan claros los términos que usan para nombrar, esa situación será perpetuada.
Sumado a esto, los más de 10 años de experiencia acumulada de docentes y estudiantes de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali en ámbitos comunitarios, no solamente facilitan un apoyo efectivo a procesos locales de comunicación, sino que permiten ejercer la reflexión autocrítica sobre esa relación no siempre equilibrada. Ese es el aporte, por ejemplo, del capítulo de la profesora Fanny Patricia Franco Chávez, gestora del libro, quien desde su mirada analiza tanto las experiencias comunitarias como la situación más amplia de la información en los espacios donde ocurren dichos procesos. De esta manera, la constatación a la que llevan las conclusiones de la investigación es que no existe pluralidad ni libertad de información en ámbitos bajo la influencia de canales de desinformación que obedecen a intereses económicos y políticos muy poderosos, en los cuales prevalecen estereotipos y prejuicios.
Por esta misma línea, los siguientes capítulos del libro son relatos sobre experiencias concretas de medios de organización comunitarios, que constituyen un valioso rescate de procesos de liderazgo y construcción colectiva e involucran a diferentes tipos de comunidades que a su vez optan por la radio, el cine y la producción audiovisual para ponerlas al servicio de la comunicación comunitaria. Al respecto, la defensa del derecho a la comunicación es un aspecto positivo subrayado en todos los capítulos sobre experiencias; además, en el capítulo de cierre se discute sobre la normativa de la radio y la televisión colombiana, que establece una clara distinción entre las demandas de acceso o pluralidad de la información en los medios de difusión empresariales y las necesidades comunitarias.
De esta manera, aunque el libro aborda temas y registros diferentes, lo que le otorga unidad es que se presenta como un ejercicio que refleja el tipo de trabajo de más de una década entre estudiantes, docentes, comunidades y otras universidades con quienes la carrera de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali ha interactuado en temas de comunicación participativa y desarrollo social. La iniciativa de exponer esos procesos públicamente constituye un aporte que plantea desafíos con base en la reflexión crítica.

Alfonso Gumucio D.

La Paz, marzo de 2020

Presentación

La Carrera de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, ha venido interactuando con distintos colectivos de comunicación y organizaciones de base comunitaria de la ciudad durante más de diez años, enseñando y aprendiendo mutuamente a gestionar procesos de comunicación comunitaria y a producir piezas audiovisuales, radiales, multimediales y editoriales como aporte a apuestas de debate frente a contenidos hegemónicos y visiones estereotipadas de las periferias y de sus habitantes.

Durante los últimos años, dicha relación ha facilitado articular el trabajo de docencia e investigación de las profesoras Claudia Lucía Mora Motta y Fanny Patricia Franco Chávez con los proyectos de comunicación comunitaria de organizaciones de base, tales como la Emisora Comunitaria Oriente Estéreo, Tikal Producciones, Multipropaz, la Asociación Colectivo de Medios Alternativos de Jóvenes del Distrito de Aguablanca (MEJODA) y el Festival Nacional de Cine y Video Comunitario del Distrito de Aguablanca (FESDA). Además, ha permitido la articulación con los objetivos del Programa de Formación Javeriana para el Cambio Social y la Educación para la Paz (FORJA), y la vinculación de propósitos de aprendizaje tanto de asignaturas de pregrado de la carrera de Comunicación, como de posgrado de la Universidad Norteamericana de Gonzaga.
En este marco de relación entre socios comunitarios y académicos, se ha fortalecido una experiencia de docencia-investigación-acción en la que se ha acordado una pregunta general orientadora alrededor de los logros y barreras afrontadas por los colectivos y organizaciones de comunicación comunitaria de la ciudad para desarrollar sus propósitos, asumida desde la sistematización de experiencias. En este libro se comparten los resultados de la primera fase de dicha sistematización, correspondiente a la identificación, reconstrucción descriptiva de experiencias y liderazgos de comunicación agenciados desde las comunidades, así como una caracterización de la situación informativa en el país y en Cali, particularmente en relación con el oriente y la ladera; de manera que, en la siguiente fase, se profundice en el análisis interpretativo, derivando el saber de las prácticas y avanzando hacia la incidencia política; sin embargo dado que

[…] como experiencia cognitiva, la sistematización busca en primer lugar producir un relato descriptivo sobre la experiencia, una re-construcción de su trayectoria y densidad a partir de los relatos provenientes de las diversas fuentes y actores que pueden “conversar” sobre ella […] y que estos son elaboraciones donde se conjugan memoria y olvido, reinvención de situaciones y proyección de deseos, que expresan la densidad de los actores y la complejidad de la experiencia, y que su ordenamiento es una decisión consciente de los sistematizadores, debemos reconocer que en la reconstrucción misma está presente la interpretación, así exista un momento en que su asunción es deliberada (Torres, 1999, p. 16).

Así, en el Capítulo I, María Camila Moreno Garzón, desde el Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), comparte los resultados del proyecto de investigación Cartografías de la Información, el cual inició en julio de 2015 con el propósito de mapear y diagnosticar el ecosistema de los medios informativos en Colombia, especialmente en regiones que habían sido escenario de conflictos armados. Para ello, visitaron 120 municipios; y debido a que no se incluyeron ciudades capitales, los resultados de la primera fase de la sistematización de experiencia de la que se derivan los siguientes capítulos de esta publicación, enriquecen la investigación de la FLIP y ofrecen una cartografía de experiencias de comunicación correspondiente a la ciudad capital del Valle del Cauca, Cali. Por tanto, este capítulo de apertura ofrece un panorama del país, mientras que los siguientes delimitan experiencias en la ciudad de Cali que, en el marco de la sistematización, fueron descritas y caracterizadas desde distintas perspectivas.
Por su parte, en el Capítulo II, Fanny Patricia Franco Chávez, de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, comparte un ejercicio de caracterización de medios y del cubrimiento informativo sobre los territorios periféricos de Cali, y quienes los habitan. Adicionalmente, expone la configuración de una hegemonía mediática que representa a los territorios periféricos de la ciudad como violentos, inseguros e ilegales; y a sus habitantes como sujetos causantes de violencia, que aportan a la ciudad algo de arte y de deporte, pero poco o nada en términos de comunicación, medios o cine. Teniendo en cuenta lo anterior, se presenta una cartografía digital de la comunicación comunitaria de Cali en la que se ubican geográficamente colectivos y organizaciones, enlazando a sus redes sociales, compartiendo productos comunicacionales y relatos descriptivos de tres experiencias particulares. Finalmente, se plantea la posibilidad de interpelar a la hegemonía desde campos periféricos de difusión de poder con capitales culturales objetivados en otros discursos, organizaciones y prácticas que impulsen y legitimen diferentes explicaciones de mundo.
Por otro lado, en el Capítulo III, Yeiffer Molina Angulo, señala que el nacimiento de experiencias de comunicación que buscan abrir espacios en sectores populares con el fin de democratizar la palabra puede llegar a ser de corto aliento en el país; a partir de allí, argumenta que, concretamente en el oriente de Cali, el derecho a la comunicación desde el ejercicio de la radio ha enfrentado diferentes barreras y ha obtenido ciertos logros. Posteriormente, a través de dos experiencias: Alternativa Estéreo y Oriente Estéreo, reflexiona sobre el papel que juega la comunicación en la formación ciudadana; el significado del derecho a la comunicación para los líderes de estas experiencias de comunicación y para las comunidades, o si más bien es del derecho a la información de lo que se habla; y sobre cuál ha sido el papel del Estado colombiano frente a garantizar su realización.
Más adelante, en el Capítulo IV. María del Carmen Muñoz y Eduardo Montenegro ofrecen su mirada del cine y el video comunitario en Cali, a la luz de la experiencia de la productora comunitaria Tikal Producciones. Así, narran los aprendizajes, logros y retos de quienes lideran colectivos, organizaciones e iniciativas de este tipo en los barrios populares de Cali, una ciudad que gana cada vez mayor reconocimiento nacional por su aporte cinematográfico.
A continuación, en el capítulo V, Claudia Lucía Mora Motta, reflexiona sobre cómo la experiencia de trabajo colaborativo y dialógico entre los académicos, estudiantes y activistas comunitarios vinculados a procesos de construcción de tejido social en la ladera y el oriente de Cali, condujo a abordar el proceso de la comunicación desde diversos lugares, uno de los cuales es el liderazgo; ese liderazgo comunitario que ejercen quienes han dinamizado por años los procesos de comunicación comunitaria, en principio desde una perspectiva de derechos, y que ha ubicado de manera consistente las diversas formas de relacionarse, intercambiar saberes y recrear la cotidianidad de sectores estigmatizados por sus condiciones socioeconómicas y diversidades étnicas en la ciudad de Cali. Al respecto, Mora afirma que se trata de reconocer las diferentes formas de interrelación establecidas, desde el desarrollo humano y los proyectos colectivos, que además dinamizan nuevas posibilidades de estar en comunidad, para destacar la perspectiva transformadora del liderazgo comunitario.
Finalmente, en el Capítulo VI, cuatro estudiantes de pregrado de Comunicación, exponen los marcos normativos que cobijan el derecho a la comunicación, televisión y la radio en Colombia, presentando “lo escrito en el papel” acerca de dichos aspectos para que el lector contraste los marcos normativos con las realidades del país, de manera que pueda llegar a sus propias conclusiones.
Uno de los aspectos a destacar de este libro, es la coautoría entre académicos, investigadores, profesionales de la comunicación, líderes comunitarios y estudiantes universitarios. Lo cual, concreta un movimiento epistemológico descolonizador en términos de participación, apostándole a la construcción de conocimiento conjunta desde el diálogo de saberes, destrezas, experiencias y experticias. Adicionalmente, este libro está acompañado de la producción en comunicación, alojada en la página web de la cartografía digital que los socios comunitarios y académicos han realizado para hacer visibles sus trayectos, hallazgos y apuestas: dos piezas documentales audiovisuales que reconstruyen las experiencias de Multipropaz y de Comunal Estéreo, además de una pieza documental radial que reconstruye la experiencia de Cine pal barrio.
Con esto, pretendemos continuar recuperando historias de experiencias de comunicación comunitaria que han dispuesto micrófonos, cámaras, pantallas, diálogo y participación para mostrar las bellezas del oriente, de la ladera y de los barrios populares de Cali, las prácticas, los discursos, los escenarios, su gente, la gente, nosotros. Por ahora, con este texto aportamos a la visibilidad, priorizando las voces y miradas comunitarias, y continuamos haciendo camino hacia la producción de conocimiento a partir de las experiencias, esperando así llegar a formar parte en la toma de decisiones locales sobre medios y comunicación.

Fanny Patricia Franco Chávez

Cali, marzo de 2021

Pontificia Universidad Javeriana Cali

Referencia

Torres, A. (1999). La sistematización de experiencias educativas: reflexiones de una práctica reciente. Pedagogía y Saberes, (13), 5-13. https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/PYS/article/view/5983

Capítulo I
Desiertos de información en Colombia y en el Valle del Cauca

María Camila Moreno Garzón1 y equipo del Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP)

Con el objetivo de hacer un diagnóstico del ecosistema de los medios en el país, en julio de 2015, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) inició el proyecto de investigación Cartografías de la Información, donde se analizaron y compararon bases de datos de entidades nacionales y locales; se entrevistaron a más de 2100 representantes de medios informativos, miles de líderes y autoridades locales, y se visitaron 120 municipios. A partir de ello, este capítulo ofrece cifras generales a nivel nacional, para luego caracterizar la situación departamental del Valle del Cauca. Cabe mencionar que, dado que en esta investigación no se incluyeron las ciudades capitales de los distintos departamentos del país, el trabajo cartográfico de la comunicación comunitaria en Cali, adelantado por la carrera de Comunicación de la Pontifica Universidad Javeriana Cali, en alianza con la Universidad de Gonzaga y con organizaciones de base comunitaria, se constituye en un aporte significativo.

Frente a los resultados de la investigación, el panorama del periodismo local es crítico, el principal hallazgo: En los 666 municipios (representando el 60 % del país), donde habitan más de diez millones de personas, no tienen acceso a contenidos locales. Por otro lado, aunque en 313 municipios existen medios, no se produce información local; son lugares en silencio, que informan sobre la crisis de movilidad de la capital del país, pero no hablan del futuro de las vías terciarias en los municipios, por ejemplo. Y si la situación es preocupante en estos municipios, en los otros 353 es alarmante, pues son zonas en total silencio, donde no existen medios, o los únicos existentes pertenecen a la fuerza pública2.
Entonces, el panorama frente al acceso a información local es sin duda negativo: no existe una oferta de medios que garantice la difusión y discusión de contenidos sobre las realidades específicas de los territorios; las regiones no conversan consigo mismas. Múltiples factores incidieron para que esta situación se asentara en cada municipio y ciudad, entre ellos el conflicto armado interno y sus consecuencias sobre la prensa, pues la violencia no sólo ha asesinado periodistas, sino que ha debilitado a los medios de comunicación y ha restringido el acceso a la información de los ciudadanos en diferentes zonas del país. Al respecto, en las últimas cuatro décadas se han asesinado 160 periodistas, siendo el silenciamiento una herramienta sistemática que consolidó, en buena medida, el miedo a informar en Colombia.
Sin embargo, esta no es la única causa; existen otros problemas estructurales que profundizan el precario ecosistema mediático. En segundo lugar, el robustecimiento de la red de emisoras de la fuerza pública frente a la precarización de los medios comunitarios tiene consecuencias claras en materia de libertad de expresión y de prensa. Este sistema de medios se ha consolidado como el principal monopolio de información en el territorio nacional, en donde sus 106 emisoras, ubicadas en 87 ciudades y municipios a lo largo y ancho de los 32 departamentos, representan el 48 % del total de emisoras de interés público3 en el país. De hecho, en municipios como Miraflores en Guaviare; Cumaribo en Vichada; Vista Hermosa, Uribe, Puerto Rico y La Macarena en el Meta; Toledo en Antioquia; y Mahates en Bolívar; este es el único que medio que existe (FLIP, 2019).
Sumado a esto, las emisoras de la fuerza pública son el medio con mayor cobertura, lo cual implica necesariamente riesgos en materia de pluralidad y acceso a la información. Mientras estas emisoras tienen una potencia de hasta cinco kilovatios, llegando a cubrir hasta 400 km, las emisoras comunitarias tienen una potencia máxima de 250 vatios, lo cual les permite una cobertura, en promedio, de 10km. Sin embargo, esta no es la única dificultad que día a día atraviesan estas emisoras para sobrevivir y cumplir con su labor social en las comunidades, pues, a pesar de superar en número a los demás medios mapeados (585 radios), las emisoras comunitarias viven en una constante situación de fragilidad en cuanto a fuentes de financiamiento, infraestructura y apoyo institucional; afectando la producción de contenidos y la situación laboral de los periodistas vinculados a ellas.
Lo anterior, obliga al uso exclusivo de parrillas musicales que alejan a esta clase de radio de su propósito comunitario; el 25 % de las emisoras activas no incluyen programas con noticias locales (FLIP, 2019). Por otro lado, el 41% de las emisoras no tiene ningún tipo de vinculación laboral para sus periodistas, siendo una constante la modalidad informal de vinculación por medio de cupos publicitarios: 293 radios comunitarias vinculan a sus periodistas de esta manera, lo cual significa que, además de verse obligados a contratar la publicidad, tienen que producir sus contenidos. Esta doble relación deriva en mecanismos de censura indirecta; es decir, la pauta como forma de presión económica para incidir en los contenidos de los medios.
Otro de los problemas estructurales de este ecosistema mediático es la limitación en la conectividad a internet, lo que ha impedido que los periodistas puedan explorar los medios digitales como alternativa a las plataformas tradicionales: del total de 2186 medios investigados en Cartografías de la Información, únicamente 228 son digitales, lo que corresponde a un 10%. En efecto, generalmente existe una correlación entre la baja penetración de internet y la ausencia de medios digitales. En los departamentos con menor cobertura: Amazonas (0,6 %), Guainía (0,1 %), Guaviare (1,2 %), Vaupés (0,2 %) y Vichada (2,4 %); estos medios son pocos o inexistentes (Guainía y Guaviare). Es más, en la mayoría de los departamentos con medios digitales, estos se concentran en las capitales, al contar con un mejor acceso a internet que las zonas rurales, así, mientras las capitales reúnen el 62% de estos medios, hay 1030 municipios (el 92 %) donde no existen (FLIP, 2019).
Aunque el Valle del Cauca, departamento cuya capital es Santiago de Cali, no es ajeno a esta realidad, comparativamente es uno de los que cuenta con mejores condiciones para los medios de comunicación, pues sólo el 30% de la población vive en municipios en silencio (lugares donde no existen medios que produzcan noticias locales). De las regiones investigadas, el Valle es uno de los departamentos con más municipios con suficiente oferta de información; solamente cuatro de los 41 municipios estudiados, (exceptuando la capital), no tienen ningún medio de comunicación local: Ginebra, La Cumbre, Toro y Yotoco.
Este es el diagnóstico de los medios en el departamento:

Tabla 1

Diagnóstico de los medios en el departamento


Radios comuni-tariasRadios comer-cialesRadio públicaRadio Fuerza PúblicaTv comuni-tariaTv comer-cialTv públi-caMedios digi-talesTotal medios
29222271519102

Fuente: elaboración propia.

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
22 oktyabr 2025
Həcm:
145 səh. 10 illustrasiyalar
ISBN:
9789585119406
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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