Kitabı oxu: «Reflexiones sobre Historia Social desde Nuestra América»
REFLEXIONES SOBRE
HISTORIA SOCIAL
DESDE NUESTRA AMÉRICA
GABRIELA GRESORES - CLAUDIO SPIGUEL- CRISTINA MATEU
(COMPILADORES)
GABRIELA GRESORES
CLAUDIO SPIGUEL
FABIOLA ESCARZAGA
EDUARDO AZCUY AMEGHINO
RUBEN LAUFER
HORACIO CIAFARDINI

| Reflexiones sobre historia social desde nuestra América / Gabriela Gresores... [et al.] ; compilado por Gabriela Gresores ; Claudio Spiguel ; Cristina Mateu.- 1a ed . - Ituzaingó : Cienflores , 2020. Libro digital, EPUB Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-4039-45-3 1. Historia de América. 2. América Latina. I. Gresores, Gabriela, comp. II. Spiguel, Claudio, comp. III. Mateu, Cristina, comp. CDD 980 |
© Gabriela Gresores - Claudio Spiguel- Cristina Mateu (Compiladores).
© Editorial Cienflores, 2014.
Editorial Cienflores
Lavalle 252 (B1714FXB), Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires.
Tel: +54-011-2063-7822 / email: editorialcienflores@gmail.com
https://www.facebook.com/EditorialCienflores/
Editor responsable: Maximiliano Thibaut
Diseño y armado: Soledad De Battista
Imagen de tapa: Batalla, ilustración de Felipe Guaman Poma de Ayala, de su serie “Conquista”. Nueva Crónica y Buen Gobierno (inicios del 1600). Editorial Comentarios. Lima. 2004.
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
Por decisión del autor y los editores cualquier parte de esta obra puede ser utilizada y reproducida para fines de enseñanza e investigación. Cualquier otra forma de reproducción queda sujeta a la autorización de los mismos.
Índice
Introducción
Historia y verdad, una relación problemática
Gabriela Gresores y Claudio Spiguel
Fundamentos de la historia social: trabajo, naturaleza y sociedad
Claudio Spiguel
El arco de la diferencia
Gabriela Gresores
Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui
Fabiola Escárzaga
El descubrimiento de la conquista
Eduardo Azcuy Ameghino
Sobre el feudalismo colonial tardío
Eduardo Azcuy Ameghino
El imperialismo, nuestra época
Rubén Laufer
La argentina en el mercado mundial contemporáneo
Horacio Ciafardini
LOS AUTORES
Gabriela Gresores, historiadora (Filosofía y Letras UBA, 1990), argentina, nacida en 1962. Vive en San Salvador de Jujuy y está casada con Eduardo Giriboni. Conformó el grupo fundador en 2004, de la Cátedra paralela de Historia Social General (Filosofía y Letras de la UBA) que actualmente dirige. También está a cargo de la de Historia Argentina (siglo XIX- Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta) donde ha impulsado la creación de la Cátedra Libre José Carlos Mariátegui de Estudios Marxistas desde Nuestra América. Allí desarrolla un proyecto sobre relaciones sociales en torno a la tierra. También investiga sobre la Revolución de Independencia en el Instituto Interdisciplinario de Tilcara (UBA). Estudió Historia Americana en la Universidad Internacional de Andalucía y Psicología Social en la Escuela Dr. Enrique Pichon Riviere. Durante más de 20 años fue docente de Historia Económica y Social Argentina e integró el Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios (Ciencias Económicas UBA). Allí se formó como historiadora con Eduardo Azcuy Ameghino. También enseñó Historia Argentina en la Universidad Nacional de La Pampa. Se formó como docente trabajando en el Instituto Secundario “El Taller”, junto a Guillermo Volkind y Emilia Peralta, y colaboró en tareas de docencia e investigación en la Fundación por los Derechos de la Infancia junto a Myrtha Chokler.
Claudio Spiguel, historiador (Filosofía y Letras, UBA, 1985), nacido en Buenos Aires en 1953. Fue librero y corredor editorial. Desde 1985 fue docente en el Ciclo Básico Común, la Carrera de Ciencia Política y la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Allí dicta Historia Económica y Social Argentina. Se formó como investigador en Historia de las Relaciones Internacionales en el Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social dirigido por Mario Rapoport, con quien publicó diversas obras, entre ellas “Relaciones Tumultuosas. Los Estados Unidos y el Primer Peronismo” y “Política exterior argentina 1880-2001. Poder y conflictos internos”. Conformó el grupo fundador en 2004, de la Cátedra paralela de Historia Social General (Filosofía y Letras de la UBA) que actualmente co-dirige. Es docente de posgrado en Metodología histórica y en Historia de las Relaciones Internacionales (UBA y otras universidades argentinas), y de Estructura Social Argentina (Maestría en Psicología Social, Universidad Nacional de Tucumán). Dicta clases en la Primera Escuela de Psicología Social Dr. Enrique Pichon Rivière. También dicta cursos y seminarios sobre materialismo histórico y dialéctico y el desarrollo del marxismo en el siglo XX y sobre historia social argentina en universidades y diversos ámbitos educativos formales y no formales. Dirige proyectos de investigación -UBA- y ha publicado trabajos sobre la historia de la dependencia argentina respecto de las grandes potencias.
Eduardo Azcuy Ameghino es historiador y doctor en Ciencias Sociales. Se desempeña desde hace 30 años como profesor de Historia económica y social argentina en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, donde es titular de cátedra; y dicta cursos de maestría y doctorado en diversas facultades y universidades del país. Actualmente dirige el Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios de la UBA y fue co-fundador de la Revista Ciclos en la historia, la economía y la sociedad, y director de la Revista Interdisciplinaria de Estudios Agrarios.
Se ha especializado en el estudio de la historia colonial rioplatense, la revolución de mayo y el artiguismo. Asimismo, desde mediados de los ’90 ha realizado y dirigido numerosas investigaciones sobre la historia y la actualidad agraria pampeana. Entre sus publicaciones se pueden mencionar Historia de Artigas y la Independencia argentina (1993), La otra historia. Economía, Estado y Sociedad en el Río de la Plata colonial. (2002), Trincheras en la Historia. Historiografía, marxismo y debates (publicado como aporte al lanzamiento de la Cátedra Paralela, 2004), La carne vacuna argentina. Historia, estructura y problemas de una agroindustria tradicional (2007), Nuestra gloriosa insurrección. La revolución anticolonial de 1810. 2010 y Una historia casi agraria. Hipótesis y problemas para una agenda de investigación sobre los orígenes y desarrollo del capitalismo en Argentina (2011).
Fabiola Escárzaga, socióloga, maestra y doctora en Estudios Latinoamericanos (Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, 1987,1997 y 2006) mexicana, nacida en 1960. Es profesora-investigadora en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco desde 1997, adscrita al Departamento de Política y Cultura, Área Problemas de América Latina, con el proyecto de investigación “El campesinado indígena y la nación en México, Perú y Bolivia”. Donde imparte docencia en licenciatura y posgrado. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I desde 2008. Sus temas de investigación son: Insurgencias armadas de base indígena en México, Perú y Bolivia; Movimiento indígena en América Latina; Gobiernos progresistas y movimientos sociales en América Latina; Pensamiento indianista en América Latina; Educación indígena en México y América Latina; y Sistemas educativos comparados en América Latina. Con Raquel Gutiérrez ha creado el Centro de Estudios Andinos y Mesoamericanos A.C. (CEAM) desde 2005. Desde el cual han organizado tres Jornadas Andino-mesoamericanas: resistencia y proyecto alternativo (2003, 2006 y 2011) y coordinado los libros derivadas de ellas Movimiento indígena en América Latina: resistencia y proyecto alternativo. Vol. I (2005) y II (2006) y el Vol. III que se encuentra en prensa. Ha publicado numerosos artículos en libros colectivos y revistas en México, Perú, Bolivia, Chile, Alemania y Estados Unidos. Es profesora en el Posgrado en Estudios Latinoamericanos de la UNAM desde 2007, donde ha impartido seminarios sobre Movimiento indígena en América Latina, mismos que ha replicado en la Universidad Arcis en Chile, y en Universidades Nacionales de San Martín , Salta y Jujuy, en Argentina.
Rubén Laufer, historiador (Filosofía y Letras, UBA, 1992). Nació en Buenos Aires en 1953. Desde 1986 ejerció la docencia en el Ciclo Básico Común y en las materias Historia Argentina (Carrera de Ciencia Política), Historia Económica y Social Argentina (Ciencias Económicas) e Historia Social General (Filosofía y Letras), todas de la UBA. En esta última facultad, desde 2007 dicta el Seminario “Argentina y las grandes potencias (1966-2001). Relaciones internacionales y conflicto interno”. Es también docente de posgrado en Historia Económica Mundial en la Fac. de Cs. Económicas. Se desempeña como investigador en Historia de las Relaciones Internacionales en el Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (IDEHESI) dirigido por Mario Rapoport. Integra también el Proyecto de Estudios Históricos de Relaciones Internacionales de América Latina (PEHRIAL). Como tal ha realizado estudios y publicaciones en el país y en el extranjero sobre diversos temas (orígenes y evolución de la Comunidad Económica Europea, las luchas sociales en la Argentina durante la década de 1990, etc.). Desde hace casi 10 años, como parte de diversos proyectos de investigación sobre la historia de la dependencia argentina respecto de las grandes potencias, desarrolla estudios acerca de la República Popular China en sus distintas etapas (socialismo, restauración capitalista, transformación en gran potencia mundial) y sobre la naturaleza de sus relaciones económicas y políticas actuales con la Argentina y con América latina.
Horacio Ciafardini, destacado economista marxista argentino, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (1970-1976), en el Departamento de Economía de la Universidad Nacional del Sur y otras universidades del país. Investigador de la economía política e intelectual revolucionario, en los años de su formación, fue dirigente estudiantil y Secretario General de la Federación Universitaria del Litoral. Profundizó sus estudios de economía en Europa donde trabajó con Charles Bettelheim. Desarrolló importantes aportes a la teoría económica marxista en relación con las crisis y la teoría del valor. Director de la revista Teoría y Política del Partido Comunista Revolucionario, militante antidictatorial, fue encarcelado en 1976 durante 6 años en los que sufrió represalias y ensañamiento contra su capacidad intelectual, con la prohibición casi absoluta de lecturas. Lograda su libertad acompañó y sostuvo la lucha de las Madres de Plaza de Mayo por los derechos humanos e impulsó la plena reincorporación de todos los docentes exonerados por la dictadura. Así también retomó una intensa actividad intelectual y docente. En 1984 acababa de ser reincorporado en la UBA a sus tareas de investigador, aunque se le negó su cargo docente, cuando falleció tempranamente.
Elaboró y publicó numerosos textos de economía e historia, una parte de los cuales se encuentra editado en tres volúmenes de sus obras, incluyendo su investigación “El valor en la concurrencia” (Rosario, 2002-2004). El artículo que aquí se reproduce, “La Argentina en el mercado mundial contemporáneo” –sobre la base de clases dictadas en septiembre de 1984 en el Instituto Rosarino de Estudios Sociales (IRDES) – fue publicado en el libro Crisis, inflación y desindustrialización en la Argentina dependiente (Editorial Ágora, Buenos Aires,1990) junto con otros trabajos en los que se estudian problemas clave de la historia y la economía argentina.
INTRODUCCIÓN1
Después de más de una década de trabajo en la Cátedra Paralela de Historia Social General en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, con este libro comenzamos a presentar materiales que fuimos armando como apoyatura de nuestra labor docente. Incluimos como proemio, a continuación de esta introducción, el texto de José María Arguedas que usamos habitualmente en el inicio de nuestras clases, porque encontramos en su discurso la química ajustada, tanto entre teoría y práctica social como entre los aprendizajes universales de los pueblos y las particularidades americanas, que nos guió hacia la construcción de nuestra cátedra, mucho antes incluso de que pensáramos en la posibilidad de su realización.
La Cátedra Paralela de Historia Social General se creó a partir de una convocatoria de la Junta de Historia con el fin de democratizar la cursada de esta materia, obligatoria para la carrera de Historia y varias otras de la Facultad y que hasta ese momento había sido el monopolio de quien encabezaba la nueva hegemonía en el campo histórico argentino a partir de la caída de la dictadura, Luis Alberto Romero. Era el año 2003 y el marco general de esta demanda era el nuevo momento que se había abierto con el Argentinazo. Se presentaron dos propuestas, con dos equipos muy diferentes, que a partir de acuerdos de base sobre la necesidad de una cátedra democrática y científica se unificaron. Así se creó la cátedra paralela que se mantuvo hasta el año 2008 cuando se dividió y se conformaron dos cátedras que aún continúan su trabajo.
En ese momento diseñamos un programa a partir de una pregunta que nos parecía esencial: ¿Cuáles son las necesidades de los alumnos, qué formación requiere un científico social aquí y ahora?, ¿qué herramientas históricas son válidas para el análisis del presente de nuestro país y nuestro continente? Desde allí armamos un proyecto que recorre grandes líneas del pensamiento científico en las ciencias sociales, con una impronta fuerte de las contribuciones del materialismo histórico y el materialismo dialéctico; pero también a partir del desafío que implica pensar desde América Latina. Así surgió la idea de romper con lo que hasta entonces se había impuesto como la Historia Social General en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, pero que también se había generalizado en todas las universidades del país: la historia de la vía regia por la cual se habían impuesto el capitalismo europeo, entendido como cumbre de la civilización, y sus clases dominantes. Nosotros pensamos que la Historia Social General debía abarcar la historia de la Humanidad, y que si existen procesos universales, podemos estudiarlos en los procesos de América Latina con igual eficacia que a través de los ejemplos europeos. Con el transcurso de los años se fue afirmando este eje americano, a partir de la experiencia, por el valor que tenía esta afirmación y su desarrollo en una práctica y también por el interés que despertó en los miles de alumnos que eligieron cursar con nosotros.
Otro gran quiebre, tanto epistemológico como metodológico, implicó polemizar con la pretensión de neutralidad y su falsa apariencia objetivista y explicitar el punto de vista que tomaría la cátedra. El tema de la neutralidad científica (discusión filosófica y política de envergadura) había sido desplazado por un énfasis en el concepto de “profesionalización” como objetivo y divisoria de aguas en la actividad historiográfica. Nuestra cátedra rompió con este principio y se posicionó con base en las tradiciones de “la historia más amplia” de Marc Bloch, “la historia como arma” de Moreno Fraginals, “la historia necesaria” de Pierre Vilar, “la historia como proyecto político” de Josep Fontana.
La tercera ruptura con las cátedras hegemónicas consistió en una concepción del aprendizaje opuesto no tanto a lo que se preconiza, pero sí a lo que se practica en la universidad. Pensamos que hay otra manera de aprender la historia, no solo desde los contenidos, también desde la forma. Nos planteamos una forma de desarrollar los contenidos que permitieran una elaboración propia de cada estudiante. El conocimiento científico se realiza colectivamente y se apropia individualmente a partir de lo que cada alumno es y quiere ser. La construcción social del conocimiento se da en el aula, es única e irrepetible y la tarea del alumno es apropiarse de esas herramientas que construimos colectivamente.
En cuanto al contenido de la presente publicación, los textos de los docentes de la cátedra -Claudio Spiguel, Rubén Laufer y Gabriela Gresores- fueron inicialmente desgrabaciones de clases, luego se convirtieron en fichas y ahora los editamos como secciones de este libro.
La incorporación de los trabajos de Eduardo Azcuy Ameghino y Horacio Ciafardini reconoce no solo la centralidad de los mismos en el programa de nuestra cátedra sino la importancia de ambos intelectuales, con sus ideas y acciones, para la comprensión de la necesidad de crear bastiones de resistencia, también en el ámbito universitario, a las corrientes ideológicas hegemónicas en la historia y las ciencias sociales.
Por último, la inclusión del artículo de Fabiola Escárzaga nos permite aprovechar una síntesis apropiada para nuestros alumnos de un pensamiento diverso, complejo e imprescindible como el de José Carlos Mariátegui.
Este libro, por lo tanto, no reúne investigaciones originales ni discusiones historiográficas, sino una serie de apuntes sobre temas fundantes de la Historia Social vista desde América, elaborados colectivamente a partir de la interacción entre enseñanza y aprendizaje, con nuestros compañeros docentes y los miles de estudiantes que trabajaron con nosotros estos años.2 Es una compilación de temas e ideas que vienen desenvolviéndose desde muy lejos, pensadas desde y para los tiempos y la gente nueva. En este sentido no está dirigido a los especialistas y expertos. De alguna manera es un libro que nos habría gustado leer cuando empezamos a desplegar nuestras propias biografías de arqueólogos del futuro.
1 Agradecemos la colaboración de Martín García Sastre en la corrección de originales.
2 Queremos destacar también el papel que jugaron los docentes, adscriptos y alumnos de la materia Introducción a la Historia de las Sociedades de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta, con quienes, desde el 2009, venimos trabajando con un programa muy similar al de la cátedra paralela. Para ellos, nuestro agradecimiento.
PROEMIO: “NO SOY UN ACULTURADO”
Palabras de José María Arguedas en el acto de entrega del premio “Inca Garcilaso de la Vega”
(Lima, Octubre 1968.)
Acepto con regocijo el premio Inca Garcilaso de la Vega, porque siento que representa el reconocimiento a una obra que pretendió difundir y contagiar en el espíritu de los lectores el arte de un individuo quechua moderno que, gracias a la conciencia que tenía del valor de su cultura, pudo ampliarla y enriquecerla con el conocimiento, la asimilación del arte creado por otros pueblos que dispusieron de medios más vastos para expresarse.
La ilusión de juventud del autor parece haber sido realizada. No tuvo más ambición que la de volcar en la corriente de la sabiduría y el arte del Perú criollo el caudal del arte y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró un gran pueblo: se había convertido en una nación acorralada, aislada para ser mejor y más fácilmente administrada y sobre la cual solo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad. Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte. Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes de las naciones no son nunca completamente aislantes. A mí me echaron por encima de ese muro, un tiempo, cuando era niño; me lanzaron en esa morada donde la ternura es más intensa que el odio y donde, por eso mismo, el odio no es perturbador sino fuego que impulsa.
Contagiado para siempre de los cantos y los mitos, llevado por la fortuna hasta la Universidad de San Marcos, hablando por vida el quechua, bien incorporado al mundo de los cercadores, visitante feliz de grandes ciudades extranjeras, intenté convertir en lenguaje escrito lo que era como individuo: un vínculo vivo, fuerte, capaz de universalizarse, de la gran nación cercada y la parte generosa, humana, de los opresores. El vínculo podía universalizarse, extenderse; se mostraba un ejemplo concreto, actuante. El cerco podía y debía ser destruido; el caudal de las dos naciones se podía y debía unir. Y el camino no tenía por qué ser, ni era posible que fuera únicamente el que se exigía con imperio de vencedores expoliadores, o sea: que la nación vencida renuncie a su alma, aunque no sea sino en la apariencia, formalmente, y tome la de los vencedores, es decir que se aculture. Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz habla en cristiano y en indio, en español y en quechua. Deseaba convertir esa realidad en lenguaje artístico y tal parece, según cierto consenso más o menos general, que lo he conseguido. Por eso recibo el premio Inca Garcilaso de la Vega con regocijo.
Pero este discurso no estaría completo si no explicara que el ideal que intenté realizar, y que tal parece que alcancé hasta donde es posible, no lo habría logrado si no fuera por dos principios que alentaron mi trabajo desde el comienzo. En la primera juventud estaba cargado de una gran rebeldía y de una gran impaciencia por luchar, por hacer algo. Las dos naciones de las que provenía estaban en conflicto: el universo se me mostraba encrespado de confusión, de promesas, de belleza más que deslumbrante, exigente. Fue leyendo a Mariátegui y después a Lenin que encontré un orden permanente en las cosas; la teoría socialista no solo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aun más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico. No pretendí jamás ser un político ni me creí con aptitudes para practicar la disciplina de un partido, pero fue la ideología socialista y el estar cerca de los movimientos socialistas lo que dio dirección y permanencia, un claro destino a la energía que sentí desencadenarse durante la juventud.
El otro principio fue el de considerar siempre el Perú como una fuente infinita para la creación. Perfeccionar los medios de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos. No, no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas, de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto, como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachácamac y Pachacutec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Tupac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4.000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo. Imitar desde aquí a alguien resulta algo escanda loso. En técnica nos superarán y dominarán, no sabemos hasta qué tiempos, pero en arte podemos ya obligarlos a que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo. Ojalá no haya habido mucho de soberbia en lo que he tenido que hablar; les agradezco y les ruego dispensarme.