Kitabı oxu: «Mapeando la comunicación comunitaria»

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ÍNDICE

Prólogo

Presentación

Capítulo I

Desiertos de información en Colombia y en el Valle del Cauca

María Camila Moreno Garzón y equipo del Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP)

Capítulo II

Hegemonía mediática, periferias y estereotipos: Un ejercicio académico comunitario en Cali-Colombia

Fanny Patricia Franco Chávez

Capítulo III

Radiando al filo del derecho a la comunicación: Experiencias radiofónicas comunitarias en el oriente de Cali, Colombia

Yeiffer Molina Angulo

Capítulo IV

Experiencias de cine comunitario en los barrios populares de Cali

María del Carmen Muñoz Millán Eduardo Montenegro

Capítulo V

El liderazgo comunitario, un camino de transformación

Claudia Lucía Mora Motta

Capítulo VI

Apuntes estudiantiles sobre el derecho a la comunicación, la televisión y la radio en Colombia

Viviana Chilito, Tatiana Cerón, Nathalia Escandón y Caroly Perdomo

Prólogo

Toda la teoría de la comunicación comunitaria cabe en un anaquel de libros o en una memoria USB. Es una cuestión de espacio y portabilidad que cada quien resuelve a su manera: a algunos nos gusta tener los libros y documentos, tocarlos para leerlos en papel, mientras que otros prefieren la pantalla brillante de las versiones digitales; es cuestión de gustos y de acceso. Pero, lo que la experiencia cotidiana aporta, la manera como el ser humano se enriquece en la práctica concreta y aprende a transformarse y a transformar, no cabe físicamente en ninguna parte porque ocupa el espíritu, que es una manera de llamarle a la relación poética entre el cerebro, el corazón y el hígado. En la experiencia concreta razonamos, amamos o experimentamos broncas con la realidad que nos sobrepasa, o aquella que con esfuerzo podemos mejorar.

Más aún, no habría teoría sin relato testimonial, ni especulación académica sin asidero en la experiencia vivida. Incluso aquellos que hacen teoría de la lectura y relectura de textos de otros, en algún momento se topan con el testimonio de lo vivido y con la reflexión de primera mano sobre lo pensado y lo sentido. Por ello, son valiosos los relatos desde la experiencia, los que rompen los muros de las aulas y se proyectan sobre la realidad social; los que se empapan de sentires e ideas de quienes viven el día a día de la comunicación en sus espacios comunitarios. Los que crecen y hacen crecer a otros con la práctica de la apropiación de la palabra en sus diferentes manifestaciones; los que enseñan y aprenden al mismo tiempo con dedicación y humildad, como enseñó Paulo Freire.
En dichas experiencias lo que importa no son los mensajes producidos, sino los procesos colectivos de transformación, educación y cultura; los mensajes son manifestaciones de esos procesos, pero lo que transforma a las personas es la participación. Ciertamente, los mensajes que se elaboran como contrapropuesta a la información hegemónica de los medios masivos, sirven para alentar debates y desarrollar el sentido crítico de las comunidades, pero para llegar a ello el propio proceso tiene que desarrollarse con instrumentos críticos, no solamente con el aprendizaje del manejo de herramientas tecnológicas.
Teniendo en cuenta lo anterior, en este libro no solamente se narran experiencias comunitarias de comunicación, sino también la propia experiencia de una alianza fundamental entre el mundo académico y la sociedad, donde tanto las comunidades involucradas como la universidad aprenden y crecen en un proceso de complicidad que puede servir de ejemplo en otros ámbitos académicos y comunitarios. Dicha complicidad de los investigadores con los actores locales permite revelar información insospechada y alentar procesos de respuesta a situaciones de injusticia y marginación en función de resolver desequilibrios en temas económicos, educativos o de salud; pero también en temas específicos de comunicación e información, que tienen impacto no solo en la política de las ideologías, sino sobre todo en las políticas públicas, que también son responsabilidad del Estado.
Particularmente en Colombia este aporte es crucial, pues nadie puede obviar siete décadas de violencia física, política y comunicacional; por ejemplo, qué revelador y qué dramático es descubrir en el primer capítulo de este libro, que el 60 % de la población colombiana no tiene acceso a contenidos locales en la información que consume. Además, tan paradójico como dichos “desiertos de información” (silencio, asesinato de periodistas, información controlada, etc.), es seguir nombrando “medios de comunicación” a los aparatos de difusión o desinformación que precisamente cancelan las posibilidades de que exista comunicación; mientras los propios investigadores no tengan claros los términos que usan para nombrar, esa situación será perpetuada.
Sumado a esto, los más de 10 años de experiencia acumulada de docentes y estudiantes de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali en ámbitos comunitarios, no solamente facilitan un apoyo efectivo a procesos locales de comunicación, sino que permiten ejercer la reflexión autocrítica sobre esa relación no siempre equilibrada. Ese es el aporte, por ejemplo, del capítulo de la profesora Fanny Patricia Franco Chávez, gestora del libro, quien desde su mirada analiza tanto las experiencias comunitarias como la situación más amplia de la información en los espacios donde ocurren dichos procesos. De esta manera, la constatación a la que llevan las conclusiones de la investigación es que no existe pluralidad ni libertad de información en ámbitos bajo la influencia de canales de desinformación que obedecen a intereses económicos y políticos muy poderosos, en los cuales prevalecen estereotipos y prejuicios.
Por esta misma línea, los siguientes capítulos del libro son relatos sobre experiencias concretas de medios de organización comunitarios, que constituyen un valioso rescate de procesos de liderazgo y construcción colectiva e involucran a diferentes tipos de comunidades que a su vez optan por la radio, el cine y la producción audiovisual para ponerlas al servicio de la comunicación comunitaria. Al respecto, la defensa del derecho a la comunicación es un aspecto positivo subrayado en todos los capítulos sobre experiencias; además, en el capítulo de cierre se discute sobre la normativa de la radio y la televisión colombiana, que establece una clara distinción entre las demandas de acceso o pluralidad de la información en los medios de difusión empresariales y las necesidades comunitarias.
De esta manera, aunque el libro aborda temas y registros diferentes, lo que le otorga unidad es que se presenta como un ejercicio que refleja el tipo de trabajo de más de una década entre estudiantes, docentes, comunidades y otras universidades con quienes la carrera de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali ha interactuado en temas de comunicación participativa y desarrollo social. La iniciativa de exponer esos procesos públicamente constituye un aporte que plantea desafíos con base en la reflexión crítica.

Alfonso Gumucio D.

La Paz, marzo de 2020

Presentación

La Carrera de Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, ha venido interactuando con distintos colectivos de comunicación y organizaciones de base comunitaria de la ciudad durante más de diez años, enseñando y aprendiendo mutuamente a gestionar procesos de comunicación comunitaria y a producir piezas audiovisuales, radiales, multimediales y editoriales como aporte a apuestas de debate frente a contenidos hegemónicos y visiones estereotipadas de las periferias y de sus habitantes.

Durante los últimos años, dicha relación ha facilitado articular el trabajo de docencia e investigación de las profesoras Claudia Lucía Mora Motta y Fanny Patricia Franco Chávez con los proyectos de comunicación comunitaria de organizaciones de base, tales como la Emisora Comunitaria Oriente Estéreo, Tikal Producciones, Multipropaz, la Asociación Colectivo de Medios Alternativos de Jóvenes del Distrito de Aguablanca (MEJODA) y el Festival Nacional de Cine y Video Comunitario del Distrito de Aguablanca (FESDA). Además, ha permitido la articulación con los objetivos del Programa de Formación Javeriana para el Cambio Social y la Educación para la Paz (FORJA), y la vinculación de propósitos de aprendizaje tanto de asignaturas de pregrado de la carrera de Comunicación, como de posgrado de la Universidad Norteamericana de Gonzaga.
En este marco de relación entre socios comunitarios y académicos, se ha fortalecido una experiencia de docencia-investigación-acción en la que se ha acordado una pregunta general orientadora alrededor de los logros y barreras afrontadas por los colectivos y organizaciones de comunicación comunitaria de la ciudad para desarrollar sus propósitos, asumida desde la sistematización de experiencias. En este libro se comparten los resultados de la primera fase de dicha sistematización, correspondiente a la identificación, reconstrucción descriptiva de experiencias y liderazgos de comunicación agenciados desde las comunidades, así como una caracterización de la situación informativa en el país y en Cali, particularmente en relación con el oriente y la ladera; de manera que, en la siguiente fase, se profundice en el análisis interpretativo, derivando el saber de las prácticas y avanzando hacia la incidencia política; sin embargo dado que

[…] como experiencia cognitiva, la sistematización busca en primer lugar producir un relato descriptivo sobre la experiencia, una re-construcción de su trayectoria y densidad a partir de los relatos provenientes de las diversas fuentes y actores que pueden “conversar” sobre ella […] y que estos son elaboraciones donde se conjugan memoria y olvido, reinvención de situaciones y proyección de deseos, que expresan la densidad de los actores y la complejidad de la experiencia, y que su ordenamiento es una decisión consciente de los sistematizadores, debemos reconocer que en la reconstrucción misma está presente la interpretación, así exista un momento en que su asunción es deliberada (Torres, 1999, p. 16).

Así, en el Capítulo I, María Camila Moreno Garzón, desde el Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), comparte los resultados del proyecto de investigación Cartografías de la Información, el cual inició en julio de 2015 con el propósito de mapear y diagnosticar el ecosistema de los medios informativos en Colombia, especialmente en regiones que habían sido escenario de conflictos armados. Para ello, visitaron 120 municipios; y debido a que no se incluyeron ciudades capitales, los resultados de la primera fase de la sistematización de experiencia de la que se derivan los siguientes capítulos de esta publicación, enriquecen la investigación de la FLIP y ofrecen una cartografía de experiencias de comunicación correspondiente a la ciudad capital del Valle del Cauca, Cali. Por tanto, este capítulo de apertura ofrece un panorama del país, mientras que los siguientes delimitan experiencias en la ciudad de Cali que, en el marco de la sistematización, fueron descritas y caracterizadas desde distintas perspectivas.
Por su parte, en el Capítulo II, Fanny Patricia Franco Chávez, de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, comparte un ejercicio de caracterización de medios y del cubrimiento informativo sobre los territorios periféricos de Cali, y quienes los habitan. Adicionalmente, expone la configuración de una hegemonía mediática que representa a los territorios periféricos de la ciudad como violentos, inseguros e ilegales; y a sus habitantes como sujetos causantes de violencia, que aportan a la ciudad algo de arte y de deporte, pero poco o nada en términos de comunicación, medios o cine. Teniendo en cuenta lo anterior, se presenta una cartografía digital de la comunicación comunitaria de Cali en la que se ubican geográficamente colectivos y organizaciones, enlazando a sus redes sociales, compartiendo productos comunicacionales y relatos descriptivos de tres experiencias particulares. Finalmente, se plantea la posibilidad de interpelar a la hegemonía desde campos periféricos de difusión de poder con capitales culturales objetivados en otros discursos, organizaciones y prácticas que impulsen y legitimen diferentes explicaciones de mundo.
Por otro lado, en el Capítulo III, Yeiffer Molina Angulo, señala que el nacimiento de experiencias de comunicación que buscan abrir espacios en sectores populares con el fin de democratizar la palabra puede llegar a ser de corto aliento en el país; a partir de allí, argumenta que, concretamente en el oriente de Cali, el derecho a la comunicación desde el ejercicio de la radio ha enfrentado diferentes barreras y ha obtenido ciertos logros. Posteriormente, a través de dos experiencias: Alternativa Estéreo y Oriente Estéreo, reflexiona sobre el papel que juega la comunicación en la formación ciudadana; el significado del derecho a la comunicación para los líderes de estas experiencias de comunicación y para las comunidades, o si más bien es del derecho a la información de lo que se habla; y sobre cuál ha sido el papel del Estado colombiano frente a garantizar su realización.
Más adelante, en el Capítulo IV. María del Carmen Muñoz y Eduardo Montenegro ofrecen su mirada del cine y el video comunitario en Cali, a la luz de la experiencia de la productora comunitaria Tikal Producciones. Así, narran los aprendizajes, logros y retos de quienes lideran colectivos, organizaciones e iniciativas de este tipo en los barrios populares de Cali, una ciudad que gana cada vez mayor reconocimiento nacional por su aporte cinematográfico.
A continuación, en el capítulo V, Claudia Lucía Mora Motta, reflexiona sobre cómo la experiencia de trabajo colaborativo y dialógico entre los académicos, estudiantes y activistas comunitarios vinculados a procesos de construcción de tejido social en la ladera y el oriente de Cali, condujo a abordar el proceso de la comunicación desde diversos lugares, uno de los cuales es el liderazgo; ese liderazgo comunitario que ejercen quienes han dinamizado por años los procesos de comunicación comunitaria, en principio desde una perspectiva de derechos, y que ha ubicado de manera consistente las diversas formas de relacionarse, intercambiar saberes y recrear la cotidianidad de sectores estigmatizados por sus condiciones socioeconómicas y diversidades étnicas en la ciudad de Cali. Al respecto, Mora afirma que se trata de reconocer las diferentes formas de interrelación establecidas, desde el desarrollo humano y los proyectos colectivos, que además dinamizan nuevas posibilidades de estar en comunidad, para destacar la perspectiva transformadora del liderazgo comunitario.
Finalmente, en el Capítulo VI, cuatro estudiantes de pregrado de Comunicación, exponen los marcos normativos que cobijan el derecho a la comunicación, televisión y la radio en Colombia, presentando “lo escrito en el papel” acerca de dichos aspectos para que el lector contraste los marcos normativos con las realidades del país, de manera que pueda llegar a sus propias conclusiones.
Uno de los aspectos a destacar de este libro, es la coautoría entre académicos, investigadores, profesionales de la comunicación, líderes comunitarios y estudiantes universitarios. Lo cual, concreta un movimiento epistemológico descolonizador en términos de participación, apostándole a la construcción de conocimiento conjunta desde el diálogo de saberes, destrezas, experiencias y experticias. Adicionalmente, este libro está acompañado de la producción en comunicación, alojada en la página web de la cartografía digital que los socios comunitarios y académicos han realizado para hacer visibles sus trayectos, hallazgos y apuestas: dos piezas documentales audiovisuales que reconstruyen las experiencias de Multipropaz y de Comunal Estéreo, además de una pieza documental radial que reconstruye la experiencia de Cine pal barrio.
Con esto, pretendemos continuar recuperando historias de experiencias de comunicación comunitaria que han dispuesto micrófonos, cámaras, pantallas, diálogo y participación para mostrar las bellezas del oriente, de la ladera y de los barrios populares de Cali, las prácticas, los discursos, los escenarios, su gente, la gente, nosotros. Por ahora, con este texto aportamos a la visibilidad, priorizando las voces y miradas comunitarias, y continuamos haciendo camino hacia la producción de conocimiento a partir de las experiencias, esperando así llegar a formar parte en la toma de decisiones locales sobre medios y comunicación.

Fanny Patricia Franco Chávez

Cali, marzo de 2021

Pontificia Universidad Javeriana Cali

Referencia

Torres, A. (1999). La sistematización de experiencias educativas: reflexiones de una práctica reciente. Pedagogía y Saberes, (13), 5-13. https://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/PYS/article/view/5983

Capítulo I
Desiertos de información en Colombia y en el Valle del Cauca

María Camila Moreno Garzón1 y equipo del Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP)

Con el objetivo de hacer un diagnóstico del ecosistema de los medios en el país, en julio de 2015, la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) inició el proyecto de investigación Cartografías de la Información, donde se analizaron y compararon bases de datos de entidades nacionales y locales; se entrevistaron a más de 2100 representantes de medios informativos, miles de líderes y autoridades locales, y se visitaron 120 municipios. A partir de ello, este capítulo ofrece cifras generales a nivel nacional, para luego caracterizar la situación departamental del Valle del Cauca. Cabe mencionar que, dado que en esta investigación no se incluyeron las ciudades capitales de los distintos departamentos del país, el trabajo cartográfico de la comunicación comunitaria en Cali, adelantado por la carrera de Comunicación de la Pontifica Universidad Javeriana Cali, en alianza con la Universidad de Gonzaga y con organizaciones de base comunitaria, se constituye en un aporte significativo.

Frente a los resultados de la investigación, el panorama del periodismo local es crítico, el principal hallazgo: En los 666 municipios (representando el 60 % del país), donde habitan más de diez millones de personas, no tienen acceso a contenidos locales. Por otro lado, aunque en 313 municipios existen medios, no se produce información local; son lugares en silencio, que informan sobre la crisis de movilidad de la capital del país, pero no hablan del futuro de las vías terciarias en los municipios, por ejemplo. Y si la situación es preocupante en estos municipios, en los otros 353 es alarmante, pues son zonas en total silencio, donde no existen medios, o los únicos existentes pertenecen a la fuerza pública2.
Entonces, el panorama frente al acceso a información local es sin duda negativo: no existe una oferta de medios que garantice la difusión y discusión de contenidos sobre las realidades específicas de los territorios; las regiones no conversan consigo mismas. Múltiples factores incidieron para que esta situación se asentara en cada municipio y ciudad, entre ellos el conflicto armado interno y sus consecuencias sobre la prensa, pues la violencia no sólo ha asesinado periodistas, sino que ha debilitado a los medios de comunicación y ha restringido el acceso a la información de los ciudadanos en diferentes zonas del país. Al respecto, en las últimas cuatro décadas se han asesinado 160 periodistas, siendo el silenciamiento una herramienta sistemática que consolidó, en buena medida, el miedo a informar en Colombia.
Sin embargo, esta no es la única causa; existen otros problemas estructurales que profundizan el precario ecosistema mediático. En segundo lugar, el robustecimiento de la red de emisoras de la fuerza pública frente a la precarización de los medios comunitarios tiene consecuencias claras en materia de libertad de expresión y de prensa. Este sistema de medios se ha consolidado como el principal monopolio de información en el territorio nacional, en donde sus 106 emisoras, ubicadas en 87 ciudades y municipios a lo largo y ancho de los 32 departamentos, representan el 48 % del total de emisoras de interés público3 en el país. De hecho, en municipios como Miraflores en Guaviare; Cumaribo en Vichada; Vista Hermosa, Uribe, Puerto Rico y La Macarena en el Meta; Toledo en Antioquia; y Mahates en Bolívar; este es el único que medio que existe (FLIP, 2019).
Sumado a esto, las emisoras de la fuerza pública son el medio con mayor cobertura, lo cual implica necesariamente riesgos en materia de pluralidad y acceso a la información. Mientras estas emisoras tienen una potencia de hasta cinco kilovatios, llegando a cubrir hasta 400 km, las emisoras comunitarias tienen una potencia máxima de 250 vatios, lo cual les permite una cobertura, en promedio, de 10km. Sin embargo, esta no es la única dificultad que día a día atraviesan estas emisoras para sobrevivir y cumplir con su labor social en las comunidades, pues, a pesar de superar en número a los demás medios mapeados (585 radios), las emisoras comunitarias viven en una constante situación de fragilidad en cuanto a fuentes de financiamiento, infraestructura y apoyo institucional; afectando la producción de contenidos y la situación laboral de los periodistas vinculados a ellas.
Lo anterior, obliga al uso exclusivo de parrillas musicales que alejan a esta clase de radio de su propósito comunitario; el 25 % de las emisoras activas no incluyen programas con noticias locales (FLIP, 2019). Por otro lado, el 41% de las emisoras no tiene ningún tipo de vinculación laboral para sus periodistas, siendo una constante la modalidad informal de vinculación por medio de cupos publicitarios: 293 radios comunitarias vinculan a sus periodistas de esta manera, lo cual significa que, además de verse obligados a contratar la publicidad, tienen que producir sus contenidos. Esta doble relación deriva en mecanismos de censura indirecta; es decir, la pauta como forma de presión económica para incidir en los contenidos de los medios.
Otro de los problemas estructurales de este ecosistema mediático es la limitación en la conectividad a internet, lo que ha impedido que los periodistas puedan explorar los medios digitales como alternativa a las plataformas tradicionales: del total de 2186 medios investigados en Cartografías de la Información, únicamente 228 son digitales, lo que corresponde a un 10%. En efecto, generalmente existe una correlación entre la baja penetración de internet y la ausencia de medios digitales. En los departamentos con menor cobertura: Amazonas (0,6 %), Guainía (0,1 %), Guaviare (1,2 %), Vaupés (0,2 %) y Vichada (2,4 %); estos medios son pocos o inexistentes (Guainía y Guaviare). Es más, en la mayoría de los departamentos con medios digitales, estos se concentran en las capitales, al contar con un mejor acceso a internet que las zonas rurales, así, mientras las capitales reúnen el 62% de estos medios, hay 1030 municipios (el 92 %) donde no existen (FLIP, 2019).
Aunque el Valle del Cauca, departamento cuya capital es Santiago de Cali, no es ajeno a esta realidad, comparativamente es uno de los que cuenta con mejores condiciones para los medios de comunicación, pues sólo el 30% de la población vive en municipios en silencio (lugares donde no existen medios que produzcan noticias locales). De las regiones investigadas, el Valle es uno de los departamentos con más municipios con suficiente oferta de información; solamente cuatro de los 41 municipios estudiados, (exceptuando la capital), no tienen ningún medio de comunicación local: Ginebra, La Cumbre, Toro y Yotoco.
Este es el diagnóstico de los medios en el departamento:

Tabla 1

Diagnóstico de los medios en el departamento


Radios comuni-tariasRadios comer-cialesRadio públicaRadio Fuerza PúblicaTv comuni-tariaTv comer-cialTv públi-caMedios digi-talesTotal medios
29222271519102

Fuente: elaboración propia.

Según lo anterior, encontramos que el Valle es el sexto departamento del país con más medios de comunicación, después de Antioquia, Cundinamarca, Boyacá, Nariño y Santander. Además, es uno de los departamentos con los mejores índices de penetración a internet, puesto que cuenta con el 14 % de la población suscrita a una conexión fija.
En cuanto a la vinculación laboral de los periodistas es necesario mencionar otras situaciones que reflejan, a su vez, el panorama nacional antes mencionado: primero, la desigualdad de género al interior de los medios en el Valle es una de las más profundas del país, pues sólo el 25 % de periodistas son mujeres; y segundo, aunque el Valle no tenga cifras tan alarmantes como Arauca o Putumayo4, sí es uno de los departamentos con más periodistas trabajando sin ningún tipo de vinculación laboral, pues el 43 % no tiene ningún tipo de contratación.
Para efectos de la investigación, se dividió el departamento en dos regiones: en la región del norte del Valle, el 30 % de la población vive en municipios en silencio; sólo en Cartago, La Victoria, Sevilla y Tuluá existen medios que ofrecen suficiente información. Además, la mayoría de los medios en esta región son emisoras comunitarias (18 de 51 medios locales), y la vinculación laboral de los periodistas es principalmente mediante la modalidad de cupos publicitarios; 43 de los 51 medios de la región. En cuanto a la región del sur del Valle del Cauca, también el 30 % de la población vive en municipios en silencio, pues sólo en los municipios de Buenaventura, Guadalajara de Buga y Palmira existen medios que ofrecen suficiente información local. En esta región, 33 de los 51 medios se concentran principalmente en los municipios con mayor actividad económica, y solo 10 cuentan con informativos locales.
En este recorrido por las cifras de Cartografías de la Información5, se observa el complejo panorama para el acceso a información local en gran parte del territorio nacional, siendo la violencia, la falta de formación, el abandono estatal y la desconexión asentada en los territorios, las principales causas de que el silencio se convirtiera en norma en la mayoría del país, sobre todo en las regiones más afectadas por el conflicto armado. Esta situación requiere del esfuerzo del Estado para garantizar condiciones de infraestructura y seguridad que permitan el libre ejercicio de expresión y de prensa, así como de cada uno de los actores sociales, academias, organizaciones de base, organizaciones estatales, del tercer sector y hasta empresariales, para crear conciencia y asumir un papel activo que aborde los desafíos que enfrentan las noticias y la democracia local.
Referencias

Fundación para la Libertad de Prensa FLIP. (2019). Periodismo Roto. Viaje por las grietas del periodismo colombiano. Taller Agosto.

1 Profesional en Relaciones Internacionales. Investigadora del Centro de Estudios sobre Libertad de Expresión de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP).

2 Ver libro Periodismo Roto. Viaje por las grietas de la información en Colombia en: https://flip.org.co/images/Documentos/Periodismo-Roto-Cartografias-FLIP-2019_baja.pdf

3 La categoría de interés público incluye emisoras indígenas, las de instituciones educativas y las de alcaldías y gobernaciones.

4 En Arauca, el 82 % de los periodistas trabajan bajo la modalidad de cupos publicitarios y en el Putumayo el 97 % (FLIP, 2019).

5 Ver el mapa de “Cartografías de la Información” aquí: https://flip.org.co/cartografias-informacion/

Capítulo II
Hegemonía mediática, periferias y estereotipos: Un ejercicio académico comunitario en Cali-Colombia

Fanny Patricia Franco Chávez6

Introducción

En adelante, cada capítulo del libro expone los resultados de la primera fase de un proyecto de sistematización de experiencia que aún se encuentra en desarrollo, y que tiene un componente de acción que apunta a realizar la vocación de aprender juntamente con los sujetos, y a enriquecer las experiencias mutuas. Entendiendo que las metodologías participativas de investigación y acción social aportan a generar cambios sociales y democratización, mientras que las ideologías y sus debates en la práctica pueden tener un efecto paralizante (Villasante, T., como se citó en Paño, 2015), esta manera de investigar debe asumirse como un puente hacia otras formas de explicación de la realidad y otras formas más satisfactorias de acción para transformarla (Fals Borda y Rahman, 1991). Teniendo en cuenta lo anterior, este capítulo se dedica a caracterizar la configuración mediática del país, la identificación del tipo de cubrimiento que hacen los medios sobre el oriente, la ladera de Cali y sus habitantes, y la identificación y descripción de experiencias de comunicación comunitaria en Cali. En ello, participaron 15 estudiantes universitarios y su docente, quienes están articulados a los procesos agenciados por tres organizaciones de base comunitaria que, desde la acción en comunicación, aportan a la generación de transformaciones sociales en esos dos territorios, considerados los de mayor inseguridad, pobreza y violencia en la ciudad, y a su vez, como los de mayor movimiento cultural comunitario, destacándose en iniciativas de comunicación que han recibido distintos reconocimientos.

En la experiencia, los tres líderes de las organizaciones se denominan como comunicadores alternativos por producir contenidos alternos a los de los medios tradicionales (Lewis, , p. 12); por promover la toma de conciencia, la organización y la acción de las clases subalternas (Simpson, 1986, p. 61); por buscar el cambio social por medio de la concientización y la formación de individuos que participen y creen contenidos que muestran otra realidad social (Downing, 2001, p. 3); por producir poder al reformular sus propias identidades, las de los otros y su realidad social (Rodríguez, 2001, p. 160); y, en general, por motivar diversos modos de discurso que circulan en la esfera pública sin ser parte de la esfera burguesa, sino que conforman una especie de espacio en el que se expresan los deseos de sujetos y colectivos que, por razones de género, clase, etnia, u otras, no son reconocidos como interlocutores válidos en el ámbito dominante (Habermas, 2002).
Durante los primeros diálogos con los comunicadores alternativos, se identificaron similitudes discursivas como la denuncia sobre la manera discriminatoria en que los medios se refieren a sus territorios, habitantes y prácticas; y el propósito de contribuir al debate y al cambio de dicho tratamiento mediático desde sus procesos y productos de comunicación. Sin embargo, al interrogarles por evidencia empírica, análisis y resultados, emerge que el activismo en el que se hayan profundamente comprometidos, les absorbe de tal forma que no cuentan con el tiempo ni con los recursos para hacer el ejercicio periódico de fundamentar con datos sus afirmaciones y sus aportes a la transformación del tratamiento mediático discriminatorio, siendo más evidente su contribución a los cambios en las auto-representaciones de quienes habitan dichos territorios al involucrarles en procesos de producción audiovisual y radial en los que logran narrarlos (a los territorios) y narrarse de manera propia.
Dicho hallazgo sembró una inquietud que creció al identificar el poco conocimiento que tienen los estudiantes de comunicación sobre criterios para definir la hegemonía de un medio, y la configuración hegemónica mediática en el país. Cabe señalar que hegemonía se entiende como el poder adicional del que goza el grupo dominante para hacer coincidir sus visiones del mundo con las de los demás grupos sociales (Gramsci, 1975), objetivándolas en materiales ideológicos como la escuela, las instituciones que configuran opinión pública, y los medios. Esto, además de fortalecer esas visiones del mundo, legitima los intereses de diferentes grupos, al punto de que una clase social ejerce hegemonía en la medida en que la clase dominante tiene intereses que la clase subalterna reconoce, hasta cierto punto, como propios (Martín Barbero, 1987).
De esta manera, en términos de acción, se definió aportar a la generación de movimiento comunicacional desde las redes sociales del Festival Nacional de Cine y Video Comunitario del Distrito de Aguablanca (FESDA), evento anual apalancado por una organización del Distrito de Aguablanca; contactando periodistas y medios para lograr su cubrimiento y tratar de poner en la agenda mediática un contenido distinto sobre la ladera y el oriente de Cali. Además, se acordó desarrollar un ejercicio que arrojara como resultado una caracterización mediática del país, del contenido mediático referido al oriente y a la ladera de Cali, y una cartografía de la comunicación comunitaria en la ciudad.
Por otra parte, la autora de este capítulo había venido identificando que los estereotipos discriminatorios no solo provenían desde quienes están ubicados en “contextos altos” o mejor dotados dentro de la estructura social hacia quienes están “abajo” o menos equipados, sino también de abajo hacia arriba. Así, de arriba hacia abajo los estereotipos relacionan los contextos y sus habitantes con violencia, pereza, ignorancia, desorden, suciedad, inseguridad e incapacidad, generando actitudes de indiferencia y temor; y de abajo hacia arriba con vanidad, ignorancia, indolencia, facilismo, incapacidad y superficialidad, generando las mismas actitudes de rechazo y dificultando así la interculturalidad. Ejemplo de ello son los estudiantes universitarios participantes de la experiencia, quienes usaron tales calificativos hacia los territorios del oriente y la ladera de Cali y hacia sus habitantes cuando fueron indagados al respecto por escrito, antes de efectivamente desplazarse e interactuar in situ; además también los comunicadores alternativos estereotiparon negativamente a los estudiantes universitarios antes de conocerlos.
En efecto, se reconoció la tendencia de los estereotipos a persistir, dado que estos se fortalecen en la medida en que “el grupo estereotipador no necesite por alguna razón adaptativa o de supervivencia realizar un cambio como, por ejemplo, aliarse con un grupo históricamente enemigo, acerca del cual se han mantenido unas creencias negativas que ahora interese cambiar” (González, 1999, p. 82). Si bien no podría catalogarse la relación entre el grupo de estudiantes universitarios y los comunicadores alternativos habitantes de los territorios periféricos de la ciudad como de enemistad, sí se trataba de una relación entre grupos estereotipadores, que debido a la propuesta de docencia e investigación realizaron cambios adaptativos para el logro de resultados académicos y comunitarios, lo que facilitó modificar prejuicios y discriminaciones.
Al respecto, se consideró que los conceptos de estereotipo, prejuicio y discriminación se relacionan para componer una actitud frente al otro, esto a través de tres componentes: cognitivo (lo que sé del otro), afectivo (las emociones que me genera) y conductual (la conducta desarrollada como consecuencia). Así, el estereotipo, entendido como las creencias populares sobre los atributos que caracterizan a un grupo social y sobre las que hay un acuerdo básico (Mackie, 1973), es el componente cognitivo del prejuicio, entendido como el conjunto de juicios y creencias de carácter negativo con relación a un grupo social; de igual forma, la discriminación es el componente conductual asociado al prejuicio, concebida como la conducta de diferencia inequitativa en el trato otorgado a las personas (por acción u omisión) en virtud de su pertenencia a un grupo o categoría social sobre la que existe algún prejuicio (León Rubio et al., 1996). Ante dicho panorama, la apuesta de este ejercicio fue propiciar que dos grupos estereotipadores aumentaran su saber sobre el otro (componente cognitivo), interactuaran y se propusieran alcanzar resultados conjuntamente (componente afectivo), para que transformaran la discriminación por solidaridad y comprensión (componente conductual).
Aspectos metodológicos

1 El ejercicio académico comunitarioEntre los criterios de selección de los medios para el ejercicio de análisis de contenido, se consideraron, en primer lugar, las referencias de los estudiantes universitarios participantes de las asignaturas, es decir, los medios que mayormente consultan, lo que permitió identificar que los que más consumían eran los hegemónicos; pues entre los que mencionaron solo apareció uno que no podía considerarse dentro de la hegemonía mediática: Cali Buenas Noticias, periódico digital agenciado por integrantes de la comunidad académica, cuyo rasgo característico es la orientación a las buenas noticias de la ciudad y de la región.Como segundo criterio, se tomó en cuenta la cantidad de medios posibles de analizar por parte de una profesora y 15 estudiantes divididos en cuatro subgrupos, de manera que a cada grupo le correspondieron tres medios (12 en total). Cabe mencionar, que la mayoría de estudiantes universitarios de comunicación hacían parte de un grupo social de la ciudad que reproduce representaciones discriminatorias o prejuiciadas de la ladera y del oriente de Cali, pues solo cuatro de ellos conocían alguno de los dos territorios en cuestión por asuntos académicos o laborales; y seis afirmaron, que se trataba de territorios y habitantes pobres, violentos, resentidos, sin oportunidades, desplazados, sin la disciplina y el esfuerzo necesarios para “salir adelante”, o en su mayoría trabajadores resignados.Así las cosas, durante ocho semanas se hizo seguimiento a 12 medios nacionales y locales, registrando diariamente en una ficha, el medio, la fecha, la ubicación (enlace, dial, canal), el titular, el autor, y el contenido referido al territorio y sus habitantes; además, se consolidó semanalmente el número de noticias divulgadas en cada medio sobre el oriente, la ladera y sus habitantes, contabilizando el número de ellas que se refirieron en términos positivos y negativos. De acuerdo con Van Dijk (2003, p. 149) el análisis de contenido considera la identificación de la elección de temas, proposiciones y elementos léxicos, y para este ejercicio en particular, se limitó a la identificación del primer aspecto, es decir, de los temas elegidos por los medios para referirse a los espacios de la ladera y el oriente de Cali, a fin de analizar su papel en la reproducción de ideas sobre sus habitantes como grupo social. De esta forma, si “los discursos son interpretados como elementos que guardan una relación coherente con los modelos mentales que los usuarios tienen sobre los acontecimientos o los hechos a que se hace referencia” (p. 165), los discursos mediáticos sobre la ladera y el oriente de Cali expresan los modelos mentales que un grupo social hegemónico tiene sobre otro subalterno, reproduciéndolos y difundiéndolos.Por otro lado, para caracterizar la configuración mediática del país se buscó información sobre propiedad, participación en sectores económicos, cobertura y tendencia política declarada en sitios web, o documentada en estudios producidos por organizaciones de agremiación periodística, de defensa de la libertad de prensa o de medios críticos. Adicionalmente, la cartografía de la comunicación comunitaria se logró gracias a un taller realizado en el marco del Festival Nacional de Cine y Video Comunitario del Distrito de Aguablanca, al que se invitó al mayor número de grupos, colectivos e iniciativas de comunicación identificadas en la red social Facebook y a través de referencias voz a voz. Primero, los asistentes ubicaron sus iniciativas en mapas de Cali en papel tamaño pliego, luego compartieron su quehacer y mencionaron sus alianzas; con esa información, en Illustrator se vectorizó el mapa de Cali por comunas ubicando cada iniciativa, y se diseñó una web en Adobe Muse para alojarlo y ofrecer información sobre el proceso; configurado como proyecto a mediano plazo y que se re-diseñó en la plataforma Wix.El ejercicio académico comunitario se desarrolló en el marco de las 16 semanas correspondientes a un semestre universitario en Colombia. Distribuidas en fases: una de contextualización y apropiación conceptual (tres semanas); una de planeación (tres semanas); una de co-actuación (nueve semanas); y una de evaluación (una semana). En cuanto a las salidas de estudiantes a terreno, en un 70 % estuvieron acompañadas por la profesora y por los comunicadores alternativos, disponiendo para cada semana espacios de reflexión crítica sobre, y para, la acción entre los participantes, trabajando así los componentes cognitivo, afectivo y conductual, a fin de obtener cambios en los contenidos de los estereotipos identificados.Resultados y conclusionesConcentración en la propiedad y en el consumo de mediosLo primero que se evidenció, y sorprendió a los estudiantes universitarios participantes en la experiencia, fue la concentración en la propiedad de los medios por parte de los grupos económicos más fuertes del país y de un grupo internacional, pues 9 de los 12 medios seleccionados pertenecen a solo cuatro grupos propietarios que mezclan negocios de alta rentabilidad y diversidad sectorial con un manejo mediático también diverso (radio, prensa, TV, y medios digitales) y de amplia cobertura en el territorio nacional, lo que debilita la credibilidad en su equilibrio informativo. De hecho, cada vez, los grupos empresariales se adueñan más de los medios en Colombia. En el pasado, lo común era que pertenecieran a familias, pero hoy solo tres grupos controlan el 57 % de la televisión, radio e internet en el país (Federación Colombiana de periodistas [FECOLPER] y Reporteros Sin Fronteras, 2015; La Silla Vacía, 2017).Sin embargo, también se constató el consumo mediático concentrado en los medios de tipo hegemónico por parte de los estudiantes universitarios, limitando así las fuentes para sus análisis críticos de la realidad y sus posibilidades futuras de crear y difundir otros contenidos. Además, se corroboró que entre las comunidades ubicadas en espacios periféricos circulan más noticias de entretenimiento acerca de lo que pasa en Bogotá (capital del país) y, en las zonas centrales de Cali (capital del departamento del Valle del Cauca), que sobre lo que sucede en sus territorios; y la poca información que circula es estereotipada discriminatoriamente.Cabe resaltar que, de acuerdo con el Centro de Estudios de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) (2018), el Valle del Cauca tiene 4.707.890 habitantes y 95 medios distribuidos en 41 municipios, de los cuales 21 son zonas de silencio al no contar con medios locales; aunque Cali no fue incluido en su estudio, se realizó un mapeo de los medios de información, especialmente en las regiones que han sido escenarios de conflicto armado, por lo que la cartografía de la comunicación comunitaria, resultante de esta experiencia, se constituye en un aporte significativo. Por otro lado, al no encontrar claramente datos sobre propiedad en las páginas web de los grupos de medios, y tener que consultar otras fuentes, se concluyó que en el país no se garantiza el criterio de fiabilidad frente a la información a partir de dar a conocer los intereses representados; en tal sentido la transparencia es aval de pluralidad, libertad de expresión, y libertad de medios.Sobre los grupos de propietarios de los medios considerados en la experiencia, se encontró que el Grupo Santo Domingo es uno de los más importantes en Colombia, con participación en los sectores turístico, inmobiliario, transporte, logística, industrial, comercio, comunicación y entretenimiento; por ejemplo, es dueño de las tiendas D1 que actualmente venden a precios más bajos que las mayores cadenas de supermercados del país. Fue creado en 1997 como Valores Bavaria (a partir de 2004 Valorem), fundado por Julio Mario Santo Domingo y, luego de su fallecimiento en 2011, bajo la dirección de su heredero Alejandro Santo Domingo.En el sector de comunicaciones y medios es propietario de Caracol Televisión S.A., Comunican S.A. e Inversiones Cromos S.A.S., y hasta 2003 de Caracol Primera Cadena Radial Colombiana S.A., cuando el Grupo español Prisa adquirió la mayoría de las acciones. Adicionalmente, en 2012 el Grupo Santo Domingo-Valorem lanzó al aire la emisora Blu Radio, contando también con la emisora de música popular La Kalle y con participación en Cine Colombia, la mayor empresa de exhibición y distribución de cine del país. En efecto, tres de los 12 medios seleccionados para el ejercicio, pertenecen a este grupo: El Espectador, Blu Radio Cali y Noticias Caracol TV.Sumado a lo anterior, Alejandro Santo Domingo figura entre las 100 personas más ricas del mundo, y, de acuerdo con La Silla Vacía (2017), para la elección presidencial de 2014 aportó 406 millones de pesos al candidato derrotado de derecha. Posteriormente, para la elección presidencial de 2018 se conoció que Santo Domingo invitó a un desayuno en su residencia en Manhattan a Iván Duque, el candidato de derecha y actual presidente de la nación.Por otro lado, el Grupo Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo empezó a estructurarse desde 1959, y hoy es el grupo empresarial más grande del país. Participa en los sectores financiero, minero e industrial, de agroindustria, infraestructura, construcción e inmobiliario, hotelería, energía y gas, y por supuesto medios. Entre sus empresas se encuentran el Grupo Aval Acciones y Valores, los bancos colombianos AV Villas, Bogotá, de Occidente; el Fondo de Pensiones y Cesantías Porvenir, y los bancos en el exterior BAC Credomatic; además opera mediante holdings empresariales que agrupan diversas empresas. Para el caso de medios, es propietario de Radio Santa Fe, Radio Todelar y, a través del Grupo Casa Editorial El Tiempo, produce más de 25 medios en prensa, televisión y medios digitales, entre los que se encuentran dos de los 12 medios seleccionados para el estudio: el periódico El Tiempo y ADN Cali.De acuerdo con La Silla Vacía (2027), Luis Carlos Sarmiento Angulo ha sostenido buena comunicación con los presidentes desde Virgilio Barco, declaró abiertamente su acuerdo con una segunda reelección presidencial de Álvaro Uribe, ha criticado fuertemente a la guerrilla, y ha afirmado que Uribe redujo la violencia en el país. Para las elecciones presidenciales de 2014, Sarmiento aportó 400 millones a la campaña de derecha de Oscar Iván Zuluaga, derrotado por Juan Manuel Santos; años después, el editorial del periódico El Tiempo (9 junio 2018) se tituló “Motivos de un respaldo: la Casa Editorial El Tiempo apoya a Iván Duque para la segunda vuelta electoral”, manteniéndose en su apoyo a la corriente de derecha en el país.Por su parte, la Organización Ardila Lülle, bajo la propiedad de Carlos Ardila Lülle, opera a través del holding Carbe S.A. agrupando más de 30 empresas en distintos sectores de la economía del país tales como agroindustria, automotriz, deportes, bebidas y medios; entre las más representativas están la embotelladora Postobón, Los Coches, el equipo de fútbol Atlético Nacional, y los ingenios azucareros Incauca y Providencia. Además, es propietario de RCN Televisión, de la Cadena Radial RCN, RCN Cine, NTN24 y de Win Sport; con participación de alcance internacional a través de Cinepolis, Mundo Max y NTN24. A partir de estas propiedades televisivas y radiales, Ardila Lülle tiene más de 40medios, de los cuales fueron seleccionados RCN TV y RCN radio para esta experiencia.Cabe anotar que el Grupo Ardila Lülle aportó 500 millones a la campaña de Álvaro Uribe Vélez en las elecciones presidenciales de 2002, y, para su reelección en 2006, Carlos Ardila aportó 50 millones a nombre propio; mientras que para la reelección de Juan Manuel Santos su apoyo se sostuvo a partir del control televisivo, lo que corrobora la hegemonía mediática de este grupo en Colombia (La Silla Vacía, 2016).Finalmente, el Grupo Prisa, fundado en 1972 por el español Jesús de Polanco, es un conglomerado empresarial de medios con presencia en 22 países, el más grande de Hispanoamérica y el principal de España. Produce en prensa, radio, editorial y televisión, destacándose entre sus compañías el periódico El País de España y la editorial Santillana; además, es el grupo radial más grande del mundo que transmite en español. En Colombia, el Grupo Prisa es propietario de la Cadena Caracol, que cuenta con ocho sistemas radiodifusores, algunos musicales y otros noticiosos tales como Caracol Radio y W Radio, incluidos en este estudio. La importante presencia de este grupo en el país, demuestra la tendencia mundial de concentración de la propiedad de medios transnacionales.En cuanto a los medios incluidos en el análisis, y que no pertenecen a los grupos mencionados, se encontró lo siguiente: El País, fundado en 1950 por Álvaro Lloreda Caicedo en Cali, es un periódico con circulación local que aborda temáticas de índole regional y de nivel nacional en menor escala, siendo el segundo medio regional más poderoso del país, luego de El Colombiano de Medellín. Con una tendencia conservadora durante sus 70 años de existencia ha sido propiedad de la familia Lloreda; y actualmente, la nieta del fundador, María Elvira Lloreda, detenta la gerencia general. Además, desde hace 52 años difunde la caricatura “Nieves”, de Consuelo Lago, que representa a una mujer negra trabajadora, que usa el lenguaje típico caleño, habitante de los espacios periféricos de la ciudad y que, en plena campaña presidencial, afirmó: “¡Bobo, acuérdate de que los ricos son los que te dan trabajo!”.Figura 1Caricatura de NievesFuente: tomado de Facebook (Patiño, 2018).Adicionalmente, están Noti 5 y el Noticiero 90 minutos, los cuales cubren noticias del suroccidente y el Pacífico colombiano. Por un lado, Noti 5 es el noticiero regional más antiguo del país, creado en 1988 con el naciente proyecto del canal regional Telepacífico y, emitido diariamente en horario nocturno, es propiedad de la familia Córdoba en cabeza de Alfonso Córdoba, excandidato a la alcaldía de Cali7. Por su parte, el Noticiero 90 minutos, actualmente producido por la Universidad Autónoma de Occidente, fue inaugurado con el canal público regional Telepacífico en 1988, y emite de lunes a viernes al mediodía.Figura 2Infografía del estudio sobre configuración mediática en ColombiaFuente: elaboración propia, 2020.Según lo anteriormente mencionado, si comunicadores en formación tenían un consumo mediático concentrado en medios hegemónicos y, aunque siendo de su total interés, desconocían detalles de las características de la hegemonía mediática en el país, seguramente para la mayoría de colombianos esta información sea desconocida y pueda explicar, en parte, las razones por las que en las encuestas promovidas por algunos de estos medios, el candidato presidencial que representaba a los conglomerados empresariales y mediáticos, tenía fuerte respaldo de la clase subalterna, que, de hecho, contribuyó a elegirle.En síntesis, los medios en Colombia escasamente narran de forma crítica la democracia, son actores económicos y políticos que difunden masivamente (y hasta gratuitamente) sus verdades, con periodismos de inmediatez digital, y, para completar el entramado, con fuertes afectaciones para el ejercicio profesional. De igual manera, el panorama para los comunicadores y periodistas es complejo; solo durante 2017 en el informe “Las fórmulas del silencio” sobre afectaciones a la libertad de prensa (FECOLPER, 2017) se denunció 276 vulneraciones a periodistas, siendo las formas de violencia más recurrentes las amenazas (30,4 %), las agresiones físicas (10,7 %), y las obstrucciones al trabajo periodístico (9 %); los presuntos responsables de dichas afectaciones fueron particulares (83 casos), autores desconocidos (81 casos), funcionarios o servidores públicos (49 casos), la Fuerza Pública (34 casos), y las guerrillas (15 casos).Sumado a lo anterior, la estigmatización y el señalamiento para desprestigiar la actividad periodística y a quienes la ejercen, se identificó como práctica por parte de funcionarios públicos, especialmente de aquellos que ocupan cargos de elección popular; además, las zonas de mayor dificultad para ejercer el periodismo son Bogotá (25,7%), Antioquia (10,5 %), Cauca (9,42 %), Santander (5,43 %) y el Valle del Cauca (5,07 %). Además, el comunicador-periodista solo ejerce en condiciones subalternas, pues en 11 de los 26 medios estudiados por La Silla Vacía en 2017, ninguno era propietario de una acción, y aunque en 14 tenían alguna participación, solo en cuatro de ellos controlaban más del 30 % de las acciones.En cuanto a los jóvenes, la experiencia corrobora que reproducen los discursos y prácticas del actual modelo cultural, individualista, competitivo y consumista que poco promueve el interés por asuntos colectivos democráticos. Al respecto, aterra leer en publicación de El Tiempo el 11 de abril (Granja, 2018) que el 73 % de estudiantes colombianos aprueban una dictadura ya que “si es para traer orden y seguridad, la democracia sobra”.Estereotipos difundidos por los medios de información y periferias comunicantesDurante el tiempo de análisis se elaboraron 32 informes semanales, se identificaron 110 noticias publicadas por los 12 medios, 10 de ellas positivas y 100 negativas, cuyos temas seleccionados reforzaron estereotipos discriminatorios, confirmando que estos son “representaciones colectivas, impersonales, de carácter anónimo, que se transmiten fundamentalmente a través de la familia, la educación, los medios verbales (chistes, refranes, proverbios), el arte y los medios informativos de masas” (Galán, 2006, p. 61).Quin y McMahon (1997) afirman que los medios son los principales difusores y generadores de estereotipos, y que giran en torno a grupos considerados problemáticos al amenazar los valores y el estilo de vida predominantes en una sociedad; y por su parte, Galán (2006) declara que los estereotipos son socialmente apoyados, continuamente revividos y martilleados a través de los medios.En este orden de ideas, un ejercicio sencillo a partir de los temas en los que se referencia la ladera, el oriente de Cali o sus habitantes, permite identificar el tipo de elementos de la realidad seleccionados por los medios, ocultando otros que no les interesa o no consideran importante compartir. Así, de acuerdo con el número de noticias sobre cada tema, los más seleccionados por los medios hegemónicos para referirse a los espacios del oriente y de la ladera de Cali son los siguientes: delitos sicariales, robos, violencia de género, actos delincuenciales, conflictos por planeación territorial o desalojos, abuso sexual, racismo, desastres naturales, problemáticas de movilidad urbana, arte y cultura, actos sexuales inapropiados en el espacio público y prostitución, pandillas juveniles, logros deportivos, salud y afines, problemáticas en los ríos, dificultades educativas, tráfico de estupefacientes, y superación personal.Si bien aparecen ciertas temáticas positivas, el número de ellas es reducido frente al de las negativas. Por ejemplo, mientras que sobre delitos sicariales se identificaron 22 noticias, sobre arte y cultura solo seis, a pesar de que el oriente y la ladera son dos territorios con un fuerte movimiento artístico y cultural, aun cuando no cuentan con la infraestructura para ello, pues las salas de teatro y cine no se encuentran en estos espacios de la ciudad. Las seis noticias sobre arte y cultura, más dos que abordan como temática logros deportivos, más una noticia sobre superación personal, y una sobre un acto de homenaje para quienes donaron órganos, suman las 10 noticias que pueden considerarse como positivas; es decir, tan solo el 9.1 % de noticias registradas en el periodo de estudio fueron positivas.Por esta misma línea, la semana del Festival Nacional de Cine y Video Comunitario del Distrito de Aguablanca (FESDA), realizado desde hace 10 años en el oriente de Cali y con actividades en otros escenarios de la ciudad, pasó desapercibida por los medios hegemónicos, a pesar de haber recibido la programación de este. El evento constaba de cinco días con la presencia de invitados nacionales e internacionales, con proyección de piezas audiovisuales de muy alto nivel, y con distintos espacios formativos en narrativas audiovisuales y radiales; solo el periódico local El País hizo una mención marginal, y fue posible gracias a un contacto cercano de una estudiante con una periodista del medio.En la Tabla 1 se pueden observar el número de noticias por tema, de mayor a menor, y el espacio de la ciudad al que hicieron referencia. Es importante aclarar que los procesos históricos y culturales de desarrollo de los barrios de la ladera, difieren de los del oriente, por lo que en futuros ejercicios se profundizará en el estudio de dichas particularidades.Tabla 1Temas seleccionados por los medios para referirse al oriente y a la ladera de Cali.TemaNo. total de noticias por temaNo. noticias OrienteNo. noticias LaderaDelitos sicariales22148Robos y relacionados16151Violencia de género11101Actos delincuenciales954Conflictos por planeación territorial y relacionados con vivienda954Abusos sexuales862Racismo550Desastres naturales532Problemáticas de movilidad urbana422Arte y cultura633Actos sexuales inapropiados en espacio público y prostitución312Pandillas330Logros deportivos202Salud y relacionados211Problemáticas en ríos211Dificultades educativas101Tráfico de estupefacientes110Superación101Total1107535Fuente: elaboración propia, 2018.Es cierto que los estereotipos son sistemas conceptuales, con funciones positivas o negativas, que pueden favorecer la organización de la experiencia, asignando características específicas a grupos sociales; pero las características asignadas y reforzadas por los medios a quienes habitan la ladera y el oriente de Cali no son precisamente positivas. Es más, si como parte de la socialización se interiorizan ciertos estereotipos ofrecidos por la cultura, quien dé por válidos los juicios, y por ciertas las asignaciones mediáticas a la categoría social “habitantes de la ladera y el oriente de Cali”, señalará a 1.247.302 de habitantes de estos territorios (Alcaldía de Santiago de Cali, 2016) como abusadores, ladrones, gente en riesgo, gente peligrosa, o asesina; pues a pesar de que no conozca a cada uno de esos sujetos, al reconocerle como integrante de un grupo social, le aplicará el conocimiento previo del que disponga para dicha categoría.Así, como parte del ejercicio se contactaron, vía correo electrónico, 30 espacios mediáticos de la red hegemónica, ofreciendo información positiva sobre el oriente y la ladera de Cali, específicamente sobre la realización del FESDA, su historia, programación, invitados, apuestas y logros, obteniéndose respuesta solo por parte del diario regional El País, que publicó un pequeño anuncio en un lugar marginal de su edición electrónica. Además, se tuvo acogida en dos emisoras universitarias de la ciudad: Univalle y Javeriana Estéreo; una nota en el noticiero Pazífico Noticias, y dos en Cali Buenas Noticias, medios que no se catalogan como parte de la hegemonía. Lo anterior, no solo evidencia el poco interés, o el descuido, de los medios hegemónicos por ofrecer otro tipo de contenidos sobre estos territorios y sus habitantes, o el énfasis en hacer noticioso lo negativo en la agenda mediática dominante; sino también, la necesidad de implementar estrategias de acercamiento a los medios y a los periodistas para “persuadirles” de producir otro tipo de noticias sobre la ladera, el oriente y sus habitantes. Esto para lograr que algunos de sus colectivos de comunicación se posicionen como fuente informativa influyente, de manera que los medios hegemónicos se sientan exigidos a consultar sus puntos de vista.Como resultado, los ejercicios llevaron a concluir que los espacios de la ladera y el oriente de Cali y sus habitantes son periferizados, no solo por su localización geográfica-espacial y su posición en la lógica y dinámicas productivas capitalistas, sino por contenidos raciales, de género, de clase, culturales y hasta epistemológicos. Esto impone la necesidad de que los colectivos de comunicación contribuyan a fortalecer los territorios y a sus habitantes como periferias comunicantes, desde contenidos que detenten su capital cultural y disputen por el poder simbólico frente a quienes poseen el capital económico.En el campo simbólico, las posiciones de centro y periferia se basan en relaciones y flujos de sentidos que transitan en cada comunidad discursiva, por lo que nadie pertenece solo a la periferia o solo al centro, sino que desde las prácticas discursivas los sujetos definen su posición social, producen realidad, difunden sus visiones de mundo. De esta manera, puede que el centro sea hegemónico, pero no omnipresente, ni omnisciente y menos omnipotente; la periferia también tiene saber, capacidad de gestión y reacción; puede aliarse institucionalmente de modo estratégico; posee capitales (cultural, social y en determinadas coyunturas podría tener capital económico para implementar alguna estrategia comunicacional), competencia discursiva, calidad y experiencia en producción de comunicación como para mover la centralidad del poder. Frente a esto, cabe señalar que en la hegemonía mediática hay fisuras (Araújo, 2002) por donde el actuar oportuno y estratégico de la periferia comunicante puede entrar y generar grietas que interpelen al dispositivo de enunciación exacerbado del centro, ganando legitimidad y mayor poder simbólico.En ese sentido, la cartografía digital de la comunicación comunitaria en Cali muestra otra cara del oriente y de la ladera, referenciando geográficamente experiencias activas de comunicación y algunas inactivas. Para ello, en diálogo con los comunicadores alternativos se determinó que sembraron la semilla de lo que son algunas de las experiencias actualmente activas, y que sus aprendizajes son dignos de compartirse para replicarse, en el caso de los logros; o para evitarse o enfrentarse, en el caso de las barreras u obstáculos.Así, se identificaron 16 experiencias de comunicación comunitaria, siete en la ladera y nueve en el oriente de la ciudad: seis corresponden a experiencias de producción audiovisual, cinco radial y cinco de producción mixta entre audiovisual y radial; además, se identificaron tres experiencias radiales inactivas pero relevantes para las actuales.Figura 3Experiencias de comunicación comunitaria en CaliFuente: elaboración propia, 2020.Dichas experiencias se caracterizaron bajo ocho aspectos recogidos infográficamente en la cartografía digital: antecedentes, propósito, metodología, logros, obstáculos, liderazgo, alianzas y concepción del derecho a la comunicación. Por ejemplo:Figura 4Aspectos de caracterización de las experiencias de comunicación comunitariasFuente: elaboración propia, 2019.Estas experiencias comunitarias de comunicación no tienen informativo local, tienen dificultades económicas para su sostenimiento, sus coberturas son limitadas, su personal es flotante, y no pueden ampararse en las políticas públicas, pues el Estado ha sido laxo frente a la promoción y apoyo a los medios comunitarios. Una, de las dos emisoras comunitarias legales de la ciudad, Oriente Estéreo, ha tratado de emitir diariamente un informativo local sin lograr sostenerlo al aire ni siquiera por seis meses continuos, debido a asuntos presupuestales y técnicos.Sin embargo, las 16 experiencias de comunicación identificadas comparten entre sus logros:El respaldo y participación comunitaria en sus procesos.La lectura crítica de la realidad por parte de sus participantes.El aporte a pacificar los territorios donde actúan.La producción de comunicación con altos niveles de calidad técnica.La compra de equipos propios para la producción de comunicación.El trabajo en alianzas junto a otras organizaciones comunitarias, del tercer sector y académicas.Las relaciones interinstitucionales e intersectoriales a nivel local, nacional e internacional.La participación en eventos locales, nacionales e internacionales de difusión de producción en comunicación comunitaria.La presencia de una o de un grupo pequeño de personas que lideren con empeño los procesos.La realización de procesos formativos en producción de comunicación a grupos comunitarios.El aporte a la transformación o a la proyección de vidas por fuera de los conflictos propios de los territorios, especialmente con población juvenil e infantil.El protagonismo de personajes, lugares, argumentos, prácticas y sonidos comunitarios en sus piezas de comunicación audiovisuales, radiales y multimediales.El aporte y fortalecimiento de la gestión de la identidad territorial pluricultural (afro, indígena) en contextos urbanos del suroccidente de Colombia.

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