Kitabı oxu: «Padre e hija»

Françoise Dolto
Padre e hija
Correspondencia

| Dolto, FrançoisePadre e hija : correspondencia / Françoise Dolto. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2017.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineTraducción de: Alejandrina Falcón.ISBN 978-987-599-495-91. Literatura. I. Falcón, Alejandrina, trad. II. Título.CDD 840 |
Traducción: Alejandrina Falcón
Ilustraciones de tapa y contratapa: María Rabinovich
Diseño: Verónica Feinmann
Edición: Octavio Kulesz
Título original: Père et fille. Une correspondance
© Gallimard, 2001
© Libros del Zorzal, 2006
Buenos Aires, Argentina
Libros del Zorzal
Printed in Argentina
Hecho el depósito que previene la ley 11.723
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Índice
Prefacio | 5
1914 | 8
1916 | 9
1917 | 10
1921 | 11
1929 | 14
1930 | 19
1931 | 22
1932 | 25
1933 | 27
1934 | 34
1935 | 38
1936 | 44
1937 | 57
1938 | 60
Françoise Dolto | 82
Prefacio
Entre el padre, Henry Marette, y su hija Françoise, que se convertirá en Françoise Dolto, algunos jalo-nes de una correspondencia sugieren un itinerario notable. Veinticuatro años han pasado entre las bre-ves líneas fechadas el 8 de noviembre de 1914 en que, al día siguiente de una declaración de guerra, acaba de cumplir seis años y admira su bello uni-forme de capitán en la foto, y la extensa y “confiada síntesis definitiva” del 15 de junio de 1938 cuando, en el umbral de una nueva guerra, se dirige a aquel a quien considera el único capaz de escuchar la ver-dad sobre el aislamiento familiar impuesto por la violencia reivindicativa de su madre. A riesgo de no verlo más, ha decidido despedirse claramente del drama iniciado después de la muerte de Jacqueline, su hermana mayor. El duelo por esa hija tan querida y la fidelidad absoluta exigida a cada uno de sus cumpleaños, temida cada año para el aniversario de su muerte o celebrada con una misa para su naci-miento, durante años hará de Françoise, quien se somete plenamente a ello, “la otra hija”, o aun “la hija que queda”. A ese padre, cuyo pudor extremo
teme, le escribe que lo extraña, que le gustaría mucho que le hablara de su juventud; le pide que acepte su exuberancia sin criticarla, para poder mostrarse “¡paf! –tal como pienso y con todo mi co-razón”. Se muestra conmovida cuando, embarcado en un buque transatlántico que lo lleva a los Esta-dos Unidos, él se preocupa tan vivamente por no estar junto a ella en el momento en que es sometida a una operación de apendicitis. “En tus líneas había tanto afecto que mi corazón se sentía muy cerca del tuyo. Y, sin embargo, no es una novedad: me consta que tu afecto hacia mí se ha duplicado por otro que fatalmente ha recaído un poco sobre mí”.1 1 Acaso podría expresarse mejor aquella sombra que pesaba sobre esa pequeña de doce años. Su última síntesis aún testimonia la confianza durable, púdicamente construida con el correr del tiempo y de las pruebas. Ella sabe que, tras la apariencia de severidad de las críticas paternas sobre su persona, él intenta conte-ner la rabia de una madre desesperada que asiste al alejamiento definitivo de su hija. ¿No es ése, acaso, el padre amante y “tiernamente querido” que en medio de una gran depresión la alentó a iniciar, en 1934, una cura psicoanalítica gracias a la cual logra alcanzar el pleno dominio de sus facultades? Mediante esta carta, cuya copia fue hallada en sus archi-vos y de la cual jamás se sabrá si fue enviada –y, en última instancia, al término de este itinerario, tampo-co importa–, ella desea dar testimonio para sí misma de su transformación radical, del orgullo que eso le causa, y también del orgullo que siente por ser la hija de ese padre, y poder al fin realizar los sueños y la vida de los que se siente definitivamente digna.
Asimismo, al comenzar el viaje analítico que le permitió descubrir su vocación, sin duda ya había descubierto la apuesta esencial, en la que su padre fue un compañero privilegiado: “Mi mayor deseo en este momento es conducir hasta el final este difícil tratamiento, porque sé que la mejor manera de agradecerte es convertirme en una mujer –en el sen-tido pleno de la palabra– de la que puedas sentirte orgulloso, y todo ello simplemente dejando actuar en mí la naturaleza que me has dado”2.
Muriel Djéribi-Valentin
1 Carta del 25 de abril de 1929.
2 Carta del 22 de julio de 1934.

1914
8 de noviembre de 1914 1
Mi querido papá:
Me habría encantado verte y espero que vengas muy pronto. Se te ve muy bien en la fotografía, con tu uniforme de capitán. Me gustaría escribirte una carta más larga pero no sé qué decirte. Entonces te mando muchos besos.
Françoise
Noviembre de 1914 2
Mi querido papá:
Te agradezco por travajar para mí y por hacer largos viajes de 3 días y, durante el verano, no pudiste vernos y estabas solo durante 3 meses, estuviste solo y yo casi nunca te escriví, pero ¡eres tan bueno con nosotros! Y además te quiero con todo mi corazón y, para demostrarte que te quiero me voy a portar muy bien, y para mostrarte que te quiero especialmente porque travajas para darle dinero a mamá, para darnos de comer y para bestirnos. Te mando un beso muy grande.
Françoise Marette
1916
Domingo 6 de febrero de 1916
Mi querido Papá:
¿Tuviste un buen viaje? ¿No te sentiste mareado3? Quisiera que los días fueran menos largos, porque quisiera volver a verte. Voy a rezar mucho para que regreses pronto. Hoy fuimos al parque con mamá, me puso muy contenta ir con mamá y mamá nos compró una pelota a fifi4 y a mí, y entonces jugamos mucho. Voy a escribirte todos los días porque sé que eso te gusta. Me voy a portar muy bien porque sé que te vas a poner contento cuando te lo diga que me porté bien, y yo también estaré contenta de poder decírtelo. Te mando un beso muy grande y te quiero mucho.
Françoise Marette
1917
Jueves 20.30 hs, 11 de julio de 1917 5
Mi querido papá:
Te deseo un feliz cumpleaños, será triste este año de guerra. Lejos de mamá y de todos nosotros debes estar muy muy triste; no te apenes, papá, que yo pienso en ti y rezo por ti desde hace 8 días; consuélate pensando que yo pienso en ti; ya tienes 43 años, ¡eso es mucho! Como regalo, ya que no tengo nada para darte, te doy mi corazón, y como no es gran cosa un corazón también voy a tratar de hacer el esfuerzo, hasta que nos vayamos a Italia, de portarme muy bien. Estoy contenta de ir a verte porque, de otro modo, habrías estado lejos de nosotros durante todo el verano.
Fuimos al jardín botánico y vimos víboras y cocodrilos del Nilo.
También vimos monos y había ratas que se robaban lo que les tirábamos a los monos y los monos las perseguían. Te mando un beso.
Françoise Marette
1921
Jueves 17 de marzo de 1921 6
Querido Papá:
Te escribo después de haber ido a comprar la leche. Debes aburrirte mucho estando solo; nosotros, sobre todo mamá, nos aburrimos sin ti. ¿Ya se han abierto los huevos de la señora Charlot? ¿Y cómo son los frutos de esa unión? Cuéntame si ya han comido profiteroles. Nosotros comimos puerros a la vinagreta. Estoy mucho mejor de mi resfrío, aun cuando siga con tos. Todos los armarios ya están ordenados ahora. Mamá nos compró unas palas, porque los locatarios se llevaron las que quedaban. Ya empezamos a hacer un gran pozo. Aquí hay un sol radiante y hace más calor fuera de la casa que en su interior. Mi reloj anda muy bien, pero Fifi ya perdió la cuerda del suyo. Como nos estamos yendo para la playa te mando un beso muy grande y te digo: Hasta luego hasta pronto.
F. Marette
Vic s/Cère, viernes 19 de agosto de 1921
Querido Papá:
¡Sólo faltan doce días para verte! Y catorce días para verte por mucho tiempo. La lluvia sigue cayendo sin cesar; cae tan fuerte que ya no se ve ni una piedrita en la Cère. ¡Seguro que la trucha de tres libras ha de estar contenta! Mamá está en cama, te habrás enterado de los detalles por Mademoiselle7. Espero que no sea nada. Todos los días, una multitud de personas se agolpa en la estación de trenes, para irse. De hecho, se dice que la temporada ha terminado. En el hotel, sólo quedan Richard Mouton y Cía., el Señor y la señora argelinos, y el viejo cura. Además, la comida ha mejorado mucho, y no es poco decir. Hay una nueva empleada doméstica. Sin duda ya la habrás visto. Es hábil, activa y limpia muy bien, en especial los botines. Los más chicos ya no bajan a cenar al hotel por temor a que tomen frío. Mademoiselle les hace arroz con leche o sopa de tapioca con un huevo pasado por agua y mermelada. Fifi declara que, después de todo eso, está “muy lleno”.
Te mando un beso muy muy grande. Hasta pronto.
F. Marette.
Vic s/Cère, martes 23 de agosto de 1921 8
Querido Papá:
Noté por la carta que escribiste el domingo que no sospechaste hasta qué punto mamá estuvo enferma, que sufrió mucho y que tuvo mucha fiebre. Se acostó al día siguiente de tu partida, es decir, el miércoles, pues había tenido muchísima fiebre durante la noche del martes al miércoles, y seguirá en cama por dos o tres días más. Hoy ya no tiene fiebre, pero le sigue doliendo mucho la cabeza y está agotada. El doctor afirma que podrá irse el 31, pero quizá esté muy cansada después de pasar toda una noche en el tren. Ayer volvió a llover torrencialmente; hoy ya no llueve; cada dos horas asoma un rayito de sol, pero hace frío.
Sólo faltan ocho días para verte. ¡Ojalá que la carta certificada para la casilla de Deauville no se retrase!
Un beso grande.
F. Marette
PD: En La Semaine Suzette, publicaron mi grafología: “Vence el obstáculo. Carácter impaciente, nervioso e irritable, pero franqueza, sincera, espontánea, generosa, gran benevolencia, le gusta el ruido, el movimiento, no le teme a nada.”
1929
10 de abril de 1929 9
No podrás creer, pequeña Françoise querida, con cuánta impaciencia esperaba el telegrama prometido. Yo creía que la operación debía realizarse el lunes 8 y, desde las tres de la tarde de ese día, estuve en ascuas. Eso duró veinticuatro largas horas, pues recién ayer 9 a las tres un boy me trajo las breves palabras esperadas. Es muy penoso hallarse así, aislado en medio del mar, sabiendo que lejos de uno se produce un acontecimiento al cual hubiéramos querido asistir, o casi, y cuyo resultado debemos esperar durante largas horas. Sería mejor no saber.
En fin, ahora todo ha terminado y ya estoy aliviado. Cuando esta carta esté en tu poder, mi gira habrá comenzado tres días atrás y tú habrás regresado a casa, y muy pronto podrás retomar tu vida cotidiana. Imagino que no habrás tenido demasiada aprehensión. Con todo, siempre es un poco riesgoso ponerse en manos de los doctores. Esta formalidad habrá tenido, cuento con eso, una benéfica influencia en tu estado de salud general y, puesto que era preciso someterse a ella, alegrémonos de que haya pasado. Este viaje va llegando a su fin. Creía que llegaríamos el 10, es decir, mañana, o el 11; pero no arribaremos a Nueva York hasta el viernes 12 por la mañana. Las formalidades del desembarco son bastante largas, y recién a las diez y media u once podremos estar en el hotel. Se hace largo, y sin embargo el De Grasse es admirable por su simplicidad y confort. Excepto por las dimensiones, no puedo sino compararlo con el Stella Polaris. Público poco numeroso (trescientos quince incluyendo turistas y tercera clase), de modo que podemos movernos con comodidad. El sábado por la tarde, después de tres días de calma chicha, el tiempo refrescó; y, desde las tres de la madrugada del sábado hasta el domingo a las once de la mañana, tuvimos una tormenta de aquéllas que afectó a muchas personas. Mi joven compañero, muy gentil, se descompuso y se había puesto tan amarillo que parecía un auténtico chino. Mi camarote es perfecto. Dispongo de un camarote espacioso (como el del Stella Polaris) para mí solo, con sala de baño, lavatorio, inodoro: todas comodidades que tienen su encanto. La existencia transcurre apacible y monótona. Vivimos en una semisomnolencia; nos dedicamos a comer, digerir, jugar al bridge, al ajedrez o al tejo sobre el puente.
Nada sensacional entre los pasajeros. En su mayoría, personas cuya compañía resulta agradable, que gustan de la calma y el confort.
La comida es deliciosa, muy superior a la del Stella Polaris, y se necesita una virtud verdaderamente sobrehumana para limitarse en el menú. Pese a esta sabia precaución, creo que tiendo a engordar un poco.
Del otro lado del agua, todo será diferente. Los oficiales de abordo son encantadores, en especial el comandante.
Cenamos en pequeñas mesas de cuatro. Sólo el comandante tiene una mesa para seis, e invita a cinco personas por comida. Hace tres días, fui invitado a cenar a su mesa, con tres mujeres estadounidenses; una de ellas ya era una mujer madura y las otras dos poseían un entusiasmo de todos los diablos, sacado de los cabarés de Montmartre...¡que ellas conocen infinitamente mejor que yo! Todo continuó en el salón de fumar, hasta la una de la mañana. Yo regalé el champagne que tuvo la virtud de enloquecerlas.
Mañana es nuestro último día a bordo. Habrá que rehacer las valijas, y nos dispersaremos todos a lo largo a y lo ancho del continente.
Por mi parte, me esforzaré para regresar lo más rápido posible, porque no veo la hora de volver a verlos a todos y de poder abrazarte a ti.
Espero encontrar, cuando llegue al hotel Pensylvania, un segundo telegrama con noticias tuyas que me confirmen las primeras, y por eso me urge tanto llegar.
Hasta pronto mi querida pequeña. Te beso muy tiernamente.
H. Marette
Jueves 25 de abril de 1929
Mi querido Papá:
La carta que recibí el martes, y que escribiste sobre el De Grasse, me causó una alegría infinita. Después de leerla, tenía los ojos llenos de lágrimas, pero no podía explicarme el motivo, y me sucede lo mismo en este preciso momento. Todo esto te parecerá tonto. En tus líneas había tanto afecto que mi corazón se sentía muy cerca del tuyo. Y, sin embargo, no es una novedad: me consta que tu afecto hacia mí se ha duplicado por otro que fatalmente ha recaído un poco sobre mí; me siento feliz y disfruto de mi dicha, porque tengo todo y aun más de lo que podría desear; algunas veces quisiera decírtelo, acercarme a ti, mostrarme un poco a mi manera, que sería tan expansiva, lo que soy para ti en el fondo de mí misma; pero no, no muestro nada. Y he aquí una carta que viene de muy lejos, y siento que todo cambia de mí hacia ti. Si estuvieras aquí, qué rápido forzaría tu aire un poco ensimismado y cómo sabría compensarte y mostrarme –¡paf!– tal como soy, y ya no tendría temor de molestarte ni temor de que no me comprendas y me consideres rara o completamente loca. Pero qué importa, yo te escribí así –¡paf!– tal como pienso y con todo mi corazón.
Lamenté mucho que te hubieras equivocado en la fecha de mi operación, y me pregunto cómo pudo pasar; creí haberte explicado bien que ingresaba a la clínica el lunes y que sería operada el martes por la mañana.
Ahora estoy perfectamente bien. Volví a casa el viernes 19; y, desde entonces, cada día doy un breve paseo por el bosque. Mañana ya habrán pasado ocho días. No siento más que un vago e insignificante cansancio por la noche, que desaparece cada mañana. Los primeros días, vegetaba en la casa, no hacía nada salvo leer de tanto en tanto y disfrutar de no hacer nada, aunque eso me diera cierta vergüenza; sin embargo, ayer retomé mi violín y mis vestidos, con placer y entusiasmo. He vuelto, pues, totalmente a mi estado normal. Adelgacé bastante, seguramente dos o tres kilos; de hecho, todo el mundo lo nota; según Capette y Rouy 10 todo debe seguir así. ¡Ojalá sea verdad lo que dicen!
El lunes, el señor y la señora Vinson vinieron a visitarnos. Muy alegres los dos. Nos contaron que el violonchelista (el que no quería hacer nada, y que ellos habían mandado a una escuela de relojería en Suiza) quiere hacerse cura y, con ese fin, está en una casa especial donde le hacen completar sus estudios truncos, para luego poder ingresar al Seminario. En cuanto al violinista, los dejó y se ha ido a vivir con su hermano mayor, el cura, a Ménilmontant, para ocuparse únicamente de patronatos. ¡Probablemente termine haciendo como los demás! Y el señor Vinson se ríe de todo esto diciendo: “¡Oh, qué gracioso! ¡Oh, Oh, pero qué gracioso es todo esto! ¡y eso que no hemos hecho nada para que suceda!”.
Aún no tengo noticias de mi envío a la exposición de artistas decoradores. El reglamento no dice si el aviso se recibe en todos los casos. Sólo dice que “los autores cuyas obras no sean aceptadas deben retirarlas en el curso de los tres días posteriores a la recepción del aviso que los informa de ello.” Entonces, en ese caso, sí hay aviso. Parece que en el Salón es igual, y que si uno no recibe nada quiere decir que ha sido admitido. Sea como fuere, hoy o mañana iré a ver al Grand Palais.
Recibí noticias de los Dauvin, que ya están mucho mejor ahora. Se están construyendo una pequeña casa en Croisic, y vendrán a París desde principios de mayo hasta fines de junio.
Tía Charlotte fue a verme dos veces a la calle Blomet, y vino aquí el martes por la noche, con Hedwige. La madre de esta última está cada vez peor, y su hermana tampoco anda bien. Babeth dará mañana un concierto con un joven violinista español o argentino. No creo que vaya.
Te dejo, mi querido Papá, te beso tan tiernamente como te quiero. “Tu niña buena”.
Françoise
1930
9 de septiembre de 1930, Ker Helios, Pornic
Mi querido papá:
Hoy probablemente no recibas carta de mamá, pues para asegurarse de despedir a Raymond, ayer telegrafió a Charlotte11 diciendo que hoy iría para allá con Pierre y los Hurel. Llovió y hubo viento durante toda la noche, y el mar está bastante revuelto pero el tiempo es espléndido. Ha pasado mucho tiempo desde el último día soleado. Mamá recibió ayer tu postal de Fontainebleau. Yo también quisiera algún día ir contigo a ver los sitios en los que viviste tanto tiempo después de la Escuela Politécnica, mientras me cuentas tus recuerdos; tenemos que hacerlo algún día.
Desde tu partida, una noche vinieron después de la cena el marino, su novia y los Coussin. Jugamos a un juego que habíamos aprendido en casa de la novia del marino, y para el cual ella había traído sus propias fichas: el bacará. Ese juego tenía la ventaja de ocupar a todos a la vez, incluidos el señor y la señora Hurel y mamá; en tanto que el bridge los habría aburrido, pues los Coussin no saben jugar. Pero, con mi habitual mala suerte, perdí dieciocho francos en media hora, jugando por muy poco. Por esa razón, dejé de jugar y me limité a mirar. Ayer, por desgracia, jugué al bridge. ¡Perdí nueve francos en el acto! Aunque no llegaban a nueve. Desde que llueve, leo bastante. L’ hôtel de Rambouillet me divirtió mucho. También leí el Songe de Montherland y Sous le soleil de Satan, pero lamentablemente debo esperar a que mamá haya terminado los demás para continuar la serie. Es una lectura muy curiosa, bastante agotadora y no muy agradable, pero tengo muchas ganas de leerlos a los tres para saber a qué quiere llegar.
Recibí una postal de Madeleine M. de T., desde Fontenay, en la que me dice que su abuela tuvo un ataque de parálisis y está muy mal; los llamaron de urgencia desde Deauville el 30 de agosto. Desde entonces, su estado es estacionario. Pienso que la idea de ver a mamá mañana debe ponerte muy feliz.
Ojalá ella pueda estar un poco tranquila en París. Te beso tiernamente.
Françoise
París, sábado de 1930
Dos palabras, mi buena Françoise, y muy tardías, para agradecerte por tu amable carta del martes pasado. Sí, a mí también me dará mucho gusto mostrarte Fontainebleau y llevarte a Barbizon, donde visitamos la casa y el taller de J.F. Millet. El hombre que hace de guía en el lugar, tan parecido al señor Chapelot, rinde un verdadero culto a la memoria de ese pobre gran artista que crió nueve hijos en la más profunda de las miserias.
Hemos estado muy ocupados aquí desde que tu madre llegó. Ella te contará todo lo que hicimos, incluyendo algunas deliciosas comidas, en particular en la rôtisserie périgourdine con los Hurel.
Ayer por la noche, los Chaix nos invitaron a tu mamá y a mí; pasamos una velada encantadora, los cuatro juntos. Tiempo más bien sombrío, me hace pensar en ustedes. El morceau de sucre ha de estar completamente desierto ahora.
Ya lo decidí: para el casamiento, me vestiré como un joven galán, es decir, no usaré el sombrero de copa. Los Chaix aprobaron altamente mi decisión al tiempo que me ofrecían el préstamo de tan incómodo instrumento.
Dentro de ocho días, me embarcaré con Phi, y así tendré una semana más junto a ustedes.
Te mando tiernos besos.
H. Marette
1931
Sábado 3 de octubre de 1931 - 11.30 hs. Noche.
Mi querido papá:
En un primer momento, pensé en enviarte un telegrama a Deauville para decirte que no volvería el lunes, como estaba previsto; pero luego pensé que podrían tomarse la cosa a la tremenda, e interpretar que me había hecho daño o que estaba enferma, etcétera. Por eso, prefiero mandar esta carta mañana, a mi paso por Avignon.
Pulsuz fraqment bitdi.