Kitabı oxu: «Días de radio»

| Colección Tendencias | GABRIEL SOSA PLATA DÍAS DE RADIO CIEN AÑOS DE LA RADIO EN MÉXICO |
Días de radio.Cien años de la radio en México / México: Productora de Contenidos Culturales Sagahón Repoll, 2021.
(Colec. Tendencias)
ISBN 978-607-8346-65-3
1. Radio. 2. Historia de la radio. 3. México. 4. Radiodifusoras. 5. Legislación Radiodifusión y tecnología. 6. Tecnologías. I. Gabriel Sosa Plata
Días de radio. Cien años de la radio en México
Segunda edición, octubre de 2021
© De los textos: Gabriel Sosa Plata, Perla Olivia Rodríguez,
Aberto Esquivel Villar, Felipe León López.
D.R.© De las fotografías: Fototeca Nacional del INAH (SINAFO),
Fototeca Archivo General de la Nación (AGN), Leticia Pérez Valencia,
Victor Hugo Hernández, Miguel Ángel Aragonés y Juan Sisto, Rafael Cabrera.
D.R.© 2021, Productora de Contenidos Culturales
Sagahón Repoll, S. de R.L. de C.V. (Tintable)
Concepción Béistegui 2103-C4, colonia Narvarte
Benito Juárez, C.P. 03020, Ciudad de México.
www.tintable.com.mx
Coordinación editorial
Astrid Velasco, Jerónimo Repoll y Leonel Sagahón
Producción editorial
Estudio Sagahón
Diseño
Leonel Sagahón
Supervisor de contenidos
Jerónimo Repoll
Cuidado de la edición
Astrid Velasco, Zyanya Benavides, Itzel Torres y Tania Alejandra Zermeño
Asistente de iconografía
Miriam García
Formación y captura
Carmina B. Salas
Asistente de edición de Gabriel Sosa Plata
Roberto Hernández Cerón y Miroslava Callejas
Asistente iconográfica de Gabriel Sosa Plata
Claudia Segura Medina
Fotografía de portada
Cabina de transmisiones de la estación de radio XEX.
Archivo General de la Nación (AGN)
Agradecimiento
Mtra. Beatríz Solís Leree por compartir parte del acervo fotográfico de la revista El Universo de la Radio.
ISBN: 978-607-8346-65-3, Productora de Contenidos Culturales
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de los editores.
CONTENIDO
Presentación
Los cien años de la radio mexicana
Las primeras transmisiones. Constantino de Tárnava, el pionero de la radio mexicana
Radio Educación: los pioneros
La XEX: el sueño que Sordo Noriega nunca hizo realidad
Radio femenina
Radio Mil: instrumento de propaganda y digna competidora de la XEW
En la radio nació la TV
De Radio 590 La Pantera a La Sabrosita
Rock 101: icono de la radio juvenil
La XEB: Centenaria
Radio UNAM más allá de Perelló
Historias de programas y transmisiones
El programa más antiguo
La radio, el sismo de 1985 y el recuerdo
El mundo mágico de la radio nocturna
La radio en la era del partido único
Zabludovsky. El hombre noticia
La Casa Blanca. El reportaje y la presión política
Historias de tecnología
La radio AM. Del desierto a la selva
la FM: Orígenes en México
Radioactivo 98.5. Cuando la radio mexicana ingresó a Internet
Mi primer radio digital
¿Sí por cuál vota? Mi voto en el Día Mundial de la Radio
Radio automatizada. ¿Radio deshumanizada?
El podcast, un modelo para personalizar la radio
Fuentes Documentales
Créditos de los textos

Los locutores de radioteatros realizaban sus dramatizaciones en vivo para las emisoras de radio.

Desde los años treinta, los locutores se volvieron la voz de la sociedad moderna mexicana.

El Viejo Elpidio y sus músicos en XEW.
PRESENTACIÓN
Jerónimo Repoll
Sin duda la radio es uno de los medios de comunicación que mayor trascendencia histórica ha tenido, además de que es el que más penetración y acceso posee en cuanto audiencia. Con esto no sólo nos referimos a su alcance e influencia social y cultural, sino a que pervive transformándose: bajo demanda, en streaming y con la faz del podcast, convive con sus formas tradicionales de difusión por AM y FM.
No obstante, aun cuando la radio es uno de los medios de comunicación más relevantes por la cantidad de personas a las que llega (de todos los estratos sociales) y por su ubicuidad (se escucha incluso en los sitios más remotos), existe poca literatura que la aborde ya sea históricamente, o críticamente.
En este contexto, la presente obra se propone ser una aportación a este tema, haciendo una cuidadosa reconstrucción de la vida de la radio a lo largo del tiempo y con textos críticos sobre las políticas, la legislación respectivas a la radiodifusión en México y los derechos de las audiencias. Al respecto, se reflexiona sobre cómo (y después la televisión) fue un efectivo soporte de difusión ideológica para la configuración del nuevo Estado mexicano. Las leyes en materia de radio, además, incentivaron el desarrollo comercial de ésta y el involucramiento estatal en un papel de regulador de emisoras, y, paradójicamente, estimularon la concentración de emisoras en pocos grupos, lo cual incidió en la subordinación de contenidos al partido en el poder, a la censura y a la autocensura.
No obstante, esta función política ha coexistido con la social, en especial en la transmisión de información relevante, y con la de entretenimiento, que también ha sido muy significativa. Tal vez las nuevas generaciones no crecieron escuchando la radio como antaño, cuando las personas se reunían a su alrededor para escuchar su programa favorito, para cantar las canciones y bailarlas, o bien, para darle un vuelco al corazón con las noticias urgentes que se difundían en ese medio.
Gracias a ella se hizo un extenso e importante programa educativo, se popularizó la música de mariachis, se transmitieron historias inolvidables mediante radionovelas o radioteatros, o se nos cortó la respiración con las noticias de la guerra; nos aprendimos las letras de nuestros grupos de rock, participamos en la rebelión y, sin ir más lejos, de este medio surgieron algunos de los periodistas más respetados por el grueso de la sociedad, como Carmen Aristegui.
Este libro, de Gabriel Sosa Plata, que cuenta con la coautoría en algunos textos de Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, Alberto Esquivel y Felipe León López, nos narra lo que ha sucedido con la radiodifusión desde sus inicios en 1919 hasta la fecha: se relata el periplo de las estaciones comerciales, el surgimiento de la radio gubernamental y la de uso público, y el de aquélla con proyectos sociales o culturales independientes. Asimismo, se observa su transición de los programas en vivo a los de la música de discos o digital, de los grandes radioteatros a las pequeñas cabinas.
Desde tres perspectivas, la obra trata la historia de este medio de comunicación. La primera sección, “Historias de radiodifusoras”, relata su surgimiento en México comenzando por las primeras transmisiones para pasar a desmenuzar el importante proyecto de Radio Educación, que destaca tanto por ser pionero como por ser el más representativo de la vocación educativa y cultural de este medio; posteriormente, se aborda la radiodifusión en los casos de la XEX (de la mano de Sordo Noriega); de Radio Femenina, Radio Mil, Radio 590 (De La Pantera a La Sabrosita), Rock 101 y la XEB.
La segunda sección, “Historias de programas y transmisiones”, analiza en nueve capítulos una diversidad de enfoques y formas que ha asumido la radio desde “El programa más antiguo”. Aquí se destaca la labor social y política de este medio, en particular en el caso de los sismos de 1985, suceso que se recuerda particularmente gracias a los reportajes de Jacobo Zabludovsky, y en el del polémico reportaje de la Casa Blanca del presidente Enrique Peña Nieto, cuyos efectos fueron la salida de una de las periodistas más reconocidas de un grupo de medios y la desaparición del defensor de la audiencia, instancia que había representado un logro importantísimo para los derechos de los radioescuchas. En esta parte se muestra cómo ciertos programas han marcado a diversas generaciones de audiencias.
La tercera y última sección, “Historias de tecnología”, explica los orígenes y uso de AM y FM, con sus diferencias de alcance y de sonido; revisa “Cuando la radio mexicana ingresó a Internet” (con Radioactivo a la cabeza pero seguida por emisoras universitarias de la talla de Radio UNAM) y finaliza con un capítulo que cuestiona si la radio se ha deshumanizado y otro sobre el escenario que se despliega hacia el podcast.
El libro, además, está ilustrado con fotografías, que son documentos indispensables para comprender esta historia. Cabe señalar que los acervos iconográficos de este medio son escasos y muchas veces privados, por lo que resultó un trabajo de investigación paralelo dar con las imágenes adecuadas que nos pudieran transmitir la cercanía de la radio con sus escuchas.
Ciudad de México, septiembre de 2021

En las cabinas participaban cuando menos el locutor, el musicalizador, un efectista de audio y el director artístico.

El compositor Pedro Delille y la actriz María Luisa Carvajal.
LOS CIEN AÑOS DE LA RADIO MEXICANA
Gabriel Sosa Plata y Perla Olivia Rodríguez
A diferencia de lo ocurrido en otros países, en México no hay un pionero único de la radio ni una ciudad que pueda considerarse como la cuna de este medio de comunicación. Desde 1919, comenzaron las primeras pruebas experimentales y se generó en diferentes ciudades del país un interés hacia lo que se conocía como “radiotelefonía” o “telefonía inalámbrica”, pero fue particularmente en la Ciudad de México, en Monterrey (Nuevo León) y en Córdoba (Veracruz) donde se realizaron transmisiones formales en 1921.
Durante ese año se hicieron dos primeras transmisiones inalámbricas en el marco de las celebraciones del centenario de la Independencia. Una de ellas en agosto, en Córdoba, con motivo de la firma de los Tratados de Córdoba, mediante los cuales se oficializó la Independencia de México. La otra, el 27 de septiembre, cuando la Dirección General de Telégrafos instaló un aparato transmisor de radiotelefonía en la Exposición Comercial Internacional del Centenario, montada muy cerca del centro de la Ciudad de México.
Además de estas actividades auspiciadas por el gobierno, se realizaron dos transmisiones particulares que constituirían los verdaderos inicios de la radio mexicana por la concepción y estructura de sus contenidos. El mismo 27 de septiembre de 1921, durante la noche, Adolfo Enrique Gómez Fernández y su hermano Pedro instalaron un equipo transmisor marca De Forest en la planta baja del Teatro Ideal de la Ciudad de México y transmitieron, con 20 watts de potencia, un breve programa radiofónico que sería la primera de una serie de transmisiones realizadas los sábados y domingos, de 8:00 a 9:00 p.m., hasta enero de 1922.
El 9 de octubre de 1921, Constantino de Tárnava, un ingeniero en electricidad egresado de la Universidad de Notre Dame, hizo posible, después de dos años de experimentación, su primera transmisión. La denominada estación Tárnava Notre Dame continuó transmitiendo los miércoles de aquel año y posteriormente todos los días. Dicha emisora, que desde 1929 adquirió las siglas XEH, aún continúa en operaciones. A partir de 1922, muchos otros instalaron emisoras e hicieron experimentos radiofónicos. En Ciudad Juárez, Chihuahua, la Ciudad de México, Pachuca, Cuernavaca, Guadalajara, Morelia, San Luis Potosí y en otras poblaciones del país la radio se convirtió en un medio atractivo y novedoso.
Diversas fueron las estaciones importantes. El 8 de mayo de 1923, El Universal y la tienda de artículos electrónicos La Casa del Radio, propiedad de Raúl Azcárraga, inauguraron la primera estación con una inclinación periodística y de espectáculos: El Universal-La Casa del Radio, luego identificada como CYL. Otra emisora destacada fue El Buen Tono, puesta en operación el 15 de septiembre de 1923 por la fábrica de cigarrillos del mismo nombre, cuyo capital era de origen francés. Esta emisora, posteriormente conocida como la CYB y más tarde la XEB, destacó por el uso de las primeras técnicas publicitarias aplicadas a la radio. A la fecha sigue al aire bajo la operación del Instituto Mexicano de la Radio (IMER).
Con el deseo de intercambiar todas estas experiencias y de fomentar conferencias y seminarios, los aficionados a la radio constituyeron el 6 de julio de 1922 la primera organización formal de los radiodifusores: la Liga Nacional de Radio. Ésta se fusionó con el Centro de Ingenieros y el Club Central Mexicano de Radio para formar, el 6 de marzo de 1923, la Liga Mexicana de Radio. Uno de los primeros éxitos de esta alianza fue la organización, del 16 al 30 de junio de ese año, de la Primera Feria Nacional del Radio, en el Palacio de Minería de la Ciudad de México. El evento, inaugurado por el presidente Álvaro Obregón, fue un éxito gracias al interés que generó entre los capitalinos la exposición de equipos transmisores y receptores de radio. De acuerdo con Fernando Mejía Barquera, se trata de la segunda experiencia de ese tipo en el mundo: el único antecedente de la feria mexicana es la Exposición Panbritánica de la Radiofonía, que tuvo lugar en Londres en octubre de 1922.
El gobierno mexicano tuvo un destacado papel en los inicios de la radio. Aparte de las transmisiones de la Ciudad de México y Córdoba, instaló estaciones para la Secretaría de Relaciones Exteriores y la Secretaría de Guerra y Marina, en 1923, y para la de Educación Pública, en 1924. Esta última, como CZE, salió al aire el 30 de noviembre de 1924 y su primera transmisión oficial fue la protesta del general Plutarco Elías Calles como presidente de la República el 1º de diciembre. La CZE, luego denominada XFX y finalmente XEEP Radio Educación, dejó de operar en varios periodos. Desde 1968 transmite ininterrumpidamente.
Uno de los rasgos más relevantes en la historia de Radio Educación fue la cuantiosa y entusiasta participación de intelectuales y artistas que se identificaron con el medio naciente, además de que se impartieron conferencias y cursos sobre diversos temas. En 1940, la frecuencia de la XFX se transfiere al Departamento de Prensa y Publicidad (DAPP) del Ejecutivo federal y se reinician las transmisiones, aunque irregulares, con las siglas XEXM. Todo este periodo fue de inconsistencias hasta que en 1968 lanzó al aire nuevamente su señal en la frecuencia de 1060 KHz y un transmisor con una potencia de 20,000 watts.
A la par de ser operador de estaciones, el gobierno se convirtió en un fuerte impulsor de la radio como industria. La radio comercial, a pesar de la difícil situación económica generada por la Revolución mexicana (1910-1917), se transformó en pocos años en un excelente negocio. Lo pudo hacer gracias a las facilidades de carácter fiscal en la importación de equipos y pago de impuestos, el otorgamiento de permisos durante plazos amplios de operación (hasta de cincuenta años en las primeras disposiciones jurídicas en la materia), la obtención sencilla de autorizaciones para operar estaciones y otro tipo de estímulos.
Pero no todo esto fue gratuito. A cambio de estos apoyos, el gobierno —a través de la censura claramente establecida en la legislación y de una política corporativista que abarcó en general a casi todos los sectores de la sociedad— tuvo en la radio y, posteriormente, en la televisión dos de sus principales soportes de difusión ideológica para la exitosa configuración del nuevo Estado mexicano, en la que el presidente y el partido se convirtieron en las instituciones con mayor poder. Desde la década de los veinte, la radio cumplió en largos periodos históricos ese papel.
Es importante mencionar que durante la Conferencia Internacional de Telecomunicaciones, celebrada en Washington en 1929, a México le fueron asignadas nuevas siglas para identificación de servicios de comunicación: de la XAA hasta la XPZ. El gobierno, desde entonces, utiliza las siglas XE para la radiodifusión y años después, ante la aparición de más estaciones de televisión y de la frecuencia modulada, las letras XH.
La nueva era de la radio comercial
El 18 de septiembre de 1930 sale al aire la XEW, una estación que marca el tránsito de la radio experimental, que caracterizó los años veinte, a la radio de entretenimiento, de información, de amplia incidencia social y cultural y excelente negocio. Gracias a la visión de su propietario, Emilio Azcárraga Vidaurreta, en los ámbitos comercial, publicitario y de contenido, así como para las favorables condiciones establecidas por el gobierno para el desarrollo de la radio comercial, “La Voz de la América Latina desde México” se convirtió en una emisora influyente a lo largo de tres décadas.
De aquella estación de grandes estudios a los que el público podía asistir, surgieron algunas de las más influyentes figuras de la cultura popular mexicana de la época: los compositores y cantantes Agustín Lara y Francisco Gabilondo Soler “Cri Cri”; los intérpretes Pedro Vargas, Toña la Negra, Emilio Tuero, Lola Beltrán, Los Hermanos Gil, las Hermanas Águila, Ana María González, Amparo Montes, entre otros. El éxito de la estación fue contundente, varias decenas de radiodifusoras mostraron interés en transmitir algunos de sus programas. Como respuesta, Clemente Serna Martínez y Emilio Azcárraga Vidaurreta se asociaron en 1941 para formar Radio Programas de México (RPM), empresa pionera que explotó comercialmente los programas más importantes de la XEW y de la XEQ (fundada en 1938) a través, también por primera vez, de su grabación en cintas magnéticas y discos de acetato. Sus clientes habituales fueron sobre todo las estaciones pequeñas sin recursos para producir programas similares no sólo de México, sino también de países extranjeros.

Clemente Serna Martínez. Pionero radiodifusor de Radio Programas de México.
Bajo la tutela de RPM, Azcárraga y Serna crearon, también, la primera cadena radiofónica de México, Cadena Azul, que llegó a afiliar a más de la mitad de estaciones existentes en el país. Sus servicios, como los que después ofrecerían otros radiodifusores mexicanos, consistieron no sólo en la venta de programas, sino también en asesoría técnica y de administración, dotación de equipos y refacciones, entre otros. Asimismo, la cadena implicaba la posibilidad de que las estaciones pequeñas tuvieran un mayor número de anunciantes locales, mientras que para la RPM y las emisoras piloto, XEW y XEQ, suponía un acercamiento con las grandes empresas de publicidad, interesadas a su vez en lograr una mayor difusión.

Hermanas Águila, Tata Nacho, José Agustín Hernández y Pedro Vargas.
El éxito de RPM motivó a otros radiodifusores, sobre todo de la Ciudad de México, a crear organizaciones similares y, posteriormente, cadenas para enlazar vía telefónica y luego por microondas a diversas estaciones, lo que derivó en un desarrollo importante de la radiodifusión comercial. En los cuarenta surgen, entre otras, Radio Cadena Nacional (RCN), Cadena Radio Continental, Radiodifusoras Asociadas (RASA), Radiodifusoras Unidas Mexicanas (RUMSA), Cadena Radio Mil y Radio Central Radiofónica. En los cincuenta, la Cadena Vespertina RCN, la Red México y la Cadena Radio Tricolor, entre otras, intentaron y lograron crear cadenas a partir de la retransmisión de parte o de la totalidad de la programación de una estación piloto y ofrecer a los anunciantes paquetes de publicidad regional o nacional.1