Kitabı oxu: «Cinco escritos sobre el uso de Ayahuasca en Psicoterapia»

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Cinco escritos sobre el uso de Ayahuasca en Psicoterapia

Cinco escritos sobre el uso de Ayahuasca en Psicoterapia

Domingo Nanni



Nanni, DomingoCinco escritos sobre el uso de ayahuasca en psicoterapia / Domingo Nanni. - 1a ed. - Paraná : Editorial Fundación La Hendija, 2021.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-8472-09-61. Psicoanálisis. 2. Psicoterapia. 3. Medicina Tradicional. I. Título.CDD 150.195

Primera edición en formato digital:

Invierno de 2021

I.S.B.N.: 978-987-8472-09-6

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Diagramación: Laura Martincich

Digitalización Proyecto451

I.S.B.N.: 978-987-8472-09-6

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

Índice de contenidos

1  Portada

2  Prólogo

3  1. Breve introducción al uso de psicoactivos en el contexto de la psicoterapia psicoanalítica

4  2. El uso de Ayahuasca en el contexto de la clínica psicoanalítica: una introducción

5  3. Psicoterapia y Ayahuasca. Reflexiones sobre el tema: integración de la práctica psicoanalítica con una práctica de la Medicina Tradicional Indígena

6  4. El uso de Ayahuasca en Psicoterapia: una revisión

7  5. Consideraciones sobre Psicoterapia y Ayahuasca

Reconocimientos

A la muy querida memoria de mis padres:

Susana Carmen y Domingo Ildefonso.

A mis dos tesoros: Nicolás Federico y Ramiro Ivar.

A mis tres amores: Camila, Juan Ignacio y Manuel.

A la muy querida memoria de José María Willington.

A Guillermo Lancelle, Dalmiro Bustos y Ricardo Avenburg: con cariño y gratitud.

A mis queridos amigos Yaguarete Pora y Yashy Tata Vera: con cariño y gratitud.

A mis queridos amigos Armando Salzman, Laura Martincich, Dulce Bergesi y Roberto Dri: sin su estímulo, creo que jamás hubiese publicado estos escritos.

Prólogo

Me gustaría que los cinco escritos que aquí presento pudieran ser leídos como el intento más o menos logrado de una integración de prácticas: la psicoterapia de fundamentación psicoanalítica con la “Medicina tradicional indígena amazónica”; y más específicamente: el uso del psicoactivo natural de origen vegetal Ayahuasca, en el contexto de la terapia psicoanalítica.

El uso de psicoactivos (LSD, Mescalina, Psilocibina) en la práctica de la clínica psicoanalítica, tuvo lugar en nuestro país en las décadas de los cincuenta, de los sesenta y hasta el inicio de los setenta. En el año 1971 su uso fue prohibido por decreto emanado del Ministerio de Acción Social de la Nación.

En contraste, el uso de psicoactivos en contextos ceremoniales y con propósitos de sanación, ha sido practicado (y lo sigue siendo) desde hace milenios en prácticamente todo el mundo. Hay evidencias del uso de Ayahuasca en la región amazónica desde hace por lo menos, cinco mil años.

La propuesta de una integración de prácticas –por distintos motivos– no es una tarea sencilla. En primer lugar, porque debe ser estudiada de manera reflexiva y crítica desde diferentes puntos de vista: filosófico-antropológico (considerando las cosmovisiones de las diversas etnias que preparan e ingieren Ayahuasca en contextos ceremoniales de sanación); biológico (principios químicos activos y su incidencia en el organismo humano) y psicológico (teoría psicoanalítica); y también (a mi criterio fundamentalmente) sometiendo a evaluación y estudio la práctica clínica y sus resultados en la que tiene lugar el uso de Ayahuasca. Es evidente que semejante tarea está fuera de las posibilidades de una sola persona.

En consecuencia, los escritos que aquí presento conviene que sean considerados –en principio– como el informe provisorio de una actividad –basada en mi experiencia personal y profesional– que, en mi opinión, merece la atención y el estudio desprejuiciado y riguroso de todos aquellos colegas que se sienten interesados en prácticas con objetivos psicoterapéuticos, es decir, al servicio del cuidado y de la salud de las personas.

Paraná, Noviembre de 2014

1

Breve introducción al uso de psicoactivos en el contexto de la psicoterapia psicoanalítica

Paraná, octubre de 2012

“De vez en cuando el poeta –y seguramente muchos otros hombres– siente la necesidad de olvidar durante un rato las simplificaciones, sistemas, abstracciones y otras mentiras totales o parciales y contemplar el mundo tal como realmente es, es decir, no como un sistema de conceptos muy complicado, pero en definitiva descifrable y comprensible, sino como la selva virgen de misterios sobrecogedores, siempre nuevos y totalmente incomprensibles que es en realidad.”

Hermann Hesse

0.0. Introducción

Con el genocidio de pueblos originarios americanos, la destrucción de sus obras culturales y la destrucción casi sistemática de sus conocimientos ancestrales, la civilización occidental se ha visto tristemente privada de un saber enormemente rico, vasto y profundo. Completa su tarea, hasta nuestros días, la crítica distorsionadora y descalificadora que lleva a cabo una buena parte de la ciencia oficial, basada en la ignorancia y en el arraigado y soberbio etnocentrismo occidental.

Afortunadamente, tenemos la impresión que estas cosas, lenta y progresivamente, están cambiando en cada vez más vastos sectores de la sociedad, tanto de profesionales (médicos, psicólogos, antropólogos, sociólogos, arquitectos, educadores…) como de no profesionales. Y esto es bueno, para nosotros, al menos por dos motivos muy importantes. El primero y fundamental, por poder comenzar a dar ese paso de auto-corrección a partir de poder reconocer el error en el que nos hallábamos inmersos. Poder ser sinceros con nosotros mismos no es una mala práctica. El segundo motivo da lugar también a un beneficio inmediato: nos encontramos –con menores condicionamientos– en la situación inmejorable de poder nutrirnos libremente de prácticas y de conocimientos acerca de los cuales –muchos de nosotros– ignorábamos casi todo.

Aquí, voy a referirme exclusivamente a un sector muy limitado de prácticas y de conocimientos correspondientes a lo que podemos llamar “Medicina Tradicional Indígena”, o propio de algunos pueblos originarios americanos; y más específicamente, al uso del brebaje psicoactivo conocido como Ayahuasca, Marirí o Yagé, según la región geográfica y las etnias que lo emplean en sus actividades de sanación.

0.1. Un poco de historia

“Feliz el que no insiste en tener razón, porque nadie la tiene o todos la tienen.”

J. L. Borges

…”podemos muy bien decir que una teoría es, en primer lugar, una manera de formarse una idea, es decir, una manera de mirar el mundo, y no una forma de conocimiento de lo que es el mundo.”

David Bohm

En las décadas de los cincuenta y sesenta y unos pocos años de los setenta –algo que es desconocido por muchos médicos y psicólogos argentinos– en nuestro país, un grupo de psicoanalistas (María Luisa Alvarez de Toledo, Alberto Fontana, Alberto Tallaferro… entre otros) incluyeron en su trabajo clínico el uso de algunas drogas alucinógenas como coadyuvantes de los tratamientos psicológicos que llevaban a cabo (LSD, Mescalina, Psilocibina) tanto en contextos individuales como en contextos grupales. En aquél entonces, las autoridades de la institución a la que pertenecían, les dieron a optar por seguir perteneciendo a la institución abandonando la actividad psicoterapéutica con el empleo de drogas, o bien, renunciar a la institución. Algunos de ellos, se alejaron de la institución, continuando con sus actividades clínicas y de investigación. Esta actividad tocó su fin cuando el ministro de Bienestar y Acción Social de la Nación, Francisco Manrique, en el año 1971, decretó la prohibición del uso de drogas alucinógenas en el contexto psicoterapéutico, entiendo que haciéndose eco de idéntica medida tomada en los Estados Unidos. (Una brevísima reflexión: más allá de los diversos motivos invocados para tomar tal decisión, ¿qué hubiese ocurrido de tomar idéntica determinación con el uso del Clorhidrato de Cocaína en la práctica quirúrgica oftalmológica, o de la Morfina en el tratamiento del dolor en pacientes terminales?).

Aunque el uso de alucinógenos era ampliamente conocido desde mucho tiempo atrás (milenios) en diversas regiones del mundo y en todos los tiempos, fue Stanislav Grof quien en los comienzos de la década de los años sesenta popularizó su empleo sistemático –en el mundo occidental– en lo que podemos llamar un “contexto psicoterapéutico”, en los Estados Unidos, país al que había emigrado desde Checoslovaquia, su país natal.

Mientras tanto, el mundo occidental, que no ignoraba el uso de plantas psicoactivas por pueblos originarios en contextos ceremoniales, como parte importante de sus muy arraigadas creencias espirituales (ingesta de peyote, hongos psilocíbicos, Ayahuasca, etc.), prácticamente se había negado y se negaba a reconocer las similitudes de ambas prácticas: la que tenía lugar en el “contexto ceremonial” (chamánico) y la que tenía lugar en el “contexto psicoterapéutico”. Es más: al mismo tiempo que se hacía lo posible por fundamentar el uso de sustancias psicoactivas en el campo de la psicoterapia psicoanalítica (entre otros), simultáneamente, se rechazaba, se criticaba su empleo en contextos ceremoniales; o se intentaba sostener una actitud “comprensiva” –desde una posición de superioridad intelectual– frente a costumbres. “inocuas”, en el mejor de los casos. Un sencillo ejemplo: desde el pensamiento occidental se puede considerar que el uso de psicoactivos está en condiciones de contribuir nítidamente a una saludable apertura de la conciencia, de la vida anímica de las personas, a sus “realidades psíquicas”, y en consecuencia, a la “salud mental” y la madurez personal; todo esto –y más– basado en nuestras propias “creencias”, en nuestras propias teorías, que en cierta medida suponemos bien fundadas. Simultáneamente, desde nuestro propio punto de vista (científico, “occidental”) hemos considerado –y en alguna medida seguimos considerando– que el uso de psicoactivos por parte de pueblos originarios (aquí cabría decir lisa y llanamente “primitivos”, con toda la carga de subestimación y descalificación que el término puede connotar) es falaz, desacertado, en la medida que persigue fines que, nosotros occidentales, suponemos completamente “ilusorios”, ajenos, “contrarios a la realidad” material y psicológica que tenemos a partir de nuestra propia cosmovisión. Para dar un solo ejemplo: esto resulta evidente en un tema tan controvertido como lo es la actitud hacia la propia muerte. Dicho de un modo totalmente esquemático (pero que merece una reflexión profunda): en tanto que el uso de sustancias psicoactivas podría tener por finalidad contribuir a la “lógica aceptación” de nuestra propia finitud física, psicológica y espiritual en el contexto de prácticas psicoterapéuticas, en el contexto de prácticas ceremoniales, desde nuestro punto de vista occidental, el uso de sustancias psicoactivas parecería apuntar –por el contrario– a la “negación”, a la no admisión de la muerte personal como un hecho definitivo e irreversible, lo que es concebido entonces, como una muestra objetiva y palpable de un error al servicio de una vida basada en la ilusión, no en “la realidad”; en definitiva, en distorsiones de la vida psicológica de las personas, limitadas o carentes de las suficientes capacidades para reconocer y aceptar lo que de hecho, deberían estar en condiciones de poder reconocer y de aceptar. Dicho sea de paso, este punto de vista (haciendo uso del esquema “evolutivo” que define y caracteriza los estadios animista, religioso y científico) correspondería al llamado “punto de vista científico” en occidente, supuestamente más avanzado y “superador” de la mentalidad animista, “primitiva”.

Esto es, como mínimo, injusto… e ingenuo. Que los occidentales hagamos uso de sustancias psicoactivas para “descubrir”, para reconocer en nosotros mismos nuestras propias creencias, para reafirmar nuestras propias creencias, no tiene ninguna diferencia con el intento de pueblos originarios (y de muchísimas personas en nuestra propia civilización) por reafirmar sus propias creencias en la existencia de un “más allá”, de mundos y de submundos poblados de seres espirituales… etc. (Concretamente, ¿en qué difiere llegar a la conclusión y decir, en el contexto psicoterapéutico, “el inconsciente existe”, o bien, en el contexto chamánico, llegar a la conclusión y decir “los espíritus existen, y son el motivo de tal o cual fenómeno?”). En este caso concreto, conviene admitir que, ambas prácticas, en principio, no difieren. En ambos contextos, “sagrado” y “profano”, parecería ser que lo que pretendemos es poder llegar a vivir en un sincero y sentido acuerdo con nuestras propias creencias (lo que podemos considerar saludable para todos y para cualquiera), lo que, además de no conflictivo desde el punto de vista personal, reconcilia con la identidad y la pertenencia a la comunidad en la que nos hallamos inmersos. (Aquí, una breve reflexión: ¿no percibimos acaso la tensión en la que muchos de nosotros –no digo todos– nos encontramos tantas veces entre lo que llegamos a considerar “irreconciliables” sentimientos religiosos, espirituales, y nuestros (también) “sentimientos-pensamientos” provenientes del llamado discurso científico?).

Entiendo que en la base de todo este “malentendido”, se encuentra otro malentendido fundamental. Me parece que, en general suele denominarse “creencia” a aquellos conocimientos que se consideran “no probados”, en contraste con aquellos otros conocimientos que se suponen “probados” y que denominamos, en consecuencia, “científicos”. Probados o no probados, lo que llamamos conocimientos, todos sabemos que forman parte en primer lugar de lo que, en rigor, son “creencias”. Esto resulta muy evidente si conseguimos “tomar distancia temporal” de lo que concebimos como propio del conocimiento científico. Todos sabemos –pero a veces podemos “olvidar”– que lo que fue “conocimiento científico” hace tal o cual cantidad de años. hoy, en nuestra época, dejó de serlo. Y no tenemos motivos fundados para pensar que esto no seguirá siendo así con el correr de los años. Lo que hoy consideramos “conocimientos científicos probados”, seguramente dejarán de serlo en un futuro más o menos lejano. o cercano. Uno de los motivos, sí, que sostiene tamaña pretensión de permanencia eterna de los conocimientos llamados científicos, es nuestra propia necesidad muy humana por cierto, de vivir allende del misterio, de las incertidumbres.

0.2. El uso de Ayahuasca en contextos ceremoniales

“Aunque entrenado en la mejor institución botánica de los Estados Unidos, Richard Schultes, después de un mes en el Amazonas, se sintió cada vez más como un principiante. Los nativos sabían mucho más. Había ido a América del Sur porque quería encontrar los dones del bosque pluvial: las hojas que curan, las frutas y semillas que nos proporcionan los alimentos que consumimos, las plantas que podían transportar a una persona a reinos más allá de la imaginación. Pero también había descubierto que al develar los conocimientos indígenas, su tarea no era sólo identificar nuevas fuentes de riqueza, sino comprender una nueva visión de la vida misma, una manera profundamente diferente de vivir…”

Wade Davis

“La antigua sabiduría puede aportar algo al mundo del mañana, y este precioso obsequio es el conocimiento de las plantas enteogénicas y su uso. Codificadas en los genes de las plantas enteogénicas se encuentran las instrucciones para la biosíntesis de moléculas que nos pueden abrir a la maravilla y al misterio inherente al universo y a nosotros mismos, con la antigua sabiduría tan rápidamente eclipsada por el brillo de nuestro conocimiento moderno, pero habitando aún en cada corazón y alma humanos, a la espera de una sustancia química o alguna otra llave para desplegarse. La Ayahuasca ha sobrevivido, más que ninguna otra droga enteogénica que conozcamos, a los ataques de la alfabetización y la aculturación hasta encontrar su propio puesto en el Nuevo Orden.”

Jonathan Ott

“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha.”

Victor Hugo

“No se debe molestar a los espíritus sin una razón poderosa y, sobre todo, destinada a ayudar a los demás, y no en provecho propio.”

Hénaka Sapa (Alce Negro)

Existe evidencia del uso de Ayahuasca en algunas regiones de la selva amazónica desde hace, por lo menos, cinco mil años.

Ayahuasca es el nombre quechua con el que se designa –sobre todo en Perú– la pócima, brebaje, o simplemente “infusión”, producto de la recolección y cocción de por lo menos dos plantas amazónicas. En Brasil suele denominarse “Marirí”, y en Colombia, “Yagé”. En la lengua guaraní se la designa “Caapí”. En Argentina hemos adoptado mayoritariamente la designación quechua de Ayahuasca.

En el idioma quechua, Ayahuasca significa “enredadera de las almas”, o también “la liana que nos conecta con los muertos”. Adoptemos la definición que adoptemos, lo importante es comprender que la designación se corresponde íntimamente con la cosmovisión animista propia de las comunidades que han hecho y hacen uso de Ayahuasca en contextos ceremoniales. Ayahuasca es entonces, fundamentalmente, el espíritu muy real y muy vivo que nos posibilita a los hombres la comunicación con otros espíritus, sobre todo, con el espíritu de los muertos, de los que ya no están entre nosotros, principalmente de nuestros ancestros, con toda su sabiduría.

En efecto: se considera animista a la cosmovisión que implica la creencia en la existencia del “espíritu” en todo tiempo y en toda forma material, sea esta orgánica o inorgánica. Así, no solamente los seres humanos poseemos entonces un espíritu (un espíritu humano que “tenemos” en vida y que nos sobrevive después de la muerte biológica) sino toda otra forma orgánica animal o vegetal. Los animales tienen espíritu (el espíritu del Jaguar, el espíritu de la Serpiente), las plantas tienen espíritu (el espíritu del Peyote, el espíritu del Toé). Pero también los objetos que los occidentales –en acuerdo con nuestra propia cosmovisión “no animista”– denominamos “inanimados” (sin alma). Las piedras tienen su propio espíritu, los lugares tienen sus propios espíritus (la laguna, la montaña, el bosque, el río, la cascada, la lluvia, el sol, la luna, el trueno, el fuego, la mañana…), y por supuesto, la tierra, que está viva, que está animada. En ese sentido, la tierra, que es dadora, que es creadora, es femenina: es “la Madre tierra”. El Universo tiene su propio espíritu, y está vivo.

Otro aspecto que forma parte del sistema de pensamiento animista, es el carácter sagrado de todo lo vivo. Esto es consecuencia de la presencia viva del espíritu. No se trata solamente entonces de “respeto”, sino también de veneración. Implica una actitud mítica reverencial ante la vida, ante la presencia del espíritu.

Desde un punto de vista “materialista” (en este caso como “no-animista”) el brebaje Ayahuasca es entonces el producto de la cocción de por lo menos dos plantas: Ayahuasca, que es una liana, y de Chacruna (o Chacuruna). El nombre “científico” de Ayahuasca es “Banisteriopsis Caapí”; el de Chacruna, “Psychotria Viridis”. Con ambas, en partes iguales, se elabora la pócima Ayahuasca. De la liana, se hace uso del tronco de la planta. Se los “machaca” y se los mezcla con las hojas de Chacruna. En un recipiente con agua, se los somete a cocción durante varias horas (dos, ocho y más). Del tiempo de cocción dependerá la densidad del producto y la concentración de sus componentes químicos, y en consecuencia, de su poder psicoactivo.

El poder psicoactivo de la pócima Ayahuasca depende, naturalmente, para nosotros, occidentales, de los “principios químicos activos” de las plantas que la componen.

Las hojas de Chacruna contienen di-metil-triptamina (DMT) una hormona que produce nuestro cerebro naturalmente y que tiene la cualidad de ser psicoactiva. La DMT ingerida oralmente no tiene efectos psicoactivos debido a que resultan inhibidos en su potencial por la presencia natural, en el aparato digestivo, de la enzima monoamino oxidasa (MAO). Por otra parte, la liana Ayahuasca es rica en alcaloides del tipo betacarbolino. El betacarbolino más importante de esta planta es la Harmina. Este componente (la harmina) es un eficaz inhibidor de la MAO. En conclusión, al resultar inhibida la MAO, no se produce la inhibición de la DMT. La DMT puede acceder entonces, una vez digerida, al cerebro vía torrente sanguíneo.

Retomando el punto de vista de la cosmovisión chamánica, tanto la recolección de las plantas como la cocción del brebaje, tienen lugar en actitud ceremonial. Para cortar las lianas, para cortar las hojas, el ayahuasquero “pide permiso” al bosque y a las plantas. La recolección tiene un sentido que es valorado no solo por quien ejecuta la tarea de la recolección; la valoración es de toda la comunidad. Las plantas serán empleadas para producir la “medicina” que alivia el sufrimiento humano. Al retirarse del bosque, el ayahuasquero agradece y en lo posible realiza una ofrenda material, por ejemplo, arrojando sobre la tierra un poco de tabaco. Dicho sea de paso, el tabaco, en la cosmovisión indígena amazónica, es una planta maestra muy importante, quizá la más importante de todas.

De igual modo que en la recolección de las plantas, la cocción se realiza también con un sentido ceremonial. Durante el tiempo de cocción se hacen oraciones y se canta (“icarea”) al preparado. En todo momento el ayahuasquero se encuentra “en presencia” del espíritu de las plantas, en presencia del espíritu del brebaje, de Ayahuasca.

Las ceremonias en las que se ingiere Ayahuasca, suelen tener lugar durante la noche, aunque esto difiere en distintas regiones de Amazonas y también, en las distintas etnias. Estas diferencias son también muy notables en relación al modo, a las formas como se desarrollan las ceremonias. Una descripción pormenorizada de usos y costumbres excede a la intención de una introducción al tema.

En cambio, sí me parece importante tener en cuenta que al hablar en términos de “Ceremonia”, consideramos el “hecho sagrado” que preside el ritual. Lo central, lo esencial es la presencia del espíritu de Ayahuasca. A él se dirige el Sanador, orando, icareando, invocando, pidiendo, rogando… por la presencia del espíritu de Ayahuasca y su intervención. El Sanador es un mediador. La sanación llega de la mano del espíritu de las plantas, de Chacruna y de Ayahuasca.

Aunque difiere notoriamente en las distintas regiones y en las distintas etnias, la cosmovisión chamánica comparte en general –y para decirlo de un modo sumamente sencillo y esquemático– una creencia referida a la organización “espacial” de los espíritus que habitan el universo. Así, como mínimo, se reitera la idea de la existencia de por lo menos tres dimensiones (o niveles): la del mundo terrenal en el que vivimos, en el que habitan todos los espíritus de todos los seres: de hombres, animales, plantas, lugares… Un supra-mundo (ubicado espacialmente “arriba”, por encima del mundo en el que habitamos) en el que se hallan los espíritus fundamentalmente poderosos (con poderes especiales) y benéficos; y un sub-mundo (ubicado espacialmente “por debajo” del mundo que habitamos) en el que se encuentran los espíritus de los muertos y otros, también poderosos, pero animados por “hacer el mal”.

Parece evidente que esta forma de representar, de pensar “el cosmos”, a la vez que definir espacios y contenidos, implica un movimiento, una dinámica de interacción de fuerzas, de potencias tanto “benignas” como “malignas”, luchas y conflictos de “dioses” y “demonios”. Esta creencia es solidaria, como consecuencia, con las concepciones acerca de qué cosa es eso de la “salud” como también de qué cosa es eso de la “enfermedad”. Así, apelando una vez más a este grosero y simplificador esquematismo, reconocemos en la enfermedad el triunfo y el imperio de las fuerzas malignas, de las potencias demoníacas, al tiempo que puede definirse la acción de la “sanación”, de la recuperación de la salud, como la erradicación de esas fuerzas (espíritus) malignas como consecuencia del proceso inverso: el triunfo y el imperio de las potencias benignas. Desde este punto de vista, el Chamán, “hombre de poder”, capaz de convocar a los seres espirituales de “hacer el bien” –de erradicar a la enfermedad y promover la recuperación de la salud– es concebido como un mediador; por ejemplo: en el contexto de una Ceremonia, “convidando” Ayahuasca a los presentes y convocando a la intervención de su espíritu-sanador ancestral.

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
23 oktyabr 2025
Həcm:
301 səh. 3 illustrasiyalar
ISBN:
9789878472096
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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