Kitabı oxu: «Fútbol»

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Fútbol:

ENTRENAMIENTO

PARA

NIÑOS Y JÓVENES

Por

Detlev Brüggemann


© Verlag Karl Hofmann

Steinwasenstrasse 6-8, D-73614 schorndorf, Alemania

Título original de la obra: Kinder-und Jugendtraining

Director de colección y revisor: Manuel Pombo

Traductor: Ramón Polledo

Diseño cubierta: Carlos Páramos

© 2004, Detlev Brüggemann

Editorial Paidotribo

www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Primera edición

ISBN: 978-84-819-720-5

ISBN EPUB: 978-84-9910-920-6

Fotocomposición: Bartolomé Sánchez de Haro

Índice

Prólogo

Prefacio

I.Sobre el desarrollo en las edades infantil y juvenil

1.La etapa del desarrollo y maduración deportivos

2.Las edades preescolar y escolar (prebenjamines; 4-12 años de edad)

3.La pubertad

3.1.El crecimiento en sentido longitudinal (1ª fase puberal; alevines e infantiles, 12-14 años de edad)

3.2.El crecimiento en anchura (2ª fase puberal; cadetes, 14-16 años de edad)

4.La adolescencia (etapa de la maduración; juveniles, 16-18 años de edad)

II.Consecuencias para la atención personal

1.Aspectos generales de la dirección del equipo y de la atención personal de los jugadores

2.Sobre la atención personal en las edades preescolar y escolar

3.Sobre la atención personal en la pubertad

4.Sobre la atención personal en la adolescencia

III.Consecuencias para el entrenamiento

1.Entrenamiento infantil y juvenil como entrenamiento de base y de profundización

1.1.Aspectos introductorios

1.2.La organización del entrenamiento a largo plazo

2.Principios generales de entrenamiento

3.Sobre el entrenamiento en las edades preescolar y escolar

3.1.El entrenamiento de prebenjamines (48 años de edad)

3.2.El entrenamiento de benjamines y alevines (812 años de edad)

4.Sobre el entrenamiento en la pubertad

4.1.El entrenamiento de infantiles (12-14 años de edad)

4.2.El entrenamiento de cadetes (14-16 años de edad)

5.El entrenamiento de juveniles (16-18 años de edad)

IV.Entrenamiento

1.Entrenamiento

2.Sobre la elección de tareas de entrenamiento

3.Sobre la comunicación de las tareas de entrenamiento

4.Sobre el trabajo educativo en el entrenamiento

V.Praxis

1.Las diferentes formas de entrenamiento y posibilidades de variación

2.Los contenidos del entrenamiento en las edades infantil y juvenil

3.Sobre la descripción de las diferentes formas de entrenamiento

VI.Partidillos

1.Minipartidos

2.Partidillos sobre directrices técnicas

3.Partidillos sobre directrices tácticas

VII.Formas de entrenamiento complementarias

1.Formas de entrenamiento adaptadas al juego, del 2-1 al 5-5

2.Ejercicios sobre aspectos técnicos y tácticos

VIII.Entrenamiento especial

1.Ocupación de uno mismo con el balón

2.Entrenamiento en círculo, entrenamiento en circuito

3.Fútbol de motivación

4.Entrenamiento del portero

IX.Planificación y estructuración del entrenamiento

1.Sesión de entrenamiento

2.Organización del entrenamiento

3.Ejemplos de entrenamientos

X.Entrenamiento de niños y jóvenes: carencias actuales y puntos básicos

XI.Bibliografía

Prólogo

El Campeonato de Europa de 1988 ha suscitado el entusiasmo del mundo del fútbol. Ello se debe a que la mayoría de los equipos han exhibido un interesante fútbol ofensivo, con unas enormes ganas de riesgo. El ganador del Europeo de 1988 fue Holanda, y los expertos mostraron una unanimidad poco habitual: el verdadero campeón de Europa fue el fútbol ofensivo de calidad.

Los fundamentos decisivos de esta forma casi olvidada de jugar al fútbol se adquieren en los años de desarrollo, en las etapas infantil y juvenil. Gusto por el juego, creatividad y ganas de actividad son los componentes que siguen guiando, formando y perfeccionando a los jóvenes talentos, futuros componentes de la selección nacional; siempre con la condición, no obstante, de que se ofrezcan oportunidades para que los jóvenes futbolistas acumulen experiencia y puedan mejorar su juego hasta alcanzar la perfección técnica.

Este libro ofrece un amplio abanico de formas de entrenamiento adecuadas a los niños, y les plantea tareas polifacéticas y amenas que, sin duda, motivarán a los chicos y también a las chicas a salir de su cuarto y a dirigirse al campo de fútbol, a jugar y a continuar entrenando lo ya aprendido.

Así, este libro apoya la moderna concepción del entrenamiento según la cual capacidades tan importantes del jugador, como la capacidad de acción y la velocidad, deben aprenderse tanto en la teoría como en la práctica. Los equipos destacados en el Europeo han impresionado y convencido a la afición precisamente por estas capacidades.

Junto a las típicas indicaciones correctoras y su fundamentación táctica, con la ayuda de numerosas correcciones a modo de ejemplo, en este libro se trata por primera vez y de forma sinóptica la manera en la que el entrenador puede comentar con sus jóvenes alumnos los errores y las posibilidades de mejora, transformando estas explicaciones en un aprendizaje constructivo.

Quien lea el capítulo acerca de los cambios corporales, mentales y psíquicos que se suceden en el desarrollo de las etapas infantil y juvenil, capítulo escrito con una gran sencillez en la exposición, estará de acuerdo, sin duda alguna, con las consecuencias que se deducen para el entrenamiento y el contacto con los jóvenes futbolistas de los diferentes grupos de edad: el entrenamiento de juveniles no es un entrenamiento de adultos reducido, y el de infantiles no es un entrenamiento de juveniles abreviado.

No nos queda sino recomendar este segundo tomo de la serie Manual de Fútbol, como obra de referencia para el entrenamiento infantil y juvenil actualizado y como lectura de información exhaustiva, a todo aquél que se ocupe del cuidado y del entrenamiento de niños y jóvenes.

W. SCHEUERL

Presidente de la comisión de juventud

de la Federación Alemana de Fútbol (DFB)

Prefacio

Desde la temprana eliminación de la selección nacional alemana en el Mundial de 1998, un amplio sector de la opinión pública, tanto expertos como aficionados, se queja con expresiones similares de un fenómeno que ya se dejaba entrever hace muchos años, aunque para tranquilidad general había quedado oculto a corto plazo por el brillo de los éxitos conseguidos por los equipos alemanes, tanto clubes como selección: una pérdida creciente de calidad en el fútbol base alemán. El clamor por “organizadores de juego”, “jugadores creativos” y delanteros se escucha por todas partes. Si bien durante largo tiempo se atribuyó la causa a una evolución del juego en la dirección de una mayor velocidad y capacidad física, hoy los equipos y asociaciones, y la Federación Alemana como cabeza rectora visible, discuten las más variadas posibilidades de obtener una formación deportiva más eficaz e intensiva en el fútbol base en Alemania, y ello no sólo con la vista puesta en la pretendida organización del Campeonato Mundial en el propio país. Se exigen concepciones y estrategias nuevas. No obstante, no oímos decir nada sobre el análisis serio de las causas. Los métodos y pasos de eficacia duradera que ataquen el verdadero núcleo de los problemas y puedan efectuar una inversión progresiva de esta tendencia, desagradable no sólo para los actores del deporte, sólo pueden desarrollarse sobre la base de un análisis exhaustivo de los problemas actuales en el fútbol base.

El entrenamiento de niños y jóvenes debería concebirse en todo momento como un objetivo a largo plazo. La ciencia del deporte, y sobre todo la psicología evolutiva, nos han hecho ver desde hace tiempo que las capacidades motoras, mentales, psíquicas y sociales que distinguen en último grado al buen futbolista dependen, en cuanto a su asentamiento y calidad, en gran medida de que las condiciones de aprendizaje en la infancia y la juventud hayan sido favorables y adecuadas a la edad. Las carencias de estas etapas limitan claramente el rendimiento en años posteriores.

El fútbol, y por tanto el jugador individual, debe entenderse como un componente del conjunto de nuestra vida social. Los futbolistas jóvenes y muy jóvenes son niños en nuestra vida cotidiana. Esta sociedad, la vida de los niños y jóvenes y su posición respecto de las cosas de la vida han sufrido cambios en las últimas décadas. El auge de la economía y de la construcción, y el creciente bienestar, han cercenado oportunidades de aprendizaje importantes para la evolución deportiva, pero también para la evolución global de la personalidad; los jóvenes de antaño podían, en efecto, adquirir libre y despreocupadamente numerosas capacidades motoras, mentales y también sociales sin el constante “influjo” de los adultos. Bajo el influjo de una sociedad que gira marcadamente hacia el individualismo y modifica el entramado de valores sociales hasta ahora vigentes, en los niños y jóvenes de nuestros días se despiertan y se instalan nuevos deseos, necesidades e intereses. En nuestra sociedad se ha pasado a valorar el éxito como la única referencia de toda actividad.

Sin embargo, bajo el dictado de las expectativas de éxito de nuestro entorno es casi imposible llevar a cabo un entrenamiento organizado a largo plazo, de forma apropiada para el niño, y orientado hacia la evolución y el nivel de rendimiento de cada uno de los jóvenes jugadores. Dada nuestra compulsión por el éxito rápido, con orientaciones y esquemas tácticos suministrados constantemente por los adultos, se pierden necesariamente algunas condiciones del aprendizaje propias de la edad e importantes para el desarrollo de niños y jóvenes, como p. ej. las oportunidades múltiples y extensas de actuación autónoma, o la tolerancia de los adultos con los deseos de los niños, y también con sus errores y fracasos.

La presión anímica, la necesidad de satisfacer las expectativas de otros no cesan en ningún momento en el mundo de nuestros jóvenes jugadores. La disposición a correr riesgos, la capacidad de decidir y la evolución de la calidad lúdica apenas pueden manifestarse de forma eficaz debido al creciente “miedo” de los niños a cometer un fallo, al temor del supuesto “fracaso” a los ojos de la persona de referencia, el adulto. En la búsqueda de su reconocimiento, el jugador en ciernes “aprende” pronto a orientar su actividad únicamente en torno a las expectativas de los adultos. El niño ya no actúa para conseguir un objetivo propio, para jugar “su propio partido de fútbol”. Sus acciones tienen ante todo que “gustar” al cuidador, al entrenador o a los padres. El niño juega “el juego de los adultos”. En la estacada se quedan obligatoriamente la capacidad de acción y la creatividad, precisamente las capacidades del juego bueno y triunfador, que hoy tan amargamente se echan en falta. El impulso por la actuación autónoma, requisito importante como iniciativa propia para todo proceso de aprendizaje, se inhibe debido a una participación a veces exagerada de los adultos en el juego de los niños y a una bienintencionada “pre-ocupación”, que abarca todos los entresijos del juego, por la pequeña personalidad que crece sobre el campo de fútbol. Los niños elaboran sus impresiones, partiendo de los acontecimientos de su entorno, a través de un juego “determinado por ellos mismos”. Indudablemente, la falta de oportunidades para hacerlo y para desarrollar su autonomía, y –unida a ello– la conciencia de ser responsables de sí mismos y de sus acciones, no modifican favorablemente la actitud de los adolescentes respecto al rendimiento propio, ni mejoran tampoco su capacidad de aprender de forma rápida e intensiva.

El fútbol infantil y juvenil necesita en nuestros días una mejora de las condiciones de desarrollo personal también dentro del entrenamiento. El éxito de una concepción formativa bien planificada y fundamentada no garantiza únicamente un aumento del tiempo entrenamiento, sino “una motivación nueva y más intensa del jugador”, “un impulso propio con la intención de querer producir un rendimiento (deportivo) para sí mismo”. Con dicha concepción se trata de elaborar una aproximación nueva, confiada a la vez que respetuosa, a los niños y jóvenes de nuestra época, de acompañarles en su camino hacia la vida adulta, tan difícil hoy en sus facetas humana y deportiva, de comprenderles y de aconsejarles.

Este libro pretende ser una ayuda para configurar una vez más las condiciones de aprendizaje adecuadas a las edades infantil y juvenil, que desde la edad preescolar ejercen un decisivo influjo sobre el desarrollo de la personalidad de niños y jóvenes, y dentro de estas condiciones, crear, incluso en el fútbol que antes se denominaba “de la calle”, una base amplia para adquirir y asentar todas aquellas capacidades que distinguen a una personalidad triunfadora, creativa y decisiva para el juego (cf. a este respecto Brüggemann / Albrecht: Fußball-Handbuch, tomo 1, “entrenamiento de fútbol moderno”).

Este libro se sirve de los recientes avances de la ciencia del deporte acerca de la evolución de niños y jóvenes. Pone de relieve la importante tarea sociopedagógica que implica el entrenamiento infantil y juvenil, específicamente el del fútbol, y en este sentido describe extensamente las múltiples consecuencias que de los procesos biológicos naturales de crecimiento y maduración de niños y jóvenes se derivan para el entrenamiento, para la elaboración y establecimiento de objetivos y para el cuidado de los jugadores del deporte de base en nuestra sociedad actual.

La extensa parte práctica muestra una serie de procedimientos con los que se configura, de acuerdo con la edad y el desarrollo, el entrenamiento de equipo actual, sobre la base de pequeños juegos y formas de juego menores tomadas del fútbol callejero de antaño, que ofrecen unas excelentes oportunidades para el aprendizaje. Diversas indicaciones sobre la metodología y la organización, acreditadas con la experiencia, deberán ayudar al entrenador y preparador en sus esfuerzos por imprimir una nueva calidad al fútbol base, con respeto y comprensión por las diferentes necesidades que los niños y jóvenes bajo su tutela plantean en las diferentes etapas de su desarrollo.


1: El juego libre sigue siendo el mejor maestro para la personalidad de los futuros jugadores.

DETLEV BRÜGGEMANN

Kamen

I. Sobre el desarrollo en las edades infantil y juvenil

1. La etapa del desarrollo y maduración deportivos

El entrenamiento de jóvenes no es un entrenamiento de adultos reducido; el de niños no es un entrenamiento de jóvenes abreviado.

En las etapas de la infancia y la juventud se adquieren y se asientan las capacidades determinantes para el posterior alto rendimiento.

El entrenamiento en la edad infantil y juvenil se adecúa a los cambios y a las posibilidades del desarrollo corporal, mental y psíquico de las diferentes etapas vitales.

Los retrasos y carencias originados en esta etapa de desarrollo y maduración deportiva no son recuperables en la edad adulta, y de serlo, en muy escasa medida.

Las edades infantil y juvenil son la época del desarrollo y la maduración corporal, mental y psíquica, la época de preparación para la edad adulta. Por ello, consideramos estos importantes años de la vida como el período vital en el que se desarrollan y se asientan los fundamentos corporales y mentales de una persona para su posterior vida adulta.

Así, desde la perspectiva de la capacidad de rendimiento deportivo, todo tipo de actividad deportiva debería tener un carácter de fundamento, preparatorio. Debería suministrar los requisitos que exigirá el posterior alto rendimiento de la edad adulta. Debe distinguirse obligatoriamente del entrenamiento de los adultos por su contenido, sus aspiraciones de rendimiento y su organización.

No obstante, podemos observar una y otra vez cómo se adoptan en el entrenamiento de niños y jóvenes contenidos y formas del entrenamiento de adultos, sin modificaciones esenciales. Esto sucede sobre todo en el terreno de la preparación física.

Numerosos entrenadores, tras concluir su trayectoria activa como jugadores, reproducen simplemente como monitores de deporte de base lo que han entrenado como jugadores activos, aunque adultos, y las formas en que lo han hecho. Con ello, pasan por alto las diferencias fundamentales que existen entre niños y jóvenes, por una parte, y adultos maduros, por otra, respecto de sus condicionamientos corporales, mentales y psíquicos.

Aplicar el mismo entrenamiento a jóvenes y a adultos acarrea por lo general dos consecuencias en gran medida negativas para el eventual alto rendimiento que se pueda dar con posterioridad. En primer lugar, una serie de destrezas y capacidades esenciales no se aprenden ni se asientan en modo alguno, o bien lo hacen de forma insuficiente. En segundo lugar, numerosas tareas del entrenamiento de adultos, esto es, de alto rendimiento, constituyen un sobreesfuerzo corporal o mental para un niño o un joven. Las consecuencias son en este caso una inseguridad general del jugador y, por tanto, un obstáculo en todos los procesos de aprendizaje y también en el desarrollo de la personalidad individual.

Capacidades

En contraposición con los puntos de vista de épocas pasadas, la psicología evolutiva evita atribuir a los distintos grupos de edad determinadas características y rasgos típicos. Como tendencia se habla de múltiples capacidades mentales, psíquicas y motoras, sobre la base de un proceso natural de maduración condicionado por la edad. Hablar de capacidades significa que el niño hace algo más rápido, mejor o en un momento prematuro en comparación con lo que es normal a su edad. Referido al fútbol, podemos designar como “talento”, por ejemplo la capacidad de controlar el balón más rápido que sus compañeros de edad, de abarcar un espacio de acción más amplio o de prever no sólo un pase, sino dos e incluso tres, y de articular esta visión en su comportamiento de juego. Las capacidades son adquiridas. El responsable de ello es fundamentalmente el entorno social inmediato, con sus diferentes condiciones y oportunidades de aprendizaje. No obstante, también se ha visto cómo un niño, por poseer capacidades de este tipo, se comporta a una edad determinada superando a sus compañeros de edad, y de la misma forma, por poseer en una etapa posterior otras capacidades igualmente importantes para un buen juego en menor medida que sus compañeros, termina presentando rendimientos cercanos al promedio y puede incluso verse superado por otros en la cumbre del rendimiento. De aquí se deriva la problemática del reconocimiento y promoción precoces de los talentos, y la necesidad de observaciones y comparaciones permanentes del rendimiento, para poder admitir en los niveles de promoción a las llamadas “vocaciones tardías”. La selección precoz excluye de un trabajo más intensivo a aquellos niños que adquieren ventajas de rendimiento visibles en un momento posterior, como consecuencia de ventajas de comportamiento debidas a su vez a capacidades desarrolladas en momentos posteriores. Deberíamos evitar siempre la aplicación de principios generalizadores, pues el jugador llamado “talento” tiende a permanecer hábilmente oculto.

En los primeros 3 años de vida los niños adquieren la motricidad básica (p. ej., andar, lanzar, agarrar), la comprensión de sus efectos sobre el entorno y sus primeras capacidades sensomotoras (p. ej., orientación, percepción espacial y temporal, control muscular). Posteriormente, a partir del cuarto año aproximadamente, se cimentan, se moldean y se asientan, junto a las capacidades responsables del saber técnico individual y del talento motor general, también aquellas capacidades mentales (cognitivas) y psíquicas que a través de la creatividad y la fantasía desarrollan la llamada capacidad de juego de un niño. Los niños aprenden jugando. Controlan su entorno y las impresiones que éste les producen mediante juegos “carentes de implicaciones”, esto es, que sus acciones y el éxito o el fracaso no acarrean para ellos consecuencias derivadas del mundo de los adultos. Hasta los 8 años de edad aproximadamente este control del entorno, importante para el desarrollo de la personalidad y, por tanto, también para los rendimientos deportivos creativos, tiene lugar en juegos propios, nacidos del mundo de representaciones y de la fantasía del niño. En la fantasía de sus juegos y en sus “reglas” los niños viven su entorno tal como lo ven y lo sienten. La “intervención ajena no solicitada” a cargo de un adulto podría alterar en esta etapa el desarrollo natural de la personalidad infantil, y en último grado incluso cimentar carencias duraderas en los ámbitos cognitivos, psíquicos y sociales de la personalidad.

Hasta los 8 años de edad aproximadamente (con diferencias de ± 15 meses) no empiezan los niños a aceptar como diversión juegos con “reglas determinadas por otros”, a jugarlos por propia iniciativa y a desarrollar modelos de acción propios, deportivos y sociales. Con el inicio de los cambios de crecimiento y maduración propios de la pubertad, el asentamiento de las capacidades coordinativas decisivas para el éxito en la práctica del fútbol, y de las capacidades y virtudes mentales, psíquicas y sociales, llega al final de su fase óptima en cuanto a las condiciones de desarrollo y aprendizaje. Las carencias y déficit de esta época, decisiva para el rendimiento deportivo posterior, limitan de forma comprobada el rendimiento en la edad adulta.

Cuanto más multifacético y positivo sea el asentamiento de estas capacidades, tanto más será capaz el individuo de influir con éxito, con su comportamiento de juego, sobre el transcurso de éste.

Desarrollo

El hombre no posee las capacidades coordinativas, mentales y psíquicas desde el momento del nacimiento y como algo que le es otorgado de forma inmutable. Más bien, las adquiere y las aprende en su mayor parte después del nacimiento, como consecuencia de las diversas condiciones de vida y de los diversos estímulos del entorno. En este contexto hablamos de condiciones y posibilidades de aprendizaje individuales. Cuanto más multifacético y diverso sea el ámbito de acción que estas condiciones de aprendizaje ofrecen a las necesidades e iniciativas de acción naturales del niño, tanto más ampliamente se estabilizarán los cimientos para una posterior personalidad fuerte y triunfadora en el deporte. Así, las vivencias y estímulos procedentes de la casa paterna y del entorno social tienen una importancia decisiva sobre el desarrollo de la maduración natural en sus diversas etapas, determinantes para el entrenamiento infantil y juvenil. Distinguimos como tales la etapa de las EDADES PREESCOLAR Y ESCOLAR, desde los 4 años de edad hasta los 12 años aproximadamente, la PUBERTAD con su 1ª fase puberal, que destaca por el crecimiento en estatura (1214 años de edad aprox.), y su 2ª fase puberal, que lo hace por el crecimiento en anchura (14-16 años de edad aprox.), así como la transición hacia la vida adulta, la llamada ADOLESCENCIA (1719 años de edad aprox.).

No obstante, estas diferentes fases del desarrollo no se pueden separar marcadamente unas de otras. La transición que va de una fase del desarrollo a otra, y con ello la aparición de los cambios corporales típicos correspondientes, se realiza de forma más bien fluida y con diferencias de edad según los individuos. Así, los compañeros de la misma edad pueden a veces diferir en más de un año en cuanto a su desarrollo corporal. Estas diferencias se ven con especial claridad en la categoría de infantiles, con unas considerables diferencias de estatura entre los jugadores.

La necesidad de un entrenamiento esencialmente distinto al de los adultos no está motivada sólo por los diferentes condicionantes biológicos que se dan durante el proceso de maduración humana. Lo importante es que los contenidos y las formas de entrenamiento en las edades infantil y juvenil tengan en cuenta y favorezcan estos cambios en la constitución corporal y en las capacidades.

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