Kitabı oxu: «Memorias de posguerra»
MEMORIAS DE POSGUERRA
DIÁLOGOS CON LA CULTURA DEL EXILIO (1939-1975)
MEMORIAS DE POSGUERRA
DIÁLOGOS CON LA CULTURA DEL EXILIO (1939-1975)
Manuel García
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
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© De los textos Manuel García, 2014
© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2014
Publicacions de la universitat de valència
http://puv.uv.es
Diseño de la maqueta: inmaculada Mesa
Fotografía de la cubierta: Exiliados camino de México. Vapor Sinaia (1939).
© fotografía Francisco souza
Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-370-9532-5
A Eduardo García Soria,
este libro de memorias republicanas
AGRADECIMIENTOS
Esta obra ha sido posible gracias a la generosidad de los protagonistas del exilio que accedieron a ser entrevistados.
Quiero dar las gracias a todas las personas que me ayudaron a realizar este libro: Rafael Acosta de Arriba, Fernando de Almansa Moreno Barreda, Federico Álvarez Arregui, Teresa Álvarez Aub, Angélica Arenal (†), Elena, María Luisa y Carmen Aub Barjau, Alejandro Aura (†), Roseta Ballester, Huberto Batis, Félix Beltrán, Walter Boelsterly Urrutia, Juan Manuel Bonet, Alba Cama Rojo (†), André Camp (†), María-Luisa Capella, Rosa Casanova García, Alejandro Castellanos Cadena, Ciprià y Consuelo Císcar Casabán, Helen Climent (†), Pilar, Lucía y Helena Climent, Teresa del Conde, Ángel Cosmos (†), Juan-Ignacio Cueto Ruiz Funes, Jorge Domingo Cuadriello, Gerardo Estrada, Montserrat Galí, Fernando Gamboa (†), Moisés Gamero de la Fuente (†), Neus Espresate, Xochitl Figueroa López, Foto Hermanos Mayo, Guadalupe y Nela Gaos Ballester, Julieta Giménez Cacho, Marta Hoffman, Nora Horna, Jesús Huguet, Mercedes Iturbe Argüelles (†), Miriam Kaiser, María Lagunes, Clara E. Lida, Elisa Lozano, Amando Llopis, Merry MacMasters, Mauricio Maillé, Gerard Malgat, Jorge Alberto Manrique, José Luis Martínez Hernández, José-Manuel Mata Castillón, José Antonio Matesanz, Nina Menocal, Eugenia Meyer, Malena Mijares, Aurora Montaño, Mónica Montes Flores, John Mraz, Santiago Muñoz Bastide, José María Muriá, Leonor Ortiz Monasterio, Marta Palau, Emili Payá, Ana-María y Teresa Pecanins (†), Yany Pecanins, Alicia Pardo, Ernesto Peñaloza, Carlos Pérez García (†), Juana María Perujo, Sergio Pich Romero (†), Dolores Plá Brugat, Ambra Polidori, Elena Poniatowska, José Puche Planas (†), David Ramón, Teresa Renau Ballester, Rosana y Marcela Renau Aymamí, Jorge Renau García (†), Helly Reuter, Luis Rius, Coni Robinson, José Vicente Rodríguez Muñoz, José Rodríguez Feo (†), Vicente Rojo, Blanca Ruiz, Concepción Ruiz Funes (†), Armando Saenz Carrillo, Leonor Sarmiento, Silvia y Maya Segarra Lagunes, Joaquín Segarra Irazábal, Carmen Serra Puche, Elidé Soberanis, Manuel Suárez Suárez (†), Raquel Tibol, Francisco Ignacio Taibo (†), Eva María Thiele, José Luis Tomé, Iván Trujillo Bolio, Juan Carlos Valdéz Marín, James Valender, Eduardo Vázquez, Jaime Velez Storey, RicardoVinós, etc.
Mi gratitud a la ayuda prestada por los directores y técnicos de los archivos, bibliotecas, hemerotecas y museos: Archivo General de la Nación (México), Sistema Nacional de Fototecas (Pachuca), Hemeroteca Nacional de México, Centro Nacional de Investigación y Difusión de las Artes Plásticas de México, Museo de Antropología de México, Museo Soumaya (México), Sala de Arte Público Siqueiros (México), Ateneo Español de México, Casa Regional Valenciana de México y Casal Catalá de México, Archivo General de la Guerra Civil Española del Ministerio de Cultura (Salamanca), Archivo General de la Administración Civil del Estado (Alcalá de Henares), Biblioteca Nacional (Madrid), Hemeroteca de la Villa y Hemeroteca Nacional (Madrid), Biblioteca Valenciana y Biblioteca del InstitutoValenciano de Arte Moderno, Fundación Pablo Iglesias (Alcalá de Henares), Fundación Max Aub (Segorbe), Fundació Josep Renau (Valencia).
Este libro está ilustrado gracias a la colaboración de los fotógrafos José Aleixandre, Lola Álvarez Bravo (México), José García Poveda, Amparo Giner (†), Michael Gutman, Foto Hermanos Mayo, Elsa Medina (México), Manuel Molines (†), Ferràn Montenegro, José-Vicente Rodríguez Muñoz, Ricardo Salazar (México), Jordi Vicent, etc.
SUMARIO
PRÓLOGO, Francisco Caudet
LA DIÁSPORA CULTURAL DE POSGUERRA, Manuel García
LOS MEXICANOS
Juan de la Cabada, escritor
José Chávez Morado, pintor y grabador
Fernando Gamboa, museógrafo
José Luis Martínez, académico
Octavio Paz, escritor
LOS ARTISTAS EUROPEOS
Kati Horna, fotógrafa
Walter Reuter, fotógrafo
LOS EXILIADOS ESPAÑOLES
Luis Alcoriza, director de cine
Paloma Altolaguirre, pintora
Federico Álvarez, profesor
Antonio Ballester, escultor
Manuela Ballester, pintora
Augusto Benedico, actor de teatro, cine y televisión
José Bolea, escritor y editor
Álvaro Custodio, director de teatro
José Estruch, director de teatro
Ángel Gaos, escritor
Santiago Genovés, antropólogo
Juan Gil-Albert, escritor
Luis de llano Palmer, productor de televisión
Faustino Mayo, fotógrafo
Julio Mayo, fotógrafo
Concha Méndez, escritora
José Ricardo Morales, dramaturgo
José Renau, artista y escritor
Juan Renau, pintor y escritor
Antonio Rodríguez luna, pintor
Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo
Enrique Segarra, arquitecto
Rafael Segovia, politólogo
Luis Suárez, periodista
EL ÉXODO DE LA POSGUERRA
José Guerrero, pintor
Eusebio Sempere, pintor
LOS HIJOS DEL EXILIO
Ruy Renau Ballester, profesor
Jorge Ballester Bonilla, pintor

Artistas y escritores españoles en el vapor Vendamm, 1939. (Foto: José Renau/Arxiu Fundació Renau)
PRÓLOGO
Muchos fueron los desastres producidos por la guerra civil de 1936. Uno de esos desastres, que resulta en extremo sintomático pues compendia el nefasto resultado de aquella catástrofe, tiene que ver con la disolución de un proyecto de transformación, en profundidad y bajo el signo de lo colectivo, de la vida española. Un proyecto de transformación que, a lo largo de la década de los años treinta, acabó inflexionando también –no podía ser menos– el signo de la cultura.
Empleo el concepto de «lo colectivo» en un sentido, sin renunciar a ningún matiz, amplio. Porque si ese concepto remite a una interpretación ideológica y política que compartían, con variaciones sin duda importantes, socialistas, anarquistas o comunistas –también amplios sectores del republicanismo–, no es menos cierto que ese debate afectó asimismo –y muy decisivamente– a la producción y distribución de bienes culturales. La vanguardia, cuanto en ella había de torre de marfil, de solipsismo, tuvo que ir abriéndose a la plaza pública, al otro. El debate teórico en torno a estos extremos se llevó a cabo con una insistencia, y unos medios y maneras, distintos y plurales que ponen de manifiesto, entre otras cosas, el grado de actualidad que en aquellos años habían alcanzado esas cuestiones. Quienes alentaron y patrocinaron el alzamiento armado, alentaron y patrocinaron igualmente el final de ese debate, que afectaba a las relaciones sociales y económicas del país y, claro está, a la cultura que estaba en consonancia con esas nuevas relaciones.
La integración del intelectual y el artista –pensador, pintor, novelista, poeta, músico...– en el organismo social, formando parte de él como una mediación más en ese proceso de cambio de las relaciones de creación y distribución de productos culturales, empezó a ser una realidad, una cristalización ideológica real, poco antes de que estallara la guerra civil. El alzamiento militar puso fin a ese proceso y a la vez aniquiló o disgregó, reduciendo de facto a la inoperancia a quienes, quedándose en el exilio interior o abandonando el país, habían sobrevivido a la guerra. El exilio, el del exterior como el del interior, se sumió en su larga noche oscura, y un detritus de ello fue volver al pathos del canto desvalido, al canto de unas subjetividades desplazadas de su centro y de un proyecto integrador.
En el exilio, un tiempo-espacio de infortunio –terrible nacionalidad–, todas las actividades, escribir o trabajar en no importa qué oficio, son por igual maneras de dignificarse humanamente, de negarse a aceptar la derrota, de resistirse a tener que morir en vida. Es también, abandonada la certeza del feudo, del reducto familiar, una manera –pisamos un campo minado por la paradoja– de abrirse al mundo y a los demás. Y a uno mismo. Estas aperturas suelen a menudo –por desgracia no es siempre así– propiciar el encuentro con el otro, con lo plural y lo diverso.
La palabra del exiliado, la onda expansiva de sus creaciones, tiene –mientras existe el exilio, mientras está prohibido el regreso– un ámbito de resonancia extremadamente limitado. Esa limitación es parte del castigo. Un signo más de la tragedia que acompaña al exiliado. El exiliado escribe –al menos a corto plazo– historias para exiliados, para quienes cantan o se cuentan el mismo canto, el mismo cuento. Pero hay en su palabra grandeza, pues su palabra pronunciada o escrita –aun con la limitación de ser para unos pocos, aun cuando se le ha vetado a la fuerza el acceso a su auditorio natural– es un resorte que activa la necesidad-imperativo de narrar, de contar la historia no oficial, de ser testimonio.
La urdimbre de palabras escritas u orales, hilvanadas siempre unas y otras con la estofa del dolor y del desamparo, conforma un cúmulo de historias o fragmentos de historias que, inexorablemente, conducen a la memoria del origen, a la fuente de la vida, al centro perdido. El tiempo se detiene y la historia, convertida en último refugio, se torna tiempo mítico. La búsqueda oscurece –queriendo que lo alumbre– el porvenir. La razón del mundo estriba entonces en aferrarse al pasado, al haber sido, al ayer.
Todo propósito de allegar las experiencias personales remite necesariamente a referentes históricos. El mundo privado es otra de las muchas quimeras que se esfuman. Y, sin embargo, la trabazón discursiva de lo disperso y fragmentario se apoya en la lastimada, siempre única y personal, siempre intransferible, expresión personal del reducto íntimo. La memoria o el recuerdo, por mor de la palabra, de la lengua, permite instrumentalizar el proceso de recuperación, de cura. La memoria del pasado y su verbalización son antídotos contra el abandono y la renuncia, contra la aceptación del fracaso. También –acaso sobre todo– contra el desorden impuesto.
La idea de fragmentación, de desorden y caos, también de mutilación y pérdida, que arrostra todo exiliado, se compensa, en resumidas cuentas, con la obsesiva necesidad de recuperar el equilibrio desvanecido. Irrumpe así una tensa dialéctica que apunta a la reconstrucción de cuanto se da por seguro y, como tal, confiere una suerte de engañosa protección contra lo incierto y lo huidizo, contra lo que, en definitiva, es, ineludiblemente, la existencia.
El sentimiento de provisionalidad, de transitoriedad, en lo que se presenta como socialmente cierto, seguro, se arraigó muy hondamente por haber experimentado, a muy temprana edad, algo que se imprimía en la conciencia cuando la razón no podía acogerlo, explicárselo: que todo estaba trastocado, que cada cosa había perdido su lugar, que ya no había un lugar, una casa, y que a nuestro alrededor todo dependía del azar. Es decir, la experiencia de la pérdida de algo que, como todo lo primordial, es insustituible.
El sol de desterrado como la palabra del desterrado, apenas transmite calor, apenas ofrece luminosidad. Pero esa miseria del sol del desterrado, como su palabra, es, irónicamente, la fuente de una inagotable energía, de una energía que posibilita el crecimiento interior y el acto de escribir la otra historia, la del vencido. Ese sol y esa palabra descubren al exiliado –y a los lectores que un día han de leerle, dando, a ese sol y a esa palabra, calor, vida– lo que realmente es el ser humano: poquedad que se autoengaña con la mentira de creerse una duración sin término, un ser y estar sin fin que, además, se arraiga en otra mentira, la mentira –acaso la mayor y más irrisible, sin duda la más dañina– de la patria, de la nación.
El destierro devuelve al hombre a los lindes de su verdadera constitución, le hace reconocer –se trata de una a modo de inesperada iluminación, o de repentina y hasta abrupta anagnórisis– que el signo del hombre es lo perentorio. El exilio obliga –¡qué remedio!– a aceptar que en todo –incluso en uno mismo– subyace un radical relativismo. El destierro lanza al hombre al diálogo atemperado con el otro, a ser palabra entre palabras, a ser simplemente –¡tan poco y a la vez tanto!– hombre, hombre tal esos junquillos que resisten el vendaval para –más pronto o más tarde– ceder, ser a la postre tallo roto que gime y se retuerce.
Tallo roto que gime y se retuerce y que, tal en el largo poema-monumento, «Lo que sobra a la sepultura, muertos desconocidos y españoles vivos de hambre», incluido en Galope de la suerte de Arturo Serrano Plaja, recuerda que la:
inextinguible llamo del recuerdo es herida
que mano inextinguible,
es hambre de justicia y es hambre de pan.
Tallo roto que gime y se retuerce. Que gime y se retuerce tal un detritus que nunca del todo se desvanece, nunca es ya solamente olvido.
Hayden White, en El valor de la narrativa en la representación de la realidad, saca a colación que Hegel planteaba, en Lecciones sobre filosofía de la historia, que ni la «historicidad» ni la «narratividad» son posibles, que ni una ni otra –por otra parte, tan emparentadas, pues las anima por igual el mismo propósito de configurar en discurso oral escrito la experiencia humana– son posibles, sin la noción de «sujeto legal», sujeto al que corresponde ser medio y tema de la narrativa histórica. Hecha esa relación entre legalidad, historicidad y narratividad, no ha de sorprender –continúa diciendo Hayde White– la frecuencia con la que la narratividad, bien ficticia o real, presupone la existencia de un sistema legal contra o a favor del cual se pudiera escribir, narrar.
El individuo, convertido en ciudadano de pleno derecho, recupera a través de la palabra, de su recuento de los hechos, la condición de sujeto.
Esa condición recuperada de sujeto, en los términos expuestos por Hayden White devuelve a la Historia a los predios de la realidad real, requisito indispensable para que aflore el discurso –valga la redundancia– de lo real. Discurso que acaba convirtiéndose él mismo en objeto de deseo en la medida en que hace deseable lo real. Para lo cual ha de presentarse lo real con la coherencia formal de los acontecimientos históricos. De este modo, el «peso de la significación» de los acontecimientos contados se «proyecta» a un futuro que va algo más allá del inmediato presente, un futuro cargado de juicio moral.
FRANCISCO CAUDET
Universidad Autónoma de Madrid
LA DIÁSPORA CULTURAL DE POSGUERRA
«El exilio es un drama, en general para el país que lo provoca, pero es una bendición para el país que lo recibe. Nueva York, por ejemplo, no hubiera sido la capital cultural del mundo sin la diáspora europea del siglo veinte».1
Susan Sontag, New York, 1983
«…el escritor que vive desgajado de su suelo y de su cielo, de sus cosas y de su gente no es alguien que aborda el exilio como un tema más, sino un exiliado que, además, escribe».2
Mario Benedetti, Madrid, 1984
«Ils furent des centaines, des milliers d’intellectuels, de poètes, d’écrivains à fuir en 1933 la dictature nazi».3
Jean-Michel Palmier, 1988
«El exilio es una condición que, en sus efectos subjetivos, nunca permanece estable; o se siente uno cada vez más exiliado, a medida que pasa el tiempo, o cada vez va siendo más absorbido por el país de adopción».4
John Berger, 1965
Varios hechos históricos generan, en el siglo veinte, el exilio de miles de personas de sus respectivos países: la llegada al poder de Adolf Hitler (1933); el estallido de la guerra civil española (1936-39) y la proclamación de la segunda guerra mundial (1939-45).
Como consecuencia de esos sucesos un sector importante de la «inteligencia» europea emigró hacia los Estados Unidos de Norteamérica, América Latina y diversos países de Europa.
Ese éxodo fue, a lo largo de muchos años, objeto de estudio de historiadores norteamericanos, europeos y latinoamericanos, autores a quienes quisiéramos recordar, pues hicieron posible desvelar no sólo el drama del desarraigo humano tras las guerras, sino también la pérdida cultural que supuso para muchos países europeos el éxodo de algunos de los más significativos creadores de las artes y las letras.
Uno de los primeros historiadores que se ocupó del exilio cultural europeo fue Jean Michel Palmier (1944-98), a través de su ensayo Weimar en exil (1988) en el que estudia, particularmente, el destino de la emigración intelectual alemana hacia Europa y las Américas.
Sobre el exilio cultural español habría que citar varios ensayos claves sobre este tema escritos por Julián Amo y Charmion Shelby: La obra impresa de los intelectuales españoles en América; Carlos Martínez: Crónica de una emigración (La de los republicanos españoles en 1939); Patricia W. Fagen: Transterrados y ciudadanos; los diversos volúmenes sobre El exilio español de 1939, coordinados por José Luis Abellán y el ensayo histórico de María Fernanda Mancebo: La España de los exilios.5
Este tema ha sido objeto, asimismo, de diversas exposiciones que han tratado de visualizar a través de fotografías, películas, obras de arte, libros, documentos, revistas, etc., esas páginas de la emigración española.6 Entre otras muestras quisiéramos citar en esta ocasión las exposiciones: El exilio español en México (Madrid, 1983); Surrealistas en el exilio y los inicios de la Escuela de Nueva York (Madrid, 1999) y Exilio (Madrid, 2002).
Si a estos ejemplos añadimos las exposiciones dedicadas a diversos artistas y escritores, comprobaremos que el tema de la diáspora cultural española, ha sido objeto de un amplio estudio en los últimos años.7
Sin embargo, la línea de investigación histórica, iniciada por Ronald Fraser sobre la guerra civil española –es decir la memoria oral– ha tenido, respecto al exilio español, un desarrollo menor.8
Este libro de entrevistas con artistas y escritores de diversas nacionalidades, pero con un nexo común con la historia española del siglo veinte, se desglosa a través de perspectivas distintas: el testimonio de los mexicanos que participaron en el segundo Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (1937); el de algunos reporteros europeos que cubrieron la guerra civil (1936-39) y el de un grupo de artistas y escritores españoles que se exiliaron a capitales tan diversas como La Habana, Ciudad de México, Montevideo, Santiago de Chile, Santo Domingo, etc. en América Latina; Nueva York en los Estados Unidos y Berlín en la antigua República Democrática Alemana.
A ese panorama añadimos el testimonio de un par de artistas que tras la guerra europea (1939-45), decidieron emigrar a París y a Nueva York.
Y como glosa final el testimonio de una persona representativa de la llamada generación de los «hijos del exilio».
LOS MEXICANOS
El capítulo de Los mexicanos incluye los testimonios de los artistas y escritores que participaron en el segundo Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937), es decir, de Juan de la Cabada (escritor), José Chávez Morado (artista), Fernando Gamboa (museógrafo) y Octavio Paz (escritor).
Son testimonios recogidos medio siglo después de su presencia en la guerra civil española y unos meses antes de que se iniciara el Congreso Internacional de Escritores y Artistas celebrado en Valencia en 1987.
Faltan por fallecimiento, claro está, los testimonios del resto de miembros de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México que estuvieron asimismo en ese congreso: José Mancisidor, María Luisa Vera y Silvestre Revueltas y algunas acompañantes célebres de algunos congresistas: Elena Garro y Susana Stell.
Al músico y compositor Silvestre Revueltas (1899-1940), autor de las partituras musicales México en España y Homenaje a García Lorca, difícilmente lo hubiéramos podido entrevistar, pues falleció poco después de finalizada la guerra española. A la escritora Elena Garro (1937-1998), esposa entonces de Octavio Paz, no hubo necesidad de entrevistarla pues poco antes de morir publicó unas Memorias de España (1992), donde contaría con detalle el viaje y estancia de la delegación de escritores y artistas mexicanos al Congreso de Valencia (1937).
Para Octavio Paz (1914-98), fue el primer viaje a España y el inicio de una amistad con el pintor Ramón Gaya y los escritores Juan Gil-Albert, José Herrera Petere, Antonio Sánchez Barbudo, etc. Luego, al llegar estos escritores exiliados a México se incorporarían, a invitación suya, a la redacción de la revista Taller (1938-41).
Para Chávez Morado (1909-2002) y Fernando Gamboa (1909-90), artistas y compañeros de estudios en la Escuela de San Carlos de México, supuso organizar la primera exposición de su vida: Cien años de grabado político mexicano, que exhibirían en Valencia, Madrid y Barcelona (1937).
Para el escritor Juan de la Cabada (1901-86), fue una experiencia peculiar, pues aparte de viajar por motivos culturales por Madrid, Barcelona y Valencia como miembro fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, estuvo en diversos frentes de guerra, visitando a varios brigadistas mexicanos y en particular al pintor David Alfaro Siqueiros. Juan de la Cabada acompañó, por otra parte, a la primera expedición de artistas y escritores españoles que envió la Junta de Cultura Española desde Francia a México en la primavera de 1939. Fue uno de los pasajeros del vapor holandés Vendamm que trasladó desde Saint Nazaire a Nueva York al grupo de intelectuales que, nada más llegar a México, fundaron la primera revista del exilio: España Peregrina (1940).
A esos testimonios se suma la entrevista con José Luis Martínez (1918-2007), historiador y académico, que nos ofrece unos perfiles inéditos sobre su amigo el escritor Max Aub.
LOS ARTISTAS EUROPEOS
El capítulo Los artistas europeos incluye las entrevistas con la fotógrafa húngara Kati Horna (1912-2000) y el cineasta y fotógrafo alemán Walter Reuter (1906-2005), reporteros formados en las agencias fotográficas europeas Dephot de Berlín y Alliance Photo de París.9 Unas agencias que, en los años treinta, aglutinaron a fotógrafos como Henri Cartier Bresson, Robert Capa, Hans Namuth, Georg Reisner, David Seymour, Gerda Taro, etc.
Fotógrafos que junto a J. L. Alexander, Bill Brandt, J. Clair-Guyot, L. Deschamps, A. P. Hoffmann, Victor Horn, Roman Karmen, H. Kurth, B. Makaseev, Alexandre Merletti, Margaret Michaelis, H. Mitchell, Jean Moral, André Papillon, L. Sorrentino, Trampus, etc. por la parte europea y Jalón Ángel, José Fernández Aguayo, Lázaro Bayarri, Antoni Campañá, Catalá Pic, Agustí Centelles, Finezas, Pedro Menchón, Pascual Marín, Foto Mayo, Carlos Pérez de Rozas, Andreu Puig, Martin Santos Yubero, Francisco Segovia, Alfonso Sánchez, Vidal Corella, etc., por la parte hispana, cubrieron como reporteros gráficos y ampliamente la guerra civil española.10
Kati Horna, exiliada en México en 1939, con su marido el pintor José Horna, formó parte del núcleo de surrealistas europeos exiliados en la capital mexicana. Su casa, en la Colonia Roma, fue lugar de encuentro de artistas y escritores como Leonora Carrington, José Horna, Benjamín Péret, Alice Rahon, Wolfgang Paalen, Remedios Varo. Como profesional de la fotografía, aportó además un importante acervo de retratos de escritores y artistas, fotografías de arquitectura y algunas piezas claves del fotomontaje surrealista.11
Walter Reuter, refugiado en México en 1942, contactaría con el exilio alemán de la capital mexicana –la Liga Pro Cultura Alemana (1937) y un grupo de fotógrafos europeos como Gertrudis Duby Blom, John Gutman, Eva Sulzer, etc.–
Al trabajo sobre los indígenas en México el fotógrafo añadió una serie de documentales que dan testimonio del desarrollo industrial entonces de ese país. Su obra que fue recuperada en su día por diversos investigadores alemanes, mexicanos y españoles, conforma hoy un importante acervo fotográfico en Cuiernavaca al cuidado de su hija Helly Reuter (México).12
LOS EXILIADOS ESPAÑOLES
El capítulo Los exiliados españoles incluye una serie de entrevistas que nos permite aproximarnos a la experiencia de estos emigrados en expresiones culturales como la antropología, la arquitectura, las artes plásticas, el cine, la fotografía, la edición de libros, la enseñanza universitaria, el periodismo, la sociología, el teatro, la televisión, etc.13
En el universo del cine entrevistamos a Luis Alcoriza que fue actor, guionista y director de cine y colaborador del director Luis Buñuel. Algunas de las películas de este director como Tlacuyan (1961), Tiburoneros (1962) y Tarahumara (1964) dan testimonio del México profundo de aquella época.
En la escena artística incluimos testimonios de diversos autores como la pintora y grabadora Paloma Altolaguirre, el escultor Antonio Ballester y los pintores Manuela Ballester, Juan Renau, Antonio Rodríguez Luna y el fotomontador y ensayista José Renau. La trayectoria de todos ellos da una idea del desarrollo de las artes plásticas españolas en la emigración mexicana y la compleja integración de los artistas hispanos a la escena mexicana protagonizada, en aquellos tiempos, por el Muralismo y el Taller de Grabado Popular. Un contexto en el que destacaríamos a José Renau como uno de los pocos artistas que se integraron al medio mexicano con la práctica del muralismo, el cartelismo y el diseño gráfico.
En el sector de la radio y la televisión abordamos el periplo profesional como guionista y productor de Luis de Llano que explica bien lo que era ese medio de comunicación en México y los vínculos con la cultura televisiva de la época tan determinada por la experiencia norteamericana. Luis de Llano es un ejemplo clave del profesional televisivo que trabajó tanto para una cadena pública (Canal Trece) como para una cadena privada (Televisa).
En el medio fotográfico la vida y obra de Faustino del Castillo Cubillo (Faustino Mayo) y Julio Souza Fernández (Julio Mayo) y los testimonios que nos ofrecen, aparte de hacer memoria sobre la experiencia republicana española, sintetizan tanto la trayectoria de la agencia Foto Hermanos Mayo como la integración del reporterismo gráfico a la prensa mexicana durante medio siglo de trabajo. Hoy en día podemos decir que la historia gráfica de México desde los últimos años del gobierno del General Lázaro Cárdenas (1934-40) al último gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-94), pasa por el archivo de los Mayo que, con más de 5 millones de negativos, conforma uno de los acervos más importantes de la vida de México del siglo veinte.
En el mundo de la enseñanza con ramificaciones hacia la labor editorial, la filosofía y la sociología política, se encuentran los testimonios de los profesores universitarios Federico Álvarez Arregui, Adolfo Sánchez Vázquez y Rafael Segovia Canosa. Aunque vinculados los tres a la Universidad Nacional Autónoma de México desarrollaron actividades diversas. La biografía de Federico Álvarez se desarrolla en Cuba, España y México y a mitad de camino entre la enseñanza, el ensayismo literario y la labor editorial. La trayectoria de Adolfo Sánchez Vázquez está vinculada asimismo a España y México con especial dedicación a disciplinas como la estética, la filosofía y la enseñanza universitaria. El periplo personal de Rafael Segovia se desglosa entre la enseñanza y la sociología siendo uno de los politólogos más notables de México e investigador vinculado al prestigioso Colegio de México.
Editor, en el sentido más estricto del término, es sin lugar a dudas José Bolea, abogado de formación y periodista de vocación, que plasmó en la Editorial Leyenda uno de los proyectos más singulares de la edición del exilio español, al traducir una serie de clásicos de la literatura, ilustrados por destacados artistas del exilio como Manuela Ballester, Enrique Climent, Ramón Gaya, José Moreno Villa, Ramón Pontones, José Renau, etc.
La antropología cultural tiene a Santiago Genovés como uno de los más destacados estudiosos de la disciplina que prosiguieron otros antropólogos del exilio como Bosch Gimpera, Juan Comas, Ángel Palerm, etc. La experiencia del Acali (1973), con un grupo de hombres y mujeres atravesando en una barcaza el Atlántico y el estudio posterior del comportamiento humano, le dio un renombre internacional.
La escena dramática tuvo a Augusto Benedico, Álvaro Custodio, José Estruch y José Ricardo Morales, representantes destacados de la actuación y dirección teatral en escenarios tan diversos como los de La Habana y Ciudad de México (Álvaro Custodio) y Montevideo (José Estruch) y Santiago de Chile (José Ricardo Morales). Al director alicantino José Estruch le cupo, además, el privilegio, de trabajar con la actriz Margarita xirgu, figura universal del teatro español en el exilio. Augusto Benedico conforma una personalidad peculiar pues a su trayectoria como primer actor de la escena dramática hispano-mexicana hay que añadir su labor en algunos filmes de Luis Buñuel y en telenovelas tan populares como Los ricos también lloran.
La literatura cuenta en este libro con testimonios particulares como los de Juan Gil-Albert y Concha Méndez, lo que nos permite adentrarnos en itinerarios geográficos diversos como La Habana y Ciudad de México (Concha Méndez) y un periplo peculiar por América Latina a través de ciudades como Buenos Aires, Río de Janeiro y la Ciudad de México (Gil-Albert). Autores, en ambos casos, vinculados a la generación de Hora de España y poetas singulares del destierro.
Una historia singular es la de Ángel Gaos, abogado, político y escritor, que tras ser condenado a muerte por el gobierno de Franco, consigue escapar de España y afincarse en México en el mundo de la enciclopedia como redactor de la Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana que compaginaría con algunos artículos de opinión en la prensa mexicana.
Otra historia particular es la del periodista Luis Suárez que se integró plenamente en el desarrollo del periodismo mexicano y en los principales medios del siglo veinte. Un periodista que practicó el reportaje, la entrevista y la corresponsalía de prensa para medios mexicanos y extranjeros, asumiendo, en un momento de su trayectoria profesional, importantes tareas en la Federación Latinoamericana de Periodistas.
Testimonio de la experiencia europea es el de José Renau que vivió primero en la Ciudad de México (1939-58) y luego en Berlín (República Democrática Alemana, 1958-82) donde realizó unos de los proyectos más ambiciosos de su carrera artística: el ciclo de fotomontajes The American Way of Life y una serie de murales al aire libre en ciudades tan diversas como Berlín, Halle y Erfurt.
En términos geográficos propiamente dichos este libro recoge, fundamentalmente, testimonios de exiliados en México y algunas experiencias en La Habana (Federico Álvarez, Concha Méndez y Álvaro Custodio), Montevideo (José Estruch), Nueva York (Luis de Llano), Santiago de Chile (José Ricardo Morales), Los Ángeles (Tonico Ballester) y Berlín oriental (José Renau).
EL ÉXODO DE POSGUERRA
Capítulo aparte es El éxodo de posguerra en el que recogemos los testimonios de un par de artistas emigrados en la posguerra española: José Guerrero y Eusebio Sempere.
El pintor José Guerrero nos cuenta su experiencia en Nueva York en los años emergentes del expresionismo abstracto norteamericano.
El pintor y escultor Eusebio Sempere da testimonio de su experiencia en París en los años emergentes del arte abstracto y cinético europeo. En la entrevista con Eusebio Sempere interviene asimismo la galerista Nieves Fernández organizadora de la primera muestra de homenaje al artista en el Banco Exterior de España.
LOS HIJOS DEL EXILIO
El carácter familiar del movimiento migratorio republicano español supuso, entre otras cosas, que jóvenes que habían nacido en España y que apenas habían hecho sus primeros estudios en Madrid, Barcelona o Valencia, completaran su formación en México y desarrollaran su actividad profesional en América Latina.
Forman parte de la llamada generación de Los hijos del exilio.
Aquí incluimos una entrevista con Ruy Renau, ingeniero, profesor y cartelista de cine que ofrece nuevos datos de sus padres José Renau y Manuela Ballester.
Ese grupo de «los hijos del exilio» representa, en cierto modo, la integración en América Latina de una generación nacida en España en tiempos republicanos que desarrollaron su actividad en el contexto del exilio español en tierras latinoamericanas integrándose plenamente en la escena cultural y académica de ese continente.
CONCLUSIONES
En cualquier caso son testimonios, la mayoría inéditos, que ayudan a comprender uno de los exilios más significativos del siglo veinte con un impacto particular sobre México que no sólo abrió las puertas a la «inteligencia española» con la creación de la Casa de España en 1938 –una iniciativa de Alfonso Reyes y Daniel Cossío Villegas propiciada por el General Lázaro Cárdenas– sino que les facilitó la integración a un país que con la nacionalización de petróleo, la reforma agraria y la política educativa, iniciaba una nueva etapa de su historia.
Una etapa que, en el terreno de la cultura, dio una oportunidad a esa emigración, cuya memoria de posguerra incluimos en este libro.
1 Manuel García: «Europa ama la barbarie. Entrevista con Susan Sontag», en Tiempo de Hoy, Año II, nº. 49, Madrid, 18-25 abril 1983, págs. 111-113.
2 Mario Benedetti: El desexilio y otras conjeturas, Ediciones El País, Madrid, 1984, pág. 11.
3 El filósofo e historiador francés Jean-Michel Palmier (1944-1998) es el autor del libro Weimar en exil, Payot, París, 1987. Especialista en las corrientes artísticas de la República de Weimar escribió, asimismo, diversos ensayos sobre filósofos como Walter Benjamin, Martin Heidegger y Ersnt Jünger.
4 John Berger: Fama y soledad de Picasso, Alfaguara, Madrid, 2013, pág. 31.
5 Julián Amo y Charmion Shelby: La obra impresa de los intelectuales españoles en América; 1936-1945, Standford University Press, Standard, 1950; Carlos Martínez: Crónica de una emigración. La de los republicanos españoles en 1939, Libro Mex Editores, México, 1959; Patricia W. Fagen: Transterrados y ciudadanos, Fondo de Cultura Económica, México, 1975; José Luis Abellán (Editor): El exilio español de 1939, Taurus, Madrid, 1976, 6 volúmenes; María Fernanda Mancebo: La España de los exilios. Un mensaje para el siglo XXI, Publicacions de la Universitat de València, Valencia, 2008.
6 Varios autores: El exilio español en México, Palacio de Velázquez, Madrid, 1983; Varios autores: Surrealistas en el exilio y los inicios de la Escuela de Nueva York, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 2000 y Varios autores: Exilio, Palacio de Cristal, Madrid, 2002.
7 Renau, Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid, 1978 (Comisario: Manuel García); José Moreno Villa, 1887-1955, Ministerio de Cultura, Madrid, 1987 (Comisario: Juan Pérez de Ayala); Ramón Gaya, 1922-1988, Ministerio de Cultura, Madrid, 1989 (Comisario: Juan Manuel Bonet); Julio González. Las colecciones del IVAM, Generalitat Valenciana, Valencia, 1989; Luis Seoane. Grafista, Centro Galego de Arte Contemporanea-Ivam-Centre Julio González, Valencia, 2000 (Comisario: Josep Salvador); Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, poetas e impresores, Residencia de Estudiantes, Madrid, 2001 (Comisario: James Valender); Josep Bartolí. Un creador a l’exili. Dibuixant, pintor, escriptor, Diputació de Barcelona, Barcelona, 2000 (Comisaria: Pilar Parcerisas); El universo de Max Aub, Museo de Bellas Artes de Valencia, Generalitat Valenciana, Valencia, 2003 (Comisario: Manuel García); Eugenio Fernández Granell, Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, Madrid, 2003 (Comisario: Aurelio Torrente); Miguel Prieto, 1907-1956. La armonía y la furia, Toledo, 2007 (Comisarios: Juan Manuel Bonet, Jaime Brihuega y Juana María Perujo); Salvador Soria. De las integraciones a la emotividad de la razón, IVAM, Generalitat Valenciana, Valencia, 2009 (Comisarias: Consuelo Císcar y Martínez Soria).
8 Ronald Fraser: Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil, Editorial Crítica, Barcelona, 1979.
9 Dephot. Agencia fotográfica alemana fundada por el fotógrafo húngaro Simon Guttmann en Berlín en 1930. Alliance Photo. Agencia fotográfica francesa creada por la fotógrafa alemana María Eisner en París en 1934. Para esas agencias trabajaron fotógrafos como Robert Capa, Henri Cartier Bresson, Kati Horna, André Kertesz, Gerda Taro, etc.
10 Sobre la fotografía de la guerra civil española vid.: Varios Autores: Fotografía e información de guerra. España, 1936-1939, Editorial Gustavo Pili-Colección Punto y Línea, Barcelona, 1977; Varios Autores: Fotógrafo de guerra. España, 1936-1939, Hondarribia (Guipúzcoa), 2000 (Prólogo de Mariano Asenjo) y Varios Autores: La guerre civile espagnole. Des photographes pour l’histoire, Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, 2002 (Presentation Joan Guitart i Agell).
11 Salomón Grimberg: «México reflejado en el espejo de André Breton», en Varios Autores: Surrealistas en el exilio y los inicios de la Escuela de Nueva York, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, 1999, págs. 197-207.
12 Varios Autores: Walter Reuter. Berlín, Madrid, México, 60 años de fotografía y cine, 1930-1990, Neue Gesellschaft für Bildende Kunst e.V., Argon, Berlín, 1990 (Textos de Diethart Kerbs, Dorothea Cremer, Michael Nungesser, Lothar Schustery Ursula Tjaden); Teresa del Conde y Teresa Martínez Arana: Nuestra gente. Imágenes a través de la lemte de Walter Reuter vde 1942 a 1992, Banpais, México, 1992; Cristina Escrivá: Los ojos de Walter Reuter, l’Eixam Edicions, Tavernes Blanques, 2012.
13 Sobre el exilio particular de los valencianos vid.: Manuel García: Diccionario del exilio cultural valenciano, Col·lecció Homenatges, Generalitat Valenciana, Valencia, 1995.
LOS MEXICANOS

Juan de la Cabada, escritor, 1940, ca.
(Foto: Lola Álvarez Bravo)
JUAN DE LA CABADA, ESCRITOR
El escritor Juan de la Cabada nació en Campeche, México en 1901 y falleció en la ciudad de México en 1986.
Escritor, periodista y guionista de cine. Hizo sus primeros estudios en la Escuela del Sagrado Corazón de Campeche y en el Colegio de San Ildefonso de Mérida.1
En 1917 se trasladó a Cuba donde vivió unos años trabajando en diversos comercios en La Habana y Camagüey (1917-20).
En 1921 regresó a México viviendo en las ciudades de Progreso, Tampico, y Veracruz trabajando en algunas explotaciones de campos de petróleo mexicano.
Más tarde fijó su residencia en la Ciudad de México, donde desempeñó diversos trabajos.
En 1927 se afilia a la Liga Anti-Imperialista de las Américas donde trata a Julio Antonio Mella y Tina Modotti. Ese año publica su primer artículo en el periódico El Sol de Provincia de Campeche.
En 1928 se inscribe en el Partido Comunista Mexicano, donde conoce a los pintores Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. En ese periodo colaboró con los periódicos: Espartaco, El Libertador y El Machete.
En 1929 se inscribe en la Sindical Unitaria de México.
En 1930 ingresa en prisión a causa del atentado a Pascual Ortiz Rubio (1877-1963), presidente de la República de los Estados Unidos Mexicanos. En la Penitenciaria de Lecumberri conoce, entre otros, al escritor José Revueltas. Algunas de sus experiencias carcelarias fueron tema de sus relatos orales Estancias a la sombra que transmitió entonces en Radio Universidad.
En 1931 fundó el periódico Llamada órgano de expresión de la Liga Intelectual Proletaria junto a los artistas Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgings y David Alfaro Siqueiros.
En 1932 ingresaría en la Unión de Estudiantes Pro Obreros y Campesinos.
En 1934 funda con Leopoldo Méndez, Macedonio Garza, Pablo O’Higgins, Luis Arenal y otros de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México, donde escribe en el periódico Frente a Frente. Más tarde asiste al primer Congreso de Escritores Americanos (Nueva York, 1935) y al segundo Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937). Durante su estancia española publica un relato en la revista Hora de España.2
Finalizada la guerra civil española se trasladó a París colaborando con la Embajada de México en Francia. Desde la capital francesa regresó a México en la primavera de 1939, en el viaje organizado por la Junta de Cultura Española.3
A lo largo del periodo 1940-43 residió en Quintana Roo viviendo en poblaciones como El Carmen, Cozumel, Tulum, lo que le permitió conocer de cerca el entorno social del indígena mexicano. Desde Yucatán colaboró con los periódicos México en la Cultura, suplemento del diario El Nacional y las revistas Cuadernos Americanos, El Hijo Pródigo y Tierra Nueva.
En esos años publica los libros de cuentos Paseo de mentiras (1940) e Incidentes melódicos del mundo irracional (1944).
En 1945 se traslada a Nueva York para trabajar en el Consulado de México. Durante su estancia neoyorquina colaboró en los periódicos Liberación y Diario de Nueva York, y dio clases junto a Ermilo Abreu Gómez en el Middlebury College de Vermont. Asimismo trabajó para la ONU (Organización de Naciones Unidas) en el Diario de las Naciones Unidas.
En 1949 regresa a la Ciudad de México y a través del poeta y editor español Manuel Altolaguirre y el escritor mexicano José Revueltas, se inicia como guionista de cine, haciendo diversas adaptaciones de guiones para filmes como Sean Flynn, el aventurero; Subida al cielo (La fièvre monte à El Pao, 1952), La ilusión viaja en tranvía (1954) dirigidas por Luis Buñuel.
Hizo guiones asimismo para Julio Bracho en los filmes María la Voz (1955) basada en un cuento suyo y Canasta de cuentos mexicanos (1956) basada en el libro Raíces de Bruno Traven y para las películas Maratón de baile (1958) de René Cardona; Las señoritas de Vivanco (1959) de Mauricio de la Serna y Sonatas (1959) de Juan Antonio Bardem; Simio (1960) de Emilio Gómez Muriel; Lola de mi vida (1965) de Miguel Barbachano; Calzoncín inspector (1974) de Alfonso Arau y Llovizna (1978) de Sergio Olhovich; La tijera de oro (1960) de Benito Alazraki y La Chamuscada (1971) de Alberto Mariscal.
Tras dejar el cine hizo colaboraciones en los periódicos Bellas Artes, Mañana, Oposición. Rehilete, Revista de la Universidad de México, Voz de México, etc.
Por la adaptación del guión de Las fuerzas vivas (1975) de Luis Alcoriza obtuvo un premio al mejor guión del Festival Internacional de Cine de Cartagena de las Indias (1965).
Más tarde se vinculó a la enseñanza como profesor de la Universidad Autónoma de Guerrero (1964-68), fundando la editorial Extemporáneos donde publicó su libro Cuentos manifiestos.
Desde los setenta trabajó para la radio y la televisión mexicanas.
En 1968 grabó Incidentes melódicos del mundo irracional para la colección de discos Voz Viva de México que editaba la Universidad Nacional Autónoma de México. Por esos años fundó El Correo de las Américas.
En 1979 fue designado candidato por Campeche del Partido Comunista Mexicano. Ese mismo año le conceden el Premio de las Letras Elías Sourasky y nombran Doctor Honoris Causa (1979), por la Universidad de Sinaloa, publicando el libro Cuentos del camino.
La Universidad de Sinaloa publicó sus Obras Completas en 10 volúmenes (Sinaloa, 1981).
Pregunta: ¿Qué recuerda del viaje al Congreso de Valencia en 1937?
Respuesta: Yo en realidad cuando se inicia el Congreso de Valencia estaba viajando por Yucatán, Campeche y Quintana Roo. Íbamos por la selva rumbo a Chetumal. Al regreso y al llegar a Mérida me encontré en la calle con los amigos Octavio Novaro y Octavio Paz. Entonces éramos buenos amigos. Y ambos me dijeron:
–¿Qué haces alojado en un hotel? Vente con nosotros.
Ellos estaban en una Escuela. El director era Octavio Novaro y allí daba clases Octavio Paz. Ellos estaban muy contentos con su trabajo y me propusieron que me fuera a vivir con ellos. Me ofrecían incluso alojamiento en la Escuela donde daban clases. En esos días Octavio Paz iba a recibir una carta de España con una invitación firmada por Rafael Alberti y Pablo Neruda. Esa carta me la enseñó. Y yo le dije:
–“Hombre qué bueno, que bien que te vas a España”.
No pensé que después me iban a decir que fuera corriendo a México para ir con la delegación de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios.4
P.: ¿Quiénes integraban la delegación mexicana?
R.: La delegación se compuso de José Mancisidor, Octavio Paz y su mujer Elena Garro, el pintor Chávez Morado y el músico Silvestre Revueltas y yo mismo. También Fernando Gamboa y su mujer Susana Stell. Pensamos que debía ir una muchacha que empezaba a escribir entonces, María Luisa Vera. De manera que éramos un grupo de ocho personas. Un día, estando ya en Nueva York, nos dicen que iban a llegar Carlos Pellicer y José Mancisidor. Ellos vinieron en tren. Entonces nos dispusimos a recibirlos. Para entonces nosotros teníamos pasajes para ir en barco a España. Nosotros íbamos en el vapor Britanic vía Saint Nazaire. Así pues nos fuimos a la estación donde llegaron Carlos Pellicer, José Mancisidor y los cubanos Juan Marinello y Nicolás Guillén.5 Ellos se irían en barco vía Canadá. A ellos se sumaron Octavio Paz y Elena Garro. Nosotros salimos el 27 de Julio de 1937 por Québec vía Le Havre. Llegamos a Francia el 4 de Agosto de 1937.
P.: ¿Tuvo algún percance en el viaje?
R.: Al llegar a Francia perdí mi equipaje. Me quedé en Narbonne y de allí me fui a Cerbère esperando el equipaje y como no llegaba crucé solo la frontera española. Estuve en Figueras, Gerona y Barcelona y al final los alcancé en Valencia. De allí nos llevaron a Madrid y a diversos frentes de la guerra. Creo que estuvimos una docena de días en la capital española.
P.: ¿Un Madrid asediado por la guerra?
R.: Madrid era una ciudad asediada que se había librado milagrosamente de los ataques y bombardeos franquistas. Había una gran pasión por Madrid.
P.: La delegación mexicana llevó una exposición artística a España.
R.: Así fue, llevamos la muestra 100 Años de Grabado Político Mexicano6 que preparó Fernando Gamboa y mostramos en Madrid, Barcelona y Valencia. La exposición tuvo mucho éxito en Valencia. Al regreso del viaje a Madrid ya en otoño nos quedamos viviendo en la sede de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura que estaba en la Calle Trinquete de Caballeros, 9, de Valencia. Allí residimos Octavio Paz, Elena Garro y yo. Así hasta el 3 de octubre de 1937 que salió toda la delegación mexicana para Barcelona. Todos menos yo. No por valiente ni por nada. Todos ellos eran hombres de trabajo, con obligaciones laborales y familiares, pero yo no. Yo como no tenía esas obligaciones pensé que era mejor quedarme en España. Elena Garro y Susana Gamboa se quedaron algo tristes con mi decisión. Desde París el amigo Octavio Paz me escribió una carta.
P.: ¿Qué hizo entonces?
R.: Pues me alisté en el Ejército Popular y con ese motivo fui a luchar al frente con Joaquín Pérez Salas. Era un militar de un pundonor extraordinario. Fue después fusilado por los franquistas. Era un tipazo.7
P.: En España lucharon asimismo diversos mexicanos.
R.: Así es. Por una parte David Alfaro Siqueiros que estaba en el frente de Extremadura y era conocido como el Coronelazo. Pero conmigo estaba Félix Guerrero que era de la Agrupación de Artillería. También estaba Miguel-Julio Justo que estaba en Castruera. En Pozoblanco estaba Juan Bautista Gómez. Había muchos compañeros mexicanos. Se disputaban con quien tenía que estar. De esa manera estuve en diversos frentes e hice el trabajo que pude.
P.: ¿Qué recuerdos tiene de Valencia?
R.: La delegación de la LEAR, salió para Barcelona y luego a París en un autobús que partía de la Plaza Emilio Castelar de Valencia. Me acerqué a un Café donde me encontré a Angélica Arenal, periodista y compañera de Siqueiros. Y ya me quedé una temporada en Valencia. Así hasta el 19 de octubre de 1937 que me fui con Félix Guerrero. Regresé más tarde a Valencia. Allí me encontré con el poeta José Herrera Petere y desde allí nos fuimos a Barcelona. Luego el Comité de No Intervención decidió que las Brigadas Internacionales tenían que salir de España. De esta manera salí hacia París.
P.: ¿Usted llegó a ver el Pabellón español de París en 1937?
R.: No, creo que no. Yo llegué a París a fines de 1938. Allí pude tratar a los escritores Alejo Carpentier, Félix Pita Rodríguez y Rafael Sánchez Ventura que trabajaban en la Agencia España.
P.: Su experiencia de la guerra fue mitad literaria y mitad militar.
R.: Así fue. Escribí un poco. Sobre todo cuentos. Publiqué algunos en el periódico La Voix de Madrid que se editaba en París. Tengo un relato en el libro Cuentos del camino.
P.: ¿Coincidió con Siqueiros en España?
R.: Mire, David y yo hemos sido amigos de toda la vida. Vivimos un tiempo juntos en México. Me unió una amistad con Siqueiros. En España lo vi en diversos lugares. Primero en el Caballón y luego con Juan Bautista Gómez. Allí estuvimos Octavio, Elena, Revueltas y yo mismo. Luego fue a verlo el resto de la delegación. A Siqueiros lo vi en Valencia y en Barcelona. Él estaba destinado en la Granja de Torrehermosa. Siqueiros quería que me fuera con él a Extremadura. Pero yo andaba por otro rumbo. Estábamos en el mismo Cuerpo del Ejército pero en destinos distintos. Convivir con Siqueiros no era fácil. Con él estuvo también el pintor Antonio Pujol.
P.: ¿Luego coincidieron en París?
R.: Así fue. Pero el llegó en febrero de 1939. Y yo salí de Francia en Abril de 1939.
P.: ¿Qué hizo en Francia?
R.: Colaboré con la Junta de Cultura Española8 y escribía cuentos. También hice alguna labor en la Embajada de México en Francia. Fernando Gamboa trabajó de firme con los refugiados españoles como funcionario del Consulado de México en Marseille y sobre todo sacando gentes de los Campos de Concentración.
P.: Entonces usted viajó con la delegación de la Junta de Cultura Española.
R.: Fue una misión que me encargó el Embajador de México. Entonces Narciso Bassols me propuso que regresara. Pensó que era más útil en mi país.
P.: Usted militaba en el Partido Comunista Mexicano.
R.: Militaba y sigo militando. Yo hacía mis trabajos con los compañeros pero eso no planteaba entonces ningún problema. Trabajábamos de cerca con el Socorro Rojo Internacional. Hacía los trabajos que me encargaban. Un trabajo de base. Fui el único mexicano que acompañó a la delegación española.
P.: ¿Había un movimiento de solidaridad desde Francia con España?
R.: Sí, sin lugar a dudas. Las personas que convivían conmigo se dedicaban a esa actividad.
P.: El viaje fue desde Saint Nazaire a Nueva York.
R.: Así fue. Viajamos en el vapor holandés Vendamm. Yo estuve unos días en Nueva York que conocía desde un Congreso de Escritores que hicimos en 1935.
P.: ¿Quiénes iban en ese viaje organizado por la Junta de Cultura Española?
R.: En el vapor holandés Vendamm venía una delegación española. Yo vine con José Renau desde París hasta México. Éramos unas cerca de 50 personas. Venía José Bergamín con su mujer, Eduardo Ugarte, Roberto Fernández Balbuena –que luego se casó con Elvira Gascón–, Miguel Prieto, Antonio Rodríguez Luna y entre los escritores Emilio Prados, José Herrera Petere, Ricardo Vinós, Josep Carner, el economista Antonio Sacristán, Francisco Giner de los Ríos, Rodolfo Halfter, etc.
P.: ¿Cómo fueron de Nueva York a México?
R.: En un camión. En la línea Greyhound. Un viaje interminable. Más de 2.000 km. Un viaje de unos 5 días. Recuerdo que pasamos un día entero en Saint Louis, en el estado sureño de Missouri. Nos divertimos mucho. Oímos jazz. Entramos en México por El Paso. Fue un viaje muy animado.
P.: ¿Hizo amistad con algunos españoles durante el viaje?
R.: Bueno con los que había más afinidades. Francisco Giner de los Ríos, José Herrera Petere, Emilio Prados. Otros venían con su familia.
P.: ¿Al regresar a México qué hizo?
R.: Publiqué uno de mis libros Paseo de mentira (1939), a instancias de José Bergamín.
P.: Usted había publicado algún texto en la revista Hora de España.
R.: Así es.
P.: José Bergamín tuvo importantes iniciativas literarias en México.
R.: Así fue. Promovió la revista España Peregrina (1940), actividades en la Casa de la Cultura Española, la Editorial Séneca, etc.
P.: Hubo buenas relaciones entre los mexicanos y los españoles.
R.: Sin lugar a dudas. Por cierto se me olvidó citar al poeta Pedro Garfias, del que nunca se habla.9 Era muy divertido. Hubo siempre una gran fraternidad. Bueno, problemas existía, ya sabe como son los españoles. Entre ellos habían muchas diferencias políticas: anarquistas, comunistas, republicanos, socialistas, etc. Pero para nosotros no había diferencias. Eran refugiados españoles. Y éramos amigos de todos. Unos eran más solidarios que otros. Claro había diferencias ideológicas entre ellos y grandes disputas.
P.: La solidaridad mexicana era amplia.
R.: Claro. Nosotros estábamos para servir a todos.
P.: Usted colaboró con Juan Rejano en la revista Romance.
R.: Sin lugar a dudas. En la revista Romance coincidí con Manuel Altolaguirre, José Herrera Petere y Emilio Prados.
P.: ¿Colaboró usted con el escritor Juan Larrea?
R.: Sí. Larrea fue el director de la revista Cuadernos Americanos. Allí publiqué algún cuento. Con José Bergamín estaban Gallegos Rocafull y el filósofo García Bacca.
P.: ¿Trabajó también en el cine mexicano?
R.: Colaboré en el filme La ilusión viaja en tranvía (1953), de Luis Buñuel. Estaba basada en un cuento mío. Hice la adaptación cinematográfica. Altolaguirre se ocupó de la producción. Y Buñuel la dirigió.
P.: Usted fue amigo del escritor Manuel Altolaguirre
R.: Manuel era un personaje. Su vida da para un libro. Editor, poeta, productor de cine. Estuvo unos años en Cuba donde creó la editorial La Verónica. Y publicó la revista Islas. Es curioso, todos sus amigos vinieron a México pero él se fue a Cuba. Luego regresó a México. Y finalmente se fue a España. Y en ese viaje tuvo un accidente y se mató.10
P.: Altolaguirre estaba casado con la escritora Concha Méndez.
R.: Así es. Aquí vive con su hija Paloma, en la calle Tres Cruces de Coyoacán. Hace tiempo que no les veo. Tampoco a Palomita que es una buena grabadora. No hemos citado a Pla y Beltrán. Lo conocí en Valencia. Silvestre Revueltas vivió con Pla y Beltrán en Valencia durante la guerra civil española. Había otro muchacho, Bernardo Clariana que se exilió en Nueva York. Era un joven poeta muy amigo de Octavio Paz.
P.: A José Renau lo trató en México.
R.: A Renau lo quise mucho. Era un buen compañero. Tuve con él una relación muy cordial.
P.: Octavio Paz apoyó mucho a los escritores españoles.
R.: Sobre todo a Gil-Albert y a Ramón Gaya.
P.: Hubo una crítica de Ramón Gaya en la revista Taller sobre José Guadalupe Posada que creó un cierto malestar.
R.: No es que no haya gustado. En realidad Posada es un gran artista popular. No sé como decirle. En todas partes pasa lo mismo. Yo me pregunto ¿quién conoce a Ramón Gaya en España?
P.: Ahora es más conocido.
R.: En esa época el primero que hace un elogio de Posada es Diego Rivera. In illo tempore. Hace años. Y si alguien habla de Posada y de su vida –corta, por cierto– y de los 20.000 grabados que hizo y el trabajo forzado de operario, merece mucho respeto. Se puede hablar de Posada lo que quieras pero fuera del círculo de contemporáneos esa crítica no llegó al pueblo. Es una cuestión de cierto gusto. Un grabador auténticamente popular. La obra de Posada está por encima de cualquier crítica. Para hablar de Posada hay que pensar en su tiempo, cómo trabajaba, al pie de la imprenta y haciendo trabajos de encargo. Posada merece una película. A ver si un día la hacemos. Ramón Gaya personalmente, buen amigo, tenía un criterio diferente.
P.: Ramón Gaya y José Renau tuvieron una gran polémica sobre el cartel durante la guerra española.
R.: No lo sabía. Soy amigo de ambos. No debemos intervenir en las divergencias de opiniones de los intelectuales. Ahora bien cuando el tema tiene una repercusión popular es otra cosa. Nosotros debemos dejarles que discutan.
P.: ¿Los escritores españoles se integraron en la cultura mexicana?
R.: Algunos se integraron bien. Integrados realmente es difícil decirlo. Es curioso pero los que más se integraron a este país, de corazón, fueron los andaluces. ¿Se ha fijado? Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Juan Rejano se adaptaron bien. José Bergamín les llamaba los «garabitos».
P.: Sin embargo creo que los artistas lo tuvieron más difícil.
R.: Sí, fue más difícil. Aquí vinieron muchos pintores españoles: Enrique Climent, Miguel Prieto, Arturo Souto. Creo que Miguel Prieto se integró mejor como diseñador gráfico en los periódicos. Quizás, por su trabajo diario, no pudo desarrollar mejor su obra pictórica. A Rodríguez Luna le fue mejor. Compaginó bien sus clases con sus pinturas. Integrarse en otro país nunca es fácil.
P.: ¿Qué aportó el exilio español a México?
R.: Para la idea del mundo que yo tengo y para cambiar las cosas de historias pasadas la emigración siempre es buena. A mí gustaría que el mundo tuviera una raza única. Imagínese el cambio que habría en el mundo si los arios fueran a África y los negros a Alemania. Ese sí que sería un cambio.
Entrevista realizada en la ciudad de México el 19 de septiembre de 1981.
1 Gustavo Fierros: Memorial del aventurero. Vida contada de Juan de la Cabada, Memorias Mexicanas, Conaculta, México, D.F., 2001 (Presentación: Cristina Pacheco).
2 Juan de la Cabada: «Taurino López (Fragmento de novela)», en Hora de España, Año I, nº. IX, Valencia, septiembre, 1937, págs. s/n
3 Juan de la Cabada viajó en el vapor Vendamm que organizó la Junta de Cultura Española con el Gobierno de México para enviar una delegación de artistas, escritores y familiares españoles desde Saint Nazaire a Nueva York en Abril de 1939. En esa delegación iban cerca de 50 personas. Entre ellas Manuela Ballester (pintora) y sus hermanas Rosa y Josefina (grabadoras), José Bergamín (escritor), Josep Carner (poeta), Luisa Carnés (periodista), Roberto Fernández Balbuena (arquitecto), Rodolfo Halffter (músico), José Herrera Petere (poeta), Paulino Masip (escritor), Miguel Prieto (pintor), Emilio Prados (poeta), Antonio Rodríguez Luna (pintor), Antonio Sacristán (economista), Eduardo Ugarte (director de teatro), Ricardo Vinós (maestro), etc.
4 Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Organización de artistas y escritores propiciada por el Partido Comunista Mexicano. Estuvieron al frente del mismo Juan de la Cabada y José Mancisidor. En 1937 recibieron la invitación de la Alianza de Intelectuales para Defensa de la Cultura de Madrid para asistir al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura celebrado en Madrid, Barcelona y Valencia en Julio de 1937. El responsable de la delegación mexicana fue el maestro y escritor José Mancisidor.
5 La delegación cubana estaba integrada por los escritores Nicolás Guillén, Juan Marinello y Félix Pita Rodríguez.
6 Una de las actividades paralelas que desarrolló la delegación mexicana fue la organización de la exposición Cien Años de Grabado Político Mexicano que comisariada por Fernando Gamboa con la ayuda del pintor José Chávez Morado, tuvo lugar en el Ateneo Popular de Valencia en Julio de 1937. Una muestra que luego se exhibió en Madrid y Barcelona. Vid.: Ramón Gaya: «Exposición de artes plásticas mexicanas», en Hora de España, Año I, nº. IX, Valencia, septiembre, 1937, págs. 69-70, y Nueva Cultura, Año III, nº. 6-7-8, Valencia agostoseptiembre-octubre, 1937. Número extra dedicado a México con reproducciones de la exposición Cien años de grabado político mexicano.
7 Joaquín Pérez Salas (1886-1939). Comandante del Arma de Artillería del Ejército español. Durante la guerra civil española estuvo al mando de diversos Cuerpos del Ejército republicano. En 1939 fue detenido, juzgado y fusilado.
8 La Junta de Cultura Española estaba presidida por José Bergamín, Josep Carner y Juan Larrea. Los vocales eran Juan M. Aguilar, Roberto Fernández Balbuena, Corpus Barga, Pedro Carrasco, J. Gallegos Rocafull, Rodolfo Halffter, Emilio Herrera, Manuel Márquez, Agustín Millares, Tomás Navarro Tomás, Isabel O. de Palencia, Pablo Picasso, A. Pi i Sunyer, Enrique Rioja, Luis A. Santullano, Ricardo Vinós y Joaquín Xirau. El secretario era Eugenio Imaz.
9 Pedro Garfias (Salamanca, 1902-Ciudad de México, 1967). Poeta. Autor de los libros: El ala del Sur (1926); Poesías de la guerra (1937); Héroes del Sur (1938), De la soledad y otros pesares (1948), etc. En el exilio colaboró en las revistas Romance y Cuadernos Americanos.
10 Manuel Altolaguirre (Málaga, 1905-Burgos, 1959). Poeta y editor vinculado a la Generación del Veintisiete. Fundador con Emilio Prados y Juan Rejano de la revista Litoral (Málaga, 1926) y editor de las revistas Poesía (1930) y Héroe (1932), Caballo verde para la poesía (1936), etc. Miembro de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura. Exiliado en Cuba editó las revistas Atentamente (1940) y La Verónica (1942). Exiliado en México trabajó como productor de cine. De regreso a España murió en un accidente con su mujer cubana María-Luisa Gómez Mena. Vid.: Gonzalo Santonja: Un poeta español en Cuba. Manuel Altolaguirre, Círculo de Lectores, Madrid, 1994 y James Valender: Manuel Altolaguirre. Álbum, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, Madrid, 2012.

José Chávez Morado, pintor, México, 1986
(Foto: Elsa Medina)
JOSÉ CHÁVEZ MORADO, PINTOR
José Chávez Morado, pintor, muralista y grabador nació en Silao, Guanajuato, 1909 y falleció en Guanajuato en el 2002.
Tras hacer sus primeros estudios empezó a trabajar en la Compañía de la Luz de Silao (Guanajuato).
En 1925 emigró al Estado de California en Norteamérica donde compaginó las tareas del campo con las bellas artes ganándose algunos dólares haciendo caricaturas.
Años más tarde, en 1934, regresa a su país, se instala en la Ciudad de México y sigue algún curso en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos donde conocería a su futura mujer, la pintora Olga Costa.
Trabajó en el Taller de Gráfica Popular,1 con el grabador Leopoldo Méndez y como ilustrador «cartonero» en diversos periódicos mexicanos: La Voz de México, Comate y la revista de humor «El Eje…Le».
Artista de ideas progresistas militó desde joven en la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y en el Partido Comunista Méxicano (PCM).
Como miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios asistió al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937). En dicha ciudad colaboró con Fernando Gamboa en la exposición Cien Años de Grabado Político Mexicano, ilustrando asimismo la Portada de la revista Nueva Cultura dedicada al mencionado congreso.2
De la guerra civil española, aparte de una serie de recuerdos, anécdotas y vivencias, conserva unos cuadernos de notas, dibujos y litografías, testimonio de los horrores de aquella contienda.
Amigo de algunos artistas y escritores refugiados españoles –Max Aub, Manuela Ballester, José Renau, etc.– apoyó siempre las actividades solidarias con el exilio español en México.
A lo largo de su trayectoria artística hizo murales para la Escuela Normal de Xalapa –que dirigía el escritor José Mancisidor–; el Centro Médico de México y el Museo de la Alhóndiga de Guanajuato.
Durante unos años fue director del Museo de la Alhóndiga de Guanajuato.
Pregunta: ¿Cómo se inició en el mundo del arte?
Respuesta: Provengo de una familia de clase media de la que heredé una buena biblioteca. Pero los avatares de la Revolución mexicana empobrecieron a mi familia y tuve que emigrar a los Estados Unidos cinco años y realizar trabajos del campo. Puede decirse que tuve la experiencia de ser un «bracero». Cuando regresé a México ya sabía dibujar. De pequeño copiaba libros. Me acuerdo que en la biblioteca de mi familia estaba La Ilustración Española y una serie de libros con ilustraciones. Yo copiaba. Durante la época que estuve en el campo en los Estados Unidos dibujaba a mis compañeros. Con ese bagaje cuando regresé a la ciudad donde nací, Silao, en el Estado de Guanajuato, tuve que buscar mi camino. Mi vocación era ser pintor. Yo llegué a México en 1931.3
P.: ¿Cuál fue su formación?
R.: Tuve una formación muy irregular. Fui alumno de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Tuve una mediana preparación técnica en grabado más que en pintura. Pero teníamos la gran enseñanza reciente, fresca y palpitante del muralismo mexicano. Esa fue realmente mi formación. Al mismo tiempo y para ganarme la vida ingresé como maestro de Dibujo en las Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Por entonces incluso la generación anterior a la mía –Julio Castellanos, Rodríguez Lozano, Rufino Tamayo, etc.,– había tenido que servir al Magisterio Nacional, es decir a la enseñanza, por razones económicas, pues nosotros no teníamos mercado.
P.: ¿Qué aportó entonces el plan de José Vasconcelos?
R.: De esa época había quedado el lema de construir el país cada uno con su propia obra.
P.: Por entonces se casó usted.
R.: Así fue, en 1935, me casé con Olga Costa,4 una joven pintora de mi época.
P.: ¿Tenía alguna militancia política?
R.: De pronto, en 1936, estalla la guerra civil española. Nosotros que ya estábamos militando al lado de la política del General Lázaro Cárdenas en las luchas interiores en la defensa de los derechos de los trabajadores, los campesinos, etc., vimos los peligros del desarrollo del fascismo y su aparición, por ejemplo, en Abisinia. Esa era una de las preocupaciones que teníamos entonces. Sin una militancia política definida, simplemente como un joven sensible, me sentía al lado de la política cardenista. En 1936 comenzaron las luchas en España. En nuestra generación hubo un fenómeno interesante. En principio pensábamos que no estábamos tan ligados con España. Creíamos que éramos un país latinoamericano con viejas querellas con España. Algo que nos había quedado de una mala educación en la que el villano era España y el héroe era México. Pero ese perfil mexicano no estaba aún definido. Sin embargo cuando Alemania e Italia golpearon a España un recorte de nosotros brincó por razones de justicia y de afinidad cultural.
P.: ¿Qué influencias tuvo?
R.: Además del grupo los Contemporáneos,5 existía la Escuela Mexicana de Pintura. Fueron dos movimientos divergentes y antagónicos. ¿Qué era la pintura mural y la novelística mexicana? Era el descubrimiento de las raíces mexicanas con su contenido indígena y sus querencias españolas. Por entonces había hispanistas tremendos que escribían casi como si estuvieran en el Virreinato. Había como una nostalgia del pasado. Entonces se produjo todo lo contrario. Un indigenismo extremado. De todas maneras fue el descubrimiento de nuestras raíces. ¿En ese contexto que significación tiene el grupo de artistas y escritores de los Contemporáneos? Ellos suponen la búsqueda de una internacionalidad mayor de la cultura. Querían saber qué estaba pasando, por ejemplo, en Francia. Qué era la Escuela de Pintura de París. Y además Diego Rivera no sólo había vivido en París sino que venía de la Escuela de Pintura de París.
P.: La aportación de Diego Rivera al Cubismo fue muy interesante.
R.: Mucho, aunque nunca fue un pintor cubista ortodoxo.
P.: Como la pintora española Marie Blanchard.
R.: En cambio los Contemporáneos tuvieron un rechazo a esa posición. Ellos decían que había que traer lo que había fuera. Ante el Muralismo Mexicano surge como contrapartida al grupo de los Contemporáneos.
P.: Y su generación ¿qué posición toma?
R.: Mi generación por razones de identidad social y por conciencia política toma el camino del pueblo. Consideramos a los Contemporáneos como elitistas. En cierto modo lo fueron. Eso no era un demérito pues las elites también aportan ideas a la cultura. Yo no estaba con los Contemporáneos. Algunos pintores sí. La reacción de la segunda generación de los artistas mexicanos que estaba representada por Julio Castellanos, María Izquierdo, Rufino Tamayo y muchos más sí tuvieron una influencia de los Contemporáneos. En el tronco común de la cultura mexicana surgen injertos inevitables, necesarios. Eso fueron ellos. Nosotros no.
P.: La Ciudad de México, en el año treinta, también fue una capital de moda entre los fotógrafos europeos (Cartier Bresson) y norteamericanos (Edward Weston, Paul Strand, etc.). ¿Esa presencia se notó en la escena artística mexicana de la época?
R.: Yo no los conocí. Era un recién llegado. Conocí la película Raíces de Fred Zimerman con aportación fotográfica de Paul Strand y su portafolio que sí creo influyó en los fotógrafos mexicanos.
P.: Por ejemplo a Manuel Álvarez Bravo.
R.: Álvarez Bravo siempre ha declarado que Tina Modotti fue un conducto para que Edward Weston influyera en su obra. Eso es muy importante. Pero los pintores estábamos buscando unas raíces que Diego Rivera había descubierto. Diego un parísino en buena manera –originario, por cierto, del estado donde yo nací– donde la presencia indígena es casi imperceptible, es decir una población de un mestizaje muy españolizado. Diego Rivera, cuando regresa de Francia, descubre las raíces prehispánicas. Esa inquietud también me la trasmitió a mí. Yo tampoco conocía entonces el grito indígena prehispánico. La cultura de los pueblos conquistados en esta metrópoli. De modo que todo este ambiente que era excitante aunque no estaba presente en esos años en Rivera, Orozco y Siqueiros, porque en los años treinta estaban trabajando, casi todos ellos, en el extranjero. Rivera y Orozco estaban trabajando en los grandes murales de los Estados Unidos. Nosotros estábamos solos. Hubo un personaje sin embargo que debo citar porque se había formado con ellos. Era el grabador mexicano Leopoldo Méndez. Un personaje que merece un reconocimiento.6
P.: Leopoldo Méndez había recogido, en cierta manera, el legado de José Guadalupe Posada.
R.: Así es. Pero Leopoldo Méndez le da al grabado una dimensión que no le da Guadalupe Posada. El grabador Posada estaba más cerca del pueblo. Leopoldo tiene más contacto con el muralismo. Esa fue mi formación. Porque yo soy un hombre que no pudo hacer estudios. Ni de secundaria. Ni de bachillerato. Soy autodidacta.
P.: ¿Qué papel jugó la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios?7
R.: La Liga fue creada por el Partido Comunista Mexicano. Su gran influencia se siente allí y también sus grandes militantes. Porque la Liga tuvo una gran proyección. Fue un foro para que gentes de posiciones muy diferentes discutieran. Pero también tuvo los sectarismos propios de la época. Sin embargo allí conocimos gentes de una gran experiencia en las artes como en la política como Juan de la Cabada. Para nosotros los jóvenes era como una especie de profeta de la calle. Un hombre con todo el sentido popular que guardó toda la vida, alguien que había tenido la experiencia de las cárceles, persecuciones, militancia. Ese era el ambiente de esa época.
P.: ¿Cuándo ingresó en la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios?
R.: Ingresé en la Liga tras haber hecho en 1936 mi primer mural en Xalapa. Con la audacia propia de la juventud acepté el encargo y pinté un mural al fresco para la Escuela Normal de Xalapa en esos años. Mi tema del mural de ese tiempo fue el anti-imperialismo en la historia de Veracruz. Durante mi estancia en la capital del Estado de Veracruz conocí a José Mancisidor.8
P.: ¿Quién fundó la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios?
R.: José Mancisidor vivía en Xalapa. Aquí en la Ciudad de México ya existía la Liga. Este escritor fue uno de los defensores del Puerto de Veracruz en ocasión de la invasión de los norteamericanos. Era un joven cadete de la Marina. Y peleó en defensa de México. Cuando conocimos a Mancisidor en Xalapa, recién casados, era un hombre maduro, un profesor de la Escuela Normal, nos trató con esa franqueza y esa apertura que tienen los veracruzanos y nos ayudó mucho. Cuando regresamos de Xalapa al terminar el trabajo él vino para la Ciudad de México. Y seguimos en contacto. Entonces ingresé a la Liga y también, de acuerdo a mis inquietudes antifascistas, ingresé al Partido Comunista Mexicano en 1937. Poco después la Liga recibió la invitación para enviar delegados escritores al Congreso de Valencia.
P.: Invitación indistinta para escritores y artistas.
R.: Nosotros los pintores nos sumamos a la delegación. Fernando Gamboa entonces no era pintor sino alumno de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Desde entonces se dedicó a la museografía.
P.: ¿Qué delegados fueron a España?
R.: No soy el mejor testigo de esa experiencia. Desde luego el comisario y encargado de nuestra delegación fue José Mancisidor. Con nosotros venían el músico Silvestre Revueltas y Fernando Gamboa que era el editor y director de la revista histórica Frente a Frente. Era un gran organizador. Asistió asimismo el escritor Octavio Paz, como invitado. No sabría decirle cómo lo invitaron. Él ha escrito que estaba en el Sureste de México y que recibió la invitación a través de una carta. También venían el escritor Juan de la Cabada y María Luisa Vera, una profesora que pertenecía a la sección de Pedagogía de la Liga. Porque esta organización en un momento dado se abrió también a recibir a los maestros.
P.: Falta citar al poeta Carlos Pellicer.9
R.: Pero Carlos Pellicer no era miembro de la Liga. Él fue invitado porque era un gran poeta. No nos acompañó en el viaje. Viajó aparte. Carlos Pellicer era un poeta católico pero con sentimientos antifascistas completos.
P.: Como José Bergamín.
R.: Sí, seguramente. Octavio Paz tampoco era miembro de la Liga.
P.: Pero Octavio Paz era entonces de izquierdas.
R.: Mire, yo no conocía a Octavio Paz. Puedo decir que nunca conocí bien a Octavio Paz. Solo lo conocí hasta que lo traté en Valencia. Por entonces había escrito un par de libros: Bajo tu clara sombra (1937) y La raíz del hombre (1937). Era además un joven apolíneo. Recién casado con Elena Garro, su primera mujer que lo acompañó a España, como Fernando Gamboa también recién casado con Susana Stell, una norteamericana muy bella y de gran corazón. Fue una colaboradora imprescindible de la actividad de Fernando Gamboa en esos años. Olga y yo sentimos un gran aprecio a ambos.
P.: ¿Cómo fue el viaje de México a España?
R.: Fui invitado como miembro de la Liga. Creo que fue José Mancisidor quien promovió mi invitación. Porque veníamos casi juntos de Xalapa y un día nos encontramos con Fernando Gamboa en la sección de Artes Plásticas de la Liga de la que yo había sido el jefe al principio del Gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-40). Puesto que había dejado para dedicarme a pintar. Fernando Gamboa y yo teníamos una buena amistad. Él era un hombre capitalino con conocimiento del mundo del arte. A Fernando Gamboa se le ocurrió la exposición de Cien Años de Grabado Político Mexicano. Allí empezó, por nuestra parte, el destripadero de libros con grabados. En la biblioteca de mi familia había un ejemplar de Los mexicanos pintados por ellos mismos, con litografías del siglo XIX. Un rarísimo ejemplar con una descripción de los personajes de la época. De allí arrancamos las páginas que hicieron falta para la exposición. Fernando, por su parte, consiguió asimismo muchas estampas de la prensa mexicana y periódicos políticos del siglo XIX. Grandes litógrafos que tuvimos en el siglo pasado como Evodio Escalante y Picheta, seudónimo de Gabriel Vicente Gahona.
P.: ¿Gabriel Gahona entre ellos?
R.: En ese tiempo Gahona no era tan conocido. Picheta el grabador yucateco era más conocido. Pero teníamos las revistas del XIX como La Orquesta, El Ahuizote, El hijo del Ahuizote Don Bullebulle, etc. Toda esa herencia de gráfica política que nos dejó el liberalismo mexicano del siglo XIX. Por esas fechas existían, asimismo, grandes grabadores contemporáneos como Leopoldo Méndez, Alfredo Zalce, Pablo O’Higgins, etc. Con la audacia propia de Fernando Gamboa arramblamos con todo para España y como teníamos el apoyo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) nos lanzamos en automóvil –un antiguo Ford negro– y cruzamos la frontera mexicana y nos fuimos a Nueva York. Un largo viaje. Tenía una fotografía –que le regalé al escritor José Revueltas y la perdí– en la que aparecía el músico Silvestre Revueltas con una cachucha de chófer de visera, sentado en Monterrey. Así hicimos todo el viaje. Y así nos hicimos grandes amigos gentes que apenas nos conocíamos.
P.: ¿Quiénes iban en ese viaje?
R.: Todos los escritores y artistas citados menos Carlos Pellicer.9 Hicimos la ruta con diversas paradas. Al llegar a Nueva York nos embarcamos. No recuerdo el nombre del barco. Hicimos una travesía plena de alegría. Al llegar a París nos encontramos al Coronel Adalberto Tejeda que era el embajador de México en Francia (1935-37). Antes había sido Gobernador de Veracruz. Un radical de izquierdas. Una izquierda no partidista. Con Garrido Canavas y Garrido Puerto había formado un triunvirato de gobernadores que habían constituido el Partido Socialista del Sureste. Que era de un radicalismo casi anarquista. El Coronel Adalberto Tejeda nos recibió en París. Era un hombre apasionado por la música. Un personaje interesante. Sólo conocía a José Mancisidor pues ambos eran de Veracruz. Y así estuvimos hasta cruzar la frontera.
P.: ¿Cómo fue el viaje a España?
R.: Tengo vagos recuerdos del viaje. España me embargaba. Veía tantas cosas… Sí que recuerdo cuando llegamos a Valencia y la Embajada de México nos mandó a alojarnos en una Residencia que tenía por el Puerto de Valencia. En el Grao. Allí empezamos a distribuirnos. Los que íbamos sin mujer éramos Juan de la Cabada y yo. Nos alojamos en una terraza con un techo de cristal. Así cuando pasaban los bombardeos salíamos corriendo y veíamos pasar los aviones italianos y los fogonazos de las baterías antiaéreas. Estábamos extasiados viendo aquello.
P.: ¿Qué recuerdos tiene de Valencia?
R.: Mire, no era el tiempo para fijarnos en la ciudad. Sí recuerdo, sin embargo una portada barroca excelente de un museo.
P.: ¿El Palacio del Marqués de Dos Aguas?
R.: Sí, ese mismo. En fin… los recuerdos se pierden al paso de los años. Había tal excitación en la calle. Veías a los jóvenes milicianos que regresaban heridos del frente. Veías a la gente con esos monos que llevaba todo el mundo. Creo que eran de color verde. Bueno, los primeros días no vimos prácticamente nada, pues estuvimos ocupados en montar la exposición en el Ateneo Popular de Valencia. Fue entonces cuando apareció José Renau. Entre todos montamos la muestra de Cien Años de Grabado Político Mexicano. Creo que llevamos como cincuenta o sesenta grabados. Unos antiguos y otros contemporáneos. Quizás Fernando Gamboa se acuerde. Él había encontrado un grabado político alusivo a la guerra de la independencia. Un grabado del siglo XVIII. Presentamos la exposición frente a la Plaza de Emilio Castelar. Por allí, más o menos. Recuerdo un gran calor de amistad de los valencianos.
P.: ¿Tiene alguna anécdota de aquella estancia?
R.: Pues sí. De la residencia donde estábamos. La casa tenía un baño común. Allí me encontré a un señor muy educado que salía del baño con las manos temblando. Como si tuviera el mal de Parkinson. Luego me enteré que era el que les había cosido la boca a los mineros rebeldes de Asturias con alambre. Había falangistas y monárquicos españoles refugiados en la Embajada de México. Nunca se les veía. Muchos franquistas habían recurrido al refugio de la Embajada de México porque era de las más seguras. Creo que todas las Embajadas eran seguras pues la República española no había violado el espacio de ninguna embajada extranjera.
P.: ¿Quién era el embajador de México en España?
R.: El embajador de México en España don Ramón de Negri. Era un mexicano que había sido distinguido durante la Revolución mexicana, tenía como hijastro con una dama argentina a Carlos de Negri un periodista notorio en México porque era nefasto. Lo vimos en Barcelona. Llevaba el brazalete de las Juventudes Socialistas Unificadas de Cataluña haciendo cosas que denigraron a su pobre padre.
P.: ¿A quién conoció en España?
R.: No tenía entonces muchas relaciones culturales. Yo no era un intelectual. Pero entonces era un artista inmaduro. Quien iba al encuentro con sus iguales o sus superiores y le dedicó mucho tiempo fue Octavio Paz. Fue al encuentro de los literatos españoles más que a la lucha política. Allí hizo muchas relaciones con los escritores españoles. Para él ir a España, supongo, fue muy importante. Creó las relaciones que fueron definitivas para su carrera. No para su talento que ya lo tenía. Yo no estoy denigrando a nadie. Solo doy testimonio de lo que hizo en el viaje a España.
P.: Luego viajaron a Madrid.
R.: Desde Valencia fuimos a Madrid y allí encontramos a Rafael Alberti. Yo lo había conocido cuando viajó a México con María Teresa en 1935. Guardo un retrato con Rafael Alberti en la Alameda de México. La sede de la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura estaba, en Madrid, en el Palacio de los Marqueses de Heredia Spínola. El escritor Alberti era de tal exuberancia que una noche invitó a la delegación mexicana –José Mancisidor, Silvestre Revueltas, Fernando Gamboa, etc.– a la sede de la Alianza. Con él estaba Santiago Ontañón. Al salir de la reunión me dice Silvestre Revueltas: ¡Qué bien hablan los españoles!
Porque nosotros no habíamos abierto la boca en toda la noche. Para nosotros los españoles eran tan exuberantes en su voz, habla, tono que nos dejaron orillados. Tanto Silvestre Revueltas como José Mancisidor eran hombres de pensamiento. Fue una experiencia inolvidable.
P.: ¿Qué recuerdos tiene de Madrid?
R.: Nosotros estuvimos en el Barrio de Arguelles de Madrid. Simplemente. En ese viaje hice pequeños dibujos y tomé muchas notas. Conservo algunas. Incluso al regreso hice algunas litografías. Me impactaron mucho los bombardeos y la presencia de los anarquistas.
P.: ¿Tuvieron algún problema en ese viaje?
R.: Nosotros fuimos a España en representación del gobierno del Lázaro Cárdenas. Tanto la Unión Soviética como México habían enviado armas a España. Entonces los anarquistas estaban en contra de la Unión Soviética y algunos anarquistas quisieron tomarnos a nosotros como bandera contra Rusia. Ahí hay que destacar las proezas dialécticas de José Mancisidor para no entrar en conflicto con los anarquistas y los trotskistas. Pero tampoco servir de bandera al antisovietismo de estas gentes. Era un asunto delicado. Solamente la gran experiencia política de José Mancisidor nos evitó problemas.
P.: ¿Qué recuerda de Silvestre Revueltas?10
R.: En Valencia el músico Silvestre Revueltas dirigió conciertos de sus piezas musicales. El público eran milicianos y otros particulares. La música de Silvestre gustó mucho. Es una música estallante, con mucho color, drama y alegría. Eran un gran compositor… Realmente tuvimos unas experiencias magníficas. Tuvo mucho éxito en Madrid, Barcelona y Valencia. Creo recordar que en Barcelona tocó con la Orquesta de Pau Casals.
P.: ¿Algún recuerdo más de la guerra?
R.: Sí, en una ocasión nos invitaron a una playa cerca de un Sanatorio para los heridos de guerra en Benicásim. Llegamos allí y de pronto las dos bellas mujeres de nuestro grupo –Susana Steel y Elena Garro– en plena juventud deciden meterse en el mar. Susana era una mujer corpulenta de una belleza similar a la Diana Cazadora. Una norteamericana de gran vigor. Y Elena no llevaba traje de baño. Se puso los calzones de Octavio sin su permiso y con una pañoleta al pecho se zambulló en la playa. De pronto se oyó un rugido de todos los heridos que gritaban ante el inaudito espectáculo. Inolvidable.
P.: ¿Y de su viaje a Madrid?
R.: Recuerdo mi paso por el Hotel Palace de Madrid. Allí hice muchos dibujos de heridos de la guerra. Horribles pero testimoniales. Ojalá hubiera tenido mayor madurez como artista. Tal vez hubiera hecho algo mejor.
P.: ¿Usted colaboró en alguna revista española?
R.: La revista Nueva Cultura publicó algún dibujo mío. Yo era entonces muy joven. Al llegar a Valencia tenía un cierto talento. Pero no tenía la madurez de Goya.
P.: ¿Asistió a alguna sesión del Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura celebrado en Valencia?
R.: Me asomé alguna vez pero tanto Fernando Gamboa como yo nos centramos en la exposición y en la realización de algunos carteles. Recuerdo que uno de los carteles tenían imágenes de campesinos mexicanos. Gamboa era un excelente diseñador gráfico. Más que un creador de imágenes. Un excelente museógrafo. Se entrenó para pintor pero desarrolló su talento como organizador y museógrafo.
P.: ¿Qué papel jugó la delegación mexicana en el Congreso de Valencia?
R.: La participación más destacada fue de los escritores José Mancisidor y Octavio Paz. Juan de la Cabada era un hombre de un gran valor político pero no era un orador. Era sobre todo un narrador oral.
P.: ¿Encontró al pintor Siqueiros en Valencia?
R.: No. A Siqueiros lo vi en el frente de Córdoba. Allí fuimos invitados por un coronel veracruzano Juan Bautista Gómez, paisano de José Mancisidor. Fuimos a verlo Mancisidor, Revueltas y yo. Como Revueltas era dipsómano, entre Mancisidor y yo nos ocupábamos de que no bebiera. Que no cayera en el alcoholismo. Silvestre me quería mucho pero yo era muy joven para contenerlo. Silvestre me decía:
–Muchacho vertical, déjeme en paz.
Estando en esa población cordobesa se presentó Siqueiros vestido de riguroso uniforme y con dos ayudantes. Todo muy teatral. Al quitarse el quepis descubrimos su rizada y larga melena mientras que sus ayudantes iban rigurosamente con la cabeza rapada. Fue un encuentro cariñoso. A Angélica Arenal no la vimos.
P.: ¿Encontró en España a Tina Modotti?
R.: No la vi en España. La encontré en México tras la guerra. La vi con Vittorio Vidali. Ellos quisieron trabajar en el Partido Comunista Mexicano. Él era un militante bastante influyente. Lo conocí como cartonero, es decir dibujante político. Él participaba en la redacción de La Voz de México. A veces iba a la redacción acompañado de una señora de aspecto triste, gris, pelo cano, algo marchita. Yo no sabía que era Tina Modotti.
P.: Pero entonces apenas tenía cuarenta y pico años.
R.: Yo la conocí así. Totalmente marchita. Al cabo de varias veces me di cuenta que era Tina Modotti.
P.: ¿Tina Modotti, leyenda o realidad?
R.: Creo que Tina Modotti por sus convicciones se entregó completamente a la lucha política y dejó la fotografía. En España no hizo fotografías. Al volver a México no sé si hizo algo. Quizás algún encargo para sobrevivir. Yo creo que la militancia política y el fanatismo acabaron con ella. La consumió. Era una época propicia al fanatismo.
P.: ¿Cuánto tiempo estuvo en España?
R.: Estuvimos en Madrid, Barcelona y Valencia. Allí descubrí los bombardeos. Sobre todo los bombardeos de los aviones italianos. Ya le dije que estuvimos una vez en el barrio de Arguelles de Madrid. Nosotros nunca estuvimos cerca del frente. Yo recuerdo el barrio de Arguelles como la Ciudad de México tras un terremoto. Recuerdo que imprudentemente alguien dejó de seguir las instrucciones de quien nos acompañaba y oímos el sonido de las balas encima de nuestras cabezas. Estaban tirando desde una trinchera. En Madrid teníamos instrucciones de no salir de noche por el peligro de los francotiradores que disparaban a los transeúntes por la noche. Acabo de ver en la televisión mexicana un reportaje sobre la guerra civil española que me devolvió todos los recuerdos y sentí todo el horror de una guerra.
P.: ¿Qué hace al volver a México?
R.: Sigo militando en el Partido Comunista Mexicano y al llegar los exiliados me vinculó a los refugiados, sobre todo a los artistas. En particular a Miguel Prieto a quien conocimos en la sede de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura de Madrid. Era un buen tipo. Pequeño de estatura. Muy callado. Al llegar a México lo tratamos a menudo. A él le debemos un nuevo diseño tipográfico de la prensa cultural mexicana. A Miguel Prieto y a Vicente Rojo que fue su alumno.
P.: ¿Los artistas españoles colaboraron en el Taller de Gráfica Popular?
R.: Invitamos a los compañeros españoles que vinieran a trabajar con nosotros. Pero no vinieron. Enrique Climent y Rodríguez Luna vinieron alguna vez. Climent hizo unos paisajes y Rodríguez Luna hizo la carpeta de los Campos de concentración.
P.: ¿Se entendieron los artistas españoles con los artistas mexicanos?
R.: No nos entendíamos, de verdad. Era imposible. Teníamos una formación distinta.
P.: El caso de José Renau es distinto ¿no?
R.: Con Renau me entendí mejor. Creo que era el artista más preparado. No digo que fuera el mejor artista. En ese caso diría Rodríguez Luna. Pero era el mejor preparado.
P.: Renau pasó de ser director general de bellas artes a ser cartelista de cine.
R.: A Renau no se le ha hecho justicia. En México no. Mire Arturo Souto tenía un gran oficio. Miguel Prieto hizo buenos retratos. Estuvo muy influenciado por el contexto literario. Enrique Climent fue un artista exquisito. Pero el único que llegó a expresar el drama del exilio fue Rodríguez Luna. Esa pintura negra de Rodríguez Luna sobre el exilio fue una aportación extraordinaria.
P.: ¿Cuál era el discurso de los mexicanos?
R.: Nosotros estábamos preocupados por el mestizaje cultural. No nos siguieron. Ni podían, ni debían seguirnos. Alguna vez Rodríguez Luna intentó hacer pintura mexicana y no pudo. Los españoles tenían una influencia tardía de la Escuela de París. Los españoles eran más académicos. Ramón Gaya por ejemplo fue un pintor muy fino. Nosotros esperábamos otro tipo de respuesta de los artistas españoles.
P.: ¿Qué artistas españoles tuvieron éxito en México?
R.: Sobre todo Enrique Climent y Rodríguez Luna. A Arturo Souto también le fue bien.
P.: ¿Usted hizo alguna obra sobre España?
R.: Tengo algunos paisajes sobre España.
Entrevista realizada en la ciudad de México el 23 de septiembre de 1986.
1 Taller de Gráfica Popular. Colectivo de grabadores fundado en la Ciudad de México en 1937 por los artistas Leopoldo Méndez, Pablo O’Higgins y Luis Arenal Bastar. Prosiguieron la tradición mexicana del grabado popular iniciada por José Guadalupe Posada. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-40) apoyaron las políticas de ese dirigente mexicano. Se especializaron en grabados al linóleum y madera. Hicieron obras en solidaridad con los republicanos durante la guerra civil española.
2 Nueva Cultura, año II, nº. 6, Valencia, julio-agosto, 1937, pág. 1.
3 Cristina Pacheco: «José Chávez Morado: la pintura como destino y pasión», en La luz de México. Entrevistas con pintores y fotógrafos, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1988, págs. 218-234.
4 Olga Kostakovsky, nacida en Leipzig (28-08-1913) era hija del músico alemán Jakob Kostakovsky y llegó a México en 1925. Estudio bellas artes en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de México. En 1935 se casaría con José Chávez Morado. Vivió muchos años en Guanajuato donde creó, con su marido el Museo Olga Costa-Chávez Morado. Falleció en Guanajuato (1993). Vid.: Cristina Pacheco: «Olga Costa: la atmósfera mexicana», en La luz de México. Entrevistas con pintores y fotógrafos, Fondo de Cultura Económica, México, D.F., 1988, págs. 161-174.
5 Los Contemporáneos (México, 1928-31), revista cultural y literaria, atenta a lo nuevo, fuera y dentro de México y al margen de la política, en la que colaboraron los escritores: Octavio G. Barreda, Jorge Cuesta, Bernardo J. Gastelum, Enrique González Rojo, José Gorostiza, Elías Nandino, Salvador Novo, Gilberto Owen, Bernardo Ortiz de Montellano, Carlos Pellicer, Jaime Torres Bodet, Xavier Villaurrutia, etc. Bernardo Ortiz de Montellano dirigió varios años la revista (1929-31). El pintor, grabador y diseñador gráfico español García Maroto diseñó la portada de la revista y colaboró sobre temas artísticos. Entre los colaboradores españoles se encontraban: Manuel Altolaguirre, García Maroto, Benjamín Jarnés. Vid.: Manuel Durán: Antología de la revista Contemporáneos, Fondo de Cultura Económica, México, 1973.
6 Leopoldo Méndez (Ciudad de México, 1902-69). Grabador mexicano. Formado en la Escuela de Pintura al Aire Libre de Chimalistac. Formó parte del grupo artístico de los Estridentistas (1921). En 1928 se traslada a Veracruz. En 1930 viaja a los Estados Unidos. En 1932 colabora con la Secretaria de Educación Pública de México. Fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (1932). Fundador del Taller de Gráfica Popular (1937-52). Militó en el Partido Comunista Mexicano. Becado por la Guggenheim Foundation de Nueva York (1939). Premio Nacional de Grabado (1946). Fundador de la Academia de las Artes de México (1968).
7 Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR). Asociación de artistas y escritores mexicanos creada en México en 1932 y asociada a la política cultural del primer Congreso de Escritores y Artistas celebrado en París (1935). La LEAR fue promovida por el Partido Comunista Mexicano. Militaron en esta asociación, entre otros, Juan de la Cabada, José Chávez Morado, Fernando Gamboa, José Mancisidor, Leopoldo Méndez, Silvestre Revueltas, etc. Publicaron la revista Frente a Frente. Participaron en el Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937).
8 José Mancisidor Ortiz (Veracruz, 1894-Monterrey, 1956). Tras sus estudios secundarios se hizo militar. Fue director de la Imprenta del Gobierno de Veracruz y profesor de Historia de México en la Escuela Normal Veracruzana. Editor de la revista Ruta. Fue miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Destacó como novelista. Es autor, entre otras, de las novelas: La asonada (1931); La ciudad roja (1932); Nueva York revolucionario (1935); De una madre española (1938); En la rosa de los vientos (1940), etc. Escribió asimismo diversos libros de cuentos, de historia y alguna obra de teatro.
9 Carlos Pellicer (Villahermosa, 1899-Ciudad de México, 1977). Poeta mexicano. Fundador de grupo Los Contemporáneos (1928). Participó en el Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937). Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (1955). Autor de los libros Colores en el mar y otros poemas (1921); Piedra de sacrificios (1924); Hora y veinte (1927); Camino (1929); Hora de junio (1937); Recinto y otras imágenes (1941); Subordinaciones (1928); Práctica de vuelo (1956); Material poético (1962); Con palabras y fuego (1963); Primera antología poética (1966); Cuerdas, percusión y alientos (1976); Cosillas para el nacimiento (1979); Reincidencias (1979), etc.
10 Silvestre Revueltas (Santiago de Papasquiaro, 1899-Ciudad de México, 1940). Músico y compositor. Miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Formó parte de la delegación mexicana invitada al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (1937). Autor de las partituras Siete canciones (Textos de García Lorca); Esquinas, Planos (Poemas sinfónicos) y los ballets El renacuajo paseador y La coronela.

Fernando Gamboa, museógrafo, México, 1986
(Foto: J. V. Rodríguez)
FERNANDO GAMBOA, MUSEÓGRAFO
Fernando Gamboa nació en la ciudad de México en 1908 y falleció en un malogrado accidente en la carretera de Pachuca, Estado de Hidalgo, México, 1990.
Fue, sin lugar a dudas, uno de los museógrafos mexicanos más notables del siglo veinte. Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de la capital mexicana, pronto abandonó la práctica pictórica por la gestión cultural y sobre todo la organización de exposiciones de arte mexicano.
Se estrenó como comisario de exposiciones con motivo del Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937), organizando la muestra Cien Años de Grabado Político Mexicano1 que exhibió en Valencia, Madrid y Barcelona.
Fernando Gamboa vino a España con los poetas Carlos Pellicer y Octavio Paz y diversos miembros de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México encabezada por el maestro y escritor José Mancisidor, el novelista Juan de la Cabada, el artista José Chávez Morado, el músico y compositor Silvestre Revueltas, etc.
Colaborador próximo del General Lázaro Cárdenas durante su mandato (1934-40) se inició en la gestión política a través de la organización de la expatriación en 1939 de los refugiados españoles desde Francia a México.2 Una labor que hizo bajo las órdenes del embajador Narciso Bassols y la coordinación diplomática de Gilberto Bosques en Marseille y la ayuda eficaz de su mujer, de origen norteamericano, Susana Steel, más conocida como Susana Gamboa.
Participó en la puesta en marcha de la Sociedad de Arte Moderno,3 que dirigió coordinando diversas exposiciones como la primera muestra de Picasso en México (1944).
Como funcionario del Instituto Nacional de Bellas Artes coordinó diversas muestras internacionales de arte mexicano y exposiciones de José Guadalupe Posada (1944); Manuel Álvarez Bravo (1945); Así es México (1954); Rivera, Tamayo y Zúñiga (Zúrich, 1959), Arte Popular Mexicano (Varsovia, 1961); Exposición de Arte mexicano (París, 1962); Pabellón de México (Osaka, 1970), David Alfaro Siqueiros (Florencia, 1976), etc.
Dirigió desde su fundación el Museo de Arte Moderno de México (1974-81), periodo en el que promovió la revista de Artes Visuales, que dirigió la crítica de arte holandesa Carla Stellweg, creando el primer espacio museográfico dedicado a la fotografía de Manuel Álvarez Bravo.
Fue el primer director del Museo Tamayo (1981) y del Palacio Iturbide de Fomento Cultural Banamex (1983), donde organizó diversas exposiciones sobre los artistas Roberto Montenegro y Juan Cordero y temáticas como El papel moneda en México, etc.
Asistió con Octavio Paz y otros intelectuales mexicanos al Congreso Internacional de Intelectuales y Artistas de Valencia (1987).
Pregunta: ¿Qué relación tuvo usted con el exilio español?
Respuesta: Mis contactos más directos con la ayuda a España en activo y de la emigración fueron en 1939. México se posicionó ante la guerra de España y respondió al gesto de grandeza del General Lázaro Cárdenas (1891-1970) y su comprensión de la causa española. Era un periodo difícil. Nosotros como mexicanos fuimos dando respuestas a las iniciativas de nuestro presidente. Le recuerdo que fue la época de la nacionalización del petróleo, el reparto de tierras entre los campesinos, las campañas de alfabetización, etc. A mí me tocó ocuparme de los miles de refugiados españoles en los campos de concentración de Francia en 1939. La situación de los españoles en Francia era de lo más trágica. Y el tema se agravó con el estallido de la guerra europea y la invasión de Francia por las fuerzas de Adolf Hitler.
P.: ¿Cómo se vincula usted con España?
R.: Yo tenía unos vínculos muy profundos con España a través del arte, mi admiración por Pablo Picasso, la presencia de Diego Rivera en España, etc.
P.: ¿Cómo llega la invitación a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México?
R.: La Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura envía una invitación a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Entonces a iniciativa de José Mancisidor, formamos un grupo bastante homogéneo al que se suma el poeta católico Carlos Pellicer y el joven poeta Octavio Paz. El grupo estaba integrado por el músico y compositor Silvestre Revueltas, el pintor José Chávez Morado, el escritor Juan de la Cabada y yo mismo. Nos acompañaban, asimismo, Elena Garro, la mujer de Octavio Paz y Susana Steel mi mujer y María Luisa Vera, maestra. Un grupo homogéneo y a su vez dispar.4
P.: ¿Con qué idea viajaron a España?
R.: A mí me pareció que la mejor idea era llevar un saludo y traernos un testimonio. Así surge la organización de la exposición Un siglo de Grabado Político Mexicano (Madrid, Barcelona y Valencia, 1937) y luego la muestra España en llamas (Ciudad de México, 1937).
P.: ¿En que consistió la muestra mexicana?
R.: Pensé que en plena guerra civil española lo mejor era llevar una exposición de la historia del grabado mexicano que arrancara desde la Nueva España hasta José Guadalupe Posada. Pero hubo otras expresiones muy bellas por parte de Carlos Pellicer, Octavio Paz, Silvestre Revueltas, etc. Octavio Paz había escrito Bajo tu sombra (1937). Carlos Pellicer el poema Peñíscola y Silvestre Revueltas compuesto el Homenaje a García Lorca. Cuando le pregunté a Pellicer qué tenía que ver un poema de amor como Peñíscola con la guerra de España me contestó: «¿Cómo que tiene que ver? ¿No te acuerdas de Peñíscola? Ese lugar maravilloso con el sol mediterráneo. Esa es la belleza eterna y la grandeza de España: su paisaje. Es mi saludo de amor a España y su pueblo».
P.: ¿Y la muestra española?
R.: Al regresar a México formé una exposición titulada España en llamas que documentaba fotográficamente la guerra civil española. Hice además grandes ampliaciones fotográficas. La muestra fue inaugurada por el presidente Lázaro Cárdenas. La hicimos en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes en 1938. En la inauguración el General Lázaro Cárdenas me dijo: «Esta exposición tiene que viajar. Pídame lo que sea necesario. Hablo con los Gobernadores del Estado y la muestra viaja. Es necesario crear Sociedades de Amigos de España».
Y efectivamente la exposición circuló por Querétaro, Guanajuato, Morelia y acompañaron la itinerancia el músico mexicano Silvestre Revueltas y el poeta español León Felipe, entre otras gentes.
P.: ¿Volvió usted a España más tarde?
R.: Así fue, el embajador entonces de la República española en México en nombre del Ministro de Estado, que era Julio Álvarez del Vayo, ante el éxito de la muestra me propuso ser el responsable de la Propaganda de la República española en América Latina. Pedí permiso a Lázaro Cárdenas y adscrito a la Embajada de México regresé a ocuparme de ese tema en España. Me facilitaron un piso en el Ministerio de Estado y así estuve trabajando en Barcelona hasta el final de la guerra. Allí inicié la tarea de reunir una serie de fotografías testimoniales de la guerra civil española para difundirlas, a través de una exposición, por las embajadas de España en América Latina. Esa labor la comencé en septiembre de 1938 y me quedé hasta el final de la guerra, a primeros de 1939.
P.: ¿Cómo se inició la labor de México a favor de los refugiados españoles?
R.: Nosotros por sentimiento de solidaridad iniciamos una política de asilo antes de que oficialmente el Gobierno de México la determinara. De una manera tímida, claro está. Seguimos al gobierno español hasta Figueras. Íbamos Adalberto Tejada,5 embajador de México, Susana Steel y yo. Trabajábamos sin cesar tecleando unos documentos que decía en resumen que el «Portador de la presente, de nacionalidad española, que se dirige a Francia camino de México, se solicita de las autoridades civiles y militares, que le den al interesado todo tipo de facilidades para que pueda cumplir sus objetivos». Creo que repartimos miles de documentos como ese a los refugiados españoles. Luego nos instalamos en el Grand Hotel de Perpignan y seguimos nuestra labor. Yo estaba angustiado con las gentes españolas que había tratado de manera directa y trataba de sacarlos como fuera de los campos de concentración. Había que salvar a todo el mundo pero insistí en sacar a la intelectualidad española que había tratado directamente en el Congreso de Cultura de Valencia y en otras actividades.
P.: ¿Puede contarnos alguna historia en particular?
R.: Desearía recordar la aventura del poeta Emilio Prados. Él tuvo una experiencia terrible. En la que casi enloqueció. Hay que recordar que era un espíritu muy sensible como buen poeta. Él tuvo que atravesar un túnel, en la huida, para evitar que lo capturaran las tropas franquistas. Eso debió ocurrir en Le Perthus. Al correr notó que los zapatos se le pegaban al suelo. Creyó que era lodo y luego descubrió que era sangre. Y eso le produjo una impresión terrible.
P.: ¿Qué labor desarrolló la Embajada de México para sacar a los españoles en los barcos?
R.: A inicios de 1939 el licenciado Narciso Bassols había sido nombrado responsable de la Legación de México en Francia. Enseguida viajó a Perpignan para hacerse cargo del tema. Luego en Marseille estaba Gilberto Bosques. Desde entonces quedé a sus órdenes con el visto bueno del Presidente Lázaro Cárdenas. Desde entonces fui asignado a sacar a los españoles de los campos de concentración en Francia y África del Norte.
P.: ¿Alguna otra organización ayudó a los españoles?
R.: Los españoles recibieron apoyo de todas partes. De hecho en París con el apoyo de los franceses, antes de iniciarse la guerra europea, se crea la Junta de Cultura Española.6 Recuerdo que allí estaban José Bergamín, Eugenio Imaz, Juan Larrea y tantos otros. Yo contacté inmediatamente con todos los partidos políticos –y sugerí que un grupo de vanguardia viajara en barco a México. Por entonces había muchas intrigas en mi país por gentes de derechas contra los republicanos españoles. Era importante que llegara un núcleo de españoles distinguidos. Que México descubriera a esos artistas y escritores. Así fueron llegando el arquitecto Roberto Fernández Balbuena, el músico Rodolfo Halfter, el poeta Emilio Prados, el naturalista Ignacio Bolívar, etc. Allí iban asimismo el pintor y grabador Miguel Prieto, el pintor Antonio Rodríguez Luna, el cartelista y fotomontador José Renau, etc.
P.: México por entonces ya había fundado la Casa de España.
R.: Así fue. Eso fue iniciativa de Alfonso Reyes y Daniel Cossío. Esa Casa de España fue el origen del posterior Colegio de México.7
P.: ¿Conoció a la fotógrafa italiana Tina Modotti?8
R.: Por supuesto. Ella trabajaba en el Socorro Rojo Internacional vi, a Tina Modotti en Valencia en ocasión del Congreso de la Cultura. No la había vuelto a ver desde su expulsión de México en 1930. Yo estuve en los actos de protesta por su expulsión y seguí de cerca su periplo por Ámsterdam, Berlín, Moscú hasta su llegada a España (1936-39).
P.: Ella participó asimismo en la expedición de los Niños de Morelia.
R.: Así fue. El Socorro Rojo Internacional colaboró directamente en esa expedición de ceca de 500 niños españoles acogidos por Lázaro Cárdenas en la ciudad de Morelia (Michoacán, 1937). Hace poco escribí un texto para un libro escrito sobre Tina Modotti. Me refiero al libro de la investigadora norteamericana Mildred Constantine.9 Allí comento cómo la encontré en un pueblo de Cataluña en la retirada de los españoles hacia Francia.
P.: ¿Usted sacó a muchos españoles de los campos de concentración?
R.: Con el coche oficial de la Embajada de México en España, modelo Hispano Suiza, saqué a muchos amigos españoles de los campos de concentración como el de Argelès-sur-Mer, hasta Persignan como si fueran ciudadanos españoles. Entre ellos recuerdo al ingeniero agrónomo José Andrés de Oteyza, abuelo del actual Ministro de Asuntos Exteriores de México. Me lo encontré en un campo de concentración y enseguida lo saqué de allí. ¿Qué hace usted aquí, le dije? Le di una capa y con un documento mexicano lo saqué del campo.
P.: ¿Qué papel jugó Susana Steel en esta historia?
R.: Susana viajó con los españoles en los barcos Sinaia y Mexique. Por cierto que en uno de esos viajes nació una niña y le pusieron de nombre Susana. Es un recuerdo que tengo muy bonito. Y ya en el último barco que salió en 24 de diciembre de 1939 vino con cerca de 500 personas desde el puerto de Le Havre y con destino a Nueva York. Era una expedición que llamé de «integración familiar». Pues en las diversas expediciones anteriores no venían, casi nunca, las familias completas. Siempre faltaba alguien, el abuelo, el marido, la esposa, la hija. Yo les decía, cada vez que salía un barco y el refugiado tenía sus papeles les decía ¡Váyase! No se preocupe de su familia. Le doy la palabra de que los envío más adelante. Logré reunir, en una época muy difícil de gestión con el Gobierno de Vichy, casi 500 personas en el vapor De Gras. Con ellos iba mi esposa, Susana Gamboa –neoyorquina de origen cuyo nombre era Susana Steel– que hablaba con soltura francés e inglés. Ella jugó un papel importante en esas gestiones, sobre todo al llegar al puerto de Nueva York.
P.: ¿Qué ocurrió en Nueva York?
R.: Las gestiones aduaneras fueron odiosas. Primero hicieron bajar a todos los refugiados y los recluyeron en Long Island. Donde tradicionalmente controlaban a los emigrantes. Allí los tuvieron veinticuatro horas. Luego los metieron en un par de vagones y los enviaron hasta Laredo. Vinieron en vagones precintados. Y ese trabajo, Susana, lo hizo con apenas 21 años. Una mujer excepcional.
P.: ¿Y no era mucha responsabilidad para una mujer tan joven?
R.: Sí, pero ni modo, había estado conmigo durante más de un año en plena guerra civil española. Visitado los frentes. Recorrido Madrid, Barcelona y Valencia. Había colaborado en la prensa. Yo creo que estaba preparada para esa y otras tareas tan duras como la expedición de los refugiados a México.
P.: ¿Qué artistas e intelectuales trató usted personalmente?
R.: En Francia tuve oportunidad de conocer a gran parte de la «inteligencia» española de la época que no había tratado en España. Por ejemplo a los redactores y colaboradores de la revista Hora de España (1937-38). En España había conocido a Manuel Altolaguirre, Juan Gil Albert, Sánchez Barbudo, etc. y a Ramón Gaya. En Francia conocí a Pedro Garfias, Juan Rejano, etc.
P.: ¿También al poeta Herrera Petere?
R.: A José Herrera Petere lo conocía antes y viajó a México en uno de los barcos de refugiados españoles. También Ramón Xirau. Los Díez Canedo. Todos ellos venían con sus familias. También José Ignacio Mantecón. Traté mucho a Juan Vicens que se ocupaba de la Propaganda republicana en París.
P.: ¿Con qué organizaciones trabajó usted?
R.: Ese trabajo lo hice en colaboración con los representantes políticos españoles y sus organizaciones de asilo. Me refiero al SERE y al JARE.10
P.: ¿Se hizo alguna gestión para llevar a Picasso a México?
R.: Fui ver a Picasso con Juan Larrea y con Eugenio Imaz. Acudimos su estudio en París. Nos recibió con el corazón compungido y los brazos abiertos. Cordialísimo. En principio estaba dispuesto a colaborar con nosotros y acompañarnos. Esta conversación las tuvimos a inicios de 1939. Cuando tenía que concretarse su traslado se excusó y nos dijo que no podía marcharse. Veía que la guerra europea era inminente. Por entonces creíamos que estallaría al llegar el verano: «Como ustedes saben yo jamás he salido de Francia. Esta es mi segunda patria. Y si salgo y no puedo volver…».
P.: Se sabe que Picasso tuvo una actitud muy solidaria con los refugiados españoles. Por ejemplo su participación –gracias a Juan Larrea– en la exposición en la Casa de la Cultura Española de México en 1940.
R.: También está la exposición de Picasso en la Sociedad de Arte Moderno de México que yo organicé en 1945. La preví, la organicé y la realicé con la ayuda de los museógrafos norteamericanos del Museum of Modern Art. En aquel momento hubo una gran solidaridad de parte de los norteamericanos.11
P.: Por cierto que buena parte de los textos del Catálogo lo escribieron españoles como José Moreno Villa y José Renau.
R.: Era lógico. También escribieron Agustín Lazo y Carlos Mérida. En la primera vez que se presentaba a Pablo Picasso con entidad en México. Eran cerca de cincuenta obras que venían del Museum of Modern Art de Nueva York. Me ayudó mucho el director entonces del MOMA que era amigo mío. También llegaron obras de colecciones privadas y los primeros bocetos del Guernica de Picasso.
P.: Pero usted siguió haciendo exposiciones sobre España.
R.: Así fue, en los años setenta, propicié desde la dirección del Museo de Arte Moderno de México, una gran muestra de arte español.
Mire, en resumen, todos los que estuvimos en la guerra civil española, hemos estado muy atentos al desarrollo histórico del pueblo español. Y en último término no hay que olvidar la figura histórica de Lázaro Cárdenas. Por otra parte la aportación española fue de primer orden. En este caso México no promovió una emigración económica sino una emigración artística e intelectual. Vino lo mejor del pueblo español, gentes que en cualquier país de América Latina hubieran hecho una labor positiva. Esos transterrados hicieron un trabajo muy positivo. En México están enterrados la mitad de los que llegaron. Y dejaron unas familias. La moral del pueblo español que aportaron se define en una línea de conducta intachable. Grandes figuras en todos los campos.
P.: ¿Cuál fue su último proyecto sobre España y México?
R.: Para celebrar la reanudación de las relaciones diplomáticas entre España y México, rotas por cierto desde 1939 a 1977, me llamaron desde la Presidencia de la República para estudiar como íbamos a celebrar ese aniversario. Me llamó el Secretario de Educación –Muñoz Ledo– del gobierno de López Portillo en el mes de diciembre de 1976. Me dijo, más o menos: «Fernando, vamos a reanudar relaciones diplomáticas con España. Hay que pensar qué vamos a hacer para celebrar ese evento histórico». Y dije que la forma más natural, desde el campo en el que yo trabajaba, era un intercambio de grandes exposiciones artísticas entre España y México. No tuve la fortuna de celebrar la exposición de México en España pero sí hice el proyecto. Por otra parte, me tocó el privilegio con Juan José Bremer, de haber sido uno de los primeros mexicanos que fueron a tratar en España un asunto oficial en la reanudación de las relaciones culturales entre ambos países. Me estoy refiriendo al proyecto: Del Greco a Goya y de Picasso a nuestros días (México, 1978).
P.: ¿Qué recuerdos tiene del retorno a España desde 1939?
R.: Recuerdo la cara de sorpresa que puso un paisano de ustedes, entonces Subdirector General de Museos, cuando yo le pedí un cuadro de Juan de Juanes, gran pintor valenciano de otro tiempo. Felipe Garin que así se llamaba, el señor, puso una cara de sorpresa, al ver que conocía la pintura valenciana de aquella época. Recuerdo que me dijo: «¿Pero usted conoce la obra de Juan de Juanes?». Y le contesté: Al menos, yo sí. Y de esta manera trajimos un cuadro de Juan de Juanes. También tuve que hacer la gestión, amistosa y difícil, para que vinieran las Majas de Goya. Los españoles estaban muy reticentes para que viajaran esas obras. La primera parte de la exposición, Del Greco a Goya se hizo en el Palacio de Bellas Artes. La segunda parte De Picasso a nuestros días se hizo en el Museo de Arte Moderno. Vinieron a inaugurar, esta exposición, los Reyes de España.
Entrevista realizada en la ciudad de México en junio de 1982.
1 Un siglo de grabado político mexicano, Ateneo Popular, Valencia, julio, 1937.
2 Desde la Legación de México en Francia se organizaron expediciones de españoles en los barcos Sinaia (1.600 pasajeros), Mexique (2.091 pasajeros), Ipanema (984 pasajeros), Vendamm, Flandre, Nyassa, De Grase, etc. Desde la Embajada de Chile en Francia, a iniciativa del escritor Pablo Neruda, se fletó el vapor Winnipeg. Desde la Embajada de México en Lisboa, enviaron los barcos: Serpa Pinto, Sao Thomé, Quanta y Saint Domingue, etc.
3 La Sociedad de Arte Moderno (1945), fue un espacio privado mexicano dedicado a exposiciones artísticas. Contó con socios fundadores como María Asunsolo, Luis Barragán, Miguel Covarruvias, Justino Fernández, Fernando Gamboa, Alfonso Reyes, Frances Toor, Juan Soriano, etc. El presidente fue Jorge Enciso y la secretaria Susana Gamboa. Organizaron, entre otras muestras, la primera exposición de Picasso en México (1945).
4 Los detalles del viaje de la delegación mexicana al Congreso de Valencia los cuenta Elena Garro en su libro Memorias de España, 1937, Siglo Veintiuno Editores, México, 1992.
5 Sixto-Adalberto Tejeda Olivares (Chicontepec,1883-Ciudad de México, 1960). Militar. Gobernador del Estado de Veracruz (1920-24 y 1928-32). Candidato a la Presidencia de México en 1934. Fue nombrado Embajador de México en Francia (1935-37) y España (1937-39).
6 La Junta de Cultura Española, fue creada en París (13-03-1939). Se ocupó de tareas humanitarias y culturales. Al iniciarse la guerra europea se trasladó a México (1939). Estuvo formada por José Bergamín, Josep Carner y Juan Larrea (Presidencia), Juan M. Aguilar, Roberto Fernández Balbuena, Corpus Barga, Pedro Carrasco, José Gallegos Rocafull, Rodolfo Halfter, Emilio Herrera, Manuel Márquez, Agustín Millares, Tomás Navarro Tomás, Isabel O. Palencia, Pablo Picasso, Agustí Pi i Sunyer, Enrique Rioja, Luis A. Santullano, Ricardo Vinós, Joaquín Xirau (Vocales) y Eugenio Imaz (Secretario). Un grupo de ellos viajaron a México en el vapor holandés Vendamm (1939).
7 La Casa de España en México, centro de investigación y estudio para los transterrados españoles, fue creada por el General Lázaro Cárdenas en 1938, a iniciativa de Daniel Cossío Villegas y Alfonso Reyes. Entre los primeros invitados estuvieron: Álvaro de Albornoz, Jesús Baly Gay, Enrique Díez Canedo, José Gaos, J. Medina Echevarría, José Moreno Villa, María Zambrano, etc.
8 Tina Modotti (Udine, Italia, 1896- Ciudad de México, 1942). Fotógrafa italo-mexicana. Estuvo en la guerra civil española. Fue compañera de Vittorio Vidali. Al retorno a México tuvo contactos con el exilio español y en particular con la escritora Constancia de la Mora.
9 Mildred Constantine: Tina Modotti: A frágil Life, Paddington Press Ltd., 1975. Hay una edición en español: Tina Modotti, una vida frágil, Fondo de Cultura Económica, México, 1979.
10 El gobierno de la República española en el exilio puso en marcha dos organizaciones para ocuparse de los refugiados: el Servicio de Evacuación de los Republicanos Españoles promovida por Juan Negrín (1939) y la Junta de Auxilio a los Refugiados Españoles promo-vida por Indalecio Prieto (1939). A esos organismos, una vez llegados a México se sumaron el Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles (CTARE) y la Comisión Administradora del Fondo de Auxilios a los Republicanos Españoles (CAFARE).
11 Varios Autores: Picasso, Catálogo de la exposición de la Sociedad de Arte Moderno, México, 1945 (Textos de Agustín Lazo, Carlos Mérida, José Moreno Villa y José Renau).

José Luis Martínez, académico y escritor
(Foto: Paulina Lavista)
JOSÉ LUIS MARTÍNEZ, ACADÉMICO
El escritor y académico José-Luis Martínez Rodríguez nació en la población de Atoyac en el Estado de Jalisco, México, en 1918 y falleció en la ciudad de México en 2007.
Tras cursar letras españolas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (1938-43), dio clases de literatura en la Universidad Nacional Autónoma de México y en la Facultad de Humanidades de la Universidad de El Salvador (1951).
Tras una dilatada trayectoria intelectual fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua (1960) que dirigió años más tarde (1980-2002).
Vinculado al mundo editorial mexicano fue el primer director de Fondo de Cultura Económica (1977-82), periodo en el que impulsó las ediciones facsímil de las revistas literarias mexicanas: Taller, Los Contemporáneos, Bandera de Provincias, etc.
A lo largo de su trayectoria literaria le unió buena amistad con los escritores Max Aub, Octavio Paz y Juan José Arreola, del que fue compañero de estudios.
Se casó en primeras nupcias con la coreógrafa Amalia Hernández fundadora y directora del Ballet Folklórico de México.
A través de su dilatada trayectoria académica obtuvo diversos «doctorados honoris causa» de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña de Santo Domingo (1984), Universidad Nacional Autónoma de México (1996) y de la Universidad de las Américas (1997). Fue galardonado con diversos premios nacionales y extranjeros obteniendo la Cruz de la Orden de Alfonso X (1998).
Fue embajador de México ante la UNESCO (1963-64), Grecia (1971-74) y Perú y director general del Instituto Nacional de Bellas Artes de México (1965-70).
Autor de numerosos libros de investigación histórica y literaria destacan los títulos: La literatura moderna de México; México en busca de su expresión literaria (1810-1910); Pasajeros de Indias. Viajes transatlánticos en el siglo XVI; Origen y desarrollo del libro en Hispanoamérica; Documentos cortesianos; El trato con escritores y otras estudios y un libro autobiográfico titulado Bibliofilia.
Publicó asimismo algunos estudios biográficos como La obra de Agustín Yañez; Bernardino de Sahagún; Gerónimo de Mendieta; Moctezuma y Cuauhtémoc, Los últimos emperadores aztecas: Hernán Cortés; Guía para la navegación de Alfonso Reyes, etc.
Dejó, al morir, una importante biblioteca de artes y letras de México.
Pregunta: ¿Qué relación tuvo con España?
Respuesta: Conozco casi toda España menos Valencia. Y eso que uno de mis mejores amigos Max Aub estaba casado con una valenciana.
P.: Valencia y México estuvieron vinculadas, durante la guerra civil española, a través del Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura (1937) y la presencia de un grupo de artistas y escritores mexicano.
R.: He leído recientemente el libro de Elena Garro. Viaje a España.1
P.: ¿Qué le ha parecido el libro?
R.: Ligero, impertinente, pero se deja leer. Es agradable.
P.: A qué refugiados conoció entonces.
R.: En aquel periodo empezaba mi carrera de escritor. Fui amigo de los maestros españoles que daban clases en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional Autónoma de México: Enrique Díez Canedo, José Gaos, Gallego Rocafull y Agustín Millares Carlo.2
P.: ¿Qué amigos tuvo entre los escritores del exilio español?
R.: Sobre todo Max Aub, Joaquín Díez Canedo y Francisco Giner. He de recordarle que Max Aub vivía en la Calle Euclides, 5 y yo vivía en la Calle Euclides, 10, en la Colonia Nueva Anzures, cerca del Bosque de Chapultepec.
P.: Max Aub llega a la Ciudad de México en 1942.
R.: Max Aub vivió primero en el Paseo de Reforma, 137. Luego al llegar su mujer Peua y sus hijas se cambió a la Calle Euclides, 5.
P.: ¿Cómo surgió la amistad con Max Aub?
R.: Porque era asiduo de un grupo de artistas y escritores amigos míos: Abel Quezada, Díez Canedo. Alí Chumacero, García Terrés.
P.: Max Aub tenía asimismo una tertulia con exiliados españoles a la que asistía el filósofo José Gaos, el sociólogo José Medina Echavarría, el profesor Díez Canedo, etc.
R.: Esa era otra tertulia. La que yo le comento era la que el dibujante y pintor Abel Quezada denominaba Los Divinos. Allí iba también el periodista José Alvarado. La cita era los sábados. Max Aub venía incluso enfermo. Íbamos a comer a diversos restaurantes: Wellinghausen, Estoril, etc.
P.: Usted dirigió la editorial Fondo de Cultura Económica
R.: Dirigí la editorial Fondo de Cultura Económica entre el 1974 a 1981.
P.: Max Aub llegó a publicar varios libros en la Colección Tezontle de esa editorial.3
R.: Así es. Pero eso fue antes de que llegara a la dirección de la editorial.
P.: ¿Qué recuerdos tiene de la exposición de Jusep Torres Campalans?
R.: Max Aub venía a casa a menudo para documentarse. Pedía datos de pintores. Yo le di acceso a mi biblioteca. Lo más curioso de esa experiencia es que la gente dio crédito a esa muestra. Tomaron en serio la existencia de Jusep Torres Campalans.4
P.: Se dice incluso que Margarita Nelken colaboradora del diario Excélsior aceptó la existencia de Torres Campalans.
R.: Es cierta esa historia. Era una historia hecha con muy buen humor. Max Aub tenía esa capacidad para inventarse historias. Fue muy ingenioso. También habría que recordar la invención del falso Discurso de la Real Academia Española, suponiendo que no hubiera habido guerra civil.5
P.: ¿Qué le pareció el libro póstumo sobre Luis Buñuel?
R.: Colaboré, sobre todo con Federico Álvarez, para que el libro se editara. Una bella edición. Incluyeron una entrevista conmigo.
Entrevista realizada en la ciudad de México el 23 de noviembre de 1993.
1 Elena Garro: Viaje a España, 1937, Siglo XXI Editores, México, 1992.
2 José Sarukhan Kermez: «En exilio español en la UNAM», en Varios Autores: Cincuenta Años del Exilio Español en la UNAM, México, 1991, Universidad Nacional Autónoma de México, págs. 11-16.
3 Publicó entre otros libros: No son cuentos (1944); Campo de sangre (1945); Yo vivo (1953); etc. En la Colección Presencia de México del Fondo de Cultura de México publicó: Guía de narradores de la revolución mexicana (1969).
4 Varios Autores: Max Aub. Jusep Torres Campalans, Generalitat Valenciana, Valencia, 2000, 2 Vols. (Edición a cargo de Manuel García).
5 Academia Española. El teatro español sacado a la luz de las tinieblas de nuestro tiempo por Max Aub, Madrid, 1956.

Octavio Paz, escritor, en el Congreso Internacional de Escritores y Artistas, Valencia, 1987
(Foto: José Aleixandre)
OCTAVIO PAZ, ESCRITOR
El escritor y ensayista Octavio Paz nació en la ciudad de México en 1914 y falleció en la ciudad de México en 1998.
A lo largo de su vida estuvo vinculado a España a través de viajes, premios y ediciones de sus libros. Hay, a nuestro entender, tres viajes significativos de Octavio Paz a España.
El primer viaje lo realizó, para asistir con el poeta Carlos Pellicer y varios miembros de la LEAR al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937). Por entonces, tenía ya publicados varios libros de versos: Luna silvestre (1933), ¡No pasarán! (1936) y Raíz del hombre (1937).
El segundo viaje lo llevó a cabo para presidir el Congreso Internacional de Escritores y Artistas (Valencia, 1987). Por entonces ya había editado gran parte de su obra poética y ensayística y acababa de publicar México en la obra de Octavio Paz.
El tercer viaje lo hizo como miembro del Consejo Rector del Instituto Valenciano de Arte Moderno (Valencia, Junio 1996), siendo director Juan Manuel Bonet. En esa ocasión dio una conferencia sobre André Breton, en la que al referirse a las vanguardias y a sus viajes a Valencia diría las siguientes palabras:
«Diré que una de las razones que me han hecho volver a Valencia y formar parte de la institución que él dirige, ha sido fundamentalmente su persona en la que veo una imagen de una nueva generación española y el interés de esa generación no solamente por los valores locales sino lo que pasa en el mundo. En el caso suyo ha sido particularmente penetrante e inteligente la forma en que ves nuestro pasado reciente como lo muestra ese libro sobre Las Vanguardias en España, que es algo más, un capítulo importante de las vanguardias en el siglo veinte.
Y claro también estoy muy satisfecho, contento y emocionado de volver a Valencia a la que me unen muchos recuerdos, horas y días vividos en esta ciudad bajo atmósferas muy distintas.
Todo esto me conmueve especialmente.» 1
El autor de libros de poemas como Libertad bajo palabra (1949), Discursos visuales (1968) y Vuelta (1976); de prosa poética como Águila o sol (1951) y ensayos como El laberinto de la soledad (1950), Corriente alterna (1967), Marcel Duchamp o el castillo de la pureza (1968), Postdata (1970), El ogro filantrópico. Historia y política (1979), Sor Juana Inés de la Cruz (1982) y Tiempo nublado (1983), estrechaba sus lazos con España lanzando sus Obras Completas a través de la editorial Galaxia Gutemberg del Club de Lectores de Madrid.
La entrevista que incluimos en este libro da testimonio del periplo que hizo a España en plena guerra civil.
Al paso por Valencia publicó unos textos en las revistas Hora de España2 y Nueva Cultura3 y un libro de poemas Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (1937).
Sobre ese periplo por Europa y una ciudad como Valencia y las experiencias compartidas con el escritor Juan de la Cabada, el museógrafo Fernando Gamboa o el músico Silvestre Revueltas y el descubrimiento de unos escritores españoles como Gil-Albert, Herrera Petere y Sánchez Barbudo (y el pintor Ramón Gaya), que incorporaría, años más tarde, a la revista Taller (México, 1938-41), conversamos en el verano de 1986 con Octavio Paz en la Ciudad de México.
Pregunta: El motivo de esta entrevista está relacionado con el 50 aniversario de la celebración del Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en 1937, al que usted acude con apenas 23 años y varios libros de poemas4 y acompañado de una delegación de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios de México.
Respuesta: Ellos llegaron después. En realidad creo que el congresista más joven fui yo.
P.: El más joven de los congresistas extranjeros.
R.: Incluso de los españoles. Ninguno era más joven que yo. Miguel Hernández, Serrano Plaja, Gil-Albert, Sánchez Barbudo eran mayores que yo. Algunos además no eran delegados. Eran delegados Miguel Hernández y Serrano Plaja.5
P.: ¿Era su primer viaje a Europa?
R.: Sí, era mi primer viaje a Europa. De modo que me deslumbró absolutamente. Había una mezcla de reconocimiento de lo que había leído –era un viaje bastante literario en ese aspecto– y al mismo tiempo el descubrimiento de España, una España en guerra. Me conmovió mucho desde la llegada. La delegación mexicana éramos realmente tres: Carlos Pellicer, poeta; José Mancisidor, jefe de la delegación y escritor comunista y yo. Después del congreso llegó un grupo de escritores y artistas de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios.6 Yo en lugar de regresar, como el resto de congresistas, me quedé en Valencia y me uní a este grupo de mexicanos y recorrí con ellos España.
P.: Aparte de Valencia hizo un recorrido por Madrid y Barcelona.
R.: Primero fue el Congreso que como usted sabe estuvo en Barcelona, Valencia, Madrid y después regresó a París. Yo me quedé en Barcelona y luego regresé a Valencia. Y allí me uní con esta delegación mexicana que llegó unos días después de finalizado el congreso. Por esto ha habido una cierta confusión sobre la presencia de la LEAR en el congreso. Ellos, insisto, llegaron después.
P.: Usted tuvo una breve intervención en el Congreso, que luego publicaría la revista valenciana Nueva Cultura.7
R.: Bueno, fue poca cosa. Aquellas intervenciones todas eran bastante vagas y generales. Quizás lo esencial, para mí, no fue el Congreso sino conocer a varios escritores y sobre todo conocer España. Eso fue lo más extraordinario.
P.: ¿Cuál fue la primera impresión de ese viaje?
R.: Le voy a contar a usted que la primera impresión fue la llegada a París. Porque en París no estaban esperando a los mexicanos y a los cubanos, que llegaron juntos. Los cubanos eran Juan Marinello y Nicolás Guillén. Y los mexicanos, ya se lo he dicho, Carlos Pellicer, José Mancisidor y yo. Nos estaban esperando en el andén de la Gare de Saint Lazare: Pablo Neruda y Louis Aragon. A mí me emocionó mucho ver a Neruda y a Aragon.
P.: ¿Ustedes viajaron en barco?
R.: En aquella época no se usaba el avión. En el viaje tuvimos muchas dificultades. De México a Nueva York nos fuimos en automóvil. Allí coincidimos con los de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Ellos se quedaron en Nueva York. Después descubrimos que no había pasajes de barco porque era el tiempo de las Olimpiadas de Berlín. Tuvimos que ir a Canadá y en Québec tomamos el barco Empress of Britain, que fue el primer vapor que hundieron los alemanes cuando estalló la guerra mundial. Desembarcamos en Chesburgo y de allí fuimos a París. Allí vimos a Neruda y a Aragon y al día siguiente fuimos al Consulado de España a por las visas. Nos llevó Pablo Neruda. A la salida del Consulado nos tropezamos con Luis Buñuel. Lo conocí en ese momento. Después lo volví a ver primero en los Estados Unidos y luego en México. Fui muy amigo suyo.
P.: Hay una leyenda que dice que Luis Buñuel y José Bergamín estaban en Nueva York y hacían de espías de la República española. En verdad, en esa época estaban con los preparativos del Pabellón español de la Exposición de París de 1937.
R.: Después en París vi el Pabellón español de 1937. Fue una gran impresión para mí. De modo que todo fue simultáneo. Un muchacho mexicano que no había visto pintura y por primera vez se enfrenta a la pintura europea. No solamente a los museos con la gran tradición artística sino a la pintura moderna. Los primeros cuadros surrealistas los vi en esos días en París.8
P.: ¿A quien conoció en París?
R.: Al día siguiente de haber llegado a París mientras arreglábamos lo de la visa, hubo una cena de acogida a los que iban al congreso. En esa cena conocí a César Vallejo. Imagínese a un joven de 23 años que llega a Europa y antes de ir a España conoce a los grandes escritores latinoamericanos.
P.: ¿Conoció a Juan Larrea?
R.: No le conocí en España. Le traté en México.
P.: Juan Larrea fue el gran defensor de César Vallejo frente a Pablo Neruda.
R.: Al día siguiente, en la noche, salimos rumbo a España. En tren. Algunos de los que iban con nosotros tuvieron que bajar en Port Bou y recorrer parte de la montaña a pie porque no tenían la visa francesa. André Malraux iba en nuestro tren. Viajaban asimismo los cubanos, los mexicanos, Pablo Neruda, Ilya Erhemburg, el poeta Stephen Spender y dos escritoras inglesas cuyo nombre no recuerdo ahora. Así llegamos a Barcelona donde se había inaugurado el Congreso aunque llegamos un día tarde. Y al día siguiente llegamos a Valencia. Y allí nuevas sorpresas. Encontrarnos con Tristan Tzara, Julián Benda, etc. pero mi gran emoción fue conocer a Vicente Huidobro. En apenas una semana conocí a tres poetas centrales de la poesía moderna de Hispanoamérica: Neruda, Vallejo y Huidobro. Luego conocí a otros escritores. Y claro fui al Congreso y estuve con Serrano Plaja y Miguel Hernández cuya voz me cautivó. Esa noche en el Congreso recuerdo en la cámara interior de mi mente una sala llena de humo y ruido y de pronto un silencio porque un joven empieza a tocar el piano. Era el poeta ahora olvidado José Herrera Petere un buen amigo de Rafael Alberti. Y entonces Miguel Hernández se puso a cantar. Eran versos populares. Ver a esos dos jóvenes poetas cantando me impresionó mucho. Era como una conjunción de la poesía popular antigua y la poesía moderna.
P.: Los congresos aparte de debatir ideas sirven para las relaciones humanas, conocer gentes. ¿A quiénes recuerda ahora?
R.: Bueno mire usted estábamos hablando del Congreso. Allí conocí a grandes figuras y como le dije antes poetas jóvenes como Serrano Plaja y Miguel Hernández. Pero como yo me quede en España durante varios meses pude conocer en Madrid y Barcelona a otras gentes. Mi relación más profunda, naturalmente, fue con la gente de mi generación. Conocí más a los escritores españoles. Sobre todo al grupo de la revista Hora de España.
P.: ¿Qué impresión le dio esa revista publicada en un país en plena guerra?
R.: Muy bien hecha y con cierta independencia. Porque pesaba ya en España la ortodoxia política y la ortodoxia intelectual. En Hora de España no había una disidencia sino cierta distancia ante la ortodoxia política sostuvo algo fundamental que era la autonomía de la revista. Esto se ve claramente, por ejemplo, en los artículos muy valientes de Ramón Gaya frente a José Renau en la polémica del cartel,9 sus críticas a Miguel Hernández, no siempre, quizás, justas, están ahí. Luego hay textos de Rosa Chacel, también independiente y de María Zambrano. Y luego había, en cada número, un texto de Antonio Machado.
P.: Esa revista pudo editarse gracias al apoyo del político valenciano Carlos Esplá, a la sazón Ministro de Propaganda, que subvencionó la edición de esa publicación.
R.: No lo sabía. La única propaganda eficaz es la que no se presenta como propaganda. En Valencia y aparte de este grupo fui muy amigo de Manolo Altolaguirre que entonces estaba embarcado en un montaje teatral.10 También conocí a Luis Cernuda a través de Gil-Albert. Muchos años después, terminada la guerra, recibí una Carta de Luis Cernuda, cuando sus amigos españoles estaban refugiados en México y él se encontraba todavía en Londres. Desde entonces inicié una larga amistad con Luis Cernuda.11
P.: Por entonces Manuel Altolaguirre estaba casado con Concha Méndez.
R.: Yo no conocí a Concha Méndez en España pues por entonces creo que estaba con su hija en Londres. Manuel estaba solo y tenía una hija, Paloma, grabadora. ¿Conoce al nieto? Es un joven poeta mexicano, Manuel Ulacia que colabora en la revista Vuelta. Es un hombre muy inteligente.12
P.: ¿Qué debates ideológicos se plantearon en el congreso? Aparte de la Ponencia colectiva de los jóvenes ¿se produjo alguna confrontación ideológica?
R.: Yo no diría confrontación. Había unanimidad. Lo lamentable del congreso es que hubo cierta unanimidad. Hubo pequeños conatos de discusión pero fueron suprimidos. Sobre todo por el tema de André Gide que acababa de publicar su libro Regreso de la URSS (1937).13
P.: ¿Ese libro de André Gide crea en el Congreso alguna discrepancia?
R.: Mire usted. Hubo actitudes diversas sobre el tema. André Malraux hizo, a mí entender, un discurso bastante cándido en defensa de Gide, quien era amigo de los republicanos españoles, pero lo condenamos sin oírlo.
P.: Un congreso que insistió en su carácter antifascista. Algo que visto desde España tenía su razón de ser por la intervención militar de Hitler y Mussolini en la guerra.
R.: Sí pero bueno… ya abordaremos ese tema en el próximo Congreso de Valencia.
P.: ¿Qué imágenes conserva de la ciudad de Valencia?
R.: Sí, preferiría que habláramos de eso. Era una ciudad en guerra, con los espacios culturales cerrados, pero me impactó la importancia de la arquitectura urbana de fines de siglo.
P.: Ese acervo de la arquitectura modernista ejemplarizada en la Estación del Norte, el Mercado Central, la Casa Ferrer, que podrá ver de nuevo.
R.: Bueno recuerdo la Lonja. Pero a mí me interesaba no sólo el pasado –la Lonja, las Torres de Serranos, las Torres de Quart– sino la continúa comunicación entre el mar, el campo y la ciudad. El sedimento agrario de la sociedad valenciana. Todo esto me hizo pensar asimismo en el pasado árabe.
P.: ¿Dio usted algún paseo por la Albufera?
R.: Sí, di varios paseos. Me encantó. Primero fui a la playa de El Saler. Una playa, entonces, un poco selvática. A la que íbamos a menudo a nadar. Luis Cernuda también. Recuerdo las barcas del lugar. Era un paisaje mediterráneo. Pero estaba también la laguna y los arrozales.
P.: Y un sistema de riego heredado de los árabes. Todavía sigue vigente el Tribunal de las Aguas que, cada semana, se celebra en la puerta gótica de la Catedral de Valencia.
R.: Fue muy curioso, porque por una parte fue un encuentro con una España que yo había leído. Algo que yo quería recuperar.
P.: ¿Blasco Ibáñez era un escritor conocido en América Latina?
R.: Yo lo leí mucho, de joven. En casa había varios libros suyos. Leí muchas novelas de Blasco Ibáñez, entre ellas Arroz y tartana. Las novelas valencianas son las mejores. ¿No le parece? Las otras, muy cosmopolitas, son bastante falsas. Cuando se convirtió en un escritor «best-seller» internacional creo que bajó el hombre.
P.: ¿Qué recuerdos tiene de Madrid?
R.: Mire usted, sobre la guerra es difícil no hablar de barbaridades. Lo que me sorprendió en Valencia y en Madrid fue la persistencia de la vitalidad de la vida ante la muerte. Lo vi claramente en Madrid. Lo vi a veces, en momentos de peligro y de heroísmo en Valencia. Me impresionó el sentido de la fraternidad. La capacidad de la gente para resistir a la desdicha. La gente hacia chistes y bromas sobre las bombas. Así vencían al miedo. Recuerdo que en esa época los intelectuales, instalados en un palacete que les había facilitado el Gobierno de España, sede entonces de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura,14 ahí ciertas noches hacían fiestas de disfraces. Los invitados se disfrazaban de toreros, cocheros, etc. Los Alberti eran los animadores. Así pues había esa suerte de vitalidad ante el drama de la guerra.
P.: ¿Y en Barcelona?
R.: Allí estuve menos tiempo.
P.: ¿Paseó usted por la capital valenciana?
R.: Recuerdo muy bien los largos paseos que daba por la ciudad. Solo o con los amigos. Los paseos por la Alameda después de cenar –mal cenar, pues apenas se comía y a veces suplíamos la comida por la conversación– para conversar con Manuel Altolaguirre. Ramón Gaya, Gil-Albert, Serrano Plaja y Sánchez Barbudo. Muchas conversaciones eran sobre temas políticos. Había un tema del que nadie hablaba, porque estaba mal visto y provocaba la cólera de los comunistas, que era León Trotsky. En el tren de París a Barcelona, en un momento que nadie le oía, recuerdo que Ylya Ehremburg me preguntó por León Trotsky. Después en Valencia el escritor Manuel Altolaguirre me preguntó por León Trotsky. ¿Cómo era Trotsky, cómo vivía Trotsky? Por entonces ni lo conocía, ni lo había leído. Sabía cómo vivía pero poco más…15
P.: El primer anfitrión de León Trotsky fue el pintor Diego Rivera.
R.: Sí, en realidad las cosas fueron de otra manera, pues las primeras personas que le pidieron al presidente Lázaro Cárdenas que le diera asilo León Trotsky fueron unos militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista. La primera delegación española que vino a México para pedirle ayuda a Cárdenas sobre el tema fueron obreros españoles.
P.: ¿Quizás Julián Gorkín entre ellos?
R.: Julián Gorkín probablemente. No sé. Pero fueron los españoles quienes intercedieron en el tema.
P.: Siendo usted tan joven ¿no se sintió inseguro mezclado en una guerra?
R.: Tuve miedo, sí. Pero recuerda la frase de Turena: «el valiente es el que domina el miedo». Además no arriesgaba más que millones de españoles que soportaban los bombardeos. Impulsado por la pasión y también por cierto pundonor –me avergonzaba ser civil en un país en guerra– quise alistarme. Me acuerdo que María Teresa León se le ocurrió que podía ser Comisario Político. Era una locura. Ni tenía la preparación ni contaba con el aval de ningún partido político. Hice algunas gestiones en Valencia pero la acogida que recibí me desanimó. Algunos pensaron que era trotskista. Lo cual era absurdo. Yo venía con la delegación de la LEAR pero no era miembro del Partido Comunista de México. Por entonces hubo una exposición sobre Cien Años de Grabados Políticos de México. Los de la LEAR la dejaron montada y se fueron. Y en esa exposición había una foto de Trotsky y yo la dejé. Fui el responsable de eso. Eso estuvo mal visto. En realidad lo que yo defendía era la libertad de expresión. Además, aunque no había leído a Trotsky, pensaba que si no había una revolución proletaria en Europa la guerra de España estaba perdida. No me aceptaron y me felicito de esa decisión. Podía haber salido mal parado.
P.: Entonces se marchó de Valencia.
R.: Hubo otra razón que no le he contado. Mi gran amigo español fue el joven anarquista José Bosch perseguido por los hechos de Mayo de 1937. Fue el hombre que nos formó políticamente a algunos jóvenes mexicanos. A él yo le vi. En Barcelona aunque estaba escondido. No se lo dije a nadie. En mi libro de Poemas, 1935-1975, publicado en la Editorial Seix Barral, hay un poema dedicado a un joven español, que es José Bosch. Y una larga nota.
P.: ¿Cómo era París en 1937?
R.: Había la amenaza de la preguerra pero también la abundancia. Se veía que estábamos al final de una época. Recuerdo el esplendor de la Exposición Universal de París y el magnífico pabellón español. Una Europa entre dos guerras de la que habla T. S. Eliot en un pasaje memorable de su libro East Coker, pero una Europa con un atractivo que no existe hoy. Le recuerdo que en aquella época se escribieron obras admirables.
P.: ¿Cómo fue el retorno a México?
R.: Sabíamos que si se perdía la guerra de España –que estaba realmente perdida– habría consecuencias para Europa.
P.: Al volver a México ¿inicia usted la revista Taller?
R.: En realidad la revista Taller no la inicié yo. La inició un grupo de jóvenes mexicanos.16 Pero después me hice cargo de la dirección. Taller tenía ciertas afinidades con Hora de España pero también diferencias. Hora de España era una publicación subsidiada por el gobierno español mientras que Taller era una revista hecha por un grupo de poetas jóvenes. Así no sufrimos las presiones ideológicas que sufrieron a veces los de Hora de España. El gobierno mexicano nos ayudó de la única manera en que el poder puede ayudar a la literatura: con su indiferencia. La orientación estética de ambas revistas era semejante. Tal vez los mexicanos éramos más curiosos y mirábamos hacia un mundo que los españoles generalmente han desconocido: los Estados Unidos de Norteamérica. En la revista Taller apareció la primera antología de T. S. Eliot en lengua española (1940). Las tendencias ideológicas de las dos revistas eran parecidas: antifascismo, simpatía hacia los comunistas, pero guardando las distancias y en fin, los rasgos intelectuales y políticos que en todo el mundo distinguieron a la generación que aparece en la década de los treinta.
P.: ¿Se puede hablar de diversas etapas de la revista Taller?
R.: Sí. La primera etapa fue puramente mexicana. Sin embargo hubo colaboraciones españolas. Por ejemplo publicamos una Suite de poemas de Federico García Lorca –inédita– que nos facilitó el escritor y diplomático Genaro Estada, que había sido Embajador de México en Madrid y amigo de García Lorca, Manuel Altolaguirre, Luis Cernuda y sobre todo de José Moreno Villa. Entre los textos de españoles que publicamos en esa primera etapa hay un ensayo de María Zambrano, Filosofía y poesía, que me parece clave para comprender su pensamiento. La segunda etapa se inicia a la llegada de los españoles, pues decidimos abrirles las puertas de la revista. Yo era el director y Gil-Albert el secretario. Juan era amigo mío desde los días de Valencia. Se habla mucho de Gil-Albert como poeta, ensayista e incluso como hombre de salidas ingeniosas –esos fuegos de artificio, no siempre inofensivos, practicados por tantos poetas, desde Luis de Góngora a Oscar Wilde– pero no hay que olvidar que Gil-Albert sobresalió en un género poco frecuentado por los escritores españoles: las memorias. Gil-Albert es un gran memorialista.17
P.: ¿Taller inicia un diálogo hispano-mexicano?
R.: Las revistas del exilio español como Romance –qué falta de tacto llamar así a una revista en la tierra del corrido, réplica mexicana del romance– fueron puramente españolas.18 En cambio la revista Taller era hispano-mexicana. Siempre he creído que la lengua es la patria de los escritores. Hay una gran patria hispánica: la de la lengua española.
P.: ¿Qué papel jugaron los exiliados españoles en México?
R.: Ahora hay un grupo de jóvenes españoles, hijos de exilados, que han hecho una crítica más bien dura. Exageran. La presencia y la acción de intelectuales españoles desterrados fueron fecundas y benéficas. Pero debemos matizar un poco todo esto. Los mexicanos conocíamos mejor a los españoles que ellos a nosotros. Una vez en América la mayoría de los escritores españoles se mostraron insensibles e indiferentes a la literatura, el arte y el pasado de nuestros países. Un pasado, además, que era el suyo. Claro, que hubo excepciones, pero ni José Begamín, ni Rafael Alberti, ni Luis Cernuda ni tantos otros escribieron una línea sobre sus pares en América: Jorge Luis Borges, Javier Villaurrutia, Vicente Huidobro, Carlos Pellicer, etc. Tampoco se interesaron por el arte novo hispano y aún menos en el prehispánico. La mayoría de los jóvenes españoles que colaboraron en Taller, mostraron una indiferencia semejante.
P.: Alguna excepción habría.
R.: Pero claro hubo excepciones admirables como Juan Larrea y sus ensayos sobre César Vallejo, aunque yo no comparto sus puntos de vista. Max Aub, siempre generoso y atento. Y el ensayista Enrique Díez-Canedo. Algunos españoles decidieron enraizarse en la tierra mexicana.
P.: Un ejemplo sería el filósofo José Gaos.
R.: Hubo casos ejemplares como el de José Gaos. Creo que la influencia de este filósofo no se ha valorado suficientemente. No es explicable buena parte del pensamiento contemporáneo mexicano sin la presencia de José Gaos. Primero como profesor y después como intérprete de la filosofía alemana. Muchos de los intelectuales desterrados eran discípulos de José Ortega y Gasset y ellos tradujeron a Heidegger, Husserl, Dilthey, etc.
P.: También estuvieron los traductores al español en México de la Filosofía marxista como Adolfo Sánchez Vázquez y Wenceslao Roces.
R.: Sí, es cierto. La influencia de Wenceslao Roces también ha sido capital, como profesor y como traductor. A Sánchez Vázquez, verdadero hispanoamericano, le debemos no sólo traducciones de textos marxistas, sino una reflexión original y valiosa en materia de estética.
P.: ¿A los escritores les fue mejor que a los artistas?
R.: Tal vez. No hubo realmente un choque entre los artistas mexicanos y los artistas españoles pero sí actitudes estéticas inconciliables. Los españoles eran pintores de caballete y su pintura no presentaba, salvo en casos aislados como el de José Renau, elementos políticos. Además era una pintura tradicional. En México, en cambio, el muralismo había sido un movimiento que había influido no sólo en América Latina sino en los Estados Unidos. Muchos de los que después serían los protagonistas del Expresionismo Abstracto Norteamericano, como Jackson Pollock, había sido discípulos de David Alfaro Siqueiros. Otros como Louis Nevelson o Isamo Nogushi discípulos de Diego Rivera. Los pintores españoles exiliados no habían atravesado por la experiencia de la vanguardia como sus grandes predecesores: Pablo Picasso, Juan Gris, Julio González, Joan Miró, Salvador Dalí, etc. Algunos pintores cambiaron en México y para bien como Enrique Climent, en el que la influencia de Rufino Tamayo fue benéfica. Sin embargo, como ya le dije, los artistas españoles del exilio eran más bien tradicionalistas. El más dotado de ellos, Ramón Gaya –también excelente crítico de arte y poeta– es un pintor tradicional. Esto no es un juicio de valor sino una filiación…
P.: ¿Qué opina de las relaciones entre arte y poesía?
R.: Ese tema nos lleva a otro: las relaciones entre arte y poesía hoy. El último gran movimiento artístico y poético en Europa fue el Surrealismo. Pero ya en esos años y más claramente durante la guerra europea y después de ella, hubo un regreso general a las formas tradicionales, a lo que Jean Cocteau llamó alguna vez el Orden –con mayúscula–. En la poesía de nuestra lengua, Pablo Neruda cambia la poética de Residencia en la tierra por una más accesible. Jorge Luis Borges pasa del Ultraísmo a los sonetos y Villaurrutia, del Onirismo a las décimas. Se advierte el mismo cambio ven Rafael Alberti, Vicente Aleixandre y Luís Cernuda. Lo último que conocemos de Federico García Lorca es un manojo de sonetos. Pero entre los jóvenes escritores de América Latina, hacia 1945, hubo un renacimiento de la aventura poética, en el sentido que Guillaume Apollinaire daba al término. Ese movimiento de renovación poética se inicia en América Latina con algunos escritores como Julio Cortázar, José Lezama Lima, Enrique Molina, Nicanor Parra, etc. y, perdón por citarme, por mí mismo. Fue un movimiento de figuras aisladas que comienza a ser conocido hacia 1950. En España no hubo nada parecido hasta 1970 con los Novísimos.19
P.: ¿Qué influencia tuvieron los críticos de arte españoles como Juan de la Encina, Margarita Nelken o José Moreno Villa?
R.: Margarita Nelken escribió crítica de arte para los diarios. Tuvo mucha influencia y siempre estimulante. Abrió muchas ventanas. La influencia de Juan de la Encina fue en la investigación y la academia. El más interesante y vivo fue José Moreno Villa, hombre excepcional por su finura y profundidad. Hay además tres escritores exiliados españoles que escribieron páginas inteligentes, penetrantes y a veces luminosas sobre México: Juan Gil-Albert con sus memorias; Luis Cernuda con sus poemas y sobre todo José Moreno Villa, en cuyos libros abundan imágenes, intuiciones y descripciones a un tiempo vivaces, hondas y graciosas del carácter y el arte mexicano.
Entrevista realizada en la ciudad de México el 21 de agosto de 1986.
1 Octavio Paz: Conferencia sobre André Breton, en el Instituto Valenciano de Arte Moderno, Valencia, Junio, 1996 (Inédita).
2 Octavio Paz: «Elegía a un joven muerto en el frente (Poema)», en Hora de España, Año I, nº. IX, Valencia, septiembre 1937, págs. 39-42.
3 Octavio Paz: «Raíces españolas de los mexicanos», en Nueva Cultura, Año III, nº. 6-788, Valencia, agosto-octubre, 1937, págs. 4-5.
4 Por entonces Octavio Paz había publicado los libros de versos: Luna silvestre (1933), Raíz del hombre (1937) y Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (Valencia, 1937). Sobre los primeros años del escritor. Vid.: Ambra Polidori: «Octavio Paz, una juventud encendida», en Batlía, nº. 5, Valencia, otoño-invierno, 1986, págs. 132-137.
5 Octavio Paz se refiere al grupo de artistas y escritores jóvenes que firmaron la Ponencia colectiva del Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en Julio de 1937. Una ponencia suscrita por Antonio Aparicio, Ángel Gaos, Ramón Gaya, Juan Gil-Albert, Miguel Hernández, José Herrera Petere, Emilio Prados, Antonio Sánchez Barbudo, Arturo Serrano Plaja, Arturo Souto, Lorenzo Varela y Eduardo Vicente. Vid.: «Ponencia Colectiva», en Hora de España, nº. VIII, Valencia, agosto, 1937, págs. 81-95.
6 Según una nota publicada en la revista Nueva Cultura, año III, nº. 4-5, Valencia, junio-julio 1937, pág. s/n, la delegación mexicana de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios asistente al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia, estaba integrada por el escritor José Mancisidor y los poetas Octavio Paz y Carlos Pellicer. Completaban la delegación Juan de la Cabada y María Luisa Vera (Sección Literatura); Gabriel Lucio (Sección Pedagogía); el compositor Silvestre Revueltas (Sección Música) y los pintores José Chávez Morado y Fernando Gamboa (Sección Pintura). A ellos se sumarían Elena Garro y Susana Steel. Por esas fechas acudieron a Valencia asimismo el pintor David Alfaro Siqueiros y la periodista Angélica Arenal.
7 Octavio Paz: «Raíces españolas de los mexicanos», en Nueva Cultura, año III, nº. 6-7-8, Valencia, agosto-septiembre-Octubre, 1937, págs. 4-5.
8 Fernando Martín: El pabellón español en la Exposición Universal de París en 1937, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1983.
9 Ramón Gaya: «Carta de un pintor a un cartelista», en Hora de España, nº. I, Valencia, enero, 1937, págs. 54-56; José Renau: «Contestación a Ramón Gaya», en Hora de España, año I, nº. 2, Valencia, febrero, 1937, págs. 57-60 y Ramón Gaya: «Contestación a José Renau», en Hora de España, nº. 3, Valencia, marzo 1937, págs. 59-61.
10 Se refiere a la producción teatral El triunfo de las Germanías de Manuel Altolaguirre y José Bergamín, estrenada durante la guerra en el Teatro Principal de Valencia (1937).
11 Octavio Paz y Luis Cernuda debieron conocerse en Valencia y a través de la revista Hora de España donde ambos publicaron artículos y versos. Vid. Luis Cernuda: «Dos poemas. Lamento y esperanza», en Hora de España, nº. XI, Valencia, noviembre, 1937, págs. 31-34.
12 Manuel Ulacia (Ciudad de México, 1953-Zihuatanejo, 2001). Poeta, ensayista, arquitecto y doctor en letras. Colaborador de los periódicos mexicanos El Zaguán (co-director), Diálogos, Revista de la Universidad de México, Vuelta, Revista Mexicana de la Cultura y el diario Unomásuno. Autor del ensayo: Escritura, cuerpo y deseo en la obras de Luis Cenuda (1986).
13 André Gide: Defensa de la cultura, Ediciones La Torre, Madrid, 1981.
14 La sede de la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura estaba ubicada en el Palacio de los Marqueses de Heredia Spínola de Madrid.
15 Sobre el exilio y muerte de León Trotsky en México Vid.: Alain Dugrand: Trotsky. México, 1937-1940, Siglo Veintiuno Editores, México, D. F., 1988.
16 Taller (México, D.F., 1938-41). Revista iniciada por los escritores Efraín Huerta, Octavio Paz, Alberto Quintero y Rafael Solana. A partir del número 5 aparece Octavio Paz como director y Gil-Albert como secretario de la revista y se suman como colaboradores los españoles Ramón Gaya, José Herrera Petere, Antonio Sánchez Barbudo y Lorenzo Varela.
17 Juan Gil-Albert: Memorabilia, Tusquets, Barcelona, 1975.
18 Romance (México, D. F., 1940-41). Revista Popular Hispanoamericana. Director: Juan Rejano. Colaboradores: Lorenzo Varela y Adolfo Sánchez Vázquez.
19 Josep María Castellet: Nueve novísimos. Poetas españoles, Seix Barral, Barcelona (1970). En esta obra se recogían versos de José-María Álvarez, Félix de Azúa, Guillermo Carnero, Pere Gimferrer, Antonio Martínez Carrión, Ana-María Moix, Vicente Molina Foix, Leopoldo María Panero y Manuel Vázquez Montalbán.
LOS ARTISTAS EUROPEOS

Kati Horna, fotógrafa, México, 1994, ca.
(Foto: Estanislao Ortiz)
KATI HORNA, FOTÓGRAFA
Kati Horna Blau nació en Budapest el 19 de mayo de 1912 y falleció en la ciudad de México el 19 de octubre de 2000.
De origen húngaro primero se nacionalizó española al casarse con el pintor José Horna (Jaén, 1912-México, D.F., 1963) y luego se naturalizó mexicana al exiliarse en México.
Considerada por algunos historiadores del arte como la fotógrafa del «surrealismo mexicano», la obra creada por esta artista tiene, sin embargo, más registros que el trabajo surrealista propiamente dicho realizado durante el exilio latinoamericano (1939-2000).
Formada en el taller del fotógrafo húngaro Joseph Pecsi (Budapest, 1899-1956), su trayectoria se rubrica en tres ciudades claves del continente centro-europeo del primer tercio del siglo veinte: Budapest (1912-31), Berlín (1931-33) y París (1933-37).
En Budapest sigue los pasos de los fotógrafos László Moholy-Nagy (1895-1946); Rudolph Balogh (1879-1944); Karoly Escher (1890-1966); Nándor Bárány (1899-1977); Olga Máté (1878-1965); etc. que anuncian la vanguardia fotográfica húngara protagonistas, muchos de ellos, del almanaque de Pároli Rosmar titulado Photographie Hongroise (1939).
En la capital húngara, antes de marchar a Berlin, Katy Blau –que así se llamaba de soltera– se instruye asimismo en las técnicas del fotomontaje que, desde una óptica política y vanguardista, iba a desarrollar fundamentalmente el pintor, escritor, poeta y fotomontador Lajos Kassák (1887-1967), redactor gráfico y literario de las revistas húngaras Munka (Trabajo); Ma (Hoy) Tett (Acción), etc.
En Berlín, donde llegaría en 1931, se inicia como reportera en la agencia Dephost (Deutsche Photodienst), viviendo los años creativos de la República de Weimar y los riesgos de la llegada al poder de Adolph Hitler (1933), por lo que abandonaría Alemania para trasladarse a Francia. En la capital alemana, según algunos estudiosos de la vida y obra de Kati Horna, conocería al dramaturgo Bertolt Brecht y al dibujante alemán Wolf Hamburguer, discípulo de Max Ernst, con quien marcharía años más tarde a España.
Sería, finalmente, en la escena cultural del París de los años treinta donde a través de sus reportajes para la Agence Photo Anglo Continental –donde trabajarían, asimismo Robert Capa, André Kerstesz y Gerda Taro– desarrollaría su primera labor creativa. Testimonio de esa obra son sus reportajes sobre Le Marché des Puces y Les Cafés de París, que marcan el inicio de una nueva estética fotográfica.
Pero sería a través de su experiencia como reportera de la guerra civil española (1937-38) y en particular como fotógrafa de la prensa anarquista, como Kati Horna pasaría a formar parte de la historia gráfica española de ese periodo.
La obra hispana de Kati Horna merece un lugar, por derecho propio, en ese núcleo de testigos extranjeros de la guerra civil española.
La labor de Kati Horna, durante la guerra civil, se desarrolló principalmente por las comarcas y capitales de Madrid, Barcelona, Valencia y el frente de Aragón como reportera gráfica del anarquismo español siendo colaboradora de los periódicos Umbral (Valencia-Barcelona, 1937-38); Libre Studio (Valencia, 1938) y Mujeres Libres (Madrid-Barcelona, 1936-38), etc.
El trabajo de esta fotógrafa húngara, amiga de Robert Capa y esposa del pintor José Horna –de ahí le viene su apellido Horna– se inscribe dentro de la labor de documentalismo que tanto fotógrafos españoles (Alfonso, Centelles, Albero, Foto Mayo, Vidal, etc.) como extranjeros (Brandt, Capa, Namuth, Reisner, Reuter, Seymour, Taro, etc.), desarrollaron entonces en España.
A Kati Horna le corresponde una visión muy subjetiva de la vida cotidiana del pueblo español a través de sus campesinos, mujeres, niños y escenas de los desastres de una contienda civil.
En España ensayó asimismo sus primeros fotomontajes, imágenes fantásticas y collages surrealizantes, con cierto humor negro –propio quizás de su formación húngara de origen– que desarrollaría más tarde, en el exilio mexicano.
En la emigración mexicana Kati Horna coincide con diversos fotógrafos exiliados (los Hermanos Mayo, Walter Reuter, Eva Sulzer, etc.) y sobre todo comparte amistad con el núcleo de surrealistas europeos (Leonora Carrington, Edward James, Alice Rahon, Benjamín Péret, Wolfgang Paalen, Remedios Varo, etc.). Aunque no participó en la Exposición Internacional del Surrealismo (Galería de Arte Mexicano, 1940), promovida por André Breton, Wolfgang Paalen y César Moro, por esos años (1939-45), realiza una obra de fotos, collages y fotomontajes, vinculada en cierto modo con la estética surrealista de la época.
La obra fotográfica hecha por Kati Horna en tierras mexicanas testimonia el trabajo de una reportera, documentalista y creativa fotógrafa que compaginó, en todo momento, la labor periodística (Nosotros, Mujeres, S-nob, Revista de la Universidad de México, Tiempo, etc.) con el trabajo especializado en la arquitectura de la ciudad (Arquitectura México, Arquitectura Ena, Arquitectos de México), así como retratos de los escritores y artistas más notables de ese país (Juan-José Arreola, Leonora Carrington, Elena Garro, Alberto Gironella, Elena Poniatowska, José-Emilio Pacheco, Alfonso Reyes, Dolores del Río, María Félix, etc.).
Pero quizás una de las grandes aportaciones a la fotografía de esta autora sea su narrativa visual vinculada al cine y a la literatura que desarrolló a través de cuentos, fetiches inventados, arquitecturas fantásticas, etc.
Uno de los trabajos más notables que nos dejó fue su colaboración con la revista S-nob (1962-63) que dirigía el escritor mexicano Salvador Elizondo donde desarrolló su temática fantástica de los fetiches. Según la historiadora del arte mexicano Ida Rodríguez Prampolini las series de fotos que hizo para la revista S-nob: «son secuencias de relatos fantásticos donde la realidad externa se convierte en la escenificación de mundos irreales que, a base de ‘estupefacientes imágenes’ relatan visiones que inventa la rica imaginación de esta soñadora».1
Otro perfil de interés de la labor en la ciudad de México fue su colaboración próxima a los arquitectos renovadores de los años sesenta y muy particularmente con Ramírez Vázquez para quien hizo las fotografías para la Pre-Olimpiada de México (1967) y algunas colaboraciones en las revistas especializadas Arquitectura de México (1964-66); Arquitectos de México (1967), etc.
Fruto de esa labor es el legado que dejó sobre la construcción de los edificios del «campus» de la Ciudad Universitaria que hoy conserva la Universidad Nacional Autónoma de México.
Al morir Kati Horna –vecina y amiga en la capital mexicana de Leonora Carrington– tenía 88 años y llevaba varios años retirada de la actividad docente en la que había sido maestra de fotografía, primero en la Universidad Iberoamericana y luego en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de México.
Curiosamente los historiadores de la fotografía mexicana, al abordar el tema de la obra de Kati Horna destacan –según Olivier Debroise– que «las fotografías de Horna poseen en efecto un ‘toque vienés’, una fría distancia no desprovista de un sutil humor macabro poco común en México, que recuerda a Kafka o Musil».2
Pregunta: ¿Qué vinculación tuvo usted con España?
Respuesta: Llegué a España cuando en Europa estaba en pleno ascenso el fascismo, tanto en Alemania como en Italia. No olvide que soy húngara de nacimiento. Yo no militaba en ningún partido político, pero conocí el problema español de cerca. He hice diversos trabajos para la CNT.3 Fui como fotógrafa a España durante la guerra civil. Con mi trabajo tomé la vida cotidiana en el Frente de Aragón. Conozco bien esa región.
P.: ¿En qué fechas hizo ese reportaje?
R.: Fue en junio de 1937.
P.: ¿Y luego qué hizo?
R.: Luego me invitaron a colaborar en la revista anarquista Um bral.4
P.: ¿Qué otras ciudades españolas conoció?
R.: Viví en Valencia. Como le he dicho colaboraba como reportera gráfica de la revista Um bral. En 1937 viajé también a Teruel a cubrir la guerra en esa ciu dad. Y en 1938 me fui a vivir a Barcelona.
P.: ¿Cómo difundió su trabajo como reportera de la guerra civil española?
R.: Nunca vendí mis fotografías a agencias extranjeras.
P.: ¿Qué vinculación tuvo usted con la CNT?
R.: Colaboré desde mi llegada a España con la Confedera ción Nacional de Trabajadores. Es decir con organización sindical de los anarquistas españo les.
P.: ¿Vivió en Barcelona?
R.: Viví en la capital catalana, exactamente en la Calle Buenaventura Durruti, 5, de Barcelona. Allí tenía un enorme archivo de las fotos que tomé de la guerra civil española. Mi salvo con ducto por España fue el carnet de la FAI-CNT5 Mis amigos fueron anarquis tas. Durante la guerra trabajé como fotógrafa para ellos.
P.: ¿Qué trabajo desarrollaba en esa organización?
R.: Yo estaba en la sección de difusión de propaganda en el exte rior.
P.: Pero sus fotos se publicaron en la prensa española de enton ces.
R.: Creo recordar que se publicaron en los periódicos anar quistas Libre Estudio,6 Solidaridad Obrera,7 etc. De alguna de estas revistas conservo algún ejemplar.
P.: Usted hizo además fotomontajes durante la guerra civil española.
R.: Creo que fue en la revista Libre Estudio, donde empecé a hacer fotomontajes.
P.: ¿Qué amigos tenía en Valencia?
R.: Como ya le he dicho conocí al pintor Juan Borrás Casanova, José-María Escrivá, Miguel Marín y otros.
P.: ¿Qué le impresionó más de la guerra?
R.: Los bombardeos. Hice muchas fotos de bombardeos en Valen cia. Y de esqueletos de personas. Y fotomontajes con estos temas. Utilicé alguna imagen de Goya. Creo que un Cristo. Me dije a mí misma: «Desde hoy no será ya el símbo lo del sufrimien to».
P.: ¿Cómo firmaba entonces las fotos?
R.: A menudo ni las firmaba. Y cuando lo hacía ponía sim plemente Kati.
P.: ¿Podría comentarme el fotomontaje La Catedral de Barcelo na (1938)?
R.: La obra la hice en Barcelona a mediados de la guerra civil española. La modelo del fotomontaje era una muchacha de Xàtiva que conocí en Madrid. Se llamaba María. La volví a encon trar en Valencia. Tenía amigos muy influyentes por lo que me invitó a comer, un día, en el Hotel Oltra de Valencia.
P.: ¿Qué pasó con su archivo de negativos hechos durante la guerra para la CNT?
R.: Creía que se había perdido. Ahora sé que se ha recupe rado. Los anarquistas sacaron la documentación a Holanda (Ams ter dam), In glaterra (Londres) y Francia (París y Toulouse). Al fina lizar la Segunda Guerra Mundial (1945) concentraron toda la documenta ción en Amsterdam. Ahora parte de ese archivo, mi la gro samente, está en Barcelona. Creo que con parte de ese mate rial se hizo una exposición en Barcelona.
P.: ¿Cuándo salió de España?
R.: Poco antes de terminar la guerra me marché a París. La caída de la capital catalana me pilló en la capital francesa.
P.: ¿Usted estaba casada con un español?
R.: Mi marido se llamaba José Horna.8 Era anarquista. Y estuvo internado en diversos campos de concentración franceses de los que conseguí sacarlo al terminar la guerra civil espa ñola. Al salir de ese infierno de los campos de concentración vigilados por la gendarmería francesa y soldados senegale ses, llegamos hasta París y de allí, gracias a la generosidad del General Lázaro Cárdenas, conseguimos exilarnos en Méxi co.
P.: ¿Cómo hizo el viaje de Francia a México?
R.: Salimos en el barco francés De Grasse9 desde el puerto de Le Havre (France) al puerto de New York (USA) donde llegamos a finales de 1939. Llegué a México con mi marido, un campesino asturiano y una maleta en la mano. Poco más.
P.: ¿Cuándo dio a conocer en México sus trabajos fotográ ficos sobre el Frente de Aragón?
R.: Fue gracias al poeta mexicano José-Emilio Pacheco y en la revista Siempre.10 Él conocía mi trabajo. Seleccionó las fotos y escri bió un artículo para dicha revista mexicana.
P.: ¿Qué recuerdos le quedan de aquella experiencia?
R.: Lo que uno ha vivido con cariño nunca lo olvida.
P.: ¿Y en México en qué trabajó?
R.: He sido durante muchos años maestra de fotografía en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos.11
P.: ¿Ha hecho usted muchas exposiciones de fotografía?
R.: Ya no tengo energías para hacer exposiciones. Yo soy anti propagandista. No quiero saber nada de la propaganda.
P.: ¿Qué ha pasado con todo su trabajo mexicano?
R.: En México trabajé mucho. Durante años hice cantidad de retra tos de escritores y artistas. Buena parte de esa labor salió en el libro de Christine Frérot sobre el mercado artís tico mexicano.12 Después del último temblor (1985) doné todo mi archivo mexicano al Instituto Nacional de Bellas Artes . Ahora está ubicado en el CENIDIAP,13 que estuvo en el anti guo estudio de Diego Rivera en la Colonia de San Ángel (México, D.F.) y poste riormente lo han trasladado al Centro Nacional de las Artes de Tlalpan.
P.: ¿Colaboró en la prensa mexicana?
R.: Trabajé en la revista Mujeres (1959-74). Hice retratos de artistas, intelectuales, bailarines, ac to res de teatro, personalidades de la cultura, etc. Hasta 1980 trabajé mucho y en publicaciones diversas. Luego dejé de cola borar en la prensa.
P.: ¿Tiene usted obra en alguna colección pública?
R.: Al crear Manuel Álvarez Bravo su Museo de la Fotografía a inicios de los ochenta le pasé varias fotografías mías. Luego ese material pasó al Centro Cultural de Arte Contemporáneo de México que creó Televisa. Asimismo hay fotos mías en el Museo de Arte Moderno de México. Y en el Museo Nacional de Arte de México.
P.: ¿Cuándo se expusieron por primera vez?
R.: Creo que fue en la exposición La Mujer en México (México, D. F., 1991). Allí se incluía algún fotomontaje sobre la guerra civil española.14
P.: ¿Quién fue la primera persona que se interesó por su traba jo de fotoreportera?
R.: Fue el fotógrafo francés Robert Doisneau.15
P.: ¿Participó en la Exposición Internacional del Surrea lis mo (México, 1940)? ¿Se considera una fo tógrafa surrealista?
R.: No participé en esa exposición. Además en esa época yo no sabía que era surrealista. Desde entonces me consideran surrea lis ta . Yo siempre he hecho muy a gusto mi trabajo como colabo rado ra de prensa. Nunca he tenido pretensiones cultura les. Po si ble mente me consideran surrealista porque era amiga de los artis tas su rrealistas mexicanos. Pero yo no era surrealista.
P.: ¿Usted conoció a la galerista Inés Amor?16
R.: Sí, al poco tiempo de llegar a México, conocí a Inés Amor, directora de la Galería de Arte Mexicano. Ella fue la promotora con el pintor Wolf-gang Paalen, el poeta César Moro y el escritor André Breton de la citada exposición surrealista.17
P.: ¿Usted tuvo amistad con el poeta Emilio Prados?18
R.: Así es. Recuerdo que le regalé una colección de retra tos de viejos y viejas de España. Era una serie de fotos que le encan taban.
P.: ¿Es usted una fotógrafa de convicciones muy personales?
R.: Así es. Di parte de mi vida luchando por mis convic cio nes. Nunca hice negocio con mi obra fotográfica.
P.: ¿Cuál es su nacionalidad?
R.: Soy húngara de origen. Española por casamiento. Y mexi cana de adopción. Hace ya más de medio siglo que salí de mi tierra de origen.
P.: ¿Usted ha vivido en Europa?
R.: Sí, viví y trabajé en Berlín y París en los años trein ta. Me hice fotógrafa en París y foto-reportera en Espa ña. Viví muchos años huyendo de un país a otro. Le estoy muy agradecida a México que me acogió finalmente. Aquí llevo vi viendo más de medio siglo.
P.: ¿Qué proyectos tiene?
R.: Ya no quiero viajar. Tampoco quiero hacer exposicio nes. Creo que al final mis fotos viajarán solas.
P.: ¿Usted hizo objetos artísticos junto con su marido José Horna?
R.: Así es. Me han llamado «escultora de objetos».
P.: ¿Cree usted en el azar?
R.: Las sorpresas le salvan a uno en la vida. Cada situa ción difícil ante la que me enfrenté me produjo su sorpresa. Mi dios es el imponderable. Todo me ha ido saliendo solo.
P.: ¿Qué piensa de la carrera artística de un fotógrafo?
R.: A la prensa sólo le interesa el «curriculum» de los artis tas. El «curriculum» es la huella que uno deja. Pero las fotos es lo que cuenta. Lo que se trasmite.
P.: ¿Usted ha expuesto en Europa?
R.: Bueno, sé que se incluyeron algunas fotos mías en la exposición La femme et le surréalisme que se hizo, hace unos años en Lausanne.19
P.: ¿Qué perspectiva tiene ahora de las cosas?
R.: Hoy el mundo se ha convertido en un supermercado. Nadie piensa en su país. Como no soy un inversionista ya no tengo nada que ver con este mundo.
P.: ¿Qué noticia le ha impresionado últimamente?
R.: El incendio de San Juanico en la Ciudad de México. Leí una información en el diario unomásuno en la que se hablaba de que habían recogido los cadáveres de los jóvenes muertos en bolsas de plástico. Eso es horrible. Me impresionó mucho la muerte de esos jóvenes. Morir por el petróleo es terrible.
P.: ¿Cómo ve usted a la juventud?
R.: El miedo está transformando a los jóvenes. Ya no hay idea les. Sólo se piensa en el dinero. La codicia humana se transfor ma en una gran destrucción. Yo de joven fui muy feliz pues tenía muchos ideales.
Entrevista realizada en la ciudad de México, el 19 de octubre de 2000.
1 Ida Rodríguez Prampolini: El surrealismo y el arte fantástico en México, Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F., 1983.
2 Olivier Debroise: Fuga mexicana. Un recorrido por la fotografía en México, Conaculta, México, D.F., 1998.
3 Confederación Nacional del Trabajo: Sindicato de ideología anarco-sindicalista, constituida en Barcelona en 1911.
4 Umbral: Semanario gráfico de tendencia anarco-sindica lista. Se publicó en Valencia durante la guerra civil española (1936-39). El director era A. Fernández Escobés. Kati Horna colaboró en esta revista (1937-38).
5 Federación Anarquista Ibérica: Organización anar quista creada en Valencia en 1927. Tuvo, durante la guerra civil espa ñola, una gran influencia en la Confederación Nacio nal del Trabajo.
6 Libre-Studio: Revista de acción cultural al servi cio de la Confederación Nacional del Trabajo. Se publicó en Valencia (1936-38).
7 Solidaridad Obrera: Órgano de la Confederació Nacional del Treball en Cataluña. Se publicó en Barcelona (193 6-39).
8 José Horna (Jaén, 1912-Ciudad de México, 1964). Pintor, cartelista y escultor espa ñol exilado a México. Sobre este artista Vid.: Karen Cordero: «Los sentidos de las cosas. El mundo de lo real de Kati y José Horna», en Varios Autores: Los sentidos de las cosas, catá-logo, Museo Nacional de Arte, México, 2004, págs. 9-22.
9 El barco francés De Grasse partió del puerto de Le Havre y llegó al puerto de New York el 30 de diciembre de 1939.
10 Siempre. Revista semanal mexicana fundada en 1953 por el periodista José Pagés Llergo.
11 La Escuela de Bellas Artes de San Carlos de México fue creada en el Siglo XVIII. Dieron clases en esa academia los artistas valencianos Jose-Joaquín Fabregat, Rafael Ximeno y Manuel Tolsá.
12 Christine Frérot: El mercado del arte en Méxi co (1950-1976), México, D. F., 1990. El libro incluye numero sas fotos personales de artistas mexicanos realizadas por Kati Horna.
13 CENIDIAP, Centro Nacional de Documentación e Investiga ción de Artes Plásticas. Organismo dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes. Tiene archivo, hemeroteca y biblioteca. Está ubicado en el Centro Nacional de Bellas Artes. Estuvo dirigido varios años por el crítico de arte Luis Rius (1994-2000).
14 Varios Autores: La Mujer en México, Méxi co, D. F., 1991. Catá logo de la exposición orga ni zada en el Centro Cultural de Arte Contempo ráneo de México. Incluía fotos de Lola Álvarez Bravo, Flor Garduño, Kati Hor na, Gracie la Iturbide, Tina Modotti y Mariana Yampolski.
15 Robert Doisneau (1912-1994). Fotógrafo y escritor francés. Autor del libro A l’imparfait de l’objectif (1989).
16 Inés Amor. Directora de la Galería de Arte Mexicano. Los críticos de arte Jorge Alberto Manrique y Teresa del Conde coordinaron la edición del libro: Una mujer en el arte mexicano. Memorias de Inés Amor, Instituto de Investigaciones Estéticas, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1987. En ese libro hay unas páginas de recuerdos dedicadas a Chávez Morado y Olga Costa.
17 Sobre la Exposición Internacional del Surrea lis mo en México ver los libros: Juan
Somolinos Palencia: El Surrea lis mo en la pintura mexicana, México, 1973; Luis-Mario Sch nei der: Méxi co y el Surrealismo (1925-1950), México, 1978; Ida Rodríguez Prampolini: El surrealismo y el arte fan tás ti co de México, Mé xico, 1983.
18 Emilio Prados (1899-1962). Poeta español. Al terminar la guerra civil se exilió en México.
19 La femme et le surréalisme es una exposición que comisariada por Erika Billeter con la colaboración de José Pierre y Lourdes Andrade tuvo lugar en el Musée Cantonal de Beaux Arts de Lausanne, Suiza, en 1987. El catálogo incluía un prefacio del escritor André Pieyre de Mandiargues.

Walter Reuter, fotógrafo, 1938-39
(Foto: Walter Reuter/Biblioteca Nacional, Madrid)
WALTER REUTER, FOTÓGRAFO
Walter Reuter nació en Berlín el 4 de enero de 1906 y murió en Cuernavaca, México, el 20 de marzo de 2005.1
Al proclamarse la primera guerra mundial su padre fue movilizado y Walter y su familia se trasladaron al campo.
Como le confesó, un día, a Dorothea Cremer: «En realidad solo pasé dos años sentado en el pupitre. Mi verdadera escuela fue el movimiento juvenil».
Estuvo inscrito en las organizaciones juveniles alemanas Kaufmännischer Wandervogel (Los pájaros errantes) y Jung Wandervo-Vogel (Los jóvenes errantes), con las que hizo numerosas excursiones por la geografía del país. Años de excursionismo que compatibiliza con algunas lecturas de autores como Rainar Maria Rilke. Apasionado por la danza siguió de cerca las actuaciones de Isadora Duncan y Anna Pavlova.
De joven estudió Quimiografía y luego trabajó en el Instituto de Artes Gráficas Büxenstein de Berlín.
En 1928 conocería a su futura mujer la actriz judía-polaca Sulamith Siliava, que lo relacionó con el mundo de la dramaturgia, las artes y Hans Litten, abogado de izquierdas y defensor de los derechos de los trabajadores.
Hacia 1929 adquiere la máquina de fotos Contessa Nettel e inicia su carrera de reportero gráfico. Con un reportaje sobre la vida de las colonias agrarias fuera de Berlín inicia sus colaboraciones con la revista Arbeiter Zeitung Illustrierte (Berlín, 1931-32), cuyas portadas realizaba el fotomontador John Heartfield.2
Según Dorothea Cremer «el compromiso fotográfico de Walter Reuter tenía motivaciones sociales y políticas pero era independiente y sin vinculación a partido alguno».
En ese periodo colabora asimismo con las revistas alemanas: Der Arbeiter-Fotograf (1931-33); Der Querschnitt (1932) y Zürcher Illustrierte (1936).
El ascenso al poder de Adolf Hitler, el incendio del Reichstag (1933) y el asalto al apartamento de Hans Litten le aconsejan marcharse de Berlín iniciando con su mujer Sulamith Siliava y la amiga Margarethe Timbal un largo viaje por Europa que finaliza en España (1933). Viajan por diversas ciudades españolas hasta que se instalan en Torremolinos (1934-36).
En ese periodo traba amistad con los poetas andaluces Manuel Altolaguirre, Emilio Prados y Juan Rejano y en un viaje a Granada conoce, poco antes de morir, a Federico García Lorca (1936). En una entrevista con el español Ángel Cosmos recordaba así ese encuentro: «El 13 de julio de 1936, cinco días antes del inicio de la guerra civil de España, estuve en Granada, en casa de Federico García Lorca. (…) Federico y yo nos hicimos buenos amigos, por razones musicales más que nada, pues tuvimos una velada en la que él tocó el piano y yo canté canciones alemanas. A Federico lo mataron muy poco tiempo después».3
Al estallar la guerra civil española se traslada a Madrid y empieza a trabajar en el Ministerio de Estado que presidía Julio Álvarez del Vayo y en particular con el artista Gabriel García Maroto. Los diversos reportajes en los frentes de Madrid, Barcelona y Valencia los distribuye a través de la Agencia Back Atar publicando asimismo en las revistas Ahora (Madrid, 1937) y los periódicos europeos Regards (París, 1937) y Zürcher Illustrierte (Berlín, 1936).
Durante la guerra asiste al segundo Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura (Valencia, 1937) donde trata de cerca a diversos intelectuales alemanes como Gustav Regler, Anna Seghers, Erich Weiner, etc., y a los fotógrafos Robert Capa, Kati Horna, Gerda Taro, etc.4
Poco antes de finalizar la guerra atraviesa la frontera francesa con un periodista del Daily Worker. Como carecía de documentos personales lo detienen, se escapa a Perpignan y de allí llega a París donde residía su mujer e hijo. Vuelven a detenerlo en París y los consignan en el Campo Roland Garros. Desde París lo trasladarían a los campos de concentración de Orleáns, Aix-en-Provence y Nîmes.
Finalmente desde Marseille se alista con los alemanes Werner Mink y Willy Emker en la Legión Francesa trasladándose a Casablanca. Tras pasar unos años en campos de concentración franceses en Argelia y Marruecos –Sidi-el-Ayachim Sidi-bel-Abbés y Coloma-Bechar–, consigue escapar y desde Casablanca embarca en el vapor Saint Thomé con su mujer e hijo y se exilia en México.
En México y sin documentación personal sobrevive unos años en Puebla (1942-44) hasta que consigue trabajo en la Ciudad de México con la ayuda de los alemanes Heinrich Gutmann, Gustav Regler y Anna Seghers y la Liga für Deutsche Kultur (Liga Pro Cultura Alemana).5
Según la investigadora mexicana Rosanna García el primer reportaje de Walter Reuter publicado en la prensa mexicana fue sobre los «Campos de concentración del norte de África” y lo publicó en la revista Hoy (México, 6-02-1943). Ese año adquiere una cámara Rolleiflex de segunda mano y empieza a hacer reportajes de México como «Los techos de México” publicado en la revista Nosotros (1943). A lo largo de muchos años recorre la geografía mexicana, publicando reportajes sobre los indígenas, su forma de vida y cultura en revistas ilustradas como Hoy (1937), Mañana (1943) y Siempre (1953).
Según confesaba Walter Reuter: «Siempre intenté honrar la dignidad de los indios, tanto con mis fotos como en mi comportamiento personal”.
Interesado asimismo por el mundo de la danza haría diversos reportajes sobre los grandes bailarines mexicanos –José Limon, Guillermina Bravo, Ana Mérida– y los escenógrafos de la época –Miguel Covarrubias y Julio Prieto.
Un aspecto interesante del trabajo artístico de Walter Reuter es su obra vinculada al documental y al cine. Como camarógrafo trabajó primero para el programa de noticias Noticiero (1946), donde colaboraría con Carlos Velo.6
Son destacables los cortometrajes Historia de un río (1953) de Francisco del Villar; Tierra de Chicle (1953) de Ramón Beteta; La viuda (1957); El hombre de la isla (1957); Tierra de esperanza (1957) de Francisco del Villar; El botas (1957) de Mauricio Magdaleno; La brecha (1957) de Fernando Espejo.
Como camarógrafo trabajó en los filmes: Raíces (1955) de Benito Alazraki y gran premio de la crítica del Festival de Cannes (1955); El tigre de los mayas (1957) de Fernando Wagner; Norte (1958) de Benito Alazraki; La gran caída (1958) de Myron J. Gold; El brazo fuerte (1958) de Giovanni Korporaal; Los pequeños gigantes (1958) de Hugo Mozo; La güera Xochitl (1966), de Rogelio González etc.7
Entre sus reportajes temáticos sobre México destacan los que hizo para la Comisión Federal de Electricidad en el río Papaloapan (Estado de Veracruz); en la Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (Estado de Michoacán, 1974), etc.
Trabajó asimismo con Emilio García Riera, José Revueltas y Federico Cervantes como profesor del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos creado por la Universidad Nacional Autónoma de México (1964).
A lo largo de su vida hizo asimismo diversos documentales sobre el mundo indígena mexicano para diversas televisiones europeas y en particular uno sobre los lacandones para el Musée de l’Homme de París (1952).
Según el historiador del arte Michael Nungesser: «Sus fotos han ayudado a reforzar la conciencia de que los indios son una parte esencial de la cultura mexicana y de que se debe preservar su identidad”.
A inicios de los noventa se organizó una muestra itinerante de su obra fotográfica y fílmica bajo el titulo de Walter Reuter, Berlín-Madrid-México. 60 años de fotografía y cine (1930-1990), con un documentado catálogo con textos de Diethart Kerbs, Dorothea Cremer, Michael Nungesser, Lothar Schuster y Ursula Tjaden.
La crítica de arte Teresa del Conde publicó asimismo el libro Nuestra Gente, con imágenes a través de la lente de Walter Reuter realizadas entre 1942 a 1992, una monografía que recoge una antología de su trabajo sobre los indios de México.
En 1999 con motivo de la Tercera Bienal de Fotoperiodismo le concedieron el premio Espejo de Luz de México.
Aunque perdió sus archivos de negativos de Alemania (1929-33) y de España (1933-39), se conservan copias de ese periodo y cerca de 120.000 negativos de su trayectoria mexicana (1942-2005).
Pregunta: ¿Qué fotógrafos conoció en la guerra civil española?
Respuesta: Entre otros, Gerda Taro, que vivía en mi misma casa. Antes de salir a hacer fotos pasaba a saludarme. Incluso el día que partió, por cierto camino de Brunete, donde fatalmente moriría. Le dije, Gerda, estás loca. Te vas a la sierra, a Brunete. ¿Cómo vas tan elegante? Ella me contestó: Es que los compañeros quieren ver a una mujer. Esa misma noche moriría.
P.: ¿Cómo falleció Gerda Taro?8
R.: Hay muchas historias al respecto. La historia de la muerte de Gerda Taro la escuché en el hospital donde la ingresaron. Ella regresaba de Brunete en un coche lleno de heridos. Y se le ocurrió ponerse fuera con el busto hacia fuera en el momento que se cruzaron con un tanque que la aplastó por completo. Así murió. Sin conocimiento. Esto me lo contaron unos periodistas noruegos. Hay una foto con todas ellas.
P.: ¿Tenía amigos españoles?
R.: Sí tenía unos amigos en Málaga. El poeta Emilio Prados. El otro era Juan Rejano. Los dos se exiliaron en México.
P.: ¿Cuándo conoció a Federico García Lorca?
R.: A Granada fui desde Málaga. Yo tenía una amiga gitana en esa ciudad. Fue quien adivinó que mi mujer estaba embarazada. Me alojé con mi mujer y mi hijo en un hotel donde residía un familiar de Winston Churchill. Por recomendación de Emilio Prados conocí a García Lorca. Pregunté por su familia y llegué a su casa. Allí me dijeron que esperara que esa noche regresaba Federico de Madrid. Ese día comí invitado por su familia. Por entonces Federico trabajaba en Madrid. Esa noche cantamos juntos. Él tocaba el piano. Yo le canté canciones populares alemanas. Hablamos toda la noche.
P.: ¿Antes de llegar a España en 1934 usted había trabajado como fotógrafo en Berlín?
R.: De mi trabajo fotográfico en Alemania desde 1930 a 1933 estuve hablando con García Lorca. Creo que fui uno de los fotógrafos más combativos contra los nazis en Berlín. Yo tenía un amigo abogado que también fue muy agresivo contra los seguidores de Hitler. Por entonces los grupos de nazis perseguían a los obreros y a los grupos comunistas y cristianos con mucha violencia. Yo retraté muchos acontecimientos de esa época. Y, en 1932, ya tuve muchos problemas para hacer reportajes en Berlín pues andaban persiguiéndome los nazis. Así pues tuve que emigrar a Checoslovaquia.
P.: ¿Qué hizo desde entonces?
R.: Viví entre las zonas mineras de Silesia. Hice reportajes para diversas revistas.
P.: Usted colaboró asimismo en la revista AIZ.
R.: Así es. Desde 1930 a 1933 hice algunas colaboraciones para el Arbeiter Illustrierte Zeitung.
P.: ¿Conoció a John Heartfield?
R.: Así es. Hice muchas fotos que Heartfield utilizó.
P.: ¿Cómo se hizo fotógrafo?
R.: En el año 1920, con apenas 14 años, busqué mi primer trabajo. Era hijo de una familia obrera. Mi padre acababa de salir prisionero de la Primera Guerra Mundial. Eran tiempos difíciles. Me llevó a una imprenta y aprendí el oficio de grabador. En ese tiempo estuve unos meses en Finlandia. Regresé tan bien alimentado que mi madre no me reconoció. En 1924 terminé mi aprendizaje en la imprenta. En navidades me fui a la nieve. En la estación conocí al que organizaría los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Gracias a él aprendí a esquiar. Me pasé un par de meses en la estación de esquí. Al regreso a la imprenta creí que me iban a echar del trabajo. Y me quedé trabajando en la imprenta hasta 1930.
P.: Usted llegó a hacer un reportaje de una manifestación obrera de 1930.
R.: Así fue. En 1929 el jefe de policía de Berlín, que era socialdemócrata, prohibió la manifestación obrera del Primero de Mayo. La policía disparó contra la manifestación. Hubo más de 33 heridos y cerca de 100 heridos. Propuse una protesta contra esos hechos en mi trabajo. Hice un manifiesto que firmaron la mitad de los empleados. Por ese hecho me dejaron sin trabajo. Me tuve que ir al campo fuera de Berlín. Y allí se me ocurrió la idea que si me compraba una cámara fotográfica podría ganarme la vida haciendo fotos. Primero saqué fotos de desnudos de mis amigos en el campo.
P.: ¿Cuál fue la primera cámara fotográfica que tuvo?
R.: Una Contesa Nettel. Se abría como una tijera. Luego me compré una Agfa más corriente. Y más tarde me construí una amplificadora. Conseguí hacer media docena de fotos al día. Consumía películas 6 x 9 mm.
P.: ¿Dónde publicaba sus fotos?
R.: En una revista alemana titulada Belleza y Fuerza (Schönheit und Kraft). Me pagaron 7 marcos por cada foto. Luego me pidieron ese reportaje desde París. Era una revista pornográfica. Desde entonces renuncié a hacer fotos de desnudos. Entonces empecé a hacer reportajes políticos. Recuerdo que hice un reportaje sobre un ministro alemán (Brunink) que quería descentralizar los centros proletarios fuera de la capital. Sacar al proletariado de los centros urbanos. Hice un reportaje sobre la «Miseria en las casas de las afueras de Berlín”. Las llevé a Arbeiter Illustrierte Zeitung. Les gustó mucho mi trabajo. Me pagaron 400 marcos. Con ese dinero me compré una amplificadora. Y a partir de ese momento desde 1930 a 1933 trabajé para la revista AIZ.
P.: ¿Qué actitud política tenían entonces los reporteros alemanes?
R.: Por esas fechas había una organización de reporteros gráficos de izquierdas, se llamaba Arbeiter Photographen, aunque no pertenecí a ese grupo, pues siempre trabajé solo.
P.: Años difíciles en Alemania.
R.: Por entonces compaginé la fotografía con la música y la canción. Yo era autodidacta. Vengo de una familia de obreros. Éramos tres hermanos. Por entonces viví cerca de la Prusia oriental. Hablo del periodo 1914-17.
P.: En qué trabajaba su padre.
R.: Era herrero. Luego se hizo conductor de tranvías. En mi casa había dos libros y nada más.
P.: ¿Qué vínculos tiene con la música?
R.: Aprendí música gracias a un amigo burgués que tenía un piano en casa. Su madre era actriz. Con este amigo hacía de extra en obras de teatro. Hacíamos canciones, teatro y danza. Por entonces empezaba el «ballet» moderno en Alemania. Mi relación con la cultura fue a través de la danza, la música y el teatro.
P.: ¿Cómo se cercó usted al mundo del arte?
R.: A través de visitas en los museos. Así descubrí a Barlach, Deineka, Kollwitz, etc. Me impresionó mucho un artista que falleció durante la primera guerra mundial. Pintaba animales.
P.: ¿Llegó usted a conocer a Frantisek Dtrikol?
R.: No, no recuerdo. A mí entonces no me interesaba la foto. Admiraba a John Heartfield.
P.: ¿Qué hizo usted al llegar Hitler al poder?
R.: Salir de Berlín. Me escapé con una amiga alemana secretaria de mi amigo abogado. El 5 de Febrero de 1938 murió. Dicen que se suicidó tras varios años en un campo de concentración.
P.: ¿Qué hizo usted en España como fotógrafo?
R.: Trabajé para la revista Ahora que era una revista de las Juventudes Socialistas Unificadas. Era el fotógrafo de la revista durante la guerra. Mi jefe era el pintor Gabriel García Maroto. Él se ocupaba de difundir mi trabajo a nivel nacional e internacional. También coincidí con Robert Capa. Vivíamos en un Hotel Gran Vía. Capa me traía papel fotográfico de París.
P.: Usted estuvo en la Batalla de Teruel.
R.: Sí allí conocí a Reisner.9
P.: Estuvo usted en Valencia.
R.: Sí, pasé unos meses.
P.: ¿Qué militares conoció?
R.: Conocí a Lukacs y Regler.
P.: En que lugares hizo usted fotos.
R.: Por todos los frentes. Hice fotos de Hans Beimmler. Hice fotos para la Agencia Black Star de New York y de London.
P.: ¿Conoció a los Mayo?
R.: Fui amigo de Francisco y Faustino.
P.: Qué ocurrió al finalizar la guerra civil española.
R.: Me fui a Francia. Estuve detenido hasta que me escapé y fui a Perpignan a encontrar a un periodista inglés amigo mío quien me dio un dinero que le había prestado. Allí tomé un tren hasta París donde encontré a mi mujer y mi hijo. Y vivimos en distintos hoteles, sin papeles, hasta que estalló la guerra europea. Al comenzar la guerra, en Septiembre de 1939, me presenté a las fuerzas militares francesas para luchar contra Alemania. ¡Fíjese usted qué contradicción! Un alemán en París que quería luchar contra Alemania. Conservo el documento. En Orleans estuve detenido en un campo de concentración. Pedí un permiso para salir unos días. Sí conseguí un documento que estaba en Francia. Por entonces estábamos a menos de 100 kilómetros del frente alemán. De allí nos llevaron cerca de Nîmes. En 1940 los alemanes ya estaban en toda Francia. Perseguían con crudeza a los judíos. Me escapé y me fui a Marsella. Allí me alisté en la resistencia francesa. De allí conseguí irme a Casablanca.
P.: ¿Qué hacia usted en Casablanca?
R.: Allí anduve libre un tiempo hasta que me detuvieron e internaron de nuevo en un campo de concentración francés. Allí conocí a un judío que logró escaparse. De allí nos llevaron detenidos y amarrados con cadenas a un tren hasta Sidi-Bel-Abbes (Argelia), el Centro de la Legión Extranjera. Y desde allí al Sáhara donde estuve varios años trabajando en el ferrocarril.
P.: Allí habían españoles.
R.: Sí habían españoles y legionarios extranjeros. Estuve un par de años haciendo trabajos forzados.
P.: ¿Cómo salió de ese campo?
R.: Fue hacia 1942 que llegaron varios militares en jeep solicitando la colaboración nuestra para regresar a Alemania. Pidieron que levantaran la mano quienes quisieran regresar a la patria. Éramos más de 120 detenidos. Pero nadie aceptó la invitación. Luego dijeron: ¡Que los judíos den tres pasos adelante! Y los tres alemanes rubios dimos el paso adelante.
P.: ¿Usted militó en algún partido político?
R.: No, nunca.
P.: Qué fotógrafos le interesaban entonces.
R.: No tuve maestros. Le recuerdo que era autodidacta. Nunca trabajé para ningún diario. Lo mío era hacer reportajes. Tomaba un asunto y lo desarrollaba. Al llegar a México ocurrió lo mismo. Aquí hice reportajes para los periódicos: Así, Hoy, Siempre, etc.10
P.: ¿Qué géneros fotográficos desarrolló en su obra?
R.: Principalmente reportajes. También hice retratos de encargo. Me interesaba la vida de los indígenas, la danza moderna, la arquitectura moderna. También hice cine.
P.: En los años 50 usted hace un proyecto cinematográfico con Casasola.
R.: Así fue. En los años 50 fui a Veracruz y le propuse hacer cine. Enrique Casasola me preguntó:
—¿Pero tú sabes filmar?
Yo le respondí:
—¿Con quién crees que estás hablando?
La verdad es que había hecho algunos documentales en España, en los años treinta. Recuerdo que filmé varias corridas de toros de Manolete, Procura, Severio, etc. No era aficionado a los toros pero era un trabajo. Luego al llegar a México volví a filmar para la Comisión del Papaloapan y para Juan Rulfo. Sobre todo la danza de los mijes en Oaxaca. En serio empecé a filmar en los años cincuenta.
P.: ¿Cómo consiguió su primera cámara de filmar?
R.: Gracias a un préstamo de Gutierre Tibón. Compré una cámara de 35 milímetros. Con dos caballos y un ayudante hice un documental en Temascal, en el Río Tonto, afluente del río Papaloapan, en el Estado de Veracruz. En un mes hice el documental de la presa que iban a construir en esa región fronteriza entre Oaxaca y Veracruz. Para ser el primer documental no estaba mal del todo. Este documental ganó la Espiga de Plata del Festival de Cine de Roma.
P.: ¿Hizo más documentales?
R.: Sí, hice otro sobre la tierra del chicle. Financiado por una compañía. Luego hice el documental Raíces (1950) para Manuel Barbachano. Este ganó un premio en el Festival de Cannes.
Entrevista realizada en la ciudad de México el 15 de octubre de 1996.
1 Dorothea Cremer: «Walter Reuter, odisea de una vida», en Catálogo de la exposición: Walter Reuter. Berlín, Madrid, México. 60 años de fotografía y cine, 1930-1990, Argon, Berlín, 1990, págs. 22-47 y Merry Mac Masters: «Murió Walter Reuter a los 99 años», en La Jornada, México, D.F., 21-03-2005.
2 Heinz Willman: Geschichte der Arbeiter-Illustrierten Zeitung (1921-1938), Dietz Verlag Berlin, 1975.
3 Ángel Cosmos: «Walter Reuter, aventura hasta la nobleza (Entrevista)», en Foto Zoom, año XI, nº. 128, México, mayo, 1986, págs. 37-49.
4 Ursula Tjaden: «Walter Reuter como fotógrafo en España», en Catálogo de la exposición: Walter Reuter. Berlín, Madrid, México. 60 años de fotografía y cine, 1930-1990, Argon, Berlín, 1990, págs. 67-71.
5 La Liga Pro Cultura Alemana fue creada, por Ernst Toller, en 1937, en México. Tenía como objetivo reunir a los emigrados antifascistas, los mexicanos progresistas, los alemanes antinazis en una especie de «frente popular» que uniera comunistas y socialdemócratas. Agrupó, entre otros, a los intelectuales Alfons Goldschmidt, Ludwig Renn, Friedrich Wolf, Herman Budzilawski, Alfred Kantorowicz, Leonhard Frank, Franz Werfl, etc.
6 Carlos Velo (Cartelle, Orense, 1905-Ciudad de México, 1989). Biólogo y cineasta. Se inicia en el cine con los documentales Galicia (1935); Almadrabas (1935), Saudale (1936), Infinitos; Felipe II; El Escorial, etc. Fue profesor de Biología de la Universidad Central de Madrid (1936). Finalizada la guerra se exilió en México. Guionista de los filmes: Entre hermanos (1944) de Ramón Peón; Raíces (1954) de Benito Alazraki; El gallo de oro de Ricardo Gavaldón. Director de los documentales Torero (1956) y Pedro Páramo (1966). Fue director técnico de la Productora de Cortometrajes Ema donde dirigió: Noticiario Ema; Cámara; Cine Verdad; Tele Revista, etc. Colaboró en diversas revistas literarias gallegas del exilio: Saudade (1942-43); Vieiros (1959-62); Terra e Tempio.
7 Lothar Schuster: «Walter Reuter como cineasta», en Catálogo de la exposición: Walter Reuter. Berlín, Madrid, México. 60 años de fotografía y cine, 1930-1990, Argon, Berlín, 1990, págs. 60-66.
8 Irme Schaber: Gerda Taro. Une photographe révolutionnaire dans la guerre d’Espagne, Anatolia-Éditions du Rocher, Mónaco, 2006.
9 Sobre el trabajo como reporteros de guerra de Georg Reisner y Hans Namuth ver: Spanisches Tagerbuch 1936, Fotografien und Texte aus den ersten Monaten des Bürgerrkriegs (Herausgegeben von Dietar Kerbs), Nishen, Berlín, 1986.
10 Sobre la etapa española de Walter Reuter ver: Cristina Vives: Los ojos de Walter Reuter, l’Eixam Edicions, Tavernes Blanques, Valencia, 2012. Sobre la etapa mexicana de Walter Reuter ver la entrevista y reportaje realizado por Ángel Cosmos: “Walter Reuter. Aventura hasta la nobleza”, en FotoZoom, año XI, nº. 128. México, mayo, 1986, pás. 37-49.
LOS EXILIADOS ESPAÑOLES

Luis Alcoriza, director y guionista de cine
(Foto: Hermanos Mayo/AGN, México)
LUIS ALCORIZA, DIRECTOR DE CINE
Luis Alcoriza de la Vega nació el 5 de septiembre de 1918 en Badajoz y falleció en Cuernavaca, México, el 3 de diciembre de 1992.
Hijo de unos actores de teatro de origen valenciano estuvo vinculado, desde joven, a la Compañía Teatral de la familia. La guerra civil española les sorprendió de gira en el Norte de África.
Desde Orán (Argelia) la familia emigró a México en 1939.
A partir de 1940 se inició en la carrera de actor de cine en las películas La torre de los suplicios, 1940 (Rafael J. Sevilla); La virgen morena, 1942 (Gabriel Soria); El rayo del sur, 1943 (Miguel Contreras); San Francisco de Asís, 1943; Nana, 1944 (Celestino Gorostiza); Rosa de las Nieves, 1944; El capitán Malacara, 1944; Sierra Morena, 1944; La casa de la Troya, 1947; Nocturno de amor, 1947; Flor de caña, 1948; El gran calavera, 1949 (Luis Buñuel) y Tú, sólo tú, 1949. etc.
Hizo asimismo los papeles de Jesucristo en los filmes María Magdalena, 1945 y Reina de reinas, 1945.
A partir de 1946 y junto a la actriz Raquel Rojas –que firmaba Janet Alcoriza–, se dedicó a escribir adaptaciones y guiones de cine para diversos directores mexicanos: Sombra de Roberto Gavaldón; El toro negro de Benito Alazraki; El esqueleto de la señora Morales de Rogelio González; El ahijado de la muerte, 1946; Nocturno de amor (1947); Los amores de una viuda (1948); La Casa de Troya (1947), etc.
Fue uno de los guionistas del cine de Luis Buñuel: El gran calavera (1949); Los olvidados (1950); El bruto (1952); Él (1953); La muerte en el jardín (1956); El ángel exterminador (1962); etc.
Como director de cine empezó con el filme Los jóvenes (1960), una crítica social sobre la juventud burguesa mexicana y continuó con las películas: Paraíso (1969); Tlayucán (1961); Tiburoneros (1962); Amor y sexo (1963); El gánster (1964); Tarahumara (1964); Juego peligroso (1966); La casa de cristal (1966); El oficio más antiguo del mundo (1968); Paraíso (1969); El muro del silencio (1971); Mecánica nacional (1971); Las fuerzas vivas (1975); A paso de cojo (1978); Tac-Tac (1981); El amor es un juego extraño (1985); Lo que importa es vivir (1988); La sombra del ciprés es alargada (1989), etc.
Hizo algunos episodios de filmes como La puerta para la Antología del miedo (1968) y Esperanza para Fe, esperanza y caridad (1972).
De su filmografía destaca la película Tiburoneros (1962), premiada en el Festival Mar del Plata de Uruguay, que según José de la Colina plantea a través de la vida de unos pescadores «la frustrante atracción de la gran ciudad, la necesidad del retorno a la provincia y a un mundo más cercano a la naturaleza».1
Con un guión de Gabriel García Márquez dirigió el filme Presagio (1974), que obtuvo una mención especial del Festival de Cine de San Sebastián.
A partir de un guión de Miguel Delibes dirigió en España el filme La sombra del ciprés es alargada (1989).
Forma parte de la generación de directores de cine españoles que hicieron su obra en el exilio mexicano: Luis Buñuel, Jomí García Ascot y Carlos Velo.
Según el crítico cinematográfico José de la Colina fue un director «desigual, exigente a veces y complaciente otras, la carrera de Alcoriza como cineasta no ocupa mal lugar dentro del cine mexicano contemporáneo».
Pregunta: ¿Cómo fueron sus inicios en el cine?
Respuesta: Mire yo me considero ante todo un escritor. También, en mi juventud, hice teatro en la Compañía de Teatro de mis padres.2
P.: ¿Dónde ser formó usted?
R.: En Madrid, de niño fui al Instituto de Enseñanza Media Cervantes.
P.: Y sus inicios en el teatro.
R.: A través de mis padres y las giras que hacía con ellos durante los veranos.
P.: ¿Qué quería ser de joven?
R.: Yo quería ser oficial de la Marina pero estalló la guerra civil española y se fue todo al garete.
P.: Usted pasa la guerra civil en el Norte de África.
R.: Así fue. Buena parte de mi vida estuvo vinculada al Norte de África. Al estallar la guerra la Compañía de Teatro de mis padres estaba actuando en la Línea de la Concepción en la provincia de Cádiz. Desde allí tomamos un barco y conseguimos llegar a Orán en Argelia.3
P.: ¿Qué hizo en Orán?
R.: Al principio intenté cargar y descargar bultos en los muelles pero no podía competir con aquellos negros altos y fuertes que subían a los barcos la carga por una tabla y sujetos a una cuerda. Entonces me dieron el empleo para controlar los sacos.
P.: ¿Dónde vivía en Orán?
R.: En el último piso de una Pensión de Huéspedes con mis padres, en un lugar por cierto cuya primera planta era un auténtico burdel de película.
P.: ¿Cómo se trasladaron de Argelia a México?
R.: Fue una oferta casual que les hicieron a mis padres para que actuaran primero en Buenos Aires (Argentina). Desde Orán cruzamos el Mediterráneo hasta el puerto de Marseille y de allí con toda la Compañía de Teatro nos fuimos a Buenos Aires. Sobrevivimos en Argentina como pudimos. A veces no teníamos ni para pagar el hotel... Así vivimos hasta que conseguimos llegar a México.
P.: En México empezó su carrera en el cine.
R.: A mí me tocó la llamada «época de oro» del cine mexicano. Pero no sé muy bien si lo llamaban así por la excelencia del cine o porque los productores se forraron con una cinematografía muy decente, melosa y familiar. Afortunadamente llegó Luis Buñuel y otros directores para conseguir un cine mexicano distinto.
P.: ¿Cómo fueron sus inicios en el cine?
R.: Primero fui actor. Como no tenía muchas dotes me inicié como guionista.
P.: Guionista incluso de Luis Buñuel.
R.: Luis Buñuel solía decir: «No le digáis a Luis que es mi discípulo que se cabrea». Y era verdad. Buñuel nunca fue mi maestro. Yo sí fui su colaborador. Buñuel me enseñó muchas cosas importantes. A despreciar el dinero, a mantener una posición ante la vida, a ser incorruptible. Incluso me introdujo en el «Surrealismo». Al cabo de varios guiones con Buñuel me decidí por la dirección de películas.
P.: Háblenos, por favor, de su experiencia cinematográfica con Luis Buñuel.
R.: Fui guionista suyo de varias películas.4 Nos unía el ser españoles y exiliados. Teníamos un terrible sentido del humor. Y una gran agresividad. Incluso nuestra mala leche particular. Y un gran amor a España. Con sus virtudes y sus defectos, era nuestro país de origen.
P.: ¿Qué añoraba de España?
R.: Añoraba indistintamente tanto la arquitectura de El Escorial como cualquier iglesia de estilo Románico de Asturias. A mí la arquitectura románica, sin adornos, me fascina. Con un arco y una torre cuadrada te define un estilo.
P.: ¿Añora asimismo la comida española?
R.: En España se come muy bien aunque por desgracia no todos los españoles comen igual. Esas comidas de tomates tiernos, sardinas frescas, puerco con vino tinto, son cosas muy españolas. Son temas de los que hablaba a menudo con Buñuel.
P.: De que temas hablaba con Buñuel.
R.: Ambos éramos muy parecidos. Pero yo conocía mejor España. Luis conocía mejor Francia. Por el trabajo ambulante de mis padres conocía toda la geografía española. La nostalgia por la comida española no la he perdido en medio siglo de exilio. ¡Qué barbaridad, cuánto tiempo! Esos recuerdos vienen a mi mente inevitablemente.
P.: ¿Se planteó alguna vez adaptar una novela de Pérez Galdós?
R.: Benito Pérez Galdós es el más grande escritor que haya parido madre. Puedo equivocarme pero para mí está por encima de Balzac, Dickens, etc. Hay escritores como mi amigo del alma García Márquez capaces de escribir una gran novela como Cien años de soledad (1967), pero Pérez Galdós escribió, como esa, unas cuantas novelas más. Lo difícil no es escribir varias novelas buenas son saber cuál es la mejor. Para muchos es Fortunata y Jacinta (1887). Para otros Ángel Guerra (1890) y cómo no la tetralogía Torquemada (1889-95). Galdós tenía una prosa sencilla, humorística, fácil, sin frases retorcidas. Hemos tenido escritores monumentales pero nos ha faltado el poderío para proyectarlos por el mundo.
P.: ¿Qué piensa de la adaptación de novelas para el cine?
R.: Todo depende de la novela. Lo que ocurre es que se publican miles de libros y no puedo leerlos todos. Ya no tengo tiempo para leer tonterías. Si a la decimoquinta página del autor no ha logrado agarrarme por las vísceras y sacudirme mejor dejarlo estar. Entonces hay un momento que lo que me interesa es que me cuenten algo que me inquiete y no en la forma en que me lo cuenten. Insisto no estoy para perder el tiempo, estoy viejo. Para mí hoy en día la novela es la esencia y no el estilo. Acepto un buen estilo siempre que no supere las 600 páginas.
P.: Las novelas de Galdós sería un buen ejemplo.
R.: Creo que Galdós se puede adaptar al cine fácilmente. Es un autor que te está dando unos caracteres y unas situaciones fáciles de adaptar al cine. Con otros autores es más difícil. La literatura pura es difícil de adaptar al cine.
P.: ¿Puede darnos algún ejemplo?
R.: Sí, la novela Bajo el volcán de Malcolm Lowry. A Luis Buñuel le ofrecieron dirigir una película con el argumento de esa novela. Vimos juntos que el libro era inadaptable. Era una novela que exigía una voz narrativa detrás y eso no nos gustaba ni a Buñuel ni a mí. En el cine lo que cuenta es la imagen, la emoción visual y eso no se puede resolver con una voz en off. Tampoco quisimos recurrir al flash-back. Iba a quedar un pastiche indecente. En consecuencia Luis Buñuel rechazó adaptar Bajo el volcán de Malcom Lowry.
P.: Sin embargo John Houston aceptó el reto.
R.: John Houston supo utilizar bien Cuernavaca, esa hermosa ciudad donde vivo. Una ciudad pintoresca, de bellos rincones, con un Palacio de Cortés que es el colmo de la austeridad. Creo que John Houston llevó a la pantalla la vida del escritor borracho. La novela Bajo el volcán, a mi modo de ver, como argumento sigue inédito. Y creo que es una película que no se podrá hacer. Llevar al cine novelas introspectivas es muy difícil. Reproducir los pensamientos interiores de un personaje y llevarlos a la pantalla es muy difícil. Porque generalmente cuando un escritor, por muy genial que sea, ha escrito una obra introspectiva, está falseando en cierto modo la realidad.
P.: ¿Usted prefiere otro tipo de guiones?
R.: A mí me gusta saltar de una situación a otra. Igual que salta el subconsciente de un individuo, respondiendo a determinados incentivos: la conversación con un amigo, la visión de una mujer guapa, el descubrimiento de un paisaje determinado, etc. Yo adoro la literatura pero es menos confiable que la realidad. En resumen respecto a la pregunta sobre la adaptación al cine de una novela, he de añadir que hay novelas fáciles y novelas difíciles.
P.: ¿Qué ha aportado usted al cine?
R.: Desde el rodaje de Los jóvenes (1960) al rodaje de Tac-Tac (1990) son más de 30 años haciendo cine. Y hago cine de acuerdo a mis ideas. Porque es mi trabajo, mi forma de vida y estoy contento de desarrollar una labor tan grata. Y hacerlo con un sentido solidario, pues odio el poder, en las relaciones humanas. Me parece repugnante que un ser se sienta superior a los demás. Hacer guiones no es fácil. La literatura tiene todo el tiempo que quiere. Esto lo he hablado muchas veces con Carlos Fuentes y García Márquez. El cine tiene una medida. Los diálogos explicativos sobran. El diálogo en cine no tiene nada que ver con el diálogo en el teatro o en la novela.
P.: ¿Un guionista de cine es un evocador de imágenes?
R.: Ser director y guionista de cine a la vez es difícil. A veces muy duro. Cuando me siento a escribir un guión me olvido del director de cine que hay detrás. Si me planteo un problema, me digo a mí mismo: Esto que lo resuelva el director. Y luego cuando estoy dirigiendo la película me digo: ¡Este guionista en qué lío me ha metido! Pero resulta que soy yo mismo. Entonces tengo la necesidad de desdoblarme. En ese sentido he tenido que resolver problemas de todo tipo.
P.: ¿Qué tipo de problemas?
R.: Por ejemplo contar en hora y media una novela de 300 páginas. Eso es todo un desafío. O una historia que da para 2 horas de rodaje y por cuestiones de producción hay que hacerla en 1 hora y media.
P.: Entonces qué hace.
R.: Pues el guionista y el director con la práctica adquieren un poder de síntesis. Una habilidad particular para extractar. Contar muchas cosas en el menor tiempo posible. Ahí está la cuestión.
P.: Entonces el cine es un compendio de diversos lenguajes.
R.: Yo diría que es un compendio de diversas disciplinas artísticas. Dramaturgia, bellas artes, música, literatura, fotografía, etc. Todo cabe en el cine. Por lo tanto conviene que el director sea al menos una persona culta.
P.: ¿Y el guionista?
R.: Al hacer un guión hay que describir bien las cosas para poder, después, visualizarlas. Sobre todo cuando trabajas para otro director. Tienes que procurar que lo que escribes lo entienda el director, el camarógrafo, el director de arte, etc. Por esas razones suelo hacer descripciones minuciosas de lugar, los interiores, los personajes, así, luego, en el rodaje va todo mejor. Saber hacer diálogos en el cine es básico.
P.: ¿Entonces es distinto un diálogo literario que un diálogo cinematográfico?
R.: En literatura para describir una situación puedes necesitar una página entera. En cinematografía con un par de planos basta. Esto es lo que permite, en la adaptación de novelas, un texto largo despacharlo en una película breve. El cine, normalmente, no soporta un discurso de más de hora y media en una sala.
P.: ¿Ha tenido alguna experiencia sobre el tema?
R.: Sí, cuando estrené Tarahumara (1964) en el Festival de Cannes como la proyección superaba la hora y cincuenta minutos empecé a notar que en la salas la gente se movía del asiento, se iba al baño, había rumores, etc. Eso es terrible para un director de cine. Sobre todo si la película la has dirigido tú mismo. Cuando en la sala empiezan a toser sientes ganas de que la película llegue a su fin. Es decir que el cine tiene una medida justa. Hora y media es el límite para desarrollar una trama. Para tener al espectador sentado e interesado en una película.
P.: ¿Qué tal fue la experiencia del filme Tiburoneros (1962)?
R.: Yo quería hacer una película sobre el mar. Así pues le pedí, a un productor de cine, que me dejara un equipo, una camioneta y un poco de dinero. De esta manera me fui al Estado de Tabasco. Concretamente a la desembocadura del río Orizaba. Allí conocí a un pescador de tiburones, hice amistad con él y me propuso ir a pescar en su barco. Se dedicaba a pescar tiburones. Como era bastante pobre nos pidió que lleváramos, al menos, comida para el equipo del barco. Al día siguiente de llegar nos hicimos al mar. Nos agarró un Norte que zarandeaba el barco de una parte a la otra del mar. Unas olas que iban de una parte a la otra del barco. Fue una experiencia tremenda.
P.: Dice usted que estaba filmando la vida de este tiburonero.
R.: Así es, un pescador que en vez de vivir con una mujer, convivía con cuatro a la vez. En la película conté su historia con una sola pues la historia real era como la negación del amor.
P.: ¿El filme Tiburoneros estuvo prohibido en España?
R.: Así es. En España este filme estuvo prohibido un tiempo. Una vez me enseñaron la Nota de prohibición de la censura cinematográfica española que decía lo siguiente: «Es la película más feroz que se ha hecho contra la institución de la familia». Afirmación que es cierta, además. No hice este filme por casualidad. Lo pensé realmente así.
P.: Su cine refleja la realidad de México.
R.: Nunca he pretendido dejar un mensaje a nadie, ni transmitir ninguna moraleja. He hecho un cine motivado por el amor, la pasión, la emoción, sin pretender dar lecciones a nadie.
P.: Pero la temática de su cine es muy mexicana.
R.: He tratado incluso el tema del «día de muertos» en el filme Día de difuntos. Es una comedia que incluye muchos cómicos famosos mexicanos. Cuando les contraté les advertí que tenían que ajustarse al guión. No se trataba que hicieran el papel de graciosos. Y así lo hicieron. Filmé en un cementerio. Pero la película salió muy dura. Era una agresión frontal al sistema y a la moral dominante. Había una burla agresiva a la muerte que superaba la crítica común del mexicano.
P.: Un pueblo que se burla de la muerte.
R.: Eso no es exacto del todo. La idea de la burla de la muerte es más española. Francisco de Quevedo es un buen ejemplo. Los mexicanos lo que han hecho es aceptar la burla de la muerte como un hecho natural. Hay más ejemplos literarios españoles. Por ejemplo el Don Juan de José Zorrilla donde, en uno de los capítulos, llega a decir: «Que se iba a tomar unas copas con sus calaveras…». Es la faz feroz del romanticismo español. Creo que me pasé un poco con Día de difuntos. La gente se asustó un poco. La película es divertida pero con un fondo violento. Abordé el tema de la figura de la madre de manera muy frontal y eso aquí no está bien visto.
P.: ¿María Félix trabajó en alguna película suya?
R.: Así es. Hizo el papel principal del filme Amor y sexo (1963). Una película llamada asimismo Safo pues está inspirada en la novela del mismo nombre del escritor francés Alphonse Daudet. La experiencia fue muy grata y eso que María Félix, entonces, era el terror de los directores de cine, porque tenía un carácter muy fuerte y llegaba a los extremos de decirles donde tenía que poner las cámaras. Conmigo se portó muy bien. Toda una amiga.
P.: ¿Recuerda alguna anécdota de ese rodaje?
R.: Pues sí. A la una de la tarde me enviaba, todos los días, una copa de «champagne». A veces comía con ella. Sólo puedo hablar bien de María Félix.
P.: ¿Qué actuación hizo?
R.: Muy natural. Nada vedette. Por esa película fue nominada a la mejor actriz de México de ese año. Creo que es la primera y la única vez que he trabajado, en una película mía, con una estrella del cine. Soy un director que prefiere, en cada ocasión, trabajar con actores nuevos. Siempre apoyados con actores de cuadro, como decimos aquí. Excelentes profesionales del cine.
P.: ¿No trabajó con grandes actores?
R.: Nunca trabajé con grandes actores. Julio Aldama, el actor principal de Tiburoneros era más conocido entonces como cantante que como actor de cine. A partir de esa película se cotizó mejor como actor.
P.: ¿Tampoco trabajó con actores españoles del cine mexicano?
R.: Con esos actores que se refiere usted –Sara Montiel, Jorge Mistral, Francisco Rabal, etc.– tampoco trabajé. Son actores muy entrañables pero nunca me planteé hacer cine con ellos. Son actores de mucho prestigio que exigen directores a su nivel.
P.: A veces esos actores exigen papeles a su gusto.
R.: Así es y yo no sé hacer trajes a medida. La verdad es que no se los hago a nadie. Por eso es difícil que esos actores aceptaran lo que podría ofrecerles.
P.: Háblenos de su película La sombra del ciprés es alargada (1991).
R.: Es un filme basado en la novela del mismo nombre del escrito español Miguel Delibes. Ha sido una de las novelas que he podido adaptar con más facilidad. Apenas unos cambios y poco más. La película transcurre entre Ávila y Veracruz. Es decir entre España y México. A nivel climático pase de los fríos, la nieve y los silencios del invierno de Ávila al sol, el ambiente tropical y los ruidos de Veracruz. Para mí La sombra del ciprés es alargada es una narrativa muy cinematográfica. Algo árido. Eso dificultó un poco la adaptación. El guión lo supervisaron los productores y sé que les gustó. Un filme duro e íntimo a la vez. Estoy muy contento del trabajo realizado.
P.: Usted es un director que ha trabajado indistintamente en México y en España. ¿De dónde se siente usted?
R.: La verdad es que esa situación no me ha planteado nunca ningún problema. He vivido de hecho en diversos países. Al cabo de medio siglo de exilio puedo afirmar tranquilamente que amo tanto a México como a España. Tampoco voy a decir esa cursilería de que soy «ciudadano del mundo». Soy español de origen con una carrera cinematográfica en tierras mexicanas. Y sigo con acento español. Aquí en México han sido muy generosos conmigo y nunca me han hecho ningún reproche.
P.: Pero es usted un director de cine exiliado.
R.: Si hay algo noble en mi vida de lo que estoy realmente orgulloso es de ser un exiliado político español en tierras mexicanas. No me enorgullezco de haber abandonado mi patria de origen sino de haber tenido que huir de una dictadura fascista por la que murió tanta gente. Los exiliados hemos tratado de mantener la postura más digna posible. Y menos mal que no nos tocó ir a Europa pues seguro que lo hubiéramos pasado peor que en México. En ese sentido México ha sido con nosotros un país fraternal y generoso.
P.: Tras el exilio cuándo viajó por vez primera a España.
R.: Creo que fue en 1964 para presentar el filme Tarahumara en el Festival de Cine de Cannes (Francia). Tuve que pedir un visado especial en la Oficina Comercial «sui generis» que el gobierno de Franco tenía en México. Recuerdo que el funcionario que me atendió me comentó que me daba la Visa pero que no podía darme garantías de que no me detuvieran en España. Creo que le recordé que había salido de España siendo un muchachito y que no tenía ninguna responsabilidad relacionada con la guerra civil española. El problema no estaba –según el funcionario– en mis antecedentes sino en lo que había hecho después.
P.: ¿Lo detuvieron al llegar a España?
R.: Naturalmente no me pasó nada, pero lo curioso era que en la oficina franquista en México no me garantizaban nada. Nunca renuncié a mis ideas ni a mi manera de pensar. Eso lo he expuesto siempre en cualquier foro cinematográfico en Cuba, España, México y donde hiciera falta.
P.: Me gustaría que nos hablara de su vocación literaria.
R.: Ahora estoy escribido unas páginas de recuerdos. Unos artículos que son parte de mis memorias que aparecen en las páginas de Cultura del diario El Universal que coordina Paco Ignacio Taito.
P.: Otro tema es el de la locura.
R.: Tengo entre manos el libro La barca de los locos que es el tema de la locura en relación conmigo mismo, con la ambivalencia de amor y terror hacia la locura, el pensar siempre que me puedo volver loco en cualquier momento... Mi obsesión por la locura me llevó en una ocasión a ir, durante meses y meses, casi todos los días, al manicomio que aquí llaman «La Castañeda». Iba a hablar con los locos, a estar con ellos y les llevaba cigarrillos, y dinero y charlaba con ellos durantes horas y horas.
P.: Una vez le acompañó Luis Buñuel.
R.: Luis Buñuel quería filmar el ataque de un epiléptico y el de un histérico. Para demostrar la gran diferencia que hay entre esas dos formas de locura. El epiléptico se corta la lengua, se rompe la cabeza... Sin embargo el histérico, siempre cae en blando, no se muerde nada y no se lastima. Es un ataque que aunque sea auténtico lleva un cierto grado de simulación. No nos permitieron filmarlo porque dijo el director del manicomio que no se podían usar caras de enfermos porque luego esta gente se podía curar y siempre quedaban esos documentos.
P.: Hubo alguna anécdota digna de contar.
R.: Un día ocurrió una anécdota muy curiosa. Al salir de «La Castañeda» un enfermo nos pregunta: «¿Ustedes son españoles?». Así es, le contestamos. «Entonces –añadió– esperen un momento». Con una llave abrió una puerta y entró en un cubículo donde había un «closet» y un piano y nos dijo: «Váyanse, que les voy a despedir con música». Buñuel y yo seguimos sus indicaciones y salimos del manicomio a los acordes de la Marcha real española.
P.: Para terminar, ¿tiene mucho material literario?
R.: Tengo muchas páginas. Incluso piezas teatrales, guiones de cine, un texto raro escrito por un loco con muchos neologismos que es una joya. Aparte de contar la locura que ha sido mi vida quiero contar la locura del hombre fuera del manicomio. La locura del hombre que aceptamos diariamente como normal. La del paranoico siempre defendido por su familia como un hombre meticuloso, serio, afectuoso... ignorando todo el mundo su locura hasta que aparece su delirio de persecución, pleitesía, celos, etc. Es una novela donde quiero contar todo este mundo que puede ser bastante delirante. Solo me falta escribirla.
Entrevista realizada en Cuernavaca, México, 9 de agosto de 1989.
1 José de la Colina: «Los transterrados en el cine mexicano», en El exilio español en México, Salvat-Fondo de Cultura Económica, México, 1982, págs. 668-669.
2 Los padres de Luis Alcoriza eran de origen valenciano y tenían una Compañía de Teatro donde se ganaban la vida haciendo giras por España. Al estallar la guerra estaban actuando en la provincia de Cádiz. Desde la ciudad andaluza se trasladaron en barco hasta Orán y de allí, se exiliaron a México en 1939.
3 Orán, ciudad al noroeste de Argelia, con puerto de mar y más de medio millón de habitantes. En 1509 fue conquistada por los españoles. Desde entonces tiene una importante colonia hispana. En 1831 fue colonizada por Francia. Desde 1962 es la segunda capital de la República Democrática y Popular de Argelia.
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