Kitabı oxu: «A contracorriente»

HISTÒRIA I MEMÒRIA DEL FRANQUISME / 62
DIRECCIÓ
Ismael Saz (Universitat de València)
Julián Sanz (Universitat de València)
CONSELL EDITORIAL
Paul Preston (London School of Economics)
Walter Bernecker (Universität Erlangen, Núremberg)
Alfonso Botti (Università di Modena e Reggio Emilia)
Mercedes Yusta Rodrigo (Université Paris VIII)
Sophie Baby (Université de Bourgogne)
Carme Molinero i Ruiz (Universitat Autònoma de Barcelona)
Conxita Mir Curcó (Universitat de Lleida)
Mónica Moreno Seco (Universidad de Alicante)
Javier Tébar Hurtado (Arxiu Històric de Comissions Obreres de Catalunya, UB)
Teresa M.ª Ortega López (Universidad de Granada)

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© Eduardo Abad García, 2022
© De esta edición: Universitat de València, 2022
Publicacions de la Universitat de València
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Coordinación editorial: Amparo Jesús-María
Ilustración de la cubierta: Militantes del PCC asomadas a la ventanilla de un tren a mediados de los años ochenta. Arxiu Josep Serradell. Fons fotogràfic.
Diseño de cubierta: Celso Hernández de la Figuera
Maquetación: Celso Hernández de la Figuera
Corrección: Letras y Píxeles, S. L.
ISBN: 978-84-9134-950-1 (papel)
ISBN: 978-84-9134-951-8 (ePub)
ISBN: 978-84-9134-952-5 (PDF)
Edición digital
A los mios pas, por enseñame lo que ye la conciencia de clase
A Natalia, por too y por tantu
«Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, en circunstancias elegidas por ellos mismos, sino en aquellas circunstancias que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y precisamente cuando éstos parecen disponerse a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca antes visto, en estas épocas de crisis revolucionaria, es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio a los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para representar, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, la nueva escena de la historia universal».
Karl Marx, El 18 brumario de Luis Bonaparte, Madrid, Fundación Federico Engels, 2003, p. 13.
«Precisamente porque el sentido inmanente de la realidad irradia con un brillo cada vez más fuerte, el sentido del devenir es cada vez más profundamente inmanente a la vida cotidiana, y la totalidad aparece cada vez más sumergida en los aspectos momentáneos, espaciales y temporales de los fenómenos. El camino de la conciencia en el proceso histórico no se allana, sino que, al contrario, se hace cada vez más arduo y requiere cada vez mayor responsabilidad. La función del marxismo ortodoxo –superación del revisionismo y del utopismo– no es, por tanto, una liquidación, una vez para siempre, de las falsas tendencias, es una lucha incesantemente renovada contra la influencia pervertidora de las formas burguesas del pensamiento en el pensamiento del proletariado. Esta ortodoxia no es la guardiana de las tradiciones, sino la anunciadora siempre alerta de la relación del instante presente y sus tareas con la totalidad del proceso histórico. Y así, las palabras del Manifiesto comunista acerca de las tareas de la ortodoxia y de sus portadores, los comunistas, no han envejecido y siguen siendo válidas».
Georg Lukács, Historia y consciencia de clase, Barcelona, Orbis, 1985, p. 61
ÍNDICE
PRÓLOGO
GLOSARIO DE SIGLAS Y ABREVIATURAS
INTRODUCCIÓN
I. LA PRIMERA OLA DISIDENTE. DE LOS ORÍGENES A LA ATOMIZACIÓN
De la crisis de Checoslovaquia al PCE (VIII Congreso)
1968. Mundos que chocan: la crisis de Checoslovaquia
Checoslovaquia como motor de disidencia en el interior del PCE.
Solos contra todos
«Escrito en rojo»: el PCE (VIII Congreso)
La atomización, primer obstáculo
El Partido del general: Partido Comunista Obrero Español
La esencia de los principios: El PCE (VIII-IX Congresos)
II. LA SEGUNDA OLA DISIDENTE
La oposición al VIII Congreso del PCE
Cambiar el partido desde dentro. El proyecto de la OPI
«Con nuestras propias fuerzas». La corta vida del PCT
Un movimiento a cámara lenta. Los insumisos de las Células Comunistas
La unión que no fue: nacimiento y muerte del PCEU
III. LA TERCERA OLA DISIDENTE
Frente al eurocomunismo: ¡unificación!
La disidencia ortodoxa en el comunismo catalán
«Catalunya marca el camino». El impacto del V Congreso
El Partit dels Comunistes de Catalunya, «un partido de los comunistas de siempre»
Auge y caída del PCPE
La gran ilusión, la creación del PCPE
Entre la supervivencia y el desengaño. El PCPE ante el fin del socialismo real
CONCLUSIONES
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
PRÓLOGO
La historia del comunismo español en sus diversas facetas ha experimentado en las últimas décadas una notable renovación, que ha venido a subsanar anteriores errores y exageraciones determinadas por enfoques sobradamente militantes y esencialistas, bien apriorísticamente hostiles, bien excesivamente apologéticos. Esta renovación ha supuesto no solo una actitud general distinta, más académica y distanciada, ante el tema de estudio, sino también y sobre todo una ampliación del campo temático y un profundo replanteamiento metodológico. Entre otras cosas, se ha ido encuadrando cada vez más en los marcos de una historia política remozada y también de una historia sociocultural de amplio espectro.
El presente trabajo, que ahora llega a las librerías tras un largo proceso de reflexión y elaboración, es un fruto palpable de esta modernización historiográfica. Sus páginas bien meditadas y su esquema perfectamente articulado muestran –a mi modo de ver– el buen hacer de su autor, joven pero ya avezado artesano de la historia. Y digo artesano en el mejor sentido de la palabra, porque es seguramente como mejor puede definirse la tarea o lo que –en certera expresión– Marc Bloch prefería llamar «el oficio de historiador».
Aunque todo libro –al menos cualquiera que merezca la pena– siempre es susceptible de múltiples lecturas y puede dar lugar a valoraciones distintas, la mía particular quiere hacer hincapié en las que creo que son las grandes virtudes de esta investigación. La primera es que el autor ha sabido acotar certeramente su objeto de estudio, perfilándolo y reconstruyéndolo de tal modo que desde ahora queda plenamente incorporado al campo general (la historia del comunismo, la izquierda y las luchas sociales en nuestro país) con trazos bien definidos. Eduardo no solo rescata a la que bautiza como «disidencia ortodoxa» de un cierto olvido o infravaloración, condescendiente o beligerante, frente a un PCE que, pese a sus sucesivas crisis, siempre conservó una robustez que no pudieron alcanzar quienes lo criticaban por su abandono de «los principios»; y también ante una «izquierda revolucionaria» (trotskista, maoísta, consejista) aparentemente más glamurosa, tal vez por su perfume sesentayochista, que siempre aporta un plus de sobrevaloración en un mundo como el nuestro, presto a reconocer moral o estéticamente las rebeldías románticas fracasadas, siempre que queden reducidas a la inoperancia. Eduardo aprovecha para dar nombre a la cosa, argumentando vigorosamente en favor de la opción de ortodoxos frente a la –casi siempre despectiva– de prosoviéticos, que además arrastra connotaciones –que el análisis de este libro rechaza, creo que con razón– sugeridoras de un origen fundamentalmente externo del fenómeno. Pero, además, recorre con coherencia una trayectoria de dos densas décadas, incluyendo el final del Franquismo, la Transición y la adaptación postransicional al nuevo escenario que reafirmaba viejas hegemonías sociales. La afortunada metáfora de las olas ayuda a visualizar un proceso cuya diversidad de derivaciones y episodios queda perfectamente clarificada.
La segunda virtud del libro reside precisamente en su afinado proceso de elaboración. A diferencia de tantos objetos de trabajo que terminan imponiendo su lógica propia al investigador, Eduardo teoriza, estructura, articula conexiones y reconstruye dinámicas dando forma a un objeto de estudio que, aunque como todos es susceptible de nuevos matices y aportaciones, queda desde ahora, y creo que por mucho tiempo, acotado con sus esquemas y su nomenclatura. Un tema además rescatado para la historia sociocultural, con la aplicación de operativas nociones como las de memoria colectiva, identidad o cultura política, que tanto están contribuyendo a renovar la historia política actual. Todo ello, con un soporte documental sólido y consistente, fruto de un rastreo minucioso y una amplia nómina de testimonios personales que enriquecen una visión que nunca renuncia a cierta perspectiva «desde abajo».
Un tercer rasgo es la presencia, subyacente y que aflora solo de manera ocasional, del interés personal del autor por los procesos de los que habla, y que no está reñido con un prioritario compromiso, inexcusable en cualquier historiador que se precie, por la reconstrucción veraz, más allá de simpatías o antipatías con quienes son objeto de su bisturí analítico y crítico. Por fortuna, Eduardo está lejos de aplicar a sus «biografiados» el tono condescendiente que Thompson rechazaba para los que han ido «a contracorriente» y no han logrado triunfar en sus pequeñas o medianas batallas; en las grandes, dicho sea de paso, este fracaso último es, en definitiva, compartido con los demás sectores que también quisieron «asaltar el cielo». Como bien señala Eduardo con cita interpuesta (¡gran hallazgo el texto del 18 Brumario aplicado a la ocasión!), los hombres hacen su propia historia, aunque no la hacen a su libre arbitrio ni sin el peso –que es también estímulo– de «las generaciones muertas» y «los espíritus del pasado». Esta invocación de las propias tradiciones, que quienes se estudian en este libro consideran traicionadas, configura una ortodoxia que Eduardo no menosprecia ni rechaza en sí misma, al menos si se entiende a la manera lukacsiana, no como mera guardiana de un pasado glorioso, sino como «anunciadora» de la relación del presente con «la totalidad del proceso histórico». Pero –no nos engañemos– los juicios y valoraciones del autor de este libro no son exactamente complacientes o acríticos, en especial cuando la ortodoxia actúa como freno o factor de ofuscación con respecto a la realidad; como buen historiador, su perspectiva es etic o distanciada, aunque tenga en cuenta la visión emic de los propios protagonistas.
Poco más se me ocurre añadir. Quizás el reconocimiento de que mi opinión está inevitablemente condicionada por haber visto nacer y crecer al historiador y a su trabajo, asistiendo al siempre grato espectáculo de presenciar, como «observador participante», de qué manera un joven investigador va puliendo sus defectos, limando sus prejuicios y rellenando las lagunas de su formación; aprendiendo, en definitiva, su oficio y asumiendo el código deontológico propio de un historiador honesto. Esta percepción emocionante, que es, mutatis mutandis, casi como revivir la propia y ya lejana experiencia juvenil, se une en este caso a un afecto y a un respeto personal e intelectual que han ido acrecentándose, que supongo correspondidos –si es que la petición de un prólogo puede testificarlo– y que ojalá no hayan dañado gravemente la ecuanimidad de mis valoraciones. Acerca de los defectos de este trabajo –que sin duda también los hay–, son los lectores quienes deben juzgar, pero estoy seguro de que al menos una parte significativa de ellos podrán compartir, sin violentar su propia percepción, mis modestas apreciaciones.
FRANCISCO ERICE
GLOSARIO DE SIGLAS Y ABREVIATURAS
| ADAMHIS | Asociación de Amistad Hispano-Soviética |
| AFOHSA | Archivo de Fuentes Orales de la Historia Social de Asturias |
| AHCCOO-A | Archivo Histórico de Comisiones Obreras de Andalucía |
| AHCONC | Arxiu Històric de la CONC |
| AHPCE | Archivo Histórico del Partido Comunista de España |
| AHUO | Archivo Histórico de la Universidad de Oviedo |
| ATLE | Archivo Tiempos de Lucha y Esperanza |
| AUS | Asociación de Amigos de la Unión Soviética |
| CC | Comité Central |
| CC. CC. | Células Comunistas |
| CC. OO. | Comisiones Obreras |
| CD | Coordinación Democrática |
| CE | Comité Ejecutivo |
| CEE | Comunidad Económica Europea |
| CEOP | Coordinadora Estatal de Organizaciones Pacifistas |
| CIA | Central Intelligence Agency |
| CJC | Colectivos de Jóvenes Comunistas |
| CMP | Consejo Mundial de la Paz |
| CNT | Confederación Nacional del Trabajo |
| CONC | Comissió Obrera Nacional de Catalunya |
| CP | Comité Provincial |
| CR | Comité Regional |
| CRAS | Comunas Revolucionarias de Acción Socialista |
| CUT | Coordinadora Unitaria de Trabajadores |
| EK | Euskal Komunistak |
| FDR | Frente Democrático Revolucionario |
| FJCE | Federación de Jóvenes Comunistas de España |
| FLP | Frente de Liberación Popular |
| FLPCA | Frente Leninista del Partido Comunista de Andalucía |
| FRAP | Frente Revolucionario Antifascista y Patriota |
| FUCA | Frente Unitario Comunista por la Abstención |
| FUSOA | Frente Unitario de Solidaridad Obrera de Asturias |
| IC | Internacional Comunista |
| IU | Izquierda Unida |
| JJ. SS. | Juventudes Socialistas |
| JCE (VIII-IX Congreso) | Juventud Comunista de España (VIII-IX Congreso) |
| JCT | Juventud Comunista de los Trabajadores |
| KKE | Κομμουνιστικό Κόμμα Ελλάδας Partido Comunista de Grecia |
| LCR-ETA (VI) | Liga Comunista Revolucionaria-ETA (VI Asamblea) |
| MC | Movimiento Comunista |
| MCA | Movimientu Comunista d’Asturies |
| MCE | Mercado Común Europeo |
| MCI | Movimiento Comunista Internacional |
| MDM | Movimiento Democrático de Mujeres |
| MDP | Movimiento Democrático Portugués |
| MRPCE | Movimiento de Recuperación del Partido Comunista de España |
| MRUPC | Movimiento de Recuperación y Unificación del Partido Comunista |
| OCE (BR) | Organización Comunista de España (Bandera Roja) |
| OMDE | Organización de Mujeres Democráticas de España |
| OPI | Oposición de Izquierdas del PCE |
| ORT | Organización Revolucionaria de Trabajadores |
| OTAN | Organización Tratado del Atlántico Norte |
| P | Partido |
| PC | Partido Comunista |
| PCA | Partido Comunista de Asturias/ Partido Comunista de Andalucía/ Partido Comunista de Aragón |
| PCC | Partit dels Comunistes de Catalunya |
| PCCH | Partido Comunista de Checoslovaquia |
| PCOC | Partit Comunista Obrer de Catalunya |
| PCE | Partido Comunista de España |
| PCE (m-l) | Partido Comunista de España (marxista-leninista) |
| PCE (VIII Congreso) | Partido Comunista de España (VIII Congreso) |
| PCE (VIII-IX Congreso) | Partido Comunista de España (VIII y IX Congresos) |
| PCEU | Partido Comunista de España Unificado |
| PCF | Parti Communiste Français |
| PCI | Partito Comunista Italiano |
| PCOE | Partido Comunista Obrero Español |
| PCP | Partido Comunista Portugués |
| PCPE | Partido Comunista de los Pueblos de España |
| PCT | Partido Comunista de los Trabajadores |
| PCTA | Partíu Comunista de los Trabayaores d’Asturies |
| PCUS | Partido Comunista de la Unión Soviética |
| PGT | Partido Guatemalteco del Trabajo |
| PP. CC. | Partidos Comunistas |
| PRN | Política de Reconciliación Nacional |
| PRUC | Promotora por la Recuperación y Unificación de los Comunistas/ Partido por la Recuperación y Unificación de los Comunistas |
| PSOE | Partido Socialista Obrero Español |
| PSP | Partido Socialista Popular |
| PSUA/SED | Partido Socialista Unificado de Alemania/ Sozialistische |
| Einheitspartei Deutschlands | |
| PSUC | Partit Socialista Unificat de Catalunya |
| RDA | República Democrática Alemana |
| RGANI | Российский государственный архив новейшей истории/ Archivo Estatal Ruso de Historia Contemporánea |
| UGT | Unión General de Trabajadores |
| UNINSA | Unión de Siderúrgicas Asturianas SA |
| UR | Unidad Regionalista/ Unidá Rexonalista |
| URSS | Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas |
INTRODUCCIÓN
Una disidencia en forma de olas
En abril de 1985, con motivo del 65.º aniversario de la fundación del PCE, el escritor y comunista Manuel Vázquez Montalbán publicaba en el órgano del PCE Mundo Obrero un pequeño artículo de reflexión titulado «La cultura de la poda».1 En sus líneas, describía la existencia de una conducta en la cultura política comunista que, a su juicio, resultaba diferenciadora frente a otras culturas políticas: la dinámica de las constantes purgas internas. No obstante, pese a lo interesante de las reflexiones del escritor catalán, tampoco está de más recordar que estas prácticas autodestructivas han existido en todos los movimientos políticos, no solo en el comunista. En todo caso, para Vázquez Montalbán, esta «cultura de la poda» obedecía a un desencadenante endógeno: la falta de mecanismos democráticos dentro de los partidos comunistas que garantizaran la pluralidad interna y que, a su vez, permitía a los partidos actuar «como si aún conservaran aquella necesidad de decantación de los orígenes, en busca de una conciencia colectiva “ideal”». Además, añadía cómo «En nombre de esa búsqueda de la conciencia colectiva ideal, de la purificación del intelectual orgánico colectivo, se han cometido auténticos genocidios internos y no siempre en el sentido figurado de la palabra genocidio. “La poda fortalece al árbol”».2 Lo cierto es que en la historia del PCE la actitud general hacia la disidencia interna fue siempre la misma: la censura, el estigma y la persecución de quienes opinaban de manera diferente a la dirección del partido. Al contrario de lo que se pueda pensar, estas prácticas no desaparecieron con el paso del tiempo. De tal manera que se volvieron a reproducir masivamente con la llegada de la crisis generalizada del movimiento comunista internacional en la cual se inserta este trabajo. Sin embargo, es necesario recordar que las formas empleadas para llevar a cabo las purgas internas fueron evolucionando, de modo que no resultan comparables los métodos utilizados en los años cuarenta con los de los años setenta y ochenta.3 Por otra parte, también resulta relevante resaltar que esta «cultura de la poda» no fue un fenómeno en propiedad exclusiva de los dirigentes más reformistas, sino que, tristemente, se volvería a reproducir de manera bastante similar en los distintos partidos que los expulsados fueron creando a lo largo de los años.
Un repaso a la historia reciente de los comunistas españoles permite rastrear la existencia de disidencias internas prácticamente en cualquier periodo. Sin embargo, no todos los movimientos de oposición fueron iguales en su origen, ni tuvieron la misma configuración e influencia. El fenómeno de la disidencia sufrió un aumento exponencial y un salto cualitativo tras la «fecha bisagra de 1968» y la crisis general del movimiento comunista.4 La crisis de Checoslovaquia de ese año se convertiría en el detonante para el surgimiento de un movimiento centrífugo de unas dimensiones nunca antes vistas en la historia del PCE. Lo que diferenciaría esta nueva disidencia de otros movimientos precedentes era su propia configuración interna, que bien podría definirse como una especie de oxímoron, ya que, como bien señalaba Gregorio Morán, 1968 fue el año en que la ortodoxia se convirtió en disidencia.5 Además, otro factor importante es que, lejos de desaparecer al remitir el eco del 68 checoslovaco y convertirse en un estallido momentáneo, este fenómeno sufriría nuevos impulsos durante las dos décadas siguientes que guardarían importantes nexos entre sí.
En cuanto a su origen, el fenómeno disidente se demostró poliédrico. Por una parte, en su despliegue resulta evidente el peso inicial de conflictos particulares entre sectores de la militancia comunista, cuyo origen era relativamente diverso. Se trataba de episodios muy localizados, pero que motivaron la transformación colectiva de sectores que hasta ese momento se habían identificado con la dirección del partido como críticos y disconformes. Por otra parte, también es importante recalcar que existió un nexo común que articuló fuertes vínculos culturales entre las distintas etapas de esta disidencia. Ese vínculo no fue otro que una autopercepción compartida por estos militantes como comunistas contrarios a la nueva línea más moderada del PCE, que simbolizaba como nadie su secretario general Santiago Carrillo. Un proceso marcado por la construcción colectiva de su identidad. Es decir, en la construcción de las diferencias existentes entre el «nosotros» que les definía y el «ellos» que encarnarían los sectores oficialistas del PCE. Para articular ideológicamente su rechazo, reivindicaron la ortodoxia del marxismo-leninismo, el internacionalismo proletario y el modelo bolchevique de partido, elementos todos ellos clásicos de su cultura política y pilares de la identidad comunista durante décadas. Además, otro rasgo diferenciador fue la pervivencia simbólica de la URSS como un referente mayormente positivo, a la vez que reivindicaban la memoria colectiva de los comunistas españoles en todas sus facetas.
Conviene subrayar cómo este proceso tuvo una configuración que se alargó durante décadas y que fue más allá de los conflictos meramente coyunturales. El fenómeno de la disidencia ortodoxa se enmarcó en una rebeldía colectiva de corte transversal que fue llevada a cabo por distintos sectores de la militancia comunista en diversos momentos de la historia. Además, sus orígenes hay que buscarlos dentro de cada etapa en un momento concreto en el cual se produjo la toma de conciencia frente a lo que valoraban como un proceso de mutación de la identidad global del PCE, que a sus ojos suponía una renuncia intolerable. Sería esta transformación en su mentalidad la que les haría romper los vínculos de la disciplina de partido y actuar tanto dentro como fuera del PCE con un objetivo: recuperar lo que consideraban que un día había sido el Partido Comunista de España.
La historiografía sobre el PCE en las últimas décadas ha conocido un importante repunte, tanto en cantidad como en calidad, y, por suerte, cada año aparecen nuevos e interesantes ensayos o monografías. Los estudios sobre el fenómeno comunista que se llevaron a cabo de forma posterior a la II Guerra Mundial estuvieron, en la mayoría de los casos, tremendamente condicionados por el contexto de la Guerra Fría. La producción escrita sobre este objeto de estudio oscilaba entre la burda manipulación anticomunista y la hagiografía heroica de los textos de carácter más militante. La historiografía producida a partir de la década de los setenta se centró especialmente en una historia política donde las perspectivas internas y los enfoques «desde abajo» desempeñaban un escaso papel. Otros campos de las ciencias sociales, como por ejemplo la sociología o la antropología, sí centraron sus miradas en las teorías de los sujetos sociales o la identidad colectiva, pero en muchos casos equipararon erróneamente la participación en organizaciones clandestinas con alguna clase de patología psicológica (personalidades dependientes, baja autoestima, baja inteligencia o egocentrismo).6 Estas categorizaciones derivadas de una perspectiva anticomunista también se pueden encontrar fácilmente, incluso en la actualidad, en el campo de la historia, como muestra el uso acrítico del concepto de «religión política».7 Sin embargo, en los últimos años, han surgido nuevos enfoques de investigación que rompen con la historiografía clásica, centrada principalmente en dirigentes y episodios concretos, lo que abre perspectivas inéditas de análisis y permite identificar nuevos sujetos de estudio dentro de la vida del PCE.8 Para el caso español resultan especialmente relevantes el libro colectivo Nosotros los comunistas. Memoria identidad e Historia Social, el libro de Juan Andrade El PCE y el PSOE en (la) Transición o los escritos de Giaime Pala sobre la identidad de la militancia en el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC).9 En estas obras se trabaja sobre la identidad de los comunistas desde categorías sociológicas que, lejos de ver el comunismo como una «patología política», 10 tratan con el rigor necesario los problemas vinculados con los procesos de construcción de la identidad colectiva de la militancia comunista. También resultan muy relevantes todos aquellos estudios que se encuentran relacionados con el estudio de las políticas de memoria de los comunistas.11 En los últimos años han continuado apareciendo libros sobre esta temática, demostrando que la historiografía sobre el PCE se encuentra en un buen momento.12
Asimismo, también se han producido interesantes avances en el estudio de las diferentes organizaciones que formaron parte de la denominada «izquierda revolucionaria española», es decir, de aquellos movimientos que se consideraban revolucionarios frente a la supuesta deriva reformista del comunismo oficial. Este nuevo objeto de interés historiográfico es fruto del cuestionamiento del relato historiográfico clásico sobre el «Régimen del 78». Aunque la gran mayoría de los estudios tienen un formato más bien descriptivo, existen algunas excepciones. En los últimos años han destacado muchas aportaciones en formato de comunicaciones en congresos, tesis doctorales y pequeños ensayos, contribuyendo a enriquecer el debate sobre las identidades militantes. En este sentido, es especialmente relevante el libro de Gonzalo Wilhelmi Romper el consenso. Izquierda radical y movimientos sociales en la transición publicado en 2016.13 También ha sido importante el papel de los exmilitantes de diversos partidos y organizaciones, que han comenzado a construir memoria en torno a sus experiencias de lucha, contribuyendo con la publicación de varias obras.14
Los comunistas ortodoxos se encuentran a medio camino entre el PCE y la izquierda revolucionaria. Sin embargo, la historia de ambas corrientes ha tendido a ignorar o minusvalorar su existencia. Una de las pocas excepciones son los textos escritos por Julio Pérez Serrano sobre el conjunto de la izquierda revolucionaria española.15 También han aparecido otras contribuciones, como las de Víctor Peña, quien analiza a los comunistas ortodoxos desde una perspectiva fundamentalmente política.16 Por mi parte, a lo largo de estos años de investigación, también he publicado algunos artículos y contribuciones a congresos sobre este sector comunista.17 Sin embargo, la historia de una buena parte de los comunistas ortodoxos estaba por escribir y esto se debe, principalmente, a las limitaciones de su proyecto político, ya que como bien señala Thompson «las vías muertas, las causas perdidas y los propios perdedores caen en el olvido».18 El presente trabajo es la primera ocasión en la cual se estudia el fenómeno de la disidencia comunista ortodoxa de forma global y monográfica. Por lo tanto, su objetivo principal es contribuir a esclarecer una de las facetas más desconocidas de la historia del comunismo español, sin la cual esta quedaría incompleta.
La acotación del objeto de estudio y el interés por conocer tanto las experiencias de los militantes como sus representaciones sociales y culturales condicionaron el uso de la metodología empleada, de carácter fundamentalmente cualitativo. Sin embargo, también lo fue el difícil acceso a fuentes cuantitativas o cuantificables, como estadísticas sociológicas de militancia o número de tiradas de periódicos. No obstante, siempre que ha sido posible se ha incorporado este tipo de apreciaciones, ya que la cuantificación permite «aportar un óptimo valor instrumental; sirve para basar, para apoyar una explicación, pero no reemplaza a la explicación misma».19 Para ello, me baso en los principios de la historia sociocultural, poniendo especial hincapié en su identidad, memoria e imaginario colectivo. Estos aspectos son analizados en profundidad a lo largo de todo el libro. De esta manera, se utiliza una metodología que tiene como objetivo la búsqueda de una perspectiva totalizadora que permita sacar el máximo rendimiento a unas fuentes disponibles caracterizadas por su fragmentación.
La hipótesis de partida de este libro es que los múltiples conflictos internos producidos en el seno del PCE no estuvieron manipulados por la intervención exógena de algún servicio secreto de un país socialista. Bien al contrario, se trató de un proceso fundamentalmente endógeno, cuyo origen hay que buscarlo en las consecuencias de la mutación progresiva de la política y la imagen del PCE entre sectores de su militancia. También fue importante el contexto, marcado por las frustraciones del último Franquismo, la Transición y la crisis del Movimiento Comunista Internacional (MCI). La arribada de estos cambios no siempre fue bien recibida, produciéndose como consecuencia varios movimientos disidentes, cuyo nexo común radica en la importancia de la autopercepción clásica de la identidad comunista.
Fruto de una exhaustiva investigación, este trabajo se propone una clasificación de esta corriente en tres etapas. Estas fases son lo que he denominado «olas». La metáfora tiene un propósito heurístico y, como toda clasificación, procura arrojar luz para una mejor comprensión de los fenómenos complejos, como el que aquí se analiza. Por supuesto, esta forma de entender la configuración de un fenómeno sociopolítico no es la primera vez que se plantea en las ciencias sociales. La clasificación en olas, con sentidos variados, ha sido ampliamente utilizada para ofrecer una conceptualización de diversos movimientos sociales. En 1996, el sociólogo Immanuel Wallerstein editaba un volumen sobre la historia de los movimientos sociales a escala global bajo el sugerente título de Making Waves. Worldwide Social Movements, 1750-2005. En su introducción, Wallerstein llamaba la atención sobre la necesidad de estudiar la relación entre la existencia de oleadas con características propias y la existencia de un proceso de acumulación sobre el cual iban surgiendo los nuevos impulsos.20 Además, en las conclusiones de este libro se resaltaban especialmente dos hallazgos novedosos. El primero se refería al impacto global de la lucha de los movimientos sociales en el mundo capitalista. El segundo eran las interesantes relaciones de sinergia que se producían entre los viejos movimientos sociales y el surgimiento de otros nuevos. Fenómeno que, a su vez, se veía complementado por las radicales transformaciones que sus acciones producían en las fuerzas contra las cuales protestaban.21