Kitabı oxu: «Geografía. Libros XV-XVII»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 415


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B.C.G., la traducción de este volumen ha sido revisada por IRENE PAJÓN .

© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2015.

López de Hoyos, 141, 28002 Madrid.

www.editorialgredos.com

Primera edición: Junio de 2015.

Ref.: GEBO139

ISBN 9788424930240.

INTRODUCCIÓN

Para una introducción general a la vida y obra de Estrabón, y concretamente al contenido y aspectos generales de su Geografía , remitimos a la introducción de J. García Blanco al primer volumen dedicado a esta obra en la colección Gredos.

La presente introducción está dedicada a comentar el contenido y los aspectos principales de los libros XV-XVII de la Geografía .

LIBRO XV

Tras una breve introducción genérica (XV 1, 1-10) en la que se refiere a los conocimientos procedentes de los primeros exploradores griegos de la India, a la poca fiabilidad de sus informes, a la escasa presencia de comerciantes griegos en la región, a la relevancia de las campañas de Alejandro, a los informes de Megástenes, a Eratóstenes y el escepticismo ante el mito, el libro XV de la Geografía tiene tres partes principales, pero de extensión desigual: Estrabón dedica casi dos tercios del total del libro a la India (XV 1, 11-73), y el resto a Ariana (XV 2, 1-14) y a Persia (XV 3, 1-24).

I. La India

La obra de Estrabón nos permite apreciar hasta qué punto los contactos entre Grecia y la India se intensificaron a partir de las campañas de Alejandro Magno, tras un conocimiento remoto y más superficial que se podría remontar hasta dos siglos más atrás como mínimo 1 . Esta expedición fue un hito muy señalado en los siglos posteriores también y vemos claramente hasta qué punto la parte correspondiente a esta región del mundo en la obra del geógrafo de Amasia depende en última instancia de personas que viajaron en el grupo macedonio, como se verá en las páginas que siguen.

Una parte muy importante del noroeste del subcontinente (que corresponde a los territorios de los modernos Pakistán y Afganistán [en su parte oriental en este caso] había caído hacia el 520 a. C en manos del Imperio aqueménida de los persas (Bongard-Levin, A History of India, pág. 11). En el mismo período, por cierto, los persas, liderados por Darío el Grande, estaban también presionando a los griegos, apoderándose de todas sus ciudades en Anatolia e incluso llegando al corazón de la Grecia europea, donde solo fueron detenidos tras las inestables alianzas de las ciudades estado griegas que dieron lugar a episodios heroicos como el de las Termópilas (480 a. C.), que trajo la gloria a los espartanos, o los de Maratón (490 a. C.) y Salamina (480 a. C.), que convirtieron a los atenienses en salvadores de la Hélade, con consecuencias políticas y culturales de primer orden en el desarrollo del período clásico heleno.

Hacia el final del período clásico, el rey macedonio Alejandro Magno, tras seguir los pasos de su padre, Filipo, en la unificación griega, inició una expansión colosal que le llevó, en primer término (tenía planes de hacer algo semejante en dirección oeste), al Oriente. Conquistó primero toda la Anatolia y lo que quedaba en su tiempo del Imperio aqueménida, alcanzando en una campaña dura y relativamente rápida las fronteras noroccidentales del subcontinente indio.

Ya en el año 331 a. C., el ejército macedonio había invadido Persia entrando fácilmente hasta Susa. En el 328 a. C., Alejandro invadió Bactriana, y en el 327 a. C., Sogdiana, que ofreció algo más de resistencia. Se casó allí con la princesa local Roxana, intentando congraciarse con la aristocracia local, y en el 326 a. C. Alejandro se centró en el subcontinente indio y cruzó el Hindu Kush con su ejército, iniciando las campañas de conquista del valle del Indo. Tras cruzar el Indo derrotó al líder local Poros, que controlaba la región del Panyab paquistaní, en la batalla del Hidaspes del 326 a. C., que tuvo lugar en la orilla oriental del río, en el entorno de lo que hoy es Bhera. Fue la última gran batalla de Alejandro. A partir de ahí tuvo cada vez más problemas de disciplina con su ejército, que no quiso adentrarse más en la India.

Alejandro decidió entonces iniciar el regreso y se dirigió hacia el sur. Tras superar duros combates y una grave herida, Alejandro dividió a su ejército, enviando una mayoría en dirección a Carmania (zona meridional del Irán moderno), a las órdenes de Crátero, y construyó una flota para navegar por el golfo Pérsico, poniendo a Nearco al mando. Al resto lo conduciría él mismo por el desierto de Gedrosia (hoy Irán meridional y la región paquistaní de Makrán). El viaje de regreso fue muy duro para los macedonios. El propio líder no podría llegar a casa. En junio del 323 a. C. Alejandro murió en Babilonia, a pocos días de cumplir treinta y tres años.

Las noticias que nos da el texto estraboniano acerca de la India en particular no son resultado de ningún viaje del de Amasia a este país, llamado hoy con frecuencia «subcontinen te», por lo que todo procede o bien de informes escritos a los que tuvo acceso (informes que en última instancia remontan a las campañas de Alejandro varios siglos antes de su vida), o bien de informaciones orales de viajeros contemporáneos. No obstante, todo ello de un modo fragmentario y poco sistemático 2 . El autor con frecuencia nos ofrece discusiones acerca de la fiabilidad relativa de una o de otra fuente, pero no de modo sistemático, y no muestra una solución clara a las dudas que le generan determinados datos, vacilando con frecuencia si debe prescindir de la información dudosa o simplemente indicar de modo expreso al introducirla que él la percibe como poco fiable; también parece no tener claro siempre si mostrarnos o no las discrepancias entre los «alexandrógrafos», sus fuentes principales 3 (ejemplos en 1, 33; 1, 68; 3, 7-8), pero no las únicas 4 . Por otro lado, la escasez de datos de alguna comarca le lleva a introducir informaciones escasamente relevantes para la geografía física o para la etnografía, y a romper con frecuencia el hilo del discurso 5 .

Da la impresión de que a algunos autores Estrabón no los conoce directamente, sino a través de Eratóstenes, lo que coadyuvaría a una visión generalmente no favorable a la opinión de estos cuando era discrepante de la del cirenaico 6 . El buen juicio que en cambio le merecen normalmente Nearco, Onesícrito y Aristóbulo también puede ser influencia de Erastóstenes 7 . Las menciones expresas a estos tres autores, además, son abundantes, aparte de que parece que a lo largo de la redacción de todo su texto son constantemente la referencia última para el de Amasia 8 . Cuando alguno de estos tres discrepa entre sí, Estrabón está presto a comentarlo (XV 1, 17; XV 1, 18; XV 1, 24; XV 1, 28; XV 1, 43; XV 1, 45; XV 3, 7; XV 3, 8). Biffi 9 dice de modo explícito que «Strabone ha seguito in parallelo l’esposizione dei tre storici e talora ha tratto dal loro pieno accordo la garanzia che gli eventi di cui sta discorrendo sono veritieri o quanto meno probabili». No obstante, alguno de los autores es el preferido para diferentes secciones: Nearco en la descripción de la costa occidental o la casi totalidad del capítulo 2 de este libro XV. Pero para la descripción geográfica general de la India, también Megástenes ha sido una fuente muy utilizada 10 . En cualquier caso, queda fuera de toda duda que el autor al que más respeta es Eratóstenes, en el que tiene plena confianza y con el que se siente liberado de ulteriores comprobaciones 11 .

En definitiva, como decíamos un poco más arriba, este modo relativamente poco sistemático de trabajar las fuentes justifica un poco que el texto pierda el hilo conductor en ocasiones y se produzcan saltos y falta de sistematicidad 12 .

Los aspectos que quiere incluir son, en primer término, los relativos a la geografía física de estas regiones, aunque en ocasiones, incluso dentro de este tema, no todos los asuntos pertinentes son tratados con la misma extensión (cf. XV 1, 26), por causas ajenas a su voluntad, como la falta de información fidedigna. Tras la geografía física viene la agricultura y la economía, y finalmente aspectos sociales y etnográficos de las comarcas descritas, de donde tiene la información o (en ocasiones es lo que parece) donde no tiene otra información que le parezca de interés.

Biffi 13 , a partir de una serie de indicios menores del propio texto, llega a la conclusión de que el libro XV de su Geografía fue escrito en algún momento entre el año 20 y el año 8 a. C.

La parte del texto del libro XV específicamente dedicada a la India comienza situando sus límites geográficos en las cadenas montañosas del norte (Paropamiso o Hindu Kush 14 , Emodo e Imeo 15 ), el río Indo por el oeste 16 , y el océano por el sur y el este. Menciona las dimensiones calculadas por Eratóstenes 17 como las que más confianza le inspiran (1, 10-11) 18 : las demás propuestas no le parecen fiables. Rechaza la propuesta de Ctesias (1, 12) de que la India es tan grande como todo el resto de Asia, o la de Onesícrito, que cree que ocupa un tercio de toda la oikoumene . Megástenes y Deímaco le inspiran comentarios más moderados, pero también considera equivocados sus cálculos 19 .

En el siguiente parágrafo (1, 13) habla de los ríos de la India, de la flora, de la fauna y del aspecto físico de los indios. Se detiene especialmente en la descripción de los ríos, numerosos y caudalosos en la India, en especial en lo referente al Ganges y al Indo y sus numerosos afluentes. Sin duda esto es un elemento llamativo en comparación con los capítulos dedicados a Egipto y Etiopía. Teniendo en cuenta la similitud latitudinal, podría haberse esperado condiciones geográficas semejantes. También puede influir el contraste con la propia geografía griega, pero a Etiopía y a Egipto los menciona de forma explícita al hablar del régimen de lluvias en la India y de los productos que es posible cultivar gracias a ello, o de la fauna de la región 20 . Termina el parágrafo con la comparación física de los nativos. Los del sur coinciden en color de piel con los etíopes, aunque sin el pelo rizado, supuestamente por la humedad ambiental, y los del norte son parecidos a los egipcios.

A continuación (1, 14-15) menciona la isla de Taprobane 21 , en una breve interrupción de su discurso acerca de los ríos y del régimen de lluvias indio, temas que parecen interesarle más. En 1, 16 hace, de hecho, referencia explícita a la celebrada descripción herodotea de Egipto como el «don del Nilo» 22 , señalando el paralelismo con la India, sus ríos y la fertilidad de sus tierras. Expone a continuación (1, 16-19) las explicaciones de Nearco y Aristóbulo sobre el régimen de lluvias de la India, no coincidentes entre sí (1, 18), con comparaciones repetidas con Egipto y Etiopía 23 , y con Eratóstenes como referente siempre.

Como una consecuencia lógica de la descripción de los ríos y de las lluvias surge el tema de la fertilidad de las tierras y de los productos agrícolas indios (1, 20). Relaciona las crecidas de los ríos y el limo que depositan en el terreno con una fertilidad prodigiosa, en lo que recuerda de nuevo el caso egipcio. Biffi 24 observa que tampoco nos da una lista de productos muy amplia en este punto. No obstante, deja espacio a lo maravilloso, como las referencias a ciertas plantas que pueden producir miel sin necesidad de la participación de abejas siquiera (1, 20) o al enorme tamaño de los árboles de la India y de sus hojas (1, 21).

Estrabón nos habla a continuación de la fertilidad comparada de la India, Arabia, Etiopía y Egipto, tanto en flora como en fauna, incluyendo en la reflexión, incluso, la fertilidad de las mujeres egipcias (1, 22). El tono maravilloso continúa al señalar que se dice que el agua de lluvia en la India cae ya caliente del cielo (1, 23).

El texto aborda a continuación el tema del color de piel de los indios, señalando el paralelismo con los etíopes (1, 24). Estrabón se esfuerza por entender la afirmación de Teodectes de que es la mayor «proximidad» al sol la que explica el color de piel de etíopes e indios. Aun estando de acuerdo con Onesícrito en que, técnicamente, el Sol está igual de lejos de todos los pueblos de la Tierra, interpreta que lo que quiere decir Teodectes es que el sol calienta más. De hecho, como es notorio, calienta más según las latitudes, aunque no sea por cercanía, sino por el grado de inclinación de los rayos.

Sigue el texto con una referencia a la situación geográfica de la India con respecto a Egipto y Etiopía (1, 25), y con un informe (1, 26) acerca de todos los ríos, afluentes del Indo, que discurren por el norte del país 25 , y que conocemos gracias a la expedición de Alejandro Magno: el río Cofes 26 y el Coaspes 27 (afluente del Cofes), y después del Cofes (1, 27) el Indo, después el Hidaspes, después el Acesines y el Hiarotis, y por fin el Hipanis 28 . Junto con los ríos menciona de paso a los pueblos que habitan esas comarcas: entre el Cofes y el Indo viven los astacenos 29 , los masianos 30 , los niseos 31 y los hipasios 32 , y más allá está la región de Asacano, con la ciudad de Masoga 33 . Y junto al Indo, la ciudad de Peucolaitis 34 .

Entre el Indo y el Hidaspes menciona Estrabón (1, 28) la región de Taxila 35 , con su capital del mismo nombre, y luego el reino de Abisares 36 , con sus gigantescas serpientes. Entre el Hidaspes y el Acesines, a su vez, se encuentra el reino de Poro (1, 29), momento en el que aprovecha para hablar de los monos de cola larga 37 . A continuación, Estrabón (1, 30) trata de Catea 38 y la región de Sopites 39 . Describe una curiosa obsesión por la belleza de los habitantes de Catea, así como su pasión por una raza muy agresiva de perros (1, 31).

Como Biffi 40 observa, Estrabón no tiene un esquema bien diseñado de cómo organizar los datos de que dispone, y simplemente sigue los informes de los «alexandrógrafos». Así, en 1, 32 el texto simplemente sigue las expediciones de Alejandro por esta comarca entre el Hipanis y el Hidaspes. En 1, 33, Estrabón nos dice que «la región que se extiende desde el Hipanis hasta el Hidaspes se dice que la ocupan nueve pueblos, y que las ciudades llegan a cinco mil», aunque él mismo no da credibilidad a estas cifras. En 1, 28 ya había hablado de los pueblos más importantes de esta comarca, pero añade ahora a los sibas 41 , a los mallos 42 y a los sidracas. Menciona el reino de Porticano y la ciudad de Patalene, y a continuación, el reino de Musicano, de rasgos utópicos (1, 34), algunos de ellos explícitamente comparados con rasgos laconios.

En 1, 35 nos señala que no cree la historia de Cratero que afirmaba que Alejandro habría llegado hasta el Ganges, de dimensiones variables según las fuentes. Menciona a continuación (1, 36) la ciudad de Palibotra (en la confluencia del Ganges y el Eranoboa, hoy Sone). El nombre en sánscrito es Pâtaliputra , hoy Patna, capital del estado de Bihar. Era la capital de los prasios, ribereños del Ganges, y de quienes es Megástenes 43 nuestra principal fuente.

Vuelve entonces (1, 37) sobre el río Hipanis, lamentando el alto grado de desconocimiento de sus fuentes acerca de toda la comarca que se extiende hacia el este, lo que le lleva finalmente a incluir historias paradoxográficas acerca de animales fantásticos, como las hormigas buscadoras de oro 44 , o los nativos llamados seras, que supuestamente llegaban a vivir más de doscientos años. Habla también Estrabón (1, 38) de que, según Megástenes, había en estas montañas un río Sila, en el que nada podía flotar 45 . Pero él explícitamente señala que la historia no es creíble.

Con esto termina la parte más puramente descriptiva de los límites y la geografía de la India y comienza el tratamiento de aspectos de la geografía humana, de la sociedad local, como las famosas siete castas 46 a las que dedica el grueso de los siguientes parágrafos. Comienza en 1, 39 con la referencia a la casta de los filósofos, la menos numerosa. En 1, 40 nos habla de la casta de los agricultores, y luego (1, 41), de la casta de los pastores y cazadores, punto en el que interrumpe su narración para tratar de algo tan exótico y llamativo para él y para sus lectores como es la caza 47 del elefante (1, 42-43), obviamente justo en el momento en que estaba hablando de los cazadores. Lo que ya no tiene tanto sentido es que vuelva a mencionar ahora a las hormigas buscadoras de oro (1, 44), o a los maravillosos reptiles o criaturas marinas (1, 45). Podemos especular que la fuente de Estrabón de la que ha obtenido la información sobre los elefantes seguía con esta otra fauna real o fantástica y el de Amasia la ha seguido fielmente sin importarle o sin percatarse de la inconveniencia, por la interrupción del relato sobre las siete castas. No obstante, a partir de 1, 46, trata de las cuatro castas 48 que le quedaban, sin más interrupciones:

— artesanos, comerciantes y trabajadores manuales (1, 46);

— militares (1, 47);

— inspectores (1, 48);

— consejeros y asesores del rey (1, 49).

En 1, 50-52 habla de las competencias de los magistrados, de los funcionarios municipales y de los responsables de los asuntos militares.

En los siguientes parágrafos, con un orden y estructuración internos más claros, repasa los usos y costumbres de la población local, en un retrato que trata de manera obvia de ser ejemplarizante acerca de valores en su opinión probablemente perdidos en la sociedad griega contemporánea. Menciona, por ejemplo (1, 53), que son amigos de la paz y que son sobrios y honrados, no roban, son ordenados, no beben vino, sino una especie de brebaje preparado con arroz; tampoco tienen leyes escritas ni hipotecas. Los funerales (1, 54) son sobrios también, pero, en cambio, son muy aficionados a los adornos en vida. Evidentemente, este contrapunto en la descripción de las virtudes de los indios suena un poco a crítica velada al exceso idealizador de los pasajes precedentes, atribuibles a Megástenes. De igual modo podríamos entender lo que sigue, más bien crítico también con la sociedad india, al menos desde el punto de vista de un griego como Estrabón: no muestran especial respeto por los ancianos, practican la poligamia, compran a sus mujeres a cambio de una yunta de bueyes, al mentiroso le amputan manos y pies, y dice que según Megástenes no practicaban la esclavitud. También señala, no obstante, que Onesícrito nos dice que esto era una peculiaridad de la región de Musicano 49 . Nos cuenta también que el rey (1, 55) está siempre bajo amenaza de conspiración y asesinato, y que no puede dormir tranquilamente siempre en el mismo lecho.

En los siguientes parágrafos se vuelve a perder un poco el orden. Estrabón nos informa de elementos variopintos, como relatos fantásticos de Megástenes (1, 56), tales como que «los que habitan el Cáucaso practican el sexo con sus mujeres a la vista de todos y se comen los cuerpos de sus parientes», elementos con los que da una pincelada de barbarismo a los indios. Añade a continuación historias fabulosas acerca de distintos animales, o (1, 57) de poblaciones locales de hombres muy pequeños, tipo pigmeos, y otros con un solo ojo, o con orejas de perro, etc.

Dejando a un lado estas historias fantásticas, pasa a hablar de los filósofos indios, uno de los elementos de la geografía humana de la región que más le llama la atención.

La filosofía india sin duda interesaba a Estrabón y a su audiencia, y nuestro texto le dedica nada menos que doce parágrafos 50 (1, 58-70). Nos hablará de los filósofos de la montaña y de los de la llanura (1, 58), de los brahmanes (1, 59), de los garmanes (1, 60), del testimonio de Aristóbulo cuando conoció a dos brahmanes (1, 61), de las extrañas costumbres de los habitantes de Taxila (1, 62), de los testimonios de Onesícrito sobre los filósofos indios (1, 63-64), de cómo estaban estos hombres sabios entrenados para sufrir (1, 65), del testimonio de Nearco acerca de la ausencia de leyes escritas (1, 66) o de la artesanía de los indios (1, 67). En el siguiente parágrafo (1, 68), Estrabón se refiere a la historia del filósofo indio Calano, y a las diferentes versiones transmitidas desde la época de Alejandro, aunque coincidentes en que murió voluntariamente al lado del rey 51 .

En 1, 69 se nos habla del culto de los indios a Zeus lluvioso 52 , al río Ganges y a las deidades locales. Y el texto nos menciona, con afán de detalle, los muchos objetos preciosos y riquezas. En 1, 70 llegamos a los gimnosofistas propiamente dichos, a los pramnas desnudos 53 , amigos de discutir y de argumentar. En 1, 71 se refiere al grupo particular de los pramnas urbanos, y en el siguiente (1, 72), al río Ganges, siguiendo a Artemidoro, al que acusa de tocar muchos otros temas, «pero de modo confuso y descuidado, por lo que no merecen que se les preste atención». Es cierto que el material de Estrabón nos aparece con frecuencia desordenado, pero resulta irónico ver al propio autor luchando con estas mismas sensaciones y filtrando y tratando de organizar el material del que él dispone.

En el siguiente parágrafo (1, 73), con el que acaba la sección dedicada a la India, se dedica a contarnos la muerte por suicidio en Atenas de un tal Zarmanocegas, transmitida por Nicolao de Damasco 54 .

II. Ariana

El segundo capítulo del libro XV está dedicado a Ariana, situada al oeste de la India, conquistada por los persas 55 . El primer parágrafo (2, 1) habla de sus límites, el mar, las montañas del norte, el río Indo, Carmania, etc. También menciona a sus principales grupos étnicos: los arbies 56 , los oritas 57 , los ictiófagos («comedores de peces»).

En 2, 2 describe la comarca de los ictiófagos, su geografía, su flora y su fauna. A continuación (2, 3) nos habla de la región de Gedrosia, un país árido, pero que produce nardo y mirra, plantas características de climas desérticos. La estación de lluvias es en verano. En 2, 4 Estrabón nos habla del trayecto del séquito de Alejandro por Gedrosia 58 , sin alejarse nunca mucho del mar. El viaje, en cualquier caso, resultó sin duda penoso por las condiciones, para las que el ejército no estaba preparado: la escasez de víveres, de agua; las condiciones de calor extremo; el terreno arenoso, e incluso los peligros de la fauna y la flora locales, etc., propiciaron un número importante de bajas (2, 5-7), algo que, no obstante, el texto presenta como un ejemplo de superación 59 .

A continuación, una vez descrita la parte meridional de Ariana 60 , «de la costa y de las tierras de los gedrosios y de los oreítas que quedan cerca», Estrabón da una visión de la geografía del resto de la región, siguiendo especialmente a Eratóstenes (2, 8). Hacia el interior, Gedrosia limita con el territorio de los drangas 61 , los aracotos 62 y los paropamisadas 63 . El límite oriental de Ariana es el río Indo, y el meridional, el gran mar; el septentrional, las montañas del Paropamiso y la cordillera que se extiende hasta las llamadas puertas del Caspio 64 . En cuanto al límite occidental sería la región montañosa en la que habitaban los coseos. En el mismo parágrafo nos da las diferentes estimaciones acerca de las dimensiones de Ariana de las que él dispone. En cualquier caso, en el plano étnico y cultural, Estrabón tiene claro que «Ariana se extiende hasta una parte de Persia y de Media e incluso hasta las tierras de los bactrios y los sogdianos por el norte; pues estos son prácticamente hablantes de la misma lengua, salvo por pequeñas diferencias».

En 2, 9 nos habla de los principales grupos étnicos de Ariana y de su disposición geográfica de estos pueblos, siguiendo a Eratóstenes 65 , aunque no lo diga de modo expreso: paropamisadas, aracotos, gedrosenos, arios, drangas, partos. Dado que las fuentes de Estrabón en la descripción de la región beben, en última instancia, en gran medida, en la expedición de Alejandro, se comprenden bien sus palabras al comienzo de 2, 10: «Uno comprendería mejor lo relativo a la región montañosa mencionada examinando en detalle el camino del que se sirvió Alejandro en su persecución de los del entorno de Beso desde el territorio de los partos hacia Bactriana». Se trataría de la vertiente oriental del Hindu Kush. Por allí (2, 11) se encontraba también Caarene 66 , la última región bajo el control de los partos antes de la India.

En este punto (2, 12), el texto hace un excursus sobre las ballenas del golfo Pérsico, de las que todos los navegantes por la zona habrían hablado con admiración y casi pavor 67 . En el siguiente parágrafo (2, 13) nos reproduce la refutación por parte de Nearco de la existencia de una isla mágica «que hacía desaparecer a los que fondeaban en ella». Para concluir la sección dedicada a Ariana, el texto de Estrabón (2, 14) hace una descripción somera de la comarca de Carmania, entre Gedrosia y la Pérside, con minas de oro, plata, cobre y minio. Pero también con un desierto 68 en el límite con Partia y con Paretacene. Describe también las costumbres de sus habitantes, étnicamente próximos a los persas y a los medos 69 .

III. Pérside

La última parte del libro XV de Estrabón son los 24 parágrafos dedicados a la Pérside, desde «la costa del golfo que recibe de él su nombre 70 , pero con una porción mucho mayor tierra adentro» 71 , «desde el sur y Carmania hasta el norte y los pueblos de la Media». La región se divide fácilmente en tres en términos geográficos: la costa, «tórrida, arenosa y desprovista de todo fruto salvo los dátiles»; la llanura 72 , muy fértil, buena para la cría de ganado y llena de ríos y de lagos, y, finalmente, la región septentrional, «invernal y montañosa». Como grupos étnicos principales destaca a los patescores 73 , aqueménidas 74 , magos, cirtios y mardos 75 .

Entre Babilonia y Persia se encuentra también la comarca de Susiana 76 con su capital, Susa 77 , donde los reyes persas establecieron su sede real. En 3, 3 describe con admiración el palacio de Susa, donde «los persas tenían sus riquezas, sus tesoros y sus tumbas». No obstante, desde la época del esplendor persa la región sufrió una decadencia notable.

En 3, 4-5, Estrabón vuelve a la geografía física y sitúa a Susa tierra adentro, a la orilla del río Coaspes, en el territorio por el que discurren el Tigris, el Éufrates y sus respectivos afluentes. La costa de Susiana es tierra de marismas y termina en el río Éufrates. A continuación de la desembocadura del Éufrates y la del Pasitigris (nombre que recibe el Tigris en la parte baja de su curso) está ya la costa de los árabes. Habla a continuación (3, 6) de los valles fluviales del Copratas 78 , el Pasitigris, el Ciro 79 , el Araxes 80 o el Medo 81 .

El texto vuelve a Alejandro y su expedición en 3, 7, donde nos cuenta su llegada a Pasargadas 82 , con su palacio y la tumba de Ciro. En 3, 8 es la tumba de Darío de la que se nos habla, siguiendo los testimonios de Onesícrito y de Áristo de Salamina. En 3, 9, Estrabón nos cuenta que Alejandro se llevó todas las riquezas de la Pérside a Susa 83 . Los tesoros de Susa y los de la Pérside tenían un valor aproximado de entre cuarenta mil y cincuenta mil talentos.

En cualquier caso (3, 10), el lugar favorito de Alejandro en la región fue Babilonia, tanto por el clima (Susiana era fértil, pero sofocante 84 ), como por el tamaño y esplendor general de la ciudad. En 3, 11 insiste en cuán fértil era Susiana. Habla después (3, 12) de Apoloniatis (antes Sitacene), sometida a los partos 85 .

La parte final del capítulo dedicado a Persia trata de sus usos y costumbres en el plano etnológico y comienza con su religión (3, 13), de la que destaca la ausencia de estatuas o altares, o sus sacrificios 86 , o su culto al cielo-Zeus, al Sol-Mitra 87 , «y a la Luna y a Afrodita, y al fuego y a la tierra, a los vientos y al agua» 88 . En 3, 14 describe sus sacrificios al fuego y al agua 89 . Y de aquí salta a la descripción de los sacrificios en Capadocia. Señala en 3, 16 que para los persas los ríos son sagrados, y por ello «nunca orinan ni se lavan en un río» 90 .

En 3, 17 trata de la monarquía hereditaria, de la poligamia y de la existencia de premios de natalidad. En 3, 18 el tema es la educación de los jóvenes, desde los cinco hasta los veinticuatro años, y en 3, 19, el servicio militar (entre los veinte y los cincuenta años), la falta de actividad comercial, la artesanía, la moda, las armas, la gastronomía o la decoración. En 3, 20 el texto habla de su afición al vino, o de las costumbres sociales como el beso entre iguales y entre diferentes, o los ritos funerarios o la sexualidad.

En 3, 21, Estrabón, siguiendo a Policrito 91 , nos cuenta cómo se implementó en Persia un sistema de impuestos, y en 3, 22, las consecuencias derivadas de la riqueza excesiva: la molicie de los reyes. En 3, 23 toca el tema de la interacción histórica de griegos y persas, «que llegaron a ser los más conocidos de todos los bárbaros entre los griegos, porque ningunos de los otros bárbaros que dominaron Asia llegaron a tener bajo su dominio gentes griegas». Concluye el capítulo dedicado a Persia hablándonos de cómo esa hegemonía persa es algo del pasado, de la época de Ciro 92 , y de Darío. Y que duró unos doscientos cincuenta años 93 . No obstante, en la época de Estrabón habían decaído mucho 94 .

LIBRO XVI

Una vez descrita la India, el país más oriental de toda la geografía conocida por los griegos, Estrabón retrocede en el libro XVI hacia occidente abordando los territorios que quedan sin describir al sur del Tauro en Asia Central y que se extienden hasta el Mediterráneo y Egipto. Después de Asiria (capítulo primero) pasa a describir Siria (capítulo segundo), las costas en torno al golfo Pérsico (capítulo tercero) y la península Arábiga, incluyendo las costas occidentales del golfo Arábigo, actual mar Rojo (capítulo cuarto). 95 Lo que unifica los territorios descritos en este libro es su pertenencia común al mundo semítico, que los griegos veían, sin duda, reflejada no solo en las relaciones lingüísticas, sino también en la comunidad de elementos culturales y religiosos, a pesar de haber entrado en contacto con estos pueblos cuando ya formaban parte de un amplio mundo persa. La relación entre Siria y Asiria estaba clara para los griegos, como refleja la onomástica y explica Estrabón en 1, 2. Por otra parte, los griegos eran muy conscientes de que había pueblos árabes dispersos desde antiguo por Mesopotamia, Siria, y, al sur de esta, en unos territorios casi desconocidos que se extendían por una parte hasta la mucho más civilizada Egipto y por otra hasta el mar Exterior 96 . A pesar de esta unidad y mezcla de pueblos, en la época de Estrabón existía ya un concepto muy claro de Siria y Arabia como países con entidad propia, y un concepto menos claro de ese territorio que correspondía a los antiguos imperios asirios y babilonios. Los distintos capítulos son muy diferentes, tanto por las fuentes usadas como por el grado de conocimiento del autor y el tipo de aspectos tratados, por lo que la introducción se hará de cada uno de ellos por separado.

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