Kitabı oxu: «¿Qué querés ser cuando seas grande?»
En el antiguo Egipto, los escribas eran hombres que dedicaban su vida a escribir jeroglíficos con la paciencia de un pintor. Actualmente hay egiptólogos que se dedican a descifrar esos mismos jeroglíficos con la paciencia de los antiguos escribas. Acaso el futuro vea nacer oficios que la ciencia ficción se ha encargado de inventar, tal vez haya un día en que podamos asistir a una universidad de superhéroes y obtener el título de Superman. ¿Quién sabe qué tareas tendremos que afrontar en el futuro y qué oficios seremos capaces de imaginar para llevarlas a cabo? ¿Quién sabe qué será del hombre cuando finalmente sea grande?
Índice general
Prólogo
Pequeña historia del trabajo
Un juego llamado trabajo
El universo del trabajo
| Agricultor |
| Vitivinicultor |
| Apicultora |
| Peón ganadero |
| Lechero |
| Pescador |
| Carnicero |
| Quesera |
| Cocinero |
| Panadera |
| Molinero |
| Buzo |
| Minero |
| Fundidor de metales |
| Herrero |
| Soldador |
| Vidriero |
| Cosechador forestal |
| Carpintero |
| Tornero |
| Papelero |
| Perfumista |
| Ladrillero |
| Tejedora |
| Talabartero |
| Modista |
| Zapatero |
| Albañil |
| Pintor |
| Jardinero |
| Arquitecto |
| Marinero |
| Estibador |
| Piloto |
| Chofer |
| Guía turístico |
| Gasolinero |
| Cartógrafa |
| Científico |
| Matemático |
| Inventor |
| Filósofo |
| Astronauta |
| Socióloga |
| Historiadora |
| Meteorólogo |
| Médico |
| Enfermera |
| Dentista |
| Laboratorista |
| Farmacéutico |
| Veterinario |
| Psicólogo |
| Peluquera |
| Nutricionista |
| Deportista |
| Escritor |
| Artista |
| Músico |
| Payaso |
| Cineasta |
| Artesana |
| Luthier |
| Taxidermista |
| Restauradora |
| Ingeniero |
| Electricista |
| Mecánico |
| Cerrajero |
| Fontanero |
| Relojero |
| Informático |
| Técnico en electrónica |
| Matricero |
| Impresor |
| Periodista |
| Fotógrafo |
| Dibujante |
| Diseñadora |
| Traductor |
| Conductora de TV |
| Publicista |
| Cajera |
| Vendedora |
| Maestra |
| Abogada |
| Detective |
| Policía |
| Salvavidas |
| Bombero |
| Recolector de residuos |
| Limpiadora |
| Bibliotecóloga |
| Secretaria |
| Telefonista |
| Repartidor |
| Mozo |
| Fumigador |
| Funebrero |
| Soñador |
Prólogo
Este libro sobre los oficios y sus condiciones de trabajo surge de una iniciativa del Ministerio del Trabajo y Seguridad Social del Uruguay (MTSS), que contó con la colaboración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). A partir de esa exitosa experiencia se ha preparado una adaptación para los niños y niñas de Latinoamérica.
En nuestra sociedad, el trabajo es un elemento central, que ocupa algo así como la tercera parte de la vida —y para algunos, lamentablemente, mucho más—. Sin embargo, en la edad escolar no solemos aprender aspectos relacionados con nuestra futura condición de trabajadores o trabajadoras —y menos en cuestiones vinculadas a la seguridad en el trabajo—, a pesar que en la vida adulta probablemente enfrentaremos situaciones relativas a derechos tan importantes como preservar y cuidar nuestro estado de salud.
Para prevenir hay que conocer, y para conocer hay que estar informado. Aprender a cuidarnos es una conducta que debemos incorporar desde pequeños y que comienza con el derecho a saber. Partiendo de esa necesidad y desde la convicción de que todos los trabajos son igualmente valiosos y necesarios para la humanidad, en este libro se describen los oficios más comunes y se destacan medidas de prevención frente a los riesgos que implican.
La OIT se dedica a generar mayores y mejores oportunidades para mujeres y hombres que trabajan. Precisamente, todos los oficios que se presentan en este libro deben ser considerados desde el concepto de trabajo decente en toda su dimensión. Esto implica que toda persona pueda «acceder al empleo en condiciones de libertad y reconocimiento de derechos básicos del trabajo, que reciba un ingreso que permita satisfacer las necesidades y responsabilidades básicas económicas, sociales y familiares, y que se logre un nivel de protección social para el trabajador, la trabajadora y los miembros de su familia, sin discriminación ni hostigamiento, garantizando el derecho de expresión y de participación laboral, directa o indirectamente a través de las organizaciones elegidas por los trabajadores y trabajadoras».
Queremos brindar a la familia trabajadora un material que genere un intercambio con los maestros de escuela, los compañeros y compañeras de clases, acerca de los oficios, sus condiciones de trabajo y la importancia de tener un trabajo de calidad y seguro.
Seguramente papá y mamá están trabajando en alguno de los oficios que aquí presentamos y podrán, a partir de la lectura conjunta con sus hijos, compartir sus vivencias laborales y sus anhelos de contribuir a un trabajo decente como eje central de nuestro desarrollo.
Agradecemos muy especialmente a los autores.
Guillermo Miranda
Director Regional Adjunto
Coordinación de Políticas y Programas
OIT

Pequeña historia del trabajo
La prehistoria y los agricultores
Hace ya más de un millón de años iniciamos nuestro camino en la Tierra. Si retrocediéramos a aquel momento inaugural, veríamos a un ser desprovisto, sin herramientas, solo poseedor de un cuerpo desnudo, sometido a los peligros de la naturaleza.
En el principio, la búsqueda de alimento era la principal ocupación de los seres humanos. Nuestros antepasados prehistóricos vivían trasladándose de un lado a otro, comiendo los frutos de los árboles, algunas plantas y cazando los animales salvajes que acechaban su morada.
Si una civilización avanzada hubiese sido testigo de nuestro nacimiento como especie, acaso nos habría pronosticado un futuro efímero. El hombre se veía como un animal más, pero sin las garras de un tigre para defenderse, ni el abundante pelo de un oso para protegerse del frío o la velocidad de una gacela para huir del peligro. Pero en su interior guardaba una vocación creadora y un espíritu infinitamente curioso, sus grandes aliados a la hora de sobrevivir.
De la contemplación sencilla de la naturaleza nació uno de los inventos más revolucionarios de todas las épocas: la agricultura. El ser humano pasó de arrancar los frutos de la tierra a aprender a cultivarlos. Algo similar ocurrió con los animales, cuando aprendió a domesticarlos y así creó la ganadería. Eran las mujeres las encargadas de desarrollar todas estas nuevas tareas, mientras los hombres dedicaban su tiempo a la caza y la defensa.
El ser humano, que durante miles de años había sido nómade, pasó a depender de la tierra que cultivaba y en torno a ella fundó sus primeras comunidades.
La aparición del agricultor preparó el terreno para la llegada de múltiples oficios. El carpintero, el herrero y el alfarero nacieron como encargados de proporcionar las herramientas para el cultivo.
Las primeras comunidades funcionaban como una gran familia, donde los bienes se compartían. No existían la propiedad privada ni el dinero. El trabajo era una tarea más en la vida de la comunidad y su único fin era asegurar la subsistencia de todos sus miembros.

Las primeras civilizaciones y los esclavos
Las cavernas se transformaron en casas, los arroyos en sistemas de agua corriente y los senderos en calles. Constructores, arquitectos e ingenieros nacieron para dar forma a esa segunda naturaleza artificial que nos cobija: la ciudad.
Entre los grandes constructores de ciudades de la Antigüedad se encuentran los romanos. A partir del año 27 a. C., Roma comenzó a expandirse a lo largo y ancho de toda Europa, creando así el Imperio Romano. La necesidad de resolver la convivencia de los miles de habitantes del Imperio los llevó a crear y perfeccionar una serie de inventos que subsisten hasta nuestros días.
Así nacieron los acueductos romanos, grandes construcciones de granito que llevaban el agua de los lagos y ríos situados en las montañas hasta las villas y las edificaciones de la ciudad. En la propia Roma la distribución del agua era realizada a través de una red de canales y tuberías que llegó a ocupar más de 400 kilómetros. También edificaron apartamentos de tres o cuatro pisos de altura, teatros que podían alojar a miles de personas, varios complejos de termas y el célebre Coliseo.
Caminos y puentes fueron tendidos para comunicar los seis millones de kilómetros cuadrados que llegó a tener el Imperio Romano en su apogeo. En esa época se acuñó la famosa frase «Todos los caminos conducen a Roma», dado que las más de cuatrocientas vías de piedra —antepasados de nuestras carreteras pavimentadas— comunicaban todas las ciudades y provincias con la capital del Imperio.
¿Pero quién se ocupó de realizar todos estos monumentales trabajos? Los esclavos romanos fueron los encargados de construir las ciudades, además de remar en las galeras, llevar a los patricios en sus literas e incluso arar las tierras del Imperio. Los esclavos fueron los grandes trabajadores de la época.
La palabra trabajo, justamente, proviene del latín tripallium, un yugo donde los esclavos eran amarrados y castigados cuando se negaban a realizar las tareas que les eran asignadas. Es que tanto en Roma como en Grecia —dos de las grandes civilizaciones de la Antigüedad— el trabajo era considerado una actividad impropia de hombres libres.
Los esclavos eran prisioneros de guerra, criminales convictos o personas empobrecidas que vendían su libertad como único medio de subsistencia. No tenían derechos, no recibían paga alguna, eran propiedad absoluta de sus dueños, quienes podían alquilarlos, venderlos o prestarlos. En Grecia era usual que cada ciudadano tuviera hasta un centenar de esclavos a su orden; en Roma algunos cónsules llegaron a tener mil.

Grandes pensadores de la historia, como Platón, Sócrates o Aristóteles, poseían esclavos y eran defensores de la esclavitud, porque la consideraban la mejor manera de resolver las cuestiones materiales de la vida, de manera que los hombres libres tuvieran el tiempo necesario para ocuparse del trabajo intelectual: la política, la filosofía y el arte.