Kitabı oxu: «CFT 05 - Doctrinas de la Gracia»
CURSO DE FORMACION
TEOLOGICA EVANGELICA
Volumen V
DOCTRINAS
DE LA GRACIA
por
Francisco Lacueva

Editorial CLIE
C/ Ferrocarril, 8
08232 VILADECAVALLS (Barcelona) ESPAÑA
E-mail: clie@clie.es
Internet: http://www.clie.es
DOCTRINAS DE LA GRACIA
© 1975, de la Misión Evangélica Bautista
de España.
ISBN 978-84-7228-193-6
eISBN 978-84-8267-448-3
ESTE CURSO DE FORMACION TEOLOGICA EVANGELICA
constará de los siguientes títulos:
| I. | INTRODUCCION A LA TEOLOGIA* |
| Por J. Grau | |
| II. | UN DIOS EN TRES PERSONAS* |
| Por F. Lacueva | |
| III. | EL HOMBRE: SU GRANDEZA Y SU MISERIA |
| Por F. Lacueva | |
| IV. | LA PERSONA Y LA OBRA DE JESUCRISTO |
| Por F. Lacueva | |
| V. | DOCTRINAS DE LA GRACIA* |
| Por F. Lacueva | |
| VI. | LA IGLESIA, CUERPO DE CRISTO* |
| Por F. Lacueva | |
| VII. | ESCATOLOGIA: FINAL DE LOS TIEMPOS |
| Por J. Grau | |
| VIII. | CATOLICISMO ROMANO* |
| Por F. Lacueva | |
| IX. | HISTORIA DE LA IGLESIA |
| Por J. Grau | |
| X. | ETICA CRISTIANA* |
| Por F. Lacueva | |
| XI. | PASTORAL Y HOMILETICA(Manual para pastores, misioneros y predicadores) |
| Por J. M. Martínez |
* PUBLICADOS YA BAJO LOS AUSPICIOS DE LA «MISION EVANGELICA BAUTISTA EN ESPAÑA»
De venta en CLIE, Moragas y Barret, 113-115 Tarrasa (Barcelona), y en las librerías evangélicas de España e Hispanoamérica
INDICE DE MATERIAS
INTRODUCCION
PRIMERA PARTE: EL ORDEN DE LA SALVACION
Lección 1.ª Existencia de un orden de la salvación. 1. El hilo de oro de la Teología. 2. El orden de la salvación en la eternidad. 3. El orden de la salvación en el tiempo. 4. Las agencias de la salvación
Lección 2.ª Naturaleza del orden de la salvación. 1. La Ley y el Evangelio. 2. El orden subjetivo de la salvación
Lección 3.ª La union con jesucristo. 1. «En Cristo». 2. Propiedades de nuestra unión con Jesucristo. 3. Consecuencias de esta doctrina
Lección 4.ª La tarea del Espíritu Santo en el orden de la salvación. 1. Necesidad de la obra del Espíritu Santo. 2. El Espíritu Santo en la regeneración. 3. El Espíritu Santo en la justificación. 4. El Espíritu Santo en la santificación. 5. El Espíritu Santo y la glorificación del creyente. 6. La obra general del Espíritu Santo. 7. Dos escollos que hay que evitar
SEGUNDA PARTE: LA GRACIA
Lección 5.ª Concepto de gracia. 1. El uso del Antiguo Testamento. 2. El uso del Nuevo Testamento. 3. La gracia como don inmerecido
Lección 6.ª Sistemas teológicos acerca de la gracia (I). 1. Pelagianismo. 2. Semipelagianismo. 3. La Iglesia de Roma
Lección 7.ª Sistemas teológicos acerca de la gracia (II). 4. La Reforma. 5. El Arminianismo. 6. Wesley. 7. El Calvinismo 8. Un Calvinismo rebajado
TERCERA PARTE: EL PROCESO DE SELECCION
Lección 8.ª La elección eterna. 1. Noción de elección divina. 2. Existencia de esta elección 3. Objeciones contra la doctrina de la elección
Lección 9.ª La predestinación. 1. Noción de predestinación. 2. Dos verbos significativos
Lección 10.ª El llamamiento divino. 1. ¿Qué se entiende por llamamiento divino? 2. Características del llamamiento divino. 3. Dos preguntas
CUARTA PARTE: EL PROCESO DE LA CONVERSION
Lección 11.ª La regeneración espiritual (I). 1. El momento decisivo. 2. Concepto de regeneración. 3. Terminología bíblica. 4. Características de la regeneración
Lección 12.ª La regeneración espiritual (II). 5. La causa eficiente de la regeneración espiritual: A) La regeneración no se produce por herencia. B) La regeneración no es producto de la voluntad carnal. C) La regeneración no es producto del esfuerzo humano. D) La causa agente de la regeneración es el Espíritu Santo
Lección 13.ª El Arrepentimiento. 1. Noción de arrepentimiento. 2. Causa agente del arrepentimiento. 3. Principales desviaciones de la noción bíblica de arrepentimiento
Lección 14.ª La fe (I). 1. Noción de fe. 2. Elementos de la fe. 3. ¿Cómo describe el Nuevo Testamento el concepto de fe? 4. Clases de fe
Lección 15.ª La fe (II). 5. Objeto de la fe. 6. La base íntima de la fe. 7. Historia y desviaciones del concepto de fe
Lección 16.ª Fe y obras. 1. La fe no es obra. 2. La fe fructifica en obras. 3. La fe es susceptible de aumento y progreso
QUINTA PARTE: LA JUSTIFICACION DEL IMPIO
Lección 17.ª Concepto de justificación. 1. Noción de justificación. 2. Terminología bíblica. 3. Elementos de la justificación: A) Un perdón del pasado. B) Una aceptación en el presente. C) Una posición firme frente al futuro
Lección 18.ª Naturaleza de la justificación
Lección 19.ª Conexiones de la justificación. 1. Relación de la justificación con la santificación. 2. Relación de la justificación con la fe. 3. Fundamento de la justificación por la fe. 4. Objeciones contra la justificación por la fe
Lección 20.ª La adopción filial. 1. Noción de adopción. 2. Relación de la adopción con la regeneración. 3. Relación de la adopción con la justificación. 4. El derecho a la herencia
SEXTA PARTE: LA SANTIFICACION
Lección 21.ª Concepto de santificación. 1. El poder del pecado. 2. Noción de santificación. 3. La terminología bíblica. 4. Historia del concepto de santificación
Lección 22.ª Naturaleza de la santificación. 1. Verdadera naturaleza de la santificación. 2. Los dos aspectos de la santificación
Lección 23.ª Los medios de santificación. 1. La agencia principal de santificación. 2. Medio subjetivo: la fe. 3. Los medios objetivos: A) La Palabra de Dios. B) Las Ordenanzas. C) La Providencia. D) La Comunión con los hermanos. E) La oración
Lección 24.ª Las buenas obras. 1. Concepto de “obra buena”. 2. Características de las buenas obras. 3. Necesidad de las buenas obras. 4. ¿Puede el inconverso hacer buenas obras?
Lección 25.ª La Purificación. 1. Los fallos en la comunión con Dios. 2. Los enemigos de la santificación. 3. La purificación, proceso de integración
Lección 26.ª Dos extremos erróneos en materia de santificación. 1. El Antinomianismo. 2. El Perfeccionismo
SEPTIMA PARTE: LA PERSEVERANCIA FINAL
Lección 27.ª La preservación divina del creyente. 1. Evolución histórica del concepto de perseverancia. 2. ¿Perseverancia o preservación? 3. ¿Qué dice la Escritura?
Lección 28.ª La perseverancia final. Pruebas y objeciones. 1. Pruebas deductivas de la perseverancia final. 2. Objeciones contra la doctrina de la perseverancia final
Lección 29.ª La seguridad de la salvación. 1. ¿Qué dice el Nuevo Testamento? 2. Seguridad de salvación y convicción subjetiva de seguridad. 3. Objeciones a la doctrina de la seguridad de la salvación
Lección 30.ª La glorificación o consumación de la salvación. 1. ¿Qué entendemos por “glorificación”? 2. ¿Cuánto tendrá lugar la glorificación de los elegidos? 3. Circunstancias de la glorificación. 4. Ultimas conclusiones de este tratado
BIBLIOGRAFIA
INTRODUCCION
Todos los temas que caen dentro del ámbito de la Teología Bíblica son prácticos, porque el mensaje de la Revelación—desde la noción de Dios hasta el estudio de “las últimas cosas”— es “doctrina de vida” y destinada a suministrar una “nueva vida” por la acción del Espíritu, y a vivificar toda la “praxis” de una persona ya regenerada. Pero hay dos materias especialmente prácticas: la Etica Cristiana (volumen recién editado) que, por definición, se refiere a la conducta del creyente, y las Doctrinas de la Gracia, de las que vamos a tratar en el presente volumen.
Las doctrinas de la gracia son, pues, doblemente prácticas: 1) por formar parte del mensaje de salvación; 2) por afectar en su cercanía más próxima a la experiencia personal de cada uno de nosotros. No se trata aquí de penetrar en el conocimiento del Dios trascendente, que puede parecer lejano a nuestros quehaceres y problemas de cada día. Se trata del diálogo salvífico que Dios, libremente y por pura gracia, ha comenzado con nosotros, a través de Jesucristo, y de la respuesta personal que en nosotros se origina en virtud de esa gracia y por el poder del Espíritu vivificante. Se trata, en una palabra, de la aplicación que Dios hace a cada uno de los que se salvan, del poder reconciliador de la obra de Cristo, mediante la energía del Espíritu.
Por tanto, si toda la Teología es enseñada para ser vivida, con mayor razón hemos de estar dispuestos a vivir las enseñanzas de este volumen, todas ellas destinadas a descubrirnos, desde la Palabra de Dios, el origen, la naturaleza y el glorioso destino de esa “gracia” que es la vida espiritual: Cristo viviendo en nosotros por la comunicación y el poder de su Espíritu.
Hemos dicho que, en este volumen, se trata de la aplicación del poder reconciliador de la obra de Cristo, con lo cual damos a entender que la obra de nuestra salvación comprende dos momentos culminantes: la obtención de nuestra redención o rescate, operada una sola vez por todas en la Cruz del Calvario (lo cual ha sido materia del volumen IV de esta serie) y la aplicación a cada uno de los que son salvos, de aquella redención que fue llevada a cabo en el Calvario. Podemos ilustrar este doble estadio de la salvación con un símil muy apropiado: Supongamos que nos hallamos sedientos, fatigados y desorientados, en medio de un desierto sin agua. Estamos abocados a la muerte. Pero llega hasta nosotros un ingeniero que descubre enseguida una corriente subterránea de agua. Logra alumbrar un pozo artesiano y el agua brota en abundancia, con poder de apagar la sed de cuantos crucen por el desierto. ¿Están ya a salvo de la muerte los sedientos caminantes? Sí, pero a condición de que se acerquen a beber del agua, o que ésta les sea llevada por medio de vasijas o de canales y tuberías. Ya está conseguida la provisión de agua para todos, pero es necesario beber de ella para no morir de sed.
Lo mismo ocurre en la obra de nuestra salvación: En la Cruz del Calvario, Dios abrió para nosotros, las fuentes de la salvación (Is. 12:3). Pero ahora es preciso que cada uno de nosotros vayamos a las aguas (Is. 55:1; Ap. 21:6; 22:17) elevando nuestros ojos, por fe, al Crucificado (Jn. 3:14-15), para hacer nuestra la salvación obtenida por Cristo.
En esta difícil materia, como en muchos otros temas teológicos, es fácil equivocarse por tomar como Palabra de Dios lo que es un prejuicio, con mayor o menor peso de “tradición”. Atengámonos solamente, y en todo, a la enseñanza de la Sagrada Escritura tomada en conjunto, o sea, “todo el consejo de Dios” (Hech. 20:27), sin escamotear los pasajes que parece que no encajan en nuestro esquema doctrinal ya prejuzgado, sino acudiendo a los textos claros y tratando de entender lo oscuro mediante lo claro, no viceversa. Seamos humildes para rendir nuestro entendimiento ante el mensaje de Dios y, aunque a veces no entendamos cómo se compaginan algunos textos, agarrémonos firmemente a los extremos revelados aunque no alcancemos a ver el eslabón que los une, seguros de que, si perseveramos constantes en el estudio y la oración, se irá ensanchando la perspectiva de nuestros conocimientos bíblicos y lo recién aprendido proyectará nuevos rayos de luz sobre la penumbra de lo anteriormente estudiado.
Todos saben que la Historia de la Salvación se halla resumida en un solo versículo: Juan 3:16, al que Lutero llamaba “la Biblia en miniatura”. Vamos a cerrar esta Introducción resumiendo el comentario que de dicho versículo hace L.S. Chafer en el Epílogo del volumen III de su Systematic Theology, pp. 394-395, puesto que dicho versículo compendia la materia del presente volumen:
A)“De tal manera amó Dios al mundo”. En siete palabras vemos expresado cuánto y con cuán sublime amor (“egápesen”, un amor con raíces en el Cielo) amó Dios a este mundo perdido, necesitado, rebelde: a este mundo que, de suyo, aborrece a Dios, es enemigo declarado de Dios, hasta que el amor de Dios lo vence (cf. Rom. 5:8).
B)“que ha dado a su Hijo Unigénito”. Otras siete palabras para revelarnos el “inefable d0on” (2ª Cor. 9:15) del Padre y el inconmensurable sacrificio del Hijo, con su profundo anonadamiento (Flp. 2:7-8) y su admirable obra de sustitución vicaria en la Cruz (2.ª Cor 5:21).
C)para que quienquiera que en El crea”. De nuevo, siete palabras nos aclaran que no todos creen y se salvan, sino que hay un grupo de creyentes (elegidos), que la salvación se obtiene sólo por Cristo, sólo mediante la fe, por la fe sola, y con toda seguridad.
D)“no se pierda, mas tenga vida eterna”. Finalmente, también son ahora siete palabras las que nos muestran el espantoso estado en que permanecen los que rehúsan creer (“apóletai” = perece, queda destruido) y el glorioso destino de los elegidos para creer, por el poder del Espíritu: la vida eterna, o sea, la “zoé aiónios”, la misma vida que estaba en el Verbo (Jn. 1:4) desde toda la eternidad, la que El ha venido a traer en abundancia (Jn. 10:10) y que no se acabará jamás (Jn. 10:28; 11:26). Una vida eterna que bien merece el sacrificio de nuestra vida exteror (“bios” o tren de vida, 1.ª Jn. 3:17) y el de nuestra “psyché” o vida terrenal (Mt. 10:39; Mc. 8:35; Lc. 9:24; 14:26; 17:33; Jn. 12:25).
Mi gratitud a los hermanos de las iglesias bautistas independientes de San Eusebio, 54, en Barcelona, y de Ramón y Cajal, 60, en Santa Cruz de Tenerife, por las preguntas y sugerencias que me han permitido corregir y mejorar los conceptas vertidos en los estudios habidos sobre esta materia; al escritor y profesor evangélico D. José Grau, por sus consejos y sugerencias tras revisar el manuscrito, a la Editorial CLIE, cuyo esmero en la impresión y presentación de estos volúmenes es patente, y a la “Misión Evangélica Bautista en España”, bajo cuyas auspicios se publica el presente volumen, así como los anteriores editados de este CURSO DE FORMACION TEOLOGICA EVANGELICA.
Primera parte
El orden de la salvación
LECCION 1.ª
EXISTENCIA DE UN ORDEN DE LA SALVACION
1. El hilo de oro de la Teología
El Dr. E.F. Kevan1 llama a la doctrina de la gracia “el hilo de oro que enhebra todas las ramas de la Dogmática.” En efecto, esta doctrina conecta con la doctrina fundamental de la Revelación, la cual es ya una gracia en sí misma; con la doctrina de un Dios en tres Personas, ya que nos muestra al Padre que ama, al Hijo que redime y al Espíritu Santo que vivifica; con la doctrina del hombre caído, pues es precisamente la miseria del hombre la que sirve de trasfondo a su profunda necesidad de la gracia (Rom. 3:23) y a su total incapacidad para salvarse; con la Cristología, ya que todo en Jesucristo, su persona y su obra, es la gran expresión de la gracia; con la doctrina sobre la Iglesia, puesto que ésta es el resultado de la gracia y el “pléroma” o plenitud de Cristo, donde éste actúa como agencia de salvación en que se encuentran los medios de gracia; finalmente, con la Escatología, pues ésta es la consumación de la gracia, la glorificación de los favorecidos con la gracia, y el triunfo del Redentor para honor y alabanza del Dios que es Amor completamente gratuito2.
2. El orden de la salvación en la eternidad
Se llama “orden de la salvación” al proceso por el que la salvación obtenida por Jesucristo se aplica o administra a las personas que son salvas.
Aunque hayamos de retrotraernos al pacto eterno que la Trinidad Divina estableció para la salvación del hombre caído, siempre es bueno tener en cuenta lo que esto comporta para entender mejor el plan de nuestra salvación. Varios son los lugares que implican la existencia de tal convenio entre las personas divinas:
A)Hebr. 10:5-7, citando el Salmo 40:7-9, nos muestra al Padre encomendando al Hijo una tarea redentora, sacrificial, que comportará una victoria y una realeza (V. Sal. 2; Hech. 13:33; 1.ª Cor. 15:24-28; Hebr. 1:5; 5:5, a la luz de Lc. 22:29, donde es notable el verbo “diatíthemi”, de donde viene “diathéke” = pacto).
B)Jesucristo aparece, especialmente en Juan, como el Enviado del Padre, cuya voluntad y cuya obra está totalmente entregado a realizar, hasta hacer de ella su alimento (V. Jn. 4:34; 5:30,43; 6:38-39; 10:18; 17:4).
C)Is. 53:10-12 y Ef. 4:8-10 nos informan de la batalla y de la victoria, así como del botín que el Padre ha puesto en manos de Cristo (V. Jn. 6:37-44; 10:28-30; 17:6-12), hasta hacerlo Cabeza de los redimidos (Rom. 5:12ss.; 1.ª Cor. 15:22; etc.).
D)Mientras que el Verbo, en su humanidad, es la revelación del amor de Dios y nuestro sustituto en la obra de la reconciliación (Jn. 1:14,18; 14:9; 2.ª Cor. 5:21), el Espíritu es el gran “Don” por el que se derrama en nosotros el Amor y se hace exégesis fervorosa el recuerdo del Verbo Encarnado (V. Rom. 5:5; Jn. 14:26).
3. El orden de la salvación en el tiempo
Del pacto de la redención establecido entre las personas de la Trinidad y encaminado a la salvación de los hombres perdidos, fluye el pacto de gracia que muestra la actitud de Dios hacia el pecador mediante la obra de Cristo. Aunque, como en todo pacto, hay dos partes, sin embargo en éste toda la iniciativa surge de Dios: Dios establece el decreto; Dios provee el medio de rescate (la Cruz); Dios suministra el Espíritu vivificante, la fe justificante, el arrepentimiento transformante y la perseverancia del creyente. Toda la base o fundación del pacto está en Dios, pues de El recibe el pacto su firmeza y seguridad, mientras que el hombre, incapaz de aportar por sí mismo ninguna contribución, se limita a extender la mano de la fe y a recibir el don de Dios.
El Mediador de este pacto, como se nos describe en Hebreos con todo lujo de detalles, es Jesucristo: de parte de Dios, El lleva al hombre la salvación mediante el sacrificio de Sí mismo; de parte del hombre, ofrece a Dios —hecho El mismo “pecado”— lo que el hombre pecador debería hacer por Dios si pudiese: expiar sus pecados en la Cruz.
Así, el pacto que es absoluto e incondicional en la voluntad de Dios de salvar a los hombres perdidos, queda de algún modo condicionado: A) por la obra de Cristo, que ha de proveer el pago del rescate; B) por la fe del hombre pecador, que es como la mano con que se apropia los beneficios del pacto. Sin embargo, ninguno de estos dos elementos arrebata al Padre la iniciativa de la salvación. No el 1.º, porque, en realidad, no es Jesucristo el que se lanza por sí mismo a reconciliar a los hombres con Dios, sino que “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2.ª Cor. 5:19). No el 2.º, porque la fe misma del pecador arrepentido es un “don de Dios” (Ef. 2:8).
4. Las agencias de la salvación
Surgiendo toda la obra de nuestra salvación de la amorosa iniciativa del Padre, las otras dos personas de la Trinidad Divina se constituyen en agentes de la salvación, con dos agencias respectivas o medios de salvación: La Palabra y las Ordenanzas. El Espíritu usa de la agencia de la Palabra de Dios para convencer de pecado, introducir en el corazón el mensaje de vida, y conducir al creyente por el camino de Jesucristo; la respuesta del hombre es la apertura de su persona, por la obediencia de la fe (Rom. 1:5; 16:26), al mensaje de salvación. Por su parte, Jesucristo instituye sus ordenanzas para expresarnos simbólicamente Su obra y patentizar externamente nuestra unidad con El, por medio del Bautismo, habiendo sido complantados en Su muerte y resurrección (Rom. 6:3ss.), y nuestra unidad con los miembros de su Cuerpo, mediante la Cena —recuerdo, mensaje y profecía esperanzada— (1.ª Cor. 10:17; 11:26); la respuesta del cristiano es la obediencia del corazón, de la boca y de la conducta a los mandatos de Cristo.
La fe y la oración, al ser meras condiciones subjetivas para la recepción de los beneficios de la salvación, sólo impropiamente pueden llamarse medios de gracia.
CUESTIONARIO:
1. ¿Cuál es la conexión del presente volumen con los demás volúmenes de la serie teológica? — 2. ¿A qué se llama “orden de la salvación”? — 3. ¿Cómo aparece en la persona y en la obra de Cristo el resultado del pacto eterno entre las personas divinas para la salvación del hombre? — 4. ¿A qué se llama “pacto de gracia”? — 5. ¿Quién es el Mediador de este pacto? — 6. ¿Es su aplicación condicional o incondicional? — 7. ¿Quiénes son los agentes y cuáles las agencias de la salvación?

1. En su Dogmatic Theology, Volumen V del Curso por correspondencia, lecc. 1.ª, p.º 1 (Traduzco del inglés).
2. “Es gratuito, pero no superfuo”, dice muy bien J.M. González-Ruiz.
LECCION 2.ª
NATURALEZA DEL ORDEN DE LA SALVACION
1. La Ley y el Evangelio
El orden de la salvación comprende dos grandes estadios objetivos e históricos: dos grandes hitos de la llamada “Historia de la Salvación”.3 Estos dos grandes estadios son la Ley y el Evangelio.4 En razón de su enorme importancia, vamos a anticipar algo de lo que diremos después al considerar la relación entre la fe y las obras, aunque en otro contexto. Por no entender bien esta materia, los gálatas judaizantes estaban vaciando de contenido el mensaje de la Buena Noticia o Evangelio, mientras que, más tarde, Marción y sus seguidores (de antes y de ahora) detestaban la Ley y al Dios del Antiguo Testamento, para predicar un Nuevo Testamento completamente desvinculado del Antiguo, así como un “amor” y una “conducción del Espíritu” completamente desvinculados de toda ley (“antinomianismo”, de “anti” = contra, y “nómos” = ley. V. 1.ª Cor. 9:21 “no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo”).
Basta examinar con cuidado las Epístolas de Pablo a los romanos y a los gálatas, para percatarse del exacto papel de la ley. La Ley tenía por objeto:
A)Poner un dique a la corrupción del corazón humano.
B)Ser expresión de la voluntad divina en el orden moral para el pueblo del pacto, o sea, Israel.
C)Servir de ayo (“paidagógos”), o sea, de criado que lleva a los niños al Colegio, a la vez que les enseña buenas maneras y les impone correctivos por sus travesuras. En este caso, la Ley
(a)convence de pecado;
(b)exacerba, en cierto modo, el sentido del pecado, por la conocida reacción psicológica que nos incita a hacer lo que se nos prohíbe taxativamente;
(c)nos muestra la necesidad del Evangelio de gracia y del poder del Espíritu, superior a nuestras fuerzas, para cumplir la Ley.
Jesús asegura, en Mt. 5:17, que no ha venido a abrogar la Ley, sino a cumplirla. El verbo empleado aquí es “pleró-sai”, que significa cumplir en el sentido de llenar, y expresa dos cosas: 1) que Cristo vino a cumplir por Sí mismo la Ley. El fue el único que la cumplió activamente, observándola con toda exactitud, y pasivamente, llevando sobre Sí la maldición de la Ley contra sus infractores, por nosotros y en nuestro lugar, en el madero de la Cruz: 2) que Cristo vino a llenar la Ley del Espíritu que faltaba en el legalismo farisaico, poniendo el amor como único medio de cumplir la Ley rebasándola (Mt. 5:17-48). Así no es extraño que Rom. 8:3-4; 13:8-10; 1.ª Cor. 9:21; Gál. 5:14; 6:2, nos aseguren que el amor, el Espíritu de Cristo y el Evangelio comportan el exacto cumplimiento de la Ley, mientras que 1.ª Cor. 2:14 y Rom. 8:7 nos dicen que el hombre no regenerado es incapaz de percibir las cosas de Dios y que no quiere ni puede cumplir la Ley de Dios. Por eso, la regeneración espiritual comporta una metánoia, o sea, un cambio de mentalidad, al recibir, con el Espíritu Santo, una nueva visión y un corazón nuevo (V. Jer. 31:33-34; Ez. 36:25-27).
2. El orden subjetivo de la salvación
El orden de la salvación es entendido especialmente como el orden lógico, con su consiguiente interrelación, de los varios movimientos del Espíritu Santo en la aplicación de la obra de la redención.5 Este orden lógico es simultáneo en la planificación eterna de los designios de Dios, pero se realiza sucesivamente en el proceso temporal de su aplicación a las personas de los redimidos. El Nuevo Testamento nos dice que, para salvar a los hombres, Dios elige, predestina, llama, regenera, justifica, santifica, preserva y glorifica, aunque no nos ofrezca todos estos elementos en un solo texto. Tenemos partes de este proceso en Hec. 2:37-41; (quizá también en 26:18); Rom. 6:22; 8:29-30; Ef. 1:3-14; 2:1-10; 1.ª Ped. 1:2-9,20-23.
¿Puede establecerse un orden lógico, concreto y completo, de acuerdo con el Nuevo Testamento? Creemos que sí e intentaremos proponerlo en este volumen, de acuerdo, en general, con la línea “reformada” o calvinista (moderada), teniendo también en cuenta las dificultades que presenta. Pensamos, sin embargo, que son mucho más numerosas las dificultades que confrontan a los demás sistemas. Vamos a exponer ahora brevemente el punto-clave del orden de la salvación según las diversas concepciones:
A)Concepto Católico-Romano. El punto clave es la justificación por el bautismo. La Iglesia confiere, mediante el sacramento, la regeneración bautismal. Todo adulto recibe gracia suficiente para alcanzar, conservar, recuperar y aumentar la justificación bautismal. El hombre puede resistir a esta gracia. Si en vez de resistir, asiente y coopera, la gracia se toma eficaz. La justificación sigue un proceso que comienza con el acto de fe (bajo el impulso de la gracia excitante) y termina con la infusión de la gracia “santificante” en la recepción (real o de deseo) del sacramento. Los demás sacramentos y las buenas obras proveen medios de perseverancia y méritos para la salvación final, la cual siempre está en peligro, puesto que cualquier pecado “mortal” comporta la pérdida de la justificación.6
B)Concepto Arminiano. El punto clave es la justificación por la decisión de aceptar a Cristo como Salvador necesario y suficiente, mediante la fe en El. Esta decisión procede de nuestro libre albedrío, que coopera así con la gracia de Dios.7
C)Concepto Luterano. El punto clave es la justificación por la fe, que Dios produce en el hombre. El proceso empieza por el anuncio de la reconciliación del mundo, hecha por Dios en Cristo (2.ª Cor. 5:19-20). Esta llamada evangélica comporta siempre una cierta medida de avivamiento e iluminación que quiebran la resistencia radical del hombre caído (mejor dicho, dan el poder de no resistir a la operación salvífica del Espíritu). De ahí pueden provenir el arrepentimiento y la regeneración espiritual. Sin embargo, todo esto es preparatorio y provisional (se puede perder), ya que la salvación está condicionada totalmente por la fe del sujeto. Sólo mediante el acto de fe se obtiene la salvación. Si el hombre continúa creyendo, persevera en la salvación. Si cesa de creer, la pierde.
D)Concepto Calvinista o “Reformado”. El punto clave es la justificación por la justicia de Cristo (Ef. 2:8 “Por gracia sois salvos por medio de la fe”. No es la fe la que salva, sino la gracia; como no es el tenedor el que alimenta, sino lo que tomamos con el tenedor). La mayoría de los Reformados, al hacer énfasis sobre la iniciativa libre y soberana de Dios en la salvación del hombre, colocan primero el llamamiento interior y la regeneración espiritual. Avivado el subconsciente, el proceso aflora a la conciencia con la conversión, que incluye fe y arrepentimiento. Con la fe se conecta la justificación y la adopción. El nuevo estado comporta una nueva obediencia en la santificación. Dios se encarga de preservar con su gracia a los fieles para la glorificación.8
CUESTIONARIO:
1. ¿A qué se llama “orden de la salvación”? — 2. ¿Cuál es la relación entre los dos estadios de la Historia de la Salvación? 3. —. ¿Cuál era el papel de la Ley? — 4. ¿Qué matices implica el verbo “cumplir” en Mt. 5:17? — 5. ¿Qué entendemos por “orden subjetivo de la salvación”? — 6. Conceptos Católico-Romano, Arminiano, Luterano y Calvinista de “orden de la salvación”.

3. Con este título es ya famoso el libro de O. Cullman, editado por EP (Barcelona, 1967).
4. V. E.F. Kevan, La Ley y el Evangelio (Barcelona, EEE, 1967), así como mi libro Etica Cristiana (Tarrasa, CLIE, 1975), lecciones 8.ª y 20.ª.
5. V. L. Berkhof, Systematic Theology, pp. 415ss.
6. Más detalles, en mi libro Catolicismo Romano (Tarrasa, CLIE, 1972, pp. 139-162.
7. En otros aspectos del proceso de la salvación, el arminianismo sigue diversas líneas, pudiendo distinguirse entre el arminianismo radical y el moderado o wesleyano, como veremos después.
8. Por regla general, los Bautistas Particulares son en este punto calvinistas, mientras que los Bautistas Generales suelen ser arminianos.
LECCION 3.ª
LA UNION CON JESUCRISTO
1. «En Cristo»
El orden de la salvación comienza con la libre y amorosa iniciativa de Dios Padre de salvar al hombre. Pero los hombres no son salvos, sin más, por el amor de Dios Padre. Es preciso que el carácter santo de Dios quede también salvaguardado. Para ello envía Dios Padre a Su Hijo Unigénito al mundo: para que, haciéndose hombre, sea el único Mediador entre Dios y los hombres, hecho nuestro sustituto. En El somos hechos “justicia de Dios” (2.ª Cor. 5:21). Por eso, es preciso recordar que no sólo somos salvos por medio de Jesucristo, sino también en El, es decir, unidos a El.
Dice J. Murray, en su libro Redemption Accomplished and Applied:
“La unión con Cristo es realmente la verdad central de toda la doctrina de la salvación, no sólo en su aplicación, sino también en su realización, una vez por todas, en la obra acabada de Cristo. En efecto, todo el proceso de la salvación tiene su origen en una fase de unión con Cristo, y la salvación tiene en perspectiva la realización de otras fases de unión con Cristo.”9
De aquí el uso frecuente que el Nuevo Testamento hace de la expresión “en Cristo”. E.F. Kevan define así esta unión con Cristo: “Es la unión íntima, vital y espiritual entre Cristo y Su pueblo, en virtud de la cual El es la fuente de su vida y de su fortaleza, de sus bendiciones y de su salvación.” Como el mismo autor advierte, esta unión quedó establecida por institución divina, cuando Dios constituyó a Cristo como Cabeza de una nueva humanidad.
Así no es extraño que los creyentes aparezcan ya “escogidos en Cristo” (Ef. 1:4), “aceptos en el Amado” (Ef. 1:6), “arraigados, sobreedificados y confirmados en El” (Col. 2:7), “hechos justicia de Dios en El” (2.ª Cor. 5:21), hasta que nuestra glorificación final sea manifiesta con El (Col. 3:3; 1.ª Jn. 3:2). Véanse también otros lugares como Rom. 5:12-21; 6:2-11; 8:17; 1.ª Cor. 1:30; 15:22; Ef. 2:4-6,10; 1.ª Tes. 4:14,16; Ap. 14:13.
2. Propiedades de nuestra unión con Jesucristo
Por tanto, puede decirse que esta unión de los creyentes con Cristo es:
A)eterna, ya que han sido escogidos en El desde la eternidad. Sin embargo, para evitar falsas interpretaciones, hemos de añadir enseguida que dicha unión es eterna en sentido intencional, es decir, en cuanto existe en la mente y en el propósito de Dios (Rom. 8:28-29), pero se hace concretamente salvífica y real, para cada uno, en el tiempo en que se reviste de Cristo por la fe (Gál. 3:26-27). Distinguiendo así los dos estadios, vemos que Cristo es nuestro sustituto en la Cruz en virtud del pacto de la redención, mientras que pasa a ser realmente nuestra Cabeza en virtud del pacto de la gracia, cuando nos incorporamos a El como miembros suyos.
B)espiritual, no sólo porque establece un vínculo espiritual con Cristo, sino también porque es realizada, mantenida y perfeccionada por el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo. El Espíritu nos regenera, nos consagra, nos inhabita y nos sella para la eternidad de la vida espiritual glorificada (V. Jn. 3:3-8; 14:16-17; 16:7; Rom. 8:9-11; 1.ª Cor. 6:17,19; 12:13; 2.ª Cor. 3:18; 1.ª Ped. 1:11; 1.ª Jn. 3:24; 4:13).
C)mística; por tres motivos:
(a)por haber sido un misterio escondido desde la eternidad en el seno de Dios, pero manifestado ahora (Col. 1:26-27);
(b)porque es invisible a los ojos de la carne;
(c)para distinguirla de toda otra unión que la naturaleza o la Palabra de Dios nos presentan. No es una unión esencial como la que existe entre las personas divinas; ni personal (hipostática) como la que existe entre la humanidad y la divinidad de Jesucristo; ni es meramente una unión moral o afectiva, como entre amigos o miembros de una misma sociedad o de un mismo club. Es diferente a todo ello y, por eso, las analogías que la Palabra de Dios nos ofrece la comparan, sin identificarla, a cosas tan diversamente unidas como las personas divinas (Jn. 17:21) o las piedras de un edificio (Ef. 2:19-22; 1.ª Ped. 2:4-5), pasando por la unión entre la cepa y los pámpanos (Jn. 15:1ss.), entre la cabeza y los miembros (Ef. 4:15-16), entre esposo y esposa (Jn. 3:29: Ef. 5:22-23), o entre un cabeza de familia y su posteridad (Rom. 5:12-19; 1.ª Cor. 15:19-49).
D)directa, o sea, no mediatizada por hombres ni condicionada por obras.
E)orgánica y, por tanto, dinámica y funcional.
F)indisoluble, pues depende de la promesa de Jesucristo y de la gracia de Dios en El.
G)inescrutable. Su intimidad es tal que puede, a veces, pasar desapercibida hasta para el propio poseedor, de modo que necesita ser contrastada con el “test” de la obediencia, para no llamarse a engaño.10
3. Consecuencias de esta doctrina
Nuestra unión con Jesucristo comporta:
A’)una metamorfosis (“metamorphústhe” Rom. 12:2), ya que hemos sido hechos nuevas creaturas (2.ª Cor. 5:17; Gál. 6:15; Ef. 2:10), que se dejan conducir por el Espíritu Santo y cuya brújula ha cambiado de norte.
B’)una metánoia, o sea, un ejercicio nuevo (cambiado) de nuestras facultades por el arrepentimiento y la fe: un convertirse a Dios desde los ídolos (1.ª Tes. 1:9).
C’)una posición legal de justificados ante Dios (Hech. 13:39; Rom. 6:7-8; 7:4; 8:1,17; 1.ª Cor. 1:30; 6:11; 2.ª Cor. 5:14,21).
D’)una santificación continua, por el poder asimilador de la vida de Jesucristo, mediante el poder del Espíritu (Rom. 6:22; 2.ª Tes. 2:13; 1.ª Ped. 1:2).
E’)una “koinonía”, o sea, una comunión con Cristo: comunión de fortaleza y de debilidad, de sufrimiento y de gozo, de tentación y de seguridad, de trabajo y de descanso, de deshonra y de gloria. Y, en virtud de esta comunión con Jesucristo, se establece también la comunión con los demás creyentes, lo cual constituye el fundamento de toda la Eclesiología. Por eso, esta comunión no se pierde en vagos y abstractos misticismos, sino que se manifiesta en concretísimas realidades (V. Jn. 17:21; 1.ª Cor. 10:17; Ef. 2:15; 4:3-16; Flp. 3:10ss.; 4:13; Col. 1:24; Heb. 2:18; 4:15; 1.ª Ped. 4:13; 1.ª Jn. 1:3; 3:16-18).11
CUESTIONARIO:
1. ¿Cuál es la importancia de la unión con Cristo en el proceso de la salvación? — 2. ¿Cómo podemos describir tal unión? — 3. ¿En qué sentido es dicha unión eterna, actual, espiritual, mística, directa, orgánica e indisoluble? — 4. ¿Qué consecuencias implica esta unión respecto a nuestra condición interior, a nuestra posición legal ante Dios, a nuestra relación con Cristo y con los demás creyentes?

9. Pág. 161.
10. V. el libro de G. Spring Los rasgos distintivos del verdadero cristiano (trad. de F. Lacueva, Barcelona, EEE, 1971).
11. V. también L. Berkhof, Systematic Theology, pp. 447-453; L.S. Chafer, Systematic Theology, III, pp. 248-266; E.F. Kevan, Dogmatic Theology, V, lecc. 1.ª, pp. 6-7; J. Murray, Redemption Accomplished and Applied, pp. 161-173; A.H. Strong, Systematic Theology, pp. 795-809.
LECCION 4.ª
LA TAREA DEL ESPIRITU SANTO EN EL ORDEN DE LA SALVACION
1. Necesidad de la obra del Espíritu Santo
La aplicación de la obra de la redención no es automática ni se obtiene mecánicamente. Por una parte, el hombre pecador está espiritualmente muerto y, por tanto, es absolutamente incapaz en el orden moral para reorientarse hacia Dios y dar un correcto sentido religioso a su vida. Por otra parte, la salvación comporta un proceso personal, consciente y voluntario. Es cierto que Dios tiene toda la iniciativa de su gracia misericordiosa frente a la radical miseria espiritual del hombre, pero el hombre no es un mero receptor de salvación; ha de hacer algo. Si puede resistir al mensaje del Evangelio, también puede rendirse en obediencia al Evangelio. Sin embargo, es de capital importancia una distinción a este respecto: para resistir al mensaje, le basta al hombre con la perversa inclinación de su naturaleza corrompida por el pecado; en cambio, para no resistir, para rendirse a Cristo por la fe, para obedecer al Evangelio, necesita de parte de Dios una mirada eterna de pura misericordia, una gracia o favor dispensado a su persona, y un poder que contrarreste la mala disposición que el pecado ha introducido en su interior.
2. El Espíritu Santo en la regeneración
Cuando se analizan pasajes como Juan 3:3; 6:44; Rom. 3:10-18; 1.ª Cor. 2:14; 2.ª Cor. 4:3-4; Ef. 2:1-3,8-9; Flp. 2:13, se advierte inmediatamente la radical impotencia del hombre caído en orden a su salvación. El hombre es, por naturaleza, “hijo de ira” (Ef. 2:3), esclavo del pecado y del demonio (Jn. 8:34). Pero Cristo venció en la Cruz al príncipe de las tinieblas y le arrebató su presa, precisamente cuando era llegada la hora del poder de las tinieblas. Y fue el Espíritu Santo quien guió todos los pasos de Cristo, desde su bautismo hasta la Cruz (pues se le había dado el Espíritu sin medida, Jn. 3:34), y quien le resucitó a una nueva vida (Rom. 8:11). Cuando Cristo hubo consumado su obra en la Cruz y ascendido al Cielo, envió al Espíritu para que aplicase la obra de la redención. Y ¿por dónde iba a empezar? Para que el hombre respondiese personal, consciente y voluntariamente a la iniciativa divina, era necesario que antes recibiese una nueva vida espiritual, que naciese del Espíritu (Jn. 1:12-13; 3:3ss.) para poder ser partícipe de la naturaleza divina (2.ª Ped. 1:4). A esta regeneración obrada por el Espíritu, corresponde de parte del hombre una metánoia o transformación de su mentalidad, la cual es realizada por la convicción (“elénxei”) que el Espíritu proporciona acerca de nuestra condición pecadora. Esta convicción de pecado nos dispone a sentir la necesidad de un Salvador, pues no podemos salvamos por nuestras propias fuerzas. Es entonces cuando el Espíritu nos conduce al pie de la Cruz del Salvador. Incluso el mundo inconverso queda convicto, si no convencido, del pecado de incredulidad, de la justicia de Jesucristo, y de la derrota de Satanás, del juicio que hizo caer al demonio mientras Jesús era levantado en la Cruz en nuestro lugar (Jn. 3:14,18; 16:7-11; Ef. 4:8-9; Col. 2:14-15; Apoc. 12:9-10).
3. El Espíritu Santo en la justificación
Si la convicción del pecado, provocada por el Espíritu, lleva al arrepentimiento, la fe, comprobada en la aceptación de la justicia de Cristo, es también don del Espíritu (Ef. 2:8). El que nace del Espíritu puede ver, con el Reino de Dios (Jn. 3:3), al que levantado en la Cruz, espera la mirada angustiosa del pecador, para salvarle (Jn. 3:14-16). El Espíritu es el poder personal que enseña y arrastra al hombre hacia Jesucristo (Jn. 6:39-40,44-45). El es el que pone la sed en el corazón y el que da el agua viva que la apaga (Jn. 4:10; 6:35; 7:37-39). El es quien usa la agencia instrumental de la Palabra y la agencia ministerial del predicador, para inducir el acto de fe en el subconsciente del pecador (Jn. 3:5; Rom. 10:10,17). Así la fe no es producto de la elocuencia del predicador ni de la decisión del sujeto.
4. El Espíritu Santo en la santificación
La santificación es un andar según el Espíritu (Rom. 8:4,9,13), ser conducido por el Espíritu (Rom. 8:14). Expresamente se atribuye la santificación al Espíritu en 2.ª Tes. 2:13; 1.ª Ped. 1:2. El amor, motor y cima de la vida cristiana, es derramado en nuestros corazones por el Espíritu (Rom. 5:5), Dador de todos los dones (1.ª Cor. 12:4). Y suyos son todos los frutos de la vida cristiana (Rom. 6:22, comp. con Gál. 5:22-23).
5. El Espíritu Santo y la glorificación del creyente
El que come, por fe, a Cristo, queda sellado para la resurrección (Jn. 6:54). Este sello es la impresión del Espíritu Santo (2.ª Cor. 1:22; Ef. 1:13; 4:30), pues El es quien resucitará a los creyentes muertos como resucitó a Jesucristo (Rom. 8:11, comp. con 1.ª Cor. 15:45), cuando se perfeccionará nuestra redención (Flp. 3:11,14,21; 1.ª Jn. 3:2).
6. La obra general del Espíritu Santo
Además de estas operaciones de la 3.ª persona divina en la aplicación de la salvación, hemos de añadir que todo hálito de vida y toda gracia general se atribuyen al Espíritu de Dios: A su cobijo, surgen el orden y la vida orgánica de la tierra (Gén. 1:2); surge también la vida humana (Gén. 2:7). Con su hálito, revive Israel como nación (Ez. 37:5,9,14). El mismo Espíritu que llena a la Iglesia en Pentecostés (Hech. 2:4), está realizando la liberación de la creación entera (Rom. 8:21,23). Todo cuanto hay de bueno en el mundo, aun entre los inconversos, proviene de El y es El quien dispone las mentes y los corazones para recibir la Palabra y la salvación.
7. Dos escollos que hay que evitar
Empalmando con el pº 1 de esta lección, advertimos ahora que una perfecta conjugación de la iniciativa salvífica de Dios en Jesucristo con la cooperación personal y consciente del hombre, movido por la acción del Espíritu, nos librará de dos escollos igualmente peligrosos: el activismo pelagiano (Nomismo) y el pasivismo ultracalvinista (Antinomianismo).12
CUESTIONARIO:
1. ¿Por qué es necesaria la obra del Espíritu Santo en el orden de la salvación? — 2. La obra del Espíritu en la regeneración, en la justificación, en la santificación y en la glorificación del creyente. — 3. La obra general del Espíritu en el mundo. — 4. ¿Qué dos escollos hay que evitar en esta materia?

12. Para toda la materia de esta lección, ver también L. Berkhof, o. c., pp. 423-431; L.S. Chafer, o. c., III, pp. 210-224.
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