Kitabı oxu: «Gestión es Comunicación»
Gestión es comunicación La mejor estrategia de comunicaciones es una buena decisión
Cristián Calderón
M.D.C.O
© Cristián Calderón
© Laboratorio de Comunicación Pública LABCOM-LATAM
www.labcom-latam.cl
Editor: Héctor Muñoz
Colaboración: Daniela Grassau
Este libro es una actualización del libro "La Imagen es la Identidad" publicado por ebooks Patagonia en enero de 2012
Primera edición, agosto de 2020
ISBN Edición digital: 978-956-9946-70-7
Ilustración de portada shutterstock
Diagramación digital: ebooks Patagonia www.ebookspatagonia.com info@ebookspatagonia.com
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GESTIÓN ES COMUNICACIÓN
La mejor estrategia de comunicaciones es
UNA BUENA DECISIÓN
Cristián Calderón
M.D.C.O.
LABOTORIO DE COMUNICACIÓN PUBLICA
LABCOM-LATAM
Índice de contenido
Portada
Gestión es comunicación
Índice
Presentación
Prólogo
I. La empresa en el umbral
1.1 Revoluciones espacio/tiempo
1.2 Código v/s realidad
II. Visión fenomenológica de la comunicación humana
2.1 La virtud de lo virtual
2.2 Dividuos, in-dividuos
2.3 ¿Qué es la fenomenología?
2.4 Estructura de los fenómenos
2.5 Modelo de comprensión de los sucesos comunicacionales
2.6 Jerarquizando la realidad: valores
2.7 Comunicación de la “verdad”
2.9 Conocimiento con sentido
III. La empresa como fenómeno cultural
3.1 Cambio de paradigma: de lo mecánico a lo sistémico
3.2 Modernidad v/s posmodernidad
3.3 Paradojas del cambio
IV. La empresa real y la empresa virtual
4.1 La recuperación del cuerpo
4.2 La virtud de lo virtual
V. Verbo y cultura
5.1 Las palabras en el tiempo: los territorios de significado
5.2 Verbo y virtud
VI. La comunicación como fenómeno en la organización: lo implícito y lo explícito
VII. Nuevos paradigmas en comunicación y organizaciones
7.1 La comunicación en la organización
7.2 Nuevos Paradigmas
7.3 Formulación de la estrategia de comunicaciones
7.4 La formulación de una estrategia integral de comunicaciones: informativa, educativa y persuasiva en forma simultánea
VIII. Mapa virtual de la organización: su identidad
8.1 Lectura de la realidad: las tres esferas
8.2 La identidad estructural
8.3 La identidad auto comunicada
8.4 Gestión de la identidad
8.5 Momento organizacional
8.6 El liderazgo
8.7 La eficiencia como “metavalor”
8.8 La competitividad
IX. Las comunicaciones y su rol en la consolidación y desarrollo de la identidad estructural de la organización
9.1 Las comunicaciones como “parasistema” de la organización: La virtualidad en movimiento
9.2 La comunicación percibida como un problema
9.3 Mapa virtual de las comunicaciones explícitas
X. Gestión estratégica de las comunicaciones
10.1 Conducción y gestión general
10.2 Funciones
10.3 Modelo de gestión estratégica de las comunicaciones
10.4 Programa de comunicación corporativa
10.5 Programa de comunicación para la gestión
10.6 Programa de comunicación organizacional
10.7 Programa de comunicaciones interpersonales
XI. Reflexiones acerca de la evaluación de las Comunicaciones
11.1 Plan v/s realidad
11.2 Responsabilidad compartida
Bibliografía
Notas
PRESENTACIÓN
Darío Rodríguez Mansilla. PHD.
Profesor Titular
Instituto de Sociología
Pontificia Universidad Católica de Chile
Los sistemas sociales, como las organizaciones, están hechos de comunicaciones. El ser social del hombre lo hace participar en las comunicaciones, generando así sistemas sociales de diversos tipos. Esta simple observación permite percibir que la comunicación es un fenómeno habitual y permanente para cualquier ser humano. Pese a ello, sus misterios continúan sorprendiendo a especialistas, hombres de empresa, profesionales y toda clase de personas que se enfrentan a dificultades para hacerse entender, coordinar acciones y lograr el consenso con otras.
En este libro, el profesor y reconocido experto en comunicaciones organizacionales Cristián Calderón ofrece una novedosa mirada, fenomenológicamente inspirada, para comprender la comunicación. Su modelo se construye sobre la idea de que los seres humanos otorgan significado, tanto al mundo que los rodea como a sí mismos a través de la percepción de su forma. Dicha percepción ocurre, naturalmente, mediante los sentidos, pero éstos son más que los cinco habitualmente reconocidos. Estos sentidos se encuentran estrechamente relacionados con las “inteligencias múltiples” descritas por Howard Gardner. Haciendo uso de sus sentidos e inteligencias, el ser humano atribuye significados a las cosas, a los otros y a sí mismo. A través de las palabras, las personas se apropian de los fenómenos de la realidad y los describen, otorgándoles significado. Con las palabras, los individuos construyen discursos interpretativos del mundo y los comparten. En eso consiste la comunicación.
Cristián Calderón afirma que la organización es un fenómeno exterior a los individuos, el cual puede involucrar a los miembros en niveles de compromiso e identidad elevados, pero constituye una entidad en sí, autónoma, un “ahí” en el que se puede estar o no, compartir o no. Esta declaración establece una conexión entre el pensamiento del autor y el de Niklas Luhmann, quien sostiene que los miembros de una organización no son sus partes constituyentes, sino su entorno, porque la organización consiste de comunicaciones, no de individuos humanos. Sin embargo, Cristián Calderón no adhiere completamente a la perspectiva luhmanniana, porque para él las comunicaciones no son el elemento fundamental del que están hechas las organizaciones, sino que ocupan un lugar central en ellas, como una suerte de “parasistema - vale decir, algo que tiene identidad, pero está simultáneamente en el todo - que cruza - con su preocupación y técnicas específicas - el conjunto de programas y/o funciones que se verifican en la organización, determinando, a partir de su jerarquización, los pasos más pertinentes para cumplir el gran mandato de animar la estrategia empresarial e insuflarle el aliento de cambio que reclama.”
La imagen es lo que vive en otros y constituye un patrimonio simbólico íntimamente ligado e inseparable de las organizaciones. Por eso las organizaciones cultivan su imagen y la protegen de asociaciones no deseadas. La imagen organizacional no es independiente de lo que ocurre en ella y, debido a ello, el valor de los proyectos comunicacionales está dado por el grado de correspondencia entre lo que la organización dice de sí misma y lo que ella es: la imagen es la identidad de la organización. No es raro, entonces, que el fenómeno descrito por el economista sueco Nils Brunsson bajo la denominación de “hipocresía organizacional” derive en un sonado fracaso de esa clase de organizaciones “hipócritas”, caracterizadas porque “dicen” algo diferente a lo que “deciden” y, finalmente, “hacen” algo distinto a su decir y su decidir.
Este texto es la obra de una persona que ha dedicado su vida a las comunicaciones organizacionales. Como todo artesano, era renuente a poner por escrito los fundamentos de su exitosa trayectoria. Del mismo modo que los artesanos, prefería transmitir su conocimiento a sus alumnos en clases que los nutrían de sugerencias, obligándolos a mirar el fenómeno comunicativo desde diversos ángulos, para finalmente afinar el suyo propio. Estas clases siempre han sido muy bien evaluadas por los participantes, pero se encuentran restringidas al número de asistentes. La segunda improbabilidad de la comunicación señalada por Niklas Luhmann, la de llegar a quienes no se encuentran presentes, hacía prácticamente imposible que la importante contribución del profesor Calderón pudiera ser conocida por el resto de los interesados en las comunicaciones organizacionales.
Fueron precisamente sus alumnos, aquellos que habían tenido la oportunidad de reconocer el valor de las imágenes que se desplegaban en el pizarrón, los que insistieron, durante mucho tiempo, que transformara esas clases orales en un texto escrito que otros pudieran leer y ellos mismos revisar, una y otra vez. Cristián Calderón se negaba, porque estimaba que la comunicación entre presentes, la oralidad, tenía un componente dinámico, de interacción, particularmente adecuado para hacer surgir inspiradas imágenes producto del pensamiento paralelo de un grupo altamente motivado de personas. La escritura, en cambio, es lineal y, por su intermedio, la comunicación separa en tiempo y espacio la expresión de la comprensión. Por lo mismo, la comunicación escrita debe ser mucho más minuciosa que la oral. Al no estar los interlocutores frente a frente, al no compartir tiempo y espacio, no se puede hacer referencia a objetos sin nombrarlos ni tampoco reaccionar a los gestos de los participantes.
Pero los estudiantes son persistentes. Estaban tan convencidos de lo importante que podría ser un libro de su maestro, que le propusieron grabar y transcribir sus lecciones, para que luego él pudiera retocarlas en la forma de un texto escrito. Terminaron por vencer su resistencia y el experto en comunicaciones debió enfrentar un nuevo desafío comunicacional: hacer que la escritura pudiera mantener la capacidad evocadora de la oralidad. Por eso, este libro usa un lenguaje metafórico y puede ser leído varias veces como un texto siempre novedoso y sugerente.
No es preciso estar de acuerdo con el autor. Probablemente pocos lo estén, porque se aparta de las corrientes conocidas de la teoría de la comunicación. Sin embargo, es un libro que debieran leer todos los estudiosos del fenómeno comunicativo. Provoca a la reflexión y exige que el lector desarrolle su propio punto de vista o al menos fundamente su adhesión a otras líneas de pensamiento. En este sentido, no constituye una comunicación concluida; no pone punto final a la discusión, sino que más bien la abre.
El mismo autor considera que el texto puede y debe ser corregido; por eso se refiere a él como un borrador. Esto no significa que las ideas presentadas no estén maduras. Han sido sometidas a prueba numerosas veces, tanto en el trabajo profesional del autor, como en su exposición en clases y conferencias. Simplemente hace ver el dinamismo del pensamiento, que conduce a revisarlo todo, proponiendo nuevas soluciones. Plantea, además, al lector, la tarea de diseñar su propia estrategia. Provoca la creatividad, del mismo modo en que el maestro de la pintura renacentista enseñaba artesanalmente a sus discípulos. No quería que imitaran su estilo a la perfección, sino que desarrollaran un estilo que los identificara también como maestros.
Prólogo
La necesidad de apoyar mis clases universitarias en la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile, fue el impulso definitivo para emprender la realización de este libro. Durante largos años de trabajo profesional y docente fui sistematizando -traduciendo en sistemas - y modelando -ordenando en modelos - mi propia experiencia en gestión estratégica de las comunicaciones, pero, hasta aquí, había rehuido -salvo en mis inseparables esquemas de pizarrón a la idea de poner por escrito dichas reflexiones.
Tal vez por mi íntimo disfrute en la conversación, productiva y ociosa, o por una desconfianza inconsciente -muy similar a la que Platón esbozó en el Fedro, donde, consultado por el destino de la escritura, ironizó señalando que “aquellos que la practiquen dejarán de ejercer su memoria y se volverán olvidadizos” -, siempre privilegié la oralidad sobre sus signos, sin siquiera hacer cuestión de ello.
Hoy, después de haber terminado este texto, creo que, pensando lo que pensaba, perdí algún tiempo; pero que, pensando lo que ahora pienso, he recuperado otro: seguramente, el contenido en las propias palabras.
Porque es tal el juego de la sintaxis, el goce de la puntuación y el riesgo del matiz que toda escritura supone, que ella se transforma en un exigente ejercicio, en el que no sólo importa hacer visible y exacto lo que no lo es -como las voces de las ficciones o de la realidad -, sino que, además, permite transformar en invisible y difuso aquello que -como la economía - se ufana de lo contrario.
La gracia de lo escrito está en su corrección, en el proceso de tachar las páginas y dejar adentro o afuera de la pantalla las oraciones que, en un principio, nos parecieron imprescindibles. Hubo y habrá que borrar en este trabajo, pues, si bien su objetivo es lo imborrable -toda obra humana lo es -, tengo conciencia de que es un borrador y que, como tal, posibilitará sucesivas intervenciones.
No obstante, aquella certeza de lo variable y lo perfectible de toda ponencia, creo que lo que justifica el esfuerzo de llegar hasta el final y, en el camino, ponerse en manos de profesionales del borrón -como son los editores, correctores de prueba, y, a su modo, los diseñadores gráficos -, es el haber avanzado en dos o tres direcciones simultáneas que explican mis preocupaciones permanentes.
En primer lugar, este boceto sitúa el debate de la gestión estratégica de las comunicaciones en las organizaciones empresariales en un lugar de reflexión que, a mi modo de ver, transgrede los márgenes estrictos del lenguaje económico y de las nomenclaturas de la ciencia comunicacional, para situarse en un terreno teórico que, por contener elementos de ambos, no es lo uno ni lo otro sino el producto complementario de su cruce.
En segundo término, pienso que borradores de este tipo pueden ampliar la discusión sobre el devenir interno y externo de las organizaciones económicas, sumidas en filosofías autorreferenciales que, más que contribuir a su conciencia como identidades culturales, han restringido su personalidad a los rasgos más tecnocráticos y eficientistas de su carácter.
Estimo que a partir de análisis como los aquí propuestos, también se puede contribuir a establecer códigos locales de alta calidad y pertinencia, ya que los nombres utilizados en el área y las estructuras organizacionales asociadas (public relations, public affaires, corporate affaires, corporate comunication, y ahora la Responsabilidad Social Corporativa y la Reputación Corporativa) responden a una adecuación de procesos cuyo origen se encuentra en la cultura empresarial norteamericana pre-globalización, que, por lo mismo, urge reformular.
El conjunto de ideas propuestas apela precisamente en ese sentido, al reforzar la convicción de que la empresa del umbral de siglo difiere de sus antecesoras por situar su fortaleza en su dimensión valórica, valiéndose de la mirada estratégica como primera herramienta para planificar y evaluar su desempeño en entornos tan inciertos como exigentes.
Si bien este libro no es un manual en el sentido más estricto, creo que, por el objetivo de ser un medio complementario a la tarea educativa, que siempre estuvo presente en su elaboración, en él se pueden recoger algunos esquemas, modelos y definiciones que, si bien pueden ser discutidas, al menos contienen el mérito de haber conducido la praxis del propio autor. Algo es algo.
Por último, deseo dejar expreso reconocimiento a Daniela Grassau, quien fue alumna y posteriormente mi ayudante del curso “Dirección Estratégica de Comunicaciones”; ella colaboró en poner por escrito algunas de mis clases referidas a nuevas aproximaciones conceptuales acerca de la teoría de la comunicación, y especialmente a Héctor Muñoz, periodista y licenciado en teoría del arte de la Universidad de Chile por su importante aporte, que por cierto, fue mucho más allá de su rol formal de editor. En largas conversaciones acerca de los conceptos, modelos y ejemplos contenidos en este escrito, su visión, particularmente creativa, hizo posible un cruce inédito entre las teorías económicas, de la organización, de las comunicaciones, de sistemas, y en general de las ciencias sociales y humanas, con las teorías del arte, lo que ayudó a explicar y ejemplificar en forma simple, sin perder profundidad ni relieve, innumerables ideas de alto nivel de abstracción que por su naturaleza este libro contiene. Fue, sin duda, una gran tarea. Gracias por ello Héctor.
Cristián Calderón
I. La empresa en el umbral
El reemplazo de un milenio por otro, siempre supuso algún grado de inquietud. Las sociedades enteras se estremecen por la inminencia del futuro, por lo que puede o no puede advenir, por la posibilidad de lo nuevo, dejando un territorio abierto, un campo arado para el cultivo tanto de las visiones tremendistas o fatales, como para el despliegue de los impulsos más vibrantes y optimistas.
Si a dicha oposición fundamental entre apocalípticos y entusiasmados, se agrega la perplejidad experimentada con la crisis de los discursos, todo lleva a inferir que el cambio de folio -del 2000 al 2001- supondría una dinámica fatal, irreversible, acelerada, de vértigos nunca antes conocidos.
Quizá por lo mismo es que se suceden las descripciones de escena -osadas o conservadoras - y las explicaciones -casuística o globales, ligadas a la fe o al escepticismo - tendientes a sostener con la idea un cruce no resuelto y, por ello, abismante.
De todos los bosquejos que se han realizado, ya se pueden filiar algunos lugares comunes que, como pequeños paraguas, cobijan de la incertidumbre. Hay consensos en circulación, lo que da la leve seguridad de que no todo es posible y de que, al menos, hay algo conocido, seguro.
Entre esas verdades gritadas a los cuatro puntos cardinales -que, según ese desconstructor llamado Nicanor Parra, en rigor, “son tres: el norte y el sur”- se pueden escuchar frases como: “vivimos en un mundo de cambios permanentes”; “la realidad es un gran proceso”; “el despliegue planetario es un movimiento globalizado, interdependiente, tecnologizado y de complejidad creciente”; “lo económico es el metalenguaje y el metavalor”; “los desequilibrios humanos, ecológicos y éticos son el jaque al progreso”, o “la sociedad es un sistema de necesidades”.
Se sabe que la realidad marca tendencias, confluye en grandes cauces, pero también hay conciencia del factor sorpresa, de lo nunca antes vivido. Por eso se han puesto de moda las prospecciones, ya que, a diferencia de anteriores cruces históricos, más que constatar y temer al cambio, la preocupación actual es maniobrar, triunfar, imponerse en él.
Así lo refleja un artículo titulado “La Bolsa como metáfora de la sociedad”, capturado en Internet a mediados de diciembre de 1998 y escrito por el catedrático español de filosofía Daniel Innerariy en el diario El país.
“La sociedad del riesgo no es una sociedad revolucionaria, sino catastrófica; la Bolsa es una catástrofe cotidiana, con sus pánicos, atascos, comportamientos contraintuitivos, o sea, problemas producidos por la conducta que pretendía impedirlos: el atasco de los que tienen prisa, la ruina de los que no quieren perder, el engaño que sufren los desconfiados (...) Lo que reflejan las cotizaciones no son hechos económicos sino expectativas sobre desarrollos futuros. Están llenas de profecías que se autocumplen, pánicos que producen lo que se temía, optimismos infundados que acaban generando su fundamento. Dicho paradójicamente: la Bolsa es una metáfora adecuada de la realidad en lo que tiene de semidisponible para el hombre”1.
El riesgo o desafío radica en que no siempre es posible fijar los márgenes de la acción propia y ajena, ya que las categorías tradicionales -espacio/ tiempo, material/inmaterial, continuo/fragmentado - son precisamente las más convulsionadas con el avance.
1.1 Revoluciones espacio/tiempo
Cuatro son a nuestro juicio los epicentros, los quiebres culturales decisivos y fundantes de este nuevo orden de conciencia espacio - temporal.
- Revolución industrial: el tiempo como recurso
De las múltiples relaciones alteradas por el reemplazo progresivo del trabajo físico del hombre por la máquina -proceso que encuentra su cumbre en la fábrica del siglo XIX -, el cambio más profundo fue la nueva idea de tiempo. La revolución industrial debe su existencia al reloj, un aliado estratégico que le suministró el ritmo de trabajo, el tic-tac de la producción, y, ante todo, el modelo de un sistema autónomo, mecánico, capaz de moldear la vida económica y no económica del hombre industrial.
Si bien hay ejemplos en contrario en otros momentos de la historia, técnicamente, el reloj fue la primera máquina automática que alcanzó una importancia pública y una función relevante en la sociedad, dado que transformó los ciclos naturales de la existencia humana -día/noche -, en períodos productivos, en jornadas no necesariamente referidas a la rotación de la Tierra y la aparición y desaparición de la Luna.
A partir de la revolución industrial, el tiempo -aquello que agotó a la filosofía - se hizo medible, cuadriculable, incorporándose en la faena como tarjetas de entrada y salida, sirenas de colación, timbres de recreo, y, lo más importante, como instrumento de cuantificación (horas/hombre) e ideología productiva, que se resume en frases como: “Esta fábrica es un mecanismo de relojería, una maquinita”, “el tiempo es oro”, “perder el tiempo” o “sacar la vuelta (a la manecilla del reloj)”.
Cuando el tiempo se hizo objetivo, seccionable en un círculo, lo humano entró en razón.
- Revolución del transporte: la conquista del espacio
Más que una transformación radical en el desplazamiento humano, la invención de la rueda representó un vuelco en la percepción de los límites del esfuerzo. La verdadera revolución del transporte se produjo años después, sólo cuando esta herramienta -también circular y giratoria como el reloj - logró un uso intensivo y mecanizado.
Fue la locomotora la que alteró los desplazamientos posibles, permitiendo construir una epopeya colectiva de conquista que trazó el suelo con sus durmientes de madera y sus rieles de metal.
Así lo explica Walter Benjamin (1892-1940): “El paisaje... fundamentalmente alterado del siglo XIX ha permanecido visible hasta hoy, al menos en sus huellas. Ha sido configurado por el ferrocarril... Dondequiera que se muestren hermanados montaña y túnel, abismo y viaducto, torrente y teleférico, río y puente férreo..., están los puntos de concentración de este paisaje histórico... En toda su rareza, testimonian que la naturaleza no se sumió, bajo el triunfo de la civilización técnica, en el anonimato y la ausencia de imagen, que la pura construcción del puente o del túnel quedó en sí... como hito del paisaje, sino que a su lado comparecieron inmediatamente el río o la montaña, y no como un vencido junto a su vencedor, sino, antes bien, como una potencia amistosa... El ferrocarril, que atraviesa los portales sin murallas de los cerros... parece... retornar a su propia patria, en la cual reposa la materia de la que él mismo fue hecho”2.
Con el ferrocarril, las personas experimentan la radicalidad de vencer a diario la distancia. Con él no sólo redujo la duración de los viajes y el agotamiento, sino que obligó a sucesivas fantasías, alentadas por el vértigo de la velocidad. La aceleración impuso su locura, pues, si en igual tiempo puedo recorrer mayor espacio, entonces, por inversión, no es temerario asumir que el mismo espacio puede se recorrido en menor tiempo. Lo que es posible, aunque no exactamente igual.
- Revolución de las telecomunicaciones: en distinto lugar al mismo tiempo
Diversos desarrollos tecnológicos paralelos o consecuentes, pero, en todo caso, complementarios, operados a partir de la Primera Guerra Mundial, extendieron los márgenes de la interrelación humana, suministrando, a su vez, renovada confianza en el control de las variables de tiempo y espacio. La telefonía, la radio y la televisión son mucho más que nuevos canales de comunicación, constituyen, ante todo, redes invisibles que penetran las sociedades y sus demarcaciones vitales.
Los medios de telecomunicación atrapan, envuelven, involucran y modelan el ser social, transforman en cercano y simultáneo lo que no era. Al levantar el fono y comunicarse con un amigo en otro continente, se traspasan las fronteras, pues se dispone en un mismo ámbito espacio - temporal, a personas que se encuentran en lugares y horarios distintos. Estamos aquí y allá al mismo tiempo; te escucho de día si me llamas de noche.
- Revolución informática: el tiempo real
Así como en la revolución industrial se reemplazó el esfuerzo físico del hombre por la máquina, en este último gran giro científico y tecnológico del siglo XX se asiste a la sustitución del trabajo intelectual humano por la llamada inteligencia artificial.
La computadora supone distintas aceleraciones del esfuerzo -ya desde la aparición de los primeros y poderosos equipos main frame se apostaba a su capacidad de procesamiento, a la cantidad -, una expansión de la memoria y de la capacidad de predicción lógica, de futuro programable, pero quizá lo más significativo es que involucra una nueva forma de pensar y, por qué no decirlo, de crear.
A su manera, la máquina piensa, ordena, induce y deduce, acierta y equivoca, compara y descarta, opone y antepone, arrastrando a sus usuarios a una ideología de alcances insospechados.
1.2 Código v/s realidad
Si bien lo virtual se asocia, por difusión del término, con esta última fase, todo indica que es la sucesión y superposición de estas cuatro grandes revoluciones lo que prefigura y configura el perfil de la sociedad contemporánea.
En cada uno de estos quiebres se modificó el ángulo de percepción colectiva, transitando desde nociones físicas de la interacción del hombre con el entorno laboral -en la etapa industrial, el temor humano era convertirse en engranaje, como bien lo sintetizó luego Charles Chaplin en el clásico del cine “Tiempos modernos” (1935) - hacia una concepción cada vez más inasible, intelectual, de las estructuras productivas.
Lo que se transa en la Era de la Información es el dato, un logos transversal que es entendido con la misma facilidad por el hombre y la máquina, convertida desde ahora -quién lo iba a imaginar - en sujeto de conocimiento.
Ninguno de los momentos antes descritos ha dejado de afectar y condicionar a la organización. La empresa de hoy es virtual porque la sociedad lo exige y nadie escapa al desplazamiento de eje. Lo que informa existe; el lector de barras confiere el ser.
La unidad de la cultura y de la organización no está dada por el soporte, sino por el código. Y así como Internet y el ciberespacio son territorios de nuevas etnias, de comunidades virtuales, que ponen en cuestión la existencia del estado - nación, la empresa también deja de ser un frontis, un sitio de reunión, para asumirse, ante todo, como una fuerza, como una identidad coherente en expansión. Ya no es imprescindible estar juntos, agrupados, compartiendo horarios, para lograr un objetivo común. El cuerpo de la empresa son las metas compartidas.
La descripción del escenario presente no deja de preocupar a muchos, toda vez que el frenesí de los cambios azota a diario las visiones de mundo que edifican las personas para explicarse la realidad y, lo más frecuente, para aferrarse a ella.
Fernando Montes rector de la Universidad Padre Alberto Hurtado, sitúa bien esta incertidumbre, desplazando el centro del problema. “No vivimos una época de cambios, como es la gran creencia, lo que ocurre es un cambio de época”3, señala.
Montes explica la carencia de certezas e incluso el temor que experimentan algunos, por la forma misma en que las personas se integran a la cultura. Según él, los seres humanos nacen con una especie de mochila, la cual se va llenando con el paso del tiempo con una serie de elementos -valores, palabras, formas de comportarse - tomados de la experiencia y el vecindario. Por cierto, que esa carga se modifica o renueva a lo largo del camino, pues lo que las personas optan por llevar en la espalda es precisamente aquello que les permite ser fieles consigo mismos.
Un cambio de época, por lo tanto, representa un quiebre, la impresión de que algo se rompió en esa mochila, manchando la hoja de ruta. Cuando el sendero es conocido y existe la confianza de que conduce a un final, no existe ningún problema; pero, cuando se pierde la brújula surge la vacilación, cuando no, el miedo.
Armando Roa refuerza la idea de renovación constante de la existencia, confiando en el temperamento humano para darle un sentido. No duda de que, en el camino, se arregla la carga:
“Cultura es la transformación incesante de cuanto existe, originada en ese ímpetu íntimo, connatural al hombre, de acomodarlo todo -incluso su propio ser - a sus necesidades, a sus sueños, a sus ansias de crear. Cultura vivida no es, entonces, erudición, ni sabiduría científica, sino el don de preferir, de ubicar y jerarquizar en órdenes de dignidad y nobleza justa, cuanto acaece”4.
II. Visión fenomenológica de la comunicación humana
2.1 La virtud de lo virtual
Aunque se opone a lo real, lo virtual no es lo irreal ni lo eventual. Tampoco es lo probable, lo informe, y menos, lo vacío. Su significado remite más bien a su etimología latina, Virtus, que indica fuerza, energía, impulso, virtud. Aquello que, según la Real Academia Española de la Lengua, tiene la capacidad de “producir un efecto, aunque no lo produce de presente”5. Lo implícito es lo que tiene existencia aparente, sobreentendida, tácita.
En la comunicación casi siempre, parte del contenido es omiso, y quizás por ello es necesario explicar, o al menos conocer, el cómo lo implícito construye significado. La virtualidad otorga a las personas y a las organizaciones su transparencia, su ideario traslúcido y se debiera transformar, por esa sola connotación, en la materia principal de la reflexión y el trabajo de las comunicaciones.
La virtud está en movimiento, aunque no siempre en fase con los sujetos de la comunicación. Es una energía que se transforma y que necesita explicitarse, hacerse verbo, ícono que atrapa el ímpetu y le otorga sentido a la acción. Las crisis y éxitos no son otra cosa que crisis y éxitos, debilidades y fortalezas, del discurso llevado a la acción. El logos es el fondo de la acción.
2.2 Dividuos, in-dividuos
Nuestra cultura ha instalado como centro de la existencia la idea de la individualidad, sin embargo, sabemos que eso es imposible. Nuestra naturaleza nos impulsa a buscar el sentido de nuestras vidas en el otro y con lo otro. Somos seres sociales. El filósofo alemán Peter Sloterdijk dice: “nada humano es absolutamente solitario”6 y la filósofa chilena Carla Cordua7 nos plantea “El mínimo humano es la pareja, la pareja que si es prenatal es la relación del feto con su madre, y si es postnatal, siempre hay otro, el que puede ser la madre, una hermano, puede ser la imaginación de un amigo ideal, etc.”8.
La comunicación, desde esta perspectiva, es la experiencia de estar vivos, sintiendo y experimentando la presencia del otro, de lo otro, y/o del último otro: la alteridad.
A diario, en las cosas más simples, siempre, aunque no lo queramos, estamos realizando el acto de relacionarnos, de vincularnos. Como diría Paul Watzlawick9 : no podemos no estar en eso, es decir, comunicándonos.
Cada vez que comunicamos o nos comunican algo que somos capaces de entender, estamos agregando nuevos elementos a nuestra visión de la realidad. Se trata de un proceso habitual que muchas veces no somos capaces de darnos cuenta de él. Y, probablemente, en la mayoría de los casos, simplemente no nos damos cuenta.
Sin embargo, para quienes trabajamos en el mundo de las comunicaciones, en cualquiera de sus ámbitos, tomar conciencia de este proceso es fundamental. Para entender en qué consiste este proceso, haremos el intento de hacerlo desde la fenomenología, como una de tantas otras aproximaciones posibles
2.3 ¿Qué es la fenomenología?
En términos simples, para uno de sus principales teóricos, Husserl, la fenomenología tiene que ver con “lo que me aparece en la conciencia”10, con todo aquello que está fuera de mí y está vivo en mi conciencia: imágenes, emociones, y también palabras/conceptos que dan cuenta de las mismas. “Como todas aquellas cosas son fenómenos, el análisis fenomenológico de la vivencia nos enfrenta con dos seres en sí: la conciencia y el ser de que se tiene conciencia”11.
“La vida natural y de vigilia de nuestro yo es un constante percibir actual o inactual. Sin interrupción está ahí en forma de precepto e] mundo de las cosas y en él nuestro cuerpo. ¿Cómo se segregan y pueden segregarse la conciencia misma como un ser concreto en sí y el ser de que se tiene conciencia en ella, el ser percibido como un ser que “hace frente” a la conciencia y es “en sí y por sí’12 (Ideas 1, j 39, p. 89).
Desde la perspectiva etimológica, los fenómenos tienen una esencia que, por definición, no es comunicable. El noúmeno (del griego “νοúς,” “noús”: mente), en la filosofía Kantiana es un concepto usado para referirse a las “cosas en sí”, en su existencia pura, por lo tanto inaccesibles para cualquier sujeto independientemente de cuál sea su modo de conocerla.
Desde esta perspectiva se parte de la premisa de que como no podemos acceder y menos poseer la esencia de las cosas, los seres humanos hacemos un acto de fe en relación a ellas. En otras palabras, la realidad vista desde la fenomenología es un acto de fe: lo que yo tengo no es la esencia de las cosas, sino su apariencia. La única forma posible de conocimiento que tenemos los seres humanos, es el conocimiento de la realidad como fenómeno.
Niklas Luhmann, teórico contemporáneo de las comunicaciones, indica que “uno debe ser capaz de asumir que la información no es auto-entendida, sino que se requiere de una decisión separada. Justamente, como la vida y la conciencia, la comunicación es una realidad emergente. Surge a través de una síntesis de tres selecciones diferentes: selección de la información, selección de la expresión de esta información y una selectiva comprensión o mal entendimiento de esta expresión y de su información. Ninguno de estos componentes puede ser presentado por sí mismo. Sólo en conjunto pueden crear comunicación.”13
La distinción y posterior intervención creativa de estos tres componentes de todo fenómeno comunicacional: información, expresión y entendimiento, es el aporte principal de la comunicación a la vida moderna.
2.4 Estructura de los fenómenos
Para entender qué es un fenómeno es necesario conocer cuál es su estructura básica, la que es siempre igual para todo lo observado. Esta se divide en tres partes:

FIG.Nº 1
1 Contenido: es aquello que hace que algo sea lo que es, es decir, cuál es la funcionalidad del fenómeno. Un mismo contenido puede tener distintas formas. Por ejemplo, un lápiz va a ser un lápiz porque escribe, sin embargo, su forma puede ser de distintos tamaños y colores.
2 Forma: es lo que “da cuerpo” al contenido. Puede ser material (asible) o inmaterial, dependiendo del fenómeno.
3 Imagen: es la manera en que el contenido y la forma viven en la mente de las personas.
2.5 Modelo de comprensión de los sucesos comunicacionales
Es el individuo en solitario el que percibe y atribuye significados, que posteriormente socializa a través de las diferentes manifestaciones del lenguaje.
Lo observado puede ser un fenómeno objeto (lo otro) o un sujeto (el otro), o un conjunto de sujetos (los otros). Todos tienen la misma estructura: contenido, forma e imagen.

FIG. Nº 2
Es posible distinguir estas partes durante el proceso de percepción, a través del cual el hombre distingue en la realidad algo que observa. Cuando el hombre percibe el fenómeno es capaz de atribuirle un significado al rebotar en su forma. Uno dice que el lápiz es un lápiz porque tiene forma de lápiz.
Lo anterior tiene que ver con algo que se llama “cualidad informativa del fenómeno”: todo fenómeno tiene información en sí mismo. Sin embargo, es el ser humano, en este proceso de percepción, el que es capaz de obtener esa información de la forma, darle significado al fenómeno, y a continuación, dar fe de que el contenido de dicho fenómeno –que es implícito-- existe. Un ejemplo clásico de esta situación es que, para nosotros, la isla que nadie ve no existe.
El hombre atribuye significado a través de esta percepción de la forma, a partir de la cual intuye, deduce, apuesta y da fe de que corresponde a un contenido implícito. Esta forma puede ser objetiva, material, asible, o puede ser perfectamente inmaterial, no observable a simple vista.
Pero cuando hablamos de percepción no podemos quedarnos sólo con la visión cognitiva del asunto que reduce el proceso a que el sistema humano capta la realidad y le atribuye significado. Debemos ir un paso más allá y considerar, como diría Francisco Varela, que la percepción es acción14. El hombre actúa en función de cómo percibe las cosas, por lo tanto, la percepción no es sólo la atribución del significado, sino que implica que la atribución de dicho significado genera un mundo interno que induce la conducta humana de quien lo percibe, porque es la realidad para esa persona.
Las personas percibimos la realidad a través de los sentidos, y contrariamente a lo que la tradición enseña, son mucho más que cinco sentidos por los cuales aprehendemos esa realidad.
- Los sentidos humanos: estar en el mundo
Con los ojos no escucho, y cuando escucho no palpo ni veo, aunque tenga la ilusión.
Los significados no son sólo los que entran cognitivamente a nuestra mente. También nuestro cuerpo es capaz de adquirir conocimiento sobre determinadas cosas. El proceso de percepción descrito previamente, no podría realizarse si los seres humanos no tuviéramos sentidos, que son nuestro medio para acceder a los fenómenos.
Al tener conciencia de la totalidad de nuestros sentidos podemos darnos cuenta de que, en la mayoría de las personas estos suelen estar muy atrofiados o poco desarrollados, precisamente porque desconocen su existencia. Si bien, estamos acostumbrados a decir que los sentidos humanos son cinco, esto no es tan así, mirado desde la perspectiva de las comunicaciones. Los sentidos a través de los cuales percibimos el mundo son diez al menos. Son aquellos que nuestra cultura occidental reconoce porque la biología lo ha hecho objeto de estudio y tiene evidencias empíricas de su funcionamiento. Además, existen un conjunto de otros tipos de sentidos que se reconocen en las culturas orientales que no abordaremos en este artículo.
- Sentidos externos
Contamos, en primer lugar, con cinco sentidos externos al cuerpo: el olfato, la audición, el gusto, la vista y la piel (no el tacto). Esta última es muy importante, pues está llena de receptores y porque permite que el hombre desarrolle potencialmente una serie de otros sentidos a partir de ella, es por eso, que nos extenderemos en la descripción de sus características y funciones.
“La piel es el órgano más grande ya que cubre todo nuestro cuerpo. El humano adulto tiene aproximadamente 2 metros cuadrados de superficie cutánea, tiene un peso de 4 a 5 kilos. Tiene multitud de funciones: sirve de escudo, protege de ondas luminosas dañinas, incorpora líquidos, regula y estabiliza la temperatura, regula la presión y dirección del torrente sanguíneo. Es un órgano sensorial con la capacidad de mediar diferentes sensaciones. La piel es una cubierta muy irregular con gran variedad de cualidades y extensiones superficiales”15.
Los receptores de la piel:
Propioceptores: median el sentido de la posición del cuerpo y nos permiten conocer la posición de los miembros teniendo los ojos cerrados.
Mecano-receptores cutáneos: se estimulan por la presión sobre la piel, sobre todo por las vibraciones, es decir, por presiones que varían rápidamente.
Termo-receptores: los receptores al frío se estimulan cuando la temperatura de la piel es menor de 37 grados, y los receptores al calor cuando supera los 37 grados.
Nociceptores: detectan un estímulo que puede producir daño en el organismo y producen la sensación del dolor.
- Sentidos internos
A los cinco sentidos anteriores, complementando el sentido del tacto con la piel, se les pueden sumar cuatro sentidos internos definidos por Santo Tomás de Aquino (siglo XIII D.C.)16, que muchas veces no se desarrollan porque no están en la conciencia. Esto, en el mundo de la docencia, especialmente en el ámbito de las comunicaciones, resulta bastante paradójico, pues todas las competencias que la educación formal busca potenciar precisamente al desarrollar los sentidos internos. Estos son:
Sensus communis (sentido común): es el sentido interno que distingue y reúne los datos de los sentidos externos. Permite distinguir, por ejemplo, el color del sonido, algo que el ojo por sí mismo no podría hacer ni el oído tampoco. En otras palabras, el sentido común es el que pone en conexión los dos tipos de sentidos mencionados.
Phantasia o imaginatio (fantasía e imaginación): es la capacidad de conservar las formas aprehendidas por los sentidos.
Vis memorativa (memoria): es la capacidad de reconocer lo conservado en la imaginatio.
Vis aestimativa (estimar/valorar): es la capacidad de percibir lo útil o lo nocivo, lo amigable o lo hostil.
Existe, además, un décimo sentido, que es el de la Auto-observación o Conciencia de Sí. “Es un meta sentido que todos poseemos, pero que infelizmente, por total desconocimiento y consecuentemente desuso, está también atrofiado. Este sentido nos permite auto conocernos y explotar nuestro propio mundo interior, pues, así como una persona es por dentro, también lo será por fuera. Aquel que realmente se conoce a sí mismo conoce el mundo entero, porque sólo puede captar el mundo en el momento en que es capaz de diferenciarlo de sí mismo”17.
-Los otros sentidos: El hombre, Centro de Energía e Inteligencias Múltiples
En el proceso de conocer y comunicar es importante saber que el cuerpo humano posee centros de energía capaces de percibir también la energía de los otros. “Básicamente contamos con tres centros de control, responsables de determinadas funciones físicas y psicológicas del hombre: el centro intelectual –se localiza en el cerebro y trabaja con la energía mental--; el centro emocional –corresponde a dos puntos localizados en el corazón y el plexo solar que trabajan con la energía emocional--; y el centro sexual --localizado en los órganos sexuales y que, evidentemente, trabaja con la energía sexual“18. Estos centros, si bien existen en todas las personas, en nuestra cultura se ha ido perdiendo la capacidad de sentirlos y aprovecharlos, lo que hace que no trabajen correctamente, causando el mal funcionamiento de la máquina humana como un todo.
“Según el hinduismo y algunas culturas asiáticas, los chakras son vórtices energéticos situados en los cuerpos sutiles del ser humano, llamados Káma rupa (forma del deseo) o linga sharira (cuerpo simbólico). Su tarea es la recepción, acumulación, transformación y distribución de la energía llamada prana. Cada uno de estos centros se asemejaría a una flor abierta y poseería ciertos colores que son más o menos brillantes según el estado evolutivo de la persona”19.
“El aura, del griego aire o brisa, es el campo electromagnético que envuelve a todos los seres vivos, y que se ve influenciada directamente por el estado físico, mental y emocional de cada individuo”20. El aprendizaje sobre ésta dimensión de nuestro cuerpo, debería ser parte esencial del conocimiento para explicar algunos factores de la comunicación humana tan importante como el carisma, la atracción, la química, la buenas o malas vibras y otros, que desde hace mucho tiempo ya forman parte del léxico popular.
Estos factores, no explicados científicamente, pero perceptibles como fenómeno a nivel social, explica en parte, la irrupción de variadas disciplinas orientales como el Reiki, Tai Chi, Yoga, etc. e innumerables técnicas marciales y medicas basadas en el conocimiento y control de la energía. La acupuntura es una de ellas, la que es fundamental el sistema de medicina china y que tiene como función, distribuir la energía vital por todo el cuerpo con el propósito de: reequilibrar, estimular o sedar ese flujo vital.
La medicina occidental reconoce la utilidad de la medicina china, y es aceptada con el rótulo de medicina alternativa.
Por otra parte, el hombre también se relaciona con el mundo a través de distintas habilidades, inteligencias o capacidades de conocer, todas las cuales importan y deben desarrollarse. Estas llamadas inteligencias múltiples son21:
Inteligencia Lógica – Matemática: es la inteligencia que tienen los científicos. Se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio lógico (izquierdo) y con lo que nuestra cultura ha considerado siempre como la única inteligencia.
Inteligencia Lingüística: es la inteligencia que tienen los escritores, los poetas, los buenos redactores. Utiliza ambos hemisferios del cerebro.
Inteligencia Espacial: consiste en la inteligencia capaz de formar un modelo mental del mundo en tres dimensiones. Es la inteligencia que tienen los ingenieros, los cirujanos, los escultores, los arquitectos y los decoradores, entre otros.
Inteligencia Musical.
Inteligencia Corporal – Kinestésica: es la capacidad de utilizar el propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas. Es la inteligencia de los deportistas, los artesanos, los cirujanos y los bailarines.
Inteligencia Intrapersonal: es la inteligencia que nos permite entendernos a nosotros mismos.
Inteligencia Interpersonal: es la inteligencia que nos permite entender a los demás. La solemos encontrar, por ejemplo, en los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas.
Inteligencia Naturalista: es la inteligencia que utilizamos cuando observamos y estudiamos la naturaleza. Consiste en observar los modelos de la naturaleza, en identificar y clasificar objetos y en comprender los sistemas naturales y aquellos creados por el hombre.
El lenguaje, como veremos más adelante, es el medio que tenemos para compartir el significado que se les da a las cosas que percibimos de cualquier manera. La complejidad de dicho lenguaje va a depender de las inteligencias que yo manejo.
Sin embargo, la cultura occidental, lamentablemente, mide la inteligencia de las personas principalmente, y a veces exclusivamente, a través de la matemática o la intelectual, mientras que deja de lado la emocional que es igualmente importante. La inteligencia intrapersonal y la interpersonal conforman la inteligencia emocional y juntas determinan nuestra capacidad de dirigir nuestra propia vida de manera satisfactoria.
- Atribución de significado
Es en la mente en dónde cobran vida los fenómenos. Es ella, ese algo que percibimos se transforma en ideas, conceptos, emociones, visiones, olores, sonidos, sabores, texturas, pero con límites. Vivimos rodeados por una cantidad infinita de fenómenos sobre los cuales somos incapaces de percibir y significarlos todos al mismo tiempo. Para superar y convivir con dicha limitación, cada persona ha desarrollado la capacidad de filtrar y seleccionar fenómenos y ordenarlos en la mente asociando lo percibido a una “palabra” o conjunto de “palabras” que permiten transformar los fenómenos en objetos accesibles y registrables en la memoria.
La mente, que es reflejo de esa realidad, es la que realiza el proceso de atribución de significado y sentido de cada fenómeno que se hace presente en su conciencia. De la calidad este proceso, dependerá la mayor o menor comprensión del “mundo” que cada individuo tendrá (conocimiento).
Asumiendo lo propuesto por Umberto Eco22 en su libro de “Introducción a la Semiótica”, y los aportes de Roland Barthes23, otro semiólogo destacado del siglo XX, se ha propuesto, a modo de síntesis, la siguiente expresión gráfica de sus conceptos:
- Modelo de atribución de significados
FIG. Nº 3
- La “palabra-imagen- emoción”
Es en el sujeto “subjetivo” donde el tiempo y el espacio cobran su dimensión. Son las personas las que experimentan las infinitas combinaciones de lo pasado y lo futuro, de lo interior y lo exterior, de lo próximo y lejano. E incluso más allá: de lo querido y necesario, de lo verdadero y falso, de lo bueno y malo, de lo justo e injusto, de lo hermoso y feo, de lo propio y ajeno, de lo cierto e incierto, de lo probable e inseguro. Y así. Este emparejamiento de palabras se puede extender al infinito porque es a través de ellas las personas realizan la doble tarea de apropiarse y describir los fenómenos que les ofrece la realidad. Son las palabras/valores el nexo de los hombres con su entorno, son ellas la mediación entre las percepciones, el dato inefable, y la posibilidad de regreso a lo explícito.
Las palabras ordenan el sentido en un viaje de ida y vuelta. Abren significados del mismo modo que encubren otros; dejan ver lo que señalan, a la vez que sugieren lo no dicho, lo silenciado. Las palabras son la moneda de cambio, la mercancía flexible, el billete universal, la tarjeta abierta a todas las transacciones.
Las palabras participan de la objetivación y desobjetivación de lo objetivo; así como en la subjetivación y desobjetivación de lo subjetivo. Las palabras son explícitas por lo que muestran e implícitas por lo que guardan, las palabras transitan a discreción por todos los umbrales porque, en el fondo, están más allá del bien y el mal, son inmunes al éxito o fracaso, a la victoria o la derrota y están ahí o acá, en lo real o virtual, constatando como un medio de prueba única y exclusivamente la propia pertinencia de su uso.
- Conocimiento
Vélez S24. (2001), lo define como el “proceso por el cual el hombre refleja (por medio de conceptos, leyes, categorías, etc.) en su cerebro las condiciones características del mundo circundante. Una de las formas que tiene el hombre para otorgarle un significado con sentido de la realidad”. El Conocimiento científico, para el físico Vélez S. (2001), no es más que el “conocimiento sistemático de la realidad, es decir, teniendo las etapas de observación, descubrimiento, explicación y predicción”.
Otra definición en este ámbito define: “El conocimiento es el reflejo de la realidad objetiva por el hombre a través de sus formas fundamentales sensoriales, racionales verificado por la práctica y de manera individualizada. Su difusión e intercambio se produce mediante el lenguaje”25.
Reconociendo, aguas arriba, el significado de los fenómenos observados asociado a palabras, es posible tener ideas, “que son la imagen de algo que existe en la mente. Las ideas dan lugar a los conceptos que son la base de cualquier tipo de conocimiento”26.
Sin embargo, las emociones juegan un rol fundamental. La alegría, la tristeza, el miedo la rabia, el amor filial y el amor erótico, pueden, en algunos casos, transformarse en envoltorios que facilitan u obstaculizan el conocimiento de algo.
Todas las personas estamos permanentemente construyendo pequeños relatos o ensayos de expresión. Narramos, argumentamos. Es una voz interior que siempre está articulando palabras, muchas veces en forma inconciente. A eso lo llamamos pensar.
- El lenguaje, vehículo de socialización
El proceso de percepción de la realidad y atribución de significados es un proceso individual. Solo a través del lenguaje, en sus diferentes manifestaciones, construimos significados comunes con el otro, construimos comunidad de significado y sentido.
El diccionario de la RAE, al referirse al lenguaje oral, lo define “como el conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente”27. Desde esta perspectiva, el lenguaje es el medio a través del cual las personas conocemos dichos fenómenos; un hombre tendrá una visión más compleja de la realidad en la medida en que en su mente tenga más conceptos asociados a palabras y lo pueda expresar. Mientras más cosas sea capaz de “denominar”, más objetos será capaz de conocer y reconocer, por lo tanto, más amplio será su visión del mundo.
Cada uno guarda en su memoria imágenes, colores, texturas y otras miles de cosas, las que podemos reproducirlas solo a través de las palabras y, en algunos casos, a través el dibujo, la escultura, la pintura, la fotografía, la música, el cine. Por lo tanto, el dominio de la palabra no es trivial, porque la palabra es la unidad de comprensión y cognición del mundo y el medio que tenemos para reproducirlo. Por eso ser “palabrista” como decía Borges, o periodista, o comunicador en cualquier de sus formas es fundamental para la sociedad.
Pero un hombre no sólo tendrá una visión de la realidad más compleja que otro mientras más conceptos tenga en su mente, sino mientras más desarrollada tenga la capacidad de establecer relaciones entre los distintos fenómenos que conoce y, por lo tanto, de crear mundos nuevos. La creatividad y la capacidad intelectual se refieren precisamente a esto: una persona sólo podrá ser capaz de deducir cosas y de crear otras nuevas en la medida en que es capaz de generar vínculos mentales entre los distintos fenómenos que conoce.
- En el tiempo y en el espacio: la cultura
Palabras, gestos, fenómenos, etc. viven en un contexto que llama cultura. La cultura influye altamente a todos los actores del sistema, y a la vez se ve influida por ellos. En esta relación la cultura es al hombre lo que el agua es al pez. Todo vive en la cultura, pues es donde los hombres se mueven, interactúan, funcionan, viven y, a su vez, la cultura vive en función de dichos movimientos.
La comunicación, a su vez, es circular. Nosotros actuamos para el resto de las personas como cualquier otro fenómeno, y el resto nos percibe de una manera específica, según sus sentidos y los significados que cada uno les da, en un proceso de interacción que se vive en el mundo de la cultura. Ese proceso, que modifica a los otros que me perciben, a la vez me modifica a mí porque la forma en que los otros me perciben genera estímulos en mí que me pueden hacer cambiar.
Como todos somos emisores y receptores a la vez, el análisis de la relación de los procesos de percepción y lenguaje no puede realizarse sino a la luz de la cultura. La interpretación cultural respecto de los fenómenos comunicacionales debe ser previa al análisis de los efectos internos de la relación entre ambos cuando se trata de construir significados comunes.
2.6 Jerarquizando la realidad: valores
¿Qué hace que ante millones de cosas que están fuera de mí, yo capte algo y lo ponga al nivel de la conciencia? La respuesta no es tan simple. Para que se produzca este vínculo entre el ser humano que observa y el fenómeno que se eleva al nivel de la conciencia del observador debe existir lo que se llama el valor.
El valor es lo que hace que alguien diga que otra cosa o persona (otro fenómeno) debe estar en la existencia… y que, si no está, habría que inventarlo.
“El valor es una cualidad estructural que tiene existencia y sentido en situaciones concretas. Se apoya doblemente en la realidad, pues la estructura valiosa surge de cualidades empíricas y el bien al que se incorpora se da en situaciones concretas, pero el valor no se reduce a las cualidades empíricas ni se agota en sus realizaciones concretas, sino que deja abierta una ancha vía de actividad creadora del hombre”28.
Los valores son, finalmente, lo que determina cómo cada persona jerarquiza su percepción del mundo, estableciendo qué es lo importante, lo trascendente, lo inmanente. Para otorgar dicho valor a un fenómeno éste debe ser:
1 atractivo: los valores no sólo tienen que ver con algo racional, sino también emocional/químico.
2 creíble: debe existir alineación entre su función y su imagen; una correlación entre la percepción del valor y la experiencia que la ratifica.
3 poderoso: debe tener la capacidad de transformar y/o transformarme.
Cumpliendo con las tres características anteriores (atractivo, creíble y poderoso) un fenómeno tiene valor. No obstante, cada fenómeno, de manera independiente, tiene algún valor particular que lo caracteriza. Moderno, entretenido y taquillero, por ejemplo, son palabras que congregan en torno a ellas la característica principal del valor que un determinado fenómeno genera.
2.7 Comunicación de la “verdad”
Por otro lado, para los seres humanos la percepción del valor también debe tener una conexión con la trascendencia, específicamente con los valores griegos –verdad, belleza y bondad-- porque sino no perdura. La búsqueda de la verdad es lo que define el sentido de la acción comunicacional.
Pero, ¿qué verdad es la que buscamos al comunicar algo? Para responder a esto debemos tener en cuenta que la verdad es algo que se vive en el momento y que expresa nuestra vinculación individual con el todo. No se trata de algo relativo, pero tampoco de una idea que pueda adquirirse y ser medida con las palabras, como si fuera un punto fijo y estático.
A la verdad no se llega mediante la técnica o la lógica, no podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con ella. Es lo que nos mantiene unidos, pero cada uno debe hallarla individualmente a partir de las condiciones únicas de su propia vida.
La verdad puede ser captada en cualquier lugar y momento, en lo pequeño o en lo grande. Sin embargo, nuestra mente llena de convicciones, prejuicios, gustos, opiniones y emociones no siempre nos permite dedicarnos simplemente a observar.
La verdad adquiere diversas características dependiendo del contexto del que hablemos. Puede tratarse de:
Verdad Material: “Los hechos observables y medibles”.
Verdad Semántica: “La correspondencia entre los dichos y los hechos”.
Verdad Jurídica: “Lo que se dice, pero que tengo que probar”.
Verdad Científica: “Lo que explica las causas últimas del comportamiento de un determinado fenómeno observable en el espacio y en el tiempo”.
Verdad Filosófica: “La que responde a la pregunta por el sentido de la existencia”. “Es una pregunta abierta, su respuesta está en permanente proceso de búsqueda”.
Verdad religiosa: Cristo es la verdad
Verdad Ideológica: “Sistema de creencias racionalmente construido”.
Verdad Política: “La fuerza como razón última”.
Verdad Social: “La opinión pública tiene una verdad construida y conducida por los medios de comunicación social” (Información y desinformación).
Como diría Lao Tsé: “La existencia está más allá del poder de las palabras para definirla. Pueden usarse términos, pero ninguno de ellos es absoluto”.
2.9 Conocimiento con sentido
La teoría fenomenológica no sólo ayuda a construir una visión de cómo conocer el mundo exterior, sino que permite observar el proceso desde el ángulo contrario. Y es que sabiendo cómo se conoce la realidad, podemos ser capaces de construir un fenómeno que cumpla los requisitos para establecer el todo.
Una manifestación sencilla de esto puede ser, por ejemplo, el desarrollar un programa de televisión. Al hacerlo, como comunicadores, deberíamos ser capaces de desarrollar un contenido o una función, que tiene que tener una forma o formato, y luego lograr que --de alguna manera-- esas dos cosas puedan vivir en la mente de las personas, es decir, que esas personas puedan decir al menos tres palabras sobre atributos orientados a explicitar el valor del fenómeno.
Esto ocurre porque todos los seres humanos hacemos discursos interpretativos del mundo. Somos seres hermenéuticos –como dirían Maturana y Varela29, “los seres vivos se van desplegando en el hacer de su existencia”--. Por otra parte, Rafael Echeverría30 al referirse al lenguaje apoyado también por el pensamiento de Maturana nos señala que también “somos seres metafóricos, que construimos historias a través del pensamiento y otorgamos significados que van más allá de las palabras. Y somos seres sociales, seres de lenguaje, que conformamos la humanidad con el otro, con lo otro”31. Teniendo eso claro, uno puede ser capaz de desarrollar un fenómeno que sea capaz de persuadir a otro ser humano
Finalmente, “no hay que olvidar que, a la vez, somos seres éticos, que vivimos en la disyuntiva ser felices o dar felicidad. Y podemos estar en esa disyuntiva porque somos capaces de postergar nuestros deseos, a diferencia de los animales. Sin embargo, igualmente lo que percibimos como algo bueno o malo para mí, es a partir de nuestras necesidades fundamentales: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, ocio, creación, participación, identidad y libertad”32.
Por lo tanto, como plantea Antonio Elizalde33, un mensaje que no apunte hacia alguna de esas necesidades fundamentales, no tiene sentido… y comunicar es precisamente eso: construir el sentido.
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