Kitabı oxu: «Tu casa sana»

Şrift:

Tu casa


Guía práctica para cuidar de tu salud

y la del planeta

Elisabet Silvestre


NOTA IMPORTANTE: en ocasiones las opiniones sostenidas en «Los libros de Integral» pueden diferir de las de la medicina oficialmente aceptada. La intención es facilitar información y presentar alternativas, hoy disponibles, que ayuden al lector a valorar y decidir responsablemente sobre su propia salud, y, en caso de enfermedad, a establecer un diálogo con su médico o especialista. Este libro no pretende, en ningún caso, ser un sustituto de la consulta médica personal.

Aunque se considera que los consejos e informaciones son exactos y ciertos en el momento de su publicación, ni los autores ni el editor pueden aceptar ninguna responsabilidad legal por cualquier error u omisión que se haya podido producir.

© Elisabet Silvestre, 2021.

© de las ilustraciones de las páginas 28, 56 y 193:

Silvestre, Elisabet, Tu casa sin tóxicos, Barcelona, Integral, 2017.

© de las plantas utilizadas para crear la ilustración de la página 92:

Pepa Oromí/RBA (helecho, ficus, espatifilo, palmera, potus, hiedra);

Shutterstock (aglaonema, tronco de Brasil, sansevieria, cinta).

El resto de las ilustraciones han sido creadas expresamente para este libro.

© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2021.

Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.

rbalibros.com

Primera edición: noviembre de 2021.

rba integral

ref.: ODBO984

isbn: 9788491182368

depósito legal: B-16.607-2021

dâctilos • composición

Impreso en España • Printed in Spain

El papel utilizado para la impresión de este libro es cien por cien

libre de cloro y está calificado como papel ecológico.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47). Todos los derechos reservados.

A mis padres,

que me dejan como herencia

el amor a la tierra,

el comer del huerto a la mesa.

Tenemos la opción de usar el don de nuestras vidas para hacer del mundo un lugar mejor.

Jane Goodall

Contenido

Prefacio

Introducción: tu casa, tu salud

1. Tu casa: mucho más que un refugio

2. Respirar un aire más limpio

3. Nutrirse sin tóxicos

4. Cuidados e higiene personal

5. Un descanso reparador

6. En equilibro: del estrés a la calma

Bibliografía y recursos

PREFACIO

Querida lectora, querido lector:

Este libro que tienes en tus manos empezó a gestarse en 2019, y mientras iba creciendo y madurando llegó la alerta sanitaria por el coronavirus, una situación que ha hecho que la casa gane protagonismo. Hasta ese momento, el día a día solía transcurrir en el interior del edificio de trabajo, poco se estaba en casa; de hecho, la vivienda ejercía más de Morfeo. Pero, con la experiencia del confinamiento, la casa se ha convertido en un verdadero refugio, en una morada, pero también en una oficina, una escuela o un gimnasio.

Esta experiencia ha supuesto para muchos descubrir su casa, saber más de ese espacio en el que viven y que hasta ese momento no habían relacionado con cómo puede contribuir al bienestar, el confort y la salud.

Quizás después de esta experiencia necesitamos menos teoría sobre el papel que tiene la vivienda en relación con la salud. Nunca antes habíamos pasado tanto tiempo en ella, literalmente encerrados. Y como el cerebro integra a través de la experiencia y de la emoción, no podemos negar que ambas cosas han estado bien presentes en este periodo, y seguro que algo ha cambiado en nosotros.

Todo ello puede suponer un antes y un después en la percepción real de la vivienda, en la valoración de los espacios con luz natural, ventilación cruzada o con salida al exterior, aunque sea un pequeño balcón.

Así que este libro nace en un momento en el que el espacio interior de edificios y viviendas está en el foco de atención. A lo largo de seis capítulos vamos a poner la mirada en nuestra casa, en los aspectos que más inciden en la salud, en aquello que puede ayudarnos a mantener nuestro sistema inmunitario más equilibrado y saludable —así como los sistemas respiratorio, nervioso y hormonal—, en propiciar que el ambiente del hogar promueva que el cuerpo y la mente puedan autorregularse y mantener los sistemas biológicos de autocuidado en forma.

La situación actual pone de relieve la necesidad de aplicar un nuevo concepto de salud más global en relación con la calidad del ambiente interior de nuestras casas.

El objetivo de este libro es aportar opciones para replantear los espacios habitables, centrándose en conseguir que sean más saludables y sostenibles para promover la salud y el bienestar de sus habitantes y del planeta.

Espero que te sea útil y que contribuya positivamente a que realices un cambio real para vivir en una casa más sana.

INTRODUCCIÓN: TU CASA, TU SALUD

¿Sabías que las condiciones ambientales de tu casa pueden ayudarte a ganar salud? El lugar en el que vivimos mantiene una estrecha relación con el equilibro del organismo. Hay casas que nos aportan vitalidad, que nos hacen sentir bien; otras, en cambio, nos alejan del confort. De igual manera, hay viviendas en las que tenemos un sueño reparador, y otras en las que nos levantamos a menudo muy cansados. También hay casas en las que respiramos bien, y otras en las que surgen problemas de alergias.

En términos de salud, más que tu código genético influye tu código postal; así lo avala la ciencia, con estudios que indican el papel relevante que tiene el entorno en el que vivimos en nuestra salud. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también afirma que el entorno en el que vivimos —y, como parte de él, nuestra casa— actúa como un determinante de la salud.

El aire que respiramos, lo que comemos y bebemos, los productos de higiene del hogar y personal, las pinturas y el mobiliario forman parte de nuestro exposoma, es decir, de todo el conjunto de factores ambientales a los que estamos expuestos a lo largo de la vida.

Del mismo modo que cuidamos nuestra «primera piel», que es la epidermis, y nuestra «segunda piel», la vestimenta, vamos a ver cómo cuidar la «tercera piel», nuestra casa, para conseguir mayor confort, bienestar y salud.

Vamos a poner el ambiente interior de nuestra casa a nuestro favor, creando las condiciones para promover la salud, para que nos cuide y no acabe desequilibrando los sistemas biológicos de nuestro cuerpo y de nuestra mente, y para que nos ayude a vivir más y mejor.

Con cada gesto, con cada nuevo hábito o con cada compra, podemos ir construyendo en el día a día un entorno más amable para nuestra salud y para la del planeta. Porque cada gesto que resulta positivo para nuestra «primera casa», que es nuestro cuerpo, también lo hace para nuestra «segunda casa», nuestro hogar, y para nuestra «gran casa», que es el planeta. Todo está relacionado, y en realidad hay una única salud, una salud global.

Si cuidamos la salud del medio ambiente, cuidamos la nuestra.

Si cuidamos nuestra salud, cuidamos la del medio ambiente y la de todos los seres vivos que viven en él.

Como cada gesto cuenta, el hacer de nuestra casa un entorno más sano contribuye al propósito de disfrutar de mayor calidad ambiental, de un entorno más saludable.

En este libro he intentado plasmar muchas de las opciones que podemos hacer, que, como verás, son bastantes. Al leerlo, incluso es posible que a algunos lectores les parezca que son tantas las cosas que pueden hacer que quizá puedan llegar a sentirse abrumados al ver la lista de gestos, rutinas y hábitos que pueden cambiar en su día a día. La propuesta de este libro nace con un espíritu muy práctico, con la idea de abordar cambios sencillos para que cada persona pueda ir tomando sus decisiones al ritmo que considere o precise a fin de llevar a cabo lo que aquí llamaremos su «plan de salud» particular. La finalidad de estas páginas es aportar claves que ayuden a promover la salud en casa y, por ende, a alejar la enfermedad, pero siempre sin perder de vista, por supuesto, que la salud depende de múltiples factores.

Una forma de avanzar en el objetivo de vivir en una casa más sana es mirar con cierta perspectiva y con una voluntad sostenida en el tiempo, a largo plazo: no se trata de cambiarlo todo, ni todo a la vez.

Este libro pretende ser una guía que ayude a un cambio que sea:

 Real

 Consciente

 Sencillo

 Comprensible

Y es por esto que se centra en esos gestos, acciones y hábitos cotidianos que todos hacemos habitualmente cada día; por una parte están los hábitos que constituyen las principales vías de exposición a los tóxicos:

 Respirar

 Alimentarse

 Realizar nuestra higiene personal

Y, por otra parte, están los hábitos que nos permiten equilibrar y regenerar el organismo:

 Descansar y dormir

 Gestionar el estrés

Es decir:

 Respiramos sin parar y sin ser conscientes de ello.

 Comemos y bebemos varias veces al día.

 Pasamos por el baño por lo menos una vez al día y nos aplicamos muchos productos de higiene personal y cosméticos.

 Vamos a dormir cada noche, sin considerar la importancia de los hábitos y del ambiente del dormitorio.

 A menudo llevamos un estilo de vida trepidante, vivimos en modo piloto automático, basado más en el hacer que en el ser, y con mucho estrés.

Así pues, abordaremos las tres vías principales de exposición a agentes tóxicos: respirar, comer y realizar la higiene personal; y también hablaremos de dos vías que ponen en marcha los sistemas de regeneración del organismo: un descanso realmente reparador y un ritmo de vida más consciente, que nos ayudará a evitar el estrés crónico y a vivir más plenamente.

Con este enfoque tan práctico, Tu casa sana se presenta como una guía en la que encontrar claves que te acompañarán a la hora de empezar a realizar esos pequeños cambios de hábitos para, poco a poco, vivir en una casa más saludable, con menos tóxicos, adoptando un estilo de vida más consciente y en coherencia con hábitos que repercutirán en el cuidado tanto de tu cuerpo como de tu mente, la de los tuyos y la del planeta.

¡Vamos a diseñar en nuestra casa un entorno que promueva la salud!

¡Empezamos!


FRASES PARA ACTUAR

Damos forma a nuestras moradas, y luego son nuestras moradas las que nos dan forma a nosotros.

WINSTON CHURCHILL,

político y escritor, premio Nobel de Literatura, 1953

1

TU CASA: MUCHO MÁS

QUE UN REFUGIO

La creación de ambientes interiores para vivir tiene su origen en la necesidad de disponer de un refugio, de un lugar que nos salvaguarde de las inclemencias del tiempo o de la vida salvaje. Poco nos hemos acordado de estos orígenes de las primeras construcciones hasta que ha llegado la situación sanitaria producida por el virus SARS-CoV-2. De pronto, nuestra casa ha pasado a primera línea de la atención como refugio en tiempos de confinamiento. Nunca antes habíamos vivido la experiencia de estar encerrados en casa tanto tiempo, sin contacto con el exterior. La vivienda ha dejado de ser solo ese lugar donde nos recogemos al final de la jornada, para convertirse en el único lugar donde desarrollar todas las actividades de la jornada entera. Se ha tenido que desplegar la creatividad, no así los metros o las condiciones ambientales, para usarla como escuela de los niños, como lugar de teletrabajo, como espacio donde extender la esterilla para realizar algo de ejercicio, donde cocinar más que nunca.

Esta realidad y esta situación han mostrado el rol de la casa como un entorno que nos cuida. Y hemos aprendido a valorar aspectos que ahora ya sabemos que son esenciales para la salud como:

 El disponer de la luz natural del sol.

 El poder ventilar de forma natural y cruzada (con ventanas o aberturas en paredes opuestas para que se creen corrientes de aire).

 El tener una zona de acceso al exterior, aunque sea un pequeño balcón.

 El disponer de espacios flexibles que se adapten a nuevas necesidades.

Como fruto de esta experiencia, son muchos los que han empezado a integrar mejor el valor de la salud de su casa.

Somos la llamada «indoor generation»

Hasta la llegada del confinamiento, y a pesar de que pasábamos gran parte de la jornada en espacios interiores, no lo veíamos así. Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y otros organismos muestran que, con el estilo de vida actual, la población pasa hasta el 90 % de la jornada en el interior de edificios y viviendas.

Un estudio reciente, realizado por YouGov para el Grupo VELUX, bajo el título «The Indoor Generation» se presenta con un vídeo, de solo unos tres minutos, que no deja indiferente y que todos podemos encontrar en Internet.1 Las personas salen a la calle para desplazarse de casa al trabajo, les toca poco el sol y pasan la jornada prácticamente en el interior de edificios, así se define a la «generación doméstica» (o «generación de interior»).

La investigación llevada a cabo para realizar el informe «The Indoor Generation» fue posible gracias a la realización de entrevistas a 16.000 personas de 14 países (Alemania, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Eslovaquia, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, Países Bajos, República Checa y Suiza), destinadas a valorar la percepción del tiempo que pasamos en los espacios interiores. En abril de 2018 se publicaron los resultados, y se constató que creíamos que pasábamos menos tiempo en espacios interiores de lo que realmente lo hacemos. El dato real es que permanecemos más de 21 horas en espacios interiores, lo que significa el 90 % de nuestro tiempo, cuando los encuestados creían que eran menos de 18 horas.

Otra información que los encuestados desconocían es que el aire interior puede estar más de cinco veces más contaminado que el exterior (de hecho, algunos estudios sitúan el dato en hasta diez veces más) o que las habitaciones de los niños suelen ser las más contaminadas de la casa.

En realidad, de la calidad del ambiente interior depende en gran medida el considerar que una casa es sana.

Pondremos el foco especialmente en los espacios de máxima permanencia, aquellos en los que pasamos más de 4-5 horas al día, porque si algún agente ambiental tóxico puede afectarnos, dependerá del tiempo de exposición, pero también de la dosis o la sensibilidad personal, entre otros factores. El dormitorio, por ejemplo, será un ambiente que analizaremos en detalle en el capítulo 5, ya que, como poco, pasamos en él un tercio de la vida (unas 7-8 horas).


FRASES PARA ACTUAR

Cuidando la calidad del aire o del ambiente interior se cuida de la salud de las personas que viven, trabajan o, en definitiva, que pasan un tiempo considerable en el interior de dicho edificio.

OBSERVATORIO DE SALUD Y MEDIOAMBIENTE DE ANDALUCIA


ILUSTRACIÓN 1. Relación entre los hábitos y los factores ambientales en el entorno del hogar y la salud.

Cuando tu casa te enferma

En contraposición a la idea de una casa sana, el llamado «síndrome de la casa enferma» (SCE) hace referencia a los problemas de salud causados por la contaminación del aire interior, independientemente del lugar, la sustancia causante o la patogénesis. La existencia y definición de este síndrome fue propuesta en 2007 por el doctor Seki y su equipo del departamento de Ciencias de la Vida de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Okayama, en Japón, y su hallazgo se basó en la evidencia de que las personas que vivían en casas nuevas o recién reformadas presentaban una variedad de síntomas definidos como «subjetivos no específicos», que consistían en irritación de ojos, nariz y garganta, dolor de cabeza, fatiga o alergias, entre otros. Estos síntomas se parecían mucho a los que la OMS había descrito en la década de 1980 para personas que trabajaban muchas horas al día en edificios de oficinas, y que en ese momento se denominaron el «síndrome del edificio enfermo».

Bajo la expresión «síndrome de la casa enferma», los estudios científicos describen casos de personas con alergias, afectación por mohos y humedades, y otros problemas de salud causados por vivir en una casa construida con materiales que emiten compuestos orgánicos volátiles (COV) perjudiciales para la salud de los residentes, como son diversos materiales de acabados de interior, como pinturas o barnices, o incluso alfombras y determinado mobiliario.

Otros estudios se centran en la exposición de los residentes en las viviendas a las radiaciones naturales del suelo, como el gas radón residencial; o a la iluminación natural y artificial; o a los campos eléctricos; o también a los campos electromagnéticos. De hecho, en la última década se han ido aportando estudios que determinan cada vez con más detalle y claridad cómo la calidad del ambiente interior beneficia o perjudica a la salud de las personas (ver ilustración 2).


ILUSTRACIÓN 2. Síntomas que se relacionan con la calidad del ambiente interior.


FRASES PARA ACTUAR

Al no dedicarle más esfuerzos y no tener en mayor consideración la importancia del medio en la salud y las enfermedades, estamos perjudicando a la biología.

DOCTOR GARY MILLER,

profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Emory, en Atlanta (2016)

La ciencia del exposoma

Desde inicios de este siglo xx se ha vivido un cambio de paradigma en el abordaje de las causas de las enfermedades. En las décadas de 1980 y 1990, la investigación se centraba básicamente en la genética y se tenía en poca consideración el ambiente.

Durante casi diecinueve años, mi labor profesional se ha centrado en el campo de la genética humana, y de esa etapa recuerdo que, en ocasiones, cuando el diagnóstico no revelaba una anomalía genética, se podía comentar: «Si no es genético, puede ser ambiental». Pero esa referencia al término «ambiental» no recogía ni el conocimiento ni el alcance del mismo tal y como lo entendemos ahora. A día de hoy sabemos que el lugar donde vivimos actúa como verdadero determinante de nuestra salud, y que mientras que el genoma se queda prácticamente igual toda la vida, el exposoma va cambiando (se cambia de casa, se cambia la dieta, se deja o se empieza a fumar, se cambia de cosméticos o se modifican los hábitos de actividad física).

El exposoma se define como la totalidad de los factores ambientales a los que nos exponemos y que nos afectan desde la concepción y durante toda la vida. El exposoma tiene que ver, por tanto, con la exposición a factores ambientales y con nuestra biología en particular, y las estadísticas revelan que casi la mitad de la mortalidad global se debe al exposoma, ya que prácticamente un 80 % del origen de las enfermedades se atribuye al ambiente, y aproximadamente solo un 20 %, a la genética.

Para avanzar en el conocimiento de cómo afecta la exposición a los factores ambientales en la salud de las personas, diferentes científicos están investigando sobre el exposoma. A través de esos estudios se pretende conocer y comprender mejor cómo afecta la exposición global, es decir, considerando el ambiente, pero también la genética.

Es importante destacar que dos de los componentes del exposoma de una persona son: su entorno y su estilo de vida. Pues bien, podemos intervenir y hacer cambios en ambos, a través de nuestros hábitos diarios.

Es a través de esta perspectiva desde la que podemos comprender hasta qué punto juegan un papel fundamental como determinantes de nuestra salud los siguientes aspectos:

 el ambiente de nuestra casa,

 lo que comemos y bebemos,

 los productos que usamos,

 el ejercicio que practicamos,

 el contacto con la naturaleza.


ILUSTRACIÓN 3. Exposoma: la exposición a lo largo de la vida cotidiana.

La mirada de la OMS

La OMS considera determinantes sociales de la salud «las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluida la influencia del sistema de salud».

Desde la OMS se constata que solo el 20 % de los determinantes de salud se relacionan con el sistema sanitario, al que acudimos cuando nos sentimos mal para que nos ayude a restablecer la salud. Sin embargo, el 80 % de los determinantes sociales de salud se encuentran fuera del sistema sanitario, y tienen que ver con los factores socioeconómicos, los comportamientos saludables y el entorno físico. Así, el mejorar estos aspectos repercute en promover la salud de las personas, algo que pasa por tener acceso a una vivienda digna, disponer de agua y servicios de saneamiento, casas ventiladas y no sufrir pobreza energética, cuestiones todas ellas prioritarias cuando se aborda la problemática de la salud en relación con la vivienda.

También se debe considerar en qué lugar se ubica la vivienda, si tiene cerca zonas verdes, si existen fuentes de ruidos cercanos, si está bien aislada, si está exenta de humedades, si dispone de la iluminación adecuada, si los materiales no contienen tóxicos…, y también si el mantenimiento es adecuado y con qué productos se efectúa.

La vivienda está considerada como un determinante social de salud; por ello, todos los gestos que vayan encaminados a conseguir un ambiente interior más saludable son elementos que suman.


FRASES PARA ACTUAR

El lugar donde vivimos afecta a nuestra salud y a nuestras posibilidades de tener una vida próspera. La mejora de las condiciones de habitabilidad puede salvar vidas, prevenir enfermedades, mejorar la calidad de vida, reducir la pobreza, ayudar a mitigar el cambio climático y contribuir al logro de los objetivos de desarrollo sostenible.

ORGANIZACIÓN MUNDIAL PARA LA SALUD (OMS)


ILUSTRACIÓN 4. Los determinantes sociales de la salud.

En este libro vamos a tratar los aspectos relacionados con cómo mejorar el entorno físico de nuestra casa y cómo adoptar comportamientos y hábitos más saludables. A continuación, vamos a ver los principales factores ambientales a considerar para vivir en una casa más sana.

Los 10 principales contaminantes del ambiente interior

Conocer las principales fuentes de contaminación ambiental que merman la calidad del ambiente interior en nuestras casas es el primer paso para poder evitarlas y respirar un aire más limpio. Muchos productos puede acabar siendo contaminantes del aire: el humo del tabaco, que todavía sigue estando presente en muchos hogares; los materiales de construcción y de acabados de interior, como pinturas, barnices, ceras, suelos, moquetas, alfombras …; los gases y humos derivados del uso de combustibles dentro de casa; los productos de limpieza; los pesticidas y otros productos para tratar las plantas; el gas radón; los productos de higiene personal; y, en general, cualquier producto químico de uso doméstico. En la siguiente página destacada los presentamos, y a lo largo del libro veremos cómo evitar o minimizar su presencia en casa.

1. «The Indoor Generation»: https://www.youtube.com/watch?v=NTnSbjMljHQ&ab_channel=.

LOS 10 PRINCIPALES FACTORES QUE ACTÚAN COMO CONTAMINANTES DEL AMBIENTE INTERIOR

1.Humo del tabaco. La exposición al humo del tabaco se relaciona con irritación de ojos, nariz y garganta, tos, dolor de cabeza y asma. También agrava los problemas respiratorios ya existentes y es causa de cáncer de pulmón. Fumar durante el embarazo se asocia con un mayor riesgo de bajo peso del recién nacido y de síndrome de muerte súbita del lactante. En la etapa infantil, la exposición al humo del tabaco se asocia con otitis, crisis asmáticas, infecciones respiratorias y mayor número de ingresos hospitalarios. El humo del tabaco es un contaminante en sí mismo, y es fuente de otros contaminantes como el monóxido de carbono, el benceno, óxido de nitrógeno, óxido de azufre, radón… El tabaquismo pasivo también afecta a la salud.

2.Compuestos orgánicos volátiles. Los compuestos orgánicos volátiles (COV) se liberan fácilmente en la quema de combustibles como la madera y el carbón, o desde productos que los incluyen en su formulación. Los COV están muy presentes en el hogar debido a los productos de uso cotidiano, como detergentes, limpiadores, desinfectantes, ambientadores, suavizantes, jabones, inciensos, velas, desodorantes, champús, fragancias, pesticidas, productos para el control de plagas, materiales de construcción y acabados de interior (pinturas, ceras, barnices, aglomerados de madera, colas, selladores, adhesivos y aislantes), muebles, moquetas, alfombras, tapicerías, juguetes… Según el tipo de compuesto químico que contengan, estos productos pueden actuar como irritantes de la piel, los ojos, la nariz o la garganta, provocar dolor de cabeza, astenia, mareos, fatiga, problemas digestivos, disminución de la función pulmonar, y también pueden actuar como alérgenos, sensibilizantes, disruptores endocrinos, ser tóxicos para el sistema respiratorio, inmunológico y neurológico, ser teratogénicos, carcinogénicos o resultar tóxicos para el medio ambiente.

3.Dióxido de carbono (CO2). Fruto de la actividad humana, al respirar, con cada exhalación se libera CO2 y según el número de personas que haya en la estancia y de si se ventila correctamente o no, el ambiente puede estar más cargado; también se produce al fumar, y por combustión de combustibles fósiles. No es un gas tóxico, pero además de asociarse al cambio climático, en espacios interiores provoca cansancio, somnolencia y fatiga. Es un buen indicador de la calidad del aire interior, como veremos más adelante.

4.Temperatura y humedad relativa. Aunque no es un contaminante en sí mismo, hay que considerar que la vivienda tiene que estar acondicionada para aportar bienestar y confort en el espacio interior durante los meses de calor y de frío. Cuando no es así, se asocia a problemas respiratorios, asma, alergias e incluso a problemas más serios en población muy sensible, especialmente si están en condiciones de pobreza energética. Por su parte, las condiciones de humedad relativa alta favorecen el crecimiento de microorganismos, y cuando el ambiente es seco se genera electricidad estática. La temperatura más alta favorece que se volatilicen los COV en el ambiente.

5.Polvo. El polvo no solo es una fuente de suciedad y de microorganismos, como ácaros o bacterias, sino que también se encuentran en él sustancias químicas tóxicas, como compuestos semivolátiles, plastificantes, retardantes de llama… Por ello, algunos autores lo denominan «polvo tóxico». Alergias, asma, problemas respiratorios o relacionados con la disrupción endocrina se pueden asociar a su exposición. Con un mantenimiento adecuado del espacio se puede evitar que se acumule.

6.Microorganismos. Dentro de los contaminantes biológicos, las bacterias, mohos y hongos suelen encontrase asociados a zonas de agua, humedades y condensaciones. Se relacionan con problemas respiratorios, asma y alergias, y acaban afectando al sistema inmunológico.

7.Gases y humos. El uso de combustibles fósiles y biomasa de cocinas, calderas, estufas o chimeneas es fuente relevante de contaminación del aire interior. Además de partículas, compuestos orgánicos volátiles o polvo, cuando la combustión es incompleta se generan:

 Hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), reconocidos como potencialmente cancerígenos.

 Monóxido de carbono (CO), un gas que impide el transporte de oxígeno en la sangre, causa dolores de cabeza, mareos, náuseas, somnolencia y, a altas concentraciones, es causa de muerte.

8.Radón. El radón es un gas radiactivo de origen natural que, exhalado del terreno en el que está construida la vivienda, y a través de grietas y fisuras, entra en el espacio interior, donde se acumula principalmente en plantas bajas y garajes. Es la segunda causa de muerte por cáncer de pulmón, detrás del tabaquismo.

9.Amianto. Si se detecta amianto en casa, y en especial antes de hacer una reforma, hay que consultar con un experto, que realizará un buen diagnóstico de la vivienda y valorará el manejo adecuado de los materiales que contienen amianto, también llamado asbesto. Se trata de un mineral fibroso usado en la fabricación de material de construcción; es muy tóxico, y provoca asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma.

10. Electroclima. La exposición a las radiaciones artificiales derivadas del cableado eléctrico, los equipos eléctricos y electrónicos, las lámparas, los materiales sintéticos y una humedad relativa baja, pueden producir la desagradable electricidad estática, o bien una exposición a campos eléctricos y magnéticos. La exposición crónica, incluso a dosis que a día de hoy se consideran bajas, especialmente en la población más sensible, como la infantil, y también adultos afectados por el síndrome de sensibilización central, puede sensibilizar los sistemas biológicos, dificultar el sueño, la concentración, la memoria y el aprendizaje o asociarse con mayor estrés, cansancio, dolor, irritabilidad, taquicardias… Los equipos eléctricos y electrónicos también son fuente de emisión al ambiente de sustancias químicas presentes en su composición. Considerar el electroclima permite optar por soluciones para disponer de los avances de la tecnología y evitar la exposición a las radiaciones artificiales que resultan estresantes para el organismo.

¿Qué es lo que más nos afecta?

Una pregunta recurrente en las clases y conferencias que imparto acerca de cómo el entorno en el que vivimos repercute en el equilibrio de nuestra salud es: ¿qué es lo que más nos afecta?, ¿cuál es el tóxico que hay que evitar sí o sí? O, dicho de otro modo: ¿qué nos hace sentir bien?, ¿qué hábitos son más determinantes?, ¿por dónde empezar?

Como se puede inferir rápidamente, responder a ello requiere de una exposición amplia de conceptos de toxicología, así como hablar de sensibilidad, de tolerancia, de ventanas críticas de exposición, de grupos más vulnerables, de las dosis bajas, de enumerar las sustancias o agentes reconocidos como tóxicos y también de hacer un listado de aquellas sustancias que están consideradas como posiblemente tóxicas, entre muchos otros aspectos.

Por ejemplo, para tóxicos como el amianto o el radón, hay que actuar tan pronto como se detecta su presencia; en cambio, para los casos en que la evidencia científica indica que las dosis bajas de ciertas sustancias ya no son tan seguras como se creía, es preciso abordar el tema aplicando el principio de precaución.

A continuación vamos a considerar solo algunos de los paradigmas que deben ser resueltos desde la ciencia y que tienen que ser aplicados desde las diversas políticas. Se trata sobre todo de entender por qué es necesario apostar por una vida «low tox» e intentar reducir y, en la medida de lo posible, evitar la exposición cotidiana a determinados tóxicos, por más que estos cumplan los requisitos para su comercialización y la exposición se produzca a dosis muy bajas.


FRASES PARA ACTUAR

La función de proteger y desarrollar la salud debe ser incluso superior a la de restaurarla cuando está deteriorada.

HIPÓCRATES,

médico de la Antigua Grecia, considerado el padre de la medicina

La paradoja de las dosis bajas en los disruptores endocrinos

Hace algo más de quinientos años, el médico suizo Paracelso expresó un principio básico de la toxicología que afirma que «la dosis diferencia un veneno de un remedio». Dicho de otro modo: una sustancia que tiene propiedades tóxicas solo causa daño si se produce en una concentración lo suficientemente alta.

Hoy en día, los productos que se comercializan están sujetos a las diversas normativas vigentes, y se viene contemplando que las dosis de sustancias químicas consideradas como bajas, y presentes en productos como alimentos y sus envases, productos de limpieza, cosméticos, barnices o muebles, son suficientes para garantizar la inocuidad para la salud de las personas y del medio ambiente.

Sin embargo, y en especial en la última década, se ha hecho evidente que la dosis no siempre hace el tóxico, lo que ha quedado bien demostrado con el conocimiento de los efectos en la salud de los disruptores endocrinos (DE), sustancias químicas muy presentes en la vida cotidiana y que destacan por su capacidad de alterar el sistema hormonal e interferir la acción de las hormonas, en algunos casos acentuando su función, y en otros casos haciéndolas deficitarias al bloquearlas.

A través del contacto directo con la piel, al comer y beber, o al respirar, estamos expuestos de forma continua a los DE, aunque en dosis bajas. Por ello, a lo largo de este libro abordaremos cómo llevar unos hábitos más saludables, en una casa más sana, a través de los alimentos y de sus envases y de artículos de consumo muy habitual, como los productos de higiene personal y cosméticos, entre otros, minimizando o evitando estos compuestos.

Una de las características de las sustancias que actúan como disruptores endocrinos es que pueden producir alteraciones en el organismo a dosis muy muy bajas, del orden de las que utilizan las hormonas propias de nuestro cuerpo para comunicarse —a niveles de partes por billón—, e interactuar con ellas y producir cambios en su funcionamiento. Para estas sustancias no se conoce un umbral límite de exposición seguro por debajo del cual no se produzcan efectos adversos.

La normativa vigente actual no es suficiente para proteger a la población frente a su exposición incluso a tan pequeñas dosis. Plaguicidas, bisfenoles, retardantes de la llama, ftalatos, metales pesados o parabenos son ejemplos de estas sustancias para las que no se conoce dosis segura y que la ciencia evidencia su asociación con malformaciones en genitales de bebés, la aparición de la primera regla en las niñas a una edad muy precoz, el déficit de atención, la hiperactividad, el autismo y diversos problemas neurológicos en niños, problemas de fertilidad en edad reproductora, endometriosis, ovarios poliquísticos, obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares, alteraciones del tiroides, problemas de conducta, Parkinson y cáncer hormonodependiente, como el de mama, de testículo y de próstata (ver tabla siguiente).

Tabla. Sustancias presentes en la vida cotidiana con acción de disrupción endocrina


SustanciaDónde se encuentra
FtalatosPlásticos, envases alimentos, cosméticos, productos de higiene personal, productos de limpieza, tapicerías, ropa, cortinas, alfombras, dibujos plastificados, materiales de construcción, pinturas, lacas, barnices, juguetes, equipos y materiales eléctricos y electrónicos
Bisfenol A (BPA)Plásticos, envases de alimentos como recubrimiento interior de latas o bases de pizza, tiques de compra de papel térmico, pinturas, barnices, colas, resinas, equipos y materiales eléctricos y electrónicos, amalgamas dentales
ParabenosCosméticos, productos de higiene personal
TriclosánCosméticos, productos de higiene personal, productos de limpieza
Filtros solares (benzofenonas, canfenos y oxinamatos)Cremas de protección solar, cremas hidratantes, cosméticos
Almizcles sintéticos, perfumes y fraganciasCosméticos, productos de higiene personal, productos de limpieza, fragancias, perfumes
Retardantes de llamaEspumas, equipos y materiales eléctricos y electrónicos (teléfono móvil, tableta, ordenadores, televisión…), materiales de construcción, muebles, colchones, textiles, tapicerías, vestimenta
Compuestos orgánicos volátiles (COV) y formaldehídosPinturas, barnices, colas, lacas, productos de limpieza, productos de higiene personal, cosméticos, telas, moquetas, alfombras, ambientadores, materiales de construcción, muebles de tableros de madera, conglomerados, contrachapados
Compuestos perfluorados (FPOS, PFOA)Recubrimientos de sartenes, telas impermeables, telas antiadherentes
Plaguicidas (glifosato, clorpirifós…)Frutas, verduras, hortalizas, cereales y otros alimentos, agua
Metales pesados como: plomo (Pb), mercurio (Hg), níquel (Ni)Pb: cañerías de plomo y acero galvanizadoHg: pinturas, bombillas de bajo consumo, termómetros, amalgamas dentalesNi: ollas, cacerolas, cubiertos


FRASES PARA ACTUAR

En disruptores endocrinos, la única dosis segura es la que no existe.

DOCTOR NICOLÁS OLEA,

director científico del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada-UG y catedrático del Departamento de Radiología

La paradoja de las dosis bajas en las radiaciones artificiales

No solo en relación con las sustancias químicas, sino también en relación con la exposición diaria a los campos eléctricos y electromagnéticos, las evidencias indican asimismo que las dosis reguladas en la actualidad y hoy consideradas como bajas no garantizan el equilibrio de los sistemas biológicos. Dolencias como problemas de memoria, falta de atención, cansancio, fatiga, irritación, problemas de sueño y otras dolencias más severas se asocian a una exposición crónica, en especial durante el sueño, a las radiaciones artificiales (ver capítulo 5).


ILUSTRACIÓN 5. Problemas de salud asociados a la exposición a disruptores endocrinos.

El efecto cóctel

En realidad, lo que sucede es que estamos expuestos a muchas sustancias a la vez, a muchas dosis consideradas como bajas. ¿Qué efecto tiene en nuestra salud la suma de muchas dosis bajas? Y también estamos expuestos a varios tipos de factores de riesgo biológico, químico y físico a la vez. ¿Cómo interactúan entre ellas?

Cuando se evalúan los riesgos para nuestro organismo, se contemplan los relacionados con la exposición a una sola sustancia, pero la realidad es que estamos expuestos de forma habitual a múltiples sustancias a la vez. Es lo que se conoce como el «efecto cóctel», del que todavía se sabe poco sobre cómo afecta a la salud, por lo que el cálculo del riesgo que corremos y de cómo puede afectarnos resulta del todo insuficiente debido a que no contempla los efectos aditivos y sinérgicos de las mezclas de sustancias, como tampoco contempla la contaminación interna del organismo, la mochila tóxica que ya llevamos a cuestas y que puede actuar potenciando nuestra exposición a una nueva sustancia.

Aun así, las hipótesis que se contemplan indican que podría tener un efecto sinérgico, potenciador. Es decir, que la suma de todas las dosis no sería lineal a la suma de sus efectos individuales.

Por otra parte, todavía se sabe poco sobre cómo puede afectar el cóctel de sustancias químicas sumado al de las radiaciones ambientales, a lo que habría que añadir también la suma del sedentarismo, de una alimentación poco equilibrada o del estrés crónico. A medida que la ciencia del exposoma avance en sus investigaciones, se podrán tener datos más aproximados de cómo afecta el total de la exposición a lo largo de la vida.

Etapas críticas de exposición

El embarazo es una etapa más crítica con relación a la exposición a factores de riesgo, como, por ejemplo, los disruptores endocrinos, ya que en esa fase se produce la formación, el crecimiento y la maduración de los diferentes órganos y sistemas del feto. El sistema nervioso central es más vulnerable en el periodo embrionario y fetal, y también en la primera infancia, durante los primeros meses de vida del bebé y los primeros años de vida.

Por ello, es preciso que consideremos aplicar, durante el embarazo, el principio de precaución, evitando exponernos a tóxicos, en particular a los disruptores endocrinos —como los pesticidas o el bisfenol A—, y, más adelante, evitando la exposición de nuestros bebés, así como también mantenerlos alejados de la contaminación ambiental. Es una buena medida de cara a proteger la salud del bebé no solo en ese momento concreto de su infancia, porque repercutirá en él durante toda su vida, ya que muchos de los problemas de salud relacionados con la exposición a disruptores endocrinos en etapas muy incipientes del desarrollo aparecen años o décadas más tarde, en la edad adulta, manifestándose como problemas de infertilidad, diabetes, obesidad, hipertensión e incluso cáncer de mama o de próstata.

También son diversos los científicos que apelan a aplicar el principio de precaución en relación con la exposición a las radiaciones artificiales, como las de la tecnología inalámbrica, debido a que hay estudios que las asocian al bajo peso al nacer, a problemas de atención y de conducta o a problemas del sistema nervioso e inmune.

Proteger a la infancia, a los grupos de población más sensibles, tendría que ser una prioridad en salud.

Bioacumulación

Las mujeres, por nuestra propia naturaleza biológica, poseemos en nuestros cuerpos un 15 % más de tejido graso que los hombres que nos ayuda a prepararnos para la maternidad. Por ello, la exposición a los tóxicos penaliza más a las mujeres, precisamente porque muchos de los tóxicos químicos son lipofílicos, es decir, son muy afines a los tejidos grasos y al sistema nervioso central, y tienden a almacenarse en ellos.

Algunos tóxicos no se almacenan en el cuerpo —como los parabenos y los bisfenoles—, y suelen permanecer entre pocas horas o días dentro del cuerpo, pero su efecto nocivo puede llegar con la exposición habitual, diaria y prolongadas, como es el caso de los que llegan a través de los alimentos o los cosméticos. Es por ello que se denominan seudopersistentes.

Además, hay tóxicos (como el caso de algunos pesticidas) que no solo se bioacumulan en los tejidos humanos, sino también en los de otros seres vivos, y pueden persistir en el organismo más de diez años. En el caso de las mujeres, no producen efectos únicamente sobre la propia salud, sino que tienen la capacidad de cruzar la placenta y de llegar al embrión o al feto, también se encuentran en la leche materna y pueden llegar a afectar, varios años después, a su descendencia.


FRASES PARA ACTUAR

Grandes estudios han encontrado la presencia de sustancias disruptores endocrinos en muestras biológicas en el 95 % de los participantes.

INSTITUTO DE SALUD GLOBAL DE BARCELONA (ISGLOBAL)

EVITAR LA EXPOSICIÓN SILENCIOSA

Ya hemos visto que los factores de riesgo ambientales no afectan a todos por igual. Hay grupos de población más sensibles, como las embarazadas, los bebés y los niños; también las personas mayores y las personas con el síndrome de sensibilización central —sensibilidad química múltiple, fatiga crónica o electrohipersensibilidad—, en las que las reacciones adversas del organismo se suelen presentar casi de inmediato.

Nuestros sistemas biológicos están preparados para mantenerse en equilibrio —de hecho, realizan funciones para conseguirlo de forma constante, en lo que se conoce como homeostasis—, pero puede que llegue un punto en el que pierdan la tolerancia y, ante dosis que actualmente se consideran como bajas, reaccionen de forma desmesurada y aparezcan los síntomas adversos de salud. En definitiva, la pérdida de tolerancia es una forma que tiene el cuerpo de decir que no puede más, que ya no le es posible volver al equilibrio ante la exposición a determinados agentes ambientales de riesgo.

Entretanto, mientras nuestro organismo no llega a este extremo, el que no manifieste síntomas aparentes no significa que no esté haciendo un trabajo extra para volver al equilibrio ante la exposición diaria a determinados agentes ambientales, lo cual es una forma de estrés orgánico silencioso.

De hecho, suele suceder que muchas de las patologías crónicas empiezan con esta situación de invisibilidad hasta que el organismo ya no tiene más recursos para seguir consiguiendo mantener el equilibrio de sus sistemas.

En este contexto, una casa sana sería aquel espacio que provee al cuerpo y a la mente de las condiciones ambientales necesarias que precisan para realizar sus funciones, sin agentes de riesgo que puedan interferir en su óptimo funcionamiento y acabar desequilibrándolo. El control ambiental del ambiente, creando un espacio que garantice la calidad del ambiente interior, es clave en las personas con síndrome de sensibilización central.


FRASES PARA ACTUAR

Nada en este mundo debe ser temido, solo entendido.

MARIE CURIE,

científica, premio Nobel de Física, 1903

Cifras para el cambio

Ahora ya conocemos que nuestra casa y nuestros hábitos actúan como determinantes de salud y que, mientras que el genoma se queda prácticamente igual toda la vida, sí que podemos intervenir en el exposoma: podemos cambiar de ser fumadores a no fumadores, de no hacer ejercicio a hacerlo, de comer alimentos muy procesados con sus envases a comer más alimentos frescos, también podemos cambiar de casa o incluso de ciudad.

Toni Solanas, Dani Calatayud y Coque Claret son tres arquitectos de referencia en el campo de la sostenibilidad. En su libro 34 kg de CO2, que se publicó en 2009, ya hacían referencia a un estudio que ya indicaba que la vivienda y los hábitos de vida son relevantes para la salud del planeta.

Si entre los habitantes actuales del planeta se repartiera la superficie terrestre, nos correspondería una media de 1,87 hectáreas por habitante y año. El consumo energético y los recursos de un europeo de clase media-alta requieren de 29 hectáreas para satisfacer las necesidades de construcción, energía y transporte y alimentación, mientras que una persona que vive en una casa ecológica, sigue una dieta vegetariana y usa bicicleta en vez de coche solo precisa de 1,75 hectáreas.

Consultando la revisión de estos datos con su coautor Dani Calatayud, me indica que, a pesar de que la metodología actual permite abordar mejor estos cálculos, siguen siendo válidos, aunque ahora ya corresponden a 1,7 hectáreas por habitante y año. La reflexión lleva a pensar que los sistemas de producción y el estilo de vida actual se muestran insostenibles.

¿Cuántos planetas necesitamos para vivir un año? Cada año llega antes el día en que se llega a la sobrecapacidad de la Tierra, entendido como el momento en el que el ser humano ha consumido todos los recursos naturales de los que disponía para todo el año. En 1970, los recursos naturales del planeta se agotaban casi a final de año, en concreto el día 23 de diciembre; casi cuatro décadas después, en 2019, se agotaba el presupuesto ecológico del planeta el 29 de julio, una semana antes que en 2018; y en 2020, debido al confinamiento por la COVID-19, entramos en número rojos un poco después, el día 22 de agosto.

El 16 de diciembre de 2019 finalizó la Cumbre sobre el Cambio Climático dejando clara la urgencia de actuar ya. Son tantas las evidencias que demuestran que el modelo de consumo y de vida actual precisa de una revisión urgente, y que el planeta enferma y sus pobladores enferman con él, que, miremos hacia donde miremos, el modelo se hace insostenible.

Esta forma de consumo excesivo está contribuyendo al colapso climático, a la pérdida de biodiversidad y a la destrucción de la naturaleza, y es por ello que debemos instar a los líderes políticos a realizar cambios y apostar por un estilo de vida más acorde con una salud global.

De la salud del planeta a la salud personal, o de la salud personal a la del planeta, el cambio de hábitos en relación con la salud puede empezar por vías diferentes, desde una visión más global a una visión más personal, o viceversa. Como ciudadanos, podemos actuar empezando por replantear nuestros hábitos, adoptando opciones para vivir más conscientes, más sostenibles, más respetuosos con nuestra salud y con la salud del planeta, porque, en realidad, hay una sola salud.


FRASES PARA ACTUAR

Si todos los seres humanos vivieran como un español medio, consumiríamos el equivalente a 2,5 planetas por año.

THE GLOBAL FOOTPRINT NETWORK

Diseña tu propio plan para vivir en una casa más sana

No hay un único «mejor plan», y cada persona puede diseñar el suyo propio, el que se ajuste mejor a sus posibilidades, a sus conocimientos, a sus creencias, a cómo quiere vivir… A lo largo de este libro se aportan muchas propuestas para una vida más sana, un consumo más consciente, un estilo de vida low tox…, y, por si te resulta útil, aquí tienes un plan basado en las 10 erres: puedes adaptarlo, modificarlo, reescribirlo y hacerlo tuyo, porque solo es una guía que busca reflexionar con el fin de iniciar el cambio hacia una casa y una vida más sanas.

EL PLAN DE LAS «10 ERRES»

1.Repensar. Con la información que tengo, ¿qué hago? Seguro que surgirán muchas posibilidades, tantas como personas: negarla; creerla; buscar más información con bases científicas; sacar unas conclusiones propias; decidir actuar; decidir no actuar; actuar solo en algunos aspectos... En este momento debemos preguntarnos si vivimos según nuestras convicciones, cómo nos sentimos, qué nos aporta realmente bienestar, qué nos cuida, cómo queremos vivir la ciudad, la naturaleza, qué repercusión tienen nuestros hábitos, quién hace nuestra ropa, cómo impacta la construcción… Es, en suma, un momento para ir pasando revista a aspectos sobre los que quizás antes no habíamos reflexionado y para hacer que los valores de vida se correspondan con las acciones en la medida de lo posible.

2.Rediseñar. Cómo vas a reflejar las decisiones tomadas en el entorno del hogar. Haz que sea fácil: programa los pasos, los tiempos. Empieza por aquellos productos que se han acabado y necesitas reponer. ¿Compro los mismos? ¿Cambio de marca? Apuesta por la simplicidad en casa. Menos es más. A tu ritmo, sin que suponga un problema, sino más bien la satisfacción de dar un paso más.

3.Realizar. Hay que poner los propósitos en práctica, comprometerse. Aunque parece obvio, a veces hacemos planes y disponemos de posibilidades más amables con nuestra salud y con la del planeta, pero acabamos decantándonos por los que no lo son tanto por costumbre, por el marketing o por diversas razones. La buena noticia es que, cuando lo tenemos interiorizado, el cambio ya pasa a formar parte de los nuevos hábitos.

4.Reducir. El mejor plan detox para depurarse y desintoxicarse es no exponerse a los tóxicos —ni las personas ni cualquier ser vivo ni el planeta entero—, así de fácil (o de complicado). Reducir el consumo de determinados productos, apostar por los más «limpios» es una buena ayuda para el organismo. Pasar a una vida low tox es posible. Empieza reduciendo los productos plásticos de un solo uso, opta por productos sin embalaje, por los más naturales, así ya minimizas la exposición a muchos tóxicos.

5.Responsabilidad. Consume menos y hazlo de forma consciente. Apuesta por vivir con menos y de más calidad, alargando la vida de los productos, que no ponga en peligro la salud del planeta, la de los trabajadores ni la de los usuarios. Apuesta por productos que siguen las premisas de respeto a la salud ambiental, a la salud social, a la soberanía alimentaria, a la biodiversidad, para minimizar la huella ecológica y apostar por una economía circular.

6.Rechazar. Que no entren en la cesta de la compra ni en casa todos esos productos que no necesitamos y que no cumplen los requisitos que nos hemos marcado respecto a que no incluyan tóxicos.

7.Reusar. Alarga la vida de tus productos, dales una nueva utilidad siempre que no contengan tóxicos en su composición.

8.Reciclar. Hazte consciente de los residuos que generas, así apostarás por productos que realmente sean más biodegradables y/o reciclables.

9.Reincorporar. Cerrar el ciclo natural, llevar los residuos orgánicos a la tierra, compostando. Si dispones de espacio, hazlo en casa. Hay cubos compostadores de medidas aptas también para pequeños espacios.

10. Reconectar. En pocos meses, o en un año, seguro que puedes dar la vuelta a tu modelo de consumo, a tu estilo de vida. En tu día a día entrarán hábitos más sostenibles y saludables, con una mirada en positivo destinada a abordar cómo a través de los recursos de que se dispone se puede vivir de forma más consciente. Recuerda que vivir de forma coherente, tener un propósito, también es fuente de salud. Así que diseña tu plan, visualiza y reconecta con cómo quieres vivir tu casa y tu vida y actúa en sintonía.

El ejemplo del plástico

Hablaremos del plástico y los plastificantes casi en todos los capítulos del libro. Es un material bien presente en la mayoría de envases de productos de uso habitual, desde alimentos, cosméticos, productos de limpieza, juguetes, pinturas, materiales de construcción, superficies, muebles, tejidos y un largo etcétera.

La mayor problemática ambiental, como sabes, está en el plástico de un solo uso. Si todavía no has empezado a reducir su consumo, tómate un momento para hacer la lista de todos los productos que puedes consumir en un único día. ¡Te sorprenderás!

Aunque nuestra basura ya nos delata, no siempre tomamos conciencia del plástico que se puede desechar: la cápsula del café de la mañana, la bolsita de la infusión, las lonchas de queso separadas por plásticos, las tostadas o galletitas saladas envasadas individualmente, el vaso de poliestireno del café o la infusión que pedimos en el bar y nos llevamos a la oficina, el recipiente o los recipientes de la comida preparada, los cubiertos de plástico que a la vez vienen en una funda de plástico, la fruta cortada en otro recipiente de plástico, la bolsa (también de plástico) para llevarlo todo, la botella de agua (sí, de plástico) o una lata de refresco, la pajita del zumo, el yogur…

Se trata de rechazar el usar y tirar y apostar por opciones más sostenibles.

Porque seguir generando basura solo por pensar que luego se recicla no es la solución:

 Aunque reciclemos correctamente, ubicando cada envase en su contenedor, al final puede que este no sea reciclado, como es el caso de los envases o residuos plásticos de pequeño tamaño, que se cuelan por el sistema de cribado mecánico (se suelen cribar a partir de medidas de 10 cm, y en esta situación están, por ejemplo, los envases de yogur o los tapones).

 También están los productos que no se consideran envases, como las pajitas, los cubiertos desechables, los moldes de papel para horno, las ya citadas cápsulas de café, las bolsas de papel aluminio del café o las bolsas de té e infusiones, que tampoco se reciclan.

 Entre los que sí son considerados envases y se podrían pasar a reciclaje, tenemos aquellos productos que contienen diferentes tipos de materiales y que el sistema descarta, como es el caso de los envases que contienen PVC y los envases de tipo brik, que combinan materiales como el cartón, el aluminio y el polietileno, difícilmente separables. Las pegatinas de los envases tampoco se reciclan. Por tanto, evitar el consumo de los envases difícilmente reciclables también suma.

Las cifras del tiempo que tarda el plástico en descomponerse, por otra parte, son tan demoledoras que, sin dudar, animan a apostar por un cambio en el consumo de usar y tirar.

La imagen de mares y ríos llenos de plásticos es tan impactante que realmente no precisa de más explicaciones: queda claro que se produce y se consume tal cantidad de envases, de productos de un solo uso que se ha obviado el abordar el problema real acerca de su consumo y de qué hacer con estos deshechos que no son biodegradables y cuyo reciclaje no es eficiente. La urgencia por su impacto ambiental está bien clara: se prevé que en 2050 haya más plásticos que peces en el mar.

Además, evitando el plástico se evita la exposición a muchas sustancias químicas con acción de disrupción endocrina que se incorporan en su formulación.


FRASES PARA ACTUAR

Si somos los seres más inteligentes del planeta, ¿cómo es posible que estemos destruyendo nuestro hogar?

Piensa casa día en las consecuencias de tus acciones, en lo que comes, lo que compras, en qué medio te mueves. Estos detalles tienen un gran significado. Si los consideras será un cambio sin precedentes. Tenemos el tiempo muy justo. ¡Hazlo ya!

JANE GOODALL,

primatóloga y activista medioambiental

Aprende a reconocer los tipos de plásticos

Revisar la clasificación de los plásticos y aprender a reconocerlos te ayudará a saber si pueden contener sustancias nocivas como los ftalatos o el bisfenol A. En los envases, recipientes y productos de plástico suele aparecer un pequeño triángulo con un número en su interior. Este símbolo del reciclaje, que se conoce como Möbius, ayuda a reconocer los distintos tipos de plástico. En la siguiente página destacada y en la ilustración se esquematiza la clasificación de los siete tipos.

GUÍA PARA IDENTIFICAR LOS TIPOS DE PLÁSTICOS

En la ilustración de la página siguiente se esquematiza la clasificación en siete tipos de plástico según su reciclado, y sirve de ayuda para reconocer el tipo de plástico. De todos ellos, solo el número 5, el polipropileno, o PP, es apto para uso alimentario según la Organización Mundial de la Salud.

Los números que se recomienda evitar en relación con la comida y la bebida son:

 Número 3, que contiene PVC y ftalatos.

 Número 6, que contiene poliestireno.

 Número 7, cajón de sastre que, entre otros, es donde se esconde el bisfenol A.

El número 1 suele ser PET, politereftalato de etileno, que no se recomienda reusar y cuyo uso habitual se aconseja evitar.

El número 2 (polietileno de alta densidad) y el número 4 (polietileno de baja densidad) serían menos nocivos.

Todos ellos son no biodegradables, así que pueden tardar décadas en descomponerse, y después quedan los microplásticos.

Los ftalatos, bisfenol A, PVC y poliestireno, forman parte de la lista de los disruptores endocrinos.


ILUSTRACIÓN 6. Clasificación de los plásticos.

TEST. ¿EN QUÉ NIVEL DE CONSUMIDOR DE ENVASES ESTÁS?

En marzo de 2019, Greenpeace publicó el informe «Maldito plástico: reciclar no es suficiente». Se trata de un estudio bien documentado en el que se analizan algunas de las trampas del reciclaje y se desarrollan y estudian ampliamente los datos hasta llegar a diversas conclusiones para, finalmente, indicar que, si bien reciclar se está presentado casi como una panacea por las empresas que ponen envases en el mercado, no lo es. El informe denuncia también que el reciclaje no funciona en España, donde apenas se recupera el 25 % de los envases plásticos, lo cual es mucho menos de lo que asegura Ecoembes (77 %).

El informe propone el siguiente test para conocer en qué nivel de conciencia ecológica en relación con los envases nos ubicamos:

 Nivel 1. No compras envases de un solo uso, salvo excepciones, y nunca en compras habituales (alimentos, bebidas…). Buscas alternativas y usas tu imaginación para evitar algunos envases, como, por ejemplo, comprando jabones sólidos sin embalaje o haciéndolos en casa.

 Nivel 2. Compras pocos envases de un solo uso y los depositas en el contenedor adecuado para su reciclaje. Evitas comprar embalajes que no se pueden reciclar o cuyo reciclaje es muy costoso porque contienen diferentes plásticos y componentes, como el tetrabrik.

 Nivel 3. Compras sin mirar el tipo de envase, aunque después los depositas en el contenedor de reciclaje correspondiente. Sabes que muchos de tus envases no serán reciclados.

 Nivel 4. Compras sin fijarte en el tipo de envase y no reciclas nada, toda la basura va junta, envases y orgánico. Esta opción hace que acabe todo en un vertedero, y ni se recicla ni se aprovecha la fracción orgánica para generar compost.

 Nivel 5. Compras sin atender al tipo de envase, y tiras todo donde te pille (en el suelo, en el campo, en la playa…). Has de saber que la falta de educación ambiental hace que estos hábitos sigan siendo comunes, pero no parece importarte…

Este test ayuda a reflexionar sobre nuestros hábitos, y los resultados serían indicativos de unos hábitos ecológicos de respeto ambiental solo para el nivel 1, y también en cierto sentido para el nivel 2; a partir del nivel 3, el comportamiento estaría lejos de ser ni sostenible ni ecológico.

Cuando hayas comprobado el nivel en el que estás, la pregunta es: ¿te costaría mucho mejorar ese nivel?

Si deseas cambiar tu nivel, mejorarlo, a lo largo de este libro te ofrecemos muchas opciones.

Cada compra, un voto

Como consumidores nos enfrentamos día a día a la elección de escoger entre una oferta amplia de productos, todos los cuales, a priori, van a satisfacer la necesidad para la cual están creados.

Sin embargo, la elección no es baladí: quién hace ese producto, cómo lo hace, cómo impacta en el medio ambiente, qué me aporta, si nos es necesario realmente o no… Cada compra es un voto, una aprobación a un sistema de producción, a una ética laboral, a una preservación de la biodiversidad, de la soberanía alimentaria, al acto de no ensuciar ríos y mares y, en suma, a vivir en el presente sin comprometer la vida en el futuro.

Porque el planeta no es finito. Porque la factura que se paga por el denominado «estilo de vida moderno» está relacionada con muchas de las enfermedades crónicas emergentes. Porque la vida de muchas especies animales está en peligro. Porque se puede vivir con calidad sin poner en jaque al planeta… Por todo ello vamos a dejar un mejor legado. Vamos a vivir sin maltratarlo ni maltratarnos. El cambio se promueve con cada compra, con cada elección.


FRASES PARA ACTUAR

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.

EDUARDO GALEANO,

escritor

Promoviendo la salud a través de la casa

Como hemos contado al principio del libro, la mirada práctica de este libro se centra en abordar cinco aspectos, hábitos y actividades que realizamos cada día, todos los días del año, porque son las exposiciones repetidas en el tiempo las que pueden acabar desequilibrando los sistemas biológicos de forma silenciosa.

Si algún agente puede resultar nocivo para el organismo es aquel al que nos exponemos de forma habitual. Recordemos que únicamente abordamos las exposiciones crónicas a dosis bajas, no las exposiciones agudas.

De estas cinco claves, tres tienen relación con la entrada de tóxicos al organismo, y las dos restantes se relacionan con la puesta en marcha de los mecanismos naturales de limpieza y regeneración de las células del organismo y de la gestión del ritmo de vida.

Vamos a abordar cómo nuestra casa puede ayudarnos a sentirnos mejor, a ganar salud. Se trata de poner el espacio interior de nuestras casas al servicio de nuestra biología, no al revés.

En definitiva, vamos a centrarnos en los hábitos que favorecen el tener una mejor calidad del ambiente interior, que el cuerpo y la mente puedan funcionar de forma óptima, manteniendo el equilibrio y sin verse constantemente sobrepasados. La ciencia muestra cómo acaban impactando de forma positiva en la salud.


FRASES PARA ACTUAR

Los cambios en el modo de vida pueden ejercer un efecto favorable en el mantenimiento de los telómeros —los segmentos de ADN que protegen los genes— en un plazo de tres semanas a cuatro meses contribuyendo a una esperanza de vida más saludable.

DOCTORA ELIZABETH BLACKBURN,

premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2009

CINCO CLAVES PARA PROMOVER LA SALUD EN CASA

1.Respirar. Conoce los hábitos que propician respirar un aire más limpio en casa. El proceso de respirar constituye una vía relevante de exposición a tóxicos ambientales. Lo encontrarás en el capítulo 2.

2.Nutrirse. Lo que comemos y bebemos constituye también una de las vías más relevantes de entrada de tóxicos al organismo. Lo encontrarás en el capítulo 3.

3.Higiene. Lo que se pone en la piel puede acabar en el interior del organismo. Descubre los productos de higiene personal y cosméticos más sanos. Lo encontrarás en el capítulo 4.

4.Dormir. Cómo crear un entorno que propicie un sueño realmente reparador para así levantarte con más energía y vitalidad y ganar salud. Lo encontrarás en el capítulo 5.

5.Gestión del estrés. Cómo adoptar hábitos para una vida más consciente y plena, para gestionar el estrés y volver a la calma, a disfrutar de cada momento presente. Lo encontrarás en el capítulo 6.


ILUSTRACIÓN 7. Cinco claves para promover la salud en casa.

2

RESPIRAR UN AIRE

MÁS LIMPIO

¿Sabías que tu casa puede tener un aire más contaminado que el de la calle? Quizá no te lo has planteado hasta ahora, pero así lo indican los estudios realizados por la EPA, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, que ha sido pionera en analizar la calidad del aire de las viviendas. Después, estos estudios han sido corroborados por otros muchos, como el publicado por la prestigiosa revista científica Science en 2018, que muestra cómo la contaminación que se genera en el interior de los hogares cuando ventilamos pasa al exterior, y lo remarcable de los resultados es que, mientras las emisiones derivadas de la combustión de los motores de los vehículos ha disminuido, los contaminantes por productos químicos del interior de las casas han aumentado.

Así, los compuestos orgánicos volátiles (COV) procedentes de productos de limpieza, champús y perfumes, rivalizan con el tráfico como contaminantes del entorno urbano, y, de hecho, el interior de las viviendas suele estar más de cinco veces más contaminado que el aire de la calle.

La realidad indica que no somos muy conscientes todavía de esta situación, como muestra el informe y el vídeo «The Indoor Generation» (ver pág. 22), que en casa no siempre se respira un aire limpio.

Queda claro que muchas de las fuentes que contaminan el aire de nuestras casas llegan a su interior de nuestra mano, con las elecciones que hacemos en nuestras compras. Y esto es una buena noticia, porque quiere decir que respirar un aire más limpio en casa es posible cambiando nuestro consumo, apostando por productos más «limpios» que no introduzcan sustancias nocivas en el ambiente.

Es cierto que poco se habla todavía de la calidad del aire que se respira en el interior de los hogares. Tampoco se informa de cómo la amplia gama de los productos de consumo habitual contienen en su composición, en sus envases y compuestos, sustancias que acaban volatilizándose y que se quedan en el aire o se depositan en el polvo, lo cual lleva a que, por lo tanto, nos expongamos a ellas. Como ya hemos comentado anteriormente, aunque la mayoría cumplen las normativas vigentes, los estudios evidencian que incluso la exposición crónica a dosis bajas para algunas sustancias puede ser nociva, contribuyendo a mermar la calidad del aire de casa, lo cual puede asociarse con afecciones como irritación de ojos y mucosas, fatiga, dolor de cabeza, ansiedad, alergia, asma, problemas respiratorios, daños cardiovasculares, en el sistema nervioso y hormonal.

Seguidamente, vamos a ver cómo podemos adoptar hábitos para respirar un aire más limpio en casa.


FRASES PARA ACTUAR

En el interior de los edificios se concentran nuevas fuentes de contaminación del aire por los cientos de productos que se utilizan en ellos.

AGENCIA DE PROTECCIÓN AMBIENTAL DE ESTADOS UNIDOS

Ventilar a diario

Un gesto tan sencillo como abrir las ventanas se convierte en una forma efectiva y fácil de renovar el aire de nuestra casa a diario y, por consiguiente, de respirar un aire más limpio. Si la ventilación es cruzada, abriendo ventanas en paredes opuestas y generando una corriente de aire, es mucho más eficaz todavía.

Si comparamos la tasa de intercambio de aire de los espacios interiores a día de hoy respecto a la de hace unas tres décadas, las cifras indican que es diez veces menor en la actualidad. Esto, junto con un uso mayor de materiales de construcción y productos de mantenimiento con sustancias nocivas, evidencia un aumento de los contaminantes interiores en los nuevos edificios y viviendas. Es cierto que se ha ganado en eficiencia energética: hoy en día, edificios y viviendas disponen de cerramientos más estancos y herméticos, están más abrigados y no dejan que el calor se escape en invierno o que entre en verano, pero el reverso de esto es que también los contaminantes quedan más «atrapados» en el interior, así como los alérgenos o la humedad. Conservar la energía en algunos casos puede suponer una disminución del intercambio de aire con el exterior.

La ventilación es esencial, especialmente en algunas circunstancias: cuando el espacio está ocupado por varias personas durante horas (los niveles de CO2 se incrementan); cuando se aplican productos de limpieza más agresivos, como lejías, amoníacos o salfumán, detergentes fuertes u otros desinfectantes; cuando se renueva la pintura de alguna estancia o se reforma la casa con productos más convencionales; o cuando se producen combustiones para evitar un problema grave debido a acumulación del letal monóxido de carbono.

Hay que ventilar adecuadamente incluso en épocas de más frío, aunque pensemos que eso nos hará gastar un poco más en la factura energética. Lo cierto es que, mientras no se cambien los hábitos de consumo y se apueste por productos menos tóxicos, ventilar es la mejor opción para respirar un aire más limpio.

Dejar que corra el aire unos 15 minutos varias veces al día es una buena opción para que los contaminantes no se concentren en el interior de casa, tanto en verano como en invierno.

Al ventilar:

 Se renueva el aire.

 Se minimizan los niveles de CO2.

 Se minimizan los compuestos orgánicos volátiles.

 Se regula la humedad ambiental.

 Se evitan condensaciones y el crecimiento de esporas y mohos.

 Se minimiza la concentración de microorganismos, bacterias y virus.

 Se disminuyen las cargas electrostáticas.

 Se contribuye a que no se concentre el gas radón en casa.

Como recomendación, mejor hacerlo en las horas donde haya menos actividad de tráfico, por la mañana o por la noche. En los casos donde la ocupación es alta, hacerlo a lo largo del día cuando el ambiente esté cargado.

Dispón de un medidor de CO2

Los niveles de CO2 constituyen un buen indicador de la calidad del aire interior y depende del número de personas que convivan en el espacio, de su metabolismo y de la ventilación. Por ello, disponer de un medidor de CO2 es una herramienta práctica y fiable que ayuda a saber cuándo hay que ventilar. Se pueden encontrar en tiendas especializadas y además de medir el CO2 suelen medir la temperatura y la humedad relativa.

Especialmente con la llegada de la COVID-19, son muchos los grupos de estudio que indican la necesidad de tener medidores de CO2 en escuelas y oficinas, para conocer cuándo abrir ventanas y de este modo, mantener el espacio ventilado de una forma más eficaz, dado que este virus, como otros muchos microorganismos se dispersan por el aire.

Los niveles de CO2 se expresan en partículas por millón (ppm). Cuando los valores son inferiores a 400 ppm, indica que la calidad del aire es excelente. Cuando se llega a los 1000 ppm ya indica que la calidad es mediocre. En la práctica, cuando los niveles superen superan los 600-700 ppm, si se ventila, se consigue mejorar la calidad del aire. Niveles superiores a los 1000 ppm perjudican la salud, a la concentración y al descanso.

Aire nuevo, no recirculado

No siempre se abren las ventanas para ventilar, y hay casas y edificios que recurren a los equipos de renovación de aire eléctricos. Un aspecto relevante para la salud es hacer un buen mantenimiento de los filtros para que no estén sucios, y evitar los sistemas que solo hacen recircular el aire.

Para garantizar un aire más limpio hay que renovarlo, no recircular dando vueltas y vueltas siempre al mismo aire, ya que con ello también se hace recircular polvo, polen, esporas, bacterias y virus. Para ello debemos elegir unidades de aire acondicionado que tengan una toma de aire exterior o respiradero, con el respiradero abierto.

Para calentar el hogar, los equipos más eficientes en términos de salud son los que actúan por radiación frente a los de convección. Los sistemas radiantes aportan el calor como lo hace el Sol, son un poco más lentos en calentar que los de convección, que a través del movimiento del aire consiguen con mayor rapidez aportar calor al aire, por ejemplo, pero, en cambio, el confort y la calidad del aire que consiguen no son tan óptimas como con la radiación.


FRASES PARA ACTUAR

La mejora de la calidad del aire interior disminuye el riesgo de síntomas alérgicos y de asma en hogares, y aumenta el aprendizaje en colegios de forma significativa, así como la productividad en oficinas.

AGENCIA DE PROTECCIÓN AMBIENTAL DE LOS ESTADOS UNIDOS

Dejar los zapatos en la entrada

Un gesto sencillo y eficaz que contribuye a no introducir contaminantes en casa es quitarse los zapatos. Esta costumbre tan arraigada en países como Japón o Finlandia se está divulgado recientemente a raíz del virus que produce la COVID-19. Se aconseja quitarse los zapatos y dejarlos en la entrada de casa, también dejar en una caja los objetos que no se van a necesitar, como las llaves o la cartera, e incluso cambiarse de ropa.

El recibidor puede actuar como espacio que limita el interior con el exterior. Aunque sea de pequeñas dimensiones, seguro que encontramos la forma de ubicar un banco, un estante o simplemente una alfombra para dejar allí los zapatos, como un hábito que permite evitar entrar microorganismos y mantener la casa más limpia.

Destina un calzado solo para andar por casa o aprovecha para no calzarte. Para mí, andar descalza en casa es mucho más que limpieza, es un verdadero placer. En invierno, unos calcetines de algodón son suficientes para continuar con este hábito tan sano (ver pág. 254).

Sin listas, por un consumo consciente

Más que hacer un largo listado de sustancias químicas o productos a evitar, la propuesta de este libro es apostar por un consumo más consciente, aportando claves para que, como consumidores, podamos escoger de una forma más responsable, más sostenible para nuestra salud y para la salud del planeta. Por motivos prácticos, en este apartado propondremos ideas y hábitos destinados a hacer que el aire de casa sea más limpio, más sano, con menos tóxicos, aunque algunas de estas propuestas también podrían estar en otros capítulos que tratan de la cocina, el dormitorio o el baño.


FRASES PARA ACTUAR

Respirar un aire más limpio en casa es posible considerando un consumo más responsable, eligiendo los productos que contienen y emiten menos compuestos volátiles al ambiente.

DOCTOR BRIAN MCDONALD,

Cooperative Institute for Research in Environmental Sciences,

Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos)

Del producto al aire

Algunas de las sustancias que forman parte de la composición de los productos de uso cotidiano tienen la capacidad de volatilizarse, desprenderse del producto y pasar al ambiente. Se conocen como compuestos orgánicos volátiles (COV), una categoría de contaminantes muy presentes en los espacios interiores. A mayor volatilidad, más probabilidades habrá de que el compuesto pase de un producto o superficie al aire. Los compuestos más volátiles se encuentran en forma de gases suspendidos en el aire en lugar de en materiales o en superficies; y los menos volátiles se encuentran de forma prioritaria en el polvo.

Los COV están presentes en pinturas, colas, barnices, ceras, contrachapados, muebles, pavimentos, moquetas, alfombras, tapicerías, juguetes, productos de limpieza, suavizantes, fragancias, almizcles sintéticos, perfumes, ambientadores, productos de higiene personal, cosméticos, insecticidas, productos para el cuidado de las plantas… La temperatura del ambiente puede favorecer que las sustancias se volatilicen, como sucede en las épocas más cálidas de verano o en los meses en que se usa la calefacción.

Según la European Lung Foundation, se han detectado más de novecientos compuestos contaminantes diferentes en los estudios sobre la calidad del aire interior, algunos de ellos en mayor concentración en el interior que en el exterior de los edificios, con efectos irritantes (como la lejía o el amoníaco), asfixiantes (como el monóxido de carbono), sensibilizantes (formaldehído), cancerígenos (benceno) o, como veremos a continuación, con capacidad de alterar el sistema hormonal.

Que no se acumule el polvo

El polvo no solo contiene bacterias, esporas, ácaros o pelos, además en él se suelen acumular sustancias químicas, especialmente las que son poco volátiles —como plastificantes tales como los ftalatos, retardantes de la llama, sustancias antiadherentes, parafinas cloradas, derivados de insecticidas o plaguicidas domésticos e hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP)—, que proceden de los productos que se usan en la limpieza y mantenimiento del hogar, de compuestos presentes en los equipos eléctricos y electrónicos, en el mobiliario, en los productos de decoración, en los productos de mantenimiento de las plantas y mascotas y en los gases y humos que se generan en casa.

Así, evitar que se acumule polvo en el hogar es un hábito que ayuda a minimizar la exposición a todas las partículas y sustancias nocivas que se encuentran en él.

Estas son algunas prácticas que contribuyen a respirar un aire más limpio en casa:

 Si se limpia con un trapo de algodón mojado con agua, se elimina el polvo de forma fácil y se evita que se disperse de nuevo por el aire. Si después pasamos de nuevo un trapo con agua jabonosa o agua y vinagre, se consigue hacer un buen mantenimiento de las superficies.

 Reciclar tejidos de algodón de ropa de cama o de prendas de vestir en lugar de tirarlos, ya que son muy útiles como paños para la limpieza del hogar.

 Si se usa aspiradora, optar por las que tienen un filtro tipo HEPA (high efficiency particulate air), ya que estos atrapan las partículas y los agentes de tamaño muy pequeño de forma eficaz y, por tanto, son muy útiles para el control ambiental en hogares de personas con alergia, asma o intolerancia ambiental.

 Si se opta por aspiradoras con filtro y depósito de agua, el adecuado mantenimiento es clave para evitar que proliferen mohos y bacterias debido a la humedad.

 Procurar que las superficies de la casa (como paredes, suelos y mobiliario) sean de materiales naturales, ya que retienen menos el polvo que las de materiales sintéticos.

 La simplicidad y el orden ayudan a hacer con más facilidad el mantenimiento del espacio.

 Mantener los equipos eléctricos y electrónicos apagados, evitando el modo stand-by para minimizar el paso de sustancias de los equipos al aire por el calentamiento.

 Hacer un mantenimiento adecuado de los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado, que las tomas de aire estén bien limpias, que haya una entrada e intercambio del aire del exterior con filtros adecuados para que no lleguen partículas, humos, polvo, gases, polen, ácaros, fungicidas… y acaben en el polvo y el aire de casa.


FRASES PARA ACTUAR

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239 səh. 16 illustrasiyalar
ISBN:
9788491182368
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Bookwire
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