Kitabı oxu: «El despertar de la maternidad»

Elianne Elbaum
El despertar de la maternidad / Elianne Elbaum. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : El Guardián Literario, 2020.
(Biblioteca de autor)
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-8346-36-6
1. Maternidad. 2. Guías para Padres. 3. Ensayo Literario. I. Título.
CDD 649.10242
© 2020, Elianne Elbaum
Corrección de textos: Carolina Baldo
Ilustraciones de cubierta e interior: María Moor Rodríguez
Diseño de cubierta e interior: Departamento de arte de Editorial Bärenhaus S.R.L.
El guardián literario es un sello de Editorial Bärenhaus
Todos los derechos reservados

© 2020, Editorial Bärenhaus S.R.L.
Publicado bajo el sello El guardián literario
Quevedo 4014 (C1419BZL) C.A.B.A.
www.editorialbarenhaus.com
ISBN 978-987-8346-36-6
1º edición: diciembre de 2020
1º edición digital: noviembre de 2020
Conversión a formato digital: Libresque
No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446 de la República Argentina.
Sobre este libro
El despertar de la maternidad es una ensayo que deja entrever qué sucede cuando se empieza a hablar de maternidad de manera franca, rozando el sincericidio y dejando atrás la versión “rosa” de maternar. Un libro que recorre el embarazo, el renacer como madre, el caos que se suscita con la llegada del bebé, la búsqueda desesperada de volver al equilibrio y el despertar de una nueva versión de una misma; lugares de dolor, angustia, desesperación y felicidad sin igual. Describe cómo nos deshacemos, para volver a construirnos como madres desde las cenizas. Tomando consciencia sobre los procesos, los mandatos sociales y la soledad que usualmente pulula en toda esa etapa. Elianne Elbaum narra en primera persona su experiencia sobre la maternidad, dejándonos una obra que, seguramente, aportará nuevas perspectivas en esta sociedad, como así también en las venideras.
Sobre Elianne Elbaum
Elianne Elbaum es mamá de dos bellos retoños, Mila y Nico. Es activista por los derechos de las mujeres y de las madres. Politóloga graduada de la Universidad de Dickinson y Máster en Estudios Diplomáticos de la Universidad de Oxford. En la actualidad, se encuentra cursando su Doctorado en la Universidad Politécnica de Valencia en temáticas de género. Novel escritora, apasionada por la lectura y la escritura, esta es su primera obra, basada en su recorrido personal como madre en el Uruguay del siglo XXI.
Índice
Cubierta
Portada
Créditos
Sobre este libro
Sobre Elianne Elbaum
Dedicatoria
Prefacio
El retoño en las entrañas
Capítulo 1. Renacer El parto Nadie te dice Me perdí ¿Quién es? ¡Soy yo! Esa omnipresente culpa
Capítulo 2. Caos El puerperio Las dificultades y los placeres de la lactancia ¡Qué mala madre! El más profundo amor
Capítulo 3. Equilibrio La carga mental El síndrome de Cenicienta Mi tribu Quiero ser CEO El despertar de las madres
Bibliografía
Para mi mamá y mi tío Marito.
A mi viejo, a Jorge, mi hija Mila y mi hijo Nico:
Gracias por hacerme la fuerte mujer
en la que ahora me convertí.
Gracias María Laura por aventurarte
a ser mi primera lectora y editora.
Prefacio
“La experiencia de la maternidad me radicalizó”.
Adrienne Rich
Todos los seres humanos sobre la faz de esta tierra vivimos en el vientre de una mujer antes de salir al mundo. Todos somos hijos de alguna madre. De aquí la importancia de mi objeto de estudio: la experiencia de la maternidad, como experiencia subjetiva. En realidad, vengo aquí a contarles sobre mi maternidad, cómo esta cambió mi forma de ver el mundo y cómo me motivó a buscar caminos para el activismo maternal.
En la comunidad científica se maneja el concepto de descubrimiento múltiple (también conocido como simultánea invención) que es la hipótesis de que descubrimientos más científicos e invenciones se realizan de manera independiente y, más o menos, simultáneamente por múltiples científicos e inventores. Este concepto creo que ilustra el momento histórico que estamos viviendo, en el que a las mujeres por primera vez se nos está permitiendo socialmente hablar con honestidad y franqueza sobre la maternidad. Es así que múltiples autoras, ilustradoras, poetas, cantoras, científicas, directoras de cine, periodistas, trabajadoras, entre otras, estamos alzando nuestra voz, simultáneamente, en esto de las experiencias maternales imperfectas. Cada una desde su voz más auténtica.
Antes de ser madre jamás se me hubiera ocurrido escribir un libro y, obviamente, mucho menos sobre la maternidad. Pero esta nueva realidad me permitió entrar en contacto con una parte de mí única, inexplorada e incomodísima. La maternidad tiene mucho de incomodidad; es incomodo ver espejados nuestros más odiados atributos en nuestros hijos, la pérdida frecuente de la paciencia, la sensación de pérdida de control, la pérdida de libertad y, además, para las que queremos “triunfar” profesionalmente, nos pone en lugares de tensión todos los días.
Este libro nace en las notas del celular hace tres años cuando nació mi hija. Mientras ella lloraba de noche, a veces toda la noche, yo me cuestionaba cuándo todo “esto”, que aún no podía describir con palabras ni con sentires, iba a pasar. Pero este libro empezó a tener forma de narrativa a las tres de la mañana del miércoles ocho de enero de dos mil veinte mientras le daba teta a mi hijo más pequeño de cinco meses. Tener a mi segundo hijo me permitió, aunque más cansada y con menos paciencia, tener insight sobre todo lo que había vivido con mi hija, y muchos de esos sentimientos, que no lograba identificar, afloraron de nuevo. Esta vez me agarro más preparada, más consciente, menos abrumada y con un renacer creativo.
Maternar. Para mí maternar es la mezcla perfecta entre cuidar y amar, pero cada mujer lo combina de modo diferente, desde diferentes lugares: con pareja, sin pareja, con pareja del mismo sexo, siendo en realidad abuela o tía, teniendo una discapacidad, sufriendo violencia, teniendo plata o pasando por situaciones económicas muy complicadas, teniendo ayuda doméstica, viviendo la vida en comunidad o completamente sola, de modo libre u obligada, viviendo la maternidad de modo comparativo o individual, con ambiciones profesionales o tal vez con el deseo de quedarse en casa con sus hijos, desde la vulnerabilidad o desde el empoderamiento, sintiéndome supermamá, aspirando a ser supermamá, entre muchas otras configuraciones interseccionales. Por lo tanto, todas las experiencias son radicalmente diferentes y, como tales, no podría jamás decir qué es bueno o malo, qué es conveniente o no y, menos aún, qué es lo que cada una debe sentir.
En mi caso tengo un gran compañero, con quien criamos a nuestros hijos, quienes son “sanos”, y gracias a él (y a mí) logré escribir este libro en el momento de la vida en el que me encuentro. A pesar de ello, muchas veces me sentí sola, desesperada y abrumada. Este es el lugar desde donde escribo, mi lugar de madre. Asimismo, desde mi lugar privilegiado de madre trabajadora de clase media alta, logro recuperar estos tiempos y reclamarlos para, justamente, escribir este libro y dialogar con una suerte de pensamiento abstracto que me permite (en algunas ocasiones, cuando el cerebro me funciona) teorizar sobre el rol de las madres y del pensamiento maternal en la sociedad moderna.
Pero, en general, soy una madre común y corriente, por lo que obviamente este libro no es un manual ni el manifiesto maternal (no pretendo ser Karl Marx). Despotrico de igual manera en contra del servicio materno obligatorio, como de la idea de que solo las mujeres no-madres pueden ser feministas. Me equivoco mucho, aprendo todos los días, miro mi celular mientras estoy con mis hijos, los dejo mirar pantallas y comer golosinas, lloran, se caen y se pegan, se hacen chichones, se enferman, pocas veces se enfrían y nunca pasaron hambre (pues al final del día soy una madre judía). Mi hija miente, tiene berrinches y es lo más cool del mundo. Mi hijo llora, no duerme y su sonrisa desdentada lo es todo para mí. Mis hijos lo son todo para mí, pero eso no me inhibe de contarles lo que hay más allá del amor, romper el tabú de que las madres solo podemos ser felices por nuestra propia naturaleza maternal.
Como decía Enrique Pichón Riviere: “Los seres humanos somos conscientes de las pautas y normas sociales, pero no somos conscientes de las pautas, modelos y prohibiciones ‘internalizadas’ mediante las cuales la sociedad se hace presente dentro nuestro”. Esta internalización se da mediante diversos mecanismos de control e integración social. La maternidad tiene muchos mecanismos de control expresados a través de mandatos sociales, los cuales pretendo visibilizar a lo largo de estas páginas, primero para hacer una catarsis de sanación, pero además para que, eventualmente como sociedad, podamos derribarlos.
Esta es una historia real, basada en hechos reales. Habla de mi sentir de madre. Por eso nada de lo que digo en estas páginas se puede (¿ni se debe?) medir ni comprobar. Pero lo más importante de todo es que este libro es un vehículo de reconocimiento a la labor que hacemos día a día, los trescientos sesenta y cinco días del año, sin licencias, sin vacaciones, sin hora libre ni medio día libre de funcionario público. Quiero que, a través de este libro, la madre y la casa se vean públicamente. Qué lo que sucede puertas adentro, corazón adentro, que se visibilice y que salga a la luz.
Para algunos, seguramente, lo que escribo sea en la voz de una mujer burguesa hipersensible y un sobreanálisis absolutamente innecesario. Tienen razón. Todo lo que digo, además de absolutamente inútil, tiene un gran sesgo basado en el hecho de que hoy en día tengo dos niños de menos de cuatro años. Este libro está compuesto de meras opiniones de una mujer que materna con sangre, sudor y lágrimas. Así que no crean nada de lo que digo. Hagan lo que sientan y sean felices, que para pararnos están los mandatos sociales recurrentes que nos taladran el inconsciente con que debemos hacer todo mejor, dar mucho más de lo que podemos dar y que nada de lo que hagamos será suficiente.
Si aún les quedan ganas de leer, a pesar de lo dicho anteriormente, y sienten que el positivismo tóxico ya no da para más, tal vez se encuentren asintiendo con la cabeza a lo largo de estas páginas, encontrando su camino de emancipación de las cadenas de mandatos sociales para embarcarse en un proceso de deconstrucción que nos lleve de la mano, juntas, con consciencia de clase hacia el despertar de las madres.
El retoño en las entrañas
Esta vida que creo adentro
Me hizo volver a pensar y crear
Esta vida que tengo adentro
Me hace replantear
¿Es esta la vida que ahora tengo?
Decía la autora Erica Jong: “Ningún estado es tan similar a la locura, por un lado, y a lo divino, por el otro, como el estar embarazada. La madre se duplica, luego se divide por la mitad y nunca más estará completa”. Comparto completamente la visión. Estar embarazada es muy loco. Crecer un individuo adentro es increíble. Verle en las ecografías y sentirle moverse es realmente sensacional.
Nuestra niñez es donde comienza la maternidad y el embarazo es su prefacio. Te va preparando poco a poco para compartir tu cuerpo (y todo tu ser) con otro individuo. Esto no termina en el embarazo, de hecho continúa por mucho tiempo más. ¿Se entiende que un ser humano sale de tu cuerpo al cabo de 40 semanas, más o menos? Es muy bizarro. Desde nuestra posmodernidad en la que nos creemos civilizados, en el medio del siglo XXI en la mayoría de los casos, las mujeres nos embarazamos, gestamos en nuestros úteros y nuestras almas a los futuros humanos y luego los parimos. ¡Me siento prehistórica!
He escuchado las cosas más bizarras sobre las clases de parto. Por ejemplo, estas mujeres que parieron y que son supuestamente profesionales le dicen a otras mujeres embarazadas que si sienten un “olor a churrasquito y ven humo” durante la cesárea no se asusten, porque te queman la piel y podés llegar a sentir ese olor. Además te muestran un bebé masivo, intentando informar que algo de ese tamaño saldrá por algún lado. Como estas, un montón de cosas más que lo único que no hacen es prepararte para el parto, sino que te dejan con más dudas y miedos. En esas “clases” se inculca el miedo, esto siempre se usó como mecanismo de control por parte de un sistema que muchas veces nos quiere vulnerables, sintiéndonos que no sabemos nada y que debemos “aprender”.
Es sorprendente que en vez de sentarnos todas con nuestras parejas en un círculo a compartir y hablar de nuestras experiencias, no nos hicieran sentar a todas en fila como si estuviéramos en la escuela (del siglo XIX). Este tipo de dinámicas no ayuda para nada, es más, es contraproducente para sentirse empoderada o sostenida durante la gestación. Gracioso además que “pasen falta” como si al final del parto nos fueran a dar el carnet con las materias y las notas. Clase de parto: puede y debe mejorar rendimiento; parto: satisfactorio; lactancia: casi satisfactorio; conducta: sobresaliente (calladita y sin decir nada, ¡eh!). Y parece que hasta le tienen que firman el “boletín” natal los padres. Es irrisorio.
De alguna manera la humanidad se ha reproducido y nunca antes necesitó de clases de parto ni de partosutras. La división de trabajo y la especialización que ha tenido lugar en el siglo XIX, ha llevado a que existan servicios y carreras profesionales que estén al servicio de la mujer embarazada, pero al mismo tiempo en su contra. Clases de parto, pilates para embarazadas, doulas, yoga prenatal, consultoras de lactancia, de sueño, de alimentación BLW, de movimiento libre, meditación prenatal, masajes pre y postparto, entre otros servicios, han jugado roles a veces muy positivos en el acompañamiento del embarazo y otras veces, bastante negativos. En esto que maternamos solas, los roles que tradicionalmente cumplían las diferentes mujeres de la tribu, ahora los ofrece el mercado. A veces la lógica del mercado es algo perversa y no contempla los impactos en la salud mental de sus consumidoras.
Lo mismo la cantidad de controles y estudios a los que hay que someterse. Es realmente descabellado. Muchas veces se nos trata como si estuviéramos enfermas, cuando el embarazo es un estado “natural” en la mujer. En mi caso, di con el ginecólogo ideal (después de pasar por cuatro aterradores). Un tipo comprometido, presente, empático, excelente profesional y mejor persona, pero de todos modos no zafé de todos los controles, los exámenes constantes y la amenaza de la balanza cada menos de un mes. Tuve que hacer un gran trabajo mental de contrología para no entrar en pánico cada vez que tenía consulta. Elegí hacerme pocas ecografías, solo las necesarias, me convencí de que ya tendría tiempo de conocerlos.
En mi segundo embarazo, por ser madre añeja (de treinta y cinco), tuve que hacer aun más exámenes y estudios de carácter genético. Muchas veces me planteé, de existir algún problema con el bebé en la panza, qué podría yo (o el médico) hacer. ¿Podría llegar a abortar? ¿Estaría preparada para hacer algo así? Si bien estoy absolutamente a favor de la despenalización del aborto, no sé si yo podría haber abortado. Esto es tan particular en cada mujer que me es imposible afirmar algo que nos represente a todas.
Lo que sí sé es que el embarazo es algo muy personal, pero de alguna manera la gente cree que es de todos. Se sienten con derecho a tocarte la panza, a hacer preguntas superíntimas, a presionarte para que hagas ciertas cosas o no las hagas. Te examinan, opinan sobre tu cuerpo: si estas gorda o flaca, linda o fea, afectada o no por las hormonas. Es indignante. ¿Por qué está opinando, señora? Realmente, nadie le preguntó.
Lo otro que me parece brutal es la ansiedad de la gente. Cuando estás soltera te preguntan cuándo viene el novio (noten por favor que nadie te pregunta cuándo viene la novia o si realmente estás interesada en relaciones sexo-afectivas); cuando tenés pareja, cuándo viene el casamiento (nadie te pregunta si efectivamente creés en la institución matrimonial o si la creés necesaria como mínimo); cuando te casas/juntas todos te preguntan para cuándo encargás (nadie te pregunta si querés y/o podés tener hijos); cuando tenés al primero todos te pregunta cuándo viene el segundo (nadie te pregunta si realmente la pasaste bien con el primero) y cuando tenés el segundo te preguntan para cuándo el tercero. Y así sucesivamente, en una espiral ad infinitum.
La maternidad es personal. Cada una la construye, o no, como puede y poco agregan las opiniones y preguntas. Por eso, cada vez que me encuentro con una embarazada, intento no preguntar, no atomizar, dejarla ser en su proyecto de maternidad. Sin opiniones ni pareceres, sino con la alegría y emoción de quien lleva a su hijo adentro, una sensación única y alucinante.
Pulsuz fraqment bitdi.