Kitabı oxu: «Estás para más»

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A los buscadores de felicidad, bienestar y éxito.

Si has llegado hasta aquí, no es casualidad…


Supongamos que estamos haciendo un viaje por Europa. Estamos en Roma y queremos llegar a Nápoles. Alquilamos una Ferrari (si vamos a soñar, lo hacemos en grande). Escribimos nuestro destino en el GPS, que nos indica en voz con acento español: “dobla a la derecha, sigue tantos kilómetros, toma la carretera tal y dobla nuevamente a la derecha”. Luego de seguir todas las indicaciones al pie de la letra y manejar unas horas, el GPS nos asegura que hemos llegado a destino. Miramos los carteles y nos damos cuenta de que no estamos en Nápoles sino en Milán. ¿Cómo es posible? ¡Si pusimos Nápoles en el GPS! ¿Por qué terminamos en el norte si queríamos ir al sur?

Si un GPS tiene programada como automática una ruta fija, no importa qué le ordenes, te dirigirá a esa dirección. Resulta que hay una persona que alquila la Ferrari todas las semanas para ir de Roma a Milán y ha fijado su GPS para que repita el camino. Creímos que le habíamos indicado dónde queríamos ir, pero el auto ya tenía seteada otra dirección por default.

Algo parecido sucede con nuestra mente y los resultados que alcanzamos. Creemos que diciendo hacia dónde queremos ir, fijando objetivos claros o con una lista de cosas para hacer, vamos a poder avanzar en esa dirección. ¡Ojalá fuera tan sencillo! Muchas veces queremos una cosa, pero terminamos haciendo otra, incluso lo contrario de aquello que decimos que queremos.

Para cambiar tu vida, no alcanza con querer cambiar; tampoco alcanza con saber lo que tienes que hacer (la "To do List"). Debemos cambiar el automático que nos lleva siempre al mismo lugar y reprogramar nuestro GPS interno para que realmente nos lleve hacia donde queremos ir. Cambia tu actitud y cambia tu vida.

¿Para quién está escrito este libro?

“La vida es demasiado corta como para pensar en pequeño”. TIM FERRISS

Hay personas que envejecen, que van acumulando años, pero no vida. Quiero que no caigas en la farsa de vivir una vida sin sentido, una vida de envejecimiento que lo único que acumula son culpas y “qué hubiera sido/ocurrido si…”. Quiero que en unos años mires hacia atrás y sientas orgullo por tu camino y tu crecimiento. Quiero que seas alguien que deja una huella en el mundo y en todas las personas con las que se cruza. Quiero que dejes de esconderte detrás de tus ideas y pensamientos para animarte a manifestar esa realidad.

Los tesoros están reservados para quienes buscan. Este libro está dedicado a todas las personas que buscan bienestar, éxito y felicidad en su vida. Quien busca siempre, más temprano o más tarde, encuentra.

Quiero acompañarte en un camino de crecimiento personal en el que priorices construir tu propia felicidad sobre tener razón o darles la razón a los demás o al universo. La persona exitosa no es la que más razón tiene, es la que logra lo que quiere. Quiero que seas de esas personas que viven la vida que quieren, cómo quieren, dónde quieren.

Muchas veces responden mis posteos de Instagram (@danieladlucia) con comentarios como: “cuánta razón tienes, Daniela” y por dentro pienso “gracias, pero no quiero tener razón”. No tengo razón, tengo un sentido. Y en este camino quiero que descubras tu propio sentido para que interpretes tu vida desde ese lugar y no desde la inseguridad, el miedo o la falta de confianza en ti, que te llevan a resultados y lugares en los que no quieres estar más.

Muchas personas dicen querer cambiar o lograr sus objetivos, pero pocas son las que invierten tiempo de su vida y hacen algo concreto para lograrlo. Y si has llegado hasta aquí conmigo, eres parte de las personas que hacen, y con eso ya tienes ganada la mitad del camino hacia tus sueños.

No importa qué tan mal o qué tan bien estés, no importa cuántos años tengas, no importa de dónde vengas, no importa en qué creas. Tienes mucho para descubrir y también tienes mucho para dar. Tienes mucho éxito por delante. Estés donde estés hoy, estás para más. No te conformes con menos de lo que puedes ser, hacer o lograr.

¿Por qué escribí
este libro?

“El mayor descubrimiento de todos los tiempos es darse cuenta de que una persona puede cambiar su futuro simplemente cambiando su actitud”. OPRAH WINFREY

Hace más de cinco años comencé a postear frases inspiracionales en mi Instagram. Mi gran diferencial era que escribía, y mucho, debajo de cada foto. Tengo 1000 posteos en esa red social con un promedio de 2000 caracteres escritos en cada uno. Al principio me decían que escribía demasiado largo, que nadie lee tanto en estos días y menos en Instagram. Desde ya, seguí escribiendo largo y aprovechando hasta el último carácter disponible, un poco para hacerles la contra a todos y otro mucho porque me gusta abordar cada tema en profundidad y creo que muchas veces una frase suelta no alcanza. O peor, una frase suelta puede ser malinterpretada y causar mucho daño. Estoy cansada de scrollear la pantalla y ver posteos de frases o palabras del tipo “Soltar”, “Creer”, “Amor propio es decir que no”, “Sonríe”, “Pide y se te concederá”, “Sé feliz hoy”, “El mañana no existe”, “Espera que todo llega”, etc., etc., etc. Puedo escribir una página completa de frases que pueden ser interpretadas de mil formas y que a una persona que las lee desde una perspectiva de falta de amor propio y confianza la pueden llenar de “motivación de cotillón”, que la haga sentir bien por un rato pero, al darse cuenta de que su realidad no cambia y sigue teniendo los mismos problemas de siempre, se siente peor que antes. Y entonces vuelve a leer una frase que enciende su esperanza y se siente mejor por otro rato, pero luego cae en la desilusión nuevamente. Y así pasa la vida consumiendo migajas de esperanza: esperando que algún día llegue algo que cambie su realidad.

Todos hemos caído alguna vez en ese loop de esperar que algo bueno nos pase para sentirnos bien, pero la motivación no funciona de esa manera. No nos sentimos bien por algo externo y tampoco deberíamos sentirnos mal por algo externo. De hecho, en el curso La ciencia de la felicidad, que hice en la Universidad de Yale, demostraron que solo el 10% del total de nuestra felicidad proviene de lo que nos pasa. El 40% depende de nuestra interpretación y actitud con respecto a lo que nos pasa. Y el resto viene de la predisposición genética a ser más o menos positivos. La realidad es que no serás más o menos feliz ni por un ascenso ni por leer “sonríe” en un post de un pseudogurú. #sorrynotsorry

En mis posteos y en mi comunidad de Instagram no busco que las personas se sientan “felices” por leerme, busco que encuentren herramientas y espacios de reflexión para que se conozcan cada vez más y suelten el automático que las limita en diferentes áreas de la vida. Claramente, eso no voy a lograrlo con una frase suelta, y muchas veces tampoco con los 2200 caracteres de un posteo. Pero en cada uno siembro una semilla que con el tiempo da sus frutos. Tal vez, después de un posteo y un #sorrynotsorry te sientas mal. Prefiero que sientas algo a que vivas la vida adormecido sin saber lo que eres, sientes o quieres.

Todos los días recibo mensajes de personas que me agradecen por haber tomado alguna decisión difícil en su vida, por darse cuenta de su valor, por haber cambiado de trabajo o alguna otra cosa que venían posponiendo por estar en el “NI”: ni bien ni mal. No solo demostré que las personas leen más de lo que la media cree, sino también que una red social tildada de “inmediata y superficial” es un medio más para dejar huella.

Este es un mensaje real que recibí en mi cuenta, lo transcribo textual:

“Dani, me acaba de caer una ficha jajaja! Hice un cambio muy muy grande en mí, creo que necesitaba llegar a este punto para cambiar y en gran parte fue gracias a vos, me di cuenta mostrándole tus historias a mi mamá. Salí del automático, elijo, doy mi opinión, me valoro, me respeto y me amo … esto hace unos meses no existía en mí.

Todos notan el cambio y me dicen ‘estás distinta, cambiaste tu personalidad’. Yo creo que me pulí y gracias a leerte y a verte tan segura, tan motivada, tan auténtica. Si vos podés, yo puedo! Y así la magia sucedió. Infinitas gracias! Vamos por más…”. Sole G.

Gracias, Sole, y gracias a todas las personas que comparten conmigo sus vidas, desafíos y logros todos los días.

En este libro encontré la oportunidad de seguir sembrando semillas para multiplicar el mensaje y seguir ayudando a cada vez más personas a hacer realidad sus sueños. Lo bueno es que aquí no tenía límite de caracteres (bueno, un poco sí…) y eso me permitió profundizar en cada tema y contar historias, experiencias y aprendizajes, sin miedo a que me saliera la notificación en Instagram de que “el posteo ha excedido la cantidad máxima de caracteres”. En este libro encontrarás más de 220.000 caracteres que quiero regalarte como semillas para tu propia cosecha de expansión personal y profesional.

¿De qué trata
este libro?

“El 99% de la gente está convencida de que es incapaz de lograr grandes cosas en la vida, entonces apunta a lo mediocre”. #SORRYNOTSORRY BY TIM FERRISS

Se trata de experiencias, de aprendizajes, de historias y no de verdades absolutas o teorías de felicidad. Mi objetivo es que puedas pensar y, sobre todo, sentir todas las áreas de tu vida desde una perspectiva de protagonista que te haga ir por más y desplegar todo tu potencial.

Aquí no vengo a proponerte una receta maravillosa o mágica, solo a compartir algo de todo lo que he aprendido de mis maestros de coaching: Tony Robbins, Cloé Madanes y Fred Kofman; lo que aprendo de las experiencia de vida y negocios de mis clientes; y, por sobre todo, de lo que aplico y me funciona en mi propia vida. Porque te aseguro que cada una de las palabras que vas a leer primero las he pasado por mí. Hay una expresión en inglés que dice “walk the talk” y significa “caminar el discurso”, ese es uno de mis compromisos como profesional, contigo y con la vida. Muchas veces me preguntan si soy siempre así, ¡y claro! El coaching es un estilo de vida, y gracias a él he creado uno personal que no solo me funciona muy bien a nivel felicidad y afectos, sino que me ha permitido generar un negocio superrentable del que estoy más que orgullosa. Por eso no creo en los gurúes que dicen una cosa pero luego viven su vida de otra manera, o dicen vivir de una forma, pero sus resultados no reflejan lo que predican.

Y tal vez estés pensando “ok, felicitaciones, Daniela, pero… ¿qué tiene esto que ver con mi vida?”. Justamente, todo. Porque si yo lo he logrado, tú también puedes hacerlo. Estoy convencida de que toda persona es capaz de diseñar, construir y vivir el estilo de vida de sus sueños.

Este no es un libro más de autoayuda, este es un libro que te permitirá analizar todas las áreas de tu vida y soltar los automáticos que te dejan dando vueltas en el mismo lugar. Cada capítulo está especialmente diseñado para que revises todas las áreas de tu vida en profundidad y encuentres tus propias respuestas para romper tus límites.

Si no es ahora…
¿cuándo?

Una de las cosas que más valoran mis clientes de mi estilo profesional es que hablo de un modo directo y los desafío a pensar distinto acerca de los problemas de siempre, con la misión de cuidar y maximizar sus tiempos y, sobre todo, sus resultados.

Esto de no querer hacerte perder el tiempo tiene un lado A muy positivo: vas a mirar de frente la realidad y vas a ir por lo que quieres. Pero el lado B es que tal vez leas algo que no te guste saber o reconocer de ti. Lo que más nos duele muchas veces es lo que más necesitamos escuchar. La idea es romper con creencias o patrones de conducta que te limitan, para que puedas llegar al próximo nivel en todas las áreas de tu vida.

Algunos autores buscarán llevarte por un camino “entre algodones”. Mi estilo es un poco más directo y lo podemos resumir con la expresión “sorry not sorry”, con la que vamos a identificar esas cosas que nos cuesta leer o escuchar, pero que igual necesitamos hacerlo. Vas a encontrar el #sorrynotsorry varias veces a lo largo del libro. La idea es ponerle un poco de humor y reírnos de nosotros mismos en el camino de expansión personal.

Cada #sorrynotsorry va con amor y es el resultado de algo que aprendí (y por lo cual, seguramente me equivoqué) en la vida. No vengo a pararme en un pedestal a decirte lo que está bien y lo que está mal, tampoco quiero que te castigues con el látigo mental pensando que haces todo mal, aquí estamos para ir por más, sabiendo que cada una de nuestras vidas está llena de #sorrynotsorry y podemos elegir quejarnos y bajar los brazos o tomarlos con humor y seguir adelante.

Yo también estuve ahí. Y en ese momento me habría gustado que alguien me dijera “estás para más”. Fue en esa época de amargura y frustración de mi vida cuando aprendí en carne propia que existen dos tipos de personas: las que esperan que las cosas les lleguen y las que hacen que las cosas les sucedan. Perdí muchos años esperando que alguien me ayudara o confiara en mí para avanzar en la vida, sin darme cuenta de que todo lo que necesitaba ya lo tenía: tenía la inteligencia, la creatividad, los recursos; lo único que me faltaba era confiar en mí. Pero confiaba más en los demás.

Todos alguna vez estuvimos en ese rulo loco que oscila entre el enojo y el desgano culpando a los demás o a la vida por no darnos lo que merecemos. ¿Cómo salir de ese rulo loco? Este libro está especialmente pensado para ello. Quiero que te animes a soltar la queja y a dejar de buscar soluciones fuera, cuando tienes todo en ti para manifestar tus sueños.

Así como el rulo loco y #sorrynotsorry, encontrarás otras expresiones, frases y palabras inventadas para referirnos a situaciones, personas o patrones de conducta. Como en tu grupo de amigos tienen códigos que solo ustedes entienden, aquí tendremos expresiones que solo entenderemos aquellos que formemos parte de este libro. También encontrarás frases resaltadas en cada capítulo con la intención de que prestes especial atención a ese mensaje para reflexionar y potenciar tus resultados.

Este libro es un compendio de historias propias y experiencias que aprendo en mis consultas. Los personajes y cada una de las historias se inspiraron en situaciones reales, pero han sido modificadas para cuidar la privacidad y la confidencialidad de cada uno de mis clientes. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia.

¿Mi propio conejillo de Indias?

“Aprende las reglas como un profesional, para poder romperlas como un artista”. PABLO PICASSO

Creo que todas las personas tienen un don, al cual me gusta llamarle “superpoder”, pero que no todas lo han descubierto aún. Muchas mueren sin descubrirlo. Eso me saca de quicio. Es raro escuchar a una coach que diga que le enoja o le enerva algo, ¿no? Pero no soy un robot y la pasión con la que hago mi trabajo muchas veces me saca de quicio. Me sucede cuando veo a alguien desperdiciando su talento mientras hace algo que no le gusta ni le sale bien, cuando alguien con un potencial increíble está en pausa por miedo o inseguridad, cuando alguien se cree menos de lo que es, cuando alguien busca afuera el poder que tiene dentro, cuando alguien vive escondido esperando que otra persona le toque la puerta para salir a ser feliz o hacer realidad sus sueños.

Como coach hago muchas cosas, pero creo que mi don es la pasión por lo que hago, la intensidad con la que lo hago y la capacidad de ver más allá de lo que el otro ve de sí mismo, que me lleva a creer más en las personas de lo que ellas lo hacen. Soy una creyente fervorosa de que todos los seres humanos tenemos un don y la capacidad de hacer realidad nuestros sueños. Podemos decir que mi don es ver y creer en el de los demás.

Tengo el privilegio de compartir mis ideas, aprendizajes y experiencias con miles de personas a través de mi Instagram, mis cursos, la tele y, ahora, este libro. He trabajado con cientos de personas en sesiones individuales y grupales: gerentes, políticos, CEO, emprendedores, influencers, abogados, psicólogos, ingenieros, madres y padres. Y me entusiasma mucho poder compartir mis mayores aprendizajes contigo. Quiero que tú también los apliques en tu vida para dejar de perder tiempo en enlatados que no funcionan. Te desafío a que, si leas con atención y te concentres en lo aprendido y, en menos de un año notarás cambios visibles en tus re­sultados: más autoestima, más amor, más amigos, más espiritualidad, más dinero y más de todo lo que quieras.

Si hay algo que me caracteriza como coach es que no me conformo con lograr la paz mental o la felicidad; me obsesiono con los resultados, los propios y los de los demás. No solo quiero que te sientas más feliz o más a gusto con tu vida, también quiero que crezcas y que sea visible en resultados concretos. El objetivo es que tus cambios internos se vean reflejados en resultados externos. Que seas capaz de manifestar la vida que quieres en hechos.

¿Cómo leer
este libro?

Este libro está diseñado para que puedas leerlo de adelante hacia atrás o de atrás hacia adelante. Puedes comenzar por el capítulo que más te resuene y luego seguir en orden de prioridades. Eso también te dará información acerca de lo que necesitas y quieres priorizar. Fíjate cómo el solo hecho de elegir el modo en que quieres leerlo te pone en el lugar de protagonista y te invita a hacerte preguntas para encontrar respuestas en tu vida. Si optas por leerlo desde el inicio hasta el final, te subirás a un viaje de expansión personal especialmente diseñado para mejorar todas las áreas de tu vida.

La mayoría de las personas subestima el poder y los resultados superpoderosos que puede obtener al enfocarse por completo en un tema y darle toda su energía. El compromiso es tuyo. Esta información está disponible para todas las personas en el mundo, pero hoy está en tus manos. Si has llegado hasta aquí, no es casualidad. Leer este libro es hacer algo por ese cambio que sabes que necesitas. Puedes elegir leerlo como un espectador, desde afuera, leyendo cada palabra como si fuera solo mía; o puedes elegir leerlo como protagonista apropiándote de cada mensaje y aprendizaje para aplicarlos a tu vida. Dos actitudes, dos resultados diferentes.

Al final de cada capítulo encontrarás actividades para llevarte a reflexionar y a la acción. Si quieres sacarle todo el jugo a este libro y lograr resultados extraordinarios, te sugiero que acompañes la lectura con un cuaderno, para que puedas ir haciendo las actividades y también para que vayas tomando nota de tus pensamientos, revelaciones internas y nuevas ideas que te vayan surgiendo a lo largo de la lectura. Muchas veces cometemos el error de dejar nuestros pensamientos en la cabeza, y eso nos carga con estímulos circulares que nos interrumpen en el día a día. Te propongo que plasmes esas ideas en lápiz y papel para que las saques de tu cabeza y las pases al plano de la realidad. El primer paso de la manifestación es hablar o escribir algo, así que vamos a ponernos en marcha y comenzar a hacer realidad la vida que quere­mos. Confía en que, si te tomas el tiempo de escribir lo que vas sintiendo a lo largo del libro, tus resultados serán grandiosos. Luego puedes enviarme un mensaje por Instagram para contarme tu experiencia. Estaré esperando tus novedades :).

¿Cómo fue escrito este libro?

Este libro fue escrito para que disfrutes el 50%, ames el 40% y nunca olvides el 10%.

Cuando elegimos un libro, parece ser simplemente una cosa, pero cuando nos damos cuenta de todo lo que hay detrás de él, sabemos que estamos eligiendo mucho más que eso.

Algunos capítulos se escribieron en un piso 29 de la inmensa ciudad de Buenos Aires, otros desde las cálidas playas de Tulum, otros con mucho frío en mañanas nevadas de Nueva York y otros desde una terraza florida de Malibú, en Los Ángeles. Este libro estuvo conmigo durante un año entero, todos los días. Sin importar las sesiones, las vacaciones, el calor, el frío. Este libro fue escrito entre pajaritos y bocinazos, con música que va desde Enya hasta los Backstreet Boys, con el tren de fondo, con el murmullo de perso­nas, con gatos ronroneando, con el sonido del viento y las olas. Todo eso pasó en la creación de este libro y quiero compartir una parte de todo eso contigo.

Con este libro te llevas una partecita de mí. Sobre todo, muchos aprendizajes propios, de mis maestros y de mis clientes. Lo más importante: este libro fue escrito con mucho amor. Espero que lo leas y lo vivas de la misma manera.


“En cuanto comiences a confiar en ti mismo, sabrás cómo vivir”.

JOHANN WOLFGANG VON GOETHE

“Me merezco unos días de vacaciones”. “Me merezco vivir más tranquila”. “Me merezco a alguien que me ame”. Po­demos repetir como loros estas frases, hacerlas mantras, convertirlas en afirmaciones, incluso hacer gigantografías y pegarlas en la heladera; pero indefectiblemente la realidad nos pasa por arriba.

“Si no lo tienes, no lo mereces”, es una frase muy fuerte, pero nos puede ayudar a despertar del ensoñamiento de creer que pidiendo o repitiendo algo vamos a obtener lo que merecemos. Hay una gran diferencia entre querer merecer algo y creer merecerlo. Lo primero es un deseo, algo que está fuera de nosotros y queremos alcanzar. Lo segundo es algo que creemos que es parte de nosotros y podemos manifestar.

La mayoría de las personas plantea sus merecimientos como un deseo, como algo externo, y cae sin saberlo en el engaño del “querer merecer”. Ahí empiezan con las afirmaciones, la visualización y los mantras, pero se olvidan de lo más importante: convertirse en las personas adecuadas para manifestar eso que sienten que merecen. Para lograr hacer realidad todo lo que merecemos en la vida, primero debemos confiar en nosotros mismos y en nuestra capacidad de manifestarlo. Las personas que repiten mantras sin parar y se quedan inactivas esperando que las cosas les sucedan resignan su poder creador. Las personas que conectan con su capacidad creadora de cambiar su propia realidad y se llevan a la acción por sus sueños se demuestran a sí mismas y al universo que realmente se creen merecedoras de lo que quieren. La inacción y el quedarse sentado esperando que las cosas pasen también es una decisión.

La vida, en constante movimiento, nos lleva a tomar decisiones todo el tiempo. Esas decisiones pueden ser tomadas desde el miedo o desde la confianza. Los resultados serán muy diferentes. Las decisiones tomadas desde el miedo limitan nuestros resultados o incluso los anulan al dejarnos paralizados. Las decisiones tomadas desde la confianza los potencian y multiplican.

Las decisiones las tomamos desde quienes somos. Una persona con autoestima y confianza en sí misma tomará decisiones desde ese lugar, obtendrá resultados potenciadores y multiplicará resultados positivos en su vida. Mientras que una persona con autoestima baja y poca confianza se dejará guiar por los miedos y limitará sus propios resultados, multiplicando los resultados negativos en su vida.

Imagina tres personas en sus barquitos navegando en un río turbulento. Están sin mapa y llegan a una bifurcación, deben confiar en su intuición, no tienen certezas. Deben tomar una decisión: ir hacia la derecha o la izquierda. La persona del primer barquito piensa, piensa y piensa. No encuentra certezas, ambas opciones implican el riesgo de equivocarse. ¿Cómo tomar una decisión con tan poca información? Siente mucho estrés y ansiedad. Espera que alguien le diga qué hacer. Desde el barquito de al lado, le gritan: “dobla a la derecha, es mucho mejor”. Y desde el que está al otro cos­tado, le aseguran: “no te conviene, es mucho mejor el camino de la izquierda”. Totalmente desorientada por las opiniones encontradas de los demás y paralizada por el miedo a equivocarse de camino, de repente siente un fuerte golpe y cae. Tanto tiempo le llevó tomar una decisión que terminó estrellándose en la bifurcación. El río, el tiempo y la vida siguen su curso sin importar cuánto nos detengamos a pensar. La vida es movimiento.

La persona del segundo barquito también tiene dudas, pero al llegar a la bifurcación gira a la derecha. Ya está en curso hacia el nuevo camino. Es un camino soleado, calmo y despejado, cualquiera diría que fue una decisión exitosa, pero inmediatamente comienza a pensar “¿y si me equivoqué? ¿Y si este no es el camino correcto? ¿Y si el otro era mejor?”. Siente ansiedad, estrés y frustración. El barco comienza a ir lento y sin rumbo, con riesgo a estrellarse, tiene a su timonel mirando hacia atrás.

La persona del tercer barquito también tiene muchas dudas. Llega a la bifurcación y decide ir a la izquierda. Es un camino soleado, calmo y despejado. Agradece y celebra la decisión tomada y comienza a navegar con toda su fuerza hacia adelante disfrutando del viento y el sol en el rostro. Es consciente de que el único camino que existe es el que está navegando y decide explorarlo en profundidad. Mira hacia adelante y sigue viento en popa a todo motor atenta al camino, esperando una nueva bifurcación.

No le pidas peras al olmo

“El éxito es lo que tú atraes por el tipo de persona en la que te conviertes”. JIM ROHN

Querer merecer un trabajo mejor y estar estancado sintiéndonos presos de la tarea actual es frustrante. Querer merecer un amor sano y terminar con uno tóxico es frustrante. Querer merecer tranquilidad y paz en la vida y vivir a las corridas y estresados es frustrante. Querer merecer algo, lo que sea, y no lograrloes superfrustrante.

No hay nada que nos cause tanto dolor y frustración como querer algo para nuestra vida y obtener otra cosa.

Pareciera que nos animamos a soñar, pero luego la vida nos da duro con un golpe de realidad que nos deja sin aliento. Ante esta situación tenemos dos opciones: podemos elegir tomar una decisión desde la inseguridad y el miedo o desde la confianza y el amor propio. Desde la inseguridad y el miedo podemos optar por abandonar nuestras expectativas y convencernos de que debemos conformarnos con lo que “nos toca”. Desde esta perspectiva, la falta de autoestima nos hace creer que todo lo bueno y bonito de la vida está reservado para los demás. Desde la confianza y el amor propio optamos por mirar de frente nuestra vida, aceptar que nuestras expectativas no están en concordancia con nuestra realidad y tomar una decisión diferente para lograr resultados distintos. Cuando nuestras expectativas, eso que queremos merecer, están en desacuerdo con los resultados que obtenemos en el plano real es cuando necesitamos un cambio. Y los cambios no salen de un repollo. Muchas veces la vida nos traerá naturalmente cambios, pero hay otros de los que nosotros estamos a cargo como responsables de nuestra vida y felicidad.

Lograr que nuestras expectativas sean cada vez más cercanas a la realidad que vivimos se construye desde una autoestima sólida. Desde la confianza y el amor propio puedes conseguir un trabajo en el que te sientas más valioso, desde la confianza y el amor propio puedes vivir un vínculo de amor sano y construir esa relación que quieres, desde la confianza y el amor propio puedes vivir en armonía y felicidad todos los días de tu vida. Todo eso y más es posible, siempre y cuando… ¡no le pidamos peras al olmo!

Esta frase es un refrán muy popular que usamos para indicar que no podemos esperar algo distinto de una per­sona que siempre hace lo mismo. Lo más fácil es usarla para marcar los errores ajenos, pero quiero que la pensemos para aplicarla a nosotros.

Porque cuando somos el olmo y queremos producir peras terminamos agotados y muy frustrados. Por más que nos esforcemos y le pongamos mucha energía, solo un peral podrá producir una pera. Y en este punto es cuando la cosa se pone más interesante. No debemos renunciar a nuestro sueño de producir peras, debemos trabajar en nosotros mismos para convertirnos en el peral.

¿Cómo pasamos de olmo a peral? Construyendo una autoestima sólida. Superando nuestros miedos, haciendo todos los días algo chiquito que nos haga crecer, demostrándonos a nosotros mismos, a los demás y al universo que podemos, que estamos listos para hacer realidad la vida que merecemos.

Eres más grande que tus problemas

“El fracaso es parte del proceso del éxito. La gente que evita el fracaso también evita el éxito”. ROBERT KIYOSAKI

La autoestima se construye de adentro hacia afuera, y solo un poquito de afuera hacia adentro. Demostrarnos a nosotros mismos que podemos lograr lo que nos proponemos es parte de la construcción de la autoconfianza, pero si solo depende de eso podemos entrar en un callejón sin salida. Si el amor que tenemos por nosotros depende de lograr, lograr y lograr… ¿qué pasará cuando fracasemos en algo? Si valemos solo por lo que logramos, cuando no logremos lo que queremos, ¿no valdremos nada? Ahí el amor propio pasa de 1000 a -10.

El otro día un emprendedor vino muy angustiado a la sesión y me dijo: “perdí un cliente y me puse muy mal. Y ni siquiera era un cliente importante, pero no lo soporté… No entiendo por qué me angustió tanto la situación. Estuve toda la semana deprimido”. Cuando nuestro amor depende de hacer las cosas bien y nos equivocamos en algo, el amor propio tambalea. Si el equivocarnos nos hace dudar de nosotros mismos y de nuestro valor, estamos siendo víctimas de la autoestima de cotillón, esa que parece que es de verdad, pero se desecha al final de la fiesta. Y uno de los síntomas más claros de la autoestima “exitista” es el miedo al fracaso. Las personas con el “síndrome de autoestima de cotillón” evitan al máximo la posibilidad de equivocarse. Para ellas el fracaso no es una situación que atraviesan, sino algo que se impregna en su identidad.

Tomando el ejemplo del emprendedor anterior, una autoestima sólida dirá: “perdí un cliente, ¿qué puedo aprender de esto? ¿Qué puedo hacer distinto en el futuro?”. Y seguiría con su negocio (y con su vida). Una autoestima de cotillón dirá: “perdí un cliente, fue mi culpa. ¿Por qué me pasa esto a mi? No puedo mantener los clientes, soy un idiota”. Notemos las dos perspectivas con respecto a la misma situación. En el primer caso, la persona se hace responsable y busca encontrar un aprendizaje para mejorar su futuro. No lo toma como algo personal. En el segundo caso, en cambio, no solo lo toma como algo personal, sino que también se pone en el papel de víctima.

Si alguna vez te has creído menos por fracasar en algo, es momento de identificar tu patrón de conducta y tomar una decisión diferente. Tú no vales por lo que logras, tú vales por lo que eres. Tú no eres el problema, tú eres una persona con mucho valor, más allá de lo malo que te suceda. No permitas que las circunstancias buenas o no tan buenas de la vida afecten tu valía.

Los 7 pasos para ser siempre más grande que tus problemas

En mis sesiones aprendo mucho de los problemas de los demás. La vida es movimiento y cambio constante. Algu­nos de esos cambios nos favorecen y otros nos complican un poquito los resultados. Pero pedirle a la vida que deje de moverse es una utopía.

Todas las personas tienen problemas, pero lo que a mí más me llamó la atención cuando empecé a trabajar como coach es que lo que muchas veces es un problema para una persona no lo es para otra. Luego de una gran cantidad de horas de sesiones llegué a la conclusión de que en realidad la etiqueta de “problema” o la importancia que le damos a eso en nuestra vida es inversamente proporcional a la capacidad que creemos tener para solucionarlo. Es decir: cuanto más creemos en nosotros mismos y confiamos en poder llevar adelante situaciones desafiantes, menos problema nos hacemos por los desafíos que la vida nos pone por delante. Así, la confianza en uno mismo incide directamente en nuestra felicidad. Cuanto más confiamos en nosotros, más capacidad tenemos de resolver problemas y menos nos amargamos o nos preocupamos por ellos. Por eso resulta tan importante convertirnos en personas que desde la confianza puedan avanzar.

Si alguna vez has sentido que tus problemas te pasan por encima y que has perdido tu poder personal de encontrar soluciones, aquí comparto algunos tips para que puedas convertirte en una persona más confiada y tengas una perspectiva diferente con respecto a tus problemas:

Tú no eres el problema, no lo tomes personal. El problema es algo externo, no debes tomarlo como parte de tu identidad. Eres responsable del problema, pero no eres el problema. Estás en situación de problema.

Suelta la queja y la búsqueda de culpables. Buscar culpables te quita tiempo para encontrar soluciones. Si quieres resolverlo, necesitas hacerte protagonista del asunto, sin caer en el error de culparte a ti mismo. Como responsable, tienes la misión de encontrar la forma de responder al problema desde la solución y no anclado al problema. Lo hecho, hecho está.

No lo hagas el centro de tu vida. No dejes que el problema tome todas las áreas de tu vida. Ten siempre presente que el problema solo ocupa una porción pequeña de ella. Si tienes un problema en el trabajo, déjalo ahí. Si tienes un problema de pareja, déjalo en tu casa. Evita también hablar todo el tiempo del problema, encuentra otros temas importantes y positivos en tu vida para enfocar tu energía.

Confía en tus propios recursos. La autoestima de cotillón te hará creer que necesitas encontrar soluciones afuera, pero no te dejes engañar. Tú eres tu recurso más valioso. Una vez que lo resuelvas no solo te demostrarás a ti mismo que puedes, sino que también en el futuro lo que te sucedió ya no te amargará como la primera vez. Tal vez ya ni lo consideres un problema. Cuanto más fortalecemos nuestras habilidades personales, más fáciles de superar son las circunstancias desafiantes.

La vida es movimiento, y nuestro problema también. No lo tomes como algo definitivo y estático. Es una circunstancia más en nuestra vida. Recuerda que esto también pasará.

Mantén conversaciones internas inteligentes. Deja de preguntarte “¿por qué me sucede esto? ¿Qué significa esto? ¿Qué me quiere decir la vida con esto? ¿Por qué soy tan idiota, tonto, torpe, etc.?” Es momento de soltar para siempre el látigo mental.

Hazte las preguntas correctas: ¿qué puedo hacer con esto? ¿Cuáles son los recursos que tengo bajo mi control? ¿Qué soluciones puedo crear?

Anímate a más. Que un problema no apague tus sueños. Anímate a volver a hacer, siempre podemos crearnos una nueva oportunidad. Tomar la vida como un aprendizaje constante es uno de los secretos del éxito y de la felicidad. ¿Te animas a agrandarte ante tus problemas? Muéstrale a tu problema quién está al mando.Imagina que estás en el mar haciendo la plancha, en una profundidad en la que no haces pie y ves venir una gran ola. ¿Qué haces?

PRIMERA OPCIÓN: paralizarte y con tranquilidad, calma y aceptación pedirle al universo que la ola pase lo más rápido posible y que te permita sobrevivir.

SEGUNDA OPCIÓN: gritar y patalear en el lugar culpando al universo y autoculpándote por haber ido al mar en ese momento.

TERCERA OPCIÓN: recordar lo que aprendiste alguna vez en Discovery Channel acerca del surf sin tabla, juntar todo tu coraje y encarar la ola para sobrevivir.

La actitud es una pequeña cosa que puede marcar una gran diferencia. Ante un mismo problema, podemos elegir una diferente. En el primer caso, es una positiva pero pasiva, en la que nos convertimos en víctimas de las circunstancias y entregamos todo nuestro poder personal. Somos impotentes ante lo que sucede y con el tiempo esta postura desgasta nuestra autoestima y nuestra capacidad creadora como seres humanos.

En el segundo caso se trata de una actitud negativa-pasiva, que interpreta la realidad de la peor manera y aun así no hace nada al respecto. Esta pose de enojo constante solo lleva a amargarnos la vida y la de quienes nos rodean. La tercera es la actitud coaching, positiva y activa; es decir: vemos el problema y nos movemos a la acción con los recursos posibles, en este caso nadar para surfear la ola. Aceptación no es lo mismo que resignación.

La vida es perfectamente imperfecta

Una de las peores y más peligrosas trampas de la autoestima de cotillón es querer lograr la perfección. Para la autoestima de cotillón, nada es suficiente. Y como todo se lo toma personal, termina convenciéndonos de que no somos suficiente. Ahí comienza una bola de nieve que va creciendo entre exigencia, estrés, ansiedad y poca confianza en nosotros mismos. De más está decir que los resultados son pésimos y nos frustramos por no lograr lo que queremos, lo que agrava aún más la situación. Tal como decíamos hace unas páginas, la autoestima de cotillón se alimenta de lo externo y, si no lo logra, se amarga cayendo en el rulo loco: del enojo a la tristeza y de la tristeza al enojo.

El otro engaño de la perfección y la autoestima de cotillón es el caso de aquellas personas que, porque algo les sale bien o tienen una buena racha, se creen perfectas. Esa actitud de haber llegado a la cima y sentir que tocan el cielo con las manos no es amor propio, es solo un subidón de estímulo externo que tiene ese efecto por un rato. Como cuando un niño se come una bolsa llena de caramelos: al pasar ese shock energético y de energía exacerbada, llega el fastidio y el cansancio. El error que cometen las víctimas del “me creo mil por un rato” es desvalorizar todo a su alrededor sin darse cuenta de que todavía tienen mucho que aprender o crecer. La soberbia y la falta de humildad son características típicas de la autoestima de cotillón. En este caso tampoco faltan las selfies y el mostrar todo lo “bueno” de su vida a los demás. Pero esa perfección es insostenible a largo plazo, lo que lleva a estancarse o desmotivarse cuando el estímulo externo del logro no se materializa.

A medida que vamos creciendo, aprendemos los estándares de la “perfección” de nuestras familias, amigos, medios de comunicación y hoy más que nunca de las redes sociales. El cuerpo perfecto, el trabajo perfecto, la vida perfecta. Cuantas más dudas tengamos con respecto a nosotros mismos, esos mensajes de “perfección” calarán más hondo en nuestro ser, llegando al punto de querer ser otra persona para los estándares que nos imponen los demás.

Querer ser perfectos para los otros es una total falta de respeto para la persona que somos. Una de las dimensiones de la autoestima es el autorrespeto. Criticar tu cuerpo es faltarte el respeto, criticar tus decisiones es faltarte el respeto, criticar tu personalidad es faltarte el respeto. Y cuando hablo de crítica no me refiero a la mirada constructiva que podemos tener sobre nosotros mismos para aprender y hacer las cosas mejor en el futuro, me refiero al látigo mental y los insultos injustificados que nos lanzamos como dardos sin ningún tipo de piedad.

Cuando llegamos a cierto nivel de conciencia y amor propio, somos capaces de identificar personas tóxicas, esas que nos critican, que nos incomodan con comentarios negativos o que nos hacen sentir que “nunca es suficiente”. Pero el amor propio no termina en identificar la toxicidad de los demás, sino en empezar a mirar hacia adentro para identificar nuestras propias conductas tóxicas. Tenemos la capacidad de convertirnos en nuestros peores enemigos y poseemos mucha más fuerza y poder destructivo que aquellas personas tóxicas que tanto evitamos.

Lo que nos decimos a nosotros mismos en privado determina la calidad de nuestros resultados en público. #sorrynotsorry. Necesitamos convertirnos en nuestros aliados para potenciar los resultados positivos. Porque quien se ama a sí mismo va a lograr buenos resultados, y quien no se ame es muy probable que siempre sienta que le faltan “cinco para el peso”. Esto funciona así: si no te crees su­ficiente, no podrás alcanzar resultados que sean suficientes (y tal vez lo sean para el resto del mundo, pero no para ti).

¿Qué frase te dices al equivocarte? ¿Qué te dices cuando quieres empezar algo nuevo y no te animas? Si, luego de reflexionar en este punto, tomas consciencia de que te has estado diciendo algo destructivo, la buena noticia es que estás a tiempo de cambiarlo. No te pido que veas tu vida en “color de rosa”, pero sí que agradezcas lo bueno que tienes y vives a diario, y sobre todo, que eres. Porque ya eres perfecto a tu manera.

La vida a medias

Cuando por dentro nos criticamos o estamos más enfocados en nuestras inseguridades o queriendo ser “perfectos”, o queriendo agradar diciendo lo “correcto”, o queriendo esconder las cosas por miedo a no agradar, apagamos sin darnos cuenta nuestro amor propio. Esa luz interior que brilla iluminando nuestro camino y atrayendo a él a personas con la misma luz. Cuando apagamos sin querer esa luz, terminamos presos de nuestras propias limitaciones, inseguridades y falta de aceptación.

Si escondes lo que no aceptas, te amarás a medias, vivirás una vida a medias y generarás resultados a medias en todas las áreas de tu vida. Nadie se enamora de la mitad de alguien. Echarás culpas a tus “fallas”, pero en realidad será que escondes o no aceptas partes de ti.

Si hay algo de ti que no te gusta, tienes dos opciones desde el amor propio. La primera es elegir cambiar esa etiqueta que ya no quieres que sea parte de tu vida o tu ser. Sea autoimpuesta o que te la hayan pegado los demás (y tú te has creído). Tienes la posibilidad de elegir dejar en el pasado cosas que ya no te suman. Tienes el potencial para ser quien quieras ser. Esta opción no implica criticarte o ser despiadado contigo mismo, implica tratarte con amabilidad y respetarte en el camino de cambio. La segunda opción es elegir amigarte con esas partes de ti que quieres ocultar, sabiendo que no las quieres cambiar y que son una parte valiosa de tu ser.

El amor propio se trata de animarnos a elegir: elegir amarnos cambiando (por nosotros y no por los demás) o aceptando nuestras luces y sombras. Entender en profundidad nuestros gustos, pasiones, fortalezas e, incluso, nuestras debilidades es parte de construir una autoestima sólida. Abraza tus luces y sombras para amarte por completo y no por partes.

En acción
1. Descubre tu actitud.

En el relato de los navegantes y sus barquitos, ¿con cuál te sentiste más identificado?

a. El que pidió opiniones a los demás y se paralizó.

b. El que tomó una decisión, pero luego se quedó pensando en qué habría sido si tomaba el otro camino.

c. El que tomó una decisión y confió en lo que había decidido.

Del 1 al 10, ¿cuánta determinación tienes a la hora de tomar una decisión importante en tu vida? ¿Qué te propones mejorar o cambiar con respecto a la forma en la que tomas decisiones en tu vida?

2. Mide tu amor propio.

Es necesario conocer nuestro punto de partida para trazar a dónde queremos llegar. Muchas personas cometen el error de “autoetiquetar” su amor propio como bueno o malo, cuando en realidad es una cuestión de grados. Quiero que asignes y escribas un pun­taje entre 1 y 10 para las siguientes frases, siendo 1 nada o poquísimo y 10, completo o muchísimo.

1. Me creo merecedor de amor y riqueza en mi vida.

2. Creo en mí y en mi posibilidad de lograr todo lo que me proponga.

3. No necesito una pareja para sentirme completo.

4. Conozco cuál es el propósito en mi vida o mi trabajo.

5. Soy amable conmigo y no digo cosas negativas de mí.

6. Me permito equivocarme y no sentirme mal por eso.

7. No pongo en riesgo mis necesidades ante los pedidos de los demás.

8. Mis sentimientos son tan importantes como los de los demás.

9. Sé decir que no.

10. Sé defender mis objetivos ante las negativas de las personas o de la vida.

11. Tengo claras cuáles son mis mejores habilidades o fortalezas personales.

12. Sé lo que los demás valoran de mí.

13. Hago lo que quiero, cuando quiero, en donde quiero.

14. No dejo que los demás me digan quién soy o qué debo ser.

15. Elijo con quién compartir mi tiempo.

16. Me siento valioso y valorado en mi trabajo.

17. Reconozco mis miedos y los supero para ir hacia adelante.

18. No me comparo con los demás.

19. Tomo decisiones con seguridad.

20. Disfruto pasar tiempo en soledad.

21. Todas las personas son valiosas y puedo aprender algo de ellas.

Suma todos los puntos y divídelos por 21. Estos son los mensajes respecto a tu amor propio que puedes estar dándote sin tener plena consciencia:

Si obtuviste entre 10 y 7: “me amo y me reconozco valioso y merecedor del cuidado y amor de los demás”.

Si obtuviste entre 7 y 5: “estoy trabajando en mi amor propio, tengo dudas y arranques de inseguridad, pero en el fondo sé que soy valioso y merecedor de amor”.

Si obtuviste entre 5 y 3: “estoy aprendiendo a amarme y a sentirme valioso, pero todavía me cuesta ponerlo en práctica”.

Si obtuviste entre 3 y 1: “me siento poco valioso y confío muy poco en mí, pero sé que es posible sentir y vivir mi valor de una forma diferente”.


“Aprende a valorarte a ti mismo, lo que significa luchar por tu felicidad”.

AYN RAND

Hoy leí en el diario el caso de una mujer de 70 años que decidió vender todo e irse a cumplir su sueño de recorrer playas del mundo. Me pareció fantástico. Pero los comentarios de la mayoría de la gente, lejos de felicitarla por cumplir su sueño, la acusaban por abandonar a sus nietos. Pero los nietos tenían a su madre y a su padre sanos y vivían con ellos… ¿Por qué nos ensañamos en culpar a la abuela de “abandónica”? ¿Tanto nos cuesta ver a una mujer que pone como prioridad sus sueños? ¿Tenemos que esperar a los 70 para cumplirlos, y aun así nos vamos a sentir juzgados?

Muchos de los mandatos que arrastramos de siglos atrás nos oprimen y limitan la libertad de amarnos. Suena fuerte y puede ser polémico. Todos tenemos responsabilidades afectivas y de todo tipo con nuestros vínculos. Somos hijos, padres, abuelos, hermanos, empleados, jefes, pareja, todo eso y mucho más. Llevamos adelante decenas de roles en nuestra vida y queremos vincularnos de la mejor forma posible. En cada uno de esos casos, nos relacio­namos con personas a las que queremos darles lo mejor de nosotros. Queremos ser queridos, queremos ser suficientes de acuerdo a sus expectativas. El problema es cuando las necesidades de los demás terminan siendo siempre más importantes que las propias. Cuando nos ponemos una y otra vez en segundo, tercer o último lugar, con el riesgo de olvidarnos de que existimos.

Nadie va a velar por tu felicidad y esto no significa que no te quieran o no se preocupen por ti. Simplemente, nadie sabe como tú lo que te hace feliz. Esperar a que los demás te den tiempo o hagan lo que creen que te hace bien es poner tu felicidad en manos de ellos. No pongas la llave de tu dicha en manos de otra persona. Ni de tus familiares, ni de tus amigos, ni de tu jefe.

Tal vez sientas que das, das y das y esperas que en algún momento se te retribuya de alguna manera. Muchas personas se frustran por esperar, esperar y esperar sin que eso suceda y terminan culpando a los demás de su malestar. Si alguna vez te has sentido en ese lugar, es momento de cambiar el foco y dejar de echar culpas a los demás o tildarlos de aprovechadores o egoístas; y poner la atención en ti. Es momento de empezar a retribuirte todo lo bueno que entregas al mundo. Es momento de cuidarte tanto como cuidas a los demás. Es momento de amarte tanto como amas a los demás.

Sentirnos el “último orejón del tarro”, como decían en mi casa, nos amarga la vida. Y el "si no lo hago yo, no lo hace nadie” es una trampa mortal. En el fondo sabemos que, si no lo hacemos, puede reinar el caos por algunos días pero que en algún momento alguien va a hacerlo.

Es momento de ser valientes

“No es lo mismo ser fuerte que ser valiente”. BRENÉ BROWN

La fortaleza nos mantiene en pie ante las circunstancias difíciles, pero es la valentía la que nos permite ir hacia adelante para buscar una forma de aliviar la carga. La fortaleza nos hace aguantar y soportar cosas que ya no elegimos, la valentía vence todos los miedos para animarnos a mirar de frente nuestra realidad y dar un paso adelante para cambiarla. Nos enseñaron a “nunca bajar los brazos” y eso nos hace sostener cargas que nos duelen y que, poco a poco, nos hacen olvidar quiénes somos, qué queremos y que merecemos ser felices. #sorrynotsorry

Podemos elegir ser víctimas de las demandas y pedidos de los demás o valorarnos y poner un límite con amor hacia los otros, pero sobre todo hacia nosotros mismos. Si no logramos amarnos, tampoco podremos amar como corresponde a los demás. Seamos lo suficientemente va­lientes para elegir un nuevo camino más liviano, consciente y feliz.

No te resignes: busca nuevas soluciones para resolver los problemas de siempre. Defiende tu tiempo, tu bienestar, tu felicidad. Nadie más lo hará por ti.

Poder ser capaces de gestionar nuestra propia felicidad, lejos de ser egoísta, es una muestra de amor propio y amor hacia nuestros vínculos. Tu felicidad es tu prioridad.

La alquimia
del “no”

“Todos tenemos dos elecciones: estar llenos de miedo o llenos de amor”. ALBERT EINSTEIN

Como te contaba hace unas páginas, como coach tengo el privilegio de ser testigo de diferentes historias de vida, experiencias de otras personas y distintos resultados. Aprendo sesión tras sesión. Y uno de mis mayores aprendizajes con respecto a los resultados tiene que ver con cómo nos relacionamos con el éxito, la confianza en uno mismo y la relación que tenemos con los “no” que recibimos en la vida. Cuando vemos de afuera la vida de una persona “exitosa” percibimos ese éxito como un resultado, pero nos perdemos el recorrido de acciones que hay detrás. Entre esas acciones que construyen un éxito podemos destacar muchas habilidades personales y profesionales, pero hay algo que rara vez tomamos en cuenta: que, en esa construcción para lograrlo, la persona tuvo que superar varios “no”, rechazos de los demás y de la vida misma. Así nace la “alquimia del no”. Estudiando los casos de personas exitosas que pasaron por mi consultorio, descubrí su capacidad de transformar los “no” en “sí”.

Supongamos que tres personas, Juan, Mercedes y Pablo, quieren cambiar de trabajo. Hacen su currículum, aplican al mismo puesto, van a la entrevista y, finalmente, les dicen que no quedaron seleccionadas. Hay tres opciones para una misma situación:

—Juan, cuando recibe el “no”, dice: “¡Qué injusticia! Soy el ideal para el puesto. Al final, seguro que es todo acomodo y toman al amigo del gerente. El entrevistador era un idiota… una total pérdida de tiempo”.

—Pablo dice: “¡Qué iluso creer que me iban a tomar! Nunca es suficiente. A mí nunca nada me sale como quiero. Mejor me quedo donde estoy, porque al menos es algo seguro. No tengo chances en otro lado”.

—Mercedes, cuando recibe el llamado del “no”, dice: “¡Qué lástima! Tenía muchas ganas de trabajar ahí, pero voy a aplicar a otra empresa en el área que quiero. Seguramente me vaya mejor en la nueva entrevista, me siento más segura que la primera vez”.

¿Qué actitud refleja amor propio? ¿Con quién te identificas más?

En el caso de Juan, tiene un síntoma claro de autoestima de cotillón. Lejos de confiar en sí mismo, se esconde de la realidad y del resultado negativo echando culpas a los demás. Los otros no pueden ver lo “genial” que es. Es muy cómodo culpar a los demás, pero también muy peligroso, porque nos limita. No nos damos la oportunidad de hacernos responsables de la situación para crecer. Si alguna vez te dicen un “no” y te gustaría que sea un “sí”, debes enfocarte en lo que puedes hacer para alcanzarlo en lugar de echarle la culpa a quien te dijo que no.

En el caso de Pablo, vemos claramente una señal de falta de amor propio. Ante el rechazo, se sabotea. Distinto al caso de Juan, que buscaba culpables, Pablo se culpa a sí mismo. Hace personal el rechazo y se convence de que no se merece el cambio o algo mejor en su vida. Dos casos con una autoestima baja, que se manifiesta de dos maneras muy diferentes. En Pablo la falta de autoestima es evidente, pero muchas veces esta actitud se ve disfrazada en casos de personas que, ante una pequeña negativa de la vida, dicen “no es por ahí”, “es una señal de que no es para mí” o “no fluye”. La vida es movimiento, y por momentos recibirás viento de cola que te empujará hacia adelante y en otros habrá viento de frente que te obligará a remar con un poco más de intensidad. No digo que vayas contra la corriente, es necesario aceptar cuando algo “no es por ahí”, pero tampoco está bien soltar los sueños antes de tiempo por haber re­cibido una negativa. Tú eres tu sueño y tienes todas las habilidades para abrir las puertas que se te cierren en el cami­no. El universo te dirá que no por momentos solo para asegu­rarse de que eres la persona correcta para recibir eso que quieres. Necesitas convertirte en alguien que confía en sí mismo y en su capacidad de crear la vida que quiere para poder manifestarlo. Cada “no” te hace más fuerte.

Como Mercedes, que ante el “no” eligió aprender y volver a aplicar a otra empresa. Esa es la actitud positiva. Dejar de echar culpas a los demás, dejar de juzgar de justo o injusto lo que sucede, dejar de sentirnos poca cosa por no lograr algo y hacernos responsables de nuestra construcción. Cuando se cierra una puerta, tenemos la posibilidad de abrir otra. Tenemos todas las llaves, el tema es llevarnos a la acción con confianza para poder encontrar nuevas puertas y abrirnos a nuevas realidades. Nunca dejes la llave de tus sueños en las manos de otra persona.

Dime tu relación con el “no” y te diré quién eres

La forma en la que vivimos los “no” en nuestra vida es un termómetro interesante para medir nuestro amor propio o la falta de él. Existen tres dimensiones para analizar nuestra relación con los “no”.

La primera es la más conocida, y se trata de la capacidad de decir que “no” a los pedidos de los demás. Tenemos claro que cada “sí” que decimos forzados por miedo a decir que no es un “no” que nos decimos a nosotros mismos. Enton­ces, no saber decir "no" es un síntoma de falta de amor propio: valoramos más el tiempo de los demás que el propio, valoramos más la necesidad del otro que la propia, valoramos más la felicidad de los demás que la nuestra. Cuanto menos nos valoramos, menos podemos decir que no.

Pero hay otras dimensiones que pocas veces registramos. A veces, dejamos de hacer cosas por miedo a que nos rechacen. Nos dicen: “anímate, el no ya lo tienes”, pero el automático muchas veces nos deja paralizados y ni siquiera intentamos algo por miedo a ser rechazados. Está claro que a nadie le gusta recibir un no como respuesta, pero hay personas a quienes les disgusta y hay otras a quienes los aterroriza. Aquí estamos para tomar consciencia de cuál es nuestra relación con esta dimensión del “no”: si somos de las personas a las que simplemente les incomoda o disgusta o si estamos en el grupo de las que se aterrorizan o paralizan por miedo al rechazo. ¿Qué información nos da esta dimensión con respecto a nuestro amor propio?

Cuanto más amor propio tenemos, menos miedo al rechazo sentimos y más nos animamos a llevarnos a la acción por lo que que­remos. El miedo a equivocarnos o a sentirnos rechazados lo venimos aprendiendo a lo largo de la vida. En el colegio, por ejemplo, me daba miedo preguntarle a la profesora si había algo que no entendía porque creía que iba a quedar “como una tonta”. La falta de confianza en mí y el terror al rechazo tenía re­sultados concretos en el plano de la realidad. Llegar a casa sin haber entendido la tarea y tener que hacerla me generaba un problema. La mayor parte de las veces no llegaba a ese punto porque indefectiblemente tenía una compañera bien plantada, confiada y extrovertida que se animaba a hacer la pregunta que a mí me carcomía por dentro.

Tal vez en la escuela eras de quienes se animaban a levantar la mano para decir “no entendí” o tal vez eras de los míos y te escondías detrás del miedo a decirlo en voz alta. Estés en un grupo u otro es necesario tomar consciencia de cómo esas actitudes se trasladan a nuestra vida adulta y cómo estas pueden limitar nuestros logros e incluso nuestra felicidad.

Podemos asociar esta dimensión del “no” con timidez. En definitiva, la timidez cierra puertas antes de animarse a tocarlas. Miedo al rechazo, miedo al qué dirán, miedo a no ser suficientes. Todo eso abarca la segunda dimensión del “no” que nos paraliza y nos dice que no a nuestros sueños, deseos y logros.

Y llegamos a la tercera dimensión, otra que dejamos en automático y que puede limitar nuestros resultados. Mientras que la primera dimensión trataba de cómo le decimos que “no” a los demás y la segunda del miedo a recibir un “no” que nos deja en la inacción, la tercera trata de los “no” reales que recibimos de los demás o de la vida misma cuando avanzamos por lo que queremos.

Las zapatillas de los 5 no

“El secreto de mi éxito puede resumirse en cuatro C: curiosidad, constancia, coraje y confianza. De todas, la más importante es la confianza”. WALT DISNEY

Todos alguna vez hemos caído en la tentación superficial de querer comprar algo con muchas ganas. En mi caso era un par de zapatillas de marca Fila, una réplica de las que usaba en los 80 en la primaria. No solo estaban de moda, sino que tenían algún tipo de significado emocional para mí. Las busqué por todos lados y no las encontré. Tú sabes que cuando una zapatilla se pone de moda es todo un tema encontrarla en stock. Más cuando la zapatilla es americana y entran poquísimos números al país.

Finalmente, buscando online las descubrí en una tienda de deportes muy grande. Cuando quise comprarlas, el sistema no me lo permitió, por lo que emprendí mi camino para cruzarme toda la ciudad e ir personalmente a la tienda. Ya nada me importaba con tal de conseguirlas.

—Hola, ¿cómo estás? Estoy buscando las zapatillas Fila blancas modelo Disruptor en número 37 —le dije al vendedor apenas me recibió.

—Ya no tengo más de ese modelo en stock.

—Pero vi online que tenías número 37... —Todavía no perdía las esperanzas.

—Tal vez viste mal.

—¿Podrás chequear por favor en el sistema si están? Vine de lejos…

—Dale, me fijo. —El vendedor empezó a hacer varios clics, hasta que se dio vuelta y me miró—. Están en stock, pero me figuran dañadas.

—¿Qué significa que están dañadas?

—Que tienen alguna falla y por eso las separaron… no sé qué tienen.

—¿Y la zapatilla está en este local? —Empezaba a perder la paciencia.

—Sí; en teoría, deberían estar acá atrás, en el depósito.

—¿Las podrías ir a buscar para verlas?

—Ok, pero no sé si las voy a encontrar…

—Ojalá que sí —le dije con una amplia sonrisa.

A los 5 minutos, regresó con una caja cerrada en la mano.

—¡Las encontré! Están dañadas.

—¿Puedo verlas?

—Sí, claro.

Abrí la caja y las zapatillas estaban impecables.

—No las veo dañadas. ¿Qué no estoy viendo? ¿Soy Mr. Magoo? —le dije riendo.

—Si te fijas en la derecha, tiene una marquita... porque se ve que estuvo al sol en la vidriera.

—Ok, para mí están bien, me las llevo.

—No puedo vendértelas porque figuran dañadas.

—Hagamosesto —le propuse—: me hacen un descuento y las llevo sin cambio. ¿Qué te parece?

Finalmente, no solo me fui feliz con mis zapatillas, sino que, además, ¡¡tuve un descuento!! La pequeña marca salió con un paño húmedo. Hace varios años que las tengo y son mi par preferido. No sé si por lo cómodas que me resultan, porque me hacen recordar mi infancia ochentosa o simplemente por superar los cinco “no” para tenerlas.

Te conté esta historia porque gracias a esta experiencia reflexioné mucho acerca de la alquimia del no. Es un ejemplo muy simple y básico, pero es algo que nunca voy a olvidar y que puede aplicarse a cualquier cosa en la vida. Algunas personas hubieran dicho que no era mi destino tener esas zapa­tillas, lo que yo digo es que el destino lo construimos con cada decisión y cada obstáculo que superamos.

Pulsuz fraqment bitdi.

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Yaş həddi:
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Litresdə buraxılış tarixi:
27 mart 2025
Həcm:
239 səh. 50 illustrasiyalar
ISBN:
9789500212571
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Bookwire
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