Kitabı oxu: «Expresiones de la cultura tradicional en Montiel - 2da. Edición»
Grupo de Investigación Montiel
Expresiones de la cultura tradicional en Montiel
2da. Edición

Grupo de Investigación Montiel
Expresiones de la cultura tradicional en Montiel. - 2a ed - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de Argentina, 2021. Libro digital, EPUB
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-87-2340-2
1. Ensayo. I. Título
CDD A864
EDITORIAL AUTORES DE ARGENTINA
www.autoresdeargentina.com info@autoresdeargentina.com
Tabla de contenidos
1 Presentación de la segunda edición
2 Agradecimientos
3 Equipos que investigaron en 1992–1993 Capítulo 1: La historia Capítulo 2: Los pueblos originarios Capítulo 3: Montiel, el particular encanto de su flora y de su fauna Capítulo 4: Los Trabajos y los días Capítulo 5: Medicina tradicional y animismo Capítulo 6: Agua que dieres en mi nombre Capítulo 7: Manifestaciones musicales y literarias Capítulo 8: El ciclo de la vida Capítulo 9: Las Artesanías
Landmarks
1 Cover
2 Table of Contents
A los vecinos de Loma Limpia y El Gato
Nuestros hermanos que con tanto afecto y sencillez
nos confiaron su vida y sus costumbres.
Grupo de investigación montiel
Presentación de la segunda edición
Los integrantes actuales del Grupo de Investigación Montiel decidimos que sería importante realizar una segunda edición de nuestro libro “Expresiones de la Cultura tradicional en Montiel”. Analizamos muchas cosas:
*La partida de la Dra. Clara Passafari, quien no fue sólo nuestra capacitadora que nos enseñó lo elemental para hacer una tarea de investigación. Fue nuestra MAESTRA con todo lo que implica esa palabra!!! Nos enseñó a desarrollar el sentimiento de empatía respecto de nuestras/os hermanas/os de las zonas rurales: entender, querer, respetar. Nos ayudó a visibilizar el Montiel, a tomar conciencia del valor natural y cultural que tienen los parajes El Gato y Loma Limpia. A mirar con otros ojos nuestro monte, a conocer, admirar su belleza, advertir la necesidad de preservar y proteger. Destacó siempre que el trabajo debe realizarse en equipo, sin mezquindades, sin ambiciones personales, sin ánimo de méritos individuales. En forma participativa.
Todo lo que hoy hacemos desde el Grupo de Investigación Montiel es gracias a sus propuestas y enseñanzas.
*Varios de los primeros integrantes del Grupo hoy no siguen participando. También lamentamos “partidas”: Colón “Pocho” Rivero que nos dejó el 30 de junio de 2012, “El Maestro” Néstor Silvio Silva, el 05 de febrero de 2020 y Delia Graciela Albornoz, el 12 de noviembre de 2021.
*En las zonas de El Gato y Loma Limpia hay menos población, hay personas que han abandonado el lugar por diversas razones, muchas/os de nuestras/os amigas/os nos han “precedido en el camino a la Región Resplandeciente” 1
Pero también…
*Hemos sumado gente al Grupo, que tiene ganas de seguir la tarea de aquel puñado de “corajudas/os” de 1992.
Entonces dijimos: Sí, vale la pena revisar nuestro libro, modificar datos que hoy advertimos estaban confusos o equivocados, actualizar información que vertimos en nuestros capítulos y que hoy, con más años, con más conocimientos, con más amor; consideramos que es preciso cambiar. También llamar la atención acerca de cambios culturales que se han dado en los parajes El Gato y Loma Limpia y el desmonte…que continúa, algunas veces con más impulso, otras más lento; pero sigue…
Por todo esto, ponemos a consideración esta segunda edición de nuestro libro, sumando bibliografía, informantes e investigadores.
Grupo de Investigación Montiel 2021
Personería Jurídica 848 – Federal – Provincia de Entre Ríos
NOTA
1. Passafari, Clara: “A la sombra de los indios muertos”. Dedicatoria. 1992.
Agradecimientos
A la Municipalidad de Federal que realizó un aporte económico para concretar la impresión.
A quienes nos acompañan siempre, aunque no integran formalmente el GIM: Carlos Alberto Schumacher que nos alegra con la guitarreada preparando siempre temas nuevos y Pedro Héctor Bonfilio que nos sorprende con fotografías y videos. La mayoría de las fotos que utilizamos en este libro fueron tomadas por Pedro, y otras, por integrantes del GIM.
A todas las personas que nos aportaron datos, algún texto y que nos instaron a hacer esta segunda impresión.
A los pobladores de los Parajes El Gato y Loma Limpia que cada día hacen Patria viviendo en el monte, trabajando para ganarse el sustento dignamente y todavía careciendo de servicios esenciales como caminos afirmados. Cuando llueve, se les dificulta trasladarse los hasta 50 km, que los separan de Federal.
A los vecinos de la Colonia Federal y dentro de ella los de La Rinconada y Las Delicias que también nos han aportado información y nos han recibido con mucha alegría cuando hemos andado recorriendo esos lugares.
A nuestras familias, que comparten y avalan nuestra tarea.
Grupo de Investigación Montiel 2021
Equipos que investigaron en 1992–1993
EQUIPO 1
Juan Miguel Castell
Néstor Silvio Silva
Colón “Pocho” Rivero
Roberto Ramón Molina
EQUIPO 2
Yolanda Cecilia Isla
María del Pilar Lacroix
Jorge Alberto Giménez
EQUIPO 3
Delia Graciela Albornoz
Marta Isla
Olivia Susana de la Madrid de Osuna
EQUIPO 4
Alicia Ester Ramírez de Soria
Alicia Oviedo
Elba Oviedo
EQUIPO 5
Dalila Heit
Silvina Gerloni
Coordinación General de la Investigación: Dra. Clara Passafari
Grupo de Investigación Montiel 2021
- BONINI, Matilde Yolanda
- CARDOSO, Patricia Beatriz
- CIAN, Mirta Graciela
- GALLO, Lina Belén
- de la MADRID, Olivia Susana
- FONSECA, María del Carmen Florencia
- GERLONI, María Silvina
- GIMENEZ, Jorge Alberto
- GIROLAMI, Eugenio César
- ISLA, Yolanda Cecilia
- LACROIX, María del Pilar
- MOLARES, María del Carmen
- MONZALVO, Marta María
- OSUNA, José María
- OVIEDO, Alicia
- OVIEDO, Elvira
- OVIEDO, Lidia
- RUHL, Lidia Magdalena
- RODRIGUEZ, María Ofelia
- SCHMIT, Noemí Elena
- SILVA, Jesica María Catalina
- SILVA, Silvia María del Luján
- ZAPATA, Graciela Noemí
Capítulo 1
La historia
“¡Vencer o morir libres! Gritó alto el caudillo irguiéndose
con imponente ademán y un solo grito vibró ronco y bravío
en la soledad de la muda llanura, agitando los pechos taurinos de sus rudos montoneros, mientras todas las miradas
se fijaban anhelosas en el bizarro jinete”.
Martiniano Leguizamón: “Montaraz”
(Costumbres Argentinas. Referencia a Pancho Ramírez, Buenos Aires. Peuser. 1900)
ASPECTOS GEOGRÁFICOS
La región escogida como tema de esta investigación, está determinada por los siguientes límites: Norte, se extiende por el Arroyo Puerto desde su intersección con la ruta provincial N° 20 hasta su desembocadura en el Arroyo Feliciano; Sur, lo constituye la ruta provincial N° 5 que comunica a Federal con La Paz, en el tramo comprendido entre la Colonia Federal y Paso Birrinchín, en el cruce sobre el Arroyo Feliciano; Este, comprende la traza de la ruta provincial N° 20 en el trecho comprendido entre la Colonia Federal (intersección con la ruta provincial N° 5) y el Paso Puerto sobre el Arroyo del mismo nombre; Oeste, cierra el Arroyo Feliciano en el tramo comprendido entre el Arroyo Puerto al Norte y la intersección con la ruta provincial N° 5 al Sur.
Desde el punto de vista climático, es “zona de transición”, con tendencia a cálida, variedad subtropical. Las temperaturas en verano, pueden superar los 40°C. Los inviernos son suaves y cortos, en relación con los meses estivales. Los pobladores más antiguos de la zona coinciden en afirmar que el clima de la región ha cambiado. Temperaturas cálidas aún en buena parte del invierno y elevación de los porcentajes –promedio– de humedad. Aunque también se registran períodos de sequía. El tiempo atmosférico y sus componentes constituyen un factor determinante en la economía de la región, ya que la principal actividad es la ganadería extensiva.
El suelo es arcilloso, conteniendo una capa muy fina de tierra vegetal; por debajo se extiende una profunda capa arcillosa, comúnmente greda. Por su composición geológica, el suelo resulta altamente expansivo, es decir que posee un elevado índice de plasticidad, que le permite contraerse y dilatarse sin solución de continuidad, en especial durante los períodos de intensas sequías. Este fenómeno provoca agrietamiento del suelo y las consecuentes rajaduras en techos y paredes de viviendas y edificios.
La erosión pluvial constituye un grave problema en toda la zona. Disminuye la fertilidad del suelo y destruye caminos y obras.1
El relieve, forma una llanura ondulada, no colinosa, constituida por materiales sedimentarios. La Lomada de Montiel atraviesa por el oeste el departamento en dirección norte – suroeste. La zona donde focalizamos la investigación (Parajes El Gato y Loma Limpia) se asienta sobre la pendiente de la lomada, con dirección al oeste, constituyendo el desagüe natural de todos los arroyos de la zona, que desembocan en el Arroyo Feliciano.
NOTAS
1. Escuela Nacional de Comercio: “Ensayo sobre la Geografía del Departamento Federal”. Federal (Entre Ríos), 1973.
POSIBLES ORÍGENES DE LA TOPONIMIA DE LA REGIÓN
El conocimiento de la toponimia de una región, generalmente responde a factores humanos y naturales, presentándose lugares como el Montiel donde hombre y naturaleza configuran una simbiosis tan particular como la región misma.
Es común encontrar nombres de personas, animales, plantas u objetos identificando diferentes lugares, tanto en los Departamentos de La Paz, Feliciano, como Federal.
El topónimo “Selva de Montiel” (donde se ubican El Gato y Loma Limpia), aparece por primera vez en la obra “Description Geographique et Statique de la Confederation Argentine” por el estudioso francés Martín de Moussy, que recorrió la región en la segunda mitad del siglo XIX e identificó a este monte enmarañado como “selva” por las características de su vegetación y fauna. Designado con propiedad, el Montiel es un MONTE.
El nombre Montiel tiene en Entre Ríos y en general en todo el Río de la Plata, una raigambre española cuya filogénesis se retrotrae a los primeros blancos que llegaron a estas tierras.
Según lo establece Pérez Colman, los “Montiel” constituyeron una estirpe de españoles entrerrianos, cuyo aporte dejó un sello indeleble en el progreso social y económico de la provincia. Importantes hacendados y terratenientes se convirtieron en dueños de las tierras que hoy llevan el nombre.
Al respecto dice Pérez Colman:
“… El progenitor de la familia a que pertenecía el Cura de Paraná Presbítero Francisco Arias Montiel, fue en esta parte del Río de la Plata, el escribano público Don Alonso Fernández Montiel, asistente de la fundación de Santa Fe como compañero de Don Juan de Garay y posteriormente poseedor de grandes extensiones en el territorio entrerriano. Sus hijos y descendientes, constituyeron tres ramas a saber: los Fernández Montiel, los Márquez Montiel y los Arias Montiel.
Los miembros de estas familias desempeñaron durante más de dos siglos, numerosas y destacadas funciones sociales, militares, políticas y religiosas y ocuparon con establecimientos ganaderos importantes superficies de campo en nuestro territorio.
Fueron ellos quienes dieron su nombre a la famosa selva entrerriana…”1.
El paraje “El Gato” se encuentra ubicado hacia el noroeste del Departamento Federal a cincuenta Km de la ciudad cabecera del mismo. Se encuentra equidistante entre el sur correntino y el centro de la provincia de Entre Ríos. Este topónimo comprende sucesivamente el nombre de un arroyo o pequeño curso de agua, que se encuentra ubicado al noroeste de la cabecera del Departamento Federal. Se denominó igual al paraje que circunda este curso de agua. El topónimo comprende dos acepciones: “Gato” y “El Gato”. Su posible origen hay que asociarlo con la misma fauna lugareña, ya que abundaba en la zona el “gato montés” en sus dos variedades: overo y negro2.
El Diccionario Sopena Enciclopédico e Ilustrado, Tomo I, expresa que el gato es un mamífero carnicero de la familia de los félidos, muy útil para eliminar ratones. El “gato montés” es un poco mayor y más robusto que el doméstico y se caracteriza por su pelaje color gris, con fajas pardas. Su hábitat son los montes3.
En la actualidad, el arroyo “El Gato” es reconocido en la toponimia lugareña también con el nombre de “Francisco Vega”. Esta denominación tal vez proviene de algún lugareño que habitó en las tierras de Montiel hacia fines del siglo pasado, y asoció su nombre a la hidrografía del lugar.
“Loma Limpia” es un paraje limítrofe con “El Gato” y ubicado al noroeste de la cabecera del Departamento Federal y comprende una porción territorial que limita con La Paz. El Arroyo “Juancho” constituye el límite entre ambos Parajes. Su nombre hace alusión a las lomadas entrerrianas, que se desprenden por el centro de la provincia con dirección norte–sur, estableciendo geográficamente dos pendientes divisorias de aguas. “Loma Limpia”, constituye un claro librado de vegetación, lo suficientemente despejado para permitir el asentamiento humano4.
NOTAS
1. Pérez Colman, César Blas: “La Parroquia y la ciudad de Paraná en su segundo centenario” 1730–1930. Paraná, 1930.
2. Escuela Nacional de Comercio: “Ensayo sobre la Geografía del Departamento Federal”. Federal, Entre Ríos, 1973.
3. Diccionario Sopena Enciclopédico e Ilustrado. Tomo I. Editorial Ramón Sopena S. A. Barcelona. Edición especial hecha en la República Argentina, Buenos Aires, 1968.
4. Felquer, José Francisco y Felquer, Laura R. M. B. de: “Geografía de Entre Ríos” (Física, Biológica y Humana). Imprenta Nueva Impresora. Paraná, 1962.
ANTECEDENTES PREHISTÓRICOS
Atentos a los estudios realizados en materia de poblamiento, Entre Ríos habría sido ocupada por diferentes oleadas de paleogrupos u hordas que pudieron tener asiento transitorio o permanente en nuestra provincia.
Considerando los estudios efectuados por José Imbelloni, estos grupos podrían clasificarse en Pámpidos; supuestamente habrían ocupado la región centro–sur de la provincia. Láguidos; habrían incursionado temporariamente, descendiendo por el sur correntino y norte de Entre Ríos. Amazónidos; llegaron desde el norte, ocupando las islas y costas santafesinas, extendiéndose hasta la región deltaica1.
La Arqueología y la Etnología se han encargado de clasificar, aunque de manera parcial y fragmentaria, el denominado estadio prehistórico. Desde los albores del siglo XX, investigadores de la talla de José Ambrosetti, Víctor Badano, Antonio Serrano y tantos otros, realizaron importantísimos aportes, encendiendo una luz de conocimiento acerca de un pasado sumido en la oscuridad de la ignorancia.
Investigadores contemporáneos también han hecho un valioso aporte, tal el caso del Licenciado Cerrutti en la cuenca arqueológica del Paraná ya sea del lado entrerriano como santafesino, en especial en el departamento La Paz.
En el sur de Entre Ríos, se destaca, por su calidad y cantidad, el producto de las investigaciones emprendidas por el Profesor Jorge Almeida.
En tanto, en el nordeste entrerriano, la investigación ántropo–arqueológica ha brindado excelentes resultados merced a la labor cumplida y a la ingente tarea de destacados investigadores, caso de Don José Vasalo y de los Profesores Edgar B. W. Poenitz, Amilcar Rodríquez, Eduardo Brignardello y tantos otros como aficionados y estudiantes del Instituto del Profesorado de Concordia que no dejaron de colaborar aún desde el anonimato.
Como resultado de esta labor continuada y sistemática, en la Región de “Salto Grande” se exhumó una cultura denominada saltograndense con derivaciones de carácter charruano, encontrándose importantes paraderos de donde fueron rescatados abundantes restos de cerámica monocroma cocida al sol y significativo material lítico, tal el caso de diversos tipos de “placas grabadas”2.
Hasta la fecha no existen suficientes noticias o por lo menos no ha logrado el carácter de difusión, la existencia de trabajos arqueológicos que se hayan efectuado en la región central de Entre Ríos y en especial en el Montiel; situación ésta que abriría las puertas al inicio de diversos trabajos de campo conducentes a probar la existencia de una prosapia aborigen corporizada en la trashumancia de diversas etnias charrúas3.
NOTAS
1. Poenitz, Erich L. W. Edgar: “Los dueños de la tierra”. En Enciclopedia de Entre Ríos. Tomo I. Arozena Editores S. R. L. Página 43. Paraná, 1978.
2. Poenitz, Erich L. W. Edgar: “Arqueología del Paradero Los Sauces en Salto Grande”, Boletín de Arqueología III. Instituto del Profesorado Concordia, 1972.
3. Castell, Juan Miguel: “Aporte Histórico al pasado de Federal”. Artículo periodístico aparecido en el bisemanario “El Federal” edición del martes 3 de noviembre de 1981. Federal, Entre Ríos.
POBLACIÓN PREHISPÁNICA
La existencia del hombre prehistórico en la provincia de Entre Ríos data de 10.000 a 12000 años A.C. de acuerdo con los estudios realizados hasta la fecha en diferentes áreas arqueológicas.
Muchas regiones de la provincia de Entre Ríos hasta hoy, desde el punto de vista arqueológico, permanecen desconocidas y es el caso de nuestra región de estudio, de la cual poco o nada se sabe al respecto.
Guiándonos por la cartografía editada por el Profesor Erich L. W. Edgar Poenitz, en la “Enciclopedia de Entre Ríos”, Tomo I, hemos comprobado que nuestra área de estudio se encuentra comprendida dentro de la denominada Región Boscosa Central, conformando un área arqueológica muy poco conocida hasta hoy1.
PUEBLOS INDÍGENAS
Como en el caso anterior, poco o nada se sabe al respecto. Sin embargo los restos de utensilios, cacharros y armas, como boleadoras y puntas de flecha, permiten asegurar la existencia en tránsito de grupos Charrúas y Minuanes. Estos grupos, que recorrían la región libremente, en los albores de la llegada del español, en su nomadismo constante, deambularon cruzando estos montes enmarañados, sorteando riachos, ríos y lagunas, durmiendo al aire libre al simple amparo de una precaria y fugaz vivienda2. Su alimento fue el producto de la caza y la pesca que obtenían en forma abundante y permanente.
Los Charrúas, en particular, se caracterizaron por una cultura sencilla y rudimentaria acorde a la práctica cotidiana.
Sería motivo de un especial estudio, la búsqueda de posibles “paraderos” que nos permita la obtención de datos más concretos y fidedignos de estas culturas3.
POBLAMIENTO Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA
La llegada de los españoles modificó los tradicionales esquemas de vida. Alteró la vida y costumbres de los pueblos de la región y su hábitat, flora y fauna.
Se asegura que el poblamiento de la Cuenca del Plata, fue un poblamiento “fluvial”, ya que en la primera etapa fueron ocupadas las zonas circundantes a las grandes vías fluviales, en este caso el corredor Paraná–Uruguay4.
Durante los primeros años y pasado todo el siglo XVII, el centro norte permaneció deshabitado e ignorado por los españoles, y aparece en los primeros mapas levantados por los españoles como “tierras realengas”, es decir perteneciendo a la corona española.
En 1590 Hernando Arias de Saavedra, más conocido como Hernandarias, se estableció en Entre Ríos en la estancia que le concedió su suegro Don Juan de Garay. El desconocimiento del interior de la provincia y lo dificultoso de las mensuras, impidieron delimitar con precisión aquellas primeras estancias, por lo tanto es posible que todo el norte de Entre Ríos haya pertenecido a Hernandarias aunque hasta hoy es imposible demostrarlo documentalmente5.
Establecidas las jurisdicciones políticas administrativas, la provincia de Entre Ríos quedó sometida a tres dependencias, a saber: la del Cabildo de Yapeyú cuyo dominio comprendía el Noreste Entrerriano, delimitada por los ríos Gualeguay, Mocoretá, Uruguay, y al sur el arroyo Yeruá. La del Sureste dependiente de Buenos Aires, delimitada por el arroyo Yeruá y los ríos Gualeguay, Nogoyá y Uruguay. Y la Santafesina, con cabecera en Santa Fe que abarcaba todo el occidente de la Provincia. De esta última dependía toda esta región6.
Se cree que la población estable se radica en la zona hacia fines del siglo XVIII y principios del XIX. En 1805 el gobierno colonial de entonces, ordenó realizar un empadronamiento de feligreses con la finalidad de instalar nuevas parroquias. En ese entonces la zona era conocida como el distrito “Yeguas” por la abundancia de caballada cimarrona que según testigos de la época, abundaba en el lugar; dicho relevamiento permitió contar seis casas y veinticuatro habitantes.
Creada la República de Entre Ríos y puesta en funcionamiento la nueva división administrativa, esta región pasó a integrar junto con una parte del sur de Corrientes, el Departamento de La Bajada dependiendo del gobierno de Paraná y constituyéndose la “Villa de Alcaraz”, en la más importante de toda la región7.
Hasta el presente no resulta nada sencillo encontrar datos fehacientes respecto a la población y sus actividades en el centro–norte entrerriano durante el siglo XVIII, lo que hace impensable requerir alguno del siglo anterior. En esta situación tuvo mucho que ver la desidia de los gobernantes de turno, los que nunca ejercieron una potestad real sobre la región.
El Profesor Alfredo J. Erich Poenitz dice al respecto:
“… Es indudable que las tierras ubicadas a ambos lados del río Gualeguay en sus nacientes, pertenecieron también a la jurisdicción de Yapeyú …”.
Más adelante agrega:
“…un decreto del General Belgrano del 10 de noviembre de 1810 ratifica el hecho; pues ubica estas regiones en la jurisdicción de Mandisoví integrante de las Misiones. Pero esos campos, comenzados a poblar por blancos o españoles no tuvieron al principio una autoridad política estable y poca vigilancia ejercieron sobre ellos las autoridades de Yapeyú…”
En otro párrafo el Profesor Poenitz sostiene:
“… Más adelante veremos que en 1805 desde el río Gualeguay al oeste se consideró territorio perteneciente a la Vice–Parroquia de Alcaraz y en 1809 los partidos de Moreyra, Guerrero y el Guayquiraró quedaron incluidos para el cobro del diezmo a las autoridades recaudadoras de Concepción del Uruguay y no a la correspondiente a Yapeyú como hubiera sido lógico…”.
El Profesor Poenitz, investigación mediante, demuestra que los primeros blancos o españoles que temerariamente se instalaron en el Montiel y su zona circundante, es decir en los distritos hoy denominados Moreyra, Chañar, Diego López y Francisco Ramírez (Yeguas–Federal) y Departamento Feliciano, provenían de las Misiones8.
El actual departamento Federal y el sector norte oriental del departamento Feliciano nunca fueron sometidos al ejercicio político administrativo real, aunque las primeras autoridades de la zona designábanse desde Concepción del Uruguay.
En las primeras décadas del siglo XIX sólo encontramos asentamientos rurales, precarios caseríos pertenecientes a las mal delineadas estancias del lugar9.
EL MONTIEL EN LA DIVISIÓN DEPARTAMENTAL DE MANSILLA
Mantuvo Entre Ríos una ambigua división política heredada de la época hispánica hasta 1822, cuando el Coronel Lucio B. Mansilla a cargo del Gobierno de la Provincia, estableció, a los efectos de un mejor control administrativo, una división política acorde a las características de la época.
Basándonos en la fuente cartográfica editada por los Profesores Varini y Eguiguren en su libro “La creación del Departamento Federación”10, la región motivo de nuestro estudio, quedaba jurisdiccionalmente separada por una línea imaginaria dejando dividido al “Montiel” en dos, de tal manera que a partir de dicha línea, el oeste de la región pasaba a pertenecer al Departamento, cuya cabecera continuaba siendo la Parroquia de Alcaraz11. Hoy estos territorios corresponden a los Departamentos La Paz y norte del Departamento Paraná.
En tanto todo el territorio comprendido al este pasaba a depender del Departamento con cabecera en la ciudad de Mandisoví.
Entre 1849 y 1887 y merced a una nueva división político–administrativa, los actuales parajes “El Gato” y “Loma Limpia” fueron motivo de una distribución política entre los Departamentos La Paz y el entonces creado Departamento Concordia12.
NOTAS
1. Poenitz, Erich L. W. Edgar: “Los dueños de la Tierra”. En Enciclopedia de Entre Ríos. Tomo I. Página 43. Arozena Editores S. R. L. Paraná, 1978.
2. Rocha, Teresa: “Población Etnohistórica del Territorio Entrerriano”. En Historia de Entre Ríos. Tomo I. Página 65. Arozena Editores S. R. L. Paraná, 1978.
3. Castell, Juan Miguel: “Aporte histórico al pasado de Federal”. Artículo periodístico aparecido en el Bisemanario “El Federal” edición del martes 3 de noviembre de 1981. Federal, Entre Ríos.
4. Arce, Facundo A.: “Descubrimiento y Conquista del Río de la Plata”. En Historia de Entre Ríos. Tomo I. Página 1. Arozena Editores. Paraná, 1978.
5. Arce, Facundo A.: “El poblamiento 1573–1776”. En Historia de Entre Ríos. Tomo I, Página 106. Arozena Editores S. R. L. Paraná, 1978.
6. Macchi, Manuel E. y Masramón, Alberto J.: “Entre Ríos, Síntesis Histórica 1520–1930”. Editorial Sacha. Concepción del Uruguay. Entre Ríos.
7. Escuela Nacional de Comercio: “Aproximaciones en torno a la Historia de Federal”. Publicación N° 3. Federal. Entre Ríos, 1974.
8. Poenitz, Alfredo J. Erich: “La Ocupación Misionera al Sur del Miriñay (1769–1810)”. En Cuadernos de Estudios Regionales N° 4, Página 51. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Abril de 1983. Concordia. Entre Ríos.
9. Poenitz, Erich L. W. Edgar: “Belgrano Organizador Mesopotámico”. En Cuadernos de Estudios Regionales N° 6. Página 3. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Diciembre de 1983. Concordia. Entre Ríos.
10. Varini, César Manuel; Eguiguren, María S. R.: “La creación del Departamento Federación”. Historia de los Departamentos de Entre Ríos. N° 2, Paraná, 1986.
11. Varini César Manuel; Eguiguren, María S. R.: “La creación del Departamento Federación”. Historia de los Departamentos de Entre Ríos. N° 2, Paraná, 1986.
12. Poenitz, Alfredo J. Erich: “Evolución Demográfica de Concordia y su Departamento”. En Cuadernos de Estudios Regionales N° 2, página 27. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Agosto de 1982, Concordia. Entre Ríos.
POBLAMIENTO Y PRIMERAS ESTANCIAS
A PARTIR DE MEDIADOS DEL SIGLO XIX
La región del Montiel, en especial los actuales distritos Francisco Ramírez y Achiras del Departamento Federal, comenzaron a poblarse merced a que en dichas tierras se delinearon importantes establecimientos ganaderos.
Los pobladores de la región, en su mayoría de carácter mestizo, se dedicaron a la cría de ganados bovino y caballar.
Tanto para los particulares como para el gobierno provincial, el “Montiel” fue considerado “tierras de nadie”, en verdad baldías.
Por lo tanto los primeros reclamos legales se efectuaron en 1858 cuando un grupo de oficiales del regimiento Urquicista “Estrella”, solicitaron al gobierno provincial de entonces, la propiedad de un campo ubicado dentro de los siguientes límites: por el norte el arroyo Puerto, por el sur el arroyo Francisco Vega o “Gato”, por el este la Lomada de Montiel, al oeste el río Feliciano. Dicha propiedad comprendía una superficie de cinco leguas de frente por nueve leguas de fondo. Observando los méritos militares de los solicitantes, el gobierno aceptó el pedido y les dio la posesión de la tierra el 20 de junio de 18601. Podemos mencionar entre aquellos oficiales a Juan Bautista Arruabarrena, Antonio Leiva, Pedro Mc. Dougall, Quiterio Berón, Emiliano Redruello, Agapito Reinoso y Lisardo Quiroga.
Practicada la mensura correspondiente, se obtuvo una superficie de 16 leguas cuadradas, 155 cuadras cuadradas, es decir 53.459 hectáreas.
La adjudicación de tierras no cambió la situación de “Montiel”, ya que los nuevos dueños no vivieron en la zona ni propendieron a su poblamiento.
La ausencia de población alentó al vecino Don Juan Bautista Romero a solicitar al gobierno de Urquiza, el 22 de junio de 1860, una porción de campo cuya ubicación coincidía con la asignada a los oficiales urquicistas. El 28 de diciembre de ese año, le fue adjudicado el campo, con la condición que no deparara perjuicios para terceros2.
Como se puede apreciar, sucesivos propietarios manifestaron su interés por la región, sin embargo la realidad histórica da cuenta de las pocas o escasas familias que se asentaron en el lugar.
NOTAS
1. Poenitz, Alfredo J. Erich: “La ocupación espacial del Departamento Concordia” (1810–1880). En Cuadernos de Estudios Regionales N° 6, página 29. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Diciembre de 1983, Concordia. Entre Ríos.
2. Archivo de Catastro de Entre Ríos. (A. C. E. R.). Expediente Concordia N° 2824 y 2825. Paraná. Entre Ríos.
EVOLUCIÓN DE LA PROPIEDAD RURAL EN EL MONTIEL DESDE LA ÉPOCA DE URQUIZA HASTA EL PRESENTE
Posiblemente los primeros que recorrieron parte de esta región fueron los españoles, ya que consideramos que los pueblos originarios eran los dueños de la tierra.
La región del Montiel antes y después de la llegada de los españoles fue tierra de “nadie”, ya que sobre ella jamás se ejerció un verdadero control político y por lo tanto el lugar se convirtió en refugio transitorio o permanente para tantas familias que huían de las guerras intestinas, y hombres marginados de otras regiones por razones políticas o judiciales buscaron protección en su enmarañada vegetación.
Ha sido posible constatar en el Montiel y en especial en el actual departamento Federal, la presencia de brasileños y uruguayos, además de mestizos correntinos y misioneros1.
De acuerdo con la interpretación del Profesor Manuel Varini, los primeros habitantes del Montiel y zona circundante, habrían provenido de las villas fundadas por Don Tomás de Rocamora a fines del siglo XVIII y otros directamente desde Santa Fe2.
En el año 1811 los portugueses en su incontenible avance, atacaron la región mesopotámica centro oriental, dedicándose al saqueo, robo y arreo de ganado. Parte de la población establecida en la franja nordeste entrerriana, huyó hacia tierras más seguras; eso fue la Región del Montiel, es decir al occidente del Río Gualeguay3.
Entre los estancieros más antiguos del Montiel aparece la familia Franco (no en la zona de investigación). En el año 1825 se concedió a Don Juan Esteban Franco un campo, que según testimonios ocupaba desde el año 1800. Los límites de dicha tierra eran: al norte arroyo Diego López, al sur arroyo Ortiz, al este el río Gualeguay y al oeste arroyo Aguada o San Martín. En septiembre de 1855, Franco vendió a Don Pedro Luna una parte de su propiedad. En 1871 los herederos de Luna, vendieron una fracción a Don Julio V. Díaz4.
Entre las décadas del sesenta y setenta del siglo XIX, en la región del Montiel se van incorporando nuevos propietarios formadores de las primeras estancias. Durante esta época se registran los nombres de Doña María Montenegro, Eusebio Acevedo, Julián A. Sosa, José María Duarte, Ignacio Altamirano, Lucio Barrios, José María de los Santos, Crisóstomo Luna, Casimiro Luna. Las propiedades de los nombrados se encontraban ubicadas en el distrito Diego López, en tanto que en el distrito Federal aparecen campos a nombre de Manuel Benítez, Eufemio López, Lino Irrazábal, Cesáreo Domínguez, Reyes Ortiz, Francisco Fragata, oficiales del Regimiento “Estrella”, Juan B. Romero, Pedro Mc. Dougall, Manuel Cantero, Fortunato Requena, Florencia C. de Requena, Ramón Gallegos, Justo José de Urquiza y Josefa B. de Rivarola5.
CAMPOS DEL GENERAL JUSTO JOSÉ DE URQUIZA
El General Justo José de Urquiza se constituyó sin duda en el mayor terrateniente de la Provincia de Entre Ríos y sus dominios territoriales se extendieron a Federal y Montiel.
El 17 de junio de 1851, el propio Urquiza cerraba trato adquiriendo campos que, hasta entonces, habían pertenecido a Don Teófilo Duportal. La mensura estableció una superficie de 16.962 hectáreas, 32 áreas equivalentes a más de seis leguas cuadradas, con los siguientes límites: al norte el arroyo Guerrero; sur arroyo Caraballo; este Río Gualeguay y por el oeste la Lomada de Montiel. Se presume que Urquiza personalmente nunca visitó dicho campo. En 1875, su heredera Doña Clodomira Urquiza de Victorica, vendió dicho campo a Don Domingo Fernández en cuyo recuerdo bautizó la estancia con el nombre de “Clodomira”. Urquiza, además de éste, poseyó otros campos en la región6.
LAS PROPIEDADES RURALES DEL DISTRITO FEDERAL
A PARTIR DE 1883
En 1883 el distrito Federal constituía el extremo occidental del departamento Concordia, y hemos podido constatar, según el plano original elaborado en aquel año y firmado en el mes de agosto por el Agrimensor Juan Lorenzo Presas, que en el mismo figuran los siguientes propietarios: familia Correa con media legua cuadrada, Del Campo y Halbach, Julián Luna, Doña Simona R. de Piris, Doña Mercedes R. de Calvento, Doña Ventura de Cruset, Menores de Domingo Mariano Requena, Doña Salomé R. de Pereyra, Fortunato Requena y Guillermo Johnston7.
EVOLUCIÓN DE LA PROPIEDAD RURAL EN EL SIGLO XX
A partir del siglo XX, el distrito Federal, hoy departamento Federal, asistió a un proceso de transformación socio–económica como consecuencia de la instalación de importantes ramales ferroviarios, como lo fueron las líneas Federal–Diamante, luego conectado a Paraná–Federal–Curuzú Cuatiá, y Federal–Concordia.
Por otra parte la explotación intensiva de la madera con destino a servir como leña, provocó el desmonte de miles de hectáreas y esto permitió el crecimiento de la ganadería vacuna y en menor escala la lanar.
La crisis económica de 1930, consecuencia de la mundial de 1929, estableció el comienzo de un incipiente éxodo rural que se acrecentó significativamente a mediados del siglo. El éxodo rural despobló la “Colonia Federal” que lentamente fue perdiendo población e importancia en la región. Como contrapartida, se verifica el crecimiento de la planta urbana, para la época “Villa Federal” que vio incrementada rápidamente su población. Familias enteras dejan sus antiguas viviendas rurales y se trasladan a la planta urbana para incorporarse al ferrocarril.
Una carta de la provincia de Entre Ríos de las propiedades rurales en 1927, nos muestra claramente la subdivisión rural y la aparición de condominios, y en particular “pequeños propietarios o simples arrendatarios”. Las causas o razones fueron las siguientes: 1ro.) Por la partición de campos por derechos sucesorios y 2do.) La ejecución de hipotecas de grandes propietarios en favor del Banco Hipotecario Nacional, como consecuencia de la crisis económica mundial8.
NOTAS
1. Almará, José Antonio: “Historia de Diez Pueblos Entrerrianos”. Publicación del Banco de Entre Ríos. Paraná, Abril de 1989.
2. Varini, César Manuel; Eguiguren, María S. R.: “La creación del Departamento Federación”. Historia de los Departamento de Entre Ríos N° 2, Paraná. 1962
3. Poenitz, Alfredo J. Erich: “La ocupación espacial del Departamento Concordia” (1810–1880). En Cuadernos de Estudios Regionales N° 6. Página 29. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Diciembre de 1983. Concordia. Entre Ríos.
4. Archivo de Catastro de Entre Ríos (A. C. E. R.) Expediente Concordia N° 41/3. Paraná. Entre Ríos.
5. Poenitz, Alfredo J. Erich: “La ocupación espacial del Departamento Concordia” (1810–1880). En Cuadernos de Estudios Regionales N° 6. Página 29. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Diciembre de 1983. Concordia. Entre Ríos.
6. Poenitz, Alfredo J. Erich: “La ocupación espacial del Departamento Concordia” (1810–1880). En Cuadernos de Estudios Regionales N° 6. Página 29. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Diciembre de 1983. Concordia. Entre Ríos.
7. Archivo de Catastro de Entre Ríos. Plano de las Propiedades Rurales. Distrito Federal. 1883. Paraná. Entre Ríos.
8. Almará, José Antonio; Castell, Juan Miguel: “La Colonia Federal Primitivo núcleo de la actual ciudad de Federal”. Separata de la obra publicada por el Prof. José A. Almará “Historia de Diez Pueblos Entrerrianos”. Página 124. Publicación del Banco de Entre Ríos; 1989.
LA “COLONIA FEDERAL” CENTRO DE COLONIZACIÓN
DEL MONTIEL
Como una verdadera “cuña”, metido de norte a sur en el territorio entrerriano, el “Montiel” permaneció hasta fines del siglo XIX al margen de los grandes acontecimientos políticos y militares. Sin embargo muchas familias huyendo de las secuelas de las guerras civiles jordanistas, habíanse asentado en los antiguos campos que alguna vez pertenecieran al oficial urquicista Don Tomás Lezcano, cuya figura política gravitó en la región hasta su hoy incierta desaparición, cual parece habría marchado a Corrientes, lugar donde finalmente falleció1.
1880 será un año clave para el centro norte entrerriano, ya que el 7 de septiembre de ese año, el entonces gobernador Coronel Don José Francisco Antelo promulgó el Decreto Fundacional dando vida legal a la primera colonia agrícola de la región, esto es, la Colonia Federal conocida en sus primeros años como “Antelo” por su fundador legal. A partir de 1884, fecha en que finalizó la Diligencia de Mensura, confeccionada por el Agrimensor Oficial Don Edmundo Pietranera, quien se trasladó al entonces distrito Federal para tal fin, quedó oficializada con el nombre de Federal. Respecto del topónimo “Federal, la historia científica aún no ha podido probar su origen en esta zona; pero a título de fundamentos podrían considerarse dos tesis: primero, que dicho nombre sea herencia de la corriente Federal, tan difundida en esta provincia y defendida heroicamente por Ramírez y Urquiza. Segundo, que a la Colonia se la haya identificado con el nombre del Distrito, denominándose a ambos con el mismo topónimo.
La flamante Colonia, según consta en diferentes documentos de la época como informes oficiales anuales y la misma diligencia de mensura, progresó rápidamente. Esta afirmación cobra cuerpo a partir del año 1905, fecha en que se practicó un ensanche llevando los límites de la misma, por el norte hasta la ribera sur de los arroyos Vizcachas y Real, antiguo lindero y propietarios existentes. Por el oeste arroyo Chilcal Grande. El nuevo límite sur lo constituyó el lindero con los campos de los herederos de Don Lino Irrazábal. En tanto por el este el nuevo límite fue fijado por los campos de la familia Ugartemendía y antiguos propietarios2.
Con fecha 8 de agosto, el Superior Gobierno de la provincia de Entre Ríos, dispuso que el Agrimensor G. Ulibarrie procediera a mensurar las nuevas concesiones. Según consta en la Diligencia, finalizada en noviembre de 1905, el Agrimensor subdividió los terrenos siguiendo la mensura practicada en 1880 por Pietranera, obteniendo veintiocho lotes completos y cuarenta fracciones irregulares.
Los lotes que fueron incorporados a la planta rural, en la actualidad están cruzados por la ruta provincial N° 5 que une la localidad de Federal con La Paz. Según el propio documento los nuevos lotes están asentados sobre terrenos “montuosos en general”. Además en el plano adjunto de Geodesia, se deja establecido que se destina un lote donado al Arzobispado de Paraná con la finalidad de levantar en él una capilla. Los nuevos propietarios pertenecientes al ensanche de la colonia, recibieron sus títulos de propiedad consecuentemente con la Ley 2375, el 27 de octubre de 19113.
NOTAS
1. Escuela Nacional de Comercio: “Aproximaciones en torno a la Historia de Federal”. Publicación N° 3. Federal. Entre Ríos, 1974.
2. Duplicado de la Diligencia de Mensura y Rectificación de la delineación de la “Colonia Federal” (antes Colonia Antelo) creada por Decreto del 7 de septiembre de 1880. Provincia de Entre Ríos. Departamento de Obras Públicas. Año 1884.
3. Duplicado de la Diligencia de Mensura y Sub División del campo contiguo a la “Colonia Federal” (Ensanche). Provincia de Entre Ríos. Departamento de Obras Públicas, N° 314, Año 1905.
VÍAS Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Las pocas familias que se asentaron en la región de “Montiel” constituyeron un núcleo rural disperso. La ausencia de una incipiente población estable, impidió el surgimiento de pueblos y villas que demográficamente justificaran su integración con las regiones vecinas.
Debemos recordar que el poblamiento español en América fue eminentemente urbano, con el consabido desarrollo de las vías y medios de comunicación, en especial por razones de carácter económico1.
El “Montiel”, equidistante de las vías fluviales Paraná–Uruguay, recibió en forma tardía los beneficios de la comunicación terrestre ya que se construyeron primero líneas férreas y más tarde caminos2.
Durante el siglo XVIII el Montiel, en especial el actual Departamento Federal, se integró a la “carrera de postas” que partiendo del Pueblo de La Bajada (hoy Paraná), se dirigía hacia las Misiones Jesuíticas atravesando nuestra provincia con dirección suroeste–noreste. Dicho “camino” era recorrido exclusivamente por chasquis y mensajeros especiales, que en contadas oportunidades se atrevían a adentrarse por la enmarañada vegetación del Montiel para luego rumbear hacia la costa del Uruguay y desde allí directamente a las Misiones. La existencia de esta precaria ruta, ha sido probada por el Padre Guillermo Furlong Cardish en su publicación “Los Jesuitas y la cultura Rioplatense”3.
En el año 1849 el Ministro Secretario de Gobierno Coronel Don José Miguel Galán, en cumplimiento de lo ordenado por el Poder Ejecutivo de la Provincia, mandó efectuar un relevamiento de todas las postas existentes en la provincia. Remitió una circular a todos los Comandantes de Departamento, solicitando elevar sus respectivos informes con la situación de cada jurisdicción4. La fundación de la Villa de San Antonio de Padua de la Concordia, a partir del 29 de noviembre de 1831 y su rápido crecimiento socio económico estratégico, determinó que se estableciera una carrera de postas por la Villa de Villaguay, conectando a Concordia con Paraná. Además corroboramos por el Censo de 1849 la existencia de una carrera de postas alternativa, que saliendo de Paraná se dirigía al pueblo de Alcaraz, de allí a Sauce de Luna, para luego atravesar Diego López y Chañar hasta Concordia5.
El viaje, la mayoría de las veces resultaba peligroso y hasta accidentado. Muchas veces los carruajes tumbaban o volcaban y debían ser reincorporados por los propios viajeros, postillones y conductores.
La inmejorable situación geográfica de Federal constituía el paso obligado para unir ciudades ubicadas a orillas de los ríos Uruguay y Paraná, como así también para vincular el sur correntino con la capital entrerriana.
A comienzos de la década del 1880, Don Antonio Flores estableció el primer correo a caballo desde Federal hasta Concordia. Simultáneamente se establecieron líneas de mensajerías. Cada cuatro leguas había una posta, jamás podía pasar ese límite en todo el territorio entrerriano. En cada posta la diligencia cambiaba de caballos, que eran de un mismo pelo, para diferenciarlos de la anterior y de la siguiente.
La primera mensajería Colonia Federal–Concordia estuvo dirigida por Don Juan Cruz Eguillord. Más tarde estuvo a cargo de Don Antonio Echeverría y contaba con tres vehículos: “La Aurora”, “La Triunfadora” y “La Estrella de Federal”.
Para 1920 existían cuatro líneas de mensajerías:
La de Antonio Echeverría que iba a Concordia por Paso Sociedad (sobre el río Gualeguay),
La de Ledesma, por Paso Gallo (sobre el río Gualeguay),
La de Eduardo Barnada, por Paso Duarte (sobre el río Gualeguay) y
La de Julián Acosta que iba a La Paz.
Las mensajerías constituyeron el primer servicio colectivo de tracción a sangre de carácter regular y su implementación aceleró la era de las comunicaciones terrestres.
La “Estrella De Federal” de los Echeverría desapareció cuando comenzó a prestar servicios el ferrocarril hacia Concordia.
EL SIGLO XX Y LOS PRIMEROS CAMINOS ESTABLES
En el año 1946 se construyó el camino de Federal a La Paz, la actual ruta provincial N° 5, pero no existía puente sobre el arroyo Estacas. Los pocos camiones y carros de la época que circulaban por estos lugares, debían vadear el arroyo y en épocas de creciente debían trasbordar la mercancía.
En 1956, con motivo de promulgarse la ley caminera de fomento agrario, en “El Gato” se constituyó un consorcio que tomó a su cargo la construcción del actual camino vecinal. La ruta abovedada reemplazó al antiguo camino de carácter precario, construido en su época por el vecino Don Armando Vera.
Actualmente la ruta provincial N° 5 se encuentra enripiada desde la planta urbana de Federal hasta paraje “Las Delicias”; desde allí continúa de tierra hasta La Paz (intersección con la ruta San José de Feliciano–La Paz) 6.
EL FERROCARRIL Y LAS MENSAJERÍAS
Sin duda no se han equivocado aquellos que afirman que el ferrocarril fue uno de los inventos más revolucionarios del siglo XIX. Aún hoy y gracias a su evolución constante, no ha sido desplazado como el principal protagonista, tanto en el transporte de carga como de pasajeros en casi todo el mundo.
Las primeras líneas férreas que se instalaron en Entre Ríos conjuntamente con las mensajerías terrestres y fluviales, practicaron diversos servicios combinados, que para la época permitieron integrar casi toda la provincia y ésta con el resto del país y aún con el exterior. Donde llegaba la punta del riel, esperaba la mensajería y así el viajero podía continuar su derrotero. Finalmente el ferrocarril desplazó las cansinas diligencias e impuso sus tres principios fundamentales: velocidad, cantidad y economía.
A Federal el arribo de la punta del riel se produjo en 1916 como parte del ramal Diamante–Curuzú Cuatiá, tramo Hasenkamp–Villa Federal. En 1927 fue librada al servicio público la vía que conectaba a Villa Federal con Curuzú Cuatiá en la Provincia de Corrientes.
Desde Concordia también se inició el ramal que en 1930 uniría a esta ciudad con Villa Federal y a través de esta última se fue elaborando una red, que conectó todo el sur correntino y norte entrerriano con los principales puertos exportadores de la época asentados sobre el Paraná y el Uruguay 7.
En la actualidad no se cuenta con el servicio de ferrocarril como consecuencia de la decisión adoptada por el gobierno nacional de la década de 1990, de concesionar los servicios ferroviarios. Las empresas concesionarias levantaron los ramales que para ellas no eran redituables económicamente. En este rubro fue encuadrado el ramal que pasaba por Federal. Lo mismo ha ocurrido en muchísimos lugares a lo largo y ancho de nuestro país.
LOS PROYECTOS INCUMPLIDOS EN EL CENTRO NORTE ENTRERRIANO
Desde fines del siglo XIX, existieron diferentes proyectos estatales y privados para integrar las comunidades del norte entrerriano con el sur correntino y los principales puertos de entonces. Algunos proyectos no pasaron de la etapa preliminar, por el deterioro de las arcas gubernamentales destinadas para la construcción de caminos; debemos adicionar la carencia de leyes promotoras y protectoras de los mismos.
A partir de 1892 se produjo un intento por mejorar la red caminera y mediante ley provincial se crean organizaciones de carácter departamental denominadas Comisión de puentes y caminos. Los pocos puentes que existían desde el siglo XIX eran administrados por particulares y en algunos casos los ríos y arroyos debían vadearse en balsas denominadas “a maroma”, que funcionaban cierto período del año y eran de propiedad privada.
En la zona de Federal existió una, cuya función era vadear el río Gualeguay en el camino Concordia–Villa Federal, a la altura del paraje “Paso Sociedad”. Esta balsa fue reemplazada por la construcción de puentes a la altura de “Paso Gallo” y “Paso Duarte” sobre el mismo río Gauleguay.
Hacia fines del siglo XIX, se inició la construcción de los primeros caminos consolidados con su respectivo cuerpo de señales y obras de arte complementarias.
Federal se vio beneficiada con tres rutas, dos de carácter nacional, la N° 127 y la N° 12 (hoy provincializada, N° 20), y una provincial, la N° 5 que partiendo de Federal con dirección noroeste conecta a ésta con la cercana ciudad de La Paz8.
En 2021, la infraestructura vial del Departamento Federal sigue siendo deficitaria.
NOTAS
1. Pérez Colman, César Blas: “Historia de Entre Ríos”. Época Colonial (1520–1810), Tomo I. Paraná, 1836–1837.
2. Reula, Filiberto: “Historia de Entre Ríos”. Tomo III. Editorial Castelví. Santa Fe, 1963.
3. Furlong, S. J. Guillermo: “Los Jesuitas y la Cultura Ríoplatense”. Montevideo, 1933.
4. Castell, Juan Miguel: “Evolución de las Carreras de Postas en la Provincia: Desde la época Colonial hasta el Censo de 1849”. Trabajo de carácter inédito presentado en el Segundo Congreso Nacional de Historia en Entre Ríos. La Paz, 1985.
5. Castell, Juan Miguel: “Evolución de las Carreras de Postas en la Provincia: Desde la época Colonial hasta el censo de 1849”. Trabajo de carácter inédito presentado en el Segundo Congreso Nacional de Historia en Entre Ríos. La Paz, 1985.
6. Datos aportados por el Dr. Domingo Quílicce, quien residió en el Paraje “El Gato” en 1946.
7. Almará José Antonio; Castell; Juan Miguel: “Las comunicaciones terrestre entre el norte entrerriano y el sur correntino” (1880–1930), Publicación del V Encuentro de Geohistoria Regional. Agosto de 1984. Junta de Estudios Históricos y Geográficos de Formosa. Formosa, 1986.
8. Varini, César M.: “Vías de Comunicaciones y Medios de Transporte”. En Historia de Entre Ríos. Arozena Editores S. R. L. Paraná, 1978.
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
- Poenitz, Erich L. W. Edgar: “Los dueños de la Tierra”. En enciclopedia de Entre Ríos. Tomo I. Arozena Editores S. R. L. Página 43. Paraná, 1978.
- Poenitz, Erich L. W Edgar: “Arqueología del Paradero los Sauces en el Salto Grande”. Boletín de Arqueología III. Instituto del Profesorado. Concordia, 1972.
- Pérez Colman, César Blas: “La Parroquia y la ciudad de Paraná en su Segundo Centenario” (1730–1930). Paraná, 1930.
- Escuela Nacional de Comercio. “Ensayo sobre la Geografía del Departamento Federal”. Federal. Entre Ríos, 1973.
- Diccionario Sopena Enciclopédico e Ilustrado. Tomo I. Editorial Ramón Sopena S. A. Barcelona. Edición especial hecha en la República Argentina. Buenos Aires, 1968.
- Diccionario Geográfico Argentino Tomo I. Corrientes–Entre Ríos–Misiones. Instituto Geográfico Militar. Buenos Aires.
- Felquer, José Francisco y Felquer, Laura L. M. B. de: “Geografía de Entre Ríos” (Física, Biológica y Humana). Imprenta Nueva Impresora. Paraná, 1962.
- Rocha, Teresa: “Población Etnohistórica del Territorio Entrerriano”. En Historia de Entre Ríos. Tomo I. Página 65. Arozena Editores S. R. L. Paraná, 1962.
- Castell, Juan Miguel: “Aporte Histórico al Pasado de Federal”. Artículo periodístico aparecido en el Bisemanario “El Federal”. Edición del martes 3 de noviembre de 1981. Federal. Entre Ríos.
- Arce, Facundo A.: “Descubrimiento y Conquista del Río de la Plata”. En Historia de Entre Ríos, Tomo I. Página 1. Arozena Editores S. R. L. Paraná, 1978.
- Macchi, Manuel E.; Masramón, Alberto J.: “Entre Ríos, Síntesis Histórica 1520–1930”. Editorial Sacha. Concepción del Uruguay. Entre Ríos.
- Escuela Nacional de Comercio “Aproximaciones en Torno a la Historia de Federal”. Publicación N° 3. Federal. Entre Ríos, 1974.
- Poenitz, Alfredo J. Erich: “La ocupación espacial misionera al Sur del Miriñay (1769–1810)”. En Cuadernos de Estudios Regionales N° 4. Página 51. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Abril de 1983. Concordia. Entre Ríos.
- Poenitz, Erich L. W Edgar: “Belgrano Organizador Mesopotámico”. En Cuadernos de Estudios Regionales N° 6. Página 3. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Diciembre de 1983. Concordia. Entre Ríos.
- Varini, César Manuel; Eguiguren, María S. R.: “La creación del Departamento Federación”. Historia de los Departamento de Entre Ríos N° 2. Paraná, 1986.
- Poenitz, Alfredo J. Erich: “Evolución demográfica de Concordia y su Departamento”. En Cuadernos de Estudios Regionales N° 2. Página 27. Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Agosto de 1982. Concordia. Entre Ríos.
- Archivo de Catastro de Entre Ríos (A. C. E. R.) Expediente Concordia. N° 2824 y 2825. Concordia. Entre Ríos.
- Almará, José Antonio: “Historia de Diez Pueblos Entrerrianos”. Publicación del Banco de Entre Ríos. Paraná. Abril de 1989.
- Almará, José Antonio; Castell, Juan Miguel: “La Colonia Federal Primitivo Núcleo de la Actual ciudad de Federal”. Separata de la Obra Publicada por el Prof. José A. Almará: “Historia de Diez Pueblos Entrerrianos”. Página 124. Publicación del Banco de Entre Ríos. 1989.
- Duplicado de la Diligencia de Mensura y Rectificación de la Delineación de la Colonia Federal (antes Colonia Antelo), creada por Decreto del 7 de septiembre de 1880. Provincia de Entre Ríos. Departamento de Obras Públicas. Año 1984.
- Duplicado de la Diligencia de Mensura y Sub–división del campo continuo a la Colonia Federal (ensanche). Provincia de Entre Ríos. Departamento de Obras Públicas, N° 314. Año 1905.
- Pérez Colman, César Blas: “Historia de Entre Ríos”. Época Colonial (1520–1810). Tomo I. Paraná, 1936–1937.
- Reula, Filiberto: “Historia de Entre Ríos”. Tomo III. Editorial Castelví. Santa Fe, 1963
- Furlong, S. J. Guillermo: “Los Jesuitas y la Cultura Rioplatense”. Montevideo, 1933.
- Castell, Juan Miguel: “Evolución de las Carreras de Postas en la Provincia: desde la época colonial hasta el censo de 1849”. Trabajo inédito presentado en el II Congreso Nacional de Historia en Entre Ríos. La Paz, 1985.
- Provincia de Entre Ríos. Departamento de Obras Públicas. Registro Gráfico de las Propiedades Rurales del Departamento Concordia. Construido por el Departamento de Obras Públicas con datos de su archivo. Paraná, 1928.
- Datos aportados por el Dr. Domingo Quílicce quien residió en el paraje “El Gato” en 1946.
- Castell, Juan Miguel: “Proyecto y Construcción del Ramal Ferroviario Concordia–Villa Federal”. Trabajo de carácter inédito presentado en el VI encuentro de Geohistoria realizado en Concordia y organizado por el Instituto Regional de Investigaciones Científico–Culturales. Concordia, 1986.
- Varini, César M.: “Vías de Comunicaciones y Medios de Transporte”. En Historia de Entre Ríos. Arozena Editores S. R. L. Paraná, 1978.
Prof. Juan Miguel Castell
Federal
Capítulo 2
Los pueblos originarios
“La muerte de cada una de estas culturas es la muerte de una parte del espíritu humano y arrastra consigo en el olvido a todo un mundo, es decir, a una experiencia de la realidad y de la vida irrepetible”1.
LOS CHARRÚAS
Los Charrúas son por excelencia, los pueblos originarios del Uruguay y ocuparon sus márgenes desde la latitud de Yapeyú aproximadamente, hacia el sur. Hacia el este ocupaban casi todo el actual territorio uruguayo, las tierras del Estado de Río Grande al sur del río Ybicuy y del Camacuán.
El Padre Salaberry opina que los Charrúas habitaban indistintamente los campos de Entre Ríos y la Banda Oriental 2. Su ubicación es en una amplia banda centro norte de la provincia de Entre Ríos, llegando a las inmediaciones de La Bajada (Paraná) 3.
Constituían una familia lingüística importante y se dispersaron por un extenso territorio, pero no abundan las excavaciones sistemáticas que permitirían un conocimiento amplio y cierto.
Innumerables datos de funcionarios, misioneros y viajeros que atravesaron esas regiones, a fines del Siglo XVI, hacen indudable su presencia en el litoral del Paraná.
Esta ubicación parece responder al tráfico de esclavos de guerra y al comercio que mantenían con los vecinos de Santa Fe.
El gentilicio Charrúa se aplica genéricamente a todos los grupos cultural y lingüísticamente afines.
Los detallamos: Guenoas al norte y oriente; Yaros, en el Litoral occidental del Uruguay entre el Río Negro y el Arroyo San Salvador, dominando la costa hasta Yapeyú; los Bohanes en la costa oriental, al norte de los Yaros y al sur de los Guenoas. En la zona meridional de Entre Ríos, los Minuanes4. Esta distribución es válida para los siglos XVI y principios del XVII.
Minuanes y Yaros son los grupos esencialmente entrerrianos del complejo Charrúa.
A posteriori de la conquista, la movilización que este hecho genera, provoca incursiones de los Charrúas, al ocupar su hábitat.
Guenoas ya reducidos, trabajan en las estancias jesuíticas del Mandisoví y los Bohanes, en el siglo XVII, viven en el centro de Entre Ríos sobre el Gualeguay.
“Los pueblos autóctonos de este continente nos llamamos indios porque con este nombre nos han sojuzgado por cinco siglos y con este nombre deberemos liberarnos”. (Aporte Resolución 1 del Primer Congreso Indio de Ollantaytambo, Cuzco–Perú, 1980).
Los misioneros jesuitas conocen al Charrúa en posesión del caballo, en lucha con el español y arreando ganado vacuno en vastas vaquerías en las campiñas entrerrianas y uruguayas.
De elevada estatura y robusta complexión, 1,68 para los hombres y 1,67 para las mujeres. Pero era usual, superar estas marcas.
Los Charrúas que se desplazaban por Entre Ríos eran esbeltos, altos y fuertes. Vivían desnudos. Un simple taparrabo de cuero de ciervo o puma para los hombres y una tela cubresexo para las mujeres.
Durante el invierno, se protegían con el clásico manto de pieles de pequeños mamíferos, cuyos cueros curtían con ceniza y grasa. Los pelos iban hacia el cuerpo y la parte exterior se decoraba con guardas y dibujos geométricos pintados, muy similares a los de Patagones y Chaqueños.
Cuando usaban este manto (quillango o quillapi) revestían una falda corta de cuero.
Al domar el caballo, hicieron los mantos con su cuero y los decoraron con su sangre.
Una suela en la planta de los pies, asegurada con correas a la altura de los tobillos, brindaba buen calzado.
Mucho les interesaba su estética. Ambos sexos se embellecían con vinchas, penachos de plumas, brazaletes de hueso, collares de pequeñas plumas coloreadas y valvas de moluscos.
Usaban el barbote (palo pequeño o barra de plata embutido en el labio inferior) como distintivo varonil, aunque, a partir de la conquista, su uso queda reducido al cacique.
Las rayas, número y ubicación, variable, conferían al tatuaje de la cara y el cuerpo, un especial significado.
Las jovencitas, en su iniciación, eran tatuadas con tres rayas azules que les atravesaban la cara, a través de la nariz y de una mejilla a otra.
Para guerrear, la pintura blanca en el maxilar inferior les confería un aspecto de particular ferocidad.
Les gustaba bañarse, especialmente en verano, no como diversión pues practicaban otras.
Debido a su continuo desplazamiento, la vivienda era un paraviento. Cuatro estacas, clavadas en el suelo, a las cuales se sujetaban varias esteras, que oficiaban de techo y paredes. Las esteras se confeccionaban con paja, espadaña y totora gruesa.
Asentaban sus campamentos, cerca de los arroyos, donde una decena de chozas albergaban otras tantas familias.
Pieles y hamacas completaban el mínimo ajuar para el descanso.
Al convertirse en jinetes, la movilidad se acentuó y constituyeron bandas de hasta cien miembros donde cada familia disponía de su toldo.
La parcialidad reconocía su propio cacique, de autoridad escasa.
Pero tenían caciques principales, guerreros de gran valor y baquía y cuyo mando congregaba gran número de individuos.
Las situaciones de peligro exigían convocar al Consejo de Guerreros y Ancianos.
La convocatoria de guerra se realizaba mediante señales de humo y una lanza, clavada en un árbol, era declaración de guerra entre grupos.
Cuando entraban enemigos a su hábitat, comenzaban a brillar las hogueras que significaban conflictos, posibilidad de ellos o guerra segura.
Antes de comenzar la lucha, el cacique arengaba a sus bravos guerreros, mientras las mujeres les infundían coraje con sus cánticos.
Sus maniobras eran sorpresivas y solían enviar espías para conocer las fuerzas enemigas y su disposición.
Las armas de los Charrúas fueron el arco y la flecha, con empleo de carcaj, suspendido del hombro como lo usaban los antiguos Patagones.
Las puntas de sus flechas y sus lanzas eran de piedra cuarcita o calcedonia talladas. Estas piedras forman bancadas en el lecho del Uruguay y las tallaban con gran habilidad.
Hondas, arcos y flechas eran armas para el caminante.
La lanza larga y las boleadoras, su arma más temible, fueron exclusivamente para el jinete.
Los estudios arqueológicos en la región suministran cantidad de piedras de bolas y puntas de flechas.
Y recordamos los párrafos de Fernando Assunçao:
“De los indios locales tomará un arma y útil de caza que alcanzará en sus manos el mayor desarrollo y rendimiento, la boleadora, de dos bolas y sin forrar las piedras, aumentando su seguridad y eficacia, tanto para la captura de vacunos y caballares, como de ñandúes, etc.”5.
Existe pues una zona fundamental, históricamente, dentro del área de la boleadora: regiones sureñas y pampeanas, mesopotámicas y litoraleñas y las cuchillas uruguayo–riograndenses. Allí la boleadora será el arma de guerra prioritaria y desde que dominan el caballo: Charrúas, Minuanes, Pampas, Guaraníes, Chanás y Tapes, luego acogida como herencia cultural de primer orden.
En el momento de la conquista los aborígenes usaban la bola perdida de una piedra y la boleadora de dos.
La bola perdida es de piedra o metal. Le atan un pedazo de lazo, la vuelan sobre la cabeza como una honda y la despiden a bastante distancia.
“Tengo para mí que la boleadora indígena se componía sólo de dos piedras, una mayor que era la que giraba en torno de la cabeza y la menor o manija que se retenía en la mano hasta arrojarla; esto explica la diferencia de tamaño y forma en que la mayor, ovoidal o esférica, guarda siempre proporción con la menor que servía de manija, de forma piriforme o convexa para adaptarla a la mano. Este tipo de boleadora charrúa se reproduce en la Pampa donde hasta hace poco se denominaba pampa a la boleadora de dos piedras”. (Martiniano Leguizamón: “El origen de las boleadoras y el lazo”) 6.
Durante los cambios de lugar, la mujer transportaba el ajuar doméstico en bolsas de cuero, que al adoptar el caballo incorporaron a él.
Habilísimos navegantes se deslizaban en canoas monóxilas de hasta doce brazas, excavadas en troncos. Eran excelentes nadadores desde muy pequeños.
Para comunicarse a distancia poseían un lenguaje de silbidos, imitación de gritos de animales y silbatos para señales.
Las comunidades se constituían con grupos sociales pequeños, integrados por diez o quince familias, gobernados por caciques en Consejo de Familias y considerando su capacidad.
Las mujeres cubrían numerosos trabajos: transporte de la toldería, cuidado de los niños, carneada, preparación de alimentos, atención de los caballos, iniciación de las jóvenes, ritos funerarios y otras más.
La poligamia y las separaciones eran muy raras, y en general, las parejas eran estables.
Cuando la mujer acusaba los primeros síntomas del parto, se aislaba cerca de una corriente de agua. Cuando nacía la criatura, lavaba al niño y luego lo frotaba y calentaba junto a su pecho.
Daban a luz con sencillez y soltura pues consideraban este acto como un hecho natural y espontáneo.
El niño se cargaba sobre la espalda, metido en una bolsa de cuero o tejido de fibras.
Los hombres dedicaban mucho tiempo a la caza de ñandúes y venados. Los perseguían a pie hasta agotarlos y envolverlos en redes. En estas carreras los más resistentes eran los aborígenes.
Los restos de cocina que los arqueólogos encontraron en antiguos paraderos, nos permiten conocer la existencia de ciervos, roedores, carpinchos, aparte de los ya indicados.
Aprovecharon de los animales la carne y los huesos para fabricar armas y objetos varios.
Prestaban gran atención al cuero, ya que este era aprovechado para vivienda y vestimenta, como los de lobito de río, zorro, puma, etc.
Al conocer el caballo y poseerlo se aficionaron a su carne, además de la vacuna.
Conservaban la carne de animales y peces secados al sol y la comían así, en su propia grasa, o asada.
Tenemos indicios de su predilección por aves, moluscos bivalvos, caracoles y huevos de ñandú, cuya yema sacaban a través de un agujero.
Surubí, dorado, sábalo, boga y armado fueron aprovechados en la comida y con las espinas dorsales de algunas especies, confeccionaron armas e instrumentos punzantes. Usaban red y se movilizaban en canoas excavadas de hasta 12 brazas de largo (una brazada equivale aproximadamente, a 2 metros).
Complementaban su cocina con la recolección de cogollos silvestres, como el cogollo de ceibo, que masticaban continuamente porque se los consideraba nutritivos y refrescantes.
La bebida de los Charrúas fue el hidromiel. No podemos asegurar si utilizaron narcóticos, pero apreciaron mucho la yerba y el tabaco.
Encendían fuego, por frotación de dos palos, uno duro y otro blando que prendía por frotación del más resistente.
Hilado y tejido en cháguar; hilado, tejido y teñido de lana y alfarería (pequeños platos y ollas semiesféricas) fueron otras de sus industrias.
“Sus utensilios son unos vasos de barro negro que dejan secar al sol hasta que se vuelven duros. En estos vasos cuecen la carne de avestruz”7.
Alfarería de formas simples, lisas, sin asas, pobremente decorada con líneas y puntos se encuentran en yacimientos, sobre todo en los antiguos talleres líticos del Uruguay, mezclados con su industria de piedra y con sus armas.
Creían en el espíritu del mal, al que invocaban con el nombre de “Gualicho”, en ceremonias religiosas con intensas libaciones.
Tuvieron hechiceros que ejercían sus poderes haciendo llover, provocando tormentas y desbordando ríos y arroyos.
Para poseer estos poderes, se reunían en cerros determinados en cada región y sometiéndose a tormentos esperaban la aparición del espíritu maligno.
Antiguas técnicas terapéuticas: succión de las partes doloridas; acostar al enfermo sobre cenizas calientes; untar su cuerpo con grasa; inmovilizaciones con trozos de madera y fibras vegetales en caso de traumatismo y una abundante fitoterapia brindaban recursos al hombre médico que aliviaba a los enfermos.
Vivían en un mundo poblado por espíritus.
Enterraban a sus muertos en sitios determinados, generalmente en pequeñas colinas en las que depositaban armas, vestidos, agua y si era guerrero, también su caballo; luego cercaban el lugar con redes.
Los preparativos mortuorios estaban a cargo de las ancianas. Eran muy elaborados y también se creía en la inmortalidad del alma.
Tenemos varios conjuntos de voces entre el Chaná y el Charrúa que establecieron una unidad lingüística8.
El famoso manuscrito inédito de Villadervó nos ofrece 60 voces y el conocimiento de su sistema numérico9.
Por su ubicación en el Litoral Uruguayo tenemos noticias de este pueblo desde la conquista. La cartografía de los siglos XVI y XVII asigna a este grupo el mismo hábitat. A parir del siglo XVIII, en la segunda mitad, actúan en la Mesopotamia.
Todas las tentativas para reducirlos fueron imposibles.
“Y aunque no les repugnase nuestra religión, es la sujeción que ven en los indios reducidos a pueblos y precisados a trabajar, lo que a ellos no sucede. Nadie determina sus operaciones, cada uno es dueño de las suyas. A mi me parece que jamás se reducirán”10.
Respecto al valor guerrero dice Félix de Azara:
“Que los Charrúas y sus aliados los Minuanes, dieron más trabajo al ejército español y han hecho derramar más sangre que las tropas con que los Incas del Perú y el Emperador Moctezuma de México, pretendieron oponerse a la conquista de sus Estados”11.
Lo que produce indignación, es que nunca se dice que los nativos eran los verdaderos dueños de estas tierras, que defendían con su vida.
En 1701 los Charrúas lanzaron una guerra contra las Misiones guaraníes de Corrientes. El motivo fue el asesinato alevoso de Charrúas por aborígenes del Pueblo de La Cruz. Los Charrúas resolvieron vengarse y se enfrentaron con los guerreros de las Reducciones, derrotándolos.
Estas luchas con participación del Gobierno de Buenos Aires que apoyaba a los Jesuitas, produjeron un abismo entre la población de las Misiones y las tribus entrerrianas.
En el fondo, los sucesivos ataques Charrúas eran alentados por las autoridades de Santa Fe, que deseaban contrarrestar la creciente influencia de los Jesuitas que ocupaban grandes territorios en Entre Ríos.
La situación se volvió insostenible. En 1715, Buenos Aires envía un ejército al mando de Piedrabuena que inició su acción desde el arroyo Guaviraví. El grupo español bien armado y pertrechado constituido en gran parte por los Tapes de las Misiones, avanzó hacia el sur, hacia tierra entrerriana.
Mientras, el Cacique Juan Yasú, jefe de una tribu de La Bajada, denunció la expedición a las autoridades de Santa Fe.
Estas enviaron un Delegado del Cabildo pero Piedrabuena, alcanzado en las márgenes del Río Gualeguaychú, se negó a desobedecer a su mando natural, Buenos Aires.
El 23 de enero de 1716, Francisco de Piedrabuena, incapaz de soportar las guerrillas charrúas volvió a Yapeyú.
El capellán del ejército, P. Policarpo Dufó se preguntaba: “¿Cómo podía ser posible que unos pocos indios vagabundos y semiperdidos entre los bosques de Entre Ríos, constituyeron las terribles legiones que saqueaban con éxito el dominio de la Compañía?”.
Conviene destacar que la intervención de Yasú demuestra que los aborígenes entrerrianos tenían una unidad imperfecta, pero lo suficientemente fuerte, para solidarizarse ante el peligro.
Por otro lado, la autoridad y prestancia de Juan Yasú, que se presenta ante el Cabildo santafesino en defensa de todas las parcialidades entrerrianas; merecería contar esta aventura de lucha por la libertad pero no es el propósito de estas páginas.
Lo único cierto es que los indómitos Charrúas se extinguieron y su sangre produjo en el gaucho entrerriano las excelsas virtudes de pasión por la libertad, heroico valor para defender la tierra y apasionado individualismo.
No dudamos que en sus guerrillas fecundaron el monte, con su sangre generosa, y dejaron herederos dignos de su fuerza y coraje12.
“Murieron todos los indios de charrúa trayectoria y se apagó su cultura en el alma de la fronda.
Pero el coraje aborigen y las lanzas de la gloria vibran por todo Entre Ríos como un canto de victoria”13.
NOTAS
1. Vega, Roberto: “La situación Marginal de los indios les otorga importancia Geopolítica”. En Convicción, 23 de marzo de 1982.
2. Padre Salaberry. En César B. Pérez Colman. “Historia de Entre Ríos”. Tomo I, Página 149.
3. Lafone Quevedo, Samuel: “Los indios chanases”. En César B. Pérez Colman. Tomo I, Capítulo VIII.
4. Serrano, Antonio: “Los primitivos habitantes de Entre Ríos”. Biblioteca Entrerriana, 1950, Página 13.
5. Assunçao, O. Fernando: “El Gaucho”. Dirección General de Extensión Universitaria, Montevideo, 1978, Página 16.
6. Leguizamón, Martiniano: “Etnografía del Plata. El origen de las boleadoras y el lazo”. Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, apartado del Tomo XLI de la Revista de la Universidad. Buenos Aires, 1991.
7. Serrano, Antonio: “Los aborígenes argentinos”. Buenos Aires, Nova, Páginas 128 –130.
8. Outes, F.; Bruch, C.: “Los aborígenes de la República Argentina”. Buenos Aires, s/f.
9. Passafari, Clara: “A la sombra de los indios muertos”. Rosario, Edición de la autora, 1992.
10. De Doblas, Gonzalo: “Informe”. En César B. Pérez Colman. Tomo I, Página 161.
11. De Azara, Félix: “Viaje a la América Meridional”. En César B. Pérez Colman. Tomo II, Página 4 y ss.
12. Pérez Colman, César B.: “Historia de Entre Ríos”. Tomo I, Páginas 146 y ss y 111 a 120.
13. Romani, Roberto Alonso: “Romancero de Montiel”. Santa Fe, Colmegna, 1988, Páginas 23 a 25.
BIBLIOGRAFÍA
- Badano, Víctor M.: “El arte plástico de los ribereños paranaenses”. Memorias del Museo de Entre Ríos–Ciencias Naturales y Antropología, Nº 34, Paraná, 1957.
- Cadogán, León: “Ayvú Rayta”. Universidad de Sao Paulo. Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras, Sao Paulo. Brasil, 1971. Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica de Asunción, Asunción, Paraguay.
- Depalma, Donato A.: “La pediatría en las culturas aborígenes argentinas”. Buenos Aires, Sap Editora, 1982.
- Dobrizhoffer, Martín: “Historia de los Abipones”. UNNE, Facultad de Humanidades, 1967.
- Metraux, Alfredo: “Migracioenes históricas de los Tupí Guaraní”. Facultad de Humanidades de la UNNE, Instituto de historia, Resistencia, 1974.
- Mirande Borelli: “Etnohistoria del Chaco”. Resistencia, 1978.
- Palavecino, Enrique: “Áreas y capas culturales de Sud América”. Sociedad Argentina de Antropología, Tomo V, Nueva Serie, Nº 2. Buenos Aires, 1971.
- Passafari, Clara: “Pueblos indios – Argentina 1986”. Rosario, 1986.
- Rex González A.; Pérez J. A.: “Argentina indígena, vísperas de la Conquista”. Buenos Aires, Paidós, 1983.
- Tissera, Ramón: “El jinete Guaycurú”. En Todo es Historia Nº 93, Febrero de 1975.
Dra. Clara Passafari
Capítulo 3
Montiel, el particular encanto
de su flora y de su fauna
“Aquí estoy, aquí sufro y aquí canto
y aquí empuño mi muerte y mi agonía”
Carlos Alberto Álvarez
“La luz bañó las lomas, bajó en regueros por las laderas, avanzó en el llano espolvoreando de puntos luminosos las verdosas matas; pero allá, del fondo del paisaje, una masa densa de pajonales pareció alzarse para cerrarle el paso.
Ante la compacta muralla, la luz se detuvo, bregó breves instantes, y no pudiendo penetrarla se corrió sobre las malezas, dejando en descubierto las blancas panojas de las cortaderas y los eréctiles tallos de los cardos en flor.
El campo comenzó a llenarse de rumores y estremecimientos, como si la naturaleza despertara de pronto gozosa y radiante bajo la caricia de aquella mañana que tenía polvo de oro en su ambiente sereno. Los pájaros en parejas saltaban en las ramas chirriando; silbos alegres de calandrias y boyeros poblaban el espacio con sus cantos y en cada mata estallaba una nota del alado coro”1.
Para dilucidar sobre el origen del nombre “Montiel” debemos llegar al tiempo en que sus legítimos dueños los Charrúas y Minuanes, que prefirieron morir luchando antes que rendirse y entregar sus tierras; fueron exterminados.
Era común, durante la conquista y lo era también en España, denominar un paraje o región por el apellido de su ocupante, fuera permanente o transitorio.
El progenitor de la gran familia Montiel, fue Alonso Fernández Montiel escribano público que asistió a la fundación de Santa Fe como compañero de Juan de Garay, y poseyó grandes extensiones de tierra en nuestra región.
Antonio Márquez Montiel, alcalde provincial de Santa Fe, en 1715 extendía sus vaquerías desde la zona de Paraná, por el centro de Entre Ríos hasta el río Mocoretá, extremo fronterizo con la provincia de Corrientes.
Para nuestro caso, el nombre se consolida con el sacerdote Francisco Arias Montiel, el primer misionero que recorrió el monte siendo muy joven (20 años) y según los documentos, se queda seis años desde 1720 predicando a los nativos. Cuando se crea el Curato de La Bajada, con categoría de Parroquia, el padre Arias Montiel es elegido para conducirla alcanzando más tarde la jerarquía de Obispo de Paraná.
Nuestra investigación “in situ” se cumplió en los parajes “Loma Limpia” y “El Gato” ubicados en el ángulo noroeste del departamento Federal, en el distrito Francisco Ramírez.
A pedido de la Coordinadora (Clara Passafari), este equipo eligió esa zona por considerarla la más rica en los aspectos esenciales de la investigación.
“El interior de la provincia, hasta pocas leguas a ambas costas del Uruguay y del Paraná, está cubierto por el “Montiel”. Este es un monte muy homogéneo de mimosas, prevaleciendo, según las localidades, el Espinillo, el Algarrobo o el Ñandubay. Pero esta formación tiene algo de particular y merece un nombre propio –“formación del Montiel”– por otro elemento que se mezcla con gran constancia con las Mimosas: la Carandá. Representada muy considerablemente en aquellos montes, alcanza en la parte occidental de la provincia hasta la orilla izquierda del Paraná, mezclándose también con los montes ribereños de este río…”2
Por ser el Montiel un monte semixerófilo, los árboles predominantes se adaptan a la escasez de agua, se caracterizan por tener hojas menudas (compuestas, bipinnadas) y espinas. Las hojas pequeñas evitan la pérdida de humedad por evapotranspiración y las espinas son una reserva de humedad.

“El Espinal está formado por parches de bosques abiertos, con un único estrato de árboles bajos, y por arbustos espinosos combinados con pastizales. El avance de las actividades agrícolas y la extracción de madera para diversos usos hicieron que estos bosques hayan desaparecido en muchas áreas”.
(Geografía de la Argentina, Santillana 2011, página 83).
Las dos especies arbóreas que predominan son el ñandubay y el algarrobo negro (declarado en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza cuya sigla es UICN, en 1996).
El Montiel no puede considerarse como una selva, si bien, en ciertos lugares se encuentran manifestaciones de “selva en galería”; se trata de un monte semixerófilo de mediana altura, denso a veces y otras, más abierto. Por lo tanto la gente habla de “andar en el monte”; “refugiarse en el monte”; “huir al monte”.
El error se originó a mediados del siglo XIX cuando vino a la Argentina el estudioso francés Martín de Moussy. El presidente argentino Justo José de Urquiza le solicitó que hiciera un informe sobre las formaciones naturales. Moussy recorrió la Mesopotamia y al llegar a la zona central de la provincia de Entre Ríos (la zona de Montiel) quedó sorprendido por la abundante y densa vegetación, entonces le llamó “selva de Montiel”. En esa época la mayor parte del monte se conservaba, no se talaba y no había animales domésticos en abundancia. Seguramente esas características confundieron a Martín de Moussy.
También ha ayudado el aspecto enmarañado de este espinoso bosque para que se instaurara en el lenguaje popular la denominación selva, acaso por su fama de lugar impenetrable.
Para explicar la diferencia, es fundamental expresar que en las formaciones selváticas, los árboles son numerosos, están muy juntos y en la lucha por la luz solar desarrollan una gran altura. El color es un verde intenso, brillante, las hojas son grandes, lustrosas y facilitan la pérdida de humedad por evapotranspiración. Los árboles, en su mayoría, no tienen espinas, no necesitan conservar humedad porque las lluvias son abundantes durante todo el año. Además en el sotobosque se encuentran lianas de robustos y largos tallos, helechos, orquídeas, etc.
Según el Diccionario de la Real Academia Española: monte es un terreno sin cultivar que se encuentra cubierto de hierbas, matas, arbustos y/o árboles
La formación de Montiel corresponde a la Provincia Fitogeográfica del Espinal, más precisamente al Distrito del Ñandubay, nombre que recibió debido a lo abundante que era esta especie antiguamente pero que hoy, se encuentra en peligro de extinción a causa de la tala excesiva. Constituye un excelente relicto de vegetación que merece conservarse. (Carta de suelos del Departamento Federal – INTA. 1993, Página 31).
La Legislatura de la Provincia de Entre Ríos, por Ley N° 9706 del año 2006, declara Área de Reserva Natural Protegida, bajo la modalidad de Reserva de Uso Múltiple a las zonas de Parajes “El Gato” y “Loma Limpia” del Departamento Federal.
Esta área de reserva abarca una superficie mayor a la estudiada por el Grupo de Investigación Montiel y está delimitada de la siguiente manera:
Norte: límite natural del Departamento Federal entre la confluencia del Arroyo Puerto y Arroyo Feliciano, hasta la intersección con la Ruta Nacional N° 127.
Este: Ruta Nacional N° 127 entre límite con el Departamento Federación y su intersección con límite del Ejido de la ciudad de Federal.
Sur: Ruta Provincial N° 5, entre Arroyo Feliciano y Arroyo Real, continuando con el límite del Ejido de la ciudad de Federal, desde Arroyo Real hasta la intersección con Ruta Nacional N° 127.
Oeste: Arroyo Feliciano, entre Ruta Provincial N° 5 y confluencia con Arroyo Puerto.

Mapa del Departamento Federal donde se destaca el Área de Reserva Natural
En el año 2021 se avanzó más, pues el 04 de agosto se firmó la carta de intención de creación de un Parque Nacional, teniendo en cuenta que el bioma del espinal no está representado dentro de las Áreas protegidas como Parques Nacionales que hoy existen en Argentina.
El futuro Parque Nacional abarcaría un área dentro de la zona de Reserva Natural y en el mes de septiembre de 2021 se ha trabajado en el relevamiento de flora y fauna, procurando identificar la zona más propicia que pueda aplicar en el futuro a la figura de Parque Nacional. Ha sido un trabajo en el que participaron la Municipalidad de Federal, el Gobierno de la Provincia de Ente Ríos, la Administración de Parques Nacionales y Aves Argentinas (www.desdefederal.com.ar).
Desde el Grupo de Investigación Montiel se celebra este avance de gestiones y tareas. Una integrante del Grupo trabajó en la producción textual para la presentación del Proyecto de creación del Parque Nacional. Seguramente se realizarán obras de infraestructura que contribuirán a mejorar las condiciones de vida de los vecinos del Montiel y la actividad turística generará fuentes de trabajo que les permitirán seguir viviendo en “su lugar”.
En la zona investigada por el Grupo, partiendo de la margen de los arroyos y río Feliciano, se encuentran sectores de “Selva o Monte en galería”, donde las especies como viraró, guayabo, sauce, blanquillo, sarandí, entremezclados con escasos ceibos; alcanzan un desarrollo notable. Los árboles conforman con sus copas túneles muy húmedos, bajo los cuales crecen especies menores: helechos, musgos, y enredaderas; entre éstas, se encuentra una liana delgada, con delicadas flores rojas, es el “Isipó”. Completan el paisaje los pajonales.
“Bueno, vio, siempre el que más llega al agua el guayau (guayabo), el sauce, viraró, sarandí, todo’ eso’ llegan al agua”.
“Se encuentran sauce, más para la zona del Gato, vio. El Feliciano es más zona de planta de sauce. El sauce prende de gajo”.
(Informante: Aurelio Rivarola)
“Aquí en esta zona, como en todo lau, la planta que no falta en la costa, sauce, viraró colorau, viraró blanco así en la ladera.
Despué’ tamién’ en la costa el sarandí, que es una planta muy juerte, vara fina (esta expresión significa que pese a ser resistente es flexible), hay blanquillo, yuquerí blanco, ése que no se le despega la espina ni puede pasar usté, como una enredadera, cría una guía y se enrieda pa’arriba; usté lo puede cazá pa’ladiarlo y se le pega en la mano la espina brava, como la uña del gato”.
(Informante: Serapio Valdés)

Recodo del río Feliciano mostrando monte en galería a la derecha y pajonal a la izquierda al fondo.
Avanzando hacia la parte semixerófila hay Espinillo, Tala grande, Tala chiquito, Chañar, Coronillo, Quebracho blanco, Anacahuita, Ñapindá (uña de gato), Molle negro, Ñandubay, Algarrobo amarillo, Algarrobo negro, el corpulento Guaraniná (algunos ejemplares alcanzan 20 metros de altura), la esbelta Palmera Real o Yatay y la Caranday o carandilla. Es el Montiel el único que alberga la curiosa asociación de estos dos tipos de palmeras en toda la provincia de Entre Ríos.

Convivencia de palmeras: la yatay más alta y la carandá de distintas alturas.
El soto bosque, o sea lo que conforma la maraña inferior, en campos sobrepastoreados por hacienda doméstica, principalmente vacuna; casi ha desaparecido porque estos animales lo que no comen, lo destruyen con el pisoteo. Además, tampoco permiten la repoblación natural porque la semilla sazonada que va cayendo en su gran mayoría es comida o destruida. Por esta razón en esos lugares el monte se empobrece y las especies se van secando y terminan por desaparecer.

Monte empobrecido no sólo por los vacunos, sino que se suman las hormigas cortadoras y animales silvestres.
Pero algo se salva, pues la mayoría de los arroyos importantes se alambran para resguardar la hacienda que en épocas de sequía corre riesgos de morir empantanada. Los alambres no siguen el caprichoso recorrido de los arroyos porque ello significaría una fuerte inversión, por el contrario, se construyen extensas rectas que encierran “bolsas” de muchas hectáreas, donde vive lozano, un soto bosque perfecto integrado por zarzas, uñas de gato, rama negra, espartillos, chilcas, helechos, paja brava, cactus, cardos y tunas. La fauna silvestre no lo afecta mayormente.

Monte en galería a orillas del arroyo Estacas
Los habitantes de Montiel hablan de “Islas” o “Isletas”.
Se trata de formaciones arbóreas de una misma especie, por ejemplo: “Isleta de Chañar”, “Isleta de Ñapindá”, “Isleta de Tala”; y otras especies que se agrupan en las proximidades de los cursos de agua. Desarrollan notables alturas y se destacan en el conjunto del monte.
“Se cierra, lo que comúnmente se llama isleta o algo así. Isleta, vio, de tala y hay otro que le decimos nosotros planta de “uña ‘e gato”. Si se mete un animal… si entra…debe sacarlo de a pie”.
(Informante: Ico Rivarola)
ÁRBOLES DESTACADOS DEL MONTIEL
Guayabo colorado, árbol frecuente en las riberas de arroyos y también mezclado en el monte semixerófilo. Se caracteriza por las exfoliaciones de su corteza en placas irregulares, hojas pequeñas, flores blancas muy fragantes. Se utiliza para cabos de hachas, como leña y para elaborar carbón.

Guayabo colorado
Viraró, puede alcanzar los quince metros de altura. Su madera, muy utilizada para cabos de hachas, carbón y fuego, dura y resistente.
“Es lindo el viraró hasta pa’hacer un cabo de hacha, pa’eso anda bien, pa’cabo de guadaña…pa’rebenque sí, pa’eso anda bien”.
(Informante: Ico Rivarola)
Espinillo de corteza oscura con estrías longitudinales, hojas caducas bipinnadas, flores amarillas muy aromáticas y frutos secos con muchas semillas. Su leña es utilizada para hacer fuego y carbón. Y sus hojas trituradas, como eficaz desinfectante de granos malignos.

Espinillo
El quebracho blanco es esbelto de 10 – 12 m de altura, hojas persistentes simples coriáceas, flores amarillas, frutos leñosos semejante a una castañuela española con semillas aladas. Su madera de regular calidad se utiliza como leña y en construcción.

Quebracho blanco mostrando sus frutos
“El quebracho blanco sí, porque el quebracho colorau no hay aquí”
(Informante: Aurelio Rivarola)
“Del quebracho sacamos varillas”.
(Informantes: Roque Daniel Maidana y Paulo Ramírez)
“El quebracho vive mucho y para sacar varilla vio, que eso se saca cualquier cantida”
(Informante: Carlos Miguel López)
El Ñapindá alcanza hasta seis metros de altura. Se caracteriza por sus aromáticas flores blancas en racimos pero con abundantes espinas curvas que se enganchan fácilmente (uña de gato). Su leña es poco utilizada.

Ñapindá en flor
“Aquí abunda el ñapindá. Al ñapindá, al guaraniná, al quebracho lo deschalamo, le sacamo la cáscara, los nudo y chanfliamo toda la madera de acá nomás”.
¿Qué uso le dan?
Pa’ sacar tablone, poste, pa’alambrar, hacer corrale”.
(Informante: Aurelio Rivarola)
El Ñandubay es un árbol de mediana altura, de copa aparasolada, de tronco con corteza rugosa, hojas pequeñas y persistentes, flores verdosas–amarillentas, fruto legumbre en forma de hoz y semillas en su interior, estas chauchas tienen valor forrajero.
De madera dura y muy noble e incorruptible. Se utiliza en postes y marras para construir alambrados, corrales, galpones y viviendas. También para elaborar carbón de alta calidad y su leña muy demandada y en especial la seca en pie llamada “campana”.
“El ñandubay, bueno, la mejor madera que hay en esta zona”.
(Informante: Carlos Miguel López)
“Bueno, mire eso de la época, en luna menguante es el momento que cortamo el palo para hacer madera, una marra para plantar, pa’poner una puerta”.
(Informante: Jorge Aníbal Agout)
Al árbol del monte bravío le dedicó el poeta entrerriano Víctor Seri estos hermosos pensamientos:
“Contemplando la recia arquitectura
protegida por rústica corteza
se adivina en el porte la nobleza
de una estirpe aborigen que perdura.
Y permanece anclado en la llanura,
o en el monte que esconde su grandeza,
donde el hombre despoja su riqueza
en madera de invicta contextura”.
“El ñandubay pa’ puerta, horcone, pa’ alambrau”.
(Informante: Ramón López)

Ñandubay florecido
Tala blanco, árbol erecto espinoso puede rondar los 6 ó 7 metros de altura. Hojas pequeñas y frutos anaranjados comestibles y muy apetecidos por las aves. Su leña de regular calidad, se puede utilizar para el fuego y un carbón llamado mezcla, donde se queman juntos todo tipo de árboles. Por tener muchas espinas, sus ramas se utilizan para hacer cercos en huertas y corrales precarios para lanares y cabríos.
“Rama, rama de tala.
¿Por qué tala?
Lo frena, tiene mucha espina, frena al animal; frena todo”.
(Informante: Ramón López)
Coronillo, árbol mediano, de denso follaje, su leña es aprovechada para el fuego y el carbón.
Algarrobo amarillo y Algarrobo negro: alcanzan una altura aproximada a los 7 u 8 metros, de copa extendida, tronco de corteza oscura y persistente, hojas bipinnadas, flores numerosas y fragantes, los frutos son vainas que cuando maduran son dulces y comestibles y muy buscadas por los animales. Su madera muy apreciada para la fabricación de muebles rústicos y su leña es utilizada para carbón y fuego.

Algarrobo
“¿La leña…? Algarrobo más que ñandubay”.
(Informante: Aurelio Rivarola)
“Y eso sí, de frutas silvestres así, de las que comúnmente se sabe comer, sería la del algarrobo, mucha gente las consume y el animal también, pero como está arriba al animal se le hace más difícil”.
(Informante: Carlos López)
Guaraniná, el más corpulento de los árboles con ejemplares de 10 m de altura, tronco de aproximadamente mayor al metro y de frondoso follaje persistente. Su madera no es de mucha calidad, se utiliza para el fuego y para hacer carbón.

Guaraniná, acompañado por las esbeltas yatay
Brea es un árbol que alcanza 5 a 6 metros de altura, de un hermoso color verde, flores amarillentas, el fruto es una legumbre con sección cuadrangular y sus ramas defendidas por espinas de todos los tamaños, lo que hace dificultosa la circulación del jinete y los animales.
“Sí, acá hay brea, una planta bravísima. La espina es muy brava, parece la uña del gato”.
(Informante: Ico Rivarola)
La PALMERA REAL o YATAY, da al monte del Montiel, una característica muy especial porque embellece el paisaje, sobresaliendo en forma muy notable sobre el resto de la vegetación. La distribución de estas palmeras se da en una franja con orientación sur–norte con un ancho de pocos kilómetros, tres a cinco aproximadamente; y que al llegar a las márgenes del arroyo Feliciano aparentan detener su avance.
Alcanzan hasta quince metros de altura, mostrando en sus troncos desnudos las marcas que dejan las hojas que van mudando cada año. Estas marcas dan idea aproximada de la edad de cada planta. Sus hojas son grandes y pinnadas.
Conviven en el mismo sitio con la Palmera Caranday, dándose un fenómeno poco común, según observaciones realizadas al estudiar la flora de distintas regiones.
Las Palmeras Yatay dan un fruto muy sabroso denominado Yatay, al igual que la planta. Es comestible y los animales los consumen al caer en su estado de madurez, es un fruto fibroso que contiene un coco duro, que protege la semilla para la reproducción.
Con los Yatay, los lugareños preparan licores de exquisito sabor. El coco también se come, para ello hay que quebrar la cáscara y sacar la semilla que se consume cruda o tostada.
Estas palmeras hacen una doble floración: la primera en los meses de octubre–noviembre (no da frutos) y la segunda en febrero, cuando fructifica.
Muy acertadamente se las está protegiendo desde el año 2007, mediante Resolución 228 de la Dirección General de Recursos Naturales, Forestación y Economías Alternativas.
Por ello, donde se autoriza el desmonte, se las deja en pie como ornamento de los establecimientos y caminos rurales; conformando un bello paisaje digno de promocionarse y compartir con la humanidad.


La Cámara de Diputados de la Provincia de Entre Ríos incentiva la ornamentación de edificios públicos rurales como escuelas, comisarías y centros de salud con palmeras yatay. Se promueve hacer almácigos de la semilla de estas palmeras para ser trasplantadas en esos establecimientos rurales, con la finalidad que la estética nos vincule con la identidad provincial.
En las recorridas de estos montes con palmeras, los lugareños realizando sus actividades diarias y los miembros del Grupo de Investigación, durante los guiados en las múltiples excursiones realizadas; han observado algunas rarezas que brinda la naturaleza. En la foto siguiente se observa una palmera yatay con importante desarrollo de su tallo (estípite) presentando a gran altura dos brazos. Dicho fenómeno puede tener varios motivos pero aún no se sabe con certeza por qué ocurre, imprimiéndole gran belleza y atractivo.

“El fruto de la palma, con ese ácido tan rico que tiene, nosotros le sabíamos echar un poquito de caña y agua en un frasco bien tapado, pero queda un licor lindísimo de esa fruta de yatay, maduro sabe…”
(Informante: Ana Gómez de Paniagua)
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