Kitabı oxu: «Por el andén de las cosas perdidas»
Índice
Créditos
Dedicatoria
Por el andén de las cosas
Escribir
Miradas
Ecos
Encontrarme
Olvido
Queriendo volver
Cosas que no se quitan
Cosas que no me gustan
Me arrepiento
La ventana
El brindis
Desamparo
Años
Cicatrices
De olvido y de sombras
Nostalgias de un ayer
Flores secas
Término
Sueños dormidos
Cambios
Cenizas
Despedida
Heridas
Estoy herida en mi mitad
Autorretrato
Visión
De memoria
Mi casa
El patio viejo
Almizcle
La vida late
Llegada
Las grandes cosas no ocupan lugar
Cinco minutos
Hablemos
A espaldas del tiempo
Te llamo
Tardes azules
Callados en la noche
Locuras del amor
Solo un instante
Esperándote
Te marchaste
Los pasos
Lejanía
El grito
Decisión
Manos de viento
Empañados
Hechizo
La cáscara
Ya nada es igual
Una tarde de tormenta
Emprender el viaje
Belleza
Momento
Mi cuerpo habló
El verano ardiente
El vuelo más alto
El ruiseñor
Despertar
Soles y aromas
El recorrido
El destino de las primaveras
Olas del sur
Lluvia
Lluvia en la siesta
Atardecer
Antiguos secretos
Impiadoso invierno
Mundo niño
Dos mundos
Milonga
Sur
Volver a España
Aquel lugar perdido
Bambalinas
Memoria
América arde
El poema te dice…
Noches de alcohol
Putas
Sepia
Hipocresía
Silencio
Ritmo
Resiliencia
Sobre la autora
Por el andén de las cosas perdidas Graciela Vergani
Créditos
Por el andén de las cosas perdidas
© de los textos: Graciela Vergani, 2021
© de esta edición: Editorial Tequisté, 2021
Coordinación editorial: M. Fernanda Karageorgiu
Diseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo
1ª edición: octubre de 2021
Producción editorial: Tequisté
hola@tequiste.com
www.tequiste.com
ISBN: 978-987-4935-88-5
Se ha hecho el depósito que marca la ley 11.723
No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.
LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA
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Vergani, Graciela
Por el andén de las cosas perdidas / Graciela Vergani. - 1a ed. - Pilar : Tequisté. TXT, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-4935-88-5
1. Poesía Argentina. 2. Literatura Argentina. I. Título.
CDD A861
Dedicatoria
A los que se hamacan en el andén
de las cosas que se pierden
Parte 1
Poesía es darle un lugar al tiempo, es detenerse, avanzar, desafiar la vida, hasta derramar en cada letra un dolor antiguo, un sabor olvidado… asir una porción de silencio que se escurre, una palabra que no existe.
Karina Rotblat
Por el andén de las cosas
El tren se detuvo
en el andén de las cosas perdidas
y yo vuelvo
en canto
en viento
en viejos soles
que dibujo, nuevos.
El corazón no se detiene
corre y pisa almanaques
mientras una cortina
de lágrimas celosas
y mis dedos torpes
no me permiten
escribir
estos momentos
felices.
Escribir
Escribir
para el otro,
para todos, para mí.
Para salvar la memoria,
para gritarle
NO al olvido.
Escribir
como necesidad
de sacar el grito,
como defendiendo
el hambre del niño
que alimenta su simiente,
como defendiendo
el dolor del anciano
en el umbral del suspiro.
Escribir
cuando es noche
que la luna es bella
y nos abraza en su brillo.
Escribir
cuando amanece
y mirar el rocío cuajado
sobre las hojas.
Escribir.
Escribir
que las guerras
no dejan ganancia,
que las bombas se incrustan
una, dos, mil veces
en los cuerpos,
en las almas.
Que las balas matan
y llega la muerte
sin poder gritar.
Escribir
en la tierra
en el agua
en el vuelo del pájaro
y en el viento.
Escribir
enredada en mil pañuelos.
Escribir
el odio
el amor
y por fin escribir
el universo.
Miradas
A Milo
I
Los impregnados de noche
tienen el talento
de decidir en un mundo
las sensaciones.
Los miopes por elección
se distraen
en su indiferencia.
II
Ojos sin luz
sin niebla ni sombra.
Ojos que ven la ternura,
que adivinan sonrisas
e imaginan colores.
Ojos que la vida caminan.
Los miro, los veo.
Aprendo y contemplo
que en el negror de sus días
no claudican,
no hay quejas.
Son sabios
y siguen la senda,
esa que otros ojos
no pueden ver.
Ecos
Marea del tiempo que
nos toca vivir.
Jaula de oro,
de plata,
de madera,
jaula al fin, que
aprisiona latidos
y nos levanta entre muros
como ecos sin voces
que zumban en la noche.
Los abrazos sin cuerpo
aprietan los suspiros
y
un olor a vida
se cuela,
reverdece
en sombras
donde el sol seca las lágrimas
en este otoño sin hojas.
Encontrarme
En ocasiones
es el sol
es el viento
o la lluvia
quienes me sacan del letargo
y abren paso a lo que fue,
a lo que será.
Y este sol de mayo amanecido
que calienta a destajo,
compite con el calor
de mis ganas y de mis ansias
y me colman de esperanza
para pensar en un mañana.
Son muchos los palmos
en que alejada de todo
me encuentro en mí.
Olvido
Abandoné las caricias,
las oscuras y las gozosas,
con la soledad de mi cuerpo
castigado por mil noches
en vigilia.
Vacié mis manos,
mis recuerdos,
conseguí el olvido,
me aferré al papel,
escribí mil noches,
levanté el castigo
y
nombré el amor.
Queriendo volver
Infancia escondida
tras el muro
que trepo siendo niña
con alas de inocencia
queriendo crecer.
Enredo mi cuerpo entre
flores sin espinas,
suave lecho de hojas tiernas.
Alcanzo el lugar más alto
y
caigo al abismo.
Trepo otra vez.
Entre ramas secas
lastimo mi piel,
desgarro mi carne,
opaco mis ojos.
Lloro
y llego junto al muro
con mis alas perdidas,
mis cabellos blancos
y un niño dormido
queriendo nacer.
Cosas que no se quitan
No podrán quitarme nunca:
la siesta caliente de un verano
a hurtadillas de la silueta de mi madre,
el calor de mi piel,
mis mejillas rojas,
ni la levedad
y el aroma del primer beso.
El vivir y enarbolar
las espinas y los pétalos,
el aceptar su pertinaz diferencia.
No.
No me quitarán
los susurros de otras bocas,
las que veniales abrieron
mis goces y desventuras,
mis trasgresores códigos,
mis girasoles florecidos con dolor.
No podrán quitarme nunca
la primavera que me habita,
el pecado, las sombras
en mi bohemia
atiborrada de madrugadas y tempestades.
No.
No podrán;
pertenecen a mi abismo,
a la mirada azul de niña con que miro el jardín.
La soledad, las cenizas,
las heridas.
Cosas que no me gustan
No me gusta la hipocresía.
No me gustan los pelos en la comida,
no me gusta pisar mierda en la calle por más que
[digan que trae suerte.
No me gusta el orden ni las órdenes,
porque me aburre,
prefiero improvisar.
No me gustan los árboles desnudos,
porque hablan del frío del invierno.
No me gusta el maquillaje a destajo que trata de
[tapar las arrugas,
ni el labial estridente
que forma un corazón
sobre las bocas desdibujadas.
No me gusta ver la muerte
en mis amigos,
no me gusta pensar para mí
la muerte.
No me gusta la hipocresía.
No me gusta pisar mierda en la calle por más que
[digan que trae suerte.
Me arrepiento
Me arrepiento
de los días vacíos
de las horas híbridas
del ocio.
Me arrepiento
de las misas de once,
por profanar
el templo.
Me arrepiento
por mirar lejos
y pisar todo
a mi paso.
Me arrepiento
por el odio
sentido en
tiempos no dados.
Me arrepiento
de ser la otra,
por no perderte.
Me arrepiento, pero no.
La ventana
Me asomé,
te vi.
Tan chiquita,
tan nada…
Te miré
pequeña, risueña.
Nada.
Atisbé por esa ventana
a un costado del espejo.
Una pequeña descubría el mundo.
Abrió los ojos,
tomó forma ante los míos.
Reconocí su pelo,
su sonrisa, sus ganas,
su vestido.
No dije nada.
La ignoré.
Tapé la ventana,
el espejo devolvió mi imagen.
No la quise ver,
ya era tarde.
Allí dentro, el sol
me envolvía en carnavales.
Pulsuz fraqment bitdi.