Kitabı oxu: «Historia. Libros III-IV»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 21
HERÓDOTO
HISTORIA
LIBROS III - IV
TRADUCCIÓN Y NOTAS DE
CARLOS SCHRADER

EDITORIAL GREDOS
Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por EMILIA MARTÍNEZ FRESNEDA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
López de Hoyos, 141, Madrid, 1979.
PRIMERA EDICIÓN , 1979.
ISBN 9788424930523.
LIBRO TERCERO
TALÍA
SINOPSIS
REINADO DE CAMBISES (1-60).
Causas ocasionales de la campaña de Cambises contra Egipto (1-4).
Preparativos de la expedición. Relaciones de Cambises con los árabes (4-9).
Derrota y sumisión de los egipcios —con sumisión también de cireneos y barceos, voluntariamente— (10-13).
Humillaciones infligidas a Psaménito. Muerte del monarca egipcio (14-15).
Represalias de Cambises contra la momia de Amasis (16).
Proyecto de atacar simultáneamente a cartagineses, amonios y etíopes (17-18).
Imposibilidad de llevar a cabo la expedición contra Cartago (19).
Misión exploratoria de los ictiófagos en Etiopía (20-24).
Expedición de los persas contra los etíopes (25).
Expedición contra los amonios (26).
Cambises regresa a Menfis. Muerte de Apis (27-29).
Agudización de la locura de Cambises (30-37).
Asesinato de Esmerdis (30).
Asesinato de una de sus hermanas (31-32).
Causas de su comportamiento (33).
Asesinato del hijo de Prexaspes y de varios nobles persas (34-35).
Intento de acabar con Creso, que logra salvar la vida (36).
Otros sacrilegios de Cambises (37).
Excurso sobre el poder de la costumbre en el mundo (38).
Acontecimientos contemporáneos en Grecia. Campaña de los lacedemonios contra Samos (39-60).
Presentación de Polícrates. Su carrera triunfal (39-43).
Causas de la guerra y de la intervención espartana (44-47).
Cooperación de Corinto en la expedición. Razones de ello (48-49).
Historia de Periandro, tirano de Corinto, y de su hijo Licofrón (50-53).
Fracaso de la expedición contra Samos (54-56).
Historia de los samios expulsados por Polícrates (57-59).
Principales maravillas de Samos (60).
SUBLEVACIÓN DE LOS MAGOS (61-87).
El falso Esmerdis usurpa el trono de Persia (61-63).
Arrepentimiento de Cambises por el fratricidio cometido contra el verdadero Esmerdis. Muerte de Cambises (64-66).
Reinado del mago (67).
Sospechas de Ótanes y descubrimiento de la impostura (68-69).
Canjuración triunfante de los siete (70-79).
Intervención y suicidio de Prexaspes (74-75).
Muerte de los magos (76-79).
Debate sobre el mejor régimen de gobierno (80-82).
Entronización de Darío (83-87).
REINADO DE DARÍO (88-160).
Imperio de Darío. Organización, etnografía, geografía y maravillas de las distintas partes del reino (88-117).
Las satrapías persas (88-97).
La India (98-106).
Expediciones de los indios para conseguir oro (102-105).
Arabia (107-113).
Etiopía (114).
Los confines del mundo occidental (115-116).
La llanura del río Aces (117).
Insolencia de Intafrenes y castigo de la misma por parte de Darío (118-119).
Muerte de Polícrates a manos de Oretes y cumplimiento de los malos augurios de Amasis (120-125).
Crímenes y castigo de Oretes (126-128).
Aventuras de Democedes, enviado por Darío a Grecia en misión de espionaje (129-138).
Historia de Silosonte, hermano de Polícrates (139-141).
Los persas conquistan Samos. Instauración de Silosonte en la tiranía (142-149).
Sublevación de Babilonia y reconquista de esta ciudad gracias al ardid del persa Zópiro (150-160).
VARIANTES RESPECTO A LA EDICIÓN OXONIENSIS DE HUDE

Causas ocasionales de la campaña de Cambises contra Egipto
Pues bien 1 , contra el tal Amasis 2 [1] fue contra quien entró en guerra Cambises, hijo de Ciro, llevando consigo, entre otros de sus súbditos, contingentes griegos de jonios y eolios 3 ; e inició las hostilidades por el siguiente motivo 4 . Cambises había despachado un heraldo a Egipto para pedirle a Amasis la mano de una de sus hijas; y le hizo esta petición por consejo de un egipcio, que obró así por el rencor que sentía contra Amasis, ya que, de entre todos los médicos de Egipto, lo había puesto a él a disposición 5 de los persas, separándolo de su mujer y de sus hijos, en cierta ocasión en que Ciro despachó emisarios a la corte de Amasis en demanda del mejor oculista que hubiera en Egipto 6 . Sumamente [2] resentido, pues, por ello, el egipcio instigaba, con sus consejos, a Cambises tratando de convencerlo para que le pidiera a Amasis la mano de una de sus hijas, a fin de que este último se sintiera apesadumbrado si la entregaba, o incurriera en el odio de Cambises si no lo hacía 7 . Por su parte Amasis, atribulado y temeroso ante el poderío de los persas, no tenía valor para entregar a su hija —pues sabía perfectamente que Cambises no iba a hacerla su esposa, sino su concubina 8 —, [3] pero tampoco para negarse a ello. Así que, teniendo bien en cuenta estas consideraciones, hizo lo que sigue. Había una hija de Apries, el monarca anterior, muy esbelta y agraciada, que era la única superviviente de su familia y cuyo nombre era Nitetis 9 . Pues bien, Amasis hizo ataviar a esa muchacha con galas y alhajas de oro y la envió a Persia como si se tratara de su propia hija. Pero, al cabo de cierto tiempo, en vista de que [4] Cambises, cuando la saludaba, se dirigía a ella llamándola por su patronímico 10 , la muchacha le dijo: «Majestad, no te das cuenta de que has sido engañado por Amasis, que me envió ante ti con pomposas galas como si te entregara a su propia hija, cuando en realidad lo soy de Apries, a quien ese sujeto asesinó, pese a que era su señor, con ocasión de un levantamiento que los egipcios secundaron 11 ». Como es natural, esta revelación [5] y la propia acusación inherente a ella irritaron sobremanera a Cambises, hijo de Ciro, y le indujeron a marchar contra Egipto. Esto es, en suma, lo que cuentan los persas 12 .
[2] Los egipcios, sin embargo, consideran a Cambises de su raza, asegurando que nació precisamente de esa hija de Apries, ya que, según ellos, fue Ciro, y no Cambises, quien despachó emisarios a la corte de Amasis [2] a solicitar la mano de su hija 13 . Ahora bien, en esto que dicen no tienen razón; es más, en primer lugar no se les oculta (pues si hay personas que conocen las costumbres de los persas, ésas son los egipcios 14 ) que entre aquéllos no rige la norma de que un bastardo ocupe el trono cuando existe un hijo legítimo; y, por otra parte, no ignoran que Cambises era hijo de Casandane, hija de Farnaspes 15 —un aqueménida—, y no de la egipcia. Sin embargo, tergiversan la historia en su pretensión de estar emparentados con la estirpe de Ciro. Y así están las cosas.
Por cierto que también se cuenta la siguiente historia, [3] que a mí me resulta inverosímil: una mujer persa fue a visitar a las mujeres de Ciro y, al ver que junto a Casandane se hallaban unos niños guapos y espigados, vivamente impresionada, los colmó de elogios. Pero Casandane, que era esposa de Ciro 16 , le dijo lo siguiente: [2] «Pues, pese a que soy madre de unos hijos como éstos, Ciro, sin embargo, me tiene relegada, mientras que mantiene en un puesto de privilegio a esa que se agenció en Egipto». Esto fue lo que dijo, molesta como estaba con Nitetis; y entonces Cambises, el mayor de [3] sus hijos 17 , exclamó: «Pues bien, madre, a fe que, cuando yo sea un hombre, pondré todo Egipto patas arriba 18 ». Eso fue lo que dijo Cambises cuando aproximadamente tenía unos diez años de edad, por lo que las mujeres se quedaron estupefactas. Pero él, conservando un cabal recuerdo de sus palabras, cuando se hizo hombre y tomó posesión del trono, llevó a cabo la expedición contra Egipto.
[4] Y también contribuyó a la realización de esta campaña otro hecho que, poco más o menos, fue el siguiente: entre los mercenarios de Amasis había un individuo natural de Halicarnaso, cuyo nombre era Fanes 19 , bastante sagaz a la par que decidido en el campo de batalla. El tal Fanes, molesto por lo que fuera con Amasis [2], huyó de Egipto en un navío con el propósito de entrar en contacto con Cambises. Pero, como gozaba de no poco prestigio entre los mercenarios y tenía un conocimiento muy preciso de la situación de Egipto, Amasis lo hizo perseguir poniendo un gran empeño en su captura: en concreto encargó su persecución al más leal de sus eunucos 20 (a quien envió tras los pasos de Fanes en un tirreme 21 ), que lo agarró en Licia. Pero, a pesar de haberlo capturado, no logró conducirlo a Egipto, pues Fanes lo burló con astucia. En efecto, embriagó [3] a sus guardianes y se escapó a Persia.
Preparativos de la expedición. Relaciones de Cambises con los árabes
Y cuando Cambises estaba ya dispuesto a marchar contra Egipto, si bien albergaba sus dudas sobre la ruta a seguir para atravesar el desierto 22 , se presentó Fanes, quien le puso al corriente de la situación de Amasis y, entre otras cosas, le indicó la ruta a seguir, aconsejándole a este respecto que despachara emisarios al rey de los árabes 23 , para solicitar que le garantizara seguridad en el recorrido 24 .
Pues el caso es que sólo por esa zona 25 se ofrece [5] una vía de acceso a Egipto. En efecto, desde Fenicia hasta los aledaños de la ciudad de Caditis el territorio pertenece a los sirios llamados palestinos 26 ; desde Caditis [2] —una ciudad que, en mi opinión, no es mucho menor que Sardes 27 —, desde esa ciudad, digo, hasta la de Yaniso 28 , los emporios marítimos pertenecen al rey de los árabes 29 , mientras que, desde Yaniso, el territorio vuelve a ser de los sirios hasta el lago Serbónide, a orillas del cual, como es sabido 30 , se alza, en dirección al mar, [3] el monte Casio. Y a partir del lago Serbónide, en el que, según cuentan, está oculto Tifón, a partir, repito, de dicho lago empieza ya Egipto 31 . Pues bien, el espacio comprendido entre la ciudad de Yaniso, de un lado, y el monte Casio y el lago Serbónide, de otro —zona ésta que no es de reducidas dimensiones, sino que supone unos tres días de camino aproximadamente—, es terriblemente árido.
Y voy a explicar ahora algo que pocas personas de [6] las que se dirigen por mar a Egipto han advertido 32 . Todos los años 33 se importan a Egipto, procedentes de toda Grecia y, asimismo, de Fenicia 34 , cántaros llenos de vino, y, sin embargo, por regla general no puede verse vacío ni un solo recipiente de los muchos que [2] han contenido vino. ¿Con qué finalidad —se me podría objetar— los aprovechan entonces? Eso precisamente es lo que voy a explicar. Cada demarca tiene orden 35 de recoger todos los cántaros de su ciudad y de llevarlos a Menfis 36 ; y, por su parte, los de Menfis la tienen de llenarlos de agua y de transportarlos a esas zonas desérticas de Siria que he mencionado 37 . Así, todos los cántaros que llegan periódicamente y que se vacían en Egipto van a parar a Siria, donde se suman a los de años anteriores.
[7] Así pues, fueron los persas quienes, en cuanto se apoderaron de Egipto, acondicionaron esa vía de acceso a dicho país, surtiéndola de agua del modo que acabo de exponer. Pero como entonces 38 aún no había abastecimiento [2] de agua, Cambises, informado 39 por el mercenario de Halicarnaso, despachó emisarios al rey de los árabes y, tras empeñar su palabra y recibir la de aquél, tuvo éxito en su demanda de garantías 40 .
Los árabes, por cierto, son unas gentes que respetan [8] sus compromisos como los que más 41 . Y los conciertan de la siguiente manera: cuando dos personas quieren formalizar un acuerdo, un tercer individuo 42 , situado en medio de ellos, practica, en la palma de las manos de quienes conciertan el compromiso, una incisión próxima a los pulgares mediante una piedra afilada; acto seguido, coge pelusa del manto de cada uno de ellos y unta con su sangre siete piedras que se hallan colocadas en medio 43 ; y, al hacerlo, invoca a Dioniso [2] y a Urania. Entonces, una vez que el testigo ha cumplido estos ritos, el que ha promovido el acuerdo recomienda al extranjero a sus amigos (o, si lo formaliza con un conciudadano, al conciudadano en cuestión); y, por su parte, los amigos también consideran un deber [3] respetar el compromiso 44 . Y por cierto que consideran que los únicos dioses que existen son Dioniso y Urania (y pretenden que el corte del pelo lo llevan tal como lo llevaba cortado el propio Dioniso: se lo cortan en redondo, afeitándose las sientes 45 ). A Dioniso, sin embargo, lo denominan Orotalt; y a Urania, Alitat 46 .
Pues bien, después de haber concertado el acuerdo [9] con los mensajeros comisionados por Cambises, el árabe tomó las siguientes medidas: llenó de agua odres de piel de camello y los cargó a lomos de todos sus camellos vivos 47 ; hecho lo cual, se adentró en el desierto 48 y aguardó allí al ejército de Cambises. De las dos versiones [2] que se cuentan, ésta es la más verosímil; pero también debo referir la menos verosímil, pues, al fin y al cabo, tiene su difusión. En Arabia hay un gran río, cuyo nombre es Coris, que desemboca en el mar llamado Eritreo 49 . Pues bien, según esta versión, el rey de los [3] árabes mandó empalmar, cosiendo pieles de bueyes y de otros animales, un conducto que, por su longitud, llegaba desde dicho río hasta el desierto, e hizo llevar [4] el agua a través del conducto en cuestión 50 ; asimismo, en el desierto hizo excavar grandes aljibes para albergar el agua y conservarla (por cierto que desde el río hasta ese desierto hay un trayecto de doce días). Y aseguran que el árabe hizo llevar el agua, mediante tres conductos, a tres lugares distintos.
Derrota y sumisión de los egipcios (con sumisión también de libios cireneos y barceos, voluntariamente)
[10] Entretanto, en la boca del Nilo que recibe el nombre de Pelusia 51 , se encontraba acampado Psaménito 52 , el hijo de Amasis, en espera [2] de Cambises. Pues, cuando atacó Egipto, Cambises no encontró vivo a Amasis, ya que este monarca había muerto tras un reinado de cuarenta y cuatro años 53 , en el transcurso de los cuales no le sucedió ninguna desgracia importante. A su muerte, y una vez embalsamado, fue sepultado en el sepulcro que él personalmente se había hecho construir en el santuario 54 .
Durante el reinado de Psaménito, el hijo de Amasis [3], en Egipto, ocurrió, a juicio de los egipcios, un prodigio realmente muy importante: llovió en Tebas de Egipto, fenómeno que, al decir de los propios tebanos, nunca había sucedido antes, y que, hasta mis días, no ha vuelto a repetirse 55 (pues el caso es que en el Alto Egipto no llueve lo más mínimo 56 ; y aun entonces en Tebas sólo cayó una ligera llovizna).
[11] Por su parte los persas, después de haber atravesado el desierto, asentaron sus reales cerca de los egipcios con el propósito de trabar combate. Fue entonces cuando los mercenarios del egipcio, que eran soldados griegos y carios 57 , resentidos con Fanes por haber traído un ejército extranjero 58 contra Egipto, tramaron [2] contra él la siguiente venganza: llevaron al campamento a unos hijos de Fanes, a quienes éste, al escapar, había dejado en Egipto, y, a la vista de su padre, colocaron una crátera en medio de ambos campos; luego, hicieron aproximarse a los niños uno por uno y los degollaron sobre la crátera. Tras acabar, uno tras otro, con todos [3] los niños, echaron vino y agua en la crátera y, una vez que todos los mercenarios hubieron apurado la sangre 59 , se aprestaron a entrar en acción. La batalla resultó encarnizada y, cuando por ambos bandos habían caído ya un gran número de combatientes, los egipcios se dieron a la fuga 60 .
[12] Y por cierto que, merced a algunas informaciones que me facilitaron los lugareños, pude observar un fenómeno muy curioso: los huesos de los que cayeron en aquella batalla se hallan apilados independientemente unos de otros (en efecto, en un lado yacen los huesos de los persas, y en otro los de los egipcios, tal como los separaron desde un principio); pues bien, mientras que los cráneos de los persas son tan blandos que puedes perforarlos con que se te antoje darles con un simple guijarro, los de los egipcios, por el contrario, son tan sumamente duros que te costaría trabajo hacerlos [2] añicos aunque les atizases con una piedra. Me dijeron —y a fe que me convencieron con facilidad—que la causa de esta diferencia es la siguiente 61 : los egipcios empiezan a afeitarse la cabeza desde su más tierna infancia 62 , por lo que el hueso se fortalece debido a la acción del sol. Y a esto mismo se debe también [3] que no se queden calvos, ya que, de todos los pueblos de la tierra, en Egipto es donde pueden verse menos calvos 63 . Esta es, en suma, la causa de que los egipcios [4] tengan el cráneo duro, mientras que, por lo que a los persas se refiere, la causa de que lo tengan blando es la siguiente: desde la niñez mantienen sus cabezas a la sombra, ya que llevan tiaras 64 , que son unos gorros de fieltro. Esta es, en definitiva, la particularidad que pude observar; y también observé algo similar a lo que he contado en Papremis, a propósito de los soldados que, con Aquémenes, el hijo de Darío, perecieron a manos del libio Ínaro 65 .
[13] Entretanto, los egipcios, al verse obligados a retirarse del campo de batalla, huyeron sin orden alguno. Y, una vez confinados en Menfis, Cambises envió río arriba una nave mitilenea, con un heraldo de nacionalidad persa a bordo, para proponerles a los egipcios la capitulación 66 [2]. Pero ellos, al ver que la nave entraba en Menfis, salieron en tumultuoso tropel de la plaza, destrozaron la nave, lincharon brutalmente a sus ocupantes y llevaron sus despojos a la fortaleza 67 . Tras este incidente, [3] los egipcios fueron sitiados, entregándose al cabo de un tiempo.
Por su parte, los libios adyacentes 68 , atemorizados ante lo que había sucedido en Egipto, se rindieron a los persas sin presentar batalla, se comprometieron a pagar tributo y enviaron presentes. Y también cireneos y barceos 69 , con un temor similar al de los libios, hicieron [4] otro tanto. Pues bien, Cambises recibió con complacencia los presentes remitidos por los libios; pero, indignado con los que llegaron de Cirene, debido —creo— a que eran una miseria (concretamente, los cireneos habían enviado quinientas minas de plata 70 ), cogió esa suma con sus propias manos y la distribuyó personalmente entre sus tropas 71 .
Humillaciones infligidas a Psaménito. Muerte del monarca egipcio
Diez días después de haberse [14] apoderado de la fortaleza de Menfis 72 , Cambises, para afrentar 73 a Psaménito, el rey de los egipcios, que había reinado seis meses 74 , le obligó a tomar asiento en las afueras de la ciudad 75 ; le obligó, digo, a tomar asiento en compañía de otros egipcios, y puso a prueba su entereza haciendo [2] lo siguiente: mandó ataviar a la hija de Psaménito con ropa de esclava y la envió con un cántaro a por agua; y, asimismo, hizo que la acompañaran otras doncellas que escogió entre las hijas de los cortesanos más insignes [3] y que iban ataviadas igual que la del rey. Pues bien, cuando las doncellas, entre ayes y sollozos, pasaron ante sus padres, mientras que todos los demás, al ver a sus hijas afrentadas 76 , prorrumpían también en exclamaciones y sollozos, Psaménito, al ver y reconocer ante [4] sí a su hija, fijó sus ojos en el suelo. Una vez que las aguadoras hubieron pasado, Cambises le envió acto seguido a su hijo, en compañía de otros dos mil egipcios de su misma edad, con un dogal anudado al cuello y [5] un freno en la boca 77 . Los llevaban a expiar el asesinato de los mitileneos que habían perecido en Menfis con su nave; esa era, en efecto, la sentencia que habían dictado los jueces reales 78 : como represalia, por cada persona [6] debían morir diez egipcios de la nobleza 79 . Entonces Psaménito, al verlos desfilar ante él, y aun comprendiendo que a su hijo lo conducían a la muerte 80 , mientras que los demás egipcios que estaban sentados a su lado rompían a llorar y se desesperaban, mantuvo la misma actitud que en el episodio de su hija.
Pero, cuando los jóvenes habían terminado de pasar [7], ocurrió que un individuo, entrado ya en años, del círculo de los que compartían su mesa, que se había visto privado de sus bienes y que no tenía más recursos que los de un pordiosero, por lo que iba mendigando a las tropas, pasó por al lado de Psaménito, el hijo de Amasis, y de los egipcios que estaban sentados en las afueras de la ciudad. Entonces Psaménito, al verlo, rompió a llorar desconsoladamente y, llamando a su amigo por su nombre, comenzó a golpearse la cabeza 81 . Como es natural 82 , allí había guardias que [8] daban cuenta a Cambises de todo lo que el egipcio hacía al paso de cada grupo. Extrañado, pues, ante su actitud, Cambises despachó un mensajero, que lo interpeló en los siguientes términos: «Psaménito, tu señor [9] Cambises te pregunta: ¿por qué razón no prorrumpiste en exclamaciones ni en sollozos al ver a tu hija afrentada y a tu hijo camino de la muerte y, sin embargo, te has dignado a hacerlo por ese mendigo que, según se ha informado por terceras personas, no guarda parentesco alguno contigo?» Esta fue, en suma, la pregunta que le formuló. Y, por su parte, Psaménito respondió [10] como sigue: «Hijo de Ciro, los males de los míos eran demasiado grandes como para llorar por ellos; en cambio, la desgracia de un amigo, que ha llegado al umbral de la vejez 83 sumido en la pobreza después de haber gozado de una gran prosperidad, reclamaba unas lágrimas». Cuando esta respuesta fue transmitida † por el mensajero† 84 , consideraron que era [11] muy atinada. Y, al decir de los egipcios, Creso entonces se echó a llorar (pues se daba la circunstancia de que él también 85 había acompañado a Cambises a Egipto), lloraron asimismo los persas que se hallaban presentes, y el propio Cambises se sintió invadido de un sentimiento de piedad, por lo que, sin demora, ordenó que rescataran al hijo de Psaménito del grupo de los que estaban siendo ejecutados, y que sacaran al monarca de las afueras de la ciudad y lo condujeran a su presencia.
Pues bien, los que fueron en su búsqueda ya no hallaron [15] con vida al muchacho, puesto que había sido ejecutado el primero; a Psaménito, en cambio, lo trasladaron, llevándolo a presencia de Cambises. Allí vivió en lo sucesivo sin sufrir la menor violencia. Y, es más, [2] si hubiera sabido reprimir sus intrigas, hubiese recobrado Egipto, posiblemente en calidad de gobernador del país, dado que los persas tienen por costumbre conceder honores a los hijos de los reyes 86 ; y, aunque estos últimos se subleven contra ellos, a pesar de todo devuelven el poder a sus hijos. Muchos ejemplos, desde [3] luego, permiten constatar que tienen por norma hacerlo así, pero principalmente los de Taniras, el hijo de Ínaro, que recobró el poder que había detentado su padre, y Pausiris, el hijo de Amirteo (pues también este último recobró el poder de su padre); y eso que nadie ha causado jamás a los persas mayores quebrantos que Ínaro y Amirteo 87 . Mas el caso es que Psaménito urdió [4] abyectos planes 88 y recibió su merecido: fue sorprendido cuando trataba de sublevar a los egipcios; y, al ser descubierto por Cambises, tuvo que beber sangre de toro, muriendo en el acto 89 . Este fue, en suma, el fin que tuvo Psaménito.
Represalias de Cambises contra la momia de Amasis
Por su parte Cambises, desde [16] Menfis, se llegó a la ciudad de Sais, con el propósito de hacer lo que en realidad hizo 90 . Nada más entrar en el palacio de Amasis, ordenó exhumar de su sepultura 91 el cadáver del monarca; y, una vez que se hubo ejecutado su orden, mandó azotarlo, arrancarle el pelo, desgarrarle los miembros 92 y ultrajarlo con toda suerte de vejaciones. [2] Más aún, cuando se hartaron de hacer eso (pues, como es natural, el cuerpo, al estar embalsamado, aguantaba sin deshacerse lo más mínimo 93 ), Cambises mandó [3] incinerarlo, orden que constituía un sacrilegio. En efecto, los persas creen que el fuego es un dios 94 , por lo que ni uno ni otro pueblo tiene por norma incinerar nunca los cadáveres; los persas precisamente por lo que acabo de indicar —es decir, porque sostienen que no es correcto ofrecer a un dios el cadáver de un hombre—; los egipcios, en cambio, creen que el fuego es una fiera dotada de vida que devora todo lo que pilla y que, una vez ahíta de carnaza, muere a la par que su presa 95 . Pues bien, entre ellos no rige en ningún [4] caso la norma de entregar los cadáveres a fiera alguna; y por eso los embalsaman, para evitar que, una vez sepultados, sean pasto de los gusanos 96 . Así pues, Cambises ordenó hacer algo contrario a las costumbres de ambos pueblos.
Al decir de los egipcios, sin embargo, no fue Amasis [5] quien sufrió esas vejaciones, sino que fue otro egipcio, que tenía la misma contextura física que Amasis, a quien violaron los persas, creyendo que violaban a Amasis 97 . Pues cuentan que Amasis, que se había enterado, [6] gracias a un oráculo, de lo que a su muerte iba a suceder con su cuerpo, como es natural tomó sus medidas para evitar lo que le aguardaba, e hizo sepultar en el interior de su propia cámara funeraria, cerca de la puerta, el cadáver de ese sujeto, que fue quien recibió los latigazos, al tiempo que ordenaba a su hijo que a él lo colocara en el rincón más recóndito posible de [7] la cámara 98 . Ahora bien, a mí me da la impresión de que esas órdenes de Amasis, relativas a su sepultura y a ese sujeto, no existieron jamás, y que los egipcios simplemente dan una versión más decorosa de los hechos.
Proyecto persa de atacar simultáneamente a cartagineses, amonios y etíopes
[17] Posteriormente, Cambises planeó una triple expedición: una contra los cartagineses, otra contra los amonios 99 y una tercera contra los etíopes macrobios 100 , que están asentados en Libia, a orillas del mar del [2] sur 101 . Y, de acuerdo con sus planes, decidió enviar contra los cartagineses su fuerza naval, contra los amonios un selecto contingente de su infantería, y contra los etíopes, ante todo, unos espías, para que, so pretexto de llevar unos presentes al rey de ese pueblo, se cercioraran de si existía realmente la Mesa del Sol que, según la tradición, se hallaba en el país de los susodichos etíopes y, asimismo, para que se fijasen cuidadosamente en todo lo demás.
Por cierto que, según cuentan, la Mesa del Sol consiste [18] , poco más o menos, en lo siguiente 102 : en las afueras de la ciudad hay una pradera repleta de carne cocida de toda suerte de cuadrúpedos, en la que, durante la noche, todos los ciudadanos que ocupan un cargo público se encargan de colocar la carne, mientras que, de día, el que quiere puede ir allí a comer (los indígenas, sin embargo, pretenden que es la propia tierra la que produce cada noche ese manjar 103 ). En fin, en esto consiste, según cuentan, la llamada Mesa del Sol.
Imposibilidad de llevar a cabo la expedición contra Cartago
[19] Entretanto Cambises, en cuanto decidió enviar a los observadores, hizo venir, desde la ciudad de Elefantina, a aquellos ictiófagos 104 que conocían la lengua [2] etíope. Y, mientras iban a buscarlos, en el ínterin dio orden a su fuerza naval de zarpar contra Cartago. Sin embargo, los fenicios se negaron a hacerlo, alegando que estaban ligados a aquéllos por solemnes juramentos y que obrarían sacrílegamente si entraban en guerra contra sus propios descendientes 105 . Y, ante la negativa de los fenicios, los demás no se encontraban en condiciones de lanzar el ataque. Así fue, en suma, [3] como los cartagineses se libraron del yugo de los persas, pues Cambises no consideró oportuno emplear la fuerza con los fenicios, ya que se habían sometido voluntariamente a los persas, y, además, porque todo el poderío naval dependía de ellos 106 . (Por cierto que también los chipriotas se habían sometido voluntariamente a los persas, y tomaban parte en la expedición contra Egipto 107 ).
Misión exploratoria de los ictiófagos en Etiopía
Cuando los ictiófagos, desde [20] Elefantina, llegaron ante Cambises 108 , éste, tras haberles ordenado lo que debían decir, los envió a Etiopía con unos presentes 109 consistentes en una prenda de púrpura, una cadena de oro para el cuello, unos brazaletes, un jarrón de alabastro con perfume 110 y un cántaro de vino de palma 111 . Por cierto que esos etíopes, a cuyo país los enviaba Cambises, son, según dicen, los hombres [2] más altos y apuestos del mundo 112 . Y, por lo que cuentan, entre otras costumbres que los distinguen del resto de la humanidad, observan, a propósito de la monarquía, una muy singular; se trata de la siguiente: creen que merece ocupar el trono aquel ciudadano que, a su juicio, es más alto y tiene una potencia física proporcionada a su estatura 113 .
[21] Pues bien, cuando los ictiófagos llegaron hasta esas gentes, en el momento de entregarle a su rey los obsequios, le dijeron lo siguiente: «Cambises, el rey de los persas, en su deseo de convertirse en amigo y huésped tuyo 114 , nos ha enviado con orden de entrar en conversaciones contigo y te hace entrega de estos presentes, que son los objetos con cuyo disfrute él, personalmente, más se complace». Sin embargo, el etíope, [2] que se había percatado de que habían llegado para espiar 115 , les respondió como sigue: «No, ni el rey de los persas os ha enviado con presentes porque sienta un gran interés por convertirse en huésped mío, ni vosotros estáis diciendo la verdad (en realidad habéis venido para espiar mis dominios), ni él es una persona íntegra; pues, si lo fuera, no hubiese ambicionado más país que el suyo, ni sumiría en esclavitud a pueblos que no le han inferido agravio alguno 116 . Pero, en fin, entregadle [3] este arco y transmitidle este mensaje: ‘El rey de los etíopes aconseja al rey de los persas que ataque a los etíopes macrobios, con superioridad numérica, sólo cuando los persas puedan tensar con esta absoluta facilidad 117 arcos tan grandes como éstos; pero, hasta entonces, que dé gracias a los dioses por no inspirar a los hijos de los etíopes 118 el deseo de anexionar al suyo un nuevo territorio’».