Kitabı oxu: «El manifiesto redneck rojo»

Şrift:

TRAE CROWDER creció en Celina, Tennessee, un pueblucho dejado de la mano de Dios con más licorerías que semáforos (2-0 en el último recuento). Fue uno de los niños más pobres de la zona, pero también uno de los más listos (algo que él mismo se encarga de señalar que no es ninguna hazaña). Por eso acabó coloreando moléculas en «Educación Especial»; en su pequeño colegio para pobres diablos rústicos no había presupuesto para «superdotados». Decidió dedicarse a la comedia a los doce años, después de ver a Chris Rock en HBO. Ya ni sabe la de veces que ha tenido que ir a ver a su madre, yonqui y traficante, a prisión. Sus vídeos protagonizados por el «Redneck de Izquierdas», virales de la noche a la mañana, le hicieron captar la atención nacional. Lleva cerca de una década girando por el país con sus compañeros de escritura y parranda, los también cómicos sureños Corey y Drew.

COREY RYAN FORRESTER, de Chickamauga, Georgia, empezó a escribir monólogos a los dieciséis, alternando actuaciones en bares sórdidos y clubes nocturnos con los más diversos trabajos: pintor de brocha gorda, minorista, vendedor de motos, recolector de muestras de orina, repartidor de flores a domicilio, empleado de hotel y revendedor de libros de texto. En los últimos tiempos se dedicaba a pintar con espray figuritas del Yeti en Ooltewah y a ayudar a su madre y a su hermana en la panadería familiar. Gracias a la popularidad del «Redneck de Izquierdas» y a la publicación de este libro ha podido comprarse un televisor y retener a su novia que, por lo visto, le quiere. Él cree que no se la merece.

DREW MORGAN más que un «redneck» se considera un «hillbilly»; procede de los Apalaches, de un lugar muy minúsculo en mitad de ninguna parte, la clase de sitio sobre el que los ingleses ruedan documentales. Madre bibliotecaria y padre motero, ferroviario, sindicalista y predicador en una iglesia baptista de Tennessee, con tendencia a abusar de la botella y a votar a los demócratas («¡ateo, pagano, desalmado!»). Así les salió la criatura. Su humor ha sido descrito como «un Mark Twain puesto de ácido». Vive en permanente crisis existencial y, si le pones la música que le gusta, baila que da gusto verlo.


Título original:

The Liberal Redneck Manifesto:

Draggin´ Dixie outta the dark

Simon & Schuster, Inc., 2016

Primera edición Dirty Works: Octubre 2020

Segunda edición Dirty Works: Enero 2021

© Trae Crowder, Corey Ryan Forrester y Drew Morgan, 2016

© de las ilustraciones del interior: Eric Loy

© 2020 de la traducción: Javier Lucini

© de esta edición: Dirty Works S.L.

Asturias, 33 - 08012 Barcelona

www.dirtyworkseditorial.com

Traducción: Javier Lucini, en el porche, con la asistencia ocasional de Tomás González Cobos en la mecedora de al lado, espantando moscas con su Winchester.

Diseño de cubierta: Nacho Reig Ilustración: © Antonio Jesús Moreno «El Ciento» Maquetación y correcciones: Marga Suárez

ISBN: 978-84-19288-21-9

Producción del ePub: booqlab

Índice

Introducción

Declaración de males del Nuevo Sur

1. Parranda redneck

2. La paguita

3. Recemos

4. ¿Tenéis hambre?

5. Abueletes

6. Punteos y pinchadas

7. Racista no, pero

8. Las mujeres del Sur

9. Maíz en frasco

10. Sobre mi cadáver

11. Pillbillies

12. Pasar página

Los diez mandamientos del Nuevo Sur

Agradecimientos

Notas del traductor a las ilustraciones

NOTA a propósito de las notas.

En negrita: Las notas de los autores a pie de página.

Con distinción : Las notas del traductor a pie de página, perpetradas con ánimo de iluminar ciertos datos culturales o juegos de palabras que pueden resultar oscuros o demasiado ajenos fuera de las fronteras de Estados Unidos.

Con distinción en la ilustración: Las notas del traductor al final del libro.

Para Spook, la abuela Bain, Flo, Clem y Ruby Geraldine; vosotras sois nuestras raíces.


INTRODUCCIÓN

Hace poco un fan nos dijo que este libro es como «una asamblea del Ayuntamiento, pero para el alma». Nos estuvimos descojonando un buen rato, porque las asambleas del Ayuntamiento siempre nos han parecido el típico evento en el que la gente vota para expulsarnos del pueblo por bailar o algo por el estilo, pero de todas formas nos lo tomamos como un cumplido.

La edición en tapa dura de este libro salió en octubre de 2016, un mes antes de que el señor color mango de manos carnosas se alzase con la victoria en unas elecciones que la mayoría de los analistas y las encuestas aseguraban que no tenía la menor posibilidad de ganar. En esa época andábamos recorriéndonos las carreteras del país haciendo comedia. Actuábamos para salas abarrotadas de gente decidida a derrotar a Alguien Se Tapa la Calva Sobre el Nido del Cuco, pero también vimos un montón de carteles de Trump/Pence que nos volaron la cabeza. Por todas partes. En el Sur y en el Medio Oeste, claro, pero también en Pennsylvania, en Nueva York y hasta en California. En serio; estaban por todas partes, como el papel higiénico Walmart de un solo pliegue en los baños públicos y las camareras que responden al nombre de Faye en los diners1.

Así que lo de las elecciones no nos pilló del todo por sorpresa. De hecho, el discurso de que «los elitistas engreídos de la costa fueron los que provocaron este resultado» que continúa regurgitándose en los programas nocturnos de gacetilleros parlantes, fue algo que ya predijimos y de lo que nos lamentamos en las páginas de este libro. ¿Qué podemos decir? Somos profetas. Y no es que nos haga felices. Está claro que tener razón se encuentra en nuestro Top 3 de aspiraciones favoritas, pero lo básico ha sido y será siempre no morir bajo una nube en forma de hongo.

Así que lo mismo estás leyendo esto ahora para intentar hacerte una idea de lo sucedido, o para entender un poco mejor esa zona del país a la que siempre has ignorado hasta que, de pronto, ha contribuido a que salga elegido un presidente con piel de patata frita. Esperamos ser de ayuda. O quizá seas un sureño, como nosotros, que siempre se ha preguntado si está solo en el mundo y te emocione descubrir que a nosotros también nos gusta hacer estallar movidas en un descampado, aunque apoyamos la igualdad para todos. (Bienvenidos, hermanos y hermanas). O puede que estés aquí solo porque te acojona lo que está pasando, y el futuro, y hacia dónde nos precipitamos todos. Si es así, bueno, pues vaya chasco, colega, no sabemos qué decirte; no somos más que tres cómicos, profetas ni por el forro. ¡Válgame Dios! ¡Yo que tú me buscaría otros héroes!

Ahora hablando en serio, este libro no te va a salvar. Vale, es bastante tocho; podría mantener a raya la radiación durante una o dos horas. Pero nuestro principal propósito es aportar información sobre un Sur que conocemos muy bien y que amamos hasta la médula, pero que, sin duda, necesita progresar un poquito, y todo esto haciéndote reír. El libro se ofrece además como una muestra de quiénes somos: sureños orgullosos, desafiantes y un pelín avergonzados.

Cualquiera que haya crecido en el Sur en los últimos treinta años padece este conflicto interno. La cuestión «orgullo vs. vergüenza», casi tan ubicua como la problemática «Ford vs. Chevy». Sentir un inmenso orgullo por tu hogar es probablemente un sentimiento universal (a no ser que seas de Connecticut. ¡Qué ordinariez!). A la gente parece gustarle sentirse orgullosa de su lugar de origen. Paradójicamente, la mayoría entiende también lo fácil que es sentir sofoco y responsabilidad ante los defectos del lugar que uno considera su hogar. Concretamente, en el Sur, esos dos sentimientos parecen estar algo más pronunciados.

Para quienes no son del Sur, el lado «vergonzante» de las cosas no es tan difícil de entender. Después de todo, hay mucho de lo que sentirse avergonzado por aquí («Stars and Bars», Jim Crow, Florida Georgia Line, etc...)2. Y hay muchos sureños nativos que viven casi de manera permanente en el lado vergonzante de la ecuación. Es natural sentirse ligeramente avergonzado del Sur (de nuevo, por aquí vamos sobrados de munición: en sentido literal y figurado), pero huir del pasado en lugar de llegar a un acuerdo con él no sirve de nada.

Aun así, los del extremo vergonzante del espectro resultan mucho más fáciles de entender y de tratar que los que se sitúan del lado del orgullo. Y por aquí abajo, en el Sur, estos últimos son legión. Cuando los de fuera del Sur piensan en «rednecks», «hillbillies», «hicks» o «bautistas sureños», se imaginan a la gente que enarbola la bandera de la Confederación bien a la vista en la parte trasera de sus camionetas tuneadas, con el asta custodiada por un par de pegatinas en las que se pueden leer lindezas tipo: «Beber birras y matar ciervos» o «Pítame si te estoy pagando la asistencia sanitaria» (porque todos sabemos que las industrias que sostienen los programas de prestaciones públicas son las que se cargan los bosques y bombean combustible en los embarcaderos). Simplemente están... simplemente están la hostia de orgullosos. ¿Y de qué exactamente, si se puede saber? ¿De la nota media de 2,2 que mantienen año tras año en un estado que ocupa el puesto 49 en el ranking de educación pública? ¿De su habilidad para pimplarse catorce cervezas durante un partido y aun así ponerse luego al volante para volver a casa? ¿De los tres mocosos que ya han tenido con apenas veintitrés años y a los que crían para que algún día lleguen a ser tan temerosos y obstinadamente ignorantes como ellos mismos? ¿Acaso se dan cuenta? ¿Acaso importa?

Aunque tampoco es que estén del todo equivocados en lo del orgullo. Y esa es la parte que a los forasteros les cuesta tanto entender. Enseguida identifican la vergüenza, pero el orgullo los deja perplejos. Todo el mundo desea sentirse orgulloso de su procedencia y, lo creáis o no, hay mucho de lo que sentirse orgulloso si eres del Sur. El sureste de Estados Unidos es la cuna de buena parte de la mejor comida, la mejor música, los mejores atletas, los mejores soldados, el mejor whisky, las mejores mujeres y el mejor clima que puede ofrecer este país. El hogar de Mark Twain y de André 30003 merece ser redimido. Y ahí es donde entra en juego nuestro libro. En sus páginas examinamos todo lo que la gente se piensa que sabe sobre el Sur; lo bueno y lo malo, lo glorioso y lo bochornoso, las cosas que deberían cambiar y las cosas ante las que vosotros, chavalines de la costa, deberíais dejar de mostrar esa actitud tan engreída.

Ha llegado el momento de hablar de todo este desastre. Ha llegado el momento de hablar de nuestros problemas. Ha llegado el momento de hablar de nuestro futuro. Ha llegado el momento de hablar de la tolerancia y la decencia con todos los gilipollas intolerantes de derechas y los progres santurrones y prejuiciosos que pueblan nuestra nación; has oído bien, Tristán de Portland, no te ahogues con tu zumo detoxificante, porque tú también tienes que enterarte de unas cuantas cosillas. Por mucho que patalee y grite, vamos a arrastrar de los pelos a nuestro terruño hasta situarlo en el presente, tanto si les gusta como si no a los bocazas altaneros y a los forasteros detractores.

Así que, bienvenidos a la asamblea del Ayuntamiento. Hay café y whisky al fondo. Luego haremos pollo frito. Tomad asiento. Vamos al lío.

Trae, Corey y Drew Octubre 2017

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1 Restaurantes prefabricados, muy característicos sobre todo del noreste de Estados Unidos. Nos encanta la descripción del figura que ha hecho la entrada en la Wikipedia: «a medio camino entre los ventorrillos y los cenadores españoles». El primero se inauguró en Rhode Island en 1872. Era un vagón tirado por caballos.

2 «Star and Bars», [«Barras y Estrellas»], es como se denomina a la primera bandera de la Confederación (1861-1863). Las leyes Jim Crow propugnaron la segregación racial y Florida Georgia Line es un dúo de música country pestilente –y me quedo corto–.

3 André Lauren Benjamin, rapero, cantante, actor y productor de hip hop. Natural de Atlanta y miembro del dúo de «southern rap» OutKast.

De palique en el porche con Trae
NO LO PILLÁIS

Vale, primero de todo, una nota: este libro está escrito desde nuestra perspectiva compartida (la de los tres autores). No obstante, de principio a fin y cuando proceda, vamos a sentarnos cada uno por su lado con vosotros en nuestro porche trasero metafórico y vamos a ponernos un poquito sentimentales –un poquito íntimos–, un poquito sexis, por decirlo así. Una segunda nota: estas charlas no van a ser particularmente sexis. Pero sí lo otro. Así que, una vez aclarado este punto, procedamos con la primera entrega de la sección «De palique en el porche», empezando con el mismísimo «Redneck de Izquierdas»4, Trae.

La pregunta que más veces me han repetido hasta hoy es: ¿Por qué? ¿Por qué hiciste esos vídeos? Bueno, es una pregunta difícil de contestar porque, si os soy sincero –y sé cómo suena esto– me da la sensación de que toda mi vida me ha conducido a hacerlos. ¡Madre del amor hermoso, es dejarle a cualquiera que escriba un libro y ya se cree que es el puto James Franco!, ¿me equivoco? Lo sé. No hay quien me aguante. Deberíais hablarlo con Corey y Drew en algún momento. Pero es la verdad. Hice los vídeos porque representan quién soy y cómo me he sentido a lo largo de toda mi vida. Para que conste, aquí tenéis el enlace de uno de los primeros: https://youtu.be/Ov-ocQpQtrw.

Al haberme criado en Celina, Tennessee (población: no muchos; no tenemos semáforos), se me consideraba un prodigio, literalmente. No soy tan inteligente, creedme, pero, comparativamente hablando, en mi pueblo siempre me trataron como la versión gorda y redneck del Indomable Will Hunting. Will Hunting el Gordo. El Bueno de Billy Bob Hunting. De caza en la beneficencia: la historia de cómo conseguí mi ropa5. Lo pilláis. Un movidón. Pero anda que no se burlaron también de mí y me echaron mierda por lo de ser el «chico listo». Siempre fui diferente.

Después me mudé y descubrí que, mientras en mi pueblo seguiría siendo siempre «el chico listo», en cualquier otro lugar sería simplemente «el paleto ese». En serio, hasta en lugares como Knoxville y Nashville, pero sobre todo cuando empecé a salir un poco del Sur. La reacción de la gente al oír mi acento y las cosas que dan por sentadas acerca de mí... siempre me han tocado bastante los cojones.

Pero esa amargura, el rencor que te reconcome cuando no dejan de subestimarte y de juzgarte mal, bueno, es un poco como un tatuaje chungo: nunca se va. No hay manera. Y es que, joder, lo mismo pasa con la comedia. Es oír mi acento y ya el público piensa: «Ah, vale, ya está aquí el Tipo del Cable»6. De gira, hasta he tenido que aguantar a cómicos que no paraban de decirme: «Vas a tener que quitarte ese acento, colega». Mierdas así. Por eso, en realidad, fue como si se hubiese convertido en mi misión demostrarle a la gente que alguien que no puede negar ser un redneck de pura cepa también puede ser gracioso sin necesidad de hablar sobre los pedos que se tira, sobre su perro o sobre los pedos que se tira su perro (y no, no me estoy metiendo con los monólogos de Corey), e incluso llegar a ser elocuente y profundo en asuntos no necesariamente relacionados con las carreras de coches, ¡hostia ya!

Así que grabé esos vídeos para tomar partido por una gente que no suele recibir mucho apoyo y que habla arrastrando las palabras. Pero cuando el apoyo comenzó a fluir y los comentarios se volvieron, eh..., digamos que pintorescos, me di cuenta de que los vídeos también constituían una oportunidad única para desafiar a los intolerantes que se empeñan en hacer que esos estereotipos parezcan reales y plantearle al mayor número de gente posible las siguientes cuestiones: ¿Creéis que nos conocéis? ¿Creéis que nos tenéis calados? Bueno, pues no lo pilláis ni de coña. Pero no pasa nada. Porque yo os lo voy a mostrar. Os lo vamos a mostrar entre todos. Porque esa es otra: yo no soy un unicornio redneck. No soy un bicho raro. Hay mucho pensamiento progresista por aquí, gente de campo con más de dos dedos de frente, y estamos hasta el gorro de la peña que no se entera o a la que se la suda que estemos aquí intentando luchar contra la ignorancia y el odio, y haciéndolo además en primera línea del frente, por amor de Dios. Ha llegado el momento de hacer constar nuestra presencia.

Por eso hice los vídeos y por eso decidimos escribir este libro.

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4 «The Liberal Redneck».

5 A vueltas con el título de la película de Gus Van Sant, Good Will Hunting, en España traducida como El indomable Will Hunting, cuya traducción literal sería más bien «El bueno de Will Hunting». Billy Bob es el nombre redneck por antonomasia y, en la última referencia, se pierde la gracia en la traducción: «De caza en la beneficencia» es la traducción literal de «Goodwill Huntin’».

6 Se refiere al personaje creado por el cómico de Nebraska, Daniel Lawrence Whitney: «Larry, The Cable Guy», estereotipo del redneck con acentazo sureño que cuenta historias disparatadas de su familia.

DECLARACIÓN DE MALES DEL NUEVO SUR7

PRIMERA ENMIENDA

A nadie le importará una mierda tu religión. La libertad de expresión no significa que puedas ir por ahí diciendo lo que te venga en gana sobre la oración, Dios, las normas y los gais, y que todo el mundo tenga que tragárselo. Lo que significa es que podrás ir por ahí diciendo lo que te venga en gana sobre todo eso pero, por las mismas, yo podré replicarte que tu culto es una secta y que todas las mujeres que lo profesan están gordas. Así que ajo y agua, hermano Daryl.

SEGUNDA ENMIENDA

Una «milicia bien regulada» significa regulada por el gobierno. Necesitamos una reglamentación prudente para el tema de las armas. Aceptémoslo todos cuanto antes. No necesitamos a peña armada con ametralladoras. Podemos esperar un poco hasta que llegue la revisión de antecedentes (pero si resulta que eres uno de esos blancos con corte de tazón, tendrás que ponerte al final de la cola, Preston). Apoyar una legislación prudente concebida para mantener las armas lejos de los enfermos mentales y los elementos criminales. Si eres un paranoico y estás convencido de que esas leyes se han diseñado para arrebatarte tu arma, entonces vamos a tener que dar por sentado que eres un enfermo mental o un criminal. Pero ahora seamos claros: las armas molan. Cazar es la polla. Quedaos vuestras armas. Pero, hay que regularlas, colegas. Hay que hacerlo.

TERCERA ENMIENDA

Los soldados se merecen todo el respeto del mundo, no así la guerra. Seré el primero en agradecerle su trabajo a cualquier veterano, pero ese senador tiene que dejar inmediatamente de hacerlos desfilar (sobre todo sus cadáveres) como si fuesen trofeos. Y quita ya la puta pegatina de esa gigantesca camioneta que no es que te hayas comprado precisamente para currar. Esos soldados, a los que tanto dices apoyar, pagaron con sus vidas la gasolina que la hace funcionar; y tu pegatinita no lo compensa para nada. Lucir pegatinas y votar en favor de la guerra es un apoyo de mierda. Si apoyaseis a vuestros hijos del mismo modo que apoyáis a las tropas, estarían muertos en la parte trasera de un coche buscado por la policía.

CUARTA ENMIENDA

Si tienes intención de ser antiestatal, sé al menos coherente. La policía es el Estado. Deja de pretender que la extralimitación del Estado es un problema en todos los ámbitos menos en el ámbito de la justicia criminal. Y otra cosa: Las Vidas Negras Importan8.

QUINTA ENMIENDA

Repite conmigo: «Quiero un abogado».

SEXTA ENMIENDA

Lleva esa mierda a juicio. No es una coincidencia que cuatro de las diez enmiendas de la Declaración de Derechos original traten de restringir la extralimitación del Estado en causas penales. Lo diremos de nuevo: odiar al Estado pero amar al sistema judicial es una hipocresía y lo único que hace es subrayar tus privilegios. Y ahora en serio, lleva esa mierda a juicio.

SÉPTIMA ENMIENDA

Los cuerpos de las mujeres no serán utilizados como forraje político ni como arma contra ellas. Simplemente tratadlas como os gustaría que tratasen a vuestras madres en cualquier escenario dado. ¿Le diríais a vuestra madre que «se lo ha buscado ella solita por ir así vestida»? ¿Permitiríais que unos extraños dictaminasen dónde puede ir vuestra madre a recibir asistencia sanitaria basándose en sus opiniones políticas?

OCTAVA ENMIENDA

El gobierno no tomará medidas enérgicas contra los delitos relacionados con las drogas al mismo tiempo que acepta sobornos de industrias y compañías que perpetúan la adicción y el abuso. No se puede librar una guerra contra las drogas; las guerras se libran contra la gente. La guerra contra las drogas mata a la gente, no a las drogas. Cada vez que oigas a un político decir que hay que tener mano dura con las drogas y no se le ocurra mencionar la necesidad de tomar medidas contra las compañías farmacéuticas, los médicos y las aseguradoras, llámalos por su nombre: lameculos. Y reviéntales la cara de una buena... esto... que no les votes, vamos.

NOVENA ENMIENDA

Educa a tus hijos. Son tu responsabilidad, no la de tus padres. Y ya que estamos, afloja un poco con los de Planificación Familiar. Ayudan a las madres pobres. Sí, también practican abortos. Entendemos que muchos de vosotros no podéis con eso, pero en esta vida hay que transigir. Detestamos tus opiniones políticas, Tía Tammy, pero tu salsa de carne es la bomba, así que hacemos la vista gorda.

DÉCIMA ENMIENDA

Ha llegado el momento de ponerse al día con el resto del país. Parece que en el Sur nos gustan los derechos estatales. Odiar al gobierno federal y hacerles saber que no los necesitamos es el gran pasatiempo sureño. Bueno, pues vale, digámosles a los federales que se pueden ir a tomar por culo. Pero todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. Educación, comercio, derechos de las minorías, etc...; vamos por detrás en todo. Eso se acabó. Si queremos valernos por nosotros mismos, vamos a tener que empezar a cuidar a nuestra gente. Tenemos que hacerlo mejor y pisar más fuerte; aunque siempre cerquita de la nevera, por supuesto. ¡Ea!9

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7 «The New South Bill of Wrongs», en lugar de «Bill of Rights», («Declaración de Derechos»), jugando con los antónimos «right» (correcto, bien, justo, derecho) y «wrong» (incorrecto, mal, agravio, injusticia).

8 Black Lives Matter, movimiento político que se originó en 2013 dentro de la comunidad afroamericana después de la absolución de George Zimmerman por la muerte del adolescente afroamericano Trayvon Martin a causa de un disparo. Lleva a cabo campañas contra la muerte de personas negras en homicidios cometidos por agentes de policía, la brutalidad policial, la desigualdad social en el sistema de la justicia penal y otras cuestiones raciales.

9 La expresión en inglés es la muy sureña y muy redneck «Skew!» que se utiliza para manifestar alegría o satisfacción ante algo. Hemos barajado varias opciones y al final nos hemos decidido por el muy andaluz y, en particular, muy cordobés «¡Ea!», que, con sus varios matices, parece cuadrar perfectamente con la expresión redneck del original. Un término para corroborar y justificar. Aparece en la RAE como «interjección para denotar alguna resolución de la voluntad, o para animar, estimular o excitar». Así que, ¡ea!

27,70 ₼

Janr və etiketlər

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
10 iyul 2025
Həcm:
444 səh. 25 illustrasiyalar
ISBN:
9788419288219
Naşir:
Tərcüməçi:
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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