Kitabı oxu: «Transpersonalismo y decolonialidad»
TRANSPERSONALISMO Y DECOLONIALIDAD
Diego R. Viegas hace bien en unir experiencias transpersonales y decolonialidad. Es una verdadera sinergia, ya que ambas categorías se fortalecen cuando están juntas. Incluso parece difícil entender por qué nadie había pensado en reunirlas antes de esta obra. Quizás, simplemente, ha llegado el momento de esta reunión y su fruto sinérgico ya esté maduro.
Jeremy Narby
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Este libro se propone conciliar la corriente académica conocida como “transpersonalismo” con aquella otra denominada “giro decolonial”. La segunda se aleja del eurocentrismo universalista y hace notar que el paradigma epistémico de la modernidad occidental encubre su lado oscuro, el colonialismo, y su posterior “colonialidad” del poder, el ser, el saber, los géneros, las sexualidades, las formas de autoridad y la misma naturaleza. El transpersonalismo redescubrió la relevancia de los sistemas de conocimiento, terapia y espiritualidad basados en los estados ampliados de conciencia (EAC), que aún no habían sido erradicados por completo por la cristiandad, el conservadurismo, el liberalismo y el marxismo ortodoxo. Sin embargo, en la actual crisis civilizatoria –ecocidio y patriarcado mediante–, se advierte su potencial decolonizador y desestructurante del sentido común anclado en el “viejo” paradigma. Desde testimonios que nos identifican con el mundo natural hasta un viaje reflexivo al reino de Bután, el autor plantea la urgencia de rescatar aquellas herramientas, vistas ahora como semillas de una esperanzada “transmodernidad”.
Diego R. Viegas. Abogado y licenciado en Antropología Sociocultural por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Especialización en Epistemologías del Sur (Clacso/Universidad de Coimbra, coordinado por Boaventura de Sousa Santos). Director del Centro de Estudios en Antropología del Conocimiento y la Conciencia (CEACC) y de su revista académica Uáipo Nem. Docente titular de la cátedra Etnografía del Conocimiento (Facultad de Humanidades y Artes, UNR). Profesor en el curso de posgrado Medicina Tradicional Indoamericana (Facultad de Medicina, UNR) y profesor invitado en la Maestría en Diversidad Cultural de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Ha publicado Ayahuasca, medicina del alma (con Néstor Berlanda, 2012), Antropología transpersonal: sociedad, cultura, realidad y conciencia (2016) y Los espíritus del aire (2018).
DIEGO R. VIEGAS
TRANSPERSONALISMO Y DECOLONIALIDAD
Espiritualidad, chamanismo y modernidad

Índice
Cubierta
Acerca de este libro
Portada
Dedicatoria
Agradecimientos
Epígrafe
Prefacio, por Charles D. Laughlin
Prólogo, por Gustavo Alvarenga Oliveira Santos
Introducción
1. Los estados ampliados de conciencia y el conocimiento de la modernidad El chamanismo como forma de conocimiento Del evolucionismo racionalista al holismo transpersonal La interfaz entre la neurociencia cognitiva y la dinámica cuántica del cerebro Razón iluminista versus razón sensorial Las cuatro ideologías de la modernidad versus los estados ampliados de conciencia
2. La cristiandad versus los estados ampliados de conciencia Epistemicidio cristiano e inquisición farmacrática en América El avance final: neoevangelismo ultraderechista
3. El conservadurismo versus los estados ampliados de conciencia Presagios funestos de las últimas machis y ampifes del actual sur argentino La “marcha de la muerte”
4. El liberalismo versus los estados ampliados de conciencia La Guatemala “liberal” y el chamanismo maya Neoliberalismo económico actual: “¿Te gusta la Tierra?… ¡Comé tierra!…” Modelo extractivo, multinacionales, campaña antimapuche y genocidio continuo Recuperaciones y movilizaciones antiloteo Represión al Lof en Resistencia de Cushamen (1 de agosto de 2017): muerte de Santiago Maldonado y antecedentes El “hospital bizarro” de Ñancufil y Philip, una experiencia pionera de “ecología de saberes” Represión al Lof Lafken Winkul Mapu, lago Mascardi (23-25 de noviembre de 2017), muerte de Rafael Nahuel y ataque a su prima Betiana, machil
5. El marxismo-leninismo ortodoxo universalizado/comunismo soviético versus los estados ampliados de conciencia La persecución del chamanismo siberiano en la URSS El marxismo ortodoxo implantado en África: el ejemplo mozambiqueño Sendero Luminoso y los asháninka de Perú “El marxismo es tan ajeno a mi cultura como el capitalismo”: el movimiento nativo norteamericano y el lakota Russell Means
6. Estados ampliados de conciencia, género y cisheteropatriarcado La máscara del jaguar: experiencias terapéuticas transpersonales y sexualidades El género como principio organizador para el colonialismo occidental: la tradición yoruba Decolonizando el tropos de la alteridad sexual en el mundo andino
7. Estados ampliados de conciencia y ecocidio La identificación con el mundo vegetal Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal desde la óptica científica La neurobiología vegetal y el botánico Stefano Mancuso “Así habló la planta”: la ecodelia de Monica Gagliano La identificación con el mundo animal La eterna y ubicua serpiente cósmica Jaguares, osos, venados, abejas, águilas, dragones… La inteligencia animal y nuestro parentesco con la naturaleza según la óptica de la ciencia La identificación con el mundo mineral Piedras como maestras Montañas sagradas Chamanismo y piedras
Epílogo. Aislamiento, pandemia y transmodernidad
Apéndice. Notas desde Bután, el país del dragón del trueno
Referencias
Créditos
A mis padres.
A Efre Sergio Gallini, con todo el corazón.
A mis amigos y compañeros de Mesa Verde, CEACC y Curso de Posgrado MTI, los doctores Néstor Berlanda y Ariel Roldán, y el psicólogo Iván Turchetti.
A los antropólogos que se fundieron con las culturas estudiadas y defendidas: Frank H. Cushing (1857-1900), Juan Benigar (1883-1950) y el amigo John H. Palmer.
A la memoria de Carlos Martínez Sarasola (1949-2018), amigo, colega y referente en la profesión.
Agradecimientos
A Gustavo Alvarenga Oliveira Santos, promotor de la terapia existencial da libertação, desde Brasil. Las conversaciones que sostuvimos antes y después del acto de entrega del doctorado honoris causa a Enrique Dussel por la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (agosto de 2017) fueron el núcleo que me llevó a escribir este ensayo.
A los chamanes y sanadores tradicionales originarios de los cuales aprendí: Héctor Sarmiento (Dekó, chorote), Basilio Soria (Aguarapire Seacandirú, tupí-guaraní), Leoncio Carrión (Omballec, moche), Julio Tiwiram Taish (shuar), Manuel García Ramírez (zapoteco), Asencio Noa (Paqo Cosqueño, quechua), Asencia Sánchez Canayo (Wasányaca, shipibo-konibo), Rafael Carrillo Pizano (Xuturitemai, wixárrica), Josefina Amalia Calderón (moche), Germán Romero (qom), Benki Piyaco (asháninka), Diómedes Queta (kofán), Karai Tatandy (mbya-guaraní), Tuchawa Shawan Candabys Chawan (shawanawa) y al querido y recordado don Antonio Muñoz Díaz (Sanän Siná, shipibo-konibo,1940-2017).
A los jóvenes monjes bön del monasterio Triten Norbutse, ubicado en una colina cercana a Katmandú, Nepal, del que se dice fue bendecido milagrosamente por el legendario chamán primordial/iluminado Tönpa Shenrab.
Nosotros tenemos una idea de realidad y funcionamos. Para el mundo indígena está todo esto que vemos ahora y todas las cosas que no vemos pero que están presentes; otras dimensiones, espíritus, seres. La naturaleza, y todo lo que nos rodea, está vivo, esto es muy importante en el mundo indígena, cosa que nosotros no tenemos. Su vida cotidiana funciona de otra manera a partir de eso. Este punto nos lleva de la mano al tema de la espiritualidad, lo que está más allá de nosotros, que en su mundo es el eje de sus vidas.
Carlos Martínez Sarasola (última entrevista), Página 12, Buenos Aires, 18 de junio de 2018
Pero pensemos también que esa semilla está en nosotros. Es lo que me quiso decir aquel brujo de Tiahuanaco. Ucamau mundajja, “el mundo así es”. La semilla está de este lado del mundo. Realmente un brujo indígena sabe de estas cosas mucho más que nosotros. Nosotros solo sabemos alfabetizar. Es un papel muy pobre. Tendríamos que decidirnos por el brujo indígena. Hagámoslo por América.
Rodolfo Kusch, Geocultura del hombre americano, 1976
Probablemente, el primer discurso auténticamente “descolonial” se dio justamente alrededor de 1565 con el Taki-Ongoy, el “canto-baile-camino a la constelación Onkoy” (Las Pléyades), movimiento colectivo revolucionario, de resistencia y restauración andina, que se extendió a todo el mundo rural indígena e incluyó enteógenos y la provocación de Estados Ampliados de Conciencia (EAC), íntimamente ligado al Pachakuti, el retorno extático al espacio-tiempo más profundo, holotrópico, transpersonal, hondamente espiritual y trascendente.
Diego R. Viegas, 2020
Prefacio*
Charles D. Laughlin**
El movimiento transpersonal en Occidente es nada menos que revolucionario. Es revolucionario porque tiende a empoderar al individuo, al permitirle vislumbrar tanto un estado de interdependencia personal con el cosmos como la naturaleza holística de nuestro yo superior. Así, las experiencias transpersonales por su propia naturaleza tienen profundas implicaciones socioculturales. Entre otras cosas, los estados alternativos de conciencia (o estados ampliados de conciencia, en términos de Diego Rodolfo Viegas), sean generados usando enteógenos o no, propenden a cerrar la brecha entre la experiencia de la gente “moderna” y la de aquellos pueblos tradicionales que no han perdido el contacto con sus raíces espirituales. La modernidad en las sociedades posindustriales se basa en la socialización de los jóvenes que produce un sentido de alienación, apatía, desamparo, aridez espiritual y flexibilidad económica, que es útil para una economía capitalista, pero es la antítesis del empoderamiento personal.
Las sociedades burocráticas y capitalistas/materialistas modernas tienden a evidenciar lo que he llamado culturas monofásicas (Laughlin, 2011: 62-66; 2013; Laughlin, McManus y d’Aquili, 1990: 292-295). Es decir, esas sociedades predisponen a valorar el conocimiento obtenido solo de lo que nosotros, los “occidentales”, llamamos conciencia de “vigilia normal”, esos estados condicionados por la endoculturación y los sistemas educativos institucionales para centrarse en la realidad física externa. Estas sociedades tienden a tener visiones tecnocráticas del mundo e ignoran, explican, denigran o rechazan el conocimiento obtenido en estados alternativos (o ampliados). Los sistemas socioculturales monofásicos son marcadamente diferentes de los sistemas polifásicos tradicionales en los que las personas llegan a conocer la realidad a través de experiencias vividas en múltiples estados de conciencia: en sueños, visiones, viajes chamánicos, dramas rituales, viajes de drogas enteogénicas, etc. En mi opinión, y claramente también en la opinión de Viegas, las experiencias transpersonales, si se persiguen con diligencia, eventualmente devuelven la mente a un estado natural de equilibrio entre el conocimiento de la propia realidad externa y el conocimiento del ser interior. Dado que la modernidad requiere una atención condicionada al mundo exterior sin enriquecer el conocimiento del ser interior, decolonializar, en el sentido utilizado en este libro, marca un retorno ineludible a una forma polifásica de conocer. La modernidad no puede persistir en un sistema sociocultural polifásico. Son completamente incompatibles. Tampoco la modernidad puede ser disuelta por las llamadas críticas y filosofías posmodernas, o cualquier otro truco racional o ideológico, a menos que estén acompañadas de técnicas que conduzcan a una exploración sostenida y disciplinada de la experiencia transpersonal.
Este último es precisamente el punto que se destaca con tanta fuerza en el libro del profesor Viegas. Las repercusiones socioculturales del transpersonalismo implican ipso facto un movimiento de giro decolonial,1 un retorno o reciclaje de la sociedad a un mundo de vida polifásico no colonial. Este giro, este regreso, no se manifiesta simplemente en una narrativa diferente o en un conjunto de experiencias “expandidas”, sino también en una comprensión más profunda del ser, del yo y su enredo con el cosmos. Este mundo es, en esencia, pancultural. Pueblos tan históricamente distantes como, digamos, los monjes budistas tibetanos y los chamanes navajos pueden compartir un nivel espiritual universal que la mayoría de las personas criadas en Occidente no alcanzan a comprender. Por estas razones, aplaudo el esfuerzo de Diego Viegas por vincular el transpersonalismo y el “giro decolonial” de esta manera profunda e importante. Era necesario y debió haber sucedido hace tiempo.
Seattle, Estados Unidos, 10 de agosto de 2020
* Traducción del inglés: Diego R. Viegas.
** Charles D. Laughlin, Jr. (nacido en 1938) es uno de los padres de la antropología de la conciencia o transpersonal, es neuroantropólogo y cofundó la teoría conocida como “estructuralismo biogenético”. Laughlin es profesor emérito de antropología y religión en la Universidad de Carleton en Ottawa, Canadá. Su tesis doctoral (1972) se basó en el trabajo de campo realizado entre una pequeña tribu en el noreste de Uganda llamada So (también conocida como Tepeth o Tepes). Realizó estudios de posgrado en el Instituto de Ciencias Neurológicas de la Universidad de Pensilvania. Practicante de varias disciplinas de meditación, fue también durante años un monje laico dentro de la tradición Sakya del budismo tibetano. También estudió el budismo zen. En la década de 1990, estudió el estado de conciencia conocido por los navajos como “hózhó”, y lo comparó con estados alterados de conciencia budistas, como el satori o el kensho. Ha publicado numerosos artículos en revistas sobre sistemas religiosos y estudios transpersonales. Ha escrito asimismo el estudio más completo de la antropología de los sueños hasta ahora publicado (Laughlin, 2011).
1. En castellano en el original. [N. del T.]
Prólogo
Gustavo Alvarenga Oliveira Santos*
Según Enrique Dussel, el mundo moderno se desplegó desde la colonización de las Américas, lo que nos lleva a concluir que la ontología de la modernidad colonial conlleva un estado de conciencia que se relaciona con la naturaleza y el cosmos basado en el dominio y la objetivación. El cogito cartesiano “pienso, luego soy” resume la ontología moderno-colonial que divide al ser pensante, res cogitans, sujeto humano, de los demás entes no pensantes, res extensa. Esa ontología privilegia un tipo de racionalidad, la del hombre europeo, entendiendo a los otros humanos, periféricos del sistema-mundo moderno-colonial, como irracionales, primitivos, atrasados. Asimismo, lo que se considera más racional, según los criterios modernos-coloniales, se mide por cuánto se logra dominar a la naturaleza y a los demás humanos.
En ese sentido, el cogito cartesiano devela la experiencia de dominio sobre otras tierras y pueblos, que es la colonización y la colonialidad generada por ella. Su fórmula puede ser expresada de ese modo: “Yo conquisto, luego soy, porque los otros conquistados no piensan y luego no son”. Los otros son los que no habitan el centro del mundo, que abrigaría a los únicos sujetos supuestamente racionales porque dominan y conquistan. Así, la cultura que valoriza la fuerza física, el poder del macho sobre la hembra que análogamente se muestra como el poder del hombre blanco sobre la indomable naturaleza, termina por consagrar las cualidades de la cultura hegemónica generada por la modernidad colonial.
Dussel señala que la famosa frase de Parménides “el Ser es y el No Ser no es” oculta la concepción que la cultura griega tenía del Otro, el extranjero, los esclavos y las mujeres. Esos últimos eran el No-Ser del Ser griego, hombre, racional, centro del saber y de la racionalidad. Esa misma cultura fue la más valorada por la modernidad, que la actualizó para los tiempos de colonización, lo cual sirvió para reforzar la idea del Ser europeo como nuevo centro. Según el filósofo argentino Rodolfo Kusch, sin embargo, lo contrario del Ser europeo no es la Nada, sino una forma de ser que se muestra en la América colonizada, la periferia de Europa, el continente africano y Oriente. Trátase del mero estar, un modo de ser que se relaciona con los demás entes humanos y no humanos de forma distinta, no lineal y jerarquizada como el plan cartesiano, sino de forma mandálica, circular. El mero estar se acerca a la vida misma, no hace de ella un objeto, relaciónase con los ciclos cósmicos que dan orden y sentido a la totalidad de las cosas existentes. El humano que existe en el modo del mero estar busca la armonía con esos ciclos; cuando se siente desarmonizado, conjura ese desequilibrio a través del rito, medio a través del cual se comunica con el cosmos, con el cual compone un solo cuerpo.
El mero estar desvela la sencillez de la vida misma, olvidada por la modernidad/colonialidad. Los vivos cumplen ciclos: respiratorios, digestivos, vigilia-sueño, entre otros. Cumplirlos bien, disfrutar de la vida, saborear el fruto del trabajo es la ética principal que rige los valores de los pueblos amerindios y originarios de otros pueblos colonizados en África, Oriente y en la periferia europea. A esa ética se la denomina Buen Vivir, Sumak Kawsay, Teko-Porã. Según esa propuesta que hoy se plantea como una ético-política autóctona, los humanos somos convocados a redescubrir el contacto que ya tenemos con los demás seres vivos y no vivos y honrar espiritualmente a la Madre Tierra, Pachamama, desprestigiada por el pensamiento moderno-colonial.
En esta obra Diego Rodolfo Viegas, al relacionar la antropología, la psicología y la ecología transpersonales con el pensamiento decolonial, demuestra cómo la razón occidental-colonial-moderna privilegia un estado de conciencia que, al ponerse como centro, cosifica al Otro, experimentándolo como un objeto. Al comparar razón iluminista y sensorial, el autor nos invita a pensar, sin abandonar el concepto de racionalidad, los alcances y límites de la razón moderna, señalando las potencialidades de la razón sensorial, típica de los otros pueblos, desde la cual se puede desplegar un sentir-pensar expandido. Así, los estados ampliados de conciencia de una racionalidad sensorial pueden favorecer entre los humanos el descubrimiento de su conexión con los otros vivos y el cosmos. Los pueblos andinos llamarían a eso suma ist’aña, o sea, saber escuchar con todo el cuerpo, haciendo uso de todos los sentidos visibles e invisibles, lo que contraría el pensar desde la mirada objetivante, tan típica del Occidente colonial, que privilegia el sentido de la visión y el control sobre todo lo que se ve, como lo ha demostrado Martin Heidegger en su texto “La época de las imágenes del mundo”.
Teniendo a la razón objetivante como la única válida, la cultura europea hegemónica devaluó los estados expandidos de conciencia (o estados ampliados de conciencia –EAC–, como dice el autor), marginalizándolos, criminalizándolos, destruyéndolos o, en la mejor de las hipótesis, convirtiéndolos en mercancías de entretenimiento. Por eso, los estudios sobre esos estados, sin los prejuicios de la ciencia hegemónica, posibilitan otro tipo de narrativa y comprensión de la totalidad de las cosas que existen, otra ontología, más justa y equilibrada, que favorece un entendimiento de las racionalidades excluidas por la razón iluminista. Esto no quiere decir, como nos advierte Viegas, que la simple experiencia de estados expandidos de conciencia sea suficiente para la conducción de un sentido del mundo más amplio, capaz de superar el antropocentrismo colonial, tornándose de inmediato decolonial. Sin embargo, el autor también demuestra de forma precisa que, sin una comprensión de la vivencia de los estados ampliados de conciencia y su real significado, no estaremos aptos para la construcción de una modernidad nueva, una transmodernidad que ponga en diálogo las distintas cosmovisiones de las diferentes culturas y que recupere, desde el margen del sistema-mundo, el sentido real de estar vivo en conexión con otros seres vivos y de ser en conexión con las cosas que son.
Si el paradigma moderno nos ofrece la ilusión de que el humano es el centro consciente de la vida y del cosmos, los estudios y la vivencia de los estados ampliados de la conciencia evidencian que vivimos en una vida y en un cosmos más consciente que nosotros mismos. Las culturas no colonizadas o que resistieron a la colonización nos demuestran ese hecho. El conocimiento acumulado en años de investigación del autor de este ensayo (tanto en entrevistas y relevamientos etnográficos como en prolongadas experiencias con prácticas dzogchen y variados enteógenos, particularmente el chamanismo ayahuasca) nos lleva a reflexionar sobre las formas de la conciencia humana y su relación con esas otras conciencias. En ese sentido, nuestro ser, en cuanto mero estar, es parte integrante de eso que llamamos totalidad.
Viegas nos invita con su obra a un viaje a la vez crítico y complementario a los tiempos actuales, en el cual nos enfrentamos con una crisis profunda en el modo de ser y vivir moderno; crítico en el sentido que demuestra los límites de la razón hegemónica de la modernidad y complementario en el sentido que argumenta las posibilidades de la conciencia como parte del todo. Como afirma el antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro, en el actual escenario de destrucción y devastación del planeta al que nos ha llevado la modernidad, no nos queda otra alternativa que descubrir en nosotros mismos las posibilidades inmanentes de “convertirnos en indios”, caso contrario, estaremos destinados a la extinción en breve tiempo.
Con esperanza y entusiasmo, tengo el honor de prologar esta bellísima obra, una invitación a volvernos a nosotros mismos y vivirnos a la vida misma, decolonizando nuestros sentidos y comprensión de los estados de conciencia.
Belo Horizonte, Brasil, 18 de agosto de 2020
* Magíster en Psicología Clínica de la Pontificia Universidad Católica de Campinas y doctor en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Terapeuta existencial y profesor del Departamento de Psicología de la Universidad Federal del Triângulo Mineiro en Uberaba-MG, autor de Terapia fenomenológico-existencial en comunidades populares y Terapia existencial de liberación, además de numerosos artículos sobre psicología fenomenológica y existencial. Actualmente se dedica a los estudios del pensamiento decolonial (especialmente las filosofías de Rodolfo Kusch y Enrique Dussel) y su articulación con la psicología fenomenológico-existencial con miras a desarrollar una terapia que sirva a los sectores populares marginados de América Latina.