Kitabı oxu: «Geopolítica, soberanía y "orden internacional" en la "nueva normalidad"»
G EOPOLÍTICA, SOBERANÍA Y “ORDEN INTERNACIONAL” EN LA “NUEVA NORMALIDAD”
¿Qué significa el protagonismo de China en la recuperación de la economía mundial pos Covid-19? ¿Cómo esto afecta la dinámica del sistema mundial y la configuración de nuevos bloques geopolíticos? ¿Cómo se redefinirá el amplio espectro de intereses entre China, Estados Unidos y las potencias intermediarias? ¿Qué desafíos tiene América Latina en este contexto? Estas son preguntas claves que este libro provoca. Más que un análisis acabado, esta obra plantea un conjunto de preocupaciones y desafíos teóricos, metodológicos, así como la necesidad de construir un enfoque para comprender de manera más apropiada la complejidad del mundo contemporáneo, el papel del Estado en la formulación, gestión y conducción de las estrategias, de los proyectos políticos que las determinan y de las tácticas concretas que marcan las disputas pero también los alineamientos geopolíticos y el orden internacional que de estos emerge.
Mónica Bruckmann
En este libro Miguel Ángel Barrios y Enrique Refoyo Acedo abordan fenómenos de gran interés para diplomáticos, economistas, políticos, empresarios, militares y académicos, y también para todos los argentinos y latinoamericanos, quienes, debido a la dinámica de estos fenómenos, se ven afectados en su vida diaria. Estrategia y política, la soberanía, la pandemia, la geopolítica, el ciberespacio, las guerras híbridas, el mundo multipolar y la hegemonía son los temas principales que los autores tratan con elegancia, conocimiento y precisión.
Samuel Pinheiro Guimarães
MIGUEL ÁNGEL BARRIOS Magíster en Sociología (Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina), doctor en Ciencias de la Educación (Universidad Tecnológica Intercontinental, Asunción, Paraguay), doctor en Ciencia Política (Universidad del Salvador, Argentina), diploma en Relaciones Internacionales (Universidad Complutense de Madrid, España), diploma en Seguridad Ciudadana (Universidad Blas Pascal, Argentina). Profesor universitario, investigador, consultor. Profesor del Instituto Superior Goya (Corrientes). Ha escrito más de quince obras de política latinoamericana y mundial. Ha brindado conferencias, seminarios, y cursos en academias diplomáticas, militares, y universidades de América Latina, Europa, Asia y África.
ENRIQUE REFOYO ACEDO Politólogo (Universidad de Salamanca, España), magíster en Liderazgo Político y Social (Universidad Carlos III de Madrid, España) y doctorando en Geografía Militar en la última universidad. Traductor al castellano de numerosos artículos de política internacional, historia de las relaciones internacionales, geopolítica y seguridad internacional. Ha escrito numerosos artículos en castellano e inglés publicados por diferentes centros de análisis, como Katehon, Geopolitica.ru y Journal of Eurasian Affairs.
MIGUEL ÁNGEL BARRIOS
ENRIQUE REFOYO ACEDO
GEOPOLÍTICA, SOBERANÍA Y “ORDEN INTERNACIONAL” EN LA “NUEVA NORMALIDAD”

Índice
Cubierta
Acerca de Geopolítica, soberanía y “orden internacional” en la “nueva normalidad”
Portada
Prólogo, por Mónica Bruckmann
Prólogo, por Samuel Pinheiro Guimarães
Introducción
Capítulo 1. La estrategia y la política en el campo social 1. La teoría de la estrategia 2. La estrategia en el campo de la política 3. La estrategia política en función de un proyecto nacional en Juan Domingo Perón
Capítulo 2. La soberanía multidimensional en tiempos de globalización 1. Soberanía multidimensional: los Estados ante un nuevo concepto estratégico-práctico en las relaciones internacionales 2. Soberanía multidimensional: componentes 3. Geopolítica, pandemia y “orden mundial”
Capítulo 3. Estrategia y soberanía multidimensional para la Argentina en el siglo XXI 1. Un escenario posible (Estados Unidos,. China y la trampa de Tucídides) 2. Orientaciones para lograr una soberanía multidimensional
Capítulo 4. Geopolítica y poder 1. Bases de la geopolítica 2. Desarrollando la geopolítica 3. La ecuación geopolítica 4. Geopolítica e ideas nacionales 5. Vocabulario geopolítico 6. Los dominios geopolíticos 7. El otro mundo: ciberespacio 8. Las nuevas ciberciudades 9. La batalla en la red 10. Cibergeopolítica 11. Cibergeopolítica militar 12. Ciberactivismo y guerra informativa en red 13. Entorno operativo 2035 y espacios multidominio
Capítulo 5. Guerras híbridas 1. La zona gris y la narrativa 2. La guerra híbrida y sus dos componentes 3. Revoluciones de color 4. Guerras no convencionales
Capítulo 6. Multipolarismo y relaciones internacionales 1. Polos 2. Grandes espacios 3. Hegemonía y contrahegemonía 4. Modernización y occidentalización 5. Intereses y valores
Capítulo 7. Geografía militar 1. Breve diccionario geográfico-militar 2. Índice de ordenación geográfica 3. La cartografía es poder
Conclusiones
Referencias bibliográficas
Créditos
Prólogo
Mónica Bruckmann
Socióloga y cientista política, profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (Brasil) y coordinadora del Grupo de Trabajo de Clacso sobre Geopolítica, Integración Regional y Sistema Mundial
Pocas veces en la historia reciente de la humanidad el mundo enfrentó una crisis tan profunda y multidimensional como la que vivimos desde fines de 2019, cuando el SARS-CoV-2 surge en Wuhan y en pocos meses se arrastra por todo el planeta, amenazando la salud pública, paralizando las ciudades, las economías y el comercio mundial. Se trata de la primera pandemia del siglo XXI, que está poniendo a prueba las formas de organizar la sociedad, las formas de producir, las visiones de mundo y la propia civilización humana. Ciertamente, los proyectos políticos y geopolíticos en disputa, que ya marcaban una nueva dinámica del sistema mundial desde inicios de este siglo, encuentran en la crisis del 2020 un nuevo espacio de profundización y de tensiones a niveles regionales y global.
Todos los análisis prospectivos parecen indicar que esta será la crisis económica más grave desde la Segunda Guerra Mundial y la tercera crisis más profunda en los últimos 150 años, desde 1870, solo superada por la crisis de 1929-1931 y 1945-1946. Sin embargo, una característica interesante es el impacto diferenciado que tendrá en los países desarrollados y en los emergentes, o entre los países occidentales y los asiáticos.
Las proyecciones del Banco Mundial1 o del FMI muestran que la caída del PBI mundial será superior a 5%, afectando más fuertemente las economías avanzadas cuya retracción del PBI será de alrededor del 7% (la zona europea -9,1%, Estados Unidos -6,1% y Japón -6,1%), mientras que las economías emergentes de Asia proyectan una caída de apenas 0,5% (China crece 1%, Indonesia 0%, Tailandia -5%). Es decir, mientras que las economías desarrolladas de Occidente tendrán que enfrentar una retracción económica sin precedentes en las últimas décadas, la economía china proyecta un crecimiento de 1% en 2020 y de 6,9% en 2021. El motor de la recuperación de la economía mundial será Asia y particularmente China e India, que se aproximarán a los niveles históricos de crecimiento, superiores al 7%.
Ciertamente, esta dinámica no surge con la crisis de la Covid-19, pero se profundiza y se acelera a partir de ella. Ya desde 2014 China pasa a ser la mayor economía del mundo, según el ranking de las mayores economías medidas por el PBI en dólar ajustado al poder de compra local, desplazando a Estados Unidos a un segundo lugar. De las diez mayores economías a partir del mismo año, cinco son países de los BRICS e Indonesia. Se trata de un proceso de desplazamiento del dinamismo económico desde Occidente hacia Oriente y desde las economías avanzadas del norte hacia las emergentes del sur. Evidentemente estos cambios no son apenas económicos sino que van acompañados de un conjunto de otras dimensiones que fortalecen el lugar de Asia, y particularmente China, en el sistema mundial. Cambios que se expresan también en la creación de capacidades locales para la producción científica y tecnológica, en la creciente participación en el valor agregado a nivel mundial, en la disputa por la gran ciencia y las tecnologías de punta y en la reelaboración simbólica e ideológica que reivindica una nueva centralidad de oriente e imprime una nueva dinámica a las relaciones sur-sur. El espíritu de colaboración y soberanía que emerge en la reunión de Bandung de 1955 y que consagró los diez principios de coexistencia pacífica que dieron origen al movimiento de países no alineados, reemerge en el siglo XXI con un potencial inédito de impactar el orden mundial desde la perspectiva de los países del sur y de las economías emergentes. Este potencial podrá consolidar un sistema multipolar que redefina las relaciones sur-sur y norte-sur, o reeditar viejas formas de dominación con nuevos centros hegemónicos.
¿Qué significa este protagonismo de China en la recuperación de la economía mundial pos Covid-19? ¿Cómo esto afecta la dinámica del sistema mundial y la configuración de nuevos bloques geopolíticos? ¿Cómo se redefinirá el amplio espectro de intereses entre China, Estados Unidos y las potencias intermediarias? ¿Qué desafíos tiene América Latina en este contexto? Estas son preguntas claves que el libro que el lector tiene en sus manos provoca. Más que un análisis acabado, esta obra plantea un conjunto de preocupaciones y desafíos teóricos, metodológicos, así como la necesidad de construir un enfoque para comprender de manera más apropiada la complejidad del mundo contemporáneo, el papel del Estado en la formulación, gestión y conducción de las estrategias, de los proyectos políticos que las determinan y de las tácticas concretas que marcan las disputas pero también los alineamientos geopolíticos y el orden internacional que de estos emerge.
La geopolítica, más que una disciplina, representa un campo de problematización cada vez más marcado por la interdisciplinariedad y por las ciencias de la complejidad que fueron capaces de superar la visión lineal y simplificada del positivismo metodológico. Al mismo tiempo, podemos observar un proceso hacia la apropiación ciudadana de un campo de conocimiento que surge principalmente en el ámbito militar, que pensaba las cuestiones estratégicas desde la tríada clásico Estado-nación-territorio, y que hoy en día encuentra en la academia un espacio de desarrollo de gran densidad teórica y analítica. América Latina, particularmente, contribuyó de manera muy importante a la construcción de lo que algunos estudiosos han llamado la geopolítica crítica, a partir de aportes desde la geografía, la economía política y los enfoques teóricos que buscaron comprender la inserción de la región en el sistema mundial, la dependencia como fenómeno endógeno/exógeno y el subdesarrollo.
Una obra adquiere relevancia particular porque profundiza un tema específico o porque consigue un análisis amplio asistemático de una problemática. El segundo aspecto es el caso de este libro que analiza de forma cuidadosa la coyuntura mundial impactada por la crisis sanitaria de la Covid-19 y los cambios que se vienen desarrollando en el contexto de lo que podríamos llamar una transición hegemónica del sistema mundial. Se trata de un estudio que abraza dos objetivos centrales: comprender la crisis actual y el orden mundial desde una perspectiva histórica y, al mismo tiempo, desarrollar una visión prospectiva de los escenarios futuros posibles y probables, y nos interpela sobre los desafíos para América Latina, para la Argentina (no por casualidad) y para la integración regional soberana, “activa y altiva”.2
Finalmente, y no menos importante, el lector podrá encontrar en este libro una proficua revisión bibliográfica de las diferentes corrientes del pensamiento geopolítico, así como una revisión conceptual y una sistematización teórica de los enfoques estratégicos, por lo que se constituye en un valioso instrumento de estudio e investigación. ¡En hora buena!
Río de Janeiro, 4 de agosto de 2020
1. Hemos utilizado las proyecciones del Banco Mundial: Global Economic Prospect, junio de 2020.
2. Expresión que acuñó el excanciller de Brasil Celos Amorim para referirse a la política externa brasileña durante los gobiernos del Partido dos Trabalhadores (PT).
Prólogo
Samuel Pinheiro Guimarães
Secretario general de Itamaraty (2003-2009)
Ministro de Asuntos Estratégicos (2009-2010)
La realidad es la única verdad.
Juan Domingo Perón
Conducir es difícil, porque no se trata solo de conducir. Se trata de organizar primero; segundo, educar; tercero para enseñar; cuarto para capacitar y quinto para conducir.
Juan Domingo Perón
Observa los acontecimientos sobriamente; mantén tu posición; enfrenta con calma los desafíos; oculta tu capacidad y gana tiempo; permanece libre de ambición y nunca reivindiques liderazgo.
Deng Xiaoping
Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas. Si te conoces más a ti mismo pero no al enemigo, por cada victoria sufrirás una derrota. Si no te conoces a ti mismo ni al enemigo, sucumbirás en cada batalla.
Sun Tzu
En este libro Miguel Ángel Barrios y Enrique Refoyo Acedo abordan fenómenos de gran interés para diplomáticos, economistas, políticos, empresarios, militares y académicos, y también para todos los argentinos y latinoamericanos, quienes, debido a la dinámica de estos fenómenos, se ven afectados en su vida diaria.
Estrategia y política, la soberanía, la pandemia, la geopolítica, el ciberespacio, las guerras híbridas, el mundo multipolar y la hegemonía son los temas principales que los autores tratan con elegancia, conocimiento y precisión.
Las referencias al pensamiento de Juan Domingo Perón, de gran importancia para la Argentina actual, también se acompañan de análisis del pensamiento de especialistas en estos temas, a veces importantes argentinos y españoles, pero menos conocidos, debido al énfasis dado en la literatura de ciencia política del pensamiento anglosajón.
En este prólogo, reconociendo con justicia la riqueza de información y la calidad de la obra, presento algunos comentarios sobre estos temas, que se han tornado estratégicos para la comprensión de la política mundial.
La hegemonía estadounidense y el ascenso de China
El fenómeno político, económico y militar más importante en la política internacional es la firme disposición de Estados Unidos de mantener su hegemonía mundial, su poder de imperio, frente al ascenso y la competencia china.
La hegemonía a nivel mundial es la capacidad de elaborar, difundir y hacer que la mayoría de los Estados acepten una visión del mundo en la que el país hegemónico sea el centro; de organizar la producción, el comercio y las finanzas mundiales para capturar una mayor parte del producto mundial para la sede del Imperio y para el uso de su población, y en particular de sus clases hegemónicas y sus altos funcionarios; de imponer la agenda de política internacional; de tener la fuerza, en su sentido más amplio, de castigar a los gobiernos de las “provincias” del imperio que se niegan a aceptar o desviarse de las reglas (informales) de su funcionamiento.
El mundo siempre ha sido organizado por imperios, nunca ha sido democrático; o los Estados, especialmente las grandes potencias de cada época, han aceptado que todos los Estados son iguales y soberanos, pero no han renunciado al uso de su fuerza para defender y promover sus intereses.
El imperio actual es el americano, que comenzó a construirse durante y después de la Segunda Guerra Mundial y que sigue en transformación diaria mediante su estrategia de mantener la hegemonía.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ejerció una hegemonía militar absoluta, cuyo mayor símbolo fue el monopolio nuclear; una hegemonía política, demostrada por la capacidad de organizar el sistema político mundial y reorganizar el sistema político interno de los enemigos; una hegemonía económica y tecnológica, ya que duplicó su producto bruto interno (PBI) durante la guerra e hizo enormes avances tecnológicos; una influencia ideológica amplia y universal, en competencia con la visión comunista, en la que el American way of life optimista, alegre y próspero había vencido la oscura visión nazi de la sociedad.
La característica principal del imperio americano es que, paradójicamente, se define a sí mismo como antiimperialista, pacífico, a favor de la soberanía y la cooperación entre los Estados. Sin embargo, asume el derecho a una excepcionalidad que sería necesaria, según Washington, para ejercer el liderazgo y la defensa de la comunidad internacional y, con ese fin, poder actuar, cuando lo considere necesario, incluso en contra de sus propias normas y principios.
El imperio americano trata a los Estados como provincias –a las que llama aliados–, provincias que tienen diferentes grados de importancia.
Fuera del imperio están sus adversarios: la República Popular China y la República Federativa de Rusia. Estos Estados adversarios se describen en los documentos oficiales del imperio como enemigos cuya intención, aunque oculta, es destruir a Estados Unidos y el mundo libre y sus valores sociales, políticos y económicos.
Ante este escenario, por su parte, China ejecuta una estrategia de política exterior con los siguientes objetivos: evitar confrontaciones militares con Estados Unidos; asegurar fuentes diversificadas de materias primas para la economía china; abrir mercados para sus exportaciones e inversiones; no interferir en los asuntos políticos o económicos internos de los demás países; no imponer condicionalidades políticas o económicas a su cooperación; fortalecer sus lazos con los países vecinos, en particular con Rusia.
Ocho presidentes estadounidenses, desde Richard Nixon hasta Barak Obama, ejecutaron una estrategia de compromiso, basada en la creencia de que “abrazar” a China política y económicamente gradualmente la haría más capitalista, más liberal y más occidental.
El énfasis en Asia (o sea, el reequilibrio de Asia-Pacífico), el eslogan de política exterior de Obama, tenía cuatro pilares: la asignación del 60% de la fuerza naval y aérea estadounidense a esa región, la negociación de la Asociación Transpacífica (TPP, por su sigla en inglés) excluyendo a China, y la explotación política de las disputas de China con sus vecinos, pero manteniendo contacto con ese país.
La estrategia de Obama no solo fracasó, sino que aumentó la desconfianza del gobierno chino y lo alentó a contrarrestar la acción estadounidense con iniciativas como la Asociación Económica Integral, la zona de libre comercio de Asia y el Pacífico; el proyecto de “un cinturón”, de “una ruta”, y la creación del banco BRICS y del Banco Asiático de Infraestructura.
Obama fue sucedido en 2016 por Donald Trump, un extraño en relación con la política y el Partido Republicano, lo que provocó un cambio radical, incluso emocional y voluntario, en la conducción de la política exterior americana y, en especial, en cuanto a China. Trump identificó a China no solo como un competidor, sino también como el principal adversario económico, político y militar de Estados Unidos, que debe ser tratado con firmeza.
El enfoque de confrontación de Trump ha atraído un sorprendente apoyo bipartidista en su país. Los empresarios estadounidenses comenzaron a quejarse de la transferencia forzada de tecnología y los subsidios a las empresas chinas que harían imposible la competencia. Y los políticos comenzaron a denunciar con mayor énfasis la existencia de cárceles chinas llenas de activistas de derechos humanos y líderes de minorías étnicas.
La estrategia de Trump de desacoplamiento (desconexión) de China para contener su crecimiento económico y político cuenta con los siguientes instrumentos: eliminar el déficit comercial de Estados Unidos con China, evitar la transferencia de tecnología avanzada, reducir la presencia de estudiantes chinos en Estados Unidos, evitar la adopción de la tecnología 5G de Huawei, promover el retorno de la producción industrial a Estados Unidos, expandir el presupuesto militar estadounidense y su presencia en Asia y alinear a los países europeos con Estados Unidos contra China.
La comparación de algunos datos sobre Estados Unidos (y su imperio) y la República Popular China indica que esta disputa por la preservación y afirmación de la hegemonía estadounidense continuará durante un largo período.
El PBI nominal de Estados Unidos es de 21 billones de dólares y el de la República Popular China, de 13 billones. Si el producto de Estados Unidos se agrega a los productos de las “provincias” más desarrolladas del imperio (Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Canadá), ese total es de 39 billones de dólares, aproximadamente tres veces el producto chino. El PBI de China es de 9.500 dólares/habitante y el de Estados Unidos, de 52.900 dólares/habitante, más de cinco veces mayor.
La gama de recursos naturales del suelo y del subsuelo en Estados Unidos es mucho más amplia que la de China, lo que hace que esta sea más dependiente del mercado internacional y, por lo tanto, más vulnerable.
El presupuesto militar anual de Estados Unidos es casi tres veces mayor que el de la República Popular China. La red de setecientas bases americanas en el extranjero, varias alrededor de China, supera con creces el número de instalaciones militares en cualquier país en el extranjero. La red de acuerdos militares de Estados Unidos con las “provincias” no tiene paralelo en la situación en China, que solo tiene una base en el extranjero.
La tierra cultivable, en hectáreas por habitante, es 0,480 en Estados Unidos y 0,078 en China. Estados Unidos es un importante exportador de alimentos, incluida China, que, a pesar de ser un gran productor, es un gran importador.
El insumo esencial (junto con el carbón) para generar energía, para mover la industria en general, para la industria de fertilizantes, para petroquímicos, para química fina, para el transporte es el petrolero. Estados Unidos tiene reservas de 19.000 millones de barriles y China de 16.000 millones; Estados Unidos produce 15 millones de barriles diarios y China, 4 millones.
La influencia cultural, ideológica y política de Estados Unidos es mucho más extensa que la de China, lo que se puede ver por la abrumadora presencia de productos culturales estadounidenses en todas las “provincias”, incluso en comparación con la presencia de productos de países de cultura avanzada, como Francia, Reino Unido y Alemania. Estos productos culturales, difundidos por los medios de comunicación y hoy también por internet, contribuyen a formar una visión favorable de Estados Unidos, como sociedad y como Estado.
Por otro lado, la extensa red de sucursales de las megaempresas multinacionales estadounidenses significa que hay una comunidad de altos ejecutivos (nacionales locales) en cada “provincia” con lazos profesionales con Estados Unidos. Nada de esto ocurre en relación con la República Popular China, cuya influencia, sin embargo, tenderá a crecer a medida que su economía se desarrolle y se expanda en el extranjero, al igual que su poder militar y tecnológico. Las características del mandarín, escrito y hablado, hacen que sea difícil difundirlo como idioma y como portador de la cultura china, mientras que el inglés facilita la difusión de la cultura americana y su influencia.
Tanto Estados Unidos, hogar del imperio americano, como China dependen en gran medida del comercio exterior como importadores y exportadores; además, en el caso americano, de los lazos financieros, comerciales y tecnológicos. Por lo tanto, una creciente influencia comercial y de inversión de China en cada provincia del imperio afectaría la hegemonía, así como la capacidad americana de influir y controlar.
La disputa por la hegemonía en el escenario internacional se ve afectada por las elecciones de 2020 en Estados Unidos, por la pandemia del SARS-CoV-2, por los conflictos raciales en ese país, por su actitud de no cooperación con sus aliados en el combate contra la pandemia como consecuencia de la confrontación con la política de cooperación por parte de China.
La pandemia se superará con el descubrimiento de la vacuna, y la solidaridad y los anhelos de un nuevo capitalismo humano se disolverán, las elecciones estadounidenses ocurrirán con la victoria de los republicanos o los demócratas, así como los conflictos raciales en Estados Unidos tenderán a amortiguarse como sucedió con tantos en el pasado, pero la disputa por la hegemonía global no cesará.