Kitabı oxu: «Casados para Dios»

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“El libro de Ash es el que uso para impartir consejería prematrimonial. Conciso, reflexivo, inteligente, bíblico y lleno de un bien cada vez más escaso: sentido común. Lo recomiendo encarecidamente como lectura y también como base para esbozar e informar discusiones pastorales con las parejas cristianas que están pensando en casarse y quieren tener un panorama realista, pero a la vez alentador de lo que deben esperar. Un gran libro”.

Carl R. Trueman, profesor titular de historia eclesiástica, Seminario Teológico Westminster; autor, The Creedal Imperative [Los credos imperativos] y Lutero y la vida cristiana

“En un mundo que discute el valor y el propósito del matrimonio, surge este librito llamado Casados para Dios. Es una introducción fantástica al propósito y la función del matrimonio y la intimidad. Este libro es perfecto para las parejas que están pensando en casarse y es un buen recordatorio para que los que ya contrajeron el compromiso del matrimonio recuerden por qué Dios lo diseñó para que floreciéramos”.

Darrell L. Bock, director ejecutivo de compromiso cultural, Howard G. Hendricks Center, y docente investigador de estudios neotestamentarios, Seminario Teológico de Dallas

“Las parejas comprometidas se beneficiarán al leer este libro con cuidado. La manera en que Ash aplica la Biblia es concisa, práctica y sabia”.

Andrew David Naselli, profesor asistente de Nuevo Testamento y teología bíblica, Bethlehem College and Seminary, Minneapolis

“Cuando recién me casé, quería leer todos los “manuales” sobre el matrimonio. Había muchos disponibles. Si estás pensando en casarte, acabas de casarte o necesitas recordar el “porqué” del matrimonio, lee este excelente recurso”.

Christina Fox, consejera, oradora y autora de A Heart Set Free [Un corazón liberado]

“En Casados para Dios, Christopher Ash ofrece una base bíblica para entender el matrimonio como una experiencia centrada en Dios, lo que nos ayudará a corregir nociones débiles e idólatras y redundará en la honra de Dios y la edificación de Su pueblo. El autor presenta comentarios bíblicos y conclusiones teológicas con ejemplos de la vida real que promueven la aplicación sencilla. Entre los muchos libros escritos sobre el matrimonio, este destaca porque da en el clavo con claridad y perspectivas teológicas robustas”.

Erick y Donna Thoenes, profesor de teología de la Universidad Biola y pastor de la iglesia Grace Evangelical Free Church, La Miranda, California; y su esposa, profesora adjunta de la Universidad Biola

“En estos tiempos, los objetivos planteados de la esencia del matrimonio son infinitos, e infinitamente contradictorios. ¿Dónde debemos comenzar? En Dios, dice Christopher Ash. Sin este enfoque, los otros elementos como las buenas habilidades comunicativas y los acuerdos sobre las finanzas -por muy importantes que sean- no tienen suficiente fuerza en sí mismos como para salvar el vacío de no tener a Dios al centro. Existimos para Él como individuos, y lo mismo ocurre con nuestros matrimonios. Estoy muy agradecido por este librito. Lo absorbí profundamente y lo diseminaré mucho”.

Rob Lister, profesor asociado de estudios bíblicos y teológicos, Talbot School of Theology

“Christopher Ash eleva el matrimonio a un nivel que está muy por encima lo que el marido y la mujer contribuyen y reciben mutuamente. Sobre todo lo demás, el matrimonio es una alianza al servicio del Señor. Dicho enfoque centrado en Cristo hace que los maridos y sus mujeres se eleven juntos para la gloria de Dios y su propia satisfacción cuantiosa. Casados para Dios es un libro profundo y práctico, una lectura importante para todos los que han tenido la bendición de vivir vidas tocadas por el matrimonio”.

Tim Savage, pastor principal de la Iglesia Bíblica Camelback; autor, No Ordinary Marriage [No un matrimonio cualquiera]

“El libro de Christopher Ash, Casados para Dios, presenta una visión atractiva, práctica y pastoral del matrimonio bíblico. Su claridad respecto a la belleza y el propósito del diseño divino para el matrimonio es para nuestra época y también profundamente refrescante. Brinda inspiración para las parejas recién casadas y una recalibración para las que lo han estado durante más tiempo. La sensibilidad que muestra con quienes están solteros y anhelan casarse y las parejas que sufren de infertilidad hace que todo este libro sea un recurso de cuidado cariñoso para la mayoría de los adultos cristianos. Nos complace recomendar este libro sabio y cautivador, y oramos para que ayude a muchos a captar la visión que Dios ideó para el matrimonio”.

Bruce y Jodi Ware, profesor de teología cristiana; y su esposa, instructora del Instituto de Esposas de Seminaristas, The Sotuhern Baptist Theological Seminary, Louisville, Kentucky



Publicado por:

Publicaciones Faro de Gracia

P.O. Box 1043

Graham, NC 27253

www.farodegracia.org ISBN 978-1-629463-09-4

Married for God: Making Your Marriage the Best It Can Be Copyright ©2016 by Christopher Ash

Published by Crossway, a publishing ministry of Good News Publishers. Wheaton, Illinois 60187, lJ.S.A. This edition published by arrangement with Crossway.

All rights reserved. Todos los Derechos Reservados.

©2021 Publicaciones Faro de Gracia. Traducción al español realizada por Julio Caro Alonso, diseño de la portada y las páginas por Juan Diego Chaves. Todos los Derechos Reservados.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación de datos o transmitida en cualquier forma o por cualquier medio —electrónico, mecánico, fotocopiado, grabación o cualquier otro— excepto por breves citas en revistas impresas, sin permiso previo del editor.

Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina–Valera 1960, Sociedades Bíblicas en América Latina. renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas, a menos que sea notado como otra versión. Utilizado con permiso.

Contenido

Prefacio: ¿Este libro es para ti?

Introducción: Dios al centro

1. Unas palabras respecto a la gracia y los lastres

2. Casados con un propósito

3. ¿Cuál es el sentido de tener hijos?

4. ¿Cuál es el sentido del sexo y la intimidad?

5. El patrón divino para la relación matrimonial

6. ¿Cuál es el sentido de la institución matrimonial?

7. ¿Es mejor quedarse soltero?

8. ¿Cuál es el corazón del matrimonio?

Conclusión: La invitación más grandiosa

Lecturas para profundizar

El sexo nos grita en todas las películas, en todos los buses y carteles, y en todos los quioscos de periódicos. Bueno, no en todos, pero sí grita lo suficiente para causarnos una impresión profunda. La combinación de esta presión con nuestros propios deseos naturales es explosiva. Me atrevería a decir que los cristianos que afirman no batallar nunca en esta área son deshonestos al respecto. Necesitamos ayuda. Este libro es una descripción directa de lo que la Biblia enseña sobre el matrimonio.

Si están comprometidos, espero que este libro los ayude a prepararse para el matrimonio. Espero que aquí encuentren enseñanza bíblica que, al considerar en conjunto como pareja, moldee saludablemente sus esperanzas y expectativas.

Si están viviendo los primeros años de matrimonio (o incluso si ya pasaron esos primeros años), espero que este libro los ayude a sentar las bases para un buen matrimonio. Ya hayan recibido buena consejería prematrimonial o ningún consejo, espero que esta presentación de la enseñanza bíblica los desafíe y renueve a ambos.

Si estás soltero y te preguntas si deberías casarte, espero que aquí encuentres enseñanza bíblica clara sobre lo que es el matrimonio y (aún más importante) sobre el sentido y el propósito del matrimonio.

Si estás soltero y decepcionado porque no has tenido la oportunidad de casarte (o aún no), espero que aquí también encuentres consuelo y ánimo para vivir tu vida actual de soltero de forma enérgica y gozosa para Cristo.

Es más: si no tienes intenciones de casarte, este libro puede ayudarte a entender y animar a los que sí se han casado.

Las preguntas que se encuentran al final de cada capítulo pueden utilizarse para el estudio personal o la discusión grupal. Se pueden usar de varias maneras, por ejemplo:

Uso individual: estés casado o no, puedes usar este libro para estudiar personalmente el matrimonio. Si haces eso, date el tiempo de no solo pensar en las preguntas, sino también responder en oración silenciosa.

Preparación prematrimonial: una pareja comprometida puede usar este libro en conjunto, con o sin la asistencia de un líder de la Iglesia. Recomiendo que lean un capítulo a la vez y anoten sus respuestas a las preguntas de forma individual, cada uno por sí solo, antes de reunirse para hablar sobre lo que escribieron y discutir cómo podrían responder.

Renovación matrimonial: una pareja casada también puede usar este libro como renovación matrimonial informal. Nuevamente, sugiero que lean un capítulo a la vez y escriban sus respuestas de forma individual antes de reunirse para hablar de ellas y decidir en conjunto cómo van a responder.

Curso para la iglesia: una iglesia podría considerar útil usar este libro como base para un curso de preparación prematrimonial o renovación matrimonial. En tal caso, recomiendo encarecidamente que los líderes estudien primero mi libro Marriage: Sex in the Service of God [El matrimonio: sexo al servicio de Dios] como parte de su preparación. Es probable que quieran guiar a los alumnos del curso para que sepan qué preguntas se pueden abordar en público y cuáles deben realizarse en privado. También es posible que quieran complementar las preguntas con otras ideadas por ellos mismo y que se adapten al contexto y las necesidades de su propia iglesia.

Quiero agradecer especialmente a quienes leyeron y comentaron el manuscrito, entre ellos Stuart Allen, Carolyn Bickersteth, Andy Bleach, Sandra Byatt, Mary Davis, Andrew Leonard, Steve Midgley, Mark O’Donoghue y Phil y Christine Mulryne. Desde luego, yo soy el responsable de la versión final, pero es mucho mejor gracias a su asistencia y recomendaciones. También debo agradecer sinceramente por su estímulo a todos mis colegas de la Proclamation Trust. Además, estoy agradecido de mi editora, Eleanor Trotter, de IVP, por sus sabios consejos y motivación continua.

Sobre todo, quiero agradecer a Carolyn, mi amada esposa, por mostrarme mucho del gozo y el propósito del matrimonio, tanto en la práctica como en la teoría. Gracias por tu paciencia con este esposo imperfecto, que escribe sobre el matrimonio cuando debería estar progresando y viviéndolo.

Christopher Ash, Cambridge

En el principio… Dios…(Génesis 1:1)

Jennifer y David iban en camino a su primera sesión de consejería prematrimonial. Se habían comprometido hace poco, y su pastor les pidió una reunión. Ninguno se lo admitió al otro, pero estaban muy nerviosos.

Para romper la tensión, David le preguntó a Jennifer “¿Qué esperas de estas reuniones?”, lo que dio inicio a una conversación útil. Ambos concordaban en que necesitaban ayuda para comunicarse bien, de modo que David aprendiera a comunicarse (“Lo que es raro en un hombre”, dijo Jennifer) y Jennifer lograra hacerlo con un poco menos de misterio (“Para que pueda entender lo que en verdad quieres decir”, expresó David). Esperaban con ansias aprender a relacionarse con los padres de ambos (que no siempre eran las personas más fáciles de tratar, admitieron los dos). Estaban empezando a pensar en el manejo del dinero, y creían que podrían adquirir un poco de sabiduría que les fuera útil. Les daba algo de vergüenza admitirlo, pero los dos esperaban en secreto que les dieran recomendaciones para que el sexo saliera bien. Además, como recién habían tenido una discusión dolorosa (¿por qué tiene que pasar eso justo antes de la consejería prematrimonial?), se preguntaban si la reunión con el pastor los ayudaría a enmendarla y seguir adelante.

Por eso, se decepcionaron un poco cuando el pastor dijo que tenían que empezar hablando sobre Dios.

La Biblia comienza con Dios. Desde la primera página, Dios está al centro. Quiero que eso mismo sea cierto con respecto a este libro. No me disculpo por ello.

¿Qué es lo que esperas de un libro sobre el matrimonio? El best seller de John Gray, Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, lleva el siguiente subtítulo: Una guía práctica para mejorar la comunicación y obtener lo que usted desea en su pareja. Quizá eso es lo que esperas: una guía práctica para obtener lo que tú quieres.

Puedes encontrar esas guías, no solo en las librerías seculares, sino también en las iglesias. Un libro cristiano tiene este subtítulo: Consigue una relación más alegre y satisfactoria. Un curso matrimonial cristiano ofrece “un modelo para ser feliz con tu pareja”.

Este libro no te ayudará con esas cosas, pues se trata más de Dios que de ti y de mí. En cierto sentido, sería más fácil escribir un libro de sabiduría popular y consejos prácticos sobre el sexo y el matrimonio, y adornarlo con un enchapado cristiano. En lugar de eso, quiero comenzar, continuar y finalizar el libro teniendo a Dios firme en el centro. Él es nuestro Creador y Él será nuestro Juez. Necesitamos escucharlo a Él.

¿Cuál es el sentido del matrimonio? O, para ser más básicos, ¿cuál es el sentido del sexo? En Occidente, estamos obsesionados con el sexo. Antes solía decirse que en la era victoriana la gente se avergonzaba del sexo, pero estaba obsesionada con la muerte. Nuestro caso es el opuesto: la muerte nos avergüenza, pero estamos obsesionados con el sexo. Sin embargo, estamos rodeados por todas partes de relaciones que colapsan. “La gente cambia de cónyuge más rápido que de lavadora”, afirma un anuncio. Un periódico informa que un emprendedor estadounidense está arrendando argollas de matrimonio para que la gente se ahorre el dinero de comprar anillos para una relación que probablemente no dure mucho. Al margen del matrimonio, las relaciones se desmoronan más rápido, mucho más rápido. Vivimos en un mundo caracterizado por lo que se ha denominado “la rotación de parejas”.

Es inevitable preocuparnos por esto. Si estás pensando en casarte, esta ansiedad te acechará en el fondo de tu mente. Si estás casado, te sentirás inquieto cada vez que el matrimonio de un amigo colapse. De algún modo, el humo tóxico del colapso de los demás parece alcanzar ―y amenazar― nuestros propios matrimonios.

¿Por qué colapsan las relaciones? Hay razones muy variadas, pero una de las principales es la desilusión. No empezaríamos si no tuviéramos esperanzas, las explicitemos o no. Cuando nuestros objetivos se ven frustrados, nos sentimos tentados a salir corriendo. Por eso, quiero comenzar con la siguiente pregunta: ¿Cuál debe ser nuestro propósito? ¿Cuáles son las esperanzas y los objetivos correctos para el matrimonio?

Algunos libros sobre el matrimonio se enfocan en las preguntas del cómo. ¿Cómo podemos comunicarnos mejor?, ¿cómo podemos tener mejores relaciones sexuales?, ¿cómo podemos resolver los conflictos?, y así sucesivamente. Estas preguntas tienen su lugar, pero, por lo general, no voy a enfocarme en ellas.

Otros libros (los más teóricos) se enfocan en las preguntas del qué, en las definiciones. ¿Qué es el matrimonio?, ¿tiene límites?, ¿es lo mismo convivir que estar casado?, y otras por el estilo. Estas preguntas también son importantes, pero vuelvo a decir que no voy a centrarme en ellas.

Es bueno partir con las preguntas del porqué. Si tenemos claros nuestros objetivos, veremos por qué el matrimonio tiene que ser lo que es, y estaremos bien ubicados para aprender cómo construir un matrimonio más fuerte.

Quisiera comenzar con una afirmación fundamental:

Debemos querer lo que Dios quiere del matrimonio. O, por decirlo de otra forma, el porqué de Dios es más importante que mi porqué. Situar a Dios al centro pondrá nuestra mentalidad de cabeza. A veces, las iglesias nos dan la impresión de que Dios existe para ayudarme a hacerlo mejor en la vida. Acudo a Dios porque Él puede ayudarme en mi matrimonio. Él es mi consejero de vida y, si tengo suerte, el viento es favorable y le “pago” lo suficiente con oraciones y unas cuantas actividades religiosas bien escogidas, Él usará Sus energías en mis metas. Me ayudará a conseguir lo que quiero. En el matrimonio, me ayudará a estar feliz y satisfecho.

La realidad es todo lo contrario. Tú y yo tenemos que pedirle a Dios lo que Él quiere y luego adaptar nuestros objetivos a los Suyos en lugar de esperar que Él adapte los Suyos a los nuestros. Esto es así por al menos dos motivos.

El primero tiene que ver con lo bueno y lo malo. Dios nos ha dado todo lo que tenemos. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de Él (Santiago 1:17); por lo tanto, lo más básico que los seres humanos debemos hacer es honrarlo, darle gracias (Romanos 1:21) y amarlo con toda nuestra mente y corazón (Mateo 22:37-38). Solo por hacer lo que es moral, deberíamos pedirle lo que Él quiere y no esperar que Él quiera lo que nosotros queremos. Eso también es aplicable al sexo.

La segunda razón es de carácter práctico: lo que Dios quiere (por definición) está en armonía con cómo realmente es el mundo y con cómo estamos hechos. Ya que Él es el Creador, vivir en armonía con Sus propósitos es lo mejor para nosotros. Esto nos resulta muy difícil de entender. Por ejemplo, el escritor Will Self lo expresa muy bien cuando dice que, en nuestra cultura, lo bueno y lo malo no forma parte de “la estructura misma del cosmos”, sino que es “un asunto de preferencia personal similar a la etiqueta de un diseñador que está cosida en el revestimiento interior de la conciencia”.1 Uno elige lo que es bueno y malo para uno mismo; es una decisión personal de mi manera de vivir. En contraste con esta idea, el cristiano sostiene que el bien y el mal es para el universo lo que la piel de un animal es para ese animal. El animal no puede cambiarse de abrigo, y así tampoco podemos nosotros escoger lo que es bueno y malo a nivel personal como quien escoge un abrigo del ropero. Dios creó el mundo con estructura y orden, no solo con un orden físico (que es el que explora la ciencia), sino también con un orden moral. Este es el concepto bíblico de la sabiduría, que es el plano o la maqueta según la cual Dios formó el mundo: “Jehová con sabiduría fundó la tierra” (Proverbios 3:19).

Por lo tanto, cuando pedimos lo que Dios quiere, estamos pidiendo lo mejor para nosotros. Lo mejor para nosotros no es lo que nosotros queremos, sino lo que Él quiere. Cuando pido lo que Dios quiere para el matrimonio, estoy diciendo que quiero que mi matrimonio esté en línea con la dirección del universo.

Es por esto que debo empezar nuestro estudio con un llamado al arrepentimiento. Eso suena anticuado, pero es justo lo que necesitamos: cambiar nuestra mente, alejarnos conscientemente de lo que queremos -de nuestras esperanzas para el matrimonio- y buscar Su voluntad y Sus metas para la relación matrimonial. Si son una pareja que se está preparando para el matrimonio, ¿alinearán sus metas con los propósitos de Dios? Si están casados, ¿realinearán sus esperanzas con lo que Dios quiere? ¿Querrán lo que Dios quiere de su matrimonio? Si no estás casado, ¿resolverás también tú servir a Dios de todo corazón con las oportunidades que te ofrece la soltería?

Pero ¿qué quiere Dios del matrimonio? ¿Por qué eligió crear a la raza humana como varón y hembra? Podemos suponer que no era necesario que lo hiciera así. Un amigo mío solía recalcar que Dios podría haber creado a todos los seres humanos como las amebas que, cuando quieren multiplicarse, simplemente se dividen. Sin embargo, decidió formarnos como hombres y mujeres, con toda la química misteriosa y maravillosa del deseo y el deleite sexual. ¿Por qué hizo eso? ¿Cuál es Su objetivo? La mayor parte de este libro explora la respuesta a esa pregunta. Aquí no encontrarás consejos prácticos para tu vida, sino un compromiso serio con el concepto cristiano de Dios. No obstante, lo sorprendente es que tendrás un mejor matrimonio si te enfocas en Dios y no en el matrimonio. Pon a Dios al centro y esfuérzate por querer lo que Él quiere.

Para estudio y discusión

1. ¿Por qué es importante indagar en el porqué del matrimonio antes de abordar el qué y el cómo?

2. ¿Por qué debemos poner a Dios al centro?

3. Date el tiempo de orar con calma al comienzo de estos estudios. Pídele consciente y deliberadamente a Dios que te ayude a situarlo a Él y a Sus propósitos al centro.

Ana estaba entumecida. Hace apenas seis meses había puesto su confianza en Jesucristo. Esta noche tendría su primera cita con un cristiano. Marcos parecía tener un pasado intachable: venía de un hogar cristiano amoroso, poseía una fe cristiana genuina desde que tenía memoria y no había tenido ninguna novia oficial antes. Ahora le había pedido una cita a ella, a Ana.

Ana lo encontraba muy atractivo, en el sentido físico y también como un amigo cristiano al que respetaba y con el que le encantaba estar. Se supone que tenía que estar entusiasmada, pero se sentía entumecida. Es que el pasado de ella era un gran desastre en comparación con el de él. Ahora, todo ese pasado volvía como un diluvio: su hogar disfuncional, el divorcio caótico de sus padres y sus dos “padrastros” que duraron muy poco; la horrible presión escolar para que no fuera una “virgen” (un término infame de desdén, ¡cuánto la aterraba!); la noche en que la presionaron para que durmiera con un joven por primera vez; el descenso gradual hacia el sexo barato, que la hacía sentir sucia, pero que no podía resistir por miedo a que no la amaran.

A estas alturas, por poco estaba programada para esperar que las citas terminaran en la cama. Sabía en su mente que esta tenía que ser distinta, pero estaba paralizada por el miedo y el arrepentimiento. “¿Cómo puedo ser cristiana yo?”, se preguntó. “Estoy sucia, soy un producto de segunda selección. La pureza es el sueño de los otros, pero nunca podrá ser una realidad para mí”. Anhelaba la pureza.

Por eso, cuando Marcos llegó a la puerta, en vez de encontrar a la Ana alegre y relajada que había conocido en el grupo de jóvenes de la iglesia, encontró a una chica tensa y con trazas de lágrimas en las mejillas.

Al comenzar nuestro estudio de la Biblia, quiero dedicar el primer capítulo a la gracia. Esto es muy importante. Si no entendemos la gracia, malentenderemos toda la enseñanza bíblica sobre el sexo y el matrimonio. Lo que Ana necesita es gracia, y en realidad Marcos necesita tanta gracia como ella. A menos que empecemos con la gracia, terminaremos en la desesperación o en la arrogancia.

Espero que este libro sirva para algo más que solo transmitir información. Quiero que, a medida que nos relacionemos con la enseñanza bíblica sobre el sexo y el matrimonio, todos seamos transformados por Dios. Este libro pretende persuadir además de informar. Pero debo ser realista, pues tanto ustedes como yo abordamos el sexo y el matrimonio con toda clase de lastres. Traemos lastres a nivel personal debido a nuestras historias individuales. También traemos lastres colectivos, que vienen de la cultura a la que pertenecemos. No llegamos a este libro, ni al matrimonio, como individuos libres que viajan ligeros. Nos tambaleamos bajo el peso de múltiples maletas llenas de historias y de nuestra cultura. Eso es tan cierto para Marcos como para Ana, tan cierto para mí como para ustedes.

Tenemos nuestras propias historias personales de experiencia o inexperiencia sexual; de esperanzas cumplidas o postergadas; de anhelos o aversiones; de satisfacción o frustración; de temor, ansiedad, deleite y arrepentimiento. Lo que hemos hecho o no hemos hecho, cómo nos han tratado o maltratado los demás… todo eso moldea lo que creemos.

Algunos queremos justificar nuestro comportamiento, así que deseamos contar con un sistema de creencias que diga que lo que hicimos está bien. Queremos poder decir: “Fue comprensible ―incluso justo o bueno― que hiciera eso o aquello. Puedo estar orgulloso, o por lo menos no estar avergonzado, por comportarme así”.

Pero si sabemos que nuestro comportamiento fue incorrecto, podemos vernos paralizados por el pesar y la sensación de que no podemos volver a comenzar, tal como Ana. O quizás fuiste abusado o te presionaron a tener un comportamiento sexual del que te avergüenzas, aunque no haya sido culpa tuya. Todo esto afecta profundamente la manera en que abordamos este asunto.

A nivel colectivo, todos pertenecemos a una cultura que sugiere que el sexo es aceptable en diversas clases de relaciones. Todas las telenovelas, todas las películas y todas las revistas presentan estos comportamientos y actitudes libertinas hacia el sexo como si fueran normales. Nos invitan a pertenecer a la cultura compartiendo esas actitudes. Estamos mucho más moldeados por nuestro medio que lo que nos gustaría admitir.

Ya que los sentimientos sexuales nos afectan tan profundamente, debemos ser realistas respecto a nuestra fragilidad y a los lastres y heridas con que llegamos a esta esfera. Ni ustedes ni yo escuchamos la enseñanza bíblica de forma neutral, esperando que Dios escriba Su voluntad en nosotros como hojas en blanco. Nuestras hojas ya están llenas de garabatos, palabras tachadas y más garabatos. Llegamos como hatos de prejuicios, con oídos que, en el mejor de los casos, están a medio abrir.

Por lo tanto, antes de invitarte a acompañarme para que seas transformado por la enseñanza bíblica, quiero decir tres verdades básicas sobre Dios y el sexo. Las tres tienen que ver con la gracia.

La Biblia se dirige a los que tienen un pasado sexual estropeado

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios

(1 Corintios 6:9-11)

La primera verdad es esta: la Biblia se dirige a los hombres y las mujeres que están totalmente estropeados en el área sexual. Tendemos a pensar que el cristianismo es para los exitosos en el plano sexual, para los que tienen todo en orden, para los respetables o para los que tienen historiales limpios. Todo lo contrario: cuando Pablo les escribe a los nuevos cristianos de Corinto, entrega una lista terrible de maldades, que incluye desórdenes sexuales. Luego dice: “Y esto erais algunos”. Si se contaran las historias de los hombres y las mujeres de la iglesia de Corinto, algunas no serían aptas para los niños. Entre ellas, habría historias muy terribles de desastres morales en el área sexual. Dudo que las historias de confusión sexual que pudieran contar un pastor o un doctor hoy sean peores que las historias que Pablo debe haber oído en Corinto. Deben haber incluido sexo casual, abusos (relatados por víctimas y victimarios), prácticas homosexuales y probablemente mucho más.

Hay un chiste antiguo en que un hombre le pregunta a un extraño cómo llegar a un lugar. Cuando el extraño escucha cuál es el lugar al que quiere ir esa persona, responde: “Bueno, si yo fuera tú, no partiría aquí”. Hay gente que piensa que el cristianismo es así: cuando le preguntamos cómo vivir correctamente, el cristianismo dice: “Bueno, si yo fuera tú, no partiría donde tú estás. Ya metiste la pata; no tienes esperanza”. Una vez más, lo cierto es todo lo contrario. Jesús, el gran doctor, vino para los enfermos, no para los que pensaban estar bien (Mateo 9:12-13). Este libro no es para el fariseo que le da gracias a Dios porque tiene un historial limpio en el plano sexual, a diferencia de esa gente inmunda de la que lee en la prensa. Es para el fracasado que dice: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:9-14).

El hecho de que el evangelio sea para los fracasos sexuales tiene dos implicaciones. Si pienso que básicamente estoy limpio (como tal vez pensaba Marcos), el evangelio me enseña que no lo estoy y me recuerda que en el área de los deseos sexuales, si no en mis acciones, estoy lejos de la pureza de corazón. Por el otro lado, si, al igual que Ana, estoy muy consciente de mis fallas y tengo cicatrices, el evangelio me dice que Jesucristo vino precisamente para mí.

Al leer este libro, podrías pensar que yo, el escritor, tengo todo en orden y he ganado las batallas morales del área sexual. Podrías pensar que, ya que tengo una esposa amorosa y cuatro hijos, todo está bien en mi vida. Estarías muy equivocado si pensaras eso. Dios me ha dado una esposa muy amorosa y le agradezco por ella, pero hay momentos en que a ambos se nos hace difícil tratarnos con amor, momentos en que peleamos, en que las cosas entre nosotros se enfrían y se ponen dolorosas. Dios nos ha confiado tres hijos y una hija, y le agradecemos por ellos, pero hay momentos en que ser padres nos es muy difícil y sumamente doloroso, como le pasa a la mayoría de los padres. ¡Y estoy seguro de que hay ocasiones en que para ellos es muy difícil ser hijos nuestros! Veinticinco años después de casarme, mis deseos sexuales siguen siendo una confusión moral, una mezcla entre el deseo saludable por mi esposa y atracciones nocivas por otras mujeres, revistas inmorales y otras cosas por el estilo. Esta confesión no es increíble ni merece cobertura mediática (“Pastor confiesa pecado de lujuria ¡Asombro, horror!”); simplemente es lo que nos ocurre a todos, de una u otra manera. Debemos recordar que la Biblia se dirige a los que están estropeados en el plano sexual.

Jesucristo ofrece perdón y restauración a los que tienen un pasado sexual estropeado

Ni yo te condeno; vete, y no peques más

(Juan 8:11).

La segunda verdad básica sobre Dios y el sexo es esta: las buenas nuevas de Jesucristo ofrecen perdón a los que tienen un pasado sexual estropeado. El pecado sexual no es el pecado imperdonable, y las lesiones sexuales no son irreparables. No importa lo que hayamos hecho, visto o pensado, ni tampoco lo que nos hayan hecho, la Biblia nos habla “la palabra de [la] gracia [de Dios]” (Hechos 20:32). La Biblia está saturada de muestras de esta gracia. Las familias de Abraham, Isaac y Jacob fueron extremadamente disfuncionales, pero el linaje prometido de Cristo pasó por ellas. El rey David cometió adulterio y después hizo un plan para asegurarse de que el esposo de la mujer fuera asesinado en la batalla, pero se arrepintió de su maldad y fue perdonado (2 Samuel 11-12; Salmo 51). ¡La mujer con la que cometió adulterio incluso recibe una mención especial en el árbol genealógico de Jesucristo! (Mateo 1:6).

Aunque muchas veces la gente espera que la Iglesia condene a los que han cometido errores en el área sexual, debería ocurrir todo lo contrario. Debemos seguir las pisadas de Jesús, que le da vida nueva a una mujer con un pasado muy oscuro (Juan 4:1-42) y perdona a una mujer atrapada en el acto mismo del adulterio (Juan 8:1-11). La pureza de Jesús y Su oferta de perdón atraían a las prostitutas (p. ej., Lucas 7:36-50). De hecho, los fracasos sexuales entraron al Reino de los cielos antes que los que pensaban estar limpios (Mateo 21:31-32). Los fariseos ataban cargas pesadas de obligación religiosa y las echaban a cuestas de la gente, convirtiendo así toda la religión en algo difícil de llevar (Mateo 23:4). En contraste, el Señor Jesús no quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo que centellea débilmente (Mateo 12:20 citando Isaias 42:1-4). Su yugo es fácil y ligera Su carga (Mateo 11:29-30). Por lo tanto, cualquiera sea nuestro pasado, nuestros pensamientos, nuestros deseos, quizá incluso nuestras acciones y relaciones incorrectas, Jesucristo nos ofrece perdón y gracia a ti y a mí.

Y os restituiré los años que comió… la langosta…(Joel 2:25)

Este perdón y esta restauración se ilustran de manera hermosa en una profecía de Joel, en el Antiguo Testamento. Una vez, mi esposa y yo estábamos intentando ayudar a una amiga muy querida cuya vida era un tormento por los recuerdos de un pecado sexual. Lo había dejado hace mucho, pero los recuerdos seguían perturbándola. Nada de lo que le decíamos parecía ayudarla hasta que mi esposa la llevó a la profecía de Joel, que fue dirigida a un pueblo cuya tierra y cuyas vidas se habían visto asoladas por una plaga de langostas como castigo por sus pecados. Sabían que era culpa suya, y se arrepintieron, pero parece que habían perdido la esperanza de que sus vidas fueran restauradas. Deben haber pensado así: “Fuimos demasiado lejos, nos arruinamos demasiado, perdimos nuestras opciones”.

Entonces escucharon este mensaje de parte de Dios: “Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta” (Joel 2:25). Este versículo predica el evangelio en el Antiguo Testamento y anticipa la promesa de Cristo. Por arruinada y asolada que esté tu vida en el área sexual, si te vuelves a Cristo, Él promete restaurar los años que comió la langosta. Eso no significa necesariamente que tendrás satisfacción sexual en esta vida, aunque bien podría incluir una buena medida de sanidad y restauración. Pero sí significa más allá de toda duda algo más profundo: un perdón pleno y gratuito, y un nuevo comienzo. ¡Y sí significa que en el mundo por venir experimentarás una satisfacción y realización que, en comparación, opacará al mejor sexo del mundo!

La gracia de Dios nos permite vivir vidas de pureza

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras

(Tito 2:11-14).

La tercera verdad básica respecto a Dios y el sexo nos lleva más allá del perdón. Es esta: el Dios que nos perdona en Su gracia también actúa en nuestro interior con poder para cambiarnos. Dios no solo nos perdona para dejarnos seguir como estábamos antes (no muy bien). En lugar de eso, coloca Su Espíritu, Su propia presencia, en nuestros corazones como Su poder personal para invadir, limpiar, y remoldear nuestro corazón estropeado. Como Pablo le dice a su colega Tito en el pasaje bíblico anterior, la gracia de Dios nos enseña a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a vivir vidas nuevas. Jesús vino a purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

Independientemente de nuestras historias, nunca debemos subestimar el poder de la gracia para enseñarnos y purificarnos. Después de entregarle esa lista terrible de pecados a la iglesia de Corinto, Pablo añade: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados [apartados para que ahora vivan diferente], ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11).

Hace algunos años, leí un best seller de psicología popular. Esos libros siempre me deprimen porque dicen, más o menos, que si esto o aquello ocurrió en tu niñez, verás ciertas consecuencias malas en tu adultez. Al leerlos, muchas veces siento, en primer lugar, que mis padres cometieron algunos de esos errores durante mi niñez (¡como lo hacen todos los padres, aunque en verdad los míos fueron maravillosos!), y, en segundo lugar, que yo, por mi parte, cometí todos los mismos errores con mis propios hijos durante su niñez. Pareciera que no hay esperanza para ninguno de nosotros. Sin embargo, recuerdo vívidamente el comentario de un buen amigo cuando conversamos sobre el libro. “El problema de ese libro”, dijo, “es que no da lugar a la gracia”. ¡Cuánta razón tenía! La gracia de Dios puede irrumpir en la vida más estropeada y traer limpieza, y luego esa misma gracia puede enseñarle a la vida limpiada a ser una vida de pureza creciente. Eso es tan cierto del área sexual como en cualquier otra área de la vida humana.

Por lo tanto, mientras estudiamos la Biblia juntos, nunca te olvides de que les habla a los que tienen historias de ruina y lesiones, y Jesucristo les ofrece perdón y restauración. Tampoco olvides nunca que, por Su gracia, Dios puede convertir una vida estropeada en una vida de pureza creciente, que será perfeccionada cuando Él, a la postre, nos dé cuerpos resucitados.

Para estudio y discusión

Vuelve a leer los pasajes principales que se abordan en este capítulo (1 Corintios 6:9-11; Juan 8:11; Joel 2:25 y Tito 2:11-14).

1 ¿Quiénes son las personas que más te han influenciado con sus ejemplos (buenos o malos) en el área del sexo y el matrimonio? Piensa tanto en la gente que conoces como en los personajes que has visto en películas, series, revistas o libros.

2. Describe esos ejemplos, ya sean buenos o malos. ¿Cómo se han comportado esas personas y qué has aprendido de ellas (positivo o negativo)?

3. ¿Cómo han influenciado tus nociones de lo que es bueno y malo?

4. Si estás casado (o quizás lo estés un día), ¿qué “lastres” crees que llevas al matrimonio, en cuanto a ideas y expectativas?

5. Detente para llevar esos “lastres” en oración delante de Dios. Ora a la luz de las verdades de la gracia presentadas en este capítulo y pídele a Dios que las enraíce en tu corazón. Reclama el perdón y la limpieza de Cristo para tu pasado.

6. ¿Cuáles son tus áreas de lucha en el ámbito de la pureza sexual? ¿Cómo piensas que puedes progresar, por la gracia de Dios? Ora pidiendo gracia para ser más puro en el futuro.

Laura se sentía sola y amargada. Ya llevaba cuatro años casada con Andrés. Recordaba su boda, que había sido increíble. El pastor dio un discurso inspirador basado en Génesis, en el pasaje en que Dios dice: “No es bueno que el hombre esté solo”. Laura sintió un fuego en el corazón cuando el pastor describió que ella y Andrés estaban en una especie de cuento de hadas, que Dios en Su amor los había creado el uno para el otro, que no era bueno que estuvieran y se sintieran solos, y que ahora que estaban casados nunca más tendrían que experimentar esa sensación. ¡Vaya! A ella le encantó el discurso. Todos esos anhelos… a punto de cumplirse con Andrés. El corazón le latía con fuerza: se dejó llevar por la magia del día.

Sin embargo, ahora, después de cuatro años difíciles, estaba sentada llorando lágrimas de autocompasión y amargura. ¿Cómo era posible que la realidad fuera tan distinta? Luego de la boda, ella y Andrés se mudaron a otra ciudad debido a que él lo trasladaron en el trabajo. Ahora todos los amigos universitarios de Laura estaban a kilómetros de distancia. Y aunque su cuenta telefónica alcanzaba proporciones astronómicas, se sentía muy sola. Andrés estaba ocupado y absorto en su trabajo, pero al parecer seguía esperando que Laura fuera puras sonrisas cuando volvía a casa por las tardes (por lo general una hora y media después de que ella terminara su trabajo, que era mucho más aburrido ―no había logrado conseguir un empleo acorde a su formación―).

Si somos sinceros, para Laura el matrimonio no era tan bueno como decían. En verdad, no se ajustaba a la descripción del envase ni tampoco a la escena que pintó ese pastor. En su amargura, se preguntó si de verdad tenía sentido conservarlo, cuando el resto de su vida seguiría siendo así. ¿Cuál era el sentido?

Pues bien, ¿cuál es el sentido? Volvamos a lo más básico: ¿por qué creó Dios al ser humano como varón y hembra? Al escudriñar la Biblia, los cristianos han dado con tres respuestas.

1. Para que tengamos hijos en lugar de quedarnos sin descendencia: el sexo es para tener hijos, y los hijos son buenos.

2. Para que seamos fieles en lugar de ser egoístas: el sexo es para la intimidad fiel, y la relación íntima es buena.

3. Para que haya orden en lugar de caos: el matrimonio impide que los deseos sexuales destruyan la sociedad, de modo que esta no caiga en el caos sexual.

Estas tres verdades a veces se denominan los “bienes” (es decir, los buenos propósitos) tradicionales del matrimonio. Cada uno de ellos halla respaldo en la Biblia, y los capítulos 3, 4 y 6 los exploran con más detalle. Sin embargo, el problema de dar con tres respuestas separadas es que no estamos seguros de cuál es la más importante. En particular, los católicos tienden a enfatizan tener hijos como el propósito principal, mientras que los protestantes tienden más a resaltar la relación matrimonial. ¡Nadie es muy entusiasta respecto a la tercera, porque, de cierto modo, parece negativa!

Pero ¿cómo debemos decidir? ¿En cuál de estos objetivos debemos centrarnos en nuestros matrimonios? ¿Qué sentido tiene para una Laura, que está sufriendo en un matrimonio solitario? ¿Por qué mantenerlo? O ¿qué sentido tiene el matrimonio para una pareja a la que Dios no le ha dado el regalo de tener hijos (lo que de hecho ocurre con una minoría muy significativa de las parejas adoloridas)? ¿Acaso eso hace que su matrimonio sea vacío y carente de sentido? Necesitamos tener un propósito divino unificador que mantenga nuestras ideas unidas. Es decir, necesitamos conocer el gran propósito por el que Dios nos creó varón y hembra.

En este capítulo, que será fundamental para nuestro estudio, quiero que volvamos a Génesis para plantear la pregunta esencial de por qué Dios decidió crear a la humidad como varón y hembra. Cuando a Jesús le preguntaron sobre el sexo y el matrimonio, apeló a Génesis 1 y 2 como fuentes autorizadas; Pablo hizo lo mismo. Esos dos capítulos son la manera en que Dios nos dice lo que necesitamos saber sobre cómo era el universo antes de que se estropeara.

Hay dos pasajes en Génesis 1 y 2 que echan los cimientos del matrimonio: Génesis 1:26-31 y Génesis 2:15-25. Jesús y Pablo citan Génesis 1:27 (“varón y hembra los creó”), además de Génesis 2:24 (“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne”). Encontramos dichas citas en Marcos 10:6-8, Efesios 5:31 y 1 Corintios 6:16. Debemos analizar estos dos pasajes fundamentales de Génesis con cuidado.

Los fundamentos en Génesis 1:26-31

Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto

(Génesis 1:26-31)

Génesis 1 describe de forma casi poética la creación del mundo, que una y otra vez es llamado “bueno” (vv. 4, 10, 12, 18, 25). Sin embargo, en el versículo 26 ocurre algo que lo hace pasar de ser “bueno” a ser “bueno en gran manera” (v. 31). Ese algo le da el toque final a la obra de la creación, de manera que después, Dios puede observar Su obra finalizada y declararla “buena en gran manera”. Ese clímax de la creación es la formación del hombre y la mujer. La razón por la que es tan buena es que el hombre y la mujer van a gobernar y cuidar el mundo de Dios, manteniéndolo como un lugar ordenado y lleno de vida.

Los versículos 26-31 enseñan o implican cuatro verdades sobre los seres humanos, que están estrechamente relacionadas entre sí:

1. Primero, somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Tenemos una dignidad única que no comparten los animales ni las plantas.

2. Segundo, se nos ha encomendado un privilegio único. Debemos llenar la tierra de hombres y mujeres que la cuiden.

3. Tercero, hemos sido creados como varón y hembra. Debemos usar nuestra masculinidad y nuestra feminidad para cuidar el mundo de Dios.

4. Cuarto, debemos regocijarnos en nuestro Creador. Esto está implícito en Génesis y se explicita en el Salmo 8. Debemos vivir en dependencia agradecida de Dios, obedeciendo alegremente Su mandato.

Debemos mantener bien unidas entre sí estas cuatro verdades de la dignidad, el privilegio, la sexualidad y el gozo delante de Dios. Cuando pensamos en el matrimonio, debemos pensar en Dios y en nuestro privilegio de cuidar Su mundo. Me gusta resumir esta idea bajo el lema sexo al servicio de Dios. Como todo lema, simplifica lo que quiero decir. No estoy diciendo que el matrimonio solo se trate del sexo, pero el sexo es lo que distingue al matrimonio de todas las otras relaciones o asociaciones. El “sexo” en este lema es una abreviatura para la totalidad del matrimonio, que se desarrolla y crece a partir de su corazón y núcleo: la intimidad y la fidelidad sexual. El sexo representa la relación matrimonial en toda su plenitud -en su intimidad, su amistad, su compañerismo, su entretención y su fidelidad-. El lema debe recordarnos que todo el matrimonio debe vivirse en el servicio amoroso y gozoso de Dios, que debemos mirar más allá de nuestro matrimonio y procurar cuidar el mundo de Dios juntos como pareja (los que no están casados también están llamados a regocijarse en Dios y servirlo en Su mundo, pero hay maneras específicas y únicas en que los casados pueden hacerlo).

En el drama de Génesis 1, el mundo está repleto de toda clase de seres vivos al llegar al versículo 25. Si el ser humano tiene que gobernar este mundo abundante, será necesario que haya muchos; por eso somos “varón y hembra” y recibimos la bendición de multiplicarnos. Somos varón y hembra para que usemos nuestra masculinidad y feminidad para servir gozosamente a Dios en el gobierno de Su mundo.

Eso ambienta la escena. Pero ¿qué ocurre en Génesis 2, donde el drama se narra desde la perspectiva del jardín del Edén? ¿Acaso la imagen que presenta ese capítulo es contradictoria? Muchos creen que lo es. Quiero mostrarte por qué es importante que la entendamos correctamente.

Los fundamentos en Génesis 2:15-25

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar . Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán:

Esto es ahora hueso de mis huesos

y carne de mi carne;

ésta será llamada Varona,

porque del varón fue tomada.

Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban

(Génesis 2:15-25).

Interpretaciones erradas de Génesis 2:18

Quiero partir hablando de las maneras en que Génesis 2:18 ha sido malinterpretado con frecuencia y luego mostrarte que eso está mal. En el versículo 18, Dios dice: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él”. Esto es muy llamativo. Se ha dicho reiteradamente que el mundo es “bueno”, y por último “bueno en gran manera”, pero en él hay algo que “no es bueno” (antes de que la mujer fuera creada como la ayuda del hombre). La pregunta es ¿qué es lo que “no es bueno”? Respuesta: “que el hombre esté solo”. Pero ¿qué significa “solo”?

Es muy común pensar que “solo” significa “solitario”. “Ah”, decimos, “el pobre Adán se sentía solo. Ahí está en el jardín, rodeado de animales, pero sus mascotas -los perros, gatos, bueyes, loros y peces- no cubren sus necesidades relacionales. Dios le va a dar una esposa para que ya no se sienta solo”.

Es muy común leer el texto así. Un escritor dice que Dios simplemente está supliendo la “necesidad personal” de Adán; otro, que “la razón del matrimonio es resolver el problema de la soledad”.2 Hace algunos años, le estaba leyendo a nuestra hija un libro infantil de historias bíblicas. Habíamos llegado a Génesis 24. Allí, el anciano Abraham quiere asegurarse de que su hijo prometido, Isaac, se case con alguien de su propio pueblo. Le preocupa que la línea familiar prometida continúe adecuadamente. Sin embargo, mi libro de historias bíblicas modificadas dice que Abraham pensó dentro de sí: “Debo asegurarme de que Isaac tenga una esposa que lo ame. No quiero que esté solo cuando muera” (énfasis mío). ¡Pero Génesis 24 no dice eso! Esa es la manera en que lo entiende la gente del siglo XXI: a menos que me case, nadie me amará, y a menos que me case, estoy destinado a estar solo.

El lema de esta interpretación errada podría ser sexo para mi propia satisfacción o sexo al servicio de nosotros. Lo que me importa es mi satisfacción, que el sexo cubra mis necesidades. Sin embargo, es erróneo pensar que Génesis 2:18 (“No es bueno que el hombre esté solo”) significa que el matrimonio fue creado para cubrir mis necesidades. Hay dos razones por las que esto está mal, y dos más que hacen que tenga resultados desastrosos.

Por qué el matrimonio no es la respuesta para la soledad

Razón 1: Génesis 2:18 debe leerse en su contexto

En primer lugar, creer que el matrimonio es la respuesta para la soledad es incorrecto porque saca al versículo 18 de su contexto en la historia de Génesis 2. El versículo 18 no aparece de la nada, sino que forma parte de un drama que empieza en el versículo 4. Justo al comienzo de esta segunda narración de la historia de la creación, hay un problema: no hay hombre que trabaje la tierra, que la labre (v. 5).

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9781629463094
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