Kitabı oxu: «Discursos XXXVI-LX»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 232


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por HELENA RODRÍGUEZ SOMOLINOS .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1997.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO327

ISBN: 9788424932565.

XXXVI
BORISTÉNICO, QUE DIÓN PRONUNCIÓ EN SU PATRIA


INTRODUCCIÓN

Uno de los discursos de Dión, más justamente apreciado por los lectores y por la crítica, es el Boristénico . Pieza, en la que se refleja el mejor Dión de las comparaciones y los mitos, hace justicia a su fama. Encontramos en este discurso vivísimas estampas de una sociedad que se mantenía junto a las fronteras de la Hélade. En la península estrecha, formada por las desembocaduras de los ríos Borístenes (Dniéper) e Hipanis (Bug), se levantaba la ciudad de Olbia-Borístenes en un emplazamiento ideal para la práctica del comercio. Telas, vino, grano, pescado eran algunos de los alicientes que brindaba aquel mercado.

Los griegos necesitaban aquellas mercancías, lo mismo que los escitas añoraban la presencia de las naves griegas. El resultado era una ciudad, relativamente próspera, que sufrió períodos alternantes de prosperidad y decadencia. Rodeada de bárbaros, Borístenes había sido objeto de frecuentes ataques y destrucciones. Precisamente, la víspera de la alocución de Dión a los boristenitas, los escitas habían hecho una incursión, en la que hubo muertos y prisioneros (§ 9). Y mientras le escuchaban, se respiraba una alarmante y alarmada inquietud. Todos estaban armados por lo que pudiera suceder. Las puertas de la ciudad estaban cerradas, y sobre ellas, estaban colgadas las señales de guerra (§ 16). Sin embargo, se agolpaban deseosos de oír a un hombre que llegaba precedido de una gran fama de hombre sabio y prudente (§ 15).

El título del discurso une dos circunstancias diferentes de lugar y de tiempo. El apelativo de «Boristénico» alude al lugar donde se desarrollaron los hechos que son objeto del relato. La aclaración «Pronunciado en su patria» indica el lugar en el que se pronunció el discurso. Estas diferencias ponen de manifiesto que Dión, regresado del destierro, pronuncia una alocución sobre determinados acontecimientos y experiencias de su vida de desterrado. Como es sabido, el exilio de Dión terminó el año 97 d. C. Por consiguiente, Dión estuvo en Borístenes antes de esta fecha, y pronunció el Boristénico después de ella. Von Arnim sugiere que Dión estuvo en Borístenes el año 95, y que pronunció su alegato en Prusa el año 101 d. C.

El texto de Dión nos informa de su intención de visitar el territorio de los getas (§ 1). Y el anciano Hierosón da a entender que el orador pensaba partir en breve para regresar a su casa.

Estos son los puntos básicos del discurso:

1. Introducción (1-17). Dos partes articulan la introducción del discurso:

La primera (1-6) empieza con una evocación de la circunstancia concreta de tiempo y lugar: a media mañana y junto a las riberas del Hipanis. Detalle éste que ha recordado a muchos estudiosos el inicio del Fedro de Platón, con un Sócrates bucólico paseando con Fedro por las orillas del Iliso (Fedro 229a-230e). Unas descripciones plásticas de la geografía económica del lugar, con unos ligeros toques de historia, nos llevan al punto de arranque temático del discurso.

En la segunda (7-17), entre los boristenitas que salen a ver a Dión, hay un joven llamado Calístrato, lector entusiasta de Homero. Dión entabla con él un dialogo desenfadado comparando a Homero con Focílides. Y es una cita de Focílides la que da pie al primero de los dos grandes temas del discurso. En efecto, Focílides aseguraba que una ciudad ordenada, por pequeña que sea, es más grande que la caótica y gigantesca Nínive.

2. Tema primero: Qué es una ciudad (18-38). Dión abre el tema diciendo que una ciudad es «un grupo de hombres que habitan juntos y están gobernados por una ley» (§ 18). Pero la verdad es que no existe ciudad perfecta y feliz si no es la de los dioses en el cielo. Dión habla de los astros jugando con la idea de los dioses y su identificación con los astros. Es el tema que más interesa a sus oyentes, que le piden que hable de la ciudad de los dioses. Dión entre de lleno en la idea estoica de que el mundo es como una ciudad. Pero la ciudad verdadera es ese mundo en cuanto que está organizado y dirigido por los dioses, cuyo arconte y legislador supremo es Zeus.

3. Tema segundo: El mito del carro del Sol (39-60). Se trata de un mito que Dión atribuye al persa Zoroastro y a sus Magos. Es una visión mítica de la organización y marcha del universo. Los cuatro caballos del carro del Sol coinciden con los cuatro elementos primitivos del mundo: aire (éter), fuego, agua, tierra. La actitud recalcitrante de los caballos del carro y las irregularidades de su carrera provocan las destrucciones cíclicas del mundo, unas veces por el fuego, otras por el agua. Era una idea muy querida de la mentalidad estoica. El mito de Faetón ejemplifica la destrucción por el fuego; el de Deucalión y Pirra, la destrucción por el agua mediante el diluvio universal que, en algunas de sus versiones, como el de Luciano en su De Dea Syria 12, tiene detalles paralelos al diluvio bíblico (Gén . 6-8)

4. Conclusión (61). El mito no puede ser desvelado del todo, porque su grandeza sobrepasa la capacidad humana de comprensión.

Gran parte de la fama y el aprecio de que goza este discurso se debe al desarrollo del Mito del Carro del Sol. Sea lo que sea de su origen, que Dión atribuye a los Magos persas, Dión le imprime su sello personal y le aplica su propia mentalidad estoica con resabios platónicos del Fedro y del Timeo.


BORISTÉNICO, QUE DIÓN PRONUNCIÓ EN SU PATRIA

Me encontraba casualmente de visita en Borístenes 1 durante [1] aquel verano en que llegué por mar después de mi destierro para dirigirme, si podía, hasta el territorio de los getas a través de Escitia, con la intención de observar cómo eran allí las cosas. Y me estaba dando un paseo a lo largo del Hipanis 2 hacia la hora en que el ágora está llena 3 . Pues aunque la ciudad ha tomado el nombre del Borístenes por la belleza y grandiosidad del río, sin embargo, está situada a orillas del Hipanis. Tanto la ciudad moderna como la anterior están en esa posición, no mucho más arriba del denominado promontorio Hipolao en la ribera de enfrente 4 .

[2] Esta parte del territorio, por donde confluyen los ríos, es afilada y firme como el espolón de un navío. Pero a partir de aquí forman ya los ríos una especie de laguna hasta el mar en una extensión de cerca de doscientos estadios. No es menor la anchura de los ríos por esa zona. La mayor parte es terreno pantanoso, y en el buen tiempo suele haber calma constante como en una laguna. Por su parte derecha, se nota que es un río, y los que navegan por él calculan su profundidad por la corriente. De ahí que, gracias a la fuerza de su corriente, puede desembocar en el mar. Pues por el contrario, cuando sopla el viento del sur contra la desembocadura, se podrían formar [3] fácilmente bancos. Por lo demás, las orillas son pantanosas y están cubiertas de cañaverales y de árboles. Muchos de los árboles surgen también en medio del agua, de forma que parecen mástiles. Y ya se han equivocado algunos inexpertos al pretender dirigirse a ellos como si fueran naves. Por esa zona, existe gran cantidad de salinas 5 , en donde compran sal la mayor parte de los bárbaros, así como los griegos y los escitas que habitan el Quersoneso Táurico 6 . Estos ríos desembocan en el mar junto a la fortaleza de Alector 7 , que pertenece, según se dice, a la mujer del rey de los saurómatas 8 .

La ciudad de Borístenes, por lo que al tamaño se refiere, [4] no se corresponde con su antigua fama a causa de los continuos asedios y las guerras. Pues por estar situada desde hace ya tanto tiempo en medio de los bárbaros, y posiblemente de los bárbaros más belicosos de todos, siempre está sufriendo guerras, y muchas veces hasta ha sido conquistada. La última conquista y la más importante sucedió no hace más de ciento cincuenta años. Los getas la tomaron también en una ocasión junto con las otras ciudades situadas en la orilla izquierda del Ponto hasta Apolonia 9 . Por ello, los intereses [5] de los griegos de esta zona quedaron muy menguados, porque las ciudades o no se constituyeron o no lo hicieron de forma correcta. Además, muchísimos bárbaros se congregaron en ellas. En realidad, se dieron muchas conquistas de ciudades en otras muchas partes de Grecia, ya que Grecia estaba diseminada por varias regiones 10 . Los boristenitas, después de verse conquistados entonces, volvieron a reconstruir la ciudad, pues se lo permitieron los escitas, al parecer, ya que tenían necesidad del comercio y de que los griegos pudieran arribar hasta allí. Pues, en efecto, habían cesado de llegar por barco mientras la ciudad estaba devastada, porque no encontraban gente de su lengua que los acogiera y porque los escitas o no consideraban importante o no sabían organizar su propio comercio a la manera griega.

[6] Señal de aquella devastación es la mala calidad de las edificaciones y el que la ciudad quedara reducida a pequeño tamaño. Pues está construida junto a una parte del antiguo recinto, en donde permanecen algunas torres, no muchas, que no guardan proporción con el tamaño y el poder de la ciudad. La zona interior queda encerrada por aquel lugar con las casas que no dejan espacio libre. A lo largo se ha construido una pequeña muralla muy baja y frágil. Algunas de las torres están muy alejadas de la parte habitada ahora, de modo que no es posible siquiera imaginarse que formaron parte de aquella única ciudad. Éstas son señales evidentes de aquella devastación, pero también lo es el que ninguna de las estatuas que había en los templos haya permanecido intacta, sino que todas han sido dañadas, como también las de los monumentos sepulcrales.

[7] Pues, como decía, me encontraba casualmente paseando delante de la ciudad, cuando algunos de los boristenitas salían a verme según su costumbre. Luego, pasó en primer lugar a mi lado Calístrato, jinete sobre su caballo, como quien llega de fuera. Y pasando un poco adelante, se bajó, entregó el caballo a su criado, y él se acercó muy gentilmente con las manos ocultas bajo el manto 11 . Llevaba ceñida una gran espada de las de los caballeros, y vestía unos pantalones anchos 12 y el resto de la vestimenta de los escitas. De sus hombros colgaba un pequeño manto negro, muy fino, como es costumbre entre los boristenitas. Los otros vestidos que éstos usan son generalmente negros por influjo, creo yo, de un grupo de escitas llamados por los griegos «Túnicas Negras» 13 .

Calístrato tenía unos dieciocho años, era hermoso y alto, [8] con mucho de jonio en su aspecto. Se contaba que era un valiente en asuntos de guerra, y que había matado a muchos saurómatas, y a otros los había hecho prisioneros. Se había interesado también por la retórica y la filosofía, de tal manera que tenía deseos de hacerse a la mar conmigo. Por todas estas cosas, gozaba de prestigio ante sus conciudadanos, particularmente por su belleza, con lo que tenía muchos enamorados. Esta costumbre, la de los amores entre varones, les ha quedado como heredada de su ciudad de origen 14 . Tanto que corren el riesgo de arrastrar incluso a algunos bárbaros, y no con buen fin, sino como adoptarían aquéllos tales prácticas, de forma bárbara y no sin insolencia.

Sabiendo, pues, que era aficionado a Homero, traté de [9] informarme inmediatamente sobre el tema. Pues prácticamente todos los boristenitas están interesados por el poeta 15 , quizá porque siguen siendo aun ahora belicosos, aunque también posiblemente por su buena disposición para con Aquiles. Pues lo aprecian sobremanera, y le han erigido un templo en la isla que llaman de Aquiles, y otro en la ciudad. Hasta el punto de que no quieren oír hablar de nadie más que de Homero. Por lo demás, aunque no hablan el griego correctamente por habitar en medio de bárbaros, sin embargo, casi todos se saben la Ilíada de memoria.

[10] Le dije, pues, bromeando: «Calístrato, ¿cuál te parece a ti mejor poeta, Homero o Focílides?» 16 . Y él, sonriendo, respondió: «Pero, si no conozco ni siquiera el nombre del otro poeta; y pienso que tampoco ninguno de éstos. Además, nosotros no consideramos poeta a nadie más que a Homero, y no hay persona que no lo conozca. Sólo de Homero se acuerdan nuestros poetas en sus composiciones, y acostumbran a recitarlo en cualquier ocasión. Siempre, cuando las tropas se disponen a entrar en batalla, las exhortan con sus poemas, como cuentan que ocurría en Lacedemonia con los de Tirteo 17 . Pues todos ellos están ciegos, y no creen simplemente que se pueda ser poeta de otra manera».

[11] Yo respondí: «Entonces, es que sus poetas disfrutan de Homero como si tuvieran inflamados los ojos 18 . En cuanto a Focílides, vosotros no lo conocéis, según tú dices, pero se ha convertido en uno de los más famosos poetas. Pasa lo mismo que cuando algún comerciante arriba a vuestro puerto por primera vez; no lo despreciáis en seguida, sino que después de gustar su vino o de tomar pruebas de cualquiera otra carga que transporta, si os agrada, la compráis, y si no, la dejáis. Del mismo modo, añadí, tú puedes tomar una prueba de la poesía de Focílides en un momento. Pues no es [12] de aquellos que construyen poemas largos e interminables, como vuestro poeta, que describe una sola batalla con más de cinco mil versos 19 . En cambio, Focílides, con dos o tres versos, da principio y fin a un poema. Hasta el punto de que añade su propio nombre junto a cada pensamiento, como quien piensa que se trata de algo interesante y muy importante. No como Homero, que en ningún lugar de su poesía se nombra a sí mismo. O ¿no te parece que Focílides añade con razón a [13] esta opinión y sentencia aquello de

Así dice Focílides: Una ciudad bien ordenada, sobre una roca

situada, aunque pequeña, es más grande que la insensata Nínive 20 .

¿No son estos versos preciosos en comparación con la Ilíada y la Odisea enteras para los que escuchan con atención? ¿O más bien os interesa oír sobre los saltos de Aquiles, sus ataques y su voz, porque con sólo sus gritos hacía huir a los troyanos? ¿Es que es más provechoso para vosotros aprender estas cosas que no aquello de que una pequeña ciudad situada sobre una roca escarpada es mejor y más feliz, si está bien organizada, que una ciudad grande edificada en una llanura lisa y abierta, si está gobernada sin orden ni concierto por hombres insensatos?».

[14] Calístrato, aceptando no de buen grado mis apreciaciones, dijo: «Extranjero, nosotros te apreciamos y te respetamos en gran manera; de lo contrario, ningún boristenita hubiera permitido que dijeras tales cosas de Homero y de Aquiles. Pues Aquiles, como ves, es nuestro dios; y a Homero, lo honramos prácticamente a continuación de los dioses». Entonces yo, tratando de tranquilizarlo y de llevarlo a la vez hacia un tema de utilidad, le dije: «Te ruego que me disculpes según aquello de Homero,

si he dicho ahora alguna inconveniencia 21 .

En otro momento, pronunciaremos el elogio de Aquiles y de Homero en la medida en que creemos que habló correctamente. [15] Pero por ahora deberíamos abordar el caso de Focílides, que, según mi opinión, habla muy hermosamente sobre la ciudad». «Pues hazlo», dijo, «ya que ves a todos éstos que desean escucharte, y, por eso, se han congregado aquí junto al río, aunque no en actitud muy tranquila. Pues seguramente sabes que ayer los escitas hicieron una incursión hacia el mediodía y mataron a algunos guardas que estaban distraídos, y a otros igualmente los hicieron prisioneros. Pero no tenemos ideas muy claras de lo sucedido, porque cuando huyeron se encontraban lejos, ya que no huyeron en dirección a la ciudad».

[16] Esto sucedió en realidad así. Las puertas de la ciudad estaban cerradas, y se había colgado sobre la muralla la señal de guerra. Sin embargo, estaban tan ávidos de escuchar a la manera de los griegos, que casi todos se presentaron con las armas, deseosos de oírme. Yo, alabando su disposición, les dije: «¿Queréis que vayamos a sentarnos a algún lugar de la ciudad? Pues posiblemente no todos pueden oírme ahora por igual cuando andan paseando; además, los de atrás tienen dificultades y molestan a los que están delante de ellos al apresurarse para acercarse más 22 ». Cuando esto [17] dije, se lanzaron todos al punto en dirección al templo de Zeus, en donde acostumbran a reunirse en consejo. Los más ancianos, los más conocidos y las autoridades se sentaron en círculo en asientos, mientras el resto de la gente asistía de pie. Pues había un gran espacio abierto delante del templo. Cualquier filósofo hubiera disfrutado grandemente con esta vista, porque todos estaban a la manera antigua, como dice Homero de los griegos, con largas cabelleras y luengas barbas; solamente uno de ellos estaba afeitado, y todos le ultrajaban y aborrecían. Se contaba que lo hacía no por otra cosa sino por adular a los romanos y por demostrar su amistad con ellos. Por ello, cualquiera podría ver en este caso lo vergonzoso de este comportamiento y cómo no es en modo alguno decente en los hombres.

Cuando se hizo la tranquilidad, dije que me parecía que [18] obraban correctamente poque, habitando en una ciudad antigua y griega, deseaban oír hablar de lo que es una ciudad. «Lo primero, dije, es conocer con claridad de qué va a tratar mi discurso. Porque así os daréis cuenta a la vez de cómo va a ser. Pues muchos hombres, añadí, conocen y usan el nombre de las cosas, pero desconocen la cosa misma. En cambio, las personas instruidas se preocupan de saber el significado de todo lo que dicen. Por ejemplo, todos los que hablan griego usan el nombre ánthrōpos 23 , pero si se les pregunta lo que es, quiero decir su contenido por el que significa eso y no otra cosa, no sabrían qué decir, sino que se señalarían a sí mismos o a otro, como hacen los bárbaros. Pero si se pregunta a un hombre experimentado qué es un ánthrōpos , responde que es un ser vivo mortal dotado de razón. Pues esto [20] es propio sólo del hombre y de ningún otro ser. De la misma manera, se dice que la ciudad es un grupo de hombres que habitan juntos y están gobernados por una ley. En seguida se ve que esta denominación no vale para ninguna de esas llamadas ciudades de gente sin razón y sin ley. Por lo tanto, tampoco el poeta hubiera podido hablar de Nínive como si fuera una ciudad, ya que está sumida en la locura. Pues del mismo modo que no es hombre aquel que carece de razón, así tampoco es ciudad aquella en la que no impera la ley. Pues no podría ser legal una ciudad insensata y desordenada.

[21] Quizás alguien podría entonces preguntar si, cuando los gobernantes y los jefes son sensatos y sabios, y el resto del pueblo es gobernado según el criterio de los jefes, conforme a las normas de la legalidad y la prudencia, debemos llamar a tal ciudad prudente y legal, y tenerla como una auténtica ciudad gracias a sus gobernantes. De la misma manera podríamos llamar musical a un coro porque su director tiene sentido musical, cuando los demás le siguen sin emitir ningún sonido al margen de la melodía, o si acaso, pequeñas [22] cosas imperceptibles. Pues lo que es una ciudad buena, formada enteramente de buenos elementos, nadie sabe ni que haya existido antes siendo perecedera, ni que sea posible imaginar que pueda existir en el futuro; a no ser una ciudad de dioses felices en el cielo, en modo alguno inerte y ociosa, sino vigorosa y en continuo progreso, bajo la guía y el mandato de los dioses, lejos de rencillas y fracasos. Pues no es de ley que los dioses tengan pendencias ni sufran derrotas, ni entre ellos mismos, ya que son amigos, ni frente a otros que sean superiores. Lo natural es que realicen sus obras con entera amistad y siempre en armonía unos con otros. Los más ilustres actúan con independencia, pero sin andar errantes de forma insensata por otros derroteros, sino danzando una danza feliz con inteligencia y perfecta prudencia 24 . El resto de los dioses se deja llevar por un movimiento común con una misma finalidad y un único impulso de todo el cielo.

Es ésta la única forma de gobierno o la única ciudad que [23] puede llamarse realmente feliz, la que está formada por la comunión de los dioses entre sí. Pero si uno se refiere a todo el mundo racional, puede incluir a los hombres con los dioses, del mismo modo que se dice que los niños forman parte de la ciudad junto con los varones, ya que son ciudadanos por naturaleza, y no porque comprendan y practiquen las funciones de los ciudadanos, ni entiendan de leyes, siendo como son ignorantes en la materia. Pero si partimos de las demás ciudades de cualquier lugar, que, prácticamente todas, están desorientadas y desordenadas en comparación con la perfecta rectitud de la bendita ley divina y de su correcta organización, tendremos abundancia de ejemplos 25 , para nuestro tema actual, de la ciudad que goza de un estado razonable en comparación con la que está totalmente corrompida. Es lo mismo que entre todos los enfermos, si comparamos al que tiene una ligera indisposición con el que se encuentra en una situación extrema.

Pues bien, yo me disponía a abordar un tema así en mi [24] discurso. Pero uno de los presentes, que era el más anciano y el de mayor dignidad, tomó la palabra en pleno discurso y dijo muy respetuosamente: «Extranjero, no consideres mi conducta como propia de un hombre maleducado o bárbaro, porque te he interrumpido mientras hablabas. Entre vosotros, no es costumbre hacerlo, porque hay una gran abundancia de discursos sobre filosofía, y cualquiera puede escuchar a muchos oradores hablar sobre cualquier tema que desee. Pero entre nosotros, ha sido como un milagro el que [25] tú hayas venido a nuestra ciudad. Pues llegan aquí generalmente griegos de nombre, pero que, en realidad, son más bárbaros que nosotros, comerciantes y traficantes, que importan telas de mala calidad y vino malo, y se llevan de aquí productos en nada mejores. Parece como si el mismo Aquiles te hubiera enviado hasta nosotros desde su isla 26 . Por eso, te vemos con todo agrado, y con todo agrado escuchamos lo que nos digas. No pensamos, sin embargo, que te vayas a quedar mucho tiempo, ni lo queremos, sino que deseamos que vuelvas a tu casa en buen estado y lo más [26] pronto posible. Pero ahora, puesto que has abordado en tu discurso el gobierno de los dioses, me encuentro extraordinariamente entusiasmado, y veo que todos éstos están igualmente excitados con el tema. Pues tenemos la impresión de que lo que has hablado sobre el asunto ha estado magnífico, lleno de dignidad y tal como a nosotros más nos gustaba escuchar. Porque no somos expertos en esta refinada filosofía; en cambio, como sabes, somos muy aficionados a Homero, y algunos, aunque no muchos, a Platón. Entre éstos, como ves, me encuentro yo; y me dedico a la lectura de sus obras siempre y en la medida en que puedo. Sin embargo, quizás parezca extraño que el más bárbaro de los ciudadanos se goce con la presencia del hombre más griego y más sabio. Como si alguien que estuviera casi ciego apartara la vista de cualquier luz, y dirigiera la mirada hacia el mismo sol.»

«Eso nos pasa a nosotros. Pero tú, si quieres hacernos a [27] todos un favor, deja a un lado el discurso acerca de la ciudad mortal, a ver si nuestros vecinos nos dejan tranquilos mañana y no tenemos que enfrentarnos a ellos, como ya hace mucho tiempo tenemos por costumbre. Y dinos dónde está y cómo es la ciudad o la organización, como prefieras llamarla, de los dioses utilizando un lenguaje lo más cerca posible de la nobleza de expresión de Platón, tal como hace un momento nos pareció que hacías. Pues aunque no entendamos de otra cosa, entendemos al menos por la práctica que tu lenguaje suena bastante cercano al de Homero.»

Yo me alegré grandemente de la sencillez del anciano, y [28] sonriendo le dije: «Querido Hierosón 27 , si ayer, cuando los enemigos os atacaban, me hubierais recomendado que, tomando las armas, luchara como un Aquiles, os hubiera obedecido en una de las dos cosas, pues hubiera intentado combatir a favor de unos hombres amigos; pero en lo segundo, lo de luchar como Aquiles, creo que no hubiera podido por más que lo hubiera deseado ardientemente. Pues ahora, de las dos cosas que me pides, haré una: intentaré pronunciar mi discurso a mi manera del mejor modo que yo pueda:

No intentaré rivalizar con hombres próceres 28 ,

ni con Platón ni con Homero. Pues tampoco, según dice el poeta, fue provechoso para Eurito el hecho de rivalizar con superiores 29 . A pesar de todo, añadí, no ahorraré esfuerzos». [29] Una vez que terminé de decir estas cosas a aquel hombre, no me volvieron a molestar, y yo proseguí con la mente puesta de modo especial en Platón y en Homero.

Hay que escuchar, añadí, el tema de la ciudad entendiendo que los nuestros no definen abiertamente el mundo como una ciudad 30 . Pues esta opinión estaría en contra de nuestro discurso sobre la ciudad, ya que, como he dicho, ellos definen la ciudad como un conjunto de hombres. Y posiblemente no sería ni conveniente ni verosímil decir que el mundo es a la vez básicamente un ser vivo, y luego andar [30] diciendo que es una ciudad. Porque nadie, creo yo, podría aceptar que lo mismo es a la vez una ciudad y un ser vivo. Pero, dado que el universo está repartido y dividido en muchas formas de plantas y seres vivos tanto mortales como inmortales, y también de aire, tierra, agua y fuego, habiendo no obstante algo común a todas las cosas y estando todo gobernado por un mismo espíritu y fuerza, los estoicos comparan en cierto modo la organización actual del mundo a una ciudad por la cantidad de seres que en ella nacen y desaparecen, e incluso, por el orden y la buena marcha de su administración.

[31] Este discurso, para decirlo con brevedad, se ha esforzado en armonizar la raza humana con la divina, y en comprender bajo un mismo tratado todo el mundo racional, pues encuentra que este principio de comunión y justicia es el único firme e indisoluble. Pues según esto, por Zeus, no podría llamarse ciudad la que se encuentra con dirigentes malos y mezquinos, ni la que está esquilmada por tiranías, democracias, decarquías, oligarquías y otras semejantes calamidades, ni la que está metida en revoluciones a todas horas, sino la que está gobernada por la más prudente y la mejor de las monarquías, y administrada según la ley con toda amistad y concordia. Eso es lo que el más sabio y anciano [32] arconte y legislador asigna a los mortales y a los inmortales. Él, que es el gobernador de todo el cielo, dueño y señor de todos los seres, lo expone de este modo y ofrece como ejemplo su propia administración de una situación feliz y dichosa. Los divinos poetas, alumnos de las Musas, le cantan himnos a la vez que lo denominan padre de los dioses y de los hombres.

Pues la raza de los poetas corre el riesgo de no estar [33] demasiado acertada acerca de las doctrinas sagradas, ni de expresar muchas veces con acierto estos temas. Más aún, tampoco están genuinamente iniciados según las normas y la ley de los iniciados, ni saben nada con claridad, por así decirlo, de la realidad del universo. Se parecen, sencillamente, a los servidores de los misterios que están fuera, en la puerta, adornan el vestíbulo y los altares que quedan a la vista, y preparan otras cosas por el estilo, pero nunca entran dentro. Por esta razón, se dan a sí mismos la denominación de «servidores de las Musas» 31 , no la de iniciados o la de cualquier otro nombre solemne. Por consiguiente, como ya [34] he dicho, es natural que los que están ocupados cerca de alguna ceremonia de iniciación, delante de las puertas, perciban algo de lo que pasa dentro, bien porque se oiga fuera alguna simple expresión secreta o porque se vea aparecer algún fuego. Y algunas veces a los poetas, me refiero a los muy antiguos, les llegaba una ligera voz de las Musas y un cierto soplo de naturaleza divina y de verdad 32 , algo así como un rayo de fuego que surgía de la oscuridad. Eso es lo que experimentaron Homero y Hesíodo cuando fueron poseídos [35] por las Musas. Más adelante, los que vinieron después sacaron a los escenarios y a los teatros su propia sabiduría y expusieron modelos imperfectos de ceremonias como hombres no iniciados para otros no iniciados. Pero, al ser objeto de admiración por parte de la mayoría, intentaron iniciar a la muchedumbre y levantaron de hecho tiendas públicas para los ritos báquicos en algunas representaciones trágicas de barrio 33 .

Todos estos poetas, al dios primero y más importante, lo llaman por igual padre y rey de todos los seres racionales. [36] Fiándose de ellos, los hombres edifican altares a Zeus rey, e incluso no dudan algunos en dedicarle el apelativo de padre en sus oraciones, ya que piensan que existe un principio así y una organización del universo. De modo que me parece que, por esa razón, no titubean en señalar el mundo entero como casa de Zeus 34 , si es el padre de todos los que lo habitan y ¡por Zeus!, también su ciudad, como nosotros la hemos designado por ser él quien tiene la autoridad principal. [37] Pues el nombre de reino se aplica con más propiedad a una ciudad que a una casa. Ahora bien, los que no llaman rey al que está por encima de todos los seres, tampoco podrían conceder que el universo está gobernado por un rey; ni los que admiten que está gobernado por un rey, podrían negar que forman parte de una comunidad política ni de que existe un gobierno monárquico del universo. Más aún, al conceder que es un gobierno, no tendrían problema en admitir que es una ciudad o algo semejante organizado políticamente.

Éste es el razonamiento de los filósofos, que pone de [38] manifiesto una positiva y benévola solidaridad entre los dioses y los hombres, y que hace partícipes de la ley y la política no a cualesquiera de los seres, sino a aquellos que están dotados de razón y sensatez. Introduce así una legislación mejor y más justa que la de Esparta, según la cual los ilotas no tienen ni siquiera la posibilidad de hacerse espartanos. Por eso, se pasan la vida conspirando contra Esparta 35 .

Hay otro mito que cantan los magos en las ceremonias [39] secretas de iniciación y que es motivo de admiración. Dedican, en efecto, himnos a este dios como el perfecto y principal auriga del más perfecto de los carros. Pues dicen que el carro del Sol es más reciente en comparación con aquél, y que es manifiesto a todos por cuanto su carrera se hace a la vista de todos. De ahí que haya conseguido fama universal, porque, al parecer, los poetas, empezando por los primeros, están hablando a todas horas de las salidas y las puestas de sol y explicando de la misma manera que los caballos están uncidos y que el Sol sube sobre su carro 36 .

En cambio, ninguno de los poetas de esta tierra ha cantado [40] himnos al carro fuerte y perfecto de Zeus, ni siquiera Homero o Hesíodo 37 , sino que se lo canta Zoroastro y los discípulos de los magos, que han aprendido con él. De Zoroastro, cuentan los persas que, por amor a la sabiduría y a la justicia, se apartó de la gente y vivió a solas en un monte; que ese monte se incendió al caer del cielo un gran fuego, y que estaba ardiendo sin cesar; que el rey en compañía de los más ilustres de los persas se acercaba con intención de orar al dios; y que aquel varón salió del fuego indemne, y se les mostró propicio mandándoles que tuvieran confianza y ofrecieran ciertos sacrificios por haberse dignado el dios venir a [41] aquel lugar. Después de estos sucesos, no solía relacionarse con todos, sino con los que estaban mejor dotados para entender la verdad y podían comprender al dios. Éstos son aquellos a quienes los persas llamaron magos, porque sabían cómo tratar a la divinidad; no como los griegos, que, por ignorancia del nombre, denominan así a hombres charlatanes 38 . Aquéllos, entre otras cosas que hacen, según los relatos sagrados, mantienen para Zeus un carro de caballos niseos 39 , que son los más hermosos y grandes que hay en Asia, y para el Sol, únicamente un caballo.

[42] Exponen el mito, pero no como nuestros profetas de las Musas, que explican cada detalle con mucho poder de persuasión, sino de manera muy presuntuosa. Pues dicen que hay un único conductor y auriga del universo, que actúa siempre con experiencia y poderío extremos, en movimiento incesante y en incesantes períodos de tiempo. Los recorridos de Helios y Selene, según dijeron, son movimientos de partes del universo; por eso, los hombres las perciben con mayor claridad. En cambio, la mayoría no comprende el movimiento y la marcha del universo, sino que ignoran la magnitud de la competición 40 .

Después de estos detalles, siento vergüenza de seguir [43] hablando sobre los caballos y la forma de llevarlos con las riendas, tal como ellos lo explican, pues no se preocupan en absoluto de mantener en todos los pasajes la coherencia de la imagen. Pues posiblemente, yo podría parecer absurdo si, en comparación con la forma griega y graciosa de cantar, me pongo a cantar una canción al estilo bárbaro. Y sin embargo, habrá que intentarlo.

Cuentan que el primero de los caballos, el más alto, sobresale infinitamente en hermosura, tamaño y rapidez, ya que, al ir por la parte de fuera, recorre la parte más larga de la carrera; es el que está consagrado al mismo Zeus. Es, incluso, un ser alado, de piel brillante, del más puro resplandor. En él se pueden ver claramente las marcas de Helios y Selene, unas en forma de media luna, otras de forma distinta, lo mismo que pasa, creo yo, con las marcas de nuestros caballos. Nosotros las vemos agrupadas como poderosas [44] centellas de fuego que se trasladan con brillante resplandor, pero todas con su movimiento particular. Los demás astros, que aparecen gracias al caballo de Zeus, todos como partes naturales suyas, unos se mueven con él en un mismo movimiento, y otros siguen otras órbitas. Y sucede que, entre los hombres, estos astros tienen cada uno su propio nombre 41 , mientras que los demás, considerados en conjunto, son agrupados en ciertas figuras y formas 42 .

[45] Ahora bien, el caballo más brillante y más adornado, el más querido de Zeus, celebrado así con himnos por los Magos, al ser el primero, recibió lógicamente los primeros sacrificios y honores. El siguiente después de él, y en estrecho contacto con él, es el denominado de Hera, de rienda dócil, manso y muy inferior en fuerza y rapidez. Es por su naturaleza de piel negra, pero la parte iluminada por la luz de Helios está radiante, mientras que la parte de sombra vuelve a [46] tomar el aspecto propio de su piel 43 . El tercer caballo, consagrado a Poseidón, es más lento que el segundo. De este caballo mitologizan los poetas diciendo que su imagen apareció entre los hombres, y es, según creo, el que llaman Pegaso, y añaden que hizo brotar una fuente en Corinto golpeando la tierra con el casco 44 . El cuarto caballo parece ser el más extraño de todos, sólido e inmóvil, no precisamente alado, de nombre Hestia 45 . Sin embargo, los magos no se apartan de la imagen, sino que aseguran que está uncido también al carro, aunque permanece en el mismo sitio mordiendo [47] su freno de acero. Por todas partes, le están oprimiendo, y los dos caballos que están más cerca se inclinan sobre él, dejándose caer simplemente y empujándole. El que está más hacia fuera va siempre el primero rodeando al que está inmóvil como el poste de giro en el hipódromo.

Generalmente, prosiguen en paz y amistad sin sufrir ningún daño unos de otros. Pero en una ocasión, después de tan gran lapso de tiempo y tan numerosos ciclos, cayó de lo alto un fuerte resoplido del primer caballo, particularmente fogoso, que calentó a los demás, y de manera más violenta, al último. El fuego quemó no sólo sus propias crines, de las que se sentía especialmente orgulloso, sino también el mundo entero 46 . Y cuentan que los griegos, recordando este suceso [48] como excepcional, lo relacionan con Faetonte, al no poder censurar la forma de conducir de Zeus, ni querer reprender la marcha de Helios. Por eso, cuentan que el auriga más joven, hijo mortal de Helios, deseando practicar un juego difícil y perjudicial para todos los mortales, pidió a su padre que le permitiera conducir su carro, y, dejándose llevar de forma desordenada, prendió fuego a todas las cosas, animales y plantas, y al final, se destruyó a sí mismo, alcanzado por un fuego todavía mayor 47 .

En otra ocasión, cuando en el correr de los años el potro [49] sagrado de las Ninfas y de Poseidón se encabritó, espantado y agitado más de lo acostumbrado, inundó de sudor a este mismo corcel, ya que lo tenía como compañero de yugo. Además, se enfrentó a una destrucción contraria a la anterior, al ser arrastrado por una gran inundación. Los Magos siguen diciendo que los griegos narran esta inundación, como si fuera la única, por su juventud y la debilidad de su memoria, y afirman que Deucalión 48 , que entonces era rey, los protegió para que no perecieran completamente.

[50] A los hombres, les parece que estos raros sucesos ocurren para su propia perdición, y no según la razón ni como parte del orden del universo. Pero se les oculta que estas cosas suceden por disposición del que cuida y gobierna el universo. Pues es lo mismo que cuando un cochero castiga a alguno de los caballos tirando de las riendas o picándole con el aguijón. El caballo se encabrita y se espanta, pero en seguida se porta como es debido.

Dicen que ésta es una forma de llevar las riendas que, aunque violenta, no produce la destrucción del universo [51] entero. También dicen que hay otra forma de movimiento y de cambio de los cuatro caballos, que se transforman e intercambian sus apariencias hasta que todos convergen en una única naturaleza, dominados por el que es superior. Sin embargo, también se atreven a compararla con la forma de llevar las riendas y de conducir un carro, para lo cual necesitan una imagen más extraña. Es como si un prestidigitador modelara unos caballos con cera, y luego quitara y raspara cera de cada uno de ellos y se la añadiera unas veces a uno y otras a otro, hasta que el final, habiendo gastado la cera de todos en uno, labrara una forma con toda la materia. [52] Sin embargo, este proceso no es como el del artesano que trabaja y transforma la materia de objetos inanimados como desde fuera, mientras que el cambio lo experimentan aquellos caballos mismos como si lucharan por la victoria en un combate grande y auténtico. La victoria y la corona pertenecen por necesidad al primero y mejor en velocidad, en valentía y en toda clase de virtud, aquel que llamamos al principio de estas palabras el extraordinario caballo de Zeus. Pues éste, por ser el más valiente de todos y fogoso por naturaleza, [53] agota rápidamente a los otros, como si realmente, digo yo, fueran de cera, en un tiempo no muy grande, pero que a nosotros se nos antoja infinito para nuestros cálculos. Y cuentan los Magos que, después de haber tomado la sustancia de todos para sí mismo, aparece mejor y más brillante que antes, y no por la ayuda de ninguno ni mortal ni inmortal, sino que él por sí mismo llegó a ser vencedor en la más importante competición. Y como era altivo y orgulloso, alegre con la victoria, ocupó el mayor espacio posible y tuvo entonces necesidad de una zona más amplia como consecuencia de su fuerza y de su ardor.

Llegados a este punto de su relato, los Magos andan [54] confusos sin saber qué nombre dar a la naturaleza de ese animal, criatura suya. Pues en este momento, es simplemente el alma de su auriga y amo, aunque más bien es el mismo entendimiento de esa alma y su capacidad de dirigir. Y así lo decimos también nosotros cuando honramos y veneramos al dios más grande con obras buenas y palabras devotas. Porque la inteligencia, abandonada a sí misma, llenó de sí [55] misma un lugar inmenso, por estar derramada en todas partes por igual, y no quedar en ella nada denso, sino totalmente sutil. Es entonces cuando se hizo más hermosa, y después de tomar la más pura naturaleza de una luz incontaminada, añoró su vida del principio. En efecto, enamorada de aquella función de llevar las riendas, el mando y la concordia no sólo de las tres naturalezas del sol, la luna y los astros, sino también sencillamente de los animales y las plantas, se sintió inclinada a engendrar, a distribuirlo todo y a fabricar el mundo actual haciéndolo desde el principio mucho mejor y [56] brillante, como nuevo que era. Y emitiendo un gran relámpago, no confuso ni sucio, como el que en invierno traspasa las nubes que avanzan con inusitada violencia, sino puro y sin mezcla alguna de oscuridad, realizó una fácil transformación con la velocidad del pensamiento. Acordándose de Afrodita y de la procreación, se tranquilizó y se relajó, y apagando mucho de su luz, se convirtió en aire inflamado de suave calor. Se unió con Hera y disfrutó del más perfecto amor. Y habiéndose reposado, emitió la semilla toda del universo. Éste es el feliz matrimonio de Hera y Zeus 49 , que celebran los hijos de los sabios en sus ceremonias secretas. [57] Y después de hacer fluida toda su esencia, como una sola semilla de todo el universo, se mueve por él como el espíritu que modela y labra en la generación. Entonces precisamente, se asemeja a la composición de los demás seres, en cuanto que no sin razón se podría decir que están compuestos de alma y cuerpo; y moldea y configura con facilidad las restantes cosas derramando a su alrededor su esencia de forma lisa y suave y emitiéndola toda con facilidad.

[58] Después de realizar y completar su tarea, dio a conocer desde el principio el mundo llegado a la existencia, agradable de ver y extraordinariamente hermoso, mucho más brillante de lo que actualmente se ve. Pues también todas las demás obras de los artesanos, cuando acaban de salir del arte y de las manos del que las ha hecho, son mejores y más brillantes; y las plantas más jóvenes son más lozanas que las antiguas, y parecen totalmente retoños nuevos. Igualmente, los animales son graciosos y agradables de ver después de su nacimiento. Y no sólo los más hermosos, como los potros, los terneros y los perros, sino también los cachorros de las fieras más salvajes. Porque la [59] naturaleza del hombre es indefensa y débil como la inmadura hierba de Deméter, la cual, cuando llega a la sazón del tiempo y de la madurez, es sencillamente un retoño mejor y más distinguido que el de cualquier otra planta. En cambio, cuando el cielo entero, —y lo mismo el mundo—, fue terminado en el principio, adornado por el arte más sabio y más noble, apenas salido de las manos de su hacedor, brillante y luminoso, resplandeciente en todas sus partes, no estuvo en momento alguno indefenso ni débil según la debilidad de la naturaleza de los hombres y de otros mortales, sino joven y lozano ya desde su mismo principio. Así, cuando su creador y padre lo vio, no se [60] alegró simplemente, pues ésta es una sensación humilde que se da entre seres humildes; se regocijó y se deleitó extraordinariamente

sentado sobre el Olimpo, se rió su corazón de gozo, cuando vio a los dioses 50

que ya existían y estaban presentes.

La forma que entonces tenía el mundo, me refiero a la lozanía y belleza de un mundo que siempre es extraordinariamente hermoso, no hay hombre que la pueda imaginar ni expresar dignamente, ni de los actuales ni de los antepasados, a no ser las Musas y Apolo con el ritmo divino de su [61] clara y suprema armonía. Por ello, dejémoslo también nosotros por el momento, ya que no hemos tenido pereza de ensalzar el mito en la medida de nuestras posibilidades. Pero si se esfuma la silueta del mito por ser un tema sencillamente elevado y evanescente, como los expertos en pájaros dicen que, cuando uno se eleva muy alto y se oculta entre las nubes deja la adivinación incompleta, no es justo que se me acuse a mí, sino a la pretensión de los habitantes de Borístenes, porque fueron ellos los que entonces me ordenaron hablar.


1 Borístenes, nombre tomado del río más importante de la región en la que se asienta la ciudad, recibe también el nombre de Olbia. HERÓDOTO , en IV 17-18, habla de su emplazamiento y de las tribus que habitaban aquella región.

2 El Hipanis es el actual río Bug, que baja de Ucrania para desembocar en el Mar Negro. HERÓDOTO (op. cit .) nos da noticias del río y de sus circunstancias. Allí, en efecto, los escitas cultivan trigo, pero no para comerlo sino para venderlo. Es la zona habitada por los escitas agricultores, con los que los griegos mantuvieron un activo comercio a través del Borístenes (Dniéper).

3 La expresión griega perí agoràn plḗthousan (cuando el ágora está llena) quiere decir «hacia media mañana». Los pueblos antiguos definían el tiempo con referencias a circunstancias de la vida diaria.

4 Según HERÓDOTO , el promontorio Hipolao es «la parte situada entre los dos ríos, por donde la tierra avanza como un espolón» (IV 53).

5 El Borístenes es, para HERÓDOTO (IV 53), el más útil de todos los ríos, excepción hecha del Danubio y del Nilo. Proporciona excelentes pastos para el ganado, cría abundantes y sabrosos pescados, Y junto a su desembocadura, la sal cristaliza espontáneamente en grandes cantidades.

6 Así se llamaba en la antigüedad la península de Crimea.

7 Lugar desconocido, pero que, por su significado, debía de ser un puesto fortificado de gran valor defensivo.

8 Habitaban los saurómatas, según HERÓDOTO (IV 21), junto al «ángulo interior de la Laguna Meótide (Mar de Azof) hacia el norte hasta 15 días de camino».

9 La orilla izquierda del Ponto (Mar Negro) es la occidental, y en ella estaba Apolonia, mucho más cerca ya del Bósforo, a unos 200 kms. de Bizancio (cf. HERÓDOTO , IV 90).

10 Dión refleja la opinión de los griegos, que consideraban a Grecia, más que como una unidad geográfica, el conjunto de los hombres que compartían la cultura griega.

11 No estaba bien visto entre los griegos llevar armas en público. En son de elogio, dice PLUTARCO que nadie vio a Foción con las manos fuera de la capa (Foción 4).

12 Esta forma de vestir era extraña a las modas griegas; sin embargo, es la que está reflejada en vestiduras usadas todavía por los hombres de la región.

13 Los «Túnicas Negras», según HERÓDOTO , no eran escitas, pero seguían sus costumbres (IV 107).

14 Dión se refiere a Mileto.

15 Los griegos son muy dados a distinguir a ciertos personajes con la etiqueta de que son los mejores. Así, se refieren a Homero llamándolo simplemente «el poeta».

16 Focílides es un autor de poesía gnómica, cuyas sentencias solían ir precedidas de la referencia: «También éste es un dicho de Focílides». Aunque la tradición situaba su florecimiento hacia el 544, todo indica que es anterior. Su pensamiento es cercano al de Solón y su obra parece aludir a la destrucción de Nínive, ocurrida en el 612 a. C.

17 Legendario poeta griego (s. VII a. C.), quien con sus cantos enardeció a los espartanos para lanzarse con ardor a la batalla durante la segunda guerra mesenia.

18 Es conocida la tradición de que Homero era ciego. Así suele interpretarse la descripción que el poeta hace de Demódoco en la Odisea VIII 62-64.

19 Los relatos de batallas son, en Homero, prolijos y por demás detallados. Pueden verse, por ejemplo, los cantos XI y XXI.

20 «Ciudad grande», según la profecía de Jonás (1, 2) y paradigma de impiedad. Estaba situada en la orilla oriental del Tigris, frente a la moderna Mossul.

21 Ilíada IV 362-363.

22 La descripción no puede ser más plástica. Al parecer, la reunión era un tanto informal y no era, lo que se dice, modelo de organización.

23 Ánthrōpos significa en griego «hombre», «ser humano».

24 Dión está hablando de los dioses identificándolos con las estrellas, cuya danza es una idea corriente entre los griegos, particularmente en PLATÓN (Epinomis 982e y Timeo 40c).

25 Una de las características del estilo de Dión es su costumbre de ilustrar sus enseñanzas con ejemplos. En este mismo contexto, habla del coro de música, de los niños y de los enfermos.

26 Se trata de la isla que llevaba el nombre de Aquiles y a la que alude Dión en el § 9 de este mismo discurso.

27 No sabemos quién pueda ser este personaje. Sólo sabemos que en una inscripción que habla de Borístenes, se hace mención de un tal Hierosón (Corp. Inscr. Graec ., 2, 2077).

28 Odisea VIII 223.

29 En los versos 224-228 del mismo canto de la Odisea , cuenta el poeta cómo el gran Eurito murió por haber rivalizado con Apolo en el disparo con arco.

30 Dión profesaba, en términos generales, la doctrina de los estoicos. Es, pues, a los estoicos a los que se refiere cuando habla de «los nuestros».

31 HESÍODO , Teogonía 99-101.

32 Es bien conocido el pasaje de PLATÓN , en el que explica el carácter de la inspiración poética como una especie de posesión divina. El poeta compone no por arte, sino por participación divina (Ión 533e-534e)

33 Dión contrapone el secreto con que se realizan los misterios de iniciación a la falsa publicidad de algunos poetas. La expresión usada por Dión, «en triódois» se suele interpretar como algo vulgar, expuesto a la vista de todo el mundo, como nuestras comedias de barrio.

34 Para Eurípides, por ejemplo, el éter es la morada de Zeus. Cf. ARISTÓFANES , Ranas 100.

35 Como es sabido, los ilotas eran la ínfima clase de los habitantes de Esparta, siervos de la gleba de por vida. La vida de los espartanos, los denominados «iguales», venía a ser una guerra contra el ilota. Ello fue fuente y raíz de numerosas revueltas.

36 La más antigua alusión al carro del Sol aparece en el Himno a Hermes 68-69.

37 Homero y Hesíodo son para Dión, como ya lo reconocía HERÓDOTO (II 53), los que sientan las bases de las creencias religiosas de los griegos.

38 Como en el discurso XLIX 7, Dión recuerda que los griegos asociaban a los Magos con las prácticas de magia.

39 Cuando Heródoto describe el desfile del ejército de Jerjes, menciona un grupo de diez «caballos sagrados, llamados niseos». Su nombre les viene de su lugar de origen, una llanura de la Media, llamada precisamente Nisea. Detrás de ellos, iba «el carro sagrado de Zeus, tirado por ocho caballos blancos» (HERÓDOTO , VII 40).

40 El autor está considerando la marcha del universo bajo la imagen de una carrera de competición. Los movimientos del sol y de la luna son fácilmente perceptibles por los hombres. No así, el movimiento del universo, por la falta de perspectiva.

41 Se trata de los planetas, conocidos cada uno por su nombre y seguidos en su movimiento particular, que es el que hace que se llamen «planetas» o estrellas errantes.

42 Las estrellas fijas están, en efecto, agrupadas en constelaciones.

43 Dión parece referirse a las fases de la luna.

44 Junto a los Propileos del ágora de Corinto, estaba la fuente de Pirene. Pero PAUSANIAS (Descripción de Grecia II 3) refiere que la fuente brotó por las lágrimas derramadas por una mujer que lloraba a su hijo Cencreas, muerto por Ártemis sin intención. Pero sobre los Propileos había dos carros dorados, uno de Helios, y otro de su hijo Faetón. No obstante, otros autores, J. W. Cohoon y H. Lamar Crosby, piensan que Dión se refiere a una fuente homónima situada en Acrocorinto.

45 Figuradamente, la tierra.

46 Los estoicos, al creer en destrucciones cíclicas del universo, recogían la doctrina de PLATÓN en el Timeo 22c: «Ha habido frecuentemente muchas destrucciones de los hombres, y las habrá. Pero las mayores lo han sido por el agua y el fuego».

47 El mito de Faetón ha sido narrado por autores tan diversos como Hesíodo, Esquilo o Eurípides. Pero PLATÓN (Timeo 22c-d), después de referir lo esencial del mito, trata de dar una explicación racional. Con el correr de los tiempos, los astros sufren una desviación, que es la que provoca esas catástrofes periódicas. Cf. OVIDIO , Metamorfosis I 750-II 400.

48 Deucalión es el Noé pagano. Cuando Zeus aniquiló con un diluvio a los seres humanos, aquél construyó un barco por consejo de Prometeo, en el que se salvó con su mujer Pirra. Cf. OVIDIO , Metam . I 318-1329.

49 Es una más que probable alusión a la escena descrita en la Ilíada XIV 294-296. Por lo demás, Hera es la diosa que preside los ritos matrimoniales.

50 Zeus, en efecto, sentado en las cimas del Olimpo, se ríe al ver a los dioses que riñen (Ilíada XXI 389-390). El contexto de Dión nos hace recordar el estribillo repetido por el autor del libro del Génesis : «Vio Dios todo lo que había hecho; y era todo muy bueno» (Gén . I 31).

XXXVII
CORINTÍACO


INTRODUCCIÓN

El discurso XXXVII del corpus de Dión, denominado Corintíaco , es con absoluta evidencia extraño a las maneras estilísticas de Dión de Prusa. Sus formas reiterativas, vacías de entusiasmo, delatan un autor más bien frío y academicista. La opinión de A. Emperius (1832), que lo atribuía a Favorino de Arlés, se ha impuesto hasta convertirse en una relativa pacifica possessio .

El tema de la estatuas ya fue tratado por Dión en sus espléndido discurso XXXI, pronunciado en Rodas. Además, el autor se confiesa romano (§ 25 y 26), aunque profesa la ideología griega, practica sus costumbres y domina su lengua. Frente a los griegos, que se hacían romanos en hábitos y costumbres para agradar a los amos del momento, él sigue las formas griegas hasta en el vestido.

Favorino (85-143 d. C.) fue discípulo y admirador de Dión. Según Filóstrato en su Vida de los Sofistas , ambos pertenecen al grupo de los sofistas filósofos, es decir, al de aquellos filósofos que a su profundidad doctrinal unían una apreciable habilidad retórica. Los dos son doctos maestros de elocuencia, declamadores muy cotizados, preocupados por la filosofía, aunque Favorino acabara inclinándose por las posturas escépticas frente al estoicismo de Dión.

Nacido en Arlés, al sur de la Galia, había estudiado en Marsella y recalado en Roma. En la capital del imperio, llegó a gozar de gran fama, y fue particularmente apreciado por el emperador Adriano, quien fue más bien indulgente con ciertas debilidades de conducta del sofista. Filóstrato cuenta que la elocuencia de Favorino era tanta, y la belleza de su pronunciación tan agradable, que acudían a oírle incluso los que no entendían el griego. Tenía la voz atiplada, carecía de barba, era andrógino y presentaba un aspecto típico de los eunucos. El mismo Favorino presumía de tres paradojas que se daban en su persona: era galo y dominaba el griego; eunuco, y había sufrido un proceso de adulterio; había tenido diferencias con el emperador y seguía vivo (Vida de Sofistas I 489, 1 y 3).

Éste es, pues, el perfil del que es considerado autor de este discurso. Un personaje lo suficientemente importante como para que se le hubiera dedicado una estatua en Corinto, lo mismo que a otros ilustres próceres de la historia griega. Él mismo nos informa de que la ciudad premiaba a los visitantes ilustres dedicándoles una estatua conmemorativa. En Corinto, dice, había una avenida o Paseo de Grecia para tales dedicatorias (§ 7). Entre otros distinguidos con ese honor, se encontraba el autor del discurso. Pero lo que le lleva a pronunciarlo es la desaparición de la estatua que en otro tiempo le había dedicado el pueblo de Corinto. Ése es el tema central propiamente dicho. La euforia que sintió en la visita anterior, en la que todo fueron distinciones y agasajos, se convirtió en desolación cuando, en una nueva visita, constató que su estatua había desaparecido.

La presentación del tema va acompañada de datos abundantes sobre Corinto, su geografía, sus costumbres, su historia, su política. El orador capta la benevolencia con halagos generosos. Corinto tiene, según el orador, la hegemonía sobre las demás ciudades porque la protegen Poseidón y Helios, los dioses del agua y el fuego respectivamente (§ 11-12). Fue la ciudad que desterró de Grecia las tiranías, y la que colaboró eficazmente al establecimiento de las democracias, incluida la ateniense (§ 17).

A partir del § 22, adopta el autor una actitud de acusado que presenta su defensa ante los jueces. No es justo, dice, portarse así con un hombre que tanto se distinguió por su aprecio hacia la ciudad, que le dedicaron una estatua. Antes de la erección, era una cuestión discutible; después, hay que respetar la fuerza de los hechos. Para derribar una estatua, deben presentarse razones convincentes. Pues condenar sin pruebas podría conducir a errores, tales como la condena de Sócrates.

Es vergonzosa la costumbre de cambiar los nombres de las estatuas; costumbre que conduce a estridentes absurdos, como el de un Alcibíades lisiado o las numerosas estatuas con nombre romano y figura griega. Pues es ridículo atribuir, mediante un nombre superpuesto, la representación de un personaje hermoso a otro contrahecho. Como es una llamativa incoherencia quitar los nombres griegos para esculpir en su lugar nombres romanos. Porque la figura seguirá siendo griega en su vestido y en su porte.

Era la picaresca de los que, sin peso de gloria que los avalara y sin méritos relevantes, recurrían a la fórmula arbitraria de quitar el nombre de un dios o un héroe para poner el suyo propio. O el sistema de honrar públicamente a un ciudadano sin más gastos que los del picapedrero que borra la inscripción antigua y auténtica para poner la nueva espúrea. La práctica de los corintios, a la que se refiere el autor del discurso, es la misma que Dión denunció en Rodas con mayor gracia y contundencia (cf. XXXI 9). Con la agravante de que eran los mismos magistrados los que practicaban un cambalache que tenía más de trapicheo político que de justo reparto de premios honoríficos.


CORINTÍACO

Cuando por vez primera estuve de visita en vuestra [1] ciudad, hace ya unos diez años, y ofrecí mis discursos a vuestro pueblo y a sus autoridades, tuve la impresión de ser vuestro amigo, más aún, vuestro familiar, como no lo fue ni siquiera Arión de Metimna 1 . Pues no hicisteis ni una estatua de Arión. Y cuando hablo de vosotros, hablo de vuestros antepasados y de Periandro 2 , el hijo de Cípselo 3 . En tiempo de Cípselo vivió Arión, que fue el primero de los hombres que compuso un ditirambo, el que le dio este nombre y lo enseñó en Corinto 4 .

[2] Fue tan querido de los dioses, que, en una ocasión en que regresaba por mar con grandes riquezas, que se había granjeado entre los tarentinos y los griegos de aquella región, cuando estaba a punto de ser arrojado al mar por los marineros, les rogó que le permitieran cantar. Así cuentan que hacen los cisnes que van a morir y presienten la muerte: [3] como si embarcaran su alma a bordo de una canción 5 . Arión, pues, cantaba, y en el mar había bonanza y tranquilidad. Los delfines oyeron la canción, y al oírla, se abalanzaron alrededor de la nave. Cuando Arión terminó, como los marinos no demostraron ningún cambio, se arrojó al agua, y un delfín se puso debajo y transportó al cantor hasta el Ténaro 6 tal como se encontraba ataviado. Salvado Arión de este modo, llegó a Corinto antes que los marinos, y contó estos sucesos [4] a Periandro. Arribados a su vez los marinos, y llevado el suceso a juicio, los marinos fueron condenados a muerte. Y Arión —y no precisamente Periandro, sino Arión— se hizo una estatua de bronce no muy grande y la erigió sobre el Ténaro. En la estatua se representaba a sí mismo sentado sobre su bienhechor 7 .

Por aquel mismo tiempo, Solón también estuvo en Corinto [5] huyendo de la tiranía de Pisístrato, pero no de la de Periandro. Pero es que no era lo mismo. Pisístrato fue tirano de Atenas después de disolver la democracia; en cambio, Periandro lo fue por haber recibido el reino de su padre 8 . Y aunque los griegos lo llamaban tirano, los dioses lo llamaron rey. ¿O no es esto lo que quiere decir el oráculo?:

Feliz es este varón que llega a mi casa, Cípselo, el hijo de Eetión, rey de la afamada Corinto, él y sus hijos 9 .

Uno de ellos fue Periandro, quien sucedió a su padre. Este [6] Periandro fue proclamado rey por los dioses, y sabio por los griegos. Mayor título que él, jamás adquirió ningún rey ni tirano; ni siquiera Antíoco, llamado el Divino 10 , ni Mitrídates, por sobrenombre Dioniso 11 . El mismo Pítaco de Mitilene 12 se hubiera sentido orgulloso de que lo llamaran a la vez tirano y sabio. Pero de hecho, prefiriendo el segundo nombre, renunció a la tiranía. Ahora bien, Periandro era sabio con unos pocos, pero tirano con muchos. En cambio, tirano [7] y sabio a la vez, era el único. A visitarlo vino Solón, que participó de sus bienes en común, pues, en efecto, las cosas de los amigos son comunes 13 . Sin embargo, no consiguió tener una estatua, y no porque menospreciara las estatuas, pues apreciaba mucho la estatua de bronce que tenía en Salamina 14 . ¿Por qué, pues, no la tuvo en Corinto, en el Paseo de Grecia? También vino a vosotros Heródoto, el historiador, con relatos nada mentirosos sobre temas griegos, y en particular, sobre Corinto, con los cuales consideraba lógico recibir de la ciudad una retribución. Pero también en esto se equivocó, porque vuestros antepasados no consideraron conveniente comerciar con la gloria 15 . Por eso transformó los relatos que todos sabemos acerca de las batallas de Salamina y de Adimanto 16 .

En mi caso, la segunda vez que os visité, me tratasteis [8] de una forma tan agradable que intentasteis retenerme con vosotros. Pero al ver que era imposible, hicisteis al menos una imagen de mi persona y la llevasteis a colocar en la Biblioteca, como para presidirla. Con ello, pretendíais invitar especialmente a los jóvenes a imitar mi conducta. Pues no me honrasteis como a uno de esos muchos que arriban cada año al puerto de Céncreas 17 , —comerciante, peregrino, mensajero o pasajero—, sino como a una persona querida que por fin aparece después de largo tiempo de ausencia.

El honor, como un sueño, levantó el vuelo y se fue 18 . [9]

De modo que me sentí desconcertado, y me miraba a mí mismo y, por Zeus, también a otros, preguntándome si es que no veía bien, —ya que no era realidad sino sueño lo que estaba sucediendo—, o todo esto era rigurosamente exacto, tanto el interés de la gente como la decisión del Consejo. Pero la estatua, que resultó ser una creación digna de Dédalo 19 , desapareció de nuestra vista sin que nos diéramos cuenta. Pero desde que murió Dédalo, nadie hasta el día de [10] hoy ha llegado a tal grado de arte como para inspirar al bronce la capacidad de huir. Por el contrario, los artistas modelan estatuas de hombres firme y bellamente plantados, y de algunos incluso a caballo. Pero todos éstos permanecen en su figura y en su lugar, si no es porque alguien los mueve. Pues lo que es por ellos, son bronce incapaz de escapar, y eso aunque tengan alas como el Perseo de Pitágoras 20 .

[11] Pero aun siendo mi estatua propia del arte antiguo de Dédalo, ¿qué podría haberle pasado para marcharse de vuestra ciudad, por la que, dicen, rivalizaron dos dioses, Poseidón y Helios, uno señor del fuego, y el otro del agua? 21 . Compitieron, pues, los dos y otorgaron el arbitraje a un tercer dios más anciano, de quien

eran muchísimas las cabezas, y muchísimas las manos 22 .

A este dios confiaron los dos contendientes el arbitraje, y ahora son los señores de esta ciudad y de esta tierra. Ésta es una señal nada pequeña ni baladí de la supremacía de Corinto [12] frente a las otras ciudades. Los demás patronatos y posesiones se dan entre los dioses de forma individual: Argos es de Hera; Atenas, de Atenea. Y en cuanto a estos mismos dioses, Rodas es de Helios 23 ; Onquesto, de Poseidón 24 ; pero Corinto es de los dos. Así se imagina uno que, tal como el mito lo expresa enigmáticamente, la franja de tierra en medio de los dos mares fue objeto de renuncia por parte de Helios al pretenderla también Poseidón.

Estos aspectos del mito y de la historia, al coincidir plenamente, [13] invitan a la Sibila, cantora de presagios, para formar el trío de elogios 25 . Habiendo, pues, recibido para sí la voz de un dios, canta con gran voz:

¿Hay lugar tan feliz para ti como el dichoso istmo

de Efira 26 , la hija del Océano, tierra en donde Poseidón,

progenitor de mi madre Lamia 27 , estableció una competición 28

en primer lugar con Helios, y se llevó los honores?

Pues, en efecto, cuentan que fue aquí donde por vez primera [14] se convocó la competición de los dos dioses, y que venció Cástor 29 en el estadio, y Calais 30 en la carrera doble. Y dicen que Calais corrió frenándose para no salir volando. Conviene, ya que hemos empezado, mencionar también a los otros que ganaron premios y alcanzaron victorias. Orfeo 31 venció con la cítara, Heracles en el pancracio, Polideuces en el boxeo, Peleo 32 en la lucha, Telamón 33 en el disco, Teseo 34 en la lucha con armas. Hubo también una competición ecuestre, y venció en la carrera de jinetes Faetonte 35 , [15] y en la de cuadrigas, Neleo 36 . Se celebró luego una competición de naves, en la cual venció Argos 37 , que después no volvió a navegar. Jasón 38 la consagró allí mismo a Poseidón, y puso en ella esta inscripción, obra, según dicen, de Orfeo:

Yo soy la nave Argo, Jasón me consagró a un dios,

vencedora en los juegos Ístmicos y coronada con pinos de Nemea 39 .

Pero ¿qué lugar más hermoso podría descubrir el mismo Dédalo, volando con sus alas, que aquel en donde los dioses convocan los juegos, y los héroes son los que vencen o son vencidos, y donde descansa la nave Argos, por no hablar de la obra de Dédalo? 40 . Pero la estatua ni se escapó, ni lo intentó, [16] ni le pasó por la mente. Sólo queda, pues, pensar que los corintios mismos la desterraron sin juicio previo y sin que tuvieran nada en absoluto de que acusarla. ¿Pero podría creerse alguien esto de los corintios, cuyos antepasados fueron, entre todos los griegos, los que más practicaron la justicia? ¿O es que no fueron ellos los que destruyeron las tiranías en las ciudades y establecieron las democracias, y los que liberaron a Atenas de los tiranos, primero de Hipias, luego de Cleómenes? 41 . [17]Más adelante, cuando los mismos atenienses intentaron hacer lo mismo que Hipias e Iságoras, e implantar la tiranía en Grecia, ¿no fueron los corintios los primeros que se dieron cuenta, los que especialmente lo lamentaron, los que se pusieron como campeones de la libertad en favor de los demás, y mantuvieron esa actitud no sólo en el caso de los atenienses, sino también en el de los espartanos? Y realmente, ellos se opusieron a los espartanos en unión con los pueblos de Tebas y de Élide en favor de los derechos comunes de Grecia. Con ello demostraron que eran amantes no de la gloria, sino de Grecia, de la justicia, de la libertad, y enemigos [18] del mal y de la tiranía. Odiaban a los bárbaros de tal manera, que enviaron a cuatrocientos de los suyos a las Termópilas cuando los espartanos tenían a trescientos 42 . En Salamina, fueron los más valientes y los responsables de la victoria. Pues yo no hago caso de Heródoto, sino de la tumba y de Simónides, quien compuso para los corintios muertos, enterrados en Salamina, este epitafio:

Extranjero, habitábamos otrora la ciudad de Corinto, rica en fuentes ;

ahora nos posee Salamina, la isla de Áyax .

Venciendo con facilidad a las naves fenicias, a los persas

y a los medos, salvamos a la sagrada Grecia 43 .

Hay otro epigrama de Simónides dedicado especialmente a [19] su general:

Ésta es la tumba de aquel Adimanto, por cuyas decisiones Grecia se ciñó la corona de la libertad 44 .

Libertaron también a Sicilia de los bárbaros, y a Siracusa de los tiranos. Se pudo ver entonces a Dionisio en Corinto — bonito espectáculo—, privado de todo. Y sin embargo, nadie le causó daño, ni lo quería desterrar, ni lo llegó a expulsar 45 .

Pero ¿quién quitó la estatua dedicada por la ciudad? Ojalá [20] hubiera sido un torbellino, un huracán o una tormenta que cayera, removiéndola y dirigiendo un rayo contra ella. Pero si existe alguna clase de proceso sobre la estatua, tal como cuentan que sucedió en Siracusa, no vacilaré en explicar cómo fue a modo de introducción. Los siracusanos, vuestros colonos, en las muchas guerras contra los cartagineses y los demás bárbaros que habitaban en Sicilia y en Italia, andaban escasos de bronce y de dinero. Decidieron, pues, destruir las [21] estatuas de sus tiranos —de las que había en su ciudad muchas que eran de bronce—, después de haber hecho sobre ellas un juicio para ver cuál de ellas merecía ser fundida y cuál no. Y sobrevivió a este proceso, —para que os enteréis—, Gelón 46 , el hijo de Dinomenes. Todas las demás estatuas fueron destruidas, excepto, lógicamente, las de Dionisio el Viejo 47 que reflejaban la figura de Dioniso.

[22] Ahora bien, si hubiera también en vuestra ciudad una decisión por el estilo para abrir un proceso acerca de las estatuas, o mejor, si queréis actuar como si ya se hubiera tomado esta decisión y se hubiera entablado un proceso, concededme que pueda dirigiros la palabra en mi favor como si estuviéramos ante un tribunal.

Señores jueces, dicen que puede esperarse todo a lo largo del tiempo. Y éste, que os habla, corre el riesgo, en un corto espacio de tiempo, de ser considerado como el mejor [23] de los griegos, y de caer en desgracia como el peor. Ahora bien, yo me he comportado correcta, justamente y de forma conveniente para vuestra ciudad y para todos los griegos. Y aunque podría decir muchas cosas, voy a referir una sola que sucedió en la misma Siracusa. Pues el ejemplo es algo familiar y posiblemente justo, ya que del mismo modo que los siracusanos honran a su metrópoli, así también es bueno que vosotros imitéis las acciones de vuestra colonia.

[24] Los siracusanos, pues, en aquellos tiempos antiguos, a un cierto habitante de Lucania 48 , que comunicó su embajada al pueblo en dialecto dórico, gozosos con su modo de hablar, no sólo lo despacharon después de concederle lo que vino buscando, sino que le regalaron un talento y le levantaron una estatua. Por esta razón, obtuvieron muchos elogios de parte de sus vecinos y de los dorios de aquella región, en especial de los que habitan en Italia, porque habían recompensado con acierto y elegancia, en favor de la raza dórica, a aquel hombre que había cultivado su dialecto hasta el punto de ser capaz de hablarlo.

En cambio, hay uno que no es lucano sino romano 49 , [25] que no es de la multitud sino de la orden ecuestre, y que se ha mostrado celoso no solamente de la lengua sino también de la ideología, la forma de vivir y el aspecto de los griegos, y ello de una forma tan correcta y manifiesta como no lo ha hecho nadie de los romanos anteriores a él, ni de los griegos de su tiempo. Pues cualquiera puede ver allí 50 a los mejores de los griegos que se inclinan hacia las costumbres romanas, mientras él se inclina hacia las de los griegos; y por ellos, renuncia a su hacienda, a su dignidad política, en una palabra, a todo, con tal de lograr una cosa por encima de todas, el no sólo parecer griego sino serlo. Siendo así las cosas, ¿no era necesario que tuviera en vuestra ciudad una estatua de bronce? Y en otras ciudades también. En vuestra ciudad, [26] porque aun siendo romano, se helenizó lo mismo que vuestra patria; en Atenas, porque es ático en su lenguaje; en Esparta, porque es aficionado a los ejercicios gimnásticos; y en las demás ciudades, porque cultiva la filosofía y ha movido ya a muchos griegos a que la cultiven con él, e incluso [27] ha arrastrado a no pocos bárbaros. Para este menester, parece que ha sido expresamente dotado por los dioses. Por lo que a los griegos se refiere, para que los habitantes de Grecia tengan un ejemplo de que no existe diferencia aparente entre el nacer y el ser educado; en cuanto a los romanos, para que ni siquiera los que se sienten adornados de su propia dignidad menosprecien la educación en comparación con su dignidad; en cuanto a los celtas, para que absolutamente ningún bárbaro que se fije en él, desconfíe de la educación griega.

Por lo tanto, se me erigió una estatua por algunas de estas razones, para no seguir nombrando otras y atraer sobre [28] mí vuestra enemistad. Pero no es lo mismo deliberar sobre la erección de una estatua que sobre su demolición. ¿Por qué? Porque cada uno de los que han recibido estatuas en vuestra ciudad, ya sea mejor, ya sea peor, se ha granjeado ya el honor de sagrado, y es preciso que la ciudad lo defienda como su propia ofrenda. Muchas razones podrían aducirse para demostrar que Gorgias, el sofista 51 , no debiera tener una estatua en Delfos 52 , y mucho menos con un alto pedestal y de oro. ¿Y por qué menciono a Gorgias, cuando se puede ver también allí a Frine la de Tespias 53 , elevada igualmente sobre un pilar lo mismo que Gorgias?

De todos modos, el oponerse abiertamente a la erección [29] es quizá legítimo y conforme al derecho de ciudadano, pero llegar después pretendiendo anular lo acordado es molesto, ¡por Apolo!, y ninguno de los Anfictiones 54 lo hubiera aprobado. Además, si se erigieron las estatuas sin razón, ahora están levantadas legalmente por haber tenido la ventaja de estarlo de hecho. Pues es lo mismo que cuando alguno de los elegidos para ejercer un cargo durante un año, aunque se descubra que es indigno de desempeñarlo, permanece en el cargo durante aquel año para el que fue designado. Igualmente, en el caso de las estatuas, conviene tener en cuenta el tiempo para el que fueron erigidas, y que es todo el tiempo en adelante. Porque si no, ¿en qué os distinguís de los [30] que hacen las estatuas de barro? ¿Y qué podréis decir a los que os preguntan la razón de que, en vuestra ciudad, los honores sean mortales, y las deshonras inmortales? En efecto, si esta costumbre no tiene nada de vergonzosa, por más que sea tremenda, ¿no es propio de un gobierno zafio el que las estatuas sean anuales, como los frutos? 55 . Pues a aquéllos, a quienes levantáis estatuas de bronce para que no desaparezcan en seguida sino para que permanezcan con vosotros el mayor tiempo posible, los presentáis como si fueran más blandos que las estatuas de cera.

[31] O, por Zeus, ¿es porque fueron vistos más tarde como hombres malvados? Porque si es verdad que después resultaron ser malvados, ello no deja a la ciudad libre de culpa. Pues no ofrecéis honores por cosas futuras, sino por hechos pasados. Ahora bien, si uno que ya antes era malvado, es reconocido después como tal, ¿de qué modo pensáis que seríais más apreciados entre los griegos, y de qué modo podríais atraer a los que quieren haceros algún favor, anulando vuestras decisiones o permaneciendo fieles a lo que habéis decidido de una vez para siempre? De esta última manera, creo yo. Pues lo primero es propio de hombres fracasados; lo segundo, de hombres seguros.

[32] Pero todavía no he dicho lo más importante. Y es que se debe hacer desaparecer este honor tan grande, —si es que es inevitable—, no como consecuencia de una falsa acusación, sino por un juicio condenatorio, y no por un motivo cualquiera, sino por el más importante. Pues por una falsa acusación, el mismo Sócrates podría ser corruptor de los jóvenes y destructor de todas las creencias de los hombres, empezando por los dioses 56 . Pues ¿a quién dejaron de calumniar estos que acusan falsamente de todo? ¿A Sócrates acaso? ¿A Pitágoras? 57 . ¿A Platón? 58 . ¿Al mismo Zeus, a Poseidón, a Apolo y a los demás dioses? También la emprendieron con las diosas, a quienes era natural que reverenciaran más aún que a los dioses varones. Ya oís, por Zeus, lo que dicen sobre Deméter, Afrodita y Eos. Y no se privan de hablar de Atenea ni de Ártemis. A Ártemis la presentan desnuda delante de Acteón 59 ; a Atenea la reúnen con Hefesto y, por poco, hacen madre a la virgen 60 . Sabiendo como sabéis estas cosas, ¿os admiráis de que se haya divulgado contra este hombre alguna clase de censura, como la que no puede evitar ninguno de los que han pasado la vida entre honores, y que tiene como pretexto el mismo encanto de sus palabras, —o como tengamos que llamarlo—, y que vosotros habéis aceptado con vuestras mujeres y vuestros hijos?

¿No lo vais a examinar? ¿No vais a reflexionar si este [34] hombre ha hecho en vuestra ciudad algo parecido? Realmente, vivís en una ciudad, la más afortunada 61 de las presentes y de las pasadas, pero no habéis oído nada sobre el particular, y casi me atrevería a decir que ningún otro griego lo ha oído. Además, ¿creéis que quien ha vivido honradamente en Grecia gozando de total confianza y comprensión se ha transformado en Roma al lado del emperador mismo y de las leyes? Desde luego, esto es como si alguien afirmara que el atleta cumple el reglamento en privado, pero lo viola cuando está en el estadio y ante el maestro de los juegos 62 .

[35] Considero que la libertad de palabra tiene dos caras, una la del que tiene conocimiento de algún fallo, otra la del maestro de los juegos. Si éste está convencido de que ha habido algún fallo, debe exigir el correspondiente castigo del que ha faltado a las normas; el que se haya enterado, debe denunciarlo. Y eso es lo que ha hecho este hombre 63 . Pero vosotros, después de seguir a otros hombres…, aunque no quiero decir nada de esos hombres en plan de venganza; sólo que es más justo que ellos os sigan a vosotros que el [36] que vosotros les sigáis a ellos. Porque vosotros sois, como suele decirse, la proa y la popa de Grecia, llamados felices, opulentos y otros apelativos semejantes por los poetas y los dioses desde los tiempos antiguos, unos tiempos en los que también otros tenían la oportunidad de conseguir riqueza y poder. Pero ahora, desde que la riqueza ha huido de Orcómeno y Delfos 64 , estas ciudades pueden superaros en la capacidad de excitar la compasión, pero nadie provoca más envidia que vosotros.

Todas estas cosas se han dicho a favor de una ciudad [37] que no merece sentir vergüenza delante de los griegos, cuando todos de buen grado no sólo acogen al que ha sido desterrado por vosotros, sino que lo invitan y lo envían con embajadas, y lo distinguen con toda clase de honores, incluida la dedicatoria de estatuas. Pero sobre mí y sobre mi estatua, voy a decir ahora una frase que pronunció Anaxágoras cuando perdió a su hijo: «Ya sabía que había engendrado a un mortal» 65 . Pero no sabía que lo era tanto. Pues cada una de las estatuas es erigida con la intención de que dure eternamente, pero todas son destruidas, una por un destino, otra por otro. Ahora bien, el destino más común y más justo, el que está fijado para todas las cosas, es el del tiempo. De manera distinta lo celebró el poeta que, según [38] dicen, compuso el epitafio escrito sobre la tumba de Midas 66 :

Soy una doncella de bronce, yacente sobre la tumba de Midas .

Mientras el agua fluye, y árboles altos florecen,

al permanecer allí junto a su tumba regada con lágrimas,

anunciaré a los transeúntes que aquí está Midas enterrado 67 .

[39] Pero, oh doncella mensajera de sí misma, oímos al poeta, pero aunque te buscamos, no te hemos encontrado, ni tampoco la tumba de Midas. Aquellas aguas y aquellos árboles siguen manando y floreciendo, pero con el tiempo parece que se van a secar, lo mismo que Midas y la doncella.

El hombre se llamaba Hipemón, el caballo Podargo 68 ;

el perro, Letargo 69 y el criado Babes 70 .

Ahora bien, ¿qué griego conoce no ya al caballo, sino ni siquiera al mismo Hipemón? Y tengo la impresión de que tampoco lo conoce ningún habitante de Magnesia 71 , de donde procedía Hipemón. Pues bien, este hombre desapareció de entre los hombres con el mismo Babes y con Podargo.

Otros, en cambio, siguen estando en pie, y se conoce su [40] nombre, aunque tienen la inscripción de otras personas. Pero pasa algo así como con el antispasto en poesía 72 , pues en cierto modo los autores dan informes contrarios 73 . El estilo es de los griegos, la fortuna es de los romanos 74 . Yo vi una vez a Alcibíades, el hermoso hijo de Clinias 75 , no sé dónde, sólo sé que lo vi en un lugar importante de Grecia con la inscripción de Calcopogón 76 . Vi también otra estatua con ambos brazos cortados, que era, según decían, obra de Policies 77 . ¡Terrible espectáculo, oh Tierra y Sol, el de Alcibíades lisiado! Sé también que Harmodio y Aristogitón están [41] como esclavos en Persia 78 , y que los atenienses derribaron en un mismo y único día mil quinientas estatuas de Demetrio Faléreo 79 . Tuvieron incluso la osadía de verter vasos de noche sobre el rey Filipo 80 . En efecto, los atenienses derramaron orina sobre su estatua, pero él derramó sobre la ciudad sangre, ceniza y polvo. Pues era realmente indignante poner al mismo hombre no ya entre los dioses, sino ni siquiera entre los hombres.

[42] Además, sabiendo yo que los hombres no perdonan ni siquiera a los dioses, ¿Voy a pensar que vosotros os preocupáis de una estatua? Y creo que no voy a decir nada de los demás, pero a Istmio 81 , vuestro maestro de los juegos, lo arrancó Mumio 82 de su pedestal y lo consagró a Zeus. Es el colmo de la ignorancia, convertir al hermano en ofrenda 83 , y eso por parte de un hombre sin instrucción, absolutamente ajeno al buen gusto. El mismo que a Filipo, el hijo de Amintas 84 , al que había traído de Tespias, le dedicó una estatua poniendo el nombre de Zeus, y a los jóvenes de Feneo 85 a uno con el nombre de Néstor y a otro con el de Príamo 86 . El pueblo romano, naturalmente, pensaba que veía a aquellos héroes cuando en realidad estaba viendo a los arcadios de Feneo.

Estas cosas pueden incluso tomarse a broma. Pero, en [43] serio, me entran deseos de felicitar por su buen criterio a Agesilao, rey de Esparta, quien jamás juzgó conveniente hacerse ni una estatua ni un retrato de su persona, y no, como dicen, porque era cojo y bajito 87 . Pues ¿qué dificultad había para que la estatua se hiciera de gran tamaño? ¿Y qué para que se la hiciera con piernas bien proporcionadas, como hizo Eufranor con su Hefesto? 88 . Pero aquel sabía con mucha exactitud que no conviene ampliar los márgenes de la fortuna humana, ni provocar riesgos para el cuerpo por causa de piedras o bronces. Pues ¡ojalá también fuera posible hasta librarse del cuerpo!

[44] Adios, pues, a Dédalo y a sus obras artísticas que lo representan. Basta ya de Prometeo, basta ya de barro 89 . Pues, en efecto, suele decirse que incluso el cuerpo de las almas nobles es un elemento extraño,

ya que hay mucha distancia entre 90

cuerpo y alma. Pues el alma no está presente ni se preocupa cuando el cuerpo está sufriendo 91 . Cambises estaba loco pensando que apuñalaba y flagelaba a Amasis, rey de Egipto, cuando lo hacía con su cadáver 92 . Pero los egipcios cuentan que Amasis, mirando con desconfianza desde hacía mucho tiempo la crueldad de Cambises, mandó ocultar su cadáver y colocar otro en su lugar, y que fue ese el que cayó en manos de Cambises. Pero, oh egipcios y Cambises, ya fuera otro el que recibió aquel trato, ya fuera el mismo Amasis, se trataba de una figura sin sangre, sin carne, sin alma. A ése, si es lo que te place, arrástralo, desgárralo, apuñálalo, porque lo que es a Amasis, no lo has apresado. Y otro hombre que vivía, alentaba y sentía, dijo en una ocasión: «Golpea, golpea el saco de Anaxarco; pues a Anaxarco no le puedes golpear» 93 . Porque este hombre, arrojado en un mortero, mientras era golpeado con las manos del almirez, afirmó que él no era golpeado sino las cosas que le servían de envoltura. Así, según cuentan, reciben los azotes los altos dignatarios persas 94 , en sus caftanes y no en su cuerpo.

Los persas, pues, llevaban a mal hasta tal punto el castigo, [46] mientras que un griego presentaba su cuerpo para que lo golpearan como si fuera un vestido. ¿Y no vamos a presentar nosotros nuestra estatua para que la funda aun en el caso de que lo síntiera? Ahora bien, Anaxarco era más fuerte que la sensación de dolor, pero yo, según las palabras de la Laodamía de Eurípides,

no traicionaría a un amigo, aunque estuviera muerto 95 .

Por lo tanto, quiero consolar a mi estatua como si lo sintiera: «Oh imagen silenciosa de mis palabras, ¿no se te puede ver? Pues tampoco fue visible Aristeas, el que vivió antes que tú 96 . Pues, tal como yo me lo imagino, las cosas le sucedieron así también a él: fue desterrado por los habitantes de Proconeso y lo hicieron desaparecer sus enemigos. Estos mismos hombres extendieron el rumor de que Aristeas no volvería a aparecer ni vivo ni muerto. Sin embargo, entonces, ahora y para siempre Aristeas ha estado vivo».

[47] «Yo aseguro que alguien se acordará de mí incluso en el futuro» 97 , dijo Safo muy bellamente. Y mucho más bellamente, Hesíodo:

La fama nunca desaparece totalmente cuando pueblos abundantes la divulgan;pues ella también es una diosa 98 .

Yo te levantaré al lado de la diosa, de donde nadie pueda arrancarte, ni terremoto, ni vendaval, ni nevada, ni aguacero, ni envidia, ni enemigo 99 , sino que también ahora te encuentro yo en pie. Pues el olvido ha inducido a error y ha engañado a muchos, pero el criterio de los hombres honrados, a nadie 100 . Por eso sigues enhiesta para mí como los hombres.


1 Arión fue un cantante y poeta lírico, oriundo de Metimna, en la isla de Lesbos. Vivió mucho tiempo en Corinto, en la corte de Periandro. Durante un viaje a Italia, los marineros quisieron apoderarse de sus riquezas y matarlo. Él se vistió de gala, cantó y se arrojó al mar. Un delfín lo recogió y lo transportó al cabo Ténaro, al sur del Peloponeso. Vuelto a Corinto, hizo castigar a los infieles marinos.

2 Periandro, uno de los Siete Sabios de Grecia, dio a Corinto unos años de prosperidad económica y política continuando la iniciada por su padre. Vivió a finales del siglo VII a. C.

3 Tirano famoso de Corinto (s. VII a. C.). Su nombre alude al hecho legendario de que su madre lo ocultó en una caja para librarlo de sus enemigos cuando era niño.

4 El ditirambo era un himno a Dioniso, cantado a coro. Es famosa la teoría de ARISTÓTELES en su Poética 1449a, según la cual, el ditirambo habría sido el origen de la tragedia.

5 Es más que posible, como sugiere H. Lamar Crosby, que el autor aluda a PÍNDARO , frag. 89: óchēma aoidân .

6 El cabo o promontorio Ténaro es el actual cabo Matapán, al sur del Peloponeso.

7 PAUSANIAS , II 25, 5, refiere que en el promontorio había un templo en forma de gruta por donde, según los poetas, Heracles había llevado al infierno el perro de Hades. Luego (ibid ., 7), alude a la estatua de bronce de Arión, a caballo sobre un delfín. También menciona Pausanias el hecho de que la historia de Arión está recogida por Heródoto, quien la había oído en Lidia (HERÓDOTO , I 23).

8 Tirano no tenía en los días de Pisístrato y Periandro las connotaciones negativas que adquirió el término con el tiempo. Tanto Pisístrato como Periandro fueron auténticos bienhechores de sus ciudades. El Edipo Rey de SÓFOCLES , es en griego Edipo, el tirano .

9 Heródoto nos cuenta la historia del cambio sufrido por Periandro. Al principio era juicioso. Pero una embajada dirigida a Trasibulo, tirano de Mileto, quien cortaba las espigas que sobresalían mientras hablaba con el heraldo, le trajo el mensaje de que para mantener en paz la ciudad, debía cortar las cabezas que destacaban (cf. HERÓDOTO , V 92).

10 Es Antíoco II Teo (286-246 a. C.), hijo de Antíoco I Soter. Fue rey de Siria desde el 262.

11 Se trata de Mitrídates el Grande o Eupátor (132-63 a. C.), cuyo sobrenombre de Dioniso está atestiguado por Apiano y Plutarco. Soñaba con crear un gran reino helenístico en Asia Menor. Fue el enemigo más peligroso que Roma tuvo en oriente durante el siglo I a. C.

12 Tirano de Mitilene (650-570 a. C.), uno de los Siete Sabios.

13 Se trata de un proverbio que pronuncian, por ejemplo, Fedro al final del diálogo que lleva su nombre (PLATÓN , Fedro , 279c) y Pílades en EURÍPIDES , Orestes 735.

14 Solón compuso una elegía denominada Salamina . En ella, invita a los atenienses a recuperar Salamina para lavar el oprobio de haberla perdido (ESQUINES , Contra Timarco 25) asegura que la estatua se levantaba en el ágora de Salamina, donde también estaba la estatua de ébano de Áyax, según PAUSANIAS (I 35, 3).

15 Heródoto hizo también una lectura de su obra en Atenas, por la que recibió una gran suma de dinero. El que no la recibiera de los corintios, quizá se debiera a que los corintios no quedaban muy bien parados por haber huido antes de la batalla de Adimanto (HERÓDOTO , VIII 94).

16 En su escrito Sobre la malignidad de Heródoto 39, PLUTARCO acusa a Heródoto de injusto con los corintios en el tema de Adimanto, pero no dice que Heródoto actuara por motivos de dinero.

17 Céncreas era el puerto situado en el extremo oriental del istmo de Corinto; el del extremo occidental se llamaba Lequeo. Leques y Céncreas eran hijos de Poseidón y Pirene, según PAUSANIAS , II 2, 3.

18 El verso de la Odisea XI 22 lee psychḗ en vez de timḗ . En efecto, el relato de la Odisea trata de la visita de Odiseo a los infiernos y la imposibilidad de abrazarse el héroe con su madre. Lo que Odiseo experimenta (vv. 207-8), se lo explica su madre como ley de la naturaleza.

19 Dédalo, autor mítico del laberinto, es el paradigma de los artistas hábiles y virtuosos. Tenía la virtud de que sus obras no permanecieran donde las creaba. De lo mismo acusaba Eutifrón a Sócrates, quien se consideraba a sí mismo descendiente de Dédalo (PLATÓN , Eutifrón 1 lcd).

20 Este Pitágoras de Reggio es el escultor contemporáneo de Mirón, quien, al igual que Mirón, era especialmente hábil en representar en sus estatuas el movimiento. Los textos nos hablan de varios atletas, cantados por Píndaro, cuyo movimiento inmortalizó Pitágoras.

21 Aunque la expresión está en forma de quiasmo, es sabido que Poseidón es el dios del mar; y que Helios (Sol) lo es del fuego. Ambos dioses fueron honrados por los corintios con estatuas, como refiere PAUSANIAS (II 2, 1, 3; 3, 2).

22 La cita es de autor desconocido. PAUSANIAS (II 1, 6) recoge la leyenda corintia, según la cual Poseidón y Helios se disputaban el dominio de aquella tierra. Al no ponerse de acuerdo, encargaron a Briáreo, gigante de cien manos y cincuenta cabezas, el arbitraje. Briáreo decidió que el Istmo y sus cercanías sería para Poseidón; la Acrocorinto, para Helios.

23 El Coloso de Rodas, edificado a principios del siglo III a. C., era precisamente una estatua en honor del dios Helios.

24 Ciudad de Beocia que, según el testimonio de la Ilíada (Il 506) y del Himno Homérico a Apolo (229-238), se distinguió por su devoción y culto al dios Poseidón.

25 Frase oscura, que VON ARNIM resuelve corrigiendo la lectura de los textos por dissoîs mártysin (a los dos testigos).

26 Antiguo nombre mítico de Corinto. Efira es mencionada por HOMERO como situada en el territorio de Argos (Ilíada VI 152).

27 PLUTARCO (De Pyth. orac . 9) habla de esta Lamia, hija de Poseidón y madre de la aquella Sibila, que emitía sus oráculos sentada sobre una roca cerca del buleuterion de Delfos.

28 Esto es, la lucha por la posesión del Istmo, en la que claramente venció Poseidón; cf. PAUSANIAS , II 1, 6.

29 Hermano gemelo de Polideuces, hijos ambos de Leda; pero mientras Cástor era hijo de Tindáreo, Polideuces lo era de Zeus. Ambos acompañaron a Jasón en busca del vellocino de oro en la nave Argo.

30 Hijo alado de Oritia y de Bóreas, participó con su hermano Zetes en el viaje de los argonautas.

31 Cantor mítico, hijo de Apolo y Calíope, y esposo de Eurídice. Con su canto no solamente enternecía a los hombres, sino que arrastraba a los mismos animales. Tambien fue uno de los argonautas.

32 Rey de Ftía, en Tesalia, se casó con Tetis, de la que tuvo a Aquiles. Fue uno de los argonautas.

33 Hermano de Peleo y padre de Áyax y Teucro, héroes de la guerra de Troya. Era rey de Salamina. En el viaje de los argonautas, fue el amigo preferido de Heracles.

34 Hijo mítico de Egeo de Atenas y Etra, hija del rey de Trecenia, entre otras hazañas, mató al Minotauro con la ayuda de Ariadna. Con ello liberó a los atenienses de la pesadumbre del impuesto de siete muchachos y siete muchachas cada nueve años.

35 El mencionado hijo de Helios, que murió al no poder controlar los caballos del Sol. Junto al ágora de Corinto, sobre los propíleos que daban a la vía del Lequeo, figuraban dos carros conducidos, uno por Faetón, y el otro por su padre Helios.

36 Hijo de Poseidón y de Tiro, fue rey de Pilos. Por negarse a absolver a Heracles de homicidio, fue castigado por el héroe, que lo mató a él y a todos sus hijos, excepto a Néstor.

37 Nombre de la nave Argo, que viajó, llena de héroes, en busca del vellocino de oro.

38 Hijo del rey de Yolco, educado por el centauro Quirón, fue destronado por su hermano Pelias. Para recuperar sus derechos, tenía que traer el vellocino de oro de la Cólquide. Se puso en camino con la nave Argo y acompañado por los argonautas. Consiguió su objetivo no sin antes superar diversas pruebas gracias a la ayuda de Medea, quien acabó casándose con él, que más tarde la repudió.

39 Dístico elegíaco compuesto seguramente por Favorino. Alusión a dos de los juegos más importantes de la historia griega, los Ístmicos en honor de Poseidón, celebrados en Corinto, y los Nemeos, en honor de Heracles, en Nemea.

40 El autor supone que el lugar ideal, donde los dioses celebran sus juegos, es decir, Corinto, es donde debería estar su estatua, misteriosamente desaparecida.

41 El autor trata de halagar a los corintios. Porque no se sabe que tuvieran un papel tan importante en el derrocamiento de las tiranías. Además, Cleómenes I de Esparta (520-488 a. C.) no fue precisamente un tirano, sino el rey que expulsó a Hipias de Atenas y facilitó el establecimiento de la democracia. Iságoras fue el jefe de la oposición que se enfrentó a Clístenes.

42 En efecto, según el relato de HERÓDOTO (VII 202), entre los que esperaron en las Termópilas la llegada de los persas, había 300 espartanos y 400 corintios.

43 PLUTARCO , en De Herodoti malignitate 39, recoge también este epitafio, aunque sin designar a su autor. De todos modos, este epitafio recuerda el de la tumba de las Termópilas, atribuido a Simónides, autor del poema famoso en honor de los caídos en aquella batalla, que aparece en el monumento moderno levantado en el lugar donde cayó Leónidas (Poetae Melici Graeci 531).

44 Epitafio citado igualmente por PLUTARCO (1. c).

45 Suprimimos, según la propuesta de DINDORF , la expresión «de las cosas de Sicilia» y leemos con él exḗlaune .

46 Tirano de Siracusa entre los años 484-478 a. C. Era tirano de Gela cuando los aristócratas de Siracusa lo llamaron en su auxilio. Se apoderó del poder y convirtió a Siracusa en la ciudad más poderosa y floreciente del mundo griego. Aliado con el tirano Terón de Acragante (Agrigento), venció a los cartagineses en el 480, cuando los griegos vencían a los persas en Salamina. El haber sido el primero y más moderado de los tiranos de Siracusa pudo determinar la distinción que se hizo con su estatua.

47 Tirano de Siracusa (405-367 a. C.) en la época en que Cartago amenazaba a las colonias griegas de Sicilia. Fue en muchos aspectos precursor de los reyes helenísticos por el fasto de su corte y sus ejércitos mercenarios. Le sucedió Dionisio el Joven, su hijo, que fue tirano desde el 367 hasta el 357.

48 Es coherente la mención de Siracusa en un discurso dirigido a los corintios, sus fundadores. El detalle «nacionalista» de tipo sentimental, demuestra la sensibilidad que los siracusanos tenían hacia sus valores locales. Entre ellos, el dialecto dórico, hablado en la zona de la Lucania, cuya capital es Tarento, en el golfo de su nombre.

49 Como ya dijimos en la introducción al discurso, su origen es debido a un autor anónimo, si bien se ha querido ver en él la obra del sofista Favorino. Al ser natural de Arlés (Arelate) en Francia, podía proclamarse romano, pero fervoroso propagandista de la lengua y la cultura griegas. Sus audiciones y declamaciones en Roma revestían carácter de auténtico clamor. Como refiere FILÓSTRATO en sus Vidas de los Sofistas (I 8, 489-492), acudían a escucharle gentes incluso que no sabían griego.

50 En Roma, donde Favorino gozó de la amistad (y las iras) del emperador Adriano.

51 Gorgias de Leontinos (Sicilia) fue no solamente sofista, sino el iniciador del movimiento sofista, en opinión de Filóstrato. Según este biógrafo, Gorgias representó para la sofística el papel transcendental que Esquilo para la tragedia.

52 Delfos, lugar del famoso santuario en el que Apolo daba sus oráculos, era un magnífico escaparate para toda clase de propagandas. Una estatua a la sombra del dios ofrecía, además, un tinte religioso muy apreciado por la cultura oficial griega. Los numerosos visitantes se llevaban, entre los recuerdos de su visita, el de los grandes personajes consagrados con estatuas y otros monumentos.

53 Frine fue una famosa hetera del siglo IV , que sirvió de modelo a Praxíteles, quien, al decir de PAUSANIAS (X 15, 1), habría sido uno de su muchos amantes.

54 Los Anfictiones eran una especie de diputados de los estados griegos, reunidos en confederaciones o ligas de carácter político y religioso. Velaban por los intereses comunes de los griegos y celebraban reuniones alrededor de ciertos santuarios. La Anfictionía Délfica tenía su centro en el santuario de Apolo en Delfos, participaba en la administración del templo y en la organización de los Juegos Píticos.

55 En la traducción de esta frase, seguimos la lectura de Arnim, que cambia en ou el hōs de H. Lamar Crosby.

56 Ésas fueron, en efecto, las dos acusaciones fundamentales que sirvieron de pretexto para condenar a Sócrates: que corrompía a la juventud y que no sólo no creía en los dioses de la ciudad, sino que introducía otros nuevos (cf. PLATÓN , Apología de Sócrtates 24b; JENOFONTE , Apología de Sócrates I 10).

57 Filósofo y matemático griego, nacido en Samos, emigró al sur de Italia en el año 531 a. C. huyendo de la tiranía de Polícrates. Fundó una escuela religioso-científica a cuyos adeptos impuso ciertas prácticas y creencias que no siempre fueron bien interpretadas por sus contemporáneos.

58 Alude aquí el orador seguramente a las anécdotas jocosas que la tradición refería sobre la vida y el pensamiento de Platón y que fueron recogidas por DIÓGENES LAERCIO , en su Vida de los filósofos ilustres III 26-33.

59 El mito de Acteón tiene distintas versiones. La más autorizada refiere que Acteón vio desnuda a la diosa que se estaba bañando. La diosa, ofendida, lo convirtió en ciervo, por lo que fue devorado por sus propios perros. Otras versiones insinúan que Acteón fue castigado porque tuvo la pretensión de casarse con la diosa. Cf. APOLODORO , Biblioteca III 30-31.

60 De toda esta historia tenemos una relación en la obra citada de APOLODORO , III 188-190.

61 El adjetivo con el que se califica a la ciudad de Corinto (epaphrodíta ) podría entenderse también en el sentido de ciudad favorecida por Afrodita. En efecto, la diosa tenía un santuario muy famoso sobre la Acrocorinto.

62 Es el denominado agōnothétēs , organizador y presidente de los juegos y encargado de que se cumplan correctamente las normas de la competición.

63 Según el orador, que es el que se ha visto privado de la estatua, el denunciante no ha actuado correctamente, si lo que pretendía era el bien de la ciudad.

64 Orcómeno, ciudad situada al norte del lago Copais en la región de Beocia, tuvo un floreciente pasado en la época micénica. Los abundantes restos de monumentos la avalan como una de las ciudades más potentes de Beocia. Fue un centro muy activo del culto a Dioniso. Más tarde fue eclipsada por Tebas, cuya liga provocó su ruina en el año 364 a. C. En la Ilíada IX 380-381, Orcómeno es citada como ciudad rica al lado de Tebas de Egipto, lo mismo que el tesoro de Apolo en Delfos (Ibid . vv. 404-406). Heródoto cuenta de los abundantes dones que se enviaban al tesoro del dios (cf. I 14).

65 La anécdota, citada en otros casos como paradigma de integridad, es referida por DIÓGENES LAERCIO , II 13.

66 El rey Midas tuvo fama de convertir en oro todo lo que tocaba. De su generosidad con el dios de Delfos, nos certifica HERÓDOTO (I 14). Su tumba se alza, todavía hoy, en forma de pirámide en la ciudad moderna de Gordio, lugar que fuera campamento de invierno de Alejandro Magno en Frigia. Cf. la referencia jocosa que hace ARISTÓFANES a Midas y a sus orejas de burro en Pluto 285-287.

67 El mismo epigrama aparece en boca de Sócrates con ligeras variantes durante su paseo en compañía de Fedro (PLATÓN , Fedro 264d).

68 Podargo, que significa «de pies ligeros» (o blancos), era el nombre del caballo de Héctor (Ilíada VIII 185) y del de Menelao (Ilíada XXIII 295

69 Letargo, aplicado a animales, particularmente, a perros, hace alusión a su pereza o a su perfidia.

70 Epigrama contenido en la Antología Palatina VII 304.

71 La Magnesia a la que se hace referencia es la de Tesalia, tierra de buenos caballos y expertos jinetes. Fueron habitantes de Magnesia los que llevaron su nombre a otras ciudades, como la Magnesia del Meandro, o la del Sípilo en Lidia.

72 Antispasto es, en métrica, un pie con medidas inversas, por ejemplo, un yambo seguido de un troqueo (breve, larga, larga, breve).

73 Aunque el texto habla de los «poetas», el autor se refiere a los creadores (= poetas) tanto de la estatua como de la inscripción. Pues, tal como se nos informa, en el caso de cambio de inscripción, la estatua se refiere a una persona mientras que la inscripción hace referencia a otra distinta. Se dan, por tanto, enseñanzas contrarias.

74 Un vicio bastante extendido en la antigüedad consistía en cambiar las inscripciones de las estatuas, con lo que, de forma barata y atrevida, el hombre más deforme podía dedicarse la del más hermoso efebo. La costumbre fue muy usada en el antiguo Egipto. Pero, como nos informan Dión y Favorino, fue también una práctica en la época romana. El romano ponía el nombre; la figura era griega. El discurso 31 de Dión trata precisamente de este tema.

75 Alcibíades, uno de los generales atenienses de la Guerra del Peloponeso fue en su tiempo paradigma de la elegancia. Tanto que los atenienses encontraban gracioso hasta un cierto defecto de pronunciación, como nos cuenta PLUTARCO (Alcibíades 1).

76 ChalKopṓgōn (barba de bronce) es la versión griega de Ahenobarbus , nombre usado por Nerón. No es de extrañar que el vanidoso emperador pusiera su nombre en cualquiera de las estatuas del hermoso Alcibíades.

77 Escultor del siglo II a. C.

78 La conocida estatua de los tiranicidas, Harmodio y Aristogitón, había sido robada por los persas con otros muchos tesoros. Así, los que habían traído a Atenas la esperanza de la libertad, eran ahora siervos de los persas.

79 Demetrio de Falero (350-283 a. C.), discípulo de Teofrasto, fue un ilustre político, orador e historiador ateniense. Casandro, hombre fuerte de Grecia en aquella época, lo nombró tirano de Atenas. Caído en desgracia, los atenienses destruyeron las estatuas que se había construido. Diógenes Laercio, con Plinio el Viejo, nos da la cifra de trescientas sesenta estatuas levantadas en trescientos días. Plinio nos dice de las estatuas: quas mox laceravere («que pronto fueron destruidas»).

80 H. Lamar Crosby sospecha que se trata de un suceso apócrifo. De todos modos, las actuaciones de Filipo y los discursos de Demóstenes eran suficiente motivo para levantar la más airada reacción contra el macedonio.

81 Se trata de Poseidón.

82 Lucio Mumio fue el cónsul romano que en el 146 a. C. venció a la Liga Aquea, saqueó y arrasó Corinto. Luego, se llevó a Roma muchas obras maestras que encontró en la ciudad conquistada.

83 Poseidón y Zeus eran hermanos, hijos, junto con Hades, de Crono. Por lo demás, no era difícil cambiar una estatua de Poseidón en otra de Zeus, ya que las posturas de uno blandiendo el tridente, y del otro lanzando el rayo podían fácilmente confundirse. Recuérdese la larga disputa que existió acerca de la identidad de la estatua de bronce encontrada en Artemision.

84 En uno de los fragmentos conservados de la Historia de Filipo , de TEOPOMPO , se contiene un encendido elogio de «Filipo, el hijo de Amintas». Se trata del rey que elevó a Macedonia a categoría de gran potencia y que tuvo como descendiente y sucesor a Alejandro Magno. Su reinado se extendió desde el 359 al 336 a. C.

85 Feneo fue una ciudad de la Arcadia al lado del lago del mismo nombre. HERÓDOTO (VI 74) da detalles de la zona.

86 Néstor fue el rey de Pilos, famoso por su elocuencia y sensatez durante la Guerra de Troya. Príamo era el rey troyano, padre de Héctor.

87 Agesilao (440-360 a. C.) fue, ante todo, un gran estratega y un gran político. Jenofonte, que le dedicó un precioso tratado, le admiraba sin restricciones. Pero Agesilao era cojo, pequeño y poco agraciado. Consciente de estas limitaciones, no consintió que se le retratara ni vivo ni muerto. Los espartanos, a quienes no les agradaban los reyes pequeños, impusieron una multa a su padre, Arquidamo, porque se había casado con una mujer pequeña. Pero Agesilao suplió con inteligencia, simpatía y personalidad lo que le faltaba en su físico. Tal es el juicio, entre otros, de PLU TARCO (Agesilao 2) .

88 Eufranor, escultor corintio del siglo IV a. C., era particularmente apreciado porque hacía trabajos que favorecían el aspecto de sus clientes. Es lo que hizo con Hefesto, el dios cojo.

89 Prometeo, uno de los Titanes, cuyo nombre significa «Previsor», fue, en muchos aspectos, bienhechor de la humanidad. Entre otras cosas, la leyenda cuenta de él que hizo a los hombres con agua y barro.

90 Palabras de Aquiles para ponderar la distancia que separaba Troya de su patria (Ilíada I 156).

91 Preferimos el kámnontos de VON ARNIM , mejor que el kamontos de CROSBY .

92 HERÓDOTO refiere las locuras de Cambises. Entre ellas, sacó el cadáver de Amasis de su tumba, lo hirió con punzones, lo azotó, le arrancó los cabellos y finalmente, viendo que su momia ofrecía resistencia a la destrucción, lo mandó quemar (I 16).

93 La anécdota está recogida en la Vida de los filósofos ilustres de DIÓGENES LAERCIO , IX 58 ss.

94 Se trata aquí de los llamados «homótimos» o «iguales en honor», persas pertenecientes a la nobleza, quienes, si tenían que recibir un castigo consistente en azotes o golpes, se quitaban las túnicas para que sobre ellas se descargara el castigo.

95 EUR ., Frag ., 655 NAUCK ; Laodamía dice estas palabras refieriéndose a su marido.

96 HERÓDOTO (IV 14-15) refiere datos varios sobre la vida de este Aristeas. Era efectivamente de Proconeso, isla de la Propóntide o mar de Mármara. Vivió, según parece, hacia la mitad del siglo VII a. C., aunque la Suda sitúa su vida en el tiempo de Creso (s. VI a. C.). Aristeas, como los chamanes nórdicos, podía dejar el cuerpo y viajar en forma de pájaro. Heródoto cuenta de varias desapariciones y apariciones de Aristeas, y refiere que el mismo Aristeas decía que acompañaba a Apolo en forma de cuervo. Compuso un poema épico denominado Arismaspea acerca de unos extraños habitantes de Asia Central.

97 SAFO .frag., 147 V.

98 Hesíodo habla en este pasaje de los peligros que entraña la fama. Se debe, pues, cuidar de sofocarla antes de que se haga insoportable y difícil de contrarrestar.

99 Crosby ve en estas palabras un eco del conocido pasaje de HERÓDOTO (VIII 98) sobre los correos persas, que el historiador compara con la carrera de antorchas. Ningún humano lleva un mensaje más rápidamente que ellos. Porque «ni la nieve, ni la lluvia, ni el calor ni la noche» les impide cumplir su carrera. En efecto, las palabras que traducen nieve y lluvia son las mismas en Heródoto y en nuestro autor.

100 Registramos la posibilidad de que, según EDMONDS (Lycra graeca I, pág. 236) podamos tener aquí una expresión tomada del poema citado de Safo. La forma no ática látha podría ser un buen argumento.

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30 yanvar 2026
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9788424932565
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