Kitabı oxu: «Almanaque Histórico Argentino 1916-1930»

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Cao, Guillermo Máximo

Almanaque Histórico Argentino 1916-1930 : ampliación de la participación política / Guillermo Máximo Cao... [et al.] ; coordinación general de Guillermo Máximo Cao.- 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Bärenhaus, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-4109-94-1

1. Historia Argentina. I. Cao, Guillermo Máximo, coord.

CDD 982.061

© 2020, Guillermo Máximo Cao (coord.)

Asistente de Coordinación: Andrés Gurbanov

Corrección de textos: Mónica Costa

Diseño de cubierta e interior: Departamento de arte de Editorial Bärenhaus S.R.L.

Todos los derechos reservados


© 2020, Editorial Bärenhaus S.R.L.

Publicado bajo el sello Bärenhaus

Quevedo 4014 (C1419BZL) C.A.B.A.

www.editorialbarenhaus.com

ISBN 978-987-4109-94-1

1º edición: diciembre de 2020

1º edición digital: noviembre de 2020

Conversión a formato digital: Libresque

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446 de la República Argentina.

Sobre este libro

¿Por qué un Almanaque Histórico Argentino? Porque creemos que la Historia, como ciencia, reconstruye y analiza el pasado, interpretando las fuentes desde el presente. Y los presentes son todos distintos. Este de finales de la segunda década del siglo XXI que nos toca transitar, donde las fuerzas populares de extrema derecha crecen en todo el mundo y las crisis económicas globales son cada vez más seguidas, nos invita a mirar el pasado para encontrar similitudes y diferencias; para hallar continuidades y rupturas.

La UCR es el partido político más antiguo de la Argentina. Fundado en 1891, fue con el proceso de ampliación de la participación política que logró llegar a gobernar el país, a partir de 1916. Comenzaba así una etapa marcada por el impulso de ciertos cambios políticos y sociales graduales, montados sobre líneas de continuidad en materia económica. Sin embargo, problemas de gobernabilidad y la crisis de 1929 mediante, el período concluye con el primer golpe de Estado en la historia argentina y la reinstalación de proyectos conservadores.

Este Almanaque —denominación que pretende rescatar esas antiguas publicaciones que trataban distintos aspectos sobre un mismo tema (Almanaque Mundial, Almanaque de la Industria, etc.)— puede leerse por capítulos y no necesariamente de principio a fin. Cada uno de ellos aborda un aspecto del período de la historia argentina comprendido entre el 12 de octubre de 1916 y el 6 de septiembre de 1930.

Sobre Guillermo Máximo Cao

Guillermo Máximo Cao nació en 1958. Profesor de historia egresado de IES N°1 “Alicia Moreau de Justo”, es coordinador de “100 Historias”. Fue profesor de los colegios y curso de ingreso de la UBA, Carlos Pellegrini y Nacional de Buenos Aires.

Además de innumerables libros de textos escolares, es autor de Almanaque del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Argentina 1816-2016 (2016, Bärenhaus) y San Martín y el cruce de los Andes. Almanaque de la hazaña (2017, Bärenhaus), este último declarado de Interés Cultural y Social por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Es colaborador en diferentes medios de comunicación: TV, diarios y revistas. Recibió mención en el premio “Coca Cola en las Artes y las Ciencias 1989/90”. Expuso en Jornadas de Ciencias Sociales UBA, de Escuelas Medias Universitarias; profesorados Joaquín V. González, Alicia Moreau de Justo, Alfredo Palacios; en el Museo Histórico Nacional y en la Biblioteca “Esteban Echeverría” de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Índice

  Cubierta

  Portada

  Créditos

  Sobre este libro

  Sobre Guillermo Máximo Cao

  Autores del presente volumen

  100 Historias: Presentación

  Introducción

  Capítulo I. Presidencias radicales (1916-1930)

  Capítulo II. La política económica de los gobiernos radicales

  Capítulo III. El radicalismo y el movimiento obrero: entre la negociación y la brutal represión

  Capítulo IV. Mujeres: imágenes, mandatos y luchas en la década del 20

  Capítulo V. Las presidencias radicales entornan las puertas

  Capítulo VI. El mundo cultural de los años veinte: entre las vanguardias y la industria cultural

  Capítulo VII. Los gobiernos radicales y la educación

  Capítulo VIII. No todo lo que brilla es oro

  Capítulo IX. Delito y modernidad

  Capítulo X. Der deutsche Rächer: El vengador alemán

  Capítulo XI. Vengarás tus muertos

  Capítulo XII. Almanaque 1916-1930

  Integrantes de 100 Historias que colaboran en otros tomos

AUTORES DEL PRESENTE VOLUMEN

MARCELA MARTA ALONSO

Es profesora de Historia egresada del Profesorado del Sagrado Corazón. Diplomatura en Gestión Educativa (FLACSO). Diplomatura de Género y Movimientos Feministas en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Ha trabajado en el Instituto Domingo F. Sarmiento, en el Nacional N° 6 (Florida), en Oxford High School y en el Instituto Industrial Luis A. Huergo como profesora de Historia y de Formación Ética y Ciudadana. Fue profesora de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautora del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba. Es Rectora del Instituto Vocacional Argentino. Participa en talleres literarios.

CELESTE CASTIGLIONE

Licenciada en Ciencia Política (FSOC-UBA) y en Sociología (FSOC-UBA), Posgrado en Ciencia Política y Sociología (FLACSO) y Doctora en Ciencias Sociales (UBA). Es investigadora adjunta de CONICET, con lugar de trabajo en el Instituto de Investigaciones en Contextos de Desigualdades (IESCODE) de la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ) donde dirige tres proyectos de investigación. Profesora de la Facultad de Derecho de la UBA, dicta seminarios de posgrado y doctorado en la UNPAZ e investigadora de proyectos del Instituto de Investigaciones “Gino Germani” (FSOC-UBA) y de la UNLP. Vicepresidenta de la Asociación Argentina de Estudios Coreanos (AAEC). Ha concurrido como invitada y expositora a congresos relacionados con el campo migratorio y publicado artículos en revistas nacionales e internacionales. En 2018 junto a la investigadora Cristina Barile compilaron el libro Morir no es poco. Estudios sobre la muerte y los cementerios (Ed. Continente). Y en 2019 publicó Relatos migrantes. Historias de vida y muerte en José C. Paz (EDUNPAZ). Se desempeña como profesora de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautora del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

JUAN FERNÁNDEZ

Profesor de Historia en la cátedra de “Historia Social Contemporánea”, en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) y en la cátedra de “Problemas de Historia Argentina”, en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (Florencio Varela). Titular de la materia “Historia Contemporánea mundial I y II”, en el Profesorado de Historia “Instituto Alfredo L. Palacios” de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Profesor a cargo de la cátedra “Historia de la Ciencia y de la Técnica” dictada en la Universidad de Morón (Carrera de Ingeniería). Se desempeña como profesor de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautor del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

MARÍA CECILIA GASCÓ

Es licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA), profesora en Historia (IES N° 1 “Alicia Moreau de Justo”) y Maestría en Historia (UNTREF). Docente del seminario “Sujetos, identidades y proyectos políticos en la historia reciente: las transformaciones del peronismo (1955-1976)” de la Carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), cátedra Friedemann. Expositora, presentadora y comentarista en mesas y jornadas de Historia y Ciencias Sociales sobre temas vinculados a Historia intelectual, Historia de los intelectuales, Historia de las ideas e Historia cultural. Redactora de contenidos de textos curriculares, cuadernillos y materiales de cátedra, artículos y capítulos de libros. Se desempeña como profesora de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautora del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

FERNANDO ANTONIO MASTANDREA

Profesor en Historia, egresado del ISP “Joaquín V. González”. Especialista en Ciencias Sociales y su Enseñanza, postítulo otorgado por el INFD. Ha desempeñado o desempeña distintas tareas en tres niveles educativos: primario, secundario y terciario. Ejerce en la actualidad en el ISP “Joaquín V. González” y en la Escuela de Comercio N° 7 “Manuel Belgrano”. Ha publicado artículos en libros y revista, tanto sobre temas históricos como educativos. Se desempeña como profesor de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautor del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

EDUARDO PABLO PELOROSSO

Es profesor de Historia en nivel medio y superior, egresado del Instituto del Profesorado del CONSUDEC “Septimio Walsh”. Es docente de Historia Social Latinoamericana en la carrera de Geografía de dicho establecimiento. Docente de Historia, Geografía, Geografía Regional y Económica, Formación Ética y Ciudadana, Sociología y Taller de Sociedad y Estado (además de los cargos de Coordinador del Departamento de Ciencias Sociales y Tutor) en el Instituto Colegio de Nuestra Señora, Complejo Educativo Nuevo Sol y Escuela de Comercio Nº 36 D. E. 03 “Isaac Haperín”. Se desempeña como profesor de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA).

ANDREA PEREYRA

Estudió el profesorado de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). Se desempeña como docente en escuelas medias de la Capital Federal. Becaria del Fondo Nacional de las Artes. Publicó Cuentos con Historias junto a la escritora Agustina Caride. En el año 2018 obtuvo la Diplomatura en Gestión (FLACSO), y en 2019 la Diplomatura en Género y movimientos feministas, de la Facultad Filosofía y Letras (UBA). Se desempeña como profesora de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautora del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

SILVINA PESSOLANO

Profesora de Historia graduada en el Profesorado “Joaquín V. González”. Autora de los libros de actividades para docente del Almanaque de Bicentenario de la declaración de la Independencia Argentina (1816-2016) y de San Martín y el Cruce de los Andes. Almanaque de la hazaña (ambos de editorial Bärenhaus). Profesora del Colegio Nacional de Buenos Aires (UBA) y del Centro Educativo San Francisco Javier, Instituto La Candelaria y ex profesora del CONSUDEC. Se desempeña como profesora de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautora del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

ALBERTO ROSSI

Es profesor en Historia, recibido en el Instituto Obra Cardenal Ferrari. Docente de escuela media y de institutos terciarios. Se desempeña como profesor de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautor del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

ANA TRENTI

Profesora de Historia en el ISP “J. V. González”. Especialista y adscripta a la cátedra de Historia Europea Contemporánea en dicho establecimiento. Especialista en Derechos Humanos Económicos, Sociales y Culturales en la UMET. Estudió Educación en la Universidad del Salvador. Diplomada en Constructivismo y Educación (FLACSO). Diplomada y Especialista en Educación y Gestión Educativa (FLACSO). Especialista en Enseñanza de la Ciencias Sociales (USAL). Trabajó en proyectos de aprendizaje en las escuelas medias del GCBA. Profesora del Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media de la UBA. Es rectora del Liceo Nº 3 de Barracas y profesora en escuelas medias. Realizó varias ponencias en la Universidad de Unioeste, en Foz de Iguazú y en el ISP “Alicia Moreau de Justo”. Actualmente cursa la Maestría de Historia en UNTREF. Se desempeña como profesora de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA). Es coautora del libro de Historia del CIEEM (UBA), Eudeba.

JUAN MARTÍN TUPILOJON FERNÁNDEZ

Profesor egresado del Instituto Superior de Formación Docente Nº 1 de la Ciudad de Avellaneda. Es preceptor en el Colegio Nacional de Buenos Aires y enseñó en el colegio secundario Nuevo Sol, de Caballito. Se desempeña como profesor de Historia en el Curso de Ingreso a las Escuelas de Educación Media (UBA).

100 HISTORIAS: PRESENTACIÓN

Somos un grupo de profesores de Historia, convocados para dictar clases en el curso de ingreso a los colegios de la UBA: Carlos Pellegrini y Nacional de Buenos Aires. En dicho curso, además de desempeñarnos como docentes, participamos en la elaboración de los libros que utilizan los estudiantes.

El conjunto de profesores de Historia, sede Pellegrini, fue adoptando a lo largo de los años, características que, aunque fuimos formados en distintas instituciones, con diferentes trayectorias y especializaciones, logramos conformar un equipo de trabajo eficiente, solidario y de una capacidad profesional, digna de ser aprovechada para crear y construir otro tipo de acciones. De allí surgió la idea de crear 100 Historias, un equipo de trabajo que tiene el objetivo de investigar, estudiar, interpretar, debatir, la historia para difundirla como una herramienta de análisis y transformación del presente.

Nos fijamos, como tarea inicial, construir una historia argentina desde sus orígenes hasta la actualidad, plasmada en este Almanaque Histórico Argentino, cuyo nombre es para rescatar antiguas publicaciones que abordaban una temática, en este caso la historia argentina, desde diversos aspectos. Por eso, además de un capítulo de la historia de cada período, existen trabajos específicos sobre economía, género, migraciones, cultura, ideologías, finalizando con una completa cronología de los hechos destacados y apuntes biográficos de sus protagonistas.

El objetivo de este Almanaque es proponer una historia, que sirva para abrir un debate sobre nuestro pasado en función del presente. No es cuestión de utilizar la memoria colectiva solamente para no olvidar. La misión es que, a partir de ella, se pueda transformar, crear, construir, un futuro mejor.

100 Historias está integrado por un grupo de docentes trabajadores intelectuales, que los une su pasión por la educación y la historia, las que son consideradas como herramientas fundamentales de transformación del presente y construcción del futuro.

Marcela Alonso, Walter Ballesteros, Guillermo Cao, Celeste Castiglione, Juan Fernández, Cecilia Gascó, Andrés Gurbanov, Fernando Mastandrea, Carlos Oroz, Eduardo Pelorosso, Andrea Pereyra, Silvina Pessolano, Alberto Rossi, Ana Trenti, Juan Martín Tupilojon.

INTRODUCCIÓN

La Unión Cívica Radical es el partido político más antiguo de la Argentina, que a pesar de varias escisiones perdura y tiene vigencia en la actualidad. Si bien su fundación se remonta a 1891, recién con la ley electoral de voto secreto y obligatorio pudo ganar las elecciones presidenciales, por tres períodos consecutivos, hasta que el primer golpe de Estado de la historia del siglo XX, el 6 de septiembre de 1930, terminará no sólo con la segunda Presidencia de Yrigoyen, sino con el sistema de elecciones sin fraude.

Este período que abordamos en este volumen del Almanaque Histórico Argentino tiene varias particularidades. Fueron los primeros gobiernos de nuestra historia elegidos masivamente, lo que permitió la participación de sectores, hasta ese momento invisibles, tanto como votantes, como candidatos. Estos nuevos protagonistas de la política como ciudadanos plenos pertenecían mayoritariamente a los hijos de inmigrantes, que no se habían nacionalizado y que soñaban en algún momento volver a su país de origen. Estos sectores considerados “medios” se educaron en Argentina, con la ley 1420 de educación primaria, obligatoria, gratuita, laica, logrando un ascenso social jamás pensado por sus padres en sus países de origen.

El radicalismo, que se había convertido en el principal partido opositor, llega a la Presidencia de la Nación, pero no logra controlar todos los mecanismos de poder, del sistema constitucional, teniendo graves problemas de gobernabilidad, plasmados en la imposibilidad de sancionar varias leyes fundamentales. De todas formas, ni Yrigoyen ni su partido, tenían la intención de producir grandes cambios en el modelo económico, pero les preocupaba fundamentalmente darle independencia política a la Argentina y respetar las instituciones democráticas. Por otra parte, la oposición conservadora no logra aglutinarse tras una figura o un partido unificado y entra en acción como mayor fuerza opositora a Yrigoyen, más que a la UCR, la prensa escrita, que se van a convertir en factor desestabilizante del sistema.

Las presidencias del período y su accionar político tanto en lo nacional como en sus relaciones exteriores están desarrolladas en el primer capítulo. En el siguiente se explica y analiza la política económica, que si bien no se planteaba grandes cambios con respecto al modelo agroexportador, implementado desde el siglo anterior, propone algunas medidas que significaban una orientación distinta para algunos temas económicos. También es analizado el contexto económico internacional que conlleva grandes cambios en el mundo. La economía de guerra, la posterior, el crecimiento de EE.UU. culminando con la crisis financiera de 1929.

Uno de los puntos más controvertidos del período es la relación de los presidentes radicales con el movimiento obrero. Sobre todo por las sangrientas represiones de algunas huelgas. Tanto la evolución del sindicalismo como los conflictos y su resolución están desarrollados en el tercer capítulo.

Si los hechos históricos son inmodificables, su análisis e interpretación desde cada presente es distinto. Por eso en cada volumen de nuestro Almanaque Histórico Argentino incorporamos secciones que tienen que ver con temas trascendentales en el presente siglo XXI: género y migraciones. Desarrollados en los capítulos IV y V, respectivamente. La cultura y la educación también están analizadas con miradas particulares, desde este presente, en el VI y VII, correspondientemente.

Los cuatro capítulos siguientes abordan diferentes aspectos del período, aportando análisis originales sobre la masacre de Napalpí en 1924 (VIII), el tratamiento del delito (IX) y el anarquismo y la historia de algunas de sus figuras (X y XI).

El último capítulo, como en todos los libros de la colección, está destinado al Almanaque, una cronología del período con los hechos salientes de todos los aspectos que hacen a la memoria de un país. Además de aportar los datos biográficos más importantes de las personalidades del momento, pero sobre todo de los integrantes de los gabinetes ministeriales de cada presidente.

Cada capítulo cuenta con su bibliografía específica, respaldando cada uno de los análisis y conclusiones de este. Y, como decimos siempre, sólo nos resta esperar que disfruten y se apasionen leyendo este libro, como nosotros al escribirlo.

Guillermo Cao, Coordinador de 100 Historias, Buenos Aires, octubre de 2020

CAPÍTULO I
PRESIDENCIAS RADICALES (1916-1930)

Guillermo Máximo Cao

Presidencia de Hipólito Yrigoyen (1916-1922)

Cuando el 12 de octubre de 1916 asumió Hipólito Yrigoyen la presidencia, se terminó una etapa de lucha de su partido, la Unión Cívica Radical (UCR), por un sistema electoral transparente. Lucha que se había dado a través del abstencionismo electoral, es decir no presentar candidatos y no concurrir a votar, y por las revoluciones armadas como las de 1890, cuando todavía era la Unión Cívica y las de 1893 y 1905. Pero si bien se había obtenido el sufragio obligatorio y secreto y el radicalismo había llegado a la presidencia, eso no significó que haya logrado controlar todos los mecanismos de poder.

El propio Yrigoyen en las dos últimas revoluciones (término utilizado en la época en lugar de sublevación para derrocar un gobierno o golpe de Estado), había organizado un gobierno provisorio para asumir y utilizar los métodos de facto, legitimados justamente por la falta de legalidad que tenían los gobiernos que habían llegado al poder por el fraude electoral. El llegar a la presidencia de esa forma, le permitía prescindir de todo el sistema elegido de forma irregular, incluyendo el Poder Legislativo y las gobernaciones provinciales, que justamente son las que le van a ocasionar dificultades para la gobernabilidad.

El haber obtenido un indiscutido triunfo electoral, con la Ley Sáenz Peña, no le permitía disponer el control del Senado y de las provincias, que mantenían los legisladores y gobernadores conservadores.

Esto no quiere decir que el líder radical hubiese querido implementar grandes cambios en el modelo económico y social. De hecho, jamás propuso, ni intentó salir de la estructura agroexportadora. Tampoco tenía un proyecto de grandes cambios en la estructura social. Si bien en ambos casos, y en general en toda su política, se diferenció de los gobiernos anteriores, no fue sustancialmente distinta. En todo momento utilizó los términos “causa regeneradora” o “reparación” para definir su proyecto y el de su partido.

Pero también es cierto que los cambios que quiso realizar, como, por ejemplo, el manejo por parte del Estado del petróleo o del transporte, se vieron frenados por la oposición del Senado y muy especialmente de los medios de prensa tradicionales, que se convirtieron en la principal y más organizada expresión de la oposición.

Las elecciones

En 1912 se promulgó la ley 8871 conocida como “Sáenz Peña”, por el presidente que la propuso. Establecía el voto secreto, obligatorio y si bien no prohibía el voto de la mujer, indicaba que los padrones electorales se debían realizar con los datos del servicio militar obligatorio, que era exclusivo para hombres. El sistema electoral para presidente y vice establecía que los ciudadanos elegían a los candidatos a electores que presentaba cada partido, los cuales se reunían y votaban entonces a los candidatos a presidente. En las elecciones del 2 de abril de 1916, Hipólito Yrigoyen, candidato de la UCR, ganó con el 47,25% de los votos (372.810) y la mayoría de los electores en el Colegio Electoral con 141 de los 300 integrantes, faltándole diez para acceder a la presidencia. En segundo lugar, el gobernador sanjuanino Ángel Dolores Rojas, que era apoyado por sectores conservadores que habían integrado el PAN (Partido Autonomista Nacional), obtuvo el 25,88% (154.549) y 69 electores. Lisandro de la Torre, del Partido Demócrata Progresista (PDP), obtuvo el 13,71% (140.443) y 57 electores. En último lugar, Juan B. Justo, candidato del Partido Socialista (PS), logró el 9,21% (56.107) y 14 electores. Los restantes votos fueron a parar a partidos sin fórmula presidencial, y la Unión Cívica Radical Disidente (UCR-D), un sector del radicalismo contrario a Yrigoyen obtuvo 19 electores en la provincia de Santa Fe. La participación fue del 62,71% del electorado registrado. El 20 de julio se reúne el Colegio Electoral y triunfa Yrigoyen con 152 votos sobre 300 con votos de la UCR-D.

Los ministros

Yrigoyen, con 64 años, elige a quienes lo van a acompañar en el Poder Ejecutivo no por su experiencia en la función pública, que de hecho no tenía integrantes del partido que hayan participado en gobiernos anteriores, sino más por la lealtad demostrada a su persona y a sus ideas. Como ya dijimos, la UCR no se proponía grandes cambios en lo económico y varios de los integrantes de su gabinete pertenecían al sector agropecuario. Inclusive ocupando cargos ajenos a su actividad como el ministro de Marina, Álvarez de Toledo, ingeniero agrónomo, que tuvo mucha oposición en la Armada justamente por no ser hombre perteneciente al arma. Igualmente llamará la atención pública que el ministro de Guerra también sea un civil. (Véanse los ministros en el capítulo XII.)

La conocida historia del embajador británico que visita a Yrigoyen en un encuentro protocolar y le recuerda que es una tradición que el Presidente de la República Argentina consulte al gobierno de Londres respecto de la formación del gabinete de ministros, demuestra la enorme dependencia política que tuvieron los gobiernos conservadores, por supuesto, por voluntad de estos y no por una imposición británica, ya que Yrigoyen contesta que esa tradición se debe dar por terminada a partir de su gobierno, sin mayores consecuencias.

El Congreso y los gobernadores

Con la llegada de Yrigoyen al poder se produjo un cambio en la forma de hacer política. El nuevo presidente era un líder popular que utilizaba novedosos métodos de conducción, a partir de la influencia ejercida sobre los nuevos grupos medios y los sectores populares urbanos quienes, hasta ese momento, en su mayoría no habían tenido participación política.

La estrategia utilizada por el gobierno para influir masivamente sobre estos grupos se basó en la instrumentación de técnicas de patronazgo político, lo cual desembocó en la creación de numerosas designaciones políticas y burocráticas. Esta otorgación masiva de cargos se usaba con el objetivo de vincular empleados del Estado con los comités de la UCR y sus respectivos caudillos o “punteros” e indirectamente estimular al electorado. La excesiva cantidad de puestos creados durante esos años incidió negativamente en el gasto público. Simultáneamente se produjo una transformación de los partidos políticos que se convirtieron en organizaciones de masas de representación nacional.

A esto hay que sumarle una enigmática atracción que producía el propio Yrigoyen, quien no daba discursos en actos masivos y tenía una oratoria complicada y muchas veces hasta difícil de entender. Pero sus coloquios con pequeños grupos y sus misteriosas apariciones en los actos públicos, ya que muchas veces no subía a los estrados, pero se corría la voz de que el líder se encontraba en el lugar y algunos adivinaban haberlo visto o aseguraban que estaba en la ventana o balcón de una casa cercana.

El comienzo de la experiencia radical en el poder fue difícil en tanto debió enfrentar una oposición compuesta por un amplio espectro de fuerzas políticas: desde el conservadurismo, irritado por el peso y las actitudes populares de la UCR, hasta el Partido Socialista, que competía con el gobierno por la representación de los trabajadores y denunciaba de la misma manera que el Partido Demócrata Progresista, actitudes demagógicas en Yrigoyen. Aunque la oposición fue descarnada, no presentó un frente unificado: mientras los conservadores eran fuertes en numerosas provincias, especialmente Buenos Aires, también tenía sus propias divisiones internas. Por su parte el socialismo tenía su principal fuerza en la Capital, pero también sufrió el desprendimiento en 1918 del Partido Socialista Internacional luego convertido en comunista. Y los demócratas progresistas sólo tenían peso en Santa Fe.

El propio radicalismo, sobre todo en el Interior del país, tenía gran cantidad de facciones, que respondían a los caudillos zonales muchas veces duramente enfrentados. Y si bien la figura del líder podía unir a los electores del radicalismo alrededor de su figura, en las elecciones locales no lograba obtener gobernaciones e intendencias por las propias divisiones. Eso explica cómo Yrigoyen triunfaba con amplio margen en las presidenciales, pero a lo largo de catorce años no logró controlar el Senado.

La oposición tampoco lograba unificarse y tener un discurso único. Era más efectiva la insistente crítica ejercida desde los principales diarios, como La Prensa y La Nación o el periódico socialista La Vanguardia, quienes centraban su ataque a la figura de Yrigoyen. Desde sus columnas se lo acusaba de ignorante y demagogo por su peculiar relación con los sectores populares, se criticaba sus intervenciones provinciales y la falta de consulta al parlamento y se lo asociaba despectivamente a los caudillos del siglo XIX.

Uno de los más importantes problemas de la UCR se hallaba en el parlamento. La oposición conservadora dominaba el Senado y pudo frenar los proyectos del Poder Ejecutivo que no le convenían. A pesar de los categóricos y sucesivos triunfos en las elecciones posteriores el radicalismo nunca pudo controlar la Cámara de Senadores. En Diputados recién lograron una frágil mayoría en las elecciones de 1918.

Importantes proyectos fueron rechazados o no fueron tratados como la creación de un banco agrícola, el fomento de la colonización rural, la creación de una flota mercante. Frente a esto Yrigoyen no permitió a sus ministros concurrir a las interpelaciones pedidas y él mismo se comunicaba únicamente por escrito con el Congreso.

Además, la oposición gobernaba en la mayoría de las provincias, mientras que la UCR sólo lo hacía en Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe. Tanto por esta circunstancia como por el convencimiento de los radicales de que tenían que encarar una tarea de reparación nacional, el gobierno de Yrigoyen apeló en veinte oportunidades (quince por decreto y cinco por ley del Congreso) a la intervención federal a distintas provincias. Las intervenciones fueron a Buenos Aires, Corrientes, Mendoza, Córdoba, Jujuy, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Salta, San Luis, Santiago del Estero y San Juan. El argumento principal del gobierno Nacional era que esos gobernadores habían sido elegidos mediante el fraude electoral.

Esta política interventora no sólo profundizó las distancias con la oposición, sino que además generó duros enfrentamientos internos en la UCR y también en el sector militar, ya que en muchas oportunidades la intervención era acompañada por el Ejército. Dentro de las filas armadas, además, hubo denuncias de favoritismo hacia los oficiales que habían participado en las “revoluciones” radicales de 1890, 1893 y 1905, premiándolos con ascensos y promociones. Se acusaba a Yrigoyen, desde los cuarteles, pero también desde la prensa opositora, de politizar a las Fuerzas Armadas haciéndolas participar en las intervenciones federales y en las represiones en los conflictos obreros. Esta fue la excusa para la organización de un movimiento interno en el Ejército, opositor al sector de oficiales yrigoyenistas, que derivó en la creación de la Logia San Martín, que intentó controlar a la fuerza y al Círculo Militar. La posición belicista, de la mayoría del sector castrense, frente a la neutralidad argentina y las acusaciones al gobierno de desatender el reequipamiento militar frente al avance armamentista chileno, ayudaron al descontento dentro de la fuerza.

Cabe destacar que durante toda su presidencia se respetó el ejercicio de la absoluta libertad de prensa, a pesar de la dureza de las críticas y sátiras hacia su persona y su forma de gobernar. También mantuvo muy buenas relaciones con la Iglesia Católica, diferenciándose de las políticas laicas de sus antecesores. En sus discursos estaban siempre presente invocaciones y expresiones religiosas.

La neutralidad

Otro aspecto controvertido del gobierno radical fue su política externa, especialmente su postura ante la Primera Guerra Mundial. Yrigoyen continuó la neutralidad iniciada por su antecesor, Victorino de la Plaza. Y Argentina se mantuvo neutral hasta el final del conflicto a pesar de la oposición de conservadores y socialistas, que pedían la ruptura de relaciones con Alemania e inclusive la declaración de guerra. Los principales diarios también lo presionaron para romper relaciones diplomáticas con Alemania y sus aliados. Desoyó la decisión del Congreso al respecto e incluso enfrentó posturas internas del radicalismo, como las de Leopoldo Melo, quien era partidario de declarar la guerra a los alemanes.

En febrero de 1917, Alemania declaró que iba a atacar a todo el tráfico marítimo, beligerante o neutral, en las zonas de bloqueo cercanas a Gran Bretaña, Francia e Italia. Además, se conoce la entrada en guerra de EE.UU., Brasil, Perú y Uruguay. La oposición, sobre todo por medio de los periódicos, presionó para cambiar la postura del gobierno.

La situación se agrava cuando en abril es hundido el buque argentino Monte Protegido, previo desembarco de sus tripulantes. El gobierno argentino, a través de su cancillería, reclama enérgicamente a Alemania las reparaciones materiales y los actos de desagravio correspondientes. Si bien la cancillería alemana responde satisfactoriamente, en junio son capturados otros dos buques mercantes, Toro y Oriana. En esta oportunidad se produce un duro cruce de notas, hasta que finalmente Alemania se aviene a los pedidos de Argentina.

En medio de este contexto sumamente tenso, la embajada de EE.UU. remite al gobierno argentino, pero también a la prensa opositora, un telegrama del embajador alemán en Buenos Aires enviado a su país, recomendando el hundimiento de varios buques argentinos que llevan mercaderías a Inglaterra e insulta al ministro Pueyrredón tratándolo de “burro”. El telegrama interceptado por los servicios de inteligencia norteamericano y difundido públicamente provocó un escándalo mayúsculo que llegó a ser debatido en el Congreso. Allí, como a través del diario radical La Época, se denuncia la sumisa y casi humillante actitud neutralista del gobierno anterior por orden de Gran Bretaña, que ahora se ha transformado en belicista ante las presiones de EE.UU., en contra de la independiente neutralidad, demostrada con duras posiciones frente a unos y otros.

A pesar de todo, Yrigoyen, persistió en su política de independencia diplomática, particularmente frente a los EE.UU. y mantuvo la neutralidad durante el conflicto. Aunque fracasó en su intento por organizar una conferencia latinoamericana de naciones neutrales, tuvo mayor impacto la decisión de apoyar el principio de igualdad de los Estados en la conformación de la Sociedad de las Naciones. A las reuniones previas a su organización, realizadas en Ginebra, concurrió la delegación argentina encabezada por el embajador en Francia, Marcelo T. de Alvear, quien demostraría que no estaba convencido con la postura intransigente de Yrigoyen de no avalar ningún tipo de exclusiones ni diferencias entre los países que conformen la Sociedad. Debido a la aceptación de Alvear de avanzar con las negociaciones sin ser aprobada la postura argentina, se lo intima a definir la cuestión y ante la decisión de excluir a varias naciones por parte de los países vencedores de la guerra, el canciller Honorio Pueyrredón ordena el retiro de la delegación.

La reforma universitaria

Las causas de la reforma universitaria fueron básicamente dos. Los sectores medios integrados por inmigrantes e hijos de inmigrantes querían el ascenso social a partir de ejercicio de profesiones liberales. La otra causa es que el régimen universitario especialmente en la Universidad de Córdoba tenía programas de estudio anacrónico y su cuerpo de profesores y directivos era elitista y conservador.

El conflicto se inició a fines de 1917, cuando en la Facultad de Medicina se resuelve suprimir el sistema de practicantes en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Córdoba. Los estudiantes realizan una huelga y el presidente Yrigoyen interviene la Universidad y nombra a al doctor José Nicolás Matienzo (1860-1936) quien reforma los estatutos tomando como modelo los de la Universidad de La Plata.

En ese marco se realizan elecciones y triunfa la fórmula contraria a los estudiantes reformistas y se inicia nuevamente el conflicto denunciando el anacronismo de los programas de estudio, la rigidez de los reglamentos y el autoritarismo de docentes que conforman una elite intelectual perteneciente a un modelo antidemocrático, que no permiten la participación de los estudiantes en el gobierno de la Universidad.

“La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio de los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa. La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su Federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que inicia.”1

Los estudiantes exigían participación en el gobierno y libertad de cátedra. La movilización estudiantil también se expresó como antiimperialista y coincidió con las luchas obreras nacionales y con la Revolución Rusa en el ámbito internacional, que causó un gran impacto entre los sectores progresistas y reformistas de todo el mundo.

Yrigoyen recibe una delegación de la Federación Universitaria Argentina a la que alienta y apoya decididamente reconociendo la justicia de los reclamos. Los que va plasmando en algunos decretos. Es cuando la protesta se expande a todas las universidades argentinas, pero también llega a la mayoría de los centros de altos estudios de América. Primero en Perú, Chile y México y luego se expande a Uruguay, Cuba, Colombia, Ecuador y Bolivia.

En La Plata, en octubre de 1919 se produce una gran manifestación estudiantil que es duramente reprimida por orden del gobernador José Camilo Crotto (1863-1936). Yrigoyen defiende a los estudiantes y desautoriza públicamente al gobierno provincial. Entre las medidas a favor de la reforma se encuentra la creación de la Universidad del Litoral con el nuevo régimen de autonomía y gobierno propio.

La reforma fue la afirmación de las transformaciones producidas en la sociedad argentina, en especial de los emergentes sectores medios. El gobierno radical apoyó a los reformistas que lograron algunos cambios importantes, ya que los estudiantes se integraron al gobierno, los profesores más conservadores fueron removidos y se modificaron algunos contenidos y prácticas pedagógicas. El éxito de la reforma se verá plasmado con el transcurso del tiempo, cuando se vaya democratizando la vida en las universidades nacionales, se logre el gobierno tripartito (docentes, estudiantes y graduados) y se consolide la libertad de cátedra y de expresión de la comunidad educativa.

La “grippe” española2

En la mayoría de los libros de historia escritos sobre este período no figura casi mención de la pandemia llamada “gripe española”. Por la situación vivida en nuestro país al momento de escribir este libro (2020) es inevitable describir cómo se vivió en Argentina, y para eso tomamos como fuente principal varios artículos del investigador del CONICET Adrián Carbonetti, en especial el publicado en 2010 por la revista Desacatos, “Historia de una epidemia olvidada. La pandemia de gripe española en la argentina, 1918-1919”.

En 1918 y 1919, una pandemia de gripe causó más de 50 millones de muertos en todo el mundo, más del doble de la recién terminada Primera Guerra Mundial. Los gobiernos europeos y de EE.UU., donde más afectó la enfermedad, trataron de ocultar la gravedad de lo que sucedía a tal punto que se la conoce como gripe española, porque los diarios de ese país eran los que más difundían lo que estaba pasando, ya que España al no haber participado en la gran guerra, no tenía que evitar difundir una segunda catástrofe en tan poco tiempo.

Uno de los aspectos que llama la atención con respecto a esta enfermedad fue la denominación que se le dio por parte de las autoridades sanitarias y por los médicos en general: “grippe”. Posiblemente esa doble “p” se haya constituido en un elemento diferenciador de la enfermedad que aparecía todos los años, menos devastadora y más recurrente que la gripe española.

En Argentina el gobierno democrático de Yrigoyen tomó desde el Estado las medidas necesarias. La gran epidemia de fiebre amarilla de 1871 y la de cólera de 1887, con la destacada actuación del médico higienista José Penna, había alertado a las autoridades sanitarias de nuestro país. El “higienismo” era la corriente predominante para el mejoramiento de las condiciones sanitarias en las grandes ciudades, y la de Buenos Aires era considerada una de las más higiénicas del mundo. El municipio contaba con 17 hospitales, donde en 1918 se atendieron más de 100.000 personas. Tenía el mejor sistema sanitario, red hospitalaria, y número de médicos por habitantes del país.

En el primer semestre de 1918 empezaron a aparecer los primeros casos en Argentina ingresados por el puerto de Buenos Aires. En los primeros momentos se le restó importancia a la enfermedad, ya que su gravedad estaba siendo ocultada por la mayoría de los países más damnificados. Pero cuando fue creciendo la mortandad, los diarios opositores comenzaron a advertir la gravedad, a reclamar medidas y al mismo tiempo a dar recomendaciones de productos que podían prevenir la “grippe”, acompañadas de publicidades y al mismo tiempo provocando el aumento de precios y la escasez de ciertos productos como el agua oxigenada y el alcanfor medicinal.

En octubre de 1918 se decidió emprender la limpieza del Riachuelo, efectuar exámenes de salud a los inmigrantes que llegaban en barcos procedentes de Europa, e internar en cuarentena en un lazareto en la isla Martín García a aquellos que presentaran síntomas de gripe. Además de evitar reuniones en lugares cerrados, se suspendieron las clases en escuelas primarias y secundarias, se prohibieron los espectáculos públicos, se clausuraron music halls y circos. En noviembre se comenzó a derivar los enfermos graves de gripe al Hospital Muñiz, y se profundizó la cuarentena en la isla Martín García.

Como prevención se hacían desinfecciones en lugares públicos, oficinas y tranvías. Se prohibió escupir en el suelo. Se recomendaba desinfección de boca y garganta con soluciones de agua oxigenada, o con una mezcla de aceite y mentol, que también se usaba en inhalaciones. Pero el antiséptico más popular contra la gripe era el alcanfor, que llegó a escasear seriamente. El periodismo, que primero ocultó la gravedad de la enfermedad, luego exigía medidas del Estado mientras publicitaba productos. Con el paso del tiempo empezó a criticar las restricciones y hasta los tangos se ocupaban jocosamente de las precauciones contra la “grippe”. “La Grippe. Tango Contagioso”, con música de Alfredo Mazzuchi y letra de Antonio Viergo, decía: “No me hables más de la gripe / porque soy muy aprensivo / y ya siento un tip tip tipi tipi / en el tubo digestivo. / La limonada Rogé / rápido corro a comprar / porque me quiero purgar / y me voy luego a acostar para sudar”.

La primera oleada generó una mortalidad relativamente baja, en las regiones más afectadas ocasionó 2.237 muertes. Este número no era habitual, ya que en 1917 la mortalidad por gripe había sido sólo de 319 casos. La segunda oleada, la del invierno de 1919, provocó 12.760 muertes. Es decir, entre 1917 y 1918 la mortalidad por gripe se multiplicó por siete, y entre 1918 y 1919 se multiplicó por cinco. Lo cierto es que la epidemia de gripe española dejó un saldo en Argentina de 14.997 muertes sobre una población aproximada de 8.500.000 habitantes.

Adrián Carbonetti en el artículo mencionado, escrito en 2010, concluye con estas palabras que se transcriben por la gran actualidad que tienen:

“Estas apreciaciones permiten pensar en la utilización de la epidemia como factor político, cuestión puesta en juego que va más allá del hecho mismo de la epidemia y de las medidas sanitarias implementadas. El desarrollo de la enfermedad suscitó cierta susceptibilidad en la sociedad, que en muchos casos fue aprovechada por la oposición a los gobiernos en turno para generar críticas, pero también por los mismos gobernantes para consolidar y dinamizar las redes clientelares.”

Ahora bien, la epidemia fue una nueva prueba para el Estado, la medicina y la sociedad argentina, a la vez que se transformó en una fuerte preocupación en términos políticos y sociales, y puso al desnudo, nuevamente, los desequilibrios económicos y sociales de un país que crecía pero que no se desarrollaba.

Los enfrentamientos en la UCR

La división surgió al poco tiempo de iniciarse el gobierno. El sector más aristocrático, denominado Grupo Azul, criticaba con dureza el personalismo de Yrigoyen, la constante superposición del Estado con el partido, así como las técnicas de patronazgo político de las que parecía estar excluido. También cuestionaron algunas intervenciones provinciales y la política internacional. A principios de 1919 se produjo un intento de división, pero finalmente no progresó porque las relaciones entre los comités del partido e Yrigoyen eran muy fuertes.

En 1922 Yrigoyen había podido evitar la división y logró presentar un partido aparentemente unido al acercarse las elecciones presidenciales de ese año. La larga militancia de Marcelo T. de Alvear y sobre todo su activa participación en la revolución de 1893 y su desempeño como embajador en Francia, a pesar de estar en contra de la neutralidad, lo mantuvieron alejado de los enfrentamientos en el partido. Además, era el candidato más potable para algunos sectores de la elite y también para el Grupo Azul. Por eso fue el elegido por Yrigoyen para sucederlo. La fórmula se completaría con el jefe de policía y militante leal a Hipólito, Elpidio González.

Los conservadores fueron a las elecciones divididos y muchos presentaron sólo candidatos provinciales. Un grupo se unificó en la Concentración Nacional y presentaron la fórmula Norberto Piñero-Rafael Núñez. El Partido Socialista a Nicolás Repetto-Antonio De Tomaso y los demócratas progresistas a Carlos Ibarguren-Francisco Correa.

Las elecciones de 1922

La campaña electoral se desarrolló sin la presencia de Alvear, que prefirió mantener su cargo de embajador en Francia, por lo tanto, se enteró del triunfo estando todavía en París.

El 2 de abril el radicalismo triunfó ampliamente con el 48% de los votos (458.457). Concentración Nacional 21% (200.000), el Demócrata progresista 7,6% (73.222) y el Socialista 7,4% (73.186). A diferencia de 1916 el triunfo también fue en el Interior, donde solamente la derrota fue en Salta por la Unión Provincial, en Corrientes, en Mendoza por el lencinismo y en San Juan por el bloquismo. La fórmula radical obtuvo 235 electores de 326.

Alvear celebró el triunfo, en París, con una gran gala a la que asistieron las principales personalidades de Francia. Luego viajó a Roma a entrevistarse con el papa Pío XI y con el rey Víctor Manuel III y por último visitó en Londres al rey Jorge V.

Presidencia de Marcelo T. de Alvear (1922-1928)

Yrigoyen fue siempre despreciado por los sectores más ricos a pesar de no afectar demasiado sus privilegios y menos su riqueza. Sin embargo, y a pesar de haber sido elegido como su sucesor por el “Peludo”, Alvear fue muy bienvenido por la elite, de la que él mismo procedía. Si hubiera existido una nobleza en Argentina, la familia del presidente seguramente sería una de las más representativas. Su abuelo Carlos María de Alvear, hijo del noble español Diego de Alvear y Ponce de León, fue el segundo Director Supremo de la Provincias Unidas en 1815, primero amigo y compañero en la Logia Lautaro de San Martín (incluso hay serias sospechas que sean medio hermanos), pero luego el ego de Carlos María y otros intereses lo distanciaron del Libertador convirtiéndose en enemigos. A diferencia de San Martín, siempre fue el “prócer” mimado junto a Rivadavia de la historia oficial, sobre todo porteña. En eso también tiene mucho que ver Torcuato de Alvear, hijo de Carlos y padre de Marcelo, primer intendente de la ciudad de Buenos Aires cuando es federalizada. Él fue quien puso el nombre a la avenida más aristocrática de la ciudad.

El 12 de octubre de 1922 en la ceremonia habitual de traspaso del mando en el Congreso Nacional, Alvear destaca y se compromete a continuar la obra realizada por su partido y (en segundo término) por la gran personalidad del presidente saliente. A esta altura, luego de ser el elegido por Yrigoyen unos meses antes, ya todo el mundo comenta, sobre todo los diarios opositores, del distanciamiento del líder radical y su sucesor. La ruptura definitiva se dio cuando Alvear anunció su gabinete (véase el capítulo XII: “Almanaque 1916-1930”), con personas nada gratas para Yrigoyen sumado al hecho de haber prescindido de su consulta para formarlo. Hasta los diarios oficialistas como La Época cuestionan algunos nombres, mientras el otrora acérrimo opositor, La Nación, elogia a Alvear por los hombres elegidos para acompañarlo en su gobierno. Inclusive circulan versiones que Yrigoyen presionaría con sus partidarios para forzar la renuncia de Alvear para que asuma el vicepresidente Elpidio González.

De los ministros elegidos por Alvear para conformar su gabinete solamente uno era de entera confianza de Yrigoyen, Eufrasio Loza, de Obras y Servicios Públicos. El resto, incluso, se había manifestado en contra del personalismo del ahora expresidente. De todas formas, en los seis años de mandato el gabinete va a sufrir constantes cambios, cumpliendo su mandato solamente Ángel Gallardo en Relaciones Exteriores, Celestino J. Marcó en Justicia e Instrucción pública y Manuel Domeneq García en Marina.

A pesar de las diferencias con Yrigoyen, su política interior va a darle cierta continuidad en los métodos. Durante el mandato de Alvear son diez las intervenciones federales y sólo tres cuentan con la aprobación del Congreso. Tucumán, Mendoza y San Juan contarán con las leyes correspondientes. Por decreto interviene Jujuy, Catamarca, Salta y dos veces a La Rioja (1924 y 1925) y otras dos a Santiago del Estero (1924 y 1928). Aunque fueron menos que en el gobierno anterior, continuaron y además se sumó el intento de intervenir Buenos Aires, bastión yrigoyenista.

Las mayores diferencias con el gobierno de Yrigoyen tuvieron que ver con el enfrentamiento entre personalistas y antipersonalistas. Por ejemplo, Alvear, puso el gasto público bajo control del Congreso, aunque se logró limitarlo relativamente. De esta forma se intentó quitarle a Yrigoyen una de sus principales herramientas de control partidario. El enfrentamiento se dio tanto en los conflictos entre el presidente y el vice como en el parlamento, donde cada proyecto presentado era motivo de arduas discusiones entre los propios legisladores radicales. Los partidarios de Alvear quisieron controlar el partido desde el gobierno e intentaron intervenir la provincia de Buenos Aires. Desde el diario yrigoyenista La Época se criticaba al gobierno con más dureza que los diarios tradicionalmente conservadores. Vicente Gallo ocupó el Ministerio del Interior en lugar de Matienzo y trató de controlar los comités partidarios.

El enfrentamiento llegó a tal punto que en las elecciones de la Capital Federal de 1924 la UCR presentó dos listas, permitiendo que ganara el socialismo y los antipersonalistas obtuvieran el segundo lugar. Este grupo encabezado por Leopoldo Melo, Segundo Gallo y José Tamborini, constituyeron la Unión Cívica Radical Antipersonalista y recibieron el apoyo de agrupaciones conservadoras de varias provincias. De todas formas, el alvearismo no pudo controlar el aparato partidario, sobre todo después de la derrota electoral de 1924.

Acción política de Alvear

Las diferencias en el radicalismo no eran sólo una cuestión de mayor o menor personalismo. La política de Alvear mostró varios cambios con respecto a Yrigoyen. En política exterior, cuando fue embajador en Francia, manifestaba su desacuerdo de retirarse de la Sociedad de las Naciones, a pesar de la decisión presidencial. En cuanto al petróleo, prefería una menor participación estatal de la que quería su antecesor. De todas formas, Yrigoyen durante su gobierno a pesar de levantar la bandera de la estatización, no se opuso a la participación de las empresas privadas extranjeras en la producción que tuvieron un crecimiento significativo durante su mandato. La creación en 1922 de YPF con el objetivo de supervisar la producción, no sólo fue mantenida por Alvear, sino que le dio un importante impulso al nombrar al general Enrique Mosconi al frente del organismo regulador que creó, por ejemplo, la destilería de La Plata generando un conflicto con la Standard Oil, que había crecido en la explotación petrolera. Yrigoyen se alineó decididamente a favor de la empresa nacional aprovechando el enfrentamiento para hostigar la política de Alvear, que no era más que una continuidad de la suya.

Aprovechando la tensa situación que se vivía con Chile y Brasil, con los cuales existían pendientes problemas de límites y sobre todo una gran desconfianza por la importante compra de armamentos de ambos países, las Fuerzas Armadas a través del ministro de guerra Agustín P. Justo, presionaron al gobierno para sumarse a la carrera armamentista. Alvear también aprovechó la ocasión para acercarse a los oficiales militares y comenzó una importante renovación en el equipamiento de tierra y mar. Se compraron tres cruceros y seis destructores para la Marina y se planificaron maniobras militares con gran desplazamiento de tropas en Córdoba y Mendoza.

También le dio un impulso importante a la Aeronáutica. En 1925 fundó la Escuela de Aviación en Córdoba y posteriormente la primera fábrica de motores de aviación. En 1927 se creó la Dirección general de Aeronáutica.

Intentó lograr del Congreso la aprobación para ingresar a la Sociedad de las Naciones, pero la negativa de los legisladores yrigoyenistas se lo impidió. A diferencia de su antecesor que tuvo una muy buena relación con la Iglesia, la propuesta del obispo Miguel de Andrea para ocupar el cargo vacante del arzobispado de Buenos Aires fue resistido por el Vaticano, iniciándose un arduo debate sobre el ejercicio del patronato. Desde 1923 hasta 1926 las relaciones fueron muy tensas, hasta que llegó el nuevo nuncio apostólico Filippo Cortesi, que mejoró la situación.

El gobierno de Alvear de todas formas era muy bien visto por los diarios más importantes, La Nación, Crítica, La Prensa (conservadores) y por los sectores altos y medios-altos de la sociedad, que veían un manejo ordenado de las finanzas, respeto por las libertades individuales y preocupación social por algunas leyes impulsadas y aprobadas en su mandato como la regulación del trabajo de menores, jubilación para maestros y la normativa para el pago de salarios.

Una de las características más notorias de Alvear era su intensa actividad social, ya que no dejaba acontecimiento cultural o deportivo sin su presencia. Con su esposa Regina Pacini, excantante lírica, que abandonó su carrera artística para casarse con Marcelo Torcuato de Alvear, asistía a todos los conciertos y obras teatrales. Como expresidente del Jockey Club, también era el invitado de honor a los grandes premios del turf. Además, durante su mandato, el país fue visitado por grandes personalidades de la ciencia, la cultura y la política, donde él mismo hacía el papel de anfitrión, paseándose en coches descubiertos por las calles de Buenos Aires. Einstein, Pirandello, Ortega y Gasset, los príncipes Humberto de Saboya y Eduardo de Gales, fueron algunos de los ilustres visitantes.

Presidencia de Hipólito Yrigoyen (1928-1930)

El radicalismo se presentó dividido a las elecciones del 1 de abril. Por un lado, los personalistas con la fórmula Yrigoyen-Beiró que obtuvo el 57,41% (839.140). Por el otro, los antipersonalistas apoyados por los conservadores con la fórmula Melo-Gallo que obtuvieron el 30% (439.140) y por lo tanto fueron absolutamente derrotados. Yrigoyen iniciaba su segunda presidencia ya que obtuvo 249 electores, pero no fue acompañado por Francisco Beiró, pues este muere en julio de 1928, lo que generó una situación institucional inédita, ya que el Colegio Electoral se disuelve una vez elegida la fórmula. Finalmente triunfa la postura de convocar nuevamente a los electores frente a la de hacer una nueva elección y se elige como vice a Enrique Martínez, gobernador de Córdoba.

El 12 de octubre de 1928, día de la transmisión del mando, se vive en las calles una fiesta popular como nunca se había visto. Miles de personas vivan a Hipólito Yrigoyen, que con sus 77 años de edad recorre el trayecto desde el Congreso hasta la Casa Rosada en el automóvil presidencial, de pie, saludando a la multitud que se agolpa a su paso. Mientras tanto Alvear es despedido con una fuerte silbatina.

Su gabinete fue integrado totalmente por personas que le habían demostrado lealtad y no hubo lugar para los antipersonalistas.

Su gestión se llevó a cabo durante una coyuntura económica internacional muy complicada y desfavorable para todos los países de la región y en particular para la Argentina. Pero a pesar de esto su obra fue muy importante. En obras públicas se destaca la extensión de vías férreas estatales: Trasandino del Norte, en Entre Ríos, en Cuyo y en Capital Federal la construcción del edificio central de Ferrocarriles del Estado. También en instalaciones portuarias en Formosa, Santa Fe y Quequén. Se subsidia la construcción del edificio de la Academia de Medicina en la Avenida Las Heras. Se subsidia al Instituto del Cáncer y se crea el Instituto de la Nutrición, dándole una importancia mayor a la presencia del Estado en la investigación científica. También se crea el Instituto del Petróleo.

La prensa opositora va a cargar las tintas por el nombramiento masivo de radicales en la administración pública. Sobre todo, a partir de la segunda mitad de 1929, diariamente se publican casos de personas nombradas sin capacidad para el cargo. Un profesor de inglés que carece de título e ignora el idioma, dactilógrafos que no saben escribir a máquina. Personas que sólo concurren a las oficinas para cobrar el sueldo y hasta un señor que es nombrado “ama de leche” en un hospital.3

La cuestión del petróleo

El tema del petróleo si bien es tratado en el capítulo dedicado a la economía del período, es un claro ejemplo de las dificultades políticas que tuvieron que enfrentar los gobiernos radicales y en especial Yrigoyen. En 1927 se discute y se aprueba en la Cámara baja el proyecto de ley sobre nacionalización del petróleo. Si bien es aprobado por los diputados, se eliminó la expropiación de los terrenos de las empresas privadas, lo cual no es un dato menor. Así y todo pasa al Senado donde se paraliza.

En Salta, el gobierno provincial yrigoyenista prohíbe la participación de la Standard Oil en la exploración de nuevos yacimientos. Medida que es apelada por la empresa en la Corte Suprema de Justicia.

Cuando asume Yrigoyen además de confirmar al general Mosconi al frente de YPF intenta presionar al Senado para que trate la ley, aprobada en la Cámara de Diputados. Al no tratarse en el período regular, en 1929, el presidente convoca a sesiones extraordinarias para tratar el tema. A pesar del envío de varias notas, en duros términos, exigiendo el tratamiento del proyecto, la Comisión del Senado, que lo estudia y debería dar dictamen, resuelve archivarlo sin darle paso al tratamiento en la Cámara. El diario radical La Época denuncia en varias ediciones de diciembre de 1929 que “hay senadores vinculados con las empresas privadas”,4 algunos, abogados que sus estudios tienen como clientes a dichas empresas. Yrigoyen y los senadores radicales insisten en que si la Cámara alta no quiere tratar la ley de nacionalización y menos de expropiación que al menos expidan una ley reguladora de las explotaciones petroleras, que resguarde los intereses de la Nación frente a los privados. La ley nunca fue aprobada.

El Poder Ejecutivo, con sus atribuciones, mientras tanto, realiza negociaciones con la Unión Soviética para la compra de 250 mil toneladas de petróleo a precio más que competitivo para regular el mercado interno. Las negociaciones muy avanzadas y listas para firmar el convenio en agosto de 1930 quedan en la nada por el golpe militar al mes siguiente.

Por otra parte, a fines de 1929, un convenio entre YPF y la Universidad de Buenos Aires, cuyo rector era Ricardo Rojas, resulta en la creación del Instituto del Petróleo para la formación y especialización de profesionales en la exploración, explotación e industrialización del hidrocarburo.

Política exterior

Yrigoyen durante la segunda presidencia mantendrá los mismos lineamientos que en la primera. Si bien Argentina no participa de la Sociedad de la Naciones después de haberse retirado por orden de Yrigoyen, muy a pesar del embajador Alvear, durante la presidencia de este último, a partir de 1924 se incluyó en el presupuesto nacional, una partida para el pago de la cuota correspondiente a los países miembros y se pagó puntualmente hasta 1928. Ese año se elimina por decisión del Congreso y Argentina queda definitivamente afuera del organismo como lo quería Yrigoyen desde el momento de su formación como Liga de las Naciones, cuando se excluía a determinados países.

A fines de 1928, el presidente electo de los EE.UU., Herbert Hoover, en una visita a la Argentina se entrevistó con Yrigoyen en muy cordiales términos. Pero los que entendían sus complicados discursos interpretaron cierto descontento con las posiciones norteamericanas. Ya se dijo que una de las características de Hipólito Yrigoyen es que tenía una oratoria bastante complicada, no siempre directa.

Golpe de Estado

Sin duda una de las principales causas de la primera interrupción del orden constitucional en la Argentina, el 6 de septiembre de 1930, fue la crisis de Wall Street de 1929. Los terratenientes exportadores, a pesar de no haber sufrido pérdidas por la política económica del radicalismo, no vieron a Yrigoyen con el compromiso que ellos necesitaban para enfrentar la crisis. En realidad, ni siquiera el sistema democrático era válido para defender sus intereses y aprovechando un desprestigio mundial de las democracias liberales, criticadas por derecha por el auge de los nacionalismos fascistas y por izquierda por el crecimiento del comunismo, a partir de la creación de la URSS, crearon las condiciones a través de sus voceros periodísticos, para desprestigiar primero a Yrigoyen, a pesar de su enorme popularidad en las elecciones de 1928, pero también al sistema constitucional, logrando crear en la opinión pública la pasividad e inclusive un importante apoyo al golpe.

Como dice Alberto Rossi:

“Sectores nacionalistas y conservadores coincidían en que Yrigoyen no era la persona adecuada para superar la crisis económica externa, que parecía no tener fin, y provocaba la caída de las exportaciones, lo que comprometía los ingresos fiscales, la balanza comercial y la de capitales.

Al mismo tiempo en que los intereses latifundistas, y los sectores comerciales y financieros entraban en crisis, comenzaba el deterioro de la imagen de Yrigoyen, donde los medios que respondían a los intereses del capital concentrado nacional y a los intereses externos radicados en el país, cumplieron un papel importante en el direccionamiento de la opinión pública en este sentido.

Los problemas presupuestarios provocaron atrasos en el pago de los sueldos a empleados del Estado, policías y militares, produjeron una caída en el consumo que afectó económicamente a comerciantes, pequeños talleres y aquellos asalariados vinculados a estos últimos, restándole apoyos al gobierno radical.

Dentro de las filas de la propia UCR, los antipersonalistas que seguían a Alvear se sumaron a las críticas al presidente, restándole apoyos.

Este clima fue propicio para realizar el golpe de Estado, y los sectores que históricamente se enfrentaron al yrigoyenismo (Liga Republicana, Liga Patriótica), comenzaron a buscar un líder para realizar un levantamiento militar.

Uriburu, quien se había desempeñado como Inspector General del Ejército en el Gobierno de Alvear, cargo con el que se designaba a la máxima autoridad del arma, poseía estrechos vínculos personales con la mayoría de la oficialidad, y también con la elite política tradicional, por lo que parecía el indicado para este cometido.”5

Por otra parte, las Fuerzas Armadas, por iniciativa de Julio A. Roca, habían iniciado el siglo XX con algunas reformas con la intención de profesionalizar a los oficiales con una carrera militar y despolitizar el tema de ascensos, promociones, destinos y retiros que se hacían desde las diferentes facciones de la elite gobernante por afinidad. Si bien estas medidas lograron una mayor eficacia en la organización castrense, también le otorgó una autonomía al poder militar, que con el pasar de los años se va a transformar en factor de poder que va a sufrir también las internas típicas de las corporaciones.

Si a esto se suma, en la misma época, la instauración del servicio militar obligatorio, donde todos los ciudadanos hombres pasaban al menos un año de su juventud dentro del régimen castrense, el poder que iban tomando las Fuerzas Armadas era cada vez mayor. El servicio militar no sólo mantenía una importante cantidad de personas bajo el mando militar, lo que aumentaba considerablemente sus fuerzas, sino que los soldados reclutados, sobre todo en los sectores más pobres y del Interior del país, vivían una retroalimentación de sentir el prestigio de portar un uniforme, conocer otros destinos del país y estar bien alimentados e instruidos, al menos durante un año. Retroalimentar el prestigio porque no sólo el soldado sentía el orgullo de pertenecer a un ejército históricamente “glorioso”, sino que familias y vecinos sentían lo mismo, pero recíprocamente convertían en prestigiosas y dignas a las instituciones militares.

Ya vimos cómo durante la primera presidencia de Yrigoyen el Ejército manifestó su descontento en varias ocasiones y reclamó mayor participación a partir de su utilización en las represiones obreras, provocando la formación de la Logia San Martín, donde Agustín P. Justo era uno de sus principales referentes. Cuando asume Alvear su candidato para el Ministerio de Guerra era Uriburu, pero desde su propio entorno surgió la propuesta de Justo, antiyrigoyenista, pero con gran influencia en la fuerza.

El propio Alvear creó un nuevo cargo en 1923, el de inspector general del Ejército y lo nombró a Uriburu. Desde esta posición el futuro golpista va a recorrer e inspeccionar todos los cuarteles teniendo un estrecho contacto con oficiales y tropa, otorgándole un conocimiento del estado de ánimo de la fuerza y consolidando su liderazgo en amplios sectores de la misma.

En 1927 se corrieron rumores de que Justo estaría por encabezar un movimiento castrense para impedir que Yrigoyen volviera a la presidencia. El propio ministro tuvo que salir a desmentirlo. Esos rumores fueron alentados por los medios periodísticos voceros de los grupos de poder económico, que ya buscaban alternativas para evitar que Yrigoyen mantenga su liderazgo.

El Ejército se había convertido en una alternativa de poder y no es un dato menor el prestigio que va a acrecentar a partir del servicio militar obligatorio, que va a convertir a las FF.AA. en un partido político más, durante los siguientes 60 años.

Pero las empresas periodísticas son las que preparan a la ciudadanía para aceptar el golpe de Estado, como ocurrirá durante todo el siglo XX. “En enero de 1929 los diarios opositores acusan a Yrigoyen de arbitrario, denunciando que se cierne el fantasma de la dictadura e invitando a oponer todas las fuerzas para evitarlo”.6

Las elecciones legislativas de marzo de 1930 muestran la pérdida de votos con respecto a 1928. El radicalismo personalista obtiene 215.469 votos menos que en la elección anterior. Pero además pierden la elección en la Capital Federal, en manos de los socialistas, después de 15 años de sucesivas amplias victorias radicales. “El periodismo porteño aprovecha la derrota radical en la Capital, y en alguno de ellos llega a afirmarse que Yrigoyen es un monstruo que hay que matar”.7

El primer golpe de Estado de la República Argentina ya estaba en marcha y se va a concretar el 6 de septiembre de 1930.

Conclusiones

El radicalismo y en especial Hipólito Yrigoyen se habían preparado para gobernar llegando al poder por medio de un golpe de Estado o “revolución”, como lo llamaban ellos. Es una contradicción que hayan luchado por elecciones sin fraude y que el propio Yrigoyen llegue a la presidencia justamente con la ley electoral de voto secreto y obligatorio y no pueda sostener una gobernabilidad que le permita cumplir sus proyectos, justamente por no tener control sobre algunas instituciones.

Por la continuidad en sus mandatos y por ciertas características políticas de las provincias, el radicalismo gobernó con una fuerte oposición en el Congreso, sobre todo en la Cámara de Senadores y en la gran mayoría de las gobernaciones provinciales. Por otra parte, la mayoría de la prensa se convirtió en la principal oposición, con una breve tregua durante la presidencia de Alvear, pero siempre golpeando a diario, primero a Yrigoyen, inclusive cuando no estuvo ejerciendo la presidencia y en el último período al propio sistema democrático, apoyando decididamente al golpe.

Las provincias se intentaron controlar por medio de las intervenciones federales, pero en el Congreso siempre fue minoría el radicalismo en el Senado, donde se trabaron leyes claves para el programa de la UCR como la cuestión del petróleo. El resguardo de la vigencia de la Constitución y la garantía de la libertad de prensa jugaron en contra de la gobernabilidad, ya que diarios y revistas aprovecharon estas garantías para generar un descontento en sectores de la sociedad que terminaron siendo indiferentes o apoyando decididamente al golpe de Estado.

De todas formas, ni la UCR como partido ni Yrigoyen como líder indiscutido de un sector de la ciudadanía que excedía al radicalismo, tenían la intención de grandes cambios sobre todo en el modelo económico agroexportador. Quiso avanzar en varias cuestiones como proyectos de colonización para intentar ampliar el sistema de propiedad de la tierra, pero en ningún momento pensó en una reforma agraria, por ejemplo, como se proyectaba en otros países del continente. También la nacionalización de servicios públicos como los ferrocarriles o una flota mercante. Y principalmente los frustrados proyectos de protección de los recursos naturales sobre todo el petróleo.

En cuanto a la política económica y al mundo del trabajo en su relación con el movimiento obrero, sendos capítulos de este libro los tratan con la profundidad necesaria.

Bibliografía

Cao, G. (coord.), Almanaque Histórico Argentino. Crisis, modernización y autoritarismo (1930-1943), Bärenhaus, Buenos Aires, 2019.

Carbonetti, A., “Historia de una epidemia olvidada. La pandemia de gripe española en la Argentina, 1918–1919”, en Desacatos, Nº 32, México, enero-abril de 2010.

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1 Fragmento del “Manifiesto Liminar de la Reforma”, redactado por Deodoro Roca.

2 Carbonetti, A., “Historia de una epidemia olvidada. La pandemia de gripe española en la Argentina, 1918-1919”, en Desacatos, Nº 32, México, enero-abril de 2010.

3 Gibelli, N. (dir.), Crónica Histórica Argentina, Códex, Buenos Aires, 1972, p. V-327.

4 Ibid., p. V-330.

5 Cao, G. (coord.), Almanaque Histórico Argentino. Crisis, modernización y autoritarismo (1930-1943), Bärenhaus, Buenos Aires, 2019, p. 22.

6 Gibelli, N. (dir.), Crónica Histórica Argentina, Códex, Buenos Aires, 1972, p. V-334.

7 Ibid., p. V-335.

CAPÍTULO II
LA POLÍTICA ECONÓMICA DE LOS GOBIERNOS RADICALES

Alberto Rossi

“Para los historiadores cada caso es único. Sin embargo, los economistas buscan patrones en los datos y relaciones sistemáticas entre un evento y sus antecedentes. La Historia es particular, la Economía, general.”

Kindleberger, Charles P., Manías, pánicos y cracs. Historia de las crisis financieras

La economía argentina en 1916

“La Primera Guerra fue el principio del fin de un mundo globalizado dentro de ámbitos institucionales que habían posibilitado una gran ampliación de los mercados internacionales.”

Cortés Conde, R., El laberinto argentino

La llegada del radicalismo al poder se realizaba en el mismo año en que se cumplía el primer centenario de la Independencia argentina. A diferencia del festejado con creces seis años antes, con motivo de los 100 años de la Revolución de Mayo, Argentina se encontraba en una coyuntura económica y financiera desfavorable.

El radicalismo se convertía en el primer partido y administración del Estado de otro signo político, luego de 36 años continuos de gobiernos conservadores. Tenía entre sus principales objetivos ampliar las bases de participación política, e incorporar a la agenda del poder los debates internos de la propia UCR, de la oposición no conservadora y de otros grupos de profesionales, como el que liderará Alejandro Bunge, con la intención de implementar políticas que modernizarán la economía y la sociedad de la Argentina.

En sintonía con estos principios, la base electoral que apoyó al radicalismo que iba desde profesionales, trabajadores urbanos, medianos y pequeños productores agropecuarios, están también esperando medidas que amplíen una mayor participación de estos en materia política, laboral, social y económica.

Pero la nueva administración no arribará en el apogeo del modelo exportador primario, el contexto internacional dominado por la guerra había puesto fin a la prosperidad y al progreso argentino. Desde 1913 las principales variables económicas y financieras de la Argentina se encontraban recesivas y parecía que en su declive siempre perforaban el piso de lo esperado, provocando una crisis económica y social que se espiralizaba día a día.

La producción, la recaudación fiscal, el respaldo monetario, la cantidad de circulante, la generación de divisas, la inversión interna y las políticas de obras públicas estaban directamente ligadas al funcionamiento en pleno del modelo exportador, y el Estado tenía muy poca, o casi ninguna injerencia en la regulación de estas variables.

El radicalismo no proponía cambios relevantes en materia económica, los radicales se sentían liberales reformistas, y compartían con las naciones más modernas, las iniciativas que consideraban que democratizaban aún más la sociedad. Creían que una moderada intervención política conllevaría a nuevas formas legales de manejo del Estado, con fines reparadores que mejoraran la calidad de vida de los habitantes de toda la Nación.

Pero el sector más concentrado y beneficiario de la economía argentina, que contaba con mayoría política en el Senado Nacional, no estaba dispuesto a que unos advenedizos cambiaran ni un ápice de las políticas económicas que llevaron a este país en treinta años a dejar de ser pastoril para convertirse en la octava economía mundial.

Si bien los conservadores eran conscientes de la magnitud de los problemas que afrontaba la Argentina (al fin y al cabo, habían gobernado hasta el día de ayer), pensaban que el contexto internacional desfavorable era una anomalía, y que una vez superada, todo volvería a estar en el lugar anterior a 1914. Acorde con esa la mentalidad conservadora, esa línea de pensamiento también los llevaba a diagnosticar a la nueva administración como otra anomalía, por lo tanto, se debía cerrar filas para que los nuevos ocupantes del Estado no alteraran aquello que consideraban volvería a su valor original.

La Gran Guerra (1914-1918), o Primera Guerra Mundial tal como se la denominó muchos años después, en 1916 se encontraban en su apogeo. Las principales naciones industriales europeas se batían en las trincheras belgas, alemanas y francesas. Toda la producción manufacturera de los países en conflicto se orientó a la producción de insumos bélicos, desatendiendo el flujo comercial con sus respectivas periferias, y/o colonias.

Todo el comercio internacional se interrumpió, la guerra interfirió con las rutas comerciales marítimas, por lo cual el abastecimiento de materias primas y alimentos con destino a Europa que era demandado por las naciones en conflicto se encontró mermado, volviéndose peligroso por las bajas que se ocasionaban en los convoyes mercantes con la intención de impedir los abastecimientos.

El desabastecimiento de bienes industrializados y el detenimiento total del flujo de inversiones desde Europa hacia América Latina, expuso las asimetrías económicas del modelo basado en la División Internacional del Trabajo impuesto por Gran Bretaña desde finales del siglo XIX.

En la Argentina las consecuencias económicas del este período bélico se tradujeron en una crisis que ponía en evidencia las bases endebles donde se apoyaba el Modelo Económico Agroexportador, que hacía totalmente dependiente al país de las naciones industrializadas.

Para el presente trabajo nos proponemos realizar un recorrido de la administración radical con el fin de comprender si fueron conscientes de la magnitud de las transformaciones que estaban obrando en el marco internacional, y si en realidad se propusieron modificar la matriz económica del país tal como lo intentaban hacer con respecto a la ampliación de la participación política.

Existen controversias en cómo definir económicamente el período que estudiaremos, y que temporariamente comienza dos años antes de que Yrigoyen sea ungido como presidente de la Nación. Juan Manuel Palacio1 sostiene que no se encuentra totalmente calificado el período que vamos a abordar, porque los estudios e investigaciones definen muy concretamente el que se inicia en 1880 y abarca hasta 1914, y el que se abre en 1930 con la crisis del modelo agroexportador, donde el primero suele ser llamado “El Progreso”, y está basado en el auge del modelo de exportación primaria, y el segundo “Crisis del Modelo Agroexportador”, dejando dieciséis años entre ambos sin una definición clara de cómo caracterizar esa transición.

Con la intención de lograr una aproximación concreta a la economía de esos años, y establecer si nos encontramos ante continuidades o cambios, recorreremos las principales variables económicas que administraron los Conservadores y heredaron los radicales.

Analizaremos los cambios que se instalarán en la producción agropecuaria y en el nuevo modelo diversificado que propusieron los terratenientes, el avance de los Trust Frigoríficos que establecerán las reglas de producción y venta de la carne vacuna por parte de los ganaderos, y la necesidad de intervención estatal dentro nuevo horizonte tecnológico y energético mundial basado en el motor a explosión y en la extracción y refinamiento del petróleo.

Este recorrido por los tres gobiernos, o administraciones radicales pondrá el acento en las continuidades y/o rupturas con la Argentina previa a 1916, y también su relación con la elite terrateniente y el novedoso liderazgo norteamericano, tratando de entender si sus políticas estaban en consonancia con el fin del ciclo abierto por Inglaterra a nivel mundial cincuenta años antes, o trataron de sostener un período que ya no volvería a ser igual.

El marco internacional

Los Estados Unidos a partir de 1914

En 1913 Henry Ford abrió su nueva fábrica de automóviles fabricando el Ford Modelo T en Detroit (Michigan), EE.UU. Si bien la Ford Motor Company, fundada en 1903, tenía una fuerte presencia en el mercado automotor, la novedad estaba dada en los cambios en los procesos de producción, de contratación de trabajadores y en la cantidad de turnos de trabajo por día que se realizaría en esa factoría.

Ford introdujo la cadena de montaje en la producción de autos, con el fin de acelerar y elevar la producción diaria de vehículos, elevó el salario que los trabajadores industriales recibían hasta el momento, y estableció un horario de ocho horas de trabajo para introducir un tercer turno diario.

En poco tiempo el valor del automóvil comenzó a bajar, pudiendo ofrecer un producto más accesible para su compra. El Modelo T se adaptaba a todo tipo de terreno, y por su tracción, distancia entre ejes y altura fue adoptado en las zonas rurales donde se necesitaba un vehículo que permitiera ser más rápido que el de la tracción a sangre. Su sistema de concesionarios, la accesibilidad para comprar repuestos, y la red de servicios que abarcó todos los Estados, lo pusieron al tope de las ventas. Su éxito inspiró a otros fabricantes, de electrodomésticos esencialmente, que imitaron la producción fordista y también elevaron los sueldos y turnos de producción.

Con un fuerte sistema financiero, de ventas a plazo, por catálogo y grandes tiendas que comenzaron a abrir de costa a costa, el mercado interno norteamericano se fortaleció, facilitando el auge de la demanda. Además, el país contaba con cuantiosos recursos naturales y se autoabastecía en materia de alimentos.2

La inmigración seguía fluyendo, la mano de obra abastecía los emprendimientos rurales y urbanos, y los sueldos que comenzaban a elevarse, conformarían para la década de 1920 un mercado interno fortalecido, y la producción de bienes, siempre en alza hasta el Crack de 1929, encontraría nuevos mercados en la demanda externa de sus productos.

La gran industria norteamericana producía en una escala sin precedentes, atendiendo a una expansión del mercado interno que se adelantaría treinta años a la masificación de la sociedad de consumo de la pos-Segunda Guerra.

En este contexto, EE.UU. al término de la Gran Guerra a la que ingresó en 1917, comienza a enviar misiones comerciales a los distintos países sudamericanos, con el fin de expandir los mercados que la producción de sus industrias comenzaba a requerir.

La presencia de inversiones norteamericanas en nuestro país no era novedosa. Si bien se puede rastrear la presencia comercial y de filiales de ese origen desde fines del siglo XIX, a partir de finales de la primera década del siglo siguiente, comenzará a realizar inversiones en América Latina con la finalidad de aprovechar los recursos naturales de la región, compitiendo a la par, y en los mismos mercados y rubros con el Reino Unido.

Desde 1909 EE.UU. comienza a invertir en frigoríficos, proponiendo un novedoso proceso de producción, el enfriamiento, con el objetivo de exportación de carne vacuna, compitiendo en este rubro con el método de congelamiento, hasta el momento sólo realizado por capitales ingleses en nuestro país.

El final del conflicto mundial proponía nuevos escenarios comenzando a avizorarse profundos cambios en la economía global, a partir del nuevo liderazgo estadounidense que introducía nuevas metodologías productivas y de comercialización que acabarían con la supremacía industrial del Reino Unido. Los tiempos de las manufacturas textiles, el hierro y el carbón del horizonte productivo inglés comenzaban a declinar al final de la guerra, siendo sustituidos por el acero, el motor a explosión y el petróleo.

La relación comercial con Estados Unidos proponía nuevos horizontes, ya que este país exportaba maquinarias, automóviles, motores eléctricos, ascensores, materiales para la construcción, y sus inversiones directas en materia de extracción y refinamiento de petróleo estaban íntimamente ligadas con el auge del transporte automotor, que comenzaba a utilizarse masivamente.

A principios de los años veinte, Norteamérica poseía más de la mitad de las Reservas de Oro mundial, convirtiéndose en el principal país acreedor de ese momento.

A partir de ello, las nuevas estrategias empresariales conquistarán los mercados internacionales, y también exportarán, principalmente subsidiarias de sus poderosas fábricas automotrices y luego el resto de su producción manufacturera, con el fin de lograr la presencia necesaria que permitiera liderar y desplazar a todos sus oponentes comerciales.

Reino Unido y Europa al término de la Gran Guerra

Hasta 1914 Reino Unido se había erigido como potencia mundial hegemónica. El conjunto de países desarrollados que le seguían eran, básicamente, también europeos. Esto permitía ampliar y potenciar la actividad comercial de las zonas periféricas, además de recibir inversiones y capitales de otras nacionalidades.3

Inglaterra compensaba sus deficitarios saldos comerciales con los amplísimos y superavitarios cobros de fletes de transportes, remesas de tasas de ganancias de las inversiones en el extranjero, e intereses y capital de deuda entre otros. Así funcionaba la economía internacional en la primera globalización del planeta.

Este esquema económico y financiero, con alguna variante comercial distinta, era el que aplicaban el resto de las potencias europeas con la periferia no colonial, básicamente América Latina.

Al comienzo de la guerra en 1914, Inglaterra subió la tasa de interés de su Banco Central, con el objeto de atraer el oro que se fugaba de zonas periféricas, y no tan periféricas de Europa por miedo a lo que podría devenir durante el enfrentamiento bélico entre varias naciones del mismo continente.

Esta maniobra financiera le permitió mantener el valor de la libra esterlina, y contar con recursos financieros para sostener la guerra, que por las características nuevas que proponía podía no ser de corto plazo.

Todos los recursos y casi toda la producción industrial inglesa estuvieron dirigidos al abastecimiento de las necesidades que imponía el conflicto.

El Armisticio dejó a aquel país pujante, otrora principal productor de bienes industriales, único referente de la economía mundial desde 1875, y principal inversor extranjero y exportador de capitales, totalmente exhausto. Aunque se contaba entre los vencedores de la contienda, los cuatro años de lucha agotó su impulso imperial.

Pero no sólo Gran Bretaña salió debilitada, las naciones derrotadas con Alemania a la cabeza debieron aceptar la imposición de indemnizaciones por la guerra, y los tratados que le impusieron los Aliados. Esto produjo insoportables condiciones sociales, hiperinflaciones y la aparición del fascismo y nazismo. La disolución del Imperio Austrohúngaro, realizada con motivos estratégicos, debilitó aún más la situación económica europea.

En 1917 había estallado y triunfado la Revolución Rusa, proponiendo un sistema político, económico y social distinto del capitalismo. La propiedad privada se convertía en propiedad del Estado, y la colectivización de la sociedad cerraba los mercados rusos, ahora bolcheviques, que anteriormente descansaban en la producción de las potencias industriales europeas.

El avance mundial norteamericano sobre Inglaterra se vio reflejado en la búsqueda de un nuevo patrón monetario internacional, ya que las naciones habían gastado buena parte de sus reservas en oro y emitido papel moneda con poco o casi nulo respaldo para mantener los gastos originados por la guerra. En reemplazo del sistema anterior, el dólar estadounidense gana terreno poniéndose en paridad con la libra esterlina.4

Estados Unidos se iba convirtiendo en la primera potencia mundial ingresando su moneda como referencia en el comercio exterior, destronando el liderazgo del monopolio inglés en moneda internacional. Este nuevo tratado limitó ostensiblemente el área de influencia de la libra esterlina, aun a expensas de los costos económicos y recesivos que debió soportar Inglaterra para mantener esa la paridad durante la década del 20, y no perder totalmente su influencia.

Con el final del conflicto mundial se estaba cerrando el ciclo de un modo de expansión económica del centro a la periferia, que había comenzado en los últimos treinta años del siglo XIX, por lo menos para la Argentina.

La política económica argentina 1916-1930

La guerra produjo la casi total paralización del comercio mundial, entre países agrícolas o de economía extractiva de recursos naturales y los grandes centros industriales. Este shock también se extendió a los servicios financieros y a la inversión de capitales desde el centro hacia la periferia. La demanda de alimentos se modifica, y los productores de cereales comienzan a acumular stocks. Comienzan quebrantos en los países de origen, y las exportaciones se abren a las carnes congeladas.

Comienza un ciclo de escasez de combustibles, maquinarias y repuestos, que tendrá consecuencias nefastas en el comercio y la producción interna argentina.

A partir de 1914 la economía argentina se contrae en porcentajes que no encuentran parámetros iguales en los siglos XX y XXI,5 incluso se halla en peor situación que la que poseen algunos países que se encuentran combatiendo.

La crisis parece no tener fin. A pesar de que la balanza comercial es superavitaria para la Argentina, esto no se debía al incremento en las exportaciones, todo lo contrario, eran casi nulas las importaciones desde los países centrales, ya que estos no podían abastecer las demandas, por haber tenido que orientar sus producciones a las necesidades de sus frentes de batalla.

Hipólito Yrigoyen preparará una serie de iniciativas tendientes a morigerar la crisis. Muchas de estas tenían origen en los debates internos de la UCR, otras provenían de sectores opositores y críticos con las políticas públicas de la larga administración conservadora.

Las medidas abarcaban desde la creación de una flota mercante de bandera argentina que permitiera al país salir de la depresión exportadora; a introducir nuevos impuestos y gravámenes que permitieran detener la caída recaudatoria del Estado Nacional; sanear el sistema bancario, y regular la circulación y el valor de la moneda de curso legal.

Ya en el poder, se encontró con otras problemáticas que necesitaban la intervención del Congreso para encontrar marcos legales que regularan, entre otros, las tarifas de los ferrocarriles, los arrendamientos de los colonos, y fijar una política estatal sobre el petróleo, dado que su consumo y stock evidenciaban necesidades crecientes de demanda del mercado, pero también productivas y estratégicas ligadas al desarrollo industrial y militar, cuya explotación y refinamiento era reciente y novedoso en nuestro país, pero se encontraba en manos de empresas extranjeras.

La profundidad de los cambios que proponían estas políticas quedaba manifestada en que estas iniciativas se comenzarían a debatir con la intención de aplicarlas, ya sea por medio de leyes o por decreto durante el primer gobierno radical, pero continuarían siendo objeto de debate y tratamiento en el siguiente gobierno radical de Marcelo Torcuato de Alvear.

La política fiscal

La caída de las importaciones impactó en forma negativa en la recaudación fiscal. Con la excepción de algunos sellados y gravámenes internos, el grueso de los impuestos que cobraba la Argentina provenía de las compras al exterior.

La financiación de los gastos oficiales se estaba tornando crítica para 1916. Además del déficit presupuestario, la nueva administración heredó un monto considerable en concepto de Deuda Flotante.

Se trataba de una deuda no declarada en el Presupuesto del Estado, que consistía en operaciones financieras llevadas a cabo por la emisión de Letras de Tesorería, que comenzaron a ser emitidas a partir de 1915 en el gobierno de Victorino de la Plaza, con el objeto de controlar el déficit fiscal que producía la coyuntura internacional. Los plazos no excedían los 180 días y podían ser renovados.

Con este instrumento se cancelaban las obligaciones indispensables e impostergables provenientes de contratistas y proveedores del Estado nacional, y también el pedido de fondos en efectivo en forma de redescuentos al sistema bancario. Sus tenedores luego de recibirlas garantizaban operaciones de crédito con estos títulos en el Banco Nación. Además, esta deuda, también estaba integrada por el atraso en el pago de los salarios que pagaba el Estado nacional.

La disyuntiva para solventar estos desequilibrios se encontraba entre bajar los gastos o emitir moneda, con consecuencias imposibles de prever por la alteración que esto ocasionaba en el respaldo del circulante. Otra posibilidad era elevar los ingresos del fisco mediante la creación de nuevos impuestos.

La falta de una solución a esta problemática limitaba el accionar y la ampliación del rol económico del Estado que deseaba realizar el radicalismo, cuestión esta donde se había puesto el acento en la campaña. Lejos de reducir el gasto, el partido gobernante deseaba expandirlo.

La solución se buscó en la creación de nuevas imposiciones que se integraran a las ya existentes, intentando un cambio en el régimen impositivo.

El primero de estos intentos, en 1918, fue enviar un Proyecto de Ley al Congreso de Impuestos a los Réditos,6 que consiguió la aprobación en general en la Cámara de Diputados, pero no en particular. El Ejecutivo no insistió, ya que pensaba en lo difícil que sería aplicar esta imposición.

Al fracasar este intento se trató un impuesto a las exportaciones. El gravamen estaría calculado por sobre un valor base del bien exportable. Cuando este se excedía de ese monto, se aplicaba un gravamen a esas ganancias extraordinarias.

La Sociedad Rural Argentina se involucró en el diseño de esta imposición, y se tomaron como base los precios de exportación del primer semestre de 1914, que eran ya lo suficientemente altos, y afectaban poco al sector exportador. La ley fue aprobada en enero de 1918, y el impuesto entró en vigor. Pablo Gerchunoff, en su obra El eslabón perdido,7 sugiere lo sorprendente de la involucración de la Sociedad Rural Argentina en el impuesto, y lo novedoso de este, ya que es un anticipo de lo que años posteriores, a proyectos similares, lo denominaremos Retenciones a las Exportaciones.

El radicalismo sostenía que las naciones más adelantadas contaban con una base tributaria sólida, basada en impuestos directos. La oposición conservadora no compartía este punto de vista. Además, se trataba de disminuir los impuestos ligados al consumo interno, por el impacto que estos tenían en los sectores medios y de los trabajadores, y se trató de aumentar los impuestos directos a la tierra; patentes; herencias y sociedades, cuyos debates corrieron distintas suerte.

Si bien se pudo tender a lograr un respiro fiscal que permitiera emprender otras políticas públicas, el fin de la guerra propuso un impasse en la aplicación de una nueva política tributaria.

Durante el gobierno de Alvear se volvió a discutir la necesidad de introducir nuevos impuestos que permitieran financiar políticas de Estado, y sanear la deuda heredada, producida por la expansión del gasto público que había realizado su antecesor.

El plan del ministro de Hacienda del nuevo mandatario incluía un impuesto a la renta, de (carácter progresivo dado por la aplicación distintas alícuotas), a la herencia y a las sociedades anónimas, y se creaba la Dirección General del Impuesto a la Renta. Sostenía el ministro Rafael Herrera Vegas que sólo el 25% de la recaudación provenía de impuestos directos.

Con el objeto de lograr su aprobación parlamentaria se crearon distintas comisiones que estudiaron su impacto. Pero también fracasó en su aprobación, provocando la renuncia del ministro de Hacienda.

Por lo tanto, el nuevo ministro de Hacienda apuntó a actualizar los valores de aforo que se utilizaban para imponer gravámenes a las importaciones. Los aforos era el precio estimado de los productos sobre los que estaban calculados los impuestos a la importación.

La última modificación a esos valores se había realizado en 1905. El gobierno sostenía que los valores se encontraban desactualizados, tanto por los vaivenes del mercado internacional y la inflación acumulada desde aquel año, con lo cual se alentaba un aumento cercano al 80% promedio de los valores en vigencia.

Esta medida tendría un impacto directo en el bolsillo de los trabajadores. Por lo tanto, el discurso oficial se centró en que no sólo contemplaba fines recaudatorios, y se sostuvo que estaba pensada como una herramienta proteccionista de la industria argentina. Aun así, se aprobó un 60% de aumento en los aforos solicitados.

Pero no se conseguía el equilibrio fiscal que el gobierno aspiraba. La necesidad de encontrar una fuente de ingresos que permitiera financiar el déficit público surgió de impulsar una inesperada medida social: la creación de un amplio sistema de pensiones y jubilaciones cuyos fondos serían administrados por el Estado nacional. El proyecto contemplaba un aporte del 5% para los trabajadores y 8% para los empleadores. Su implementación permitiría al Estado el fondeo de una masa de dinero constante en caso de necesidad.

La medida fue resistida por sindicatos y empresarios, demostrando una alianza singular al momento de debatir el tema. La resistencia estaba dada por los descuentos que se les practicarían a los trabajadores, quienes sostenían que la baja en sus salarios no sería compensada por futuros aumentos del poder adquisitivo, y las patronales no querían aportar en beneficio de sus empleados, pero el discurso que sostenían era que veían fines fiscales en la medida y no previsionales.

Pese a todo ello, el parlamento aprobó la ley, el descontento se manifestó al producirse los descuentos, lo que originó huelgas y enfrentamientos entre el gobierno, las centrales sindicales y las cámaras patronales. Al cabo de un tiempo se derogó la ley y se realizó la devolución de los aportes, clausurando definitivamente la propuesta.8

El mejoramiento de las condiciones económicas a partir de 1924, sumada a las cuantiosas inversiones extranjeras en industria, le permitió a la administración alvearista transitar el resto del mandato sin zozobras presupuestarias, y mejorar el déficit presupuestario.

El modelo agroexportador argentino durante los gobiernos radicales

La agricultura

Para 1916 el país se encuentra sumido en una recesión sin precedentes. Los envíos de cereales y oleaginosas a los países compradores son mínimos. Varios son los motivos, el principal es la guerra que ha transformado el comercio basado entre materias primas a cambio de productos manufacturados industrialmente. Pero por fuera de la coyuntura bélica, la Argentina tiene algunas responsabilidades sobre el hecho.

Pese a la neutralidad, que le permitiría atravesar el Atlántico Norte con pocos problemas en el teatro de operaciones, no cuenta con barcos propios para hacerlo, y depende de flotas mercantes que se atrevan a llevar a cabo esa empresa.

Los precios de los fletes y de los seguros de carga se elevan por el riesgo que supone la travesía, haciendo que los términos de intercambio se alteren. Pero los países beligerantes, sobre todo Inglaterra, necesitan carne congelada y/o procesada en forma de conservas para abastecer a la población y a sus ejércitos.

Estos envíos ocupan menos volúmenes de carga que los granos, pero no suplen el total de las exportaciones argentinas para que su economía se encuentre en orden. Desde 1913, el último año de una gran cosecha exportable, no se ha podido mantener los mismos volúmenes.9

Terminado el conflicto en 1918, comienza una tendencia ascendente de demanda mundial de productos agrícolas, con el consiguiente aumento de precios. Ello favorece a la Argentina donde comienza otra vez a ponerse en marcha el ciclo de la economía doméstica. Parecía que se había superado la coyuntura difícil y se volvía al mundo previo a 1914.

La holgura que le produjo al país el restablecimiento de los flujos comerciales internacionales queda demostrada en el préstamo de 250 millones de dólares que Argentina le otorga a Inglaterra, Italia y Francia para financiar la venta de 2,5 millones de toneladas de cereales. Pero a partir de finales de 1920, y hasta bien entrado el año 1922, una nueva crisis azotó la economía de exportación primaria basada en alimentos.

Las economías centrales del momento comenzaron a aplicar medidas antiinflacionarias, basadas en restricciones monetarias, impulsó al agro y a la industria, y la búsqueda de una solución que permitiera a las monedas establecer un nuevo sistema basado en la paridad con el oro y otras divisas. A ello se le sumaron medidas proteccionistas reclamadas por los productores del sector agropecuario de EE.UU. y de otras naciones europeas, y también la reconversión de las economías que se encontraban orientadas a la guerra. Esto hizo descender los precios internacionales, y también modificó nuevamente los términos de intercambio.10

Al igual que los primeros años del siglo XX, era necesario producir mayores volúmenes exportables para mantener los mismos niveles de compras que abastecieran el mercado interno.11 Pero a diferencia de la década anterior, ya se había alcanzado el límite de la frontera agrícola que año a año permitía aumentar la producción.

La solución vino de la mano de la tecnificación de la tarea agraria, y de cierta elasticidad en la producción de los grandes terratenientes pampeanos, que introdujeron la Estancia Mixta dedicada a la ganadería y a la agricultura al mismo tiempo, lo que les permitía intensificar uno u otro rubro, de acuerdo con las necesidades del mercado y a los precios internacionales.

A partir de 1924 la importación de maquinarias provenientes de EE.UU., tractores, cosechadoras de arrastre, máquinas segadoras, trilladoras, bombas de agua y vehículos de carga, fueron utilizados para mejorar la producción.12

Esta nueva incorporación tecnológica repercutió ascendentemente en mayores volúmenes de producción del agro por hectárea. El logro fue un rendimiento mayor que en la economía de origen de la maquinaria, teniendo en cuenta que ambos países cuentan con praderas fértiles.

El siguiente cuadro registra los altos rendimientos por cosecha, medidos en kilogramos por hectárea, en el período 1920-1929 sobre la misma superficie cultivada.


Estados UnidosArgentina
Maíz19641878
Trigo939878
Avena10641127
Cebada12211052

Fuente: Díaz Alejandro, C., Ensayos sobre la historia económica argentina,

Amorrortu, México, 1975, p. 274.

Al margen de la mala cosecha de 1925-1926, la administración radical durante sus tres gobiernos experimentó una holgura y alivio económico que determinaron su apoyo pleno al modelo de exportación primario, que junto al ingreso de capitales e inversiones directas, la mayoría provenientes de los EE.UU., ofrecieron la imagen de una Argentina en plena bonanza, pero con un grado de modernización y tecnificación que le permitía alcanzar y lograr una estabilidad mayor que en la etapa prebélica.

El comienzo del nuevo auge y la posterior crisis de la ganadería argentina

Entre 1914 y 1918 el grueso de la demanda de los productos argentinos provino de la ganadería, ampliando en la pampa húmeda la superficie destinada a ganado vacuno. Como ya dijimos, la producción bovina argentina se encontró favorecida por la coyuntura bélica, que no permitía que otros países como Australia o Canadá pudieran abastecer el mercado y frente inglés.

Esta situación elevó la demanda del producto, y por consiguiente los precios internacionales, y la Argentina comenzó a expandir este rubro hasta 1920. Lo hizo aumentando las cabezas de ganado y la superficie destinada a este fin, pero también introduciendo nuevas razas, con predominio de la Shorthorn, que se encontraba más a gusto del paladar europeo, y a las necesidades sobre el tipo de carne que requerían los frigoríficos que procesaban los envíos enfriados.

Si bien desde 1909 los frigoríficos norteamericanos habían introducido el enfriado de las carnes (chilled beef), que permitía un mejor sabor frente al producto congelado, pero a un precio mayor, la demanda de los productos durante la guerra se centró en el segundo y en la elaboración y conserva, que abarataba los costos finales y que poseía un mayor período de conservación, permitiendo una mejor distribución del producto en los frentes de combate.13

Terminada la contienda los precios internacionales comenzaron a descender, y los consumidores de ultramar comenzaron a demandar carne enfriada, cerrando el ciclo de alza y auge. La nueva demanda se completaba con el mejoramiento de la raza de todos los envíos al matarife/frigorífico, y un ideal en el tipo de peso y edad del animal. Esto requería tierras de pastoreo y engorde, alfalfares que se daban en la Región Pampeana y que eran sembrados por los grandes terratenientes. Así surge una nueva división en las tareas de crianza del ganado vacuno.

Por un lado aparecen establecimientos que se dedicaban a la parición y crianza de las cabezas, que requerían un alto capital fijo permanente, y establecimientos que poseían los forrajes que engordaba al animal y luego eran vendidos a los frigoríficos.

Estos últimos convirtieron sus establecimientos en Estancias Mixtas pudiendo dedicarse a la agricultura y a la ganadería al mismo tiempo, dado que en su mayoría se trataba de extensos latifundios, repartiendo el porcentaje mayor de la superficie de acuerdo con la ecuación económica que le favoreciera, basados en una lógica de diversificación productiva que no los expusiera a los ciclos de un solo precio del mercado externo. Incluso podían arrendar parte de su propiedad, si los montos que se cobraran en concepto de arriendo mejoraban su situación financiera.

Pero también podían no renovar los arriendos pasado un año y explotar por mano propia aquellos productos que se encontraran en alza con el objeto de mejorar su rentabilidad, perjudicando a los colonos que no recuperaban la inversión realizada.

Estos latifundistas se encontraban en medio del ciclo productivo vacuno, y no tenían que disponer de un excesivo capital fijo. Trasladaban las variaciones negativas del mercado a los criadores, ya que no compraban ganado si el precio final no les convenía. De este modo los grandes terratenientes de la región nunca perdían, ya que el peso mayor de las variaciones de la baja en el precio de mercado lo debían soportar los primeros, el primer eslabón del negocio, asegurando la ganancia de los segundos, ya que sus costos fijos eran bajísimos.

La crisis del sector comenzó en 1921 con la caída del precio y golpeó duramente al negocio exportador, a partir de una menor demanda por parte de los frigoríficos. Los que más sufrieron son los criadores, que tuvieron que soportar el aumento y mantenimiento de altos stocks de animales que no encontraban salida a su venta. Los invernadores, como ya señalamos, al ser los encargados del engorde de las razas de exportación siguieron ganando porque podían responder a la contracción de la demanda, dedicando una menor inversión al negocio, recargando en las espaldas de los primeros las pérdidas del sector.

Los frigoríficos británicos y norteamericanos fueron acusados de operar en forma monopólica sobre los precios de compra de ganado en el Mercado de Liniers, con el objeto de obtener una mayor rentabilidad, y de beneficiar selectivamente a algunos invernadores.14 El caso fue conocido como el “Pool de los Frigoríficos”. Pedro T. Pagés, un criador prestigioso, cuando fue elegido Presidente de la Sociedad Rural, y esta misma, propuso la intervención del gobierno con la finalidad de que se encontraran mecanismos legales que pusieran fin a las maniobras que perjudicaban a los productores ganaderos.

Ante este pedido, los frigoríficos argumentaron que la injerencia gubernamental perjudicaría al sector, ya que intervendría en el mercado distorsionando la oferta y la demanda, además de desalentar las futuras inversiones.

La presión ejercida por la Sociedad Rural Argentina al final del mandato de Yrigoyen dio frutos en el gobierno de Alvear, quien apoyó la sanción de cuatro leyes que intervenían y regulaban el mercado de las carnes.

“(…) el Congreso argentino aprobó cuatro leyes con miras a paliar el conflicto del mercado ganadero referidas a: 1) construcción de un frigorífico administrado por el Estado, en la ciudad de Buenos Aires; 2) inspección y supervisión por parte del gobierno en el comercio de las carnes; 3) venta del ganado sobre base del peso vivo; 4) precio mínimo para la venta de ganado de exportación y precio máximo para la venta local de carne.

El gobierno de Alvear tuvo ocasión de manifestar su aprobación a todas ellas, excepto la fijación de precios. Los frigoríficos dejaron de comprar novillos e interrumpieron la exportación de carnes. (…), tres semanas después (…), se suspende la aplicación de la ley por un período de seis meses, que luego de hecho sirvió para todo el gobierno de Alvear. La conclusión lisa y llana es que vencieron los frigoríficos.”15

En 1925 un enfrentamiento entre los frigoríficos norteamericanos y los ingleses, episodio conocido como La Guerra de las Carnes, confirmó sus prácticas monopólicas al repartirse las cuotas del mercado, llegando a un acuerdo en 1927 por el cual los de origen de EE.UU. se reservaban el 54,9%; los de origen de Gran Bretaña el 35,1% y los argentinos sólo el 10%.

El boom del comercio de la carne comienza a desacelerarse cuando el gobierno norteamericano anuncia en 1927 que no comprará carnes de las regiones afectadas por la aftosa.

La noticia desalienta a los frigoríficos de ese país y a los grandes terratenientes ganaderos, dado que lejos de ampliarse los mercados se cierran.

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12 iyun 2025
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9789874109941
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