Kitabı oxu: «Historias curiosas»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 348

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JORGE CANO CUENCA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO426
ISBN 9788424937225.
INTRODUCCIÓN
El estado actual de esta obra de Eliano 1 , tradicionalmente conocida por su título latino, Varia Historia , presenta algunas extrañezas que dificultan una recta valoración. La primera de ellas es el propio título. La tradición manuscrita coincide con Suda en llamarla Poikílē Historía. Estobeo y Esteban de Bizancio, en cambio, nunca utilizan este nombre para citar la obra de Eliano. El primero se refería a ella como Symmiktós Historía , «Miscelánea Histórica», y el segundo utilizaba la denominación de Historikḕ Diálexis , algo así como «Diálogo de Historia».
La Poikilía era una propiedad definida, literalmente, por la variedad de colores. Se aplicaba, metafóricamente, a la variedad, diversidad, complejidad, sutileza de las cosas y personas. Era una cualidad en auge en la época de los sofistas, manifestación positiva del reto al que la amplitud de intereses intelectuales y la erudición los avocaba. Clemente de Alejandría escribía así de sus Tapices , una obra del mismo género que la Varia Historia de Eliano: «Las flores de los más variados colores esparcidas por la pradera y los árboles frutales plantados en el jardín no se han distribuido según sus diversas especies. De la misma manera, algunos eruditos compusieron compendios, dotados de variados colores, a los que llamaron Praderas, Helicones, Mieles y Peplos. Nuestros Tapices se han compuesto con inmensa variedad, como una pradera, con los recuerdos que libremente venían a la memoria, sin preocuparnos por su orden o ubicación en el discurso, esparcidos en voluntario caos» 2 .
En un intento de enlazar con la tradición renacentista, la obra sería merecedora de la consideración de Silva. Para el DRAE , «silva», en su primera acepción, significa «colección de varias materias o especies, escritas sin método ni orden» 3 . Bien se adecua la obra de Eliano a esta categoría literaria. El desorden llega a tal extremo que en la obra faltan el prólogo y el epílogo. Esta circunstancia añadida a las frecuentes repeticiones de capítulos, especialmente abundantes en los últimos libros, a la extrema brevedad de algunas anécdotas, que llega a dificultar su comprensión, y a los quince primeros capítulos del Libro I , consagrados a la zoología y que más parecen restos de la Historia de los animales que partes integrantes de esta otra obra, han permitido concebir la sospecha de que nos encontramos ante un original inacabado. Quizás la muerte sorprendió al autor antes de que pudiera concluir su trabajo. Si fue así, se impone admitir que Eliano escribió otras obras históricas que se perdieron en el transcurso de las edades, pues sus Historias curiosas no bastarían para justificar la afirmación de Filóstrato sobre la fama que el autor consiguió gracias a su labor de historiador 4 .
Pero los males del texto no terminan aquí. Indicios hay para concluir que las Historias curiosas sufrieron un proceso de abreviación en época bizantina. Algunos pasajes comienzan por la partícula hóti , típica del epítome 5 . Y lo que es más significativo: Estobeo en su Florilegio recoge algunas anécdotas de Eliano en una versión más extensa y elaborada que la transmitida por los manuscritos 6 . Es probable que en este caso deba darse prioridad a la tradición indirecta que reflejaría el texto original, tal y como podía leerse a fines de la Antigüedad.
Carentes de una declaración expresa de intenciones por parte del autor, que habría debido de figurar en los inexistentes prólogo y epílogo, se debe recurrir a su otra gran obra, la Historia de los animales , para conocer las pretensiones de Eliano. Dos son las ideas que vertebraron su miscelánea zoológica y que podrían aplicarse también a la composición de las Historias. La primera de ellas es su decisión de apartarse de la vida y actividad sofística. Eliano proclamó su voluntad de renunciar a la búsqueda de honores, poder y fama, bienes que se conseguían a través de la actividad pública y política. A cambio, decidió dedicar sus esfuerzos al saber y a la composición de obras que, en palabras de Filóstrato, merecen el apelativo de históricas. Precisamente el biógrafo de los sofistas parecía conocer las razones expuestas en la Historia de los animales cuando escribía su breve noticia sobre Eliano. Pero también sabía de otra razón que Eliano silenció: el de Preneste estaba tan mal dotado para la declamación que abandonó la práctica de la oratoria 7 .
La segunda declaración que aquí interesa gira en tomo a las pretensiones literarias del autor. Sus palabras no merecen ser glosadas, sino transcritas: «Desde luego bien sé que otros se han interesado ya por estos temas. Pero yo he reunido todo el material que he podido, le he puesto el vestido de un lenguaje sin pretensiones y estoy convencido de que mi trabajo es un tesoro nada desdeñable» 8 . Los méritos de Eliano en el cultivo de lenguaje deben ser reconocidos, especialmente en quien tenía como lengua materna el latín. Tanto empeño puso en sus años de formación, esfuerzo mantenido siempre, que la lengua griega de Eliano puede ponerse como ejemplo perfecto del éxito del aticismo 9 —se permite la utilización del dual, número gramatical ya obsoleto entre los autores del s. v a. C.—. A pesar de los intentos de algunos eruditos modernos, es casi imposible detectar en la lengua de Eliano la influencia del latín, una influencia poderosísima, no obstante, incluso entre las variedades cultas del griego hablado 10 . El mismo reconocimiento debe dirigirse a la buscada simplicidad, tan bien conseguida que llega, en ocasiones, a aburrir. Quizás, en esta voluntad de no explorar todas las posibilidades del lenguaje deba encontrarse una pista para el modo en que estas obras se leían: abriéndolas al azar, sin exigir continuidad ni en el tiempo ni en el relato, aumentando así el efecto de la variedad, evitando también la monotonía de la sencillez.
Misceláneas: erudición y retórica
La edad imperial fue la edad de plata de la oratoria griega 11 . La elaborada preparación de aquellas piezas retóricas, y de toda la restante producción literaria profundamente influida por la disciplina, sólo era posible gracias a un proceso educativo largo y complejo que finalizaba en la madurez del autor. La dificultad no sólo estribaba en el dominio de las técnicas de la retórica y de la oratoria, con la suprema culminación del discurso improvisado, sino que este dominio debía aplicarse a un mundo distinto del presente, a un pasado documentado y recreado como experiencia literaria. La recreación de ese pasado tenía un aspecto lingüístico —la recuperación del dialecto ático del s. v a. C.—, pero iba acompañado de la contextualización histórica que exigía el control de los más mínimos detalles de un mundo que ya no existía 12 . El mayor pecado en que un sofista podía incurrir era el anacronismo, ya fuera lingüístico, utilizando expresiones no documentadas en los autores clásicos, ya fuera simplemente histórico.
La sobrevaloración de la exactitud y del rigor, de la akríbeia para usar el término preciso, era consecuencia directa de un programa educativo 13 que obligaba a los niños a iniciarse en la lectura con Homero, es decir, con unas obras con diez siglos de antigüedad y que ya habían sido compuestas forzando la artificialidad de la lengua. La atención a estos pormenores no hacía sino agudizarse con la labor del gramático, nivel intermedio de la educación obsesionado por la correcta comprensión de aquellas lecturas antiguas y, por lo tanto, por la acumulación de erudición. Cuando el joven accedía a la escuela del sofista se encontraba en condiciones para poner en práctica y darle valor a todo lo aprendido, que le debía servir de contexto y de reserva intelectual para la composición de sus discursos.
Es lógico, por tanto, que en este sofisticado ambiente cultural surgieran multitud de obras destinadas a facilitar la tarea de aprendizaje e investigación anticuaria. La mayoría de ellas fueron obras de gramáticos que así proporcionaron los instrumentos básicos para la actividad sofística. Léxicos, diccionarios y colecciones de expresiones áticas favorecieron la correcta recreación de una lengua artificial 14 . Pero a la vez, se convirtieron en obras de referencia para una erudición que necesitaba del estudio constante. No sólo el estudiante, sino también el orador profesional, e incluso el público de aquellas producciones, necesitaba mantener fresco el recuerdo de aquel lejano mundo. Pero esta pretensión les habría obligado a la lectura permanente de todo el legado literario. Ante la imposibilidad real de afrontar aquella ingente tarea es comprensible que las obras dedicadas a la erudición, si conseguían salvar la dificultad del estilo, encontraran no poco eco entre el público menos exigente 15 . Pero de este público nunca llegaron a formar parte los estratos sociales inferiores, pues la artificiosidad de la lengua literaria era una barrera insalvable, sino entre la base social de los pepaideuménoi , de los «hombres instruidos» 16 .
Es interesante reconocer que dos de los más importantes autores de misceláneas fueron sofistas de origen latino, Favorino 17 y el propio Eliano, y que el género cuenta con una excelente muestra en la lengua del Lacio, las Noches áticas de Aulo Gelio 18 . Quizás su público, tradicionalmente ajeno a las profundidades eruditas del legado literario griego, diera una calurosa bienvenida a estas muletas intelectuales, convertidas ellas mismas en obras menores de la literatura.
En la formación del pepaideuménos convergían diversas disciplinas que se abordaban desde la primacía de la retórica: la filosofía, la gramática, la medicina, la historia, el arte, la mitología e incluso la religión eran áreas de obligado estudio para el aprendiz de sofista 19 . De todas ellas necesitaba conocer múltiples detalles; de todas ellas era posible extraer multitud de anécdotas con las que poblar las misceláneas. La alteración retórica de las disciplinas afectaba, en los siglos del Imperio, especialmente a la filosofía. Los sofistas se creían rivales, y vencedores, de los filósofos, sobre todo de Platón, cuyas doctrinas vulgarizaban hasta la extenuación 20 . En realidad, Platón era, junto con Homero, el autor más leído y citado. Pero esto no se hacía por simpatía por sus ideas sino, fundamentalmente, porque sabían reconocer el valor literario del filósofo 21 . Es manifiesto en el caso de Eliano. Sócrates y Platón, pero también Pitágoras o los Cínicos pueblan su obra, pero nada, o casi nada, se encuentra en ella de sus enseñanzas, sino, en la mayoría de los casos, anécdotas de su vida impúdicamente inventadas por él mismo o, lo que es más probable, por sus fuentes.
Otros campos del saber tampoco escaparon a esta suerte de depredación intelectual. Eliano, como tantos otros en su género, prestó atención a las curiosidades anticuarias del lenguaje, discutiendo el uso particular que del verbo «inspirar» se hacía en Esparta 22 . La medicina, por su conexión con la filosofía, también provocó su interés 23 ; la historia del arte, con noticias sobre la incapacidad de algunos para disfrutar de la belleza o el recuerdo de obras sorprendentes pero inútiles 24 . Las prácticas y creencias religiosas de la Antigüedad eran campo abonado para la acción del compilador.
Precisamente tres capítulos dedicados a la crítica del ateísmo —II 23 y 31 y IV 28— permiten comprender la perspectiva retórica de toda la obra. Ésta no estaba compuesta por su interés en la remota antigüedad griega, sino por el uso que de aquel pasado podía hacerse en el presente. Los tiempos de Eliano eran de confusión religiosa. Fueron definidos, hace ya muchos años, como una «época de angustia» 25 . El rechazo de aquellos griegos que negaron la existencia de los dioses y el elogio de la religiosidad bárbara que mantenía viva su fe en la providencia divina y en sus señales, estaban de plena actualidad en un mundo que vivía el auge de los cultos orientales en detrimento de la religiosidad cívica tradicional 26 . Esa mirada al presente podría señalarse para muchas otras anécdotas. Baste con algunas: muerte de Hefestión y muerte de Antínoo; conspiración contra Darío y contra Adriano; Gelón devolviendo el poder al pueblo y Augusto 27 , etc. El pasado servía como código para enunciar y comprender el presente.
La potencialidad y el último destino retórico de la erudición que Eliano exhibe es evidente en el mismo texto de sus Historias. Muchos sucesos están narrados como enunciados de los progymnásmata retóricos, de los ejercicios preparatorios que eran el escalón que conducía directamente a la composición del discurso 28 . En IV 8, por ejemplo, se tratan repentinos cambios de fortuna, ejemplificados con el éxito tebano frente a Esparta, con la milagrosa recuperación de Dionisio I frente a Cartago y la no menos sorprendente de Amintas, la venganza terrible de Ocos, al que los egipcios creían indolente, la vuelta de Dion exiliado y la inaudita victoria naval de los siracusanos en inferioridad de condiciones. Con todos y cada uno de estos episodios se hubiera podido construir una melétē , ejercicio complejo en el que el orador asumía la personalidad de algún protagonista del pasado 29 . El destino inesperado de algunas decisiones, la consolación, el elogio, la descripción de lugares y tantos otros temas pueblan la obra. Cada capítulo podría generar un discurso o incorporarse en alguno de ellos 30 .
En ocasiones el propio Eliano no puede resistirse y compone, él mismo, el ejercicio, dando lugar a algunos de los capítulos más extensos de la obra. Es el caso del valle del Tempe, ejemplo de ékphrasis , descripción, cuyo preámbulo no puede ser más instructivo sobre sus intenciones (III 1): «Vamos a describir y modelar con palabras aquella región tesalia llamada Tempe, pues debe admitirse que el verbo, si está dotado de fuerza descriptiva, consigue representar con una eficacia no menor a la de los mejores artistas manuales aquello que se propone». Incluso este tipo de ejercicios se incluye en la narración mitológica, cuyo desarrollo detiene para ofrecer un ejemplo de virtuosismo 31 .
El lector de las Historias encontrará, no obstante, que algunos capítulos están dedicados a asuntos de nula importancia o, sencillamente, absurdos, que podría considerar desperdidos del ingenio. Sería el caso de aquellas anécdotas dedicadas a prostitutas 32 , hombres de extremada delgadez, el lujo desmedido de los generales de Alejandro, la colección de amores ridículos, o calvicies vergonzantes 33 . La clave para entender la importancia que los sofistas concedían a aquellos asuntos que no la tenían o que parecían paradójicos —ádoxa, parádoxa eran las expresiones precisas 34 — se encuentra, de nuevo, en Filóstrato cuando decía: «El elogio del loro y cuanto elaboró Dion con esmero sobre asuntos intrascendentes no hay que estimarlos nadería sino obra sofística, pues es propio de un sofista tratar con seriedad tales cosas» 35 .
Pasado e identidad griega
La composición de misceláneas no atendía, no podía atender, sólo a necesidades literarias y educativas. El Renacimiento Griego no era, en esencia, un movimiento intelectual, sino una reacción política ante Roma a la búsqueda de una nueva identidad griega para los nuevos tiempos del Imperio 36 . De ahí la importancia de la selección de las anécdotas que contribuían a trazar, si se quiere, una suerte de retrato impresionista —de nuevo con la primacía del color y su variedad— de la esencia griega.
Esto era así, sin duda, en el caso de las Historias curiosas de Eliano. En el abigarrado conjunto, pletórico de aparente caos, se pueden descubrir algunas líneas principales que vertebran la personalidad colectiva griega. Podría, a lo largo de la obra, trazarse un catálogo de actitudes, ideas y principios propios de los griegos por oposición a desviaciones, normalmente por influencia extranjera o por debilidades morales, y a comportamientos bárbaros que ofrecen el antimodelo. Así, los griegos desprecian la riqueza, tienen vocación de servicio público, aman la belleza, son personas piadosas, saben morir con dignidad y sus mujeres saben regirse con modestia. Frente a eso, el amor a la riqueza, el enriquecimiento de los políticos, el abuso tras la victoria, el gusto por la molicie, la desmedida afición por el vino e incluso el analfabetismo serían algunas de las conductas desviadas y bárbaras. Ejemplos de los primeros fueron Efialtes, Epaminondas, Sócrates, Platón, Aristóteles y tantos otros personajes que encarnan la dignidad del helenismo. Contramodelos serían los diversos reyes persas, con Jerjes a la cabeza, pero también muchos de los reyes helenísticos y de los tiranos sicilianos que pululan en la obra, así como también los bizantinos y los sibaritas, ejemplo máximo de la tryphé , la molicie. Mención aparte merecen Alcibíades y Alejandro. El primero se presenta como ejemplo desgraciado del fracaso de la paideía , de la educación griega, de cómo un discípulo del mejor griego, Sócrates, pudo dar muestras de un comportamiento tan degenerado. Alejandro, por su parte, no se libra del juicio ambivalente que compartían la mayoría de los contemporáneos de Eliano 37 . La admiración por su gran obra militar está presente en todos los capítubs en los que se le recuerda. Pero su fama no le libra de ser censurado por sus abusos y torpezas: la pretensión de ser divinizado, su afición al vino, la envidia de sus generales, su insensibilidad artística, lo desmedido de su cólera que lo llevó a obrar, en definitiva, «a la manera bárbara».
Una de las cuestiones que más ha preocupado a la crítica moderna cuando estudia la Segunda Sofística es el silencio de Roma. La ausencia de la dueña del mundo en las obras de los intelectuales griegos se ha querido ver como una muestra de oposición política 38 o, al menos, como la prueba de un cierto descontento griego ante un presente que sólo era sombra de su grandeza pasada. Y así, desde esta perspectiva, el recuerdo permanente del pasado clásico sería una vía de escape frente a las miserias y frustración que la dominación extranjera generaba 39 . Es difícil creer que esto fuera así cuando, si se mira la peripecia vital de los más claros representantes del movimiento, no se vislumbra en ellos ninguna muestra de oposición; más bien, al contrario, satisfacción por la colaboración con el poder imperial. Este sería el caso de Dion, Aristides, Filóstrato y, aunque no se le pueda considerar propiamente un sofista, Plutarco. Por eso también resulta difícil admitir la última propuesta de explicación de este curioso fenómeno, que pretende la existencia de una doble personalidad, política y romana, cultural y griega 40 . Pero nadie —patologías aparte— puede vivir escindido de esta manera.
El caso de Eliano y de su Historias puede arrojar alguna luz en el debate. Eliano, un romano que nunca ha salido de Italia, que participa plenamente del movimiento sofístico, de manera atípica incluye a Roma en su obra. Para Eliano, Roma comparte valores con Grecia: las mujeres son modestas y castas, los hombres se comportan con moderación, valentía, aman la belleza y conocen, como los griegos, las virtudes de la pobreza. Roma tiene también un pasado mítico —Rómulo y Remo, ausonios—; Italia es uno de los mejores lugares del mundo donde vivir conforme a los preceptos del elogio 41 . Eliano se proclama romano y se enorgullece. Y no obstante, debe excusarse por hablar de Roma; debe abreviar sus noticias sobre Roma. Quizás el asunto no sea más que literario: Roma no debería figurar en los discursos de los sofistas puesto que Roma no formaba parte de aquel pasado idílico en el que vivían aquellas obras. Este era el principio que Eliano intentaba romper tímidamente. Pero esta norma, puramente escolástica, no se aplicaría cuando los sofistas escribían obras que no estaban destinadas a la escuela. No hay mejor ejemplo que uno nacido de la pluma de uno de los más grandes sofistas: Elio Aristides y su discurso A Roma.
Las «Historias curiosas» y la novela griega
Las novelas griegas participaban, junto con las misceláneas, del hecho de vivir en los márgenes de la producción sofistica 42 . La ubicación en el pasado, el purismo lingüístico, el esfuerzo por definir una identidad griega frente al bárbaro y, posiblemente, también el público, los miembros de la elite intelectual, eran algunos de sus lugares de encuentro. Pero las novelas comparten con las Historias otro interés común: la experiencia erótica 43 . A lo largo de toda la obra están sembrados capítulos que Eliano consagra al amor: hetairas, homosexuales —con sus prácticas aceptadas socialmente y sus desviaciones y paradojas—, amores absurdos —zoofilia, amores con estatuas—, amor conyugal, matrimonio. Toda la experiencia amorosa griega está recogida en la obra, pero no toda está tratada en pie de igualdad. Y en esto, de nuevo, coincide con la novela.
La novela griega era heredera de la tradición erótica clásica, que bebe de la lírica y de la comedia fundamentalmente, pero la sometió a modificaciones. En la novela se prima el valor de la pareja, el amor conyugal y su destino último, el matrimonio. Eliano, por su parte, aunque recoge todas las muestras del espectro clásico —fundamentalmente por el valor de la erudición—, también se inclina por las nuevas formas de amor centradas en la pareja que en su tiempo se imponían. El ejemplo más claro es la historia de la focea Aspasia, amante de Ciro y, más tarde, de su hermano Artajerjes (XII 1). La potencialidad narrativa, novelesca, del cuento se observa incluso en su extensión. La relación entre Aspasia y Ciro, aunque no podía considerarse matrimonio «llegó a convertirse en una unión entre iguales, sin ninguna diferencia con la concordia y castidad de un matrimonio griego» 44 . Igualmente interesante para comprender la evolución del sentimiento amoroso griego es la posterior relación entre Aspasia y Artajerjes, en la que la mujer acaba sustituyendo al mancebo con el que el bárbaro se sentía especialmente unido. Las nuevas formas de amor y la nueva valoración de la mujer que triunfaban en el Imperio se trasladaban así al pasado idílico que la erudición había creado.
Las fuentes
El problema de las fuentes 45 que Eliano utilizó para la composición de sus Historias curiosas es irresoluble. Hay tres grandes razones para esta afirmación: la primera, que Eliano evita en la mayor parte de sus pasajes indicar el origen de la noticia; la segunda, que se ha perdido la mayoría de la literatura intermedia entre aquellos textos clásicos que sirven de referencia última y la obra de Eliano; la tercera, la variedad de intereses del escritor que necesariamente conduce a una infinidad inabarcable de fuentes. No obstante, algunas inferencias pueden hacerse, si se opta por procedimientos y métodos modestos, seguros de no resolver la «cuestión de las fuentes», pero conscientes de poder conseguir una percepción cabal del método de trabajo de este y otros escritores eruditos de la época. Las vías propuestas son tres: identificar los autores citados como fuentes y aquellos otros autores utilizados pero silenciados; establecer la comparación con autores coetáneos de misceláneas para intentar descubrir dependencias entre ellos o con otras obras previas del mismo carácter; determinar el proceso, en aquellos casos conocidos, de transformación de la noticia original y conocer así los procedimientos intelectuales de la creación literaria.
Eliano tiene a bien indicar el nombre de unos treinta y dos autores que están en el origen directo de las noticias de más de cincuenta capítulos —aunque esto no significa que Eliano recurriera a ellos; en muchos casos no se trata sino de citas de segunda mano—. Son los siguientes: Alcmán, Anaxarco, Androción, Arquéstrato, Aristófanes, Aristóteles, Calímaco, Caronte de Lámpsaco, Anaxilco, Cratino, Critias, Damón, Dion de Colofón, Éforo de Cumas, Epicuro, Epitímides, Esopo, Éumenes de Cardia, Éupolis, Eurípides, Filípides, Heródoto, Homero, Jenofonte, Mimnermo, Pausanias, Píndaro, Platón, Posidipo de Pela, Teofrasto, Teopompo, Timeo y Tucídides 46 . A estos habría que añadir referencias genéricas a la Comedia 47 y a unas Historias de Síbaris 48 traídas a cuento de las miserias de un pedagogo de la ciudad. Quizás para cualquier otro historiador de la Antigüedad la posibilidad de citar una treintena de autores como fuentes de sus noticias sería un logro inaudito, pero en este caso sólo testimonia la nula trascendencia que para Eliano tenía dar a conocer el origen de sus relatos. La obra, a pesar de lo limitado de su extensión, tiene más de 460 capítulos, repartidos en su catorce libros; y más de un capítulo contiene varias anécdotas que con seguridad podrían remontarse a referencias literarias diversas. La comparación con el número de autoridades citadas hace sospechar que estas eran más un nuevo artificio literario que preocupación por un riguroso método histórico.
Por otra parte, la filología moderna ha sabido establecer la filiación de algunos pasajes aunque Eliano no citara la fuente de inspiración. Algunos ejemplos son manifiestos 49 . En VIII 1 se recuerda a Sócrates hablando de su Genio, cuya voz le impelía a no actuar. Deriva esta noticia, fielmente, del Téages platónico. Otro tanto puede decirse de XIV 5, cuando afirma Eliano la generosidad de los antiguos atenienses, quienes permitían ejercer las magistraturas a aquellos extranjeros que lo merecieran. La dependencia del Ion está fuera de toda duda. Isócrates 50 , Jenofonte 51 y, especialmente, Heródoto 52 , por la variedad de sus intereses, proporcionaron a Eliano materiales para su composición.
La larga lista de autoridades, explícitas o tácitas, remite, de nuevo, al ambiente cultural griego de época imperial. Los autores más citados son Homero 53 y Platón, este último especialmente por su valor literario y no tanto por sus doctrinas filosóficas. Coincide así con cualquier otro escritor de la época: Elio Aristides, Dion de Prusa y tantos otros mostraban predilección por estos dos pilares de la cultura griega. Lo mismo podría decirse de Isócrates, cuyas ideas impregnaban todo el sistema educativo. Explicación hay para la ausencia de Demóstenes, aunque sea recordado en algunas anécdotas: el carácter de la obra, lejano de los discursos políticos que encontraban su inspiración en el orador ático. La presencia de historiadores, de Heródoto a Jenofonte, pasando por Tucídides, no sólo se debe a la esencia misma de la obra sino a la importante influencia que estos escritores tenían en el ciclo formativo de los oradores de la época. Los ejercicios retóricos, los progymnásmata , se nutrían de las anécdotas y episodios que se encontraban en los clásicos libros de Historia; aquellas noticias servían para componer discursos que los amplificaban, completaban y modificaban todo cuanto fuera necesario para conseguir el efecto perseguido sobre el público 54 . Y el propio Eliano no pudo escapar a su propia formación. Un ejemplo bastará: en II 14 Eliano recuerda la devoción de Jerjes por un plátano al que adorna con artificios impropios de su belleza natural. La pequeña anécdota de Heródoto ha sido transformada retóricamente para otorgarle un sentido moralizante, ofreciendo un ejemplo más de la sinrazón bárbara.
De las tres vías propuestas para acercarse a la cuestión de las fuentes de las Historias queda la más complicada de todas, la relación con otras obras misceláneas de la época. La comparación debe establecerse, al menos, con aquellos autores cuya obra se ha conservado —Plutarco, Pausanias, Ateneo y Diógenes Laercio—, teniendo en cuenta que para los dos primeros las fechas de composición no son un obstáculo, algo que sí puede ocurrir con los otros dos. Pero, lo que es más difícil, debería extenderse también a aquellos otros autores cuya obra se ha perdido pero pudieron ser utilizados por Eliano. Entre estos habrá que destacar especialmente a Favorino de Arlés.
Empezaré con el más sencillo de todos, Pausanias y su Descripción de Grecia. Por algún motivo que no se acierta todavía a comprender bien, la obra de Pausanias no gozó de fama ni notoriedad en el Mundo Antiguo. La literatura del Imperio Romano tardío ignora por completo al periegeta. Hay que esperar a Esteban de Bizancio, ya en el s. VI , para ver su obra aprovechada. En medio de ese vacío, Eliano es el único escritor que se atreve a utilizarlo y citarlo por su nombre 55 . Esta circunstancia llevó a T. Faber a considerar la cita una interpolación bizantina y a extirparla de su edición, parecer que han seguido no pocos de los editores de Eliano 56 . Creo que no hay ninguna razón sólida para este proceder 57 . Más bien, admitida la autenticidad de la cita, debe servir para corroborar la idea de que Eliano usó compiladores de su propio tiempo 58 , aunque no los cite. Éste podría ser el caso de IX 9. Eliano, en esta ocasión, parece querer corregir a Pausanias, quien explicaba el inmediato anuncio en Egina de una victoria olímpica gracias a una aparición fantasmal. Eliano, además de recoger esta versión como obra de terceros, añade una explicación racionalista: el uso de palomas mensajeras.
Muchas de las anécdotas que figuran en la obra de Eliano se corresponden con aquellas que aparecen en los Deipnosophistaí de Ateneo 59 . Algunos indicios podrían conducir a la conclusión de que es Eliano quien utiliza la obra de Ateneo: las noticias de Ateneo suelen ser más prolijas y detalladas que las de Eliano 60 ; Ateneo tiene como norma la mención de las autoridades que soportan la responsabilidad de la noticias (autoridades que no necesariamente han sido leídas de primera mano), mientras que Eliano, como ya se ha visto, concede menos interés a este asunto 61 ; en ocasiones, tanto Ateneo como Eliano ofrecen detalles de los episodios que no figuran en las fuentes de las que dependen 62 ; algunos capítulos de Eliano están dispuestos en el mismo orden que figuran las anécdotas en Ateneo 63 . Todo esto podría llevar a la conclusión del uso de los Deipnosophistaí por parte de Eliano si se salva la dificultad cronológica, puesto que la cercanía temporal podría hacer difícil la copia directa. Además, en algunos casos Eliano discrepa de la versión ofrecida por Ateneo, lo que impide la filiación 64 . Habida cuenta de estas dos últimas consideraciones, es posible que en lugar de beber de la obra de Ateneo, ambos compartieran una o varias fuentes comunes para sus anécdotas, es decir, que hubiesen recurrido a otras misceláneas previas, tan frecuentes en la época. De cuáles pudiera tratarse es cuestión irresoluble, aunque algunas sugerencias pueden hacerse. Es irresoluble porque no han sobrevivido esas colecciones que podrían haber servido de fuente común, de tal manera que las opciones radicales deben rechazarse como verdades y admitirse sólo como sugerencias. Es posible que ambos bebieran de Favorino y de su Pantodapḕ Historía 65 , habida cuenta del renombre de aquel estrafalario sofista y de su portentosa erudición. Y podría ampliarse la propuesta a toda la lista conocida de títulos que sugieren composiciones misceláneas y que no se han conservado.
La relación con Diógenes Laercio y su Historia de los filósofos es muy parecida a la que existe con Ateneo, aunque con la diferencia de que la obra de Diógenes es posterior a la de Eliano. Así, la existencia de numerosos pasajes paralelos, especialmente aquellos que hacen referencia a los cínicos, debe explicarse por el uso de una fuente común que bien podría ser, de nuevo, Favorino, no ya necesariamente su Pantodapḕ Historía sino, quizás, sus Commentarii sobre filósofos 66 . Algunos indicios permiten pensar así. En III 2 Eliano cuenta la reacción de Anáxagoras a la noticia de la muerte de sus hijos, anécdota que también recoge Diógenes Laercio. La historia aparece asimismo en el Discurso corintio atribuido en falso a Dion de Prusa, pero obra de Favorino 67 . La circunstancia se repite para IX 32, donde se recuerda la estatua que los griegos elevaron a la cortesana Friné 68 . La conexión entre los tres autores se manifiesta en el pasaje que hace referencia al sobrenombre de Demócrito, al que sus conciudadanos llamaban «Sofía» y que Eliano interpreta mal como «Filosofía» —razón por la que quizás, siguiendo a J. Scheffer, habría que corregir el texto. Diógenes Laercio afirma que el origen de su noticia está en Favorino, quizás la fuente común 69 .
La relación con Plutarco es todavía más oscura. Eliano nunca nombra al Beocio aunque numerosos pasajes de las Historias encuentran sus paralelos entre las obras de Plutarco 70 . Las referencias son especialmente numerosas en el Libro XIII , lo que quizás de una pista para el modo de composición usado por Eliano. Algunas diferencias entre ambos pueden explicarse como descuidos de Eliano a la hora de trasladar las historias plutarqueas. Así, en II 15 Eliano narra las consecuencias del comportamiento inconveniente de unos ciudadanos de Clazómenas en Esparta. La misma historia aparece en Plutarco referida a unos quiotas 71 , isla situada enfrente de Clazómenas. En IX 18, Temístocles se comparaba con una encina, mientras que en Plutarco lo hace con un plátano 72 . La equivocación en trasladar la anécdota parece segura en XI 33, donde se afirma que Cíneas se llamaba el médico que propuso a Roma asesinar a Pirro. Plutarco, cuando cuenta el episodio, no dio el nombre del traidor pero sí el de Cíneas como embajador del rey 73 . La confusión tiene una explicación sencilla: el descuido de nuestro autor que parece citar de memoria una de sus principales fuentes.
Pero no deben descartarse otros orígenes para sus noticias, ya provengan de la lectura de las fuentes originales, y no nombradas, o de compiladores posteriores. Entre estos es necesario recordar a Aristófanes de Bizancio y su epítome de las obras zoológicas de Aristóteles, posiblemente utilizado —directa o indirectamente— para los primeros capítulos del Libro I 74 , así como a Pánfilo de Alejandría y a todos aquellos autores de léxicos aticistas, depósitos auténticos de erudición, y de uso común en las escuelas de retórica en las que Eliano se crió y trabajó 75 .
Transmisión
La tradición manuscrita de las Historias curiosas de Eliano se organiza en tres grandes familias 76 . La primera de estas deriva del Codex Parisinus graecus supplementi 352 (V), que hasta el año 1797 estuvo depositado en la Biblioteca Apostólica Vaticana (Vaticanas graecus 997). Contiene, además de las Historias , la Historia de los animales de Eliano y las Politiae de Heraclides. Es un texto bizantino del s. XIII , con algunas omisiones de capítulos, que fue utilizado para la editio princeps. De él derivan otros ocho manuscritos.
| H | codex Palatinus gr. 155 |
| A | codex Parisinus gr. 1657 |
| Q | codex Coislinianus 321 |
| B | codex Vosssianus gr. oct. 4 |
| T | codex Parisinus gr. 1774 |
| L | codex Lugdunensis Bibl. Publ. Graec. 33f |
| C | codex Vaticanus gr. 998 |
| N | codex Scurialensis gr. Ω I 11 |
La segunda familia depende de un original común (x) hoy perdido y que debió de estar guardado en la Biblioteca Vaticana. Puesto que los primeros manuscritos que derivan de x corresponden a la primera mitad del s. XVI , es posible que el original fuera un texto de finales del s. XIII o del s. XIV . Este manuscrito contenía los Mirabilia y Physiognomica de Aristóteles, las Politiae de Heraclides, las Vidas de los diez oradores de Pseudoplutarco, un epítome de los Deipnosofistas de Ateneo y fragmentos de Estobeo, además de las Historias curiosas. De él derivan diez manuscritos.
| d | codex Laurentianus LX 19 |
| g | codex Ambrosianus C 4 sup. (gr. 164) |
| e | codex Laurentianus LXX 26 |
| f | codex Sluiskianus |
| r | codex Parisinus gr. 1757 |
| s | codex Scurialensis gr. Σ III 1 |
| m | sex folia Bibliothecae , Casa Mordini, Bargae |
| a | codex Parisinus gr. 1693 |
| P | codex Vaticanus gr. 1375 |
| b | codex Parisinus gr. 1694 |
La tercera familia está formada únicamente por el Codex Vaticanus gr. 96 (Φ), que contiene algunos capítulos de las Historias , además de la Historia de los animales.

Ediciones y traducciones
La editio princeps de las Historias curiosas corrió a cargo de Camilo Perusco en el año 1545, bajo el patrocinio del papa Pablo III, a quien la obra está dedicada y recomendada como tesoro de erudición histórica. El texto siguió siendo editado con profusión. En 1556 C. Gesner hizo una nueva edición corrigiendo errores de la princeps. J. Tornesio editó la obra en tres ocasiones, siguiendo el texto de Gesner y añadiéndole un índice de términos y de noticias históricas. J. Scheffer mejoró sus ediciones (1647 y 1662) con notas eruditas de Aristóteles, Plutarco, Estrabón y Ateneo, y un índice de expresiones griegas. La edición de T. Faber (1668) no aporta ninguna novedad salvo alguna propuesta de enmienda. J. Kühn (1685) fue el primer editor tras Perusco que incorporó la lectura de nuevos manuscritos (tres parisinos), además de añadir los fragmentos de Suda. Paso fundamental en el proceso de conocimiento de la Historias curiosas fue la labor de J. Perizonio (1701), quien, además de añadir cinco nuevos manuscritos, preparó extensas notas con textos paralelos, fuentes y testimonios. Sigue siendo un trabajo imprescindible. Tras éste, sólo la edición de A. Gronovio (1731) es de alguna utilidad, pues además de incorporar algunas nuevas lecturas, recoge fielmente las notas de todos sus antecesores.
De las ediciones contemporáneas deben citarse tres: R. Hercher, que en sucesivas reimpresiones ha fijado la base del texto actual; M. R. Dilts, cuyo texto se ha seguido para esta traducción; N. G. Wilson, que siguiendo el texto de Dilts, ofrece la traducción inglesa.
El texto de Eliano, muy al gusto de los humanistas, pronto fue traducido. Justo Vultejus la vertió al latín tres años después y en 1550 conoció su primera versión italiana, por obra de G. Laureo. La primera traducción inglesa data de 1576. Las primeras traducciones a la lengua francesa son más tardías (1764 y 1772). Mención especial merece la labor de A. Korais, erudito y patriota griego, quien, pretendiendo promover un nuevo Renacimiento Griego que acompañara la independencia, pensó que la mejor forma de estimularlo sería abrir una serie editorial que ofreciera lo mejor del mundo antiguo: y comenzó con Eliano. En España, en cambio, la obra no ha gozado de fortuna. No conozco ninguna traducción a nuestra lengua y sólo puedo indicar el uso escolar de algunos de sus fragmentos, lo que no ha sido suficiente para otorgarle mayor reconocimiento.
BIBLIOGRAFÍA
Ediciones y traducciones
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Además de la traducción de Wilson al inglés deben citarse las siguientes que han sido utilizadas con provecho para la presente obra:
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1 La noticia biográfica puede consultarse en J. M. DÍAZ-REGAÑÓN LÓPEZ , Claudio Eliano. Historia de los animales , I, Madrid, Gredos, 1984, págs. 7-8. B. P. REARDON , Courants littéraires grecs des IIe et IIIe siècles après J. Chr ., París, 1971, págs. 225-226, 240-241. Véase también E. Bowm, «ELIANO », en P. E. EASTERLING y B. H. W. KNOX (dirs.), Historia de la literatura clásica I, Madrid, Gredos, 1990, págs. 731-732.
2 CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , Stromateis VI, 2, 1. A. MÉHAT , Étude sur les Stromates de Clément d’Alexandrie , París, 1966, págs. 96-114.
3 Véase, por ejemplo, la Silva de varia lección del humanista sevillano PEDRO MEXÍA . A. RALLO GRUSS , «Las misceláneas: conformación y desarrollo de un género renacentista», Edad de Oro III (1984), 159-180.
4 FILÓSTRATO , Vida de los sofistas 624.
5 III 13, 34, 38-41; IV 6, 8-9, 18, 20-21, 23, 27; V 2, 4, 15-17; VI 3, 6; VII 4, 7-8, 16; VIII 3, 5, 17, 19; IX 2-3, 6, 12, 15, 40; X 20-21, 23; XI 1-3, 11; XII 6-7, 11-12, 16-17, 48; XIII 21, 27, 45; XIV 2, 12, 22, 29, 35, 41, 47. En la traducción no se ha respetado la forma del epítome.
6 VII 7; IX 33; XIV 3.
7 ELIANO , Historia de los animales , «Epílogo»; FILÓSTRATO , Vida de los sofistas 624.
8 ELIANO , Historia de los animales , «Prólogo».
9 G. W. BOWERSOCK , Greek Sophists in the Roman Empire , Oxford, 1969. B. P. REARDON , Courants littéraires …, págs. 80-96.
10 Los pocos ejemplos de posibles influencias en W. SCHIMD , Der Atticismus in seinen Hauptvertretern III , Hidelsheim, 1964, pág. 259. Para un análisis social de la situación lingüística en el Oriente romano: S. SWAIN , Hellenism and Empire. Language, Classicism and Power in the Greek World AD 50-250 , Oxford, 1996, págs. 17-42.
11 B. P. REARDON , Courants littéraires …, págs. 99-232.
12 S. SWAIN , Hellenism and Empire …, págs. 65-100.
13 H. I. MARROU , Historia de la educación en la Antigüedad , Madrid, 1985, págs. 189-283.
14 Han sobrevivido, enteras o parcialmente conservadas, las obras de Amonio, Elio Dionisio, Pausanias (maestro de Eliano en Roma, FILÓSTRATO , Vida de los sofistas 625), Frínico, Pólux, Meris, etc. C. SERRANO AYBAR , «Historia de la lexicografía griega antigua y medìeval», en F. RODRÍGUEZ ADRADOS (ed.), Introducción a la lexicografía griega , Madrid, 1977, 61-106.
15 B. P. REARDON , Courants littéraires …, págs. 219-231.
16 G. ANDERSON , «The pepaideumenos in Action: Sophists and their Outlook in the Early Roman Empire», Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt (ANRW) II 33, 1, Berlín-Nueva York, 1989, 79-208.
17 A. BARIGAZZI , «Favorino di Arelate», ANRW , II 34, 1, Berlín-Nueva York, 1993, págs. 568-570.
18 G. ANDERSON , «Aulus Gellius: a Miscellanist and his World», ANRW II 34, 2, Berlín-Nueva York, 1994, págs. 1834-1862.
19 G. ANDERSON , «The pepaideumenos in Action…», págs. 118-145.
20 A. MICHEL , «Rhétorique et philosphie au second siècle après J. C.», ANRW II 34, 1, Berlín-Nueva York, 1993, 3-78. G. ANDERSON , The Second Sophistic. A Cultural Phenomenon in the Roman Empire , Londres, Routledte, 1993, págs. 133-143.
21 PH . DE LACY , «Plato and the Intellectual Life of the Second Century A.D.», en G. W. BOWERSOCK , (ed.), Approaches to the Second Sophistic , Pennsylvania, 1974, págs. 4-11.
22 III 12. Las discusiones léxicas también preocuparon a Aulo Gelio y Ateneo: G. ANDERSON , «Aulus Gellius…», págs. 1841-1845; «Athenaeus: the Sophistic Environment», Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt II 34, 3, Berlín-Nueva York, 1997, pág. 2175.
23 Filósofos y medicina: IX 22 y 23.
24 I 17; II 3, 44; IV 4, 12; VIII 8; X 2, 10; XII 2, 41; XIII 22, 43; XIV 37, 47. G. ANDERSON , The Second Sophistic …, págs. 144-155.
25 E. R. DODDS , Paganos y cristianos en una época de angustia , Madrid, Ediciones Cristiandad, 1975.
26 J. ALVAR , Los misterios. Religiones orientales en el Imperio Romano , Barcelona, Critica, 2001.
27 XII 7, VI 14, VI 11.
28 L. PERNOT , La rhétorique de l’éloge dans le monde gréco-romain, I , París, 1993, págs. 56-60.
29 L. PERNOT , La rhétorique de l’éloge …, págs. 60-63. F. GASCÓ , «Para una interpretación histórica de las declamaciones en tiempos de la segunda sofística», Athenaeum 80 (1992), 421-431.
30 Los ejemplos son numerosos: IV 8; V 13; VI 10, 12; VII 3, 7, 19; IX 16; XII 49, 60; XIII 24.
31 Es el caso de XIII 1, donde detine la narración de la leyenda de Atalanta para describir su antro.
32 IX 32; X 2; XII 5, 13, 17, 19, 63; XIII 8, 33; XIV 35. Este era un asunto muy querido por Ateneo: G. ANDERSON , «Athenaeus…», pág. 2181.
33 IX 3, 14, 39; XI 41.
34 G. ANDERSON , The Second Sophistic …, págs. 171-199; A. S. PEASE , «Things without honor», Class. Phil . 21 (1926), 27-42.
35 FILÓSTRATO , Vida de los sofistas 487.
36 S. WALKER y A. CAMERON , The Greek Renaissance in the Roman Empire , Londres, 1989. E. L. BOWIE , «Hellenes and Hellenism in Writers of the Early Second Sophistic», en S. SAID (ed.), Hellenismos. Quelques jalons pour une histoire de l’identitè grecque , Leiden, 1991, págs. 183-204. S. SWAIN , Hellenism and Empire …, págs. 17-42.
37 P. CEAUSESCU , «La double image d’Alexandre le Grand à Rome. Essai d’une explication politique», Studii Clasice 16 (1974), 154 ss.
38 Esta era la vieja tesis, hoy no admitida, de A. PERETTI , Luciano. Un intelletuale greco contro Roma , Florencia, 1946.
39 E. L. BOWIE , «Greeks and their Past in the Second Sophistic», Past and Present 46 (1970), 1-41 (= M. I. FINLEY , ed., Estudios sobre historia antigua , Madrid, 1981, págs. 185-231).
40 S. SWAIN , Hellenism and Empire …, págs. 67-79.
41 Algunos pasajes en los que aparece Roma o Italia, sus gentes, pueblos y héroes: II 38; III 34; IV 1; VII 11, 16, 21; IX 12, 16, 32; X 19; XII 6, 11, 14, 25, 33, 43; XIV 45.
42 B. P. REARDON , «The Second Sophistic and the Novel», en G. W. BOWERSOCK , (ed.), Approaches to the Second Sophistic , Pennsylvania, 1974, págs. 23-29. S. SWAIN , Hellenism and Empire …, págs. 101-131.
43 M. BRIOSO SÁNCHEZ y A. VILLARRUBIA MEDINA , eds., Consideraciones en torno al amor en la literatura de la Grecia antigua , Sevilla, 2000, págs. 145-225. C. GARCÍA GUAL , «La invención del amor romántico en las novelas griegas», Apología de la novela histórica y otros ensayos , Barcelona, Península, 2002, págs. 91-107.
44 D. KONSTAN , Sexual Symmetry. Love in the Ancient Novel and Related Genres , Princeton, 1994.
45 J. F. KINDSTRAND , «Claudius Aelianus und sein Werk», ANRW II 34.4, Berlín-Nueva York, 1998, págs. 2971-2977.
46 Las referencias a estos autores se encontrarán en el índice que acompaña el volumen.
47 Las indicaciones generales a la comedia, sin indicación del autor: III 15; X 6; XIII 15; y XIII 43. El aprecio de Eliano por Menandro queda atestiguado por los epigramas de Inscriptiones Graecae XIV 1183. E. L. BOWIE , «Greek Sophists and Greek Poetry in the Second Sophistic», ANRW II 33, 1, Berlín-Nueva York, 1989, págs. 245-247.
48 XIV 20.
49 En las notas de la traducción se podrá encontrar otras referencias.
50 IV 8, inspirado en ISÓCRATES , VI 44-46.
51 Jenofonte es recordado como fuente en dos pasajes (VII 14 y XIII 32), pero es utilizado en otros dos III 17 y 24.
52 Heródoto se cita como fuente en II 41. Además de éste, otros pasajes dependen de su obra: II 14; III 26; VI 2; VIII 18; IX 39; XII 24, 40; XIII 17.
53 Si los epigramas recogidos en Inscriptiones Graecae (IG ) XIV 1168 son realmente de Eliano, constituirían un testimonio más de la estrecha vinculación intelectual con el poeta épico. E. L. BOWIE , «Greek Sophists and Greek Poetry…», págs. 244-245.
54 J. BOMPAIRE , «Les historiens classiques dans les exercices préparatoires de rhétorique (Progymnasmata)», en Recueil Plassart. Études sur l’antiquité grecque , París, 1976, págs. 1-7. C. A. GIBSON , «Learning greek history in the ancient classroom: the evidence of the treatises on progymnasmata», Classical Philology 99 (2004), 103-129.
55 XII 61.
56 T. FABER , Claudii Aeliani varia historia , 1668. La opinión de que se trata de una interpolación hecha cuando el texto de Eliano fue epitomizado: A. DILLER , «The Authors named Pausanias», Transactions of the American Philological Association 86 (1955), 272 y «Pausanias in the Middle Age», Trans. Amer. Phil. Ass . 87 (1957), 88. Recientemente: S. SWAIN , Hellenism and Empire …, pág. 330.
57 Los más recientes editores de Eliano mantienen la frase (M. R. Dilts y E. Cary), así como los editores de Pausanias: M. CASEVITZ , J. POUILLOUX , F. CHAMOUX , Pausanias: Description de la Grèce, I , París, Budé, 1999, pág. X.
58 Es difícil establecer las fechas de la composición de la Descripción de Grecia , pero parece que su fecha ante quem es el 180.
59 Además de las que el lector irá descubriendo en las notas a la traducción, merece ser citada aquí la noticia de la existencia de dos Safos, poetisa una, prostituta otra, que sólo recogen ATENEO , 596E y ELIANO , Histor. cur . XII 19. Asimismo, las noticias sobre el cortejo de Esmindírades de Síbaris sólo figuran en ellos: ATENEO , 273C y ELIANO , Histor. cur . XII 24.
60 Por ejemplo, I 27 y la versión de ATENEO , 415B-416E, más prolija.
61 IX 3, donde se describe la tienda de Alejandro. ATENEO , 539C-F, ofrece como fuentes los nombres de Filarco y Agatárquides. Los ejemplos pueden multiplicarse. En otras ocasiones Eliano cita, al igual que su colega, la fuente original: IX 11 y ATENEO , 543C-F.
62 ATENEO , 512B-C, y ELIANO , Histor. cur . IV 22, hablan del lujo de los antiguos atenienses dependiendo de TUCÍDIDES , I 6, 3, pero añadiendo detalles que no figuran en el historiador ateniense.
63 Es especialmente notable en los casos en que Eliano recuerda a bebedores y glotones: I 26 y 27, vinculados a ATENEO , 415A-E; III 14 y 15, dependientes de ATENEO , 442C-443A.
64 Es es el caso, por ejemplo, de I 24 y la historia de Lépreo, recogida en ATENEO , 415 AB. En III 20 la anécdota referida en Eliano a Lisandro se atribuye a Agesilao en ATENEO , 657B-C.
65 F. RUDOLPH , De fontibus quibus Aelianus in Varia Historia componenda usus sit , Leipzig, 1884; «Zu den Quellen des Aelian und Athenaios», Philologus 52 (1894), 652-663. Este autor defiende la vinculación exclusiva con Favorino.
66 Las noticias sobre estas obras y su trascendencia posterior: A. BARIGAZZI , «Favorino di Arelate», págs. 568-570.
67 DIÓGENES LARECIO , II 13 y [DION DE PRUSA ], XXXVII 37.
68 DIÓGENES LARECIO , VI 66 y [DION DE PRUSA ], XXXVII 28.
69 ELIANO , Hist. cur . IV 20. DIÓGENES LARECIO , IX 50.
70 Lo mismo sucede en la Historia de los animales: A. F. SCHOLFIELD , Aelian. On the Characteristics of Animals, I , Londres, 1971, págs. xx-xxii.
71 PLUTARCO , Mor . 232F-233A.
72 PLUTARCO , Temístocles XVIII 4.
73 PLUTARCO , Pirro XXI.
74 Aristófanes de Bizancio es citado como fuente en XII 5, aunque para un asunto no zoológico.
75 A. F. SCHOLFIELD , Aelian. On the Characteristics of Animals, I , Londres, 1971, págs. XV -XVI .
76 M. R. DILTS , «The Manuscript Tradition of Aelian’s Varia Historia and Heraclides’ Politiae», Trans. Amer. Phil. Ass . 96 (1965), 57-72. M. R. DILTS , Claudius Aelianus. Historia Varia , Leipzig, 1974, págs. V-XII.
LIBRO I
1. Los pulpos poseen un estómago formidable y no tienen rival a la hora de comer cualquier cosa. Con frecuencia, no se privan ni de comerse unos a otros. Así, el ejemplar más pequeño, cuando es capturado por otro más grande y cae en sus poderosas redes —tentáculos se llaman— acaba convertido en su almuerzo. Los pulpos acechan a los peces de la siguiente manera: se sitúan bajo las rocas y se transforman hasta adquirir el color de estas, de manera que parecen poseer la misma naturaleza que las piedras. Así, los peces se acercan a los pulpos nadando en la creencia de que son una roca. Entonces los pulpos los capturan, desprevenidos, con sus propias redes, los tentáculos.
2. Las arañas ni conocen ni quieren conocer el arte de tejer ni su práctica, dones de la diosa Ergane 1 . ¿Para qué habría de usar un animal semejante un vestido de esa clase? Su 〈telaraña〉 es una red y funciona como una nasa para quienes en ella caen. La araña vigila la red sin apenas moverse, dando la impresión de que no tiene vida. Y cuando algo cae en la telaraña, sea lo que sea lo que haya caído, la araña ya tiene su banquete. En la red cae tanto cuanto ésta es capaz de soportar; eso es suficiente para alimentar a la araña.
3. Las ranas egipcias constituyen un linaje verdaderamente astuto. Y, en efecto, superan con mucho a las demás ranas. Pues cuando una rana tropieza con una culebra de agua en el Nilo, corta con los dientes un trozo de caña, lo coge transversalmente, lo sujeta con fuerza y por nada del mundo lo suelta. La serpiente es incapaz de devorar la rana que sujeta la caña porque su boca no puede tragarse todo el largo de la caña. Y de esta forma, las ranas derrotan con su astucia a la fuerza de las culebras.
4. Aquella otra costumbre de los perros egipcios también es una muestra de astucia 2 . No beben del río en manada, con tranquilidad y libertad, agachados y lengüeteando hasta saciar su sed, pues temen a las bestias que viven en el río. Van corriendo por las orillas y, a hurtadillas, beben cuanto pueden coger; y así una y otra vez. Y así se van saciando poco a poco pero sin perder la vida y, además, consiguen aplacar su sed.
5. De la zorra, no sólo es astuta aquella que vive en tierra, sino que la raza marina también es sagaz. Pues no desconfía del cebo ni recela de él, porque resulta ineficaz; sin duda, la zorra marina desprecia el anzuelo. Antes de que el pescador tire de su caña, la zorra salta, corta el sedal y vuelve a nadar. Muchas veces, por cierto, llega a tragarse dos y tres anzuelos, pero el pescador se queda sin cena porque la zorra continúa en el mar 3 .
6. Las tortugas marinas ponen los huevos en tierra firme. Tras haberlos puesto, rápidamente los ocultan en la tierra y, a continuación, tras volver sobre sus pasos hacia su medio natural, se echan a nadar. Pero tan capaces son de calcular el tiempo que ellas solas cuentan los cuarenta días en los que sus hijos, incubados los huevos, se convierten en seres vivos. Y así, tras volver de nuevo al lugar en el que ocultaron a sus criaturas, levantan la tierra que colocaron encima y se llevan con ellas al mar a sus crías recién nacidas, que ya pueden moverse y son capaces de seguir a su madre.
7. En efecto, los jabalíes no desconocen ni la medicina ni sus remedios. Éstos, cuando sin darse cuenta comen beleño, quedan paralizados en sus cuartos traseros y pierden sus fuerzas. Y no obstante, a rastras, son capaces de llegar hasta un curso de agua donde capturan cangrejos que comen con voracidad. Esos cangrejos se convierten en el fármaco de sus males y así recobran de nuevo la salud.
8. La tarántula es tan perniciosa para los ciervos como para los hombres, y pueden provocarles en poco tiempo la muerte. No obstante, si comen hiedra, la picadura no les produce ningún daño. Es necesario que la hiedra sea silvestre 4 .
9. Cuando un león está enfermo, nada le causa mejoría. El único remedio contra la enfermedad es devorar un mono.
10. Los cretenses son expertos arqueros y alcanzan con sus flechas las cabras que pastan en lo alto de los montes. Pero las cabras que han sido heridas van, inmediatamente, a comer de un hierba llamada díctamo 5 ; tan pronto como la han probado, todas las flechas que tuvieran clavadas se caen.
11. Ciertamente, los ratones son los animales con mayor capacidad profética. Pues ellos son los primeros en darse cuenta de que una casa está vieja y a punto de caerse. Abandonando las ratoneras que habían ocupado hasta entonces, huyen a toda velocidad y cambian de casa 6 .
12. Las hormigas, según he oído, también tienen ciertas dotes proféticas. Pues cuando se avecina un período de hambre, se muestran extraordinariamente afanosas en atesorar y en guardar para ellas los trigos y otras semillas que constituyen su alimentación.
13. Gelón de Siracusa 7 soñó que había sido alcanzado por un rayo. Por eso gritaba con fuerza y no de esa manera confusa y débil en la que se suele gritar durante el sueño: estaba profundamente aterrorizado por aquella pesadilla. Su perro, que dormía junto a él, quedó desconcertado por aquel grito y, dando vueltas en torno a su amo, ladraba muy fuerte, de modo amenazante e impetuoso. Gracias a estos ladridos Gelón se despertó y se liberó de aquella pesadilla 8 .
14. Aristóteles afirma 9 que el cisne es un animal que tiene muchos y hermosos hijos, pero que también es de temperamento fogoso. En efecto, a menudo se encolerizan y se lanzan a la lucha, llegando, incluso, a matarse entre ellos. El mismo autor afirma que los cisnes también luchan con las águilas 10 . Lo hacen para defenderse, pues no son ellos los primeros en atacar. Que son aves canoras es algo que se repite constantemente, pero yo nunca he escuchado cantar a un cisne y, probablemente, nadie lo haya hecho nunca. Pero la creencia general es que cantan. Y se dice, en efecto, que es en el momento final de su vida cuando su voz es más bella y más armoniosa. Los cisnes también cruzan el mar y vuelan sobre la superficie marina sin que sus alas se cansen.
15. Se dice que las palomas incuban sus huevos por turnos 11 . Más tarde, cuando los polluelos han nacido, el macho les escupe para apartar de ellos el mal de ojo, según se cuenta, y para evitar que sean víctimas de algún hechizo. Ése es su temor. La hembra pone dos huevos, de los que del primero siempre nace un macho y del segundo, una hembra. Las palomas ponen huevos en todas las épocas del año; de ahí que tengan hasta diez puestas anuales. Circula un dicho egipcio que afirma que las palomas en Egipto ponen doce veces.
Aristóteles afirma 12 que el pichón es diferente de la paloma. La paloma es, de hecho, más grande y el pichón más pequeño; la paloma puede ser domesticada y el pichón no. El mismo autor dice también que el macho no monta a la hembra hasta que la ha besado, pues sin ese beso las hembras no permiten el comercio con el macho. Añade también que las hembras se montan unas a otras cuando no tienen relaciones con los machos. Y no se fecundan mutuamente, pero ponen huevos de los que no les nacen polluelos. Si debemos creer a Calímaco, la paloma torcaz, la pýralis 13 , la paloma y la tórtola no poseen ninguna semejanza entre sí. Algunas tradiciones indias afirman que en la India hay palomas de plumaje amarillo como la miel.
Caronte de Lámpsaco 14 dice que en torno al monte Atos aparecieron palomas blancas cuando en aquella zona naufragaron las trirremes persas que intentaban doblar el promontorio.
En Érice, en Sicilia, en el mismo lugar en el que se encuentra el venerable y sagrado templo de Afrodita, en cierto momento del año los ericinios celebran con sacrificios la fiesta de la Zarpa, y dicen que Afrodita es llevada desde Sicilia a Libia. Entonces, las palomas desaparecen de la región como si, en efecto, hubiesen emigrado con la diosa. Sin embargo, todo el mundo afirma que de durante el resto del año un gran número de estas aves sobrevuela el templo de la diosa 15 .
A su vez, algunas leyendas aqueas cuentan que el mismo Zeus cambió su aspecto por el de una paloma cuando se enamoró de una doncella llamada Ftía. En Egio 16 vivía esta Ftía.
16. Cuando arribó la nave de Delos 17 y llegó el momento de ajusticiar a Sócrates, Apolodoro 18 , un compañero de Sócrates, se acercó a la prisión para traerle una cara túnica de lana finamente tejida y un manto de las mismas características. Le pidió que, tras vestirse con la túnica y envolverse en el manto, bebiese la cicuta. Argumentaba que no se vería privado de un buen entierro si moría así vestido, pues en efecto, con tales ropas su cadáver sería expuesto con toda dignidad. Ésa fue la petición que Apolodoro le hizo a Sócrates. Pero éste no admitió su propuesta, sino que dijo a quienes estaban con Critón, Simias y Fedón: «¿Y cómo puede Apolodoro tener una justa opinión de mí si está convencido de que, incluso tras este amistoso brindis que me ofrecen los atenienses y después de beber ese veneno, seguiré siendo Sócrates? Pues si cree que yo seré ese cuerpo que dentro de poco estará arrojado a sus pies y yacerá muerto, está claro que no me conoce».
17. Éstas son, en efecto, algunas de las maravillosas miniaturas salidas de manos de Mirmécides de Mileto y de Calícrates de Lacedemonia 19 . Hicieron unas cuadrigas que podían ocultarse bajo el ala de una mosca y en un grano de sésamo inscribieron con letras doradas un dístico elegiaco. Ninguna persona seria, a mi parecer, puede elogiar ninguna de estas obras. Pues ¿qué otra cosa son sino una pérdida inútil de tiempo?
18. ¿Cómo no iban a llevar una vida disoluta, a causa del lujo, muchas mujeres de entonces? Pues sobre sus cabezas se ponían unas altas diademas y calzaban sus pies con sandalias; de sus orejas colgaban grandes pendientes y no cosían sus túnicas desde los hombros hasta las manos, sino que las cerraban con broches de oro y plata. Y así vestían las mujeres de un pasado ya lejano. Del lujo de las mujeres atenienses dejemos que hable Aristófanes 20 .
19. Una historia popular y universalmente conocida dice que la causa de la destrucción de los sibaritas y de la misma Síbaris fue su gusto por el lujo excesivo 21 . Pero yo contaré lo que la mayoría no conoce. Pues también se dice que los habitantes de Colofón se perdieron por su extremo lujo. Estaban envanecidos por sus lujosos vestidos y cometían constantes abusos en los banquetes, arrastrados por un desenfreno que superaba cualquier límite. Y también el gobierno de los Baquíadas en Corinto 22 , que alcanzó tan gran poder, fue destruido por su afición al lujo fuera de toda medida.
20. Dionisio 23 saqueó los bienes de todos los templos de Siracusa. A la imagen de Zeus la despojó de sus vestiduras y ornamentos cuyo valor era, según se dice, de ochenta y cinco talentos de oro. Y puesto que los obreros no se atrevían a tocar la estatua, él mismo fue quien dio el primer golpe a la imagen. También despojó por completo a la imagen de Apolo, que tenía una melena de rizos de oro, tras dar la orden a alguien de que se la cortara. Navegó a Etruria y saqueó los bienes de Apolo y Leucotea, mandando a sus hombres que, tras levantar la copa del Genio Benéfico en honor al dios, desmantelaran la mesa de plata que estaba situada delante de la estatua de Apolo.
21. No querría pasar por alto una acción de Ismenias de Tebas que podría considerarse tan sabia como propia del genio griego. Cuando éste sirvió de embajador en favor de su patria, se presentó ante el rey persa y pidió entrevistarse personalmente con él para tratar los asuntos por los que allí había ido. El oficial encargado de introducir las legaciones ante el rey y de presentar a los peticionarios le dijo: «Pero, extranjero tebano (y, usando la lengua persa, se hacía entender por medio de un intérprete; Titraustes era el nombre del oficial), hay una norma tradicional entre los persas: quien llega a la presencia del rey no puede hacer uso de la palabra hasta que no se haya postrado ante él. Y, por tanto, si quieres entrevistarte personalmente con él, tendrás que respetar nuestra norma. Pero si no, por mediación nuestra obtendrás el mismo resultado y no tendrás que arrodillarte». Ismenias le contestó: «Llévame ante él». Cuando entró y se encontró a la vista del rey, quitándose el anillo que llevaba, lo arrojó, sin ser visto, junto a sus pies. Rápidamente se agachó como si se estuviera arrodillando y recogió el anillo. Al rey persa le dio la impresión de que se había postrado, aunque en verdad no había hecho nada que pudiera avergonzar a un griego. Consiguió cuanto quiso y nada le fue negado por el rey.
22. Los regalos que el rey entregaba a los embajadores que llegaban a su presencia, ya proviniesen de Grecia o de cualquier otra parte, eran los siguientes: a cada uno le concedía un talento babilonio de plata acuñada y dos pateras de plata de un talento cada una. Un talento babilonio equivale a setenta y dos minas áticas 24 . Les entregaba también unos brazaletes, una daga y un collar, valorados en mil dáricos 25 ; y, además de todo esto, un vestido persa. El nombre de este vestido era «Dorofórica» 26 .
23. Entre los griegos de antaño Gorgias de Leontinos gozaba de mayor reputación que Filolao, de la misma manera que Protágoras superaba a Demócrito, aunque en sabiduría les eran tan inferiores como los niños respecto a los adultos 27 . La fama, en efecto, no parece gozar de una vista penetrante ni de un fino oído. Y por tanto, con frecuencia, yerra: en unas ocasiones es muy complaciente y en otras embustera.
24. De Caucón, hijo de Posidón, y de Astidamía, hija de Forbante, nació un hijo, Lépreo, quien aconsejó a Augias que encadenara a Heracles cuando éste le reclamó el salario por su trabajo. Y como era previsible, tras haber dado ese consejo, Lépreo se convirtió en enemigo de Heracles. Algún tiempo después, el hijo de Zeus llegó a casa de Caucón y, a petición de Astidamía, olvidó su odio hacia Lépreo. Pero una fuerte rivalidad los invadió; compitieron en lanzamiento de disco, a ver quién sacaba más agua y quién era el primero en comerse un toro. Y en todas estas pruebas Lépreo fue derrotado. Hicieron también un concurso para ver quién bebía más y, de nuevo, se impuso Heracles. Profundamente afligido, Lépreo, tras tomar sus armas, retó a Heracles a un combate singular. Y así, puesto que murió en el combate, pagó su culpa por aquel consejo dado a Augias 28 .
25. Alejandro, el hijo de Filipo (o si se prefiere, el hijo de Zeus 29 ; no hay diferencia para mí), en sus cartas sólo incluía la fórmula de saludo, según se cuenta, cuando escribía a Foción 30 , el general ateniense. ¡Tanta impresión había causado Foción en el macedonio! Le envió también cien talentos de plata y le puso por delante el nombre de cuatro ciudades, pidiéndole que escogiera una de ellas, la que quisiera, para beneficiarse de sus rentas. Las ciudades eran Cíos, Elea, Milasa y Pátara 31 . El ofrecimiento de Alejandro testimoniaba su grandeza de espíritu y generosidad. Pero mayor fue la magnanimidad de Foción, quien no aceptó ni el dinero ni la ciudad. Pero como de ninguna manera quería dar la impresión de que desdeñaba a Alejandro, de la siguiente forma lo honró. Le pidió que dejara libres, en su nombre, a aquellos hombres que estaban prisioneros en la acrópolis de Sardes: el sofista Ececrátides, Atenodoro de Imbros, y Damarato 〈y Espartón〉 32 . Estos últimos eran dos hermanos de Rodas.
26. Tengo noticia de una mujer, de nombre Aglaide, hija de Megacles, que tocaba la trompeta; éste era su oficio y arte. Llevaba una peluca y un penacho sobre la cabeza. Y así lo confirma Posidipo 33 . Sus comidas consistían en doce minas de carne y cuatro medidas de pan. Y se bebía una jarra de vino 34 .
27. Se cuenta que los siguientes hombres fueron grandes comedores: Litierses 35 de Frigia, Cambletes de Lidia, Tis de Paflagonia, Carilao, Cleónimo, Pisandro 36 , Caripo, Mitrídates del Ponto 37 , Calamodris de Cícico, Timocreonte de Rodas (quien fue, además de atleta, poeta), el persa Cantíbaris y Erisictón 38 , el Mirmidón, quien, por esto era llamado también «Ardiente» 39 . Se cuenta, también, que en Sicilia hay un templo a la Glotonería y una imagen de Deméter Cerealista. Reconoce el poeta Alcmán que él mismo tenía un gran apetito. Y Anaxilao, el poeta cómico, dice que también un tal Ctesias comía mucho 40 .
28. Yo quiero hablaros ahora de un dicho rodio. Se dice que, en Rodas, quien se detiene a mirar el pescado con admiración tiene mejor apetito que nadie y, así, sus conciudadanos lo elogian por su distinción. En cambio, a quien inclina sus gustos hacia la carne, los rodios lo desprecian como individuo vulgar y glotón. Pero renuncio a examinar si tienen razón o están equivocados en sus opiniones.
29. Las gentes de Cos cuentan que en aquella isla una oveja, que pertenecía a un rebaño del tirano Nicias 41 , parió, pero que no dio a luz un cordero sino un león. Este presagio le anunció a Nicias su futura tiranía cuando todavía era un ciudadano particular.
30. El rey Ptolomeo tuvo un amante que se llamaba Galestes 42 , de bellísimo aspecto. Pero el carácter de este joven era aún mejor que su apariencia. Muchas veces, el propio Ptolomeo fue testigo de esa cualidad y le decía: «Mi querido muchacho, nunca has causado mal a nadie, mientras que has procurado innumerables bienes a muchos». Un día el joven estaba montando a caballo con el rey cuando vio a lo lejos a unos reos a los que llevaban para ajusticiar. Aquel espectáculo no lo dejó indiferente, sino que le dijo a Ptolomeo: «Rey, puesto que, gracias a alguna divinidad favorable a esos reos, nosotros estamos montados a caballo, si te parece bien, aceleremos nuestra marcha y vayamos tras ellos con más brío; seamos como los Dioscuros 43 para aquellos desgraciados,
Salvadores en aquel lugar y benévolos guardianes 44
que es lo que se dice de aquellos dioses». El rey se alegró extraordinariamente por su bondad y apreció por encima de todo su carácter misericordioso. Y así, salvó a aquellos hombres y acrecentó el amor que sentía por aquel joven.
31. Ésta es una costumbre persa que se observa escrupulosamente. Cuando el rey se encamina hacia Persia, todos y cada uno de los persas le ofrecen alguna cosa según sus posibilidades. Puesto que se dedican a la agricultura, trabajan el campo y viven del esfuerzo de sus manos no le ofrecen regalos fastuosos ni excesivamente costosos, sino bueyes y ovejas; unos, trigo; otros, vino. Conforme el rey va avanzando y pasa por delante, cada uno le ofrece alguna de estas cosas, a las que llaman dones. Y así los considera el rey. Quienes son aún más pobres que éstos le ofrecen leche, dátiles y queso, además de los frutos del tiempo y las demás primicias de su región.
32. La que sigue es otra historia persa. Cuentan que un persa, cuyo nombre era Sinetes, se encontró, lejos de su hacienda, con aquel Artajerjes al que llamaban Mnemón 45 . Puesto que había sido sorprendido lejos de su casa, se angustió por temor a la ley y a la falta de consideración ante su rey. Al carecer de lo necesario para aquellas circunstancias y haciéndosele insoportable la idea de quedar por detrás de los otros persas o de parecer indigno por no poder hacer la ofrenda de presentes al rey, bajó a la carrera hasta el río que corría por las cercanías —río que se llamaba Ciro—, metió los pies en el agua y, agachándose, cogió agua con las manos y dijo: «¡Rey Artajerjes, que reinéis eternamente! Ahora yo te honro como puedo para que no te marches sin haber recibido, en la medida de mis fuerzas, mi muestra de respeto. Te honro con agua del río Ciro. Cuando llegues al final de tu jornada, desde mi casa yo podría enviarte mis mejores y más valiosas pertenencias. De esta forma te honraré y yo no quedaré por detrás de quienes ya te han dado la bienvenida con sus regalos». Artajerjes quedó complacido con aquellas palabras y le contestó: «Acepto contento, hombre, tu regalo. Lo considero uno de los más valiosos y afirmo que es de igual valor que los demás; en primer lugar, porque
el agua es la mejor de las cosas 46 ,
en segundo lugar, porque lleva el nombre de Ciro. Y de todas maneras te presentarás ante mí, en mi campamento, cuando haga un alto». Tras estas palabras ordenó a sus eunucos que tomaran el regalo de aquel hombre. Estos se acercaron corriendo y recogieron el agua de las manos de aquel hombre en una taza de oro. Cuando llegó al lugar donde iba a hacer la parada, el rey envió a aquel hombre un vestido persa, una taza de oro y mil dáricos. Ordenó también a quien llevaba los presentes que dijera a aquel hombre cuando los recibiera: «El rey te ordena que alegres tu alma con todo este oro, puesto que tú alegraste la suya al no permitir que fuera despreciada y quedara sin honrar. Al contrario, lo honraste como te fue posible. Te ordena también que bebas del agua de aquel río sacándola con esta taza».
33. Omises llevó al rey Artajerjes, que estaba de viaje por Persia, una enorme granada en un cesto. El rey, atónito por el tamaño de la granada, dijo: «¿De qué huerto me traes este don?». Puesto que le contestó que del de su casa, de sus propias tierras, el rey se alegró sobremanera, le envió regalos dignos de un rey y añadió: «Por Mitra 47 , este hombre, con tal diligencia podría, a mi entender, convertir una pequeña ciudad en una grande» 48 . Esta historia parece demostrar que cualquier cosa puede superar sus límites naturales gracias a la dedicación y al suficiente interés así como por el trabajo constante.
34. Un hombre, perteneciente a la estirpe de los mardos 49 , de nombre Racoces, tuvo siete hijos. El más joven, que se llamaba Cartomes, cometía continuas tropelías contra sus hermanos mayores. Al principio el padre intentó educarlo y corregirlo con la palabra, pero, como no obedecía, un día, cuando llegaron los jueces de la región al lugar donde habitaba el padre del joven, cogió al niño y, atándole las manos a la espalda, lo condujo ante los jueces. Denunció pormenorizadamente todo cuanto le había soportado y pidió a los jueces que ejecutaran al joven. Los jueces quedaron estupefactos y decidieron no asumir la responsabilidad de la condena, sino que llevaron a ambos ante Artajerjes, el rey persa. Y cuando el mardo contó su historia, el rey le respondió: «¿Así que vas a tener el valor de presenciar con tus propios ojos la muerte de tu hijo?». «Sin duda alguna», contestó. «Pues cuando en el huerto arranco y elimino las hojas amargas que nacen de las lechugas que crío, ni siquiera su madre, la propia lechuga, se aflige, sino que crece más y se hace más grande y dulce. Y así ocurrirá conmigo, Rey, pues al contemplar cómo perece quien daña mi propia casa y la vida de sus hermanos, viendo que se pone fin al mal que se les hacía, yo mismo medraré y seré testigo de que los demás miembros de mi familia disfrutan de la misma buena fortuna que yo». Al escuchar estas palabras, Artajerjes alabó a Racoces y lo nombró uno de sus consejeros reales, diciendo a los presentes que quien se muestra tan justo con respecto a sus propios hijos habría de ser, en los asuntos ajenos, un juez concienzudo e íntegro. Pero liberó al joven de la pena propuesta, amenazándolo con la muerte más terrible, si se le sorprendía sumando alguna nueva fechoría a las ya cometidas.

1 Ergane es la advocación de Atenea como inventora del arte de tejer y, por extensión, como protectora de todas las artes. La afirmación con la que inicia el capítulo niega lo dicho por el propio ELIANO , Hist. an . VI 57 y otros autores como PLINIO , Hist. nat . VIII 7-8 y PLUTARCO , Mor . 966C.
2 ELIANO , Hist. an . VI 53. PLINIO , Hist. nat . VIII 148.
3 ELIANO , Hist. an . IX 12 y ARISTÓTELES , Hist. an . 621a 12.
4 Cf. XIII 35.
5 Esta planta era muy utilizada en la Antigüedad como fármaco por el efecto purgante de su aceite. ARISTÓTELES , Hist. an . 612 a 3.
6 ELIANO , Hist. an . XI 19, recuerda que así ocurrió durante el terremoto que destruyó la ciudad de Hélice en el año 373 a. C.
7 Gelón fue uno de los grandes tiranos griegos de Sicilia, que gobernó Siracusa entre los años 485 y 478 desde donde fundó un imperio regional. Derrotó a Cartago en la batalla de Hímera, en el 480. H. BERVE , Die Tyrannis bei den Griechen , Múnich, 1967, 140-147.
8 ELIANO , Hist. an . VI 62. La fama de este perro hizo que nos haya llegado su nombre: Pirro. PLINIO , Hist. nat . VIII 144.
9 ARISTÓTELES , Hist . an. 615 a.
10 ELIANO , Hist. an . V 34 y XVII 24. ARISTÓTELES , Hist. an . 610 a.
11 Este pasaje, a pesar de citar diversas autoridades, parece derivado directamente de ATENEO , 394 B-395 A.
12 ARISTÓTELES , Hist. an . 544a-b.
13 El término indica una variedad de paloma que no ha sido identificada.
14 Caronte de Lámpsaco es un logógrafo probablemente contemporáneo de Heródoto, aunque de una generación anterior. Entre sus obras figura unas Historias persas (Persiká ) de donde quizás provenga esta anécdota, recordada, por otra parte, también en HERÓDOTO , VI 44. M. MOGGI , «Autori grechi di Persiká, 2: Carone di Lampsaco», An. Sc. Nor. Pisa 7 (1977), 1-26.
15 Cf. Hist. an . IV 2. También se celebraba en la misma ciudad la fiesta del Retorno de Afrodita.
16 Ciudad de Acaya a unos 40 Km al este de Patras.
17 La peregrinación anual a Delos era una rememoración ritual del mito de Teseo y el Minotauro. El héroe ateniense, enviado a Creta, fue capaz de matar al Minotauro y eliminar el terrible tributo que la ciudad le pagaba: catorce jóvenes, siete varones y siete muchachas. PLATÓN , Fedón 58 a-c. Mientras la nave estaba ausente en la ciudad se desarrollaban ritos de purificación, quedando prohibidas las ejecuciones de los condenados.
18 Apolodoro es uno de los más fieles seguidores de Sócrates, caracterizado por su simpleza, pero absolutamente entregado al maestro, al que acompañó en el tribunal y en la cárcel. Era llamado irónicamente «el blando», aunque en realidad resultaba una persona de trato rudo para todos salvo para Sócrates. PLATÓN , Banquete 172-3.
19 Estos dos escultores suelen ser citados juntos. Las fechas en que vivieron son desconocidas. Se les considera los legendarios autores de esculturas microscópicas.
20 Se refiere a una comedia perdida de ARISTÓFANES , Las segundas Tesmoforiantes , de la que únicamente se conservan quince versos.
21 Esta colonia griega del sur de Italia, fundada en torno al 720 a. C., se hizo famosa por la afición al lujo de sus habitantes. Próspera durante la época arcaica, fue destruida en 510 a. C. Fracasaron los intentos de refundación hasta que Atenas organizó en su solar una nueva colonia, Turios (444 a. C.).
22 Esta familia aristocrática gobernó Corinto desde el año 750 a. C. hasta el 657 a. C., cuando fueron expulsados por Cípselo, quien se convertiría en tirano. Bajo el mando de aquel clan, la ciudad prosperó gracias al comercio hasta merecer el apelativo de «Feliz». J. SALMON , Wealthy Corinth: a History of the City to 338 B.C ., Oxford, 1984.
23 Dionisio I, tirano de Siracusa (ca . 430-367). Entre sus múltiples campañas en todos los frentes (contra los griegos de Sicilia y del Sur de Italia, contra los cartagineses) también organizó una expedición a Etruria donde saqueó Pirgos, el puerto de la ciudad de Caere (384 a. C.); H. BERVE , Die Tyrannis … 221-260; B. CAVEN , Dionysius I. War-Lord of Sicily , New Haven, 1990.
24 La mina ática pesaba 431 gr. El talento ático estaba compuesto por sesenta minas.
25 El dárico oscilaba entre unos 8, 25 y 8, 46 gr. Equivalía, por tanto, a dos dracmas áticas de 4, 31 gr. Cien dracmas hacían una mina ática.
26 «Ofrecido como regalo».
27 Una de las razones de los emparejamientos de este capítulo quizás sea el deseo de contraponer los dos sofistas más importantes, protagonistas ambos de diálogos platónicos, Gorgias (248-380 a. C.) y Protágoras de Abdera (490-420 a. C.), con dos auténticos filósofos, Filolao de Cretona, pitagórico, contemporáneo de Sócrates y recordado por PLATÓN sólo en Fedón 61d6, y Demócrito de Abdera, filósofo que convirtió la risa en su bandera, cuya doctrina posiblemente conoció Platón, aunque nunca lo mencionó en sus obras. Una segunda razón quizás fuera la de ofrecer ejemplos en que los discípulos, siendo inferiores intelectualmente, gozaron de mayor fama que sus maestros. DIÓGENES LAERCIO , IX 50, hace de Protágoras discípulo de Demócrito, aunque argumentos cronológicos impiden asegurar la vinculación real entre los dos personajes. M. UNTERSTEINER , Les sophistes I , París, 1993, págs. 18-19.
28 La historia de Lépreo también la cuenta ATENEO , 412A-B, aunque las diferencias entre las dos versiones parecen impedir la filiación; J. ALVAR EZQUERRA (dir.), Diccionario Espasa. Mitología universal , Madrid, Espasa, 2000, s.v . «Lépreo».
29 PLUTARCO , Alejandro II-III, donde se recuerdan los prodigios de su concepción.
30 Foción, hijo de Foco, (402-318 a. C.) es uno de los personajes favoritos de Eliano. Reconocido por su honradez, fue el ateniense que en más ocasiones fue elegido estratego (general): 45 veces entre los años 371 y 318. Este episodio: PLUTARCO , Foción 17, 10-18, 7.
31 Las cuatro son ciudades de Asia Menor. Cíos era el puerto de Nicea y Prusa, en Bitinia. Elea servía de puerto a la ciudad de Pérgamo. Milasa estaba situada en Caria y Pátara en Licia.
32 El texto se completa siguiendo a PLUTARCO , Foción 18, 7.
33 Posiblemente se trate del poeta epigramático Posidipo de Pela (primera mitad del s. III a. C.), autor de una veintena de breves poemas, conservados en la Antología Palatina , de tema erótico o convival.
34 La anécdota posiblemente deriva de ATENEO , 415 A-B, quien la refiere a una procesión celebrada en Alejandría durante el siglo III .
35 Hijo del rey Midas, segador famoso, retaba a sus huéspedes a competir con él en esta tarea para acabar matándoles después de vencerlos. Heracles lo mató; cf. J. ALVAR , Diccionario…, s.v . «Litierses».
36 Posiblemente se trate del político ateniense que en la segunda mitad del s. V a. C. colaboró activamente en la instauración del régimen oligárquico de los Cuatrocientos. En la comedia se le critica por corrupto y cobarde, y se le ridiculiza por su gordura.
37 Mitrídates VI Eupátor (120-63 a. C.), el mayor enemigo de Roma en su expansión por Oriente durante el siglo I a. C.
38 Personaje tesalio (y de aquí su denominación de mirmidón) sobre el que un terrible castigo por su impiedad al talar una encina del bosque sagrado de Deméter. Consumido por un hambre insaciable, hubo de vender al mejor postor a su propia hija, Mestra, para así procurarse recursos y, en su locura, acabó devorándose a sí mismo; A. RUIZ DE ELVIRA , Mitología clásica , Madrid, Gredos, 1982, págs. 455-456; J. ALVAR , Diccionario…, s.v . «Erisictón».
39 CALÍMACO , Himnos VI 67, utiliza este mismo adjetivo para describir el hambre que torturaba a Erisictón.
40 Esta sección posiblemente sea un resumen de ATENEO , 415B-416E.
41 Tirano instalado en la ciudad por Marco Antonio en el año 41 a. C.
42 DIODORO SÍCULO , XXXIII 20-22 recuerda a Galestes como amigo de Ptolomeo VI, quien reinó entre los años 180 y 145 a. C.
43 Cástor y Pólux, que tenían la función de dioses guardianes. J. ALVAR , Diccionario…, s.v . «Dioscuros».
44 Verso yámbico de una tragedia sin identificar. B. SNELL , Tragicorum Graecorum Fragmenta, vol II , Gotinga, Vandenhoeck & Ruprecht, 1981, n° 14.
45 Artajerjes II, que reinó entre los años 405 y 359 a. C.
46 PÍNDARO , Olímpica I 1.
47 Dios persa, guardián de la lealtad, de la amistad, de los juramentos, dios de los sacrificios y también dios guerrero. En tiempos de Eliano estaba profundamente arraigado en el Imperio después de haber sufrido una importante transformación. J. ALVAR , Los misterios , Barcelona, 2001.
48 Se trata de Artajerjes I (465-424 a. C.). La historia aparece en PLUTARCO , Artajerjes 4, 5.
49 Una de las tribus que vivía dentro del Imperio Persa.
LIBRO II
1. Éstas fueron algunas de las palabras que Sócrates dirigió a Alcibíades 1 . A éste, cuando todavía era adolescente, le angustiaba y atemorizaba de manera especial tomar la palabra ante el pueblo. Sócrates, con la intención de animarlo y provocarlo, le dijo: «¿No sientes desprecio por aquel zapatero?» y añadió su nombre. Cuando Alcibíades asintió, Sócrates, tomando de nuevo la palabra, dijo: «¿Y por aquel que pregona entre corros de gente, o por aquel otro fabricante de tiendas?». Al mostrar su acuerdo el joven hijo de Climas, Sócrates le dijo: «Pues bien, el pueblo ateniense está formado por personas como ésas. Y si sientes desprecio por cada uno de ellos individualmente, debes despreciarlos también cuando están reunidos». Con estas enseñanzas el hijo de Sofronisco y Fenárete educaba noblemente al hijo de Clinias y Dinómaca.
2. En cierta ocasión, mientras Megabizo elogiaba unas pinturas mediocres y sin arte, a la vez que con vigor censuraba otras elaboradas con virtuosismo, los esclavos de Zeuxis 2 , que estaban triturando tierra melia 3 , empezaron a burlarse de él. Y entonces Zeuxis dijo: «Cuando estás callado, Megabizo, estos jóvenes sirvientes te admiran al contemplar tu indumentaria y el séquito que te acompaña pero, cuando te apetece hacer algún juicio sobre arte, sienten desprecio por ti. Conserva tu prestigio entre quienes te admiran controlando tu lengua y evitando hablar sobre aspectos que no son de tu competencia».
3. Alejandro tuvo ocasión de ver su propio retrato pintado por Apeles en Éfeso, pero no elogió el cuadro como se merecía. En cambio su caballo, que Alejandro había llevado ante el cuadro, relinchó al ver el caballo que había en aquella pintura como si éste fuera real. Y Apeles dijo: «Rey, mira, el caballo parece que entiende más de pintura que tú» 4 .
4. Quiero contaros una acción de Fálaris 5 impropia de él. Este acto testimonia una filantropía insuperable y por esto me parece que es impropio de aquel. Cantón de Acragante era un hombre amante de la belleza que se sentía extraordinariamente atraído por los dones de la juventud. Estaba locamente enamorado de Melanipo, quien era también de Acragante, además de un alma buena y de belleza extraordinaria. Fálaris ofendió a Melanipo. A este joven, que había demandado a uno de los amigos del propio tirano, Fálaris le ordenó que retirara la denuncia. Y puesto que no acató la orden, Fálaris lo amenazó con someterlo a los peores castigos por su desobediencia. Y así, el amigo de Fálaris salió victorioso contra toda justicia, porque Fálaris lo había ordenado y los magistrados anularon la causa que había motivado el pleito. El joven soportó esta situación con dolor; declarándose ofendido, Melanipo confesó su cólera a su amante y le pidió que se le uniera en una conspiración contra el tirano mientras se esforzaba en ganarse a otros jóvenes que —como bien sabía— estaban deseosos de participar en una empresa semejante. Caritón, al ver que Melanipo estaba entusiasmado y encendido en ira, pero sabiendo bien que ningún ciudadano se uniría a ellos por miedo al tirano, le dijo que él también albergaba el mismo deseo desde hacía mucho tiempo y que se esforzaba por todos los medios para salvar a la patria de la esclavitud en la que se encontraba; pero —añadió— que no sería seguro dar a conocer la empresa a mucha gente. Pidió a Melanipo que le dejara considerar estos propósitos con mayor profundidad y que le permitiera meditar sobre la ocasión oportuna para la acción. Y el joven se mostró de acuerdo.
Caritón decidió cargar con la responsabilidad de la empresa sobre sus espaldas, porque no estaba dispuesto a asociar a su amado como cómplice para que, en el caso de ser descubierto, fuera él solo quien sufriera castigo y no arrastrar al otro a los mismo males. Tan pronto como creyó que la ocasión era buena, con un puñal en la mano se lanzó contra el tirano. Pero no pasó inadvertido; fue descubierto puesto que los miembros de la guardia extremaban su vigilancia contra estos atentados. Fue arrojado a prisión por orden de Fálaris y torturado para que denunciara a sus cómplices. Pero Caritón se mantuvo firme y soportó los tormentos. Puesto que esta situación se prolongaba, Melanipo se presentó ante Fálaris y confesó no sólo que él era cómplice de Caritón, sino que fue él quien comenzó la conspiración. Y cuando Fálaris preguntó por el motivo, Melanipo le contó desde el principio su historia y la anulación de aquel proceso judicial; y además confesó que aquella decisión lo había herido profundamente. (Fálaris) quedó admirado y dejó a ambos libres y sin castigo, ordenándoles que, en ese mismo día, se marcharan no sólo de la ciudad de Acragante sino también de Sicilia. Pero les permitió que siguieran obteniendo los frutos de sus derechos de propiedad. Más tarde, la Pitia celebró a aquellos hombres y su amor con estos versos:
Modelos de divina amistad para los mortales
los dichosos Caritón y Melanipo fueron 6
de tal manera que el dios calificó su amor como divina amistad.
5. Los lacedemonios eran de una extraordinaria parsimonia con su tiempo, ahorrándolo de todas partes para las emergencias, sin permitir que ninguno de sus ciudadanos llevara una vida ociosa ni que obrara con indolencia para que, al no emplear el tiempo por motivos ajenos a la virtud, no lo perdieran en vano. Lo que sigue, entre otros muchos ejemplos, es prueba de lo que digo. Cuando los éforos supieron que los lacedemonios que habían capturado Decelia 7 salían a dar un paseo vespertino, les dieron la siguiente orden: «No paseéis», pensando que, en lugar de ejercitar el cuerpo, se habían abandonado a la molicie. Pues los espartanos deben mantenerse sanos no por el paseo, sino gracias a los ejercicios gimnásticos.
6. Se cuenta que Hipómaco, el entrenador de gimnasia, en una ocasión en que el atleta al que entrenaba ganó un combate y todo el público presente lo aclamó, él lo golpeó con una vara y le dijo: «Lo has hecho mal: no has hecho como se debía aquello que se debía haber hecho mejor. Pues estos no te aplaudirían si hubieses actuado siguiendo las reglas de la lucha» 8 . Quería decir que quienes practican su arte con perfección no deben agradar a un público masivo sino a los que tienen un conocimiento teórico de aquella actividad. También Sócrates parece que desdeñó el juicio de la mayoría durante una conversación con Critón, cuando éste llegó a la prisión e intentó animarlo a escapar y a dejar sin efecto la sentencia que los atenienses habían dictado contra él 9 .
7. Ésta es una ley tebana que se encuentra entre las más justas y humanas, puesto que no se permite, bajo pena de muerte, a ningún tebano exponer a un recién nacido ni arrojarlo a un paraje desierto. Pero si el padre fuera extremadamente pobre, ya sea el recién nacido varón o hembra, puede llevarlo ante los magistrados inmediatamente después del parto envuelto en sus pañales. Los magistrados se encargan de él y entregan la criatura a quien acepta el precio más bajo. Con él se establece un contrato. El acuerdo es el siguiente: criará al recién nacido y, cuando haya crecido, lo utilizará como esclavo, recibiendo sus servicios en compensación por los gastos de la crianza.
8. En el año de la nonagésima primera Olimpiada 10 —cuando Exéneto de Acragante ganó la carrera del estadio—, compitieron entre sí Jenocles 11 y Eurípides. El ganador fue este Jenocles —quien quiera que fuese— con Edipo, Licaón, Bacantes y, como drama satírico, Atamante. Eurípides quedó en segundo lugar con Alejandro, Palamedes, Troyanas y Sísifo como drama satírico 12 . Resulta ridículo —¿o no es así?— que Jenocles ganara y que Eurípides fuera derrotado, y, aún más, con estas obras suyas. Por lo tanto, una de dos: o bien los jueces eran unos ignorantes y unos necios, y estaban incapacitados para un recto juicio, o bien habían sido sobornados. Cualquiera de las dos posibilidades resulta extraña e indigna de los atenienses.
9. ¡Qué decretos votaron los atenienses! ¡Y en democracia! Decretaron que se cortara a todos los eginetas el dedo pulgar de su mano derecha, para que no pudieran blandir la lanza pero fueran capaces de mover un remo. También decretaron, a propuesta de Cleón, hijo de Cleéneto, dar muerte a todos los mitilenos en edad militar. Otro decreto ateniense ordenaba marcar con un hierro candente el rostro de los prisioneros samios; la marca debía ser una lechuza 13 . Hubiera querido —¡Por Atenea Poliada, Zeus Eleuterio 14 y todos los dioses griegos!— que los atenienses no hubiesen promulgado tales decretos y que tales cosas no se pudieran contar de ellos.
10. He oído contar que el general ateniense Timoteo 15 , el hijo de Conón, cuando se encontraba en la cumbre de su éxito, capturaba las ciudades con la más absoluta facilidad y los atenienses no sabían qué honor tributarle para expresar la admiración que por él sentían; Timoteo, digo, se encontró con Platón, el hijo de Aristón, que estaba dando un paseo por fuera de las murallas con algunos amigos. Timoteo halló a Platón con aspecto grave, pero con el rostro sereno, conversando, no sobre las contribuciones de dinero ni sobre las trirremes, como tampoco sobre las necesidades de la flota ni de las tripulaciones, ni sobre la conveniencia de una intervención militar, como tampoco del impuesto de los aliados, ni sobre los isleños, ni sobre ninguna banalidad semejante; conversaba sobre aquello de lo que solía hablar y de lo que solía interesarle. Timoteo, el hijo de Conón, se detuvo y dijo: «¡Qué vida! ¡Y qué verdadera felicidad!». De estas palabras resulta evidente que Timoteo no se consideraba totalmente afortunado, porque no gozaba de aquellos bienes sino de honor y reputación entre los atenienses.
11. Se cuenta que cierto día Sócrates, quien sabía que bajo el gobierno de los Treinta 16 se había hecho desaparecer a los ciudadanos más ilustres y que los más ricos habían sido víctimas de las asechanzas de los tiranos, se encontró con Antístenes 17 y le dijo: «¿No te pesa que, en nuestras vidas, no hayamos llegado a ser hombres grandes y dignos como esos reyes que vemos representados en las tragedias: Atreo y Tiestes, Agamenón y Egisto 18 ? Pues estos se nos presentan degollados, sufriendo un terrible destino o invitados a horribles banquetes de los que participan. Pero ningún poeta trágico ha sido tan audaz ni tan desvergonzado que haya puesto en escena el degüello del coro».
12. No sé si se debe elogiar las siguientes palabras de Temístocles, el hijo de Neocles. Cuando, tras haber sido desheredado por su padre, Temístocles puso fin a su vida desordenada, comenzó a comportarse, de alguna manera, con sensatez, se alejó de las concubinas y concibió una nueva pasión: la vida política ateniense. Deseaba con ardor las magistraturas y se esforzaba por convertirse en el primer ciudadano. Según se cuenta, solía decir a sus amigos: «¿En qué estima me podéis tener cuando todavía no soy envidiado?». Quien aspira a ser envidiado, como sostiene Eurípides 19 , ambiciona ser admirado. Pero el mismo Eurípides afirma que es una vana aspiración.
13. Los miembros del círculo de Ánito 20 atacaron y conspiraron contra Sócrates por motivos y razones que han sido explicados hace ya mucho tiempo. No confiaban en la opinión de los atenienses y recelaban de su reacción ante una acusación contra este hombre: Sócrates, en efecto, gozaba de gran prestigio por muchas razones, pero sobre todo porque había refutado a los sofistas como hombres en nada recomendables, que ni sabían ni enseñaban nada de provecho. Por todas estas razones decidieron hacer una prueba antes de proceder a la acusación contra él. No consideraron oportuna la idea de presentar inmediatamente, y a las claras, una demanda contra él, tanto por las razones que ya expuse como porque podría suceder que, entonces, los amigos de Sócrates, encolerizados, pusieran en su contra a los jueces y seguidamente ellos mismos, los acusadores, acabaran sufriendo un mal irreparable por haber proferido una falsa acusación contra un hombre que no sólo no había causado ningún mal para la ciudad sino que, muy al contrario, había llegado a ser una de las glorias de Atenas.
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