Kitabı oxu: «La linfa y su drenaje manual»

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LA LINFA

y su drenaje manual

NOTA IMPORTANTE

En ocasiones, las opiniones sostenidas en los Libros de Integral pueden diferir de las de la medicina académica. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica profesional. Aunque se considera que los consejos e informaciones son empíricamente correctos y ciertos en el momento de su publicación, ni el autor ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.

La linfa y su drenaje manual

© Frederic Vinyes, 2012

© de esta edición: RBA Libros, S.A.

Avda. Diagonal, 189-08018 Barcelona

www.rbalibros.com

rba-libros@rba.es

Realización editorial: Bonalletra Alcompas, S.L.

Ilustraciones: Montse Vilarnau

Fotografías de los paso a paso de las partes cuarta, quinta y apéndice: Josep Maria Fabregà

Diseño y maquetación de tripa: Xavier Peralta

Primera edición en esta colección: noviembre 2012

Reservados todos los derechos.

Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida por ningún medio sin permiso del editor.

Ref. OEBO955

ISBN: 9788491180173

FREDERIC VINYES

LA LINFA

y su drenaje manual


A

Gertrud Reiners y Emil Vodder

in memoriam

un día nevado de invierno del 78 en Frankfurt.

En todas las vidas hay días gloriosos, decisivos para nuestro destino. A veces afloran con ternura en la intimidad de nuestros recuerdos.

CONTENIDO

Cómo usar este libro

Introducción

El sistema circulatorio sanguíneo

PRIMERA PARTE

El sistema linfático

Antecedentes históricos

Los órganos linfáticos

Los vasos linfáticos

Los ganglios linfáticos

La linfa

SEGUNDA PARTE

Los edemas

Localización de los edemas

Origen de los edemas

Clasificación de los linfedemas

Evolución clínica de los linfedemas

La respuesta del cuerpo a una linfostasis

El tratamiento de los linfedemas

TERCERA PARTE

Indicaciones del Drenaje Linfático Manual (DLM)

El DLM en estética

Indicaciones médicas

Contraindicaciones

CUARTA PARTE

La práctica del DLM

DLM y masaje corporal

Efectos del DLM sobre el organismo en general

Generalidades sobre las manipulaciones

Particularidades de las diversas manipulaciones

QUINTA PARTE

DLM de las partes del cuerpo

Tratamiento de las diversas partes del cuerpo

Cuello

Cara

Nuca

Brazo

Pierna

Vientre

Pecho

Espalda

Zona glúteo-lumbar

APÉNDICE

Autotratamiento con DLM en trastornos de cara, cabeza y cuello

Autotratamiento con DLM en trastornos localizados en el tronco y las extremidades

Bibliografía

Cómo usar este libro

Esta obra ha sido escrita y diseñada para que el aprendizaje del Drenaje Linfático Manual resulte lo más fácil y cómodo posible, de ahí que en ella se haya cuidado con especial mimo la claridad del texto y la información visual. Su autor, el doctor Frederic Vinyes, tiene una larga experiencia en medicina natural, tanto en la docencia como en la práctica médica y en la redacción de obras divulgativas —son bien conocidos sus manuales de hidroterapia y de reflejoterapia podal.

Las tres primeras partes del libro («El sistema linfático», «Los edemas» e «Indicaciones del DLM») constituyen la teoría del Drenaje Linfático Manual. Las dos siguientes forman la parte práctica, explicada con fotografías paso a paso de los diversos movimientos y con símbolos gráficos que agilizan la lectura.

Los símbolos empiezan a utilizarse en la cuarta parte («La práctica del DLM», pág. 107); con ellos se describen las manipulaciones básicas del Drenaje Linfático Manual. Su utilidad es la de reforzar la información aportada por las fotografías. Los símbolos son los siguientes:


La quinta y última parte («DLM de las partes del cuerpo», pág. 127) describe el drenaje linfático de las diversas zonas corporales. En ella se ha seguido también un sistema gráfico que permite recapitular fácilmente los pasos. En el comienzo de cada zona corporal aparece un dibujo como el que reproducimos, donde cada uno de los numeritos refleja la secuencia que debe seguirse en la manipulación. En el texto que sigue al dibujo, las explicaciones de cada paso se inician precisamente con ese número escrito en grande. En ellas se resaltan las manipulaciones con su signo correspondiente.


Introducción

Desde tiempos del gran Hipócrates (460-377 a. C.) se conoce la existencia de una especie de «sangre blanca» en el cuerpo humano. El venerado padre de la medicina occidental se refería sin duda a la linfa intestinal, que habitualmente presenta un aspecto lechoso después de haber comido. Aristóteles, otro gran personaje de la Antigüedad que, aparte de afamado filósofo, también fue médico, cita en sus escritos la existencia de un «líquido incoloro», refiriéndose al aspecto más generalizado que tiene la linfa en nuestro organismo.

La linfa es el líquido que contienen en su interior los vasos linfáticos. Todos ellos forman en su conjunto el sistema vascular linfático, que resulta básico para la supervivencia y salud del cuerpo humano.

Además de este sistema vascular linfático existen una serie de estructuras (órganos) linfáticas que desempeñan una misión básicamente defensivo-inmunitaria. Todo ello forma el sistema linfático (orgánico y vascular), y la ciencia que lo estudia es la linfología.

No obstante, a diferencia del gran desarrollo médico que ha alcanzado la angiología (estudio de los vasos sanguíneos arteriales y venosos), el nivel de conocimientos que durante muchos años se ha tenido de la circulación linfática ha sido más bien pobre, hasta que gracias a las modernas técnicas de investigación podemos decir que en la actualidad se conoce bastante bien el sistema linfático, tanto en sus aspectos inmunológicos, como los propiamente vasculares y transportadores de la linfa.

A pesar de ello, el conocimiento del sistema vascular linfático es bastante superficial, incluso para la mayoría de la clase médica del país, ya que en los planes de estudio de medicina se aborda de una forma bastante simple. Por todo ello no debe extrañarnos que muchos médicos muestren todavía un cierto escepticismo al oír hablar de una terapia manual (tan poco apreciadas en general) que actúa sobre el sistema vascular linfático (tan poco conocido en su estructura y funciones).

Si bien el Drenaje Linfático Manual (DLM) fue descubierto de forma intuitiva y un poco visionaria por Emil Vodder y durante muchos años fue considerado un método alternativo o marginal, es decir, no académico, en la actualidad goza ya de una base científica bien estructurada, gracias a los años de investigaciones que médicos y profesores universitarios —como M. Földi, S. Kubik, A. Castenholz, A. Gregl, J. R. Casley-Smith, entre otros— dedicaron a este tema.

Entendemos por DLM la activación manual del drenaje de líquido intersticial, a través de hendiduras microscópicas en los tejidos (canales prelinfáticos), y de linfa, a través de los vasos linfáticos.

El conocimiento de esta técnica requiere saber y entender no solo los aspectos teóricos del método, sino, ante todo, aprender bien las manipulaciones prácticas, tan diferentes a las del masaje clásico convencional.

El DLM está indicado en el tratamiento de una gran cantidad de trastornos, y es especialmente útil ante estados edematosos (hinchazones) que básicamente tengan un origen linfático (linfedemas). En otros casos, el DLM es una terapia complementaria, de apoyo o acompañante, en campos tan diversos como la traumatología, la dermatología, etc. Con el DLM podemos tratar con éxito desde pequeñas hinchazones (tenosinovitis, hematomas, acné, etc.) hasta grandes linfedemas (brazos, piernas, etc.), siempre que exista una posibilidad real de drenaje. En caso de grandes edemas (elefantiasis, por ejemplo) se hará preciso emplear también ciertas medidas de apoyo (Komplexe Physikalische Entstauungstherapie, que podríamos traducir como «tratamiento fisioterápico complejo, o multifactorial, de desestancamiento, o descongestión», al que nos referiremos como KPE) para conseguir resultados estables.

Hemos puesto el máximo interés en utilizar un lenguaje claro y preciso en este libro y en acompañar los textos de una gran cantidad y variedad de fotografías e ilustraciones, para así facilitar el aprendizaje del DLM tanto en su parte teórica como en sus aspectos prácticos. Creemos que la obra va a resultar de gran ayuda tanto para masajistas, esteticistas y fisioterapeutas, como para diplomados en enfermería y médicos interesados en conocer el DLM.

El planteamiento de la parte práctica se ha elaborado teniendo muy en cuenta aspectos de índole pedagógica. Evidentemente, el DLM no se aprende únicamente leyendo un libro, pero sí que es fundamental que este facilite la labor de aprendizaje. Se han abandonado algunas manipulaciones obsoletas del antiguo método Vodder, que tenían un valor más de apariencia que de drenaje linfático real. Se ha ordenado la superficie corporal en zonas o cuadrantes linfáticos, y estas, en partes anatómicas bien delimitadas. Se ha esquematizado además cada cuadrante linfático, destacando las manipulaciones fundamentales en cada caso, lo que facilitará la comprensión y la labor creativa de quienes deseen hacer uso del DLM. Al final de la obra se ofrece además una amplia bibliografía, así como información sobre las posibilidades de su aprendizaje.


El sistema circulatorio sanguíneo

Está formado por un sistema tubular cerrado —los vasos sanguíneos— que está conectado a un poderoso motor —el corazón— que impulsa entre seis y siete mil litros de sangre cada día a través del sistema.

Los vasos sanguíneos

Los vasos sanguíneos del sistema circulatorio tienen diferentes formas y funciones.

Las arterias llevan la sangre del corazón a los tejidos de nuestro organismo. Se van ramificando como las ramas de un árbol, disminuyendo su calibre a medida que se alejan del corazón. También la velocidad y la presión de la sangre en su interior se van haciendo menores cuanto más estrechas son. Poseen una capa envolvente de fibras musculares que les confieren un cierto grosor, resistencia y elasticidad, lo que les permite contraerse y relajarse según las necesidades de cada momento. Las más finas o estrechas se denominan arteriolas y se encuentran justo antes de los capilares sanguíneos, que son los vasos sanguíneos más finos que existen, con un diámetro entre 0,007 y 0,01 mm, un grosor inferior al de nuestros cabellos. Se hallan repartidos prácticamente por todo nuestro cuerpo. Hay tal cantidad en nuestro organismo que poniéndolos en fila darían unas cinco veces la vuelta a la Tierra. A través de ellos se verifica el paso de las sustancias nutritivas de la sangre a las células de los tejidos y de los residuos de estas a la sangre, que los transporta a los órganos de eliminación de nuestro cuerpo: intestino, riñones, piel, etc. Una parte de estos residuos y de líquido intersticial sale de los tejidos por vía linfática. Esta cuestión la trataremos más adelante en las páginas de este libro, evidentemente con mayor detalle.

El ejercicio físico aeróbico activa tanto la circulación sanguínea como la linfática.


SISTEMA CIRCULATORIO SANGUÍNEO

1.Sistema arterial

2.Sistema venoso

3.Corazón

4.Sistema vascular linfático

A los capilares les siguen las vénulas (venas de pequeño calibre) hasta terminar en las venas de gran calibre. Llevan la sangre de vuelta al corazón, excepto en la circulación pulmonar, en la que ocurre lo contrario. La sangre cargada de oxígeno y, por lo tanto, de color rojo vivo que llevaban las arterias ha ido cediéndolo a las células de los tejidos, a través de los capilares sanguíneos. También a través de ellos se ha ido cargando de dióxido de carbono (gas residual del metabolismo celular), por lo que la sangre del interior de las venas aparece más oscura y cargada de residuos. Las venas poseen unas paredes más delgadas y casi diez veces más elásticas que las arterias, lo que les permite almacenar una enorme cantidad de sangre sin que aumente apenas la presión en ellas. Esto explica por qué no siempre que acumulen mucha sangre (como sucede, por ejemplo, con las varices) se va a producir un aumento de la presión venosa suficiente para dar lugar a edemas (acúmulo de líquido en los tejidos), un aspecto que entenderemos mejor cuando nos ocupemos de las leyes de Starling (pág. 50).

Hemos citado el corazón como poderoso motor impulsor de la sangre, pero este fenómeno solo destaca en las arterias, arteriolas y en los capilares sanguíneos. Surge ahora la pregunta: ¿qué mecanismos permiten hacer regresar la sangre de las venas al corazón? La circulación de retomo en todas aquellas partes del cuerpo que están por debajo del corazón debe vencer la ley de la gravedad para llegar a él. Esto solo es posible porque las venas poseen en su interior unas válvulas que hacen que la sangre circule hacia el corazón y no en sentido contrario.

La sangre

Todos sabemos que la sangre es vital para nuestra existencia pues transporta desde gases (oxígeno, dióxido de carbono) a sustancias nutritivas, a la vez que agua, electrolitos, residuos metabólicos, proteínas, hormonas, elementos defensivos, etc.

Interviene decisivamente en la regulación del pH (acidez-alcalinidad) y de la temperatura corporales. Su volumen oscila entre cuatro y seis litros, lo que equivale a un 7-8 % del peso corporal. Está formada por una serie de células y corpúsculos en una proporción que oscila entre 40-46 % del volumen global de sangre (valor hematocrito). Son los siguientes:

•Hematíes o glóbulos rojos. Encargados de transportar oxígeno de los pulmones a las células de nuestro organismo, así como dióxido de carbono de estas a los pulmones. El color rojo de la sangre se debe a los hematíes que contiene.

•Leucocitos o glóbulos blancos. Desempeñan funciones defensivo-inmunitarias en el organismo.

•Plaquetas o trombocitos. Intervienen en los procesos de coagulación de la sangre.

•Plasma. Forma el resto de la sangre y está constituido por un 90 % de agua y entre un 6-8 % de proteínas, así como por las otras sustancias mencionadas. Recibe el nombre de suero sanguíneo el plasma sin un factor de coagulación, como es el fibrinógeno.

Mecanismos impulsores de la sangre

Los principales mecanismos impulsores de la sangre en las venas son fundamentalmente:

•La actividad muscular. Durante el ejercicio físico los músculos, al contraerse, comprimen la sangre del interior de las venas. Las válvulas venosas determinan que la sangre circule en un solo sentido, evitando su retroceso o reflujo. Durante la fase de relajación muscular, las venas vuelven a llenarse de sangre. Este fenómeno es especialmente importante en las piernas. Los músculos de las pantorrillas, concretamente los gemelos, desempeñan un papel decisivo. Para aprovechar al máximo su función impulsora de la sangre en las venas de las piernas, conviene ejercitar estos músculos andando a menudo y con un calzado sin tacones altos. También la natación resulta de gran ayuda.

•Los movimientos respiratorios. Sobre todo cuando los practicamos con cierta intensidad (ejercicios respiratorios). Su área de influencia es fundamentalmente la circulación venosa de tórax y abdomen. Durante la inspiración disminuye la presión dentro del tórax y aumenta la intrabdominal, lo que va a favorecer el retorno de sangre al corazón.


Los movimientos respiratorios profundos activan tanto la circulación venosa del tronco como la linfática.

•El efecto de la gravedad. Va a favorecer el retorno venoso en aquellas venas que están en partes del cuerpo situadas por encima del corazón.

•El efecto aspirante del corazón. Aunque al corazón se lo cita como una especie de bomba hidráulica impelente-aspirante, el efecto impulsor domina con mucho sobre el segundo, que es bastante débil.

•La pulsación de las arterias vecinas. Estas ejercen un efecto compresor débil, pero rítmico y constante, sobre las venas vecinas. Arterias, venas, nervios y vasos linfáticos suelen discurrir conjuntamente formando los llamados «paquetes vásculo-nerviosos» de los diferentes órganos de nuestro cuerpo.

Venas de las piernas

En las piernas distinguimos claramente dos capas de venas:

•Venas profundas. Circulan entre los músculos (venas intrafasciales) y junto a las arterias locales, aprovechándose de su efecto pulsátil y del efecto compresor de los músculos que las rodean.

•Venas superficiales. Circulan bajo la piel, por fuera de los músculos (venas extrafasciales), y no están influidas por el efecto compresor-impulsor muscular. Al no circular tampoco junto con arterias no van a poder aprovecharse del efecto pulsátil de estas. Por ambos motivos presentan un mayor número de trastornos (varices, por ejemplo) que las profundas. Para paliar en parte esta circunstancia nuestro organismo dispone de venas perforantes que comunican las venas superficiales con las profundas.


La marcha facilita la circulación venosa profunda, así como también la linfática.



Antecedentes históricos

El sistema linfático en su estructura y funciones ha sido un gran desconocido en la historia de la medicina hasta no hace muchos años. Los modernos avances tecnológicos como el microscopio electrónico, la tomografía computarizada o el desarrollo de especialidades médicas como la anatomía microscópica, la cirugía y la inmunología han permitido adentrarnos en un conocimiento más profundo del sistema linfático.

Ya en la Antigüedad se conocía parte del sistema linfático, aunque no se sabía cuáles eran sus funciones.

Hipócrates (460-377 a. C.) y más concretamente los escritos de los seguidores de su escuela (Corpus Hipocraticum) citan unos vasitos o conductos que llevaban «sangre blanca». Concretamente se refieren a los vasos linfáticos intestinales (vasos quilíferos), pues la linfa que proviene del intestino delgado, al estar cargada de partículas de grasa (quilomicrones), tiene un aspecto lechoso.


Aristóteles

Aristóteles (384-322 a. C.), el gran filósofo griego discípulo de Platón, médico y profesor de Alejandro Magno, ya citaba en su época la existencia de unos vasos que contenían un líquido incoloro, que es el aspecto habitual de la linfa.

Herófilos, otro médico griego de la famosa Escuela de Alejandría, escribía: «De los intestinos salen unos conductos (vasos) que no van a parar al hígado, sino a una especie de glándulas». Es lo que hoy conocemos como ganglios linfáticos.

Ya Hipócrates citaba en la Antigüedad unos vasos o conductos que llevaban “sangre blanca”, refiriéndose a los vasos linfáticos intestinales.

Del Renacimiento a nuestros días

Después de la apasionante época de la Antigüedad clásica pasaron casi dos mil años en los que en Occidente apenas se progresó en el campo de la medicina por culpa, fundamentalmente, de la iglesia católica, que prohibía las disecciones y estudios anatómicos en cadáveres. Hasta que en el siglo XVII, con los nuevos aires que trajo el Renacimiento, se redescubrió y se volvió a estudiar al sistema vascular linfático gracias a las aportaciones del italiano Gaspare Aselli (1581-1626), que en 1622 descubrió la existencia de unos vasos de aspecto lechoso en el intestino del perro, que apenas se distinguían cuando la vivisección se realizaba con el animal en ayunas, lo que le hizo relacionar el contenido de estos vasos con el proceso digestivo.


Gaspare Aselli

Por otra parte, en 1651 el francés Jean Pecquet (1622-1674) descubrió en un cadáver humano la existencia del conducto torácico (ductus toracicus) y una especie de receptáculo en su inicio, que se denominó cisterna chyli o cisterna de Pecquet, en honor a su descubridor.


Thomas Bartholin

Dos grandes figuras de su tiempo, el sueco Olf Rudbeck (1630-1702) y el danés Thomas Bartholin (1655-1738), fueron los primeros en relacionar todos estos descubrimientos parciales y en considerar al sistema vascular linfático como una unidad funcional. Rudbeck definía los ganglios linfáticos como «Glandulae aquosae», por el líquido claro que hay en su interior, mientras que Bartholin fue el primero en usar la denominación «Vasa lymphatica» (vasos linfáticos) y la de «Lympha» (linfa), para su contenido, por el aspecto limpio (limpidus) o de agua clara que tiene esta.

A finales del siglo pasado un profesor de cirugía austríaco, el doctor A. Winiwarter (1848-1917), desarrolló un método de tratamiento de los grandes edemas de las extremidades basándose en la triple combinación de un suave masaje en sentido proximal, la aplicación de medidas compresivas y la elevación postural de las extremidades afectadas, para favorecer el retorno linfático. No obstante, a pesar de conseguir buenos resultados, este método cayó desgraciadamente en el olvido al cabo de unos años.

El matrimonio Vodder

A principios de los años 1930 el matrimonio danés Emil y Estrid Vodder trabajaban como fisioterapeutas en Cannes, en la Costa Azul francesa. Gran parte de sus pacientes procedían de la húmeda y fría Inglaterra. La mayoría venían aquejados de enfermedades infecciosas crónicas de las vías respiratorias superiores (sinusitis, faringitis, rinitis, amigdalitis, etc.), atraídos por el clima soleado del Mediterráneo.

Lo que más sorprendía a Vodder era que a prácticamente todos ellos se les palpaban unos ganglios linfáticos del cuello hinchados y duros. Intuitivamente se le ocurrió que un suave masaje de estos ganglios mejoraría el estado de salud de aquellos pacientes crónicos, lo cual se confirmó ampliamente en la práctica. El doctor Vodder (1896-1986), a pesar de no ser médico, ya que pese a que había hecho algunos cursos de medicina, en realidad era doctor en filosofía, hizo un descubrimiento genial que ha constituido un gran avance dentro del campo de la medicina y de la estética.

Según él, la idea inicial del drenaje linfático se le ocurrió en sueños. Lo cierto es que atreverse a masajear ganglios cuando la medicina oficial de la época recomendaba no tocarlos merece cuanto menos la admiración de todos nosotros. Realmente masajear los ganglios linfáticos en una infección aguda en la que aparecen hinchados y dolorosos constituye una verdadera contraindicación, pero no así en la mayoría de afecciones de tipo crónico en las que la palpación ganglionar no es dolorosa. También hay que descartar que los glanglios se hallen afectados de ciertos procesos patológicos (tuberculosis, toxoplasmosis, tumores, etc.).

El matrimonio Vodder se dedicó entonces en cuerpo y alma a profundizar en las posibilidades del nuevo tipo de masaje desarrollado por ellos, naciendo así lo que hoy conocemos como DLM, y observaron cómo muchos trastornos de tipo médico y del campo de la estética (hinchazones y sus consecuencias) mejoraban de forma notoria con la práctica del DLM.

En la primavera de 1936 se presentó en París por primera vez el DLM, concretamente en un congreso sobre belleza («Santé et beauté») que se realizó en la capital francesa.

El doctor Vodder, como seguidor que fue de la medicina humoral en su sentido más clásico, le atribuyó a la linfa, en un principio, un papel nutritivo y regenerador de los tejidos del cuerpo que no se ajusta a la realidad, ya que la linfa es un líquido que transporta residuos y proteínas plasmáticas del medio intersticial, pero no tiene funciones nutritivas. No obstante, al activar la salida de linfa y de líquido intersticial encharcado mediante el DLM sí que mejora la «calidad» de los tejidos afectados, pero no porque los nutra mejor, sino, ante todo, porque los «limpia» mejor.

Estas inexactitudes por parte de Vodder y el hecho de no ser médico fueron motivo de prejuicios por gran parte de la clase médica durante muchos años, a pesar de que el DLM se mostraba como un excelente método en la práctica.

Estudios científicos

En un principio solo un grupo, si bien cada vez mayor, de masajistas y esteticistas, siguieron las enseñanzas de Vodder, hasta que no hace muchos años investigadores médicos como los profesores Földi y Kunke, en Alemania, Casley-Smith, en Australia y Collard, en Bélgica, entre otros, comenzaron a interesarse por el sistema vascular linfático y a estudiar los efectos del DLM a un nivel mucho más científico que el desarrollado por Vodder.

Yo tuve la oportunidad de conocer personalmente al doctor Vodder en Alemania a finales de la década de los 70. Realmente era una persona carismática, enormemente atractiva por su bondad y sencillez y, como la mayoría de los grandes personajes, con un excelente sentido del humor.

Si la aportación de Vodder con su DLM resulta interesante en el tratamiento de muchos trastornos, donde resulta verdaderamente insustituible es en el tratamiento de los edemas linfostáticos o linfedemas. Pensemos, por ejemplo, en la gran cantidad de mujeres que desgraciadamente han tenido que ser operadas de cáncer de mama y a las que se ha extirpado un pecho y los ganglios axilares correspondientes. Al cabo de un par de años muchas van a desarrollar un pertinaz edema (hinchazón característica) del brazo al que se quitaron los ganglios. La única forma no cruenta posible para resolver estos casos es justamente aplicar el DLM de forma sistemática. Por dicho motivo, en Alemania, la sanidad pública abona en la actualidad los tratamientos con DLM, siempre que los prescriba un médico y los realice un fisioterapeuta o un masajista profesional.


El autor con el doctor Vodder y esposa en Baden-Baden, en 1984, en el congreso anual de linfología celebrado en dicha ciudad.

La práctica actual

En los últimos años de su vida Vodder cedió la representación de su método a la escuela de Walchsee, en Austria, y al profesor Földi, en Alemania. La gran demanda de aprendizaje del DLM ha dado lugar a que aparecieran otras nuevas escuelas y variantes en la puesta en práctica del método, aclarando ciertos conceptos, simplificando y destacando lo esencial del DLM, haciéndolo más comprensible y facilitando su aprendizaje.

La práctica del DLM le debe mucho al Doctor Vodder, ya que no se entiende sin la figura de su fundador, pero esto no es óbice para que el DLM no pueda evolucionar y se modifiquen aquellos aspectos técnicos susceptibles de mejora. Así, por ejemplo, hay algunas manipulaciones ideadas por Vodder que no ejercen ningún efecto drenante y más bien están de adorno, por lo cual nos hemos decidido a seguir una técnica mucho más lógica y razonable pero, por supuesto, respetando la esencia fundamental de las manipulaciones del DLM. Por este camino conseguimos una mejor comprensión y un más fácil aprendizaje de este particular método de masaje.

Hasta hace relativamente pocos años, en el tratamiento de los grandes edemas solo se utilizaba el DLM. Actualmente el DLM se incluye en un concepto más amplio: el KPE (que, como ya hemos explicado en la «Introducción», son las siglas de Komplexe Physikalische Entstauungstherapie, que podríamos traducir como «tratamiento fisioterápico complejo, o multifactorial, de desestancamiento, o descongestión»), en la que se incluye el DLM complementado con vendajes compresivos, cuidados de la piel, ejercicios de kinesiterapia y tratamiento postural.

El objetivo principal de este libro es facilitar el aprendizaje del DLM separando el grano de la paja, y convertir al practicante de este método en un ser pensante y creativo sin dejarse obsesionar ni tener que aprender de memoria toda una compleja serie de pasos poco inteligibles, como ha sucedido hasta ahora en las escuelas más tradicionales.

El DLM es un excelente método que complementa otras terapias manuales, como el masaje corporal, la reflejoterapia podal y la quiropraxia, ya que su campo de indicaciones abarca trastornos a los que estas otras terapias no llegan. Con su aprendizaje, nuestras posibilidades terapéuticas van a hacerse mucho mayores.

Los órganos linfáticos

El sistema linfático está formado por una serie de órganos y un sistema tubular (vasos linfáticos), cada uno de ellos con estructuras y funciones bien diferenciadas. En los órganos linfáticos se forman unas células denominadas linfocitos, que desempeñan un papel fundamental en los mecanismos defensivos de nuestro organismo.


Linfocitos (células defensivas) vistos al microscopio.

La médula ósea

En ella se forman todas las células de la sangre (linfocitos incluidos). Se halla en la cavidad de los huesos. En un principio es roja y con la edad va siendo sustituida en parte por tejido graso (médula ósea amarilla). En la formación de células sanguíneas tiene especial interés la que se encuentra en el interior de las costillas, cuerpos vertebrales y esternón, así como en los huesos cortos de manos y pies.

El timo

Es un órgano de consistencia blanda situado detrás del esternón. Alcanza su máximo desarrollo al llegar a la pubertad (hasta unos 40 g de peso). Después, se atrofia progresivamente hasta alcanzar en la edad adulta un peso de unos 6 gramos, sustituido en buena parte por tejido adiposo. El timo ejerce una clara influencia sobre el desarrollo y maduración del sistema linfático y en la respuesta defensivo-inmunitaria del organismo. También parece influir en el desarrollo de las glándulas sexuales y en el crecimiento.

El bazo

Órgano situado en la parte superior de la cavidad abdominal (hipocondrio izquierdo), entre el estómago y el riñón izquierdo. Tiene unos 12 cm de largo y no llega a los 200 g de peso. Así como los ganglios linfáticos actúan como filtros depuradores de la linfa que pasa por ellos, el bazo actúa de forma parecida con la sangre que circula en su interior, filtrando, reteniendo y destruyendo los glóbulos rojos y otras células de la sangre cuando están deterioradas o demasiado viejas.


ORGANOS LINFÁTICOS

1.Amígdalas. Anillo linfático de Waldeyer (defensas inmunitarias para garganta y cavidad bucal).

2.Timo (linfocitos T).

3.Bazo (órgano inmunitario central en el sistema circulatorio sanguíneo).

4.Médula ósea roja (formación de células sanguíneas e inmunitarias).

5.Placas de Peyer (defensas inmunitarias en el intestino grueso y apéndice).

6.Ganglios linfáticos (estaciones de control del sistema inmunitario).

El bazo actúa también como órgano de depósito de sangre, cargándose de ella como si fuera una esponja y aumentando de tamaño. Ante un ejercicio físico intenso, los músculos necesitan un mayor aporte sanguíneo y para resolverlo, el bazo se contrae y manda sangre al torrente circulatorio, provocando una típica sensación de pinchazo («flato»), que nada tiene que ver con la formación de gases en el intestino.

El bazo también interviene en la formación de linfocitos. La sangre que sale de él lleva sesenta veces más linfocitos que la sangre que recibe. Por otra parte, actúa como depósito del hierro que liberan los glóbulos rojos destruidos. Destaca, así mismo, como órgano defensivo (fagocitosis y formación de anticuerpos, entre otras funciones), actuando de forma parecida, en este aspecto, a los ganglios linfáticos.

Los ganglios linfáticos

Por la estrecha relación que guardan con el sistema vascular linfático, en el que actúan como estaciones intermedias depuradoras, y de este con el DLM, nos ocuparemos de ellos con más detalle unas páginas más adelante.

Las amígdalas

Se trata de órganos formados por tejido linfoide, situados alrededor de la garganta, donde desempeñan funciones supuestamente defensivas por su constitución y por hallarse en la puerta de entrada de las vías respiratoria y digestiva.

El nombre de amígdala procede del griego (amygdale) y significa almendra, por su parecido a ellas. Según su localización distinguimos: dos amígdalas palatinas (las más conocidas), dos tubáricas (en la garganta, junto al orificio de entrada de las trompas de Eustaquio que, como sabemos, comunican con el oído medio), una amígdala faríngea (en la bóveda nasofaríngea) y otra lingual (en la base de la lengua).

Todas ellas, junto con tejido linfoide de las paredes laterales de la garganta, forman una especie de anillo defensivo, el anillo linfático de Waldeyer. En él los linfocitos entran enseguida en contacto con los gérmenes patógenos que hayan podido penetrar por la nariz o por la boca y de esta forma pueden desencadenar una pronta respuesta defensiva de nuestro organismo.

Los folículos linfoides de las mucosas

En ciertas mucosas como las que recubren interiormente el intestino y las vías respiratorias se encuentran unos acúmulos de tejido linfático (folículos linfoides) que en la zona del apéndice (vermicular) se agrupan formando las llamadas placas de Peyer.

El funcionamiento de los órganos linfáticos es poco influenciable por el DLM. No obstante, aunque no existen estudios rigurosos, hechos con la suficiente profundidad para demostrar científicamente que el DLM ejerce una influencia positiva sobre los mecanismos defensivo-inmunitarios del organismo, en la práctica son muchos los testimonios que atribuyen al DLM buenos resultados como método fisioterápico para mejorar la respuesta defensiva de las partes del cuerpo «tratadas» (garganta y amígdalas, sobre todo) especialmente en el caso de procesos infecciosos o irritativos crónicos. No olvidemos que al fin y al cabo la historia del DLM comenzó gracias a los buenos resultados obtenidos por Emil Vodder en el tratamiento de afecciones crónicas de las vías respiratorias superiores.


Colectores y ganglios linfáticos superfi ciales (amarillo), venas (azul) y arterias (color anaranjado).

Los vasos linfáticos

Aunque antiguamente ya se sabía de la existencia de grandes vasos o troncos linfáticos en el cuerpo, la anatomía y fisiología del sistema vascular linfático en su conjunto no se ha conocido con detalle hasta fechas bastante recientes, gracias al empleo de las más modernas tecnologías de investigación.


VÍAS LINFÁTICAS INICIALES

1.Capilares sanguíneos con glóbulos rojos en su interior

2.Capilares linfáticos

3.Precolectores linfáticos

4.Colector linfático

5.Canales prelinfáticos (en líneas de trazos)

Los vasos linfáticos se encargan de llevar la linfa que se forma en los tejidos hacia el sistema venoso, donde desemboca, concretamente en la base del cuello, en el ángulo formado por las venas yugular interna y subclavia (Terminus).

El sistema vascular linfático se adapta automáticamente a la cantidad de linfa que se forme. Si esta aumenta, aumentan también la frecuencia y la amplitud de las pulsaciones de los linfagiones, por lo que el sistema vascular linfático actúa a modo de válvula de seguridad o mecanismo compensador cuando se alteran los equilibrios de Starling, que veremos más adelante.

Los vasos linfáticos tienen diferentes formas, tamaños y funciones que vamos a exponer a continuación.

Canales prelinfáticos

En realidad no son vasos linfáticos, ya que les falta la forma y la capa endotelial que define a las estructuras vasculares, pero por su función conductora de la prelinfa (líquido intersticial) hasta los capilares linfáticos, los incluimos en este capítulo.

Se trata de pequeños canales entre las fibras y la sustancia fundamental del tejido conjuntivo que se encuentra entre los diferentes tejidos orgánicos, por los que se mueve esta prelinfa hacia los capilares linfáticos.


CAPILARES LINFÁTICOS

Están conectados entre sí y rodeados de filamentos que los sujetan a estructuras (fibras colágenas) del tejido conjuntivo intersticial.

Capilares linfáticos

Constituyen el inicio del sistema vascular linfático. Se hallan presentes prácticamente en todo el organismo, a excepción de la sustancia ósea, cartílagos, pelos, uñas y sistema nervioso central (cerebro, médula espinal, etc.).

Los capilares linfáticos tienen forma de dedo de guante y se hallan intercomunicados formando una especie de red tubular. Están constituidos por una capa de células endoteliales cuyos bordes ondulados se superponen ligeramente unos sobre otros como las tejas de un tejado.

Al igual que ocurre con los capilares sanguíneos, en condiciones normales de reposo gran parte de ellos están más o menos inactivos, ya que en esta situación el organismo lo permite. Pensemos que, normalmente, en todo nuestro cuerpo solo se forman de uno a dos litros de linfa; cifra que aumenta espectacularmente cuando se establece una situación de linfostasis o acúmulo de líquido en los tejidos.

Los bordes libres de las células endoteliales que forman la pared de los capilares linfáticos están sujetos a las fibras del tejido conjuntivo del entorno mediante unos filamentos. El hecho de que sea así permite que si aumenta la cantidad de líquido en el espacio intersticial, los capilares linfáticos presentes no se aplasten o colapsen, sino que una parte de los bordes celulares cedan y entre líquido en el interior de los capilares linfáticos, mientras que los bordes sujetos con los filamentos se mantienen firmes.

Esta especie de mecanismo de apertura y cierre (swinging flaps) permite una rápida entrada de la carga linfática al interior de los capilares linfáticos y de partículas de gran tamaño molecular (proteínas, restos celulares, etc.), que no podrían salir de otra manera de los tejidos donde se producen.

Los finos capilares linfáticos se comunican entre sí y con los precolectores linfáticos formando una especie de red, el plexo vascular linfático. Estas nuevas estructuras ya presentan en su interior válvulas que van a dar lugar a los linfangiones o angiones linfáticos.


Entrada de líquido intersticial al interior de un capilar linfático (cortado transversalmente).


Una vez se equilibra la presión del líquido de su interior (linfa) con la de su entorno (liquido intersticial), se cierran sus paredes y puede salir la linfa que contienen.


FASES SUCESIVAS DE LLENADO Y VACIADO DE LOS CAPILARES LINFÁTICOS

Diferencias entre capilares linfáticos y capilares sanguíneos

Capilares linfáticos

•Tienen forma de dedo de guante y constituyen los vasos linfáticos iniciales.

•Llevan linfa en su interior.

•Están formados por células endoteliales, superpuestas en sus bordes. Apenas hay en ellos membrana basal.

•Están sujetos a su entorno con filamentos que permiten la entrada de líquido y partículas de gran tamaño molecular.


CAPILAR SANGUÍNEO Y LINFÁTICO

Están rodeados de tejido conjuntivo intersticial, con sus fibras colágenas, elásticas y reticulares, fibroblastos y sustancia fundamental de relleno.

Capilares sanguíneos

•Tienen forma de tubo, son algo más estrechos que los linfáticos y se hallan entre arteriolas y vénulas.

•Llevan sangre.

•Están formados por células endoteliales envueltas por una consistente membrana basal.

•Carecen de estas estructuras y por lo tanto de cualquier tipo de abertura importante hacia su interior.


CAPILAR SANGUÍNEO

Está formado por células endoteliales (en su interior) con pequeños poros y una membrana basal que las envuelve.

Precolectores, colectores y angiones linfáticos

Conectados a la red capilar, existen unos vasos linfáticos con válvulas en su interior y con una estructura y funciones características. Por una parte, conducen la linfa hacia vasos de mayor calibre (colectores linfáticos), si bien en algunos tramos todavía conservan una función parecida a la de los capilares linfáticos. Se los denomina precolectores linfáticos.


llenado inicial


llenado final


contracción refleja

LINFANGIONES EN DIVERSAS FASES DE LLENADO

Linfangiones en diversas fases de llenado y expulsión de la linfa de su interior.

Tanto los precolectores como los colectores linfáticos poseen en su interior válvulas que en condiciones normales determinan que la linfa circule en la dirección y sentido adecuados y no en sentido contrario.

Recibe el nombre de linfangión o angión linfático la porción de vaso linfático existente entre dos válvulas consecutivas. Precolectores y colectores linfáticos están formados por un sinnúmero de linfangiones. Ello les confiere un aspecto de rosario con dilataciones y estrecheces (válvulas). Los linfangiones están rodeados en su parte central por finas fibras musculares lisas y receptores nerviosos que, cuando aprecian cierto grado de tensión o dilatación (como sucede, por ejemplo, al llenarse de linfa), se contraen automáticamente y así, de forma lenta, va desplazándose la linfa. Actúan, pues, como unidades funcionales a modo de pequeños y rudimentarios corazoncitos.

Con las manipulaciones de DLM se produce un estiramiento longitudinal y transversal de los angiones linfáticos, lo cual estimula su automatismo y, por lo tanto, su capacidad de transporte. Si aplicáramos masajes más vigorososos, como sucede, por ejemplo, con el masaje corporal, se produciría un espasmo reactivo que entorpecería el drenaje de la linfa. En condiciones normales, los linfangiones se contraen unas 10-12 veces por minuto, restando una pausa de llenado de 5-6 segundos cada vez. Evidentemente, cuando por alguna causa se produce un aumento del líquido intersticial (prelinfa) se incrementa automáticamente la actividad de los linfangiones para evitar que se mantenga esa alteración.

Entre los colectores más o menos próximos existen entre sí intercomunicaciones en forma de colaterales y ramas anastomóticas. Esta disposición anatómica posibilita el que la linfa de un determinado territorio pueda seguir caminos colaterales si encuentra algún obstáculo en su camino.

En caso de interrupción traumática (golpe, herida, etc.) de los colectores linfáticos, se interrumpe transitoriamente el flujo de la linfa y, si la lesión no ha sido muy amplia, se suele resolver espontáneamente al cabo de poco tiempo gracias a las intercomunicaciones antes citadas. Más problemática resulta la extirpación quirúrgica de un grupo ganglionar que recoge la linfa de todo un cuadrante linfático, como sucede tan frecuentemente en el tratamiento quirúrgico del cáncer.

El organismo trata de vencer todos estos obstáculos utilizando vías colaterales que sobrepasan la barrera ganglionar, si bien suelen ser poco numerosas y no en todas las personas están presentes. Así, por ejemplo, la linfa que sube por el brazo no toda va a parar a los ganglios de la axila, sino que una pequeña parte sube por colaterales que van directamente al Terminus por la zona deltoidea. Algo similar sucede con la linfa que sube por los linfáticos de la pierna y que no toda ella va a pasar por los ganglios de la ingle.


REPOSICIÓN DE LA CIRCULACIÓN LINFÁTICA ANTE UN IMPEDIMENTO (STOP)

1.Plexo linfático capilar de la piel

2.Precolector

3.Colector linfático

4.Fascia (cubierta) muscular

5.Plexo linfático fascial

6.Epidermis

7.Plano muscular

Otras veces, gracias a las redes capilares cutáneas y de las fascias (cubiertas) musculares, la linfa acumulada por un obstáculo en los colectores locales va a poder superarlo haciendo un rodeo, tal como se observa en la figura superior. Otra forma de reaccionar el sistema vascular linfático a su interrupción traumática es formando nuevos vasos linfáticos que unen las terminaciones vasculares libres que han quedado al interrumpirse su camino. No obstante, todas estas intercomunicaciones pueden no ser suficientes para que toda la linfa formada pueda pasar por ellas sin sufrir un entorpecimiento y originar un linfedema. En tales casos, el DLM constituye la elección más idónea para solucionar el problema.

Troncos linfáticos terminales

Entendemos como tales los grandes vasos linfáticos que recogen toda la linfa proveniente de las diferentes regiones del cuerpo. Al igual que sucede en los precolectores y colectores linfáticos, en su interior también hay válvulas. A través de ellos la linfa va a parar al sistema venoso, concretamente en los ángulos formados por las venas yugular interna y subclavia, a ambos lados de la base del cuello (Terminus).


VASOS (TRONCOS) LINFÁTICOS TERMINALES Y GRUPOS GANGLIONARES

1.Conducto torácico

2.Tronco linfático derecho

3.Cisterna chyli o de Pecquet

4.Tronco linfático lumbar derecho

5.Tronco linfático lumbar izquierdo

6.Tronco linfático intestinal

7.Ganglios ilíacos derechos

8.Ganglios ilíacos izquierdos

9.Ganglios inguinales

10.Diafragma

11.Ganglios intercostales

12.Ganglios supraclaviculares

13.Tronco linfático yugular

14.Tronco linfático subclavio

15.Tronco linfático bronquiomediastínico

16.Vena yugular interna

17.Vena subclavia derecha

18.Vena subclavia izquierda

Al Terminus izquierdo va a parar el conducto torácico (ductus thoracicus), mientras que en el derecho desemboca el conducto linfático derecho (ductus lymphaticus dexter), al que suelen ir a parar diversos troncos linfáticos que recogen la linfa de la parte superior derecha del cuerpo, como son básicamente los troncos yugular, subclavio y broncomediastínico derechos.

El conducto torácico es el mayor tronco linfático de nuestro cuerpo, con un grosor de alrededor de medio centímetro. Se forma a partir de la unión de los troncos linfáticos lumbares, que llevan la linfa procedente de las piernas y órganos del bajo vientre y del tronco intestinal, que recoge la linfa del intestino (quilo) con su característico aspecto lechoso. Estos grandes troncos linfáticos en la mitad de las personas investigadas se juntan en una especie de pequeño depósito (cisterna de Pecquet o cisterna chyli), el cual constituye el inicio del conducto torácico, a una altura entre la décima vértebra dorsal y la segunda lumbar. Suben en profundidad por delante de la columna vertebral y en su trayecto intratorácico van a parar vasos linfáticos que les llevan la linfa de la mitad izquierda del tórax.

Factores que determinan el movimiento de la linfa

Los factores que determinan la movilización de la linfa por el interior de los vasos linfáticos son fundamentalmente los que exponemos aquí.

El automatismo de los linfangiones

Cuando estos alcanzan un cierto grado de dilatación (llenado) se contraen automáticamente. El resto de los mecanismos impulsores expuestos a continuación son similares a los que mueven la sangre por el interior de las venas.

Las contracciones musculares (movimientos corporales)

Comprimen a los linfangiones. Al disponer estos de válvulas en su interior, la linfa se desplaza solo en el sentido que estas determinan. La actividad muscular, en cierta medida, estimula el drenaje linfático. Si la actividad física es muy intensa entonces se activa mucho el metabolismo muscular, su irrigación sanguínea y la cantidad de linfa formada. Por ello, algunos deportistas, tras una dura competición, pueden presentar ganglios linfáticos regionales algo hinchados (ganglios inguinales en corredores de fondo, por ejemplo).

La pulsación de las arterias vecinas

La mayoría de los vasos linfáticos circulan junto a vasos sanguíneos que llevan la sangre a los diferentes órganos del cuerpo. Las arterias presentan un movimiento pulsátil que en parte influye sobre los linfangiones vecinos, favoreciendo su automatismo.

Los movimientos respiratorios

Por su efecto aspirante y compresor de la caja torácica y la cavidad abdominal, estos movimientos favorecen la circulación profunda de la linfa. Cuanto más profundos sean los movimientos respiratorios mayor será su efecto.

La fuerza de la gravedad

De ella se aprovecha la linfa que circula por los vasos linfáticos de cara, cuello, cabeza y nuca en su camino hacia el Terminus cuando estamos sentados o incorporados. Aquellas partes del cuerpo que están por debajo del nivel del Terminus conviene elevarlas a menudo (piernas, sobre todo), para aprovecharnos de la fuerza de la gravedad.

La forma, trayecto y lugar de desagüe de todos estos troncos no es uniforme en el ser humano. Existen numerosas variaciones, si bien dentro de un patrón anatómico general común.


EL «TERMINUS»

La linfa de la parte del cuerpo marcada con la trama más oscura desemboca en el ángulo venoso (Terminus) derecho. La del resto del cuerpo lo hace en el Terminus izquierdo.

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14 noyabr 2024
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9788491180173
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