Kitabı oxu: «Escrito en la orilla»
ESCRITO EN LA ORILLA
El aire fresco que nos trae Escrito en la orilla hace que los conceptos respiren y no queden anquilosados en la jerga de los especialistas. Guillermo Izaguirre nos propone leer su escrito como una bitácora de viaje de alguien que va juntando ramitas, paisajes, impresiones, sonidos, y va dejando constancia de sus encuentros, de sus preguntas, y las va pasando, sabiéndose parte de la sed de los viajeros. La imagen de tres ríos como tres cuerdas anudadas por las artes de los litorales es poemática. Su profunda intuición del nudo lo ha llevado hacia una gran operación política de su escritura: la lectura. La proposición de Guillermo Izaguirre de leer nuestro litoral en lo que se abarranca en cada una de las lenguas que lo habitan hace a la política del psicoanálisis y destina a lo político las consecuencias de su acto.
Guillermo Izaguirre nació en Paraná (Entre Ríos) y reside en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es psicoanalista. Docente de Clínica Psicoanalítica en la Maestría de Psicoanálisis dictada en la Universidad de la Cuenca del Plata de la ciudad de Corrientes. Integrante del referato de la Revista Universitaria de Psicoanálisis de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), inscripto en la Fundación del Campo Lacaniano (FCL). Exdocente asociado y ex jefe de trabajos prácticos del Departamento de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UBA, exmiembro del consejo de redacción de Psicoanalítica de Buenos Aires, exmiembro y expresidente de Propuesta Psicoanalítica Sur, institución psicoanalítica de la ciudad de Buenos Aires.
Ha publicado Figuras del amor: transferencia psicoanalítica (2012) y, como coautor, Psicoanálisis y salud mental (2010), además de artículos sobre psicoanálisis en varias revistas y libros.
GUILLERMO IZAGUIRRE
ESCRITO EN LA ORILLA
Una travesía litoral con Lacan

Índice
Cubierta
Acerca de este libro
Portada
Dedicatoria
Prólogo, por Daniel Riquelme
Presentación
Parte 1 Capítulo 1. El psicoanálisis: ¿ciencia, magia, filosofía, religión, praxis…? Capítulo 2. Lituraterre, un neologismo de Jacques Lacan Capítulo 3. Seminario de Jacques Lacan sobre un cuento de Edgar Allan Poe Capítulo 4. El litoral
Parte 2 Capítulo 5. El cataclismo americano Capítulo 6. Los guaraníes en la actualidad Capítulo 7. Conviviendo con los qom Capítulo 8. Un viaje filosófico Capítulo 9. ¿Hay un horizonte fluvial? Capítulo 10. Rodolfo Kusch: relatos Capítulo 11. Rodolfo Kusch: lo americano, sus textos mayores Capítulo 12. Rodolfo Kusch: lo absoluto y la negación Capítulo 13. Rodolfo Kusch: geocultura e investigación en América Capítulo 14. Rodolfo Kusch: supuestos filosóficos Capítulo 15. Reflexiones sobre un texto de Enrique Dussel Capítulo 16. La sublimación en el litoral (1) Capítulo 17. La sublimación en el litoral (2): Urondo, Mastronardi y, en el altiplano, Vallejo Capítulo 18. La prosa en el río Capítulo 19. Los escritores de la selva
Parte 3. Colaboraciones Capítulo 20. El cine en el litoral (1): comentario sobre el film Zama de Lucrecia Martel, por Ignacio Izaguirre Capítulo 21. El cine en el litoral (2): de la verdad y su medio decir 147 años después Sobre el film Los buscadores de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, por Mirta Susana Greco Capítulo 22. La música en el litoral: Remo Pignoni, el argentino remoto, por Zaida Saiace
Apéndice El viaje continúa
Créditos
A mis nietos,
Emilio, Estanislao, Pedro y Alma
Prólogo
Daniel Riquelme *
Solo producimos una impresión de verosimilitud en el lector cuando quebrantamos la mecánica del lenguaje.
Carlos Mastronardi, Cuadernos de vivir y pensar
Viajar es extraño, no pasa todos los días.
Viajar está en el extremo opuesto al turismo que, al decir de Carlos Mastronardi, estaría más cerca de lo mecánico, puesto que, si en alguna época tuvo un sesgo pedagógico, hoy en día se ha reducido al ocasional disfrute.
Viajar es experimentar una nueva ruta, una deformación, una salida de las costumbres. Hay una diferencia bastante explícita entre aquel que muestra las fotos de un viaje y aquel que trae una visión de un viaje. Entonces, a veces sucede que alguien emprende un viaje y nos transmite su testimonio en un escrito, en una especie de bitácora donde anota, registra los recorridos, los accidentes, los encuentros y desencuentros, el paso manso de su errancia, los temporales que arrecian lo sabido, los paisajes que modulan el canto, los silencios que dejan oír el latido extravagante de la tierra cuando hacemos nuestro el litoral con los restos de lo visto y oído en el navegar sinuoso, en el rizo barroso que nos encalla. Desde la húmeda tosca que se abarranca, Guillermo Izaguirre se detiene y tiene una visión: tres ríos como tres cuerdas desanudadas por un genocidio silenciado. Tres ríos como las venas abiertas de un continente desangrado. Tres ríos singulares, diferenciados en sus torrentes, en el fragor que se cuece en sus entrañas, en las noches que reflejan tras los chañares sus lunas y estrellas, en sus remolonas aguas, cada río nombrado para siempre en una lengua, la lengua guaraní. Y la proposición de Guillermo Izaguirre consiste en un nuevo anudamiento: ese ramo de ríos anudados por el arte del litoral.
Viajar es experimentar un litoral. Escrito en la orilla es el testimonio de dicha experiencia. Experimentar un litoral implica un salto, no hay trazo anterior a su tachadura.
El arte del litoral también como sutura, como costura escondida del desgarro de la conquista. Un cuarto que suple un arte más ignorado que renegado. En este sentido, la incidencia política de Escrito en la orilla es una invitación a restablecer un continuo; a continuar nuestra educación, nuestra política, nuestro análisis. Imposibles, al decir de Freud. Educarnos, conocer y reconocer los albores de las lenguas que continuamente nos forman y nos deforman. Política de un modo de estar en el mundo, haciendo mundo. Análisis que devuelvan al tiempo su potencia.
Una visión implica lo disruptivo de la verdad y, en cuanto tal, quiebra la mecánica del lenguaje. La visión que nos acerca Guillermo Izaguirre en el sobrevuelo de los diversos poemas que recorren y escriben nuestro litoral nos invita a recordar las tres visiones del horizonte temporal: presente, pasado y futuro, imprescindibles para recordar que nuestra política no puede desoír la lucha, las discordias que habitan, que han habitado y que habitarán a nuestras comunidades.
El arte del litoral, en su función de cuarta cuerda, como nos propone pensar Guillermo Izaguirre, implica producir una lectura crítica, a contrapelo de los discursos que ordenan la cultura. Implica el reconocimiento real del otro, de una alteridad que debemos alojar. Ahí lo extraño de realizar un viaje. Ahí también el testimonio vivo de quien ha experimentado un litoral y nos acerca un recorrido posible, un camino. Y serán necesarios muchos recorridos, experimentar otros relieves para que lo político pueda volver a ser pensado con las lenguas que nos han trenzado, con los cantos que nos anudan a la tierra, con la luz de los paisajes que nos pintan entre ríos. Y así, tal vez, darle a nuestro único patrimonio, al decir de Lacan, el saber inconsciente, un soporte más propio.
* Psicoanalista.
Presentación
Este libro es el fruto del trabajo de un seminario presentado en la Fundación del Campo Lacaniano en 2018 y 2019. Especialmente quiero agradecer a quienes sostuvieron con su intercambio, con mayor persistencia, dicho seminario: Gustavo Garófalo, Graciela Guilis, Gabriela Insúa, Magdalena Klappenbach, Leonarda Kozakiewicz y María Teresa Vercesi, y también a quienes asistieron y participaron con menor asiduidad. El motor de su realización fue una pregunta: ¿en qué lengua se psicoanaliza en la cuenca del Plata? Pregunta que me llevó, quizá por mi formación, a un reclamo, un lamento: ¡ah! ¡Si Jacques Lacan hubiera recorrido desde las alturas de un vuelo de avión las cuencas de los ríos de América: el Hudson, el Misisipi, el Orinoco, el Amazonas o la del Río de la Plata! Si hubiera, a partir de ese supuesto viaje, compuesto un texto como Lituraterre escrito a partir de su viaje de Japón a Francia pasando por Siberia.
Sostengo la siguiente hipótesis: la conquista latina y anglosajona de América significó una catástrofe que destruyó las civilizaciones originarias. A partir de esa evidencia considero la siguiente analogía sobre el litoral de América del Sur: la cuenca del Río de la Plata está constituida por tres grandes ríos, el Paraguay, el Paraná y el Uruguay –con nombres guaraníes–, que imagino tendidos entre el infinito de la selva y el infinito del mar, como lo concibió Juan José Saer en sus novelas, que equivalen a tres cuerdas tendidas que pueden ser consideradas como tres anillos cerrados en el infinito. Quedaron desanudados y para anudarlos hacía falta un cuarto elemento. Supongo que antes de la llegada de los españoles fue la cultura guaraní la que se nutrió en esos ríos, y escribió sus mitologías y sus historias en esas orillas. Destruida esa cultura, los tres anillos se soltaron; pero creo que hubo un reanudamiento con las culturas que se constituyeron más tarde en esas orillas, donde se tejieron historias, relatos, imaginerías, literatura, pinturas, música, poesía, cine, teatro, rebeldías, matanzas, guerras, destrucción, con lenguas mezcladas y entre lenguas construidas. Todo ello es lo que nutre los psicoanálisis que se realizan en sus costas. ¿Con qué lenguas?
El presente libro es el recorrido por esas obras desarrolladas en las orillas. No solo muchas orillas, también entrecruzadas, dispares, complejas, con miles de vericuetos desconocidos, secretos y que alojan misterios. Misterios que solo se pueden develar en la singularidad del recorrido de cada uno de quienes habitan esos territorios acuosos. Cada uno escribe, habla, construye con sus manos y con el barro estas nuevas culturas. Por ejemplo, una ciudad, Resistencia, capital de la provincia del Chaco, aloja centenares de esculturas de centenares de artistas que se formaron con el barro. También la música con la tonalidad y melodía de los cursos de agua y los accidentes, suaves, de su geografía: chamamés, chamarritas, chacareras…
Este paisaje aloja numerosas lenguas. Desde las originarias que nunca se extinguieron y persisten hasta ser mayoritarias en algunas zonas, y no solo el guaraní, también muchas otras que viven a pesar de las matanzas a las que fueron y son sometidas: las lenguas de los wichis, qom, pilagás y muchas más. Mezcladas con las de quienes vinieron desde lejanos lugares: castellanos, portugueses, judíos de Europa Oriental, escandinavos, ingleses, irlandeses, franceses, italianos, alemanes, ucranianos, rusos, árabes, turcos.
Un paciente relata en su análisis que en la zona donde vivía en su infancia se hablaba cuatro lenguas y sus sueños, recuerdos y fantasías se nutren de ellas. No es una excepción.
Realicé un recorrido que puede considerarse análogo al atravesamiento de las tierras, los ríos, los bañados, las costas y las poblaciones del litoral, incluyendo una travesía a lo largo de los ríos Paraná y Paraguay en un crucero paraguayo, realizada por un grupo de profesionales y artistas y cuyo informe fue publicado en un texto notable con el nombre de Paraná Ra’anga.
Recorrí varios textos que me fueron llevando hasta la obra de Rodolfo Kusch y pasando por algunos escritos de la orilla: de poetas, cuentistas, novelistas, músicos, escultores, pintores, cineastas, fotógrafos y otros en busca del horizonte fluvial con estas nuevas culturas litoraleñas.
Me fui dejando llevar por lo que iba leyendo, deslizándome en la superficie, sin un plan preestablecido ni por caminos de un mapa construido por otros. La organización del escrito fue dándose imperceptiblemente a partir de lo que recorría, haciendo camino al andar y construyendo, como en Demian de Hermann Hesse, las huellas de un sendero.
Continué con otra pregunta que me fue llevando a lo que pienso que es el psicoanálisis e intenté inmediatamente recorrer, con alguna minuciosidad, los escritos que abren los Escritos y los Otros escritos de Jacques Lacan: el “Seminario sobre la carta robada” y Lituraterre.
Este recorrido tiene sus equivalencias con mi formación y, por lo tanto, con mis análisis. Es entonces momento de reconocer a mis maestros en psiquiatría y en psicoanálisis: Eduardo Mahieu, Paulino Moscovich, Rafael Paz, Valentín Baremblit, Carlos Guillermo Bigliani, Lea Nuss, Oscar Masotta, Juan Carlos Cosentino, Juanqui Indart, Jean Allouch, Delia Elmer y a quienes ocuparon el sillón de analistas: Clara Espeja, Alberto Fernández y Norberto Ferreyra. Y especialmente a los que se analizaron en transferencia conmigo, a mis alumnos y a todos aquellos con los que compartí enseñanzas y aprendizajes en los grupos de estudio, en las supervisiones, en los intercambios sobre clínica, en las instituciones y a los que asistieron a mi seminario. En especial quiero traer el recuerdo de alguien que fue muy importante y hoy no está entre nosotros, la querida amiga Nélida “Mimi” Halfon.
Agradezco especialmente a Graciela Guilis, quien me supo escuchar con paciencia, a Daniel Riquelme y Estela Maldonado, quienes me aportaron su generosa lectura, y a Diana Blumenfeld por su lectura, correcciones y sugerencias.
Recorrido indispensable de mi experiencia para poder efectuar el viaje que este libro pretende realizar por las orillas del litoral.
PARTE 1
CAPÍTULO 1
El psicoanálisis: ¿ciencia, magia, filosofía, religión, praxis…?
Un escrito de Jacques Lacan que más adelante trabajaré, “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”,1 incluye un párrafo que quiero tomar para comenzar este recorrido, porque es pertinente para mi propósito. Es de Leonardo da Vinci, en Códice atlántico, foglio 145, al que Lacan le da lugar de epígrafe. Dice:
Oh ciudades del mar, veo en vosotros a vuestros ciudadanos, hombres y mujeres, con los brazos y las piernas estrechamente atados con sólidos lazos por gentes que no comprenderán vuestro lenguaje y solo entre vosotros podréis exhalar, con quejas lagrimeantes, lamentaciones y suspiros, vuestros dolores y vuestras añoranzas de la libertad perdida. Porque aquellos que os atan no comprenderán vuestra lengua, como tampoco vosotros los comprenderéis.2
La primera pregunta que me surge es qué es el psicoanálisis. Se podría responder, si es que hubiera una respuesta, en el sentido de una definición. Tomo una de Lacan: un psicoanálisis es lo que hace un psicoanalista. ¿Es una respuesta? Creo que no, creo que es una chanza, una humorada, incluso una burla. Sin embargo, o por eso mismo, en ella se cuela la verdad. ¿Dónde? En el artículo indefinido “un”, en la singularidad. Un psicoanálisis se juega solamente en la singularidad. Se pueden decir muchas otras cosas, como “es una praxis” o “una técnica”, y muchas otras más; no se puede decir que sea ciencia, religión o magia.
Sigmund Freud lo dice con todas las letras: la ciencia no es demostrable, pero es refutable, mientras que el psicoanálisis no es ni demostrable ni refutable. Si en la experimentación o la observación científicas aparece un caso en que la ley no se cumple, cae. En ese campo la excepción pone a prueba la regla. Lo que ocurre en el campo del psicoanálisis es muy curioso. No es que la excepción confirme la regla –lo que sería lo contrario de la ciencia–, pero tampoco la pone a prueba. ¿Por qué? Volvemos al punto de partida: es que el psicoanálisis solo se juega en la singularidad. No hay universal para demostrar o refutar.
Escribe Lacan en “L’étourdit”, texto cuyo título se traduce en Paidós como “El atolondradicho”:
Los conjugo porque el existe uno en cuestión, al hacer de límite al paratodo, es lo que lo afirma o lo confirma (es lo que un proverbio objeta ya al contradictorio de Aristóteles).3
Se escribe así: ∃x − Φx es límite para ∀x Φx. Lo contradictorio de Aristóteles se da entre la universal positiva y la particular negativa; lo contradictorio de “Todos los hombres son mortales” es “Algún hombre no es mortal”.
Es la confirmación por la excepción. Por eso no importa si la interpretación es exacta o no lo es. Vale por otras razones que se encuentran en los dichos de los analizantes. Y eso es singular, no construye ningún universal. Si decimos “todos los hombres son analizables”, si se demuestra que hay uno que no lo es, no cae la regla; puedo seguir afirmando que es por la contingencia. Si interpreto “era su madre”, no importa si es verdadero o falso, sino que vale según lo que el analizante sigue diciendo; por ejemplo, que diga: “¡Ah! El viernes era el cumpleaños de mi madre y se me pasó”. No confirma la veracidad de la interpretación, pero tiene que ver con sus efectos.
Entonces, he aquí la paradoja del psicoanálisis: lo único universal que podemos afirmar es que solo se da en la singularidad. Nos situamos en una estructura y estamos, como correlato de ella, en la estructura del lenguaje. Nuestro campo está allí, en los goces del lenguaje. Analizar es ponerlos en juego. Sin embargo, podemos afirmar que hay conceptos en el psicoanálisis, pero solo se efectúan en la contingencia, en lo singular.
Si no es posible dar una definición del psicoanálisis, nos queda ponerlo en juego como praxis. Este es un término muy particular. Necesita explicaciones, al menos es necesario dar un rodeo. ¿Qué otra experiencia se definió como praxis? El marxismo o, mejor dicho, el discurso de Karl Marx. Un discurso que nació con el Manifiesto comunista de 1848, alumbrando la cuna de Freud. En el seno del marxismo el término “praxis” se considera como la actividad del hombre en cuanto sujeto histórico y social que se enfrenta con determinadas condiciones materiales de existencia y se inserta en el proceso de producción y en las estructuras sociales para transformarlos activamente. Esto se relaciona con lo afirmado por Marx en las Tesis sobre Feurbach, al decir que sus tesis, las de Marx, no son una filosofía puesto que no intentan explicar el mundo, sino transformarlo.4
Entonces, si bien “praxis” deviene originariamente del griego5 y del latín, idiomas en los que significa una práctica, en el curso de la historia, a partir del pensamiento de Marx, fue tomando otra significación.6 El Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española dice de este término, praxis, que es “práctica en oposición a teoría o teórica”.7
En el libro de Emanuele Coccia Filosofía de la imaginación, que trata sobre el averroísmo y el antiaverroísmo, el autor cita a Juan Damasceno, quien manifiesta una fenomenología del evento en función de sus causas, que pueden ser de Dios, “la sustancia y la providencia”; de la necesidad, “el movimiento que permanece de la misma manera”; del destino, aunque este es también obra de la necesidad, y, sostiene que “son obra de la fortuna lo raro y lo inesperado”, “acontece a entes carentes de vida”. Se pregunta: “¿[L]o que acontece por medio del hombre si el hombre no es causa y principio de la acción?”.8
Si existe una obra que caracteriza al hombre, que lo distingue, es lo que en griego se llama praxis. Es la esfera de eventos que tiene por causa al hombre. Sería el lugar de una cesura entre lo humano y lo natural. Así, el hombre no será un ente entre los entes sino “un vínculo específico entre potencia y existencia”. Lo que produce tiene también el poder de no producirlo. Es lo que a partir de las obras lógicas de Aristóteles se llama la contingencia, que deviene del modo de ser de todo lo que es humano.
Praxis es un tipo de acontecer. Es una tercera modalidad, ni posibilidad, ni necesidad. Hay una facultad, eph’hêmin, la obra propia del hombre, la que permite articular esta modalidad, y la praxis es el lugar de su experiencia. Se trata de los objetos que derivan de una poiesis. Hay coincidencia entre sujeto y objeto de la producción en toda praxis, de tal modo que el ser del productor y lo producido por la contingencia llegan a coincidir.
Ahora es necesario introducir la noción de discurso, porque es por medio de él que se es capaz de mostrar a la vez la cosa y su contrario. En el discurso interviene una función fundamental, la negación. Dios, la necesidad solo pueden hacer, no “no hacer” o decir no a la acción. Eso es solo potestad de la praxis. Dice Coccia: La praxis significa “el ámbito donde el pensamiento toma por objeto los movimientos del sujeto pensante y los determina”.9
De tal modo que no es el saber que tenga por objeto las acciones, sino que el saber mismo y el pensamiento devienen en acción. Otra forma de decirlo es que el discurso es siempre performativo. Cuando en Juvenilia de Miguel Cané el protagonista de la novela dice, en el momento de tomar la comunión, “paso”, es que se niega la comunión aunque podría haberla tomado, y es en el discurso donde se efectúa la negativa. Por su discurso se produce el rechazo.
Como se sabe, Freud también lo expresó al escribir que su teoría no es una “concepción del mundo”, como se traduce habitualmente Weltanschauung. Apoyándonos en esta afirmación freudiana, podemos decir que el psicoanálisis es una praxis y no una filosofía.
La intención de Freud fue transformar… Como él mismo lo expresa, lograr una transformación tal que el analizante pueda elegir libremente entre una y otra posibilidad.