Kitabı oxu: «Mujeres en clausura»

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MUJERES EN CLAUSURA

EL CONVENTO DE SANTA MARÍA MAGDALENA

DE VALENCIA

MUJERES EN CLAUSURA

EL CONVENTO DE SANTA MARÍA MAGDALENA

DE VALENCIA

Emilio Callado Estela

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

El presente trabajo se inició al amparo de los Proyectos de Investigación PRUCH 17/08 y HAR2008-00883/HIST, titulados San Juan de Ribera cuatrocientos años después: su vida, obra y afanes a la luz del siglo XXI y financiados por la Universidad CEU Cardenal Herrera y el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España. Los Proyectos de Investigación PRCEU-UCH 26/11 y HAR2012/32893, bajo el título Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVIII y a cargo de la Universidad CEU Cardenal Herrera y el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España, han permitido su conclusión.


Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© Del texto: Emilio Callado Estela, 2014

© De esta edición: Universitat de València, 2014

© De la ilustración de la cubierta: Madrid, Museo Nacional del Prado

Coordinación editorial: Maite Simón

Maquetación: Inmaculada Mesa

Cubierta:

Ilustración: Juan Bautista Maíno, Santa Catalina de Siena (1612-1614), óleo sobre tabla, 118 × 92 cm Museo Nacional del Prado

Diseño: Celso Hernández de la Figuera

Corrección: Pau Viciano

ISBN: 978-84-370-9356-7

Edición digital

... Para Belén. Otra vez. Y nunca serán bastantes.

ÍNDICE

PRÓLOGO de Enrique García Hernán

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE

1. EN LOS ALBORES FUNDACIONALES

2. LAS TINIEBLAS DE LA CLAUSTRA

3. DE VUELTA AL REDIL

4. NUEVOS CONVENTOS PARA LA OBSERVANCIA

5. LIBERTINAJES MONJILES

6. SOR INÉS SISTERNES DE OBLITES

7. MISERIAS, OBRAS Y PLEITOS

8. EL SIGLO XVIII

9. ... TELÓN

SEGUNDA PARTE

APÉNDICE DOCUMENTAL I

1. Breve apostólico autorizando al ordinario de Valencia la venta de la casa de la Penitencia, perteneciente a los extintos ermitaños agustinos, al provincial de España de la orden de Predicadores (1286)

2. Bula de Honorio IV autorizando la incorporación del convento de Santa María Magdalena de Valencia a la orden de Predicadores (1286)

3. Patentes del maestro general de la orden de Predicadores, fray Munio de Zamora, confirmando la incorporación a la misma del convento de Santa María Magdalena de Valencia (1287)

4. El papa Bonifacio VIII ratifica la transmisión de la casa de la Penitencia al convento de Santa María Magdalena de Valencia (1297)

5. Breve apostólico reincorporando el convento de Santa María Magdalena de Valencia a la orden de Predicadores (1547)

6. El provincial de Aragón fray Juan Izquierdo remite a las religiosas bajo su jurisdicción copia de los decretos tridentinos y constituciones del capítulo general de la orden de Predicadores, celebrado en Bolonia en 1564, sobre regulares y monjas (s. a.)

7. Sor María de Jesús, religiosa del convento de Santa María Magdalena de Valencia, refiere a Felipe IV los graves desórdenes habidos en este cenobio y reclama la implicación de la corona para su reformación (1631)

8. Testamento de sor Luisa Tiburcia Vidal, religiosa de del convento de Santa María Magdalena de Valencia (1651)

9. El provincial de Aragón fray Juan Tomás de Rocabertí publica un breve pontificio, despachado a instancias de la corona, contra las denominadas devociones de monjas (1665)

10. Informe del provincial de Aragón fray Juan Tomás de Rocabertí a la reina gobernadora doña Mariana de Austria sobre los desórdenes del convento de Santa María Magdalena de Valencia (1667)

11. Descripción de las fiestas organizadas por el convento de Santa María Magdalena de Valencia con motivo de la elevación al solio pontificio de Benedicto XIII (1724)

12. Resumen de lo acontecido en el convento de Santa María Magdalena de Valencia durante la Guerra del Francés (1808-1814)

13. Inventario de los legajos y manuscritos del antiguo archivo del convento de Santa María Magdalena depositados en la sección Clero del Archivo del Reino de Valencia

APÉNDICE DOCUMENTAL II

1. Ingresos de religiosas en el convento de Santa María Magdalena de Valencia (1240-1469)

2. Ingresos y dotes de las religiosas del convento de Santa María Magdalena de Valencia (1470-1824)

3. Prioras del convento de Santa María Magdalena de Valencia, desde el año de su fundación hasta 1704

4. Prioras del convento de Santa María Magdalena de Valencia, desde 1704 hasta 1787

5. Prioras del convento de Santa María Magdalena de Valencia, desde 1788 hasta su extinción

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ONOMÁSTICO DE RELIGIOSAS DOMINICAS

ÍNDICE ONOMÁSTICO Y TOPONÍMICO GENERAL

PRÓLOGO

El libro que nos ofrece Emilio Callado sobre las monjas de Santa María Magdalena de Valencia, y que tengo el honor de prologar, supone una importante contribución a la historia de las dominicas de la antigua Provincia de Aragón en general, y de las valencianas en particular, sobre las cuales apenas sabíamos algo. Debe subrayarse que el estudio de las religiosas españolas ha experimentado en los últimos años un extraordinario empuje historiográfico. Numerosos cenobios han sido analizados desde diferentes perspectivas –literaria, cultural, artística, etcétera– acordes a la nuevas metodologías, presentándose por vez primera el fenómeno conventual bajo una óptica científica. Así, por citar algunos casos circunscritos al ámbito catalano-aragonés, deben referirse los trabajos de C. Soriano para las clarisas, o los de R. M.ª Alabrús y el mismo profesor Callado si de dominicas hablamos. M. Andrades, C. Rodríguez o G. Nieva han hecho lo propio con las religiosas castellanas.

Ciertamente, el análisis de la espiritualidad religiosa femenina en España y América cuenta con importantes aportaciones debidas a investigadores de prestigio, como E. Lehfeldt (Burlington, 2005), K. Myer (Oxford, 2003) y sobre todo J. Bilinkoff, para la dominica sor María de Santo Domingo. Una aproximación a las hijas de santo Domingo –después de las franciscanas, las más numerosas en España– viene de la mano de dos autoras bien conocidas, esto es, de M. Lehmijoki-Gardener (New Jersey, 2005) y de la hispanoamericana T. Herzog (Chicago, 2009), con el análisis de las dominicas italianas sor Osanna de Mantua y sor Lucía Brocadelli. Uno de los mayores expertos para Valencia es sin duda S. Haliczer, gran conocedor de la Inquisición en este antiguo reino. Éste último ha estudiado los ejemplos de varias dominicas locales en su Female mystics in the Golden Age of Spain (Oxford, 2002), aunque sin apenas referencias al convento y las mujeres que ahora nos ocupan, acaso porque se disponía de muy poca documentación, con la que sí ha contado Emilio Callado, auténtico perito en los archivos eclesiásticos valencianos.

Nuestro joven autor, profesor agregado en la Universidad CEU-Cardenal Herrera, es ya un veterano especialista en historia de la Iglesia, sobre la que ha publicado diversas monografías con importante impacto en la comunidad científica. Junto a V. Pons, Archivero de la Catedral de Valencia, coordina el Aula Pérez Bayer para el estudio y divulgación del patrimonio documental de la seo valentina. Es también secretario general de la Academia de Historia Eclesiástica de Valencia y miembro, entre otras asociaciones, del Stituto Storico Domenicano y del Instituto Histórico de la Provincia Dominicana de Aragón. Dirige el Grupo de Investigación Iglesia y sociedad en la Valencia Moderna (ISVaM), integrado por profesores de la Universitat de València, la Facutad de Teología San Vicente Ferrer, la Universidad Católica de Valencia y las Universidades CEU Abat Oliba y Cardenal Herrera, y financiado desde 2007 por la Generalitat Valenciana y el Gobierno de España, a través de los Proyectos «Diccionario general de historia eclesiástica de Valencia», «San Juan de Ribera cuatrocientos años después: su vida, obra y afanes a la luz del siglo XXI» o « La Catedral Ilustrada. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVIII ». Colabora asimismo con el Grupo de Investigación «La trayectoria del pensamiento de la orden de Predicadores en la Época Moderna», dirigido por R. M.ª Alabrús.

Adentrarse, como lo ha hecho en esta ocasión Emilio Callado, en una investigación sobre las dominicas del convento de Santa María Magdalena de Valencia suponía un gran reto, por cuanto existían muy pocos datos y escasasísimas fuentes. De gran mérito resulta el elenco de monjas que nos ofrece, cuyo estudio prosopográfico –particularmente de sor Inés Sisternes de Oblites– revela la importancia de dicho establecimiento religioso a lo largo de varios siglos.

Un cenobio decisivo para la historia de la Iglesia valentina que debió su origen a las dominicas italianas, quienes hacia 1240 enviaron a la capital del Turia dos hermanas, de apellido Romaní, y a sor Catalina de Pesaro, fundadoras de la primitiva comunidad magdaleniense, como bien referirán F. Diago en su Historia de la Provincia de Aragón de la orden de Predicadores (Barcelona, 1599); el Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del Gran Patriarca santo Domingo (Valencia, 1725) de V. Beaumont de Navarra; o las Fiestas centenarias con que la insigne, noble, leal y coronada ciudad de Valencia celebró en el día 9 de octubre de 1738 la quinta centuria de su christiana conquista (Valencia, 1740), de J. V. Ortí y Mayor. Tan importante empresa fundacional ha de enmarcarse en la estrategia expansionista llevada a término por fray Raimundo de Peñafort, confesor del rey Jaime I, a quien convenció para secundar las actividades misioneras. Por tanto, cómo no recordar que una hija de Arnaldo de Villanova profesó en el convento de las magdalenas, o el impacto de la reforma savoranoliana en las religiosas dominicas españolas, como sor María de Santo Domingo.

Gracias a la localización de algunos de los fondos documentales de este extinto establecimiento religioso, dados por perdidos hasta ahora, el profesor Callado ha podido reconstruir la trayectoria del mismo. Su obra se convierte así en la primera historia de Santa María Magdalena, en el sentido más actual del término. Todos los capítulos del libro son esclarecedores; especialmente el dedicado al siglo XVI, estupendo en mi opinión. El estudio queda completado por un apéndice documental de gran valor, con el que –reconoce el propio autor en su introducción– quedará preservado para las generaciones futuras un material cuyo mal estado podría hacerlo desaparecer.

No queda más que felicitar a Emilio Callado y a los editores por ofrecernos este auténtico regalo que enriquece notablemente nuestro conocimiento de la vida religiosa valenciana, pero también de la Corona de Aragón y del ámbito hispánico en general.

Madrid, julio 2013

ENRIQUE GARCÍA HERNÁN

Investigador científico CSIC

INTRODUCCIÓN

La preocupación por las órdenes religiosas como objeto de investigación, análisis e interpretación histórica hace tiempo que empezó a liberarse de tonos hagiográficos tradicionales, planteamientos y lenguajes clericales para convertirse en territorio de historiadores de oficio.1 Ya en la década de los sesenta del pasado siglo los monasterios medievales franceses eran estudiados sistemáticamente con criterios acordes a los nuevos tiempos. En España, donde la historia del clero regular abandonó los claustros con posterioridad, ha sido uno de los capítulos más y mejor atendidos por la historiografía de las últimas décadas, al menos para la época moderna.2 Aunque no todas las religiones ni todos los lugares se han beneficiado por igual de esta tendencia. Los dominicos de la Provincia de Aragón, por ejemplo, continúan sin suscitar suficiente interés entre los investigadores, pese a los meritorios esfuerzos de algunos trabajos bastante recientes.3 Ni siquiera los grandes establecimientos blanquinegros, diseminados a lo largo y ancho de los territorios de la antigua Corona de Aragón, cuentan con estudios adecuados. No los masculinos, desde luego. Pero menos los femeninos, prácticamente ajenos al protagonismo cobrado por las mujeres en el proceso de renovación temática y metodológica experimentado por la historia4 y su impacto en el análisis de las órdenes religiosas.5

Quizá sea el caso valenciano uno de los más elocuentes. De los conventos monjiles aquí fundados por la orden de Predicadores desde la Reconquista cristiana, poco se sabe más allá de los datos consignados en las obras de carácter general que tratan de pasada algún aspecto de la vida monacal,6 a menudo desde una perspectiva eminentemente economicista;7 o en las propias crónicas dominicanas, de las que la obra clásica del padre Francisco Diago constituye el mejor exponente.8 Mucho han tenido que ver en ello las vicisitudes padecidas por estos establecimientos como consecuencia tanto de la desamortización de bienes eclesiásticos y la desaparición de algunas de las comunidades religiosas como de la guerra de 1936. Unas y otras motivaron la dispersión de su documentación histórica, azarosamente repartida entre los principales archivos del Estado, cuando no la irreparable pérdida de la misma.9

Véase sino el panorama ofrecido por los tres cenobios femeninos asentados en la capital del Turia. Santa María Magdalena, en la partida de Na Rovella y decano de todos ellos, con anterioridad a la debacle documental de los siglos XIX y XX tuvo la fortuna de ser historiado, sólo en parte y con criterios alejados todavía del rigor científico propio de las Luces, como ya se verá. Desde una perspectiva algo más moderna, no hace tanto tiempo, fray Adolfo Robles Sierra se ocupó in extenso de Santa Catalina de Siena, levantado en la postrera década del Cuatrocientos junto al portal de los Judíos y – a diferencia de los otros dos conventos– todavía en pie y activo a las afueras de la ciudad.10 En 1667, frente a un segundo portal, el de los Inocentes, iniciaba su andadura la última fundación religiosa que interesa, Nuestra Señora de Belén, la de más corta vida y la peor conocida con diferencia.11

Así las cosas no resulta difícil justificar el trabajo que ahora se presenta, dedicado al primero de estos establecimientos durante los casi seis siglos que sus muros permanecieron en pie: el real convento de Santa María Magdalena de Valencia. Que nadie espere, no obstante, una historia definitiva de éste, ni siquiera completa en el sentido estricto del término, puesto que la escasa documentación conservada no la ha permitido. Trataríase, en todo caso, de una aproximación a la misma, entre los orígenes del cenobio, inmediatamente posteriores a la Reconquista de la ciudad, y su desaparición, que siguió a la exclaustración decimonónica, elaborada a partir de fuentes de muy distinta calidad y procedencia.

Entre las impresas, además de las líneas dedicadas a nuestras monjas por el padre Diago,12 merecen destacarse otras de mayor enjundia. Especialmente el Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del Gran Patriarca santo Domingo de la ciudad de Valencia. Ilustrado con las noticias de heroicas virtudes de algunas de sus hijas más insignes, de fray Vicente Beaumont de Navarra, publicado en las prensas valentinas de Juan González, junto al molino de Na Rovella, el año 1725. Este fraile oriundo de Xàtiva, venido al mundo allá por 1683, había vestido el hábito dominicano con el nuevo siglo en el convento de Predicadores de Valencia, donde leyó un tiempo Artes y Teología.13 El religioso, graduado también en Filosofía por el Estudi General y examinador sinodal de la diócesis de Teruel, «predicava con aplauso y era tenido por sugeto benemérito de los empleos de la Provincia». Ninguno de tales oficios obtuvo, sin embargo, debido a su muerte prematura, en 1728, y a su pasión por el arte y la historia. Dos obras confirman este último extremo, una Breve y devota descripción de la gloriosa celda del padre san Luis Bertrán, acreditada con singulaes prodigios y favores celestiales, venerada en el real convento de Predicadores de Valencia, aparecida en la imprenta de José García en 1722, y la que ahora nos ocupa sobre Santa María Magdalena.14


V. Beaumont de Navarra, Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del Gran Patriarca santo Domingo de la ciudad de Valencia. Ilustrado con las noticias de heroicas virtudes de algunas de sus hijas más insignes, Valencia, 1725.

La ópera magdaleniense del padre Beaumont de Navarra –dedicada al entonces capitán general del reino don Luis Riggio y Branciforte y promovida por don José Salcedo Enríquez de Navarra, caballero de la orden de Montesa, comendador de Borriana y probablemente emparentado con la casa de Ariza, muy vinculada al convento de Na Rovella a través de algunas de sus monjas– tuvo sus orígenes en la memoria de las fiestas organizadas por esta comunidad en 1724 con ocasión de la coronación pontificia del papa Benedicto XIII, religioso de la orden de Predicadores. Escuchémoslo en palabras del propio autor, cuyo barroquismo y ampulosidad anunciarían el tono de su composición, gestada a la mayor gloria del hábito blanquinegro:

Ya pues no se estrañará resuenen los ecos de la fama prompta a publicar los trofeos del real monasterio de Santa María Madalena, pensil frondoso que entre los deliciosos de Valencia plantó para los divinos recreos y abundantes cosechas de frutos de santidad el espíritu del gran patriarca santo Domingo en sus hijas ha depositado, quando se perciben los festivos aplausos con que su real magnanimidad solemnizó en su templo la exaltación dichosa de nuestro santíssimo padre Benedicto XIII a la Apostólica Silla, coronando con la tiara todos los timbres de su dominicana familia. La noble liberalidad, congénita al generoso espiritu de sus hijas, que fue admiración universal con tan festivos como costosos aparatos, motivó el más cordial afecto a que no quedassen sepultadas memorias de tan manirrota bizarría entre las cenizas del olvido. Y como era preciso darles origen a tan ilustres destellos de la más religiosa piedad y fervorosa gratitud a los divinos favores, por ser éste uno de los más crecidos que ha podido en estos calamitosos tiempos feriar la divina benignidad a la dominicana estirpe, gloriosa con este laurel in[e]sperado, pareció executiva la narración, aunque compendiosa, de la grandeza de tan real casa. Pero como ésta, no tanto es por lo que en lo material la ilustran prerrogativas bien singulares, sino las que desabrochó la gracia en los ángulos más ocultos de sus estancias, depositando sus tesoros en varias prodigiosas heroínas, preciso es texer de algunas más insignes un catálogo, con algunas noticias de la fundación y aprecio que con los reyes, pontífices y príncipes siempre ha sido famoso este real monasterio. Ya aquí se descubre el principal argumento de este compendio, siendo el motivo la celebridad referida, a dexar correr la pluma para formar un escorzo, aunque con toscas pinzeladas de mal distribuidas sombras, de la grandeza de este real convento, que pedía volumen más dilatado.15

Efectivamente, junto a la Descripción breve de la solemne fiesta con que el real convento de Santa María Madalena de religiosas dominicas de la ciudad de Valencia solemnizó a exaltación de nuestro santíssimo padre Benedicto XIII a la Apostólica Silla y la Oración panegyrica que en la solemne acción de gracias con que celebró el real y religiosíssimo convento de Santa María Madalena de religiosas dominicas de la ciudad de Valencia la exaltación a la tiara de nuestro muy santo padre Benedicto XIII predicó el trinitario fray Bartolomé Cases,16 aparecería la historia de esta fundación religiosa elaborada –si hemos de creer a su responsable– en apenas unos meses.17 Treinta y dos extensos capítulos la integraron, repartidos en trescientos veinte folios. Para su elaboración contó fray Vicente con fuentes de primera mano conservadas en el antiguo archivo de las magdalenas. Destacan entre ellas un par, descritas por él mismo al final de la obra. La primera,

... un libro manuscrito que se escrivió cerca de ducientos años, y quando se formó recogieron en él todas las memorias antiguas del monasterio. En él se trata de su fundación, de la venida de sus venerables fundadoras de Italia, de las dotaciones magníficas que para ella hizieron los reyes; ay un extracto por anales de las bulas apostólicas y privilegios reales. Se hallan escritos los ingressos y professiones de todas las religiosas, que desde el año 1247, siete años después de la fundación, hasta el presente 1725 vistieron en hábito, los dotes que traxeron, en qué especie y en dónde se cargaron; el año, mes y día en que murieron, que con esta puntualidad creo ay muy pocos libros en muchas religiones; ay sylabo por anales de las prioras que le han governado, desde las fundadoras asta oy, lo que han hecho en beneficio del convento hasta nuestros tiempos.18

El segundo de los libros aludidos por el religioso sería

... el indículo de las religiosas difuntas, que se lee en el coro después del martyrologio, según antiguo estilo. En él ay, con autoridad de los superiores, singulares elogios en latín de algunas religiosas de insigne santidad.19

Lástima que el padre Beaumont de Navarra sacrificara el rigor de la crítica histórica en aras de una historia impoluta –hagiografía, podría decirse– de sus hermanas de hábito, dejándose llevar demasiado a menudo por leyendas y tradiciones con escaso fundamento o pasando por alto los episodios menos edificantes acaecidos entre los muros de Santa María Magdalena. Tan particular estilo valdría al dominico los reproches de su más aventajado discípulo, no otro que fray José Teixidor, exponente destacado –junto a los padres Luis Galiana, Jacinto Segura y Bartolomé Ribelles– de una nueva generación de frailes artífices de la denominada escuela historiográfica del convento de Predicadores de Valencia.20 De fray Vicente escribiría lo siguiente el padre Teixidor:

Sus vivíssimos talentos lo hicieron poeta latino y castellano, grande humanista y noticioso en todo género de historia, sacra y profana. En ésta le faltó el buen gusto de la crítica, por lo que se tragava i adoptava qualquiera cosa sin detenerse a examinar su verdad y fundamento; y assí llenó de narraciones fabulosas su libro Compendio histórico del convento de Madalenas.21

Todo apunta a que fray José trataría de enmendar los yerros de su maestro, e incluso los del padre Diago, componiendo su propia historia del convento de Santa María Magdalena a partir de las escrituras antiguas localizadas en su archivo. En 1764 revelaba a fray Luis Galiana el estado de esta investigación:

... tengo trabajada i concluida en borrador una larguíssima Disertación de la fundación del convento de Madalenas, contra lo que escrivieron Diago y Beaumont, probado todo con escripturas de aquellos tiempos. Si se proporcionare ocasión, avisaré al amigo Christianópulo,22 pues si en los Anales siguen a Diago i Beamont errarán enormemente.

Cuatro años más tarde –en este caso a un anónimo corresponsal residente en Roma– el padre Teixidor ofrecía nuevas noticias sobre otros escritos magdalenienses debidos a su pluma:

Yo tengo concluido dos tomos en folio mayor de Observaciones críticas a las antigüedades de Valencia, en que trato de sus fundadores i de todos sus templos, conventos, etcétera, assegurando su antigüedad por noticias sacadas de privilegios i escrituras auténticas que he leído i copiado en los archivos públicos i en los particulares de cada iglesia i convento. Tuve la mira de exterminar las monstruosas fábulas creídas de todos; i porque no son pocas las de nuestro convento de Madalenas, discurro no le será ingrata su noticia... Amigo, el deseo de que se escriva la pura verdad i la buena lei que le devo i le professo me ha forzado a resumir lo que concierne al convento de Madalenas, i tengo difussamente en mi tomo 2 de Observaciones críticas (libro 4, capítulo 15), sometiéndolo todo a la prudente censura de vuestra paternidad. De lo que concierne el abandono del govierno de nuestra orden de dichas monjas escriví un largo qüaderno, que me copió el padre Fortún i se le llevó el padre reverendíssimo [fray Juan Tomás de Boxadors], cuya bendición estimaré que vuestra paternidad me impetre.23

Serían estos últimos papeles, apenas una docena de folios, los únicos llegados hasta nuestros días.24 Desde su publicación en 1895 la historia de las dominicas de Na Rovella se había dado por cerrada, como consecuencia de la desaparición de su archivo. Cierto que parte de la documentación magdaleniense fue a parar al Archivo del Reino de Valencia, cuyos fondos custodian una veintena de cajas, entre manuscritos y legajos;25 y en muy menor medida al Archivo Histórico Nacional.26 Lamentablemente, siendo las fuentes económicas las únicas que preocupaban a los desamortizadores, interesados en las riquezas y títulos conventuales pero no en otro tipo de documentos, poco es lo que puede aprovecharse para historiar Santa María Magdalena, entre libros de capbreves, racionales de doblas, aniversarios y misas, escrituras de tierras y censales, colectas, actas de compraventa, etcétera.27

Así estaban las cosas cuando hace algún tiempo hallamos en el archivo del actual convento de Santa Catalina de Siena –donde quedó integrada nuestra comunidad religiosa tras la exclaustración– el Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Madalena y yngresos de religiosas, empleado en su día por los padres Diago, Beaumont de Navarra y Teixidor para la elaboración de sus estudios sobre las magdalenas y dado por perdido.28 El manuscrito en cuestión, compuesto por casi un centenar de folios, en valenciano y castellano, a veces numerados y encuadernados en pergamino, corresponde a distintas épocas y presenta varias partes. Se inicia con un breve listado de Las monjas que hoy viven en Santa María Madalena de Valencia, que contamos 25 de abril 1611,29 al que sigue un Memorial, inventari i registre de moltes coses notables pertanyents a est insigne convent de la gloriosa apostolessa Sancta Maria Madalena, hasta 1548.30 Viene a continuación la Dotatió del cenobio, que enlaza con las Gràties de papes y privilegis de reys.31 Más adelante se incluyen unas líneas sobre Les fundasions que se an fet de les relijioses que an ejit de aquest convent.32 Las Priores, entre los años 1240 y 1703, con sus nombres, apellidos y mandatos, ocupan los siguientes veinticinco folios.33 Mayor espacio se dedica a las Religioses y dots de aquelles, también desde la fundación y hasta 1824 en este caso.34 El volumen se cierra con un registro de Censals de 1378 a 154135 y tres hojas sueltas de desigual contenido.36


Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Madalena y ingresos de religiosas. Archivo del Real Convento de Santa Catalina de Siena. Valencia.

Pese al cuidado y atención con que sus presentes propietarias guardan este libro, no todo él presenta igual estado de conservación. Son muchas las páginas ilegibles como consecuencia de la tinta empleada en su escritura, responsable con el paso de los años de infinitos emborronamientos y roturas del papel, con la consiguiente pérdida de información. Para preservar las partes todavía aprovechables empezamos a trabajar sobre el manuscrito tiempo ha, completando sus lagunas con los datos proporcionados al respecto de Santa María Magdalena por los padres Diago, Beaumont de Navarra y Teixidor, más las fuentes depositadas en el Archivo del Reino de Valencia e Histórico Nacional, ya mencionadas. También ha sido consultado el de la Corona de Aragón, en cuyos registros de Cancillería Real, para el medievo sobre todo, y Consejo de Aragón, en el caso de los siglos XVI y XVII, se ha localizado alguna documentación de interés.37 Casi nada hemos hallado en el de Simancas o en el Histórico de la Antigua Provincia Dominicana de Aragón, y muy poco en el General de la Orden de Predicadores, en Roma. Deben añadirse, por último, las crónicas inéditas del convento de Predicadores de Valencia, cuyo ascendiente sobre las magdalenas se traduciría en toda suerte de noticias a propósito de ellas, anotadas por hombres, no se olvide, y desde la superioridad que confería el hábito masculino.38

El resultado de todo ello es el libro que ahora se presenta, articulado en dos partes. La primera analiza, a través de nueve capítulos, los momentos cruciales en la historia de Santa María Magdalena. Los orígenes, caracterizados por la plena incorporación de sus moradoras a la orden dominicana y los efectos derivados de la claustra bajomedieval. Durante la modernidad reforma y resistencia coparon el protagonismo de la vida comunitaria en Na Rovella, afectada desde el Setecientos por la secularización general más o menos presente en todos los claustros españoles. Y finalmente la Guerra del Francés y sus consecuencias, epílogo de este cenobio recién inaugurada la época contemporánea. Un apéndice documental constituye la segunda parte del estudio, integrada por una selección de piezas de gran valor histórico distribuidas en dos categorías. Primero documentos independientes, como bulas y breves fundacionales, otras declaraciones pontificias relacionadas con el convento, decretos de las autoridades blanquinegras dirigidos a sus monjas, testamentos de éstas y algunos escritos más con ellas relacionadas. Y a continuación las nóminas completas de religiosas, su fecha de ingreso, edad, vestición de hábito, dote e incluso defunción en ocasiones; y prioras, en su mayoría acompañadas por el balance de sus gobiernos. La mayor extensión de este apartado final del apéndice queda justificada por sí sola en un trabajo de las presentes características. Más aún si se atiende a que pocas veces las incursiones en el pasado de cenobios y monasterios –los de la orden de Predicadores muy particularmente– disponen de una información tan rica, variada y sin interrupciones temporales.

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