Kitabı oxu: «De la legitimidad, las sucesiones y su reflejo en las acuñaciones andalusíes»
DE LA LEGITIMIDAD, LAS SUCESIONES
Y SU REFLEJO EN LAS ACUÑACIONES ANDALUSÍES
DE LA LEGITIMIDAD, LAS SUCESIONES
Y SU REFLEJO EN LAS ACUÑACIONES
ANDALUSÍES
David Francés Vañó

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

© de los textos: el autor
© de esta edición: Universitat de València, 2017
Diseño, maquetación interior y de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-9134-126-0
A mi generoso amigo Sebastián Gaspariño
Sabido es de cuantos se dedican al estudio de nuestra historia arabigo-española que el periodo comprendido entre la desaparición del Califato de Córdoba y la conquista de los almorávides es el menos conocido, por cuanto las fuentes históricas de los mismos autores árabes, que tratan de estos tiempos, son muy deficientes y están muy viciadas, cuando no, faltan por completo. En especial la historia de los primeros años de este periodo es tan poco conocida, que aún de algunos de los reinos que después tuvieron mayor importancia o duración como los de Badajoz, Toledo, Zaragoza, Valencia y Denia y las Islas, casi nada se sabe respecto a los orígenes y primeros reyes de las dinastías respectivas; las monedas acuñadas por todos los reyezuelos, nos darían mucha luz, si se hubiesen conservado, pero por desgracia, han sido pocos los aficcionados a este estudio, y de cada día será mas difícil subsanar este descuido; pués la destrucción de muchos ejemplares que desaparecen para siempre a la acción del crisól de plateros y broncistas, quizá nunca llegue a ser subsanada.
FRANCISCO CODERA
ÍNDICE
PRESENTACIÓN
INTRODUCCIÓN
DEL DESTIERRO DE LOS cĀMIRĪES AL FIN DEL CALIFATO
EL PARTIDO cĀMIRĪ
LAS PRERROGATIVAS DEL IMĀMATO
ACUÑACIONES DE ELOTA
cALÍ BEN HAMMŪD
cABD-AL-cAZĪZ
TUŶIBĪES
DŪ-L-NŪNĪES
DENIA
BANŪ RAZIN
SE REINSTAURA LA INVOCACIÓN HIŠĀMÍ
COMIENZAN LAS VERDADERAS TAIFAS
LA ESCASEZ DE METAL
MONEDAS CON LA RISALA EN AMBAS ORLAS
ACUÑACIONES DE JAYRĀN
¿ACUÑACIONES DE BADAJOZ?
ACUÑACIONES DE MACN SUMĀDIH
¿ZUHAYR?
GRANADA
LOS BANŪ ŶAHWĀR
ABŪ BAKR EN VALENCIA
ACUÑACIONES ANÓNIMAS TOLEDANAS
¿GOBERNÓ NABĪL EN ZARAGOZA?
TRANSMISIÓN DE PODER EN LÉRIDA
TRANSMISIÓN DE PODER EN ZARAGOZA
TRANSMISIÓN DE PODER EN TUDELA
TRANSMISIÓN DE PODER EN ZARAGOZA PARA TĀŶ AL DAWLA
EL CASO DE TORTOSA
UNA CESIÓN DE PODER MALLORQUINA
MONEDAS ANÓNIMAS ALMORÁVIDES
EL DÍRHAM 446 DE VIVES
CONCLUSIÓN
APÉNDICE
AGRADECIMIENTOS
BIBLIOGRAFÍA
PRESENTACIÓN
¿Qué decir de este libro de David Francés aparte de la belleza estética que salta a la vista? Pues algo, desde luego, aunque intentaré ser parco y lacónico, que lo importante es el libro. Libro que en forma obligadamente concisa, pero completa, hace un recorrido por todos los acontecimientos que marcaron el final del califato de Córdoba, y a partir de ahí y siguiendo la estela de los ‘Amiríes escarba y profundiza en las acciones e interacciones que se fueron cruzando en este grupo según las circunstancias les iban haciendo variar sus objetivos desde la restauración del califa Hisam hasta la consolidación del grupo en Levante y el ascenso y predominio de sus líderes. Y a partir de estos cambios de objetivos y buscando su reflejo en las monedas, va desarrollando ante nuestros ojos las distintas lealtades que quedaron impresas en las acuñaciones de las primeras taifas, que recorre con fluidez para llegar al punto de inflexión que supuso el reconocimiento en Sevilla del falso Hisam II, reconocimiento que hizo reagruparse las lealtades en nuevos grupos.
Y pasa entonces al estudio de una de las mayores aportaciones de su obra: las monedas anónimas y de difícil atribución, que va desgranando una a una y repartiendo por Almería, Badajoz, Valencia, el valle del Ebro… Es aquí donde su mente inquisidora va penetrando las capas de metal y las disuelve y transforma en el más puro proceso alquímico en una ventana por la que se nos aparecen, aunque sea en una vista sesgada, unos momentos especialmente oscuros y olvidados de nuestra historia. Y aquí está Jayran acuñando en Almería… la atribución de una moneda al primer Banu-l-Aftas le permite adentrarse en la historia de Badajoz en la primera época de taifas, y de paso fija a Jalid en Badajoz… vuelve a Almería para achacar otra serie de monedas a Ma’nn y aprovecha para tratar otra serie que adscribe a Zuhayr el fatà… regresa a Córdoba y a los Banu Yahwar y a sus acuñaciones encubiertas,… atribuye monedas al ra’is Abu Bakr Ibn ‘Abd al-‘Aziz en un momento especialmente enredado de la historia valenciana y toledana… y se marcha al valle del Ebro donde señala distintas transmisiones de poder con acuñaciones especialmente difíciles: las de Mu’izz al-Dawla que atribuye a Lérida, las de Yusuf b. Hud a su hijo Sulayman en Zaragoza, las del propio Sulayman al-Musta’in, las de Mundir que atribuye a Tudela, y culmina con un amplio estudio sobre el caso de Tortosa, en el que un original estudio sobre la correlación de nombres que aparecen en las monedas y su posición en éstas da un colofón adecuado a esta parte, novedosa toda ella.
Vuelve ahora a encontrar transmisiones ocultas de poder en monedas anónimas de época almorávide, y al hilo de esto hace un estudio sobre un raro dírham califal, pero esto ya es un regalo fuera de sus objetivos, que como dice en su conclusión, han sido «intentar demostrar que los reyes de taifas solamente acuñaron moneda cuando tuvieron soporte legal para hacerlo, fuera o no ficticio». Todo ello ejecutado, como era de esperar, tras una minuciosa investigación, después de revisar un buen número de piezas en museos y colecciones, y con la habitual pulcritud y una presentación gráfica más que atractiva.
Madrid, agosto de 2015.
SEBASTIÁN GASPARIÑO
INTRODUCCIÓN
Con gran pasión y mayor curiosidad, abordamos el presente trabajo, el cual comenzó como un intento de ubicar la moneda n.º 1392 del catálogo de Vives. A raíz de ahí, y durante dicha investigación, observamos diferentes datos a tener en cuenta en ciertas acuñaciones, los cuales fuimos incorporando al trabajo original y que, a la larga, derivó hacia este nutrido grupo de páginas que el lector tiene entre sus manos. Como seguro que habremos incurrido en errores y asumirlos es nuestro deber, pedimos la indulgencia de la comunidad científica y la benevolencia de nuestro amigo lector. Nuestra intención única ha consistido en elaborar una obra útil y novedosa para el investigador y aficionado del mundo numismático andalusí, y no cabe duda, hemos puesto toda nuestra pasión en ello.
Nuestra academia ha sido la lectura y el estudio, y nuestros aliados (aparte de nuestros buenos amigos, que saben bastante de todo esto), la curiosidad, la capacidad de análisis, la tenacidad y, sobre todo, una gran pasión por la historia y la numismática hispano-musulmana. Nuestra intención ha sido intentar resolver una serie de hechos que hasta ahora nos habían pasado desapercibidos, así como desvelar el misterio de algunas raras acuñaciones que no sabíamos a quién podían pertenecer, cuestión que creemos haber logrado. También hemos de señalar que, debido a la falta de fuentes, muchas veces (las más) hemos tenido que movernos dentro del terreno de la hipótesis: no ha habido otra opción. Esperemos este trabajo sea de provecho y ayuda para futuros investigadores y con un solo lector que disfrute de el, nos daremos por satisfechos.
Documentándonos para la realización del trabajo sobre la moneda 1392, Maria Soler1 nos puso sobre la pista de que dicha acuñación podía deberse a una transmisión de poder. Al seguir con la investigación, tropezamos con una serie de acuñaciones atípicas, y decidimos abordar su estudio al ver que seguían unas pautas concretas y que creímos que tenían que ver con aspectos legales, de legitimación, rangos y estatus. Para ello nos ayudamos de las crónicas históricas, de trabajos de diferentes autores y de acuñaciones desconocidas aparecidas en foros numismáticos, siéndonos todo ello muy útil y de ayuda, permitiéndonos tener una percepción del porqué se acuñaron estas monedas, con unas primicias que, creemos, sólo se dan en momentos muy concretos, desconociendo si estas formulas eran de aplicación en todo el mundo musulmán, bajo las mismas condiciones. Todos los trabajos que aportamos, de una manera u otra, tienen que ver con la forma buscada por los diferentes reyes de poder acuñar moneda sin transgredir la ley, unos invocando imām tras imām todos legítimos, otros, empleando argucias y disimulando sus arteras intenciones, pero siempre intentando no sobrepasar los límites del orden establecido.
A lo largo de nuestro estudio nos percatamos de que se siguen unas pautas según las circunstancias, bien sea una transmisión de poder, una delegación u otras, que posiblemente estuviesen legisladas, pues las observamos en las taifas y en época almorávide, como veremos. Así como un imām podía ser depuesto legalmente si se daban unas circunstancias concretas,2 tambien debía de haber supuestos legales para la jutba y la acuñación de moneda. Con respecto al título, veremos que nadie se atrevió a usurparlo y todos los imāmes fueron más o menos legalmente jurados. Con la jutba tenemos dos casos conocidos, el de Muŷāhid y el de Abū Nūr Hilāl, que si nos ceñimos a la legalidad que nos ha llegado por las fuentes y otros autores, nos parece extraño, pero si suponemos que hay pautas legales establecidas –que no conocemos, pero que seguramente existían– ya no lo es tanto. En cuanto a la acuñación de moneda, creemos haber dilucidado alguna de sus pautas desconocidas hasta ahora, y que nadie osó usurpar esta prerrogativa califal, bien sea bajo invocación del imām electo o del fictício imām cAbd Allāh.
Hemos percibido a lo largo de nuestra investigación cierta hostilidad de los cronistas hacia los reyes de taifas, quizás influenciados por Ibn Hazm (384-456), y que se refleja en un pasaje de Ibn al-Jatib3 (-776); nosotros tenemos otra visión: en todo momento, al menos durante un largo tiempo, intentan reponer en el poder a miembros de la dinastía que había reinado durante tantos siglos, si bien estas intenciones se fueron diluyendo con el paso del tiempo y los reveses recibidos, cuyas notícias iremos desgranando a lo largo de este trabajo.
1. Maria Soler, Les emissions monetàries de la Marca Superior d’al-Andalus, Lleida, Universitat de Lleida, t. II, 1992-1997, tesis doctoral inédita.
2. François Clément, Pouvoir et légitimité en Espagne musulmane à l´époque des taifas (Ve/XIe siècle). L’imam fictif, París, L’Harmattan, 1997.
3. Apéndice, doc. I.
LAS ACUÑACIONES ANDALUSIES
DEL DESTIERRO DE LOS CĀMIRÍES AL FIN DEL CALIFATO
Sabemos por los historiadores la forma en que al-Mansūr, valiendose de diversas artimañas y aprovechando la falta de descendencia de Hišām, acaparó el poder absoluto para sí y su descendencia, solapadamente, sin menoscabar –en apariencia– a su señor Hišām, creando una tupida red de servidores, clientes, esclavos, totalmente adictos a su persona. Desembocó todo esto en la fitna. Los familiares omeyas, viendo que Hišām estaba totalmente dominado por los cĀmiríes y que estos perseguían como fin heredar el califato, y creyendose con más derechos que los que tenían los hijos de al-Mansūr para asumir el califato, los sucesos acabaron con la destitución de Hišām y la extinción de la dinastía cĀmirí a manos de al-Mahdí Muhammad b. Hišām b. cAbd al Ŷabbār. Nadie había osado levantarse contra la família cĀmirí, escepto este Muhammad. La causa fue el agravio que les había inflingido al ser nombrado heredero el hijo de al-Mansūr y el deseo de vengar a su padre Hišām b. cAbd al Ŷabbār b. al Nāsir, muerto por cAbd-al-Malik b. al-Mansūr, al cual acusaba de intentar hacerse con la jefatura del estado. Se apoderó este Muhammad b. Hišām del poder en al-Andalus, derrocó a al-Mucayyad bi-llāh Hišām, y combatió al hāŷib cAbd-al-Rahmān b. Abī cĀmir al-Qahtanī, al que derrotó y crucificó. En la noche del domingo a dos por pasar del raŷab del año 399 (27 de marzo de 1009), desterró Muhammad b. Hišām al grupo de los saqaliba cĀmiríes, que se apoderaron de las regiones del país de al-Andalus y las dominaron desde entonces.1
Los grandes fatás supervivientes se vieron obligados a abandonar Córdoba, pero lo hicieron con sus hombres, manteniendo las dos fidelidades que les daban razón de ser, a la dinastía omeya y a la familia de Ibn Abí cĀmir, llevándose consigo a la familia de sus antiguos señores. Se dirigieron a Levante, zona cuyo control tenían y donde establecieron la sede de su poder.2 Los fatás cĀmiríes cAnbar, Jayrān y otros que estaban con Sulaymān escribieron a Ibn cAbd al Ŷabbār pidiendole entrar en su obediencia y que les aceptase entre sus hombres, a lo cual accedió, sin pensar que fuese una artimaña para matarlo, como así ocurrió el domingo, ocho de Dū-l-Hiŷŷa del año 400 H (23 de julio de 1010), después de sacar a Hišām al-Mucayyad, que le enumeró todos los agravios hechos a su persona, y sus pecados, cortándole la cabeza, y paseándola por Córdoba.
No fueron muy bien las cosas para Hišām al-Mucayyad, asediado por todas partes por Sulaymān, pues estaba prácticamente recluido en Córdoba y su poder no se extendía más allá de los muros de ésta, incluso había muchas disensiones dentro de la ciudad, carestía y falta de dinero.3 Y pasó lo inevitable, Sulaymān entró al fin a saco en Córdoba el lunes, a seis pasados de Šawwāl del año 403 (20 de abril de 1013).4 Llevaron a Hišām al-Mucayyad a presencia de Sulaymān y éste lo recriminó duramente, después según leemos en Acmal (p. 20), se compadeció de el y lo puso al cuidado de su hijo, Muhammad b. Sulaymān, permaneciendo unos días en un lugar ignorado y se difundió que éste había actuado contra Hišām. sin el permiso de su padre. Lo asesinó, estrangulándolo por su propia decisión, con su amigo Ibn Hudayr y otros, a cinco pasados de Dū-l-Qacda del año 403 (19 de mayo del año 1013).
Jayrān, junto con un gran número de fatás cĀmiríes huyeron. Les persiguieron los beréberes y tuvo lugar una violenta batalla,5 donde Jayrān, recibió numerosas heridas que le hicieron quedar por muerto en el campo de batalla; fue recogido por un beréber que se lo llevó a su casa, donde se recuperó, le dio dinero y salió en secreto hacia el Levante, donde extendió su poder desalojando a los beréberes de Murcia y Tudmir y apoderándose de Almería6. Mientras escribió Sulaymān tranquilizando las regiones, nombró gobernadores y repartió algunas kuras de al-Andalus entre los caudillos de las tribus beréberes. Eran seis: dió a los Sinhāŷa, entre los que estaban los Banū Zīrī b. Manād, Elvira; a los Magrāwa, el norte del país; a Mundir b. Yahyá, Zaragoza; a los Banū Birzāl y Banū Ifran, Jaén y sus territorios; a los magrebíes, Banū Dammar y Azdāŷa, Sidona y Morón. Gobernó cAlí b. Hammūd, Ceuta y al Qāsim b. Hammūd, Tánger y Asīlā.7
Pero la situación no se tranquilizó en absoluto, y esto dio alas a cAlí b. Hammūd para reclamar la herencia de Hišām al-Mucayyad, diciendo que éste le había nombrado su heredero y encargado de su venganza. Escribió a Jayrān, éste era partidario del gobierno de al-Mucayyad, y pronunciaba la oración en su nombre en los minbares de la región que estaba en su poder porque pensaba que seguía con vida cuando desapareció del alcázar.8 Jayrān le reconoció esta calidad de heredero –arteramente, pues su intención era entrar en Córdoba para averiguar en que situación se hallaba Hišām al-Mucayyad– y escribió a todos los lugares para inducir levantamientos contra Sulaymān. Fueron muchos los se le unieron, entre otros cĀmir b. Futūh, visir de al-Mucayyad, que estaba en Málaga y pidió a cAlí b. Hammūd en Ceuta que pasara el mar para marchar con él a Córdoba.9 En el año 405 H, cruzó el estrecho cAlí b. Hammūd, y llegó a Málaga, donde estaba cĀmir b. Futūh, quien le entregó alcazaba y le reconoció.10
El resultado final ya lo conocemos: Sulaymān es derrotado, cAlí se enseñorea de Córdoba a siete que restaban del mes de Muharram del año 407 (1 de julio de 1016).11 Entraron en el alcázar esperando encontrar a Hišām al-Mucayyad vivo, pero no fue así. Les informaron de que al-Mucayyad había muerto y pidieron ver su tumba. cAlí ordenó su exhumación. Fue sacado el cadáver y se comprobó que era Hišām. Al no hallársele signos de violencia, concluyeron que había sido estrangulado. Sulaymān se declaró inocente de su sangre. Grande fue la decepción de Jayrān al encontrar a su señor muerto. Se enturbiaron las relaciones con cAlí, salió de Córdoba y se rebeló contra él.
cAlí b. Hammūd se comportó correctamente con los cordobeses durante unos ocho meses (febrero de 1017), hasta que conoció el alzamiento de los caudillos cĀmiríes, que habían proclamado a al-Murtadá. Entonces cambió su actitud y maltrató a los habitantes de Córdoba.12 Después de esto, cAlí b. Hammūd no dejó de hostigar a Jayrān con bastante éxito, hasta que en la mañana del domingo a dos pasados de Dū-l-Qacda del año 408 (23 de marzo de 1018), con el ejército preparado para salir de campaña contra las tropas de Jayrān que estaban en Jaén, unos esclavos lo asesinaron en el baño.13 Fue llamado su hermano al Qāsim, que era señor de Sevilla y jurado en el alcázar de Córdoba, el martes doce de Dū-l-Qacda del año 408 (1 de abril de 1018).14
Se reunieron los cĀmiríes con sus faqíes y sus jeques, en un lugar conocido por al-Riyāhayn15 el día de al-Adhá del 408 (día del sacrificio; es el décimo día de Dū-l-Hiŷŷa, 29 de abril del año 1018) proclamaron el califato electivo y acordaron jurar a cAbd-al-Rahmān b. Muhammad b. cAbd-al-Malik b. cAbd-al-Rahmān al-Nāsir.
En el año 409 se puso en marcha al-Murtadá con los clientes cĀmiríes hacia Córdoba, aunque primero querían aniquilar a los Sinhāŷa de Granada. Estaban con al-Murtadá además de Jayrān y Mundir, los señores de Xàtiva, Valencia y Tortosa, a los cuales había escrito Jayrān, para que se les unieran. Durante el camino, parece ser que al-Murtadá enorgullecido por las muestras de cariño y de sus muchas adhesiones, menospreció a Jayrān y Mundir, artífices de su encumbramiento, los cuales, ofendidos, se pusieron de acuerdo para ocasionarle la ruina, como así sucedió.16 Puestos de acuerdo los cĀmiríes con Zāwī b. Zīrī b. Manād para abandonar a al-Murtadá, así lo hicieron, sufriendo éste, una tremenda derrota. Salió huyendo al-Murtadá al ver la inminente derrota y llegó hasta Guadix, donde se sintió a salvo, sin saber que Jayrān había enviado espías tras el, los cuales le mataron y cortaron su cabeza, que enviaron a Almería donde estaban Jayrān y Mundir, quienes se mofaron cruelmente del despojo. Esto sucedió a tres pasados de ŷumāda I del año 409 (18 de septiembre de 1018).17
Cuando al Qāsim se sintió seguro en su sede, escribió a los cĀmiríes para reconciliarse con ellos y dio en feudo a Zuhayr, Jaén, Qalcat Rabāh y Baeza; tambien se entendió con Jayrān, con el que tuvo reuniones, después éste regresó a Almería. Al-Macmūn al Qāsim permaneció en el poder hasta el mes de Rabī I del año 412 (junio-julio de 1021), en que se alzó contra él, en Málaga, su sobrino Yahyá b. cAlí b. Hammūd. Las cosas no fueron bien para al Qāsim en Córdoba e inmediatamente comenzaron las disensiones. Los negros estaban con él, pero muchos de los beréberes se inclinaban por su sobrino Yahyá, y el pueblo de Córdoba por un omeyya, del que oían hablar pero que no aparecía, lo cual multiplicaba los rumores. Se decretó la expulsión de los omeyyas, que se dispersaron por el país, se mezclaron con la gente vulgar y ocultaron su identidad.18 Se debilitó tanto su poder que quedó dominado por los caudillos beréberes que se habían apoderado de las kuras, los emires de la frontera y los fatás cĀmiríes de las ciudades de Levante.19
La autoridad de Yahyá no dejó de fortalecerse, mientras que se debilitaba la de al Qāsim, hasta que éste salió huyendo de Córdoba a Sevilla con cinco jinetes de sus allegados en la noche del sábado, a ocho pasados de Rabī final del año 412 (22 de julio de 1021).20 Los beréberes se hicieron con el alcázar hasta que lo alcanzó Yahyá, el hijo de su hermano, después de muchas vicisitudes. Se juró a Yahyá b. cAlí b. Hammūd en Córdoba, el lunes comienzo de Ŷumādá I del año 412, (14 de agosto de 1021).21 Siendo reconocido por los dos partidos: el andalusí y el beréber de las gentes de Córdoba y sus clases dirigentes.
Mientras, al-Macmūn al Qāsim estaba en Sevilla como califa, y allí siguió hasta que recuperó el poder con ayuda de los beréberes, el doce de Dū-l-Qacda del año 413 (6 de febrero de 1023), huyendo Yahyá hacia Málaga. Al Qāsim, por su parte, sale de Córdoba el jueves a doce pasados de Šacbān del año 414 (31 de octubre de 1023), tras la derrota de los bereberes por los cordobeses. Llega a Sevilla, donde se le cierran las puertas, y se instala en Jerez, pero es sitiado por Yahyá y derrotado, capturado y encarcelado en Málaga hasta su muerte. Yahyá regresa a Málaga donde reside.
Tras la huida de al Qāsim, permanecieron más de dos meses deliberando los cordobeses sobre a quién reconocer en su gobierno, seleccionando a tres aspirantes de entre los Banū Umayya, que fueron: cAbd-al-Rahmān b. Hišām b. cAbd-al-Ŷabbār b. cAbd-al-Rahmān al Nāsir, el hermano del Mahdī citado antes, Sulaymān b. al-Murtadá, también citado antes, y Muhammad b. cAbd-al-Rahmān b. Hišām, el que se levantó contra al-Mahdī b. Sulaymān b. al Nāsir.22 Aunque la designación había recaído sobre Sulaymān, entró cAbd-al-Rahmān b. Hišām b. cAbd-al-Ŷabbār, con los dos emires del distrito, Mahmūd y cAnbar, blandiendo sus espadas y con gran número de gente vitoreándole, se asustaron los visires y se rindieron enseguida. cAbd-al-Rahmān entró en la maqsūra y fue jurado inmediatamente, atribuyéndose el laqab de al-Mustazhir bi-llāh, esto sucedió el dia cuatro del mes de ramadān del año 414 (20 de noviembre de 1023).23
Ahmad b. Burd había encabezado el acta con el nombre de Sulaymān b. al-Murtadá; raspó su nombre y escribió en su lugar el de cAbd-al-Rahmān.
Este cAbd-al-Rahmān sufrió una rebelión que encabezó su primo al-Mustakfī bi-llāh, que fue jurado por el populacho. Se dirigieron con él al alcázar, capturaron a al-Mustazhir y al-Mustakfī lo degolló con sus propias manos. Esto se produjo el sábado, a tres pasados de Dū-l-Qacda del año 414 (18 de enero de 1024).24 El reinado de al-Mustakfī, fue desastroso. En su tiempo fueron arrasados el resto de los alcázares de al-Nāsir y saqueados todos los bienes que quedaban, se arrancó el cobre que cubría las puertas, el plomo de las tuberías y otros materiales. En el año 416 llegó la notícia a Córdoba de que Yahyá b. cAlī b. Hammūd se había puesto en marcha hacia ellos desde Málaga. Se presentaron los visires y los jeques ante él y le propusieron salir con ellos a combatir a Yahyá b. cAlī, pues no respondían de lo que le pudiera pasar si se quedaba en Córdoba. Al-Mustakfī simuló estar de acuerdo, pero se decidió a huir y así lo hizo, acompañado por un grupo de sus hombres. Salió en dirección a la frontera 27 días después de su deposición, que fue en martes a cinco por pasar de rabi I del año 416 (25 de mayo de 1025), pero murió envenenado por un servidor, cAbd-al-Rahmān b. Muhammad b al-Salīm, en una aldea llamada Šummūnt, en territorio de Medinaceli.
Vuelto el poder a Yahyá b. cAlī b. Hammūd, desconfiando de los habitantes de Córdoba, no hizo acto de presencia en la ciudad por precaución, y les envió a su lugarteniente cAbd-al-Rahmān b. cAttāf al-Ifranī, para que les gobernase en su nombre. Cuando consideró garantizada su seguridad, se decidió a salir de Málaga para entrar en Córdoba, en cuyo alcázar entró el jueves, a 14 por pasar del mes de Ramadān del citado año 416 (11 de noviembre de 1025), y permaneció allí hasta el final de año. Después, parece ser que le llegaron malas noticias y partió hacia Málaga el martes a 8 pasados de Muharram (417) (1 de marzo de 1026), dejando en Córdoba a su visir y su secretario, Abū Ŷacfar Ahmad b. Mūsá y Dūnās b. Abī Rawh. Se opusieron Habbūs b. Māksan el Sinhāŷī el beréber y su hermano a obedecer a Yahyá b. cAlī al cAlawī, y llamaron a Muŷāhid y Jayrān, que se pusieron en marcha hacia Córdoba. Cuando los cordobeses supieron que los cĀmiríes, con un gran ejército, estaban cerca, se amotinaron contra los beréberes que estaban en la ciudad y mataron a un gran número de ellos, el martes a diez por pasar de Rabī primero del año 417 (10 de mayo de 1026). Se dice que el número de víctimas fue de mil. Ahmad b. Mūsá y Dūnās consiguiron huir y ponerse a salvo.25 Se suprimió la invocación de Yahyá en Córdoba. Éste siguió atacándola denonadamente, hasta la comunidad de los beréberes aceptó obedecerle y le entregaron los castillos, fortalezas y ciudades.
Se asentó en Carmona, donde un día le llegaron notícias de que se acercaba un destacamento de caballería de Sevilla. Había estado todo el día bebiendo, así que se envalentonó y salió contra ellos, sin percatarse de que era una celada, y lo mataron.Sucedió esto el domingo, 8 de Muharram del año 42726 H (12 de noviembre de 1035). Llegó la noticia de la muerte de Yahyá b. cAlī b. Hammūd a su hermano Idrīs, quien se presentó en Málaga e hizo la invocación en su propio favor, se levantó por el Habbūs b. Māksan con los Sinhāŷa, que acudieron a Málaga y le juraron. Muŷāhid y Jayrān se quedaron en Córdoba, pero discutieron y temiendo por su vida, Jayrān salió con sus partidarios el domingo, a finales de Rabī último del año 17 (19 de junio de 1026). Muŷāhid se quedó un poco más de tiempo, luego volvió a Dénia, donde suprimió la invocación de Yahyá y les fue devuelta la invocación a los Omeyyas. Cuando en 417 se eliminó la invocación por Yahyá b. cAlī al-cAlawī en Córdoba, por su inclinación hacia los beréberes, los cordobeses acordaron devolver el califato de al-Andalus a los Banū Umayya. El instigador de ello era Abū-l-Hazm b. Ŷahwar b. Muhammad b. Ŷahwar. Llegaron al acuerdo, después de largo tiempo, de elegir a Abū Bakr Hišām b. Muhammad b. cAbd-al-Malik b. cAb al-Rahmān al-Nāsir, al-Muctadd bi-llāh, el hermano de al-Murtadá, y fue jurado por primera vez en la frontera, en el castillo de Alpuente, estando con cAbd-Allāh b. Qāsim al-Fihrī, el domingo a cinco por pasar de Rabī final del año 418 H (4 de junio 1027).
Aquí las crónicas nos dicen que se recorrió la frontera enfrentándose a disturbios y graves dificultades originadas por la resistencia de los caudillos. Nosotros nos preguntamos ¿con qué ejército? Quizás fuera, si sucedió, más bien una serie de encuentros diplomáticos. El Bayyan, III (p. 145), nos dice: «Permaneció junto a el (con cAbd- Allāh b. Qāsim al-Fihrī) un periodo de dos años, siete meses y ocho días…» En cualquier caso, fue jurado por primera vez en la frontera, en el castillo de Alpuente, estando con cAbd-Allāh b. Qāsim al-Fihrī, el domingo a cinco por pasar de Rabī final del año 418 H (4 de junio 1027).27 Al no cesar la guerra civil, se decidió que era conveniente que fuese a la corte califal en Córdoba. Se lo pidió la comunidad por medio de Ibn Ŷahwar. Después de llegar a la ciudad, pronunció la jutba28 en el año 420, el ocho de Dū-l-Hiŷŷa (18 de diciembre de 1029).29
Tuvo un gobierno desastroso, pues dejó el califato en manos de quienes no miraban más que por ellos y favorecían a los beréberes. Su visir Abū Hakam b. Sacīd al-Qazzāz se enemistó con los principales visires, que mandaron a quien le matase. Estas circustancias ocasionaron que el pueblo se amotinase contra Hišām al-Muctadd y lo derrocase el doce de Dū-l-Hiŷŷa del año 22 (30 de noviembre del año 1031).30 Los notables de Córdoba ordenaron a al-Muctadd que abandonase la ciudad. Se refugió en un castillo de la montaña de Córdoba, pero lo supieron los cordobeses y tomaron la fortaleza, mataron a su señor e hicieron prisionero a al-Muctadd. Encerrado en otro castillo, logró escapar una noche y se refugió en Lérida, donde fue bien acogido por su señor, Sulaymān ibn Hūd al-Ŷudāmī. Allí residió hasta su muerte, acaecida el viernes, a cuatro días de pasar de Safar del año 428 (17 de diciembre del año 1036).31 Como consecuencia de ello, se suprimió la obediencia a los Omeyyas en Córdoba, que fueron expulsados de la ciudad, y se decretó la pena de muerte para cualquiera que les ayudase o protegiese, mientras el gobierno quedaba a cargo de Abū-l-Hazm b. Ŷahwar. Fue el fin delcalifato.
EL PARTIDO cĀMIRÍ
Hay autores que dudan, cuando no niegan, que existiera un partido cAmirí, nosotros no compartimos esa visión: existía, y además era muy fuerte. Al principio, no dudamos de que existían fatás más importantes que Jayrān o Muŷāhid, pero con el correr de los acontecimientos estos llegaron a ser los jefes absolutos, teniendo –a nuestro parecer– Jayrān32 mayor peso que Muŷāhid. Según Acmal (p. 104):
Entre los más famosos estaban: Wadih, Basir, Nazif, Naya’, Su’la, Muzaffar, Muŷāhid, Zuhayr, Jayrān, Nasr, Nusayr, Tarafa, Safi’, Yumn, Watiq, Basir, Wadih, Busrà, al-Zab, Bulayq, Kawtar, Jalaf, Ya’far y otro Jalaf». Terminan las palabras de al-Tiyani.
Destierro de los cAmiríes.
Salen hacia el Levante y se fortifican en las ciudades. Muŷāhid que está de comandante en las islas, al apercibirse de lo que está pasando en Córdoba, se desliga de su pacto de clientela con Hišām, se apodera de las islas y se dirige a Tortosa, Valencia y Dénia.
Muŷāhid, en Dū-l-Hiŷŷa de este año 400 H, conquista Baza, Lorca y Jódar. Aunque nada nos dicen las crónicas, posiblemente en este año perdió Tortosa. Jayrān, junto con otros fatás, vuelve a Córdoba desde Xàtiva y otros lugares, con la única intención de reponer a Hišām, cosa que consiguen en el mismo Dū-l-Hiŷŷa. Jayrān queda en Córdoba hasta Šawwāl del 403 H.
Territorios de Muŷāhid en el año 401 H.
Como nos informa el Bayan, en Valencia estaba de visir cAbd al Rahmān b. Yasar, por lo tanto, si Muŷāhid se quiso establecer en Valencia, debió de ser mediante algún tipo de pacto, pues según las noticias, Mubarak y Muzaffar son confirmados en sus puestos por el mismo cAbd al Rahmān b. Yasar en el año 401 H. En la misma crónica, vemos como cAbd al Rahmān b. Yasar vuelve a las penalidades de la fitna «poco después» y Mubarak y Muzaffar se alzan con el poder en Valencia. Por lo tanto, la rebelión de estos esclavos negros en 401 H, tuvo como consecuencia la pérdida de Valencia por Muŷāhid. Observamos que cuando los acontecimientos son entre cAmiríes, durante estos años, las palabras empleadas para estas disensiones, son: «la tomó», «la abandonó»… Y cuando hay verdaderos problemas es con dinastías no cAmiríes, como los tuyibíes (Mundir tratando de anexionarse Tortosa), y la consiguiente ayuda de Mubarak y Muzaffar; y más tarde, Mcan Somadih, (tuyibí) traicionando a cAbd al cAziz. Muŷāhid actúa siempre independiente, tratando de defender o expandir sus territorios.
Poco después de Šawwāl del 403 H, se produce la salida de Jayrān de Córdoba, y llega a Orihuela sobre final de año, donde se estableció, asumiendo el control de la situación. Jayrān se hace fuerte en Orihuela, expulsa a los bereberes de Tudmir y vence a un ejército mandado por Sulayman. Todo esto pone en guardia a Muŷāhid, que se siente amenazado y ataca a Jayrān, al cual derrota. Posiblemente llegaran a un pacto, dado que ninguno fue aniquilado, sino que después de estas batallas cada uno continuó con sus asuntos. En efecto, Muŷāhid expandió sus territorios y Jayrān continuó con sus conquistas hacia el sur. Creemos que fue en estas batallas cuando Muŷāhid se hace con los cuños de Elota, que aprovechará más tarde.
Sólo por las monedas tenemos notícia de la llegada de Jayrān a Valencia en este año. Nuestra impresión es que este viaje a Valencia lo realizó como jefe que era de los cĀmiríes, para dejar constancia de que Valencia está preservada para cAbd al cAziz como herencia de su abuelo, independientemente de que Hišām estuviese vivo o no, o se le repusiera en el trono o no. Se trata de monedas de estilo totalmente califales donde observamos un hecho insólito: la ceca no es la genérica de al Andalus, sino de Valencia, señal de que este territorio estaba reservado para cAbd al cAzīz, pues así como las acuñaciones de los años 402-403 H de Elota son puramente califales (Hišām está vivo y en Córdoba), aquí sí que aparece el nombre Jayrán en la parte relevante de la moneda y cAbd al cAziz, en la parte reservada al heredero, pero, como no podía ser de otra manera, bajo invocación a Hišām. Aunque en esta época Mubārak y Mudaffar están como detentadores del poder en Valencia, quien verdaderamente tiene el rol de jefe es Jayrān, cosa que no nos debe extrañar y que se repite en otras taifas, como veremos a lo largo de este trabajo.
Los pocos especímenes que hemos visto de estas raras emisiones no son del mismo cuño, lo que nos indica que no fue emisión esporádica.

Rodríguez Lorente, Numismática de la Murcia musulmana.
Observamos que el nombre Jayrān, termina con la letra «M» por lo que debería leerse Jayrām. Según nos informa Sebastián Gaspariño, en todas las crónicas este nombre termina con «N» por lo que continuaremos citándolo como en los textos cronísticos.

Mientras, Jayrān, creyendo que Hišām esta vivo, ve una oportunidad inmejorable en el levantamiento de cAlī b. Hammūd para llegar hasta Córdoba y ver en qué estado se halla su señor, y se alía con él.

Moneda acuñada en Orán, que creemos que refleja las mismas intenciones de Jayrān sobre el nieto de al Mansūr y que seguramente pactó con cAlí b. Hammūd, y en la que, aunque el príncipe heredero es su hijo Yahyā, vemos como segundo heredero a al-Mansūr, el cual, no nos cabe duda, es cAbd-al-cAziz, el futuro rey de Valencia.33
Se reúnen en Almuñecar cAlī y Jayrān en 406 H. Después, en 407 H, se dirigen a Córdoba y derrocan a Sulaymān; entran en el alcázar y se cercioran de la muerte de Hišām. Como la única intención de Jayrān era reponer a Hišām y cAlī se percató de ello, las cosas no acabaron muy bien, y Jayrān salió de Córdoba temiendo por su vida.
Estas acuñaciones de Mubārak y Mudaffar en Valencia en el año 407 H (con ceca al Andalus) creemos que son el reflejo de quién movía los hilos y la dependencia política de éstos respecto a Jayrān. Mubārak y Mudaffar mantuvieron el cargo de Valencia del año 401 al año 409 H, y no realizaron ninguna acuñación –al menos no la conocemos– hasta ésta del 407 H, en la que parece que se sigue la política de Jayrān de reconocer a cAlí b. Hammūd. En la anterior acuñación del año 404 H, el nombre de estos dos eunucos no consta de ningún modo, y ya hemos explicado antes el motivo. Hacemos observar que la ceca no es Balansiyya, sino, al Andalus, nombre genérico dado en las monedas para Córdoba, signo inequívoco del acatamiento.


En el año 409 H se dirigen hacia, Córdoba con al-Murtadá a la cabeza, además de Jayrān y Mundir, los señores de Xàtiva, Valencia y Tortosa, a los cuales había escrito Jayrān para que se les unieran con el propósito de restaurar la dinastía Marwaní. Vemos como todos los cĀmiríes, y en este caso los tuŷibíes, siempre estan de acuerdo en reponer la dinastía legal. Si hubieran sido rebeldes, ¿qué sentido tiene que ayuden a reponer a un imām al que obedecer y acatar, si ellos ya tienen sus territorios? El resultado ya lo sabemos: al-Murtadá desprecia a Jayrān y Mundir, y estos acuerdan su caída. En 409 H, muerto Mubārak y Mudaffar exiliado en Játiva, tras la rebelión del pueblo por su mal gobierno, llaman los valencianos a Labīb, señor de Tortosa, a quien habían ayudado Mubārak y Mudaffar frente a las pretensiones expansionistas de Mundir de Zaragoza, pero inmediatamente, Muŷāhid, se presenta en Valencia y asumen su gobierno conjuntamente. No resultó afortunada esta corregencia, se enturbiaron las cosas y quedó Muŷāhid solo en Valencia, donde estuvo un año, controlando la situación, hasta que se hizo venir a cAbd-al-cAziz desde Zaragoza. Así, subió cAbd-al-cAziz al trono en Valencia en dū-l-hiŷŷa del año 411 H (marzo-abril de 1021).
Más tarde vemos la asociación, Jayrān-Muŷāhid en acción para reponer a la dinastía Marwaní, el martes a 8 días pasados de Muharram del año 417 H (1 de marzo de 1026). Después de la llamada de Habbūs b. Māksan el Sinhāŷī y su hermano, se consiguió y llegaron al acuerdo, tras largo tiempo, de elegir a Abū Bakr Hišām b. Muhammad b. cAbd-al-Malik b. cAb al- Rahmān al-Nāsir, al-Muctadd billāh. Aunque a estas alturas,34 creemos que su intención era reponer la dinastía Marwaní en Córdoba, pero sin tener ellos ninguna intención de renunciar a lo que estaba en sus manos, y se hallaban ya más inclinados a conservarlo.
Sulaymān distribuyó el mando de las kuras a los beréberes, y para tranquilizar su reinado, escribió a los jefes cĀmiríes diciéndoles que se contentaba con que le acatasen, pero no recibió ninguna respuesta y los historiadores lo interpretan como rebeldía y afán de conservar los territorios que estaban bajo su poder, cuando la realidad era su inquebrantable lealtad a su señor Hišām. Los cĀmiríes, de hecho, ocuparon gran parte de sus vidas y recursos para intentar reponer a Hišām en el trono, hasta que vieron la imposibilidad de conseguirlo, y a partir de ahí cada uno trató de conservar lo que tenía en sus manos. Pero también observamos que siempre buscan acatar a un califa legítimo. Lo más fácil para todos aquellos que estaban asentados en un territorio hubiera sido aclamar al ficticio imām cAbd Allāh y quedarse con lo que tenían. Sin embargo, no fue así y durante años los cĀmiríes buscaron tener un califa legítimo a quien reconocer.
LAS PRERROGATIVAS DEL IMĀMATO
Una de las cualidades indispensables para el imāmato era ser Qurayšī, cualidad que excluía a cualquiera que no fuese árabe. De ahí viene seguramente la afición de los príncipes beréberes de alterar su árbol genealógico para hacerse descender de raza árabe, y así, en un momento dado, tener más fácil acceder al trono. Las tres prerrogativas califales que nadie se hubiera atrevido a usurpar eran: el título, la jutba y la acuñación de moneda.
El título
Ningún príncipe de taifas se abrogó el título de imām, adoptando indefectiblemente títulos menores, como el de hachib o el de jalifa, entre otros.
La jutba
François Clément en su obra, Pouvoir et légitimité en Espagne musulmane à l´époque des Taifas (Ve/ XIe siècle) (p. 228), indica:
La dédicatoire de la hutba:
On sait que le prône de la prière du vendredi débute, après la basmala, par l’invocation du nom du califa, auquel les fidèles doivent obéissance en tant qu’imām de la communauté.
Ne plus mentioner le califa, où mentioner quelqu’un d’autre à sa place, équivaut donc selon les cas, à un déni ou à un transfert de légitimité, qui sacralise en quelque sorte la rupture entre les dissidents et le pouvoir central. D’où la valeur indicative de cette mention.
Trois fondateurs de taifas firent prononcer la hutba en leur nom:
Labīb et Muŷāhid conjointement à Valence (puis Muŷāhid seul, après le repli de Labīb sur Tortosa), et Abū Nūr Hilāl à Ronda. ¿Quelle signification donner à leur geste? Pour les deux premiers, on entrevoit la response. L’événement eut lieu aux alentours de 409-410/1018-1020, en plein califat hammūdite, c’est-à-dire à une époque où le pouvoir central ne pouvait se prévaloir que d’une légitimité fragile, et d’ailleurs contestable aux yeux des Esclavons, et ceci explique sans doute cela.
La pronunciación de la jutba por Muŷāhid y Labīb en Valencia la creemos ligada al hecho de que ese território estaba reservado para cAbd-al-cAziz, como explicamos más arriba, aunque se repusiera a Hišām en el trono de Córdoba, como herencia de su abuelo y que estaba decidido de antiguo, y que sería puntual, mientras estuviesen guardando el território para cAbd-al-cAziz, luego no fue así, prefiriendo este en vez de proclamarse imām, reconocer al los imāmes establecidos.
Según Kāmil, VIII (p. 103):
Se opusieron Habbūs ibn Māksán al Sinhāŷī el beréber y su hermano a obedecer a Yahyá b. cAlí al cAlawī. Se quedó Muŷāhid un tiempo; luego volvió a Dénia, donde suprimió la invocación de Yahyá y le fue devuelta la invocación a los Omeyas, como diremos en lo que sigue, si Dios quiere.
No sabemos el motivo por el cual cAbd-al-cAziz no asumió el gobierno de Valencia antes, ¿era demasiado joven? pudiera ser, pero es sabido que la edad no es óbice para asumir el trono; en el año 400 H en los funerales por su padre, un testigo presencial afirma que él y su primo, eran niños que no pasaban de los siete años por lo que en 404 H tendría unos once años y cuando fue proclamado en 411 H unos dieciocho. En otras crónicas dicen que tenía quince años, que había nacido en el año 397 H.35
cAbd-al-cAziz estaba en Zaragoza, bajo la protección de Mundir b. Yahyà. Nos dicen las crónicas36 que se introdujeron hasta él a escondidas de Mundir b. Yahyà, y que salió en secreto de Zaragoza hasta alcanzar Valencia. ¿Por qué este secretismo y por qué ir a escondidas? Valencia siempre fue un bocado apetecible para los zaragozanos y posiblemente estuvieran esperando una oportunidad para hacerse con ella, de manera que, teniendo a cAbd-al-cAziz bajo su control, pensaban que les resultaría más fácil.
Con referencia a la pronunciación de la jutba a favor de Abū Nūr Hilāl, las crónicas son paupérrimas y solo hemos encontrado esta notícia:
Mención del reinado de Abū Nūr Hilāl b. Abī Qurra b. Dunas al-Ifrāni, señor de Takurunna y de sus distritos.
Se le reconoció por soberano allí tras la muerte de Idrīs b. ‘Ali b. Hammūd, en el año 406. Enseguida la jutba fue pronunciada en su nombre en Málaga y en todo el país de Rayyu (Anónima, pp. 66-67).
Nos parece difícil de conjugar esta notícia, en que la única verdad, parece ser, es que se pronunció la jutba a su nombre.
Idrīs b. cAli b. Hammūd murió en el año 431 H y Málaga estuvo en poder de los Hammūdíes hasta el 449 H, por lo que nos parece improbable que se pronunciase la jutba en su nombre en Málaga, cuanto no imposible. Creemos, más bien, que en el carácter y los orígenes norteafricanos de Abū Nūr están los motivos de esta infracción, como dejan entrever algunas notícias que nos ofrecen los cronistas y que no dicen mucho en su favor.37 Lo más seguro es que el sentido de lealtad y legitimista que sentían los cĀmiríes hacia la autoridad legal, no era compartido por Abū Nūr y a la más mínima ocasión se proclamó emir de su grupo, como probablemente hubiera hecho en África.
La acuñación de moneda
Según Clement,38 la acuñación de moneda, al ser en el Islam un monopolio del Estado, particularmente la de oro, está estrictamente reservada al califa. Así puede comprenderse la importancia de eventuales emisiones monetarias que escapaban al control del poder central. Ya hemos explicado como los grandes fatás cĀmiríes se vieron obligados a abandonar Córdoba con sus hombres, manteniendo las dos fidelidades que les daban razón de ser, a la dinastía Omeya y a la família de Ibn Abí cĀmir, dirigiéndose al Levante.39 Ahora veremos, gracias a las monedas como –en nuestra opinión– nadie, al menos formalmente, transgredió este precepto.
Como vamos a intentar estudiar las acuñaciones cronológicamente, comenzando por las de Elota, no podemos resistir la tentación de hacer una breve hipótesis sobre su ubicación y sus acuñaciones. En ninguna crónica aparece reflejado el topónimo «Elota», no conocemos ninguna referencia de ningún personaje que hubiera nacido allí, ninguna batalla, ninguna referencia geográfica, nada. Entonces nos preguntamos ¿era Elota una población? Gracias a un magnífico estudio de Sonia Gutiérrez, Lorenzo Abad y Blanca Gamo,40 podemos responder la pregunta que nos planteábamos. Los autores del mencionado trabajo identifican, sin lugar a dudas, el Tolmo de Minateda con la antigua sede del episcopado de la Elota visigótica y su posterior conversión en la medina Iyyuh árabe, de la que encontramos noticias en el Pacto de Teodomiro y en la fundación de Murcia, mencionada por al cUdrī y varios historiadores árabes.
Primero nos detendremos en el nombre visigótico: elota. Los autores del trabajo citado,41 después de una exaustiva serie de razones, tanto históricas como gramaticales, concluyen que «hemos decidido mantener la denominación más extendida de Eio o Elo, como la mayoría de los autores que nos han precedido, incluido el propio García Moreno». Sin embargo, nosotros creemos que esta ceca conserva el nombre tal y como debía sonar en árabe en aquella época y que no es otro que elota. Aunque desconocemos el árabe, sabemos que esta lengua carece de «e» y que la transcribe por «a» (ej. Jaén = Yayán), y la «o» como «u» (ej. Tubarra = Tobarra) por lo que la ceca escrita en las monedas se debería leer ALUTA = ELOTA.
Los cĀmiríes cuando salieron de Córdoba hacia Xàtiva como nos relatan las crónicas, tomaron el camino natural hacia el levante. En el mismo trabajo que citamos, se describen una serie de itinerarios de los que destacaremos dos comentarios:
La estratégica situación del Tolmo, en la periféria de la Orospeda y su control de la principal vía terrestre entre la meseta y la llanura litoral murciana, sin duda principal eje de comunicación y el más expédito, además, entre Toledo capital visigótica y Cartagena, supuesta capital bizantina, la vía romana Complutum-Cathago Nova, usado aún en época islámica (Silliéres 1983, pp. 247 y ss.), además de la puerta hacia la costa levantina… (p. 358).
…Ahora bien, mientras en el caso de Begastri se aprovechó una antigua ciudad romana, todavía habitada, que quizás amurallaron a tal efecto, en el de Eio optaron por un solar urbano seguramente abandonado, que recuperó así su valor estratégico como puerta al Vinalopó y la vía Augusta, además de ser camino directo a Carthagena (p. 361).
No nos cabe duda de que los desterrados de Córdoba tomaron este camino, y que los historiadores nos señalan el destino, Xàtiva, pero algo debió de suceder en esta ciudad que aconsejó no dirigirse a ella. Quizás fuese la incursión bereber desde Jaén o la actitud de al Muzafar de Valencia, que se había anexionado Xàtiva, de manera que les pareciera más seguro esperar acontecimientos en el Tolmo, un lugar de muy fácil defensa, dependiendo de ellos mismos y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos en Córdoba. Con toda seguridad, en esa época aún habría edificaciones en pie. Para terminar, aún vamos a mencionar un par de párrafos de este valioso trabajo que nos parecen de singular interés, y que nos ayudan a argumentar nuestra hipótesis:
«Así, en la relación de iglesias correspondientes a la vicaría de Hellín, se mencionan las de Hellín, Jumilla, Tobarra e Isso, Calasparra y el lugar de Illo, (p. 15), del que no se dice que exista templo ni beneficio […] quizá porque la aldea no tuviera parroquia». No obstante, A. Pretel supone que el lugar de Illo era realmente el Tolmo de Minateda y que su mención entre las iglesias de la vicaría, constituía realmente un ejemplo de «[…] como se conserva la denominación» y «una confirmación, aunque tardía, de que los castellanos conocían el pasado del Iyyu(h) preislámico aún en el siglo xv. Es posible que el hecho de conservar el nombre todavía en en el siglo xv, cuando ya no existía iglesia en el lugar, fuera un reconocimiento al pasado eclesiástico en tiempos visigóticos» (Pretel, 2000, p. 82, núm. 83). Este recuerdo ratifica la identificación de Eio con Iyyuh y consiguientemente con el Tolmo de Minateda, que venimos sosteniendo en detrimento de otras alternativas, como el Monastil en Elda o Algezares en Murcia (p. 364).
En la actualidad, creemos que hemos documentado las fortificaciones de la civitas visigótica de Eio y que estamos excavando el complejo episcopal de esta cabeza diocesana; de la misma forma se puede afirmar que el Tolmo –Madināt Iyyuh en árabe– fue igualmente una de las ciudades que representaban la extensión material del poder de un notable visigodo, Teodomiro, y que se transformó en una Madīna –el único caso bien atestiguado arqueológicamente, no conviene olvidarlo– que se abandonó definitivamente antes del califato, en un momento avanzado del siglo IX, sin que se reocupara ya durante la época islámica, cuando surgieron nuevos asentamientos como Falyan, origen del actual Hellín, y cuando ya el territorio que tomó su nombre de Teodomiro, contaba con una nueva capital, Murcia, fundada por el estado islámico cordobés (p. 356).
Estos hechos narrados nos dan respuesta a nuestras primeras preguntas, ¿qué noticias pueden dar los historiadores árabes de una sede episcopal cristiana? ¿Qué probabilidades podría haber, del nacimiento de un personaje ilustre, en una pequeña ciudad que desapareció en tiempos de cAbd al Rahman II y aún se recordara en el siglo XI? Sí que perdura el recuerdo en las crónicas transmitidas por al cUdrī y otros historiadores de la destrucción de una ciudad de este nombre en relación con el célebre episodio de la fundación de Murcia por parte del emir cAbd al Rahman II en 825. Creemos que el mutismo de las fuentes escritas en torno a nuestra misteriosa ceca es precisamente el desconocimiento u olvido de medinat Iyyuh, y que prevaleció en el tiempo el topónimo preislámico. Seguramente, los cĀmiríes conocían su antigua denominación y así lo plasmaron en las monedas.
Pocas noticias dan los cronistas árabes de un emplazamiento cuyo su tiempo y apogeo, fue anterior a su venida al al-Andalus y donde la presencia árabe no pasó de ser brevísima y su recuerdo el de un solar deshabitado.
Jayrān vuelve a Córdoba en el año 400 H, ¿desde Elota? Creemos que hace llevar desde Córdoba a Elota operarios de la ceca42 para acuñar monedas ante la dificultad y carestía en las que se halla Hišām en Córdoba. Los exiliados tendrían abundante plata acuñada, ya que es impensable que no llevaran consigo grandes cantidades de moneda. Las acuñaciones se efectúan durante los años 402 y 403 H, años en que Hišām permanece en el trono, aunque en precario. Se trata de acuñaciones puramente califales, así como todas las efectuadas durante el segundo reinado de Hišām en Córdoba. En ellas constan nombres de personajes a quienes parece supeditado u obligado Hišām. Estan límpias, no hay designado ningún heredero, como en sus primeras emisiones.
En 404 H creemos no debe de haber acuñación de moneda, a causa de los acontecimientos y enfrentamientos con Muŷāhid, que llevan al cambio de fronteras, de manera que Elota queda en territorio de Dénia. Es en el contexto de estos acontecimientos cuando creemos que los cuños pasan a poder de Muŷāhid y fueron aprovechados por él.
Al quedar Elota en manos de Muŷāhid, seguramente en este año allí no se efectúan acuñaciones, pero si las hay –como hemos dicho– de Valencia, por lo que creemos en una continuación estas emisiones de los cĀmiríes desplazados que aglutinaba Jayrān.
Año 404 H
Según Kāmil, VIII (p. 98):
cAlí b. Hammūd gobernaba Ceuta, que está separada de al Andalus por el estrecho de Gibraltar y su hermano al Qāsim b. Hammūd, estaba en Algecíras en calidad de gobernador. Eran partidarios de Sulayman b. al-Hakam y era a el a quién debían el haber sido puestos primero a la cabeza de los magrebíes y después como gobernadores de esta zona.
Jayrán era partidario del gobierno de al-Mucayyād, lo deseaba y hacía la oración en su nombre en los minbares de la región que estaba en su poder porque pensaba que seguía con vida cuando desapareció del alcázar.
Año 405 H
En muharram (primer mes) de este año Jayrán conquista Almería.
A principios del 405 H, Muyahid proclama a al Mucaytí califa. Esta legitimación le permite emprender la conquista de Cerdeña, pero también acuñar moneda, cosa que hace. Nos lo dice Acmal: «Le llamó al Muntasir billah e inscribió su nombre en sus monedas y sus estandartes» (p. 220). Siendo prerrogativa califal y habiéndose desligado Muyahid de su pacto de clientela, no tiene ningún sentido que acuñara moneda invocando a Hišām. Esta noticia ofrecida por Acmal, es una prueba más de que las acuñaciones a nombre de Hišām no son realizadas por Muyahid. Si es cierto para 405 H, ¿por qué no para 402-403 H? Todas las acciones de Jayrán se efectuaban bajo invocación a Hišām, como nos dicen las crónicas.
ACUÑACIONES DE ELOTA
Monedas totalmente califales, acuñadas en Elota, por parte de los cĀmiríes exiliados.


Moneda acuñada por Muŷāhid bajo el manto legal que le proporciona el haber reconocido califa a cAbd-Allāh b. cUbayd Allāh b. al-Walīd b. Muhammad b. Yūsuf b. cAbd Allāh b. cAbd al cAzīz b. cAmr b. cUtmān b. Muhammad b. Jālid b. cUqba b. Abī Mucayt b. Abī cAmr b. Umayya b. cAbd Šams al-Mucaytī. Su kunya: Abu cAbd al-Rahmān.

Monedas acuñadas por cAbd-Allāh al-Mucaytī prescindiendo de Muŷāhid, creyendo que no volvería de sus expediciones a Cerdeña y adueñándose del poder.



El anverso de esta moneda, como de la anterior son del mismo cuño.
El hecho de que Muŷāhid continúe acuñando con ceca de Elota puede significar dos cosas: una, puede ser un signo evidente de que este emplazamiento estaba dentro de sus territorios, y dos, si aprovechar los cuños fue un hecho cierto, puede ser que la emisión de estas monedas invocando al Imām cAbd Allāh, (al Mucaytí) no se produjera necesariamente en Elota, sino que se podrían haber acuñado en la misma Dénia.
cALÍ BEN HAMMŪD
La primera proclamación43 de Sulaymān Almustacín como califa tuvo lugar el martes 17 de Rabí I del año 400 H, (8 de noviembre de 1009) y su destitución el domingo 12 de Šawwāl del mismo año (29 de mayo del año 1010). Sin embargo, el propio Marrakusí (p. 94) nos dice que fue a 14 pasados de Šawwāl, y el día viernes. Acmal (p. 114) corrobora la fecha pero no indica el día. Como al-Dajīra I (p. 45) identifica el día de la semana como viernes, nosotros lo daremos por bueno, pero el viernes era el 16 de Šawwāl (2 de junio de 1010), tras la derrota en la batalla de cAqabat al Baqar. El nombramiento de su hijo Muhammad como príncipe heredero44 tuvo lugar a mediados de Ŷumādá final del año 400 H (primeros de febrero de 1010). Temiendo por su vida, Sulaymān salió huyendo a Xàtiva con los que estaban con él.45 Mientras, los beréberes tomaron a sus familias, ordenaron su ejército y se pusieron en marcha en dirección a Algeciras,46 con la intención de pasar a sus territorios en África.
Según Mafajir (pp. 377-383):
Cuando llegaron al Wādī Aro ocurrió una casualidad milagrosa y fue que encontraron los caballos que habían hecho llegar al Qāsim b. Hammūd y Harūwar47 enviados por Sulaymān a la otra orilla y que habían hecho cruzar a al Andalus desde ella; eran caballos comprados, regalos de los emires y caballos de los mercaderes. Formaban un conjunto abundante del que se apoderaron y los mercaderes pusieron en sus manos los que tenían ellos, librándose de oponerse cuando oyeron que les perseguía el Mahdí, con una gran multitud. Aquel lugar era bueno [378] para ellos y se instalaron en él improvisando y se atravesaron sus jinetes ocultándose; eran cerca de mil a caballo, y no les faltaba la decisión.
Tras vadear el río y asentarse en aquel lugar, fueron alcanzados por el Mahdí y sus tropas cristianas, que al intentar cruzar el río fueron atacados con gran ímpetu por los beréberes, ocasionándoles una terrible derrota el jueves, a seis pasados de Dū-l-Qacda del año 400 H (22 de junio de 1010).48 La buena nueva hace volver a Sulaymān de Xàtiva, se reúne con sus tropas triunfantes y se dirigen a Ceuta, donde se hace con su gobierno mediante argucias.49 Al Mahdí muere e Hišām es repuesto en el trono de Córdoba el domingo 8 de Dū-l-hiŷŷa del año 400 H (23 de julio de 1010).
De acuerdo con la Crónica de 1344 (III, p. 211): «Mandó el rey (Hišām) tomar la cabeza (del Mahdí) y mandarla a Sulaymān, que entonces vivía en Citava,50 pensando que cuando la viese se volvería su súbdito.» Pero no sólo no consiguió su adhesión, sino que éste montó en cólera y se conmovió al ver la cabeza de su primo. Mandó lavar y perfumar el despojo y enviarlo, junto con mil dinares, al hijo de al Mahdí, Muhammad, que se había refugiado en Toledo.51 En el año 401 H,52 bajaron los beréberes a Córdoba y entraron en al Zahrá el sábado a seis por pasar de Rabí I (4 de noviembre de 1010) y salieron de ella a cinco por pasar de Šacbān (2 o 3 de abril de 1011), dedicándose a hostigar todas las comarcas y recluyendo a Hišām en Córdoba, hasta que consiguen tomar la capital,53 el sábado a cuatro por pasar de Šawwāl del año 403 H (9 de mayo de 1013). Los Banū Hammūd, cAlí y al Qāsim, qācides del destacamento de los cAlawíes e instalaron54 en Sacunda. Le fue adjudicada Ceuta a cAlí y a su hermano Algeciras.55 Cuando los compañeros de Sulaymān b. al Hakam le hicieron ver que asociar a este Banū Hammūd en el gobierno era actuar contra sí mismo, contestó: «Ya está hecho».
No hemos visto en las crónicas el nombre de cAlí, ni el de al Qāsim asociados a ningún tipo de suceso bélico. Se desprende de las crónicas que, antes de la batalla de cAqabat al Baqar, estos hermanos estaban en Ceuta. Cuando Sulaymān les solicita que le consigan caballos, al encontrarse los fugitivos de la batalla de cAqabat al Baqar con éstos, son mercaderes los que los llevan, no hay ninguna mención a que fueran estos Hammūdíes con ellos.
Como las crónicas no son muy claras, el estudio de las monedas 1 y 2 que aportamos puede dar pistas para saber lo que probablemente pasó. Las acuñaciones del primer reinado de Sulaymān, todas del año 400 H, son homogéneas, con el nombre Aben Maslamah en el campo y Sulaymān con su nombre y títulos. Después aparece el nombre Aben Šuhaid, siempre relacionado con el príncipe heredero Muhammad. En su segundo reinado, a partir del año 403 H, se suceden una gran variedad de nombres en sus acuñaciones, pero siempre asociados al príncipe heredero Muhammad. Creemos que las monedas 1 y 2 son acuñaciones de cAlí, realizadas en Ceuta (preparándose por si Sulaymān no vuelve). cAlí, no se abroga el Imāmato, emplea el subterfugio de identificarse como príncipe heredero y hāŷib, cuidando de que estos titulos resulten ilegibles o difícilmente legibles, además de hacer constar la ceca de al Andalus para minimizar su «pecado» si fuera necesario dar posteriores explicaciones. Estas acuñaciones se producen en 401 H y 402 H, mientras Sulaymān está ocupado en recuperar el trono de Córdoba; estas intenciones salieron a la luz, y creemos es el motivo por el cual los compañeros de Sulaymān lo advierten de las intenciones de cAlí. Posteriormente se le ocurrió otra jugada maestra, que le resultó más exitosa, divulgar que Hišām lo había proclamado su heredero.


Este dírham está troquelado con un cuño destinado a emitir dinares y así lo expresa la orla. Como mera especulación, suponemos que la intención de cAlí era, en principio, acuñar también dinares y que finalmente no se atrevió a usurpar esa prerrogativa califal.



Tenemos otra moneda como testimonio, ésta de al-Muciz de Fez (Vives 803), sin fecha reconocible, con el nombre de príncipe heredero.

Se percibe en las crónicas la poca implicación de cAlí y al Qāsim en el sostén de Sulaymān, aunque dicen que eran los qācides del destacamento de los cAlawíes que luchaban al lado de éste, y habían ayudado mandando caballos. Personalmente estaban establecidos en Ceuta, y creemos que no intervinieron en ninguna batalla, la misma actitud que había tomado antes al Muciz en Fez, reconociendo imām tras imām, con tal de mantenerse él en el trono. Se entrevé a un cAlí más ambicioso que su hermano al Qāsim, y que invierte toda su inteligencia y esfuerzos en la manera de aprovecharse de la situación para acceder al poder en al Andalus, o como mal menor, que se le pusiera a la cabeza del gobierno de los territorios que tenía en el Magrib. Las monedas 1 y 2 demuestran estos hechos y aunque las creemos acuñadas en Ceuta. Vemos que la ceca es al Andalus, ya que hacer constar la ceca Ceuta, tan temprano, podía interpretarse como un signo de rebeldía.
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