Kitabı oxu: «Argentina y sus clases medias»

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ARGENTINA Y SUS CLASES MEDIAS

Para un país que ha presumido desde hace mucho ser “de clase media”; donde ciertas expresiones públicas son caracterizadas como “clase media”; y, aún más, la “clase media” es objeto de invocación frecuente, su estudio sistemático a través de diferentes disciplinas se ha tornado crucial si se espera trascender tanto el sentido común como los discursos más evaluativos y normativos. Esta es la pretensión principal de este libro: ofrecer un conjunto de estudios empíricos acerca de la clase media en la Argentina. Se despliega así, a través de sus nueve capítulos, una línea amplia y heterogénea de investigación que trata de entender cómo actúan y piensan determinados sectores en diferentes zonas del país, a través de los modos en que interactúan, se definen y diferencian de otros, apelando a una amplia batería de prácticas, lenguajes y narrativas.

Sergio E. Visacovsky es doctor en Antropología Cultural por la Universidad de Utrecht (Países Bajos) y graduado en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Es investigador principal del Conicet y director del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) y Conicet. Es profesor de la Maestría y el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de General Sarmiento e IDES y en la Maestría en Antropología Social del Instituto de Altos Estudios Sociales (Idaes) de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) e IDES.

Enrique Garguin es magíster en Historia por la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook y profesor y licenciado en Historia por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en cuya Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FAHCE) se desempeña como docente de Historia de la Historiografía e Historia Argentina. Es investigador del Centro de Investigaciones Sociohistóricas (CISH)-Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IDIHCS), FAHCE, UNLP/Conicet y forma parte del comité editorial de Sociohistórica. Cuadernos del CISH.

SERGIO VISACOVSKY

ENRIQUE GARGUIN

coordindores

ARGENTINA Y SUS CLASES MEDIAS

Panoramas de la investigación empírica en ciencias sociales


Índice

  Cubierta

  Acerca de este libro

  Portada

  Introducción, por Sergio Visacovsky y Enrique Garguin

  1. Clase media, género y domesticidad: el hogar como espacio de negociación de las distancias sociales en la Argentina de mediados del siglo XX, por Inés Pérez

  2. De inquilinos a propietarios: la construcción del mercado de la propiedad horizontal en Buenos Aires, 1947-1970, por Rosa Aboy

  3. La clase media como lenguaje y los lenguajes de las clases medias en tres ciudades del interior bonaerense, por Gabriel D. Noel

  4. Un campo inesperado de inclusión social: negociaciones identitarias y movilidad socioeconómica en un equipo de triatlón en Santiago del Estero, por Sara Kauko

  5. Universitario y de barrio: la construcción de un nosotros de clase media en un club social y deportivo platense, por Julia Hang

  6. La corrupción como categoría clave para pensar la clase media argentina, por Sarah Muir

  7. El pasaje por la crisis: diferencias generacionales, valor y trabajo en la Argentina, por Sonia Prelat

  8. ¿Orientaciones políticas de la “clase media”, o la “clase media” y sus orientaciones políticas?, por Fernando Toyos

  9. Entre el esfuerzo y el confort: autonomía y cambio cultural, por Patricia B. Vargas y Nicolás Viotti

  Bibliografía general

  Índice temático

  Acerca de los autores

  Créditos

Introducción

Sergio Visacovsky y Enrique Garguin

Difícilmente pueda decirse que el interés por la clase media (o las clases medias, cuando se enfatiza en su diversidad) sea un asunto totalmente nuevo para las ciencias sociales en la Argentina. Entre las décadas de 1940-1960, el padre de la sociología científica local, el italiano Gino Germani (1911-1979), la hizo objeto de estudio privilegiado, casi al mismo tiempo que se imponía la imagen de un país que desde mediados del siglo XX fue presentado como “de clase media”, caso atípico en América Latina. El cuadro de una Argentina caracterizada por vigorosas corrientes inmigratorias europeas (la Argentina aluvial del historiador José Luis Romero), cuyos descendientes ascenderían socialmente poco después, ha dominado los estudios académicos y el sentido común. Una vez establecido el modelo de Germani como programa de investigación, preponderaron los estudios empíricos centrados en estimar las variaciones cuantitativas de la población; por ejemplo, cuánto creció o disminuyó en un período de tiempo para un determinado territorio, en qué zonas había mayor o menor concentración, qué ocupaciones estaban representadas y en qué proporción, qué niveles educativos estaban representados, etc. Pero la idea de un país de una amplia clase media, resultado del ascenso social, con buenos niveles de vida y calidad en materia educativa y sanitaria entró en crisis en la década de 1990. Los procesos de desindustrialización, los continuos programas de ajuste estructural, el creciente desempleo y empobrecimiento de la sociedad desde mediados de la década de 1970 introdujeron una nueva problemática: el descenso social de sectores medios. Ya no solo las posibilidades de ascenso social se veían comprometidas, sino que el temor a la caída se volvía real, tal como lo pusieron de manifiesto los estudios sobre la nueva pobreza.

Desde la profunda crisis socioeconómica de inicios del siglo XXI, diferentes expresiones públicas fueron tipificadas como “de clase media”, desde los cacerolazos de diciembre de 2001, el apoyo que sectores urbanos dieron al paro agropecuario en 2008 (ver Noel en este volumen), las protestas contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, la marcha a favor del esclarecimiento de la muerte del fiscal Alberto Nisman el 18 de febrero de 2015 o las diferentes muestras de apoyo a Mauricio Macri, antes, durante y después de su presidencia. Así, la clase media se presentó no solo como un sector de la sociedad, visible a través de los números de un diagrama, sino especialmente presentado por los medios de comunicación como un actor que ha ocupado el centro de la escena pública, con sus propios intereses y valores, ponderado o denostado (Visacovsky, 2009). Está claro que para un país que desde hace mucho ha presumido de ser “de clase media”, donde una mayor parte de la población se percibe como tal sin importar demasiado su condición económica objetiva (ver Toyos en este volumen), donde ciertas expresiones públicas son caracterizadas como “clase media” y, aun más, es objeto de invocación frecuente por parte de los políticos, su estudio sistemático a través de diferentes disciplinas de las ciencias sociales se ha tornado un asunto crucial, si se espera trascender tanto el sentido común o los discursos más evaluativos y normativos.1 Esta es la pretensión principal de este libro: ofrecer un conjunto de estudios empíricos acerca de la clase media en la Argentina en cuanto objeto, que por un lado muestren cuáles son los modos como está siendo estudiada, mediante qué enfoques teóricos, a través de qué métodos, qué preguntas configuran una posible agenda de investigación, en qué difieren estas y los resultados alcanzados hasta el momento de las perspectivas legas y expertas más conocidas y, finalmente, cuál es el potencial de estos estudios para el afianzamiento de un campo de investigación futura.

Ante todo, es preciso aclarar que la omnipresencia de la clase media se refiere menos a su estudio científico que a su lugar en el discurso público. Esto no quiere decir que no se pueda constatar en paralelo un crecimiento del interés por la clase media como objeto de indagación histórica, sociológica o etnográfica. No obstante, este interés (que fue bastante significativo hasta mediados de la segunda década del presente siglo) nunca alcanzó el desarrollo de otros campos de investigación que han tenido un crecimiento sostenido y se han afianzado en los últimos años. Además, los estudios sobre clase media presentan algunas peculiaridades, empezando por algo tan crucial como resolver cuáles resultan admisibles o no como tales. Desde una perspectiva amplia, numerosos estudios empíricos emprendidos desde mediados de los años 90 hasta hoy son presentados por sus autores como “estudios sobre una población de clase media”. En estos casos, la clase media es vista como una parte existente de la población, delimitada principalmente por criterios objetivos (como sus niveles de ingreso), a la cual se le pueden atribuir adhesiones políticas, valores o comportamientos (ver Toyos en este volumen).2 Es imprescindible diferenciar esta línea mucho más frecuente de otra, en la que “clase media” deja de ser una población conocida para convertirse en algo a interrogar: una categoría social a la que se pretende conocer por sus usos diversos y sus efectos constitutivos de la realidad social. Esta visión ha emergido mucho más recientemente no solo en la Argentina, y su propósito primordial reside en intentar resolver algunos de los problemas que ha presentado históricamente el campo de investigación sobre las clases sociales. A través de nueve capítulos, este libro explora una línea amplia y heterogénea de investigación que trata de entender cómo actúan y piensan determinados sectores de la sociedad argentina a través del modo en que se definen y diferencian de otros apelando, por caso, a la asignación de cualidades virtuosas o deshonestas, a las maneras de justificarse o tornar inteligibles los actos propios o los ajenos, a las formas de contar los orígenes, narrar el pasado e imaginar el futuro. Ciertamente, un camino muy distinto al de atribuir las acciones e ideas de los grupos sociales a una supuesta condición objetiva (“clase media”), que produciría los mismos efectos en cualquier tiempo y lugar.

En consecuencia, nuestro interés aquí es ofrecer una muestra de la potencialidad de esta línea de investigación (aun en pleno desarrollo), a través de estudios empíricos efectuados por investigadoras e investigadores argentinos y no argentinos sobre la Argentina. Como se verá, el nuevo programa de investigación sobre clases medias ha dado lugar a una comprensión renovada, tanto en lo que respecta a los enfoques teóricos como a una diversificación de las temáticas asumidas como vitales. Si bien las autoras y los autores no comparten un enfoque común, sí comparten una serie de intereses, una conciencia de los problemas que posee el campo, así como ciertos núcleos estratégicos que resultan puertas de acceso reveladoras de lo que espera a quien se atreva a emprender estos estudios. Así, los modos de definir la identidad, apelando de manera explícita o no a la categoría “clase media”, se tornan cruciales, en directa relación con las formas de diferenciación y el trazado de fronteras sociales y simbólicas (particularmente en los capítulos de Pérez, Noel y Kauko). Y en estrecha relación con el estudio de las identidades, se presenta la preocupación por el abordaje de la moralidad, la cual atraviesa todos los capítulos: en la construcción de distancias sociales a través de las relaciones establecidas en el espacio del hogar (Pérez), en la construcción del mercado de la propiedad horizontal (Aboy), en los usos del lenguaje en la definición identitaria (Noel), en las aspiraciones de ascenso e inclusión social (Kauko), en las disputas por las imágenes de las instituciones (Hang), en el rol de la corrupción como un lente para definir la historia nacional y dar sentido al futuro (Muir), en la organización diferente de las experiencias generacionales en cuanto respuestas a las crisis recurrentes (Prelat), en la relación entre autoadscripción de “clase media” y orientaciones ideológico-políticas (Toyos), en la autorrealización y el confort como valores de nuevas “clases medias” (Vargas y Viotti). En todos los capítulos sobresale un mismo interés por explorar los caminos abiertos más recientemente y contribuir al desarrollo de un campo que, pese a todo, reclama con avidez más investigación.

No obstante, también se podrá ver que este camino no desprecia ni ignora las contribuciones pioneras que ayudaron a crear tanto una comprensión experta como lega de la clase media en la Argentina. Antes bien, se trata de poner de manifiesto que la bibliografía clásica constituye una referencia obligada para quien quiera comenzar a caminar estos terrenos, que cualquier nuevo desarrollo debe necesariamente conocerlos y entrar en diálogo con ella. Por ello, dedicaremos los apartados siguientes a exponer un cuadro histórico de los estudios en nuestro país.

Los inicios

Germani comenzó a desarrollar estudios empíricos sobre la clase media a comienzos de la década de 1940. Integrado al Instituto de Sociología de la Universidad de Buenos Aires (creado en 1940), Germani (1942, 1943, 1944) llevó a cabo una serie de indagaciones acerca de la composición de la población, la opinión pública y la situación de la clase media. En el flamante Boletín del Instituto de Sociología, creó y dirigió una sección denominada “Datos sobre la realidad social argentina contemporánea”, en la que se presentaba información estadística sobre la economía, la demografía, y los niveles de escolarización e instrucción de la población (Blanco, 2003: 48-49).

Hacia 1950 la Oficina de Ciencias Sociales de la Unión Panamericana impulsó un programa de investigación sobre la clase media en América Latina, considerándola clave en razón de que su fortaleza ayudaría a sostener la estabilidad social y la económica de la región (Carli, 2000: 3). Para tal fin, resolvió compilar un volumen dedicado al tema, y para ello convocó como autores de contribuciones particulares a Germani y a otras dos figuras del medio académico argentino: Sergio Bagú (1911-2002) y Alfredo Poviña (1904-1986). A pesar de sus diferencias, los tres autores coincidieron en la necesidad de abordar el estudio de la clase media no solo en términos económicos, sino también psicológicos y culturales. De ahí que Bagú (1950) hablase de la existencia de una “psicología” de la clase media, Germani (1950: 21) señalase que la clase media portaba una específica “personalidad” y Poviña (1950: 73-74) le atribuyese un patrón cultural distintivo, un “estado de espíritu”, que marcaba el nivel intelectual de la sociedad, pero que carecía de “conciencia de clase” y “unidad”. Lo que revelaban estos estudios era la necesidad de buscar la cualidad distintiva de estos sectores en aspectos tales como los niveles de instrucción y la valorización de la educación y la “cultura” como fuentes de progreso, entendido este como movilidad social ascendente.

Pero aquello que diferenciaba crucialmente las perspectivas de Poviña y Bagú de la de Germani era la importancia que concedía este último a los estudios empíricos de largo aliento. Germani y su equipo iniciaron los estudios adoptando el enfoque de la estratificación social. Sus trabajos influyeron especialmente en la sociología cuantitativa, debido a su insistencia en el diseño de cuestionarios y en la identificación de indicadores objetivos de clase y de autoidentificación y ubicación social, metodología que entendía imprescindible para conocer las relaciones entre estratificación y movilidad social (Germani, 1955, 1962). Su trabajo estableció la interpretación de la clase media argentina en vigencia durante la segunda mitad del siglo XX, al destacar su origen inmigratorio europeo, la movilidad social ascendente a través del comercio y la educación; esta última transformada en un valor capital que posibilitaba el progreso individual (Germani, 1971 [1963]). Germani sostuvo que la Argentina debía romper con las rémoras tradicionalistas que impedían la modernización y el desarrollo, siendo la clase media el agente modernizador por excelencia, dado que por su naturaleza estaba orientada al progreso, basado en la adquisición de conocimiento y en la pretensión de ascenso social (Visacovsky, 2008; Adamovsky, 2009; Garguin, 2006, 2007; Visacovsky y Garguin, 2009a; Visacovsky, 2014).

En el curso de la década de 1960 y decididamente en la de 1970, la creciente difusión del marxismo en las ciencias sociales en la Argentina, junto a un creciente proceso de radicalización política de estas, postergó en buena medida los estudios empíricos en general y, en especial, los centrados en aquellos sectores que dichas disciplinas denominaban “clase medias”, “sectores medios” o “pequeña burguesía”. Sin embargo, algunos trabajos centrados en el ámbito de la educación enfatizaron en el rol político y la orientación ideológica de estos sectores; desde una lectura marxista, estos trabajos atribuyeron a la clase media una inclinación por los valores de las clases dominantes (Graciarena, 1971; Tedesco, 1971).3

Pese a todo, durante los años 70 se llevaron a cabo algunas investigaciones empíricas que pudieron constituir el preámbulo de un campo disciplinario específico de la antropología social, el cual quedó trunco en parte por la profundización de la violencia política y el terrorismo de Estado, en parte por peculiaridades de la conformación del campo antropológico local (Guber y Visacovsky, 1999: 25, 2000: 307). Estos estudios fueron importantes porque se realizaron fuera del ámbito de la ciudad de Buenos Aires (una cualidad que también poseen los trabajos de Pérez, Noel, Kauko, Hang y Prelat, en este volumen), la región a partir de la cual se forjó el modelo predominante del desarrollo y que confirió ciertas características estereotipadas a la clase media argentina: entre colonos friulanos productores de algodón en el norte de la provincia de Santa Fe (Archetti, 1975; Archetti y Stølen, 1974) y colonos descendientes de ucranianos y polacos en Apóstoles, en el sudeste de la provincia de Misiones (Bartolomé, 1991). Los debates incluían la pertinencia de su caracterización, sea como pequeña burguesía (Archetti, 1975) o como una “clase media rural”, ubicada entre los proletarios y los terratenientes (Archetti y Stølen, 1974, 175; Bartolomé, 1991), así como el papel de las identidades étnicas y su relación con las elites locales y las ideologías (Bartolomé, 1991).4

Mientras Germani y su equipo llevaban a cabo sus estudios empíricos sobre la clase media de Buenos Aires y un tiempo antes de que Eduardo Archetti, Kristi Anne Stølen y Leopoldo Bartolomé iniciaran sus investigaciones etnográficas sobre sectores medios rurales del interior del país, aparecieron una serie de trabajos usualmente comprendidos en lo que se dio en llamar “ensayo sociológico” o “de interpretación nacional” (Saítta, 2004; Altamirano, 1997). Como esta caracterización había sido usualmente efectuada por la autodenominada sociología científica fundada por Germani, “el ensayo” se presentaba como lo opuesto a la ciencia, en razón de que esta última era el producto de investigaciones empíricas basadas en una metodología explícita y clara, así como apelaba a enunciados y conceptos teóricos, no ideológicos. Desde el lado del ensayo, la sociología de Germani era vista como expresión del “cientificismo” académico “elitista” y de un pensamiento contrario a los intereses nacionales. Su propósito era polemizar e intervenir en los debates ideológicos y políticos (Neiburg, 1998). Así, Juan José Hernández Arregui (1960) hablaba del “hombre promedio”, “conservador y reaccionario”, atrapado en las cuestiones mundanas. Juan José Sebreli (2003 [1964]) apelaba a su propia experiencia y subjetividad, reconociendo ser parte de la clase media, para describirla, incurriendo en generalizaciones y fórmulas ideológicas incuestionadas (Altamirano, 1997). Julio Mafud (1965, 1985) sostuvo que la movilidad social que llevó a los inmigrantes europeos de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX a crear la clase media argentina fue producto de sus valores de origen, tales como la “sed de dinero” y el “utilitarismo”. Ante esto, los nativos criollos habrían adoptado la “picardía” o “viveza”, una manera de obtener ventajas que pronto se extendió también a los inmigrantes, convirtiéndose en algo “típicamente argentino”. Finalmente, la obra de Arturo Jauretche (1966) ha sido quizá la de mayor impacto político, la más duradera en cuanto a su presencia en el discurso público, muy en especial del peronismo, con el concepto de “medio pelo”, esto es, una pequeña burguesía que tendía a adoptar los valores y estilos de vida de la “oligarquía” en lugar de su real condición. Los estudios más recientes han puesto su atención en esta producción, en la medida en que ha expresado concepciones colectivas sobre la clase media en la Argentina que tienen plena vigencia en el discurso público (Garguin, 2007; Adamovsky, 2009; Fava y Zenobi, 2009).

Resumiendo, los estudios inaugurados por Germani constituyen sin lugar a dudas no solo una fuente permanente de consulta, sino a la vez un modelo en cuanto a la importancia decisiva de la investigación empírica, lo cual compartía con los estudios etnográficos mencionados, pero no así con el “ensayo”. Los estudios etnográficos plantearon la relevancia de indagar otras realidades del país, fuera de la Buenos Aires urbana, lo cual constituye un desafío vigente. El “ensayo”, por su parte, llamó la atención respecto de los vínculos posibles entre las perspectivas autodefinidas como “científicas” y las concepciones políticas e ideológicas, una inquietud que exige de cualquier programa científico en ciencias sociales estar alerta.

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Janr və etiketlər

Yaş həddi:
0+
Litresdə buraxılış tarixi:
15 noyabr 2024
Həcm:
397 səh. 12 illustrasiyalar
ISBN:
9789876919531
Müəllif hüququ sahibi:
Bookwire
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