Kitabı oxu: «Cartas rústicas. Epístolas. Cartas de Quión de Heraclea. Cartas de Temístocles.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 263

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CONCEPCIÓN SERRANO AYBAR y JOSÉ M.a LUCAS DE DIOS (Eliano, Cartas Rústicas y Teofilacto Simocates, Epístolas) y por SUSANA LIZCANO (Cartas de Quión de Heraclea y Cartas de Temístocles).
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1999.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO352
ISBN 9788424932817.
INTRODUCCIÓN
1. Clasificación epistolar. Cartas falsas y cartas ficticias
Uno de los mayores problemas que presenta la epistolografía griega es su clasificación. No vamos a tratar aquí esta cuestión de una manera pormenorizada 1 , sino sólo aquellos aspectos que conciernen a las obras traducidas en este volumen.
El criterio prioritario para clasificar la literatura epistolar debe ser el carácter real de la carta y la intención de su autor. De este modo resulta una clasificación gradual que va desde las cartas «privadas en sentido estricto» hasta las «ficticias en sentido estricto». El problema se presenta cuando hay que incluir en uno u otro grupo aquellas cartas cuya autenticidad o falsedad no es segura. Así ocurre con las cartas atribuidas a personajes históricos célebres, bien estén incluidas en otra obra literaria, bien se trate de colecciones epistolares independientes. En muchas de estas colecciones epistolares hay que contar con un núcleo originario auténtico al que después se añadieron otras cartas pseudoepigráficas o falsas, en buena parte ejercicios de escuelas de retórica (por lo que en rigor no es correcto hablar de «falsificación»). Cada colección epistolar presenta sus propias características y sus propios problemas. Junto a colecciones cuya autenticidad es clara (aunque puedan contener también alguna carta falsa), hay colecciones de autenticidad dudosa, y otras indiscutiblemente falsas, la mayoría de los siglos I a. C. y d. C. Entre estas últimas están, muy probablemente, las de Temístocles y las de Quión de Heraclea. La intención de su autor al escribirlas es lo que debe decidir su inclusión en el grupo de «cartas falsas» o en el de «cartas ficticias» 2 .
2. «Cartas ficticias en sentido estricto»
El carácter ficticio de las cartas de Eliano y de Teofilacto está fuera de duda. Cartas ficticias en sentido estricto son aquellas cuyos remitentes y destinatarios son personajes imaginarios. En ocasiones los protagonistas son personajes reales, pero, a diferencia de lo que ocurre en las pseudoepigráficas, el autor no tuvo nunca la intención de hacerlas pasar por auténticas (por ejemplo, las que se intercambian Menandro y Glícera, o Frine y Pericles, en el libro IV de Alcifrón, o algunas de Teofilacto como la núm. 42, de Pericles a Aspasia, o la núm. 1, de Critias a Plotino, en la que además los dos personajes pertenecen a dos épocas distintas). Las cartas ficticias van siempre firmadas por su verdadero autor, a no ser que su nombre se haya perdido durante la transmisión, como ocurre con las que nos han llegado bajo el nombre de Aristéneto. Alcanzaron su plenitud como género autónomo en época imperial, a partir del s. II d. C., y presentan dos variedades, la carta patológico-erótica (por ejemplo, las Cartas Eróticas de Filóstrato) y la carta etopéyica, cuyo propósito es presentar y describir caracteres y tipos sociales, y que es cultivada, además de por Eliano, por Alcifrón y Aristéneto. Autor tardío de este género es Teofilacto, de época bizantina, cuyas epístolas responden, sin embargo, al carácter y estilo de la literatura retórica de época imperial.
Es difícil establecer los límites de la carta ficticia como género autónomo 3 . Ya hemos señalado la dificultad de distinguir entre cartas ficticias y cartas pseudoepigráficas; en otras ocasiones el problema lo plantean aquellas cartas que son tales sólo en su forma externa, y que son consideradas por algunos como pequeños mimos (por ejemplo, las cartas de Alcifrón o las de Aristéneto), novelas (las cartas de Quión de Heraclea y Temístocles), o elegías en prosa (las cartas amorosas de Filóstrato) 4 .
3. Recursos de las cartas ficticias de Eliano y Teofilacto: refranes y nombres de los personajes
Llama la atención el elevado número de refranes que emplean Eliano y Teofilacto 5 . Se trata de una característica de la epistolografía, como lo confirma el pasaje de Pseudo-Demetrio sobre el estilo epistolar (Sobre el estilo IV 232), donde se afirma que la abundancia de refranes contribuye a la belleza de la epístola. A menudo los refranes ocupan las partes más importantes de una epístola: el comienzo y el final. Sus fuentes son diversas: Hesíodo, Alemán, autores de la comedia ática (Cratino, Aristófanes, Menandro), Jenofonte, o incluso colecciones de refranes 6 , aunque no siempre podemos establecer la fuente precisa de cada proverbio, sobre todo cuando el refrán aparece ligeramente cambiado respecto a los testimonios anteriores 7 .
En las epístolas rústicas de Eliano y de Teofilacto es frecuente que los personajes lleven nombres «parlantes», que suelen hacer referencia a lugares, vegetales, animales y otros términos del léxico rural. También Alcifrón emplea numerosos nombres parlantes, no sólo en las cartas de campesinos, sino también en las de pescadores, con raíces pertenecientes al léxico marino, y, sobre todo, en las de parásitos, cuyos nombres suelen ser burlescos. Rara vez los tres autores coinciden en los nombres de sus campesinos.
Eliano emplea menos los nombres parlantes y más frecuentemente nombres tomados de la comedia (Blepeo, Calípides, Cnemón, Cremes, Laques, Mania, Parmenón, Símilo), o incluso de Demóstenes (Cálaro y Calicles). Pero también encontramos nombres parlantes como Antemión (de ánthos, «flor»), Betón (de baítē, «pelliza»), Comárquides (de kṓmē, «aldea»), Filérifo (de ériphos, «cabrito»), u Opora (de opṓra: véase ep. 7, nota 12); el nombre Hemerón (ep. 2), puede proceder de hēmerís, «viña de plantío», o de hḗmeros, «manso», nombre muy adecuado al carácter del personaje que lo lleva (cf. el comienzo de la epístola: «El delicado Hemerón...»).
En las cartas rústicas de Teofilacto los nombres parlantes son muy frecuentes: Ampelino (83), Ampelio (32), Ampelón (80), formados a partir de ámpelos, «vid»; Antino (83) de ánthos, «flor»; Arnón (47) sobre arḗn, «cordero»; Astaquión (23) sobre ástachys, «espiga»; Bubalión (65) sobre boúbalis, «antílope»; Bucolión (77) de boukólos, «boyero»; Calamón (50) sobre kálamos, «caña»; Calístaquis (11) cuyo segundo elemento es stáchys, «espiga»; Cepias (59) sobre kḗpos, «jardín, huerto»; Ciparisón (11 y 71) sobre kypárissos, «ciprés»; Cisibio (65) sobre kissýbion, «cuenco, artesa»; Cloazón sobre chlóē, «hierba»; Dafnón (8 y 56) sobre dáphnē, «laurel»; Dámalo (14) sobre dámalis, «ternera»; Dorcón (2 y 74) sobre dorkás, «gacela»; Egiro (5 y 56) sobre aígeiros, «álamo negro»; Elafón (74) sobre élaphos, «ciervo»; Espirón (27 y 50) sobre speírō, «sembrar»; Lacanón (29) sobre láchanon, «hortaliza, legumbre»; Lofón (17) sobre lóphos, «colina»; Maratón (41) de márathon, «hinojo»; Mecón (20) de mḗkōn, «amapola, adormidera»; Milón (23) sobre mylṓn, «molino»; Mintón (53) sobre mínthē, «menta»; Moscón (2 y 35) sobre móschos, «ternero»; Ortigón (38) sobre órtyx, «codorniz»; Pedíade (17) sobre pediás, «llanura»; Peganón (29 y 41) sobre pḗganon, «ruda»; Pemnión (47) sobre poímnē, «rebaño»; Plátano (5) sobre plátanos, «plátano»; Poas (32) sobre póa, «hierba»; Rizón (53) sobre rhízē, «raíz»; Rodón (71) de rhódon, «rosa»; Seutlión (68) sobre seûtlon, (= teûtlon), «acelga»; Teristrón (27) sobre theristḗs, «segador»; Tetigón (38 y 62) sobre téttix, «cigarra»; Trigias (14) de trýx, «mosto» o trýgē, «vendimia». Para los personajes femeninos de sus cartas eróticas Teofilacto suele emplear nombres característicos de cortesanas, a veces tomados de la Comedia: Crisipe (51 y 84) y Crisógone (12 y 48; el nombre Crisis aparece en Samia de Menandro y en Diálogos de las heteras 8 de Luciano), Corina (15; cf. Luciano, Diálogos de las heteras 6), Lais (24, 60 y 69; cf. Alcifrón, IV, fr. 5), Habrótono (51; cf. Menandro, El arbitraje ), Terpsítea y Érato (6), etc.
Como ocurre en Alcifrón 8 , también en ocasiones los protagonistas de las epístolas de Teofilacto son personajes históricos célebres, sobre todo en las cartas morales, cuyos protagonistas suelen ser filósofos, y los anacronismos son frecuentes. En la epístola núm. 1 el oligarca Critias (s. v a. C.) escribe a Plotino (s. III d. C.). El filósofo cínico Diógenes de Sínope es seguramente el remitente de las cartas 19 (contra la riqueza, dirigida a Crises 9 ), 76 (sobre lo efímero de la gloria), 43 y 46. Sócrates es el autor de las epístolas 40 a Platón, 52 a Cleón 10 , 82 a Alcibíades, y es citado en algunas más. Platón es el remitente de la ep. 70 dirigida a Axíoco y de la 85, sobre lo efímero de la gloria mundana, cuyo destinatario es el tirano Dionisio de Siracusa. De igual contenido y dirigida también a Dionisio de Siracusa es la epístola 79, aunque en esta ocasión su remitente es Isócrates, por lo que las ediciones de este orador la suelen incluir, erróneamente, como auténtica. El político ateniense Pericles es el destinatario de la carta 22, cuyo remitente es el cínico Antístenes 11 , y el autor de la núm. 42, carta llena de reproches a Aspasia, la famosa cortesana que llegó a ser su mujer.
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1 Véase al respecto M. DEL BARRIO, «Algunos problemas de la epistolografia griega...».
2 La cuestión de la autenticidad de las cartas atribuidas a personajes históricos se planteó sobre todo a raíz de que R. B ENTLEY, Dissertations..., demostrara el carácter falso de las cartas de Fálaris y de otras colecciones epistolares, y en algunos casos, como en el de Platón, ha dado lugar a numerosos estudios (cf. CII . HUIT , «Les epistolographes Grecs...»; J. SYKUTRIS, «Epistolographie...», cols. 211-212; M. FERNÁNDEZ GALIANO ,«Los problemas de autenticidad...», págs. 213-223; id. «Tipología de los problemas de autenticidad...».
3 Sobre las cartas ficticias incluidas en otra obra literaria, véase M. DEL BARRIO, «La epístola como elemento constitutivo...».
4 Otras veces es la identidad del autor lo que plantea problemas. Así no hay unanimidad sobre cuál de los cuatro Filóstratos que conocemos es el autor de las Cartas Eróticas, y no se sabe la identidad del autor de las epístolas transmitidas bajo el nombre de Aristéneto, quien seguramente es sólo el remitente de algunas de estas cartas, y no su autor real.
5 Lo mismo ocurre en Alcifrón y Aristéneto y, con menos frecuencia, en las Cartas de Quión y de Temístocles.
6 Que Eliano disponía de una colección de refranes parece claro por las explicaciones que a veces da de algunos proverbios (cf. Varia Historia VIII 18; Historia de los Animales III 43; XII 8; XII 10; XV 20).
7 Incluso a veces aparecen unidos dos refranes de contenido similar, lo que también ocurre en Luciano y en Arístides.
8 Cf. las cartas de cortesanas del libro IV: núm. 1 de Friné al escultor Praxíteles, núm. 7 de Báquide al orador Hipérides, núm. 16 de Lamia a Demetrio Poliorcetes, y núms. 18 y 19, con el intercambio epistolar entre Menandro y Glícera.
9 Sin duda un personaje ficticio cuyo nombre está formado sobre chrysós «oro».
10 Seguramente el demagogo ateniense muerto en 422 a. C.
11 Antístenes nace en 440 a. C. y Pericles muere en 429, por lo que, como muy tarde, el filósofo cínico habría escrito la carta cuando sólo contaba once años.
ELIANO
CARTAS RÚSTICAS
INTRODUCCIÓN
1. El autor de las «Cartas Rústicas»
Conservamos veinte Cartas Rústicas, del estilo de las de Alcifrón, atribuidas a Eliano. Ya los estudios de R. Hercher 1 , W. Schmid 2 y H. Reich 3 , dejaban fuera de duda que el autor es el sofista Claudio Eliano, autor también de Varia Historia y de Historia de los Animales 4 . Sabemos de su vida por la escasa información de la Suda, y, principalmente, por las Vidas de los sofistas de Filóstrato (II 31). Claudio Eliano nació en Preneste en la segunda mitad del s. II d. C., donde llegó a ser sumo sacerdote. Más tarde fue a Roma, donde, al igual que Filóstrato, perteneció al círculo literario de Julia Domna, esposa de Septimio Severo. Por las noticias de Filóstrato es seguro que vivió por lo menos hasta después del 222 d. C. (¿175-238 d. C.?) 5 .
Además de las Cartas Rústicas, de Eliano conservamos De natura animalium, o Historia de los Animales, su obra principal, recopilación en diecisiete libros de observaciones y anécdotas sobre el mundo animal, de escaso valor científico 6 , Historias varias (Varia historia), y dos epigramas 7 . La Suda nos ha transmitido fragmentos de dos tratados de inspiración estoica, De providentia y De divinae potentiae argumentis. Por último, según Filóstrato, Eliano compuso también una diatriba contra Heliogábalo, titulada Contra Gymnis.
2. Las «Cartas Rústicas»
El título de las epístolas (De entre las Cartas Rústicas de Eliano) ha hecho pensar a algunos 8 que las veinte cartas formaban parte de una colección más amplia, y que eran el resultado de una selección hecha por un copista o gramático, aunque es imposible determinar la época en que se realizó dicha selección, el criterio seguido, así como la extensión de la obra originaria (según estos autores, es muy probable que la última de las veinte cartas conservadas fuera también la última de toda la colección, pues las palabras finales son una especie de colofón 9 ). Sin embargo, por lo general se considera que, a pesar del título, las veinte cartas constituyen la colección completa.
Las fuentes de las Cartas Rústicas de Eliano, especialmente su relación con las que constituyen el libro IV de la Epístolas de Alcifrón, constituyen una cuestión polémica. Ambas presentan una serie de semejanzas: coincidencias onomásticas, correspondencias en el léxico y en la fraseología 10 , semejanzas en el contenido y algunos pasajes paralelos (por ejemplo, los regalos de un amante son despreciados en Alcifrón, IV 9 y en Eliano, 8; un campesino abandona el campo y cambia de oficio en Alcifrón, II 4 y en Eliano, 18; o el elogio de la vida campestre en Alcifrón, II 12 y 13 y en Eliano, 20, entre otros). Apoyándose en estas semejanzas, algunos concluyen que uno de los dos autores tiene que haber imitado al otro 11 . Desgraciadamente no sabemos en qué época vivió Alcifrón, dato que sería decisivo a la hora de establecer las relaciones de paternidad o de filiación de este autor, no sólo respecto a Eliano, sino también respecto a Luciano y Longo. Por las características de su obra, que corresponden plenamente a las de la Segunda Sofística, lo más probable es que Alcifrón pertenezca a la segunda mitad del s. II d. C. Esta datación apuntaría a Eliano como imitador de Alcifrón 12 .
Pero no todos son de esta opinión 13 . En primer lugar, en lo que respecta a las coincidencias onomásticas, la mayoría de los nombres que aparecen en las cartas de Eliano y Alcifrón pertenecen a la Comedia Nueva, de donde Eliano pudo haberlos tomado directamente, y no necesariamente a través de Alcifrón. Otros nombres aparecen también en Homero, Platón, Demóstenes o Plutarco, y tienen además resonancias bucólicas, por lo que no es extraño que tanto Eliano como Alcifrón los empleasen en sus cartas rústicas de manera independiente. Respecto a la aparición en ambos autores de términos y giros raros o con un sentido diferente al habitual, con relativa frecuencia los encontramos también en otros autores, principalmente en los cómicos (Aristófanes, Cratino, Éupolis, Menandro...), así como en Platón, Iseo y Luciano 14 . De este modo, Eliano pudo haberse inspirado directamente en la comedia ática, sin que haya que recurrir a Alcifrón como intermediario: si conserváramos más obras de los autores cómicos sería posible identificar en Eliano un número mayor de expresiones cómicas. Por último, la afinidad en los temas se explica porque éstos pertenecen al fondo tradicional de la epístola rústica o proceden de la comedia. En algunos casos es posible precisar las obras que sirvieron de modelo, principalmente oradores y cómicos. Así la primera parte de la epístola 2 de Eliano es una paráfrasis de El Labrador 46-52, de Menandro, y la segunda parte se inspira en los versos 1103-1106 del Pluto de Aristófanes; la epístola 6 se inspira en el discurso de Demóstenes Contra Calicles, y las cartas 13-16 en el Misántropo de Menandro 15 . Podemos concluir, por tanto, que el propósito de Eliano en sus Cartas Rústicas fue reproducir el ambiente rural del Ática de época clásica, para lo cual tomó de diversas fuentes detalles y tópicos de la vida del campo, así como términos relacionados con la agricultura y arcaísmos. Aunque hay resonancias de Homero, Hesíodo, Platón, Jenofonte, Demóstenes, o Luciano, sin embargo su fuente principal es la comedia, de la que toma tanto los tipos como algunos términos y giros. Aun admitiendo que Eliano conociera la obra de Alcifrón, no hay argumentos decisivos que demuestren que lo imitara: más bien hay que pensar que las semejanzas se deben a que ambos autores se sirven de las mismas fuentes, principalmente los poetas cómicos.
Las epístolas de Eliano suelen ser valoradas negativamente, sobre todo cuando se las compara con las de Alcifrón 16 . Son menos los que, como I. L. Thyresson 17 , emiten un juicio más favorable.
3. Tradición manuscrita. Ediciones y traducciones
Conservamos sólo dos códices con todas las epístolas de Eliano, ambos utilizados por las ediciones de Benner-Fobes y de Domingo-Forasté: Cod. Ambrosianus gr. 81 (B 4 Sup.), del siglo x, y Cod. Matritensis gr. 4693 (63 Iriarte), por Constantino Láscaris. Al parecer, la edición princeps de Marco Musuro emplea otro códice que no conocemos y que parece tener la misma procedencia que el Matritensis. Un tercer códice, Codex Vallicellianus gr. 182 (XCII All.), contiene solamente partes de tres epístolas, y no aporta nada nuevo.
La edición más reciente de las cartas de Eliano es la de D. Domingo-Forasté, para la Teubner (1994). Es la que hemos utilizado principalmente, aunque también hemos consultado las ediciones anteriores de P. A. M. Leone (1974), A. R. Benner-F. H. Fobes (Loeb, 1949, con reimpresiones posteriores), y las dos de Hercher de 1858 y 1873. Que nosotros sepamos, no existe hasta el momento ninguna traducción al castellano de las Cartas Rústicas de Eliano. Han sido traducidas al latín por R. Hercher en su edición bilingüe (1873) 18 , al francés por P. Quillard (1895) 19 , al inglés por A. R. Benner y F. H. Fobes en su edición de Loeb (1949) 20 , al alemán por J. F. Herel y B. Kytzler (1967) 21 , y al italiano por P. A. M. Leone (1975) 22 .
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2 Der Atticismus... III, 1893.
3 De Alciphronis..., págs. 27 y sigs.
4 Ya R. HERCIIER , loc. cit., vio que en las cartas aparecen muchas de las palabras y frases favoritas del autor de Historia de los animales, aunque no con tanta frecuencia como en sus otras obras, por lo que piensa que las Cartas Rústicas son un trabajo de su juventud, quizá su primera obra en griego. Véase también H. REICII , De Alciphronis..., pág. 67.
5 Otros detalles sobre su vida pueden verse en la introducción de Historia de los Animales I, de J. M.a DÍAZ -REGAÑÓN , Madrid, BCG, 1984.
6 Véase la introducción de J. M.a DÍAZ -REGAÑÓN , op. cit.
7 G. KAIBEL , Epigrammata graeca ex lapidibus conlecta, Berlín, 1878, núms. 1084-1085.
8 C. BONNER , «On Certain Supposed...», 33.
9 Véase P. A. M. LEONE , «Le lettere Rustiche...», 56.
10 Véase A. R. BENNER , F. H. FOBES , The Letters of Alciphron, Aelian and Philostratus..., pág. 15.
11 H. REICH , De Alciphronis..., págs. 32 y sigs.
12 Curiosamente Reich llega a la misma conclusión sobre la época de Alcifrón valiéndose del razonamiento inverso: como da por supuesto que Eliano es el que imita a Alcifrón, necesariamente éste tuvo que ser anterior, y lo sitúa en la segunda mitad del s. II d. C.
13 Véase W. SCIIMID , «Bericht über d. Litt. 1894-1900 zur zweiten Sophistik», en Bursians Jahresb. über die Fortschritte der klass. Altert. 18 (1901), 258-259, y especialmente C. BONNER , «On Certain Supposed...», 33 y sigs.
14 Cf. BONNER , «On Certain Supposed...», 36-44.
15 Véase el estudio de I. L. TIIYRESSON , «Quatre lettres...».
16 Cf. BONNER , «On Certain Supposed...», 44; LEONE , «Le lettere Rustiche...», 60; y BENNER -FOBES , The Letters of Alciphron..., pág. 345, que las equiparan a las peores de Alcifrón.
17 «Quatre lettres...».
18 Epistolographi Graeci...
19 Les lettres rustiques de Claudius Aelianus...
20 The Letters of Alciphron...
21 Erotische Briefe...
22 «Le lettere rustiche...», 61-74.
23 Para las ediciones anteriores a la de Hercher, véase la introducción de la edición de Domingo-Forasté, pág. VIII.
1
De Euticómides a Blepeo
Mientras ponía a secar las uvas al calor del sol, se me acercó Mania y comenzó a provocarme entre contoneos, insinuaciones, y no pocas burlas. Yo la deseaba con ardor ya desde hacía tiempo, y me decidí a cometer una audacia: cuando estuvo cerca la agarré con ganas 1 y, mandando a paseo las uvas, me lancé sobre ella y con gozo vendimié los frutos de su juventud 2 . ¡En nombre de Pan! guarda en secreto este suceso, como si fueran los Grandes Misterios.
2
De Comárquides a Drópides
El delicado Hemerón se ha dado un buen golpe en la pierna con una roca; ahora la fiebre se ha apoderado de él y tiene la ingle hinchada 3 . ¡Hasta dos quintales 4 de higos secos daría por verlo curado! Saluda de mi parte a la oveja de lana suave que tanto me gusta, a los dos terneros y a la perra 5 y, por supuesto, también a Mania.
3
De Eupítides a Timónides
La esclava que me enviaste me está agraviando, pues me roba las gavillas a escondidas. Más te vale que deje de hacerlo, pues sólo así podremos seguir siendo amigos. Pero si continúa con sus robos pienso llevarte a juicio. Con razón se estremecerían en su tumba mis mayores si yo, Eupítides de Coridalo 6 , consintiera semejante ultraje, y, encima, de una esclava que no vale ni dos minas 7 .
4
De Antemión 8 a Draces
Cuéntame: ¿qué faena de provecho has cumplido tú? ¿A qué noble labor te has dedicado? Yo he plantado una hilera de vides, tiernos retoños de higueras, y he puesto olivos alrededor del campo. Cené después un puré de guisantes y apuré tres grandes copas, antes de irme a dormir satisfecho.
5
De Betón a Antemión 9
Mis colmenas están vacías: las abejas han dejado su hogar. Nunca antes se habían escapado, sino permanecían fieles y vivían en el panal como en su propia casa. Disponían de un prado lleno de rocío y flores que yo les ofrecía como pingüe festín, y ellas, en su excesivo afán por trabajar, me agasajaban a su vez con dulce y abundante miel. Nunca eran estériles sus dulces partos. Pero ahora se han ido, sin que yo las haya ofendido en nada, lo juro, por Aristeo 10 y por el mismo Apolo. Así que ahora andan fugitivas, su casa está vacía y las flores del prado se consumen de vejez. Cuando recuerdo sus revoloteos y sus graciosas danzas sólo pienso que he sido privado de unas hijas y me enfurezco con ellas: ¿por qué han abandonado al que las alimentaba, que era como un padre para ellas, a su guardián y protector, nunca ingrato? Rastrearé sus huellas y averiguaré dónde se han asentado las fugitivas y, por supuesto, quién las ha acogido, ya que retiene en su poder a las que no le pertenecen. Cuando las encuentre no dejaré de reprocharles su traición y su ingratitud.
6
De Cálaro a Calicles
La carta está inspirada en Demóstenes, Contra Calicles. En este discurso Calicles y el acusado, que se identifica a sí mismo como hijo de Tisias y amo del esclavo Cálaro, son dueños de dos propiedades vecinas separadas por un camino público. Calicles acusa a su vecino de haber tapiado la acequia por lo que, tras unas lluvias, las aguas inundaron el camino, de donde pasaron al campo de Calicles. Según el acusado, el propósito de Calicles al interponerle un juicio tras otro es conseguir que su vecino le ceda su campo. Como se ve, los personajes y hechos concuerdan claramente, aunque el autor de la epístola de Eliano es el esclavo Cálaro.
¿A dónde vamos a poder desviar la corriente de agua? Porque, si no se puede verter en el camino ni puede atravesar el campo del vecino, ¡no nos vas a decir que nos la bebamos! El viejo refrán que dice que un mal vecino es una desgracia 11 ahora se ha confirmado contigo. Pero de nada te servirá emplear la fuerza, porque el campo no te lo vamos a vender y, si mi amo está en su sano juicio, te ha de llevar a los tribunales por esto.
7
De Dercilo a Opora 12
No te alabo por tu supuesta hermosura ni por los muchos amantes que dices tener. Puede que a otros gustes por tu belleza: a mí me gustas por tu nombre y te quiero como quiero la tierra de mis antepasados. Admiro el tino de quien te lo puso, sin duda para que te amaran con locura no sólo los de la ciudad, sino también los campesinos. ¿Qué hay de malo, entonces, en que yo pretenda a Opora? Junto a sus otros encantos también su nombre puede seducir y hacer brotar el amor, especialmente en un hombre que vive de la agricultura. Por eso te he enviado higos, fruto del otoño 13 campestre cuyo nombre compartes, uvas y vino del lagar, y en primavera te enviaré rosas, los frutos 14 de los prados.
8
De Opora a Dercilo
Tú sabrás si dices en serio lo de mi nombre o si estás bromeando. Pero no creo que lo que me envías sea motivo de orgullo. ¡Bonitos regalos! Frutos que apenas valen dos óbolos 15 y un vino cuya juventud ofende. ¡Que se lo beba la Frigia 16 ! El vino que yo bebo es de Lesbos y de Tasos 17 , y lo que yo pido es dinero. Enviar frutos a Opora 18 es como llevar fuego al fuego 19 . Conviene que conozcas mi manera de pensar. Mi nombre también es causa de que quiera obtener dinero de los que desean tratar conmigo, pues me advierte que la belleza del cuerpo se parece a la de los frutos: mientras está en sazón conviene recibir a cambio de ella una compensación, pues cuando desaparece, ¿qué somos sino un árbol sin frutos ni hojas? Mientras Naturaleza concede a los árboles florecer de nuevo, las cortesanas sólo una vez estamos en sazón. Hay, por tanto, que ahorrar para la vejez.
9
De Cremes a Parmenón
La carta guarda un gran parecido con una escena del Eunuco de Terencio (929-940).
Demasiado tarde he comprobado cuán bien me aconsejabas y advertías que huyera de las cortesanas. Abren sus fauces para despojarte y fingen quererte mientras en realidad te rechazan. Lo que más me molesta es que hasta que no se han saciado fingen pudor y recato y no consienten en yacer contigo. Luego arrebañan el plato y a escondidas arramblan con todo, y tragan más que un jornalero, pero en nuestra presencia se comportan finamente. En cambio yo tengo que hacerlo todo con prisas: agarrarla y levantarle las dos piernas en un santiamén, y volver de nuevo a mis cabras. Pero cuando la maldita Tebaide se contoneaba ante mí y a punto estaba yo de levantarla por la cintura, arrojarla sobre el lecho y pasar rápidamente a la acción, me lo impidió un soldado. ¡Así se muera! Trasíleo creo que se llamaba, o algún otro nombre parecido relacionado con las fieras 20 .
10
De Filérifo a Símilo
Me he enterado de que tu hijo es un libertino: ¿por qué no lo coges por la fuerza y lo castras, como hacemos con los machos cabríos? Eso vuelve tranquilos y continentes a los animales. En este menester yo soy harto hábil: lo curaré en un santiamén con compresas de sal y ungüentos de pez. Luego quedará más sano que una garrapata 21 y que una calabaza 22 . Abandonará sus amoríos y dejará de malgastar tu hacienda. ¿Quién en su sano juicio mantendría a un libertino sin castrar?
11
De Lamprias a Trife
Los jóvenes crían perras buenas para la caza, pero jamás vi una liebre más ágil ni enjuta que ésta. Es asombroso que la pudiera atrapar. Es ahora, despellejada y despojada de su piel, cuando puede verse bien, o, mejor dicho (pues no me he expresado con propiedad), cuando se la ve aún menos. Y tú, Trife, deja de burlarte de mí. Pues si mi padre te ve, des dichada, sin duda que recibirás tu castigo. Hasta yo le tengo miedo, y eso que es mi padre. Tú, sin embargo, te atreves a mostrarte altanera y despectiva con él.
12
De Trife a Lamprias
Por Zeus que voy a colgar el pellejo de la liebre, oh Lamprias, como trofeo de tus cacerías, a semejanza de los grandes cazadores de antaño. También tus gestas cinegéticas serán puestas por escrito. ¿La atrapaste tú mismo o te la han regalado? ¿Cómo pudisteis verla con lo pequeña que es? Realmente tuvieron buen olfato las perras: como es imposible que la hayan visto, sin duda debieron de olerla. Desde que comenzaste a cazar, te comportas conmigo como un verdadero Hipólito 23 . Ten cuidado, no vaya a ser que Afrodita se irrite también contigo por tus desprecios.
13
De Calípides a Cnemón
Las cartas 13-16 contienen un intercambio epistolar entre dos campesinos. Se inspiran en El misántropo de Menandro, de donde Eliano toma el tipo del campesino misántropo, el nombre de los protagonistas y diversos pasajes, no sin algunas variaciones (véase el estudio de I. L. Thyresson, «Quatre lettres...»). El tema del misántropo aparece también en el Timón de Luciano y en Alcifrón, Ep. II 32, que al parecer también se inspiran en la comedia menandrea.
Muchas ventajas tiene la vida en el campo; por ejemplo, dulcifica el carácter. En efecto, la tranquilidad y el trabajo de la tierra producen un hermoso sosiego. Tú, sin embargo, te comportas como un salvaje y no eres un buen vecino para los que conviven contigo. Nos arrojas pellas de tierra y peras silvestres 24 , y comienzas a gritar cuando ves a un hombre como si persiguieras a un lobo: eres un terrible y —como dice el refrán— amargo vecino 25 . Si la tierra que trabajo no fuera la de mi padre, de buena gana ya la habría vendido para escapar de tan terrible vecino. Así que, buen Cnemón, cambia tu funesto carácter; si no, tu genio te conducirá a la desgracia y te volverás loco sin darte cuenta. Acepta de un amigo estos amistosos consejos que ojalá sirvan para remediar tu carácter.
14
De Cnemón a Calípides
No tenía por qué contestarte, pero como eres un entrometido y me obligas a tratar contigo en contra de mi voluntad, por lo menos de este modo salgo ganando en que puedo dirigirme a ti a través de intermediarios y no tengo que hacerlo personalmente. Así que ésta será —como se dice— una respuesta «escítica» 26 . Estoy loco: tengo sed de sangre y odio al género humano. Por ello arrojo terrones y piedras a los que entran en mi campo. Considero dichoso al famoso Perseo por dos motivos. En primer lugar porque, al tener alas, no se encontraba con nadie y estaba a demasiada altura para tratar y saludar a alguien. En segundo lugar, le envidio porque podía convertir en piedras a aquellos con los que se topaba 27 : si también yo pudiera, no habría más que pétreas estatuas humanas, y tú serías la primera. ¿A santo de qué pretendes organizar mi vida y volverme manso, a mí, que soy enemigo de todos? Por esa razón dejé de cultivar la parte del campo que está junto al camino y la tengo sin sembrar 28 . Pese a ello tú te comportas como si fueras uno de mis allegados y te esfuerzas por tenerme como amigo, cuando no soy amigo ni de mí mismo. ¿Quién me mandaría ser hombre?
15
De Calípides a Cnemón
Eres salvaje y maligno 29 como los endemoniados, pero, aunque no quieras, debes comportarte civilizadamente con nosotros, por respeto a la vecindad y a los dioses de las lindes que nos son comunes. Pues bien, voy a hacer un sacrificio en honor a Pan y a la ceremonia quiero invitar a los más allegados de los filasios 30 . Me gustaría que también vinieras tú, pues beber y participar en las libaciones te amansará: Dioniso disipa y adormece rencillas y despierta la alegría. Este dios será tu médico y te librará de la desmedida ira, apagando con vino el ardor de tu cólera. Y es posible que escuchando a una flautista caigas en las redes de la música, te abandones a su canto y tu alma se sosiegue, Cnemón. Y no sería mala idea que te emborracharas y te pusieras a bailar 31 . Y si una vez borracho tropiezas con alguna moza que está llamando a su criada o que va en busca de su nodriza rezagada, quizá acometas alguna ardiente y juvenil empresa. Pues no creas que sería indecorosa semejante conducta en un sacrificio en honor a Pan: también él es muy aficionado a los placeres del amor y en exceso dispuesto a abordar a las doncellas. Olvida el ceño fruncido y que la alegría disipe ese aire hosco y sombrío. Es el consejo de un amigo que mira por tu bien.
16
De Cnemón a Calípides
Respondo a tu carta sólo para llenarte de insultos y descargar algo de mi cólera hacia ti. ¡Cómo me gustaría que estuvieras aquí para poder estrangularte con mis propias manos! ¿Por qué buscas arruinar mi vida y te esfuerzas en acabar conmigo invitándome a banquetes y fiestas? Para empezar, me estremezco de terror ante la idea de ver a la gente y de tener que tratar con ellos, y evito los sacrificios públicos como los cobardes a los enemigos. Además desconfío del vino, pues es algo irresistible, capaz de engañar y atacar la razón. En cuanto a Pan y los demás dioses, los venero y los saludo solamente cuando paso a su lado 32 , pero no les ofrezco sacrificios, ya que no quiero molestarlos. Y he aquí que tú, el mayor de los mentecatos, osas recomendarme cantos y flautistas: ¡hasta crudo sería capaz de devorarte 33 ! ¡Bonitas proposiciones esas que me haces de bailar y pasar un rato con una ardiente muchacha! Estoy convencido de que tú incluso te lanzarías sobre el fuego y saltarías sobre una espada 34 . Mas no conseguirás ser mi amigo ni con sacrificios ni de ninguna otra manera.
17
De Dercilo a Esqueas
¿No te decía yo que Pluto no es ciego sino que goza de muy buena vista 35 ? ¿Y que los dones de la tierra y de la Fortuna 36 son hermosos precisamente porque él cuida y recompensa a los que son honrados? Verdaderamente has mostrado ser uno de aquellos hombres afortunados de tiempos de Crono que, según cuentan, todo lo obtenían de la tierra espontánemente, compartían una vida común libre de envidias y tenían sencillas costumbres. Una sola era su morada: todo el espacio que se extiende bajo el firmamento. Y es que, ¿quién puede haber tan malvado y criticón que esté contrariado y sienta envidia por tu enriquecimiento? ¡Que nunca el carácter de los campesinos esté lleno de tanta maldad¡ !Que los celos y la envidia por la riqueza y el dinero ajenos se adueñen de las cabras salvajes 37 y de los oradores en los tribunales!
18
De Démilo a Blepsias
Dos motivos frecuentes en la epistolografía rústica: el tema del campesino que por la pobreza abandona el campo para irse a navegar (cf. Alcifrón, Ep. II 4), y el contraste entre la seguridad de la tierra y los peligros del mar (Alcifrón, Ep. I 3). Sobre las penalidades de los campesinos, cf. Teofilacto, Ep. 80.
Mi vecino Laques ha abandonado la agricultura y la labranza y se ha embarcado en una nave con la que, como dicen, navega por el Egeo, recorre 38 otros mares y surca las olas. Vive como una gaviota, luchando con los vientos adversos y dejando atrás un promontorio tras otro. Se despidió para largo tiempo 39 de sus cabrillas y de la pastoril vida de antaño para ir en busca de suculentas ganancias y riquezas. Incapaz de vivir con los míseros y escasos frutos de sus campos y descontento con lo que tenía, sueña con egipcios y sirios y se imagina rebuscando en sus mercados. Por Zeus, se pasa el tiempo calculando ganancia sobre ganancia y contando una moneda tras otra. Su mente está inflamada y consumida por el deseo de sacar provecho de sus viajes de acá para allá. No le preocupan ni el mal tiempo ni los vientos contrarios, ni el inestable mar, ni las estaciones adversas. Nosotros ganamos poco y con muchas fatigas, pero la tierra nos resulta mucho más estable que el mar y, precisamente por ser más fiable, nos proporciona esperanzas más seguras 40 .
19
De Mormias a Cremes
Yo, ingenuo de mí, en vano me dedicaba a hacer sacrificios propiciatorios y a pasearme con coronas, halagando tanto a los dioses de fuera como a los de casa para que me concedieran una buena boda, cuando no era necesario en absoluto. Y es que mi propio hijo ha conducido la yunta de bueyes desde los campos para traer a la novia desde la ciudad a la hacienda paterna: compró la libertad de una flautista de la que estaba enamorado, la vistió de novia y, como dice el refrán, me trajo a casa a una paloma torcaz en lugar de una mansa 41 , a una prostituta en lugar de una novia. Al principio se mostraba muy pudorosa, como una doncella, y se comportaba como las recién casadas, intentando ocultar su oficio. Con el tiempo se descubrieron su engaño y sus intrigas contra mí. Pero se equivocan si piensan que se van a burlar de mí como si fuera un ladrillo. Porque al guapo del novio lo voy a desheredar y mandar a los cuervos 42 si no abandona la vida muelle y no se pone a cavar y a trabajar la tierra conmigo. Y a la novia la voy a vender para que se la lleven lejos de aquí si no ayuda ella también en sus tareas a la frigia y a la tracia 43 .
20
De Fedrias a Estenón
Crece en los campos toda suerte de cosas bellas con las que la tierra se adorna y nos nutre a todos. Algunos frutos duran todo el año; otros aguantan poco y se comen sólo en su estación. Los dioses son sus autores, la tierra su madre y su nodriza. También en los campos crecen la justicia y la moderación: son sus árboles más hermosos, sus frutos más benéficos. Así que no desprecies a los campesinos. También en ellos hay una especie de sabiduría: su lenguaje no es sofisticado ni se adorna con vigorosos discursos, antes bien, es completamente silenciosa y manifiesta su virtud con su vida misma. No te asombres si la carta que te envío es más sabia de lo que corresponde a alguien que vive en el campo: no somos bárbaros 44 sino campesinos atenienses.
1 En este pasaje seguimos la edición de DOMINGO -FORASTÉ; las otras ediciones difieren ligeramente: «Me acerqué a ella y de buena gana la agarré, también ella de buena gana».
2 Expresiones semejantes aparecen en algunos epigramas funerarios de muerte prematura, con la diferencia de que en estos últimos es Hades el que «vendimia» la juventud del muerto.
3 La mayor parte de esta frase está tomada de Menandro, El labrador 46-52.
4 Literalmente «cuatro medimnos». El medimno era una medida de capacidad de aproximadamente 52 litros.
5 La alusión a la perra y la oveja parece ser una reminiscencia de ARISTÓFANES , Pluto 1103-6, pasaje en el que quizá también se inspira ALCIFRÓN , Ep. II 15, 1.
6 Demo situado al norte del Pireo, de la tribu Hipotoóntide.
7 Una mina equivalía a cien dracmas.
8 Para Benner y Fobes el nombre del remitente quizá está inspirado en la frase stéphanon anthémōn «corona de flores» que aparece justo antes de los versos 995-998 de los Acarnienses de ARISTÓFANES , pasaje en el que se inspira la carta.
9 El tema de las abejas aparece también en ALCIFRÓN , Ep. II 20.
10 Aristeo, hijo de Apolo y de Cirene, era el protector de los apicultores.
11 En la literatura griega son abundantes las referencias a la dicha o a la desgracia que supone tener un buen o un mal vecino. Aparte del discurso de DEMÓSTENES citado, aparecen en HESÍODO , Trabajos... 346; PÍN DARO , Nemea VII 127; MENANDRO , frag. 553 1-2 KOCK ; y varias veces en TEOFILACTO , Ep. 8, 11 y 23. Véase también PLUTARCO , Moralia 185 e, donde se cuenta cómo uno que vendía un terreno mandó pregonar que el vecino era bueno.
12 A lo largo de la carta el autor juega con los diversos significados del nombre de la destinataria, Opṓra, todos ellos estrechamente relacionados: Opṓra, hace referencia al final del verano, a los frutos cuando están ya maduros, y a la época en que éstos se recolectan.
13 Es incierto el sentido que tiene aquí Opṓra,. En realidad en el pasaje griego no se menciona expresamente esta palabra, sino que se alude a ella con el adjetivo «homónimo» (sc. del nombre de la destinataria, Opṓra,). A favor del sentido «otoño» está la mención posterior de la primavera; en cambio, con el significado de «abundancia, cosecha» aparece en el resto de la epístola.
14 Eliano sigue empleando el término Opṓra,.
15 Era un motivo frecuente en la comedia que las cortesanas rechazaran los regalos de poco valor.
16 Se refiere a una esclava. «Frigia» puede ser el étnico o su nombre, ya que era frecuente que los esclavos de origen extranjero fueran llamados por su étnico.
17 El vino de Lesbos y Tasos era famoso.
18 Sigue el juego de palabras entre el nombre de la cortesana y su significado.
19 Se trata de un refrán muy extendido entre los griegos (cf. PLATÓN , Leyes 11 666a).
20 Trasíleo significa «león audaz».
21 Ya en la Antigüedad la segunda parte de este refrán era interpretado de diversas maneras. Para unos (cf. ESTRABÓN , VI 262; escolio a ARISTÓFANES , Caballeros 1100) el segundo término de la comparación (krotônos) se refiere a la ciudad de Crotona, cuyos habitantes eran famosos por su salud y su fortaleza. Según otros (cf. ZENOBIO , VI 27; Appendix Prov. III 51), krotônos se refiere a la garrapata, interpretación más aceptada en la actualidad. También se ha relacionado con el famoso atleta Crotón. Para los diferentes testimonios sobre este refrán, véase TSIRIM B AS , Sprichwörter..., págs. 66-67.
22 La expresión está relacionada con el refrán «o lirio o calabaza», documentada ya en Epicarmo (ATENEO , II 59c). Según ZENOBIO , IV 18, este refrán se originó porque «los antiguos destinaban el lirio al muerto y la calabaza al sano». Sobre este refrán y su origen, véase TSIRIMBAS , Sprichwörter..., pág. 67. También en griego moderno hay un refrán semejante: «sano como una sandía».
23 Son varios los refranes antiguos referentes a la castidad de Hipólito (véase TSIRIMBAS , Sprichwörter..., págs. 14-15). Cf. nuestro equivalente «casto como José».
24 Cf. MENANDRO , El misántropo 83, 120-121, 365; ALCIFRÓN , Ep. II 32, 2; LUCIANO , Timón 34.
25 Literalmente «salado vecino». El origen de esta expresión para referirse a un mal vecino puede verse en ALCMÁN , frag. 108 PAGE , y en PLATÓN , Leyes IV 705a: el mar es un amargo y «salado» vecino para la tierra.
26 Conocido refrán, atestiguado bajo diversas variantes, que alude a la respuesta del rey de los escitas a la propuesta de paz de Darío, rey de los persas (cf. HERÓDOTO , IV 127). Con «respuesta escítica» se hacía referencia a una respuesta breve y seca, en contra de lo esperado.
27 Con la cabeza de Medusa. El mismo motivo encontramos en M ENANDRO , El misántropo 153-159.
28 Cf. MENANDRO , El misántropo 162-165.
29 Según la edición de LEONE y de DOMINGO -FORASTÉ (ponērós). Hercher y Benner-Fobes prefieren la lectura «solitario» (monḗrēs).
30 Habitantes de File, demo del norte del Ática.
31 La expresión literal griega, «levantar las axilas», es interpretada de diferentes maneras. Para algunos es sinónimo de «emborracharse» (semejante, por tanto, a nuestro «empinar el codo»), significado que Benner-Fobes y Tsirimbas atribuyen a este pasaje de Eliano. Según TSIRIMBAS , Sprichwörter..., pág. 70, su origen estaría en la costumbre de los griegos de levantar las manos en señal de alegría tras haber bebido mucho (cf. Odisea XVIII 100, y PÓLUX , Onomástico VI 26). Otros, en cambio, interpretan esta expresión como «bailar toscamente», como hacen Thyresson y Leone para nuestra epístola. Favorece esta última interpretación la alusión que Cnemón hace en la carta siguiente a las proposiciones de Calípides («bailar y pasar un rato ardiente...»). Además, el motivo de que el vino «hace bailar», incluso a los viejos, es relativamente frecuente en la literatura griega (cf. Odisea XIV 465; y ATENEO , X 428a).
32 Cf. MENANDRO , El misántropo 10-12.
33 Cf. ibid. 467-468.
34 Este refrán, que se emplea para indicar que alguien está dispuesto a todo, aparece en bastantes autores, bien en su forma más sencilla, «ir a través del fuego» o en la doble, a veces con alguna variación formal (cf., infra, QUIÓN DE HERACLEA , Ep. 17; EURÍPIDES , Electro 1183, y Andrómaca 487; ARISTÓFANES , Lisístrata 133-34; JENOFONTE , Recuerdos de Sócrates I 3, 9; Banquete IV 16; y Económico XXI 7; FILÓSTRATO , Ep. 23).
35 El mismo motivo aparece en PLATÓN , Leyes 1 631 c. Según la tradición popular, Pluto, el dios de la riqueza, era ciego (la ceguera de Pluto y su curación constituyen el tema de la comedia de ARISTÓFANES , Pluto).
36 Según U. VON WILAMOWITZ -MOELLENDORF , «Lesefrüchte», Hermes 40 (1905), 170-171, el destinatario de la carta habría encontrado un tesoro.
37 Esta expresión suele ser empleada como equivalente a «enviar a los cuervos» (véase nota 42; cf. ATENEO , III 83 a; y DIOGENIANO , V 49).
38 Literalmente «mide».
39 Nos apartamos de la edición de DOMINGO -FORASTÉ , que prefiere la lectura «se despidió brevemente de sus cabrillas...».
40 Un refrán decía «mejor ser pobre en la tierra que rico en el mar» (DIOGENIANO , IV 83).
41 El proverbio aparece ya en PLATÓN , Teeteto 199 b. Según Artemidoro, la expresión «palomas salvajes» y «palomas mansas» hacia referencia metafóricamente a las prostitutas y a las mujeres hacendosas y honradas, respectivamente. Pero la expresión se empleaba también para indicar algo malo o algo bueno en general (cf. TSIRIMBAS , Sprichwörter..., págs. 73-74).
42 Lo peor que le podía pasar a un hombre es que su cadáver quedase insepulto, y fuera pasto de las aves y otros animales. Este parece ser el origen de la expresión griega «mandar a los cuervos», equivalente a nuestro «mandar al cuerno» o «al diablo». Otras interpretaciones de la expresión griega pueden verse en R. TOSI , Dizionario delle Sentenze..., núm. 1186.
43 Dos esclavas (cf., supra, ep. 8).
44 Literalmente «no somos ni libios ni lidios...», mencionados aquí como sinónimo de «bárbaros» por oposición a los «civilizados» atenienses (cf. TSIRIMBAS , Sprichwörter..., págs. 68-69).
TEOFILACTO SIMOCATES
EPÍSTOLAS
INTRODUCCIÓN
1. Vida y obras
Conocemos muy poco de la vida de Teofilacto Simocates. Al parecer, nació en Egipto, seguramente hacia fines del 580 d. C. Fue educado en Alejandría, donde estudió retórica, literatura, filosofía y derecho. Hacia 610, a comienzos del reinado de Heraclio, marchó a Constantinopla, y llegó a ser prefecto y secretario imperial 1 . El apodo Simocates debía de hacer referencia a su aspecto físico 2 .
Su obra más importante es la Historia, que comprende los veinte años del reinado de Mauricio (582-602). De la introducción se deduce que Teofilacto comenzó a escribirla después de la muerte de Focas en 610 d. C. (cf. §§ 3-7), pero antes de la del Patriarca Sergio en 638 (cf. §§ 11-12). El último suceso mencionado es la muerte de Cosroes II en 628 (VIII 12-13), pero también se alude a la victoria de Heraclio sobre los persas ocurrida ese mismo año (V 15. 3-7), por lo que probablemente la obra fue escrita hacia el 630 d. C., después de la victoria sobre Persia 3 .
Además de la Historia nos han llegado tres obras menores de Teofilacto. Ninguna de ellas contiene referencias que nos permitan datarlas. Seguramente son obras de juventud, escritas antes que la Historia. En Diálogo sobre diversos problemas de la naturaleza y su solución, obra escrita en forma de diálogo platónico, el autor trata algunos hechos prodigiosos de la naturaleza, con el único propósito de entretener al lector. En Acerca de los límites de la vida, Teofilacto aborda la cuestión de si la duración de la vida humana está predeterminada o no. La discusión se desarrolla entre dos interlocutores, Teognosto y Teofrasto, seguida de un veredicto pronunciado por otros dos personajes, Evángelo y Teopempto. Teofilacto, por boca de los dos jueces, se inclina por un término medio entre azar y predestinación, e insiste en las limitaciones del conocimiento humano: el hombre es incapaz de alcanzar la certeza, por lo que debe comportarse con moderación. Este elogio de la moderación en lo bueno y en lo malo, en la fortuna y en la desgracia, así como la censura del excesivo orgullo en el éxito y de la desesperación en los fracasos, está presente a lo largo de la Historia, y volvemos a encontrarlo en la epístola 22, en la que se elogia a Alejandro Magno como modelo de moderación en el éxito. La tercera obra menor son las Epístolas.
2. Epístolas morales, rústicas y amatorias
La epistolografía es un género que gozó de enorme aceptación en época bizantina 4 . Las cartas de Teofilacto, sin embargo, no responden en absoluto al modelo epistolar bizantino, pese a pertenecer su autor a dicha época, sino que se asemejan más a las epístolas de Aristéneto, Alcifrón o Eliano, y responden a la definición de epístola ficticia cultivada sobre todo en época imperial. De las 85 epístolas de Teofilacto, 29 o 30 son amatorias, 28 o 27 rústicas 5 , y 28 morales, y siguen el orden de epístola moral-epístola rústica-epístola erótica (así, las núms. 1, 4, 7, 10, etc. son morales, las núms. 2, 5, 8, 11, etc. son rústicas, y las núms. 3, 6, 9, 12, etc. son eróticas).
Los remitentes y destinatarios de las epístolas morales suelen ser personajes tomados de los diálogos platónicos o de la Atenas clásica, pero también los hay de otras épocas (sobre todo filósofos), y, como hemos visto en la Introducción General, son numerosos los anacronismos (cf. las núms. 1, 22 ó 25). Con frecuencia las cartas morales comienzan narrando un hecho mítico o histórico, o inspirado en el mundo animal y de la naturaleza. Un hecho histórico o legendario encontramos en la núm. 22 (piedad de Alejandro Magno ante el cadáver de Darío) o en la núm. 46 (docilidad del caballo Bucéfalo ante Alejandro Magno); un hecho mítico en la núm. 49 (Aquiles le devuelve a Príamo el cadáver de su hijo Héctor) y en la núm. 82 (episodio de Ulises y las Sirenas); diversos hechos de la naturaleza y alusiones al comportamiento de algunos animales en las epístolas núms. 1, 4, 7, 13, 31, 52, 73. En este grupo podemos incluir, además, la 34 y la 61, que relatan dos fábulas esópicas: la de la cigarra y la hormiga, y la del grajo que para ser elegido rey de los pájaros se adorna con plumas ajenas. Las restantes epístolas morales, aunque no abordan directamente el tema, sin embargo casi todas ellas hacen alguna breve referencia a fenómenos de la naturaleza, hechos míticos o comunes. Así las núms. 16 (a la Hidra de Lema), 19 (a Midas), 25 (a Níobe), 40 (a Polifemo), 55 (a Ulises), 67 (a Tántalo), 28 (al mar), etc.
Como ocurre en las obras de inspiración retórica, en las Epístolas de Teofilacto abundan las citas, a veces literales, y las alusiones a los textos clásicos. Son frecuentes sobre todo las referencias a pasajes homéricos, como, por ejemplo, el episodio del Cíclope (38 y 40), el de las Sirenas (82), el de Diomedes y Afrodita (43), o las súplicas de Príamo a Aquiles para que le devuelva el cadáver de su hijo (49), entre otros. Pero también son numerosas las alusiones, referencias y citas de otros autores y obras 6 . Después de Homero el escritor más frecuentemente citado e imitado por Teofilacto es Menandro, por ejemplo, en la ep. 5 (El misántropo 3-4, fr. 556 Koerte), 29 (El labrador 77-78), 62 (El arbitraje, fr. 6 Koerte), y 77 (El genio tutelar 16-17). Encontramos con frecuencia motivos de Los trabajos y los días de Hesíodo, sobre todo en las epístolas rústicas: el préstamo de animales y de utensilios agrícolas (núms. 35, 47, 74; cf. Trabajos... 349 sigs.); los malos vecinos (núms. 8, 11, 23, 35, 53, 65; cf. Trabajos... 346-348); la corrupción de los jueces y de la Justicia (núm. 17; cf. Trabajos... 38-39, 220-221, 256, 263-264, contra los «reyes devoradores de regalos»); o la utilidad de los perros como guardianes contra caminantes y ladrones (núms. 65 y 83; cf. Trabajos... 604 sigs.). Aparecen varias fábulas de Esopo (cf. supra): la de las aves que piden un rey a Zeus, o la de la cigarra y la hormiga (núms. 34 y 61; cf. Esopo núms. 162 y 336 Chambry, respectivamente). También hay citas de Eurípides (núm. 67: Hipólito 612; y núm. 24: Medea 1327), de Platón (núm. 13: Leyes II, 653 a), y de otros autores como los epistológrafos Procopio y Eneas de Gaza (núms. 13, 18, 25).
Las opiniones sobre las cartas de Teofilacto son dispares, si bien entre los modernos predomina un juicio negativo 7 . Pero, como apunta Zanetto 8 , las críticas modernas parten de una perspectiva muy reducida. Las cartas deben situarse dentro de la tradición cultural y literaria del género al que pertenecen, pero también hay que valorar los elementos originales y nuevos que presentan. Es cierto que en las cartas de Teofilacto hay una dependencia, sobre todo temática, de la tradición (principalmente de Alcifrón, Eliano y Aristéneto), de cuyos modelos proceden muchos de sus personajes, pero Teofilacto les añade ciertos rasgos originales, lo que constituye uno de los principales valores de sus Epístolas.
3. Tradición manuscrita. Ediciones y traducciones
La tradición manuscrita de las Epístolas de Teofilacto ha sido bien estudiada por G. Zanetto (véase Bibliografía). En el prólogo a su edición en Teubner, Zanetto describe 35 manuscritos que agrupa en seis familias. La comparación entre éstas permite deducir la existencia de dos subarquetipos; de uno de ellos (β) procederían las familias que Zanetto denomina d y e, y del otro (α) el resto (a, b, c, f) 9 . No todos los códices contienen las 85 cartas de la colección. En general son los códices de las familias b y c los que conservan la colección entera. El orden de las epístolas que siguen todos los editores, con la secuencia epístola moral-rústica-erótica, es el que presentan los códices de la familia b, que seguramente reproducen el orden originario. Los manuscritos más antiguos de las Epístolas de Teofilacto son el Ambrosianus B 4 sup., del siglo x, que pertenece a la familia b y que contiene todas las epístolas, y el Parisinus Supp. gr. 690, del siglo XI , de la familia a y con las epístolas 25 a 85. Del siglo XIII hay varios códices de las familias c y f, y el resto son del siglo XIV en adelante.
La edición más reciente de las Epístolas de Teofilacto es la de G. Zanetto (1985). Es la edición que hemos seguido, aunque también hemos consultado las ediciones bilingües de J. F. Boissonade de 1835 (Theophylactus Simocattae...), y de R. Hercher de 1873 (Epistolographi Graeci, págs. 763-786). Las Epístolas de Teofilacto han sido traducidas al latín en varias ocasiones: en 1509 por Nicolás Copémico 10 , y más tarde por R. Hercher y J. F. Boissonade en sus respectivas ediciones bilingües (véase supra). Asimismo contamos con una traducción al alemán de J. F. Herel-B. Kytzler 11 . Ésta es la primera vez que las Epístolas de Teofilacto se traducen al castellano.
BIBLIOGRAFÍA
A) Ediciones (por orden cronológico)
J. F. BOISSONADE , Theophylacti Simocattae Quaestiones Physicas et Epistolas ad codd. recensuit versione Kimedonciana et notis instruxit Joannes Franciscas Boissonade, París, 1835 (reimpr. Hildesheim-Nueva York, 1976).
R. HERCHER , Epistolographi Graeci, París, 1873 (reimpr. Amsterdam, 1965), págs. 763-786.
G. ZANETTO , Theophylactus Simocata. Epistulae. Edidit Ioseph Zanetto, Leipzig, 1985.
B) Traducciones
J. F. BOISSONADE , Theophylactus Simocattes Quaestiones Physicas et Epistolas... (ver Ediciones).
N. COPÉRNICO , Theophilacti Scolastici Simocati Epistole morales, rurales et amatorie, interpretatione latina, Cracovia, 1509.
R. HERCHER , Epistolographi Graeci... (ver Ediciones).
J. F. HEREL Y B. KYTZLER , Erotische Briefe der griechischen Antike. Aristainetos. Alciphron. Ailianos. Philostratos. Theophylaktos Simokattes und Anhang, in neuer Übertrag mit Nachw. von B. Kytzler, Múnich, 1967.
C) Obras generales y estudios
H. HUNGER , Die hochsprachliche profane Literatur der Byzantiner, I, Múnich, 1978, págs. 313-319.
K. KRUMBACHER , A. EHRHARD y H. GELZER , Geschichte der byzantinischen Literatur, Múnich, 1897, págs. 248- 251.
S. LEANZA , «Citazioni e reminiscenze di autori classici nelle opere di Teofilatto Simocatta», en C. UGO CRIMI , A. DI BENEDETTO ZIMBONE y C. NICOLOSI , Studi classici in onore di Quintino Cataudella II, Catania, 1972, págs. 579-586.
M. MULLET , «The Classical Tradition in the Byzantine Letter», en M. MULLET y R. SCOTT (eds.), Byzantium and the Classical Tradition, Univ. of Birmingham 13th Spring Symposium of Byzantine Studies, Birmingham, 1981, págs. 75-93.
TH NISSEN , «Die Briefe des Theophylaktos Simokattes und ihre lateinische Übersetzung durch Nikolaus Coppemicus», Byz.neugr. Jahrb. 13 (1937), 17-56.
TH . OLAJOS , «Quelques remarques sur le style de Théophylacte Simocatta», XVI. Internationaler Byzantinistenkongress, Akten II/3, Viena, 1982, págs. 158-164.
A. PIGNANI , «Strutture compositive delle epistole ‘morali’ di Teofilatto Simocata», Annali della Fac. di Lett, e Filos. dell’Univ. di Napoli n. s. 10 (1979-80), 51-59.
N. TOMADAKIS , Еἰσαγωγἡ εἰζ τἡν βυζαντινἡν φιλολογίαν, III Βυζαντινἡ ἐπιστολογραφία, Atenas, 1969-1970.
G. ZANETTO , «La tradizione manoscritta delle Epistole di Teofilatto Simocatta», Boll. Com. Ed. Naz. Cl. Gr. Lat. 24 (1976), 64-86.
—, «Alcuni aspetti dello stile delle epistole di Teofilatto», XVI. Internationaler Byzantinistenkongress, Akten II/3. Viena, 1982, págs. 165-174.
—, «Inventario dei manoscritti delle Epistole di Teofilatto Simocatta», Acme 35 (1982), 153-166.
1 Así lo atestigua el título de su Historia en Focio, que llama a Teofilacto ex-praefectus y antigrapheus.
2 Simós en griego significa «chato». Cf. H. HUNGER , Die hochsprachliche..., pág. 313, nota 130.
3 La brusca interrupción de la obra en el año 602, a punto de reanudarse las hostilidades entre Roma y Persia, seguramente se debe a las invasiones árabes en la década de los 630, que anularon las victorias anteriores de Heraclio sobre los persas.
4 Véase N. TOMADAKIS , Еἰσαγωγἡ εἰζ τἡν βυζαντινἡν φιλολογίαν... Un estudio breve y claro de las características de la epistolografía bizantina puede verse en M. MULLET , «The Classical Tradition...».
5 La oscilación en el número de las cartas amatorias y rústicas se debe a que la epístola 20, aunque ocupa el lugar correspondiente a una carta rústica, puede ser más justamente clasificada como amatoria (y así lo hacen algunos).
6 Los diversos autores y lugares citados o imitados en las Epístolas de TEOFILACTO aparecen recogidos en la edición de G. ZANETTO , y en S. LEANZA , «Citazioni e reminiscenze...», págs. 586-590.
7 Por poner un ejemplo, para S. LEANZA , op. cit., las Epístolas de Teofilacto son «obras mediocres de práctica escolástica, compuestas según la moda retórico-sofistica que produce un gran número de colecciones idénticas en época bizantina... Los estudiosos han criticado la banalidad del contenido y la constante hinchazón de su estilo». En cambio Copérnico, su primer traductor, en la carta dedicatoria que encabezaba su traducción al latín las elogiaba tanto por su forma como por su contenido.
8 «Alcuni aspetti...», pág. 165.
9 La relación entre los diferentes códices puede verse en el stemma de la pág. XXIII del Prólogo a la citada edición.
10 Theophilacti Scolastici Simocati Epistole morales... La traducción, basada sobre la edición aldina, presenta bastantes errores; fue publicada en Cracovia en 1509. Siglos después fue reproducida por F. HIPLER en Spicilegium Copernicanum, Braunsberg, 1873, págs. 72-102, y por L. PREWE , Biographie des Copernicus, II, Berlín, 1884, págs. 52-127. Sobre la traducción de Copérnico véase el estudio de TH . NISSEN , «Die Briefe des Theophylaktos Simokattes...»
11 Erotische Briefe...
1
De Critias a Plotino 1
La melodiosa cigarra comienza sus cantos al llegar la primavera. Es a mediodía cuando, ebria de sol, se vuelve más parlanchina y prodiga sus canciones más dulces. Canta y parlotea, y a los caminantes ofrece su música: el árbol es su escenario, el campo su público 2 . También voy yo a cantar tus excelencias, que me inflaman e incitan a elogiarlas. Me encontraba muerto a causa de mi mala vida y tus cartas me han devuelto a la vida virtuosa. Pueda yo, Critias, llegar a ser como Plotino. Porque, o Plotino practica la filosofía sobre la tierra, libre de su cuerpo, o la Filosofía se ha materializado entre los hombres y bajo la forma de hombre vive.
2
De Dorcón a Moscón
El príncipe de mis ovejas, mi excelente camero, ha muerto, y los animales están sin guía que los apaciente. Me ha ocurrido la mayor de las desgracias: creo que he ofendido a Pan al no honrarlo con las primicias de mis colmenas. Así que ahora voy a la ciudad a congraciarme con el iracundo y a contar su cólera a los ciudadanos. «Por una torta de miel» —les diré— «Pan mató al guía de mi rebaño».
3
De Teano a Eurídice
El motivo central de esta epístola goza de gran tradición en la epigramática y epistolografía griegas: el tiempo que pasa y consume la belleza (cf. Antología Palatina V 21, 27, 76, 271, 273; Filóstrato, Ep. 17 y 55). En esta ocasión es una hetera la que se dirige a su rival. También es frecuente la comparación de lo efímero de la juventud y de la belleza —tanto femenina como masculina— con las flores y los prados (cf. Antología Palatina V 118, 144; Aristéneto, Ep. II 1 44 ss.; Filóstrato, Ep. 17 y 55).
Ya se fue la hermosura que te había dado la naturaleza y tu belleza se acerca a la edad de las arrugas. Tú pretendes ocultar la verdad engañando a tus amantes con aderezos ficticios. Obedece al tiempo, revieja. Tampoco los prados en otoño se adornan con flores. Piensa en la muerte (ya sois vecinas), e intenta practicar la templanza. Porque estás ultrajando tanto a la vejez como a la juventud: mientes cuando finges poseer ésta, y a aquélla, que sí tienes, la ocultas.
4
De Evágoras a Antípatro
Límites puso el creador a las olas del mar: las playas frenan el agua del océano y un poco de arena es frontera entre tierra firme y mar. No es posible que el mar injurie a su vecina la tierra: las enloquecidas aguas amenazan con irrumpir en tierra firme, mas en seguida vuelven sobre sí. Así que, Antípatro, pon freno a tu cólera y no hagas de tu mano instrumento de la ira. Fin de la virtud pura es practicar la filosofía de palabra y obra. Si no eres capaz de controlar tu lengua y quieres parecerte a los perros que ladran, conduce tu irritada alma con desenfreno. Tampoco el mar encolerizado da más muestras de ira que espuma y violentas olas.
5
De Egiro a Plátano
Malos vecinos son las grullas, amigo. Sin descanso disputan por este terruño. No dieron tregua a nuestros padres, ni han cesado sus hostilidades con nosotros, sus herederos. Y eso que a menudo las honramos con las primicias de la cosecha. Hasta les dimos, ingratas, una parte del terruño, como tierra consagrada a un dios. Pero, al parecer, no les inspiran respeto los dones. Así que nos marchamos de aquí. Preferimos cultivar piedras que habitar llanuras y colinas con tan molestas vecinas.
6
De Érato a Terpsítea
En esta carta encontramos dos motivos frecuentes en el género epistolar: la rivalidad y envidia entre heteras (cf. núm. 3), y la relación entre la belleza femenina y el arte (cf. Filóstrato, Ep. 34, y Aristéneto, Ep. I 1, 31 y sigs.). Sin embargo, la epístola de Teofilacto presenta algunas diferencias. En efecto, mientras en Aristéneto se alaba la belleza de la hetera que ha inspirado la pintura, Lais, hasta el punto de que los pintores la toman como modelo cuando tienen que representar a Helena de Troya o a Afrodita, el remitente de la epístola de Teofilacto, en cambio, no es un amante que alaba la belleza de su amada, sino una hetera envidiosa que critica la fealdad de su rival: el retrato que ha pintado Calícrates es tan hermoso que no puede ser el de la fea Terpsítea.
Dicen que el áureo Calícrates te ha hecho un retrato, aunque creo que el cuadro no representa a Terpsítea, sino ¡por los verídicos cuadros de Parrasio! a la laconia Helena. Has, pues, faltado contra el arte y la naturaleza, ultrajando a uno y adulterando a la otra. Hiciste mentir al arte de Parrasio, que adornó sus cuadros con lo que no tienes, como si quisieras corregir los errores de la naturaleza y poner en evidencia su desmañado arte. También yo alabo al pintor, que no pudo retratar tu fealdad, y admiro la sabiduría de la naturaleza, que no concedió un cuerpo hermoso a un alma tan malvada.
7
De Sosípatro a Terpandro
Una costumbre tienen las yeguas, según yo creo, digna de admiración y de elogio: el gran amor que sienten por sus crías. Cuando ven un potro en edad de mamar falto de su madre y del alimento materno, como a veces sucede, siguen una noble conducta: no olvidan su naturaleza y, en lugar de rechazar al abandonado, lo cuidan como si fuera su propia y verdadera cría 3 . La Naturaleza es quien las impulsa a actuar así, no la ley de Solón 4 . Aplícate el cuento tú, que dejas que tu sobrino vaya de puerta en puerta vestido con un misérrimo capote, y en cambio das de comer a los perros ajenos, pues así es como hay que llamar a los aduladores que te rodean. Realmente eres más irracional que los animales. Los verás muy amigos tuyos mientras vivan bien a tu costa, desgraciado. Pero un día te ladrarán incluso antes de haber llegado a vomitar la comida del día anterior. Tal es la condición de los aduladores: se acuerdan de lo malo y olvidan lo bueno. Cuida, Terpandro —aunque sea tarde— de tu sobrino. En caso contrario tendrás como enemiga a la invencible Providencia, que afila su espada con lágrimas.
8
De Dafnón a Mirón
Son frecuentes en la literatura griega las referencias a la desgracia que es tener malos vecinos (cf. Hesíodo, Op. 346; Demóstenes, Contra Calicles 1; Menandro, fr. 553 Kock; véase también Eliano, Ep. 6).
¿Hasta cuándo vas a cavar la tierra y a engullir el agua de la lluvia, desgraciado? ¿Acaso te propones que mis hijos mueran de hambre por la sequía? Tu tierra tiene hasta lagunas y la nuestra ni siquiera sabe qué es el agua. ¡Que alguien pregunte a las nubes, por los dioses, si es que sólo le envían el agua a Mirón! Un envidioso es un gran mal, pero si además te ha tocado de vecino, la desgracia es inevitable y sólo cesará con la muerte.
9
De Euripe a Dexícrates
Me prometiste que cuando faltaran nueve días para que acabase el mes Antesterión vendrías a verme, Dexícrates, y has faltado a tu promesa 5 . El amor ha consumido mi corazón y como una antorcha ardió mi pecho. Día tras día derramaba lágrimas y soñaba con tu vuelta. El sonido de la puerta me hacía creer una y otra vez que habías llegado. Pero tú, Dexícrates, diriges tu amor hacia otras y siempre te resulta más atractivo lo nuevo. El hastío se apodera rápidamente de las almas de los indolentes. El deseo y el amor son algo inseguro y algún día también tú caerás herido: las desgracias de los ultrajados se vuelven contra los que cometen el ultraje.
10
De Hermágoras a Sosípatro
Ha llegado a mis oídos que te quejas mezquinamente de tu pobreza y que acusas a la riqueza de ser desigual con los hombres: fácilmente asequible para unos, inaccesible para otros, como si fuera un castigo de la naturaleza. La luz del sol es igual para todos los hombres, todos tienen a su alcance el fuego que quieran y pueden disponer de las abundantes aguas de los eternos ríos y torrentes: ¿por qué entonces, — dices—, la naturaleza les ha escatimado de ese modo el oro a los hombres, y ha concedido a los terrestres 6 un don que es motivo de disputas y de las mayores desgracias? Mucho me hacen reír tus consideraciones. Lo que debía ser motivo de elogio de la naturaleza lo conviertes en reproche, y te sucede lo mismo que a la lechuza, que cree que la causa de su ceguera es el fulgurante resplandor del sol. Es un bien para la raza humana, oh Sosípatro, su hambre de oro. Así han surgido en su vida oficios, se han fundado ciudades y se llevan a cabo numerosos negocios. Resumiendo, la vida terrestre se vería privada de toda clase de progreso si el oro no hiciera a los hombres depender unos de otros. No navegaría el marino, ni viajaría el caminante, ni los labradores tendrían bueyes para arar, ni sería respetado el poder real, ni sus súbditos serían honrados con cargos y prebendas, ni el general mandaría su ejército 7 . Y si quieres saber un secreto, el oro maneja las riendas de la virtud y de la maldad, y a través de él son puestos a prueba los deseos del alma con la misma credibilidad que el río de los celtas 8 . Es la prueba más veraz para comprobar la falsedad de la virtud y del vicio.
11
De Calístaquis a Ciparisón
Ayer Simíquidas quemó los árboles estériles y silvestres. Tal fue el castigo que les impuso. Pero el fuego devorador se extendió sin control y en un santiamén devastó la tierra del campo vecino. Y su dueño, tras dejar la zamarra y el azadón, ha ido a la ciudad a recabar la ayuda de un abogado y le ha puesto un pleito a Simíquidas. Lo mismo haré yo contigo, Ciparisón, si no ordenas a tus abejas que se mantengan alejadas de mis prados, y si no aprendes a no obtener una ganancia ilícita de los sudores ajenos.
12
De Melpómene a Praxímile
La flautista Crisógone ha trasladado su casa al santuario del Leocorio 9 . Quizá piensa que así complace a mis amantes. La putilla esa anda diciendo que llevo mal el asunto, pe ro no me importa lo que haga, pues su conducta servirá para mostrar cómo me aprecian mis amantes. Mas, por los dioses, sé tú el heraldo más claro de mi verdadera respuesta y dile a la laconia: «tengo contigo una gran deuda de gratitud, Crisógone, ya que tu fealdad hará más valiosa mi belleza: cuando no está el grajo, hasta el cuervo es incluido entre las aves hermosas» 10 .
13
De Aristón a Nicias
Dicen que el elefante es un animal muy dócil y un aplicado discípulo de las enseñanzas humanas. No causa tanta admiración el tamaño de su cuerpo como su interés por aprender 11 . De ello hablan continuamente los hindúes. Me asombra, Nicias, que tengas un cerebro más irracional que el de los animales. Pues, aun siendo hijo de un sabio varón, has rechazado las enseñanzas 12 paternas y has malgastado tu vida en los dados y la palestra, manchando tu noble linaje. Así que, si quieres ser llamado hijo de Hermágoras, toma de una vez a su modo de vida. Porque bueno es para cualquiera tener sensatez y sabiduría, aunque sea en la vejez, como opina Platón 13 . Y si te resulta penoso apartarte de los vicios antiguos y te jactas de ser hijo de Hermágoras, sábete que estás profanando la tumba paterna. Pues con tu maldad ultrajas sus virtudes.
14
De Mirónides a Dámalo
Tu hijo ha echado a perder todo el rebaño. Todos los días llena el cuenco de leche, el muy ladrón, se dirige al bosquecillo de plátanos, se hace un lecho de hojas y, tumbado tranquilamente, se entrega a la vida muelle. Luego coge la siringa y se pone a cantar alegremente como si estuviera en un banquete, transgrediendo las normas del campo. Los animales andan dispersos aquí y allá, expuestos a que cualquiera se los lleve. El desgraciado vende a bajo precio el estiércol, y encima me ofende a mí, a Mirónides, sin ninguna consideración. Celebraba yo ayer un espléndido banquete en honor de Trigias. La comida consistía en higos secos y langostas 14 . Pues bien, el jovencito Clinias se comió casi todos los higos, no sé cómo se tragó las langostas (Trigias estaba estupefacto) y, cuando quedó harto, se llevó parte a casa. ¡Que se vaya de mis campos para siempre! Es preferible soportar males lejanos que criar oculto en casa a un enemigo.
15
De Atalante a Corina
La descripción de la belleza del joven Augias presenta algunos tópicos, como los ojos de gacela o el cabello ondulante como el mar.
He visto a Augias en el gimnasio, Corina. No hay palabras para describir la visión: ni las manos de un pintor serían capaces de reproducirla. Vigoroso era el joven, erguido, de poblado pecho, ojos de gacela. Su mirada no estaba enrojecida por la ira ni era blanda y floja, sino viril y mansa al mismo tiempo. La piel de su cuerpo era ni demasiado blanca, como la de las mujeres, ni tan oscura que pareciera negra. Su rizado cabello ondeaba suavemente y se asemejaba al mar azul en momentos de calma, cuando, apaciguada la furia y locura de las olas, sus aguas tranquilas abrazan la vecina tierra. El rubor de sus mejillas no era excesivo, pues ello es propio de mujeres, ni la palidez afeaba su belleza. Tenía una nariz cuidadosamente dibujada que mostraba la gran sabiduría de la Naturaleza creadora. El aceite con el que se había ungido brillaba como los rayos del sol y, como él, iluminaba el gimnasio con el resplandor de sus destellos. Mi corazón sufre, Corina, y siente un agudo dolor. Las mujeres sentimos vergüenza de contar nuestros sentimientos amorosos.
16
De Gorgias a Arístides
Te gusta pedir prestado, pero sufres cuando te exigen que pagues y te mueres de miedo de encontrarte con tus acreedores, como si fueran temibles fieras. Vigilas las encrucijadas y oteas los pórticos procurando esquivar a los prestamistas, como los navegantes que entre las encrespadas olas del mar anhelan llegar al puerto. Pero remiendas un mal con otro mal, pues pagas las deudas de unos con el dinero que te prestan otros, con lo que obras como los que, por miedo a la muerte, se suicidan tirándose por un barranco 15 . Pedir a menudo prestado es una desgracia peor que la Hidra del mito cuyas cabezas resurgían espontáneamente 16 , así que no lo hagas ni siquiera en sueños. Así podrás mirar sin temor los rayos del sol, y respirar con tranquilidad el aire de la tierra.
17
De Lofón a Pedíade
Ojalá que Leucipo no acabe el año. ¡Menuda alimaña nos ha criado el lugar! Nos puso un pleito a Sóstrato y a mí por las lindes de la colina, pero perdió completamente la razón y quería cubrirse de oro con el juicio. Tal es la pasión por el dinero que domina al desgraciado. Sabiéndolo, Sóstrato compró el resultado favorable y llenó de regalos las fauces de Leucipo. La casta Justicia se ha corrompido y es el oro lo que entre los hombres hace que la balanza de la victoria se incline a uno u otro lado. Se han acabado las sentencias justas. Los regalos gozan de más estima que lo justo.
18
De Erótilo a Hipsípile
Hasta las palmeras sienten deseos amorosos y el macho ansía a la hembra: se inclina bajo el peso del deseo y con sus hojas abraza a su amada. Pero si ésta se encuentra lejos del macho sus cuidadores toman semillas de la hembra, las depositan sobre el macho, y con esta astucia satisfacen su deseo. Así que, si no puedes volver rápidamente a mi lado, alivia mi deseo con la ayuda de un pintor, y que tu retrato me procure la ilusión de tu presencia. A los que con vehemencia aman les basta una imagen para engañarse.
19
De Diógenes a Crises
Digo que tú eres sólo el administrador de tu riqueza, no su dueño: ésta es la sentencia que contra ti han dictado tus costumbres. Porque a los hombres injustos no les está permitido poseer nada bueno. Así que haz un agujero en la tierra y entierra allí tu oro, desgraciado. Pues no es tuyo; la riqueza tan sólo te ha sido confiada. Imitas el vicio del frigio Midas 17 y, aunque eres rico, pasas hambre, como si te ahorcaras con una cuerda de oro 18 .
20
De Cloazón a Mecón
Ayer, oh Mecón, le envié a mi amada peras silvestres. Mas ella, interrumpiendo su labor, arrojó a un lado la trama y le echó el regalo a los cerdos. Luego despachó a mi enviado como a un funesto mensajero. Y yo no dejo de llorar, cruelmente ultrajado por Amor, que me obliga a amar a una muchacha tan fiera. Fortuna y Amor son ciegos: el uno procura sufrimiento, la otra, la felicidad incierta y azarosa.
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De Perdicia a Ródope
Cantas sin arte y en vez de complacer a tus amantes los atormentas. Lo que entonas es una tragedia para los que te escuchan, no un canto placentero. Tus amantes lloran de pena y tus canciones les inducen a la continencia en vez de al deseo. Y es que haces que la música sea todo menos seductora. Deja ya, por los dioses, de torturarnos, pues a tus oyentes les pareces una plañidera, no una flautista. Con cera tendremos todos que taparnos los oídos si continúas cantando, pues preferimos escuchar el canto de las Sirenas que el lamento de las Musas.
Pulsuz fraqment bitdi.