Kitabı oxu: «Paris en América»
Édouard Laboulaye
Paris en América

Publicado por Good Press, 2022
EAN 4057664137906
Índice
NOTA DE LOS TRADUCTORES.
PARIS EN AMÉRICA.
AL LECTOR.
PARIS EN AMÉRICA.
CAPITULO PRIMERO. Un espiritista americano.
CAPITULO II. ¿Es esto un sueño?
CAPITULO III. Zambo.
CAPITULO IV. En casa.
CAPITULO V. Sin dote.
CAPITULO VI. En donde se hace conocimiento con M. Alfredo Rose y el vecino Green.
CAPITULO VII. El incendio.
CAPITULO VIII. Truth , Humbug y Ca.
CAPITULO IX. Donde se le dice su merecido á la verdad.
CAPITULO X. La cocina infernal.
CAPITULO XI. De la máxima protectora,—que la vida privada debe ser sagrada.
CAPITULO XII. Una candidatura en América.
CAPITULO XIII. Canvassing .
CAPITULO XIV. Vanitas, Vanitatum.
CAPITULO XV. Un recuerdo de la patria ausente.
CAPITULO XVI. La eleccion—El sábado.
CAPITULO XVII. Viaje en busca de una iglesia.
CAPITULO XVIII. Un chino.
CAPITULO XIX. Un sermon congregacionalista.
CAPITULO XX. Un luncheon de ministros.
CAPITULO XXI. La escuela del Domingo.
CAPITULO XXII. Disgustos de un funcionario Americano.
CAPITULO XXIII. La audiencia de un Juez de Paz.
CAPITULO XXIV. Un attorney jeneral.
CAPITULO XXV. Dinah.
CAPITULO XXVI. La caridad.
CAPITULO XXVII. La escuela.
CAPITULO XXVIII. La partida de los voluntarios.
CAPITULO XXIX. Un viaje de placer.
CAPITULO XXX. Lo mas corto del libro y lo mas interesante para el lector.
CAPITULO XXXI. Algunos inconvenientes de un viaje á América.
CAPITULO XXXII. Una familia Parisiense.
CAPITULO XXXIII. El Doctor Olybrius.
CAPITULO XXXIV. Un loco.
CAPITULO XXXV. Un sabio.
NOTAS
Post-Scriptum de los traductores.
TABLA DE LAS MATERIAS.
Fé de las principales erratas.
NOTA.
NOTA DE LOS TRADUCTORES.
Índice
Como el penetrativo lector vá á verlo, hemos creido conveniente para su mejor intelijencia introducir en nuestra traduccion algunos neolojismos. El carácter del libro lo permite. Contiene filosofia y mucho caudal de enseñanza; pero no es ni un tratado de filosofía, ni una obra didáctica.
El pronombre personal vous,—que en el estilo familiar se traduce Ud. hemos creido conveniente traducirlo vos, siguiendo en esto á algunos buenos traductores modernos, y la opinion del nuevo Diccionario de literatos de 1863 que dice—que vos es un término medio entre el tu y el Ud. y que es muy usual entre las personas que ni quieren tutearse ni tratarse con la frialdad y ceremonia que implica el Ud.
Por la unidad de la ortografía pondremos siempre jota en las sílabas je—ji.
PARIS EN AMÉRICA.
Índice
Lector:
Hé ahí el nombre del libro, cuya traduccion os ofrecemos. Está dedicado á la Europa y la América. Lleva ya siete ediciones agotadas, y sin embargo, continúa todavia despertando la atencion del mundo civilizado.
Su autor se oculta bajo el pseudónimo de Lefebvre, y no podemos deciros á que viene el misterio, tratándose de una reputacion tan hecha como la de Laboulaye. Son secretos de la mente, cuyo velo no tenemos el poder de descorrer.
El rosario de títulos con que Lefebvre se adorna, puede padeceros trivial é induciros á creer que el charlatanismo ha querido abrirse paso, lanzando un globo de esploracion. Pero no: Lefebvre es hombre sério y sesudo,—sério como un metodista, sesudo como un catalan,—y si habla en tono de broma es que en los tiempos que alcanzamos, los libros y papeles que mienten y engañan mas son los libros y papeles sérios. Díganlo si no el Times y el Monitor, comparados con el Punch y el Charivari; la Tribuna y el Mosquito, Montaigne y Renan.
La sociedad quiere que se la engañe sin reir, y que se la diga la verdad haciéndola reir. Con su pan se lo coma, como decia frecuentemente el padre de uno de los traductores: en el pecado lleva la penitencia!
Leedlo y lo vereis. Os aseguramos bajo nuestra palabra de honor, que no sereis como Nemorino, víctima de Dulcamara. Hay en él, algo para la mujer, algo para el hombre, algo para el comerciante, algo para el fraile, algo para el gobierno, algo para el pueblo, algo para los necios, algo para los vivos, en suma, y para acabar en dos palabras la enumeracion, mucho para todos.
Si lo leeis en invierno os aseguramos que no os incomodará la lumbre de la estufa (si la teneis),—ni el frio (que lo dudamos). Si lo leeis en verano, la cuestion cambia de aspecto, como es natural, y, es casi seguro que si estais al rayo del sol lo aguantareis. Es libro para el hogar,—libro para el campamento,—libro para el tourist, y que solo puede no divertir á los que admiran la organizacion política y social de la China ó del Mogol.
Si creis que, porque habeis leido á Tocqueville, Chevalier, Grimke y las correspondencias de Debrin, conoceis la América, os equivocais. Los tres primeros os habrán dicho y enseñado, como está constituido el gobierno, os habrán esplicado la complicada y á la vez sencilla maquinaria del réjimen representativo, democrático, federal. El último os habrá edificado diciéndoos como se matan los pueblos libres del todo, con los pueblos libres á medias,—el Norte con el Sur,—y os habrá engañado mas de una vez. Pero ninguno de ellos os habrá revelado una cosa tan interesante como la que ha podido ver y estudiar Lefebvre, sin mas trabajo que comerse una píldora. Reis eh! Y, sin embargo, vivimos en el siglo de las píldoras. Díganlo sino Brandreth, Torres y el que la ha hecho tragar á la Francia que el imperio es la paz.
Os diremos que cosa es esa,—no sea que nos tacheis de charlatanes, á nosotros pobres traductores, que tanto aborrecemos en su esencia y en su forma la literatura Kerosénica. Pues esa cosa es: como vive y debe vivir un pueblo libre, ó diciendo lo que hubiéramos debido decir primero,—qué clase de bien-estar, de sentimientos, é ideas son las que desarrolla y debe desarrollar la libertad bien entendida y sínceramente practicada.
Ya veis que el negocio es de interés para un pueblo, que como el Argentino, al cual tenemos el honor de pertenecer, nos atrona todos los dias los oidos hablándonos de libertad,—de instituciones—etc., etc.,....
Leed, pues, á Paris en América, y, no nos creais en el resto de nuestra vida si su lectura no os hace buen provecho. Si la píldora no os cura la indigestion de malas ideas y de falsas apreciaciones que teneis, desde sabe Dios cuando os empachásteis con libros franceses del siglo pasado.
Un palabra todavia,—llamadnos esplotadores, si os dormis leyendo nuestra traduccion,—corruptores de la conciencia pública, si ella deja en vuestro corazon, en el de vuestros hijos ó hijas, nietos, viznietos, tataranietos ó choznos, de ambos sexos, el jérmen de una mala semilla.
Es lo único que en el preámbulo podemos deciros y ofreceros; lo que debeis darnos en cambio del servicio que creemos rendiros vá en la Postdata[3], con todo lo cual quedamos, lector querido, vuestros—
muy atentos servidores.
LUCIO V. MANSILLA—DOMINGO F. SARMIENTO.
[3] Se suprime la Postdata—que salió en el Prospecto suelto.
AL LECTOR.
Índice
Lector amigo: te ofrezco este librejo, escrito para tu regalo y para el mio. No lo dedico ni á la fortuna ni á la gloria,—la fortuna es una doncella que, hace seis mil años, corre tras los jóvenes; la gloria es una vivandera que no se complace sinó con los soldados. Soy viejo, no he muerto á nadie, y por eso no tengo mas deseo que buscar la verdad á mi modo, y decirla á mi manera. Si no tengo toda la gravedad de un buey, de un ganzo, ó de un........ (escoje el nombre que quieras), perdóname; los primeros actos de la vida nos han hecho llorar lo bastante para que nos sea permitido reir antes que caiga el telon. Cuando se han perdido las ilusiones de los veinte años, no se toma á lo sério ni la comedia, ni los comediantes.
Si este librejo te agrada, bueno; si te escandaliza, tanto mejor; si lo arrojas, no tienes razon; si lo comprendes, eres mas ducho que Maquiavelo. Házlo el breviario de tus horas perdidas, que no tendrás de que arrepentirte: Non est hic piscis omnium. Las paradojas de la víspera son las verdades del dia siguiente. ¡Al buen entendedor, salud!
Algun dia, quizá, verás á la débil luz de mi linterna, la fealdad de los ídolos que adoras hoy dia; quizá tambien, mas allá de la sombra decreciente, apercibas en todo el encanto de su inmortal sonrisa, á la Libertad, hija del Evanjelio, hermana de la justicia y de la piedad, madre de la igualdad, de la abundancia y de la paz. Ese dia, lector amigo, no dejes estinguir la llama que te confio; alumbra, ilumina á esa juventud que nos apura ya y nos empuja, preguntándonos el camino del porvenir. ¡Ojalá! que ella sea mas loca que sus padres, pero de otra manera, tal es mi deseo y mi esperanza.
Con esto, ruego á Dios te libre de ignorantes y de tontos. En cuanto á los malos, ese es tu cuento; la vida es un entrevero: has nacido soldado, defiéndete; ó mejor dicho, recupera de los Americanos la antigua divisa de la Francia: ¡Adelante! siempre y en todas partes, ¡Adelante!
RENATO LEFEBVRE.
New Liberty [Virginia] Julio 4 de 1862.
PARIS EN AMÉRICA.
Índice
CAPITULO PRIMERO.
Un espiritista americano.
Índice
“Mr. Jonatás Dream, espiritista y medium trascendental de Salem (Mass.) invita á vd. á la velada psíquica y medianímica, que dará el martes 1.ᵒ de Abril próximo, en su hotel, calle de la Luna número 33.”
“Sonambulismo, éxtasis, vision, prevision, profesía, segunda vista, doble vista, adivinacion, penetracion, sustraccion del pensamiento, evocaciones, conversacion, poesía, y escritura sobre-naturales; pensamientos de ultra-tumba y arcanos de la vida futura descubiertos, &a. &a.”
Las puertas se cerrarán á las ocho de la noche en punto.
¡Pardiez! decia yo para mi coleto, leyendo y volviendo á leer esta carta,—deveras que no me disgustaria hacer relacion con un medium americano, cofrade en pneumatolojia positiva y esperimental, porque habeis de saber que yo tambien soy espiritista. ¡Que diantre! Bien puede uno no ser sino un simple vecino de Paris, y, sin embargo, haber ovocado yá lo mismo que cualquier otro á César, Napoleon, Voltaire, Madama de Pompadour, Ninon, Robespierre etc. Algo mas, y lo diré, aunque repugne á mi modestia: estos ilustres personajes no me han eclipsado con su jénio: todos me han respondido como si yo mismo les hubiera soplado la respuesta. Veamos si el Señor Jonatás Dream, con sus pretenciones de ultramar, tiene mas espíritu, ó mas espíritus que vuestro servidor, Daniel Lefebvre, médico de la facultad de Paris, discípulo en espiritismo de Mr. Hornung de Berlin, de Mr. de Keichembach y del baron de Guldenstuble.—A espiritista, espiritista y medio.
En una hermosa habitacion, al estremo de un salon herméticamente cerrado, aunque resplandeciente de luces (lo que no sucede jeneralmente en nuestras reuniones espiritistas) encontré á Mr. Jonatás Dream sentado delante de una mesa redonda. Tenia la mirada melancólica y el rostro inspirado de las sibilas. Frente á él estaban sentados media docena de sus adeptos, con aire recojido. Siempre el mismo público: jentes nerviosas, mugeres que no han sido comprendidas, sarjentos-mayores ó viudas retiradas; cada uno escribia en un papel el nombre de los muertos que queria interrogar; yo hice lo mismo que todos.
Mezclados los nombres en un sombrero, el primero que se sacó fué el de José de Maistre. Jonatás se recojió por un instante, aplicó la mano á su oido, para escuchar la voz que le hablaba muy bajo, y escribió rápidamente lo que sigue:
“—No hay conocimiento estéril; todo conocimiento se parece á aquel de que habla la Biblia: Adan conoció á Eva, y Eva concibió.”
“—Sin Credo no hay crédito.”
—Eh! eh! me dije, hé ahí unas paradojas que tienen buen aspecto; están dotadas de toda la ridiculez del padre, me parece solamente, haberlas visto yá en alguna parte: en lo de Baader, si no me engaño. Despues de todo, allá arriba no hay propiedad literaria y es muy posible que por distraccion, se entretengan en robarse las ideas. Hipócrates, vino en seguida,—tuvo la cortesanía de hablar en francés; he aquí lo que escribió su intérprete.
—El hombre que piensa mas, es el que dijiere menos. En circunstancias iguales, el que piensa menos es el que dijiere mejor.
—Ay de mi!—esclamó una mujercita, cuyo rostro descarnado, desaparecia bajo las ondas de sus cabellos encanecidos—esa es una repuesta de médico, una repuesta brutal, hecha por los hombres y para los hombres. No es ese el pensamiento que consume el corazon, es.... Y suspiró.
Se llamó á Nostradamus,—se le pidió su opinion sobre el porvenir de Polonia, de Francia, y de Italia. La siguiente es la repuesta del gran adivino, jénio sublime que deja siempre á los otros el cuidado de entender lo que dice.
En France, Italie et Pologne,
Beaucoup d’esprit, peu de vergogne
En Pologne, France, Italie
On est sage aprés la folie;
En Italie, Pologne et France
Moins de bonheur que d’esperance[4]
Tuvimos que contentarnos con este oráculo, demasiado profundo para que fuera claro. Despues del hechicero provenzal, le tocó el turno á Kosciusko. Esa noche el Washington polaco estaba de mal humor, no se le pudo arrancar nada mas que esta divisa latina; In servitute dolor, in libertate labor; en la esclavitud dolor, en la libertad labor, tres veces se le interrogó, tres veces dió esta repuesta seca, arrojándónosla al rostro como un reproche, que ni siquiera comprendiéramos.
El último billete pedia que se interrogasen á Don Quijote, á Tom Jones, á Robinson ó á Werther, lo que hizo reir al cenáculo, aunque á decir verdad, no tenia bastante gana. El autor de esta impertinencia, tengo verguenza de confesarlo,—era yo.—Los muertos y los vivos me fastidian hace tanto tiempo, que me habria gustado mucho saber lo que pasa en las cabezas de jentes que jamás existieron.
Jonatás Dream arrojó el aciago billete á la canasta, y anunció que la sesion habia concluido, despidiéndonos á fuerza de cortesias.—En el momento en que yo salia, me puso la mano en el hombro, y me rogó que me quedase.
Una ves solos:—Sois vos cófrade, me dijo riendo de un modo singular, sois vos quien me ha dirijido una pregunta que esos profanos juzgan indiscreta?—quizá sois de su parecer. ¡Ciego, que nunca habeis sondado los arcanos de la eterna verdad!—¿Os imaginais que don Quijote y Sancho, que Robinson y Domingo, que Werther y Carlota, que Tom Jones y Sofia, no han existido?—¡Qué!—el hombre no puede crear un átomo de materia, ¡y suponeis que pueda crear pieza por pieza almas que no perecerán jamás!—¿No creis tanto en D. Quijote como en todos los Artajerjes?—¿Acaso Robinson no ha vivido, á vuestro juicio, lo mismo que los Drake y los Magallanes.
—¡Cómo!—¿el injenioso D. Quijote ha vivido?—¿Y podria yo conversar con el sabio prefecto de la Insula Barataria?
—Sin duda.—Comprended pues, lo que es un poeta. Es un vidente, un profeta, que se eleva hasta el mundo invisible. Allí, entre los millones de seres que han pasado sobre la tierra, y cuyo recuerdo se ha perdido aqui abajo, él escoje aquellos que quiere hacer revivir en la memoria de los hombres.—Los evoca, les habla, les escucha, y escribe segun su dictado. Lo que la necia humanidad, toma por una invencion del artista, no es mas que la confesion de un muerto desconocido; pero vos que sois espiritista, ó que teneis pretenciones de tal, ¿cómo es que no reconoceis una voz extra-natural?—¿Porqué os dejais engañar como la multitud?—¿Tan poco adelantado estais en las vias de la medianimidad? Al hablar asi, Jonatás Dream, echó la cabeza hácia atrás, y agitando los brazos, abriendo y cerrando las manos, avanzó sobre mi, como para ahogarme en su fluido.
—Cofrade, le dije, veo que sois un hombre de talento, aunque espiritísta; y no dudo que podais escribirnos un discurcito á la D. Quijote, ó improvisar algunos nuevos refranes dignos de Sancho.—Pero estamos solos, y ambos somos agoreros; tenemos el derecho de mirarnos y hasta el de reirnos mirándonos. No pasemos adelante, os deseo un feliz éxito. En Francia es cosa sabida; el pueblo que se crée el mas espiritual de la tierra es naturalmente el que con mas facilidad se deja conducir de la punta de la nariz. Preguntádselo á las mujeres de París.
—Alto ahí,—esclamó el májico con tono furioso. ¿Me hé engañado acaso?—¿Sois un falso hermano?—¿Me tomais por un charlatan, por un mistificador, por un saltimbanqui?—Sabed que Jonatás Dream no ha dicho jamás una palabra que no fuera verdad. ¡Ah! dudais de mi poder, caballerito. ¿Qué prueba quereis que os dé?—¿Es necesario que os quite todas vuestras ideas, lo que no será dificil; es necesario haceros dormir, que paseis por el frio, el calor, el viento, ó la lluvia, es necesario....?
—Nada de magnetismo, le dije; sé que en eso hay un fenómeno natural mal conocido hasta ahora, y del cual abusais.—Si quereis convencerme, no principieis por hacer dormir.—No estamos en la Academia.
—Y bien, dijo él, fijando en mí sus ojos relucientes, ¿qué diriais si os transportára á América?
—¿A mí?—Necesito verlo para creerlo.
—Sí, á vos, esclamó, y no solamente á vos, sino á vuestra mujer, vuestros hijos, vuestros vecinos, vuestra casa, vuestra calle, y si pronunciais una palabra, á París entero.—Sí, agregó, poseido de una ajitacion febril, sí, si quiero, mañana por la mañana París estará en Massachusetts; y en los bordes del Sena no habrá mas que una llanura desierta.
—Mi querido hechicero, hubiera convenido vender vuestro secreto al señor Prefecto del Sena; eso nos habria economizado algunos millones quizá. Durante la ausencia de los parisienses, se les habria hecho un París nuevecito, recto y monótono como Nueva York; un París sin pasado, sin monumentos, sin recuerdos; nuestros arquitectos todos, y todos los maestros administradores se hubiesen enloquecido de puro gozo.
—Os chanceais; dijo Jonatás, teneis miedo....os lo repito: mañana, si quiero, París estará en Massachusetts, junto con Versalles—¿Aceptais el desafio?
Sí, ciertamente, lo acepto, respondíle riendo. Y sin embargo, la seguridad de este demonio de hombre me turbaba. Soy entendido en materia de fanfarronadas; leo veinte diarios todos los dias, y he oido á mas de un ministro en la tribuna; pero esa voz de iluminado me imponia, apesar mio.
—Tomad esta caja, dijo el májico con tono imperioso; abridla, hé ahí dos píldoras, una para vos, otra para mí, escojed, y no me interrogueis.
—Habia ido demasiado lejos para retroceder—Tragué uno de los glóbulos, Jonatás tomó el otro y me saludó, diciéndome con voz cavernosa: Hasta mañana, del otro lado del océano.
Una vez en la calle, me encontré en un estado singular. Corrí de un aliento á los Campos Eliseos, sin apercibirme de la distancia. Me sentia mas vivo, mas lijero, mas elástico que nunca lo estuvo creatura humana; me parecia que saltando tocaria los cuernos de la luna, que se elevaba en el horizonte. Todos mis sentidos tenian una sutileza increible—Desde la plaza de la Concordia veia los carruajes que daban vuelta al rededor del arco de la Estrella, escuchaba el tic-tac de la gran aguja que marca la hora en el reloj de las Tullerias. La vida corria por mis venas con una velocidad y un calor desconocidos; me preguntaba si una mano invisible no me conducia yá al otro lado del Atlántico. Para tranquilizarme, miré á la apagada media luna que ascendia lentamente en el cielo. Seguro de no haber cambiado de meridiano, entré en mi casa, avergonzado de mi credulidad, y me dormí riendome de Mr. Dream y de sus locas amenazas.